Literatura y realidad-Juan A. Herdi

«Nada nace de lo que no existe». Lo dice Epicuro en su epístola a Heródoto y, como si pretendiera incidir en la visión de las cosas humanas de su destinatario, el historiador griego, añade: «El universo siempre fue tal como ahora es, y que siempre será así, puesto que no hay nada en que transformarse».

Qué duda cabe de que la segunda afirmación deja un poso de fatalidad si la aplicamos a la realidad humana, a la historia de las diferentes sociedades que componen el mundo, y sin duda lo confirmamos si lanzamos una mirada hacia lo que ocurre ahora mismo, a esas guerras que se extienden, no sin los viejos clichés con que se siguen legitimando los genocidios, las tiranías e incluso las actividades turbias de las democracias decadentes, promovidas por los nuevos sofistas y que han persistido, empeño nefasto, como hace bien poco incluso en países desarrollados, cultos y ejemplares, en esta misma Europa orgullosa, por ejemplo, que se erigen en modelo pero que no puede ocultar bajo sus alfombras lujosas el horror de los crímenes habidos.

Nada nace de la nada, todos los efectos tienen sus causas y todas las causas producen sus efectos.

Aunque le pongamos una fachada ornamentada o redactemos discursos elogiosos, intuimos que detrás no hay nada nuevo, «nada nuevo bajo el sol» en palabras atribuidas al Rey Salomón, no muy distantes en su sentido a las del filósofo griego.

Lo aplicamos a cualquier época y a cualquier lugar, no dejamos de sentir en ocasiones que la realidad es una sucesión de causas y efectos sin remedio, eslabones sin más objeto que mantener la cadena de la historia, quién sabe si sucesión sempiterna o dirigida a un inevitable final de los tiempos.

¿De dónde vienen, por ejemplo, las corrupciones y corruptelas que vuelven a ser tema central en los debates políticos españoles, si es que alguna vez se ha dejado de hablar de corrupción en España? Se realizan juicios que afectan a los dos partidos principales en España y se junta a otro, el del Clan de los Pujol, proceso que está debida y sospechosamente silenciado en los medios de comunicación y en las mesas de los tertulianos mediáticos. ¿De qué son efectos tales casos?¿Hay algo connatural a la historia del país?¿Es específica del actual periodo de democracia, una vez asentada la transición, no en vano todos las etapas habidas han acabado con casos escandalosos y se reproducen además en cada comunidad autónoma, con mayor o menor intensidad?¿Podemos remontarnos a otros momentos de la historia reciente del país?

A la espera de una historia general de la corrupción en España, es plausible acudir a una novela cuasi olvidada del escritor catalán Francisco González Ledesma, Los símbolos. En ella vuelve a describir la Barcelona de los barrios pobres, la de la miseria y la de las resistencias, la de los callejones miserables en los que convivían personas muy peculiares, muchos de ellos retratados por el autor, la de los rincones en los que confluyeron revolucionarios, desalmados, prostitutas, ladronzuelos, buscavidas, chaperos, obreros, modistas, taberneros, artistas; por ahí anduvieron también Jean Genet, Víctor Serge o Georges Orwell.

En su novela, González Ledesma nos habla también de la otra cara de la moneda, la de una burguesía vencedora de la guerra y que vuelve a sus negocios, siempre bajo la protección de un Estado, da igual quien gobierne y bajo cualquier régimen, al fin y al cabo todos ellos logran calmar los temores de esa burguesía a los peligros de la revuelta, de la revolución, del caos. Es esa burguesía que gusta presentarse como innovadora, liberal, culta y europea, pero que no le hace ascos, como se refleja en la novela, al franquismo. Se adapta a cualquier cosa para sacar adelante los negocios.

Y por supuesto en la novela la corrupción está presente en forma de acuerdos turbios, de artimañas empresariales, de tejemanejes, de intereses y artificios. Lo descrito en Los símbolos, publicada en 1987, bien pudiera ser la antesala de nuevos negocios realizados hoy.

El autor le confesó a su editor que la novela fue un ajuste de cuentas con sus fantasmas del pasado, los de la posguerra, su forma de poner orden en su memoria, en los recuerdos de esa Barcelona que supo describir a través de sus libros. Pero qué duda de que aquel instante de la ciudad no deja de ser un eslabón más en la historia de la ciudad, del país. Por mucho que hayan cambiado los tiempos y Barcelona sea hoy más bien un parque temático para deleite de turistas y de ejecutivos de las ferias. A pesar también de que se haya querido olvidar esa Barcelona canalla que González Ledesma conoció y describió, o a lo sumo se pretenda presentar como parte del espectáculo actual, por deferencia a artistas e historiadores. Todo sigue teniendo al fin ese aroma a pétalos de rosa de los salones burgueses de toda la vida.

 

De cómo poner una pica en Urano-por Pedro de Andrés

Me preguntan por qué no voy a mandar mi próximo manuscrito a una de las editoriales “tradicionales”. Mi respuesta siempre es la misma: tengo una buena experiencia con ellas, me han tratado bien; atesoro recuerdos de mi paso por algunas, en especial de sus gentes. Pero…, no. Gracias.

