la mejor película (Cecilio Olivero Muñoz)

Serie cinefilia (El Padrino)

Se pueden seguir varios criterios para catalogar una película como la mejor película que hayas visto jamás. Los hay de muchos criterios, que nos hable bien la crítica, que sea premiada en un importante festival de cine, también si te han hablado muy bien de ella y han dado en el clavo recomendándola. Pero a mi parecer, el mejor criterio que puedes tener es tu propio ojo crítico cuando estás viendo una película y no quieres que se acabe, es parecido a cuando estás soñando algo alucinante y te despiertan y te resistes, pero no, tienes que levantarte, ya sea para trabajar o para sacar el perro a pasear, pero no quieres que se acabe tu sueño alucinante. O también vale ese tipo de películas que las recuerdas por algún detalle, o quizá repitas una frase que te gustó con alguien que sabes que no la ha visto, repites la frase como un Don Quijote postmoderno a lomos de Rocinante. Podría ser una buena novela y un buen remake de la obra de Cervantes, un remake en la postmodernidad tardía. En lugar de estar loco por las novelas de caballerías, estar loco por los personajes épicos del cine, incluyendo superhéroes y demás filantropía. También vale para mujeres, aquí no hay diferencias. Un buen cine es el que no quieres que se acabe y lo tomas y retomas varias veces, y el que te deja una huella. Por eso nos gusta el cine, por ello debe ser una industria, aquí en Europa hay muy buen cine, también en Latinoamérica, bueno, en todo el mundo, no sólo existe Hollywood, también existe Bollywood, y el cine árabe, japonés, iraní, chino, y africano, ya digo, en todas partes. Porque el cine es sueño y los sueños cine son, como bien decía Eduardo Aute en su canción. Vean cine, lo recomiendo.

Malos tiempos para la lírica (Juan A. Herdi)

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No parecen buenos tiempos para la lírica, los nuestros, este siglo XXI que se nos presenta con una tremenda crisis medioambiental, tan evidente ya a estas alturas que está siendo objeto de movilizaciones y de debates intensos, preocupantes y, peor aún, sin atisbar ningún remedio. Es un problema nuevo, sí, pero que sin embargo no ha aparcado otros más clásicos, una crisis social grave, trágica en ocasiones, como es el caso de las muertes en el Mediterráneo, una situación económica repleta de nubarrones, una inestabilidad política que en España se traduce en elecciones cada año, sin atisbar tampoco aquí muchas salidas. Por repetir, repetimos incluso la crisis catalana que es como una constante en España, un ni sí ni no ni todo lo contrario que llega a veces a aburrir por lo poco novedosa que resulta y por su pobreza de argumentos y razones.

Si echamos una ojeada al pasado, descubrimos con horror que todo se repite con una asiduidad tremenda. Claro que cada generación vive su crisis –o su parcela de crisis: la crisis es la misma, la de hoy y la de ayer– con ojos nuevos y tal vez por ello no produce ese agobio de la rutina, de la insistencia y la redundancia. No hay un déjà vu en nuestra mirada, pero la hay en la historia, por esto tal vez cada final de generación comporta un final del mundo y la aparición de una nueva conlleva algo de esperanza.

Claro que no es una repetición exacta la de una época y otra. Si comparamos este salto de siglo último con el de hace cien años, vemos problemas parecidos, pero otros nuevos; actitudes similares, pero otras diferentes. Por ejemplo, la presencia de la cultura y el papel de los artistas en la sociedad de finales del siglo XIX e inicios del XX, tan diferente a lo que ocurre hoy.

El 13 de enero de 1898 Émile Zola publicó un artículo en el diario francés L´Aurore en el que incidía en un asunto de enorme importancia en la Francia del momento, la acusación a un alto mando del ejército de origen judío de espionaje. Ese artículo dio inicio a la aparición de un fenómeno que en sí no era del todo nuevo, la participación de un escritor en la actualidad política y social, pero que le dio cierta carta de naturaleza, hasta el punto de surgir entonces el concepto de intelectual comprometido.

