Reseña literaria-Juan A. Herdi

Rodrigo Gervasi

La grieta

Sexto Piso, 2026

Detectamos en esta novela, entre líneas, el eco del famoso poema de Gil de Biedma. Aquí también se nos habla, salvando las distancias, de ese paso del afán por la vida al descubrimiento del argumento único de esta obra que es el vivir. A pesar de las distancias, repito, porque hablamos de épocas diferentes, de jóvenes con avideces distintas, de formas de entender la vida y afrontarla que no se pueden comparar. Lo que se repite es el descubrimiento de que el tiempo pasa y asoma siempre la verdad desagradable.

Estamos por tanto ante una novela de descubrimiento vital. Lo importante del relato es el proceso del joven Hugo Blanco, un chico de nuestro tiempo, con un trabajo y una cotidianidad precarias. Sufre la fragmentación y la ajenidad que impone un sistema deshumanizado que no ofrece en absoluto grandes perspectivas ni alternativas sociales. Esto no quita que haya cierto compromiso, permítaseme calificarlo sin desmerecer de gestual: que no haya en las reflexiones del narrador un posicionamiento ante el mundo no opone a que tenga ciertas actitudes ante lo que pasa a su alrededor, más allá de su círculo de amigos y conocidos, y que opte por apoyar, por ejemplo, una manifestación de defensa de la sanidad pública, eso sí, aplaudiendo y alentándola desde el balcón de casa. Le doy cierto énfasis a ello tal vez porque el nombre del protagonista coincide con el de un famoso revolucionario peruano y el dato no me parece casual, aun cuando puede que el autor ni se lo haya planteado, un mismo nombre para dos escenarios tan diferentes.

Nuestro personaje vive bajo un ruido ambiental que sin duda le deja en ocasiones exhausto. Contempla el mundo que a veces se le presenta como una pantalla enorme que emite constantemente mensajes publicitarios, anuncios convertidos en el único relato posible del presente. El piso compartido es un escenario en que se reúnen chicos y chicas que, como Hugo, afrontan su final de juventud y su incorporación al mundo y a la vida con un desasosiego instalado de forma perenne en sus cotidianidades. Son jóvenes, son libres, pueden vivir y sentir en libertad, sin temor a ser (mal)juzgados, han estudiado, algunos de ellos se ocupan de nuevos oficios relacionados con las nuevas tecnologías, incluso son trabajos creativos, o alternan lo creativo con trabajos efímeros y transitorios, pero la precariedad lo ocupa todo, no sólo el ámbito laboral, también el vital.

De allí quizá un sentimiento de culpa siempre presente, a pesar de esa libertad. Tenerlo, por tanto, no ayuda a entender los extraños mecanismos de la vida. Porque vivir no supone repetir rutinas hasta que se conviertan en naturales, como afirma el narrador en algún momento y a pesar de que es la realidad de demasiada gente, sino que la clave, como se le dice en otro momento, es que vivir supone también, a menudo, equivocarse. La madurez es sin duda asumirlo e incorporarlo a la experiencia propia.

Asistimos en consecuencia a unos meses en la vida de Hugo Blanco, el contemporáneo, a sus reflexiones, a su mirada, sin entenderlo muchas veces, sin comprender algunas de sus reacciones, sin compartirlas tal vez, pero comprendiendo que son reales, que forma parte de una vida y de su proceso de descubrir el argumento de la misma. Una novela, en este sentido, muy esclarecedora.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Los Miserables (2019)

Ladj Ly

La película termina con la inmensa advertencia: Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos, no hay más que malos cultivadores. No es sólo una frase de Víctor Hugosino que resulta una máxima para todo aquel que no predique con el ejemplo.

En esta cinta el director mete el dedo en la llaga, haciendo partícipe al espectador de la injusticia y el abuso de poder. Nos pone entre la espada y la pared, nos invita a repensar lo que es justo y lo que no.

La película comienza en un verano tras el triunfo de Francia en el mundial de fútbol. Y la pregunta es: ¿son todos los franceses parte de la igualdad, la fraternidad, y la libertad? ¿Son todos hijos de estas consignas patrióticas, ya que son un valuarte y un emblema que acoge a todos los hijos de la madre patria gala? La respuesta es no. No todos son hijos de la igualdad, y con respeto de la fraternidad, aunque la fraternidad sea algo que se ejerce dentro del gueto de manera ambigua y con una acentuada doble moral, la libertad es siempre algo que nos hace otra pregunta, libres, ¿libres de qué? ¿Somos todos libres?

Un hombre tiene que ser un ejemplo desde la equidad y la ética personal. Los jóvenes de este film acuden a la venganza, no como algo insustancial, sino como una manera excelente y necesaria de buscar justicia.

