Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La chica zurda, 2025

Directora y coguionista:

Shin-Ching Tsou

Coguionista y productora: Sean Baker.

La película comienza como un caleidoscopio realista de la ciudad de Taipéi. I-Jing (Nina-Ye) es una niña poco convencional, actúa a la manera anticuada de su abuelo. Pero comprobarán a lo largo de la cinta que no es así. Es una niña inteligente y un personaje que resulta un deleite como actriz benjamina. Goza de un brillo con esa luz infantil de la que disponen solo las niñas que han nacido para ello.

La madre de la niña se dedica a cocinar en un puesto callejero más de la ciudad bulliciosa de Taipéi. A la manera taiwanesa, todos los personajes principales tienen una misión que cumplir. La del abuelo, decirle a la niña que, siendo zurda, come con la mano del diablo. Mientras, la abuela trafica con visados falsos para introducir ciudadanos chinos en el extranjero.

Todo parece estar en su sitio. La madre de la niña Shu-Fen (Janel-Tsai) y su hija adolescente I-Ann (Shih-yuan Ma), en el papel de rebelde sin causa de la casa, es díscola con su padre y le echa en cara a su madre de que lo cuide cuando nunca hizo nada por ella. Esta trabaja en un puesto de nueces de betel, un producto vitalizador que, al parecer, toman en Taiwán y en otras partes de Asia. Al final, el padre de la chica fallece y les deja una herencia un tanto inusual. Es una especie de hurón conocido también por suricato al que la pequeña de la casa ya ha puesto nombre.

La madre de ambas es la oveja negra de la familia debido a su carácter entre despistado y melancólico, sufre una cierta marginación entre los hermanos, y, por si fuera poco, el hermano, el único varón de la familia, es alguien presumido y con cierto aire de grandeza. Esta peculiar familia tiene su principal apoyo cultural en la tradición, ya que la abuela de la familia es la protagonista de un homenaje donde ha invitado a gran parte de la familia.

En el homenaje-aniversario de la abuela ocurren hechos de los que no estar orgulloso. Aún así, a lo largo de la cinta la familia es tradicionalmente normal dentro del panorama taiwanés. En los ojos de la niña, su abuelo huele mal y es algo refunfuñón, y le obliga a no usar la mano zurda. La abuela es alguien extrovertida, pero algo simple y con apego al dinero, y por eso la ‘niña zurda’ es, dice, su favorita, aunque ya verán porqué. Y las otras dos hermanas se sienten despechadas, ya que saben de que el único hijo varón (anteriormente citado) es heredero de la vivienda del matrimonio; este film también cuenta una historia que reivindica la igualdad de sexos. La familia, y en especial la madre y la adolescente, tienen algo que callar, aunque aparentemente lo disimulan muy bien. Pero aún se van a dar por desnudadas algunas cosas más. Esto me hace pensar que todos tenemos un secreto que no podemos desvelar, no porque no queramos, sino porque la vida nos obliga a callarnos aquel dolor que nos marcó en algún momento. Callar para sobrevivir.

Al final comprobarán que no son la familia ejemplar que se aprecia en las celebraciones, y mucho menos en la que van a ser partícipes. Y reproche tras reproche todo entra en un espectáculo del que se siente verdaderamente vergüenza ajena. Recuerda a la película danesa La celebración de Thomas Vinterberg, el cineasta danés que firmó junto con Lars Von Trier el manifiesto de DOGMA 95.  Manifiesto firmado por ambos cineastas daneses en París, del 1995.

Cinefilia- Cecilio Olivero Muñoz

El precio del arte

Nathaniel Kahn

(Documental, 2018)

¿Qué es el arte en estos momentos? ¿Podemos entender el arte como un capricho para ricos o tal vez tengamos que cuestionarnos si el arte no está hecho para fulanos de a pie? Siempre he pensado que el arte es un modo de expresión, un modo de evadir a tu manada del tedio ante la cotidianidad. No pretendo hacer una crítica superficial con respecto al arte, y creo que los museos son como cavernas, donde los hombres y mujeres de las cuevas de Altamira pintaron el interior para liberarlos del mal del tedio. Para que la manada se sintiera partícipe de la caza en común.

