Federico García Lorca-un poeta para todos-Cecilio Olivero Muñoz

En poeta en Nueva York Federico García Lorca nos habla del desprecio hacia los negros, pero también de la valía de esta comunidad que enriqueció la cultura americana actual y también la internacional. En esta imagen totalmente fascista que muestro se hace sátira aberrante, tanto como de Lorca y los negros que aparecían en los comienzos del cine hollywoodiense. Eran blancos que se pintaban la cara y se ponían labios blancos para reflejar su carnosidad típica de sus labios. Un negro limpiando los zapatos de Lorca aunque sea una alegoría al racismo de cuándo Federico visitó Nueva York en el 1929 antes de ser asesinado en el 1936 por lo más despreciable de la España gris y fascista.

Sin lugar a dudas, Federico resultaba mágico en su defensa del pueblo oprimido, quizá fuese esta la razón de su asesinato, aunque también influyeran otros factores. El franquista Valdés, que era gobernador civil en la Granada del verano de 1936, ejecutó la orden proveniente del fascista y general Queipo de Llano, pero las palabras que lo sentenciaron fueron que le den café, mucho café. El café es negro y es un deleite, pero con esa fórmula se dio muerte al grandísimo poeta y dramaturgo. Lo ordenó el amo y señor de la Andalucía por aquellos años, que era paupérrima y estaba sometida a los caciques. Lo que se mantuvo después de la guerra.

Los años cuarenta en España fueron años de miseria y podredumbre para unos y buena vida para los defensores del régimen dictatorial franquista. Ya lo denunciaba Jaime Gil de Biedma cuando, irónico, afirmaba: a los ricos ni tocarlos. Esa era la manera de pensar en una dictadura que se mantuvo durante cuarenta años.

Resulta fundamental la aplicación de la ley de memoria histórica. Se dice que Lorca fue enterrado por decisión de su padre en la Huerta de San Vicente, en Fuentevaqueros. Es una hipótesis. Pudiera ser verdad. Lo que sí es cierto que, como él mismo predecía en uno de sus textos:

(Quiero dormir un rato

Un rato, un minuto, un siglo

Pero que todos sepan que no he muerto

Cuando se hundieron las formas puras

Bajo el cri-cri de las margaritas

Comprendí que me habían asesinado

Recorrieron los cafés y los cementerios

Y las iglesias, abrieron los toneles y armarios

Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro

Ya no me encontraron

No me encontraron

No, no, no me encontraron

No, no me encontraron

No, no, no me encontraron

Pero se supo que la sexta luna huyó

Torrente arriba y que el mar recordó de pronto

Los nombres de todos sus ahogados)

Este es un poema tan profundamente premonitorio que pone los vellos de punta; no se sabe dónde está enterrado. El hecho es que Federico ha sido reconocido como el gran poeta de su época, de su generación por antonomasia. Federico es símbolo de libertad y compromiso social. Quizá por eso lo mataran. El caso es que la figura poética del (…Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro…) es, sin duda, la que más estremece. Pues se sabe que lo mataron junto con dos banderilleros y un maestro cojo. En el verso habla ya de tres esqueletos, ¿y el cuarto? Y luego otro fragmento a señalar es: (…Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba y que el mar recordó de pronto los nombres de todos sus ahogados…). Es sin duda misterioso, premonitorio y todo un símbolo de su propia muerte. Ya que la metáfora que dice …el mar recordó de pronto los nombres de todos sus ahogados… es tan certero como su asesinato. Ya que parece que nos hablara simbólicamente de la Ley de memoria histórica tan necesaria para curar, dentro de lo malo, aquello que no debemos olvidar. “Los nombres de todos sus ahogados”, más claro no se puede decir. Federico era poeta visionario y gran artista. Demos este homenaje que hace recordar a cada muerto en las cunetas de España enterrados.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Valeria Correa Fiz

Hubo un jardín

Páginas de espuma. 2022

 

