Reflexiones de una ondjunju-Fluir-Juliana Mbengono

No creo en el destino ni en la suerte, sino en la planificación y la disciplina; pero a veces todo me sale mal después de tanto planificar, mientras que otras cosas, aparentemente imposibles, se hacen realidad en mi vida a pesar de haberlas hecho como si no quisiera.

No creo que Dios exista como nos lo cuentan las religiones y, a veces, simplemente creo que Dios no existe, que solo estamos los seres humanos llenos de egoísmo, amor, maldad y empatía; pero de vez en cuando, cuando estoy a punto de tocar fondo, sucede algo en mi vida que no podría entender si no admitiera la existencia de un ser superior amoroso y piadoso.

No creo que sea muy inteligente o demasiado culta, pero me sorprende que tanta gente con estudios, que conoce mundo y tiene amistados a lo largo y ancho del planeta sea incapaz de ver cosas tan sencillas como que una persona que decide no arrojar botellas ni basura a los ríos es una persona más que contribuye a cuidar nuestro bello planeta.

No creo que los seres humanos seamos menos inteligentes que los animales, pero a veces me parece que los animales son más respetuosos con la naturaleza: no comen más de lo que necesitan, no actúan movidos por la envidia, el odio o el rencor (el caso de ciertos perros que odian a los gatos es un poco particular).

No creo que una dieta vegetariana sea la más saludable, ser vegetariano me parece exagerado a veces; pero también me parece que comer carne es un acto muy salvaje y cruel..

No creo que triunfar y ser feliz en Guinea Ecuatorial sea realmente difícil, pero por todas partes veo nepotismo, falta de meritocracia, corrupción, falta de modales… y un largo etcétera que podría causarme problemas si sigo hablando.

Tambien creo en ciertas cosas, como que los oradores motivacioneales son realmente necesarios; pero son tantos los que se empeñan en pintar el mundo de blanco y negro que, al leerles, siento que no hacen más que escupirme mis debilidades y recordarme mis carencias.

Creo que los padres siempre tienen parte de la culpa cuando un hijo se comporta mal y comete errores que le afectaran de por vida, pero cuando me encuentro con situaciones como que en una sala de maternidad hay 17 madres que no superan los 18 años y solo tres están por encima de los treinta. Me pregunta si son tantas las familias que se olvidan de llevar a sus hijos al médico para que les digan qué métodos anticonceptivos usar o, simplemente, tener una charla; también me pregunto si tanto ellas como ellos no sabían que existe la posibilidad de quedarse embarazados si no tomaban medidas; y, sobre todo, me pregunto cómo se bajaran tantas mujeres del autobus que conduce a las madres al fracaso.

A veces creo que los jóvenes de ahora tenemos más información y somos más inteligentes que nuestros abuelos, pero en todas partes me encuentro con jóvenes deseando que el mundo vuelva a ser como lo era en los días de nuestros abuelos. Me reservaré el comentario sobre las mujeres que se sienten fracasadas por estar solteras o no tener hijos.

Con todo esto, y un poco más que me callo, he llegado a la conclusión de que soy

única y particular; veo las cosas como muchas otras personas no las ven y esto no me hace peor ni mejor. El mundo está como está por cada una de nosotros. Eso sí, creo que nos iría mejor a todos si intentáramos causar más alegrías y risas sinceras.

