Reflexiones de una ondjundju-autobuses- Juliana Mbengono

Si digo autobuses, creo que todos o cualquiera podría hacerse una idea de aquello a lo que me refiero: un coche largo en el que pueden viajar más de seis personas sin sentarse unas sobre otras ni apiñarse. Mi definición puede no ser la más certera, pero creo que se acerca a la imagen que tengo en mi mente cuando tecleo las letras que forman las palabras bus, autobús, minibús, cien-cien, dina sang, wawa, awawa, guagua, Kassav express, car rapide y cincuenta-cincuenta.

Entre el año 2000 y el 2007, los autobuses o cincuenta-cincuenta como se llamaban entonces por lo que cuestan solo hacían la ruta entre los mercados. Así que uno se ahorraba cuatrocientos cincuenta francos si quería trasladarse desde un mercado a otro. Las mayores beneficiarias de esta red de autobuses eran las mujeres del bayamselam que compran hortalizas y otros productos en los mercados para venderlos al detalle más mínimo en los barrios. Y ese detalle es tan mínimo que recuerdo haber comprado un cuarto de cebolla a cien francos muchas veces en la mesa de alguna mujer en Santa María. Con el tiempo, los cincuenta-cincuenta se transformaron en cien-cien y antes del 2008 ya no existían. Ahora, los autobuses que cualquiera se encuentre en el mercado Central sólo pueden llevarle a los poblados que se encuentran fuera de Malabo como Riocopua, Lubá, Rebola, Sampaka, etc, y sus tarifas más bajas ya ascienden a trescientos francos pudiendo llegar a mil. En los viajes del cincuenta-cincuenta y los posteriores, lo más normal es compartir el espacio con pollos, patos, cestas de tomate, etc: una experiencia que odio cuando la vivo y recuerdo con nostalgia.

Para viajar entre Bata y Ebibeyin, el medio de transporte por excelencia hasta ahora es el Cassav Express, una línea de autobuses del empresario Chuchu Cassav. En estos autobuses los viajes duran horas, te duermes, te despiertas, abres los ojos y miras a tu alrededor, el llanto de un bebé con la voz afónica hace que el calor sea aun más sofocante. La voz ronca y amenazante de un policía preguntando los Documentos de Identidad Personal y los nombres desde alguna venta despierta nervios, emoción y rabia. Un barrera significa que todos los viajeros mayores de edad y el conductor tendrán que bajarse del bus y pasar el control en la choza para subirse otra vez al otro lado de la barrera; una barrera significa que si tienes un nombre fang como Luís Mbomio Ondó Nchama el policía no perderá mucho tiempo contigo, pero si tienes un nombre bubi, bisio o annobonés como Hinestroza Seriche Losoa puede que tengas que justificar que eres ecuatoguineano y si eres turista pues tendrás que mojarle la barba al poli y a otros tantos hijos de la patria que decidan sacar su parte de provecho amenazándote o queriendo orientarte. Viajar en un guaugua como el cassav express es tener la oportunidad de disfrutar de los “aprovechah”, mercadillos que las mujeres crean junto a las barreras para vender comida y agua a los viajeros. Algunas vendedoras esperan desde sus puestos y otros se acercan con sus productos a las ventanas del bus. Algunos viajeros pagan y se van antes de que se les sirva, otros comen y se van antes de pagar.

En Senegal los car rapide son coloridos, llamativos y un símbolo de Dakar. A veces tienes que subirte a la chatarra destrozada en marcha y soportar que tu nariz se pegue a un sobaco sudoroso por cualquier lado que gires la cabeza, antes de subirte debes preguntarles el destino a los enganches y en ellos disfrutas, sonríes te enojes y tienes una de las mejores experiencias como turista que desea vivir la experiencia de la gente local.

 

En ciudades como Houston, los autobuses con como los aviones, todo es cómodo, casi tan cómodo como en un avión barato. Wifi a bordo, indicaciones, guardias, cajas para pagar, conductores uniformados, silencio, gente diversa y olor a marihuana.

Reflexiones de una ondjundju-Muros-Juliana Mbengono

Que sea Aristóteles quien dijo que el humano es un ser social; es decir, que necesita vivir en comunidad, relacionarse con los demás y no estar aislado, a menos que sea un dios o una bestia es suficiente para entender que los muros raras veces serán la solución a los problemas de convivencia que podamos tener con los vecinos, familiares, nuestras emociones, nuestros objetivos e intereses o incluso con países vecinos.

