Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Alex Oviedo

Como todos los días

El Desvelo Ediciones

 

Es lo que tiene a veces esa normalidad que se desprende de la más pura cotidianidad, que se trunca cuando menos te lo esperas. Un pierna enyesada por un tonto accidente doméstico, un ascensor que no funciona y, por último, el encuentro, un piso por debajo del propio, con los ladrones en la casa de un vecino, que le lanzan las correspondientes amenazas para que no cuente nada, estropean el domingo lánguido de un hombre que se pretende normal y acabarán por desbaratar la rutina durante los cinco días siguientes. Todo parece darse la vuelta en los hábitos del narrador, el trabajo, las relaciones con los demás, el día a día, aunque también da lugar a decisiones y actitudes que, tal vez, sin el acicate de lo ocurrido el domingo no se hubieran producido.

Por supuesto, el hombre, buen ciudadano, avisa a la policía, cumple con su deber, igual que parece cumplir con los deberes mundanos.

Todo ello además bajo la sombra de una casualidad curiosa y extraña, no es la primera vez que roban el piso en cuestión, lo que plantea el runrún del porqué de las cosas, si es puro azar lo que hay en la sucesión de hechos o hay, por el contrario, una motivación detrás de cada cosa. 

De este modo, el autor nos ofrece los seis días en la vida de un hombre que se mueve entre la sorpresa, el absurdo, el sinsentido y cierto desbarajuste vital desencadenado sin saber muy bien por qué. El resultado es un relato en el que asistimos a una extraña sinuosidad que, de pronto, ya venga determinada o no, llevará a que el protagonista se rebote contra el orden de las cosas tal como le han ido sucediendo hasta ese momento.

Estamos ante una novela de la cotidianidad y del absurdo, con toques humorísticos e irónicos, una reflexión sobre lo que somos y cómo afrontamos estas vidas nuestras que creemos bien ordenadas y olvidamos que muchas veces todo ocurre por mera chiripa. Sin un plan preconcebido. Todo ello intercalado de un sinfín de referencias literarias y sobre todo cinematográficas agregadas de un modo brillante y que acompañan el relato, lo van perfilando como un elemento más que ayuda a seguir la inferencia de los hechos.

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Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Juan Cárdenas

Peregrino transparente

Editorial Periférica, 2023

¿Qué ve la mirada?¿Miramos la realidad o construimos lo real a través de nuestro ojos y de nuestras ideas preconcebidas o de nuestros deseos?¿Qué consecuencias comporta la mirada?¿Nos paralizamos como cuando el objeto a mirar es una Gorgona o trascendemos lo individual para conformar la realidad? No en vano el pensador Jiddu Krishnamurti afirmó que no vemos las cosas como son, sino como somos. Pero aún podemos ir más allá porque la mirada trasciende lo individual y puede construir realidades colectivas. Pudiera ser la patria una de estas realidades establecidas, porque nuestra idea de país se va delimitando por medio de un sinfín de miradas que el tiempo, la historia, va acumulando. Vemos un país, con su amalgama de relaciones y de hechos, a través de las imágenes, sean o no reales, que ha habido antes de nosotros y a las que se suma las que el presente incorpora.

Este es uno de los temas de Peregrino transparente, la novela de Juan Cárdenas que nos presenta un mapa de las miradas que se proyectaron sobre Colombia en un momento dado del siglo XIX y que contribuyeron a construir un país, para bien o para mal, miradas que han llegado hasta hoy, las reconocemos sin duda en el presente, las creemos incluso elementos de la realidad. El gobierno colombiano de la época impulsa una Comisión Corográfica cuya misión es recorrer parte de Colombia para una descripción de su geografía humana. Hubo un informe real, el que escribió Manuel Ancízar y que publicó por entregas primero en el periódico El Neogranadino y que luego apareció en un único volumen, con el título Peregrinación de Alpha. Juan Cárdenas parte de este libro para reflexionar sobre lo que supone la invención de un país, pero a la vez plantea otros temas, el arte o la política, el juicio humano, la naturaleza o el carácter humano.

El resultado es una novela impresionante en la que se narra y se describe cómo la comisión, pero sobre todo los artistas que forman parte de ella, en concreto uno de ellos, el inglés Henry Price, asiste a una realidad remendada por hilos de leyendas, de sentimientos ante una naturaleza exuberante, de expectativas y ambiciones políticas, de emociones, de mitos y personajes de la literatura universal que incluso desembocan en Colombia para jugar un papel fundamental, y todo ello se enhebra para dar al final una representación que, aun cuando parezca real, en realidad propicia esa fábula en la que a todas luces nos movemos.

