Reflexiones de una ondjundju-Ser escritor-Juliana Mbengono

SER ESCRITOR EN LA ERA DE LOS BLOGS Y LOS CERTÁMENES

Puede que sea cuestión de tener las cosas más claras o saber lo que se quiere en la vida, como dirá alguno; pero, a veces, al publicar un poema o relato diferente en mi blog siento que me arrepentiré. Algo me dice que este trabajo podría haberme servido en el futuro para un certamen y compartirlo gratuitamente en el blog es un desperdicio.  Por otra parte, me gustaría que me lea el mayor número de gente posible, además de saber qué les ha parecido mi trabajo, y esto es menos fácil con las obras que resultan ganadoras en un certamen literario.

Además de que las obras publicadas en un blog ya no son muy aptas para concursar en un certamen, también está la soledad con la que el escritor de un blog debe lidiar. Capplannetta lo sabe de sobra y habla de ellos con mucho detalle en su libro Cibernética Esperanza. A veces, ves un gran número de visitas en la interfaz, pero no hay un solo comentario. No sabes si en realidad te han leído esas doscientas personas o si es algún fallo y en realidad solo te han leído diez. De esas diez personas, tampoco estas seguro de que la mitad haya llegado a la mitad o al final del relato. Es como si escribieras para unos fantasmas; sin embargo, te sientes agradecido porque te leen y sigues escribiendo, sintiendo que debes publicar algo ya, que llevas mucho tiempo sin escribir para el blog. 

He llegado a preguntarme si no tengo cosas mejores que hacer con mi tiempo, pero acabo sintiéndome peor cuando dejo de escribir para Popó Mango. Siento que le fallo a alguien, aunque sea una sola persona, y las otras cosas a las que quiera que empiece a dedicar más tiempo acaban resultándome menos satisfactorias. Entonces concluyo que es por pasión. Igual, si no existieran los blogs, seguiría escribiendo en los cuadernos como lo hacía en la escuela y me conformaría con que me lean dos amigos y ya. 

También he llegado a preguntarme si leería todo cuando escribo yo si lo escribiera otra persona. La verdad es que no he encontrado una respuesta, pero leo todas las publicaciones de unos cinco blogueros, a veces con mucho retraso, cuando tengo suficiente dinero para internet. A veces descargo los post para leerlos más tarde sin conexión o los copio y pego en un nuevo documento cuando estoy usando un ordenador público. Quizás, aquellos que me leen hacen lo mismo y por eso muchos no llegan a comentar ni dejar su opinión.

Antes de descubrir que yo también podía tener un blog, me limitaba a navegar en busca de una información específica y ni me molestaba en comentar, suscribirme, etc.. No hacía nada, por más interesante que me pareciera la información. Bueno me quedaba con los nombres de algunos blogs como el de Diana P. Morales o Gabriella Literaria y ya. Ahora que conozco todo el sacrificio y esfuerzo que conlleva mantener un blog bien nutrido, me toma el minuto necesario para dejar un comentario o simplemente darle clic al dedito o al corazoncito. 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Lorena Salazar Masso

Esta herida llena de peces

Editorial Tránsito. 2021

Una mujer viaja con un niño por el río Atrato, en el Chocó colombiano. El niño llama a la mujer Ma, pero él es negro y ella, la narradora, blanca. A pesar de ello, nadie parece sorprenderse de su mutua compañía, estamos en un mundo de contrastes donde todo es posible y detrás de cada vida hay una historia o un destino que conforma la realidad, que puede llegar a ser muy variopinta. Por lo demás, no sabemos en un principio el motivo del viaje, lo vamos intuyendo a medida que avanzamos en la lectura, mientras la narradora nos describe una naturaleza exuberante y generosa, nos habla de las personas con quien viaja y con quien se cruza, nos relata los incidentes del trayecto, no siempre gratos, los peligros están siempre al acecho y la muerte demasiado presente.