Hay gente como el expresidente americano Donald Trump que quiere construir muros como el de Berlín para evitar que otros entren o salgan de su territorio; muchas veces estos muros solo esconden aquello que de alguna manera se le quitó a aquel a quien se pretende cerrar la entrada. En algún momento de nuestras vidas llegamos a construir estos muros divisorios, como cuando dejamos de hablarle a alguien porque hemos hecho algo malo contra él a sus espaldas. Estos son los mismísimos muros que construyeron los países del primer mundo después de expoliar continentes enteros; otros países que fueron invadidos hoy son potencias, pero también es cierto que algunos gobernantes van tan cortos de cultura y valores que además de oprimir a los ciudadanos obligándolos a cruzar muros de agua, viento y tierra a costa de su vida, son los títeres de los gobernantes del primer mundo. Los muros divisorios son los mismos que estarían en la mente de algún candidato a presidente, diputado, senador o lo que sea que creen ciegamente en el derramamiento de sangre humano mediante rituales para lograr sus objetivos; también están en la mente del joven que comete un acto tan repulsivo. No encuentra muchas explicaciones para entender la frecuencia con la que se están encontrando cadáveres de mujeres y hombres jóvenes con órganos y genitales mutilados a pocas semanas de las elecciones presidenciales. Estos muros alimentan las rejas que cubren las torturas y han visto morir a activistas, artivistas, lideres de la oposición y otros tantos ciudadanos que se osaron a expresar su realidad a viva voz o exigir algo tan fundamental como su pasaporte.

Algunos construyen muros de carga con piezas amargas y dulces del pasado. Esos muros les permiten ser estoicos ante situaciones de humillación y dolor, también les permiten elegir sonreír en todo momento: truene, llueva, solee, sople o lo que quiera que el dios de sus vidas elija para el día. Estos son los muros que construyen muchos de mis guerreros que, sin tener mucho para comer, pero sí algo que llevarse a la boca a diario, aunque sea lo mismo, se pintan una sonrisa en la cara y agradecen por el muslito de pollo, la latita de tomate, el bultito de aceite y el vasito de arroz que recogen literalmente del suelo como un regalo que hace un antorchista durante su campaña electoral. Estos son los muros que construyeron mis guerreras para seguir poniéndole la mesa con una sonrisa al hombre que las golpea. Los muros de carga descansan sobre nuestras experiencias pasadas, nos permiten seguir de pie al recibir el mismo golpe una y otra vez, lo malo es que podrían volvernos coprófagos.

Otros prefieren los muros de contención, como cuando elegimos no casarnos ni tener hijos a pesar de todo y cuando elegimos casarnos y tener hijos a pesar de todo y cuando simplemente no logramos casarnos ni tener hijos a pesar del deseo. He visto estos muros en las vidas de mujeres activistas, hombres obsesionados con el éxito, jóvenes ansiosos de fama y dinero. Estos son los muros que intentamos levantar cuando nos declaramos neutrales ante situaciones que nos matan por dentro y nos afectan, cuando sentimos que no somos suficientes para cambiar el sistema solos y nos limitamos a cambiar el sistema en el pequeño mundo que nos rodea.

Lita Cabellut y Federico (Cecilio Olivero Muñoz)

Sin duda el poeta granadino y la pintora catalano-aragonesa Lita Cabellut forman un tándem atractivo y sugerente. Nadie hubiera predicho que Lita, nacida en un pueblo de Huesca, aunque vivió su infancia en el Raval de la Barcelona tan emblemática como entonces marginal, tendría un destino tan beneficioso en el arte posmoderno. La pintora de almas, es como la llaman en los ámbitos prestigiosos. Su obra es más conocida en el extranjero que en su país de origen. Es la pintora más exquisita en el arte contemporáneo. Aunque acabara residiendo en Holanda, nunca ha dejado de sentirse identificada con el arte de España y en especial con Catalunya.