Hay un elemento añadido, el rastreo de un pintor misterioso, conoceremos apenas su nombre a lo largo del relato, que va dejando huella por medio de pinturas que asombran y maravillan a los miembros de la Comisión. Lo buscan casi como en un western a medida que descubren sus pinturas fascinantes. Se proyectarán también sobre él miradas y se le atribuirán incluso máscaras y atributos, tal como se lleva a cabo con la realidad.

Al lector le fascinará sin duda un estilo que es pura analogía de la naturaleza descrita. Habrá reflexión sobre el arte y su función, sobre las relaciones sociales, sobre la vida en definitiva, y sin duda no dejará esta novela a nadie indiferente.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Maria José Navia

Todo lo que aprendimos de las películas

Página de Espuma. 2023

 

Hay algo perturbador en cada uno de los diez relatos que conforman este libro. No es una perturbación mala, negativa ni desagradable, sino por el contrario la lectura de los textos va dejando un poso extraño pero grato. Una extrañeza que procede además de lo cotidiano. O de lo que es aparentemente cotidiano, un término común pero de difícil delimitación, de un modo análogo a lo que ocurre con el de normalidad. Es cierto por otro lado que en un puñadito de palabras caben muchos pasados, también muchos gestos y bastantes sugerencias. Se capta de pronto, entre la cotidianidad de lo narrado, una profunda confusión, o una magulladura algo inquietante, y todo ello nos los ofrece la autora, María José Navia, a todas luces con gran maestría literaria.

Se recomienda una lectura pausada porque sólo así se consigue captar esa atmósfera sinuosa de los relatos, una atmósfera envuelta de frases entrecortadas, directas, a retazos, a golpe de relaciones ínfimas, tal vez efímeras en apariencia, imágenes entretejidas por palabras y frases hilvanadas con destreza y que dibujan deseos y expectativas, hechos que pudieran ser, pero no son. El resultado es en efecto la captura de una atmósfera en cada historia, una sucesión de atmósferas que quedan en la retina del lector, como una sucesión de fotogramas. Si un relato, un buen relato, es la aprehensión de una atmósfera, resulta más que evidente que estamos ante un libro más que notable.

Porque lo primera que uno siente cuando termina la lectura de los relatos es justo eso, una turbación que no se sabe muy bien de donde viene, si de la evocación o el recuerdo, de ese ejercicio recordatorio que viene provocado por un detalle nimio, o de un sinfín de relaciones que se tejen entre los personajes, relaciones familiares, o cuasi familiares, que sorprenden hasta el punto de tener que volverlos a leer. Sin duda, el estilo tiene mucho que ver con esta impresión, se trata de una prosa apacible, tranquila, sin aspavientos, seductora, como una sucesión de imágenes que pasan ante nosotros para absorber nuestra atención y removernos. En gran medida, la realidad es un acto de lenguaje. Merece la pena, por tanto, adentrarse en este libro.

Las diez historias conmueven. Nos trasladarán por lo demás a una y mil referencias que forman parte de un bagaje compartido. 

Una vez más estamos ante una propuesta literaria intensa, innovadora, que nos viene además de América. Una vez más la literatura latinoamericana, en este caso de una escritora chilena, nos emociona con la brillantez de sus relatos y con la conmoción de su lenguaje, tan visual. Estamos por lo demás ante una nueva generación de autores que han heredado una tradición literaria impresionante y que le dan la vuelta con absoluta genialidad a lo cotidiano al tiempo que engrandece de nuevo el arte del cuento literario.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Elena Peña Bilbao

Si el agua nos lleva

Viento Norte Editorial, 2022

 

Sin duda es muy oportuno para la reseña de esta novela recordar el inicio de Ana Karenina, de León Tolstoi, ya convertido en una cita al uso: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». Habría que tener en cuenta que la familia ha comenzado a cambiar bastante en los últimos lustros, aparecen nuevos lazos familiares que no siempre pasan por la consanguineidad, aunque siguen siendo aplicables las palabras del escritor ruso. Y viene la cita a cuento porque en este libro el tema principal que hila la trama del mismo es justo ese, el de la familia, la familia y los vínculos entre sus miembros, la familia y sus secretos, la familia y las infelicidades, con las correspondientes heridas que parecen heredarse.

