Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Daniel Díez Carpintero
Nunca se sacia el ojo de ver
Editorial Sloper. 2022

No es necesario insistir en la poca presencia que han tenido los relatos cortos en la tradición literaria española, aunque habría mucho que aclarar al respecto. Ya no es así en todo caso. Es cierto que durante mucho tiempo fue un subgénero considerado menor, a lo sumo un mero aprendizaje del oficio de novelista, algo que empezó a cambiar en los años cincuenta con varios escritores que destacaron por su maestría en la escritura de sus cuentos y también gracias a la influencia de los escritores latinoamericanos, influidos a su vez por la literatura norteamericana, donde la narración breve mantuvo siempre un prestigio enorme, como ocurre con otras tradiciones literarias. Desde entonces la narrativa corta ha conseguido carta de naturaleza en la literatura española y no son pocos los autores que se dedican a mantener muy alta la calidad de sus relatos.


A este grupo hemos de incorporar ahora a Daniel Díez Carpintero, que en este su segundo volumen de relatos nos ofrece nueve textos que destacan por su estilo directo y su lenguaje abrupto, cortante, pero que además llama la atención por su potencia y por no dejar al lector indiferente ni ajeno. Todo lo contrario, su lectura perturba por ese estilo que acaba afectando a la anécdota propia de cada uno de los cuentos y que envuelve a los personajes que deslumbran por turbulentos, tal vez por enrevesados, a todas luces claves en la lectura de los relatos.


Porque cada uno de ellos contribuye a crear una atmósfera propia, algo que es fundamental, sin duda, como característica del género. Un buen relato lo es sobre todo por su atmósfera, y los de Daniel Díez Carpintero consiguen crearla, el autor ha logrado envolver a los personajes en ella, son incluso la causa de la misma, unos personajes curiosos y bien apuntalados, seres que aportan una carga intensa de obsesión, pesadumbre y azoramiento.


Se trata a todas luces de una propuesta original y rupturista, en un momento de gran pluralidad de estilos, otro factor que indica la buena salud que goza la narrativa corta en España.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Emma Crespo
La soberana del Reino Eterno
Editorial Malas Artes

Bruno Bettelheim escribió una obra, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, ahora muy cuestionada e incluso superada por las teorías actuales del psicoanálisis, pero que sigue teniendo alguna incidencia en los estudios literarios, en la cual analizó la influencia de la fantasía feérica en la formación moral e intelectual no sólo durante la niñez, sino también entre los adultos, por su contribución al sentido de la vida y a su comprensión. Presenta los cuentos de hadas como espejos mágicos en los que reflejar algunos aspectos de la existencia. Tal es también la función de la mitología, en la que hay muchas variantes de hadas a lo largo y ancho del mundo.


No pocos han sido los escritores que se han interesado por las hadas en particular, por la fantasía en general, no sólo para el ámbito infantil, también para todos los públicos, aunque es también cierto que durante mucho tiempo se ha contemplado la literatura fantástica como algo marginal, infantil o juvenil, un mero entretenimiento, un subgénero alejado de los cánones serios, como mucho una forma de alentar la lectura. Pero se está superando esta visión, sin duda Tolkien y otros autores han contribuido a que la literatura fantástica recupere su importancia.


A este ámbito pertenece La soberana del Reino Eterno, de la escritora vizcaína Emma Crespo, y que posee algunos de los rasgos expuestos por Bettelheim. La presencia de un hada se cruza en la vida de Rebeca cuando era una niña, en un momento complicado y difícil, la acompañará como recuerdo hasta que reaparece en su juventud, cuando su vida cambia por completo y surgen los miedos e incertidumbres de la vida adulta, en paralelo a una lucha de poder en el reino de las hadas.


La evolución de las dos historias que acabarán cruzándose avanza con breves reflexiones sobre la libertad, los errores que se cometen en la vida, el libre albedrio, la toma de decisiones, la responsabilidad, temas todos ellos que afectan sin duda a los personajes, humanos y a los feéricos por igual. Aun cuando la autora se ha centrado más en los acontecimientos del Reino de las hadas, y puede ser esta una lectura posible, legítima, cabe otras lecturas, como ocurre siempre que un libro pasa a los lectores, en mi caso reconozco que me ha interesado algo más todo lo relacionado al personaje de Rebeca, su evolución y su situación frente a la realidad, tanto la real como la encantada. En todo caso, cualquier lector, joven o adulto, se verá reflejado o incluso exhortado a reflexionar sobre el existir, a contemplar el relato como un espejo de su propia vida, y en este proceso qué duda cabe que Rebeca se vuelve central.