Acaba de cumplir años recientemente. Presentó en 2020, en la Feria de Arte contemporáneo internacional ARCO, su nuevo trabajo más significativo, ya que dejó sus grandes lienzos, que son casi murales, por un libro de artista de tamaño menor. Un libro de artista que mezcla la obra de Lorca Bodas de Sangre, impresa en castellano e inglés para ilustrarla en un tamaño que ha revolucionado su manera habitual de pintar para crear un arte maravilloso para paladares que gusten de la mezcla de literatura y plasticidad. Estamos ante una obra que ha creado desde la obra teatral trágica lorquiana y ha sabido llevarla a un terreno de talento exclusivo. La obra se compone de 1998 ejemplares. 1898 en numeración arábiga y 100 en numeración romana, todos firmados por la artista y los de numeración romana con un estilo igual aunque retocados por la virtuosa artista española.

Algo de menor relevancia es su raza gitana, lo que tiene verdadera importancia es su gran carisma y su gran cultura. Una artista que ha pintado retratos, desde Charles Chaplin a Camarón de la Isla, usando como modelo a su propio hijo y con una brillantez extrema. Es sin duda una de las artistas más cotizadas en el panorama pictórico. En esta obra publicada por ARTIKA ha incorporado toda su pasión y su admiración por Federico García Lorca y ha realizado un trabajo excelente. Ha cambiado lienzos de gran tamaño por otros más pequeños en formato de litografía de papel. Y ha quedado un trabajo hermoso que vale la pena incorporar en la colección de amantes de la belleza.

Lita Cabellut es la confirmación moderna de la obra del maestro Goya, de Zurbarán, de Sorolla desde una impronta personal. A veces abstracta. Hay que remarcar su obra en otros cuadros de mayor tamaño donde expone el alma y con ciertas características que la definen por su estilo personalísimo y peculiar. En su obra hay craquelados y una mezcla de varias capas anteriores a la obra en sí. El estuche completo pesa 12kg. y contiene una lámina retouché à la main llamada Amor en los 100 ejemplares de numeración romana retocados por Lita, basados todos en la obra de teatro, y el libro de arte junto al libro de estudio contenidos en un estuche escultura con las ilustraciones en las dos caras en la parte superior, llamadas La Luna acompañada de la parte posterior donde simboliza desde su interpretación personal exponiendo unos rodillos pintados y trabajados de estilo abstracto. El pack contiene un libro de estudio de grandes estudiosos del arte contemporáneo, y “la joya de la corona”, el libro de artista donde hay 31 láminas. En total incluye 90 ilustraciones creadas por la artista. 41 rostros y 49 rastros creados para esta edición. Y todas firmadas por la artista española. No hablaremos de precio, aunque ¿qué valor tiene un Van Gogh? ¿Qué valor podemos dar al talento?

Reflexiones de una ondjundju-Jardín de Fresas-Juliana Mbengono

JARDIN DE FRESAS

Sería muy ingenuo de mi parte pensar que el mundo está atravesando un periodo exageradamente crítico por la guerra ruso-ucrania, las manifestaciones por el asesinato de Mahsa Amini, la violación de los derechos de las mujeres en Iran, el aumento de la violencia en mi país acompañado de las desapariciones forzadas y un largo etcetera como la llegada del covid y lo mucho que ha favorecido la corrupción y los asesinatos. Digo que sería ingenuo pensar que todo eso es nuevo y muy grave porque, aunque no es lo mismo para el mundo una guerra europea que una guerra en África, estas situaciones siempre se han dado y son constantes en el mundo, pero no en todas partes al mismo tiempo.

 

Sería aún más ingenuo creer que todo el caos que se vive en Guinea ahora mismo es “el no va más”. Recuerdo que las noticias  de muertes misteriosas con mutilaciones de genitales y otros órganos de los cuerpos hallados recorrían las ciudades y barrios saturando los canales del congosá (de boca en boca) cuando se acercaban las elecciones políticas; poco antes, durante y poco después de que cada candidato haya hecho su campaña que podría incluir repartos de vasos de arroz acompañados de un chicharro, un par de alas de pollo y algún litro de aceite o lata de tomate en pasta. Ahora que todo cuesta el triple en el país y se acercan las elecciones, tengo miedo de que se vuelvan a producir aquellas escenas surrealistas en las que varios vecinos se peleaban por un chicharro o un litro de aceite; en todo caso, no será nada nuevo. Los acontecimientos que han tenido lugar en Guinea durante los últimos años se podrían recoger en temporadas para una serie de televisión.