Nuria afronta la muerte de su madre, Rita, una bilbaína que se traslada a Madrid tras las inundaciones que asolaron su ciudad en 1983. Casi de inmediato, recibe una llamada del Hospital de Basurto de la capital vizcaína para comunicarle que su padre, al que creía muerto, desaparecido en las inundaciones, está hospitalizado tras una sospechosa caída al Nervión. También se entera de la infidelidad de su marido con una compañera de trabajo. Todo ello le lleva a viajar a Bilbao para dilucidar el misterio de la aparición de un padre que no conoce y del que no sabe nada, y de paso aclarar las cosas con su marido. A partir de entonces, su vida se envuelve en los secretos de alcoba de sus padres y de las personas que los rodean, entre ellas Dámaso, vecino de ambos y dueño de la confitería en la que había trabajado su madre hasta su partida.

Se narra el proceso de Nuria en paralelo al relato de lo que ocurrió durante ese agosto de 1983 y que explicará en buena manera lo que la protagonista acabará descubriendo. Son dos momentos narrados de forma diferente, en presente en lo que concierne al viaje de Nuria; en pasado, los hechos ocurridos entonces. Poco a poco el lector irá componiendo un mapa emocional de los personajes, asistirá a sus vidas sin que en el texto se formule ningún juicio de valor sobre los mismos, mostrando, eso sí, los miedos, los ánimos y las cobardías de todos ellos, porque la vida se compone al fin y al cabo de las decisiones en las que el miedo o el valor juegan un papel fundamental.

Tras todo ello hay ese escenario de unas inundaciones que cambiaron por completo Bilbao y también a unos personajes que encontraron en aquella catástrofe la oportunidad de cambiar sus vidas, lo que Rita asumió, pero no Dámaso y Benito, el marido. De este modo, la catástrofe se vuelve algo simbólico, un momento envolvente que permite también desechar y aprovechar las circunstancias.

Elena Peña, la autora, es guionista de formación y oficio, lo que a todas luces se nota en su estilo, quizá demasiado evidente en la composición del texto, que expone y describe todos los detalles, aunque ello no reduce la intensidad de la historia que sin duda atrapará al lector por el atractivo que rodea a los personajes, a los que se sentirá tan cercano.

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Valeria Correa Fiz

Hubo un jardín

Páginas de espuma. 2022

 

Hay algo perturbador en cada uno de los sietes cuentos que componen este libro, como un elemento un tanto díscolo que procede de confrontar lo bello y lo siniestro, el orden natural y ese desbordamiento que contiene también toda naturaleza, sea la naturaleza del mundo, sea la naturaleza de cada uno de nosotros. Sin duda la autora tenga razón al colocar en el mismo plano todos esos elementos que creemos escindidos, pero que al final, como ocurre en cada texto, se entremezclan sin ningún pudor, para conformar eso que llamamos realidad, aquello que es tal vez la normalidad, lo que asumimos como tal, y que siempre reubicamos a través de la memoria, tal vez porque nos damos cuenta que lo normal es algo dudoso. Sobre todo si reflexionamos sobre ese jardín del título del libro, que nos remite a tantas cosas.

A todas luces los relatos también se nos presentan como una reflexión lírica sobre la pérdida de la inocencia, alcanzando algunos de ellos incluso una sensación de horror, consecuencia de la muerte o del puro caos, parte integrante también de toda identidad. Rememorarlo produce reparo y tal vez por ello la necesidad de reestablecer el pasado, el recuerdo, la evocación. El escenario de los sucesos, una zona desbordante de naturaleza en Argentina, ayuda a comprender lo que ocurre, alcanza incluso un papel protagonista al mismo nivel que los personajes. En el cuento Hotel Edén es sin duda, en mi opinión, donde se plasma hasta el extremo esta fina construcción que la autora nos ofrece. El cuento que le sigue, El invernadero de Eiffel, posee por su parte una belleza que sin duda acentúa el lenguaje cuidado, refinado y poético de la escritora, sin que pierda por ello fuerza la historia que se narra, mientras que percibimos las imágenes de un modo incluso sensorial, tal vez porque, como se dice en él, «los objetos son huellas del pensamiento». Esa misma sensación la encontramos en los demás relatos.

Una vez más estamos ante una escritura minuciosa, precisa y primorosa, que es algo que nos llama siempre la atención de los autores latinoamericanos. Consigue de este modo la autora que el horror estremezca, pero de otro modo, con un poso de lirismo que sin duda no dejará indiferente al lector. Valeria Correa Fiz es argentina, de Rosario, y aun cuando lleve tiempo residiendo fuera de Argentina, mantiene en sus textos el atractivo del castellano de su país, con un lenguaje ágil que es además otra de las características de este libro. Toda una invitación a estar atento de esta autora.

