Wynton Marsalis (Cecilio Olivero Muñoz)

WYNTON MARSALIS

Me encanta el concierto que dio Wynton Marsalis en una sesión del Festival Marciac (desconozco el año) con su banda y algunos músicos invitados. Se puede ver por YouTube. Wynton Marsalis ha apadrinado el Festival Marciac desde 1991 y casi siempre acude él. Es una delicia el swing que se despliega durante una media hora de jazz. Pero en un estilo clásico (si se me permite el término) ya que no todo el jazz es igual. Wynton Marsalis es un trompetista que ha tocado en quintetos, y otros tipos de bandas. Huelga decir que Wynton ha tocado con músicos españoles como el fallecido Paco de Lucía, incluso Tomasito se ha puesto sus zapatos para taconear dejando a Wynton con la boca abierta.

La percepción que tengo de su persona la de un tipo inteligente. Todo aquel que haya escuchado su música habrá gozado si le gusta el jazz de calidad. Es un tipo con mucha clase. Un afroamericano con gusto, que aun siendo líder de una banda de músicos tan completa como lo es la Lincoln Center Jazz orchesttra, no resulta ni arrogante, ni presumido, lo veo un tipo con mucha humildad. Humildad en la que destaca ante cualquier público y con músicos de toda índole. Ha grabado múltiples discos en todos los registros habidos y por haber. Discos en solitario y con su banda. Yo lo considero un músico de los que perduran, ya que su versatilidad y su camaleónica sonoridad lo convierten en un músico especial. En varias webs es posible conocer su trayectoria y todo lo grabado, los discos y la variedad de orquestas en las que ha participado. Ahora, que toda la música parece que está destinada a la mediocridad, invito a escuchar Jazz, Flamenco, Rock. Pero si quieren gozar del jazz con clase, acudan a Marsalis. Es un deleite verles tocar.

Reflexiones de una ondjunju-un niño migrante en el patio-Juliana Mbengono

Cuando ayudaba a mi madre en su puesto de hortalizas en el Mercado Semu, a veces jugaba a contar cuantas mujeres senegalesas o malienses venían al mercado sin un bebé a cuestas. Cuando una no estaba embarazada, iba con un niño de entre un mes y un año. Me acuerdo de que una vez, reconocí a una de mi barrio con un bebé que no era suyo, esa señora no tenía ningún bebé tan pequeño, pero allí estaba con uno realizando compras por el mercado. Más tarde entendí que estos bebés son un elemento de protección para ellas, es un poco difícil que un policía detenga a una embarazada o a una mujer que lleva a un niño a cuestas. Y lo cierto es que las detenciones a los extranjeros son diarias y constantes en ciudades como Malabo.


Cuando el niño ya ronda los cinco o los seis años, algunos padres les dejan jugar con otros niños del barrio. Creo que este es el periodo más feliz que puede tener un hijo de inmigrantes en Guinea: los niños, pese a que a veces actúan bajo la influencia de los comentarios xenófobos de sus tutores, difícilmente rechazan a un compañero de juego porque sea senegalés o maliense; todo lo contrario, les resulta aún más interesante.
Cuando ya tienen alrededor de quince años, muchos de estos niños y niñas que jugaban con los demás al pilla, pilla y al playcook, sencillamente, desaparecen del patio. Mientras algunos son enviados a sus países, otros tienen que ponerse a trabajar con sus padres. Ni ellas se irán a las fiestas de las otras chicas guineanas que fueron sus amigas de infancia, ni ellos andarán en pandillas con los chicos guineanos de su edad que hay en el barrio; tampoco les he visto en institutos de enseñanza secundaria, a menos que sean hijos de diplomáticos y grandes empresarios, ni les he conocido en nuestra universidad.
Quizás sea porque a mí me gusta contar historias, pero a veces me pregunto cómo me sentiría yo si viera a mis amigas de la infancia ser adolescentes mientras me parto el lomo bajo sol para traer dinero a casa. Sí que de pequeña yo también fui niña comerciante y no me libré de las burlas de los profesores y los compañeros; pero no puedo comparar mi antigua situación con la de estos niños con derecho a ser niños que se convierten en comerciantes de por vida de la noche a la mañana.


