Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Ignacio Martínez de Pisón

Fin de temporada

Seix Barral, 2020

Tolstoi escribió que «todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada». La literatura en gran medida se basa en tal motivo, cualquiera que éste sea, para inspirar un relato. Podemos considerar, por tanto, que este axioma haya estado presente a la hora de afrontar la escritura de Fin de temporada, la última novela de Martínez de Pisón y con la que consigue que el lector quede conmovido ante esa cotidianidad aparente de Rosa y de su hijo Iván, de Mabel y de Céline, los cuatro personajes principales de la narración y que la vida, caprichosa siempre, ha vinculado entre sí, hasta el punto de conformar un modelo singular de familiar, y a medida que uno avanza en su historia se mantiene en vilo hasta su última frase, hasta el epílogo, que es pura emoción.

Ya el mismo prólogo plantea el incidente trágico que será el desencadenante que moverá los hilos en las vidas de Rosa e Iván, y que afectarán de forma indirecta a los otros personajes. La vida de todos ellos se irá desgranando ante nuestros ojos y asistiremos a una rutina que esconde mucho dolor y mucha pasión, consecuencia de un pasado que revierte en el presente en forma de conflicto no siempre reconocido, pero muy evidente. « ¿Te das cuenta de que, si no fuera por estas cicatrices, tú y yo no estaríamos aquí ahora?». Se formula la pregunta en un momento dado, casi al inicio del relato, aunque la novela no se centra tanto en el motivo de las cicatrices en cuestión, sino en su presencia y en sus consecuencias en las vidas de los personajes, lo que determinará las decisiones que vayan adoptando, no siempre racionales ni comprensibles.

De este modo, Ignacio Martínez de Pisón nos propone una vez más lo cotidiano como materia literaria, la cotidianidad de los lazos emocionales entre las personas y que vemos que no está exenta de tragedia, y ese pasado siempre acaba incidiendo en el presente, aun cuando éste se nos vuelva rutinario, o tengamos esa apreciación, pero recordándonos el autor que nos movemos siempre entre el dolor y el amor, entre el acatamiento y la rebeldía, con frecuencia de un modo tremendo. Todo ello lo plantea a través de una escritura afinada, precisa, un estilo que se pretende imperceptible, pero que posee una maestría absoluta, que permite una lectura entrelineada, activa. No en vano estamos ante uno de los mejores escritores españoles actuales y que nunca deja nada a la improvisación. Ni siquiera es casual la mención de Nada, de Carmen Laforet, una novela clave y rompedora que aparece en un momento de ruptura social e histórica, y que tiene un lugar fundamental en la historia de la literatura española, es la que mantiene de alguna forma la ligazón de la tradición literaria a la que este autor pertenece. A la vez, lo que se relata en ambas novelas no deja de tener mucho que ver entre sí.

En efecto, podemos leer Fin de temporada como parte de esa tradición literaria realista, reflexiva sobre lo que nos envuelve y con un pasado que es la materia del presente. Aunque vale también su lectura por sí misma, una novela que no puede dejar indiferente, que conmueve porque incita al lector a removerse por dentro, como si la historia narrada fuese para el lector un espejo donde reflejarse. 

El español en Guinea Ecuatorial-Mbá Oná Bindang

PREGUNTAR, RESPONDER Y ENTENDER UNA RESPUESTA DE MANERA ADECUADA: EL ESPAÑOL EN GUINEA ECUATORIAL

Por Mbá Oná Bindang

La lengua, como herramienta de manifestación de sentimientos, ideas y opiniones está determinada por la cultura, mientras ésta última supone el resultado de la adaptación al entorno y a las circunstancias socio históricas del mismo. Este modesto artículo supone un intento de visibilizar lo fascinante de la diversidad lingüística, así como explicar las condiciones que crean las mismas. El artículo hace uso del mito: el guineano no responde a lo que le preguntan para hacer más inteligible toda esta cuestión.  

En general, pensamos de acuerdo a las predisposiciones conformadas en nuestra mente a causa de la adaptación a los estímulos derivados de las circunstancias sociohistóricas y culturales que definen nuestro entorno. Así, todo aquél que maneje inicialmente una lengua materna se ve, de cierta manera, condicionado y determinado por ella a la hora de expresarse en alguna lengua extranjera. 

