Literatura y realidad-Juan A. Herdi

«Nada nace de lo que no existe». Lo dice Epicuro en su epístola a Heródoto y, como si pretendiera incidir en la visión de las cosas humanas de su destinatario, el historiador griego, añade: «El universo siempre fue tal como ahora es, y que siempre será así, puesto que no hay nada en que transformarse».

Qué duda cabe de que la segunda afirmación deja un poso de fatalidad si la aplicamos a la realidad humana, a la historia de las diferentes sociedades que componen el mundo, y sin duda lo confirmamos si lanzamos una mirada hacia lo que ocurre ahora mismo, a esas guerras que se extienden, no sin los viejos clichés con que se siguen legitimando los genocidios, las tiranías e incluso las actividades turbias de las democracias decadentes, promovidas por los nuevos sofistas y que han persistido, empeño nefasto, como hace bien poco incluso en países desarrollados, cultos y ejemplares, en esta misma Europa orgullosa, por ejemplo, que se erigen en modelo pero que no puede ocultar bajo sus alfombras lujosas el horror de los crímenes habidos.

Nada nace de la nada, todos los efectos tienen sus causas y todas las causas producen sus efectos.

Aunque le pongamos una fachada ornamentada o redactemos discursos elogiosos, intuimos que detrás no hay nada nuevo, «nada nuevo bajo el sol» en palabras atribuidas al Rey Salomón, no muy distantes en su sentido a las del filósofo griego.

Lo aplicamos a cualquier época y a cualquier lugar, no dejamos de sentir en ocasiones que la realidad es una sucesión de causas y efectos sin remedio, eslabones sin más objeto que mantener la cadena de la historia, quién sabe si sucesión sempiterna o dirigida a un inevitable final de los tiempos.

¿De dónde vienen, por ejemplo, las corrupciones y corruptelas que vuelven a ser tema central en los debates políticos españoles, si es que alguna vez se ha dejado de hablar de corrupción en España? Se realizan juicios que afectan a los dos partidos principales en España y se junta a otro, el del Clan de los Pujol, proceso que está debida y sospechosamente silenciado en los medios de comunicación y en las mesas de los tertulianos mediáticos. ¿De qué son efectos tales casos?¿Hay algo connatural a la historia del país?¿Es específica del actual periodo de democracia, una vez asentada la transición, no en vano todos las etapas habidas han acabado con casos escandalosos y se reproducen además en cada comunidad autónoma, con mayor o menor intensidad?¿Podemos remontarnos a otros momentos de la historia reciente del país?

A la espera de una historia general de la corrupción en España, es plausible acudir a una novela cuasi olvidada del escritor catalán Francisco González Ledesma, Los símbolos. En ella vuelve a describir la Barcelona de los barrios pobres, la de la miseria y la de las resistencias, la de los callejones miserables en los que convivían personas muy peculiares, muchos de ellos retratados por el autor, la de los rincones en los que confluyeron revolucionarios, desalmados, prostitutas, ladronzuelos, buscavidas, chaperos, obreros, modistas, taberneros, artistas; por ahí anduvieron también Jean Genet, Víctor Serge o Georges Orwell.

En su novela, González Ledesma nos habla también de la otra cara de la moneda, la de una burguesía vencedora de la guerra y que vuelve a sus negocios, siempre bajo la protección de un Estado, da igual quien gobierne y bajo cualquier régimen, al fin y al cabo todos ellos logran calmar los temores de esa burguesía a los peligros de la revuelta, de la revolución, del caos. Es esa burguesía que gusta presentarse como innovadora, liberal, culta y europea, pero que no le hace ascos, como se refleja en la novela, al franquismo. Se adapta a cualquier cosa para sacar adelante los negocios.

Y por supuesto en la novela la corrupción está presente en forma de acuerdos turbios, de artimañas empresariales, de tejemanejes, de intereses y artificios. Lo descrito en Los símbolos, publicada en 1987, bien pudiera ser la antesala de nuevos negocios realizados hoy.