Dan a cada uno su merecido. Ya que la justicia ejerce la total injusticia, el total escarnio, una injusticia deliberada, y estos muchachos se toman la justicia por su mano, de la manera más insospechada.

Al tomar ellos la justicia por su cuenta, la trasmiten al espectador porque el espectador lo espera, lo ansia, lo cree necesario.

La sinopsis sería que un policía llamado Stéphane Ruiz acaba de unirse a la BAC, la Brigada de Lucha contra la Delincuencia de Montfermeil, un suburbio al este de París. Y es un policía ejemplar que cree en la justicia pese a sus compañeros.

Este director hace al espectador partícipe para hacerle un favor necesario que éste le pide, se desea esa justicia. Las malas hierbas no son los chicos del gueto, si no aquellos que lo custodian. Hay varios custodios en esta película, no solo la policía, también son injustos aquellos que son los cuidadores del rebaño, también aquellos que son nefastos para la salubridad del barrio, y hablo de salubridad con respecto a la comunidad.

Y es por eso que el espectador y la víctima se sienten en la necesidad de tomarse la justicia por su cuenta.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Israel Yehoshua Singer

Yoshe Kalb, el pecador

Traducción del yiddish de

Rhoda Herrelde y Jacon Abecasís

Xordica Editorial, 2026

Durante siglos los judíos asquenazíes formaron infinidad de comunidades en la Europa central y oriental. Desde Alemania hasta Rusia, vivieron en numerosos países y asistieron a los cambios de fronteras tan frecuentes a lo largo de la historia. El yiddish, un idioma de base alemana con influencia de los muchos idiomas germánicos y eslavos de la región, fue su lengua de uso cotidiano e intercomunitario, a menudo lo escribían con alfabeto judaico. Convivía el yiddish con las lenguas mayoritarias y el hebreo como idioma litúrgico. Se remontan al siglo X sus primeros testimonios escritos en Renania.

Aunque todos eran de fe judía, la pluralidad de corrientes y enfoques religiosos convirtieron al judaísmo asquenazí en una amalgama de doctrinas, con debates intensos que en ocasiones chocaban vehementemente. También se desarrolló una literatura muy rica, de base religiosa pero también de una temática común que mostraba, parte de ella, la vida cotidiana de los asquenazíes. El siglo XIX fue especialmente interesante para la literatura en lengua yiddish, con la incorporación de corrientes estéticas y técnicas ya habituales en las otras literaturas europeas. Hablamos por otro lado de una lengua que, se calcula, hablaban más de ocho millones de personas.

Sin embargo, los judíos sufrieron no pocos progroms,persecuciones a menudos violentas e incluso desembocaron en expulsiones a todas luces injustas. A partir de 1880, sobre todo en los territorios más orientales, se intensificaron los ataques virulentos y el nazismo, a partir de los años treinta del siglo pasado, dio el golpe definitivo a la presencia de los asquenazíes en buena parte de Europa. Los que marcharon antes del genocidio nazi o los que sobrevivieron a los efectos de la Shoa huyeron a Estados Unidos o a Israel tras la segunda guerra mundial, donde pervivió su idioma, también en la Rusia soviética, donde el yiddish se consideró un idioma oficial en algunas regiones del país. Aunque el número de hablantes se redujo considerablemente.

No desapareció sin embargo la literatura en lengua yiddish, se mantuvo muy presente en buena parte del siglo XX, sobre todo en los Estados Unidos, donde la comunidad asquenazí fue especialmente activa. Destacaron los hermanos Singer, Esther, Israel Yehoshua e Isaac Bashevis, este último, el menor de los tres, obtuvo el Premio Nobel de literatura en 1978. Nacidos en Polonia en el último tercio del siglo XIX, se trasladaron a los Estados Unidos huyendo del nazismo.

La concesión del Nobel a Isaac Bahevis Singer favoreció que este autor fuera reconocido y traducido a numerosos idiomas, entre ellos al castellano. Ahora, por fortuna, se recuperan también las obras de sus hermanos.

De este modo, llega a las librerías Yoshe Kalb, el pecador, de Israel Yehoshua Singer, una novela que narra una historia basada sin duda en uno de los muchos conflictos que se dieron entre las comunidades asquenazíes de la Galitzia. Se parte de una anécdota recurrente en la historia europea, la desaparición y posterior aparición, años después, de un personaje, con la controversia correspondiente sobre su identidad que da incluso motivo a un juicio por motivos de inmoralidad. Los intereses políticos y religiosos, el choque entre corrientes, las posiciones de poder de rabinos y otros miembros influyentes de las comunidades exaltan los ánimos en esta ficción, disimulados entre cuestiones morales.

Al mismo tiempo, esta novela de aire costumbrista nos describe la vida cotidiana de aquellas comunidades judías tan enraizadas en la Europa oriental y que ahora son apenas un recuerdo por culpa, no se olvide, de posiciones intolerantes y violentas que por desgracia persisten hoy.