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En España la denominada generación del 98 tuvo una mirada intensa en la realidad política y social de un país que parecía descalabrado, como lo parece hoy. Antes, algunos escritores habían comenzado a escribir sobre la realidad social, sobre lo que Emilia Pardo Bazán calificó la cuestión palpitante. El siglo XX, hasta una década antes de su final, fue intenso en la participación de escritores, artistas y otra gente de la cultura, la intelectualidad, que es un concepto tal vez demasiado amplio, un tanto engreído, en la realidad política y social. Pero a medida que el siglo se acercaba a su final fue desapareciendo la presencia de los escritores y los artistas de esta realidad, como si cada vez tuviera menos importancia su opinión o como si no existieran ya motivos para su incidencia, hasta el punto de que de vez en cuando surgía la pregunta de dónde estaban los escritores y artistas ante los problemas del país y del mundo.

Hoy ya ni siquiera nadie se lo pregunta, tal vez porque ese mundo de la cultura en general tiene menos importancia social, excepto quizá el mundo del cine, que ha ganado más peso con los avances audiovisuales y haber ocupado además el espacio que ocupaba el mundo de las letras o a la pintura. Tampoco es que la opinión de un escritor tuviera que ser más certera que la de cualquier otra persona de cualquier otro sector ni hacía más justa la causa por la que se comprometiera, conllevaba eso sí una influencia social. Aunque a la hora de incidir y tener la razón, haya que ser muy cauto. Sea lo que fuere, ya no hay esos manifiestos firmados por un sinfín de autores, a lo sumo se intenta incidir por medios de artículos o de columnas que recogen una mirada menos aseverativa que la de hace unos años. Y quizá esto no sea del todo malo. Ni tampoco bueno si lo miramos desde el lado del debate público, cada vez más bronco y menor argumentativo. Refleja eso sí, en parte, la menor importancia que tiene la cultura en la sociedad.

Hay hoy autores que siguen comprometidos con sus opiniones respecto a la sociedad, como Rafael Reig, y autores en cuyas novelas hay un trasfondo político e histórico que invita a una reflexión sobre los últimos años, como ocurre con Martínez de Pisón. Pero a todas luces, la situación ha cambiado y su peso es mínimo, no existe ya siquiera ese deseo de incidir como gremio. Lo cual no es malo por sí mismo, aunque lo dicho, denota ese nulo papel que tiene hoy la cultura en el panorama social.

Taxi Driver: un poema postmoderno (Cecilio Olivero Muñoz)

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No es nada nuevo que para admiradores, cinéfilos, e intelectuales Taxi Driver sea un verdadero poema postmoderno. Su guionista, Paul Schrader, cuando la escribió estaba pasando por problemas de tipo económico y todo lo que eso conlleva, o sea, que el tipo estaba tocando fondo, situación muy habitual en estos tiempos, aunque el guión fue escrito anteriormente al año 1976 (que fue cuando se estrenó), al principio se lo mostró a Brian de Palma y le encantó, Brian de Palma se lo mostró a Martin Scorsese y éste quedó fascinado, y enseguida supo a quien ofrecerle el papel de Travis Bickle (protagonista) y se lo ofreció a Robert de Niro, hay que decir que el guionista Paul Schrader también participó en el guión de Toro Salvaje, estamos hablando de dos filmes de culto, y en los dos participaron al menos tres personajes, el guionista, el actor principal y el director, en Taxi Driver Martin Scorsese hace un papel secundario, como marido engañado por su mujer con otro hombre, la película en sí es nocturna, es una excelente visión de un Nueva York hoy tan distinto. Os recomiendo que la veáis, también Toro Salvaje, pero es en Taxi Driver donde podéis disfrutar de un clásico sin lugar a dudas. Robert de Niro está pletórico, no contaré en qué se basa la película aunque por el título ya pueden imaginarlo, no quiero destriparla, la película fue premiada con la Palma de oro en el Festival de Cannes, debo decir que el guionista Paul Schrader también tiene un hermano Guionista y director, se llama Leonard Schrader, y ha filmado títulos como Mishima y Blue collar, donde los dos hermanos han trabajado juntos. Está casado desde 1983 con la actriz Mary Berth Hurt, con la que tiene dos hijos. Pero la cuestión en sí es ¿porqué podemos llamar a la película como un poema postmoderno? La verdad es que, ambientada como está en el Nueva York de los años setenta, ¿es un poema épico postmoderno? ¿Es una panorámica poética de la sociedad moderna? Cabe recordar que sí, pues ya en los sesenta Jim Morrison del grupo californiano The Doors, escribió un poema titulado The Passenger, que el cantante Iggy Pop hizo famoso en una fantástica canción de rock, donde nos representa al hecho de ser pasajero de un coche o conducir un coche como un acto de la vida moderna, y éste poema fue escrito en los años sesenta aunque en la sociedad estadounidense ya en los cincuenta se podía considerar que el hecho de conducir tu propio automóvil (cuando más un taxi) se podía denominar como parte de la postmodernidad. En Taxi Driver también participa en el papel de prostituta Jodie Foster, y también como macarra al gran actor Harvey Keitel, también participa la atractiva (por aquel entonces) actriz Cybill Shepherd. Véanla, no se arrepentirán.