Nostalgias de un emigrante-Maltrato-Antonio Miguel Oliveros Quiroga

Se oye la sirena de una ambulancia que se acerca, hay mucha gente reunida junto al portal del edificio donde vive y no sabe que es lo que está ocurriendo, pero algo por dentro le dice que no es normal tanta curiosidad por un enfermo. Cuando llega a una distancia que ya puede ver entre el gentío, la ambulancia llega a su altura y es cuando se da cuenta de quién se trata la persona que está tendida en el suelo la conoce muy bien, porque es (Adela) su madre. A Juan algunos lo reconocen y se dirigen a él queriendo explicarle lo sucedido, pero no necesita que se lo expliquen porque sabe lo ocurrido sin que nadie se lo diga, pues lo ha oído muchas veces sin que eso llegara a producirse, hasta que al final ese día lo ha cumplido. Cuando llegaron a la ciudad después del entierro de su padre en el pueblo, se instalaron en un pequeño piso de un barrio humilde, pues el dinero que les quedó después de pagar los gastos de la grave enfermedad de su padre era escaso y la paga de viudez muy pequeña. Juan no tenía edad para trabajar y tenía que retomar los estudios en un instituto nuevo, así que Adela tendría que buscar algún empleo. Encontró trabajo en una cafetería del centro y pasaba todo el día fuera de casa, al cabo de un tiempo conoció a un hombre (Vicente) con el que empezó a salir, al principio sin decirle nada al hijo y cuando se lo dijo él no reaccionó muy bien pero lo aceptó, pues comprendió que su madre se merecía rehacer su vida, después de todo lo sufrido y lo joven que era. Todo iba bien hasta que decidieron Adela y Vicente vivir juntos en la misma casa de ellos, Vicente era mucho mayor que ella, pero al parecer la trataba con mucho cariño y amabilidad. Eso fueron los primeros meses, pero poco a poco fue cambiando la amabilidad se perdió y llegaron los malos modos, el cariño se convirtió en celos y los regalos en exigencias de dinero. Las broncas con Juan eran diarias cada vez que llegaba del colegio y encontraba a Vicente en casa sin hacer nada más que beber. Las discusiones con Juan provocaban con riñas en la pareja cuando Adela llegaba de trabajar, hasta que un día llego más lejos y en una de esas riñas Vicente le dio un puñetazo tirándola al suelo, esto hizo que Adela lo echara del piso y le pidió las llaves, él rogó que no lo hiciera pidiéndole perdón y prometiendo que no volvería a suceder. Adela accedió y lo dejó continuar con ellos, los primeros días todo pareció cambiar, Vicente buscó trabajo y casi no aparecía por casa hasta la noche, eso hizo que las peleas con Juan acabaran de momento. Pero los celos que sentía Vicente por el trabajo de Adela fue en aumento, pues los insultos y malas maneras volvieron otra vez, Juan no lo soportaba y así se lo hacía saber, lo que terminaba en peleas entre ambos. Adela cuando llegaba de trabajar tenía que soportar las riñas y los escándalos, hasta altas horas de la noche, así que tomó la decisión de volver a echar a Vicente de casa y esta vez no cedió a sus ruegos ni consintió que permaneciera más con ellos. Esto provocó una reacción en Vicente que no podían imaginar y se pasaba todo el día merodeando por la cafetería donde trabajaba Adela, cuando salía la seguía hasta la puerta de la casa sin dejar de molestarle y pidiendo que lo dejara volver, como ella no lo consentía le insultaba e increpaba hasta que los vecinos salían para que se callaran o llamarían a la policía. Un día coincidió Juan con la llegada de su madre a la casa y como Vicente le estaba molestando quiso defender a su madre se enfrentó a él y se organizó una pelea en la que tuvo que intervenir la policía a la llamada de los vecinos. A Vicente se lo dejaron detenido después de prestar declaración, al cabo de una semana en la que no apareció ni volvió a molestarles, creyeron que podían estar tranquilos y reanudaron su rutina habitual, porque desde el incidente Juan había estado acompañando a su madre al trabajo y en las salidas por el barrio. Habían pasado dos semanas y ahora su madre esta tendida en el suelo, sin saber si está viva pero sabe quién es el culpable de lo ocurrido, pues en unas de las discusiones con Vicente éste le advirtió, que si su madre lo dejaba algún día la mataría. Mientras los servicios sanitarios intentaban reanimar a su madre, después de caer del tercer piso, Juan subió a la vivienda junto con un policía y allí se lo encontraron, con un cuchillo clavado en el pecho en medio de un charco de sangre junto a la ventana y los muebles por el suelo destrozados. Vicente aun respiraba pero la vida se le iba por segundos, de sus labios solo se le oyó decir que Adela no sería para nadie si no era para él. Ahora ella se recupera de las lesiones en un hospital a las afueras de la ciudad, le dicen los médicos que con un poco de suerte pronto dejará la silla de ruedas y podrá tener la misma movilidad que tenía antes. Desde el accidente han pasado casi dos años y él está estudiando una carrera universitaria, con lo que gana trabajando como le prometió a su madre cuando estuvo convaleciente. De lo ocurrido en la vivienda nadie lo sabe, Vicente ya no está y Adela solo dijo que solo quería escapar de él.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Alejandro Morellón