 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Marta San Miguel

Antes del salto

Libros del Asteroide, 2022

 

Una mujer se traslada casi un año a Lisboa con su familia por razones laborales. Ese paréntesis en su rutina le va a suponer confrontarse con su vida entera, una reflexión a todas luces intimista que le obligará a cruzar significados entre lo real y lo posible, a tener que explicarse lo irreversible, a enfrentar lo tangible y lo tópico. Va tomando conciencia, lo afirma en un momento dado, de que el mundo es en gran medida una ley física sostenida por sus contrarios.

Descubrir Lisboa le va a permitir también reconocer el desdoblamiento que hay en toda realidad: la ciudad contiene otra ciudad paralela a la oficial. Ocurre lo mismo sin duda con la vida, que enfrenta lo aparente con lo que hay detrás de lo más tópico, no siempre coincidentes, como no lo son las normas con los usos, el recuerdo y la vivencia del presente, la evocación y los sentidos a flor de piel. Pero va a ser el detalle aparentemente secundario producido por el olvido de añadir una foto a su equipaje, la del caballo con el que practicó salto durante un periodo de su vida, lo que va a desatar una profunda reflexión vital. De este modo, la equitación, la práctica del salto y el propio caballo se vuelven símbolos de este estar en el mundo, en un ejercicio introspectivo tan útil como necesario.

El resultado es esta novela en apariencia sencilla, construida –casi cosida– a retazos, a golpe de recuerdos, evocaciones y descripciones, tras lo que hay un ejercicio de introversión y de asombro ante lo más cotidiano, que es también lo más importante, porque es allí donde todos nos situamos y de este modo la narradora nos va presentando de un modo poético y experiencial las conclusiones de su mirada renovada del mundo.

El lector, sin duda, quedará atrapado por esta secuencia de reminiscencias vitales que son como píldoras emocionales y reflexivas. No quedará indiferente, tampoco distante. Al final algo nos indica que lo que se cuenta en esta novela, la primera de Marta San Miguel, quien había publicado hasta ahora poesía y ensayo, es algo que nos afecta de forma irremediable y nos despierta no pocas cavilaciones sobre nuestra propia vida.

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Alejandro Morellón

El peor escenario posible

Fulgencio Pimentel

 

Asumimos la realidad cotidiana porque es lo que tenemos más cerca, a lo que nos hemos habituado y lo que siempre hemos vivido con un halo de normalidad (¿normatividad?). Pero a todas luces todo lo que nos rodea, nuestra propia vida, contiene elementos por los que se cuela no poca irracionalidad, un alto grado de absurdo, un sinsentido que, al final, habremos de asumir y del que tomaremos plena conciencia más pronto o más tarde. Sólo es necesario confrontarse a ello.

Y qué mejor espejo que la literatura para darse cuenta de lo que hay.

Porque es eso justamente lo que nos revelan los once relatos de este libro que comentamos, una verdadera colleja emocional para el lector que va a descubrir entre sus líneas todo ese desgarro irreversible que supone lo real, nadie va a quedar ajeno porque al final todos tenemos nuestros recovecos donde ocultamos algo tremendo, como la pareja de oncólogos de uno de los cuentos que encubren otra vida, a todas luces menos amable, detrás de los muros de su cómodo hogar, o descubriremos, como le ocurre a un personaje de otro relato, ese sentimiento de darle la espalda a parte de sí mismo. Porque a menudo la existencia es extraña y paradójica.

Quizá no sea posible huir de lo que viene anunciado en las múltiples arrugas y brechas de lo real, lo que produce temor, un miedo que es anterior al hecho en sí, por mucho que se busque un sentido lógico a lo que sucede.

Narrados con una plasticidad enorme, con tono lírico, Alejandro Morellón nos enfrenta al apocalipsis, al caos ordenado, todo ello como si nos lo advirtiera el furby del primer relato, lo que crea no poca incomodidad, la misma que sienten los seres estrafalarios que habitan una extraña galería y que parecen dialogar consigo mismo, en busca de su propio sentido. El autor lleva al extremo las situaciones, pero deja entrever que bien pudiera ocurrir cada línea de lo que se narra en la vida misma, no sería al fin tan extravagante, y por tanto el absurdo lo descubrimos al enfrentarnos a toda circunstancia recogida en cada cuento, pero también en la realidad que nos rodea, en cada detalle y que vemos con una normalidad tan pasmosa como sorprendente. Por lo demás, nos deslumbrará por su estilo acertado, brillante, creando siempre una atmósfera manifiesta, intensa, imposible ser ajeno por tanto a lo que se nos cuenta y a la manera en que se nos cuenta.

No en vano, el primer relato del volumen, «Pájaros que cantan al futuro», obtuvo el Premio Ignacio Aldecoa de cuentos en castellano, en su quincuagésima edición, sin duda una buena carta de presentación.