No es casualidad por otro lado que a medida que se avanza en la lectura de la novela aumente el interés por saber hacia dónde se dirige la trama, en ningún momento pierde fuelle, señal de que hay una buena estructura. Hay incluso un giro inesperado de los acontecimientos, imprevisto por completo. Puede resultar esta novela, por tanto, para el lector poco avezado, una buena forma de entrar en un tipo de literatura que va ganando terreno. Para el más habituado a la fantasía, una buena experiencia.

Reseña Literaria- Juan A. Herdi

Natasha Trethewey
Memorial drive. Recuerdos de una hija
Traducción de Mariano Peyrou
Errata naturae, 2022

Qué duda cabe que la historia también es en gran medida la historia de la emancipación humana. O mejor dicho, de las diversas luchas que se han dado a lo largo de todas las épocas por emancipar a algún grupo humano de los límites dados. No podemos olvidar que, contra lo que se pueda a veces sostener, la marginación, la opresión, la esclavitud, el racismo o la dominación de unos sobre otros, cualesquiera que sean los motivos que se esgriman, no son elementos naturales, no brotan como las plantas en primavera, sino que son consecuencias de una organización social, de unas relaciones de poder, de unas condiciones económicas, culturales, políticas.
Algunas de esas luchas por la emancipación se van integrando en nuestra conciencia colectiva. La lucha de las personas negras en los Estados Unidos, por ejemplo, forman parte de nuestro acervo cultural. Inundó la realidad de aquel país durante los años cincuenta y sesenta sobre todo, en un grito de denuncia que debemos mantener, por desgracia, hoy. Del mismo modo, dentro de unos años, cuando se contemplen estos años que ahora vivimos, la lucha por la emancipación de las mujeres será uno de los hitos de nuestra época. Qué duda cabe que las conquistas en este ámbito son conquistas para el conjunto de la sociedad. Y que también, por desgracia, costará llegar al objetivo de una sociedad de personas libres, cualquiera que sea las circunstancias o las condiciones de vida.
No podemos olvidar al mismo tiempo que todas estas luchas emancipatorias están conformadas por pequeñas historias, muchas veces, la mayoría, repletas de dolor, de traumas, de zonas obscuras y palabras que cuestan destrabar y que a menudo se llevan incluso en soledad, un punto aislado en el tiempo y en el espacio, pero que están estrechamente vinculado a otros hechos puntuales para conformar un cuadro general, esa escena que constituye un tiempo. De eso trata este libro, de uno de esos hechos, un punto concreto, la historia de una tragedia, la muerte infausta de una mujer cuya hija transforma el dolor en un relato que describe todo su proceso de asunción de la vida. A veces la literatura también es eso.
«Para superar un trauma, debemos ser capaces de contar una historia sobre él», nos indica Natasha Tretheway, y qué duda cabe que ese proceso de superación no sólo la liberará a ella, ya lo justificaría por sí mismo el lograrlo, sino que nos emancipa a todas las personas que asistimos a la reflexión de la autora, en la medida en que confrontarnos a su escritura nos permite también dar un paso más en el reconocimiento de ese duende lorquiano al que se refiera ella misma, que no sólo contribuye al arte, sino a la vida entera. ¿Acaso arte y vida no forman parte de lo mismo?
De este modo, este libro se convierte en un relato testimonial a tener en cuenta, importante para procurar un entendimiento de la condición humana, cualquiera que sea el punto de partida de cada cual. Nos saca de la zona fría y general de los análisis sociológicos o de la estadística para trasladarnos a lo concreto y nos da una perspectiva sin duda mucho más real de una cuestión que nos sobrecoge todos los días, como es el de esa violencia mortuoria tan inasumible.