Luis Pastor (Juan A. Herdi)

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Al igual que aquellos periodistas despistados que se preguntan con aire extraño qué ha sido de los cantautores, yo me lo he vuelto a preguntar también hace apenas unos días y motivado por una lectura reciente, la de la novela Los Baldrich, de Use Lahoz, dos de cuyos personajes escuchan hasta la obsesión, incluso cuando su tiempo parecía haber pasado, a ese grupo de cantantes de la Nova Cançó catalana, que recuperó el uso de una lengua y una tradición, y la vinculó a temas de aquellos años, los sesenta y setenta tan convulsos, los ochenta y noventa más intimistas.

También aparecieron cantautores en otros lugares de la Península, en el País Vasco, a su vez recuperando una lengua bastante reducida hasta aquellos años, limitado su uso casi a lo local, en Castilla, ligando su música a tradiciones históricas, en Andalucía y Extremadura, y no digamos en Portugal, cuya Revolución ha quedado enmarcada para siempre por una canción mítica ya, todo un himno, el Grândola Vila Morena de Zé Afonso.

¿Qué fue por tanto de todos esos cantautores a los que perdí de vista (o de oída) en un momento dado, cuando dejé de seguirles por circunstancias varias que sería largo de contar?

Y ha sido casualidad que me planteara tal pregunta justo cuando la realidad testaruda y caprichosa me ha devuelto nada menos que a Luis Pastor a primeras páginas de los informativos. Resulta que el recién nombrado equipo del Ayuntamiento de Madrid ha cancelado un concierto que estaba cerrado para el 8 de septiembre en las fiestas de Aravaca y que iba a dar con su hijo Pedro. La decisión la ha tomado el distrito y ha alegado para ello que lo que se pretende es que el concierto de ese día sea más generalista, por ello habían buscado otro grupo.

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Ni qué decir tiene que la decisión ha creado no poca polémica, se habla directamente de prohibición y hay quien insinúa incluso que estos tiempos que parecen haber cambiado tanto respecto a aquel momento de censura y represión –la noche más larga, de la que hablaba Aute, en referencia a los últimos fusilamientos del franquismo– en realidad han cambiado poco. Claro que no es así, al menos lo espero, digamos a lo sumo que acechan algunos peligros, pero  el que haya levantado la polémica permite tener una mínima confianza, al tiempo que la responsable de cultura, Andrea Levy, ya ha mostrado su disconformidad con la decisión.

Sea lo que fuere, me he dado de bruces con Luis Pastor, un cantautor que me fascinó cuando lo descubrí, a mediados de los ochenta, con su voz consistente y sus letras a la vez líricas, épicas y un tanto pastoriles, si se tercia. Le escuché por primera vez en Radio3 como descubrimiento y lo vi físicamente en TVE, cuando grabó aquellas coplillas que a mí me remitían a las letras populares de otras épocas que ya por entonces tanto me interesaban.