No soy ningún experto en el mercado editorial, salvo por lo que me ha tocado vivir. Lo imagino mucho más complejo de lo que aparece a simple vista, como la punta de un iceberg gigante, del que sólo asoma la punta capaz de mandar a pique a un trasatlántico.

Durante años creí —porque así nos lo habían contado— que publicar un libro seguía un camino más o menos recto. Manuscrito, editorial, librerías, lectores. Un proceso lógico, casi artesanal, en el que cada pieza sabía cuál era su lugar. Luego llega la realidad, menos romántica, y te enseña que en ese tablero hay fichas que se mueven solas, casillas que desaparecen y reglas que cambian sin avisarte.

No hay mala intención en ello. Las editoriales hacen lo que pueden con lo que tienen. El mercado aprieta, la oferta es descomunal y el lector es volátil. Lo entiendo, aunque no me resigno a dejarme llevar por la corriente.

Así que, poco a poco, empecé a mirar hacia otro lado del mapa. No fue una intuición, tuve un guía de los buenos: Martin McCoy, un escritor de Basauri, afín en muchas cosas y que me abrió los ojos a un territorio del que se habla mucho y mal, con tópicos que van desde el «ahí publica cualquiera» hasta el «si te autoeditas es porque no vales». Como casi siempre, ni una cosa ni la otra. La autoedición no es una varita mágica ni un certificado de calidad, pero tampoco es el vertedero literario que algunos imaginan desde su sofá de lector.

La autoedición pasa hoy, casi inevitablemente, por Amazon, aunque hay otras plataformas. No es ningún secreto ni es mi plataforma ideal ni el modelo de mundo al que aspiraría un escritor en sus mejores fantasías. Es lo que hay: permite que un libro exista, se distribuya y, con algo de suerte y mucho trabajo, encuentre lectores. Lo tomo como se toma un contrato con el diablo, con el pragmatismo sin entusiasmo de una carrera de fondo.

Publicar por tu cuenta supone asumir tareas que antes, en teoría, delegabas: correcciones, portadas, maquetación, impuestos y una larga lista de pequeños detalles que nadie te explica cuando decides escribir porque «te gusta contar historias». No vale con entregar el manuscrito y cruzar los dedos. La responsabilidad es total. Y también lo es el control. Por otro lado, tanto el esfuerzo creativo como las tareas de promoción van a ser totalmente tuyas, salvo que publiques con una de las “grandes”. Siendo así, alguien tendrá que usar muy buenos argumentos para convencerme de recibir un raquítico 8 ó 10% de regalías cuando por el mismo esfuerzo puedo optar a algo mejor. Bastante mejor.

Por si esto fuera poco, hay algo liberador en saber que tu libro no depende de modas pasajeras ni de cuotas trimestrales. Que no desaparecerá porque no haya vendido lo suficiente en los primeros quince días. Que seguirá ahí, disponible, mientras tú sigas creyendo en él. Eso no garantiza lectores, pero sí dignidad.

Y algo sobre lo que nadie te va a hablar cuando das tus primeros pasos: la distribución. A menudo tuve que escuchar que no podía vender un libro a un amigo de Bolivia porque enviar un libro hasta allí era mucho más caro que lo que valía. Entendible, sí, pero duele igual. Ahora veo, de vez en cuando, que tampoco es cuestión de ponerse medallas, que he vendido un libro en Estados Unidos o… ¡Japón! Impagable.

No me dejé convencer por los comentarios desdeñosos acerca de que la autoedición debiera ser un trampolín, no un lugar para quedarse. Yo lo veo más bien como una trinchera. Un espacio desde el que seguir escribiendo sin pedir permiso, sin justificar géneros, sin rebajar ambiciones para encajar en una colección concreta. Escribir lo que me sale, aunque el planeta elegido sea Urano (para mí siempre será un planeta) y no el centro de la Tierra.

El mercado editorial seguirá cambiando, absorbiéndose a sí mismo, reinventándose o implosionando según le venga al capitalismo. Las plataformas vendrán y se irán. Lo que de verdad me importa es que, mientras haya historias que contar y lectores dispuestos a leerlas, alguien tendrá que ingeniárselas para que ambos se encuentren.

Poner una pica en Urano no es fácil. Quedarse esperando en la Tierra tampoco garantiza nada. 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

GENA Y JOHN

MATRIMONIO Y DESEQUILIBRIO 

 

Sin duda el tándem por antonomasia en la historia del cine estadounidense independiente es la pareja singular entre John Cassavetes y Gena Rowlands. En los papeles que interpretaba Gena siempre había una locura y una rareza que no difería demasiado en la vida conyugal de la pareja. John Cassavetes es la originalidad, es la perseverancia a través de la cámara; su mujer y musa, Gena Rowlands, es sin duda la actriz dotada con sesgo de cordura y de locura. Gena interpretaba papeles de mujer trastornada. Al margen del arquetipo de madre y ama de casa tradicional, actuaba a la perfección con un desequilibrio que conducía a una impronta entre director y actriz protagonista, encarnando la decadencia conyugal. Gena interpretaba la esposa desequilibrada y lo hacía con tanta perfección que emanaba aires de locura profesional. Era grandioso verla conjugar a la mujer en discordancia con la idea que se tenía de mujer estadounidense y esposa felizmente casada en armonía. La relación del matrimonio pasaba por varias crisis, no sólo en las películas en las que Rowlands y Cassavetes ejercían cada uno su labor, sino que eran un matrimonio difícil y totalmente contrapuesto al matrimonio estereotipado obligado a ser una pose en la sociedad norteamericana de los setenta.

