Rumba flamenca Vs. Rumba catalana (Cecilio Olivero Muñoz)

RUMBA FLAMENCA VS. RUMBA CATALANA

Para ser buen rumbero hay que centrarse en variadas y distintas disciplinas, como la de palmero, o saber tocar bien los bongos. Ahora se ha incorporado la caja peruana, descubierta en Perú por el gran Paco de Lucía, y digo incorporado, ya que en Cuba tocan a su manera timbal y palillos, pero también hacen percusión con un cajón de los muebles de casa para que suene el guaguancó. 

Se es rumbero desde que se nace, se es rumbero vistiendo, se es rumbero en el sentimiento, se es rumbero porque no hay otra manera de expresarse más bella, ya sea en Ciudad Real, Madrid o Barcelona, La Habana, San Juan o Lérida, Badajoz y Chiclana. Digamos que la rumba, tanto la flamenca o la catalana, beben de las mismas fuentes. 

La rumba flamenca comienza con Los Chunguitos, pero también con Los Chichos, Los Calis, Los Chavis, el Junco, y un largo etcétera. Éstos podemos clasificarlos como parte de la Rumba Flamenca, y como he dicho antes, la Rumba catalana bebe de la misma fuente que la flamenca. 

Existen muchos tipos y maneras de llevar la rumba a cabo, pero la mejor rumba empieza por la guitarra. Son muchos los músicos de Rumba catalana, está el Peret, también Ramonet, el Paló, éstos gitanos provienen del barrio barcelonés de Gracia. Hasta allí que se fue el Gato Pérez a aprender la rumba que entonaban els gitanets; también grupos como Los Rumberos Catalanes, también el Pelos y los Marus, rumberos estos fascinados por el pueblo marinero de Lloret de Mar, aunque estos últimos sean rumba de Los años setenta. También recuerdo la rumba de Pocholos, la simplicidad de Antonio y Aquilino, recomiendo un disco antiguo: Gitanos de Hoy, este disco está un tanto sesgado remarcando a los Tangueros Portugueses, y el Gitano Portugués. Y un gran rumbero es también el Tony el Gitano. La rumba es un género mundial que traspasa fronteras. En Cuba y Puerto Rico se hace salsa que es rumba, también está la guaracha, como también, el antes citado, como guaguancó. 

En Panamá vive Rubén Blades, un músico rumbero con los pies en la tierra. Ha habido salseros rumberos como Celia Cruz, El gran combo de Puerto Rico, Ismael Rivera, Willie Colón, y ya nos vamos a citar al gran Tito Puentes, también hacen sonar a través de la rumba una música de Ida y vuelta. Se rumbea en América y también en España, incluso en Francia, escuchen si no a unos gitanos de raíces catalanas que son Los Gipsy Kings, es un elenco de guitarristas con gran habilidad para muchas guitarras, son verdaderos rumberos los Gipsy Kings, son (repito) un grupo que reside en Francia y en sus vídeos denotan orgullo de sus raíces catalanas y de sus costumbres gitanas. Escuchen rumba, bailen la rumba. 

Recuerdo cuando yo lo hacía en Maggoty. Mi mejor época. Soy rumbero flamenco y catalán y no hay que olvidar a rumberos como el Zíngaro, con sus sonidos arabescos y gitanos más que las gachas. La rumba ahora la escuchan los siempre fieles, como lo son los gitanos, algunos nostálgicos, y se recuerda, la de Maggoty como una etapa gloriosa. Después de Maggoty no hubo nada. Lo bueno de ser rumbero que se diluye con el flamenco y en Andalucía se quedan perplejos de escuchar a artistas que tenemos aquí en Barcelona como, por ejemplo, el Currichi. Ya lo dijo La Perla de Cádiz, Barcelona es trono gitano. También lo dijo Tijeritas en su canción sobre Barcelona, siempre alegre. Rumba en el cine quinqui, rumba en los solares de La Habana, Rumba en Tokyo, Rumba con tambores en verano, Rumba de Manu Chao, rumba por doquier. Se baila en cualquier parte. 

Y la Rumba ya no es lo que era. Se le ha borrado el estigma marginal, que era como una cicatriz en la cara, para engalanarse mucho después de las Olimpiadas del 92. Han tomado posiciones gente como Sabor de Gracia, los patriarcas de la rumba, Gertrudis, Ojos de Brujo, Estopa, Melendy, y etc. No podíamos olvidarnos flamencos del sur, pues hay muchísimos, están Los Ketama, sin olvidarse tampoco de Bambino, un artista en toda regla. Pero bueno, cantar lo que se dice cantar han cantado mucho como dúo Lola Flores y el Pescailla (Antonio González) su particular rumba, ya que Antonio ideó el ventilador (estilo musical dentro de la rumba catalana). También hay que recordar a los Amaya, con sus canciones bien trabajadas, los Amaya han compuesto canciones versionadas por grupos incluso no rumberos. En Andalucía surgió el género flamenco pop, pero de esto ya les hablaré en otro momento. El flamenco pop tiene mucha miga. 

Reflexiones de una ondjundju-No quiero conformarme-Juliana Mbengono

NO QUIERO CONFORMARME

¿Quién no ha escuchado que para triunfar se debe tener claro lo que se quiere e ir a por todas? 