En este documental encontrarán caprichos y disparates, en el que los ricos son quienes lo padecen totalmente y los únicos que se lo pueden permitir. Es parte de una élite que compra arte para confabularse con los antiguos pobladores de la tierra. Y todo eso en la capital del mundo idiota: Nueva York.

Ni los apostadores de baja estofa ni los más potentes artistas que han creado tanta belleza y han confiado en el arte por su fuerza y atracción, tienen acceso a ellas una vez vendidas al mejor postor. Al que más dinero ofrezca. Es como una churrería, como si de churros se tratara, es como un mundo obsceno donde el gran capital se recrea en manos de unos pocos. En nombre del arte se han hecho numerosas barbaridades, es lo que entiendes al ver el documental.

Dijo el gran sabio y artista manchego, Antonio López, que el arte es una manera de comunicarse con aquellos que educan su mirada acudiendo a museos y que cada artista tiene su propio lenguaje. Cuando hablamos de arte, ¿a qué nos referimos?

¿Es todo parte de un conglomerado solo apto para quienes tienen dinero? En este film pueden entender lo que significa el arte para unos (ricos coleccionistas que son como decoradores) y lo que significa para el pueblo llano, tenues espectadores de algo inalcanzable.

Es interesante el gusto estadounidense por el arte y sus mitos de hielo. Por ejemplo, Jean-Michel Basquiat, que murió tempranamente de sobredosis siendo un pintor reconocido, pero sin un centavo que lo alumbrara. Como, también, Jackson Pollock, que murió anticipadamente en su coche cuando conducía con su novia, y una amiga de ésta, con una borrachera impresionante justamente en el breve periodo durante su “dripping” o en español goteo.

Subastadores y coleccionistas que compran barato para vender caro son los ases de esta baraja caprichosa donde aquellos que tienen el dinero sufragan un arte del que los artistas no ven dinero alguno. Y salen boquiabiertos del valor que ha alcanzado su trabajo. Ahora se rigen por catálogos y por un oropel absurdo del que artistas como Jeff Koons, y otros tantos más, recrean arte antiguo como si se tratara de una gran fábrica con pintores profesionales desde una perspectiva absurda y no alcanzable para el proletariado.

Digo oropel absurdo porque existen conejos hinchables con formas casi infantiles, o reproducciones de pinturas del arte sacro y del renacimiento, donde se pone un punto final a la obra con una bola azul reflectante y repugnante (Gazing Ball). Y se ha convertido el tipo en un empresario de éxito estadounidense.

También los hay quienes venden su obra en cócteles en los que se reúnen marchantes como tiburones y buitres dispuestos a sacar la sangre a cada artista, también en las casas de subastas donde lo importante no es el arte, sino el precio desorbitado de la obra.

Que se venda una obra de Leonardo por 400 millones de dólares no es un síntoma de salud mental, sino de una enfermiza manera de gastarse el dinero.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Los olvidados

(1950)

Luis Buñuel

Cuando el cineasta aragonés Luis Buñuel rodó Los Olvidados tuvo problemas con el gobierno mexicano. Tal era el desagrado del mismo que estuvo a punto de expulsarlo de México.

 Los olvidados hablan de los arrabales de la Ciudad de México. En esta película, parece impensable la unión Jaibo, un delincuente fugado del correccional de menores, con Pedro, un niño de la calle al que ya mayor que sus hermanos, su madre quiere darle un escarmiento. Niño que sin quererlo se verá involucrado en un asesinato y del que Jaibo es el culpable. Jaibo es un hampón sin remedio, dueño de una máxima: A mí quien me la hace me la paga. Y por ese motivo siembra el miedo con sus secuaces a los más desfavorecidos de la sociedad.

Pedro tiene hambre y eso en el mundo es un estigma como la lepra, como la sarna o como si comer fuera un delito. 

Luis Buñuel en una entrevista declaró que para este film se inspiró en El Lazarillo de Tormes, y debe de ser cierto. Ya que tiene imágenes que recuerdan a este libro anónimo, libro de un humor acertado y lleno de sátira. Ese libro es la obra por antonomasia de la picaresca española y la que todos los niños debieran estudiar en el colegio, ya no sola porque instruye, sino por divertida.