 

Era ver a Rowlands actuar y resultaba por completo creíble. Hacía un claro papel de mujer enajenada, con verdadero desequilibrio que proyectaba a la perfección una sociedad aberrante, enfermiza, de pura fachada y maquillaje de apariencia fingida tras un mundo convencional, anodino y demente.

 

En películas como Gloria (1980) o Noche de estreno (1977) Rowlands ejercía una traspapelada función interpretativa con una responsabilidad que llama la atención. Gena es un animal interpretativo, creando en el espectador una ligera idea de lo que John era capaz de transmitir a través de su musa y esposa.

 

 En el film Una mujer bajo la influencia (1974), Gena ofrecía veracidad ante un papel de mujer fatalista y con una locura que hacía creíble al mismo tiempo que se aproximaba al contexto de crisis matrimonial en una sociedad hipócrita y con una doble moral aberrante. Recomiendo el cine de esta pareja de genios. Un matrimonio distinto con diferencias reales, en su vida dentro y fuera del cine, aunque con una filmografía especialmente interesante. Son un singular retrato convincente, un calco de lo que nuestra sociedad moderna oculta tras las trasparencias de la hipocresía. No es de extrañar que esta pareja creara unas películas que ponían de manifiesto la verdadera razón de la América infeliz, con un cierto interés en aparentar un mundo falso que llevaban a extremos de verosimilitud.  Los clichés tan profundamente originarios de una familia blanca y de clase media en un mundo completamente sesgado hacia la más absoluta inercia de la cáustica matrimonial. 

 

No dejen de ver cine de estos dos monstruos de la historia del cine independiente. Quiero recordar otro título dirigido por el hijo de esta pareja. Nick Cassavetes, la película en castellano se hace llamar El Diario de Noa (2004) donde Rowlands hace un papel magistral. En inglés la película se titula (The notebook) y Argentina, México, Chile y Venezuela se titula (Diario de una pasión) donde se puede ver al hijo de Cassavetes poner sus apellidos a una cima que no deja indiferente a ningún seguidor de esta familia de creadores. Altamente recomendada para aquellos que sufran la enfermedad de Alzheimer a quemarropa. 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Una historia verdadera (1999)

David Linch

 

Estamos ante algo más que una simple road-movie. La película nos resulta tierna sin ser por ello empalagosa, no cae en la cursilería, siempre con los sentimientos a flor de piel. Debido a los hábitos alimenticios y otras martingalas, el protagonista entiende lo corta que es la vida y lo fácil que es hacer el bien por los demás, pero aún más por nosotros mismos. Ese es el primer paso de una cadena de acontecimientos que va en aumento a medida que avanza la película.

 La sinopsis en sí es muy sencilla y simple. Este anciano se entera de la convalecencia de su hermano menor y para encontrarse con él recorre un largo territorio montado en una cortadora de césped. Viaja con lentitud, con parsimonia, hecho que da lugar a la aventura en el trayecto, ya que la historia no está en el destino, sino en el camino.

 Este hombre acaba entendiendo lo corta que es la vida. Y se decide a hacer este viaje, sin importarle la lentitud, para ver a su hermano, para saldar cuentas frente a un pasado del que tiene remordimiento. En la película suelta una perla definiendo su juventud. Toca el corazón cuando un tanto resignado, asume que ya pasó su momento.

El desarrollo de la historia se va desenvolviendo justamente pueblo a pueblo, milla a milla, y desde el primer momento intuyes que va a ser una película de las que emocionan. De las que dejan huella. De las que nos muestran la cara redonda de la vida desde la telúrica idea de que todo el mundo es bueno, y que hay esperanza en la humanidad.

También es un espejo frente a otro donde se cuenta una historia que tiene que ver con la sociedad moderna, donde se retrata un oropel caduco y no falto de costumbrismo de la vida real, a veces edulcorada por un Hollywood de largometrajes vacíos de emociones.

Pero cabe reseñar el viaje, que es lo interesante de la trama urdida con gran exigencia actoral. Se descubre que toda la aventura en su intenso viaje por la Norte América profunda es un descubrimiento para el espectador, ya que contiene un cálido homenaje que recae en una bonita historia que se va hilvanando pueblo a pueblo, anécdota en anécdota y personaje a personaje dejando una huella con una impronta humilde y veraz, recayendo en la fuerza expresiva de cada actor y, por ende, en cada personaje en sí. Se muestra una profundidad poética de la sociedad, siempre absurda donde no predominan los sentimientos ante la vorágine del vivir.