De este modo, el propio río se vuelve una metáfora del destino y que va reflejando los ecos de una realidad tan insospechadamente presente. La mujer, al mismo tiempo que contempla lo que le rodea, incorpora al relato un sinfín de emociones y sentimientos que tienen que ver en gran medida con el niño al que cuida, pero también con los propios miedos y las dudas, al tiempo que con su pasado. Brotan los recuerdos que se incorporan al relato, forman parte de él. Todo conduce, inevitable, a ese destino tanto físico como emocional ante el cual, intuimos, nada es seguro, estamos a merced de los acontecimientos sobre los que no tenemos ningún dominio.

Por lo demás, se trata de un relato en el que llama la atención la presencia de unos personajes femeninos fuertes y que sin embargo, como le ocurre a la propia narradora, no ocultan sus propias cuitas y temores, las muestran incluso, lo que les vuelve a todas luces mucho más resueltas para establecer unos lazos recíprocos que les exige la necesidad de supervivencia. Aunque tal fortaleza no las salvará del propio destino.

Va así desgranándose el relato de esta primera novela de Lorena Salazar Masso. Con una prosa directa, sin ambigüedades, va construyendo este torbellino de sensaciones y emociones que atrapa al lector y lo incorpora a la trama, a una sucesión de hechos que no dan respiro y cuyo final, inesperado, impresiona y deja un poso de desasosiego e inquietud.

De este modo, Lorena Salazar Masso se incorpora plenamente a la literatura colombiana, cuya tradición, permítaseme el tópico, es una de las más potentes de la literatura tanto en castellano como mundial. En todo caso, por sí misma, estamos ante una novela bien construida, bien hilvanada, que no ha dejado nada en el tintero y en la que tampoco sobra nada. Sin duda, uno de los descubrimientos del año.

Milestone (Cecilio Olivero Muñoz)

Miles Davis es sin duda el trompetista afroamericano con más personalidad del siglo XX y todos los tiempos. Su trompeta de latón galvanizada en cobre posee un sonido inconfundible. Odiaba que denominarán lo que él hacía como Jazz. Tuvo problemas con la ley por ser de raza negra. Cuando le dieron la medalla de las artes en Francia, al bajar del avión dijo con cierta retranca: -¿qué ocurre con ustedes que no han visto a un negro de clase media? 

No se sorprendía por que en Europa admiraran su manera increíble de crear silencios y notas sostenidas con su trompeta. Sin duda asombró a Dizzy Gillespie y Chet Baker por sus solos de trompeta. Tenía una personalidad introvertida y con fuerte poder de seducción, tanto en un escenario como en persona. Grabó un disco sobre el concierto de Aranjuez llamado Sketches of Spain, adelantándose al disco de John Coltrane Olé

Su nombre real era Miles Dewey Davis III. Nació en Alton Illinois un 26 de mayo de 1926. Y murió en el 1991 en Santa Mónica, California. Él solía decir: para mí decir Jazz es decir negro. Su problema era la cocaína. Pueden encontrar en YouTube su entrevista y concierto Miles Ahead. Homenajeó a Pablo Picasso, realizó bandas sonoras para películas. En Francia lo apreciaban mucho. Su discografía es tan amplia y tan variada que de él podemos decir que era un genio, tuviera la personalidad que tuviera. Su disco cumbre es Kind of Blues. Fue íntimo amigo de Charlie Parker, The Bird, como lo llamaban músicos en el backstage. Miles Davis es todo un referente musical, por lo cual deberían homenajearle en los Estados Unidos.

  También es importante recalcar sus grabaciones con Charlie Parker ‘Bird’, también con John Coltrane, Chet Baker. Tiene su peculiar versión del clásico Autumn Leaves. Era amigo de John Lennon, y actuó en todo el mundo. Con su voz ronca lograba que la trompeta hablara. Murió de neumonía. Fue un hombre genial pero lo genial no tiene nada que ver con la personalidad. 

Reflexiones de una ondjundju-El éxito está reservado-Juliana Mbengono

EL ÉXITO ESTÁ RESERVADO PARA LA JUVENTUD Y LA VEJEZ

¿Qué es el éxito? ¿Cuándo podemos decir que hemos tenido éxito en la vida? Ahora que todo va tan rápido, parece que la vejez también se ha vuelto prematura. Un día eres niño o niña para todo y al día siguiente te parece que ya es demasiado tarde para ir tras las metas que pretendías alcanzar cuando seas mayor; porque los demás las alcanzaron mientras jugabas al escondite con tus padres y te parecía que no hacía falta ir con tantas prisas por la vida.

