Rumba flamenca Vs. Rumba catalana (Cecilio Olivero Muñoz)

RUMBA FLAMENCA VS. RUMBA CATALANA

Para ser buen rumbero hay que centrarse en variadas y distintas disciplinas, como la de palmero, o saber tocar bien los bongos. Ahora se ha incorporado la caja peruana, descubierta en Perú por el gran Paco de Lucía, y digo incorporado, ya que en Cuba tocan a su manera timbal y palillos, pero también hacen percusión con un cajón de los muebles de casa para que suene el guaguancó. 

Se es rumbero desde que se nace, se es rumbero vistiendo, se es rumbero en el sentimiento, se es rumbero porque no hay otra manera de expresarse más bella, ya sea en Ciudad Real, Madrid o Barcelona, La Habana, San Juan o Lérida, Badajoz y Chiclana. Digamos que la rumba, tanto la flamenca o la catalana, beben de las mismas fuentes. 

La rumba flamenca comienza con Los Chunguitos, pero también con Los Chichos, Los Calis, Los Chavis, el Junco, y un largo etcétera. Éstos podemos clasificarlos como parte de la Rumba Flamenca, y como he dicho antes, la Rumba catalana bebe de la misma fuente que la flamenca. 

Existen muchos tipos y maneras de llevar la rumba a cabo, pero la mejor rumba empieza por la guitarra. Son muchos los músicos de Rumba catalana, está el Peret, también Ramonet, el Paló, éstos gitanos provienen del barrio barcelonés de Gracia. Hasta allí que se fue el Gato Pérez a aprender la rumba que entonaban els gitanets; también grupos como Los Rumberos Catalanes, también el Pelos y los Marus, rumberos estos fascinados por el pueblo marinero de Lloret de Mar, aunque estos últimos sean rumba de Los años setenta. También recuerdo la rumba de Pocholos, la simplicidad de Antonio y Aquilino, recomiendo un disco antiguo: Gitanos de Hoy, este disco está un tanto sesgado remarcando a los Tangueros Portugueses, y el Gitano Portugués. Y un gran rumbero es también el Tony el Gitano. La rumba es un género mundial que traspasa fronteras. En Cuba y Puerto Rico se hace salsa que es rumba, también está la guaracha, como también, el antes citado, como guaguancó. 

En Panamá vive Rubén Blades, un músico rumbero con los pies en la tierra. Ha habido salseros rumberos como Celia Cruz, El gran combo de Puerto Rico, Ismael Rivera, Willie Colón, y ya nos vamos a citar al gran Tito Puentes, también hacen sonar a través de la rumba una música de Ida y vuelta. Se rumbea en América y también en España, incluso en Francia, escuchen si no a unos gitanos de raíces catalanas que son Los Gipsy Kings, es un elenco de guitarristas con gran habilidad para muchas guitarras, son verdaderos rumberos los Gipsy Kings, son (repito) un grupo que reside en Francia y en sus vídeos denotan orgullo de sus raíces catalanas y de sus costumbres gitanas. Escuchen rumba, bailen la rumba. 

Recuerdo cuando yo lo hacía en Maggoty. Mi mejor época. Soy rumbero flamenco y catalán y no hay que olvidar a rumberos como el Zíngaro, con sus sonidos arabescos y gitanos más que las gachas. La rumba ahora la escuchan los siempre fieles, como lo son los gitanos, algunos nostálgicos, y se recuerda, la de Maggoty como una etapa gloriosa. Después de Maggoty no hubo nada. Lo bueno de ser rumbero que se diluye con el flamenco y en Andalucía se quedan perplejos de escuchar a artistas que tenemos aquí en Barcelona como, por ejemplo, el Currichi. Ya lo dijo La Perla de Cádiz, Barcelona es trono gitano. También lo dijo Tijeritas en su canción sobre Barcelona, siempre alegre. Rumba en el cine quinqui, rumba en los solares de La Habana, Rumba en Tokyo, Rumba con tambores en verano, Rumba de Manu Chao, rumba por doquier. Se baila en cualquier parte. 