Cabe mencionar un diálogo en el que se habla de un incidente de la segunda guerra mundial que deja su hiel en las almas en pena de la Norteamérica combatiente.

Es a la vez, una poesía posmoderna de la que te emociona en los detalles más inesperados. Con ella te das cuenta de que la vida es breve, que debes dejar tu orgullo y entregarte al amor por esa misma razón, al amor entre todas las cosas de la vida. Debes de mirar la vida con la parsimonia de un viaje lento en el que la verdad no está en el destino, la verdadera esencia de la vida está en la suma de personas que vamos encontrando a lo largo del camino.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La isla interior (2009)

de Dunia Ayaso

y Félix Sabroso

Tres hijos sufren la herencia de sus padres. Les afecta una tara psicológica, aunque eso no quita que tengan las mismas preocupaciones, satisfacciones o carencias que cualquier padre. Con un excelente reparto —Alberto San Juan (Martín), Candela Peña (Coral), Cristina Marcos (Gracia), Celso Bugallo (Juan, el padre) y como madre Geraldine Chaplin (Victoria)—, este filme es tan sugerente como también desgarrador. Estamos ante un suspense/drama que exterioriza muy bien lo que una enfermedad mental supone y puede ocasionar, no solo para los progenitores, sino para los hijos como víctimas de la descendencia injusta que éstos sufren.

Tener una enfermedad psíquica es algo complejo. Y por ese gran esfuerzo, tanto en la interpretación como en la credibilidad de estos grandes actores, incluidos los actores secundarios, que realizan una película que no dejará al espectador indiferente. Pero más complicado es para los personajes su rutilante día a día. Es importante recalcar que los actores logran que cada personaje sea creíble, llevándolos a un estrato más allá de la interpretación, porque se sumergen en el abismo de cada uno de ellos. Si la valoramos mediante el estigma sufrido, esta película no deja cabos sueltos. El estigma que sufre toda la familia se exterioriza y se interioriza. Es como tener miedo a su actitud en la que ellos mismos tienen como comportamiento una debilidad y una personalidad que los hace frágiles, ya que les ocasiona descrédito y miedo a los tres hijos por igual, y la culpabilidad del padre les muestra el lado oscuro de la enfermedad.

Los actores realizan un trabajo interpretativo excelente. Es una interpretación tan profunda la que llevan a buen puerto que a veces la ficción supera la realidad. El dramatismo de los cinco protagonistas es sugerente y embaucador, es arriesgado y verosímil. A pesar de lo que trasmiten el elenco está totalmente compenetrado. El personaje de Victoria posee una angustia un tanto optimista, debida a que ama y entiende a su marido enfermo. Sin embargo, el padre, a pesar de su enfermedad psíquica (esquizofrenia) denota preocupación por sus tres hijos. Son padres que viven alternando el bienestar como progenitores con el hecho de ser felices pese a sus limitaciones, hecho que tanto al padre como a la madre los acondiciona tanto que estos crean un atisbo de familia disfuncional creíble.

Huelga decir que, aunque los hijos finjan una inclinación de ser padres, o tener pareja, a veces es preciso evitar serlo, porque ese anhelo se convierte, o puede convertirse, en una total pesadilla. Ninguno de los hijos del matrimonio es apto para tener hijos. Y la cinta plantea problemas de identidad que son especialmente oscuros ante la posibilidad de una vida aparentemente feliz.

Cabe destacar los personajes de los hijos tan marcados, y subrayo en especial a Martín (Alberto San Juan), profesor de literatura y escritor, como el personaje más elaborado de la película. También es destacable el personaje de Coral (Candela Peña) que interpreta un papel con gran deleite de matices en su capacidad como la gran actriz que es, llevando a consecuencias extremas el hecho de ser señora de la limpieza y amante del marido/jefe a la vez. También cabe destacar el personaje de Gracia (Cristina Marcos) en los que cabe resaltar su interpretación en su labor como actriz de una serie, como en el papel de hija y enferma psíquica, lo que indica su gran versatilidad actoral.

No dejen de ver esta película, tanto si son enfermos psíquicamente como si no.

 

 

 

 

 

 

Cinefilia-por Cecilio Olivero Muñoz

The Hours, Las Horas

2002

Dirección: Stephen Daldry

Adaptación de la novela

de Michael Cunningham.

 

 La sexualidad es algo muy personal. Y también púdico, tanto que muchas veces tendemos a autocensurarnos por el qué dirán. La autocensura es un lastre que nos condiciona y nos encamina hacia una crisis tan afectiva y emocional que muy pocas veces salimos indemnes.

Vivir de las apariencias es un error tan sumamente perjudicial que nos desangra la existencia para dejarnos morir mientras la vida nos pasa. Se debe ser valiente por y para afrontar la opinión de las personas equivocadas y necias. La vida es un cúmulo de padecimientos que nos mella las libertades básicas. Y si nos sentimos cohibidos y carentes de amor propio de cara a la galería, por mera fachada, acabaremos por engañarnos, y eso es un preámbulo nocivo para nuestra autoestima.