En este artículo tratamos, en general, de la dificultad de compaginar una lengua materna con una extranjera, comenzando por demostrar la distinción en la génesis del Marco Lingüística africano con respecto a cualquier lengua extranjera, la presentación de ejemplos prácticos que reflejen mejor dicha realidad para, al final ofrecer ciertas conclusiones así como algunas recomendaciones.

Hemos de saber a priori que, la gente se expresa como vive y lo que vive. Pues no resultaría extraño que la manera en que piensa y vive un individuo se manifieste en su expresión y que todo lo ajeno a su realidad es, por tanto, igualmente ajeno a su expresión. 

Al hombre africano puro (aquél que creó nuestras lenguas maternas) le definían valores específicos como la solidaridad, honestidad, hospitalidad, hermandad entre otros de la misma índole y éstos se reflejaban igualmente en su expresión. Y la pregunta sería la siguiente: ¿Cómo se manifiesta la hospitalidad en la expresión? Esta pregunta es muy difícil para los guineanos actuales, si se tiene en cuenta que ya no conservamos -al menos no con la misma intensidad- los valores antes mencionados y se sabe que lo mismo pasaría con nuestra expresión. Sin embargo, para nuestros ancestros, ésta supone una de las preguntas más fáciles del mundo, en la medida en que, como a un huésped se le trata con toda la delicadeza del mundo; ahorrándole molestias y ofreciéndole todas las comodidades posibles, de la misma manera, un receptor ha de tratarle al emisor, entendiendo que éste último acude a él porque necesita de su amabilidad, solidaridad y hospitalidad. Pues con tan solo una pregunta -en los tiempos de nuestros ancestros- el receptor despejaba y respondía a todas las inquietudes potenciales sobre la cuestión y evitarle así el trabajo de seguir preguntando a quien inicialmente lo había hecho. Para un individuo ajeno a este marco de expresión se limitaría por decir: – éstos no responden a lo que les preguntan, mientras yo les diría: – pues vosotros no sois ni solidarios ni mucho menos hospitalarios con el lenguaje y eso dice bastante sobre cuál es la escala de valores de cada sistema cultural.

Como ejemplo práctica y por muy inverosímil que parezca, al guineano puedes preguntarle en español, pero no esperes que te responda como lo haría un español y aquello no tiene nada que ver con su nivel de instrucción o algún otro factor superficial, sino se trata de algo más profundo y trascendente, esto es, el conjunto de sus circunstancias.

Veamos algunos ejemplos:

Un señor español de sesenta años mantiene una breve conversación con el nieto de su amigo sería algo así:

¡Oye Toño! Exclama el señor Velázquez.

Dígame señor Velázquez. Responde el muchachito

¿está tu abuelo en casa?

No.

¿Podrías decirme dónde está?

Pues claro señor Velázquez.

¿Me indicas por favor?

El abuelo está justo en el bar que se encuentra detrás de usted.

Seguro que, para un español así es como ha de ser una conversación; responder a lo que te preguntan, dado que el señor ha hecho las preguntas adecuadas y el muchacho tan cortésmente se las ha respondido. Sin embargo, para un ecuatoguineano fang, esta comunicación parece muy seca y poco hospitalaria, si se tiene en cuenta que el pobre viejo (señor Velázquez) ha tenido que matarse en hacer tantas preguntas para que al final le diesen la información que desde el principio he necesitado; la ubicación de su amigo.

Para los fang, una conversación debe ser amena y satisfactoria para ambos interlocutores, si se tiene en cuenta que supone esta interacción la que nos hace humanos. Una conversación propiamente guineana fang sería así:

Aah muan Ndong, ¿ye muañang Ndong ane anda vaha? ¡Oye pequeño Ndong! ¿está el amigo Ndong en casa? Pregunta el señor Mbá.

A pupa Mbá, nvuyte ases anda, ane abaha ahayanefowa… oiga abuelo Mbá, amigo (mi abuelo) no está en casa; está en el abaha y precisamente le está esperando a usted.

En esta conversación, uno que no pertenece a este marco lingüístico diría que el muchacho sobre informa al pobre abuelo, sin embargo, para un guineano fang, este es EL TIPO IDEAL de las conversaciones, en la medida en que, el emisor (señor Mbá) queda satisfecho por el atendimiento, solidaridad y hospitalidad que ha mostrado el muchacho a través de la lengua, mientras el muchacho se siente igual de satisfecho por haberle servido de ayuda y ahorrado muchas molestias.

