Reflexiones de una ondjundju-En la luna hay una mujer-Juliana Mbengono

EN LA LUNA HAY UNA MUJER

Algunas cosas nos producen una gran sensación de paz, felicidad y tranquilidad con solo verlas. Por lo general, se trata de las personas a las que amamos, nuestras mascotas, los coches, las casas, las ropas o los zapatos. En mi lista de las maravillas que me transmiten paz, me hacen sonreír sin darme cuenta cuando las veo, en primer lugar, está mi hermanita Giselita que ya no es tan pequeña (hace siete años que dejó de gatear y unos seis desde que no permite que la mimemos) en segundo o tercer lugar, no lo tengo claro, pero en algún puesto muy cerca de Gisela están: el claro de luna y mi árbol de cacao.

Sé que la naturaleza nos habla; por ejemplo, mi árbol de cacao me dijo que la felicidad es una decisión y que podemos resurgir de una manera más hermosa y viva después de un golpe o un fracaso. Todos sabemos que los árboles no hablan, pero el mío sí. Se estaba poniendo tan grande y sus ramas tan gruesas y largas que empezaron a dañar el techo de la casa. Le di un machete a mi hermano menor y el, como jardinero malo, casi mata a mi arbolito de cacao cortando todas las ramas con frutos y hojas.

Al final me dio mucha pena y me dolió, pero después de unos meses, el árbol empezó a hacer algo que nunca había hecho, pero que hacían otros árboles de cacao: le crecieron ramas desde abajo y en sentido vertical, estas no dañan el techo de la casa, no son muy gruesas y tienen las hojas más verdes. ahora puedo volver a escribir poesía por las noches mientras, sobre mi estera de hojas secas, contemplo a la luna. Y no necesito una lámpara de queroseno porque el claro de luna me permite ver a las arañas que salen de sus agujeros. He visto arboles de mango secarse y morirse después de haber sido podados, el mío no está al pie de un rio, pero casi siempre está verde y guapo, incluso cuando se le caen muchas hojas. Donde este árbol está creciendo solito ahora, hubo otros veinte o treinta retoños de cacao y todos se marchitaron. He intentado plantar otras cosas ahí, pero siempre acaban muriéndose. Y cuando por poco matamos al cacao con un machete, se aferró a la vida y ahora vuelve a dar frutos y tener hojas verdes y todos lo mimamos más, tanto, que mis hermanos y primos han grabado sus nombres en el tronco del cacao.

Mi árbol es feliz a pesar de vivir en las peores condiciones que puede vivir un árbol en la ciudad de Malabo: apretujado entre dos casas, lejos de otros árboles y en un pedazo de tierra en el que ha visto a muchos otros de su especie marchitarse.

Un amigo y su novia me dijeron que, para los mexicanos, en la luna hay un conejo; y en efecto, quien quiera mirarlo en google, se encontrará con imágenes que reflejan una mancha en forma de conejo en la luna ¡interesante! Yo siempre veo a una mujer con un bebé en la espalda y por contemplar tanto a la madre que la luna se tragó, me di cuenta de que las noches no estrelladas también son muy hermosas, en ellas se disfruta del claro de luna sin distracciones.

De pequeña, me acostumbrara a trabajar, leer o dibujar hasta muy tarde. La tía Mercedes ya me había susurrado que la casa no se barre de noche, pero no me dio un porqué; que no se cocina de noche ni los platos se friegan de noche y tampoco me dio una razón (ahora que tenemos luz eléctrica y no dependemos de la lámpara de queroseno ni del claro de luna, incluso la tía Mercedes trabaja a las doce de la madrugada). Ahora sé que la razón era la posibilidad de que a la mañana siguiente descubriera que el trabajo estaba mal hecho por haberlo realizado con muy poca luz.

El caso es que, para intentar convencerme, la tía nos contó la historia de la mujer a la que la luna se tragó (esta historia estará disponible en el siguiente número de la revista Nevando en la Guinea y en el blog ppoppomango) y, aunque ya sé que esto es imposible y fue una mentira, yo sigo viendo a la mujer sentada con su bebé en la espalda.

Con esto, quiero concluir que nosotros decidimos quienes ser y qué hacer a pesar de las circunstancias que nos regala la lotería de la vida. Hace poco, mucha gente perdió la vida y otros quedaron heridos y sin hogar tras unas explosiones en la armería de un cuartel militar. La solidaridad llegó muy temprano, pero algunos se abstuvieron porque siempre les han enseñado que el país es corrupto y nada se puede hacer de la manera justa en Guinea Ecuatorial.

Ahora que se trata de ayudar a otros, algunos ponen su odio a los corruptos por delante. Porque se ha dicho que todas las donaciones serán distribuidas por un comité. Sus ganas de no beneficiar a los ladrones y corruptos sigue siendo tan fuerte que no pueden arriesgarse a enviar un par de zapatos a los afectados… porque no saben quién se los quedará al final.

He de admitir que las víctimas tampoco han recibido la atención que se merecían. Yo me esperaba que esos niños, que ahora son huérfanos y tienen alguna o varias extremidades mutiladas, recibirían alguna ayuda vitalicia del gobierno… pero no, se convocó a los afectados y se les entregó colchones para dormir y un fajo de dinero para cada persona. Pero estoy serena, porque sé que, con muchas lágrimas y esfuerzo, quien se lo proponga, resurgirá de esta tragedia.

5 comentarios

  1. […] Reflexiones de una ondjundju-En la luna hay una mujer-Juliana Mbengono […]

    • La Guinea Ecuatorial es uno de los principales países productores de petróleo de África, y sus gobernantes se quedan con esta riqueza sin considerar la extrema pobreza que causan. ¡es indignante la falta de actuación de otros países!
      Un grupo musical llamado Zapato Veloz tiene una canción cuya letra comienza…. Hay un gallego en la LunaQue ha venido del Ferrol.…

      • Escuché esa canción ahora, nunca había oído ese grupo, me acordé de La gaita, me gusta su sonido.

  2. Muy bonito, los misterios de la luna, de los que tanto nos gusta escribir, me gustó y lo compartí como siempre para que mis contactos puedan leerlo también. Gracias por compartir. 🙏🏻


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