Documentales-Entrevistas a poetas y escritores argentinos-Por Rolando Revagliatti-TOMO III.PDF

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Javier Pérez Andújar

«El año del Búfalo»

Editorial Anagrama 2021

Quien conozca la trayectoria literaria de Javier Pérez Andújar sabe ya que se va a enfrentar una vez más con un artefacto narrativo cuanto menos singular, una novela que no se ajusta ni de lejos a lo que suelen llamarse los cánones al uso, si es que existen cánones al uso o normas que deban seguirse en esto del oficio de escribir. Porque este autor revuelve en todos los fundamentos y técnicas que, dicen, conforman la narrativa, el arte de contar, les da la vuelta, los mezcla, o simple y llanamente los emplea a su antojo, juega o reflexiona en serio, coloca alguna que otra pulla a esta realidad desasosegante, expone ideas y descripciones, cambia los muebles de la novela por arte de birlibirloque, y tras todo ello, como si tal cosa, nos la ofrece y el lector queda por completo embelesado por una creación que lo sumerge a todas luces en un mundo muy particular. No falla.

Quien no haya leído ninguno de los libros anteriores de este escritor que sepa que se va a embarcar en un paseo extraño repleto de recovecos. A bote pronto se enfrenta en esta su última novela a una polifonía que, sin embargo, no dificulta la lectura, al contrario, se va cosiendo de un modo perfecto, nada chirria, se asume incluso ese grado de absurdo que no es de la novela en sí, contra lo que pueda parecer, sino que pertenece al mundo que vivimos, ¿qué más absurdo que el último cuarto del siglo pasado y este primer cuarto de este que vivimos?, y que el libro refleja a la perfección. Se expande un plano alrededor de ese confinamiento o encierro de cuatro personajes cuanto menos curiosos que parecen interactuar alrededor de un autor finés enamorado de España, se establecen varias polifonías y un sinfín de notas a pie de página de diversos personajes, la madre del escritor, su traductora, un ministro de humanidades, el propio autor ficticio, entre otros, con múltiples referencias a la realidad y a sus forjadores, y que constituyen sin duda un relato paralelo.

Al final, encontramos un mapa extendido de los últimos diez lustros y uno siente que ha paseado por ellos. Porque el paseo, ya sea por un espacio físico, por ejemplo el extrarradio en el último tramo del Besós, río barcelonés fundamental para el autor, ya sea por el tiempo, resulta esencial en la narrativa de Javier Pérez Andújar, un ejercicio de flâneur literario y particular. La referencia a Modiano en la novela sin duda no es casual. También es un paseo alrededor de una generación que vivió el desencanto con especial intensidad. De este modo, con este cóctel nada menos, nos encontramos una vez ante un texto atractivo, intenso, irónico, de uno de los escritores más interesante en el panorama español actual.

Los comienzos del Flamenco (Cecilio Olivero Muñoz)

 LOS COMIENZOS DEL FLAMENCO

A Fermin Olivero Quiroga, mi padre. 

Planeta era gitano, también conocido como Antonio Monge Rivero. Un gitano heredero de muchos gitanos que llevaron el cante flamenco o cante jondo a todos los rincones de la geografía andaluza y española. Es sin duda el cantaor flamenco que más antiguo se conoce, ya que grababa sus discos en pizarra, se puede escuchar algo de él en YouTube, milagro de la tecnología. 