Y la Rumba ya no es lo que era. Se le ha borrado el estigma marginal, que era como una cicatriz en la cara, para engalanarse mucho después de las Olimpiadas del 92. Han tomado posiciones gente como Sabor de Gracia, los patriarcas de la rumba, Gertrudis, Ojos de Brujo, Estopa, Melendy, y etc. No podíamos olvidarnos flamencos del sur, pues hay muchísimos, están Los Ketama, sin olvidarse tampoco de Bambino, un artista en toda regla. Pero bueno, cantar lo que se dice cantar han cantado mucho como dúo Lola Flores y el Pescailla (Antonio González) su particular rumba, ya que Antonio ideó el ventilador (estilo musical dentro de la rumba catalana). También hay que recordar a los Amaya, con sus canciones bien trabajadas, los Amaya han compuesto canciones versionadas por grupos incluso no rumberos. En Andalucía surgió el género flamenco pop, pero de esto ya les hablaré en otro momento. El flamenco pop tiene mucha miga. 

13º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Almudena Sánchez

Fármaco

Random House, 2021

Estamos ante un libro inquietante. No sé si es el calificativo adecuado, pero sí es lo que produce, una vaga inquietud que va en aumento a medida que se avanza en su lectura. A pesar de la ironía, que ayuda bastante a comprender lo que se cuenta. O se narra. A pesar de que intuimos que el final será feliz, de lo contrario no tendríamos el libro entre las manos. A pesar también de que muchos lectores avanzarán por sus párrafos con ansia de comprender un proceso que asumimos que existe y que nos puede ocurrir también a cualquiera, con independencia de las circunstancias de cada cual, buenas o malas.

Almudena Sánchez nos habla abiertamente, sin tapujos, la expresión viene muy al dedo aquí, de su depresión, de ese estado anímico durante mucho tiempo incomprendido, antaño denominado melancolía, y que además, con la pandemia, adquiere una nueva carta de naturaleza: se ha extendido, visible o no, un profundo malestar en todos. La autora nos ofrece una confesión, aunque sin el significado que le da el catolicismo, no hay propósito de enmienda ni petición de perdón, aun cuando en algún momento lo pidiera en la realidad, pero su escritura no lo es. Más bien cumple, creo, con una de las funciones, de los porqués, que se atribuye a esta manía de escribir: comprender(se), incluso poner algo de orden. Busca romper con esa mudez con la que no sólo la autora ha crecido, todos la hemos padecido y la padecemos de un modo u otro, con mayor o menor énfasis.

Estamos por tanto en un relato testimonial que nace, sin duda, de una necesidad, la de curarse también mediante la escritura, pero que al final, una vez desprendido el texto de las manos de su narradora, se vuelve sobre todo útil para el receptor, para el lector, como si el libro, en cierto modo, estuviera concebido a su vez para cumplir con las pautas de la teoría literaria de la precepción. Porque tal vez deberíamos analizarlo no por lo que es en su origen, sino en los efectos que pueda producir en los lectores y en la capacidad de comprensión de un estado de ánimo que se convierte en enfermedad. Y que permite afrontar un tema como el de la depresión o, en general, de la salud mental, con sus estereotipos manidos y el peligro de la estigmatización

Una comprensión facilitada por la literatura. No hay duda de que es la literatura la que permite muchas veces entender la realidad, más que los sesudos estudios analíticos. En definitiva, la prosa literaria convertida en vademécum para aprehender los mecanismos más sombríos de la vida. En este caso, además, hay mucha poética, hay ironía, hay un bello juego del lenguaje, hay dureza también. Ello convierte el relato en un perfecto artefacto, aun cuando rompa con todos los preceptos literarios, que para eso son las reglas también, para infringirlas y romper con lo más aséptico del formalismo literario. 

Reflexiones de una ondjundju-No quiero conformarme-Juliana Mbengono

NO QUIERO CONFORMARME

¿Quién no ha escuchado que para triunfar se debe tener claro lo que se quiere e ir a por todas? 

Antes de entrar en contacto con los círculos feministas y de empoderamiento de la mujer, ya sabía que debo estudiar para ser “una mujer de valor para la sociedad”. Cuando entré en contacto con esos círculos aprendí un poco más: “sólo estudiando sería una persona realmente libre. Tendría un trabajo digno y una vida cómoda. Podría elegir al hombre que quisiera, en vez de conformarme con cualquiera que sea capaz de cubrir mis necesidades más básicas. Sería respetada en la sociedad, etc.” 

Estaba tan entusiasmada con todo lo que me predicaban que, a los 16 años, ya ansiaba cumplir los dieciocho para ser independiente, largarme de la casa de mi tía donde vivía con mi madre y otros parientes, tener un trabajo bien pagado mientras estudio en la universidad y alquilar una casa con el chico guay que yo eligiera. 

Estudiar era la salida que conocía para no ser otra comerciante del mercado Semu que pasa el día bajo sol, se pelea con los clientes y a veces recibe golpes. Era la salida para no ser otra madre incapaz de comprarle leche a sus hijos…. Lástima que no fuera entonces cuando nuestro primer ministro dijo que debíamos aspirar a oficios que nos den de comer al día en vez de pasarnos años en la universidad, me habría ahorrado mucho tiempo.

Asistía a conferencias y presentaciones de libros, me relacionaba con escritores que piensan y hablan, depositaba expedientes en todas partes explicando que aprendo rápido y puedo hacer cualquier trabajo. Durante dos veranos estuve depositando la solicitud de “Trabajo de Verano” en la Oficina Nacional de Empleo; el buen funcionario del ministerio de trabajo nunca me dijo que no me llamarían para un trabajo antes de cumplir los dieciocho, pero me presentó a un señor que conseguía trabajos para chicas en bares y restaurantes, con un salario de no más de 150.000 francos CFA a cambio de un 10% mensual. Cuando empecé a comprar y vender perfumes me sentí en la gloría, estaba “emprendiendo” y eso es lo mejor de lo mejor para ser más libre, hasta que noté que mi rendimiento en los estudios había bajado y muchos de mis clientes se habían vuelto morosos.

A medida que pasaban los años, me daba cuenta de que las cosas no eran tan sencillas como me imaginaba. De hecho, acabo de cumplir veinticinco y sigo en la misma casa. No me han faltado oportunidades para mudarme: he tenido pretendientes y, diría, parejas que me han pedido que me fuera a vivir con ellos; normalmente, es así como salen las chicas de las casas de sus padres. Pero no era lo que yo quería. No quería mudarme a la casa de nadie pudiera echarme a la calle después de golpearme. No quería sentirme mantenida ni obligada a servir a toda la familia de nadie porque dormía bajo su techo. Alguien se preguntará ¿y con qué clase de tíos te has cruzado? Con los mismos que se cruzan todas las que se mueven en los mismos entornos que yo. La diferencia es que para algunas es lo normal; tener hijos y dormir al lado de un hombre que trabaja es todo lo que piden y la verdad es que son muy inteligentes. Otras soportan el maltrato, la miseria y los abusos por tener las necesidades aseguradas. Otras han tenido la suerte de encontrar el amor y lo comparten con alguna que otra amante, lo que cuenta es que “ellas” viven bajo el techo del hombre y la segunda Otra es “la de la calle”. Las no son las relaciones ni la vida a las que el feminismo y el empoderamiento de la mujer me hicieron aspirar; sigo esperando al hombre atento, empresario joven, defensor de los derechos humanos, guapo, romántico, fogoso, educado, enamorado hasta las trancas, moderno, feminista, culto, detallista, negro y con una envidiable melena afro trenzada en rastas que se apunte a bajar el cielo conmigo. Tengo claro lo que quiero y, ya que les hago caso a los gurúes del éxito y el desarrollo personal, no me conformaré con menos.

Tampoco me ha faltado empleo; de hecho, soy quien siempre ha dimitido y nunca ha sido despedida de un empleo. Al principio creí que tenía un problema grave, pero, después de meditar, me di cuenta de que un trabajo de cincuenta horas semanales por un salario de entre cien mil y doscientos mil francos tampoco era lo que quería; aunque no estuviese “cualificada” ni tuviese “experiencia previa”.

Ahora, cuando me aconseja una feminista que se acuesta con los maridos de otras o que está casada con un machista retrógrado, entiendo que se ha conformado y acepto su consejo. Una cosa es la teoría del mundo perfecto que buscamos, otra cosa es nuestra realidad. 

PD: No soy feminista ni aspiro a serlo.