El peor escenario posible

Fulgencio Pimentel

 

Asumimos la realidad cotidiana porque es lo que tenemos más cerca, a lo que nos hemos habituado y lo que siempre hemos vivido con un halo de normalidad (¿normatividad?). Pero a todas luces todo lo que nos rodea, nuestra propia vida, contiene elementos por los que se cuela no poca irracionalidad, un alto grado de absurdo, un sinsentido que, al final, habremos de asumir y del que tomaremos plena conciencia más pronto o más tarde. Sólo es necesario confrontarse a ello.

Y qué mejor espejo que la literatura para darse cuenta de lo que hay.

Porque es eso justamente lo que nos revelan los once relatos de este libro que comentamos, una verdadera colleja emocional para el lector que va a descubrir entre sus líneas todo ese desgarro irreversible que supone lo real, nadie va a quedar ajeno porque al final todos tenemos nuestros recovecos donde ocultamos algo tremendo, como la pareja de oncólogos de uno de los cuentos que encubren otra vida, a todas luces menos amable, detrás de los muros de su cómodo hogar, o descubriremos, como le ocurre a un personaje de otro relato, ese sentimiento de darle la espalda a parte de sí mismo. Porque a menudo la existencia es extraña y paradójica.

Quizá no sea posible huir de lo que viene anunciado en las múltiples arrugas y brechas de lo real, lo que produce temor, un miedo que es anterior al hecho en sí, por mucho que se busque un sentido lógico a lo que sucede.

Narrados con una plasticidad enorme, con tono lírico, Alejandro Morellón nos enfrenta al apocalipsis, al caos ordenado, todo ello como si nos lo advirtiera el furby del primer relato, lo que crea no poca incomodidad, la misma que sienten los seres estrafalarios que habitan una extraña galería y que parecen dialogar consigo mismo, en busca de su propio sentido. El autor lleva al extremo las situaciones, pero deja entrever que bien pudiera ocurrir cada línea de lo que se narra en la vida misma, no sería al fin tan extravagante, y por tanto el absurdo lo descubrimos al enfrentarnos a toda circunstancia recogida en cada cuento, pero también en la realidad que nos rodea, en cada detalle y que vemos con una normalidad tan pasmosa como sorprendente. Por lo demás, nos deslumbrará por su estilo acertado, brillante, creando siempre una atmósfera manifiesta, intensa, imposible ser ajeno por tanto a lo que se nos cuenta y a la manera en que se nos cuenta.

No en vano, el primer relato del volumen, «Pájaros que cantan al futuro», obtuvo el Premio Ignacio Aldecoa de cuentos en castellano, en su quincuagésima edición, sin duda una buena carta de presentación.

 

Reflexiones de una ondjundju-Entre falsos defensores de la cultura-Juliana Mbengono

Durante la presentación de mi poemario “Cosas que no debería escribir una niña: molde para mujeres imperfectas” en el Centro Cultural de España en Malabo, la primera persona que levantó la mano para hacer una pregunta fue un joven de unos 26 años. Según él, tanto Melibea (que me acompañaba en la mesa junto con Francisco Ballovera) como yo, estamos más occidentalizadas que africanizadas y se nota que hemos leído muchos libros [europeos].

No es nada nuevo para mí que a una africana que se siente con derecho a ser respetada como ser humano, sin distinciones por sexo, sea señalada como una fanática de las “ideologías feministas europeas”. Pero me resulta un tanto sorprendente que los hombres quieran seguir escudando su egoísmo con la cultura y la tradición.