El autor le confesó a su editor que la novela fue un ajuste de cuentas con sus fantasmas del pasado, los de la posguerra, su forma de poner orden en su memoria, en los recuerdos de esa Barcelona que supo describir a través de sus libros. Pero qué duda de que aquel instante de la ciudad no deja de ser un eslabón más en la historia de la ciudad, del país. Por mucho que hayan cambiado los tiempos y Barcelona sea hoy más bien un parque temático para deleite de turistas y de ejecutivos de las ferias. A pesar también de que se haya querido olvidar esa Barcelona canalla que González Ledesma conoció y describió, o a lo sumo se pretenda presentar como parte del espectáculo actual, por deferencia a artistas e historiadores. Todo sigue teniendo al fin ese aroma a pétalos de rosa de los salones burgueses de toda la vida.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Juan Manuel Gil

Majareta

Seix Barral, 2026

 

Un incidente alborota la vida de una barriada. Lo causa un personaje que está en boca de todos, Leo Almeda, el Majareta, conserje en un colegio religioso y prejubilado repentinamente tras treinta años en su puesto, autor del hecho cuyos detalles iremos descubriendo en toda su envergadura a medida que avancemos en la lectura de esta novela.

Una serie de vecinos, tan variopintos como apasionantes todos ellos, van dando su opinión sobre lo acontecido y sobre ese ser periférico que se convierte en el objeto de esta novela a partir de múltiples comentarios, rumores, opiniones y prejuicios que se van entretejiendo para establecer un hilo que se unirá a otros hechos enlazados al relato central. Intuimos lo complicado que es afrontar lo real, cuando además hay secretos que se afianzan dentro de uno mismo. Porque esta novela habla también de un misterio que viene anunciado por la pregunta inicial, fundamental en toda intriga: «¿Te has enterado?»

Novela por tanto coral, en la que los personajes le describen al narrador, un mero recopilador de testimonios, sus puntos de vista y de paso crearán todos ellos no sólo una descripción del incidente, de su autor, Leo Aldama, que sin embargo no aparece como tal en la novela, no da su versión de los hechos, sólo se habla de él, también de la vida misma, la cotidianidad de una barriada con la que sin duda nos sentiremos identificados. Porque el lector reparará de pronto en que se le está hablando de algo no muy lejano a su propia cotidianidad, la vida misma que asoma en los testimonios presentados, cada uno de ellos con su estilo, no sin ironía en muchos casos, aun cuando apreciemos que en algún momento lo que se cuenta alcanza lo trágico. Hay referencias y momentos en los que pensaremos en la rabiosa actualidad.

Cada capítulo, un testimonio cada uno, transmite los rasgos del personaje que narra, con un ritmo galopante, vertiginoso, y así vamos apreciando entre esta neblina compuesta de palabras algo que nos atrae, que nos atrapa. De este modo, nos arrastrará la intriga y la conmoción de unos hechos, que, como en la mil y una noches, nos inquieta y nos obliga a seguir leyendo, porque al final de cada capítulo deseamos conocer lo ocurrido y todo lo que lo envuelve. Intuimos que al final habrá, inevitable, un giro de guion. Y en efecto lo habrá.

Estamos pues ante una novela que destaca por su historia, por su ritmo y su humor, pero también por su estructura y sus referencias constantes a una realidad y a una forma de encarar lo real muy actual, una reflexión sobre los mecanismos de acercarnos colectivamente a lo que nos rodea, a la manera muchas veces con se forma la percepción del mundo.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Matías Aldaz

Algo que nadie hizo

Editorial Las afueras, 2026

 

Un hombre nos cuenta una historia. La de un pueblo que se deshabita, la de unos límites imprecisos que perfilan una atmósfera sombría que surge y se diluye constantemente, la de unos personajes cuyos ecos se entremezclan para describir un ambiente y una degradación ante los cuales nos sentimos turbados. También contempla el narrador una cinta casera en la que se plasma el pasado, intuimos una nostalgia profunda, una desolación que se vuelve más y más palpable. De este modo se va conformando esta novela en la que está presente en todo momento la tragedia, o las tragedias, el hilo conductor del relato, antes de que todo desapareciera. El lector va reconociendo, la capta entre líneas, por medio de frases que recrean un contexto opaco, como si fueran más bien meras percepciones.

Los párrafos cortos, una técnica cuasi impresionista, contribuyen a ello, a que nos sintamos atrapados en esa atmósfera. Con aparente sencillez, captamos realmente lo que el narrador procura, nos lo indica él mismo en un momento de la novela, que podamos atravesar lo obscuro sin susto.

El escritor argentino Matías Aldaz nos propone de este modo una novela en la que el estilo, tan sinuoso como poético, causa no poco azoramiento. Lo va perfilando además a través de esos párrafos que son como zarpazos de realidad. No es sólo la historia que narra, sino la descripción de la misma, con un estilo estricto y claro, lo que nos llega a embelesar. El lector se va envolviendo de una neblina que le transporta a un mundo de fronteras imprecisas.