Cuando yo lo descubrí, en los ochenta, Luis Pastor llevaba ya mucho tiempo cantando. En los sesenta había dejado su Cáceres natal y vivía en Vallecas, en la colonia Sandi. Descubre a Paco Ibáñez y con él se acerca a nuevas formas de cantar, pero también a la poesía. Versiona a principios de los setenta El niño yuntero de Miguel Hernández y la poesía estará muy presente en sus discos, desde los primeros, Fidelidad o Nacimos para ser libres, hasta En esta esquina del tiempo / Nesta esquina do tempo, en el que canta a José Saramago tanto en castellano como en portugués (no es baladí la importancia de la raya en Extremadura, región por cierto también de tradición revolucionaria, con Llerena, al sur de Badajoz, con una experiencia por lo menos importante).

Supongo que nos dejamos llevar por el debate, a todas luces inocuo, de lo nuevo y lo viejo, el arte de antaño y el arte de hogaño, y más en estos tiempos del espectáculo donde todo ha de seguir girando sin remedio. Pero no, no es cierto que las expresiones del arte, sean las que fueren, pasen (más allá de las cuestiones físicas particulares e inevitables), sino que están allí, presentes, permanentes. ¿Qué fue de los cantautores? Pues que algunos lo dejaron, cambiaron de oficio, de actividad, pero otros siguieron y allí están, entre el ruido actual ocupando su lugar y buscando nuevos vericuetos. No hay nada mejor que recordar a Bernardo de Chartres y asumir que somos enanos a hombros de gigantes, y entre esos gigantes no son pocos los cantautores. Concurren por tanto en un mismo tiempo varios estilos y formas, muchas veces en paralelo, nada más paleto que dejarse llevar por las modas.

Sea lo que fuere, la metedura de pata o el peligro acechante me ha devuelto a uno de mis cantantes predilectos que, es cierto, llevaba tiempo sin oír y espero que me sirva no sólo para recuperarlo, sino también para que a su vez Luís Pastor pueda ser descubierto por los ingenuos y los valientes de nuestro tiempo.

la taberna fantástica (Cecilio Olivero Muñoz)

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Poco se habla, o tal vez poco se conoce, la gran obra de teatro La taberna fantástica de Alfonso Sastre escrita en 1966 y estrenada en 1985. Quizá sea porque el autor anduviera en sus últimos años entre “malas compañías”. Pues en sus últimos años anduvo con la izquierda abertxale, si consideran los tuercebotas que éstos son los malos; ni malos ni buenos, los ideales van en otra dirección, o a otro ritmo a la obra de un escritor o poeta, sea cual sea su raigambre o su raza. La taberna fantástica es un espejo fiel de la España analfabeta y también de su lumpemproletariado más enquistado en el norte de España, en las dos Castillas y en la Capital. Hablo en especial de la etnia de los mercheros, de los mal llamados kinkis, de aquellos que se dedicaban a hacer la quincalla, a hacer utensilios de menaje con latas y materiales fáciles en ese manejo del oficio marginal y hoy en día en desuso. Cuando hablo de mercheros también hablo de estigma social, de marginación, de jerigonza distinta, chapurrean entre el romaní y la jerga del lumpen, viven en clanes como los gitanos, y muchos son carne de presidio, y en algunos casos de reformatorio. Rafael Álvarez “El brujo” nos deleita (otra vez) con un monólogo que empieza con Mi vida es una novela y sigue en su papel de Rogelio “el hojalatero” y después sigue como colofón del monólogo el interpretado por Vicente Cuesta en el papel de “Carburo”, aunque también he visto la obra en el papel de “Carburo” a Juan Luis Galiardo; la génesis y la estructura de los dos monólogos, el de Rogelio primero y a la zaga el de Carburo, gozan de una expresión dramática que no nos deja indiferentes, refleja muy bien la vida de aquellos años de abusos y tropelías variadas contra la población más débil debido a la vida nómada y por parte de las autoridades de la época, fascistas y severas. La taberna fantástica es una brillante obra de teatro, que abre espacios para conocer tal idiosincrasia española, no es un mundo para hacer turismo ni para tomarlo con frívola distancia, pero sí relevante socialmente hablando. Hoy día los mercheros han dejado sus carros y su quincalla, algunos son afiladores, o los ves por los mercados vendiendo sillas o aparejos de cocina. Muchos son analfabetos, pero son astutos en los temas de la vida, y usan una picaresca adormecida por las vidas de confort algodonado y acolchados entreactos de modorra hipócrita como sobremesa que estamos viviendo hoy en día. Busquen en YouTube La taberna fantástica. La sugiero y anticipo luminarias de entendimiento y de conocimiento enriquecedor. Es todo un ejercicio antropológico de cómo han ido cambiando los tiempos, parafraseando a Dylan, y se sentirán con el privilegio de husmear en la vieja Europa más negra y en la huella que rastreamos aquellos que no nos conformamos con las historias de celofán y materiales sintéticos como el poliéster de gran hipermercado y rebajas de oropel, o el moderno nylon de desprecios ocasionales y decadencia que aparta y margina dentro de martingalas provenientes desde los aires de grandeza y ridícula superioridad del todo gratuita. Véanla.

el fenómeno Rosalía (Cecilio Olivero Muñoz)

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Aunque el núcleo fundamental del flamenco tiene su raíz en la raza gitana y en la zona de Andalucía, en la historia del flamenco se ha demostrado que la natalidad, el chovinismo o la localidad del artista no tienen ninguna cosa que ofrecer ante el talento y el arte de la expresión flamenca. En Andalucía existen músicos como la familia de los Habichuelas (familia Carmona) en Granada, en Granada también están la saga de los Morente (Estrella, Soleá y José Enrique), tras esta riqueza de voces y músicos no sólo están grupos de rock como los Lagartija Nick (que grabaron con el maestro ya fallecido Enrique Morente su disco Omega por el que rinden pleitesía otros flamencos) que fueron la otra mitad de Omega y sus diversas actualizaciones, disco que celebra últimamente su 20# aniversario con una excelente publicación con temas inéditos del maestro granadino, con letras de Leonard Cohen, y Federico García Lorca. También hay grupos de rock con pinceladas flamencas como Los Planetas, que también son de Granada, recuerden su tema Cumpleaños Total que fue hit en su tiempo, y su disco Islamabad, de gran importancia flamenca donde hace aparición Soleá Morente. También tenemos en Granada grupos como Navajita Plateá, con el Paquete y el Negri, éstos mutaron en el grupo la Barbería del Sur, aunque cada uno de éstos ha seguido su carrera en solitario, aparte de los archiconocidos Ketama pertenecientes al clan de Los Habichuelas, que también han seguido cada uno por otros caminos. En Almería tenemos a Tomatito, en Sevilla provenientes de Jerez a Diego Carrasco y sus jóvenes flamencos, eso sin dejar de olvidar a Raimundo y Rafael Amador, de los Pata Negra y del barrio marginal Las Tresmil. También están voces como Kiko Veneno, Martirio, sin dejar el cabo sin atar importantísimo de los Montoya (recordando a Lole y Manuel, y la madre de Lole: La Negra), también Remedios Amaya, Falete y el fallecido recientemente Chiquetete. Existen otros cantaores, artistas, tocaores y bailaores en Andalucía. Si nos vamos a Jerez de la Frontera tenemos a cantaores maravillosos, gitanos de fundamento, recordemos los versos de Lorca sobre la ciudad de Jerez: ¡Oh ciudad de los gitanos! ¿Quién te ve y no te recuerda? En Jerez están actualmente Jesús Méndez, Paco Casares (Gasolina hijo), José Mercé, y al toque de Moraito Chico (ya fallecido) heredero de éste su hijo Diego del Morao, el Niño Jeros o Diego Amaya. Pero aparte de los flamencos “ortodoxos” de Jerez hay fusionadores del arte flamenco como Tomasito o El Canijo de Jerez, del grupo Los Delincuentes. También está Cádiz, deléitense sí no con la Niña Pastori. Huelva también tiene su soniquete, pero lo que más suena por esa zona es el Fandango, proveniente de Huelva, existen diversas variedades, ya que cada pueblo tiene su peculiar Fandango. Recordemos al Cabrero, sus cantes reivindican una Andalucía de señoritos y despojada de sus tierras, pero éste es de un pueblo sevillano. Aunque sí nos desplazamos al norte de España tenemos la Capital, un cantaor como Arcángel (Huelva) o Potito (Sevilla) provenientes de Andalucía han hecho grandes cosas en la Capital que sigue siendo la verdadera fuente del folclore de España y su quinta esencia en cualquier expresión española. Potito hizo una breve aparición en la película Pactar con el Diablo, con Al Pacino como coprotagonista. También tenemos en YouTube la famosa actuación de Miguel Poveda, catalán, de Badalona, pero famoso en toda España con su espectáculo llevado al gran Teatro Real. De tierras catalanas es Maite