A modo de conclusión, hemos d considerar que cada individuo pregunta, responde e interpreta las respuestas de acuerdo a la realidad y circunstancias socio históricas y culturales que definen la cultura que condiciona, en última instancia su marco de expresión.

La gente pregunta, responde e interpreta las respuestas como piensa y de acuerdo a su sistema de valores.

El guineano sí que responde a lo que le preguntan, la cuestión es que lo hace a partir del marco lingüístico inherente a su naturaleza (un marco atento, solidario y hospitalario) que le ahorra esfuerzo y energía a aquel que ha preguntado.

Por ello, si queremos preguntar, responder e interpretar de manera adecuada, hemos de:

Utilizar el marco lingüístico de quien estés preguntando.

Responder a partir del marco lingüístico de quien te esté preguntado.

 interpretar la información recibida en el contexto del marco lingüístico de quien te pregunta.

Bibliografía:

Editorial McGraw-Hill/Interamericana de España

LAKOFF, Georg: No pienses en un elefante.

RITZER, George: Teoría Sociológica Clásica.

BOURDIEU, Pierre: Habitus.

Reflexiones de una Ondjundju-Pull na do-Juliana Mbengono

Pull na do1 

Hace como dos semanas que nos fuimos de vacaciones después de retomar las clases por un mes tras la parada impuesta por el Covid-19.  

A pesar de que las aglomeraciones están prohibidas, mis vecinos de Vikatana Makeda celebran su 2bucang todos los fines de semana por la tarde. Yo soy el bicho antisocial que, por más que le inviten los vecinos, nunca acude a las sentadas. Pero lo cierto es que me aburro como mi madre vendiendo patatas en el mercado un domingo por la tarde. 

Si los centros culturales estuviesen abiertos, quizás habría ido a ver la presentación de una obra en el centro cultural español, escuchar una conferencia en el ecuatoguineano o una obra de teatro en el francés. Me rio al pensar en que sólo nos falta el centro cultural inglés y quizás el portugués y el chino.  

Cuando estoy a punto de echar la cuarta siesta del día, llama mi amiga Divina. Debo estar ahí en menos de una hora y tendré que quedarme a dormir porque los preparativos del pull na do de su hijita se inician esta tarde, pero el mismo ritual comenzará mañana por la mañana, a las cinco y media.  

Después de echar una carrera por todo el vecindario con la niña en brazos, nos pasamos el resto del día cantando y disfrutando. La bebé es una preciosa de ojos saltones que se despierta a ratos para llorar y tomarse el biberón. Ya tiene la cuerda roja que espanta las enfermedades cutáneas atada a su cintura y sobre la cabeza tiene un hilo para apaciguar el hipo. En una esquina de la habitación está su barreño. Puedo observar que dentro del barreño está la ramita que ahuyenta a los brujos, un bolígrafo para garantizar el éxito en los estudios y una moneda para asegurar la prosperidad económica. Conozco a tantas viejas que siguen cumpliendo ese protocolo y sus hijos están tan pelados como yo.  

Mientras que algunas se encargan de freír alitas y chicharro, otras compañeras de clase y amigas traen de todo: Majeda trae 3pisoj de coco y Vero trae 4bilola y 5abalá.  

En la mesa hay de todo, parece un concurso de gastronomía: desde el 6esuc melén y el 7djomba hasta la ensaladilla rusa y el arroz paella. 

Nuestro cuñado y los hermanos de Divina traen bidones vacíos y los llenan de cervezas San Miguel, Trio Stous, refrescos y zumitos que cubren con cubitos de hielo; cuatro bidones de bebidas en total y diez botellas de licor, entre ellas los apreciados Larios y Soto, con la inscripción “Prohibida su venta en la Unión Europea”. 

Aquí se ve que hay amor, Camacho y Divina han tirado la casa por la ventana por segunda vez, la única diferencia entre este pull na do y el baby shower que celebraron cuando supieron que sería una niña es que, para el baby shower decoraron el patio y la casa con globos y telas de color amarillo; esta vez se han limitado a poner dos carpas y unos bancos largos en el patio.  

