Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Jimena Canales

El físico y el filósofo

Arpa, 2020

La tarde del 6 de abril de 1922 la Sociedad de Filosofía de París auspició un debate en la capital francesa que reunió, y enfrentó, al físico Albert Einstein y al filósofo Henri Bergson. El tema fue sobre todo el tiempo, el tiempo del universo y el tiempo de nuestras vidas, sobre lo cual ambas personalidades tenían concepciones confrontadas. Ese encuentro creó una polémica que fue determinante a lo largo de todo el siglo XX y que tuvo consecuencias no sólo en la física o en la filosofía, sino que afectó a otros muchos ámbitos, incluido el artístico y el político. Pero además ese debate supuso una escisión entre la física y la filosofía, algo que había ido de la mano a lo largo de la historia, y por extensión creó la separación entre ciencias y humanidades que nos ha llegado hasta hoy, tan empobrecedora.   

La historiadora de la ciencia e investigadora Jimena Canales parte de ese enfrentamiento en su libro El físico y el filósofo para explicarnos los contenidos del debate y sus polémicas encendidas que enfrentó a la comunidad científica con la filosófica, también a científicos y filósofos entre sí. El tema tuvo sus repercusiones en el arte y la mirada que proyectaba sobre la realidad y el tiempo, incluso incidió en la ciencia ficción de mediados del siglo XX.

Dividido en cuatro bloques, la autora nos hilvana con destreza muchos aspectos de esta polémica y sus consecuencias, pero también nos presenta las discusiones paralelas que se dieron en todo el mundo a raíz del enfrentamiento entre ambos hombres. Nos lo presenta además con claridad, sin que los conceptos científicos ni los filosóficos, a veces arduos, obstaculicen la comprensión de la polémica en cuestión, incluso invita a profundizar en ella. El epílogo, por su parte, refiere brevemente la continuidad del debate tras las respectivas muertes de Bergson y de Einstein y las nuevas sendas sobre las que se desarrolla y avanza la reflexión. 

Se trata en definitiva un excelente texto para superar esa escisión de los saberes, división esta que la propia realidad del año 2020 nos ha mostrado que es absolutamente errada y que hemos de contemplar en consecuencia la ciencia y las humanidades como complementarias para atender en toda su envergadura cualquier aspecto de la vida.  

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Cecilio Olivero

Poemas con nocturnidad

Ediciones Vitruvio

Uno a veces se pregunta qué sentido tiene escribir poesía en estos tiempos de Whatsapp y de redes sociales, pero también de mayor soledad. Al igual que el poeta aquí reseñado, y perdonen que me entrometa tanto, uno tampoco le encuentra mucha sensatez a esta vida cotidiana. No es baladí el comentario: la poesía en buena medida se nutre de cotidianidad y de rutinas con relación a un hipotético sentido global o parcial de la misma, de la poesía o de la vida, acaso sean lo mismo, y no son pocos los autores que han convertido la aparente normalidad, no sé si nueva o añeja, pero bien trillada en todo caso, en materia literaria con extraordinaria brillantez. 

Puede resultar en definitiva tópico y victimista esto del sentido de la poesía hoy, por seguir con la cuestión, en todo caso habría que asumir que lo de escribir y leer poemas sólo es cosa de los poetas y de cuatro amigos despistados, aunque puede que sea mejor dejar de preguntárselo, en el fondo no hay debate, e incorporarlo a la rutina sin más. «Escribo poemas y veo televisión», afirma el autor de este poemario, provocador y exagerado: esta es, al fin, la actitud, una poesía exenta de misticismos, atada a la tierra, a la vida cotidiana.

Así que quien se provea de este poemario se va a encontrar con una reflexión sobre lo cotidiano y un ejercicio de nostalgia –«ya no son de purpurina los sábados noche»–, una vaga reflexión sobre la vida y, sí, también un cierto ajuste de cuentas velado. Habrá quien piense que no es nada nuevo, y no, no lo es, pero desde los tiempos de Enheduanna, hace cuatro mil años, se repiten los temas, los llaman tópicos, y siguen teniendo para muchos un significado. O por lo menos sigue siendo motivo de reflexión y cada poeta aporta su mirada. Bienvenida sea. Respecto a la originalidad, obsérvese que este término no se refiere tanto a lo novedoso, sino al origen. Por algo será. 

De este modo, seguimos con el fracaso, el paso del tiempo, la muerte, la amistad, los recelos, la paternidad, la marginación social, la condición de hijo o la mirada sobre sí mismo, aspectos todos ellos en que se van desgranando los grandes temas de la vida. Hay incluso una reflexión sobre la necesidad de cambiar el mundo, aunque el autor presagia que cualquier intento en tal sentido lleve posiblemente a empeorarlo. Introduce para darle más empaque la anécdota del transportista de una empresa de distribución cuyo acto de rebeldía apenas rompe las reglas de juego, rebeldía fugaz aunque sin duda feliz.

