Nostalgias de un emigrante-Relato del Ronquillo-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

DERECHO DE PERNADA

Y ELOGIO A LA INFANCIA

Son las siete de la mañana… hace frio y amenaza lluvia, pero hay que esperar a ver si con suerte puede trabajar para llevar a casa el jornal. Lleva un mes en el pueblo y apenas ha trabajado, pues el capataz de la finca desde que se negó sus propósitos con él el primer día que se lo exigió, solo le da trabajo cuando no tiene otra para llevar al cortijo y cuando lo hace es para las peores faenas o trabajar en el campo. El trabajo en la casa no es muy duro, pues los quehaceres son mínimos entre semana porque no están los dueños, pero el capataz chantajea a algunas mujeres con no darles trabajo si no aceptan acostarse con él.

Cuando están los dueños tampoco es mucho mejor, aunque hay más mujeres que trabajan para atender a la familia y cuando llega la época de caza llevan muchos amigos y estos creen tener otros derechos con las empleadas.

En las faenas del campo algunos manijeros también intentaban abusar de las mujeres y buscan cualquier excusa para quedarse a solas, para complacer sus deseos con la amenaza de decirle al capataz que no valen para el trabajo y no las vuelvan a llevar al cortijo. Es duro el trabajo para la mujer y antes aún peor cuando los métodos anticonceptivos eran escasos y los embarazos no se podían evitar, si estaba casada el marido “seria el padre” y si era soltera, se quedaba “marcada” o tenía que marcharse antes de que se le notara.

El derecho a pernada era una práctica habitual, que se daba en algún caso de niñas y adolescentes ultrajadas por los dueños y capataces, sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo, porque si lo denunciaban las consecuencias podían ser muy malas. En estos ultrajes, en caso de embarazos y nacimientos de las criaturas, eran criadas como hermana/o de la propia madre.

En una época de miseria y necesidad, que por cuestiones políticas los pobres tuvieron que pasar. El rocío de la noche deja su manto blanco, en las mañanas frías del nuevo día, las manos duelen arrancando monte en la umbría, con la espalda encorvada todo el día, el aire frio que hace grietas hasta en el alma. Duros inviernos aquellos con la esperanza de encontrar un mejor mañana, días de rocío y heladas, desde la noche al alba, el sol del nuevo día traerá rayos de templanza. Días tristes esperando una luz que ilumine su destino, poder quitar las piedras que encuentra en el camino, para no tener por amo a quien condenó a su marido, solo desea que vuelva pronto a casa, con su mujer y sus hijos.

Pensando el hoy ya no cree en el mañana, la justicia es para ricos y los pobres no tienen nada, porque las penas son menos penas, si sus hijos tienen pan y aceite para desayunar por la mañana. No hay nada más triste en el mundo que el sufrimiento de los niños, no se puede consentir que paguen los errores que cometen los mayores, son inocentes que solo merecen protección, educación y el amor son la obligación de sus padres y los gobiernos de la nación. Un niño es el tesoro más hermoso de la vida, no tiene que ser motivo de conflicto, su existencia no se tiene que verse afectada por problemas en las relaciones de sus padres. Las enfermedades no perdonan y nadie está libre de padecer alguna, pero cuando es un niño, quien la sufre hay que buscar el remedio aun con más ahínco, para que su sufrimiento sea el menor posible. Hay que darle nuestro apoyo y esfuerzo, para que viva y crezca en un ambiente rodeado de cariño y comprensión. ¿Hay algo más bonito que la felicidad de un niño? ¿Hay algo en el mundo, que merezca más nuestra ayuda y amor? La vida de un niño es lo más importante. Para ellos no hay diferencias en el color, clase social o capital, los niños son lo más importante de nuestras vidas, hay protegerles y cuidarles y sobre todo darles amor, respeto y felicidad. La familia o el estado tienen la obligación de garantizar su educación.

3 comentarios

  1. […] Nostalgias de un emigrante-Relato del Ronquillo-Antonio Miguel Oliveros Quiroga […]

  2. Gracias sobrino me lo guardo en el archivo.


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