Reflexiones de una ondjundju-El amor para hombres pobres-Juliana Mbengono

¿Dónde está el amor para los hombres “pobres”?

Para evitar las generalizaciones, empezaré reconociendo que el amor existe para todos y cualquiera puede encontrarlo y disfrutarlo independientemente de su riqueza, color de piel, inteligencia, belleza o algún otro condicionante absurdo. Sin embargo, también voy a decir que todos sabemos que muchos hombres sienten que el dinero es un factor imprescindible para encontrar el amor o que nunca encontraran el amor porque las mujeres van tras el dinero. No están locos ni tienen la autoestima dañada: lo que sienten y piensan es real.

Nadie negaría que muchas mujeres se casan por conveniencia y no por amor. Se casan con quien tienen garantizada una estabilidad económica y, si es posible, cierto nivel social. Pero ellas no son las únicas, los hombres también ejercen su poder de elección usando criterios que están muy lejos del amor. Se dejan guiar por los criterios retrógrados de una sociedad fiel al patriarcado. Una gran cantidad de hombres casados no comparte su cama con la mujer a la que ama y no siempre es porque les hayan dado calabazas; sino porque otra era la “buena” como esposa, porque les daba miedo no poder “mantenerla” o porque se trata de una mujer con la mente tan abierta que se diría que es un “hombre”. Decir o pensar que “una mujer se parece a un hombre” ya es un indicio del porqué muchos hombres sin dinero no creen que podrán encontrar el amor.

 Por poner dos ejemplos, tuve una larga conversación con un conocido que, prácticamente, “se tira todo lo que se menea”. Vamos, se acuesta con toda aquella que se deje y con eso siente que se está vengando o está ganando. Por otro lado, un amigo del barrio conoció a una compañera de la universidad a través de mí. Intimidado porque la chica es universitaria y se ve bien cuidada, me pidió ayuda. Al comentarle a mi compañera que el chico estaba interesado en ella, lo primero que me preguntó fue “¿Dónde trabaja?”. Supongo que la siguiente pregunto habría sido ¿cuánto cobra? o ¿qué tan generoso es con sus amigas?

El chico que se acuesta con todas se justifica diciendo que, antes de trabajar, estuvo buscando el amor; pero ya que no tenía dinero, ninguna le valoró. Suena triste y deprimente, pero él está convencido de que nunca encontrará el amor porque las mujeres se acercan a él por interés. 

Mi compañera, por su parte, se justificaba diciendo que si va a cederle a un hombre el derecho de tenerla bajo su techo “cumpliendo con las funciones de una mujer” ella debía estar segura de que tendrá sus necesidades económicas cubiertas; porque no sabe qué otra cosa puede pedirle a un hombre.

Ni mi compañera es tonta, materialista o de mente cuadrada ni el chico es un idiota insensible. Ambos son víctimas del patriarcado, sí, lo he dicho: EL PATRIARCADO Y LA FALTA DE UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD FORMAN LA RAÍZ DEL PROBLEMA. Que hombres y mujeres piensen que las relaciones se basan en un intercambio de sexo por dinero y mantenimiento del hogar sólo puede significar que todos somos víctimas del patriarcado.

Nosotras somos las más afectadas por este sistema, pero los hombres también serían mucho más felices y libres si esta forma de vida tan dañina y retrógrada sólo se pudiera descubrir leyendo libros tan antiguos como el Antiguo Testamento. Sí, sería de mucha ayuda para todos que los casos de desigualdad entre hombres y mujeres solo se puedan encontrar en historias tan antiguas y fantasiosas como la de Eva y la serpiente o Moisés y las aguas del mar rojo.

Desgraciadamente, las niñas siguen siendo educadas para encontrar a un marido que las pueda mantener, mientras que los niños son motivados a trabajar duro para ser hombres capaces de mantener a una familia. ¿No sería más sencillo formar sociedades en las que la gente esté dispuesta a conocer y vivir el amor?

Reflexiones de una ondjundju-recoger dinero caído-Juliana Mbengono

LA SUERTE DE RECOGER DINERO CAÍDO

Cuando nos pasa algo bueno por sorpresa podemos decir que ha sido una suerte o algo así. Una mañana salí a correr y encontré un billete de mil francos cfa. Fue una alegría para mí, una suerte. Lo recogí y seguí corriendo con más ganas. Durante los tres días siguientes, seguí la misma ruta al ir y volver, por si se repetía la suerte. 