Esta cinta también tiene visos de surrealismo. Sobre todo, cuando sueña Pedro, huérfano él de los extrarradios de troche de la Ciudad de México. Pedro se ve desamparado por su madre y no tiene otra opción que delinquir. Hecho que aprovecha Jaibo para darle en la madre.

Sobre esta película emblemática debo decir que es una cicatriz eterna para la visión del mundo y lo que Buñuel vio ya desde este film hasta su exilio después en Las Hurdes, tierra sin pan (1933) queda constatado la preocupación de Luis por esta injusticia social.

El mundo tiene una úlcera gangrenada que a pocos importa. Cuando somos pobres no creemos en la justicia, pero con el estómago lleno todos creemos en ella. En los suburbios del mundo se aprende a llorar por lo que no se tiene, pero cuando estamos en Pedralbes o en La Moraleja todos aprendemos bien ‘la moraleja’ de la vida, todos aprendemos a soltar los lastres que nos hacen la vida insoportable. Se olvida con el estómago lleno, pero en el ayuno todos son lisonjas y proverbios, corridos y cantares, que son como hacer gárgaras y espumarajos a los olvidos fortuitos como cruzar una calle. Nos olvidamos mediante vamos viviendo sin problemas.

En esta película se tocan todas las debilidades de la infancia. El hambre, el abuso a los débiles y la pederastia. Es sin duda un talismán de imágenes que meten el dedo en las llagas y abre las úlceras de aquellos que creemos en que otro mundo es posible.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Los Miserables (2019)

Ladj Ly

La película termina con la inmensa advertencia: Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos, no hay más que malos cultivadores. No es sólo una frase de Víctor Hugo, sino que resulta una máxima para todo aquel que no predique con el ejemplo.

En esta cinta el director mete el dedo en la llaga, haciendo partícipe al espectador de la injusticia y el abuso de poder. Nos pone entre la espada y la pared, nos invita a repensar lo que es justo y lo que no.

La película comienza en un verano tras el triunfo de Francia en el mundial de fútbol. Y la pregunta es: ¿son todos los franceses parte de la igualdad, la fraternidad, y la libertad? ¿Son todos hijos de estas consignas patrióticas, ya que son un valuarte y un emblema que acoge a todos los hijos de la madre patria gala? La respuesta es no. No todos son hijos de la igualdad, y con respeto de la fraternidad, aunque la fraternidad sea algo que se ejerce dentro del gueto de manera ambigua y con una acentuada doble moral, la libertad es siempre algo que nos hace otra pregunta, libres, ¿libres de qué? ¿Somos todos libres?

Un hombre tiene que ser un ejemplo desde la equidad y la ética personal. Los jóvenes de este film acuden a la venganza, no como algo insustancial, sino como una manera excelente y necesaria de buscar justicia.

Dan a cada uno su merecido. Ya que la justicia ejerce la total injusticia, el total escarnio, una injusticia deliberada, y estos muchachos se toman la justicia por su mano, de la manera más insospechada.

Al tomar ellos la justicia por su cuenta, la trasmiten al espectador porque el espectador lo espera, lo ansia, lo cree necesario.

La sinopsis sería que un policía llamado Stéphane Ruiz acaba de unirse a la BAC, la Brigada de Lucha contra la Delincuencia de Montfermeil, un suburbio al este de París. Y es un policía ejemplar que cree en la justicia pese a sus compañeros.

Este director hace al espectador partícipe para hacerle un favor necesario que éste le pide, se desea esa justicia. Las malas hierbas no son los chicos del gueto, si no aquellos que lo custodian. Hay varios custodios en esta película, no solo la policía, también son injustos aquellos que son los cuidadores del rebaño, también aquellos que son nefastos para la salubridad del barrio, y hablo de salubridad con respecto a la comunidad.