 

Hay quienes intentan ser buenos y traen buenas políticas al mundo y a mi país, gente que intenta apoyar causas colectivas que por ahora oprimen más a unos que a otros; gente como las mujeres que se cortan las puntas del cabello para solidarizarse con las mujeres iraníes que están arriesgando sus vidas o políticos que perforan los muros de sus mansiones para dejar pasar una manguera que apacigüe la sed de los ciudadanos que viven a su alrededor. Lo que no creo que sería tan ingenuo es pensar que esta misma gente o, por lo menos gente como esta, aportó su granito de arena para que Guinea Ecuatorial aboliera la pena de muerte; los medios lo han celebrado, algo tan bueno debe ser noticia. Sin embargo, nada podría impedir que en estas fechas se saboteen intentos de destruir la paz reinante en nuestro suelo patrio ni que se detenga por un tiempo o por el resto de sus vidas a aquellos que podrían incitar a los jóvenes y los jóvenes mayores a votar en contra del Gran Movimiento de Masas.

 

Creo que viene bien perderle el miedo al futuro por un momento y desahogarse en un 15% como lo acabo de hacer. Sería ingenuo pensar que las palabras más simples no podrían llevar a consecuencias mayores sobre todo cuando se es tan consciente de que hay muchas hienas sedientas de poder queriendo demostrarle Al Hombre su lealtad.

 

Antes era tan ingenua que creía que en mi país fingimos no darnos cuenta de la pantomima producida, pero lo mismo veo en Italia y…, habría dicho que en Rusia si miles de rusos como los que festejaban el éxito de su país en Ucrania no estuvieran huyendo de la muerte ahora mismo.

 

Nostalgias de un emigrante-La dignidad de un hombre-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

Fue un hombre hecho a sí mismo creció y vivió en libertad, sin tener que dar explicaciones a nadie y esa libertad marcó su existencia, era serio, leal a sus principios y orgulloso. Se había quedado sin padre muy niño, su madre le puso a trabajar en lo que salía y por las noches tenía que ir a la escuela. Siempre anduvo de un sitio para otro, tratando con toda índole de personajes, visitando ventas y tabernas donde se realizaban todo tipo de tratos… (trabajos, cambios, compras, etc.) siempre delante de una botella de vino, unas veces salían bien las cosas y otras no, pues en más de una ocasión podían terminar en riñas y peleas, rodeado de gente que iban con engaños o malas intenciones, le hicieron tener muy mal genio cuando se enfadaba . Las injusticias de la guerra y los años posteriores aun empeoraron su carácter y lo hizo más desconfiado e independiente, ni el hecho de contraer matrimonio le hizo encontrar una estabilidad y atención hacia su familia. (¿Se casó por amor? Eso nunca lo sabremos, porque incluso estando comprometido nunca dejó de hacer a lo que estaba acostumbrado y si tenía que irse varios días fuera del pueblo, se iba sin dar explicaciones, como siguió haciendo una vez casado y después de que llegaran los hijos. Su forma de ser y orgullo le dieron muchos problemas, nunca consintió la humillación de caciques, capataces o con quienes contrataba el trabajo. Solía trabajar por su cuenta y no soportaba que alguien le controlara o le mandara hacer algo con lo que no estuviese de acuerdo. Jamás se le vio de paseo con su esposa o los hijos, los días que no trabajaba los dedicaba a reparar o acondicionar los aparejos de los animales que utilizaba para trabajar, o en las tabernas de “tratos”. Era delgado con un cuerpo menudo y cuando llegaba borracho a su casa apenas comía, si las cosas no le habían salido bien su mal genio lo pagaba con la familia, hasta que se quedaba dormido y cuando despertaba se volvía a marchar, a trabajar o a la taberna para seguir bebiendo. ¿No quería a su mujer ni a sus hijos? No les tenía maltrato físico, pero con su mirada infundía mucho respeto, en una época de tanta necesidad no parecía que le importara mucho las de su familia, cuando tenía dinero antes de pagar las deudas de la casa, pagaba las contraídas con los proveedores de piensos y aperos para sus animales, le daba mucha importancia a su cuidado y siempre decía que “eran lo que tenía como medio de vida y no podía faltarles de nada”. Las necesidades del hogar siempre eran problema de la mujer, el mantenimiento de la casa y los hijos para él pasaban a un segundo plano.