Resulta incluso gracioso que los hombres vean faltas en contra de la tradición y la cultura cuando una mujer anima a otras a vivir para alcanzar lo que realmente desean (no importa si es casarse y tener tantos hijos como lo desee su marido o ser una solterona y comer arroz con sardina todas las tardes, mientras sea eso lo que les hace felices y no un estilo de vida que hayan decidido llevar para complacer a otros…), estos mismos hombres no ven faltas en contra de la tradición mientras siguen viviendo en las casas de sus padres con más de veinte años, además de estar solteros y en paro o cuando deciden mantener relaciones sexuales de día y, para el colmo, con una chica de su tribu.

Para un hombre fang defensor de las tradiciones ancestrales, seguir viviendo en casa de sus padres después de los veinte años es malísimo, y seguir soltero a esa edad es exageradamente vergonzoso. Mantener relaciones sexuales de día es un tabú para muchas tribus y mantenerlas con una chica de la misma tribu se considera incesto. Todos esos aspectos parecen haber perdido importancia igual que las prohibiciones del Antiguo Testamento, porque el mundo actual es muy diferente al de nuestros ancestros. Sin embargo, las mujeres debemos seguir las reglas ancestrales dentro de este nuevo mundo cambiante, más inteligente que fuerte. Lo más irónico es que estos hombres solteros y dependientes, por su edad y condición no serían considerados hombres en una sociedad africana anterior a la invasión europea, por lo que no podrían tomar la palabra en público ni entrar en espacios como el abaha: porque todavía no son hombres. Actualmente, se levantan en público para decir que las mujeres estamos actuando en contra de los valores culturales de nuestros ancestros.

Tanto los que defienden la desigualdad de género como los racistas, no persiguen ningún interés patriótico ni mucho menos tratan de conservar las culturas y tradiciones. Todo lo que tratan de evitar es que pierdan los privilegios tras los que esconden su mediocridad, sus miedos y carencias.

Cuando entendamos que las mujeres no tienen por qué estar en pelea constante contra los hombres seremos más felices. Cuando entendamos que este mundo ya no necesita que uno se haga el duro mientras la otra le besa los pies iremos más rápido. Siempre diré que no soy feminista, no me hace falta ser feminista para saber que soy libre de estudiar medicina o secretariado si es lo que deseo.

Cuando me encuentro con gente como aquel joven, ya no lamento la desigualdad y el machismo, sino la ignorancia y la falta de empatía.

A propósito de Daniel Johnston-In memoriam-Cecilio Olivero Muñoz

A PROPÓSITO DE DANIEL JOHNSTON

IN MEMORIAM

La vida conlleva no pocos episodios de inmensa oscuridad, de sombras e injusticias. Daniel Johnston era un enfermo psíquico. Su diagnóstico le señaló como un maniacodepresivo, pero tuvo también otras enfermedades que la psiquiatría le provocó, con sus correspondientes efectos secundarios. Por ejemplo, estaba obeso, aunque esto no le produjo ningún complejo. También se le notaba sedado.

Dan tenía un gran talento. Pero eso poco importaba, vivió en un pueblito del estado de Texas. De adolescente tuvo una amiga medio novia, pero la chica se casó con un empresario funerario. Esa derrota o frustración acompañó a Daniel toda su vida.

Tuvo brotes. Eso no fue óbice sin embargo para realizar un gran trabajo como músico, compositor y artista multidisciplinar. Sin duda era creativo. Escuchar el tema Story of a Artist te eriza la piel. En efecto era un hit que sonó por las emisoras de radio tejanas.

Cierto día se fue de promoción a esa ciudad sin Dios que es Nueva York y le dio un brote por su enfermedad. Es preciso señalar que Daniel era religioso y creía en el número nueve como símbolo de la personalidad samaritana.