Poco a poco van llegando los invitados, sobre todo mujeres. Los hombres que llegan se limitan a saludar al bebé y depositar un billete de mil francos, dos mil francos, cinco mil francos y diez mil francos sobre su frente. Los más tacaños o quienes menos tienen envuelven un billete de quinientos francos como si fuese un canuto y lo ponen en su mano. Se dice que depositar dinero en la mano de un bebé contribuirá a su futura estabilidad económica, siempre tendrá dinero a mano. Después de obsequiar al bebé con dinero y/u otros regalos, se toman un refresco y pican algo mientras charlan entre risas con el padre u otros amigos con los que han coincidido en el pull na do. 

Las mujeres, después de entregar el regalo al bebé, hacen el 8oyenga. Algunas se animan a cargarla y entonar alguna que otra canción o bendecirla y prometer que será una mujer exitosa, que se casará con un adinerado, que será dichosa, que será feliz…  

Divina está atenta a todo lo que hacen las mujeres, no sea que alguna bruja intente cambiarle la bombilla de la suerte.  

_Que nadie le rasque la palma de la mano, que nadie compruebe su 9evú_ me dice al despedirse de mí para irse al baño.  

Me rio, para tener tanto miedo a que alguien venga a cambiar el destino de tu bebé, mejor no haber organizado el pull na do. 

Me olvido del Covid-19 y las reglas mientras me entrego al 10malamba y al11topé, junto al grupo de mujeres que no hace más que cantar groserías y otros temas que parecen ataques indirectos entre las mujeres y las familias de los novios. 

A la mañana siguiente está claro que el pull na do ha sido un exitazo: no queda una sola cerveza, refresco ni rastro de comida. Todo lo que hay en el patio son latas vacías y muchas hormigas.  

La bebé ya ha sido presentada al mundo al estilo occidental con el baby shower y al estilo africano o ecuatoguineano o bubi o criollo, para ser más específicos, con el pull na do. 

1 Fiesta que se celebra por el nacimiento de un bebé. Su mayor diferencia con el baby shower es que se celebra después del nacimiento del bebé. 2 Forma local y coloquial de referirse a una juerga o un botellón entre los jóvenes de Guinea Ecuatorial. 3 Plato annobonés consistente en una torta preparada a base de coco rallado. Se consume como guarnición. 4 Variedad de molusco de mar, es más consumido por la etnia bubi en G.E 5 Plato típico de la etnia bubi que se consume como guarnición. Se prepara a base de malanga rayada.

6 Plato africano preparado a base del jugo extraído de los dátiles de la palmera. 7 Plato africano preparado a base de pasta de modica. 8 Grito de alegría y júbilo. 9 En la cultura fang, ser interior que influye en nuestro carácter o determina nuestra actitud y éxito.

10 Bebida alcohólica preparada a base de caña fermentada. 11 Vino de palma.

10º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reflexiones de una ondjundju-La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una vendedora ambulante

Comenzamos una nueva sección que será fija en la web: Reflexiones de una Ondjundju. Pretendemos que sea una ventana abierta a Guinea Ecuatorial, uno de los pocos lugares de África en el que el castellano tiene una presencia real y hay ahora mismo un enorme dinamismo cultural.

Juliana Mbengono será quien nos ofrezca esta mirada sobre la cultura, la literatura y la sociedad ecuatoguineana. Sin duda con ella conoceremos todo un mundo que está por reconocer, se trata de romper prejuicios, intercambiar ideas, proyectos, sensaciones y aprender también de lo que nos ofrecen desde ese país, para muchos muy desconocido.

Nos encantaría que fuera una oportunidad poder relacionarnos de igual a igual con una cultura muy dinámica y una población sin duda deseosa de mostrar su realidad, en un diálogo que esperamos sea perenne y fructífero.

Pasen y lean.

La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una comerciante ambulante

Probablemente, al escuchar la palabra juventud recordaremos los años que pasamos en la universidad, pensaremos en moda y amigos o en un botellón.

Lo cierto es que, la palabra juventud puede llevarnos a un universo de ideas; de tal manera que, si me pidieran citar cinco rasgos de la juventud empezaría por citar la rebeldía, la curiosidad y el amor.

Al pensar en juventud africana, del modo especial en el que uno pensaría sobre cualquier tema relacionado a África, me doy cuenta de que difícilmente se situarían los estudios, el amor o la curiosidad por encima de la explotación y el hambre.

Un día encendí la tele y me sorprendió un anunció en el que una niña buena procuraba que los niños de África pudieran comer huevos… si ella supiera que los huevos son de lo más barato que hay por aquí. Pero bueno, algún adulto, seguro de conocer África como la palma de su mano, escribió el guión y otro la ayudó a cantarlo.