A veces se iba del pueblo durante varios días o semanas a trabajar y cuando volvía podía ser que no llegara con dinero y apenas cubrían algunas deudas.

No era mala persona, ayudaba a quien se pidiese cualquier favor, aunque le faltase para él o su familia.

Por estar trabajando desde muy joven, conocía infinidad de actividades, del campo… agrícolas, ganaderas, o la minería, también conocía toda la comarca próxima y las provincias limítrofes. Igual que conocía las ventas y tabernas donde eran habituales todo tipo de personas, que eso le dio una visión de la vida diferente al resto y no fiarse de lo que le dieran sin haberlo ganado con su esfuerzo, no le gustaba los juegos de cartas o similares donde el interés por ganar se convierta en adicción, su único vicio era la bebida que no la dejó hasta su muerte.

Reflexiones de una ondjundju-Malabo podría ser Houston-Juliana Mbengono

                        MALABO PODRÍA SER HOUSTON

 

Recuerdo que una persona me dijo que no podía contarme cómo es vivir en los Estados  Unidos de América, que yo misma ya vendría a verlo cuando llegase. De eso hace ya unos diez años; en ese momento sentí que solo era una forma de consolarme, decirme con menos nostalgia que volvería estar con mi “mamá tía” y mi prima con quienes llegué a Malabo con solo dos años.

 

La esperanza de visitar América era una neblina, nunca estuve segura del todo. A veces era tan positiva que daba por hecho que empezaría mi carrera en una universidad de Atlanta, otras era tan negativa, pero optimista por un lado, que me veía graduandome en la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial sin muchas dificultades y viniendo a empezar el máster en América sólo unos meses después. La idea de una vida aquí era tan grande no veía el día en el que tendría que ir a pedir la visa, llevar una vida de  estudiante aquí era tan excitante que diría que vivía en modo “espera” mientras estuve en Guinea. Después de denegarme el visado una vez intenté darle al play; “mejor así, que lo importante es estudiar y vale un título de aquí que de allá para abrirme camino en el mundo laboral”, pensaba o me consolaba. 

 

Ahora que estoy aquí, no me atrevería a decirle a  nadie como es la vida en mi nueva ciudad o en mi barrio (sin tener en cuenta que no llevo más de un mes y dos semanas aquí y todavía no me ha dado tiempo a explorar la ciudad), todo es muy diferente y similar al mismo tiempo, la calle Westheimer, donde vivo me recuerda mucho a Santa María II, mi barrio, sobre todo a la calle que lleva a caracolas o Pequeña España. Algunas zonas se parecen a Malabo dos, el de los ministerios, (con esa referencia, en Guinea hacemos la diferencia entre Malabo dos, que solo es un barrio más detrás del mercado Semu; y Malabo dos donde están las sedes de la mayoría de los ministerios o algunas empresas como las petroleras americanas). La diferencia entre aquí y allí es que hasta ahora no he visto ningún cartel con la foto del presidente u otro miembro de su familia sonriente en alto en alguna calle.

 

Al principio creía que América no tiene ninguna diferencia con Guinea, y confieso que le dije a mucha gente que si se repartía un par de carteles enormes con las fotos de nuestro presidente por las calles de aquí yo pensaría que sigo en Malabo; pero, ahora que escribo estas líneas, estoy recordando que en Guinea uno no se cruza con tanto latinoamericanos, gente de pelo lacio y piel blanca; en mi país, por más que se diga, no hay tanta gente con sobrepeso por las calles ni casi todos los hombres huelen a tabaco, tampoco hay gente sana y cuerda viviendo en la calle o pidiendo limosna. Por otra parte, los pasos de cebra, los semáforos y la circulación son muy diferentes a los de ahí: la vida es diferente y similar.

En cualquier ciudad de Guinea podía coger un taxi en cualquier esquina y llegar a mi destino en minutos, aquí necesito aplicaciones como la de uber, tarjetas de débito o crédito y cuentas bancarias para coger un taxi. En Guinea tenía que ir hasta el banco para ingresar o recibir 2500 francos cfa. Aquí me los envían o los recibo haciendo zell en un minuto. Allí tenía fruta fresca y rica mucho más barata que la del super, grandes espacios para hacer deporte al aire libre y ver la naturaleza en estado puro, aquí todo parece de plástico y la fruta sabe a “cartón”; la primera vez que probé unas fresas me decepcioné: sabían a piña sin azúcar.