Israel Yehoshua Singer nos muestra, no sin cierta nostalgia y algo de ironía, esta Europa que fue, esta pluralidad cultural que a todas luces se empobreció tras medio siglo de historia sangrienta y que la literatura mantiene, pese a todo y por fortuna, en el recuerdo.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Arturo y el algoritmo (2021)

Director: Pierfrancesco Diliberto

Género: comedia/cienciaficción

Estamos adentrándonos en una era absurda. Reemplazamos la vida pasada por algoritmos o hologramas sin ningún atisbo de sensibilidad. Eludimos nuestra vida de carne y hueso por una vida de píxel y formatos algorítmicos. Digamos que es una vida estéril. Una era de espejismos creados por las tecnologías. Cuando buscamos compañía buscamos hologramas, cuando buscamos comida buscamos servicios de mensajería sin conmiseración con respecto al trabajador, cuando buscamos un producto encontramos paraísos artificiales que acaban desengañándonos.

La película que se reseña es una parodia de lo estúpido de nuestra vida ‘futura’. Un algoritmo no tiene alma, no tiene vísceras, no tiene criterio, y mucho menos sensibilidad. Y el protagonista ha creado algo que nadie puede controlar, a sabiendas de que él mismo lo ha creado.

Arturo ha perdido su trabajo y un algoritmo le anuncia el despido. Y el protagonista recorre entonces un nuevo aspecto laboral donde todo está en su contra. Este film nos anticipa una humanidad ciega y kafkiana. Habla con humor del futuro que nos espera dejando que la IA domine nuestro sentido común (que es el menos común de todos los sentidos) sustituyéndolo por una vida de múltiples vidas solitarias y atomizadas.

La cinta lo toma como algo sarcástico haciéndonos ver lo estúpido de dejar nuestro amor propio a las máquinas, los algoritmos o la Inteligencia Artificial, por la comodidad, por el confort, por una vida cínica e hipócrita.

En un mundo globalizado y frío dejamos que el protagonista Arturo sea víctima de una sociedad simple y muchas veces descorazonada. Esta película italiana recuerda cintas en blanco y negro como la del director y actor Vittorio de Sica en otra película sarcástica como fue Milagro en Milán.

La película es toda una burla expresada en términos de comedia lanzando una carcajada al mundo de hielo perpetuo que nos espera. La película nos muestra la cara de la ineficacia puesta en manos de la tecnología, de todo lo que eso conlleva. De la fórmula algorítmica insustancial y sin la sensible mirada de nuestra sangre caliente.

El film hace hincapié en lo que la tecnología puede aportarnos y lo que no. Pues mediante el humor nos cuestiona cómo un problema serio el hecho de acostumbrarnos a la dependencia tecnológica. La cinta sugiere con humor que, mientras nos tragamos nuestras propias heces, sonriamos.

Literatura y realidad-Juan A. Herdi

«Nada nace de lo que no existe». Lo dice Epicuro en su epístola a Heródoto y, como si pretendiera incidir en la visión de las cosas humanas de su destinatario, el historiador griego, añade: «El universo siempre fue tal como ahora es, y que siempre será así, puesto que no hay nada en que transformarse».

Qué duda cabe de que la segunda afirmación deja un poso de fatalidad si la aplicamos a la realidad humana, a la historia de las diferentes sociedades que componen el mundo, y sin duda lo confirmamos si lanzamos una mirada hacia lo que ocurre ahora mismo, a esas guerras que se extienden, no sin los viejos clichés con que se siguen legitimando los genocidios, las tiranías e incluso las actividades turbias de las democracias decadentes, promovidas por los nuevos sofistas y que han persistido, empeño nefasto, como hace bien poco incluso en países desarrollados, cultos y ejemplares, en esta misma Europa orgullosa, por ejemplo, que se erigen en modelo pero que no puede ocultar bajo sus alfombras lujosas el horror de los crímenes habidos.

Nada nace de la nada, todos los efectos tienen sus causas y todas las causas producen sus efectos.

Aunque le pongamos una fachada ornamentada o redactemos discursos elogiosos, intuimos que detrás no hay nada nuevo, «nada nuevo bajo el sol» en palabras atribuidas al Rey Salomón, no muy distantes en su sentido a las del filósofo griego.

Lo aplicamos a cualquier época y a cualquier lugar, no dejamos de sentir en ocasiones que la realidad es una sucesión de causas y efectos sin remedio, eslabones sin más objeto que mantener la cadena de la historia, quién sabe si sucesión sempiterna o dirigida a un inevitable final de los tiempos.