Un día su padre y él alquilaron un aeroplano. Y a Dan le dio la locura de caer en picado desde los cielos aunque por suerte Padre e Hijo se salvaron. La soledad y la estigmatización que padecía no le impidieron aparecer con su guitarra al estilo de Bob Dylan. Su público lo entendía y le daba ánimos y le dirigió palabras amables.

Murió joven, su obesidad y la falta de Alegría lo condujeron a la muerte. Pero ahí nos dejó sus discos. Su legado. Un artista es aquel que con sus ideas y trabajos logra remover la entraña de su manada.

Reflexiones de una ondjundju-El español en la literatura ecuatoguineana-Juliana Mbengono

Hace poco leí una entrevista de Iñaki Tofiño en librujula.público.es y el entrevistado decía que, hablando de la literatura ecuatoguineana: “no cumple unos estándares de calidad. En mi caso, he tenido que leer muchos libros muy malos de autores ecuatoguineanos”. Como ecuatoguineana, y casi escritora, este no es un comentario muy alentador, pero invita a reflexionar y a mejorar.

Además de la entrevista arriba mencionada, son varias las personas que han calificado la literatura ecuatoguineana como mala por el uso que hacemos del español pese a que es nuestra lengua oficial; y entre estas personas se encuentran profesores y ciertos escritores de los 70 que contaron con la suerte de que, en sus tiempos, la cooperación española y otras instituciones todavía promovían la literatura de Guinea Ecuatorial a tal grado que se aseguraban de que las obras de autores ecuatoguineanos pasaran por las manos de un editor o  corrector sin coste alguno para los escritores.

¿Por qué el español de la literatura ecuatoguineana actual no parece muy correcto? En primer lugar, habría que destacar que ciertos escritores de la nueva generación, precisamente, escriben de manera impecable, no sé si porque publican con editoriales que ofrecen un buen servicio de corrección o porque realmente tienen un buen dominio de la lengua; en todo caso, para no decir imposible, diré que es muy difícil encontrar erratas en los libros de Estanislao Medina, Isabel Rope, Trifonia Melibea o Adelaida Ondua. En segundo lugar, muchos de los profesores que acusan a los escritores y a sus estudiantes de no tener un buen dominio del español hablan un español tan macarrónico que causa vergüenza ajena escucharles.

Desde mi punto de vista, la mayoría de los escritores que vivimos en Guinea Ecuatorial sentimos la necesidad de decir algo y que otros lo lean. Como señalaba Estanislao Medina durante nuestro almuerzo con el director del instituto Miguel de Cervantes, Luis García Montero, “somos gente de barrio que [además de no haber tenido una buena formación de base] habla fang, fa d´ambo, bisio, combe o bubi en casa y entre colegas el pidgin; salvo los niños pequeños menores de 15 años, la mayoría solo se esfuerza por comunicarse en español cuando se encuentra en la escuela o en el trabajo. Esto podría no justificar los laísmos y dequeísmos, pero al pensar en nuestras lenguas maternas y entender el mundo desde las mismas, escribir correctamente en español se convierte en un verdadero problema ya que debemos prescindir de muchas cosas al traducirnos. Para compartir nuestros pensamientos y opiniones, estamos obligados a escribir en español, y sé muy bien que son pocos los que tendrán suficiente tiempo y recursos para verificar que hayer se escribe sin h; así que, además de los hayeres, el lector se encontrará con expresiones como “los de Samuel”, haciendo referencia a un grupo de amigos, vecinos, hermanos o compañeros entre los que se sabe que siempre está Samuel.

Quien lea una novela en la que se dice “los de Samuel” podría no entenderlo, pero en fang tiene mucho sentido y es correcto. Pasa que al tratar de traducir el sentido de las oraciones optamos por una traducción literal; que queda menos estética, pero con la que nos identificamos más.

No creo que escribamos mal ni mucho menos que tengamos algún problema con el español; de hecho, me parece poco apropiado que los profesores anden pregonando lo mal que hablan sus estudiantes ya que esto también dice mucho de su labor como educadores.