Después de unas semanas, encontré una botella de cerveza y un bocadillo justo donde antes había recogido el billete de mil francos. Entonces me di cuenta de que cada vez había algo ahí que parecía olvidado o guardado. Me entraron dudas y pensé que recoger aquel dinero no había sido buena idea y, definitivamente, no lo había sido; pero un billete de mil francos no es algo que se encuentra todos los días en la calle.

Durante varios días le estuve dando vueltas al tema pensando en cosas como que, si no hubiera recogido ese dinero, otra persona lo habría hecho. Incluso llegué a pensar que aquel sitio era un escenario de vudú.

Resulta que ahí, en ese lugar, al borde de la acera, en el antiguo barrio Pequeña España (actualmente Caracolas), vivía un hombre con problemas mentales, un loco al que otros tiraban monedas y daban de comer. Cuando le vi, estaba rompiendo botellas en la calle y dando vueltas. Si estuviéramos en otra parte diría que es un mendigo, pero la verdad es que es difícil ver a un guineano cuerdo viviendo en la calle. Lo bueno de la familia africana es que se extiende hasta los amigos y los hermanos de pueblo, por lo que uno siempre encontrará donde vivir mientras se busca la vida.

El billete de mil francos que había recogido en aquella esquina era de un hombre enfermo. Yo le había quitado lo que otros le habían dejado. Me sentí peor que si hubiera cogido el dinero ofrecido a un demonio durante un ritual de vudú. Y como si todo estuviera preparado por secuencias, desde entonces veo a ese señor con frecuencia cuando regreso a casa. Está sucio y desarrapado con el pelo lleno de barro. 

He llegado a pensar que quizás es un drogadicto y no un loco, los drogadictos, a veces, se parecen a los locos y viven en la calle; pero es que solo hace unos días vi a una señora con pintas similares en la calle y no creo que ella sea una drogadicta. La verdad es que no entiendo qué hace un enfermo mental en la calle. Cuando el gobierno abrió el psiquiátrico de Sampaka, todos los hombres y mujeres que se agrupaban en las puertas de la parroquia Santuario Claret y los que andaban desnudos gritando y removiendo los vertederos desaparecieron de las calles. Ahora, los únicos que remueven los vertederos son las mujeres y los niños que buscan latas para vender.

Desde entonces, me he encontrado con monedas de cien y cincuenta francos en la calle. No es tan tanto pero ya me da algo recogerlas por el simple hecho de que no quiero volver a quitarle el dinero a nadie, mucho menos a un niño que seguramente se iba a la escuela y se le ha caído el dinero del bocadillo. Es un poco absurdo, pero ya no siento que recoger dinero del suelo sea una suerte.

Carmen Laforet-Juan A. Herdi

Carmen Laforet

Se refirieron a ella como «la chica rara» y ése fue el título que adoptaron Ana Pérez de la Fuente y María Arribas Veloso para su documental sobre Carmen Laforet. En él repasan la biografía de la escritora que huyó de las bambalinas de la fama, de eso que se conoce como la vida literaria, para reconcentrarse en una búsqueda de sentido de la vida, la propia y la que le rodeaba. En su documental hablan de una inquietud permanente que no siempre es fácil de gestionar. Muestran su estado pertinaz de desasosiego y de insatisfacción con el tiempo y el paisanaje. De todo ello hablará mucho la autora en su correspondencia con Ramón J. Sender, un largo intercambio de cartas en la que la escritora mostrará su ansiedad ante la vida y una necesidad imperiosa de encontrar algo, quizá un lugar en el mundo o un ámbito emocional que le permita vivir sin el reconcomio de tanto sinsentido. De allí que pase por varias etapas, siempre en una busca imperiosa de vida, una necesidad de vivir con toda la intensidad que pueda llegar a brindar la existencia, no siempre tan evidente ni fácil de encontrar. 

Andrea, el personaje protagonista de «Nada», tiene mucho de eso, qué duda cabe. Llega a la casa de sus tíos y de su abuela en la calle Aribau de Barcelona una fría noche y vivirá en esa ciudad unos meses en los que chocará con la vida lúgubre de una posguerra tremenda, pero siempre con una búsqueda de luz y de sentido, de otra vida, reflejada ésta por su amiga Ena, a quien conoce en la universidad. La de Andrea es una etapa por la que todos pasamos de algún modo, de ahí que en esta novela, «Nada», nos sintamos tan reflejados los lectores que nos hemos acercado a ella generación tras generación desde que ganara el primer Premio Nadal, nada menos, en 1944, más allá de las circunstancias en que se desarrolle cada vida, y algunos incluso tenemos que volver a sus páginas cada cierto tiempo, quizá porque mantenemos ese mismo estado anímico, aunque ya de otro modo, y, como Andrea, ansiamos tanto las posibilidades que nos brinda cada fin de etapa al que nos confrontamos. 