Y es por eso que el espectador y la víctima se sienten en la necesidad de tomarse la justicia por su cuenta.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Arturo y el algoritmo (2021)

Director: Pierfrancesco Diliberto

Género: comedia/cienciaficción

Estamos adentrándonos en una era absurda. Reemplazamos la vida pasada por algoritmos o hologramas sin ningún atisbo de sensibilidad. Eludimos nuestra vida de carne y hueso por una vida de píxel y formatos algorítmicos. Digamos que es una vida estéril. Una era de espejismos creados por las tecnologías. Cuando buscamos compañía buscamos hologramas, cuando buscamos comida buscamos servicios de mensajería sin conmiseración con respecto al trabajador, cuando buscamos un producto encontramos paraísos artificiales que acaban desengañándonos.

La película que se reseña es una parodia de lo estúpido de nuestra vida ‘futura’. Un algoritmo no tiene alma, no tiene vísceras, no tiene criterio, y mucho menos sensibilidad. Y el protagonista ha creado algo que nadie puede controlar, a sabiendas de que él mismo lo ha creado.

Arturo ha perdido su trabajo y un algoritmo le anuncia el despido. Y el protagonista recorre entonces un nuevo aspecto laboral donde todo está en su contra. Este film nos anticipa una humanidad ciega y kafkiana. Habla con humor del futuro que nos espera dejando que la IA domine nuestro sentido común (que es el menos común de todos los sentidos) sustituyéndolo por una vida de múltiples vidas solitarias y atomizadas.

La cinta lo toma como algo sarcástico haciéndonos ver lo estúpido de dejar nuestro amor propio a las máquinas, los algoritmos o la Inteligencia Artificial, por la comodidad, por el confort, por una vida cínica e hipócrita.

En un mundo globalizado y frío dejamos que el protagonista Arturo sea víctima de una sociedad simple y muchas veces descorazonada. Esta película italiana recuerda cintas en blanco y negro como la del director y actor Vittorio de Sica en otra película sarcástica como fue Milagro en Milán.

La película es toda una burla expresada en términos de comedia lanzando una carcajada al mundo de hielo perpetuo que nos espera. La película nos muestra la cara de la ineficacia puesta en manos de la tecnología, de todo lo que eso conlleva. De la fórmula algorítmica insustancial y sin la sensible mirada de nuestra sangre caliente.

El film hace hincapié en lo que la tecnología puede aportarnos y lo que no. Pues mediante el humor nos cuestiona cómo un problema serio el hecho de acostumbrarnos a la dependencia tecnológica. La cinta sugiere con humor que, mientras nos tragamos nuestras propias heces, sonriamos.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La voz de Hind (2025)

Kaouther Ben Hania

Dejar que la gente se desangre no es óbice para ganar las guerras. Pues fermenta la rabia, y también el odio.  Atenazar a la gente inocente es un macabro plan que desatará la ira.

Esta película habla de los servicios de la Medialuna Roja en Gaza. La impotencia que estos agentes padecen es menor que el sufrimiento que el pueblo sufre. Pero es igual de aberrante, puesto que están en primera línea de fuego en el conflicto árabe-israelí, estos profesionales sanitarios, sean de la religión que sean, están siendo los primeros testigos de esta masacre contra niños y ancianos inocentes. Digo árabe porque es un conflicto que ya no sólo sufre el pueblo palestino. Lo sufre gran parte de los pueblos vecinos a Israel.

Huelga decir que los productores son actores como Brad Pitt, Joaquín Phoenix y Rooney Mara, sensibilizados con la causa palestina. Se ha premiado la película en todo el mundo y se considera un prodigio que despierta un enorme interés en todo el planeta.

Conocemos todos las últimas noticias en el Líbano y en Irán. Todos somos testigos de cómo ha actuado el público estadounidense en el debut de Irán en el actual mundial de fútbol. Esto está tomando unas directrices imperdonables para el sentido común y la ética personal de cada individuo.

En estos días de guerras de la paz es necesario hacer hincapié en el sufrimiento de esta gente que vive a diario.

La película enfoca los prolegómenos a seguir en un caos que afecta a los palestinos, y estos, de una manera absurda y sin sentido, se ven en una tesitura terrible por el protocolo que los asesinos sionistas han desencadenado de manera arbitraria y autoritaria en todos los pueblos que bombardean.

