Reseña literaria-Juan A. Herdi

Elena Peña Bilbao

La tienda de juguetes

Ediciones B, 2026

Dos niñas que se vuelven amigas inseparables. Dos familias que en apariencia viven en circunstancias distintas, que se relacionan y cuyos lazos, lo vemos a lo largo de la novela, se van estrechando, si no lo estaban ya. Tres momentos de la historia de España claves por el cambio que se produce tanto en lo político como en otros aspectos sociales y vivenciales. Este es, en gran medida, el punto de partida de esta historia, un retrato bien perfilado de tres años concretos: 1963, 1972 y 1977.

A través de estos tres años, por medio de Candela e Inés, también de los otros personajes, padres, el abuelo de Candela, su hermano Bruno, su madre, los padres de Inés, percibimos el cambio de mentalidad en un país envuelto en las brumas de la dictadura y represión, de una realidad asfixiante, tan bien simbolizado en cierto modo por ese policía que recibe el sobrenombre de Cuervo. La vida de los personajes se desarrolla en un contexto que notamos y desciframos, aunque apenas nos lo describe la autora más que con retazos que sugieren, más que detallan. Llama la atención como el lector percibe esta trabazón entre vida personal y sociedad, sin necesidad de explicar con un sinfín de datos, lo consigue Elena Peña con la mera insinuación.

Por lo demás, no son sus personajes héroes al uso: dudan, se equivocan, son tenaces, sí, pero también fallan, se truncan sus planes, dudan. En ocasiones son incluso injustos en sus decisiones. Inclusive dos de los personajes que nos pueden despertar antipatía presentan razones que no justifican, pero explican muchas cosas. La vida misma. Los errores del pasado, también lo que no se atrevieron a vivir, lo que quedó fuera por propia decisión, les atenaza. Pero siguieron adelante y cualquiera de nosotros nos identificamos con ellos, estemos o no de acuerdo con sus decisiones o sus formas de actuar.

Estamos ante una novela que narra la intrahistoria de nuestra sociedad por medio de dos familias, una intrahistoria que es la base de esta historia común compuesta por un sinfín de hechos pequeños que devienen el armazón de toda sociedad. Estamos ante una autora que sabe armar sus historias en unos contextos claves. Tal vez es lo que busca, que sepamos que tras los hechos trascendentales siempre hay historias de vida que son fundamentales, intensas, las nuestras, y también una sociedad de la que formamos parte de modo inexorable.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Laurandrea Torres Martínez 

No contaban con las ondas 

Editorial Las afueras, 2026 

 

Eliana rememora los lazos que le han unido con Toni, su amiga de toda la vida. Se dirige a ella, aunque su amiga ya no está presente, ha muerto, la ha asesinado su pareja, y la narradora ha de afrontar entonces un duelo terrible, el de una ausencia que a todas luces le resulta inasumible. Porque «Uno siempre piensa que va a tener más tiempo, hasta que le arrebatan el tiempo y no hay más que quedarse con todo el amor arrumado en las manos», reflexiona Eliana, con todo su dolor y ese sentimiento de culpa que, inevitable, asoma, «No sé qué hice yo», es el grito íntimo y la herida imposible de eludir, tal vez base necesaria de su duelo. 

Con un estilo pausado, íntimo, la narradora nos cuenta una vida, la que le une para siempre a Toni, nos describe su amistad desde niñas y el momento de asomarse a la construcción respectiva de sus realidades, a ese poliedro que es al fin la vida de cada uno de nosotros. Pero también nos confronta con el dolor de un hecho que no sólo es la muerte de una víctima, un nombre más difundido en los medios de comunicación, en las crónicas criminales, en los atestados judiciales, lo sabemos muy bien, por desgracia, sino que es sobre todo la repercusión emocional que algo así produce. Esta novela es el relato de lo que no deberíamos olvidar, que una muerte es en gran medida el fin de un mundo, y cuando se trata además de un asesinato, un crimen en un espacio en el que se supone que hubo amor, lo incomprensible hiere entonces todavía más. 

De este modo, la escritora colombiana Laurandrea Torres Martínez nos introduce en un hecho luctuoso, uno más de tantos que conocemos y escuchamos con excesiva frecuencia. Puede que estemos ante una historia tipo, con las características de tantas historias parecidas, aunque uno tiende a pensar que no, que cada caso es único, sólo es compartido el horror que nos produce que ocurran todos ellos y un desasosiego entre quienes lo contemplamos a cierta distancia. Es tanto el horror que nos debe causar esta violencia que nunca podemos aceptar que sea cotidiana o doméstica. Todo ello con un estilo que conmueve, preciso y cuidado, propio y universal a la vez. 