Mucha gente necesita desahogarse, expresarse, pero no tienen el dominio de la lengua que se esperaría de un escritor, ni han pasado por talleres de redacción y estilo. Sin embargo, se atreven a escribir. Si no lo hicieran acabarían estallando. Por lo tanto, consideremos la literatura ecuatoguineana actual como un retrato del momento con todos sus defectos.

Antigitanismo y violencia (Cecilio Olivero Muñoz)

A Federico García Lorca se le etiquetó de gitanista por su Romancero Gitano. En el remake de Cecilio Olivero sobre El gran teatro del mundo, de Don Pedro Calderón de la Barca; unos gitanos ante Dios se quejan de que la gente los culpa por cualquier cosa que pase en los pueblos, y a lo que Dios responde: —No se imaginan cuanto os comprendo, ya que la gente suele culpar a Dios de sus desgracias.

En el Peal de Becerro (Jaén) los gitanos han tenido que huir del pueblo por la venganza de vecinos tras una muerte en una reyerta. No sólo eso, se atacó a varias familias, sino que se quemaron sus propiedades. En Madrid se ha protestado por estos nuevos actos de racismo. Estos incidentes recuerdan los sucesos antigitanos de 1986 en Martos, donde también hubo una muerte y algunos habitantes del pueblo quemaron las casas de los gitanos.

Mi barrio de Sabadell (Torre-Romeu), por el contrario, es un ejemplo de armonía y de tolerancia racial o religiosa.

Me viene a la memoria una historia que leí sobre un rey gitano llamado Zoltán, que vio con mucha tristeza profunda como quemaban a su hija Malipa en la hoguera en tiempos de inquisición. Los gitanos actualmente han cambiado para mejor, y eso quiere decir que conviven en paz con payos y otras razas. El flamenco no sería nada sin los gitanos. Poco a poco ha ido aumentando su nivel educativo y también ha ido cambiando su vida nómada por un sedentarismo que los hace parte de nuestras comunidades.

Hay una gitana llamada Noelia Cortés que hace gala de una poesía bastante buena, y además de Raimundo Amador hay un cantaor llamado Guadiana que interpreta un maravilloso Tango de los gitanos. Y hay miles de gitanos anónimos que se ganan la vida como todo hijo de vecino, en oficios y trabajos variados, muchos precarios, otros no tanto, pero en absoluta normalidad.

Ser gitano es una seña de identidad. La vertiente gitana que más llama la atención es la de los gitanos con gran oralidad y riqueza del idioma. La gente se impresiona cuando un gitano tiene estudios superiores, pero tienen la mala fama que siempre les acompaña. Recomiendo la película Vengo, de Tony Calif. Y eso me lleva a reivindicar el Mediterráneo como compendio de culturas árabes-Gitanas-Payas.

Los gitanos no sólo fueron perseguidos por los nazis, también en el franquismo se les aplicaban la ley de vagos y maleantes. Cualquier gitano que se encontrara en la calle acababa sojuzgado por esta ley usada en exceso bajo el franquismo. Muchos emigraron a Argentina, Francia y Estados Unidos, como por ejemplo Carmen Amaya junto a su familia.

Músicos, poetas, pícaros, culpables o inocentes, los gitanos son un pueblo que reivindica su lugar en el mundo. Estos gitanos de hoy no son como antaño.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Sol Linares

No todos los cíclopes nacen ciegos

Menoscuarto Ediciones. 2022

 

¿Contienen las células algo más que la información física del mundo?¿Incorpora la genética los errores humanos, los pecados inconfesables, también los éxitos, las emociones y las alegrías?¿Son los sueños una cadena de recuerdos del inconsciente?¿Acaso los mitos no poseen tanta veracidad como la ciencia, aun cuando sean formas diferentes de aproximarse a la vida?