Si no llegas a licenciarte u obtener el master antes de los 25 años, quizás tengas que esperar a cumplir 80 años para que te aplaudan con sinceridad por ese logro, en vez de recibir un frio “¡Enhorabuena!” o un “ya era hora. Al fin lo lograste”. Bueno, llegados a este punto, alguien dirá que no debemos vivir para impresionar a otros o esperar elogios; pero, el espíritu de la competencia y las comparaciones tiene mucha fuerza en los jóvenes. ¿Quién quiere ser un parado de veintisiete años que sigue viviendo con sus padres cuando el primo, vecino o amigo ya tiene una vida independiente y es quien cubre parte de los gastos de sus padres?

Tener treinta tacos ya es ser muy mayor, es estar al otro lado de la línea. Toda la vida se queda entre los quince y los veinticinco o veinticuatro. Si en esos diez u once años uno no consigue un título académico, ser la estrella del momento, formar una familia, crear una empresa u otra cosa que el mundo esté usando actualmente para medir el éxito, estará siendo el último en llegar a la meta. La única Salvación que le queda es lograr esas “proezas” después de los 70: siempre ha sido llamativo, entrañable y conmovedor que los ancianitos hagan cosas de jóvenes. 

La realización personal está siendo relegada a un segundo plano porque el éxito material tiene la cara de un joven. Incluso cuando las estrellas del cine, la música, el deporte y los hombres más ricos del mundo no sean precisamente jóvenes de menos de veinte años, los medios de comunicación se las ingenian para demostrar que ya eran grandes deportistas, cantantes o empresarios antes de saber atarse los cordones.

Parece que la gran mayoría de la gente necesita desarrollar una inteligencia emocional excepcional y una personalidad de acero con un grado de autoestima que roce la arrogancia. Sólo así podrán seguir emocionándose de verdad por sus logros en vez de sentir que al final pudieron acabar la tarea que los demás lograron realizar a tiempo

Es paradójico e incluso irónico que, actualmente, con los avances en la ciencia y la medicina, que suponen un aumento de la esperanza de vida, la gente esté más ansiosa por vivir deprisa antes de hacerse muy mayor para la mayoría. Bueno, quizás todos queremos ser Jay Z y JLo para vivir los cincuenta como si fueran los quince; mientras tanto, los quince pasan y nada nos garantiza que vayamos a tener el mismo “éxito” o que la vida no nos vaya a sorprender con uno de sus reveses. Lo peor de todo es que llegamos a tener buenas oportunidades y las dejamos pasar porque podemos aspirar a más, después de tantos errores y frustraciones acabamos conformándonos con cualquier cosa para no ser unos absolutos “perdedores”.

The Bowles marriage (Cecilio Olivero Muñoz)

El matrimonio Bowles residía en Tánger y de tanto en tanto venían amigos a visitarlos, y cuando era el tiempo de la juerga acudían Truman Capote y otros errantes estadounidenses, a llevar todos ellos una vida licenciosa. A Paul fueron a buscarlo Allen Ginsberg y Willian Burroughs, al parecer en busca de heroína. De ahí surgió la novela de Burroughs Yonqui. Durante su juventud, Paul fumaba hachís y marihuana, y bebía en exceso. Truman Capote tenía una casa en la Costa Brava catalana y se desplazaba a Tánger en busca del matrimonio Bowles. Muchos amigos españoles se quedaban anonadados cuando tras una jornada de alcohol y grifa se levantaban a primera hora de la mañana y escuchaban las máquinas de escribir a todo trapo. 

En aquella época el matrimonio Bowles escribían sendas novelas. En el caso de Paul El cielo protector y en el caso de Jane Dos damas muy serias, novela con un trasfondo lésbico y bello. Pueden encontrar los dos textos en Anagrama. Jane había conocido a una chica marroquí y según Paul la marroquí sólo la quería por el dinero. Paul detestaba la presencia de la marroquí porque en su opinión ella tenía intereses materiales. 