Ya no padecen solamente niños y ancianos, la padecen el pueblo llano, en definitiva, los civiles.

Todo el decorado donde se fundamenta la cinta es un decorado de oficina. Una oficina simple de los servicios de emergencias palestinos, una oficina parecida a la que nosotros acudimos en momentos de necesidad.

La Medialuna Roja es un servicio relativamente ineficiente debido a que dependen de las directrices del Ministerio de Salud israelí y la Cruz Roja internacional, ya que está todo supervisado por el protocolo de la OMS, y se rigen por los siete principios fundamentales de la institución de socorro (medialuna Roja). En todo momento deben de hacer saber sus emblemas, su localización y sus siete principios fundamentales en la evacuación y el rescate de seres humanos. Pero es una situación que muchas veces se ve boicoteada por los militares israelíes que burlan su misión de ayuda humanitaria, Las Fuerzas Armadas israelíes asesinan y represalian a sus empleados y colaboradores. La medialuna roja palestina busca ayudar y dar auxilio a toda la población civil del territorio ocupado de Palestina y ayudar en la evacuación de la población en peligro, imposible a menudo ya que son objetivos directos del fuego de los militares israelíes.

Y esto no es un problema palestino, es un problema global. Somos testigos en estos tiempos de mundiales como han abucheado a los iraníes en su debut en estos momentos en los que su pueblo es acribillado con el consentimiento de Trump y sus secuaces. Estaría bien que no hagamos de esto un acto de total ceguera aberrante, y que los principales culpables no hagan de la barbarie una moneda de cambio para redimir de culpas a una sociedad que somos todos.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La montaña sagrada (1973)

Alejandro Jodorowsky

 Después de una fiebre amatoria con una depresión que ni la Fluoxetina podía redimir, caía de cansancio, me desmoronaba poco a poco.  Sudaba y sudaba, fenecía de tedio, padecía de una angustia existencial, sucumbía a la larga noche de silencio. Era como padecer de un llover sobre mojado. Estaba humedecido por la realidad de la vida que no es completamente verdad.  Estaba tedioso y pesadumbrado. Así que me puse a hacer zapping. A buscar erráticamente en la larga y difícil selección de cualquier plataforma cinematográfica. Pongamos que buscaba algo distinto; pongamos que buscaba, sin saberlo, una película que cambiara todo el concepto que tenía del cine; y que a la vez cuestionara el hecho de hacer reseñas sin sentido, pues carecía de fuerzas para encontrar un largometraje que me atrajera.  Sentía que todos estaban decantados por el cine infumable de la gran cinefilia de palomitas, o la diversión en familia. O todo lo que eso conlleva, un aburrimiento hecho espesamente desde mis vísceras reales. Entonces apareció LA PELÍCULA POR ANTONOMASIA.

No he visto una cinta tan severamente eficaz e inigualable contra el mal del tedio como esta. Escava en el concepto de convertir lo raro en arte y de la fealdad, pura expresión; los estereotipos transformados en verdadera crítica. Era algo semejante a echarnos sosa cáustica en el glande. Era como meter el dedo en la llaga de todas las cosas habidas y por haber. Era el hecho preferencial de haber encontrado un gran poema posmoderno. Ya que solamente un poeta, en toda su extensión, en toda su envergadura, pudiera recrear tales imágenes surrealistas.

A medida que el largometraje discurría pude calmar mi melancolía febril. Pues necesitaba eso, salir del bucle de una puesta en escena para darme el verdadero revulsivo que necesitaba. Al encontrar mi verdadera Montaña Sagrada encontraba también una razón por la que partirme la cabeza, ya que no había visto nada parecido desde la filmografía de Pier Paolo Pasolini (según qué películas, claro).

Entré en una vorágine de poesía en toda su extensión, en toda su amplitud. Comprendí por qué estaba en el lugar preciso, en el momento justo. No era un alambicado experimento al uso. No era una provocación, era algo más que todo eso. Criticaba el judaísmo, el cristianismo, el budismo y a la vez la siempre crítica mordaz de cualquier religión. Sea esta cual fuere.