Se cree que en África vivimos con los monos y otros animales, pero es aquí donde he visto tortugas, mofetas y ardillas libres por primera vez. todos los servicios y productos variados que hacen de Houston una ciudad muy cómoda y agradable para los ecuatoguineanos que venimos a este país también se podrían ofrecer a los que se quedan allá, pero no es así y esto me ha dolido igual que la desaparición del artivista Ganster Adjoguening

Reflexiones de una ondjunju-Fluir-Juliana Mbengono

No creo en el destino ni en la suerte, sino en la planificación y la disciplina; pero a veces todo me sale mal después de tanto planificar, mientras que otras cosas, aparentemente imposibles, se hacen realidad en mi vida a pesar de haberlas hecho como si no quisiera.

No creo que Dios exista como nos lo cuentan las religiones y, a veces, simplemente creo que Dios no existe, que solo estamos los seres humanos llenos de egoísmo, amor, maldad y empatía; pero de vez en cuando, cuando estoy a punto de tocar fondo, sucede algo en mi vida que no podría entender si no admitiera la existencia de un ser superior amoroso y piadoso.

No creo que sea muy inteligente o demasiado culta, pero me sorprende que tanta gente con estudios, que conoce mundo y tiene amistados a lo largo y ancho del planeta sea incapaz de ver cosas tan sencillas como que una persona que decide no arrojar botellas ni basura a los ríos es una persona más que contribuye a cuidar nuestro bello planeta.

No creo que los seres humanos seamos menos inteligentes que los animales, pero a veces me parece que los animales son más respetuosos con la naturaleza: no comen más de lo que necesitan, no actúan movidos por la envidia, el odio o el rencor (el caso de ciertos perros que odian a los gatos es un poco particular).

No creo que una dieta vegetariana sea la más saludable, ser vegetariano me parece exagerado a veces; pero también me parece que comer carne es un acto muy salvaje y cruel..

No creo que triunfar y ser feliz en Guinea Ecuatorial sea realmente difícil, pero por todas partes veo nepotismo, falta de meritocracia, corrupción, falta de modales… y un largo etcétera que podría causarme problemas si sigo hablando.

Tambien creo en ciertas cosas, como que los oradores motivacioneales son realmente necesarios; pero son tantos los que se empeñan en pintar el mundo de blanco y negro que, al leerles, siento que no hacen más que escupirme mis debilidades y recordarme mis carencias.

Creo que los padres siempre tienen parte de la culpa cuando un hijo se comporta mal y comete errores que le afectaran de por vida, pero cuando me encuentro con situaciones como que en una sala de maternidad hay 17 madres que no superan los 18 años y solo tres están por encima de los treinta. Me pregunta si son tantas las familias que se olvidan de llevar a sus hijos al médico para que les digan qué métodos anticonceptivos usar o, simplemente, tener una charla; también me pregunto si tanto ellas como ellos no sabían que existe la posibilidad de quedarse embarazados si no tomaban medidas; y, sobre todo, me pregunto cómo se bajaran tantas mujeres del autobus que conduce a las madres al fracaso.

A veces creo que los jóvenes de ahora tenemos más información y somos más inteligentes que nuestros abuelos, pero en todas partes me encuentro con jóvenes deseando que el mundo vuelva a ser como lo era en los días de nuestros abuelos. Me reservaré el comentario sobre las mujeres que se sienten fracasadas por estar solteras o no tener hijos.

Con todo esto, y un poco más que me callo, he llegado a la conclusión de que soy

única y particular; veo las cosas como muchas otras personas no las ven y esto no me hace peor ni mejor. El mundo está como está por cada una de nosotros. Eso sí, creo que nos iría mejor a todos si intentáramos causar más alegrías y risas sinceras.

Reflexiones de una ondjundju-También se puede aprender a amar-Juliana Mbengono

Algunas de las mujeres mayores que fueron entregadas en matrimonio por sus tutores cuando apenas eran unas niñas solían decir que se puede aprender a amar. Saben que no se casaron por amor, pero sienten que han acabado amando a sus esposos. Podría depender de lo que cada uno entienda por amar, porque yo siempre tengo la impresión de que ellas, en realidad, se acostumbraron a una persona, asumieron que pasarían el resto de sus vidas junto a ella y construyeron sus vidas entorno a esa persona.

