Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Marta San Miguel

Antes del salto

Libros del Asteroide, 2022

 

Una mujer se traslada casi un año a Lisboa con su familia por razones laborales. Ese paréntesis en su rutina le va a suponer confrontarse con su vida entera, una reflexión a todas luces intimista que le obligará a cruzar significados entre lo real y lo posible, a tener que explicarse lo irreversible, a enfrentar lo tangible y lo tópico. Va tomando conciencia, lo afirma en un momento dado, de que el mundo es en gran medida una ley física sostenida por sus contrarios.

Descubrir Lisboa le va a permitir también reconocer el desdoblamiento que hay en toda realidad: la ciudad contiene otra ciudad paralela a la oficial. Ocurre lo mismo sin duda con la vida, que enfrenta lo aparente con lo que hay detrás de lo más tópico, no siempre coincidentes, como no lo son las normas con los usos, el recuerdo y la vivencia del presente, la evocación y los sentidos a flor de piel. Pero va a ser el detalle aparentemente secundario producido por el olvido de añadir una foto a su equipaje, la del caballo con el que practicó salto durante un periodo de su vida, lo que va a desatar una profunda reflexión vital. De este modo, la equitación, la práctica del salto y el propio caballo se vuelven símbolos de este estar en el mundo, en un ejercicio introspectivo tan útil como necesario.

El resultado es esta novela en apariencia sencilla, construida –casi cosida– a retazos, a golpe de recuerdos, evocaciones y descripciones, tras lo que hay un ejercicio de introversión y de asombro ante lo más cotidiano, que es también lo más importante, porque es allí donde todos nos situamos y de este modo la narradora nos va presentando de un modo poético y experiencial las conclusiones de su mirada renovada del mundo.

El lector, sin duda, quedará atrapado por esta secuencia de reminiscencias vitales que son como píldoras emocionales y reflexivas. No quedará indiferente, tampoco distante. Al final algo nos indica que lo que se cuenta en esta novela, la primera de Marta San Miguel, quien había publicado hasta ahora poesía y ensayo, es algo que nos afecta de forma irremediable y nos despierta no pocas cavilaciones sobre nuestra propia vida.

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Alejandro Morellón

El peor escenario posible

Fulgencio Pimentel

 

Asumimos la realidad cotidiana porque es lo que tenemos más cerca, a lo que nos hemos habituado y lo que siempre hemos vivido con un halo de normalidad (¿normatividad?). Pero a todas luces todo lo que nos rodea, nuestra propia vida, contiene elementos por los que se cuela no poca irracionalidad, un alto grado de absurdo, un sinsentido que, al final, habremos de asumir y del que tomaremos plena conciencia más pronto o más tarde. Sólo es necesario confrontarse a ello.

Y qué mejor espejo que la literatura para darse cuenta de lo que hay.

Porque es eso justamente lo que nos revelan los once relatos de este libro que comentamos, una verdadera colleja emocional para el lector que va a descubrir entre sus líneas todo ese desgarro irreversible que supone lo real, nadie va a quedar ajeno porque al final todos tenemos nuestros recovecos donde ocultamos algo tremendo, como la pareja de oncólogos de uno de los cuentos que encubren otra vida, a todas luces menos amable, detrás de los muros de su cómodo hogar, o descubriremos, como le ocurre a un personaje de otro relato, ese sentimiento de darle la espalda a parte de sí mismo. Porque a menudo la existencia es extraña y paradójica.

Quizá no sea posible huir de lo que viene anunciado en las múltiples arrugas y brechas de lo real, lo que produce temor, un miedo que es anterior al hecho en sí, por mucho que se busque un sentido lógico a lo que sucede.

Narrados con una plasticidad enorme, con tono lírico, Alejandro Morellón nos enfrenta al apocalipsis, al caos ordenado, todo ello como si nos lo advirtiera el furby del primer relato, lo que crea no poca incomodidad, la misma que sienten los seres estrafalarios que habitan una extraña galería y que parecen dialogar consigo mismo, en busca de su propio sentido. El autor lleva al extremo las situaciones, pero deja entrever que bien pudiera ocurrir cada línea de lo que se narra en la vida misma, no sería al fin tan extravagante, y por tanto el absurdo lo descubrimos al enfrentarnos a toda circunstancia recogida en cada cuento, pero también en la realidad que nos rodea, en cada detalle y que vemos con una normalidad tan pasmosa como sorprendente. Por lo demás, nos deslumbrará por su estilo acertado, brillante, creando siempre una atmósfera manifiesta, intensa, imposible ser ajeno por tanto a lo que se nos cuenta y a la manera en que se nos cuenta.