Antes de entrar en contacto con los círculos feministas y de empoderamiento de la mujer, ya sabía que debo estudiar para ser “una mujer de valor para la sociedad”. Cuando entré en contacto con esos círculos aprendí un poco más: “sólo estudiando sería una persona realmente libre. Tendría un trabajo digno y una vida cómoda. Podría elegir al hombre que quisiera, en vez de conformarme con cualquiera que sea capaz de cubrir mis necesidades más básicas. Sería respetada en la sociedad, etc.” 

Estaba tan entusiasmada con todo lo que me predicaban que, a los 16 años, ya ansiaba cumplir los dieciocho para ser independiente, largarme de la casa de mi tía donde vivía con mi madre y otros parientes, tener un trabajo bien pagado mientras estudio en la universidad y alquilar una casa con el chico guay que yo eligiera. 

Estudiar era la salida que conocía para no ser otra comerciante del mercado Semu que pasa el día bajo sol, se pelea con los clientes y a veces recibe golpes. Era la salida para no ser otra madre incapaz de comprarle leche a sus hijos…. Lástima que no fuera entonces cuando nuestro primer ministro dijo que debíamos aspirar a oficios que nos den de comer al día en vez de pasarnos años en la universidad, me habría ahorrado mucho tiempo.

Asistía a conferencias y presentaciones de libros, me relacionaba con escritores que piensan y hablan, depositaba expedientes en todas partes explicando que aprendo rápido y puedo hacer cualquier trabajo. Durante dos veranos estuve depositando la solicitud de “Trabajo de Verano” en la Oficina Nacional de Empleo; el buen funcionario del ministerio de trabajo nunca me dijo que no me llamarían para un trabajo antes de cumplir los dieciocho, pero me presentó a un señor que conseguía trabajos para chicas en bares y restaurantes, con un salario de no más de 150.000 francos CFA a cambio de un 10% mensual. Cuando empecé a comprar y vender perfumes me sentí en la gloría, estaba “emprendiendo” y eso es lo mejor de lo mejor para ser más libre, hasta que noté que mi rendimiento en los estudios había bajado y muchos de mis clientes se habían vuelto morosos.

A medida que pasaban los años, me daba cuenta de que las cosas no eran tan sencillas como me imaginaba. De hecho, acabo de cumplir veinticinco y sigo en la misma casa. No me han faltado oportunidades para mudarme: he tenido pretendientes y, diría, parejas que me han pedido que me fuera a vivir con ellos; normalmente, es así como salen las chicas de las casas de sus padres. Pero no era lo que yo quería. No quería mudarme a la casa de nadie pudiera echarme a la calle después de golpearme. No quería sentirme mantenida ni obligada a servir a toda la familia de nadie porque dormía bajo su techo. Alguien se preguntará ¿y con qué clase de tíos te has cruzado? Con los mismos que se cruzan todas las que se mueven en los mismos entornos que yo. La diferencia es que para algunas es lo normal; tener hijos y dormir al lado de un hombre que trabaja es todo lo que piden y la verdad es que son muy inteligentes. Otras soportan el maltrato, la miseria y los abusos por tener las necesidades aseguradas. Otras han tenido la suerte de encontrar el amor y lo comparten con alguna que otra amante, lo que cuenta es que “ellas” viven bajo el techo del hombre y la segunda Otra es “la de la calle”. Las no son las relaciones ni la vida a las que el feminismo y el empoderamiento de la mujer me hicieron aspirar; sigo esperando al hombre atento, empresario joven, defensor de los derechos humanos, guapo, romántico, fogoso, educado, enamorado hasta las trancas, moderno, feminista, culto, detallista, negro y con una envidiable melena afro trenzada en rastas que se apunte a bajar el cielo conmigo. Tengo claro lo que quiero y, ya que les hago caso a los gurúes del éxito y el desarrollo personal, no me conformaré con menos.

Tampoco me ha faltado empleo; de hecho, soy quien siempre ha dimitido y nunca ha sido despedida de un empleo. Al principio creí que tenía un problema grave, pero, después de meditar, me di cuenta de que un trabajo de cincuenta horas semanales por un salario de entre cien mil y doscientos mil francos tampoco era lo que quería; aunque no estuviese “cualificada” ni tuviese “experiencia previa”.

Ahora, cuando me aconseja una feminista que se acuesta con los maridos de otras o que está casada con un machista retrógrado, entiendo que se ha conformado y acepto su consejo. Una cosa es la teoría del mundo perfecto que buscamos, otra cosa es nuestra realidad. 

PD: No soy feminista ni aspiro a serlo.

Fausto 5.0 (de Goethe a la Fura dels Baus) Cecilio Olivero Muñoz

Si comparamos el cine con la literatura, algunas veces pierde el cine y otras, la literatura. Sobre todo si hablamos de Fausto. La obra de Goethe es de largo recorrido, y se ha representado tanto en cinematografía como en Ópera. 

Pero analicemos primero la obra literaria.

El Fausto de Goethe tiene dos partes, como El Quijote. Su primera parte es ingeniosa y fácil de leer. La segunda, en cambio, es más difícil para el lector, por eso es de agradecer las notas a pie de página, ya que aclaran toda la simbología en personajes tanto de la Grecia clásica como de la Roma clásica. También recurre a la mitología clásica alemana y en ella se diluyen las épocas de esplendor contemporáneas al autor. A mí me divierte más la primera parte. Pero de lo que vamos a hablar es de este clásico llevado al cine muchas veces, no siempre con la exactitud argumental de la obra clásica.