Llama la atención, por otro lado, el estilo de aquella escritora tan joven como desconocida. Lo apreciamos en esa su primera novela, fundamental, pero lo mantiene en el resto de su obra, en un ejercicio de la escritura que se vuelve central a lo largo de su vida. «Frescor de lo verdadero», fue como calificó José Luis Aranguren su estilo, esa forma de escribir descriptivo e impresionista, gracias al cual el lector irrumpe en cada escenario y comprende que forma parte de las emociones y los estados de ánimo, a veces con la sensación de que cada rincón es imprescindible para que los hechos sucedan justo allí, no en otra parte. Frente a la pomposidad lingüística impuesta por aquellos años, Carmen Laforet opta por una meticulosidad a veces tremendista, muy ligada por otro lado a la realidad, muy propio, como señala Álvaro Pombo, de unos «relatos de la vida dañada», y que se puede aplicar a toda su obra.

Este año a punto de acabar ha sido el del primer centenario del nacimiento de Carmen Laforet. Hay en sus novelas y relatos algo que te atrapa, que embelesa y sacude muy dentro. Quizá sea porque hay en ella una escritura que parte de la emoción y de sí misma, pero escapando siempre de la mera exhibición, una actitud que resulta a mi entender ejemplar, en estos tiempos de vanidades, ¿cuáles no lo han sido?, y en que la sociedad del espectáculo ha alcanzado niveles muy ridículos. Buscó resguardarse tras su obra, que fuera su única tarjeta de visita, su manera de estar en este mundo. Por eso se vuelve tan necesario volver a su obra una y otra vez, a sus libros ahora mismo tan esenciales como claves y que nos transmiten su mirada sobre la vida, una vida que sólo puede aprehenderse desde la literatura. 

Reflexiones de una ondjundju-Avergonzarse de una enfermedad-Juliana Mbengono

¿POR QUÉ AVERGONZARSE DE UNA ENFERMEDAD?

Hace tres años desde que estuve tendida boca arriba y completamente desnuda en un quirófano. Temblaba tanto que el anestesista tuvo que atarme los brazos. No sé si era porque el aire acondicionado estaba muy elevado o por miedo a que utilizaran yodo cuando en la pared había una gran inscripción en letras mayúsculas sobre cuatro láminas que decía claramente: “EL YODO ESTÁ CADUCADO”.

Unos minutos después de haberme rajado el vientre, la cirujana se encontró con que el quiste estaba adherido a uno de los ovarios y tuvo que hacer una pausa para buscar a conductor que fuera en busca del director del hospital porque ella no sabía qué hacer. Pasaron como treinta minutos hasta que apareció el doctor; cuando le llamaron estaba de camino a otra ciudad y tuvo que retroceder. Durante todo ese tiempo, mi madre, mi tía y mi hermanito estaban preocupados y presionaban a los médicos para que hicieran algo si el otro doctor no podía llegar. A mí, en cambio, solo me dolía el hecho de que me iba a quedar una horrible cicatriz en el vientre como la que le quedó a mi madre tras el parto de mi hermanita por cesárea.

En la escuela nos habían enseñado que cuando una tenía la regla, debía hacer todo lo posible porque nadie se enterara. Los dolores también solían normalizarse, recuerdo que me decían que sentir molestias cuando tenía la regla no era cosa de otro mundo y me daban ladinax o ipubroprofeno. Como yo, muchas niñas crecen pensando que es normal que la regla cause fuertes dolores o calambres en el vientre, los pies y la espalda; hasta que el sangrado empieza a durar dos semanas o los calambres y dolores ya no se calman ni con cuatro pastillas de ibuprofeno. Es en este extremo cuando muchas solemos irnos al hospital para descubrir que tenemos endometriosis o un quiste tan grande que ya solo se puede eliminar con cirugía.

Curiosamente, después de pasar por aquello, resultó que muchas compañeras y conocidas que, simplemente, habían tenido una operación, habían pasado por lo mismo; ellas tampoco se atrevían a dar detalles por vergüenza o qué sé yo. Eso de avergonzarse por una enfermedad no tiene mucho sentido, pero es habitual. Yo por lo menos puedo contarlo, pero en el caso de otras enfermedades más graves como el cáncer de mama o el SIDA el desenlace puede ser fatal. Y, creo que si escribo esto ahora es precisamente porque hace menos de dos semanas perdimos a una gran amiga que padecía cáncer de mamá y muy poca gente lo sabía. Hasta hoy se sigue diciendo que ella “padecía de un tumor” y en los medios de televisión locales siempre se dice que tal persona falleció de “una larga enfermedad que venía padeciendo”. Antes de ella, no sabía que en Guinea había gente con cáncer y hasta ahora tampoco sé si hay otra.