No en vano, el primer relato del volumen, «Pájaros que cantan al futuro», obtuvo el Premio Ignacio Aldecoa de cuentos en castellano, en su quincuagésima edición, sin duda una buena carta de presentación.

 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Sol Linares

No todos los cíclopes nacen ciegos

Menoscuarto Ediciones. 2022

 

¿Contienen las células algo más que la información física del mundo?¿Incorpora la genética los errores humanos, los pecados inconfesables, también los éxitos, las emociones y las alegrías?¿Son los sueños una cadena de recuerdos del inconsciente?¿Acaso los mitos no poseen tanta veracidad como la ciencia, aun cuando sean formas diferentes de aproximarse a la vida?

Son preguntas que, entre otras, se plantearán los lectores a medida que se enfrentan a esta historia, que si nos la cuentan de otro modo resultaría quizá demasiado metafísica, pero que narrada como lo está nos va atrapando a medida que avanzamos en su lectura. La escritora venezolana Sol Linares teje un hilo con materiales provenientes de la mitología y la genética, también de la literatura, trenza palabras, genes e ideas, y el resultado es una novela que nos remueve hasta los tuétanos, que nos confronta a nuestro propio linaje, cada uno el suyo, con sus sorpresas, sus zonas insospechadas, sus terrores, y a esa herencia que forma parte de una identidad cuyos límites no podemos definir muy bien.

Es todo eso lo que relata la narradora, Flora Rodríguez de Mazzarri, doctora venezolana invitada por una universidad italiana, a sus contertulios en un hotel de Sicilia, a la vista del Etna, su acercamiento a la medicina, más en concreto a la genética, promovido sobre todo por ese primo que nace deforme e imposible para la vida, sin que la científica llegase a decantarse tras el descubrimiento si aquel cuerpo era una profunda confesión de los monstruos contenidos en la sangre o si, por el contrario, ese cíclope mantenido en un bote pertenece a la saga de Poseidón.

Obsesionada por la figura de ese feto, acude a la ciencia, al mito, a la literatura y a la historia para dar al final con una respuesta en el pasado familiar a todas luces tremenda, turbadora, desasosegante, pero que requiere de una enorme capacidad de clemencia y reconciliación con el pasado, tanto da que sea lejano o más actual. La novela, en tono confesional, narrado a la manera de esas confidencias a las velas de una sobremesa, se vuelve una metáfora de tantas situaciones de las que este texto puede convertirse en espejo. Sin duda, no dejará imperturbable a nadie, porque a todos nos confronta de un modo u otro a esas sombras que percibimos en nuestras propias vidas.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Antonio Maestre
Los rotos.
Las costuras abiertas de la clase obrera
Akal

Ya se ha establecido entre nosotros un modo de acercarse a la historia o a la realidad que no parte del mero listado de hechos, personalidades y batallas. Se busca más bien conocer mejor la vida de la población, la mentalidad imperante o, mejor dicho, las diferentes mentalidades existentes en un mismo momento, el tipo de relaciones sociales o de poder que se dan en el interior de una sociedad, las diferentes visiones de lo real, sobre todo en momentos en los que, como el actual, parece que se modifican valores y perspectivas, aunque es más bien una sensación subjetiva. Pero no olvidemos que a menudo la subjetividad es también campo de batalla.


Entre las obras de estas características se halla la escritura testimonial, ciertos textos de memorias o el análisis a partir de la pura subjetividad que describen experiencias de vida y que ayudan bastante a conocer este aspecto de las mentalidades en el que todos estamos inmersos. Sí, es una visión muy ideologizada, nada neutral, pero no nos caigamos del guindo, toda visión del mundo o de la realidad es, al final, ideológica, incluso aquella que se pretende desideologizada y acaba asumiendo (defendiendo tal vez) lo que hay, con su brutalidad y sus deficiencias.
En este sentido, este libro de Antonio Maestre (periodista, polemista y sobre todo crítico social) es toda una colleja a un discurso que ha querido simplificar la realidad o adecuarla a una visión edulcorada, un tanto reducida, que se erige hoy en el valor hegemónico de una sociedad que se pretende modélica, pero que mantiene latente todos los conflictos sociales de los últimos doscientos años. El autor parte de su propia experiencia personal y familiar para hablar de una sociedad que parece alabar la meritocracia, la capacidad de esfuerzo personal, pero que mantiene intacto los mecanismos de clase para dejar a cada cual en el lugar que le corresponde. Las clases siguen existiendo, es algo palpable, puede incluso que vuelva a ser evidente en este momento pandémico, por mucho que haya quien diga que es un discurso desfasado.


