Reflexiones de una ondjundju-Hablar de Àfrica-Juliana Mbengono

¿POR QUÉ SIGUE HABIENDO MÁS IMPOSTORES HABLANDO DE ÁFRICA QUE LOS PROPIOS AFRICANOS?

¿Qué pasa cuando queremos conocer a Fulano y empezamos a hacer preguntas a otros sobre él? A menudo acabamos recibiendo información poco útil, ya que cada quien nos hablará de Fulano desde su punto de vista o dependiendo de cómo se lleve con él. En cambio, si nos tomamos la molestia de hablar con Fulano y acercarnos a él es más probable que tengamos una idea realista. Lo mismo pasa con los libros, además de leerlos, es mejor hablar con su autor (si tenemos la posibilidad) antes de ir a buscar reseñas en internet. Por lo tanto, creo que también sería más lógico dejar que Fulanito sea quien diga qué le gusta y por qué se comporta como lo hace.
La mayoría de las novelas africanas que he leído parecen querer justificar o explicar por qué los africanos somos así o asá. ¿A qué se debe tanta necesidad de explicar quiénes somos o por qué somos? Durante muchos años los africanos fuimos objeto de estudio por científicos y aventureros europeos que se encargaban de definirnos y hablar de nosotros al resto del mundo. Tanto era su poder que incluso acabamos creyendo que éramos precisamente lo que decían que somos; por poner un ejemplo, en mi país los apellidos en lenguas nativas se han españolizado.
“Las cosas se pueden observar mejor desde fuera”. Pero ¿y si el que mira desde fuera no logra entender lo que ve? Y lo más importante, ¿se puede hablar de África como algo, algo homogéneo y uniforme? Guinea Ecuatorial y Camerún a pesar de ser dos países fronterizos son muy diferentes, ni siquiera las variedades de lengua fang en ambos países son iguales; quizá se pueda establecer similitudes en aspectos políticos; pero, hablar de Camerún y Guinea Ecuatorial como lo mismo sería igual que decir que Francia y Portugal no son diferentes.
La ciencia es universal y cualquiera debería poder realizar una investigación sobre cualquier tema que sea de provecho para la humanidad, pero si se trata de temas como las lenguas y las costumbres, es mejor que los protagonistas sean quienes SE DEN A CONOCER, porque nadie comprenderá su vida y sus costumbres mejor que ellos mismos. El que una alemana o inglesa venga a Guinea Ecuatorial a contarme como se habla o cómo es el español del país en el que vivo no me parece diferente a que sigan siendo los hombres quienes digan qué necesitan las mujeres o qué tan felices son en matrimonios polígamos. Y prueba de ello es que, habiendo contando con el apoyo de españoles que llevan años trabajando en Guinea Ecuatorial, en el cartel de anuncio para la conferencia “La diversidad del mundo hispanohablante y ¿cómo se habla el español en Guinea Ecuatorial?” la conversación usada como ejemplo no se acercara en lo más mínimo al español que se habla en mi país, ni siquiera se parece a lo que aquí llamamos guineo, que es un español en el que se expresa el pensamiento y el discurso en nuestras lenguas maternas antes que de acuerdo a las reglas de la lengua española.
El empeño de muchas personas europeas y americanas por ser voces de autoridad o grandes referencias en los discursos sobre África es un espectáculo ridículo que perpetua el colonialismo y el desconocimiento de África. ¿Si existe un proyecto que pretende visibilizar Guinea Ecuatorial como país hispanohablante, por qué no integrar a un académico ecuatoguineano o a algún estudiante para que se encarguen del trabajo de campo y su presentación? Algunos investigadores se limitan a pasar unos días o meses en un país como Guinea Ecuatorial dedicando unos minutos a charlar con algunas personas durante un par de días a la semana o al mes. Y con esto les basta para declararse conocedores de Guinea Ecuatorial o expertos en África.
Otro discurso que me resultó bochornoso fue el de Verónica Perreira Carillo quien, habiéndose presentado como conocedora del África Central donde vivió durante años, dijera en la “Conferencia de literatura africana de mujeres en el África subsahariana” que la escritora ecuatoguineana María Nsue sufrió mucha persecución por no ser de la etnia del presidente. María Nsue, la primera mujer ecuatoguineana en escribir una novela, fue una mujer fang. Cualquiera que conozca Guinea Ecuatorial y haya vivido entre Camerún y Gabón debería saber que Obiang, Nguema, Mbasogo, Ekomo, Okomo, Nsue y Angué son nombres fang. Este error no se habría dado si las organizadoras de las conferencias hubiesen contactado con alguna mujer africana, porque hay muchas doctorandas en África que podían haber dado aquella charla.
La escritura creativa sigue siendo uno de los mejores recursos que tienen los africanos para hablar de sí mismos, dado que requiere más imaginación y creatividad que investigación para documentar la historia con evidencias. En mi país, por ejemplo, el trabajo de investigación y las ideas de muchos investigadores se queda enterado en sus ordenadores o blogs porque no cuenta con suficientes recursos para implementarlos, mejorarlos o difundirlos con la misma capacidad que una investigadora americana. Ni siquiera las mismas instituciones públicas motivan a los ciudadanos a investigar, más bien, le dan peso y credibilidad al trabajo de un extranjero o de aquel que ha pasado media vida lejos de África. Los pocos que se atreven a investigar, aunque no sepan ni formar oraciones correctas en castellano e inglés, son unos David luchando contra Goliat. Y si de verdad hay alguien por ahí interesado en visibilizar las culturas africanas, podría empezar por apoyar a estos investigadores africanos.

1 comentario

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