Seguramente, lo primero que se nos viene a la mente ahora que pensamos en juventud africana no es un grupo de estudiantes, ni un botellón. Ahora, la imagen es la de una chica escuálida de Somalia, en un intento de ser específicos, removiendo algo parecido a lodo en una olla carbonizada sobre una hoguera, mientras un bebé escuálido, que probablemente no come huevos a menudo, llora sobre el polvo. También es recurrente la imagen de un chico cargando un AK-47 o la de una niña cargando una bandeja de buñuelos llenos de moscas.

África nunca ha sido un lugar normal: si no es una selva paradisiaca que despierta el interés de reyes por cazar elefantes y leones, será una ciudad llena de niños comerciantes que no van a la escuela o el origen de los inmigrantes que tienen la esperanza de no morirse ahogados.

Toda esta palabrería se resumiría en que, pensar en los jóvenes de África resulta especial porque hablamos de los jóvenes de la referencia del tercer mundo por antonomasia. Quizás alguno estalle o entorne los ojos por estar cansado ya del temita de África porque, también, al pensar en jóvenes y niños camboyanos lo primero que se nos puede venir a la mente es la imagen de gente apiñada en chozas y niños cazando anacondas. Pero ahí está el caso, que Camboya no es todo un continente, y en África, cualquier poblado representa a todo el continente porque los medios quieren vender hechos sobre lugares exóticos.

Gracias a esa presentación de África como el paraíso infernal, que es más infernal para muchos de sus jóvenes; luchamos por alejarnos y emprender lejos de nuestros gobiernos; por cruzar el mar y ver si en el mismo horizonte al que llevaron a nuestros antepasados en contra de su voluntad seremos más felices añorando el calor de los nuestros mientras jugamos a sobrevivir para poder enviar un poco de dinero a casa.

Miro a mi alrededor, podría deprimirme y quedarme a lamentar mi vida igual que un personaje de “La que se avecina”; pero también puedo enfrentarme a los retos que supone PARA TODO EL MUNDO salir adelante sin el apoyo de familiares, amigos y otros conocidos que nos pongan las cosas en bandejas de plata.

Aquí la situación es un tanto especial y no lo niego, la brecha tecnológica y educativa sigue existiendo; se diga lo que se diga. Por ejemplo, en mi país no existen fibras ópticas de 20€ al mes, pero sí existen puntos remotos desde los que se puede acceder gratuitamente a internet con el riesgo de que algún ratero te quite el celular a punta de cuchillo, ya que difícilmente te lo quintaran a punta de pistola; pues, aunque no lo parezca, cualquiera no consigue tener una pistola por aquí.

Aun con todo lo que nos llevarían a pensar en la juventud africana como un grupo especialmente desgraciado y vulnerable, los jóvenes africanos encajaríamos perfectamente a nivel internacional. Pues, por el simple hecho de ser jóvenes ya compartimos muchísimas cosas.

No sólo colaboramos para traer el pan a casa, también nos encanta la moda, la diversión y estudiamos para tener títulos universitarios. Otra cosa es que sólo se visibilicen los extremos, sobre todo los miserables.

Si tenemos en cuenta que cada persona, por sus cualidades y condiciones, puede resultar un universo; nos resultará más fácil entender que los jóvenes africanos no somos todos iguales ni vivimos todos en las mismas condiciones.

Miro a mi alrededor y veo a compañeros de la universidad mirando las notas en los tablones de anuncios; en mi WhatsApp encuentro una felicitación de un amigo director de teatro y cine que hace poco resultó ganador en el proyecto

Tony Elumelu para jóvenes africanos emprendedores; ser joven africano no es sinónimo de embarazos precoces ni falta de educación. Como personas conscientes que poco a poco van ganando terreno en su batalla contra los estigmas, estereotipos y prejuicios, somos chicos y chicas que se trazan metas, que tienen un plan de vida.

Probablemente, uno de nuestros mayores problemas es nuestra mirada hacia el exterior. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, nos centramos tanto en lo que tiene occidente que los personajes de nuestras obras literarias, a menudo, toman té durante los atardeceres dorados al igual que los ingleses, cuando lo habitual y más parecido a tomar té verde por aquí es desayunar con una infusión de contrití.