No en vano, son difusos los espacios de los campos y de las casas, lo son las sombras de los árboles, una naturaleza que intuimos portentosa, al fin objetos y ensoñaciones se entremezclan, como se entremezclan los idiomas, el castellano del lugar, el guaraní, el alemán, el portugués. A trompicones, vamos reconstruyendo unos hechos, un recuerdo, una tragedia.

Estamos pues ante una novela escrita a base de sugerencias y que, según la mejor tradición latinoamericana, crea un ambiente al tiempo que nos introduce en una naturaleza que adquiere también todo el protagonismo, con esos árboles de nombres evocadores. De este modo, el autor consigue que el lector se sumerja en el relato, que esté imbuido por esa cosa que se cuenta y que requiere también, como nos apunta el narrador, que se cuente otra, entrelazada, una historia como parte de otra más amplia.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Fernanda Trías

Miembro fantasma

Página de Espuma, 2026

 

«Nadie, ni presente ni ausente, es real» afirma Arturo, personaje de Ciclón, uno de los diez cuentos de este volumen. La afirmación, sin duda, permanece latente en cada uno de los relatos de Miembro fantasma, relatos que nos hablan de cotidianidad, de vida, de metaliteratura, de felicidad y aburrimiento, de miradas de lo real, o hacia lo real, siempre bajo esa metáfora al que se refiere el título, esa sensación de existencia de lo que no existe en realidad. Metáfora que enlaza los relatos de este volumen, la ausencia como tema, los va hilvanando de un modo sibilino. Porque en efecto cada uno de los relatos persiste una ausencia profunda, algo que nos falta, aunque lo sintamos bien presente, y que vamos percibiendo entre líneas, que frustra y pesa en cada una de las diez escenas.

Una vez más la autora, uruguaya y afincada en Colombia, nos cautiva con un lenguaje sobrio y poético a la vez. Crea Fernanda Trías una atmósfera que nos emociona, a veces nos altera y quiebra, en la mejor tradición a la que nos tiene habituados, permítanme el tópico, la literatura latinoamericana, siempre con tanta maestría y tanta variedad en la narración breve. Lo logra siguiendo tal tradición, recordando a todas luces el decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga, pero a la vez consciente de que se deben incumplir también las reglas, la escritura es también poder dar la vuelta a los cánones, manteniendo, eso sí, un giro final en cada cuento que nos sorprende, una breve turbación que atrapa. Contribuye a ello una forma de escribir que es casi médica por su exactitud y precisión.

Pero son también relatos de personajes claves, bien definidos, que logran cada uno de ellos proyectarnos el destello de esa foto que es siempre un relato breve. Es apreciable en el texto que da título al volumen, Miembro fantasma, en el que se afronta la cuestión, en cualquier momento espinosa, de la memoria colectiva, de lo que ocurrió en aquellos periodos sombríos de la historia reciente y que tanta ausencia y tanto dolor produjeron, siguen produciendo porque el tiempo, contra lo que se dice, no lo cura todo, a veces lo posterga o lo normaliza.

Quien se adentre en las páginas de este libro disfrutará una vez más de una narrativa viva, intensa. Fernanda Trías, por lo demás, es una escritora que se ha ganado de sobras el reconocimiento por su labor literaria, en el marco de una tradición que casi nunca defrauda.

32ºNúmero de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Jonathan Arribas

Vallesordo

Libros del Asteroide, 2025

 

Hay una literatura de evocación que acude al verano y a la adolescencia como tema, tema recurrente, podemos decir. No en vano el verano es un espacio de ensueño, de ruptura del tiempo y de acontecimientos que se recuerdan toda la vida. Mientras, ese instante que se sitúa entre la niñez y la adolescencia es un momento de descubrimiento, descubrimos el mundo y nos descubrimos a nosotros mismos, hablamos de primeras veces, de miradas cómplices, de grandes ilusiones y posibilidades para afrontar lo que somos, lo que creemos ser, lo que pretendemos ser. También es tiempo de las primeras decepciones que nos definen y que son inevitables, parte de la vida.

Jonathan Arribas nos propone en esta primera novela la evocación de un verano, el que siguió al quinto curso de su narrador. Para él, lo confiesa a la profesora, el más importante. Ella, al acabar la clase, le sugiera que lo escriba en la redacción que ha encargado como deber, pero que antes se lo cuente a alguien, a un interlocutor, para ensayar. Surge así este relato, el de Nicolás, Nico, que en un pueblo de Zamora se embelesa por el programa Fama, se entusiasma por sus concursantes, los imita, se emociona con sus coreografías, constituyen la base de su propia coreo, la que pretende presentar a una edición del programa para niños. Porque a lo que aspira es a ser bailarín. Lo decide y reafirma en esos meses de estío.