Esta película trata de tres tipos de mujeres. De mujeres sufriendo una carga emocional que las relega a la frustración irremediablemente; de hombres paridos por mujeres que sufren por estas mujeres sin ellas pretenderlo; y de hombres que viven un autoengaño del que son partícipes como en un castillo de naipes frágil y vulnerable, que la sociedad de hoy y no demasiadamente antaño, les impone de manera aberrante y escandalosa subrayando su ignorancia.

Tres mujeres al unísono se enfrentan a una causa estéril en la sociedad moderna. Desde tiempos decimonónicos hasta la vida actual en sus circunstancias. Una de ellas es Virginia Woolf; las otras dos, personajes al uso como un río donde desembocan las circunstancias de una manera lésbica de vivir que tiene connotaciones adversas. Tanto para sus parejas como para sus descendencias.

Estas mujeres que eligen una vida equivocada por contentar a una sociedad errónea, falsa, equivocada, prejuiciosa e hipócrita también, son un caldo de cultivo del que no saldremos ilesos, y así perjudicamos a aquellos que nos quieren. Sobre esta película hay un clarísimo mensaje, ya que es un drama en tres épocas distintas. La trama se sustenta en las relaciones lésbicas y sus resultados caóticos, cuando, en contra de lo que la sociedad impone, y llevando una vida fingida y artificial, se agazapan matrimonios en unas vidas a contrapelo. En unas vidas que están totalmente vacías.

La cinta, repleta de buenos actores, Nicole Kidman (galardonada con un Oscar), Meryl Streep y Julianne Moore, refleja personajes que viven vidas tóxicas y nocivas porque aman, porque tienen sentimientos, porque se entregan a contracorriente de lo que ellas realmente ansían.

Dicen que la bondad de una película es un ingrediente aportado por el guionista; otros dicen que es tarea y éxito del director; otros piensan que está en el montaje. Pero yo creo que lo que importa es el guión. Sin un buen guión confeccionado con tesón y cuidadosamente elaborado la película no funciona. Vean esta película. Digiéranla y saquen sus propias conclusiones, comprobarán que no les deja indiferentes.

 

 

Enciclopedia de Nekhdoum-Por Roberto M. Baldoiz

El Ars Memoriae: Jardín Interior y Arquitectura del Pensamiento

  • (Extracto del Compendium Sophiae Aeternae, Fascículo XII: De los Instrumentos del Intelecto. Edición Crítica del Códice de Alejandría, 195 P.C.D.)
  • La Memoria no debe ser considerada un mero archivo de hechos acaecidos, ni un espejo pasivo que refleja el tiempo pretérito. Es, en verdad, un territorio vivo, un paisaje psíquico donde las ideas germinan y los recuerdos se ligan indisolublemente a las potencias de la Imaginación. El Arte de la Memoria, o Ars Memoriae, no es una técnica moderna de retención; emergió en la antigüedad clásica como un método para sacralizar la mente, transmutando la abstracción en imaginería fija y el conocimiento volátil en estructuras cognitivas palpables. Es la Alquimia del Intelecto que destila la experiencia en sabiduría y eleva la Memoria al plano de la Creatividad.
  • Más que un conjunto de preceptos mnemotécnicos, el Arte de la Memoria constituye una Filosofía Aplicada: una forma de habitar el pensamiento y de edificar un Espacio Interior donde el alma puede transitar, donde cada registro se transmuta en símbolo y cada símbolo deviene un faro que ilumina las facultades superiores de la razón y la fantasía.

I. Gnosis Fundacional: Maestros y el Método del Loci

  • El Ars Memoriae traza su génesis a la Hélade clásica, donde oradores y pensadores (entre ellos Cicerón y el Estagirita) entendieron la Memoria no como una potencia pasiva, sino como una fuerza activa, arquitectónica y demiúrgica. La consideraron un jardín que el intelecto podía cultivar, clasificar y ordenar. La Memoria, afirmaban los sabios, no solo evoca; teje conexiones y establece relaciones inter-ideales, forjando así un Mapa Cognitivo del saber.
  • Posteriormente, en la República Romana, oradores canónicos como Cicerón y Quintiliano revelaron el Método del Loci, o «lugares de la memoria». Bajo este precepto, los contenidos del conocimiento eran dispuestos en ubicaciones imaginarias: estancias mentales, templos o paisajes simbólicos de la mente. Cada elemento, cada imagen singular, se convertía en un signo evocador, catalizador de un concepto complejo. La Memoria se transfiguraba, pues, en Arquitectura, y el Pensador en el Arquitecto de su propia Alma.
  • Este enfoque trascendía lo puramente utilitario o retórico. Era un acto de estética y de ética intrínseca: la organización del acervo mnémico era equiparable a la organización de la vida misma. Cada espacio interior construido por el intelecto reflejaba su capacidad de discernimiento y su armonía moral.