Según Internet se dice que era cantaor y guitarrista. Nació en el año 1789 y sin duda era andaluz. Gitano y andaluz son adjetivos que van a la par. Ya que un andaluz no es gitano pero conoce del gitano como parte de su comunidad, y también a la inversa, el gitano, siendo éste de padre y madre y además andaluz, es un gitano doblemente caló. Planeta lo era. El  flamenco le debe mucho a Planeta por su raigambre flamenca. También ha sido pionero de cantaores y cantaoras como Antonio Ortega Heredia, más conocido como el Fillo. Cantaor gitano y De San Fernando, como lo era Camarón de la Isla y muchos gitanos más que dejaron allí su duende. También podemos hablar del “Nitri”, su nombre y apellidos serían Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López. Cantaor gitano sobrino De Francisco Ortega Vargas, una estirpe de gitanos reales y de raíces en la hondura flamenca. A Francisco Ortega Vargas se le concedió la primera Llave de Oro del Cante flamenco, la primera que se conoce. Dejó su vida y sus raíces en Jerez de la Frontera. De todos estos cantaores conocidos entre el siglo XVIII y el siglo XIX no tenemos ninguna grabación. A menos que busquemos en Internet, ya que es el lugar donde se renueva hasta lo antiguo. 

Pero de ahí podemos (omitiendo a muchos cantaores) rememorar a los hermanos Pavón. Ya que son flamencos a los que se les conoce grabación en vinilo remasterizada y a la vez mejorada. Recordando a los hermanos Pavón podemos hablar de Pastora (la más famosa) y a sus hermanos Tomás y Arturo. Pastora sembró su primera semilla en los casamientos entre folclóricas y toreros. Una costumbre que ha llegado a nuestros tiempos. De los hermanos Pavón podemos pasar a Juan Talega, donde también existen vídeos en YouTube. No crean ustedes que aquí se resume el cante flamenco ortodoxo, dicho de una manera coloquial, estos hombres crearon un arte que nació de los gitanos y que ha unido etnias y fronteras. 

Hagamos un alto en el camino con Juan Talega. A Juan Talega se le puede ver ya anciano en grabaciones en blanco y negro. Y se le puede tildar de llevar la estirpe de los antiguos flamencos. Se le pueden llamar como los Sonidos Negros. El cante de Juan Talega es lo que nos queda y también otras grabaciones, de todo aquello que no debe de cambiar. Pues ya lo dijo Camarón en su momento. Sobre los cantaores de ahora dijo Camarón que él hizo su propio camino, para que los jóvenes flamencos partan de ahí. 

NOTA: Mucha de la información que aquí les escribo la he sacado del Internet, aunque sobre todo de mi padre. Gran aficionado al flamenco antiguo. También he visto muchos vídeos por YouTube. Estos, creo yo, son los fundamentos que para mí son fidedignos. No quisiera dejarme ningún cantaor fuera, ni tampoco guitarrista, pero hay mucha miga en el flamenco, que yo como aficionado he creído oportuno destacar ésta. Este escrito, a mi parecer, es la antesala del flamenco por antonomasia. Cada cantaor y guitarrista es un mundo dentro del arte.

Entrevistas a poetas y escritores argentinos-Por Rolando Revagliatti

Reflexiones de una ondjundju-Amores que quitan el miedo a la muerte-Juliana Mbengono

AMORES QUE QUITAN EL TEMOR A LA MUERTE

¿Es lógico amar lo que no te hace feliz? Lo más recomendable suele ser huir de lo que te hace daño y los peros no valen. Pero, a veces, huir no es la opción, sientes que solo contribuirás a perpetuar la situación y otros seres a los que amas con mayor locura podrían sufrir mucho más que tú.

Es verdad que los problemas de casa deben quedarse en casa, también es verdad que todos necesitamos contar con otras opiniones de vez en cuando para resolver algún problema en casa. Por ejemplo, algunos sentimos que hace falta cruzar el mar o surcar los cielos y exponer nuestras miserias ante quienes ya nos miran con lástima o ira, para traerle una vida más digna a nuestros familiares.

En el caso de África, es un poco difícil amarla en todo momento. Supongo que lo mismo pasa con alguna europea, asiática o americana que no termina de encontrar su lugar en su tierra o, simplemente, siente que se le hace muy difícil, para no decir imposible, encontrar oportunidades de crecimiento personal y económico.

Me da algo cuando, en Antena 3, nova o cualquier otro canal europeo o americano, tras el anuncio de algún perfume caro, un coche lujoso un plan de seguros con actores blancos y mulatos; sale un anuncio de Unicef, Médicos Sin Fronteras o la OMS pidiendo donaciones para salvar a niños negritos al borde de la inanición.