Cuando yo salía a la calle a vender y la gente hacía comentarios como que esto se debe prohibir porque el deber de los niños es estudiar, yo era la primera que se enfadaba, me gustaba ayudar a mi tía y no me pasaba todo el día en la calle vendiendo. Quizás a los niños senegaleses nacidos en Guinea Ecuatorial también les gusta ayudar a sus familias, pero se merecen la oportunidad de estudiar, vivir, crecer y relacionarse con otros de su edad. Existe un día especial para recordar “los derechos del niño africano”, desgraciadamente, sólo es otra fecha para celebrar y aplaudir discursos vacíos.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Daniel Díez Carpintero
Nunca se sacia el ojo de ver
Editorial Sloper. 2022

No es necesario insistir en la poca presencia que han tenido los relatos cortos en la tradición literaria española, aunque habría mucho que aclarar al respecto. Ya no es así en todo caso. Es cierto que durante mucho tiempo fue un subgénero considerado menor, a lo sumo un mero aprendizaje del oficio de novelista, algo que empezó a cambiar en los años cincuenta con varios escritores que destacaron por su maestría en la escritura de sus cuentos y también gracias a la influencia de los escritores latinoamericanos, influidos a su vez por la literatura norteamericana, donde la narración breve mantuvo siempre un prestigio enorme, como ocurre con otras tradiciones literarias. Desde entonces la narrativa corta ha conseguido carta de naturaleza en la literatura española y no son pocos los autores que se dedican a mantener muy alta la calidad de sus relatos.


A este grupo hemos de incorporar ahora a Daniel Díez Carpintero, que en este su segundo volumen de relatos nos ofrece nueve textos que destacan por su estilo directo y su lenguaje abrupto, cortante, pero que además llama la atención por su potencia y por no dejar al lector indiferente ni ajeno. Todo lo contrario, su lectura perturba por ese estilo que acaba afectando a la anécdota propia de cada uno de los cuentos y que envuelve a los personajes que deslumbran por turbulentos, tal vez por enrevesados, a todas luces claves en la lectura de los relatos.


Porque cada uno de ellos contribuye a crear una atmósfera propia, algo que es fundamental, sin duda, como característica del género. Un buen relato lo es sobre todo por su atmósfera, y los de Daniel Díez Carpintero consiguen crearla, el autor ha logrado envolver a los personajes en ella, son incluso la causa de la misma, unos personajes curiosos y bien apuntalados, seres que aportan una carga intensa de obsesión, pesadumbre y azoramiento.


Se trata a todas luces de una propuesta original y rupturista, en un momento de gran pluralidad de estilos, otro factor que indica la buena salud que goza la narrativa corta en España.

El origen de la guitarra española actual- Cecilio Olivero Muñoz

EL ORIGEN DE LA GUITARRA ESPAÑOLA

Hemos hablado en otras publicaciones del origen del flamenco. Pero poco hemos hablado del instrumento por antonomasia. Me refiero a la guitarra española. El origen de la guitarra española tuvo lugar en un pueblecito de Almería, llamado Cañada. Allí vivía un carpintero que con pocos conocimientos musicales, aunque sí con un oído excelente creó lo que hoy se conoce como guitarra española o guitarra flamenca. Estamos hablando de Antonio de Torres Jurado, que en 1850 ideó el modelo con el sonido característico que conocemos en la guitarra flamenca actual. Era artesano y vivía en un pueblo de campesinos. Cuentan que tras haber aprendido acordes y falsetas de música tradicional después de darle el sonido que caracteriza a la guitarra los vecinos campesinos lo escuchaban con los oídos puestos en la pared de su casa porque en aquella época pocos tenían acceso a la música.

El señor Torres viajó a Sevilla, que en aquella época era el punto de partida y de arribada de los barcos venidos de las Américas. Allí fue donde pudo acentuar aún más el sonido peculiar de la guitarra. Con maderas nobles, y dicho en palabras de gente entendida, con unas maderas y unas cuerdas amarradas a un puente que guiaba un mástil logró un sonido tan perfecto que muchos guitarristas han podido deleitarnos de tan grato instrumento. El señor Torres, siendo un hombre sencillo con conocimientos básicos de música se instruyó y pudo perfeccionar la guitarra española actual.