Mientras, nos va contando su verano con su familia que puede parecer normal, como la de todo el mundo, pero en realidad nadie es como todo el mundo, y así comparte el tiempo de verano con sus padres, su tía o su abuela, todos los cuales poseen rasgos particulares, a la vez excepcionales y anómalos, y que viven un momento único. Pero con quien vive ese descubrimiento del mundo es sobre todo con sus amigos Telma e Izán.

De esta manera, el tema recurrente del verano y la preadolescencia se vuelve un relato sensible, lleno de vericuetos y trapacerías. Con una prosa vibrante, nos sumergimos en lo que nos cuenta Nico, nos arrebatará su deseo de vida y sus ansías de definir su realidad. Jonathan Arribas logra así emocionar y atrapar al lector con una prosa que se desborda, repleta de sonoridad. A todas luces, una buena entrada en la literatura, una novela que merece leerse.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Christa Wolf

August

Traducción de Marina Bornas

Libros del Asteroide, 2026

 

August es conductor. Está a punto de jubilarse y ha enviudado recientemente. Ha llevado una vida sencilla, sin grandes sobresaltos. Pero mientras conduce su autobús de vuelta a Berlín, rememora su vida y recuerda su infancia, cuando apenas tenía ocho años y era un huérfano refugiado, tras una guerra de la que nada cuenta más que el vago recuerdo de un bombardeo. Vivía en un castillo reconvertido en hospital, junto a otros desplazados, entre ellos Lilo, una muchacha con quien se junta. Se acompañarán durante un tiempo indeterminado, en ese escenario sombrío sin duda, pero que August, al pasar los años, recuerda de un modo emotivo.

Esta es la trama de este relato, apenas un cuento largo o una novela muy breve, que fue además el último texto de Christa Wolf (1929-2011), escrito el año mismo de su muerte como presente literario a su marido, tras sesenta años de matrimonio. Estamos ante una sencilla pero intensa evocación de una de las escritoras alemanas más importantes del siglo XX, una de las autoras claves de la desaparecida República Democrática Alemana.

A pesar de la sencillez del relato, no exenta de dulzura y sobriedad, apreciamos el dolor por un momento de la historia que dejó no poca desolación a los personajes que vivieron aquel tiempo de horror. No hay en ninguno de los personajes una reflexión sobre lo recién vivido, sólo la descripción de una realidad un tanto opaca que es, sin embargo, emotiva a pesar del dolor. Ni siquiera se plantean el porvenir, los personajes viven fijos en el instante, fijos en un entorno que deja entrever un tiempo de cambio que pudiera parecer sempiterno, pero que no lo es, la muerte y el alejamiento señalan bien a las claras que el tiempo transcurre, inexorable, como han transcurrido los años posteriores, hasta llegar el protagonista a esa edad en que queda sólo el recuerdo y cierta nostalgia, sí, pero no exenta de algo que bien podríamos calificar de felicidad.

La editorial Libros del Asteroide ha recuperado este libro, un texto no menor, aunque corto, de una escritora que merece ser reivindicada por su sensibilidad y su calidad literaria.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Iñaki Domínguez

El Panamá

Vida de un fuera de la ley

Editorial Ariel. 2026

 

«Nadie es dueño de la verdad absoluta» nos dice José Manuel Cifuentes, el Panamá, en el epílogo de este ensayo de Iñaki Domínguez que nos cuenta, nos desentraña más bien su vida, su actuación, sus sombras. Y nadie lo es, tal vez, porque las percepciones sobre lo real se dan desde muchos ángulos y proyectan muchas realidades, a veces contadas éstas más bien como justificaciones, con que componer no tanto la verdad absoluta, sino una mirada de esos símbolos y significados compartidos, no siempre coincidentes, que conforman una sociedad. Una sociedad compuesta a su vez de otras muchas (sub)sociedades y grupos sociales que construyen la historia o el mundo en el que deambulamos.