Durante el velorio de nuestra amiga se reconoció su contribución a la cultura, al país y se intentó hacer muchas cosas que a ella le gustaban: danzas ktya, recitar poemas, cantar, proyectar sus documentales, etc. A ella le gustaba todo eso, era escritora, periodista, bailarina, feminista, madre, hermana, peluquera y muchas cosas más. Pero ya no está.

Creo que, si todos pudiéramos perder ese absurdo miedo a decir que tengo cáncer, SIDA, gonorrea o tiñas y me pica la cabeza o qué se yo, contribuiríamos a que muy pocos conocidos acaben tendidos en un quirófano o tres metros bajo tierra por un problema de salud que nosotros ya tuvimos.

Camarón de la Isla, maestría y duende (Cecilio Olivero Muñoz)

 

CAMARÓN DE LA ISLA, MAESTRÍA Y DUENDE

En el momento que yo empezaba a vivir una vida nueva, que ni yo mismo llegaba a comprender, apareciste tú, Camarón de la Isla. Nombre real: José Monje Cruz. A medida que iba uniendo las piezas del puzzle de mi vida, te escuchaba. Era como recibir respuestas y sugerencias para mi mundo. Aprendí de tus metáforas profundas, de tus brillantes maneras de cantar, fue un ejercicio de aprendizaje, aprendí otra galaxia. 

Camarón me ha servido para conocer mejor la cultura flamenca, como si me hubiera puesto un zarcillo de oro para siempre. Después llegó el duelo a mi vida, la muerte de varios amigos me apagó la luz de mi corazón adolescente. 

Tuve amigos que perdieron la vida y yo con Camarón encontraba la calma. Primero me decía: pobre fulano, que mala suerte la de mengano, pero luego me decía: menos mal que no he sido yo. Me agazapaba en su cante único, ya que lo que no me enseñaron mis padres me lo enseñó Camarón con cante excepcional. 

Ay, Camarón, dejaste un legado riquísimo en el vil metal, pero lo disfrutaron otros. Dios es justo: dio a dos personas un don, el del cante a José, el de la guitarra a Paco de Lucía. Ambos dejaron un legado prodigioso. No es flamenco el que no sepa de ti. Todos tus discos son magistrales. 

Era tanta la admiración que yo tenía por el de la Isla que tenía a mi familia grabando documentales, ya que había muerto y en la televisión daban reportajes sobre él. pues al poco que yo empezaba mi nueva vida también la cantaba, no como José Monje. 

Era tal mi admiración que me llegaron a regalar en otros tiempos mejores un cordón de oro con la cabeza de Camarón. Escuchar a José es escuchar que los verdaderos mitos son aquellos que con su humildad, con su pellizco, con su voz tan divina embelesaba al público con su talento exquisito, Camarón era un prestidigitador que mientras el pueblo escuchaba, el pueblo callaba. Alma noble, que transmitía la vida cómo verdaderamente hay que contarla. 

Camarón ha caído y ha emergido entre tierra y cielo. Su cante es único, por eso, yo que he seguido al duende de Camarón, el duende fascinante de Camarón de la Isla, lo escuché mucho. Lo he seguido en antologías y discos póstumos. Pero a mí, partiendo del hecho de que pretendo ser un buen aficionado, tengo claro que Camarón se escuchará en el espacio, en el extrarradio de las ciudades, entre la lógica del algoritmo como lo esculpieron los gitanos, como lo fraguaron. 

Para payos fue un santo, para gitanos un Dios. Y es que el de la Isla, que aunque se diga lo que se diga, se le dice desde las entrañas del mundo. Gitanos y payos lloraron su muerte prematura. Pero José Monje Cruz era gitano, era andaluz y español. Camarón me ha dado una luz digna de los ángeles serafines y de los poetas verdaderos. Camarón era único, pero además  de ser único, es también el mejor cantaor flamenco de la historia del cante jondo.

Felicidad Blanc (Juan A. Herdi)

Felicidad Blanc

«No cabe duda de que el dolor y la soledad son las dos cosas que hacen a una persona». Se lo dice Felicidad Blanc al periodista Ismael Fuente Lafuente en 1976, al calor del documental de Jaime Chávarri El desencanto, tan polémico. La frase contiene sin duda dos rasgos muy interiorizados de aquella mujer, recordada durante mucho tiempo como esposa y madre de poetas, en un intento ahora de recuperarla como escritora, autora de un número indeterminado de relatos, algunos de ellos publicados en revistas importantes de los años cincuenta y sesenta, Espadaña, Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, cuentos que poseen ese dolor y esa soledad mencionados, pero también contienen el desasosiego del personaje, el mismo desasosiego que transmite Espejo de sombras, aquellas pretendidas memorias que recogió Nati Massanés en unas grabaciones que luego se transcribieron de forma fidedigna y que pueden leerse también como una crónica de época.

No en vano los Panero reflejaron esa época y tal vez, yendo más allá, la deriva del país. Hubo quien encontró en esa familia, ahora extinta, fin de raza puesto que ninguno de los tres hijos del matrimonio tuvo descendencia, una analogía con la España del momento, que pudo ser y no fue. O fue de otro modo, una heterodoxia vital convertida en controversia o en mera imagen estereotipada. El esplendor cultural de los primeros treinta años del siglo XX, la edad de plata de la cultura española, en palabras del profesor José Carlos Mainer, se diluyó a golpe de una guerra (in)civil que fue también un corte social tremendo para el país. Pero la nueva España tampoco resultó la deseada por aquel grupo de poetas e intelectuales adheridos o próximos a la Falange, entre los que estaba Leopoldo Panero, no así Felicidad Blanc, que durante los años de la República, joven aún pero atenta a lo que le rodeaba, albergó no pocas simpatías por esta. A diferencia de otros correligionarios, Dionisio Ridruejo, José Luis López Aranguren o José María Valverde, entre otros, que se comprometieron incluso contra el régimen, Leopoldo Panero nunca se pronunció, pero habló, sí, en privado, de decepción y desesperanza. De todo ello fue testigo Felicidad Blanc. Testigo discreto, siempre a la sombra, tan diluida su figura entre penumbras. 

Sin duda se trató de una sensación de decepción y desesperanza muy parecido al que ella misma acabó sintiendo a la vista de su propia evolución, su vida sufrió también varios cortes, dejando siempre atrás demasiadas cosas, «un mundo perdido que ya no volverá». La joven de familia bien, culta, aunque no estudiosa, al menos en lo que se refiere a los estudios reglados, que admiraba la cultura francesa y leía a sus autores con pasión, los bombardeos en Madrid le pillaron con frecuencia leyendo Madame Bovary, no fue ajena a esos sentimientos, ni durante su juventud ni mucho menos después, con toda la carga que otorga la experiencia. Se casó con Leopoldo Panero y lo acompañó a Londres, en su trabajo en el Instituto de España, donde pasó quizá sus mejores meses, en compañía de Luis Cernuda, ya una mujer, no la joven que fue, pero tuvo que renunciar, pese a sus intentos literarios, a su propia creatividad, tal vez a su propia vida, a sus anhelos, incluso aquel matrimonio con el poeta no era ni de lejos lo que ella habría ansiado, con las asperezas de una cotidianidad tan austera, tan distinta a lo esperado. Inspira a Leopoldo Panero varios poemas, sí, algunos de los que aparecen por ejemplo en Escrito a cada instante, pero como ella misma afirma, «(…) el libro va por un lado, y nuestra vida por otro».

Leopoldo Panero muere en 1962, otro corte en la vida de Felicidad Blanc. Sus hijos comienzan a ser años después figuras relevantes en la vida cultural española, durante la eclosión cultural que se da a finales del franquismo y sobre todo a inicios de la democracia, unos hijos que descubren de pronto a su madre a medida que se van desgajando de la figura paterna, ella los acompañará a actos y saraos, participa de cierto renacimiento cultural, incluso interviene en algunas películas, papeles muy secundarios, pero que le recuerdan sus pinitos en el teatro, de joven, aquella vaga inclinación por ser actriz. Pero esa época tiene sus claroscuros, los problemas de sus hijos, la compañía cálida y benévola a Leopoldo María, y sobre todo el mismo desencanto y la desesperanza que le ha acompañado siempre. Ella misma reconoce «que las cosas no viven más que dentro de uno mismo y que es inútil tratar de revivirlas»

1976 será el año del documental El desencanto. Los amigos de Leopoldo Panero y de su familia se echan las manos a la cabeza, apunta a un ajuste de cuentas en toda regla, la figura del poeta no parece quedar en buen lugar. En cambio fascina ella, Felicidad Blanc, y su forma de explicarse, de evocar el pasado, incluso de justificarse, el tono de su voz y la entonación suave de sus palabras nos deslumbra y sorprende, atrae, resulta a todas luces muy atractiva, es imposible no escapar a su encanto, a esa mezcla de clasicismo y modernidad, imposible no desear con vehemencia saber más de ella. Ocurre incluso hoy, cuando se vuelve a ver la cinta, ya quedando todo eso muy diluido por el tiempo y el olvido. Nati Massanés, en aquel momento, le propone unas memorias para la editorial Argos Vergara, que ayudará a preparar y se publican en 1977, Espejos de sombras. La editorial Cabaret Voltaire recupera el libro en 2015. La editorial sevillana Renacimiento, por su parte, en sus ediciones Espuela de Plata, reúne varios de sus relatos breves bajo el título La ventana sobre el jardín, con un breve estudio de Sergio Fernández Martínez. De este modo recuperamos a una mujer que ve pasar ante sí una época apasionante, una escritora de lenguaje afinado y que nos evoca la tristeza del final de las cosas. 

Reflexiones de una ondjundju-Ser escritor-Juliana Mbengono

SER ESCRITOR EN LA ERA DE LOS BLOGS Y LOS CERTÁMENES

Puede que sea cuestión de tener las cosas más claras o saber lo que se quiere en la vida, como dirá alguno; pero, a veces, al publicar un poema o relato diferente en mi blog siento que me arrepentiré. Algo me dice que este trabajo podría haberme servido en el futuro para un certamen y compartirlo gratuitamente en el blog es un desperdicio.  Por otra parte, me gustaría que me lea el mayor número de gente posible, además de saber qué les ha parecido mi trabajo, y esto es menos fácil con las obras que resultan ganadoras en un certamen literario.

Además de que las obras publicadas en un blog ya no son muy aptas para concursar en un certamen, también está la soledad con la que el escritor de un blog debe lidiar. Capplannetta lo sabe de sobra y habla de ellos con mucho detalle en su libro Cibernética Esperanza. A veces, ves un gran número de visitas en la interfaz, pero no hay un solo comentario. No sabes si en realidad te han leído esas doscientas personas o si es algún fallo y en realidad solo te han leído diez. De esas diez personas, tampoco estas seguro de que la mitad haya llegado a la mitad o al final del relato. Es como si escribieras para unos fantasmas; sin embargo, te sientes agradecido porque te leen y sigues escribiendo, sintiendo que debes publicar algo ya, que llevas mucho tiempo sin escribir para el blog. 

He llegado a preguntarme si no tengo cosas mejores que hacer con mi tiempo, pero acabo sintiéndome peor cuando dejo de escribir para Popó Mango. Siento que le fallo a alguien, aunque sea una sola persona, y las otras cosas a las que quiera que empiece a dedicar más tiempo acaban resultándome menos satisfactorias. Entonces concluyo que es por pasión. Igual, si no existieran los blogs, seguiría escribiendo en los cuadernos como lo hacía en la escuela y me conformaría con que me lean dos amigos y ya. 

También he llegado a preguntarme si leería todo cuando escribo yo si lo escribiera otra persona. La verdad es que no he encontrado una respuesta, pero leo todas las publicaciones de unos cinco blogueros, a veces con mucho retraso, cuando tengo suficiente dinero para internet. A veces descargo los post para leerlos más tarde sin conexión o los copio y pego en un nuevo documento cuando estoy usando un ordenador público. Quizás, aquellos que me leen hacen lo mismo y por eso muchos no llegan a comentar ni dejar su opinión.

Antes de descubrir que yo también podía tener un blog, me limitaba a navegar en busca de una información específica y ni me molestaba en comentar, suscribirme, etc.. No hacía nada, por más interesante que me pareciera la información. Bueno me quedaba con los nombres de algunos blogs como el de Diana P. Morales o Gabriella Literaria y ya. Ahora que conozco todo el sacrificio y esfuerzo que conlleva mantener un blog bien nutrido, me toma el minuto necesario para dejar un comentario o simplemente darle clic al dedito o al corazoncito. 

Milestone (Cecilio Olivero Muñoz)

Miles Davis es sin duda el trompetista afroamericano con más personalidad del siglo XX y todos los tiempos. Su trompeta de latón galvanizada en cobre posee un sonido inconfundible. Odiaba que denominarán lo que él hacía como Jazz. Tuvo problemas con la ley por ser de raza negra. Cuando le dieron la medalla de las artes en Francia, al bajar del avión dijo con cierta retranca: -¿qué ocurre con ustedes que no han visto a un negro de clase media? 

