Alos quartet (Juan A. Herdi)

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Sin duda fue durante los años 70 cuando la denominada música folk tomó carta de naturaleza y salió de, hasta entonces, los estrechos márgenes de la cultura popular para iniciar un reconocimiento generalizado. También es cierto que el concepto «cultura popular» es muy poco aclaratorio, no se circunscribe a una categoría específica, no debería al menos circunscribirse a paradigmas rigurosos, y lo mismo ocurre con la música folk, que comprende estilos diversos.

Sea lo que fuere, dicha música encuentra hoy una enorme aceptación y no son pocos los grupos que se mueven en tal ámbito, incluso más allá del mundo estrictamente céltico, donde tiene su origen. Incluso desde hace tiempo se organizan festivales, convertidos muchos de ellos en verdaderas referencias para los aficionados a tales ritmos, entre ellos los de Ortigueira, en La Coruña, y el de Getxo, en Vizcaya.

Es durante el transcurso de este último festival, el Getxo Folk, en la primera semana de septiembre de este año, cuando se presentó el cuarto disco de Alos Quartet, titulado Lau, cuatro en vasco. Se trata de uno de los grupos más originales y sin duda con un enorme sentido de la innovación y reflexión musical.

Lo constituyen cuatro músicos, todos ellos con formación clásica, experiencia propia y un afán enorme por experimentar: Xabier Zeberio, violín y nyckelharpa, Lorena Nuñez, viola, Francisco Herrero, violín, e Iván Carmona, cello. Su origen fue, como ocurre tantas veces, por casualidad. En 1999 el cantante vascofrancés Niko Etxart necesitó cuatro músicos para llevar a cabo una grabación y los reunió en Zuberoa, una de las tres provincias vascofrancesas con una tradición musical riquísima, para acompañarlo. A partir de allí se inicia su labor musical que incorpora también colaboraciones con otros muchos músicos, como no podía ser menos dado su origen. Colaboran con ellos y ellos colaboran con Kepa Junquera, Benito Lertxundi, Izaro, Pier Paul Berzaitz u Oskorri, formación a la que perteneció el propio Xabier Zeberio, entre algunos de los vascos, pero también de otros lugares, como Carlos Nuñez, Silvio Rodríguez o la fadista Dulce Pontes, con quien realizaron varios conciertos en España y Portugal. 

Para el disco que presentaron en Getxo le pidieron permiso a Marisol Bastida, viuda de Mikel Laboa, el mítico ya músico vasco, para incorporar su voz en una de las canciones, Oi, Pello, Pello.

Alos Quartet cumple ya veinte años de trabajo y ha logrado en estos cuatro lustros aportar una música envolvente y sugestiva. A todas luces se trata de un conjunto que hay que tener en cuenta y seguir, pues sin duda no dejarán de experimentar y de aportar nuevas armonías al panorama musical.

Urtain, de icono a loser (Cecilio Olivero Muñoz)

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El otro día vi la obra de teatro de TVE en YouTube Urtain, la obra es excelente, solamente tiene como escenario un cuadrilátero de boxeo, al parecer han vuelto a televisar nuevos programas de Estudio 1, aunque una única obra, no como los antiguos programas de televisión Estudio 1 donde grandes actores representaban grandes obras clásicas, españolas y extranjeras. Aunque sólo creo que han emitido URTAIN, una obra de Juan Cavestany con un elenco de buenos actores, algunos conocidos por el espectador,  ya sea de teatro o de cine. Pero lo que me ha llevado a hacer esta especie de crítica de aficionado es el término “perdedor” en esta España, patria enclenque de mediocres (según muchos personajes), últimamente veo muchos vídeos que me avergüenzan como español y como ciudadano de esta España, que merece respeto y una gran admiración merecida. Utilizan a Urtain (José Manuel Ibar Azpiazu, boxeador, campeón de Europa de los pesos pesados, también conocido como Morrosko, nacido en Aizarnazabal, Guipúzcoa, el 14 de mayo de 1943, muerte por suicidio en Madrid el 21 de julio del 1992 [año de olimpiadas en Barcelona]) como icono del hombre perdedor cuando ese fragmento del papel, fuera del teatro y dentro de la vida real, debería ser nuestra impronta y conservar así la humildad impoluta, y que ésta sea nuestra seña de identidad, ya que el ego masturbador de mucha gente es sentirse vencedor, pero es preferible tener como ejemplo y como salvoconducto existencial el concepto URTAIN (nombre del caserío de los Ibar), ya que muchas personas se apropian de la envidia de cicuta y ortiga, del nepotismo con olor a rancio y la maldad en toda su esencia como si éstas características, que no se adquieren al nacer, sino que florecen con los años como el moho, éstos singulares defectos por antonomasia fueran motivo de orgullo, lo fácil es: primero criticar, después reírse y un rato después abrazarse todos como en una bacanal de vencedores sobre los cadáveres de los vencidos, y por ende, los perdedores natos, y algunos de éstos perdedores son la buena savia que habita desde la bondad y el corazón noble. Decía que últimamente veo muchos vídeos por YouTube, también Twitter y también Facebook, y a veces siento vergüenza ajena, ya no por mi condición de españolito (de la que no renuncio), sino por mi condición de ciudadano del mundo. El otro día vi como la televisión francesa difunde un vídeo riéndose de la Guardia Civil, de su torpeza, ya lo han hecho otras veces con el tema del dopaje y los deportistas españoles, es muy fácil reírse y criticar a ultranza, pero en mi tierra, que es España, se dice un refrán muy adecuado para este caso: ríete del mal del vecino que el tuyo viene por el camino.

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Con respecto a Urtain diré que merece todo mi respeto, un hombre que no sabía hablar castellano (solamente hablaba euskera cuando vivía en el caserío familiar) y es arrancado de sus raíces (debido a que era también levantador de piedras)  y un hombre con tantas victorias como palmarés 53 victorias-11 derrotas, merece todo el respeto del mundo, es un luchador noble. Mucha gente llegó a clasificarle de juguete roto, hubo gentuza que se aprovechó de su corazón noble y sin maldad; es necesario admitir que en la obra de teatro no se le trata bien, pero es teatro, y muchas veces hallamos en el teatro la verdad del mundo desnuda, verdad-embustera. Pero el hecho de reírse del perdedor no es un hecho que solamente tenga cabida en España, es mundial. En fin, la vida es puro teatro.