Estamos, en este sentido, en un libro que parte de lo testimonial y en el que Antonio Maestre se presenta orgulloso de su pertenencia a la clase obrera, a la que sigue perteneciendo aun cuando haya cambiado las herramientas de trabajo. Habla de las limitaciones a las que se ha de enfrentar todo descendiente de trabajadores a la hora afrontar los estudios, los primeros trabajos, las aspiraciones materiales y culturales, en una sociedad que, aun cuando esté iluminada por cierto discurso o bandera igualitarista propia de la clase media, mantiene sin embargo la desigualdad (no hay más que atender los datos de pobreza existentes hoy o de acceso a la educación para darse cuenta de que no estamos, ni de lejos en el mejor de los mundos), y es por ello que estamos también ante un análisis de la realidad. A partir de su propia experiencia Antonio Maestre hilvana una reflexión de la sociedad actual, del punto en que estamos.


Sin duda, no pocos de sus lectores nos vamos a sentir identificados con buena parte del sentido de este libro, pero desde luego no es menester estar plenamente de acuerdo con las tesis del autor, es más, sin duda puede resultar muy útil a quien se sitúa en otros puntos de vista, si aplica un ejercicio de discernimiento al mensaje, porque este libro es ante todo una presentación bien construida de la posición emocional e intelectual del autor y que procura desprender de su propia experiencia vital una cierta comprensión de lo real. Pero además puede ayudar al lector a confrontarse a su propia situación, en una sociedad y una época en las que todo parece haberse complicado en demasía.

Silencios (Juan A. Herdi)

No hay duda de que la literatura tiene mucho que aportar en el proceso de memoria, en esa búsqueda que nos permita contemplar de dónde venimos y así confrontarnos con una historia que nos ha conformado como sociedad y que a menudo intentamos olvidar, apenas nos atenemos a los titulares, sin nunca entrar en los detalles. Hay aspectos que no gustan de este pasado, hay momentos en que la miseria física y moral del país explican muchas deficiencias de este presente nuestro.
No es la historia de los grandes momentos, de las hazañas y el esplendor, o de la resistencia cuasi heroica, sino que se trata de esa cotidianidad que molesta, corroe por dentro. España no es un país muy dado a recordar, a pesar de los discursos oficiales, su población parece haber optado por pasar de puntillas ante ciertos capítulos vergonzantes.


Dos novelas en España, sin embargo, cumplen escrupulosamente con la función de traernos la memoria de lo que fue: Los santos inocentes, de Miguel Delibes, e Intemperie, de Jesús Carrasco. La primera se publicó en 1981; la segunda, en 2013. De ambas hay adaptaciones cinematográficas magníficas, la de Mario Camus, en 1984, de Los Santos Inocentes y la de Benito Zambrano, en 2019, de Intemperie.
Ambos relatos nos remiten a una época aciaga, sombría, a unas relaciones sociales basadas en la miseria y el sometimiento absoluto. Las dos novelas nos muestran lo que era en gran medida este país no hace tanto tiempo, porque no hace mucho que ha pasado todo lo que se cuenta y aún hay quien lo haya visto y vivido. Ambas novelas evocan no los hechos más claves, los que describen la Historia (con mayúscula, la fijada por la academia y los estudios), sino la intrahistoria, lo que supuso vivir bajo unas relaciones de poder agobiantes, hostiles, de sumisión. A veces ésta es clave para entender aquella, Marx afirmó alguna vez que había aprendido mejor los mecanismos de la economía en las novelas de Balzac que en los sesudos análisis económicos de su época.


Es tremendo pensar que la vida de Paco, Régula y sus hijos, la de Azarías, así como la de los otros criados de la hacienda extremeña, fueran las de cientos, miles de personas, que vivían en los años sesenta. El país empezaba a tener, es cierto, algunas mejoras, apenas perceptibles para muchos, y la guerra empezaba a ser un mal recuerdo, habían pasado poco más de veinte años (pero no es tiempo, ¡veinte años!, poco más de veinte años es lo que ha pasado desde el último salto de siglo y los hechos dramáticos que entonces se dieron).
En los cuarenta se da la fuga a la intemperie de un zagal de otra hacienda en la España interior, o sea, veinte años antes que el momento descrito de las vidas de Paco y Régula. Ni siquiera tiene nombre, todos se refieren a él como el niño. En Los santos inocentes, Paco intenta que los hijos estudien, aunque sea lo básico, para que puedan salir de las estrecheces vividas por él, no las conocemos, no nos las cuentan, pero sospechamos que fueron incluso peores a las del tiempo de la novela. Pero para el niño de la novela de Jesús Carrasco, ni siquiera cabe tal posibilidad, ha de fugarse, salir del horror que vamos intuyendo a medida que pasa la acción.