Mientras veo el anuncio, se me ocurren un montón de preguntas como ¿existirán niños necesitados en alguna esquina de España o Italia, muy lejos de Somalia o la India? ¿Con coger a una mulata de pelo rizado, que no se parece en nada al afro fosco y enmarañado propio de las africanas, se creen que están representando a la gente negra o es que, simplemente, no se dan cuenta de que están creando otro canon de belleza que muchas, desgraciadamente, intentaran alcanzar en vano aclarándose la piel y comprando demasiados productos capilares?

Lo más triste, lo peor de todo, es que sólo unos minutos después de apagar la tele, cuando salgo al patio y miro a mi alrededor: niños sucios y desarrapados que se quedan solos en el barrio mientras sus madres trabajan, jóvenes que sienten que han perdido el tiempo en la universidad cuando podían haber hecho una formación profesional y emprender… Entonces, siento y pienso que sí necesitamos ayuda. Quizás algún niño blanco también la necesite, y seguramente sabe dónde encontrarla.

Necesitamos que occidente siga diciendo que África necesita ayuda, porque todos no contamos con mentores y padres inversores, muchos la necesitamos y en todos los aspectos. La caridad de Unicef, la OMS o la Cruz Roja que llegue a alguno de nuestros países, probablemente, caerá primero en las manos de un hermano con la panza y la papada tan abultadas como un sapo; y de la harina que se desprenda cuando las ranas se peleen por la sémola que se le caiga al mascar, algunos renacuajos podremos lamer mientras seguimos intentando sobrevivir para ver el día en que en nuestras vidas se haga real lo de “PUEDES LOGRAR TODO LO QUE TE PROPONGAS”.

Es muy fácil decir que amo mi tierra, y la verdad es que la amo, porque la tierra que yo piso al caminar es de las mejores. Es fértil, hermosa y agradable. Lo que no sabría decir es si amo la vida que ese amor me da a mí y a otras personas. Hace sólo unos pocos días, un amigo, poeta, universitario, emprendedor y algo más, me dijo que le agradecería a Dios si se muriera antes de los treinta. Suena patético, deprimente… pero yo también he tenido momentos en los que he creído que me iba a morir, como cuando pisé un clavo y semanas después tuve taquicardias con demasiada frecuencia. Esa idea de poder mandarlo todo al carajo me producía una extraña alegría y felicidad, como cuando esperas la visita de un amigo que no acabas de ver o un regalo anunciado.

No es que mi amigo y yo seamos negativos; todo lo contrario, somos tan optimistas que él cree y está trabajando por crear el primer medio con libertad de expresión en nuestra República Democrática y yo creo que podré resucitar los cultivos de arroz y café de mi abuelo en el poblado.

Se diga lo que se diga, ser joven en África y uno de los primeros de tu familia que acaba el bachillerato, además sorprenderte con que de repente eres mayor y debes ser independiente cuando nunca se te ocurrió que debías aprender a valerte por ti porque tendrás que hacerte a ti mismo sin muchas manos poderosas amigas, no es nada fácil. Parece que tener una vida digna en este continente sólo puede ser un milagro, como que te caiga un meteorito en la puerta o se descubra oro en el suelo de tu salón.

A veces quiero convencerme de que no es sólo en mi ciudad; que, en otras partes, algunas personas con valores y principios llegan a pensar que los arrastrados y sinvergüenzas se dieron cuenta muy pronto de que ser honrado y creer que puedes alcanzar el bienestar por tus propios méritos era una utopía. Pero, vuelvo a preguntarme si el bienestar no es nada más que tener la conciencia tranquila y ver a tu familia sana y feliz. Quizás, en realidad, no necesitamos ser vendidos como el infierno lastimero.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Miguel Martínez del Arco