 Paul le decía a Jane que se cuidara, que si no tendría él que cuidarla. Al parecer Jane mezclaba medicamentos con alcohol, y eso era una bomba de relojería. Jane, en sus últimos días en Tánger, regalaba dinero por la calle a cualquier transeúnte. Cuando estaba más desequilibrada le dijo a un amigo: -Tengo este problema y el verdadero problema está aquí, aquí, aquí, señalando el bolso. Y este amigo le dijo que le diera el bolso. Lo vació en un banco y se encontró envuelto en un pañuelo un pájaro muerto, una chapa, y una cuchara. Este amigo le dijo: Ven Jane, que tiene solución, y primero enterraron al pajarito en un erial cercano a su casa, después se desprendieron de la chapa y después de la cuchara. Y Jane, maravillada, abrazó al amigo y le dijo: gracias, me has salvado. Y el amigo se emocionó, entendiendo el carácter de Jane. 

El final de Jane Bowles fue en un hospital de monjas de Málaga. Jane, judía, se bautizó cuando ya estaba muy deteriorada, demasiado. El nombre y apellido de soltera era Jane Auer. Nacida en 1917 en Nueva York, se casó con Paul siendo este mucho más joven que Jane. Paul advertía a Jane acerca de los intereses materiales de la amiga o amante de ésta. Paul no quería ser parte de ese trío amoroso. Hasta que un día Paul la sorprendió haciendo infusiones de una planta tóxica que te volvía loco o te paralizaba. Jane decía a sus amigos cuando iban a visitarla al hospital psiquiátrico de Málaga: -Por Dios, ¿no puedes conseguir algo para matarme? Paul Bowles estaba disgustado porque se hubiera convertido al catolicismo, pero aun así iba al hospital cruzando regularmente el Estrecho. 

Resulta evidente que era un matrimonio peculiar muy adelantado a su época. Si van a la tumba de Jane, verán lo que dura la gloria de gente que creó y ahora no tiene quién le ponga flores. Es triste que el talento tenga ese fin tan injusto.

Reseña Literaria (juliana Mbengono)

Cecilio Olivero Muñoz

Cibernética esperanza 

Ediciones Vitruvio 2021

Las cosas nuevas, en ocasiones, nos causan rechazo y curiosidad al mismo tiempo, aunque sean muy buenas. Cibernética Esperanza, de Cecilio Olivero, en adelante Capplanneta, es un libro demasiado nuevo, no sólo porque lleve menos de un año desde que salió de la editorial. El contenido está estructurado y presentado de un modo muy poco habitual, tan poco habitual que el autor podría perderse buscando el hilo conductor sin darse cuenta de que ya lo tenía desde el prefacio.

Yo esperaba una “novela de auto ficción”, según la definición que hizo el autor. Pero, durante los últimos meses he estado leyendo una colección de más de 60 poemas y más de 60 relatos intimistas, sinceros y descarnados que, sin suspense ni anticlímax o clímax hacen que el lector siga pasando las hojas movido por la empatía y las emociones que despiertan las experiencias que narra el autor sin necesidad de un gran conflicto que se resuelva en las últimas páginas (igual que en la realidad, donde nadie espera resolver el mayor de sus problemas para vivir sin emociones ni desafíos, al contrario, convivimos con todo lo bueno y lo malo cada día) hasta que un día el lector llega al final y concluye que muchas películas basadas en hechos reales y muchos reportajes sobre la vida de los famosos son un montaje para vender.

En el séptimo verso del poema “Blogger nadie”, Capplanneta dice algo que ya es muy evidente: “[él escribe sobre] lo que le da la gana”. Es decir, sobre su coqueteo con las drogas durante su juventud y las consecuencias de estas en su salud y en su familia. Las otras cosas sobre las que le dio la gana escribir en Cibernética Esperanza son: su relación con internet que, si bien le hace sentirse a gusto hasta el extremo de alegrarse porque un hacker se haya metido en su sistema operativo, también le vuelve más solitario, es una tabla de salvación en la vida de un hombre cómo él; es decir, en la vida de mucha gente acosada por el tedio. Por último, está su relación de amor fallido con su exmujer y otros temas sueltos como “Los entierros sin tierra” o “Alienación y misantropía”.