Son preguntas que, entre otras, se plantearán los lectores a medida que se enfrentan a esta historia, que si nos la cuentan de otro modo resultaría quizá demasiado metafísica, pero que narrada como lo está nos va atrapando a medida que avanzamos en su lectura. La escritora venezolana Sol Linares teje un hilo con materiales provenientes de la mitología y la genética, también de la literatura, trenza palabras, genes e ideas, y el resultado es una novela que nos remueve hasta los tuétanos, que nos confronta a nuestro propio linaje, cada uno el suyo, con sus sorpresas, sus zonas insospechadas, sus terrores, y a esa herencia que forma parte de una identidad cuyos límites no podemos definir muy bien.

Es todo eso lo que relata la narradora, Flora Rodríguez de Mazzarri, doctora venezolana invitada por una universidad italiana, a sus contertulios en un hotel de Sicilia, a la vista del Etna, su acercamiento a la medicina, más en concreto a la genética, promovido sobre todo por ese primo que nace deforme e imposible para la vida, sin que la científica llegase a decantarse tras el descubrimiento si aquel cuerpo era una profunda confesión de los monstruos contenidos en la sangre o si, por el contrario, ese cíclope mantenido en un bote pertenece a la saga de Poseidón.

Obsesionada por la figura de ese feto, acude a la ciencia, al mito, a la literatura y a la historia para dar al final con una respuesta en el pasado familiar a todas luces tremenda, turbadora, desasosegante, pero que requiere de una enorme capacidad de clemencia y reconciliación con el pasado, tanto da que sea lejano o más actual. La novela, en tono confesional, narrado a la manera de esas confidencias a las velas de una sobremesa, se vuelve una metáfora de tantas situaciones de las que este texto puede convertirse en espejo. Sin duda, no dejará imperturbable a nadie, porque a todos nos confronta de un modo u otro a esas sombras que percibimos en nuestras propias vidas.

Reflexiones de una ondjundju-La albina del dinero-Juliana Mbengono

Trifonia Melibea Obono Ntutumu (Evinayong, 1982), es una de las escritoras más prolíficas de Guinea Ecuatorial. Se podría decir que, desde 2015, publica un libro cada año y los títulos resultan cada vez más atrevidos.


Elegir a Trifonia Melibea es elegir realidad ficcionada por falta de recursos para un buen trabajo de investigaciones. Según ella misma, escribe novelas por carecer de medios para realizar trabajos de investigación.


Una de esas novelas que podrían haber sido un trabajo de investigación es La albina del dinero, publicada por la editorail Altaïr en 2017. La historia gira entorno a la muerte de una niña de piel clara a la que su familia pretendía explotar sexualmente (la albina del dinero).
A pesar de que el cuerpo de Todo Dinero presenta signos de violencia, las familias apartan sus diferencias y concuerdan en que la joven fue asesinada por su hermana mayor quien, además de ser una envidiosa, pretende hacerse rica vendiendo la carne casi albina de su hermanita a los brujos y a los hombres que buscan poder. Las acusaciones son ratificadas por la policía y por los diferentes curanderos a los que acude cada una de las familias para conocer la causa de la muerte de quien iba a sacarles de la pobreza.


En los quince capítulos de la novela se muestra cómo la “tradición” fang afecta a hombres y a mujeres. Mientras que ellas son consideradas bienes de la tribu que se deben canjear por una dote antes de que se conviertan en unas solteronas, es decir, en unas putas, los hombres deben ser capaces de mantener a toda su familia y entregar a sus hijas en matrimonio para ser respetados. Actualmente, muchas chicas fang siguen casándose por desesperación y por miedo a que se les considere unas solteronas, como si el matrimonio fuese su única opción para sentirse realizadas.


Al igual que el padre de las chicas usa la “tradición” y la “tribu” para exigir derechos y eludir obligaciones, sus cuñadas hacen lo mismo para intentar controlar a la joven y decidir sobre su vida.