¿De dónde vienen, por ejemplo, las corrupciones y corruptelas que vuelven a ser tema central en los debates políticos españoles, si es que alguna vez se ha dejado de hablar de corrupción en España? Se realizan juicios que afectan a los dos partidos principales en España y se junta a otro, el del Clan de los Pujol, proceso que está debida y sospechosamente silenciado en los medios de comunicación y en las mesas de los tertulianos mediáticos. ¿De qué son efectos tales casos?¿Hay algo connatural a la historia del país?¿Es específica del actual periodo de democracia, una vez asentada la transición, no en vano todos las etapas habidas han acabado con casos escandalosos y se reproducen además en cada comunidad autónoma, con mayor o menor intensidad?¿Podemos remontarnos a otros momentos de la historia reciente del país?

A la espera de una historia general de la corrupción en España, es plausible acudir a una novela cuasi olvidada del escritor catalán Francisco González Ledesma, Los símbolos. En ella vuelve a describir la Barcelona de los barrios pobres, la de la miseria y la de las resistencias, la de los callejones miserables en los que convivían personas muy peculiares, muchos de ellos retratados por el autor, la de los rincones en los que confluyeron revolucionarios, desalmados, prostitutas, ladronzuelos, buscavidas, chaperos, obreros, modistas, taberneros, artistas; por ahí anduvieron también Jean Genet, Víctor Serge o Georges Orwell.

En su novela, González Ledesma nos habla también de la otra cara de la moneda, la de una burguesía vencedora de la guerra y que vuelve a sus negocios, siempre bajo la protección de un Estado, da igual quien gobierne y bajo cualquier régimen, al fin y al cabo todos ellos logran calmar los temores de esa burguesía a los peligros de la revuelta, de la revolución, del caos. Es esa burguesía que gusta presentarse como innovadora, liberal, culta y europea, pero que no le hace ascos, como se refleja en la novela, al franquismo. Se adapta a cualquier cosa para sacar adelante los negocios.

Y por supuesto en la novela la corrupción está presente en forma de acuerdos turbios, de artimañas empresariales, de tejemanejes, de intereses y artificios. Lo descrito en Los símbolos, publicada en 1987, bien pudiera ser la antesala de nuevos negocios realizados hoy.

El autor le confesó a su editor que la novela fue un ajuste de cuentas con sus fantasmas del pasado, los de la posguerra, su forma de poner orden en su memoria, en los recuerdos de esa Barcelona que supo describir a través de sus libros. Pero qué duda de que aquel instante de la ciudad no deja de ser un eslabón más en la historia de la ciudad, del país. Por mucho que hayan cambiado los tiempos y Barcelona sea hoy más bien un parque temático para deleite de turistas y de ejecutivos de las ferias. A pesar también de que se haya querido olvidar esa Barcelona canalla que González Ledesma conoció y describió, o a lo sumo se pretenda presentar como parte del espectáculo actual, por deferencia a artistas e historiadores. Todo sigue teniendo al fin ese aroma a pétalos de rosa de los salones burgueses de toda la vida.

 

De cómo poner una pica en Urano-por Pedro de Andrés

Me preguntan por qué no voy a mandar mi próximo manuscrito a una de las editoriales “tradicionales”. Mi respuesta siempre es la misma: tengo una buena experiencia con ellas, me han tratado bien; atesoro recuerdos de mi paso por algunas, en especial de sus gentes. Pero…, no. Gracias.

No soy ningún experto en el mercado editorial, salvo por lo que me ha tocado vivir. Lo imagino mucho más complejo de lo que aparece a simple vista, como la punta de un iceberg gigante, del que sólo asoma la punta capaz de mandar a pique a un trasatlántico.

Durante años creí —porque así nos lo habían contado— que publicar un libro seguía un camino más o menos recto. Manuscrito, editorial, librerías, lectores. Un proceso lógico, casi artesanal, en el que cada pieza sabía cuál era su lugar. Luego llega la realidad, menos romántica, y te enseña que en ese tablero hay fichas que se mueven solas, casillas que desaparecen y reglas que cambian sin avisarte.

No hay mala intención en ello. Las editoriales hacen lo que pueden con lo que tienen. El mercado aprieta, la oferta es descomunal y el lector es volátil. Lo entiendo, aunque no me resigno a dejarme llevar por la corriente.

Así que, poco a poco, empecé a mirar hacia otro lado del mapa. No fue una intuición, tuve un guía de los buenos: Martin McCoy, un escritor de Basauri, afín en muchas cosas y que me abrió los ojos a un territorio del que se habla mucho y mal, con tópicos que van desde el «ahí publica cualquiera» hasta el «si te autoeditas es porque no vales». Como casi siempre, ni una cosa ni la otra. La autoedición no es una varita mágica ni un certificado de calidad, pero tampoco es el vertedero literario que algunos imaginan desde su sofá de lector.