Jamás he visto una cosa parecida. Es, en toda regla, una liberación. Tenía giros que invitaban a reír, a reír a carcajadas. Llegaba al hecho en sí de decirnos: —¿Por qué los seres humanos somos tan imbéciles? ¿Por qué nos complicamos tanto la vida por cosas que no hemos visto? ¿Por qué no nos damos cuenta de que lo sagrado no tiene nada que ver con lo establecido?

Ahora me alegro de haber padecido otro clima febril al haber dado la espalda a la cordura y la tediosa justificación poética. No es el primer largometraje en el que mete el dedo en la llaga. Alejandro es un poeta en el sentido más pernicioso del término. No quiere dejar cabo suelto, y no quiere que, a la vez que provoca, tampoco deja títere sin cabeza. Me da la impresión de que se ríe de la superstición, se ríe de lo complejo que hacemos la vida, se ríe a carcajadas.

Justamente ahora que he encontrado esta película, que es una obra de arte, una total obra maestra, sin decir también que es toda una obra de culto, resulta también un acicate provocador que nos hace pensar. Y no me refiero al “revulsivo” como un electrochoque, me refiero al hecho revolucionario de hacernos ver que el cine es eso: mostrarnos la cara tétrica de la vida, aunque el coste sea aquello que nos muestra su carcajada más lisérgica.

Cinefilia- Cecilio Olivero Muñoz

Los lobos de Washington

 1999, suspense-acción

Mariano Barroso

La traición es el germen nefasto y permanente de una incauta amistad. Una amistad que sea confiable es evidente, pero huelga decir que poco difiere de clase social o parentesco, o tal vez todo lo contrario. Hay cierto mimetismo con respecto a los personajes de esta película y la actitud que estos plantean ante la vida.

En esta cinta, Miguel, interpretado por Eduard Fernández, es un profesional sin escrúpulos que por dinero mataría a su abuela si fuese oportuno; Alberto (Javier Bardem) actúa como un hombre incauto y alcohólico al que todos engañan, y luego está el exjefe de ambos, Claudio, interpretado por José Sancho, un hombre de negocios que, siendo un necio, quiere salvar su matrimonio cínicamente construido por medio del dinero.

No ocurre sólo en la película, también en la propia vida: la gratitud es el bien sagrado de los seres humanos. Y en este juego que “no es la vida”, todos traicionamos con la codicia de lo que no tenemos. El caramelo que, creemos infinito, mientras que se saborea el fruto de la huida incesante desde la pobreza, hace a mujeres y hombres sumergirse en el asco y la flema de la felonía. Pero esto no es una lucha de clases, es una arcada de sangre y bilis, es el egoísmo del acaparamiento. Bocanadas de oxígeno exigimos, pero siempre es poco. En la biblia se dice que dijo Jesús de Nazaret No solo de pan vive el hombre, pero la sabiduría de Sócrates sentencia No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Este es el pan de los hombres, el monto perplejo donde los traicioneros no ganan nunca la pelea por la vida. Lo incauto de los inocentes y los ingenuos es el pan de los miserables. A quienes engañan los miserables se romperán para siempre y por siempre en el amor construido en la nostalgia para desconfiar hasta de su sombra. Un desconfiado se fía de todos aquellos que babean al contemplar la inocencia desnuda. Un hombre que ha sido traicionado se va a su casa, no solo estafado, se va derrotado y vacío, y la primera vez ha sido engañado, pero si lo engañan una segunda vez, será suya toda la culpa.

Los traidores tienen una purga garantizada que los depura para siempre. En la monótona lluvia ácida de los hospitales habitan más rezos y plegarias que en la rosa seca y compungida de las habitaciones. Ellos mienten, y lo saben, ya que en la lúgubre estación que dormita sin un sueño maduro, la confianza es verde y pasto de la enemistad; entre las cápsulas vacías del invierno, nadie es quien parece, y todos tenemos un lado oscuro. El escarnio deliberado es un acto tan severamente reprochable, que pagan su cortapisa hecha karma desde la efímera existencia que tenemos, que nos empalaga a ratos, otras nos cansa, y entre la viruta del silencio clama a la amistad un símbolo de plastilina. La verdadera lealtad de ser bueno es nociva. La verdadera esencia del ser humano es necesaria. El ángel interior que muy pocas veces saca la cabeza es por todos vilipendiado.