No quiero hablar de la posibilidad de que surja el amor en un matrimonio por conveniencia o forzado, No. De lo que quiero hablar es del amor a los gatos.

Desde pequeña yo tenía claro que no soporto a los perros ni a los gatos, porque andan soltanto pelos por todas partes y a veces huelen fatal, hay que dedicarles demasiado tiempo para que estén bien y enseñarles lo que uno quiere que hagan y lo que no deben hacer puede tomar demasiado tiempo. Hace meses que mi hermana pequeña adoptó a unos gatitos a los que mima y cuida tanto que incluso se enfada cuando alguien los echa del sofá. Confieso que al principio trataba a los gatos con respeto por mi hermanita, no quisiera hacer nada que la haga llorar o sentirse mal. Con el paso del tiempo, fui cogiéndole un poco de cariño a los gatitos Juan Ondó, Juan Edú y Canina.

Cada uno de esos gatos eran tan singular como lo es cada ser humano. Juan Ondó era cariñoso, atento, juguetón y una fiera con las ratas, sabía sentarse en el sofá y acudía a todas las reuniones familiares, además de saludar por las mañanas. Lo más gracioso de Juanito, como le llamábamos, es que cada vez que cazaba un bicho traía las sobras a casa como quien quisiera compartir. Un gato muy amable con la gente, pero cazaba pajaritos y largartijas: era un poco paradójico para mí. desgraciadamente, en Malabo y en toda Guinea Ecuatorial, la carne de gato es considerada una delicia y alguien se aprovechó de la amabilidad de Juanito Ondó para atraparlo y comérselo. Giselita lo buscó durante semanas hasta que descubrimos que un vecino lo había secuestrado y asesinado.

Juan Edú, por su parte, conoce su nombre, responde si le llamas y acude aunque no tengas comida para él. No es tan fiera como lo era Juanito y todos los días vuelve a casa con arañazos y mordiscos de otros gatos y perros del barrio. Tambien es amable, pero a veces responde con mordiscos si se intenta tocarle o hacerle masajes, es todo lo contrario a Juan Ondó: es un poco antipático, perezoso y no desaprochecha ninguna oportunidad para robar comida.

Canina, la pequeña canina, era dulce, glotona, juguetona, inquieta y con unos ojazos brillantes que se volvían completamente negros por las noches. Cuano canina llegó a casa, mi hermano no quiso que se quedara, la encerró en un mochila y fue a echarla a la basura. Giselita la buscó bajo lluvia hasta que por fin la encontró. Meses después, unos perros la mataron en el patio durante la noche y tuvimos que enterrarla antes de que Giselita se levantara. La niña cree hasta hoy que el asesino de Canina fue nuestro hermano, que nunca quiso a la gatita en casa.

Escribo sobre estos gatos porque todavía me extraña lo mucho que he llegado a quererlos, tanto que por las mañanas les daba de comer. Y, aunque parecen no enterarse de nada y viven únicamente para comer y dormir, han logrado ser una de mis preocupaciones: ahora duermo mucho más tranquila si sé que Juan está en casa y no corriendo el riesgo de que los perros lo maten por allí o que alguien se los coma.

Reflexiones de una ondjundju-Entre falsos defensores de la cultura-Juliana Mbengono

Durante la presentación de mi poemario “Cosas que no debería escribir una niña: molde para mujeres imperfectas” en el Centro Cultural de España en Malabo, la primera persona que levantó la mano para hacer una pregunta fue un joven de unos 26 años. Según él, tanto Melibea (que me acompañaba en la mesa junto con Francisco Ballovera) como yo, estamos más occidentalizadas que africanizadas y se nota que hemos leído muchos libros [europeos].

No es nada nuevo para mí que a una africana que se siente con derecho a ser respetada como ser humano, sin distinciones por sexo, sea señalada como una fanática de las “ideologías feministas europeas”. Pero me resulta un tanto sorprendente que los hombres quieran seguir escudando su egoísmo con la cultura y la tradición.