La autoedición pasa hoy, casi inevitablemente, por Amazon, aunque hay otras plataformas. No es ningún secreto ni es mi plataforma ideal ni el modelo de mundo al que aspiraría un escritor en sus mejores fantasías. Es lo que hay: permite que un libro exista, se distribuya y, con algo de suerte y mucho trabajo, encuentre lectores. Lo tomo como se toma un contrato con el diablo, con el pragmatismo sin entusiasmo de una carrera de fondo.

Publicar por tu cuenta supone asumir tareas que antes, en teoría, delegabas: correcciones, portadas, maquetación, impuestos y una larga lista de pequeños detalles que nadie te explica cuando decides escribir porque «te gusta contar historias». No vale con entregar el manuscrito y cruzar los dedos. La responsabilidad es total. Y también lo es el control. Por otro lado, tanto el esfuerzo creativo como las tareas de promoción van a ser totalmente tuyas, salvo que publiques con una de las “grandes”. Siendo así, alguien tendrá que usar muy buenos argumentos para convencerme de recibir un raquítico 8 ó 10% de regalías cuando por el mismo esfuerzo puedo optar a algo mejor. Bastante mejor.

Por si esto fuera poco, hay algo liberador en saber que tu libro no depende de modas pasajeras ni de cuotas trimestrales. Que no desaparecerá porque no haya vendido lo suficiente en los primeros quince días. Que seguirá ahí, disponible, mientras tú sigas creyendo en él. Eso no garantiza lectores, pero sí dignidad.

Y algo sobre lo que nadie te va a hablar cuando das tus primeros pasos: la distribución. A menudo tuve que escuchar que no podía vender un libro a un amigo de Bolivia porque enviar un libro hasta allí era mucho más caro que lo que valía. Entendible, sí, pero duele igual. Ahora veo, de vez en cuando, que tampoco es cuestión de ponerse medallas, que he vendido un libro en Estados Unidos o… ¡Japón! Impagable.

No me dejé convencer por los comentarios desdeñosos acerca de que la autoedición debiera ser un trampolín, no un lugar para quedarse. Yo lo veo más bien como una trinchera. Un espacio desde el que seguir escribiendo sin pedir permiso, sin justificar géneros, sin rebajar ambiciones para encajar en una colección concreta. Escribir lo que me sale, aunque el planeta elegido sea Urano (para mí siempre será un planeta) y no el centro de la Tierra.

El mercado editorial seguirá cambiando, absorbiéndose a sí mismo, reinventándose o implosionando según le venga al capitalismo. Las plataformas vendrán y se irán. Lo que de verdad me importa es que, mientras haya historias que contar y lectores dispuestos a leerlas, alguien tendrá que ingeniárselas para que ambos se encuentren.

Poner una pica en Urano no es fácil. Quedarse esperando en la Tierra tampoco garantiza nada. 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Una historia verdadera (1999)

David Linch

 

Estamos ante algo más que una simple road-movie. La película nos resulta tierna sin ser por ello empalagosa, no cae en la cursilería, siempre con los sentimientos a flor de piel. Debido a los hábitos alimenticios y otras martingalas, el protagonista entiende lo corta que es la vida y lo fácil que es hacer el bien por los demás, pero aún más por nosotros mismos. Ese es el primer paso de una cadena de acontecimientos que va en aumento a medida que avanza la película.

 La sinopsis en sí es muy sencilla y simple. Este anciano se entera de la convalecencia de su hermano menor y para encontrarse con él recorre un largo territorio montado en una cortadora de césped. Viaja con lentitud, con parsimonia, hecho que da lugar a la aventura en el trayecto, ya que la historia no está en el destino, sino en el camino.

 Este hombre acaba entendiendo lo corta que es la vida. Y se decide a hacer este viaje, sin importarle la lentitud, para ver a su hermano, para saldar cuentas frente a un pasado del que tiene remordimiento. En la película suelta una perla definiendo su juventud. Toca el corazón cuando un tanto resignado, asume que ya pasó su momento.

El desarrollo de la historia se va desenvolviendo justamente pueblo a pueblo, milla a milla, y desde el primer momento intuyes que va a ser una película de las que emocionan. De las que dejan huella. De las que nos muestran la cara redonda de la vida desde la telúrica idea de que todo el mundo es bueno, y que hay esperanza en la humanidad.

También es un espejo frente a otro donde se cuenta una historia que tiene que ver con la sociedad moderna, donde se retrata un oropel caduco y no falto de costumbrismo de la vida real, a veces edulcorada por un Hollywood de largometrajes vacíos de emociones.