Reseña Literaria-Juan A. Herdi

Julia Otxoa

Tos de perro

Eolas ediciones, 2021

Qué duda cabe de que la escritura alimenta en gran medida ese fuego de la memoria tan necesario como fundamental para conformar y reconocer lo que somos. La autora de este libro, Julia Otxoa, lo expresa perfectamente a través de las palabras de su propia madre: «(…) nuestra historia, escrita en todos los muros de la ciudad, y en cada grano de arena del desierto, y en los océanos, y en el rostro de la primavera, está por todas partes», y es lo que la autora lleva a cabo en cada una de las píldoras de recuerdos que componen su breviario, lo que es en cierto modo este libro, un breviario, de acuerdo con la cuarta acepción contemplada por el diccionario de la RAE y señalada como en desuso, la de libro de memoria o de apuntamiento. De este modo nos habla de sus propios granos de arena y sus gotas de agua, y a través de ellos nos habla del sereno, de la trilla, de las casas de San Sebastián o de Eulate, ese pueblo navarro de donde procedía su madre, también de los animales, los gestos o los nombres de los árboles, todo lo cual conformó su infancia, su origen, su personalidad.

En Tos de perro se hallan todos esos detalles que contribuyen a la memoria, que vuelven una y otra vez al presente y se quedan pétreos a través de la palabra escrita, pero al mismo tiempo, asomando como sombras que se vuelven presente, aparece la tragedia, la colectiva, la histórica, y que nos afecta, se vuelve también rutina, se integra en nuestra cotidianidad, va a apareciendo entre penumbras para conformar a su vez nuestro recuerdo. Lo expresa el resto de esa cita final de la madre, antes mencionada: «Cuanto fuimos arde en el fuego que ilumina la memora, porque más fuerte que el olvido, nuestros nombres fueron recuperados y en nuestros huesos puede leerse, como en un libro abierto, la barbarie».

La tragedia del abuelo o la del tío Clemente, la de una guerra no del todo comprendida en su plena envergadura, son recuerdo de esa barbarie. Se incorpora a la expresión escrita sin aspavientos ni alaridos, no es menester, se palpa todo el dolor de esa cotidianidad construida también a través de los mazazos de la violencia o de la maldad que convive en la rutina con la bondad y la empatía, y se recoloca como se puede en los recuerdos, en la memoria, en nuestra identidad, tanto la colectiva como la individual, si es que no son la misma.

De este modo, por medio de este breviario, Julia Otxoa comparte con los lectores esas briznas de su propia vida, nos regala su memoria, la volvemos nuestra a través de unas vivencias particulares que se vuelven colectivas y por tanto son también parte fundamental de lo que somos como comunidad. La historia también ese eso, tan valiosa como la de los grandes hechos.

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Reseña Literaria-Por Juan A. Herdi

Remedios Zafra

«Frágiles»

Editorial Anagrama

Es evidente que la pandemia ha acentuado un malestar ya existente antes de que nos recluyeran en la más absoluta provisionalidad. La sociedad estaba cambiando, sí, las nuevas tecnologías aportaban otra forma de relacionarse y de estar en el mundo, el modelo económico y social mudaba por completo la vida colectiva e individual, nos topábamos de golpe con que el triunfalismo de un capitalismo aparentemente invicto, que se expandía bajo la bandera de la globalización, tenía los pies de plomo, pero podía y puede seguir haciendo daño, y de pronto la palabra malestar comenzó a poseer un nuevo sentido, con todas sus consecuencias, entre ellas un cuestionamiento de lo que somos como personas y como colectivo, porque, como señala Remedios Zafra, toda toma de conciencia deriva de un malestar. Un malestar que se vuelve un espejo donde reflejarnos y darnos cuenta de que algo no funciona en nuestras vidas.

De ahí, claro está, deriva también la conciencia de nuestra fragilidad. La situación durante estos dos últimos años nos ha mostrado bien a las claras que somos frágiles, con la percepción clarísima de todas las consecuencias de serlo, la asunción de los miedos y las incertidumbres, de las culpas y la mala conciencia. Ya el título del libro nos confronta a lo que somos, a lo que intuíamos que éramos y que la pandemia nos ha confirmado de un modo brutal y ha puesto en primera línea la consecuencia de este sistema en los últimos lustros, la mercantilización absoluta de la vida.

De esta fragilidad y de la asunción de la vida es de lo que nos habla Remedios Zafra en su libro «Frágiles». Científica titular del Instituto de Filosofía del CSIC, ha optado por una forma curiosa de reflexión, mediante cartas que dirige a una hipotética interlocutora y que se convierten en capsulas breves de descripción y meditación, evocación formal a Montesquieu o a Cadalso, que no se quedan en una visión descriptiva, sino que describen nuestras emociones, sentimientos y pasiones, campos de batalla actuales en la conformación de nuestras identidades colectivas y personales.