En el cine podemos ver una película con una atmósfera un tanto claustrofóbica, hablo de Fausto 5.0. En la versión literaria el demonio se hace llamar Mefistófeles. Pero en la película a Mefistófeles se le llama Santos Vella, con dos eles, como mozarella. Al protagonista se le llama Doctor Fausto, interpretado por Miguel Ángel Solá, y el papel del diablo bromista y gracioso lo interpreta Eduard Fernández. 

Antes he dicho que la atmósfera de la película es claustrofóbica y futurista, no asoma humanidad en ningún lugar de la película. En ella se quiere hacer un cuadro argumental donde prima el deseo. Nuestro Fausto es un hombre que trabaja en la planta de desahuciados de un hospital carente de humanidad, donde la muerte campa a sus anchas de manera tétrica y misteriosa. Tiene detalles que no tienen nada que ver con la obra literaria. Hay lugar para el deseo: una adolescente suspira por nuestro perdido Fausto, se llama Margarita y está interpretada por la actriz Raquel González. 

Lo que no llego a entender el papel que juega la enfermera del Doctor Fausto, Julia, interpretado por la gran actriz Najwa Nimri. Al parecer el doctor no está muy pendiente del verdadero deseo que le acompaña cada día. Y nuestro Doctor Fausto se va de aventura con el demonio Santos Vella. 

Recomiendo el libro de Goethe y la cinta Fausto 5.0, en la que la performance y el ambiente que se obtiene gracias a la FURA DELS BAUS es inmejorable. Está dirigida por Álex Ollé e Isidro Ortiz. Disfruten la obra de Goethe, obra universal donde tiene distintas vertientes y diversos puntos de vista, que al lector y al espectador no dejará indiferente. 

No tiene desperdicio. 

Franco Battiato (Juan A. Herdi)

¿Podemos equiparar la labor de un cantautor y de un poeta, y que aquel reciba en consecuencia un premio literario? Es lo que se preguntó mucha gente cuando en 2016 le otorgaron a Bob Dylan el Premio Nobel de literatura. Lo fundamental, desde luego, es responder la primera parte de la pregunta, lo de los premios no es ni de lejos tan crucial, y decidir por tanto si un cantautor realiza la misma función que un poeta, pero de otro modo. Recuerdo que a José María Valverde, el gran maestro de la Teoría de la Estética y poeta encomiable, no le gustaba que le pusieran música de fondo a los poemas, a los suyos o a los de cualquiera, decía que la poesía tenía ya su tono, que la música molestaba. No sé si esto incluía las versiones cantadas de algunos poemas.

Escucho al mencionado Bob Dylan, al canadiense Leonard Cohen, y más cerca de nosotros por cantar en castellano a Luis Pastor, a Silvio Rodríguez, a Luis Eduardo Aute o a Rafael Berrio, por citar a los que me entusiasman, hay muchos otros, desde luego, y al final no puedo dejar de pensar que sí, que hay una labor común a cantautores y a poetas, puede que a la larga sean lo mismo ya que esa labor consiste en la palabra como base, como herramienta y como elemento clave de comunicación, a pesar de los formatos distintos.

Viene este tema a colación porque acaba de morir Franco Battiato, que es otro de esos cantautores que se pueden equiparar perfectamente a los poetas, con esas letras que se te quedan grabadas en la cabeza cuando las oyes y que repites una y otra vez. Para muchos, Franco Battiato forma parte de una banda sonora, la banda sonora de nuestras propias vidas. Ha estado presente a lo largo de estos últimos lustros. Ni qué decir tiene que nos ha embelesado el tono de sus canciones desde que en 1971 se dedicó a experimentar con varios estilos, música electrónica incluida, en un minimalismo conceptual que no dejó indiferente a nadie. 

Antes, había probado un poco de todo, desde las canciones románticas, ganó en 1965 el Festival de San Remo, al rock psicodélico de la banda que ayudó a fundar, Osage Tribe, pasando por diferentes versiones de canciones pop. Pero fue en la década de los setenta cuando empezó a llamar la atención por ese tono tan personal y polifacético en lo musical y también en lo artístico. Al igual que Luis Eduardo Aute, era pintor, empleaba un pseudónimo: Süphan Barzani, y se adentró a su vez en el lenguaje cinematográfico. Cantó en castellano –en todo caso, entendíamos sus letras en italiano– y también en árabe, idioma que estudió de joven y en el que cantó en Bagdad en 1992 como gesto de solidaridad hacia un pueblo que padeció el mal de la guerra y que, por desgracia, volvió a sufrirlo después de este concierto.

A pesar de ese gesto, no podemos decir que fuera un autor/cantautor comprometido, al menos en el sentido más clásico: nunca habló de política en público, a pesar de su época tan intensa y de su país, tan extremo en tantas cosas. Su ámbito era la música y ese choque con la realidad que suponían las letras de sus canciones. Quizá porque el verdadero compromiso es darle la vuelta a la realidad, a la vida, y pensar la existencia a partir de las palabras y de los huecos que dejan entre sí en nuestro interior. Su propuesta era crear una atmósfera con sus letras, el tono de su voz, sus melodías.