Es una propuesta más, pero interesante, un nuevo intento de restablecer el orden que brinda toda poesía meditada, un libro que requiere, como todos los poemarios, una lectura pausada y cómplice. Vale la pena enfrentarse a él, poco a poco, sin prisas, con paciencia. La vida misma.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Joseba Martínez Huerta

Paseos y derivas

Editorial Rubric, 2020

Les aconsejo vehementemente que se provean de este libro, Paseos y derivas, que lo lean con lentitud y de manera constante, en el orden que quieran, en cualquier momento del día o de la noche, que degusten cada una de las píldoras reflexivas que lo componen, textos brevísimos acompañados de una cita, que repitan su lectura las veces que haga falta, les aseguro que las posibilidades son infinitas, incluso llévenlo siempre consigo, aunque se desgaste o se pierda, en tal caso provéanse de otro para seguir leyéndolo, los efectos les resultarán, si mantienen una lectura frecuente y atenta, más que notables. En sus 135 páginas y una cita añadida aprenderán cuanto menos a caminar, contemplar y escuchar, a disfrutar del laberinto de las ciudades, a destripar el tiempo en beneficio propio. Es muy difícil que un conjunto de escritos breves contenga toda la inmensidad del mundo. Este lo atrapa con la tenacidad del paseante que es su autor, alguien que, según me cuentan, gusta de perderse por la ciudad –y en su ciudad sin duda están contenidos todos los laberintos– y contemplar las copas de los árboles en busca del komorebi, que son esos rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles. Pasear ayuda a pensar y pensar permite situarse en el mundo, encontrar un lugar, adecuar el tiempo a la vida, no al revés. 

Eso es justamente lo que nos ofrece el autor, unos pensamientos breves que son una invitación al goce del instante concreto, sin misticismos, con reflexiones profundas a flor de piel, pero nunca imponiendo o adelantándonos una conclusión, esto es cosa nuestra, y puede que si aplican sus recomendaciones les ocurra lo del monje que al contemplar el jardín pierde por completo la sensación presurosa del paso del tiempo. Este libro es una invitación a disfrutar de una vida intensa, ajena al ruido de esta contemporaneidad que ahora mismo nos está resultando bastante distópica. El autor pasea por calles, plazas, parques y jardines, cualquier rincón es apto para sugerirnos prestar atención al entorno cotidiano y que las prisas nos impiden contemplar. También nos invita a pasear por poemas y citas de otros escritores, la literatura es al fin y al cabo otra forma de caminar, en este caso por las palabras, algo que requiere también de calma y atención. Les aconsejo en definitiva que se pierdan en esta joya de la escritura que defiende la lentitud incluso como actitud filosófica. Se lo agradecerán a su autor, no me cabe la menor duda.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Pedro Ugarte

Antes del Paraíso

Páginas de espuma, 2020

A todas luces es motivo de alegría entre nosotros que el relato breve, el cuento literario o la narración corta, como quieran llamarlo, haya alcanzado en España carta de naturaleza como género. En la literatura medieval hubo algunos ejemplos de maestría en lo breve, y tal vez sea El Conde Lucanor el más conocido en la tradición castellana, o mejor dicho en castellano, pero con el tiempo apenas pasó a considerarse un medio para aprender a escribir, un proceso de aprendizaje para el novelista en ciernes, todo lo más un subgénero o género menor. Hasta que la literatura latinoamericana, con verdaderos maestros en el cuento literario, nos mostró su importancia y contribuyó a darle al relato breve un valor por sí mismo.

En los años cincuenta, no obstante, poco antes de la mencionada influencia latinoamericana, aparecen ya en España los primeros autores que destacan en el arte del cuento literario, Ignacio Aldecoa o Medardo Fraile son quizá los más reconocidos. A partir de allí ya surgen varios escritores que adquieren a su vez pleno dominio del cuento. Incluso hay alguna que otra editorial que se especializa en la narración corta. Siguiendo tal estela, es Pedro Ugarte ahora mismo un buenísimo heredero de esta tradición y uno de los autores fundamentales para quien guste disfrutar de la literatura breve.

Antes del Paraíso es su última propuesta, un volumen de ocho relatos que de algún modo es la continuación de Nuestra historia, publicado en 2016 por la misma editorial. Cada uno de los cuentos es una foto de la mera cotidianidad, pero no una foto fija, sino que el ojo atento del lector reconocerá entre líneas, en los silencios, en lo giros de las frases una historia, apenas una anécdota, tras la que brota la sospecha de lo que hay al otro lado de la aparente normalidad: algo de tedio, una pizca de infelicidad y esa monotonía que se resquebraja poniendo siempre en peligro el orden de las cosas.