II. La Memoria como Territorio Poético y Principio Simbólico

  • En la práctica del Arte, los recuerdos no deben flotar sin anclaje; requieren un contenedor, un Thesaurus mental. Por ello, la tradición imagina Palacios Interiores, Jardines Herméticos, Templos Axiomáticos y Rutas Simbólicas donde el pensamiento encuentra reposo. Cada Imagen es un símbolo, y cada símbolo, una llave para la comprensión profunda.
  • Esta arquitectura interna posee resonancias esotéricas: es un ecosistema de la mente, un crisol donde la imaginación se intersecta con la gnôsis. Un orador podía recorrer estas estancias mentales, desplegando sus argumentos con precisión geométrica y belleza formal, cual maestro de obras que conoce cada piedra y cada silencio de su construcción.
  • Más allá de la mera utilidad forense, esta disciplina nos conmina a considerar la Memoria como un territorio poético y sagrado. Cada recuerdo, cada axioma conceptual, se convierte en un ladrillo en el camino de la reflexión, en un árbol que ofrece la sombra para la contemplación, en una escultura que revela la armonía oculta del pensamiento.

III. La Transmutación Medieval y el Misticismo Renacentista

  • Durante las Edades Oscuras, el Ars Memoriae experimentó una Transfiguración, adoptando dimensiones de ascetismo y misticismo. Órdenes monásticas y escolásticos lo emplearon para la retención de los Cánones Sagrados y las doctrinas filosóficas. Se forjaron sistemas complejos de Emblemas y Símbolos que integraban la Astrología, la Alquimia y la Numerología, de tal suerte que la Memoria se convirtió en un Espejo del Macrocosmos.
  • En el Renacimiento, Maestros como Giordano Bruno expandieron audazmente la técnica hacia la creación artística y la Filosofía Hermética. Para Bruno, la Memoria no era solo un instrumento de retención; era la herramienta por excelencia para explorar la infinitud del Universo interior y exterior. Sus Palacios Mentales eran laberintos de signos, reflejos del cosmos y mapas cifrados de la mente humana.
  • El Arte de la Memoria no solo custodiaba la información; se convertía en una vía de contemplación, un alambique de la creatividad y un camino hacia la trascendencia, afirmando el postulado de que el orden interno del pensamiento es inseparable del orden moral y estético del Ser.

IV. Epílogo Contemporáneo: El Jardín de la Imaginación

  • En la era moderna, el resguardo del conocimiento ya no depende solo de técnicas arcanas. Sin embargo, el Principio Esencial persiste: la Memoria cultivada y estructurada es la fuente inexorable de la creatividad. Artistas, escritores y científicos recurren, a menudo de forma inconsciente, a la misma arquitectura mental de los antiguos: imágenes, metáforas, símbolos y estructuras internas que facilitan la conexión de ideas, la génesis de soluciones y la edificación de narrativas.
  • En la alta literatura, los recuerdos se organizan como paisajes arquetípicos: mundos internos que reflejan la psique del autor y establecen una resonancia profunda en el receptor. En la ciencia especulativa, los modelos conceptuales, diagramas y taxonomías cumplen la función de hacer tangible lo intangible, de construir un Espacio Mental donde el pensamiento se mueve con libertad geométrica.
  • Desde la Edad Antigua el mundo se ha ensanchado, y la necesidad de salvaguardarlo apropiadamente y hacerlo inteligible ha requerido desarrollar el arte de la construcción mental, de la edificación de palacios, ciudadelas y civilizaciones enteras en las que codificar todo lo conocido, quizá oculto en inocentes marcas de cantero.
  • La Memoria, en conclusión, es un jardín interior que trasciende la utilidad material: es espejo del cosmos, puente entre la condición humana y lo eterno, y armónica arquitectura el alma.
  • Pasadizos, escaleras a ninguna parte, pasillos ciegos… Palacios, dentro de palacios, dentro de palacios… Cuántos, sin embargo, vagan aún perdidos en sus propias geometrías malogradas, ignorantes del Arte para trazar la ruta. 

Cinefilia-Por Cecilio Olivero Muñoz

Una Pura Formalidad

1994

Giuseppe Tornatore

 

 

Un escritor llamado Onoff es detenido en una noche lluviosa en la campiña francesa tras haber asesinado a una mujer. Es capturado por los gendarmes y llevado a una especie de castillo en las montañas. El inspector que lo interroga al averiguar quién es el tal Onoff descubre que es un escritor afamado por él leído. El interrogatorio se convierte en una narración en sí repleta de recuerdos y flashbacks a través de un interrogatorio a dos bandas, en un diálogo interesante el inspector le muestra la contradicción a la cual estamos inmersos. Hay elementos metafóricos que aluden al oficio de escribir y lo que esto supone. Está claro que este escritor ha cometido un delito. La película da un giro copernicano en su final. El comisario indagando en las pesquisas del asesinato, ya que se sabe que el protagonista ha matado a una mujer, al final resulta evidente que es llevado a la cárcel.

Cabe advertir al público lector que no es por casualidad el nombre de Onoff, ya que lleva implícito algo más que el apagado-encendido de un artefacto; el apelativo es una dicotomía existencial que desemboca en lo que significa el nombre en sí. Entiendo que el nombre es una característica entre la dualidad del personaje protagonista y lo que este significa. La dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la noche y el día. Es un enfoque donde se contempla al ser humano dentro de una bipolaridad ante esta metáfora evidente.