Pero cabe reseñar el viaje, que es lo interesante de la trama urdida con gran exigencia actoral. Se descubre que toda la aventura en su intenso viaje por la Norte América profunda es un descubrimiento para el espectador, ya que contiene un cálido homenaje que recae en una bonita historia que se va hilvanando pueblo a pueblo, anécdota en anécdota y personaje a personaje dejando una huella con una impronta humilde y veraz, recayendo en la fuerza expresiva de cada actor y, por ende, en cada personaje en sí. Se muestra una profundidad poética de la sociedad, siempre absurda donde no predominan los sentimientos ante la vorágine del vivir.

Cabe mencionar un diálogo en el que se habla de un incidente de la segunda guerra mundial que deja su hiel en las almas en pena de la Norteamérica combatiente.

Es a la vez, una poesía posmoderna de la que te emociona en los detalles más inesperados. Con ella te das cuenta de que la vida es breve, que debes dejar tu orgullo y entregarte al amor por esa misma razón, al amor entre todas las cosas de la vida. Debes de mirar la vida con la parsimonia de un viaje lento en el que la verdad no está en el destino, la verdadera esencia de la vida está en la suma de personas que vamos encontrando a lo largo del camino.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La isla interior (2009)

de Dunia Ayaso

y Félix Sabroso

Tres hijos sufren la herencia de sus padres. Les afecta una tara psicológica, aunque eso no quita que tengan las mismas preocupaciones, satisfacciones o carencias que cualquier padre. Con un excelente reparto —Alberto San Juan (Martín), Candela Peña (Coral), Cristina Marcos (Gracia), Celso Bugallo (Juan, el padre) y como madre Geraldine Chaplin (Victoria)—, este filme es tan sugerente como también desgarrador. Estamos ante un suspense/drama que exterioriza muy bien lo que una enfermedad mental supone y puede ocasionar, no solo para los progenitores, sino para los hijos como víctimas de la descendencia injusta que éstos sufren.

Tener una enfermedad psíquica es algo complejo. Y por ese gran esfuerzo, tanto en la interpretación como en la credibilidad de estos grandes actores, incluidos los actores secundarios, que realizan una película que no dejará al espectador indiferente. Pero más complicado es para los personajes su rutilante día a día. Es importante recalcar que los actores logran que cada personaje sea creíble, llevándolos a un estrato más allá de la interpretación, porque se sumergen en el abismo de cada uno de ellos. Si la valoramos mediante el estigma sufrido, esta película no deja cabos sueltos. El estigma que sufre toda la familia se exterioriza y se interioriza. Es como tener miedo a su actitud en la que ellos mismos tienen como comportamiento una debilidad y una personalidad que los hace frágiles, ya que les ocasiona descrédito y miedo a los tres hijos por igual, y la culpabilidad del padre les muestra el lado oscuro de la enfermedad.

Los actores realizan un trabajo interpretativo excelente. Es una interpretación tan profunda la que llevan a buen puerto que a veces la ficción supera la realidad. El dramatismo de los cinco protagonistas es sugerente y embaucador, es arriesgado y verosímil. A pesar de lo que trasmiten el elenco está totalmente compenetrado. El personaje de Victoria posee una angustia un tanto optimista, debida a que ama y entiende a su marido enfermo. Sin embargo, el padre, a pesar de su enfermedad psíquica (esquizofrenia) denota preocupación por sus tres hijos. Son padres que viven alternando el bienestar como progenitores con el hecho de ser felices pese a sus limitaciones, hecho que tanto al padre como a la madre los acondiciona tanto que estos crean un atisbo de familia disfuncional creíble.

Huelga decir que, aunque los hijos finjan una inclinación de ser padres, o tener pareja, a veces es preciso evitar serlo, porque ese anhelo se convierte, o puede convertirse, en una total pesadilla. Ninguno de los hijos del matrimonio es apto para tener hijos. Y la cinta plantea problemas de identidad que son especialmente oscuros ante la posibilidad de una vida aparentemente feliz.

Cabe destacar los personajes de los hijos tan marcados, y subrayo en especial a Martín (Alberto San Juan), profesor de literatura y escritor, como el personaje más elaborado de la película. También es destacable el personaje de Coral (Candela Peña) que interpreta un papel con gran deleite de matices en su capacidad como la gran actriz que es, llevando a consecuencias extremas el hecho de ser señora de la limpieza y amante del marido/jefe a la vez. También cabe destacar el personaje de Gracia (Cristina Marcos) en los que cabe resaltar su interpretación en su labor como actriz de una serie, como en el papel de hija y enferma psíquica, lo que indica su gran versatilidad actoral.

No dejen de ver esta película, tanto si son enfermos psíquicamente como si no.

 

 

 

 

 

 

Cinefilia-por Cecilio Olivero Muñoz

The Hours, Las Horas

2002

Dirección: Stephen Daldry

Adaptación de la novela

de Michael Cunningham.