Memoria del frío

Hoja de Lata Editorial, 2021

Da la sensación de que la literatura posee ahora mismo una mayor idoneidad que otros ámbitos para llevar a cabo esa labor de memoria comunitaria, mucho más que el político por ejemplo, sin ir más lejos. Tal vez por una capacidad mayor de aportar esa intrahistoria tan necesaria de recuperar y conocer con toda su amplitud lo que pasó, con lo que a todas luces cumple mejor con una función testimonial. Por su parte, el debate político actual con respecto a la memoria, y más en concreto a la memoria de esos años terribles de guerra civil y dictadura franquista, está muchas veces afectada, aún ahora, cuando ya han pasado unos cuantos años, por intereses partidistas o por esa necesidad de establecimiento de un relato que tiene mucho más, me temo, con la imposición de versiones oficiales que ayuden a tales intereses.

De ahí que resulten tan necesarios libros como este de Miguel Martínez del Arco, Memoria del frío, que nos muestra, novelada, la historia de sus padres, que pasaron años en la cárcel o atosigados en los periodos de libertad, la historia propia también, como afectado indirecto, personaje secundario, se presenta a sí mismo, aunque al final directo, de una represión atroz, cruelmente caprichosa. Es una novela, hay ficción, o como aclara el autor situaciones ficcionadas, pero los personajes y las circunstancias sucesivas y concretas son reales, la narración viene intercalada además por la búsqueda de datos y de la percepción de sensaciones del narrador, no se ocultan por otro lado las posiciones y compromisos de cada cual, eso forma parte al fin y al cabo también de nuestra Historia colectiva, las diferentes ideologías presentes, pero no hay ni un juicio al respecto, el eje del libro no es ese, el acierto o no de las opciones de cada persona, sino las consecuencias terribles de una dictadura para las personas desafectas al ideario oficial, incluidas aquellas que disintieron desde el mismo, pero también para la sociedad en general, mucho más pobre si se cercenan las ideas. Huye también, todo hay que decirlo, de equiparaciones absurdas o equidistancias. Escandaliza ahora en todo caso, y no debería de importar la posición política del observador actual, que estas cosas hubieran ocurrido.

En cuanto a la novela, destaca su estilo directo, cuasi impresionista, con esos retazos que son sus frases cortas y que se van clavando en el lector, al que le costará salir de la historia a medida que avanza en la lectura. Señal inequívoca de que estamos ante buena literatura, la de esta primera novela de Miguel Martínez del Arco. Imprescindible en todos los sentidos.

Reflexiones de una ondjundju-vida sin planes-Juliana Mbengono

ALGUNOS DISFRUTAMOS MÁS DE LA VIDA SIN PLANIFICARLA

Cuando empezó el 2020, no me esperaba conocer a Capplannetta ni a Juan Herdi, dos amigos muy majos, ni mucho menos empezar a escribir para la revista y la web. Mi plan era poner en marcha los proyectos con decenas de objetivos y miles de metas que venía arrastrando desde que mi plan de ser completamente independiente a los 18 años se accidentó; desde entonces, prometo repararlo cada año nuevo. Pero, al final, me limito a redactar el plan de reparación.

Ahora que se aproxima el 2022, igual que mucha gente que andará por ahí, echo la vista atrás y siento que me he olvidado de mis objetivos en varias ocasiones. Y no solo lo siento, también lo reconozco: no he sido constante en mis blogs personales, no he leído un libro cada mes ni he ahorrado. Sin embargo, he cumplido con esta web y la revista; a pesar de que nada de eso figuraba en ninguna de mis listas de objetivos para el 2021.

Con las listas de objetivos y proyectos para el año nuevo, muchas veces, me pasa lo mismo que con los libros de autoayuda y motivación: me deprimen y hacen que me sienta como un fracaso total. Tantos ejemplos de gente exitosa y metas que podrían convertir mi vida en un sueño no hacen más que dejarme claro que otros han trabajado mejor y están en una situación mejor. No hace falta ser envidiosa ni avariciosa para que este tipo de pensamiento nos provoque un malestar repentino. 