Hay algo perturbador en cada uno de los sietes cuentos que componen este libro, como un elemento un tanto díscolo que procede de confrontar lo bello y lo siniestro, el orden natural y ese desbordamiento que contiene también toda naturaleza, sea la naturaleza del mundo, sea la naturaleza de cada uno de nosotros. Sin duda la autora tenga razón al colocar en el mismo plano todos esos elementos que creemos escindidos, pero que al final, como ocurre en cada texto, se entremezclan sin ningún pudor, para conformar eso que llamamos realidad, aquello que es tal vez la normalidad, lo que asumimos como tal, y que siempre reubicamos a través de la memoria, tal vez porque nos damos cuenta que lo normal es algo dudoso. Sobre todo si reflexionamos sobre ese jardín del título del libro, que nos remite a tantas cosas.

A todas luces los relatos también se nos presentan como una reflexión lírica sobre la pérdida de la inocencia, alcanzando algunos de ellos incluso una sensación de horror, consecuencia de la muerte o del puro caos, parte integrante también de toda identidad. Rememorarlo produce reparo y tal vez por ello la necesidad de reestablecer el pasado, el recuerdo, la evocación. El escenario de los sucesos, una zona desbordante de naturaleza en Argentina, ayuda a comprender lo que ocurre, alcanza incluso un papel protagonista al mismo nivel que los personajes. En el cuento Hotel Edén es sin duda, en mi opinión, donde se plasma hasta el extremo esta fina construcción que la autora nos ofrece. El cuento que le sigue, El invernadero de Eiffel, posee por su parte una belleza que sin duda acentúa el lenguaje cuidado, refinado y poético de la escritora, sin que pierda por ello fuerza la historia que se narra, mientras que percibimos las imágenes de un modo incluso sensorial, tal vez porque, como se dice en él, «los objetos son huellas del pensamiento». Esa misma sensación la encontramos en los demás relatos.

Una vez más estamos ante una escritura minuciosa, precisa y primorosa, que es algo que nos llama siempre la atención de los autores latinoamericanos. Consigue de este modo la autora que el horror estremezca, pero de otro modo, con un poso de lirismo que sin duda no dejará indiferente al lector. Valeria Correa Fiz es argentina, de Rosario, y aun cuando lleve tiempo residiendo fuera de Argentina, mantiene en sus textos el atractivo del castellano de su país, con un lenguaje ágil que es además otra de las características de este libro. Toda una invitación a estar atento de esta autora.

 

Reflexiones de una ondjundju-Muros-Juliana Mbengono

Que sea Aristóteles quien dijo que el humano es un ser social; es decir, que necesita vivir en comunidad, relacionarse con los demás y no estar aislado, a menos que sea un dios o una bestia es suficiente para entender que los muros raras veces serán la solución a los problemas de convivencia que podamos tener con los vecinos, familiares, nuestras emociones, nuestros objetivos e intereses o incluso con países vecinos.

Hay gente como el expresidente americano Donald Trump que quiere construir muros como el de Berlín para evitar que otros entren o salgan de su territorio; muchas veces estos muros solo esconden aquello que de alguna manera se le quitó a aquel a quien se pretende cerrar la entrada. En algún momento de nuestras vidas llegamos a construir estos muros divisorios, como cuando dejamos de hablarle a alguien porque hemos hecho algo malo contra él a sus espaldas. Estos son los mismísimos muros que construyeron los países del primer mundo después de expoliar continentes enteros; otros países que fueron invadidos hoy son potencias, pero también es cierto que algunos gobernantes van tan cortos de cultura y valores que además de oprimir a los ciudadanos obligándolos a cruzar muros de agua, viento y tierra a costa de su vida, son los títeres de los gobernantes del primer mundo. Los muros divisorios son los mismos que estarían en la mente de algún candidato a presidente, diputado, senador o lo que sea que creen ciegamente en el derramamiento de sangre humano mediante rituales para lograr sus objetivos; también están en la mente del joven que comete un acto tan repulsivo. No encuentra muchas explicaciones para entender la frecuencia con la que se están encontrando cadáveres de mujeres y hombres jóvenes con órganos y genitales mutilados a pocas semanas de las elecciones presidenciales. Estos muros alimentan las rejas que cubren las torturas y han visto morir a activistas, artivistas, lideres de la oposición y otros tantos ciudadanos que se osaron a expresar su realidad a viva voz o exigir algo tan fundamental como su pasaporte.