Son situaciones que al principio pueden parecer banales las que nos cuenta Pedro Ugarte, las relaciones familiares, la intimidad de los amigos, los gestos con que intentamos romper la estrechez de nuestras vidas, pero dejan de serlo cuando aparece la duda, la desconfianza, se pierde la paciencia o simple y llanamente asumimos la certeza de lo que nos decía Gil de Biedma, que la vida iba en serio y siempre acaba asomando la desagradable verdad.

Todo ello lo va hilvanando el autor con un estilo envidiable, la de quien cuenta la vida con una esmerada sencillez que no es fácil de conseguir, se trata de una prosa muy trabajada que sin embargo pasa a un segundo plano, no sin inocencia, para que prime la historia y nos demos de bruces con lo que se nos va por las rendijas de nuestra propia vida. Una propuesta fundamental para disfrutar de buena literatura y hasta para entender muchos aspectos de este presente tan extraño que vivimos.

Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Ignacio Martínez de Pisón

Fin de temporada

Seix Barral, 2020

Tolstoi escribió que «todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada». La literatura en gran medida se basa en tal motivo, cualquiera que éste sea, para inspirar un relato. Podemos considerar, por tanto, que este axioma haya estado presente a la hora de afrontar la escritura de Fin de temporada, la última novela de Martínez de Pisón y con la que consigue que el lector quede conmovido ante esa cotidianidad aparente de Rosa y de su hijo Iván, de Mabel y de Céline, los cuatro personajes principales de la narración y que la vida, caprichosa siempre, ha vinculado entre sí, hasta el punto de conformar un modelo singular de familiar, y a medida que uno avanza en su historia se mantiene en vilo hasta su última frase, hasta el epílogo, que es pura emoción.

Ya el mismo prólogo plantea el incidente trágico que será el desencadenante que moverá los hilos en las vidas de Rosa e Iván, y que afectarán de forma indirecta a los otros personajes. La vida de todos ellos se irá desgranando ante nuestros ojos y asistiremos a una rutina que esconde mucho dolor y mucha pasión, consecuencia de un pasado que revierte en el presente en forma de conflicto no siempre reconocido, pero muy evidente. « ¿Te das cuenta de que, si no fuera por estas cicatrices, tú y yo no estaríamos aquí ahora?». Se formula la pregunta en un momento dado, casi al inicio del relato, aunque la novela no se centra tanto en el motivo de las cicatrices en cuestión, sino en su presencia y en sus consecuencias en las vidas de los personajes, lo que determinará las decisiones que vayan adoptando, no siempre racionales ni comprensibles.

De este modo, Ignacio Martínez de Pisón nos propone una vez más lo cotidiano como materia literaria, la cotidianidad de los lazos emocionales entre las personas y que vemos que no está exenta de tragedia, y ese pasado siempre acaba incidiendo en el presente, aun cuando éste se nos vuelva rutinario, o tengamos esa apreciación, pero recordándonos el autor que nos movemos siempre entre el dolor y el amor, entre el acatamiento y la rebeldía, con frecuencia de un modo tremendo. Todo ello lo plantea a través de una escritura afinada, precisa, un estilo que se pretende imperceptible, pero que posee una maestría absoluta, que permite una lectura entrelineada, activa. No en vano estamos ante uno de los mejores escritores españoles actuales y que nunca deja nada a la improvisación. Ni siquiera es casual la mención de Nada, de Carmen Laforet, una novela clave y rompedora que aparece en un momento de ruptura social e histórica, y que tiene un lugar fundamental en la historia de la literatura española, es la que mantiene de alguna forma la ligazón de la tradición literaria a la que este autor pertenece. A la vez, lo que se relata en ambas novelas no deja de tener mucho que ver entre sí.

En efecto, podemos leer Fin de temporada como parte de esa tradición literaria realista, reflexiva sobre lo que nos envuelve y con un pasado que es la materia del presente. Aunque vale también su lectura por sí misma, una novela que no puede dejar indiferente, que conmueve porque incita al lector a removerse por dentro, como si la historia narrada fuese para el lector un espejo donde reflejarse. 

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Vidas que importan (Juan A. Herdi)

Durante algunos meses entre 1929 y 1930, no llegó al año, Federico García Lorca vivió en Nueva York. La ciudad era ya en aquellos años un gran centro social y cultural, un polo atractivo y también contradictorio, sin duda, de ese mundo en construcción y que, en su caso, dadas las dimensiones y la tecnificación, acentuaba la dicotomía entre naturaleza y civilización, tema este a todas luces muy actual al que no fue ajeno el autor andaluz. Huía García Lorca del ambiente un tanto cerril de España, pero también necesitaba tomar distancias para pensar en sí mismo, en sus circunstancias, y nada mejor para ello que cierto retiro, aunque fuese en un lugar tan dinámico como esa ciudad gigantesca que tanto nos influye en lo cultural. Sea lo que fuere, tal vez por ese mismo dinamismo, le resultó imposible no atender a lo que le envolvía.