Lo más conmovedor de esta colección de recuerdos-relato-poemas-reflexiones- etc. es la valentía del autor al decidir mostrarnos sus gusanos de seda, su intimidad, haciendonos pensar en la sociedad actual, fría y misántropa, después de habernos advertido que hablar de nuestras intimidades puede no ser del interés de un lector.

Posiblemente, Cibernética esperanza no es una autobiografía, pero resulta muy, muy difícil creerlo; desde el prefacio, el autor ya nos habla de sus experiencias en la niñez y en las últimas páginas, en el epílogo, nos sigue hablando de la relación con su exesposa. Tampoco es una obra de ficción, aunque el título de la primera de las cuatro secciones del libro sea “El pasado condiciona al futuro” mientras la tercera es “El futuro está escrito”.

Ficción o no ficción, novela, ensayo o poemario, o todo en uno solo, Cibernética Esperanza es una creación artística que confirma lo ya dicho: “el arte no se debe definir”. Y es que, si se tuviera que definir el arte, estaría tan enmarcado que obras como Cibernética Esperanza no encajarían en ningún cuadro cuando son uno de los retratos sociales que todos necesitamos mirar y, posiblemente, nos encontremos pintados en él de algún modo.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Pedro de Andrés y Marta Estrada

Mester de Brujería

Cantigas de Inesia y Rapaz

Ilustraciones de Marina Vivó & Mario García (Marius)

Autopublicado. 2021

Vaya por delante que a menudo encasillamos en exceso los textos literarios. Los categorizamos en géneros y subgéneros, le damos importancia a los adjetivos que los acompañan –policial, romántica, heroica, histórica, costumbrista, etc.– o aplicamos otras clasificaciones que a menudo responden sólo a criterios académicos o mercantiles, cuando lo que importa es por de pronto el disfrute de la lectura, que un libro nos embelese, nos interese o nos deje llevar. Ni que decir tiene que toda lectura posee un componente de juego. A lo que se debe añadir la necesidad de un intento sincero de experimentación. En este sentido, si algo podemos y debemos exigir como lectores a los autores que nos interesan es que experimenten, prueben nuevas fórmulas, se arriesguen. Que no se queden con lo habitual o lo fácil o lo evidente. El que haya un esfuerzo por experimentar lo debemos reconocer como un grado a la hora de valorar un libro, incluso cuando a veces nos puedan disgustar algunos aspectos del mismo. 

Valga esta breve introducción para hablar de esta novela, Mester de Brujería, escrito a cuatro manos. Ante todo es un juego, los dos autores así lo han asumido, pero al mismo tiempo se ve que están duchos en relatos de aventuras. Por otro lado, sin ánimo de contradecirme un poquitín, más que clasificar esta novela lo que señalaré (o tal vez advertiré) es lo que no es: no estamos ante una novela histórica. Que no busque el lector rigor historicista, datos, realidad. Tampoco es una novela realista. Hay, eso sí, un juego de espejos y desdoblamientos en el texto que rompe toda lógica. Ya los autores nos lo insinúan al variar leve pero suficientemente los nombres de los reinos, de algunas ciudades y del río principal, o de algunos nombres teologales, los modifican pero no lo bastante para que no los reconozcamos, con ello nos indican que han creado un mundo paralelo, sí, pero apreciamos de forma evidente las correspondencias con lugares, ciudades, ríos o teologías que reconocemos. Son dos espacios confrontados, el real y el del relato.  Esto forma parte del juego. De este modo, como en el mundo de ciertos cuentos infantiles, las cosas son y no son al mismo tiempo, están y no están a la vez. 

Por lo demás, estamos ante una sucesión de aventuras que vinculan a los dos protagonistas, Inesia y Rapaz, valdría una mera lectura como tal, suficiente para quien le guste este tipo de relatos que nos evocan a Stevenson o algunos cuentos de Jack London. Pero téngase en cuenta también que algunas de sus aventuras resultan extraordinarias, otras me han recordado, sin citarlos, los excesos verbales y vitales de los goliardos y su tradición a menudo pícara y carnavalesca. Ni qué decir tiene que haberme evocado esa literatura me ha conmovido. Hay también elementos de fantasía incorporados, algo que ya a estas alturas no es tan novedoso entre nosotros, empiezan a haber títulos y lectores pare este tipo de textos donde la magia y lo sorprendente forman parte de los hechos narrados, se rompe el vínculo a lo realista de cierta tradición y se recupera los esparcimientos de antaño. Quizá, para quien no es lector de este tipo de relatos, este libro sea una buena manera de acercarse a ello.