“No hay excusas, sigues en el mismo lugar porque no has hecho nada o porque no has hecho las cosas bien. La falta de recursos y las circunstancias no valen como excusa para justificar que no hayas progresado. Otros lo han logrado en situaciones peores”. Eso es lo que me dicen los libros de motivación que leo. Me hacen compararme con otros, aunque digan que sólo debo compararme conmigo misma.

Para este año nuevo, no quiero hacer listas de propósitos ni promesas, aunque esto ya es un propósito… 

Cada vez que leo algún recordatorio en el espejo o en el móvil, siento que todo el peso del aire se acumula sobre mis hombros e inmediatamente me entran ganas de relajarme y descansar. Me resulta mucho más fácil y divertido realizar los trabajos sin haberlos puesto en una agenda. 

Quizás me preocupo demasiado por el después y el mañana. Las agendas me hacen sentir constantemente que tengo trabajo pendiente y eso me agota sin haber hecho nada. Si, estando en la calle, recuerdo que al llegar a casa debo fregar los platos, se me estropea el día. Pero, si llego a casa y simplemente hace falta fregar los platos, lo hago escuchando música y tarareando. Y lo más probable es que acabe haciendo otras tareas de la casa. 

No creo que debamos vivir improvisando; pero, observándome a mí misma, tampoco creo que debamos vivir programados como máquinas. Las agendas, sean diarias, semanales o anuales convierten nuestras metas y actividades en tareas y, desde la escuela donde nos castigaban con tareas, estas nunca me han gustado mucho. Quizás la palabra mágica sea flexibilidad. 

Ya me resulta difícil concertar citas con amigos y pretendientes. Y cuando lo hago, es muy difícil que no la cancele dos o un día antes. Porque, de repente, me doy cuenta de que tengo muchas cosas más importantes. Pero a veces me cruzo con alguien en la calle y me quedo charlando con él durante diez minutos o más. Con los planes para el año nuevo me pasan tres cuartos de lo mismo; prefiero empezar sin pensar en el mañana y, al final, en la mayoría de las ocasiones, los resultados son buenos.

Sé que este año haremos muchas cosas, pero prefiero no pensar en ellas ni ponerlas por escrito. Por ejemplo, sé que escribiré todos los meses para esta web, pero no me pondré el reto de hacerlo durante la primera semana de cada mes. Sencillamente, lo haré y sé que lo haré porque siempre he encontrado el momento para hacerlo y lo disfruto. De eso se trata: ser felices y disfrutar con lo que sea que hagamos. 

¡Felices fiestas!

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Walter Benjamín

«Infancia berlinesa hacia mil novecientos»

Traducción de Richard Gross

Editorial Periférica, 2021

Stefan Zweig y Walter Benjamin son los dos autores que sin duda mejor han evocado el ambiente centroeuropeo previo a la primera gran guerra y que desapareció cuasi por completo con ella. No otra cosa es este libro delicioso del filósofo alemán, «Infancia berlinesa hacia mil novecientos», una evocación breve en apariencia, pero al final un retrato delicado y certero, todo lo certero que puede ser la memoria, de un pasado en que Europa era diferente a la actual, poseía otro ritmo, otras formas. Se trata en definitiva de un libro que ha recuperado para ofrecérnoslo la editorial Periférica.

En apenas treinta capítulos breves, cada uno de ellos con un talento enorme de seducción, Walter Benjamin nos retrotrae a ese mundo propio, cuando era un niño que comenzaba a asomarse al mundo y se preguntaba «¿por qué había algo en el mundo, por qué había mundo?». El autor nos evoca de este modo, con pequeñísimas anécdotas, a la vez que nos lo muestra, aquel Berlín que tanto cambió después. Hoy Berlín parece recuperada de su trágica historia, vuelve a brillar social y culturalmente, aunque ya no es el Berlín de entonces, el que nos rememora el filósofo como espacio físico de su infancia, aportándonos respecto a ésta algunas de las raíces de su propio pensamiento, el inicio primigenio de su proceso reflexivo, como por ejemplo la alusión, tan bella y poética, a la placidez que le proporciona el calor de los calcetines guardados en una cómoda y que le enseñó que «la forma y el contenido, lo envuelto y el envoltorio son idénticos» y de este modo pudo extraer la verdad que hay en toda poesía, apenas un brevísimo incidente en la vida de un niño pero que sin duda volvería una y otra vez a su mente, permitiéndole entender también algunos aspectos claves de la realidad y la vida.