De Sevilla viajó a Madrid, donde conoció a maestros de la música tradicional española. En momentos decimonónicos era todo un espectáculo deleitarse con acordes a los que siguieron percusiones como castañuelas y panderos, cítaras, y otros instrumentos, como el clavicordio, el piano, y el violín, que también fue perfeccionándose aumentando su tamaño y sonidos.

Nostalgias de un emigrante-una niñez en particular-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

UNA NIÑEZ EN PARTICULAR

Llega el niño a la tienda y le dice al dependiente… ¡Quiero dos pesetas de tocino de jamón! El dependiente lo mira y le contesta… ¡Para eso primero tengo que vender el jamón! así que dile a tu madre que a ver si compra alguna vez jamón… A lo que contesta el niño… ¡Mi madre está trabajando para que yo pueda comer el tocino! porque el Jamón quien se lo come es su patrón, que la tiene todo el día en el campo faenando de sol a sol, para que él se dé el atracón y otros se tengan que conformar con comer pan aceite en un coscorrón. ¡Ya está bien de tanta humillación! ¿Qué culpa tiene nadie de tanta sinrazón? ¡Si lo más justo sería que nunca faltara en una casa un plato de arroz! Ahora cierra los ojos y se le viene a la mente el olor a tierra mojada, a jara o jarguazos recién arrancados, cuando iba en busca de su madre a la hora de comer, a veces un sopeao y un trozo de tocino, otras con un poco de suerte, alguna sardina arenque repartida para los dos. Eran años de necesidades y no siempre económicas, aunque todo es relacionado con el dinero solo el hecho de tener que salir cada mañana, para buscar el jornal con qué hacer la compra era una odisea, (encalar fachadas de alguien por unas pesetas, buscar cascarilla de carbón, lavar ropas de familias con dinero, etc.) cualquier cosa que permita reunir unas pesetas.

El trabajo del campo era duro y mal pagado, pero el campo también tenía otros recursos que eran bien aprovechados. Palmitos, bellotas o castañas etc. «manjares» que al hambre engañaban y más de una vez eran ayuda, para no irse a la cama sin cenar. Trabajar por la comida mucha gente agradecía… esa era la norma para tener al pobre bajo la amenaza y la humillación, obligados con los «señores» a servirles sin condición. Aquellos tiempos pasados cuando por la comida y las ropas usadas que a los patrones les sobraba, muchas mujeres se rompían la espalda trabajando todo el día para dar de comer a sus hijos, aunque fuera una sola comida. Dios aprieta, pero no ahoga… pero muchas veces apretaba tanto, que hacía que algunas personas acabasen con la lengua llena de tierra.

El pan con aceite y azúcar era la merienda más habitual, aunque algunos días podía faltar alguno de los ingredientes. Le hacía una gran ilusión la llegaba de su padre, cuando venía de trabajar y buscaba en las alforjas, para ver si le había sobrado algo de la “cabaña” o le traía alguna cosa que hubiese encontrado en el campo, palmitos, madroños o bellotas, incluso los cortadillos de azúcar que se guardaba cuando tomaba café en la taberna y solo le ponía la mitad. Era gloria bendita cuando pasaba por detrás de algún restaurante y olía lo que estaban cocinando, se paraba a aspirar y disfrutar de aquellos olores que salían por la ventana, podía distinguir si era perdiz en escabeche, costillas fritas o guisadas, incluso qué tipo de carne era la que estaban haciendo con tomate y se imaginaba en la mesa con un gran plato delante. Si algún domingo su madre le decía que fuera a la taberna para avisar al padre para comer, deseaba que aun tuviese la tapa que le ponían con la bebida y el padre se la daba.