Las cartas analizan varios aspectos de esa relación yo-nosotros, de nuestra condición de seres trabajadores (seres productivos) pero también de seres creativos, con nuevas profesiones y condiciones que nos exigen nuevas asunciones de deberes, aunque sin haber cambiado esquemas añejos, con una precarización laboral y vital que entorpece el desarrollo como personas. Las cartas, agrupadas en cinco capítulos o ejes temáticos, requieren una lectura pausada, quienes las lean se sentirán sin duda interpelado al tener que incorporar los aspectos planteados a sí mismos. Porque las cartas logran eso, más que convencimientos argumentados, procuran planteamientos de vida, una puesta en común de aspectos intuidos que nos permiten pensar en la vida, en la de cada cual, pero también en lo colectivo.

Sin duda el libro apuntale al observador atento varios aspectos de la vida propia y de lo que la rodea, cabe que no se esté del todo de acuerdo con algunas de las apreciaciones, pero desde luego supondrá un puesta en orden de ideas y sentimientos que a cualquiera nos han rondado estos últimos años, lo que a todas luces vuelve necesaria la lectura del mismo.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Javier Pérez Andújar

«El año del Búfalo»

Editorial Anagrama 2021

Quien conozca la trayectoria literaria de Javier Pérez Andújar sabe ya que se va a enfrentar una vez más con un artefacto narrativo cuanto menos singular, una novela que no se ajusta ni de lejos a lo que suelen llamarse los cánones al uso, si es que existen cánones al uso o normas que deban seguirse en esto del oficio de escribir. Porque este autor revuelve en todos los fundamentos y técnicas que, dicen, conforman la narrativa, el arte de contar, les da la vuelta, los mezcla, o simple y llanamente los emplea a su antojo, juega o reflexiona en serio, coloca alguna que otra pulla a esta realidad desasosegante, expone ideas y descripciones, cambia los muebles de la novela por arte de birlibirloque, y tras todo ello, como si tal cosa, nos la ofrece y el lector queda por completo embelesado por una creación que lo sumerge a todas luces en un mundo muy particular. No falla.

Quien no haya leído ninguno de los libros anteriores de este escritor que sepa que se va a embarcar en un paseo extraño repleto de recovecos. A bote pronto se enfrenta en esta su última novela a una polifonía que, sin embargo, no dificulta la lectura, al contrario, se va cosiendo de un modo perfecto, nada chirria, se asume incluso ese grado de absurdo que no es de la novela en sí, contra lo que pueda parecer, sino que pertenece al mundo que vivimos, ¿qué más absurdo que el último cuarto del siglo pasado y este primer cuarto de este que vivimos?, y que el libro refleja a la perfección. Se expande un plano alrededor de ese confinamiento o encierro de cuatro personajes cuanto menos curiosos que parecen interactuar alrededor de un autor finés enamorado de España, se establecen varias polifonías y un sinfín de notas a pie de página de diversos personajes, la madre del escritor, su traductora, un ministro de humanidades, el propio autor ficticio, entre otros, con múltiples referencias a la realidad y a sus forjadores, y que constituyen sin duda un relato paralelo.

Al final, encontramos un mapa extendido de los últimos diez lustros y uno siente que ha paseado por ellos. Porque el paseo, ya sea por un espacio físico, por ejemplo el extrarradio en el último tramo del Besós, río barcelonés fundamental para el autor, ya sea por el tiempo, resulta esencial en la narrativa de Javier Pérez Andújar, un ejercicio de flâneur literario y particular. La referencia a Modiano en la novela sin duda no es casual. También es un paseo alrededor de una generación que vivió el desencanto con especial intensidad. De este modo, con este cóctel nada menos, nos encontramos una vez ante un texto atractivo, intenso, irónico, de uno de los escritores más interesante en el panorama español actual.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Miguel Martínez del Arco

Memoria del frío

Hoja de Lata Editorial, 2021

Da la sensación de que la literatura posee ahora mismo una mayor idoneidad que otros ámbitos para llevar a cabo esa labor de memoria comunitaria, mucho más que el político por ejemplo, sin ir más lejos. Tal vez por una capacidad mayor de aportar esa intrahistoria tan necesaria de recuperar y conocer con toda su amplitud lo que pasó, con lo que a todas luces cumple mejor con una función testimonial. Por su parte, el debate político actual con respecto a la memoria, y más en concreto a la memoria de esos años terribles de guerra civil y dictadura franquista, está muchas veces afectada, aún ahora, cuando ya han pasado unos cuantos años, por intereses partidistas o por esa necesidad de establecimiento de un relato que tiene mucho más, me temo, con la imposición de versiones oficiales que ayuden a tales intereses.