El libro versa en primer término sobre la actividad del Panamá, aunque el autor la utiliza para reflejar la historia de un país y una mentalidad a través de su delincuencia, la ejercida por el personaje que ocupó un papel central en la época, pero no sólo la de él. No en vano este ensayo y sus libros anteriores, rigurosos en datos y descripciones, son un intento de explicar la evolución de España través de su periferia social. Porque conocer la intrahistoria de lo marginal y lo ilícito nos permite distinguir también los cambios de una sociedad a lo largo de los diferentes y sucesivos momentos, ahora que tanto se ha hablado de estos últimos cincuenta años en los que salimos de una dictadura, pasamos por un periodo de transición, o transacción, que no fue en absoluto épico ni pacífico, como han pretendido que creamos, y hemos avanzado hacia una sociedad próspera, una de las economías álgidas de Occidente, aunque con demasiados descosidos. Cada uno de estos momentos tuvo un modelo de delincuencia y de personas que la integraban, un reflejo en ambos sentidos de la sociedad, de los valores imperantes y de las prioridades que guiaban a los individuos que la conformaban. Reflejo porque en gran medida todos en ambos lados de la barrera, demasiado fina muchas veces, que separaba lo legal de lo ilegal, lo lícito y lo ilícito, compartían un mismo modo de ser y de actuar.

El Panamá en concreto opera cuando España va dejando atrás definitivamente la transición, se ha conseguido mal que bien estabilizar unas instituciones democrática y/o representativas que nos permitió entrar en la antesala de lo que hoy es la Unión Europea y la prosperidad se expande desde entonces, en un momento en que «hacer dinero» se volvió uno de los ejes de la realidad social. Son los años, recuérdese, que se inician con la exclamación, la boutade, del ministro Solchaga de que «España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico». Y bajo esta mentalidad tan de nuevo rico comienzan a moverse una nueva generación de delincuentes que se interesan sobre todo en eso mismo, en volverse ricos, en vivir bien, a todo trapo. Comparten con los quinquis de los sesenta, los setenta y los mediados de los ochenta un origen social y unos códigos éticos, porque las bandas y los grupos poseen también unos códigos de comportamiento descritos en el libro, pero «hacer dinero» y saberlo mover se convierte en algo prioritario en esta nueva etapa. Los códigos éticos, por el contrario, tal vez como consecuencia de ello, comienzan a resquebrajarse, entramos en un periodo histórico de individualismo, un tiempo de sofistas donde todo ya es relativo y según la conveniencia de cada cual, y cuando además la droga ha resquebrajado en gran medida muchas de las dinámicas de los barrios obreros y periféricos.

La delincuencia que sigue al tiempo central del Panamá será ya otra cosa, como lo es el país, la sociedad.

Pero Iñaki Domínguez no se queda sólo en lo delictivo, conversa con José Manuel Cifuentes y con su familia y sus amigos, tratan muchos temas, reflexiona sobre lo que se le cuenta y así el autor compone con sus palabras un relato coral que nos muestra los claroscuros de una vida compartida que tiene elementos que nos pueden parecer cuasi heroicos, pero también están presentes los aspectos más siniestros, las de sus víctimas, la de ese agente policial, por ejemplo, casi al final del relato, que se queda apopléjico por la maldita casualidad de encontrarse con la panda cuando cometen un robo y cuya presencia, fortuita pero posible o previsible, modifica de pronto la visión que hemos podido hacernos del Panamá, la imagen edulcorada que se da en ocasiones. Él mismo parece darse cuenta de ese abismo que es la vida de uno, lo vivido, y le devuelve aquello que escuchó de joven, «por lo que hoy corres, mañana no darás un paso».

Es un libro que nos inducirá a una reflexión intensa de esos últimos años, con demasiados antagonismos, el retrato de la sociedad que conformamos, de lo que hemos sido y somos, desde la perspectiva a todas luces punzante, la de las zonas sombrías y vergonzantes. En definitiva, se trata de un buen acercamiento desde la periferia a una realidad poliédrica y no siempre tan complaciente como quisiéramos.

 

Reseña literaria-Por Juan A. Herdi

Berna González Harbour

Que fue de los Lighthouse

Ediciones Destino, 2025

 

La muerte del patriarca de los Lighthouse parece poner patas arriba la normalidad de la familia. Fallecida su esposa años atrás, la misma está formada por Arthur, el hijo mayor, científico eminente y activista en varias causas, las hermanas mellizas Jane y Joyce, que viven respectivamente en España y en Francia, y Benjamín, el pequeño, actor y de vida un tanto amoral. Se unen a ella los conyugues respectivos, sobre todo Martha, la esposa de Ben y que ha cuidado a Everett, el patriarca, durante su enfermedad, los hijos, una amante de Ben, Ann-E, con un papel esencial en la trama, y también Asha, la criada africana, y su hija Amina, consideradas como de la familia, aunque llevan lustros viviendo fuera de la casa común.