Cuando aquel niño llegaba de la escuela al medio día, algunas veces no había nadie en su casa y no sabía dónde estaba su madre, iba a buscarla incluso al campo para comer con ella y si no la encontraba… Tenía que ingeniárselas para no volver a la escuela sin haber comido, algunas veces lo hacía en casa de algún familiar, otras buscando en la cocina un trozo de pan o la cesta de la “cabaña” para el padre, que se llevaría al trabajo el día siguiente. Decían que los años del hambre fueron los primeros de los cuarenta, pero en los cincuenta el hambre aun perduraba en los sectores más humildes, o por lo menos no se comía lo necesario, para tener una alimentación adecuada, pues era escasa en cantidad y calidad, por lo que con frecuencia los más débiles padecían problemas intestinales severos. Las personas mayores y los niños eran los que más sufrían estas carencias con vómitos y diarreas, que en muchas ocasiones les llevaba a perder la vida si no se atajaba pronto. Los medios médicos eran escasos, igual que el dinero, por lo que muchas familias se endeudaban por muchos años, al pedir prestado dinero para poder hacer frente a los gastos que estas enfermedades obligaban, pues se tenían que desplazar a la capital para que les atendiera un médico con ciertas garantías y pagar los tratamientos. Las guerras no traen más que desgracias, siempre son los pobres los perdedores y los ricos se hacen con el poder, para gobernar que es lo que quieren lograr. Los gobernantes que se dejan llevar por los intereses de su bien estar solo hacen lo que les manda el capital y asegurar sus futuros cuando dejen el cargo, porque ansían el poder para gobernar y tener llenos sus pesebres y no se preocupan que el pueblo cada vez sea más pobre.

Reflexiones de una ondjundju-Migrantes dentro de África-Juliana Mbengono

Si ser un africano inmigrante dentro de África ya conlleva serias dificultades, ser una africana del oeste inmigrante dentro de África es aún más difícil. Lo cierto es que los hombres llaman más la atención y se les ve trabajando por todas partes; en cambio, ellas parecen salir únicamente para hacer la compra o vender, pero su presencia en países como el mío no parece ser algo que ellas mismas hayan decidido. En mi barrio, por ejemplo, hacía tiempo que teníamos varios vecinos de diferentes países no fronterizos con Guinea Ecuatorial; de la noche a la mañana, aparecieron unas jovencitas que no superarían los veinticinco años y todas ayudaban en los negocios de algunos de estos hombres. La primera impresión que tuve fue que estos señores habían hecho venir a sus hijas y hermanitas. Antes de un año, todas las chicas ya estaban embarazadas y al cabo de unos meses todas estaban ayudando en el negocio del hombre y criando. Y así sucesivamente: llega un grupo de chicas que trabaja con algunos hombres que llevan un tiempo en el país, se quedan embarazadas al mismo tiempo, se abren lo suficiente para atender a los clientes de sus comercios, se quedan embarazadas otra vez, empiezan un comercio diferente al del hombre y siguen trayendo hijos al mundo.


Cuando estas mujeres llegan a Guinea Ecuatorial, dan la impresión de que le tienen miedo a todo el mundo, no hablan nada más que con su compañero, que siempre resulta ser el marido. Forman comunidades entre ellas mismas y, a diferencia de los hombres, difícilmente se hacen amigas de las mujeres guineanas. Y aun hablando con ellas, no es nada fácil preguntar si están aquí por su propia voluntad o si han sido raptadas y vendidas; cuando no están cerca del marido, están cerca de otra que lleva más tiempo en el país.


Hace solo unos días que me llamó la atención la actitud de una de las niñas recién llegadas y que ya tiene un bebé de unos ocho meses. Esta niña, que se está encargando de una abacería mientras su marido trabaja fuera de casa, apenas habla, quizás porque todavía no se sabe muchas palabras en español, pero dice “no hay” y los precios de los productos que sí tiene. Después de unos minutos llamando desde la ventana donde atiende a sus clientes, la niña apareció con el bebé llorando y vestido únicamente con un pantalón, le tenía agarrado del brazo y lo dejó caerse al suelo como si fuese un saco de arena. El niño se puso a llorar a un más alto mientras su madre me miraba y respiraba sin decir absolutamente nada, quizás esperaba a que yo dijera lo que quería y ya, pero estoy segura de que esta niña, a la que no doy más de diecisiete años, está siempre callada y triste porque está aquí en contra de su voluntad. Dejar al niño caerse sobre el piso me pareció muy fuerte, pero luego recordé que ya la había encontrado otras veces atendiendo al niño mientras este lloraba como si le estuvieran haciendo mucho daño y ella parecía estar en otra parte.