Llama la atención que en ambos relatos el silencio clama, va perfilándonos la historia sin necesidad de pronunciar todas las palabras que permitan describírnosla al detalle. Hay mucho que no se cuenta, pero sabemos. Esos silencios se hallan en un contexto que, a pesar de los olvidos, permanece anclado en nosotros. En la buena literatura, también en el buen cine, esos silencios son tan importantes y claves como lo que se dice y se cuenta. El silencio como parte de la narrativa.


Asusta no poco que esos silencios sigan dándose no en la literatura, como un elemento narrativo más, sino en la vida, reforzando toda la crueldad posible. Hay muchos silencios en las vidas de quienes murieron el pasado 24 de junio en las vallas que separan dos países. Pero imagino que son silencios no muy diferentes de Paco, de Régula o del niño. Intuimos toda una vida, poco fácil y muy dramática, en la sola mención de su tragedia. Hay un silencio demasiado expresivo en ese problema «bien resuelto» que nos confronta, una vez más, al horror.

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Liliana Colanzi
Ustedes brillan en lo oscuro
Página de espuma, 2022

Una cueva o el barrio de una ciudad cuyos vecinos se movilizan contra un centro radiactivo, las circunstancias tan sombrías que se producen en una comunidad encerrada en sí misma o el barrio que rodea un hospital abandonado y que sufren las consecuencias nefastas de la desidia administrativa, son algunos de los lugares que se convierten en verdaderos protagonistas de estos relatos de Liliana Colanzi, agrupados bajo el título Ustedes brillan en lo oscuro, volumen con el que esta autora boliviana ganó la VII edición del Premio Ribera del Duero. Son textos en los que se alcanza una atmósfera propia, particular, de una intensidad tal que el lector no podrá dejar de leerlos, algo que sólo consigue un buen narrador. Así, de un modo sinuoso, la escritora construye una realidad distópica y a todas luces tan azarosa que sin duda atrapa y conmueve.

Y lo logra gracias a un dominio magistral del idioma, una prosa rica en matices, consciente de esa riqueza que no se queda en lo académico, sino que asume la variedad de usos, que parte de la lengua viva, sin temor a nuevas formulaciones, a experimentar con el lenguaje como si jugara con él, experimentación osada que es todo un reto, un reto arriesgado siempre y que puede salir bien o mal, pero que en este caso sale bien, muy bien, lo que es a todas luces una de las fortalezas de la autora, digna sucesora de la tradición literaria latinoamericana en la que forma, estilo y contenido se conjugan por lo general a la perfección.

Porque cada uno de sus seis relatos es fruto de una imaginación desbordante, en el que las diferentes tramas y los personajes refuerzan la atmósfera y la descripción de un lugar concreto, en un delirio por el que sin duda el lector se deslizará sin que nada de lo que se cuenta le deje indiferente, asumiendo Liliana Colanzi el reto de avanzar en una escritura repleta de vericuetos.

Es así como esta colección de relatos breves se nos vuelve un verdadero regalo, con una maestría enorme. Para quien guste de este género literario, va a valorarlos y disfrutarlos bastante, a lo que se añade ese tono delirante y futurista con no poco eco a ciencia ficción, incluso cuando se narran algunos hechos que se produjeron en realidad, como ese accidente en Goiás que ocurrió de verdad, en el cuento que da nombre al volumen. Por tanto, estamos ante una autora muy interesante y novedosa a la que sin duda habrá que seguir.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Daniel Díez Carpintero
Nunca se sacia el ojo de ver
Editorial Sloper. 2022

No es necesario insistir en la poca presencia que han tenido los relatos cortos en la tradición literaria española, aunque habría mucho que aclarar al respecto. Ya no es así en todo caso. Es cierto que durante mucho tiempo fue un subgénero considerado menor, a lo sumo un mero aprendizaje del oficio de novelista, algo que empezó a cambiar en los años cincuenta con varios escritores que destacaron por su maestría en la escritura de sus cuentos y también gracias a la influencia de los escritores latinoamericanos, influidos a su vez por la literatura norteamericana, donde la narración breve mantuvo siempre un prestigio enorme, como ocurre con otras tradiciones literarias. Desde entonces la narrativa corta ha conseguido carta de naturaleza en la literatura española y no son pocos los autores que se dedican a mantener muy alta la calidad de sus relatos.