Al poner la tradición por encima de todo, la novela resulta un tanto cómica: a lo largo de toda la novela, los familiares lamentan el desperdicio económico que supone la muerte de una niña “casi albina”.
Por el estilo narrativo que usa Melibea en esta novela, puede resultar complicado leerla de un tirón. La escritora mezcla intervenciones, pensamientos, alucinaciones, acotaciones y narraciones en tercera persona sin otra señal que la propia capacidad del lector para darse cuenta del cambio. Por otra parte, todos los personajes hablan igual: desde el padre, un cazador de elefantes, hasta el juez que estudió en parís, todos usan un vocabulario culto y muy bien elaborado para expresar su fanatismo, sabiduría o ignorancia. La novela también recoge los estereotipos y prejuicios que las diferentes etnias del país tienen unas de otras y las secuelas de la colonización en la autoestima de los ecuatoguineanos.


Si tuviera que recomendar alguna novela de Trifonia Melibea sería La albina del dinero ya que es la que mejor ayudaría al lector a entender el contexto en el que se inspira la autora.

Reflexiones de una ondjundju-Niño Africano-Juliana Mbengono

NIÑO AFRICANO
El respeto a los mayores es algo con lo que muchos africanos se identifican, sobre todo si esa persona mayor es un hombre. Un niño siempre debe respetar a la gente mayor, no importa que sean sus padres u otros familiares. Basta con que la persona tenga más años. Pero, ¿Pueden o deben los mayores respetar a los menores? Yo creo que sí y es una pena que algunos compañeros de la universidad opinen lo contrario y se atrevan a decirlo frente a las cámaras de la televisión nacional.


Cada 16 de junio se celebra el día del niño africano y se habla de problemas como el hambre, las mutilaciones genitales a las niñas, los matrimonios forzados, el trabajo infantil y muchas cosas más que dejan claro que nos queda mucho trabajo por hacer para que millones de niños puedan ser niños. Y, mientras sigamos hablando de miedo a los mayores como respeto a los mayores, los niños seguirán sufriendo atrocidades en muchos hogares. Que conste que no estoy diciendo que el respeto mutuo vaya abolir todas esas tradiciones que dañan la integridad física y moral de muchas niñas y mujeres en nombre de la tradición, no, hace falta mucho más para que la población en general reconozca el daño que causan todas esas prácticas innecesarias y atroces; en este aspecto, el respeto a los niños ayudaría bastante también.


Respetar a un niño no significa que el hijo vaya a ser igualito que su padre o que los dos vayan a tener el mismo grado de autoridad y responsabilidades en el hogar. Un compañero me preguntaba cómo y porqué el padre iba o debía respetar a su hijo. Me quedé sorprendida por su pregunta y se puso a reír como quien dijera “mira, te pillé”. Pero, lo que realmente pasaba es que me sorprendió tanta simpleza y me di cuenta de que no hacía falta seguir perdiendo el tiempo. Ya llevábamos unos veinte minutos debatiendo sobre la cuestión.


Un padre que respeta a sus hijos o un tío que respeta a su sobrino no abusará de su poder sobre el niño, no se comerá su merienda después de haber tenido al niño vendiendo agua en la calle durante toda la mañana, quizás ni se le ocurra mandar al niño a la calle a vender. Nuestras familias son muy extensas y en la gran mayoría de nuestros hogares conviven padres, abuelos, primos, tíos… un montón de adultos a los que el niño debe servir, obedecer y temer por encima de todo. Se considera una falta grave que estos niños respondan a los mayores de la casa y, en muchas ocasiones, cuando intentan denunciar un abuso o una injusticia son los que se llevan el castigo. A menos que se haya pillado al adulto con las manos en la masa, es muy difícil que le regañen por sus actos. Esto último ha propiciado que muchas niñas víctimas de abusos sexuales prefieran callarse, sobre todo cuando han sido testigos de cómo sus hermanas eran castigadas “por acercarse demasiado a los hombres” o por no obedecer a la norma de no estar cerca de los hombres mayores. Recuerdo que muchas madres solían decirle a sus hijas “te van a violar, te tengo dicho que no esté jugando con chicos mayores. Nunca me escuchas”. En vez de infundirle miedo a las niñas, ¿por qué no empezar a velar por su seguridad exigiendo que se les respete como seres humanos?