La vida está repleta de accidente. Una solemne letanía de olvido que acuna con el arrullo del viento se sostiene toda, toda la vorágine escuálida como el esqueleto de un pez, al que lo han devorado los tiburones. Soñamos en los orificios del alba, y del alma, del espíritu que somos, mientras que los policías beben cúrcuma gaseosa del olvido y son el engañabobos perfecto en los clubs, la certeza de los camioneros sucios conduce a saborear el asco de los proxenetas.

Todos engañamos de alguna manera. Desde la insensatez que nunca nos mira, tenemos otra insensatez que apenas perdona.

Se anuncian batallas por el repugnante papel moneda, que tanto difiere de la sociedad del trueque. La amistad se tiene, pero estos personajes adquieren una relevancia que hiere a la resignación que por ellos se tiene y la conmiseración que sin ellos se ausenta, porque dan pena. Pero a la vez se les odia.

El beneficio de la duda es posible, lo que no lo es, para nada, es la instrumentación del dinero, para escapar de la ciudad, para escapar de las afueras de esta limítrofe barriada, de este oscuro extrarradio. Cuando viene en los hogares una desgracia, nunca viene sola. Puede venir ésta acompañada de la desolación y la tristeza, a la que un galeno, inventor de diagnóstico, le puso el nombre de “melancolía”.

 Nos apuntamos con las eternas pistolas de la enemistad, y estas no creen en nadie, porque las carga el diablo. Y todas llevan una bala que nos quema, en el latido de la sangre de los inocentes, y en el último suspiro de los incautos. Y mantenemos un círculo reducido de descrédito en todas las facetas de la vida.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

GENA Y JOHN

MATRIMONIO Y DESEQUILIBRIO 

 

Sin duda el tándem por antonomasia en la historia del cine estadounidense independiente es la pareja singular entre John Cassavetes y Gena Rowlands. En los papeles que interpretaba Gena siempre había una locura y una rareza que no difería demasiado en la vida conyugal de la pareja. John Cassavetes es la originalidad, es la perseverancia a través de la cámara; su mujer y musa, Gena Rowlands, es sin duda la actriz dotada con sesgo de cordura y de locura. Gena interpretaba papeles de mujer trastornada. Al margen del arquetipo de madre y ama de casa tradicional, actuaba a la perfección con un desequilibrio que conducía a una impronta entre director y actriz protagonista, encarnando la decadencia conyugal. Gena interpretaba la esposa desequilibrada y lo hacía con tanta perfección que emanaba aires de locura profesional. Era grandioso verla conjugar a la mujer en discordancia con la idea que se tenía de mujer estadounidense y esposa felizmente casada en armonía. La relación del matrimonio pasaba por varias crisis, no sólo en las películas en las que Rowlands y Cassavetes ejercían cada uno su labor, sino que eran un matrimonio difícil y totalmente contrapuesto al matrimonio estereotipado obligado a ser una pose en la sociedad norteamericana de los setenta.

 

Era ver a Rowlands actuar y resultaba por completo creíble. Hacía un claro papel de mujer enajenada, con verdadero desequilibrio que proyectaba a la perfección una sociedad aberrante, enfermiza, de pura fachada y maquillaje de apariencia fingida tras un mundo convencional, anodino y demente.

 

En películas como Gloria (1980) o Noche de estreno (1977) Rowlands ejercía una traspapelada función interpretativa con una responsabilidad que llama la atención. Gena es un animal interpretativo, creando en el espectador una ligera idea de lo que John era capaz de transmitir a través de su musa y esposa.