Estamos por tanto ante una pequeña joya poética, una muestra de hasta qué punto las palabras poseen una capacidad enorme para la reflexión, algo que sin duda hoy resulta imprescindible recuperar, en esta Europa que vive otra vez una crisis profunda en todos los ámbitos, pero sobre todo en el cultural. Por ello es de agradecer que recuperen libros como este de Walter Benjamin, quien, al igual que el aludido Stefan Zweig, no ha perdido vigencia.

15º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Don Francisco Umbral (Cecilio Olivero Muñoz)

DON FRANCISCO UMBRAL

Después de haber visto el documental Anatomía de un dandy sobre la vida de Francisco Umbral, me quedo parado en el momento en que se habla de su libro Mortal y Rosa, que nos habla de su episodio cuando su hijo fallece y me da cierta lástima, ya que un niño tan precioso y lo que se deduce de la felicidad de su padre, aquel que tenga corazón que tenga pena, porque muy poca sensibilidad debe tener aquel que no se emocione tras la muerte del pequeño y la gran pena de sus padres. Hago esta parada en esta sección del documental ya que yo de niño fui testigo de lo que puede llegar a ocurrir cuando en cualquier persona se le cruza el maldito cáncer. No importa la edad, pero en los niños, qué dolor tan inmenso debieron sentir sus padres. 

Cuando yo era niño me diagnosticaron una simple anemia, todos sabemos a lo que conduce. Si no lo saben se lo diré, conduce hacia la leucemia, es decir, cáncer en la sangre. No tengo hijos de momento. Pero yo cuando iba a las consultas de la doctora Abadía veía niños de mi corta edad sin pelo y con juguetes caros. Yo le preguntaba a mi madre qué les pasaba a esos niños, mi madre siempre me contestaba con evasivas. Quizá para protegerme de lo dura que puede ser la vida en ocasiones. Porque esos niños, esas criaturas encerradas en un hospital, con su cabeza sin pelo. Niños, niños, niños. Ahora a estas alturas comprendo las pocas explicaciones sobre el asunto. Yo me curé de la anemia, pero ¿y esos niños? ¿Qué habrá sido de ellos? Me solidaricé con el maestro Francisco Umbral. 

En el documental pude ver la fotografía de la gran tristeza que sufrió y que llevó en toda su vida como una condena, pues perder un hijo es un dolor indescriptible. Ahora estamos lamentando la muerte de la escritora Almudena Grandes, y pienso en Luis, en sus hijos. Debo decir que lo siento, lo siento por todos. Tengo sobrinos pequeños y me horroriza que pasen por ese amargo trago. No damos importancia a la vida hasta que nos arrancan la alegría, y llamemos tragedia, desgarro profundo, dolor infinito, lo siento, por aquellos a los que se llevó la parca, por los niños inocentes, por las personas válidas que he conocido. Tiene razón la viuda de Francisco Umbral cuando parafrasea los versos de Lorca, aquello de que la vida no es buena ni sagrada. Quisiera dar este homenaje en estas palabras que pesan. No por lo que supone la muerte de un adulto, que también, sino por la muerte que segara la vitalidad de aquellos niños en la sala de espera de la doctora Abadía. Este mundo se entiende desde el interior del alma, y en tanto debe ser interior, porque exterior el consuelo de los demás puede no ser suficiente. Tampoco creo que no deje a nadie indiferente, tengan Salud.