De ahí que resulten tan necesarios libros como este de Miguel Martínez del Arco, Memoria del frío, que nos muestra, novelada, la historia de sus padres, que pasaron años en la cárcel o atosigados en los periodos de libertad, la historia propia también, como afectado indirecto, personaje secundario, se presenta a sí mismo, aunque al final directo, de una represión atroz, cruelmente caprichosa. Es una novela, hay ficción, o como aclara el autor situaciones ficcionadas, pero los personajes y las circunstancias sucesivas y concretas son reales, la narración viene intercalada además por la búsqueda de datos y de la percepción de sensaciones del narrador, no se ocultan por otro lado las posiciones y compromisos de cada cual, eso forma parte al fin y al cabo también de nuestra Historia colectiva, las diferentes ideologías presentes, pero no hay ni un juicio al respecto, el eje del libro no es ese, el acierto o no de las opciones de cada persona, sino las consecuencias terribles de una dictadura para las personas desafectas al ideario oficial, incluidas aquellas que disintieron desde el mismo, pero también para la sociedad en general, mucho más pobre si se cercenan las ideas. Huye también, todo hay que decirlo, de equiparaciones absurdas o equidistancias. Escandaliza ahora en todo caso, y no debería de importar la posición política del observador actual, que estas cosas hubieran ocurrido.

En cuanto a la novela, destaca su estilo directo, cuasi impresionista, con esos retazos que son sus frases cortas y que se van clavando en el lector, al que le costará salir de la historia a medida que avanza en la lectura. Señal inequívoca de que estamos ante buena literatura, la de esta primera novela de Miguel Martínez del Arco. Imprescindible en todos los sentidos.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Walter Benjamín

«Infancia berlinesa hacia mil novecientos»

Traducción de Richard Gross

Editorial Periférica, 2021

Stefan Zweig y Walter Benjamin son los dos autores que sin duda mejor han evocado el ambiente centroeuropeo previo a la primera gran guerra y que desapareció cuasi por completo con ella. No otra cosa es este libro delicioso del filósofo alemán, «Infancia berlinesa hacia mil novecientos», una evocación breve en apariencia, pero al final un retrato delicado y certero, todo lo certero que puede ser la memoria, de un pasado en que Europa era diferente a la actual, poseía otro ritmo, otras formas. Se trata en definitiva de un libro que ha recuperado para ofrecérnoslo la editorial Periférica.

En apenas treinta capítulos breves, cada uno de ellos con un talento enorme de seducción, Walter Benjamin nos retrotrae a ese mundo propio, cuando era un niño que comenzaba a asomarse al mundo y se preguntaba «¿por qué había algo en el mundo, por qué había mundo?». El autor nos evoca de este modo, con pequeñísimas anécdotas, a la vez que nos lo muestra, aquel Berlín que tanto cambió después. Hoy Berlín parece recuperada de su trágica historia, vuelve a brillar social y culturalmente, aunque ya no es el Berlín de entonces, el que nos rememora el filósofo como espacio físico de su infancia, aportándonos respecto a ésta algunas de las raíces de su propio pensamiento, el inicio primigenio de su proceso reflexivo, como por ejemplo la alusión, tan bella y poética, a la placidez que le proporciona el calor de los calcetines guardados en una cómoda y que le enseñó que «la forma y el contenido, lo envuelto y el envoltorio son idénticos» y de este modo pudo extraer la verdad que hay en toda poesía, apenas un brevísimo incidente en la vida de un niño pero que sin duda volvería una y otra vez a su mente, permitiéndole entender también algunos aspectos claves de la realidad y la vida.

Estamos por tanto ante una pequeña joya poética, una muestra de hasta qué punto las palabras poseen una capacidad enorme para la reflexión, algo que sin duda hoy resulta imprescindible recuperar, en esta Europa que vive otra vez una crisis profunda en todos los ámbitos, pero sobre todo en el cultural. Por ello es de agradecer que recuperen libros como este de Walter Benjamin, quien, al igual que el aludido Stefan Zweig, no ha perdido vigencia.

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