Es un tópico, sin duda: seguirá vivo si seguimos escuchando su música. Pero es cierto, estará con nosotros mientras suene Centro di gravità permanente y su voz melosa nos permita imaginar mundos posibles transmitidos por Radio Tirana. 

Reflexiones de una ondjunju-El COVID-19 en África-Juliana Mbengono

LAS MEDIDAS DE PREVENCIÓN DEL COVID NO ESTÁN PENSADAS PARA ÁFRICA 

Se sabe que el coronavirus está teniendo menos impacto en África. Pero es muy probable que se quede con nosotros por los siglos de los siglos aumentando la brecha intelectual, tecnológica, democrática, económica, etc…que hay entre nosotros y el resto de continentes. 

Quizás nuestro primer error haya sido copiar las medidas de prevención de occidente sin analizar nuestra situación.

Si en Europa se habla de confinamiento, también se habla de clases por internet. Pero, si yo que soy universitaria no tengo clases en línea porque la universidad apenas está capacitando a los profesores para ello, no hace falta hablar de mis hermanitas que llevan un año sabático y dos cursos casi perdidos desde que el Covid llegó a nuestro país el 14 de marzo del año pasado. Puede que sus maestras sí estén capacitadas para dar clases a través de WhatsApp, que es la vía adoptada por algunos de mis profes para encargar trabajos, pero mis hermanitas no tienen teléfonos inteligentes ni tabletas y si los tuvieran ¿Quién cubriría el coste mensual de la WiFi cuya tarifa más barata se aproxima a la mitad de lo que cobra la mayoría? 

Hablar de cultura es hablar de vida y hablar de vida es hablar del día a día y el día a día en Guinea Ecuatorial con la pandemia no difiere mucho de países africanos.

Sí que África no es un país, pero las naciones que lo forman comparten muchas miserias, entre ellas: la falta de agua corriente, electricidad, comunicación y un largo etcétera que incluye que internet cueste un ojo de la cara.

Meses atrás, mi primito y yo seguíamos un concierto en homenaje a un señor llamado Amed Bakayoko. Estábamos seguros de que se trataba de una redifusión de algo que ocurrió hace años, hasta que apareció uno de los más grandes artistas y activistas que tenemos en todo el continente, el inventor de la palabra democratura (democracia y dictadura): Alpha Blondy.

El viejo estaba vestido de Blanco como el abuelo de Kirikú y con sus canas blancas parecía más santo que el papa, sólo le faltaba el halo de luz en la cabeza, pero iba escoltado por varios militares ya que el público irrumpió en el estadio. Toda esa gente quería tocar al mítico Primer Bandido, Alpha Blondy. Parecía algo de otra época, hasta que un hombre blanco con un cámara apareció junto a otros dos que cargaban micrófonos y los tres llevaban guantes y mascarillas: el homenaje era algo reciente y posiblemente se emitía en directo.

Como en el concierto en homenaje a Bakayoko, la gente vive apiñada en todos los países de África y no es precisamente porque se esté rebelando contra las medidas de prevención del coronavirus: las medidas de occidente no están hechas para África.

Por citar un ejemplo, se recomienda mantener la distancia para evitar el contagio, pero cómo se mantiene la distancia si todas las mañanas debemos apiñarnos en el grifo público para coger agua antes de que lo corten; o en el peor de los casos, en los barrios como Santa María y Los Ángeles que llevan meses sin agua ¿cómo la gente cumplirá con la norma de lavarse las manos constantemente? Lo más gracioso es que cuando me fui al hospital para ponerme la vacuna había tanta gente que era imposible mantener la distancia; igual que cuando llega el fin de mes y todos se van al banco a pagar la luz y cobrar.

Por otro lado, es difícil que la gente deje de creer que el Covid es un invento y su vacuna un arma para reducir la población mundial. Anteriormente bastaba con decir que se ha hablado de tal cosa en la Televisión Española y cualquier ecuatoguineano se lo creía, la TVE era una referencia fiable para nosotros. Pero con internet revelando, desmintiendo y desacreditándolo todo y los gobiernos cuya ineptitud ha quedado al descubierto, ya no sabemos en quien confiar.

Lo más triste es que, las medidas impuestas sólo afectan a quienes viven en los barrios marginales, sin olvidar que casi todos nuestros barrios son marginales; mientras que los pijos pueden permitirse el lujo de celebrar cumpleaños, bodas y lo que les pegue la gana. 

Con esta situación y el agobio que causa ver a tantos militares armados en la calle, no es de extrañar que en el corazón de los barrios la gente se pase las medidas de prevención por el forro y que estas nunca vayan a cumplirse aquí.

En Guinea Ecuatorial, el plan de erradicación del paludismo incluía el rociamiento gratuito de los hogares acompañado de la donación de telas mosquiteras; también recuerdo que se solía ir de casa en casa vacunando a los niños contra la polio, lo mismo se debería hacer con la vacuna del Covid en vez de esperar a que la gente se apiñe en los hospitales. En algunas ciudades, el gobierno ha puesto un grifo para cada casa, incluso en el patio de las casas en las que todavía se está levantando el fundamento; adoptar la misma medida para los Barrios de Malabo y Bata que son las ciudades más pobladas sería muy costoso, pero de gran ayuda. Tampoco estaría mal que el gobierno ofrezca internet de manera gratuita o a bajo costo para facilitar el acceso a internet de los estudiantes que deben enviar y recibir ejercicios a través de WhatsApp. 