Resulta incluso gracioso que los hombres vean faltas en contra de la tradición y la cultura cuando una mujer anima a otras a vivir para alcanzar lo que realmente desean (no importa si es casarse y tener tantos hijos como lo desee su marido o ser una solterona y comer arroz con sardina todas las tardes, mientras sea eso lo que les hace felices y no un estilo de vida que hayan decidido llevar para complacer a otros…), estos mismos hombres no ven faltas en contra de la tradición mientras siguen viviendo en las casas de sus padres con más de veinte años, además de estar solteros y en paro o cuando deciden mantener relaciones sexuales de día y, para el colmo, con una chica de su tribu.

Para un hombre fang defensor de las tradiciones ancestrales, seguir viviendo en casa de sus padres después de los veinte años es malísimo, y seguir soltero a esa edad es exageradamente vergonzoso. Mantener relaciones sexuales de día es un tabú para muchas tribus y mantenerlas con una chica de la misma tribu se considera incesto. Todos esos aspectos parecen haber perdido importancia igual que las prohibiciones del Antiguo Testamento, porque el mundo actual es muy diferente al de nuestros ancestros. Sin embargo, las mujeres debemos seguir las reglas ancestrales dentro de este nuevo mundo cambiante, más inteligente que fuerte. Lo más irónico es que estos hombres solteros y dependientes, por su edad y condición no serían considerados hombres en una sociedad africana anterior a la invasión europea, por lo que no podrían tomar la palabra en público ni entrar en espacios como el abaha: porque todavía no son hombres. Actualmente, se levantan en público para decir que las mujeres estamos actuando en contra de los valores culturales de nuestros ancestros.

Tanto los que defienden la desigualdad de género como los racistas, no persiguen ningún interés patriótico ni mucho menos tratan de conservar las culturas y tradiciones. Todo lo que tratan de evitar es que pierdan los privilegios tras los que esconden su mediocridad, sus miedos y carencias.

Cuando entendamos que las mujeres no tienen por qué estar en pelea constante contra los hombres seremos más felices. Cuando entendamos que este mundo ya no necesita que uno se haga el duro mientras la otra le besa los pies iremos más rápido. Siempre diré que no soy feminista, no me hace falta ser feminista para saber que soy libre de estudiar medicina o secretariado si es lo que deseo.

Cuando me encuentro con gente como aquel joven, ya no lamento la desigualdad y el machismo, sino la ignorancia y la falta de empatía.

A propósito de Daniel Johnston-In memoriam-Cecilio Olivero Muñoz

A PROPÓSITO DE DANIEL JOHNSTON

IN MEMORIAM

La vida conlleva no pocos episodios de inmensa oscuridad, de sombras e injusticias. Daniel Johnston era un enfermo psíquico. Su diagnóstico le señaló como un maniacodepresivo, pero tuvo también otras enfermedades que la psiquiatría le provocó, con sus correspondientes efectos secundarios. Por ejemplo, estaba obeso, aunque esto no le produjo ningún complejo. También se le notaba sedado.

Dan tenía un gran talento. Pero eso poco importaba, vivió en un pueblito del estado de Texas. De adolescente tuvo una amiga medio novia, pero la chica se casó con un empresario funerario. Esa derrota o frustración acompañó a Daniel toda su vida.

Tuvo brotes. Eso no fue óbice sin embargo para realizar un gran trabajo como músico, compositor y artista multidisciplinar. Sin duda era creativo. Escuchar el tema Story of a Artist te eriza la piel. En efecto era un hit que sonó por las emisoras de radio tejanas.

Cierto día se fue de promoción a esa ciudad sin Dios que es Nueva York y le dio un brote por su enfermedad. Es preciso señalar que Daniel era religioso y creía en el número nueve como símbolo de la personalidad samaritana.

Un día su padre y él alquilaron un aeroplano. Y a Dan le dio la locura de caer en picado desde los cielos aunque por suerte Padre e Hijo se salvaron. La soledad y la estigmatización que padecía no le impidieron aparecer con su guitarra al estilo de Bob Dylan. Su público lo entendía y le daba ánimos y le dirigió palabras amables.

Murió joven, su obesidad y la falta de Alegría lo condujeron a la muerte. Pero ahí nos dejó sus discos. Su legado. Un artista es aquel que con sus ideas y trabajos logra remover la entraña de su manada.