Con esta primera novela, Laurandrea Torres Martínez nos propone una introspección, un relato íntimo, pero a la vez universal, quizá porque no hay frontera entre la intimidad y lo colectivo. En todo caso, estamos ante una novela muy necesaria en los tiempos que corren, que nos coloca ante una realidad que ojalá nunca conociéramos.  

Reseña literaria-Juan A. Herdi

José Ovejero

Bajo la luna negra

Galaxia Gutenberg, 2026

Una familia tipo —el padre, la madre y un hijo— veranean en un pueblo de la costa. Todo resulta plácido, la playa, los chiringuitos, las tiendas. Incluso el vagabundo local, el alemán Fritz, forma parte del paisaje casi paradisiaco. Nada sabemos de las vidas de los personajes fuera de esos días placenteros de descanso, no sabemos de donde vienen y a donde volverán cuando acabe el periodo vacacional.

La vida es eso, un mero pasar sin más pegas que los gestos cotidianos que apenas molestan, inconvenientes imperceptibles o asumidos como parte de la normalidad, cualquier cosa que sea esto de la normalidad.

El autor nos los muestra con un estilo sencillo y muy descriptivo, con técnica hiperrealista, como si fuera un cuadro de Edward Hopper. Asistimos a sus conversaciones, a sus paseos y a sus baños en la playa. Contemplamos su felicidad de clase media, la familia tipo de una sociedad tipo.

Incluso los roces nos resultan intranscendentes, los habituales.

Pero como ocurre con otras novelas de José Ovejero, los detalles nos indican que tras las apariencias hay siempre una distorsión, que la vida nunca es lo que parece, que la violencia acaba imponiéndose en toda su dimensión, a pesar de la normalidad. Es como la luna negra que intuimos, aunque no la veamos. Tras los gestos cotidianos, pero sobre todo tras las conversaciones y las palabras dichas, percibimos que hay otra cosa presente entre líneas, narrado todo ello con estilo llano.

De este modo, la tragedia se encuadra en la rutina más absoluta. Vamos sintiendo toda la inquietud a través de un relato en apariencia cuasi costumbrista, como si esta novela fuera en realidad un catalejo que nos permite apreciar unos detalles que, por lo demás, pasan desapercibidos para los propios testigos que rodean a los personajes.

La vida de la familia y del vagabundo nos pasa por delante con enorme naturalidad, pero José Ovejero nos incrustará no poca ansiedad a medida que avanzamos en el relato. Ni siquiera el estilo llano nos impide ver que tras los gestos y las palabras hay algo implacable y amenazante. Que incluso la persona más corriente es capaz de actos cuanto menos cuestionables. La vida misma.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Raquel Robles 

Pequeños combatientes 

Editorial Txalaparta, 2026 

 

A nadie se le oculta que la ficción, a menudo, tiene que ver con la memoria y con la necesidad de afrontar procesos sociales recientes, traumáticos para una comunidad. Con frecuencia es difícil asumir sus consecuencias colectivas por otros medios. Los procesos de comprensión y evaluación son lentos y la literatura cubre esos huecos, abre perspectivas. Y en ocasiones este proceso de rememoración y de reflexión se realiza desde la perspectiva de quienes fueron más vulnerables, los niños, con una mirada de los hechos en paralelo a su proceso de maduración. Ambos, el intento de comprender lo que ocurre a su alrededor y el natural de aprendizaje y maduración, coinciden en el tiempo, y desemboca en una narrativa que se ha llamado la literatura de los hijos o de la posmemoria, el acercamiento al fenómeno de la represión y de los desaparecidos desde la mirada de la infancia.   

Se está dando sobre todo en Chile, pero también, como es el caso de la novela que comentamos, en Argentina. Ya han pasado varios lustros desde que las respectivas dictaduras se terminaron, en ambos caos de un modo diferente, con formas distintas de afrontar la historia reciente, tan dolorosa. La expresión más siniestra es sin duda la de los desaparecidos, personas que en su momento fueron detenidas sin ninguna garantía judicial y de las que no pocas veces no se ha vuelto a saber nada de ellas. Sus familias son también víctimas, en especial los hijos de las personas desaparecidas que han de afrontar la ausencia y la clandestinidad con las herramientas emocionales en desarrollo. 