No se sorprendía por que en Europa admiraran su manera increíble de crear silencios y notas sostenidas con su trompeta. Sin duda asombró a Dizzy Gillespie y Chet Baker por sus solos de trompeta. Tenía una personalidad introvertida y con fuerte poder de seducción, tanto en un escenario como en persona. Grabó un disco sobre el concierto de Aranjuez llamado Sketches of Spain, adelantándose al disco de John Coltrane Olé

Su nombre real era Miles Dewey Davis III. Nació en Alton Illinois un 26 de mayo de 1926. Y murió en el 1991 en Santa Mónica, California. Él solía decir: para mí decir Jazz es decir negro. Su problema era la cocaína. Pueden encontrar en YouTube su entrevista y concierto Miles Ahead. Homenajeó a Pablo Picasso, realizó bandas sonoras para películas. En Francia lo apreciaban mucho. Su discografía es tan amplia y tan variada que de él podemos decir que era un genio, tuviera la personalidad que tuviera. Su disco cumbre es Kind of Blues. Fue íntimo amigo de Charlie Parker, The Bird, como lo llamaban músicos en el backstage. Miles Davis es todo un referente musical, por lo cual deberían homenajearle en los Estados Unidos.

  También es importante recalcar sus grabaciones con Charlie Parker ‘Bird’, también con John Coltrane, Chet Baker. Tiene su peculiar versión del clásico Autumn Leaves. Era amigo de John Lennon, y actuó en todo el mundo. Con su voz ronca lograba que la trompeta hablara. Murió de neumonía. Fue un hombre genial pero lo genial no tiene nada que ver con la personalidad. 

The Bowles marriage (Cecilio Olivero Muñoz)

El matrimonio Bowles residía en Tánger y de tanto en tanto venían amigos a visitarlos, y cuando era el tiempo de la juerga acudían Truman Capote y otros errantes estadounidenses, a llevar todos ellos una vida licenciosa. A Paul fueron a buscarlo Allen Ginsberg y Willian Burroughs, al parecer en busca de heroína. De ahí surgió la novela de Burroughs Yonqui. Durante su juventud, Paul fumaba hachís y marihuana, y bebía en exceso. Truman Capote tenía una casa en la Costa Brava catalana y se desplazaba a Tánger en busca del matrimonio Bowles. Muchos amigos españoles se quedaban anonadados cuando tras una jornada de alcohol y grifa se levantaban a primera hora de la mañana y escuchaban las máquinas de escribir a todo trapo. 

En aquella época el matrimonio Bowles escribían sendas novelas. En el caso de Paul El cielo protector y en el caso de Jane Dos damas muy serias, novela con un trasfondo lésbico y bello. Pueden encontrar los dos textos en Anagrama. Jane había conocido a una chica marroquí y según Paul la marroquí sólo la quería por el dinero. Paul detestaba la presencia de la marroquí porque en su opinión ella tenía intereses materiales. 

 Paul le decía a Jane que se cuidara, que si no tendría él que cuidarla. Al parecer Jane mezclaba medicamentos con alcohol, y eso era una bomba de relojería. Jane, en sus últimos días en Tánger, regalaba dinero por la calle a cualquier transeúnte. Cuando estaba más desequilibrada le dijo a un amigo: -Tengo este problema y el verdadero problema está aquí, aquí, aquí, señalando el bolso. Y este amigo le dijo que le diera el bolso. Lo vació en un banco y se encontró envuelto en un pañuelo un pájaro muerto, una chapa, y una cuchara. Este amigo le dijo: Ven Jane, que tiene solución, y primero enterraron al pajarito en un erial cercano a su casa, después se desprendieron de la chapa y después de la cuchara. Y Jane, maravillada, abrazó al amigo y le dijo: gracias, me has salvado. Y el amigo se emocionó, entendiendo el carácter de Jane. 

El final de Jane Bowles fue en un hospital de monjas de Málaga. Jane, judía, se bautizó cuando ya estaba muy deteriorada, demasiado. El nombre y apellido de soltera era Jane Auer. Nacida en 1917 en Nueva York, se casó con Paul siendo este mucho más joven que Jane. Paul advertía a Jane acerca de los intereses materiales de la amiga o amante de ésta. Paul no quería ser parte de ese trío amoroso. Hasta que un día Paul la sorprendió haciendo infusiones de una planta tóxica que te volvía loco o te paralizaba. Jane decía a sus amigos cuando iban a visitarla al hospital psiquiátrico de Málaga: -Por Dios, ¿no puedes conseguir algo para matarme? Paul Bowles estaba disgustado porque se hubiera convertido al catolicismo, pero aun así iba al hospital cruzando regularmente el Estrecho. 

Resulta evidente que era un matrimonio peculiar muy adelantado a su época. Si van a la tumba de Jane, verán lo que dura la gloria de gente que creó y ahora no tiene quién le ponga flores. Es triste que el talento tenga ese fin tan injusto.