Marta Estrada y Pedro de Andrés se han atrevido a experimentar y les ha salido una novela muy interesante, incluso a pesar de ciertas apuestas estilísticas que a quien firma esta reseña tal vez no le hayan convencido del todo. Sin embargo, son menudencias, meras discrepancias que a la larga no afectan la buena valoración del conjunto.

Reflexiones de una ondjundju-El mito de los cíclopes en Annobón-Juliana Mbengono

EL MITO DE LOS CÍCLOPES EN ANNOBÓN, UNA SECUELA DE LA ESCLAVITUD

A través de la obra Éxodo d´ambo conocí el mito de los cíclopes en la isla de Annobón. Existen testimonios que afirman la existencia de esos monstruos antropófagos en la isla ecuatoguineana. Pero también existen otras teorías que dicen que los cíclopes no existieron, que quien se comía a la gente era el esclavista Conde de Argelejo.

Una de las pruebas en las que se basan los annoboneses para confirmar la existencia de seres mitológicos en la isla es la cueva Jobo Mdjinga, que, según Dino (director del grupo teatral Amea) el nombre completo es Jobo ma Mdjinga, (el “ma” hace alusión a madre) por la cíclope que vivía allí. 

Si repasamos un poco la historia de la colonización en Guinea Ecuatorial y en el resto de áfrica, descubriremos que los mismos africanos eran negreros. Así que, Ma Mdjinga, antes que una cíclope, podría haber sido una mujer sin escrúpulos que ayudaba a capturar y vender esclavos. Lo curiosos aquí es que Annobón, en un principio, era una isla deshabitada. Fueron los portugueses quienes la poblaron con un grupo de esclavos traídos de diferentes partes, no tendría mucho sentido que los capturaran desde ahí. Pero, igualmente, las cuevas podían ser almacenes de esclavos custodiados por esas personas que pasaron a la historia como monstruos, ya que sí existen fuentes escritas que confirman que los holandeses usaron esta isla para el tráfico de esclavos y más tarde España y Portugal también la utilizaron para embarcar esclavos con destino a Brasil y el Rio de la Plata.

¿Es posible que una mujer haya sido esclavista? Sí. Y no sólo entre los annoboneses. Por explicación de fuentes orales, que desgraciadamente hay escasas fuentes escritas sobre esta parte de la historia de Guinea Ecuatorial o por lo menos yo todavía no las he descubierto, en la región continental del país, antiguamente conocida como Rio Muni, también existió Ezingang y su séquito de secuestradores conocidos como buan bi ezingan o hijos de Ezingang. La palabra Ezingan, en la lengua fang, es más conocida en la actualidad por hacer referencia a un ser mitológico que causa pánico. En algunas canciones se dice que vive en los cementerios y otros lugares tenebrosos. Ese nombre tan escalofriante, por lo que me contaron, era el nombre de una mujer que iba de pueblo en pueblo secuestrando gente. En la mitología fang, se sigue creyendo que Ezingang es un espíritu que te puede atrapar en lugares solitarios y/u oscuros.

Otra de las razones que alegaron quienes afirman que existieron los cíclopes en Annobón, como lo podemos ver en el artículo “3 datos interesantes sobre la cultura annobonesa” publicado en biyaare.com, es que está estrictamente prohibido acercarse a algunos lugares donde están las cuevas y muchas están herméticamente bloqueadas con troncos de árboles, madera, clavos, etc. lo que demuestra que ahí había un verdadero peligro que se quería evitar. Sin embargo, también existen testimonios de quienes dicen haber entrado en esas oscuras cuevas y que estar ahí dentro es realmente aterrador. Desde el interior de la cueva se puede ver la luz del exterior y a quienes entran, pero no a quien está a tu lado. Estas explicaciones, antes que la casa de un cíclope, me hacen pensar en el lugar ideal donde alguien apiñaría rehenes. 