Son una familia bien integrada en los entresijos de la realidad política y social de Gran Bretaña. No en vano, Everett Lighthouse sirvió como veterinario y alto funcionario en el Servicio Colonial británico en Tanganica y regresó, junto a su esposa, su hijo mayor nacido allí y su criada Asha y a Amina, a la metrópoli cuando se inició el proceso de independencia de la colonia.

El testamento descoloca a todos y los enfrenta a secretos familiares, algunos conocidos y medio ocultados, otros a punto de descubrirse, todos ellos hirientes y que harán tambalear el aparente orden en que han vivido hasta ese momento.

De este modo, la novela es el relato de una crisis familiar que empeorará a medida que se van descubriendo nuevos secretos o se agravan aquellos que han permanecido semi ocultos. Pero es una crisis, además, que transcurre paralela a la que se da en el Reino Unido, donde todo parece derrumbarse, los servicios públicos, la estabilidad política del gobierno, la economía del país, mientras el debate se centra en el Brexit, ante un referéndum en el que está en juego la identidad nacional. Ante ambas crisis, se rememoran antiguas grandezas, las de la familia, rememoradas por los hermanos, y las del Imperio, momento esplendoroso de un país que ha gobernado —«civilizado»— medio mundo, aunque en todas estas grandezas evocadas con nostalgia aparecen también demasiados claroscuros.

Estamos por tanto ante una novela en que la atmósfera resulta fundamental, está descrita con suma elegancia, y en el que destacan todos los personajes, bien delineados todos ellos, sin que haya juicios desde la narración, no hay valoración en lo que se expone, sino que será a todas luces el lector quien apreciará sus actos a medida que avance el relato.  Todo ello además con una prosa precisa, bien medida, sin más ornamentos que los hechos que se entrelazan con naturalidad, pero sin perder por ello intensidad. El lector quedará atrapado por una historia que le confrontará a los múltiples reflejos de un tiempo, un país y una familia con demasiados frentes hirientes que no podrán permanecer ocultos y que nos enfrentarán irremediablemente a un presente que es, al fin, su consecuencia.

Reseña literaria-por Juan A. Herdi

Carmen Martín Gaite

Todos los cuentos

Debolsillo / Siruela, 2025

 

Ya podemos afirmar sin ningún reparo que el cuento literario o relato breve goza en España de buenísima salud. No sólo hay un enorme número de cultivadores tanto en castellano como en las otras lenguas estatales, sino que una gran parte de las editoriales ya le prestan la atención debida, incluso hay alguna que se ha especializado en el subgénero y también se publican recopilatorios de los cuentos completos de no pocos autores, tanto españoles como extranjeros.

Este es el caso de una de las escritoras más interesantes de nuestra historia literaria, Carmen Martin Gaite, que pertenece a una generación de autores que incidieron en el cuento y le dieron además una verdadera carta de naturaleza. Medardo Fraile, que sólo escribió relatos breves, o Ignacio Aldecoa, por destacar a los dos cultivadores principales, fueron compañeros suyos de generación, justo cuando empezaban a llegar a España los escritores latinoamericanos que dieron el espaldarazo definitivo al cuento en el país. De allí que les tengamos que agradecer también a ellos su aportación, así como a otros escritores que, como Manuel Andújar, en el exilio, se dedicaron a la escritura de relatos breves brillantes que hemos de reivindicar y que sin duda tienen que volverse a publicar y conocerse en España.

En este volumen, editado y prologado por José Teruel, tenemos todos los relatos de Carmen Martín Gaite, tanto los de juventud, aquellos con los que comenzó su trayectoria literaria y que publicó en revistas como Trabajos y Días o Revista española, como los que publicó en volúmenes destacados y aquellos que continuó escribiendo hasta el final de su vida.

 A través de su lectura, reconocemos las diferentes etapas de la escritora. Pues estamos ante una autora que supo moverse por una variedad enorme tanto formal como temática. Desde el neorrealismo hasta la imaginación desbordante, sus relatos se renuevan y avanzan por las temáticas que reconocemos también en sus novelas y también en sus textos sobre hábitos y costumbres del país. Apreciamos también ese gusto por el detalle, algo que convierte a todo cuento breve que se precie en una verdadera joya.

Estamos en definitiva ante un volumen imprescindible que todo lector de Carmen Martín Gaite apreciará sin duda y que puede ser también una buena introducción para quien no haya entrado aún en las páginas de una de las grandes escritoras españolas.