Algunos construyen muros de carga con piezas amargas y dulces del pasado. Esos muros les permiten ser estoicos ante situaciones de humillación y dolor, también les permiten elegir sonreír en todo momento: truene, llueva, solee, sople o lo que quiera que el dios de sus vidas elija para el día. Estos son los muros que construyen muchos de mis guerreros que, sin tener mucho para comer, pero sí algo que llevarse a la boca a diario, aunque sea lo mismo, se pintan una sonrisa en la cara y agradecen por el muslito de pollo, la latita de tomate, el bultito de aceite y el vasito de arroz que recogen literalmente del suelo como un regalo que hace un antorchista durante su campaña electoral. Estos son los muros que construyeron mis guerreras para seguir poniéndole la mesa con una sonrisa al hombre que las golpea. Los muros de carga descansan sobre nuestras experiencias pasadas, nos permiten seguir de pie al recibir el mismo golpe una y otra vez, lo malo es que podrían volvernos coprófagos.

Otros prefieren los muros de contención, como cuando elegimos no casarnos ni tener hijos a pesar de todo y cuando elegimos casarnos y tener hijos a pesar de todo y cuando simplemente no logramos casarnos ni tener hijos a pesar del deseo. He visto estos muros en las vidas de mujeres activistas, hombres obsesionados con el éxito, jóvenes ansiosos de fama y dinero. Estos son los muros que intentamos levantar cuando nos declaramos neutrales ante situaciones que nos matan por dentro y nos afectan, cuando sentimos que no somos suficientes para cambiar el sistema solos y nos limitamos a cambiar el sistema en el pequeño mundo que nos rodea.

Lita Cabellut y Federico (Cecilio Olivero Muñoz)

Sin duda el poeta granadino y la pintora catalano-aragonesa Lita Cabellut forman un tándem atractivo y sugerente. Nadie hubiera predicho que Lita, nacida en un pueblo de Huesca, aunque vivió su infancia en el Raval de la Barcelona tan emblemática como entonces marginal, tendría un destino tan beneficioso en el arte posmoderno. La pintora de almas, es como la llaman en los ámbitos prestigiosos. Su obra es más conocida en el extranjero que en su país de origen. Es la pintora más exquisita en el arte contemporáneo. Aunque acabara residiendo en Holanda, nunca ha dejado de sentirse identificada con el arte de España y en especial con Catalunya.

Acaba de cumplir años recientemente. Presentó en 2020, en la Feria de Arte contemporáneo internacional ARCO, su nuevo trabajo más significativo, ya que dejó sus grandes lienzos, que son casi murales, por un libro de artista de tamaño menor. Un libro de artista que mezcla la obra de Lorca Bodas de Sangre, impresa en castellano e inglés para ilustrarla en un tamaño que ha revolucionado su manera habitual de pintar para crear un arte maravilloso para paladares que gusten de la mezcla de literatura y plasticidad. Estamos ante una obra que ha creado desde la obra teatral trágica lorquiana y ha sabido llevarla a un terreno de talento exclusivo. La obra se compone de 1998 ejemplares. 1898 en numeración arábiga y 100 en numeración romana, todos firmados por la artista y los de numeración romana con un estilo igual aunque retocados por la virtuosa artista española.