 

 La sexualidad es algo muy personal. Y también púdico, tanto que muchas veces tendemos a autocensurarnos por el qué dirán. La autocensura es un lastre que nos condiciona y nos encamina hacia una crisis tan afectiva y emocional que muy pocas veces salimos indemnes.

Vivir de las apariencias es un error tan sumamente perjudicial que nos desangra la existencia para dejarnos morir mientras la vida nos pasa. Se debe ser valiente por y para afrontar la opinión de las personas equivocadas y necias. La vida es un cúmulo de padecimientos que nos mella las libertades básicas. Y si nos sentimos cohibidos y carentes de amor propio de cara a la galería, por mera fachada, acabaremos por engañarnos, y eso es un preámbulo nocivo para nuestra autoestima.

Esta película trata de tres tipos de mujeres. De mujeres sufriendo una carga emocional que las relega a la frustración irremediablemente; de hombres paridos por mujeres que sufren por estas mujeres sin ellas pretenderlo; y de hombres que viven un autoengaño del que son partícipes como en un castillo de naipes frágil y vulnerable, que la sociedad de hoy y no demasiadamente antaño, les impone de manera aberrante y escandalosa subrayando su ignorancia.

Tres mujeres al unísono se enfrentan a una causa estéril en la sociedad moderna. Desde tiempos decimonónicos hasta la vida actual en sus circunstancias. Una de ellas es Virginia Woolf; las otras dos, personajes al uso como un río donde desembocan las circunstancias de una manera lésbica de vivir que tiene connotaciones adversas. Tanto para sus parejas como para sus descendencias.

Estas mujeres que eligen una vida equivocada por contentar a una sociedad errónea, falsa, equivocada, prejuiciosa e hipócrita también, son un caldo de cultivo del que no saldremos ilesos, y así perjudicamos a aquellos que nos quieren. Sobre esta película hay un clarísimo mensaje, ya que es un drama en tres épocas distintas. La trama se sustenta en las relaciones lésbicas y sus resultados caóticos, cuando, en contra de lo que la sociedad impone, y llevando una vida fingida y artificial, se agazapan matrimonios en unas vidas a contrapelo. En unas vidas que están totalmente vacías.

La cinta, repleta de buenos actores, Nicole Kidman (galardonada con un Oscar), Meryl Streep y Julianne Moore, refleja personajes que viven vidas tóxicas y nocivas porque aman, porque tienen sentimientos, porque se entregan a contracorriente de lo que ellas realmente ansían.

Dicen que la bondad de una película es un ingrediente aportado por el guionista; otros dicen que es tarea y éxito del director; otros piensan que está en el montaje. Pero yo creo que lo que importa es el guión. Sin un buen guión confeccionado con tesón y cuidadosamente elaborado la película no funciona. Vean esta película. Digiéranla y saquen sus propias conclusiones, comprobarán que no les deja indiferentes.

 

 

Enciclopedia de Nekhdoum-Por Roberto M. Baldoiz

El Ars Memoriae: Jardín Interior y Arquitectura del Pensamiento

  • (Extracto del Compendium Sophiae Aeternae, Fascículo XII: De los Instrumentos del Intelecto. Edición Crítica del Códice de Alejandría, 195 P.C.D.)
  • La Memoria no debe ser considerada un mero archivo de hechos acaecidos, ni un espejo pasivo que refleja el tiempo pretérito. Es, en verdad, un territorio vivo, un paisaje psíquico donde las ideas germinan y los recuerdos se ligan indisolublemente a las potencias de la Imaginación. El Arte de la Memoria, o Ars Memoriae, no es una técnica moderna de retención; emergió en la antigüedad clásica como un método para sacralizar la mente, transmutando la abstracción en imaginería fija y el conocimiento volátil en estructuras cognitivas palpables. Es la Alquimia del Intelecto que destila la experiencia en sabiduría y eleva la Memoria al plano de la Creatividad.
  • Más que un conjunto de preceptos mnemotécnicos, el Arte de la Memoria constituye una Filosofía Aplicada: una forma de habitar el pensamiento y de edificar un Espacio Interior donde el alma puede transitar, donde cada registro se transmuta en símbolo y cada símbolo deviene un faro que ilumina las facultades superiores de la razón y la fantasía.