A este grupo hemos de incorporar ahora a Daniel Díez Carpintero, que en este su segundo volumen de relatos nos ofrece nueve textos que destacan por su estilo directo y su lenguaje abrupto, cortante, pero que además llama la atención por su potencia y por no dejar al lector indiferente ni ajeno. Todo lo contrario, su lectura perturba por ese estilo que acaba afectando a la anécdota propia de cada uno de los cuentos y que envuelve a los personajes que deslumbran por turbulentos, tal vez por enrevesados, a todas luces claves en la lectura de los relatos.


Porque cada uno de ellos contribuye a crear una atmósfera propia, algo que es fundamental, sin duda, como característica del género. Un buen relato lo es sobre todo por su atmósfera, y los de Daniel Díez Carpintero consiguen crearla, el autor ha logrado envolver a los personajes en ella, son incluso la causa de la misma, unos personajes curiosos y bien apuntalados, seres que aportan una carga intensa de obsesión, pesadumbre y azoramiento.


Se trata a todas luces de una propuesta original y rupturista, en un momento de gran pluralidad de estilos, otro factor que indica la buena salud que goza la narrativa corta en España.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Emma Crespo
La soberana del Reino Eterno
Editorial Malas Artes

Bruno Bettelheim escribió una obra, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, ahora muy cuestionada e incluso superada por las teorías actuales del psicoanálisis, pero que sigue teniendo alguna incidencia en los estudios literarios, en la cual analizó la influencia de la fantasía feérica en la formación moral e intelectual no sólo durante la niñez, sino también entre los adultos, por su contribución al sentido de la vida y a su comprensión. Presenta los cuentos de hadas como espejos mágicos en los que reflejar algunos aspectos de la existencia. Tal es también la función de la mitología, en la que hay muchas variantes de hadas a lo largo y ancho del mundo.


No pocos han sido los escritores que se han interesado por las hadas en particular, por la fantasía en general, no sólo para el ámbito infantil, también para todos los públicos, aunque es también cierto que durante mucho tiempo se ha contemplado la literatura fantástica como algo marginal, infantil o juvenil, un mero entretenimiento, un subgénero alejado de los cánones serios, como mucho una forma de alentar la lectura. Pero se está superando esta visión, sin duda Tolkien y otros autores han contribuido a que la literatura fantástica recupere su importancia.


A este ámbito pertenece La soberana del Reino Eterno, de la escritora vizcaína Emma Crespo, y que posee algunos de los rasgos expuestos por Bettelheim. La presencia de un hada se cruza en la vida de Rebeca cuando era una niña, en un momento complicado y difícil, la acompañará como recuerdo hasta que reaparece en su juventud, cuando su vida cambia por completo y surgen los miedos e incertidumbres de la vida adulta, en paralelo a una lucha de poder en el reino de las hadas.


La evolución de las dos historias que acabarán cruzándose avanza con breves reflexiones sobre la libertad, los errores que se cometen en la vida, el libre albedrio, la toma de decisiones, la responsabilidad, temas todos ellos que afectan sin duda a los personajes, humanos y a los feéricos por igual. Aun cuando la autora se ha centrado más en los acontecimientos del Reino de las hadas, y puede ser esta una lectura posible, legítima, cabe otras lecturas, como ocurre siempre que un libro pasa a los lectores, en mi caso reconozco que me ha interesado algo más todo lo relacionado al personaje de Rebeca, su evolución y su situación frente a la realidad, tanto la real como la encantada. En todo caso, cualquier lector, joven o adulto, se verá reflejado o incluso exhortado a reflexionar sobre el existir, a contemplar el relato como un espejo de su propia vida, y en este proceso qué duda cabe que Rebeca se vuelve central.


No es casualidad por otro lado que a medida que se avanza en la lectura de la novela aumente el interés por saber hacia dónde se dirige la trama, en ningún momento pierde fuelle, señal de que hay una buena estructura. Hay incluso un giro inesperado de los acontecimientos, imprevisto por completo. Puede resultar esta novela, por tanto, para el lector poco avezado, una buena forma de entrar en un tipo de literatura que va ganando terreno. Para el más habituado a la fantasía, una buena experiencia.