Algo de menor relevancia es su raza gitana, lo que tiene verdadera importancia es su gran carisma y su gran cultura. Una artista que ha pintado retratos, desde Charles Chaplin a Camarón de la Isla, usando como modelo a su propio hijo y con una brillantez extrema. Es sin duda una de las artistas más cotizadas en el panorama pictórico. En esta obra publicada por ARTIKA ha incorporado toda su pasión y su admiración por Federico García Lorca y ha realizado un trabajo excelente. Ha cambiado lienzos de gran tamaño por otros más pequeños en formato de litografía de papel. Y ha quedado un trabajo hermoso que vale la pena incorporar en la colección de amantes de la belleza.

Lita Cabellut es la confirmación moderna de la obra del maestro Goya, de Zurbarán, de Sorolla desde una impronta personal. A veces abstracta. Hay que remarcar su obra en otros cuadros de mayor tamaño donde expone el alma y con ciertas características que la definen por su estilo personalísimo y peculiar. En su obra hay craquelados y una mezcla de varias capas anteriores a la obra en sí. El estuche completo pesa 12kg. y contiene una lámina retouché à la main llamada Amor en los 100 ejemplares de numeración romana retocados por Lita, basados todos en la obra de teatro, y el libro de arte junto al libro de estudio contenidos en un estuche escultura con las ilustraciones en las dos caras en la parte superior, llamadas La Luna acompañada de la parte posterior donde simboliza desde su interpretación personal exponiendo unos rodillos pintados y trabajados de estilo abstracto. El pack contiene un libro de estudio de grandes estudiosos del arte contemporáneo, y “la joya de la corona”, el libro de artista donde hay 31 láminas. En total incluye 90 ilustraciones creadas por la artista. 41 rostros y 49 rastros creados para esta edición. Y todas firmadas por la artista española. No hablaremos de precio, aunque ¿qué valor tiene un Van Gogh? ¿Qué valor podemos dar al talento?

Nostalgias de un emigrante-El niño y el enterrador-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

El niño después de hacer un recado a una vecina, recibió como compensación una perra gorda (10 cm. de peseta) y con ella se disponía a comprarse una chuchería en la tienda de caramelos. Al entrar no había nadie, el dueño había entrado a la trastienda y dejado solo el mostrador, donde tenía en varios botes de cristal con todo tipo de golosinas. El niño llamó varias veces al tendero y este no contestaba, el chiquillo insistía, pero sin resultado alguno, así que alargó la mano hacia uno de los botes que tenía más cerca, pues apenas llegaba al mostrador y cogió una bola de caramelo, con la mala fortuna de ser descubierto por el dueño, que en ese momento aparecía de detrás de la cortina, cuando aún tenía la mano dentro de dicho bote… ¡hay ladrón! ¿qué pretendes robarme? El pobre niño se quedó sin palabras, no sabía qué decir y soltó lo que tenía en la mano sacándola de inmediato. – ¿no te da vergüenza robar a un pobre hombre que se gana la vida honradamente con su tienda? – ¿qué educación te están dando tus padres? -Voy a llamar a la guardia civil para que te den un buen escarmiento… Todo esto se lo decía mientras lo tenía cogido por un brazo y lo sacaba hacía la calle gritando… ¡¡ Guardia!! ¡¡guardia!! El niño mientras tanto lloraba y le pedía que lo soltara, que él no pretendía robar nada, que tenía el dinero para pagarle (y le enseñaba la mano donde tenía el dinero) pero aquel hombre no se calmaba y cada vez gritaba más alto, como si quisiera que todo el mundo se enterara del «crimen» que había cometido aquel niño. ¡Perdóneme! le rogaba entre sollozos… le prometo que no volveré a hacerlo más… quédese con el caramelo y el dinero… -pero deje que me vaya y deje de llamar a los civiles. Pero no había manera que dejara de gritar y zarandearle ¿tan grave era lo que había hecho? ¿era normal el tratamiento que estaba recibiendo? el pobre niño no salía de su asombro y se orinó encima. El hombre cuando se cansó de gritar y no aparecía nadie lo soltó, el chiquillo dejó su «perra gorda» en el mostrador y salió corriendo hacia su casa, sin su dinero ni la chuchería que quería comprar.

Nunca más volvió a entrar en aquella tienda y cuando veía a aquél hombre procuraba no cruzarse con él y cambiaba de acera.

Del enterrador no era miedo lo que le tenía, pero no le gustaba cruzarse con él, cuando veía a aquel hombre con barba sin afeitar en varios días, el pitillo en los labios y la boina negra de medio lado en la cabeza, la camisa descolorida medio remangada y los pantalones de pana manchados de cal, igual que las alpargatas en su día serian negras, pero ya no se sabía el color que tenían, era el enterrador que bajaba por la calle.

Cuando iba con la pequeña escalera de madera al hombro, camino del cementerio a las afueras del pueblo, seguramente a preparar la sepultura de alguien que se había muerto, pues se oían doblar las campanas igual que cuando murió su abuelo. Siempre lo miraba con recelo, pero desde la muerte de su abuelo había ido en aumento, pues solo con recordar como tapiaba el nicho, le culpaba de no poder volver a verlo. A él le dijeron que su abuelo estaba dormido, cuando lo vio tendido inerte en la caja, que luego metieron en aquella pared del cementerio y ese hombre tapó con ladrillos.

No comprendía porque la gente le saludaban, pues te quitaba a los que más querías y le metía allí dentro, que cuando despertara no podría salir. Lo peor fue el día que con un grupo de niños, entraron en el cementerio y vieron en un rincón, un montón de huesos dispuestos para incinerarlos, cogieron algunos para bromear entre ellos y el enterrador los vio, salió corriendo tras ellos increpándoles (con intenciones que ellos desconocían) hasta el centro del pueblo.

Desde entonces este niño no entró al cementerio, hasta después haber pasado muchísimos años, con el enterrador no se volvió a encontrar.

Reflexiones de una ondjundju-Jardín de Fresas-Juliana Mbengono

JARDIN DE FRESAS

Sería muy ingenuo de mi parte pensar que el mundo está atravesando un periodo exageradamente crítico por la guerra ruso-ucrania, las manifestaciones por el asesinato de Mahsa Amini, la violación de los derechos de las mujeres en Iran, el aumento de la violencia en mi país acompañado de las desapariciones forzadas y un largo etcetera como la llegada del covid y lo mucho que ha favorecido la corrupción y los asesinatos. Digo que sería ingenuo pensar que todo eso es nuevo y muy grave porque, aunque no es lo mismo para el mundo una guerra europea que una guerra en África, estas situaciones siempre se han dado y son constantes en el mundo, pero no en todas partes al mismo tiempo.

 

Sería aún más ingenuo creer que todo el caos que se vive en Guinea ahora mismo es “el no va más”. Recuerdo que las noticias  de muertes misteriosas con mutilaciones de genitales y otros órganos de los cuerpos hallados recorrían las ciudades y barrios saturando los canales del congosá (de boca en boca) cuando se acercaban las elecciones políticas; poco antes, durante y poco después de que cada candidato haya hecho su campaña que podría incluir repartos de vasos de arroz acompañados de un chicharro, un par de alas de pollo y algún litro de aceite o lata de tomate en pasta. Ahora que todo cuesta el triple en el país y se acercan las elecciones, tengo miedo de que se vuelvan a producir aquellas escenas surrealistas en las que varios vecinos se peleaban por un chicharro o un litro de aceite; en todo caso, no será nada nuevo. Los acontecimientos que han tenido lugar en Guinea durante los últimos años se podrían recoger en temporadas para una serie de televisión.

 

Hay quienes intentan ser buenos y traen buenas políticas al mundo y a mi país, gente que intenta apoyar causas colectivas que por ahora oprimen más a unos que a otros; gente como las mujeres que se cortan las puntas del cabello para solidarizarse con las mujeres iraníes que están arriesgando sus vidas o políticos que perforan los muros de sus mansiones para dejar pasar una manguera que apacigüe la sed de los ciudadanos que viven a su alrededor. Lo que no creo que sería tan ingenuo es pensar que esta misma gente o, por lo menos gente como esta, aportó su granito de arena para que Guinea Ecuatorial aboliera la pena de muerte; los medios lo han celebrado, algo tan bueno debe ser noticia. Sin embargo, nada podría impedir que en estas fechas se saboteen intentos de destruir la paz reinante en nuestro suelo patrio ni que se detenga por un tiempo o por el resto de sus vidas a aquellos que podrían incitar a los jóvenes y los jóvenes mayores a votar en contra del Gran Movimiento de Masas.

 

Creo que viene bien perderle el miedo al futuro por un momento y desahogarse en un 15% como lo acabo de hacer. Sería ingenuo pensar que las palabras más simples no podrían llevar a consecuencias mayores sobre todo cuando se es tan consciente de que hay muchas hienas sedientas de poder queriendo demostrarle Al Hombre su lealtad.

 

Antes era tan ingenua que creía que en mi país fingimos no darnos cuenta de la pantomima producida, pero lo mismo veo en Italia y…, habría dicho que en Rusia si miles de rusos como los que festejaban el éxito de su país en Ucrania no estuvieran huyendo de la muerte ahora mismo.

 

Llega el fin de semana…

Llega el fin de semana… Mañana iremos a la playa; pero hoy, es el cumpleaños de Celia y tenemos que estar en su casa a las cinco de la tarde. Así …

Llega el fin de semana…

Nostalgias de un emigrante-La dignidad de un hombre-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

Fue un hombre hecho a sí mismo creció y vivió en libertad, sin tener que dar explicaciones a nadie y esa libertad marcó su existencia, era serio, leal a sus principios y orgulloso. Se había quedado sin padre muy niño, su madre le puso a trabajar en lo que salía y por las noches tenía que ir a la escuela. Siempre anduvo de un sitio para otro, tratando con toda índole de personajes, visitando ventas y tabernas donde se realizaban todo tipo de tratos… (trabajos, cambios, compras, etc.) siempre delante de una botella de vino, unas veces salían bien las cosas y otras no, pues en más de una ocasión podían terminar en riñas y peleas, rodeado de gente que iban con engaños o malas intenciones, le hicieron tener muy mal genio cuando se enfadaba . Las injusticias de la guerra y los años posteriores aun empeoraron su carácter y lo hizo más desconfiado e independiente, ni el hecho de contraer matrimonio le hizo encontrar una estabilidad y atención hacia su familia. (¿Se casó por amor? Eso nunca lo sabremos, porque incluso estando comprometido nunca dejó de hacer a lo que estaba acostumbrado y si tenía que irse varios días fuera del pueblo, se iba sin dar explicaciones, como siguió haciendo una vez casado y después de que llegaran los hijos. Su forma de ser y orgullo le dieron muchos problemas, nunca consintió la humillación de caciques, capataces o con quienes contrataba el trabajo. Solía trabajar por su cuenta y no soportaba que alguien le controlara o le mandara hacer algo con lo que no estuviese de acuerdo. Jamás se le vio de paseo con su esposa o los hijos, los días que no trabajaba los dedicaba a reparar o acondicionar los aparejos de los animales que utilizaba para trabajar, o en las tabernas de “tratos”. Era delgado con un cuerpo menudo y cuando llegaba borracho a su casa apenas comía, si las cosas no le habían salido bien su mal genio lo pagaba con la familia, hasta que se quedaba dormido y cuando despertaba se volvía a marchar, a trabajar o a la taberna para seguir bebiendo. ¿No quería a su mujer ni a sus hijos? No les tenía maltrato físico, pero con su mirada infundía mucho respeto, en una época de tanta necesidad no parecía que le importara mucho las de su familia, cuando tenía dinero antes de pagar las deudas de la casa, pagaba las contraídas con los proveedores de piensos y aperos para sus animales, le daba mucha importancia a su cuidado y siempre decía que “eran lo que tenía como medio de vida y no podía faltarles de nada”. Las necesidades del hogar siempre eran problema de la mujer, el mantenimiento de la casa y los hijos para él pasaban a un segundo plano.