El Covid se quedará con nosotros por los siglos de los siglos, pero no nos matará tan pronto como lo harían el hambre y la sed si nos quedamos encarcelados en nuestras casas. Así que no nos quedaremos encerrados, no podemos.

Descubrir a Joan Manuel Serrat-Cecilio Olivero Muñoz

DESCUBRIR A JOAN MANUEL SERRAT

Pocos músicos españoles poseen la calidad de Joan Manuel Serrat. Estos días me han venido unas ganas locas de escucharlo. Serrat es sin duda el cantautor más pulcro y atractivo de entre los que provienen de la canción ligera. 

Junto a Serrat, está el extraordinario Joaquín Sabina, pero cada cantautor tiene su particular estilo. Las letras de Sabina son buenas. Pero las de Joan Manuel son verdadera poesía, con su elegancia y sus letras hermosas. Serrat tiene temas bellísimos, es compositor, poeta y cantautor, pero sobre todo es un hombre justo.

Si tuviera que elegir una canción, elegiría El romance de Curro el Palmo, pero tiene otras como Penélope, Lucía o Señora con letras excepcionales. ¡Y qué decir de Hoy puede ser un gran día o de Mediterráneo! Es el letrista más versionado en lengua castellana, aun cuando sea catalán, normal en un cantante con una calidad poética enorme, en cualquiera de sus dos lenguas. 

Recomiendo que vean el vídeo del directo Dos pájaros de un tiro, donde Joaquin interpreta canciones de Serrat, y éste de Sabina. Joaquin Sabina lo llama el Nano, y recomiendo una entrevista en El Francotirador de Jorge Bayly, se puede encontrar en YouTube. Se trata de una entrevista a dos cantautores conocidos en toda Latinoamérica. 

Hay que decir que ha cantado poemas de Antonio Machado y también las Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández. De Antonio Machado ha publicado hasta un disco con los poemas del poeta sevillano, con temas como La Saeta o Cantares

Encontramos profundidad en temas como De vez en cuando la vida o Paraules d’ amor. Tuvo que exiliarse a Argentina durante la dictadura franquista porque es hombre comprometido y con ideales. Hay que decir que compuso en catalán el Lalala, tema que finalmente cantó Massiel en Eurovisión y lo ganó, aunque en castellano. En aquellos años en España se limitaba el uso del catalán o de otras lenguas que no fueran el castellano. 

Serrat ha versionado en sus directos otras canciones y a otros cantantes, como con Un mundo raro, del gran letrista José Alfredo Jiménez, mexicano y un poeta excelente. También ha interpretado poemas del poeta uruguayo Mario Benedetti. 

Ahora se dedica al hermoso empeño de viticultor, tiene su propia viña y su propio vino a la venta. El vino se llama El priorato, y ha sido presentado en diversos países de Latinoamérica.  

Joan Manel Serrat, poeta, viticultor, fiel esposo y padre de tres hijos. Un hombre sencillo donde en sus canciones emociona. 

Háganme caso: escuchen a Serrat. 

Reflexiones de una ondjundju-Lo que la literatura debe ofrecernos-Juliana Mbengono

LO QUE LA LITERATURA DEBE OFRECERNOS

 

Leer las páginas del prefacio del libro de mi amigo Capplanneta, una persona especial a la que espero conocer en persona antes de que pasen otros 365 días, fue más ameno, rápido, emocionante y profundo que leer cualquier poema de amores fracasados.

Capplanneta ya me dijo que la obra es prosa poética y la verdad es que los renglones del prefacio, que leí a primeras horas de la mañana, arrastran a uno hasta la firma del autor sin darle tiempo a respirar; igual que la corriente de lo que fue el rio Abere: sólo se podía respirar al salir a flote a final del tramo.

Mientras me cautivaba la sinceridad de Capplanneta sobre sus gusanos de seda, de los que emergieron mariposas grises como monstruos, y la indiferencia egoísta del lector y el editor que sólo buscan algo muy bueno entre lo bueno, o simplemente evadirse para no sentirse acusados, señalados ni percibir la furia o tristeza del escritor; también me sentí atacada. Sentí que mi queridísimo y admirado Capplanneta nos atacaba, a nosotros: los escritores africanos.

Aun cuando un escritor africano se declare romántico, amante de la ficción, motivador o moderno; en sus letras siempre habrá la posibilidad de encontrar sus gusanos de seda: su furia, ira, tristeza, miseria… esas emociones personales y aburridas de la vida de uno mismo que Capplannetta recomienda ocultar al lector y al editor para no ahuyentarlos.

El prefacio de Capplanneta es conmovedor por cómo usa la palabra, por lo que dice y cómo lo que dice, porque he intentado imaginar esa caja de zapatos blanquecina y a él, de pequeño, mostrándosela a otros niños lejos de los ojos protectores de sus padres. Pero no puedo estar de acuerdo con Capplanneta. La literatura no debe ser deprimente, ni mucho menos, pero si alguna conciencia se siente aludida por unos renglones, es porque estos han logrado uno de sus mayores objetivos: despertar conciencias.

El escritor africano necesita despertar conciencias, por eso dejará sus gusanos en el sofá o en la terraza y la mesa de comer. Cuando el escritor africano que vive en África deja de exhibir sus gusanos de seda y los de otros, fácilmente se convierte en una mala imitación del escritor americano, español, alemán o británico. ¿Cuántos de los escritores africanos más reconocidos no han hecho su camino a base de mostrar sus gusanos de seda y los de otros? Donato Ndongo lo hace en “El metro” y mete el dedo directamente en la llaga del hombre blanco, del español racista al que le hierve la sangre al ver a un negro hablando con una mujer negra. Chimamanda lo hace en la “Flor púrpura” y en “Medio sol amarillo”, Melibea en “La albina del dinero” y en “Bastardas”, Mariama Bâ en “Mi carta más larga”, todas ellas meten el dedo en la llaga del lector que tienen al lado, igual que Chinua Achebe en “Me alegraría de otra muerte”. Quizás estos escritores no le ofrezcan una autobiografía al lector o al editor, pero estoy segura de que sacan mucho de sí para escribir sus obras.

Cuando nosotros, en Africa, intentamos evadir nuestra realidad o nuestro entorno, en vez de escribir  “Cuando los combes luchaba”, “Nambula”, “Alá no está obligado a ser justo” o “Las cuatro mujeres que amé”; acabamos escribiendo esas obras absurdas, sosas y aburridas en las que sin asombro y como si fuese lo más normal y habitual, aparecen ecuatoguineanas y gabonesas pelirrojas, de metro ochenta con ojos azules y toman té en el porche durante un dorado atardecer mientras su adorado y amado Michael llega a la hacienda en su Cadillac y lo aparca en el establo ¿Ojos azules? Serán lentillas azules. ¿Pelo rojo y no se trata de un cosido o una peluca? ¿Hacienda?, estaremos hablando del hijo del presidente o de alguna de las hijas de algún magnate del petróleo en Nigeria. ¿Establo? ¿Michael, en serio? ¿Qué pasa con Emeka y su pelo afro? Los escritores africanos necesitamos mostrar nuestros gusanos de seda y los de otros: son nuestra “propuesta de valor”. No bebemos tanto té y raras veces usamos los porches para esperar a los amados. La mujer africana, desde la más humilde hasta la segunda dama, se siente cómoda entre el cuarto y la cocina.

Si mostrar nuestros gusanos de seda nos hace perder lectores ahora, dudo que ocurra lo mismo en la posteridad. El cine y la música africana, en su intento por conquistar al público americano y al europeo, se han quedado sin esencia: forman parte del montón. La literatura no puede caer en la misma trampa, es lo que nos queda para expresarnos y desahogarnos para no mutar las palabras en insultos que hieren como dardos envenenados.

Reflexiones de ondjundju-sentirse discriminado también es relativo-Juliana Mbengono

SENTIRSE DISCRIMINADO TAMBIÉN ES RELATIVO

Ser diferente no es lo mismo que ser raro, la rareza está en nuestras mentes. Un ejemplo muy simple es que los fang hervimos las hojas de yuca con agua, aceite de palma y malanga para preparar la famosa bambucha que comemos con azúcar. Ese plato nos encanta y nos representa. En cambio, los bubis pican las mismas hojas y las preparan con sal y carne como se hace con cualquier verdura. 

Cuando me hablaban de comer bambucha con sal me parecía tan absurdo que no me imaginaba a nadie haciéndolo en realidad, hasta que lo probé y pedí la receta; igualmente, a los bubis les sorprende que haya gente que come hojas de yuca en forma de puré con azúcar añadido y a veces piden un poco de sal cuando se les invita a comer bambucha. El caso es que cuando comparto la bambucha en familia estoy convencida de que es la mejor forma de prepararla, pero cuando me invitan a comer la salsa bubi con hojas de yuca tengo la impresión de que los fang las cocinamos de una manera muy “particular”.

Hace sólo unos días entrevisté a una escritora que viene de España y como muchos, ella también tiene un par de anécdotas sobre cómo se ha sentido discriminada en España, cómo ha sido víctima del racismo. Fumi me habló de las escalas del negro en España: desde el inmigrante ilegal hasta el nacido en España, pasando por el de la residencia permanente y el nacionalizado. Como muchas otras personas, Fumi concluyó que mientras seas negra en España te seguirán tratando como si fueses un ser raro.

Si me preguntaran cuántas veces me he sentido discriminada por mi color diría que ninguna, siempre he vivido entre gente muy parecida a mí. Por lo que, cuando escucho historias sobre la discriminación que sufre la gente en el extranjero e intento empatizar me siento un tanto hipócrita, algo dentro de mí me dice que en realidad no me llega esa emoción, me siento como aquel que lee sobre sobre una guerra civil que ocurre en un país que ni siquiera tiene fronteras con el suyo y no cree que alguno de sus viejos amigos pueda tener un pariente en ese país tan caótico; sin embargo, se lamenta y ora por los niños y las mujeres que sufren ahí.

A medida que voy pensando en el racismo y lo necesario que es erradicarlo, recuerdo las palabras del cantante Mister O. en el hotel Maydrit durante el desayuno cuando estuvimos en un seminario en Madrid.

