Blackout Tuesday

Reseña literaria (Juan A. Herdi)

autobús de fermoselle

Maribel Andrés Llamero

Autobús de Fermoselle

Poesía Hiperión

Justo la semana en que acabó decretándose el estado de alarma comenzaba el Bilbao Poesía 2020, diez días dedicados a la poesía, con un atractivo programa y, como suele ser habitual, en la sala de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta. Iba a ser algo más que una semana, del lunes 9 al miércoles 18 de marzo, con la participación, como se suele decir en estos casos, de un magnífico elenco de autores. Las medidas adoptadas ante la epidemia obligaron no obstante a suspender buena parte del festival literario, quedaron sólo las primeras sesiones que, aun cuando el tema de la pandemia ya estaba en boca de todos, gozaron de una asistencia más que notable.

Este tipo de encuentros facilita muchas veces el descubrimiento de autores que uno no conoce y que, a menudo, sorprenden muy gratamente. No quedé defraudado: el miércoles 11 acudí a la sesión correspondiente y escuché por primera vez a Maribel Andrés Llamero. Había ganado en 2019 el Premio de Poesía Hiperión por Autobús de Fermoselle, así que el nombre me había de sonar vagamente. Pero no había leído nada de ella. Me sorprendió, en efecto, por la fuerza de sus poemas, por la fortaleza de sus palabras y sus versos, con resonancias literarias y una imagen de Castilla que no puedo menos que calificar de sonora; no sé si es muy adecuado el adjetivo, aunque los versos lo eran, desde luego.

Cito el tema de la pandemia y de las medidas de suspensión de la cotidianidad y correspondiente encierro porque durante éste me han ido repicando los poemas y las palabras escuchadas a la autora. Busqué en internet y un amigo con quien fui al acto me envió por email algunos de los poemas del libro premiado. También lo cito porque sospecho que lo que vivimos incide de algún modo en nuestra manera de leer o de entender lo leído. Se crean paralelismos, dictados cómo no por la experiencia, la experiencia de quien escribe y de quien lee, que nada tienen que ver a primera vista, pero se conectan sin duda de algún modo. Sea lo que fuere, una vez abierta las librerías, en mi primera visita a una (y de momento única), me compré Autobús de Fermoselle y me lo he leído, aumentando mi fascinación por cada uno de los veintitrés poemas reunidos en el volumen.

Son poemas que hablan del origen, de la tradición, de la identidad, del paisaje, de una Castilla que «nunca fue la mejor / sólo la nuestra», lo que nos recuerda el lema castellano, igualitario y horizontal, nadie es más que nadie, de la que la autora hace gala. Pero también nos habla Maribel Andrés Llamero del tiempo, de cierta añoranza del mundo de los abuelos, desaparecido incluso físicamente, como en el caso de San Pedro de la Nave bajo las aguas de un pantano, salvo su iglesia, trasladada piedra a piedra.

Hay añoranza por ese mundo perdido, por esos veranos que ya no habrá, por los sabores y los olores, y los confronta la autora a los oasis artificiales que sin duda crearán otros recuerdos, otras añoranzas. Da la sensación de que el presente es siempre transitorio, al menos eso indica la escritura de estos poemas, que los escribe la poeta siempre desde cierta transitoriedad, no sé si parecida a la que vive el lector estos días, entre un tiempo que fue y un tiempo que vendrá.

Se trata de un libro muy recomendable que ayudará también a pensar(se) en un momento como el actual, en el que todo está traspuesto, tal vez echemos de menos muchas cosas, pero también nos hemos visto obligados a plantearnos nuestra vida y el modo de vivir y de sentir.

Nevando en la Guinea #yomequedoencasa

Masai con mascarilla

Existen muchas vicisitudes alarmantes en el mundo, todas apuntan al temor de la gente, ahora que estamos en una situación crucial para el día a día de todos los hombres y mujeres del planeta, esperamos que todas las desgracias unieran a tanta gente como al parecer está uniendo el coronavirus. Muchos de nosotros estamos afrontando un miedo al que ninguno de nosotros estaba acostumbrado, quizá sí a la reclusión, aunque no a la alarma global del COVID-19, muchos factores han influido en nuestro temor, por ejemplo, la gente que por desgracia fallece. Pero luego está el tema de la psicosis colectiva que puede crear un fenómeno como el coronavirus (COVID-19), es algo, que como todos hemos podido comprobar, tiene una profunda sensación de desamparo (aunque tengamos las autoridades pendientes) debido a que se paraliza todo un sistema de maquinaria enormemente fuerte y es como parar un gigante (o un coloso) con la dificultad que todo ello representa. En el caso de China han unido sus fuerzas, aquí en España se está ejecutando todo un protocolo de unión, ya no sólo en las altas esferas, sino en las autoridades, esto implica a todo el conglomerado de fuerzas de seguridad del estado y las autoridades sanitarias, también lo civil está involucrado en tal empeño, debemos ser cívicos, y actuar de manera responsable, ya que, todo aquel que se salte las advertencias y consejos de los expertos estará actuando de manera temeraria y es una responsabilidad de todos. Estamos en situación de pandemia global, y todo acto que podamos ejercer, no sólo como ciudadano, sino como adultos que tienen cautela en su integridad física y la de todos. Felicitamos desde aquí a algunas editoriales (grandes y pequeñas) que han puesto su grano de arena para hacernos el confinamiento más llevadero, damos un enorme mensaje de gratitud a las fuerzas de seguridad del estado, a los responsables sanitarios y a los trabajadores de la alimentación y a los que han tenido que trabajar por nuestro bienestar y que nos abastecen y luchan para que no nos falten las necesidades básicas. Les invitamos a leer los números de Nevando en la Guinea, e intentamos desde nuestra modesta actitud literaria informarles que pueden descargarse todos nuestros números en PDF, en las webs www.nevandoenlaguinea.com www.nevandoenlaguinea.org Gracias y esperamos que pronto, por el bien de todos, salgamos de esta pandemia, también queremos trasladar nuestra solidaridad con los afectados por el COVID-19.

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Ernesto Cardenal (Juan A. Herdi)

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El pasado primero de marzo moría en Nicaragua Ernesto Cardenal. Conocí su poesía hace mucho tiempo ya, casi mientras comenzaba a interesarme por estas cosas de la literatura, en un momento en que los autores latinoamericanos nos brindaron el regalo de su lenguaje ágil y libre, frente a una lengua que en España estaba no poco anquilosada, pero que parecía liberarse gracias al español de América. Pude descubrir de este modo una poesía rebelde, un tanto traviesa, con maravillosos juegos sonoros y elocuentes que nada tenía que ver con lo leído hasta entonces, en un idioma que nos resultaba suave, poético por sí mismo, gracias a ese acento que tanto difería con la hosquedad del castellano ibérico.

Pero Ernesto Cardenal no sólo fue el poeta encomiable del país de Rubén Darío. Para quienes de pronto lo descubrimos entre los muchos nombres que nos llegaban del otro lado del mar, era sobre todo un poeta indómito y libre que no dudó en comprometerse con la sociedad hasta intervenir abiertamente en los conflictos reales de su país. Nicaragua se convirtió en uno de los faros de la necesaria revolución, una revolución que deseábamos diferente y, por de pronto, esperábamos que no mostrara los tics de otras revoluciones que olvidaron muy pronto que el objetivo era cambiar la realidad y emancipar a las personas, no construir otras tiranías.

También era teólogo y católico, y de este modo nos dimos de bruces con otra Iglesia, otras iglesias, ajena a los oropeles y a la grandilocuencia a la que estábamos por desgracia acostumbrados por aquí y con la que en nada nos identificábamos, de ahí la lejanía. Muchos éramos además orgánicamente ajenos a la Iglesia (con mayúscula hierática), a ese Vaticano orgulloso y aristocrático, pero también a las Iglesias-Institución, frente a las cuales se levantaba la Comunidad de Solentiname, inevitable no sentir simpatías hacia esa teología que optaba por otro modo de ver el mundo, de organizarlo y de vivirlo.

Es difícil discernir cuál de las tres facetas de Ernesto Cardenal –la poética, la teológica o la revolucionaria– es la más importante, tal vez sea imposible, están vinculadas entre sí y no se puede dividirlas, encerrarlas en cápsulas separadas: escribía como escribía porque era un teólogo revolucionario, y al mismo tiempo su visión de la realidad y su acción en el día a día estaban imbuidos de poesía.