A veces se iba del pueblo durante varios días o semanas a trabajar y cuando volvía podía ser que no llegara con dinero y apenas cubrían algunas deudas.

No era mala persona, ayudaba a quien se pidiese cualquier favor, aunque le faltase para él o su familia.

Por estar trabajando desde muy joven, conocía infinidad de actividades, del campo… agrícolas, ganaderas, o la minería, también conocía toda la comarca próxima y las provincias limítrofes. Igual que conocía las ventas y tabernas donde eran habituales todo tipo de personas, que eso le dio una visión de la vida diferente al resto y no fiarse de lo que le dieran sin haberlo ganado con su esfuerzo, no le gustaba los juegos de cartas o similares donde el interés por ganar se convierta en adicción, su único vicio era la bebida que no la dejó hasta su muerte.

Reflexiones de una ondjundju-Malabo podría ser Houston-Juliana Mbengono

                        MALABO PODRÍA SER HOUSTON

 

Recuerdo que una persona me dijo que no podía contarme cómo es vivir en los Estados  Unidos de América, que yo misma ya vendría a verlo cuando llegase. De eso hace ya unos diez años; en ese momento sentí que solo era una forma de consolarme, decirme con menos nostalgia que volvería estar con mi “mamá tía” y mi prima con quienes llegué a Malabo con solo dos años.

 

La esperanza de visitar América era una neblina, nunca estuve segura del todo. A veces era tan positiva que daba por hecho que empezaría mi carrera en una universidad de Atlanta, otras era tan negativa, pero optimista por un lado, que me veía graduandome en la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial sin muchas dificultades y viniendo a empezar el máster en América sólo unos meses después. La idea de una vida aquí era tan grande no veía el día en el que tendría que ir a pedir la visa, llevar una vida de  estudiante aquí era tan excitante que diría que vivía en modo “espera” mientras estuve en Guinea. Después de denegarme el visado una vez intenté darle al play; “mejor así, que lo importante es estudiar y vale un título de aquí que de allá para abrirme camino en el mundo laboral”, pensaba o me consolaba. 

 

Ahora que estoy aquí, no me atrevería a decirle a  nadie como es la vida en mi nueva ciudad o en mi barrio (sin tener en cuenta que no llevo más de un mes y dos semanas aquí y todavía no me ha dado tiempo a explorar la ciudad), todo es muy diferente y similar al mismo tiempo, la calle Westheimer, donde vivo me recuerda mucho a Santa María II, mi barrio, sobre todo a la calle que lleva a caracolas o Pequeña España. Algunas zonas se parecen a Malabo dos, el de los ministerios, (con esa referencia, en Guinea hacemos la diferencia entre Malabo dos, que solo es un barrio más detrás del mercado Semu; y Malabo dos donde están las sedes de la mayoría de los ministerios o algunas empresas como las petroleras americanas). La diferencia entre aquí y allí es que hasta ahora no he visto ningún cartel con la foto del presidente u otro miembro de su familia sonriente en alto en alguna calle.

 

Al principio creía que América no tiene ninguna diferencia con Guinea, y confieso que le dije a mucha gente que si se repartía un par de carteles enormes con las fotos de nuestro presidente por las calles de aquí yo pensaría que sigo en Malabo; pero, ahora que escribo estas líneas, estoy recordando que en Guinea uno no se cruza con tanto latinoamericanos, gente de pelo lacio y piel blanca; en mi país, por más que se diga, no hay tanta gente con sobrepeso por las calles ni casi todos los hombres huelen a tabaco, tampoco hay gente sana y cuerda viviendo en la calle o pidiendo limosna. Por otra parte, los pasos de cebra, los semáforos y la circulación son muy diferentes a los de ahí: la vida es diferente y similar.