 

 En el film Una mujer bajo la influencia (1974), Gena ofrecía veracidad ante un papel de mujer fatalista y con una locura que hacía creíble al mismo tiempo que se aproximaba al contexto de crisis matrimonial en una sociedad hipócrita y con una doble moral aberrante. Recomiendo el cine de esta pareja de genios. Un matrimonio distinto con diferencias reales, en su vida dentro y fuera del cine, aunque con una filmografía especialmente interesante. Son un singular retrato convincente, un calco de lo que nuestra sociedad moderna oculta tras las trasparencias de la hipocresía. No es de extrañar que esta pareja creara unas películas que ponían de manifiesto la verdadera razón de la América infeliz, con un cierto interés en aparentar un mundo falso que llevaban a extremos de verosimilitud.  Los clichés tan profundamente originarios de una familia blanca y de clase media en un mundo completamente sesgado hacia la más absoluta inercia de la cáustica matrimonial. 

 

No dejen de ver cine de estos dos monstruos de la historia del cine independiente. Quiero recordar otro título dirigido por el hijo de esta pareja. Nick Cassavetes, la película en castellano se hace llamar El Diario de Noa (2004) donde Rowlands hace un papel magistral. En inglés la película se titula (The notebook) y Argentina, México, Chile y Venezuela se titula (Diario de una pasión) donde se puede ver al hijo de Cassavetes poner sus apellidos a una cima que no deja indiferente a ningún seguidor de esta familia de creadores. Altamente recomendada para aquellos que sufran la enfermedad de Alzheimer a quemarropa. 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Una historia verdadera (1999)

David Linch

 

Estamos ante algo más que una simple road-movie. La película nos resulta tierna sin ser por ello empalagosa, no cae en la cursilería, siempre con los sentimientos a flor de piel. Debido a los hábitos alimenticios y otras martingalas, el protagonista entiende lo corta que es la vida y lo fácil que es hacer el bien por los demás, pero aún más por nosotros mismos. Ese es el primer paso de una cadena de acontecimientos que va en aumento a medida que avanza la película.

 La sinopsis en sí es muy sencilla y simple. Este anciano se entera de la convalecencia de su hermano menor y para encontrarse con él recorre un largo territorio montado en una cortadora de césped. Viaja con lentitud, con parsimonia, hecho que da lugar a la aventura en el trayecto, ya que la historia no está en el destino, sino en el camino.

 Este hombre acaba entendiendo lo corta que es la vida. Y se decide a hacer este viaje, sin importarle la lentitud, para ver a su hermano, para saldar cuentas frente a un pasado del que tiene remordimiento. En la película suelta una perla definiendo su juventud. Toca el corazón cuando un tanto resignado, asume que ya pasó su momento.

El desarrollo de la historia se va desenvolviendo justamente pueblo a pueblo, milla a milla, y desde el primer momento intuyes que va a ser una película de las que emocionan. De las que dejan huella. De las que nos muestran la cara redonda de la vida desde la telúrica idea de que todo el mundo es bueno, y que hay esperanza en la humanidad.

También es un espejo frente a otro donde se cuenta una historia que tiene que ver con la sociedad moderna, donde se retrata un oropel caduco y no falto de costumbrismo de la vida real, a veces edulcorada por un Hollywood de largometrajes vacíos de emociones.

Pero cabe reseñar el viaje, que es lo interesante de la trama urdida con gran exigencia actoral. Se descubre que toda la aventura en su intenso viaje por la Norte América profunda es un descubrimiento para el espectador, ya que contiene un cálido homenaje que recae en una bonita historia que se va hilvanando pueblo a pueblo, anécdota en anécdota y personaje a personaje dejando una huella con una impronta humilde y veraz, recayendo en la fuerza expresiva de cada actor y, por ende, en cada personaje en sí. Se muestra una profundidad poética de la sociedad, siempre absurda donde no predominan los sentimientos ante la vorágine del vivir.

Cabe mencionar un diálogo en el que se habla de un incidente de la segunda guerra mundial que deja su hiel en las almas en pena de la Norteamérica combatiente.

Es a la vez, una poesía posmoderna de la que te emociona en los detalles más inesperados. Con ella te das cuenta de que la vida es breve, que debes dejar tu orgullo y entregarte al amor por esa misma razón, al amor entre todas las cosas de la vida. Debes de mirar la vida con la parsimonia de un viaje lento en el que la verdad no está en el destino, la verdadera esencia de la vida está en la suma de personas que vamos encontrando a lo largo del camino.