No me cabe la menor duda de que los inmigrantes africanos que llegan a Guinea Ecuatorial en busca de trabajo lo hacen de manera voluntaria. Pero dudo mucho que el caso de las mujeres sea igual. No me atrevo a hablar de trata de mujeres o secuestros porque no he realizado ninguna investigación, pero miro a las que hay en mi barrio y en los mercados, y me doy cuenta de que muy pocas son felices, raras veces sonríen; su vida se resume en vender, parir y cuidar de los niños.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Emma Crespo
La soberana del Reino Eterno
Editorial Malas Artes

Bruno Bettelheim escribió una obra, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, ahora muy cuestionada e incluso superada por las teorías actuales del psicoanálisis, pero que sigue teniendo alguna incidencia en los estudios literarios, en la cual analizó la influencia de la fantasía feérica en la formación moral e intelectual no sólo durante la niñez, sino también entre los adultos, por su contribución al sentido de la vida y a su comprensión. Presenta los cuentos de hadas como espejos mágicos en los que reflejar algunos aspectos de la existencia. Tal es también la función de la mitología, en la que hay muchas variantes de hadas a lo largo y ancho del mundo.


No pocos han sido los escritores que se han interesado por las hadas en particular, por la fantasía en general, no sólo para el ámbito infantil, también para todos los públicos, aunque es también cierto que durante mucho tiempo se ha contemplado la literatura fantástica como algo marginal, infantil o juvenil, un mero entretenimiento, un subgénero alejado de los cánones serios, como mucho una forma de alentar la lectura. Pero se está superando esta visión, sin duda Tolkien y otros autores han contribuido a que la literatura fantástica recupere su importancia.


A este ámbito pertenece La soberana del Reino Eterno, de la escritora vizcaína Emma Crespo, y que posee algunos de los rasgos expuestos por Bettelheim. La presencia de un hada se cruza en la vida de Rebeca cuando era una niña, en un momento complicado y difícil, la acompañará como recuerdo hasta que reaparece en su juventud, cuando su vida cambia por completo y surgen los miedos e incertidumbres de la vida adulta, en paralelo a una lucha de poder en el reino de las hadas.


La evolución de las dos historias que acabarán cruzándose avanza con breves reflexiones sobre la libertad, los errores que se cometen en la vida, el libre albedrio, la toma de decisiones, la responsabilidad, temas todos ellos que afectan sin duda a los personajes, humanos y a los feéricos por igual. Aun cuando la autora se ha centrado más en los acontecimientos del Reino de las hadas, y puede ser esta una lectura posible, legítima, cabe otras lecturas, como ocurre siempre que un libro pasa a los lectores, en mi caso reconozco que me ha interesado algo más todo lo relacionado al personaje de Rebeca, su evolución y su situación frente a la realidad, tanto la real como la encantada. En todo caso, cualquier lector, joven o adulto, se verá reflejado o incluso exhortado a reflexionar sobre el existir, a contemplar el relato como un espejo de su propia vida, y en este proceso qué duda cabe que Rebeca se vuelve central.


No es casualidad por otro lado que a medida que se avanza en la lectura de la novela aumente el interés por saber hacia dónde se dirige la trama, en ningún momento pierde fuelle, señal de que hay una buena estructura. Hay incluso un giro inesperado de los acontecimientos, imprevisto por completo. Puede resultar esta novela, por tanto, para el lector poco avezado, una buena forma de entrar en un tipo de literatura que va ganando terreno. Para el más habituado a la fantasía, una buena experiencia.

