
Laurandrea Torres Martínez
No contaban con las ondas
Editorial Las afueras, 2026
Eliana rememora los lazos que le han unido con Toni, su amiga de toda la vida. Se dirige a ella, aunque su amiga ya no está presente, ha muerto, la ha asesinado su pareja, y la narradora ha de afrontar entonces un duelo terrible, el de una ausencia que a todas luces le resulta inasumible. Porque «Uno siempre piensa que va a tener más tiempo, hasta que le arrebatan el tiempo y no hay más que quedarse con todo el amor arrumado en las manos», reflexiona Eliana, con todo su dolor y ese sentimiento de culpa que, inevitable, asoma, «No sé qué hice yo», es el grito íntimo y la herida imposible de eludir, tal vez base necesaria de su duelo.
Con un estilo pausado, íntimo, la narradora nos cuenta una vida, la que le une para siempre a Toni, nos describe su amistad desde niñas y el momento de asomarse a la construcción respectiva de sus realidades, a ese poliedro que es al fin la vida de cada uno de nosotros. Pero también nos confronta con el dolor de un hecho que no sólo es la muerte de una víctima, un nombre más difundido en los medios de comunicación, en las crónicas criminales, en los atestados judiciales, lo sabemos muy bien, por desgracia, sino que es sobre todo la repercusión emocional que algo así produce. Esta novela es el relato de lo que no deberíamos olvidar, que una muerte es en gran medida el fin de un mundo, y cuando se trata además de un asesinato, un crimen en un espacio en el que se supone que hubo amor, lo incomprensible hiere entonces todavía más.
De este modo, la escritora colombiana Laurandrea Torres Martínez nos introduce en un hecho luctuoso, uno más de tantos que conocemos y escuchamos con excesiva frecuencia. Puede que estemos ante una historia tipo, con las características de tantas historias parecidas, aunque uno tiende a pensar que no, que cada caso es único, sólo es compartido el horror que nos produce que ocurran todos ellos y un desasosiego entre quienes lo contemplamos a cierta distancia. Es tanto el horror que nos debe causar esta violencia que nunca podemos aceptar que sea cotidiana o doméstica. Todo ello con un estilo que conmueve, preciso y cuidado, propio y universal a la vez.
Con esta primera novela, Laurandrea Torres Martínez nos propone una introspección, un relato íntimo, pero a la vez universal, quizá porque no hay frontera entre la intimidad y lo colectivo. En todo caso, estamos ante una novela muy necesaria en los tiempos que corren, que nos coloca ante una realidad que ojalá nunca conociéramos.





