“Quien se siente discriminado es porque quiere”, dijo el Mister sin titubear y yo me quedé petrificada esperando a que los artivistas contra el racismo presentes en el seminario le dijeran un par de cosas porque el comentario suspendido en el aire era bastante espinoso. Unos cuántos hablaron de las miradas agresivas en el metro, de la señora que se agarra el bolso al ver una cara negra, del enfermero que primero le da la vuelta al DNI para conocer la escala de negritud del paciente que está frente a él… “Esas cosas no me afectan, si una mujer se cambia de lugar en el metro porque me he sentado a su lado eso es asunto suyo”, algo así respondió el rapero después de todas las anécdotas contadas con el objetivo implícito de que él retirase su comentario anterior.

La charla en el restaurante del hotel Maydrit fue breve, pero a mí me hizo pensar que quizás algunos eran muy sensibles. Hace pocas semanas que reviví una experiencia como un deja vú, de repente me encontré encerrada en un ascensor con una señora blanca y unos niños que probablemente serían sus hijos, todos con el cabello liso y largo. En seguida me acordé de lo feas que me parecieron las trenzas rastas africanas mientras íbamos al centro de Madrid en metro durante el seminario en el hotel Maydrit. Incluso me pareció que quienes llevaban su pelo afro fosco suelto eran mucho más guapas y guapos. 

Después de bajarme del ascensor empecé a preguntarme porqué sentí que nuestras trenzas y nuestro pelo eran demasiado feos para llevarlos al descubierto si siempre he visto ese cabello lacio y liso en la tele volando al viendo o recogido en hermosas coletas y sin embargo me parecía que el pelo afro también es muy precioso. Después del viaje a Madrid me pasé unas semanas buscando en internet cómo recoger el pelo afro como si no conociera los peinados “timini”, “bicoma”, metemete” o “ziguizigui” y lo primero que descubrí es que para Google “pelo afro” significa pelo rizado, como el de las mulatas latinas o brasileñas; para encontrar información sobre cabellos como el mío, es necesario especificar escribiendo “cabello africano” o “trenzas africanas” para que google recomiende otros artículos en los que seguramente aparecerán temas como el cuidado; de lo contrario, podemos pasarnos un buen rato buscando. ¿Por qué no tuve ese sentimiento de aversión antes de verme rodeada de tanta gente blanca? diría que me sentía rara por ser diferente y creo que esa sensación de rareza influye en quienes se sienten discriminados con una simple mirada o un gesto que probablemente llegan a malinterpretar.

Después de entrevistar a Fumi concluí que todo es relativo. La discriminación existe porque al igual que la brujería la creamos nosotros mismos con los prejuicios de unos y la baja autoestima de otros, existe para alguno y no para otros. Y como estamos seguros de que la brujería sólo afecta a quienes creen en ella, siento que, sin olvidar que existe gente retrograda y enferma que de verdad odia a los demás sin motivos, el racismo es relativo. Mister O. tenía razón al decir que uno mismo es quien permite que los gestos racistas le hagan daño. 

Carmen Amaya: rotunda y maravillosa (Cecilio Olivero Muñoz)

Carmen Amaya, la diosa gitana del baile flamenco más espectacular e impresionante, también cantaba, y también fue actriz, pero fue ante todo Carmen Amaya. Nació en Barcelona un 2 de noviembre de 1913, y su padre le enseñaba en las chabolas del Somorrostro barcelonés (un poblado chabolista junto al mar, cercano a la Barceloneta que dejó de existir hace decenios) y éste le decía con mucho énfasis mientras seguía cada movimiento que ella hacía: así no Carmen, así sí, eso no lo hagas, templa los pies Carmen, las manos bien altas las quiero, y así, desde muy niña aprendió un arte en el que sería única. Se acostumbró a dar giros como un huracán o un tornado impredecible como el que no quiere la cosa. 

Cuando en el Somorrostro había fiesta, Carmen ya mostraba sus dotes y su padre se maravillaba al verla. Ella poco a poco fue forjándose como una pavesa de candela pura al viento del mar. Parecía fácil lo que hacía. Ya que ella lo hacía sin esfuerzo. De ahí parte el talento. Tenía duende, duende gitano, pero Carmen cuando bailaba era un arte que parecía sacado de un seísmo, o de un ciclón, o de un árbol en llamas. Carmen era una hija disciplinada e inteligente, su madre Micaela le decía a su padre Francisco, déjala jugar, y el padre decía: -Si bailar para ella es un juego. 

En el cuadro flamenco todos la llamaban La Capitana, por su carácter explosivo sin ir de diva, ella comía jamón de York con pan de molde y era feliz, dijo alguna bailaora compañera de la compañía al verla tan sencilla. Llevó el baile y el arte flamenco a Latinoamérica, Estados Unidos y por toda Europa. Bailó ante el presidente Franklin D Roosevelt. Su madre, Micaela Amaya Moreno, era ama de casa, eran siete hijos, su padre apodado El Chino tocaba la guitarra en los bares para que la gente cantara. 

Carmen Amaya era una gitana que se vestía de faralaes, y también muchas veces se puso pantalones para bailar, cosa inaudita en aquella época. Carmen se sentía de Barcelona aunque proviniese de la Granada emigrante hacia tierras del norte. Y sobre el baile único de la gran Carmen Amaya se puede decir que como bailaba Carmen no se aprende en ninguna academia de baile, es un verdadero deleite verla bailar, todavía hoy resulta un arte adelantado a su tiempo. 