La cinta es un thriller con alto suspense llevado al teatro y a la gran pantalla. Tornatore nos plantea una metáfora visual rica en detalles como el tiempo adverso que hace en una noche lluviosa. También el cepo que está en los contornos de la comisaría es un elemento metafórico y persuasivo, es un excelente símbolo de que es imposible escapar de la metafísica de la vida. El elemento de la leche caliente es de un simbolismo bastante atractivo. También ocurre que tras haber encontrado una mancha de sangre en su camisa cuando está lavándose en el baño lúgubre de la comisaría es un punto de no retorno, ya que lo intenta destruir y hacerlo desaparecer, pero al ser una tarea imposible acaba comiéndolo.

Otro elemento característico es el ambiente de tormenta y las goteras que tiene el obscuro castillo. Ya que llueve adentro y llueve, como es lógico, también afuera.

Al comienzo, el protagonista se revela contra la autoridad, y se contradice constantemente. Pero al paso de la cinta y la confianza hospitalaria que el comisario (Román Polanski) le ofrece al interrogado se le suelta la lengua.

Al final de la película descubres que nada es lo que se esperaba. Ya que todos pasamos por un interrogatorio a lo largo de nuestras vidas, pero muy pocos pueden omitir las culpabilidades de nuestros errores. Es nuestro deber o no eludir a la justicia, aunque el destino sea lluvia y frío, aunque no imaginemos lo que el destino nos tiene preparados. La vida es como las olas del mar. Aparece una ola y segundos después aparece la siguiente igual e idéntica.

 

 

Reseña literaria-por Juan A. Herdi

Carmen Martín Gaite

Todos los cuentos

Debolsillo / Siruela, 2025

 

Ya podemos afirmar sin ningún reparo que el cuento literario o relato breve goza en España de buenísima salud. No sólo hay un enorme número de cultivadores tanto en castellano como en las otras lenguas estatales, sino que una gran parte de las editoriales ya le prestan la atención debida, incluso hay alguna que se ha especializado en el subgénero y también se publican recopilatorios de los cuentos completos de no pocos autores, tanto españoles como extranjeros.

Este es el caso de una de las escritoras más interesantes de nuestra historia literaria, Carmen Martin Gaite, que pertenece a una generación de autores que incidieron en el cuento y le dieron además una verdadera carta de naturaleza. Medardo Fraile, que sólo escribió relatos breves, o Ignacio Aldecoa, por destacar a los dos cultivadores principales, fueron compañeros suyos de generación, justo cuando empezaban a llegar a España los escritores latinoamericanos que dieron el espaldarazo definitivo al cuento en el país. De allí que les tengamos que agradecer también a ellos su aportación, así como a otros escritores que, como Manuel Andújar, en el exilio, se dedicaron a la escritura de relatos breves brillantes que hemos de reivindicar y que sin duda tienen que volverse a publicar y conocerse en España.

En este volumen, editado y prologado por José Teruel, tenemos todos los relatos de Carmen Martín Gaite, tanto los de juventud, aquellos con los que comenzó su trayectoria literaria y que publicó en revistas como Trabajos y Días o Revista española, como los que publicó en volúmenes destacados y aquellos que continuó escribiendo hasta el final de su vida.

 A través de su lectura, reconocemos las diferentes etapas de la escritora. Pues estamos ante una autora que supo moverse por una variedad enorme tanto formal como temática. Desde el neorrealismo hasta la imaginación desbordante, sus relatos se renuevan y avanzan por las temáticas que reconocemos también en sus novelas y también en sus textos sobre hábitos y costumbres del país. Apreciamos también ese gusto por el detalle, algo que convierte a todo cuento breve que se precie en una verdadera joya.

Estamos en definitiva ante un volumen imprescindible que todo lector de Carmen Martín Gaite apreciará sin duda y que puede ser también una buena introducción para quien no haya entrado aún en las páginas de una de las grandes escritoras españolas.

Enciclopedia de Nekhdoum-Por Roberto M. Baldoiz

COSMOGONÍA: El Verbum Originis y la Memoria Inmanente del Cosmos

(Extracto del Liber Totius Sapientiae, Volumen I: De las Causas Primeras. Capítulo: El Acto de Separación.)

Desde la aurora de la conciencia, el hombre ha dirigido su mirada al vacío pretérito, anterior a cualquier forma, preguntándose por el origen y la causa primera. El mito de la creación, o Verbum Originis, nace de esta contemplación primordial: no es un registro histórico de eventos, sino una narrativa simbólica forjada para ordenar el caos, conferir sentido a la Existencia y codificar la relación ontológica entre el espíritu humano y el universo.

Más que meras fábulas, estas historias fundacionales operan como manifestaciones reveladas del pensamiento universal. Cada civilización edificó su propia cosmogonía, su propio espejo del cosmos, pero todas comparten la intención suprema: transmutar lo desconocido en un espacio inteligible, donde la vida y el mundo adquieren coherencia.