Vivió la gran crisis del 29 en su epicentro. Descubrió también la vida de los negros que no pudo menos que sorprenderle, con su vivacidad y su marginación, con sus contradicciones, sus esperanzas y su frustración colectiva. Escribió: «(…) No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate, sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero en un traje de conserje.» Es parte de un poema titulado El Rey de Harlem, de su libro Poeta en Nueva York, cuyo manuscrito entregaría a José Bergamín en 1936, el mismo año del asesinato de Lorca, y tras la guerra española se publicó simultáneamente en México y en Estados Unidos, en 1940.

Han pasado noventa años de su estancia en Nueva York y ochenta de la publicación de su libro. Hoy, como entonces, estamos en plena crisis, ya no sólo sanitaria, también económica, aunque no somos todavía tan conscientes de su envergadura, aun cuando haya voces que apuntan que va a ser casi tan grave como la del veintinueve. No sé tampoco hasta qué punto se repiten los fenómenos históricos, sea en forma de tragedia sea como miserable farsa, que diría Marx, Karl, aunque la frase hubiera sido también digna de Groucho; o, dicho de otro modo, si los ciclos de crisis actuales desembocarán, como desembocó aquella, en fascismo y en un nueva guerra mundial. Esperemos que no, a pesar de los signos que indican que por desgracia estamos ante la farsa miserable. Lo que no cambia es la situación de los negros en Estados Unidos. La muerte una vez más de un ciudadano a manos de la policía por una detención brutal ha desencadenado protestas en todo el país y no pocos enfrentamientos. Puede ser verdad que al día se dan cientos de operaciones policiales que no conllevan la muerte de nadie, pero no es la primera vez que ocurre y tampoco es la primera vez que quien muere es una persona negra.

¿Cuántas muertes se necesitan para que una estadística se convierta en un dato infame, cruento y repugnante?

No creo que haya que responder a la pregunta. Aunque fuera una sola vez, el hecho resultaría por lo menos inaceptable. Pero hay quien se fija sólo en la reacción, no en el hecho; hay quien pone el grito en el cielo por el vandalismo sin querer ver que la violencia la desata lo que es un nuevo asesinato o incluso, antes, una mirada recelosa, un gesto prejuicioso, esa línea muy tenue que coloca a cada uno en un lugar diferente de la escala social.

En 2013 se inició un movimiento que se conoció por su lema: Black lives matter (Las vidas negras sí importan) a raíz de la absolución de quien mató a un adolescente negro por un disparo. A partir de entonces el lema se ha ido repitiendo cada vez que moría alguien afroamericano por actuación policial o se producía alguna detención policial cuestionable, y no han sido pocas tales ocasiones. Estamos acostumbrados a verlo en películas o en series y no nos damos cuenta de que, otra vez, como dijera Oscar Wilde, la realidad supera la ficción.

En Europa tales muertes y las protestas que provocan tienen un enorme eco, abren informativos y ocupan las portadas de los diarios. Se ven como una característica muy propia de los Estados Unidos, esas cosas que pasan allí, es fácil simpatizar con las víctimas del racismo y de los abusos del poder cuando se dan lejos. Quizá domine la idea de que eso no puede pasar ya aquí. Pero surge aquí una nueva extrema derecha que vocifera lemas xenófobos y algunos datos calculan en 20.000 los muertos en el Mediterráneo desde 2014 (https://news.un.org/es/story/2020/03/1470681), nuestros muertos que no aparecen tanto en los informativos o apenas provocan protestas en Europa. Casi nos hemos olvidado con la pandemia que en Grecia miles de personas esperan sus peticiones de asilo mientras muchos países europeos les cerraron sus fronteras o gestionaron el problema a cuentagotas. Como hemos olvidado que en 2010 el Gobierno de Francia, por poner sólo un ejemplo, expulsó a comunidades gitanas, aun cuando algunas de ellas tenían ciudadanía de algún país de la Unión Europea.

Nos hemos insensibilizado a la crítica o a la exposición del problema. Es lo que hay, el mundo es así y como mucho servirá de argumento a futuras películas y series, o ser objeto de atención de algún poeta sensible. Todo volverá a su cauce hasta la próxima vez que ocurra algo así, que no parece que vaya a ser muy tarde.

Blackout Tuesday