Aprendió en ese barrio chabolista. Barrio donde vivían los gitanos y donde cada uno se buscaba la vida como podía. Aunque la manera de bailar de Carmen era pura energía, puro dinamismo unido éste a una fuerza de la naturaleza. Talento en toda su esencia pura. Lo que bailaba Carmen no se ha vuelto a ver más en la vida (recomiendo ver sus vídeos por YouTube). Gente de Hollywood y bailarines importantes decían de ella grandes elogios. Un actor de Hollywood escribió: ¡qué clase de demonio llevará adentro! Eran gente como Orson Welles y Charles Chaplin. 

Y es que Carmen Amaya ha sido la reina del baile en cualquier palo flamenco. Como anécdota diré que, Sabicas, el guitarrista pamplonica, bebía los vientos por Carmen Amaya, pero el padre se opuso en redondo por ser del cuadro flamenco, y por egoísmo del padre, ya que cuando se casó Carmen con otro guitarrista del cuadro flamenco llamado Juan Antonio Agüero ya tenía una edad tardía, hecho por el que no tuvo descendencia, se dedicó con exclusividad al baile flamenco. El matrimonio duró desde 1951 hasta 1963, cuando Carmen falleció. 

Al parecer esa energía impetuosa le hacía daño. Mientras que grababa la película Los Tarantos con el director Francesc Rovira i Beleta en el verano de 1963 Carmen ya no se sentía bien. Carmen murió el 19 de noviembre de 1963. Cuentan que su marido Juan Antonio, en Bagur, Girona, donde está el sepulcro de Carmen, se encerró en el almacén de un chiringuito a tocar la guitarra y se bebió una botella entera de güisqui. Al entierro fue mucha gente del espectáculo. En el Somorrostro todos lloraron. Carmen los dejaba. Su Carmen. La bailaora más grande que ha tenido el flamenco. 

Reflexiones de una ondjundju-Pequeños grandes escritores-Juliana Mbengono

Ser escritor en Guinea Ecuatorial te permite conocer a una infinidad de gente loca y apasionada. Tanta es esa locura, que la literatura, a diferencia de la música y el baile, es uno de los campos artísticos en los que casi todos somos amigos y no competimos; aunque algunos de nuestros colegas con pasta se autodeclaran bestseller o “más leído”. Bueno, quizás lo sean, el caso es que yo no sé cómo lo saben ni qué parámetros siguen. Pero si es por el número de ejemplares vendidos entre las impresas, yo también diría que soy una bestseller, porqué imprimí unos cien ejemplares de la edición de mi poemario “Barro en mis pies” y, además del 10% que regalé, todos los ejemplares se vendieron durante la presentación y la sala de actos del Centro Cultural Español de Malabo, con su capacidad para quinientas personas, estuvo llena. Pero bueno, no me siento bestseller ni super leída, sólo sé que tuve mucho apoyo, vinieron muchos compañeros de la universidad y del instituto, algunos compraron dos ejemplares para regalar y mi maestra Adelaida Caballero es la mejor.

En mi país he observado dos tipos de escritores muy paradójicos. Los hombres y las mujeres de más de treinta años con cierta estabilidad y suficiente dinero para encargarle sus libros a una editorial extranjera; y, por otro lado, los jóvenes universitarios o estudiantes de instituto que se conforman con crear foros de poesía en WhatsApp, blogs de escritura creativa y etc.

Mientras que los primeros realizan presentaciones apoteósicas con un tentempié al final del acto, invitan a ministros, empresarios y senadores a sus actos y son capaces de invitarte a participar en su antología y olvidarse de enviarte una invitación formal al acto de presentación o, simplemente, de mencionar el nombre de los escritores colaboradores; los segundos son tan informales que pueden realizar sus presentaciones en las plazas, en los bares y nunca se olvidan de quienes compartieron sus anuncios.

Mientras que los primeros se consideran grandes escritores y, en realidad, muy pocos les dan ese lugar porque al leerles se advierte que ha habido más plagio que creatividad y sus libros cuestan demasiado; los segundos se consideran pequeños escritores, pero con mucho talento y son los más leídos y mimados.

Los pequeños grandes escritores de mi país escriben porque sí, porque les gusta y tienen tantas ganas de compartir sus obras que han creado su primera editorial en cartonera y esta ha producido su primer poemario de más de cien páginas y el poemario “Voces en las tinieblas” es de los que enamoran porque su autor, Santy 19, es de los que no saben separar el amor del misterio, ni la tristeza de la esperanza.

Los jóvenes estudiantes no son los grandes escritores porque yo lo diga, los académicos están de acuerdo conmigo y la prueba es que, en certámenes nacionales como el Miguel de Cervantes, organizado por la Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española, el Guinea Escribe, el 12 de Octubre o Sabor a miel, los ganadores son pequeños grandes escritores como Leoncio Márquez, Sr. Manoiká, Teresa Casandra, Luishao, Alfredo Junior Rieba, Carlos Bolete o Juliana, quien escribe estas líneas. Y no es que los escritores de la elite no participen, resulta que no ganan y en ocasiones les hemos visto alegrarse por el premio de consolación que acompaña al premio del certamen 12 de Octubre.

Después de la generación en la que sobresalió Juan Tomás Ávila Laurel y dejando a Trifonia Melibea y Estanislao Medina Huesca en una categoría especial, los escritores de la Guinea actual son precisamente aquellos que tienen la libertad de decir lo que piensan y creen porque tienen la seguridad de que todo se quedará entre compañeros que piensan igual.