El mito de la creación es, en esencia, una meditación poética sobre la memoria del cosmos, un intento de trazar las líneas que conectan la materia elemental con el principio espiritual, la naturaleza fenoménica con la conciencia reflexiva, y la flecha del tiempo con la esfera de la eternidad.

I. Las Tradiciones del Nun: La Separación del Caos Primordial

En los grandes crisoles civilizacionales (Mesopotamia, el Kemet egipcio, la Hélade y la India Védica), los mitos describen invariablemente un mundo que emerge de la indiferencia primordial, entendiendo la palabra “indiferencia” en el sentido de indiferenciación. En la tradición Sumeria, los dos principios (Enki y Nammu) dan forma al Universo a partir de las aguas iniciales; en la cosmogonía egipcia, Atum se erige sobre el Nun (el Océano Primordial) para manifestar a los dioses; en la Hélade, el Caos preexiste al Kosmos organizado por las fuerzas telúricas (Gea) y celestes (Urano). El Caos, que fue lo primero que existió, era concebido por los griegos como una grieta, como un espacio ahuecado y desgarrado de sí mismo que sólo así permitiría la existencia de todo lo demás, o como una boca abierta.

Estas narrativas no solo articulan los fenómenos de la naturaleza; proveen un marco moral y estético instruyendo al hombre para discernir el orden y la armonía en medio de la confusión inherente al mundo sensible. El acto de la creación, según estas tradiciones, es una mímesis del pensamiento divino: separar, organizar, nombrar y comprender. El mito refleja la capacidad humana de imponer sentido sobre la incertidumbre y de transmutar el caos en la belleza del cosmos.

II. Arquetipos del Origen y la Dualidad del Pensamiento

La estructura de los mitos fundacionales utiliza símbolos arquetípicos y universales: el Agua como sustancia de origen, la Tierra como matriz de la manifestación, la Luz como principio de la Conciencia, y el Cielo como principio del orden. Cada elemento opera como un arquetipo, evocando ideas inmutables sobre el ciclo de la vida, la muerte y la naturaleza.

Por ejemplo, el acto de separar el cielo de la tierra simboliza la dualidad inherente al pensamiento humano: la tensión entre lo material y lo espiritual, lo temporal y lo eterno. La creación de los primeros seres refleja la necesidad de dar forma a la gnôsis y al lenguaje articulado, mostrando que el mundo fenoménico y la mente se crean mutuamente en el acto de nombrar, en la acción trascendente de pronunciar los nombres verdaderos de las cosas.

Estos símbolos persisten en las Artes Mayores, la literatura iniciática y la filosofía esotérica. Cada cultura, aunque diversa en su expresión, revela un mismo impulso creativo: descifrar el Origen, codificarlo y transmitirlo, manteniendo activa la memoria cósmica a través de imágenes, ritos y la invocación de la Palabra Sagrada.

III. El Verbum como Imperativo Ético y Armonía Ontológica

Más allá de su valor narrativo, las cosmogonías instruyen que el acto creador está indisolublemente ligado a la ética y la sabiduría. Crear implica discernimiento, orden, y una responsabilidad con el equilibrio: el creador establece límites, define la proporción y otorga un sentido teleológico.

En numerosas tradiciones, la creación no es un acto arbitrario. Cada ser, cada elemento, cada orden en el cosmos refleja una armonía preestablecida, en detrimento de cualquier libre albedrío. La humanidad, en este caso, es conminada a respetar ese orden y a mantener la coherencia entre su acción y su existencia, resignándose y sometiéndose al designio universal y al eterno retorno de lo incomprensible.

IV. El Vacío Creador: Un Origen Mitológico Común

A pesar de la deslumbrante diversidad de panteones y narrativas heroicas que pueblan las mitologías humanas, existe una convergencia profunda en la concepción del origen universal: la intuición de un vacío primordial desde el que surge toda la existencia. Desde el Ginnungagap nórdico, abismo que precede a la creación, hasta el Nun egipcio, el agua caótica y oscura de la que emerge la primera tierra, o el concepto del Caos griego, un espacio vacío e ilimitado, innumerables culturas conciben el universo emergiendo de la ausencia. Este «vacío creador» constituye la matriz universal, un estado de potencialidad infinita preexistente al primer acto divino. Si bien los diferentes mitos y dioses concebidos por cada civilización —creados a imagen y semejanza de cada una de ellas— difieren radicalmente entre sí, el punto de partida cósmico se intuye como un denominador común: la manifestación de la luz, la forma y el orden a partir de la inmensidad informe y vacía.

El Ginnungagap, el Nun o el Caos eran umbrales. En particular, el Caos se concebía como un desgarro, una hendidura o una boca. Lo que salió de ella, por tanto, ya no era el Caos. Era la narración del mundo o el fondo cósmico de microondas; o el nombre pronunciado de las cosas o el vagido susurrado de lo que deberían ser; o quizá sólo el bostezo de un demiurgo.

Nada de eso importa. Lo que debe tenrse en cuenta es que todas las culturas humanas coinciden en que hubo un Origen, y que ese origen era la Nada. Y que de esa Nada salió todo lo que es y existe.