En Pequeños combatientes la escritora argentina Raquel Robles, investigadora de este acercamiento a la verdad histórica desde la ficción, nos ofrece la historia de dos hermanos cuyos padres, militantes políticos clandestinos, han desaparecido. La voz narrativa es la de la hermana mayor, nos describe su cotidianidad y la de su hermano pequeño, nos habla de la realidad de ambos en casa de su tía y de sus abuelas, la vida en el colegio, en la vecindad, el viaje a Tucumán durante las vacaciones, a casa de otra tía, todo ello con la conciencia de la excepcionalidad de sus vidas y la responsabilidad de cuidar emocionalmente a su hermano, pero también, como cualquier niño, afrontando la vida con toda su envergadura.  

Sentimos a medida que avanza la novela la madurez de la niña. Asume el drama de sus padres al tiempo que lidia con la incertidumbre y va modelando una actitud realista que escapa en algunos momentos de la esperanza. Al mismo tiempo se enfrenta a la muerte, la posible de sus padres, la de una de sus abuelas, y a la necesidad de estrechar lazos con la propia familia y con las personas, niños y adultos, que se cruzan con ella, no siempre fácil, la clandestinidad, ser hija de desaparecidos y la discreción necesaria son límites estrechos que harán mella en ella. 

Es a todas luces una novela de aprendizaje, pero con la ferocidad de las circunstancias que requieren de mucha sutileza, tal vez excesiva para una niña que debiera haber vivido otras experiencias. Forma parte, no obstante, de esa intrahistoria que, por desgracia, ha formado y sigue formando parte de nuestros países, los que han vivido dictaduras y, por consiguiente, tantas vulneraciones de derechos humanos. 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Tijan Sila

Radio Sarajevo

Traducción del alemán de

Javier García Albero

Libros del Asteroide, 2026

Una guerra no termina nunca. Es lo que nos recuerda Tijan Sila a lo largo de este libro. No sólo tiene efectos y consecuencias sociales y políticas que perduran en el tiempo y que afectan a un país durante generaciones, también está presente en la cabeza de quien la padece, en su estado de ánimo, es además causa de malestar, también de enfermedades mentales y físicas que se mantienen durante la vida de cualquier persona que la haya sufrido. Se aplica a la guerra de Bosnia, de la que nos habla el autor, y por ende a la guerra de Yugoslavia, hace treinta y cinco años de ella, pero también a cualquier guerra, la actual de Ucrania, la de Gaza o cualquier de los otros conflictos armados, siempre demasiados, que se dan en el mundo.

Por eso son importantes libros como Radio Sarajevo, que nos remiten a los efectos sangrantes y execrables de cualquier guerra. Inclusive de las consideradas guerras justas, que producen las mismas consecuencias en las personas que las sufren. Tal vez porque no hay en realidad ninguna que lo sea, guerra justa.

De este modo, Tijan Sila nos narra su vivencia en la guerra que padeció Bosnia, cuando era él apenas un preadolescente y tuvo que enfrentarse a los combates, a la muerte, a la incertidumbre, en un conflicto que tuvo las etnias como base, en un país en que las familias estaban mezcladas. La suya, por ejemplo: su padre era bosnio y su madre, croata. El niño que fue él, sus amigos, su hermano o sus padres resultaron afectados todos ellos, sus cuerpos y sus mentes se volvieron campo de batalla para siempre, aun cuando la guerra terminara. Su propia madre padeció una enfermedad mental, consecuencia de esa tensión latente de sufrir y gestionar un conflicto como aquel.

El autor nos cuenta la cotidianidad durante los combates o en los momentos en los que no los había. Cambiaron su educación y su maduración como persona. También nos confronta a su exilio, el paso por Croacia cuando se dirigían a Alemania, con el rechazo hacia los refugiados, y su llegada a un país nuevo del que no sabía nada y en el que, al final, Tijan Sila se aposenta y adopta el alemán como lengua de escritura. Y nos lo narra con precisión, sin aspavientos, a veces como una aventura, sin duda así lo vivieron aquellos niños, pero entre líneas está todo el dramatismo de aquella época.