Festival de poesía- Ediciones Vitruvio-Cecilio Olivero Muñoz

DESEMBARCO DE VERSOS

ORGANIZADO POR EDICIONES VITRUVIO

2022

El pasado 23 de abril, festividad de Sant Jordi, día del libro y de la rosa en Cataluña, tuvo lugar un recital que organizó Ediciones Vitruvio en el que poetas publicados por esta editorial recitaron algunos de sus poemas. No hubo ningún tipo de censura, ni filtros vaporosos. Sin ser demasiado solemne, tuvo este acto la virtud de solazar y emocionar, sobre todo por el gran deleite de escucharnos unos a otros.

Se recitó en el Salón de actos del Centro Cívico de Can Deu, en el céntrico barrio de Les Corts. Es un edificio modernista convertido hoy en centro cultural del Ayuntamiento de Barcelona.

En el acto destacaron todos los poetas y los que amenizaron el acto aportaron su gran predisposición. Aunque el editor Pablo Méndez se vio en la tarea de recitar a algún poeta que no osó enfrentarse al público. En todo caso, hubo verdaderos rapsodas, además de algunos que improvisaron con fortuna y otros con muchas tablas.

Había poetas de todas las edades. El público estuvo muy expectante a la oralidad de los poetas. Pablo Méndez y Pedro Alcarría fueron quienes pusieron todo su empeño en que el acto resultara agradable, sin demasiada pomposidad. Fue un acto ameno. Tan ameno que incluso supo a poco, ya que cada poeta recitó sólo tres poemas.

Fue una jornada meteorológicamente primaveral, se alternó momentos de sol con una intensa lluvia en el exterior, y aun cuando el Centro Cívico de Can Deu dispone de una gran terraza en el jardín, hubo que colocar unas carpas para reguardo de quienes consumían fuera.

Los poetas somos gente rara, hay que reconocerlo, cuando estamos juntos guardamos una cierta distancia al mismo tiempo que nos congregamos en un acto simultáneo. Somos como una comuna sin patria ni amo ni bandera. Hay que admitir que desvariamos no poco, algunos más que otros, tal vez no todos. Pero por suerte nos ayudamos mutuamente. Al fin y al cabo, somos buena gente. Gente buena. Esto ayudó al desarrollo del acto, en una jornada repleta, como siempre, de rosas y libros.

Nostalgias de un emigrante-Relato del Ronquillo-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

DERECHO DE PERNADA

Y ELOGIO A LA INFANCIA

Son las siete de la mañana… hace frio y amenaza lluvia, pero hay que esperar a ver si con suerte puede trabajar para llevar a casa el jornal. Lleva un mes en el pueblo y apenas ha trabajado, pues el capataz de la finca desde que se negó sus propósitos con él el primer día que se lo exigió, solo le da trabajo cuando no tiene otra para llevar al cortijo y cuando lo hace es para las peores faenas o trabajar en el campo. El trabajo en la casa no es muy duro, pues los quehaceres son mínimos entre semana porque no están los dueños, pero el capataz chantajea a algunas mujeres con no darles trabajo si no aceptan acostarse con él.

Cuando están los dueños tampoco es mucho mejor, aunque hay más mujeres que trabajan para atender a la familia y cuando llega la época de caza llevan muchos amigos y estos creen tener otros derechos con las empleadas.

En las faenas del campo algunos manijeros también intentaban abusar de las mujeres y buscan cualquier excusa para quedarse a solas, para complacer sus deseos con la amenaza de decirle al capataz que no valen para el trabajo y no las vuelvan a llevar al cortijo. Es duro el trabajo para la mujer y antes aún peor cuando los métodos anticonceptivos eran escasos y los embarazos no se podían evitar, si estaba casada el marido “seria el padre” y si era soltera, se quedaba “marcada” o tenía que marcharse antes de que se le notara.

El derecho a pernada era una práctica habitual, que se daba en algún caso de niñas y adolescentes ultrajadas por los dueños y capataces, sin que nadie pudiese hacer nada para impedirlo, porque si lo denunciaban las consecuencias podían ser muy malas. En estos ultrajes, en caso de embarazos y nacimientos de las criaturas, eran criadas como hermana/o de la propia madre.