En cualquier ciudad de Guinea podía coger un taxi en cualquier esquina y llegar a mi destino en minutos, aquí necesito aplicaciones como la de uber, tarjetas de débito o crédito y cuentas bancarias para coger un taxi. En Guinea tenía que ir hasta el banco para ingresar o recibir 2500 francos cfa. Aquí me los envían o los recibo haciendo zell en un minuto. Allí tenía fruta fresca y rica mucho más barata que la del super, grandes espacios para hacer deporte al aire libre y ver la naturaleza en estado puro, aquí todo parece de plástico y la fruta sabe a “cartón”; la primera vez que probé unas fresas me decepcioné: sabían a piña sin azúcar.

Se cree que en África vivimos con los monos y otros animales, pero es aquí donde he visto tortugas, mofetas y ardillas libres por primera vez. todos los servicios y productos variados que hacen de Houston una ciudad muy cómoda y agradable para los ecuatoguineanos que venimos a este país también se podrían ofrecer a los que se quedan allá, pero no es así y esto me ha dolido igual que la desaparición del artivista Ganster Adjoguening

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Sara Mesa

La familia

Anagrama. 2022

 

Hay una imagen preciosa que trasmite en gran medida, de un modo preciso, el tema de esta novela. Al hijo pequeño, Aqui, se le cuenta en la escuela la importancia de la unión social y la profesora acude a la idea de las ramas atadas, unas junto a otras, afirma, se vuelven irrompibles, no como cuando están aisladas y se pueden romper con facilidad. Una niña dice que su madre le ha contado lo de las ramitas atadas aplicado a la familia. Entonces, Aqui pregunta si no es posible que las ramitas que quedan en medio del manojo terminen asfixiadas.

De este modo comprendemos que lo que se narra en la novela de Sara Mesa es justamente eso, esa atmósfera familiar que a veces deriva en asfixia, esta institución que es el inicio de la socialización, pero al mismo tiempo constituye la causa de heridas profundas y de fragilidades que nos acompañarán siempre. También es fuente de algunas fortalezas, qué duda cabe, y al final también determina lo que somos, lo bueno y lo malo, conforma ese interior con el que habremos de enfrentarnos a la vida. Pertenecer a una familia u otra puede ser puro azar, lo es para los tres hijos biológicos, pero también para Martina, cuyas circunstancias la llevan a que se le adopte, aunque su suerte, lo sabemos en el transcurso del relato, hubiera podido ser otra. Pero tal vez no sea exactamente el azar lo que mueve ese mundo de relaciones y todo esté fijado de antemano, determinado.

En toda familia, es evidente, «hay silencios insoportables, preguntas que se hacen y hechos que no se cuentan», es evidente también que hay tantos tipos de familia como unidades de familia, no podríamos decir por tanto que la descrita por Sara Mesa sea una familia-tipo, puede que cualquier definición resulte arbitraria, pero sí que cualquier lector se va a sentir de algún modo u otro identificado, va a intuir en esta novela reflejos de la experiencia propia. Porque al final es la experiencia vital ese poso que compartimos todos.

Y todo ello nos lo cuenta la autora con ese estilo habitual en ella, con sencillez aparente y una serenidad que no es en absoluto distancia, todo lo contrario, los retazos que son cada capítulo, con sus saltos de personajes y de momentos, capítulos cerrados y perfectos por sí mismos, como relatos redondos, van componiendo, casi como si estuvieran cosidos, una novela que a todas luces atrapa. Consigue transmitir un mundo, una atmósfera, gestiona siempre a la perfección las anécdotas y los misterios, lo contado y lo que se transmite por medio de silencios y entre líneas. La sorpresa adereza el relato entero y nos muestra, por ejemplo en el capítulo último, lo frágil que es todo, una fragilidad que explica muchas cosas.