Conservó a todas luces las imágenes de aquel drama bien insertas en sus recuerdos. La escritura deviene así un testimonio terapéutico y de reconciliación consigo mismo. Lustros después vuelve a Sarajevo y percibe que las consecuencias persisten pese a todo, aunque todo haya cambiado en apariencia. Radio Sarajevo se vuelve de este modo un testimonio preciso y necesario de la ignominia de la guerra, un libro que debiéramos leer en una época en la que el peligro está presente, si alguna vez ha dejado de estarlo. A todas luces, este libro resulta un grito de alarma ante lo que nunca debió de suceder.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Rodrigo Gervasi

La grieta

Sexto Piso, 2026

Detectamos en esta novela, entre líneas, el eco del famoso poema de Gil de Biedma. Aquí también se nos habla, salvando las distancias, de ese paso del afán por la vida al descubrimiento del argumento único de esta obra que es el vivir. A pesar de las distancias, repito, porque hablamos de épocas diferentes, de jóvenes con avideces distintas, de formas de entender la vida y afrontarla que no se pueden comparar. Lo que se repite es el descubrimiento de que el tiempo pasa y asoma siempre la verdad desagradable.

Estamos por tanto ante una novela de descubrimiento vital. Lo importante del relato es el proceso del joven Hugo Blanco, un chico de nuestro tiempo, con un trabajo y una cotidianidad precarias. Sufre la fragmentación y la ajenidad que impone un sistema deshumanizado que no ofrece en absoluto grandes perspectivas ni alternativas sociales. Esto no quita que haya cierto compromiso, permítaseme calificarlo sin desmerecer de gestual: que no haya en las reflexiones del narrador un posicionamiento ante el mundo no opone a que tenga ciertas actitudes ante lo que pasa a su alrededor, más allá de su círculo de amigos y conocidos, y que opte por apoyar, por ejemplo, una manifestación de defensa de la sanidad pública, eso sí, aplaudiendo y alentándola desde el balcón de casa. Le doy cierto énfasis a ello tal vez porque el nombre del protagonista coincide con el de un famoso revolucionario peruano y el dato no me parece casual, aun cuando puede que el autor ni se lo haya planteado, un mismo nombre para dos escenarios tan diferentes.

Nuestro personaje vive bajo un ruido ambiental que sin duda le deja en ocasiones exhausto. Contempla el mundo que a veces se le presenta como una pantalla enorme que emite constantemente mensajes publicitarios, anuncios convertidos en el único relato posible del presente. El piso compartido es un escenario en que se reúnen chicos y chicas que, como Hugo, afrontan su final de juventud y su incorporación al mundo y a la vida con un desasosiego instalado de forma perenne en sus cotidianidades. Son jóvenes, son libres, pueden vivir y sentir en libertad, sin temor a ser (mal)juzgados, han estudiado, algunos de ellos se ocupan de nuevos oficios relacionados con las nuevas tecnologías, incluso son trabajos creativos, o alternan lo creativo con trabajos efímeros y transitorios, pero la precariedad lo ocupa todo, no sólo el ámbito laboral, también el vital.

De allí quizá un sentimiento de culpa siempre presente, a pesar de esa libertad. Tenerlo, por tanto, no ayuda a entender los extraños mecanismos de la vida. Porque vivir no supone repetir rutinas hasta que se conviertan en naturales, como afirma el narrador en algún momento y a pesar de que es la realidad de demasiada gente, sino que la clave, como se le dice en otro momento, es que vivir supone también, a menudo, equivocarse. La madurez es sin duda asumirlo e incorporarlo a la experiencia propia.

Asistimos en consecuencia a unos meses en la vida de Hugo Blanco, el contemporáneo, a sus reflexiones, a su mirada, sin entenderlo muchas veces, sin comprender algunas de sus reacciones, sin compartirlas tal vez, pero comprendiendo que son reales, que forma parte de una vida y de su proceso de descubrir el argumento de la misma. Una novela, en este sentido, muy esclarecedora.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Walter Tevis

El rey ha muerto

Los relatos completos

Traducción de Juan Trejo

Editorial Impedimenta, 2026

De todos es sabido el lugar eminente que ocupan los relatos breves en la tradición narrativa norteamericana. Cuenta con escritores extraordinarios en este ámbito, con gran dominio del lenguaje y de las historias, y que influyeron en la literatura de no pocos países y en otras lenguas, sobre todo en la literatura latinoamericana, muchos de cuyos autores reconocieron incluso la deuda enorme que tenían con ellos. En absoluto es baladí la lista de escritores norteamericanos que mostraron su maestría en la narrativa corta; quien guste del reto de lo breve tiene en ellos, a todas luces, una experiencia placentera.

Uno de dichos autores es Walter Trevis (1928-1984), un escritor reconocido por sus novelas, algunas de las cuales sirvieron de guiones para el cine, como la inolvidable El color del dinero, que Martin Scorsese trasladó a la pantalla, y cuya narrativa completa, veintiséis relatos, nos ofrece ahora en castellano la editorial Impedimenta, sin duda una buena forma de iniciarse en la obra de este escritor si no se conoce o de adentrarse en ella todavía más.

Son cuentos bien trazados, apenas una anécdota, muchos de ellos nos ofrecen el retrato de un instante, aunque los habrá también que se expanden en un tiempo narrativo más extenso, con el resultado todos ellos de contarnos una historia que absorberá al lector. Algunos de estos relatos se mantienen en un hiperrealismo muy propio de la tradición norteamericana, pero los hay también que se adentran en la ciencia ficción o incluso en un cierto absurdo imaginativo que enlaza con el realismo mágico tan presente en la tradición latinoamericana.

 Llama la atención los personajes tan bien descritos por Walter Trevis y que forman parte de la periferia, la de los derrotados, sin que por ello se resignen al fracaso que les envuelve, intentan siempre superarse, son buscavidas que se enfrentan a las circunstancias, sin que teman hundirse todavía más, asumiendo la posibilidad de caer más bajo, sí, lo que les ocurrirá en algunos casos, pero siempre con el empeño de afrontar lo que son y lo que viven. A todas luces, el escritor no los juzga e insta al lector a no hacerlo, a contemplarlos en una atmósfera que logra describir de un modo magnífico.

Estamos ante un libro imprescindible para los amantes de la narrativa breve o para introducirse en este subgénero que ahora mismo sigue ganando adeptos entre los lectores en castellano, no sólo en América Latina, donde el cuento literario es un pilar fundamental, también en España, donde a estas alturas podemos decir que goza ya de buena salud.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Juan Manuel Gil

Majareta

Seix Barral, 2026

 

Un incidente alborota la vida de una barriada. Lo causa un personaje que está en boca de todos, Leo Almeda, el Majareta, conserje en un colegio religioso y prejubilado repentinamente tras treinta años en su puesto, autor del hecho cuyos detalles iremos descubriendo en toda su envergadura a medida que avancemos en la lectura de esta novela.

Una serie de vecinos, tan variopintos como apasionantes todos ellos, van dando su opinión sobre lo acontecido y sobre ese ser periférico que se convierte en el objeto de esta novela a partir de múltiples comentarios, rumores, opiniones y prejuicios que se van entretejiendo para establecer un hilo que se unirá a otros hechos enlazados al relato central. Intuimos lo complicado que es afrontar lo real, cuando además hay secretos que se afianzan dentro de uno mismo. Porque esta novela habla también de un misterio que viene anunciado por la pregunta inicial, fundamental en toda intriga: «¿Te has enterado?»

Novela por tanto coral, en la que los personajes le describen al narrador, un mero recopilador de testimonios, sus puntos de vista y de paso crearán todos ellos no sólo una descripción del incidente, de su autor, Leo Aldama, que sin embargo no aparece como tal en la novela, no da su versión de los hechos, sólo se habla de él, también de la vida misma, la cotidianidad de una barriada con la que sin duda nos sentiremos identificados. Porque el lector reparará de pronto en que se le está hablando de algo no muy lejano a su propia cotidianidad, la vida misma que asoma en los testimonios presentados, cada uno de ellos con su estilo, no sin ironía en muchos casos, aun cuando apreciemos que en algún momento lo que se cuenta alcanza lo trágico. Hay referencias y momentos en los que pensaremos en la rabiosa actualidad.

Cada capítulo, un testimonio cada uno, transmite los rasgos del personaje que narra, con un ritmo galopante, vertiginoso, y así vamos apreciando entre esta neblina compuesta de palabras algo que nos atrae, que nos atrapa. De este modo, nos arrastrará la intriga y la conmoción de unos hechos, que, como en la mil y una noches, nos inquieta y nos obliga a seguir leyendo, porque al final de cada capítulo deseamos conocer lo ocurrido y todo lo que lo envuelve. Intuimos que al final habrá, inevitable, un giro de guion. Y en efecto lo habrá.

Estamos pues ante una novela que destaca por su historia, por su ritmo y su humor, pero también por su estructura y sus referencias constantes a una realidad y a una forma de encarar lo real muy actual, una reflexión sobre los mecanismos de acercarnos colectivamente a lo que nos rodea, a la manera muchas veces con se forma la percepción del mundo.

 

Reseña literaria-Cecilio Olivero Muñoz

Huérfano buscando el mar

Pablo Méndez

Editorial Vitruvio, 2026

Colección Libros del 30

Se apellidan expósito todos los bebés que fueron a parar a la inclusa. Porque no eran hijos del lugar, ni del parentesco, y huérfanos eran desprendidos de la sangre y de la esperanza, y sí lo eran, depositarios y despojados de una nada entre las estrellas guía. En este poemario se puede pensar que el huérfano buscando el mar es Pablo (autor). Pero Pablo tiene todo un mar donde sus brisas y sus olas acuñan su sueño de ver a sus seres queridos a los que echa de menos. Pero eso es demasiado obvio.

Leer este poemario es abrir una caja de bombones, que viene con mucha calidad presentado, ya que luce una tapa dura como la grata literatura, como un dulce nada empalagoso, que descifra e hilvana preguntas sin respuesta.

En este poemario Pablo ha hecho suya una poética que se desnuda y por la que te sientes reflejado en el lugar idóneo, porque todo aquel que haya perdido a un ser querido se verá reflejado en sus poemas, en su literatura, en una elegía conmovedora que todo apunta a que Pablo tiene un corazón que acepta el mar frente a la pérdida inexorable de la carencia temprana.

Cuando un huérfano encuentra al mar, también debe encontrar un faro. Cuando un amante del mar y su salitre encuentra un consuelo que mezcla lo dulce y lo salado, a partes iguales, es tremendamente coherente con la pérdida cercana. Como un corazón que se presenta helado, y a la vez caliente, caliente y agridulce como parte del peculiar verano que rezuma a poemas tiernos, nostálgicos y conmovedores.

Pablo es un poeta con una voz dulce, tierna y, a veces, en según qué ocasiones, es alguien que cobija la poesía taciturnamente, en las postrimerías del día, es un poeta amigo de la tarde y del mediodía. Pablo tiene una obra de calidad. Es, se nota, un amante del verso breve y explícito. Que combina muy bien atando todos los cabos, aquellos donde la oleada del mar se estrella en la sensibilidad de un niño que siempre será niño, aunque tuviera cien años.

Pablo es parte de una ola que se estrella en el espigón sin viento, ya que es una piedra inamovible, en el que caen todos los poemas que nacen desde la falta que nos hacen los poetas así.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Matías Aldaz

Algo que nadie hizo

Editorial Las afueras, 2026

 

Un hombre nos cuenta una historia. La de un pueblo que se deshabita, la de unos límites imprecisos que perfilan una atmósfera sombría que surge y se diluye constantemente, la de unos personajes cuyos ecos se entremezclan para describir un ambiente y una degradación ante los cuales nos sentimos turbados. También contempla el narrador una cinta casera en la que se plasma el pasado, intuimos una nostalgia profunda, una desolación que se vuelve más y más palpable. De este modo se va conformando esta novela en la que está presente en todo momento la tragedia, o las tragedias, el hilo conductor del relato, antes de que todo desapareciera. El lector va reconociendo, la capta entre líneas, por medio de frases que recrean un contexto opaco, como si fueran más bien meras percepciones.

Los párrafos cortos, una técnica cuasi impresionista, contribuyen a ello, a que nos sintamos atrapados en esa atmósfera. Con aparente sencillez, captamos realmente lo que el narrador procura, nos lo indica él mismo en un momento de la novela, que podamos atravesar lo obscuro sin susto.

El escritor argentino Matías Aldaz nos propone de este modo una novela en la que el estilo, tan sinuoso como poético, causa no poco azoramiento. Lo va perfilando además a través de esos párrafos que son como zarpazos de realidad. No es sólo la historia que narra, sino la descripción de la misma, con un estilo estricto y claro, lo que nos llega a embelesar. El lector se va envolviendo de una neblina que le transporta a un mundo de fronteras imprecisas.

No en vano, son difusos los espacios de los campos y de las casas, lo son las sombras de los árboles, una naturaleza que intuimos portentosa, al fin objetos y ensoñaciones se entremezclan, como se entremezclan los idiomas, el castellano del lugar, el guaraní, el alemán, el portugués. A trompicones, vamos reconstruyendo unos hechos, un recuerdo, una tragedia.

Estamos pues ante una novela escrita a base de sugerencias y que, según la mejor tradición latinoamericana, crea un ambiente al tiempo que nos introduce en una naturaleza que adquiere también todo el protagonismo, con esos árboles de nombres evocadores. De este modo, el autor consigue que el lector se sumerja en el relato, que esté imbuido por esa cosa que se cuenta y que requiere también, como nos apunta el narrador, que se cuente otra, entrelazada, una historia como parte de otra más amplia.