En una época de miseria y necesidad, que por cuestiones políticas los pobres tuvieron que pasar. El rocío de la noche deja su manto blanco, en las mañanas frías del nuevo día, las manos duelen arrancando monte en la umbría, con la espalda encorvada todo el día, el aire frio que hace grietas hasta en el alma. Duros inviernos aquellos con la esperanza de encontrar un mejor mañana, días de rocío y heladas, desde la noche al alba, el sol del nuevo día traerá rayos de templanza. Días tristes esperando una luz que ilumine su destino, poder quitar las piedras que encuentra en el camino, para no tener por amo a quien condenó a su marido, solo desea que vuelva pronto a casa, con su mujer y sus hijos.

Pensando el hoy ya no cree en el mañana, la justicia es para ricos y los pobres no tienen nada, porque las penas son menos penas, si sus hijos tienen pan y aceite para desayunar por la mañana. No hay nada más triste en el mundo que el sufrimiento de los niños, no se puede consentir que paguen los errores que cometen los mayores, son inocentes que solo merecen protección, educación y el amor son la obligación de sus padres y los gobiernos de la nación. Un niño es el tesoro más hermoso de la vida, no tiene que ser motivo de conflicto, su existencia no se tiene que verse afectada por problemas en las relaciones de sus padres. Las enfermedades no perdonan y nadie está libre de padecer alguna, pero cuando es un niño, quien la sufre hay que buscar el remedio aun con más ahínco, para que su sufrimiento sea el menor posible. Hay que darle nuestro apoyo y esfuerzo, para que viva y crezca en un ambiente rodeado de cariño y comprensión. ¿Hay algo más bonito que la felicidad de un niño? ¿Hay algo en el mundo, que merezca más nuestra ayuda y amor? La vida de un niño es lo más importante. Para ellos no hay diferencias en el color, clase social o capital, los niños son lo más importante de nuestras vidas, hay protegerles y cuidarles y sobre todo darles amor, respeto y felicidad. La familia o el estado tienen la obligación de garantizar su educación.

Reseña Literaria (Cecilio Olivero Muñoz)

Pablo Méndez Jaque

Cenicientas o Madrastras

Ilustraciones: Eugenio Rivera

ED. Nuevo Círculo de Lectores, 2022

Nada más lejos de todo tópico afirmar que este libro está bien escrito. Lo está. Pero sobre todo repara en la mujer como protagonista y portadora de secretos desentrañados a través de la grafología. Huelga decir que Pablo Méndez es un gran conocedor de esta práctica, además de un gran conversador.

Es un libro para todos los lectores, hombres o mujeres, que habla de mujeres con cierta relevancia. A través del estudio exhaustivo y pormenorizado de la letra escrita a mano, tanto de firmas como de la escritura de textos, el autor lleva a cabo un análisis desgranando cada virtud, cada defecto, cada característica de su personalidad. Siempre con mucho rigor y respeto. Aunque este libro sea un homenaje a la mujer tanto del siglo XX como del XXI, es un libro que se aparta de cualquier amarillismo cutre e irreverente. No está de más señalar que no es lisonjero ni adulador, son retratos de mujeres emancipadas y liberadas de patrones machistas o conservadores. Es decir, mujeres de nuestra época. Porque eso es este libro de Pablo, un retrato configurado con la palabra, con la grafología y con la agudeza del pintor retratista Eugenio Rivera. Imposible no añadir que se trata de un trabajo redondo.

El libro en cuestión tiene tres partes (o portadillas) la primera: El sitio del corazón; la segunda: La robusta debilidad; y la tercera y última: Un poco más cerca, donde culmina la obra entrevistando a Margarita Salas y a Cristina Almeida. Es importante decir que hace énfasis en dos personas ya fallecidas: Margarita Salas y Almudena Grandes.

El libro es un testimonio gráfico y literario que no dejará al lector indiferente. Pues habla de mujeres importantes, un compendio de mujeres fundamentales pero no infalibles, como cualquier persona. Aunque sí de un interés que del que prefiero no adelantar mucho más, salvo la variedad de personajes femeninos de los que se puede dilucidar mucho.