Por último, está la playa de Paké Mábana, donde a día de hoy se dice que se siguen encontrando “tesoros”. Después de más de doscientos años, los tesoros deberían estar ya estropeados, por lo que esas latas de sardinas, zapatos y ropas serán de los barcos de mercancía que naufragan y otros. Todavía recuerdo que en el puerto viejo de Malabo, donde vivía yo con mi tía de pequeña, muchas veces nos levantábamos temprano para recoger las cosas que traía el mar a la orilla, entre ellas: peces, latas de tomate, zapatos, cepillos… hasta que mi prima cogió un cilindro parecido a una larga bombilla fluorescente y, cuando nuestro tío estiró por uno de los extremos una llama de fuego salió arrojada hacia el mar y quedó prohibido recoger objetos desconocidos en la playa por que la prima “había traído una bomba que pudo haber quemado todo el barrio si el tío Cornelio no la hubiese detonado en dirección hacia el mar”. Ahora que lo recuerdo, me hace muchísima gracia.

Cíclopes, Ezingang y otros monstruos de la mitología ecuatoguineana actual no son nada más ni nada menos que las secuelas de la esclavitud.

Alfonso Sastre (In Memoriam)

Alfonso Sastre

No le tocó una época sencilla. Tampoco un país fácil. Claro que ninguna época ni ningún país lo son en realidad. En todo caso, le correspondió la adversidad de vivir bajo un régimen autoritario después de haber sido testigo en su niñez de una guerra y, ya en la adolescencia, de una primera posguerra bastante cruda, por decirlo de un modo suave, lo que desde luego determina a cualquiera. Las circunstancias, sin lugar a dudas, forman parte de nuestra identidad personal, y en el caso de Alfonso Sastre le condujeron a ser crítico con su tiempo y su país. No optó, por otro lado, por lo cómodo, no siguió el consenso ni asumió los valores hegemónicos, mucho menos los impuestos con calzador, intentó como tantos otros vivir una vida plena, en busca de una armonía y una coherencia que no se suelen encontrar con facilidad a la vuelta de la esquina. Otra cosa es lo que cada cual opine de determinadas opciones sociales o políticas que él adoptó, o si se debe juzgar al autor por ellas, pero esto ya es otro tema en el que no podemos ni queremos entrar.

Fue en los años cuarenta cuando comenzó a escribir. Se decantó por el teatro, aunque su narrativa y su poesía no son en absoluto desdeñables. Pero lo que le atraía fue la dramaturgia, claro que al margen de un teatro complaciente o superficial. La guerra, la española y la mundial, inmediata (aunque puede que hablemos en realidad de una misma guerra), planteó una serie de preguntas sobre la naturaleza humana a las que Alfonso Sastre no fue ajeno. Era una época de existencialismo y estética tremendista, de crítica política que en España, además, adquirió otros tintes. 

En 1945 formó el Grupo Arte Nuevo, junto a Alfonso Paso, José Franco o José María de Quinto, entre otros. Escribió con Medardo Fraile, un autor fundamental en el género de la narrativa breve, las piezas «Ha sonado la muerte» y «Comedia Sonámbula». Las posiciones sociales de Sastre se afianzaran en aquel momento y participó en la redacción del Manifiesto del Teatro de Agitación Social (1950) y del Manifiesto del Grupo de Teatro Realista (1960). Entretanto, sufrió la censura, una de sus primeras obras de teatro, «Escuadra hacia la muerte», se prohibió nada más estrenarse. En 1966 acaba en prisión y escribe una de sus piezas más conocidas, «La taberna fantástica», que no se representaría hasta 1985. Bertolt Brecht o Jean-Paul Sartre influyeron en su obra, al tiempo que se sintió heredero de Valle-Inclán y adaptó también obras de Ibsen y Strindberg, entre otros autores extranjeros.

Su obra es amplia y de calidad. En 1993 ganó el Premio Nacional de Literatura en su modalidad de literatura dramática. Sin duda, ha muerto uno de los escritores más importantes que aportó bastante luz a la cultura española, forma parte a todas luces de nuestra identidad cultural colectiva y así se lo reconocemos, como no puede ser de otra manera.

14º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf