Reseña literaria-Cecilio Olivero Muñoz

Huérfano buscando el mar

Pablo Méndez

Editorial Vitruvio, 2026

Colección Libros del 30

Se apellidan expósito todos los bebés que fueron a parar a la inclusa. Porque no eran hijos del lugar, ni del parentesco, y huérfanos eran desprendidos de la sangre y de la esperanza, y sí lo eran, depositarios y despojados de una nada entre las estrellas guía. En este poemario se puede pensar que el huérfano buscando el mar es Pablo (autor). Pero Pablo tiene todo un mar donde sus brisas y sus olas acuñan su sueño de ver a sus seres queridos a los que echa de menos. Pero eso es demasiado obvio.

Leer este poemario es abrir una caja de bombones, que viene con mucha calidad presentado, ya que luce una tapa dura como la grata literatura, como un dulce nada empalagoso, que descifra e hilvana preguntas sin respuesta.

En este poemario Pablo ha hecho suya una poética que se desnuda y por la que te sientes reflejado en el lugar idóneo, porque todo aquel que haya perdido a un ser querido se verá reflejado en sus poemas, en su literatura, en una elegía conmovedora que todo apunta a que Pablo tiene un corazón que acepta el mar frente a la pérdida inexorable de la carencia temprana.

Cuando un huérfano encuentra al mar, también debe encontrar un faro. Cuando un amante del mar y su salitre encuentra un consuelo que mezcla lo dulce y lo salado, a partes iguales, es tremendamente coherente con la pérdida cercana. Como un corazón que se presenta helado, y a la vez caliente, caliente y agridulce como parte del peculiar verano que rezuma a poemas tiernos, nostálgicos y conmovedores.

Pablo es un poeta con una voz dulce, tierna y, a veces, en según qué ocasiones, es alguien que cobija la poesía taciturnamente, en las postrimerías del día, es un poeta amigo de la tarde y del mediodía. Pablo tiene una obra de calidad. Es, se nota, un amante del verso breve y explícito. Que combina muy bien atando todos los cabos, aquellos donde la oleada del mar se estrella en la sensibilidad de un niño que siempre será niño, aunque tuviera cien años.

Pablo es parte de una ola que se estrella en el espigón sin viento, ya que es una piedra inamovible, en el que caen todos los poemas que nacen desde la falta que nos hacen los poetas así.

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