Reflexiones de una ondjundju-El mito de los cíclopes en Annobón-Juliana Mbengono

EL MITO DE LOS CÍCLOPES EN ANNOBÓN, UNA SECUELA DE LA ESCLAVITUD

A través de la obra Éxodo d´ambo conocí el mito de los cíclopes en la isla de Annobón. Existen testimonios que afirman la existencia de esos monstruos antropófagos en la isla ecuatoguineana. Pero también existen otras teorías que dicen que los cíclopes no existieron, que quien se comía a la gente era el esclavista Conde de Argelejo.

Una de las pruebas en las que se basan los annoboneses para confirmar la existencia de seres mitológicos en la isla es la cueva Jobo Mdjinga, que, según Dino (director del grupo teatral Amea) el nombre completo es Jobo ma Mdjinga, (el “ma” hace alusión a madre) por la cíclope que vivía allí. 

Si repasamos un poco la historia de la colonización en Guinea Ecuatorial y en el resto de áfrica, descubriremos que los mismos africanos eran negreros. Así que, Ma Mdjinga, antes que una cíclope, podría haber sido una mujer sin escrúpulos que ayudaba a capturar y vender esclavos. Lo curiosos aquí es que Annobón, en un principio, era una isla deshabitada. Fueron los portugueses quienes la poblaron con un grupo de esclavos traídos de diferentes partes, no tendría mucho sentido que los capturaran desde ahí. Pero, igualmente, las cuevas podían ser almacenes de esclavos custodiados por esas personas que pasaron a la historia como monstruos, ya que sí existen fuentes escritas que confirman que los holandeses usaron esta isla para el tráfico de esclavos y más tarde España y Portugal también la utilizaron para embarcar esclavos con destino a Brasil y el Rio de la Plata.

¿Es posible que una mujer haya sido esclavista? Sí. Y no sólo entre los annoboneses. Por explicación de fuentes orales, que desgraciadamente hay escasas fuentes escritas sobre esta parte de la historia de Guinea Ecuatorial o por lo menos yo todavía no las he descubierto, en la región continental del país, antiguamente conocida como Rio Muni, también existió Ezingang y su séquito de secuestradores conocidos como buan bi ezingan o hijos de Ezingang. La palabra Ezingan, en la lengua fang, es más conocida en la actualidad por hacer referencia a un ser mitológico que causa pánico. En algunas canciones se dice que vive en los cementerios y otros lugares tenebrosos. Ese nombre tan escalofriante, por lo que me contaron, era el nombre de una mujer que iba de pueblo en pueblo secuestrando gente. En la mitología fang, se sigue creyendo que Ezingang es un espíritu que te puede atrapar en lugares solitarios y/u oscuros.

Otra de las razones que alegaron quienes afirman que existieron los cíclopes en Annobón, como lo podemos ver en el artículo “3 datos interesantes sobre la cultura annobonesa” publicado en biyaare.com, es que está estrictamente prohibido acercarse a algunos lugares donde están las cuevas y muchas están herméticamente bloqueadas con troncos de árboles, madera, clavos, etc. lo que demuestra que ahí había un verdadero peligro que se quería evitar. Sin embargo, también existen testimonios de quienes dicen haber entrado en esas oscuras cuevas y que estar ahí dentro es realmente aterrador. Desde el interior de la cueva se puede ver la luz del exterior y a quienes entran, pero no a quien está a tu lado. Estas explicaciones, antes que la casa de un cíclope, me hacen pensar en el lugar ideal donde alguien apiñaría rehenes. 

Por último, está la playa de Paké Mábana, donde a día de hoy se dice que se siguen encontrando “tesoros”. Después de más de doscientos años, los tesoros deberían estar ya estropeados, por lo que esas latas de sardinas, zapatos y ropas serán de los barcos de mercancía que naufragan y otros. Todavía recuerdo que en el puerto viejo de Malabo, donde vivía yo con mi tía de pequeña, muchas veces nos levantábamos temprano para recoger las cosas que traía el mar a la orilla, entre ellas: peces, latas de tomate, zapatos, cepillos… hasta que mi prima cogió un cilindro parecido a una larga bombilla fluorescente y, cuando nuestro tío estiró por uno de los extremos una llama de fuego salió arrojada hacia el mar y quedó prohibido recoger objetos desconocidos en la playa por que la prima “había traído una bomba que pudo haber quemado todo el barrio si el tío Cornelio no la hubiese detonado en dirección hacia el mar”. Ahora que lo recuerdo, me hace muchísima gracia.

Cíclopes, Ezingang y otros monstruos de la mitología ecuatoguineana actual no son nada más ni nada menos que las secuelas de la esclavitud.