Tuvo un papel importante en la gobernanza de Nicaragua durante el periodo revolucionario, en aquel primer gobierno sandinista que surgió en 1979 y culminó diez años después y que nada tuvo que ver con la evolución posterior del sandinismo, hasta hoy. Inolvidable fue la bronca del Papa Juan Pablo II a su llegada a Managua, la foto corrió por todo el mundo y es algo que no se ha olvidado. Pero la anécdota no ensombreció al hombre, al teólogo ni sobre todo al poeta. 

Tuvo en José María Valverde, profesor de estética y también poeta, su mayor admirador en España, compartían el amor por la literatura pero también una visión del mundo muy parecida. Tierra de poetas, denominó Valverde a aquel país con el que tanto se identificó en aquel momento, Gioconda Belli o Claribel Alegría lo demostraban entre tanto otros. Viajó a España en varias ocasiones, compartiendo con la gente, impresionados todos por su cercanía y una no poca socarronería elegante.

Sin duda ha influido a generaciones de poetas y escritores en español, se le recordará a pesar de la ignominia y el oscurantismo de estos malos tiempos.

De estos cines, Claudia, de estas fiestas

de estas carreras de caballos,

no quedará nada para la posteridad

sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia

                      (si acaso)

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7o Número de la revista Nevando en la Guinea.pdf

Alos quartet (Juan A. Herdi)

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Sin duda fue durante los años 70 cuando la denominada música folk tomó carta de naturaleza y salió de, hasta entonces, los estrechos márgenes de la cultura popular para iniciar un reconocimiento generalizado. También es cierto que el concepto «cultura popular» es muy poco aclaratorio, no se circunscribe a una categoría específica, no debería al menos circunscribirse a paradigmas rigurosos, y lo mismo ocurre con la música folk, que comprende estilos diversos.

Sea lo que fuere, dicha música encuentra hoy una enorme aceptación y no son pocos los grupos que se mueven en tal ámbito, incluso más allá del mundo estrictamente céltico, donde tiene su origen. Incluso desde hace tiempo se organizan festivales, convertidos muchos de ellos en verdaderas referencias para los aficionados a tales ritmos, entre ellos los de Ortigueira, en La Coruña, y el de Getxo, en Vizcaya.

Es durante el transcurso de este último festival, el Getxo Folk, en la primera semana de septiembre de este año, cuando se presentó el cuarto disco de Alos Quartet, titulado Lau, cuatro en vasco. Se trata de uno de los grupos más originales y sin duda con un enorme sentido de la innovación y reflexión musical.

Lo constituyen cuatro músicos, todos ellos con formación clásica, experiencia propia y un afán enorme por experimentar: Xabier Zeberio, violín y nyckelharpa, Lorena Nuñez, viola, Francisco Herrero, violín, e Iván Carmona, cello. Su origen fue, como ocurre tantas veces, por casualidad. En 1999 el cantante vascofrancés Niko Etxart necesitó cuatro músicos para llevar a cabo una grabación y los reunió en Zuberoa, una de las tres provincias vascofrancesas con una tradición musical riquísima, para acompañarlo. A partir de allí se inicia su labor musical que incorpora también colaboraciones con otros muchos músicos, como no podía ser menos dado su origen. Colaboran con ellos y ellos colaboran con Kepa Junquera, Benito Lertxundi, Izaro, Pier Paul Berzaitz u Oskorri, formación a la que perteneció el propio Xabier Zeberio, entre algunos de los vascos, pero también de otros lugares, como Carlos Nuñez, Silvio Rodríguez o la fadista Dulce Pontes, con quien realizaron varios conciertos en España y Portugal. 

Para el disco que presentaron en Getxo le pidieron permiso a Marisol Bastida, viuda de Mikel Laboa, el mítico ya músico vasco, para incorporar su voz en una de las canciones, Oi, Pello, Pello.

Alos Quartet cumple ya veinte años de trabajo y ha logrado en estos cuatro lustros aportar una música envolvente y sugestiva. A todas luces se trata de un conjunto que hay que tener en cuenta y seguir, pues sin duda no dejarán de experimentar y de aportar nuevas armonías al panorama musical.