I. Gnosis Fundacional: Maestros y el Método del Loci

  • El Ars Memoriae traza su génesis a la Hélade clásica, donde oradores y pensadores (entre ellos Cicerón y el Estagirita) entendieron la Memoria no como una potencia pasiva, sino como una fuerza activa, arquitectónica y demiúrgica. La consideraron un jardín que el intelecto podía cultivar, clasificar y ordenar. La Memoria, afirmaban los sabios, no solo evoca; teje conexiones y establece relaciones inter-ideales, forjando así un Mapa Cognitivo del saber.
  • Posteriormente, en la República Romana, oradores canónicos como Cicerón y Quintiliano revelaron el Método del Loci, o «lugares de la memoria». Bajo este precepto, los contenidos del conocimiento eran dispuestos en ubicaciones imaginarias: estancias mentales, templos o paisajes simbólicos de la mente. Cada elemento, cada imagen singular, se convertía en un signo evocador, catalizador de un concepto complejo. La Memoria se transfiguraba, pues, en Arquitectura, y el Pensador en el Arquitecto de su propia Alma.
  • Este enfoque trascendía lo puramente utilitario o retórico. Era un acto de estética y de ética intrínseca: la organización del acervo mnémico era equiparable a la organización de la vida misma. Cada espacio interior construido por el intelecto reflejaba su capacidad de discernimiento y su armonía moral.

II. La Memoria como Territorio Poético y Principio Simbólico

  • En la práctica del Arte, los recuerdos no deben flotar sin anclaje; requieren un contenedor, un Thesaurus mental. Por ello, la tradición imagina Palacios Interiores, Jardines Herméticos, Templos Axiomáticos y Rutas Simbólicas donde el pensamiento encuentra reposo. Cada Imagen es un símbolo, y cada símbolo, una llave para la comprensión profunda.
  • Esta arquitectura interna posee resonancias esotéricas: es un ecosistema de la mente, un crisol donde la imaginación se intersecta con la gnôsis. Un orador podía recorrer estas estancias mentales, desplegando sus argumentos con precisión geométrica y belleza formal, cual maestro de obras que conoce cada piedra y cada silencio de su construcción.
  • Más allá de la mera utilidad forense, esta disciplina nos conmina a considerar la Memoria como un territorio poético y sagrado. Cada recuerdo, cada axioma conceptual, se convierte en un ladrillo en el camino de la reflexión, en un árbol que ofrece la sombra para la contemplación, en una escultura que revela la armonía oculta del pensamiento.

III. La Transmutación Medieval y el Misticismo Renacentista

  • Durante las Edades Oscuras, el Ars Memoriae experimentó una Transfiguración, adoptando dimensiones de ascetismo y misticismo. Órdenes monásticas y escolásticos lo emplearon para la retención de los Cánones Sagrados y las doctrinas filosóficas. Se forjaron sistemas complejos de Emblemas y Símbolos que integraban la Astrología, la Alquimia y la Numerología, de tal suerte que la Memoria se convirtió en un Espejo del Macrocosmos.
  • En el Renacimiento, Maestros como Giordano Bruno expandieron audazmente la técnica hacia la creación artística y la Filosofía Hermética. Para Bruno, la Memoria no era solo un instrumento de retención; era la herramienta por excelencia para explorar la infinitud del Universo interior y exterior. Sus Palacios Mentales eran laberintos de signos, reflejos del cosmos y mapas cifrados de la mente humana.
  • El Arte de la Memoria no solo custodiaba la información; se convertía en una vía de contemplación, un alambique de la creatividad y un camino hacia la trascendencia, afirmando el postulado de que el orden interno del pensamiento es inseparable del orden moral y estético del Ser.

IV. Epílogo Contemporáneo: El Jardín de la Imaginación

  • En la era moderna, el resguardo del conocimiento ya no depende solo de técnicas arcanas. Sin embargo, el Principio Esencial persiste: la Memoria cultivada y estructurada es la fuente inexorable de la creatividad. Artistas, escritores y científicos recurren, a menudo de forma inconsciente, a la misma arquitectura mental de los antiguos: imágenes, metáforas, símbolos y estructuras internas que facilitan la conexión de ideas, la génesis de soluciones y la edificación de narrativas.
  • En la alta literatura, los recuerdos se organizan como paisajes arquetípicos: mundos internos que reflejan la psique del autor y establecen una resonancia profunda en el receptor. En la ciencia especulativa, los modelos conceptuales, diagramas y taxonomías cumplen la función de hacer tangible lo intangible, de construir un Espacio Mental donde el pensamiento se mueve con libertad geométrica.
  • Desde la Edad Antigua el mundo se ha ensanchado, y la necesidad de salvaguardarlo apropiadamente y hacerlo inteligible ha requerido desarrollar el arte de la construcción mental, de la edificación de palacios, ciudadelas y civilizaciones enteras en las que codificar todo lo conocido, quizá oculto en inocentes marcas de cantero.
  • La Memoria, en conclusión, es un jardín interior que trasciende la utilidad material: es espejo del cosmos, puente entre la condición humana y lo eterno, y armónica arquitectura el alma.
  • Pasadizos, escaleras a ninguna parte, pasillos ciegos… Palacios, dentro de palacios, dentro de palacios… Cuántos, sin embargo, vagan aún perdidos en sus propias geometrías malogradas, ignorantes del Arte para trazar la ruta.