Martín. Pero sin irnos de Madrid tenemos que acordarnos de Diego el Cigala, y su gran disco Lágrimas Negras, junto con el pianista cubano Bebo Valdés. Pero si nos desplazamos a Cataluña tenemos un fenómeno ganadora de Grammys y protagonista de vídeos como lo es Rosalía, de Rosalía se ha dicho mucho y se seguirá diciendo. Unas palabras que la definen son innovación y talento,  precursora, y con fuerte personalidad propia. En Cataluña existen otros cantaores y tocaores, no sólo Maite, Miguel y Rosalía. Existe el excelente Cantaor Duquende, de Sabadell, y los hermanos Cañizares al toque, también está el peculiar y espectacular músico de culto Muchachito Bombo Infierno. Y si cruzamos el Mediterráneo tenemos a Concha Buika en Palma de Mallorca, producida por Javier Limón, productor de voces femeninas del panorama flamenco. Pero retomando el tema de Rosalía se debe considerar que es un hito, ya que ha internacionalizado el cante flamenco y haciéndolo Flamenco-Pop, está llenando estadios, ha actuado en el Primavera Sound, sus vídeos atestiguan su carácter innovador sin perder las raíces por antonomasia más flamencas. Ha actuado en Madrid, en CasaPatas, y ella es de un pueblito catalán llamado San Esteve de Sas Roviras, catalana de padre y madre, ya que se llama Rosalía Vila Tobella, y lo más importante, de ella se están diciendo cosas como que es una vieja cantando, dicho esto por Pepe Habichuela, guitarrista flamenco importantísimo en el panorama actual. Rememora su voz a Antonio Molina por esos requiebros y esas notas sostenidas salidas de su joven garganta, su voz recuerda a cantaores viejos, como la Niña de los Peines. Escuchen a Rosalía, una flamenca que puede ser artista pop y no dejar atrás su estilo flamenco. Escuchen sus personales temas La Hija de Juan Simón, Catalina, y el tema del maestro Morente transformado por ella Aunque era de Noche, pocas cantaoras se definen con esa personalísima voz y esa manera de hacer en un escenario. Sus conciertos con el guitarra/productor Raül Refree son excelentes, el guitarrista toca un flamenco con ritmos que recuerdan a los de la música electrónica, también ayuda a su peculiaridad flamenca esa personalísima manera de tocar, es un gran productor musical que ha producido también a Silvia Pérez Cruz, también catalana y una cantante de excepcional talento, un gran disco protagonizado por ambos es Granada, recomiendo la versión especial. Tampoco quería dejar en el tintero al Niño de Elche y su peculiar forma de hacer flamenco, él lo llama heterodoxo, para callar las bocas que lo sacan de la vertiente flamenca tradicional, tiene temas como El Comunista y Nadie que valen la pena echarles oído. También hay un cantante interesante dentro de las entretelas flamencas o que fusionan el flamenco, este músico es Miguel Campello Chatarrero, un cantante proveniente del grupo de flamenco-rock El Bicho. Ante todo escuchen a todos los grandes músicos aquí citados, pero sobre todo escuchen a Rosalía, vale la pena oírla. Tiene reminiscencias antiguas, sonidos conocidos, sonidos ya olvidados, es una expresión personalísima y el toque de la guitarra de Raül Refree no se define como un palo flamenco al que atribuirle una característica y/o etiqueta tradicional flamenca. A mí parecer creo que están haciendo un flamenco revolucionario.

Artículo sobre novela (Juan A. Herdi)

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Cecilio Olivero Muñoz

Cibernética Esperanza (capplannetta.com)

Senzala Colectivo Editorial

«Todo ocurre por una razón que no entendemos», afirma el narrador del relato en un momento dado, cuando ya tenemos una idea clara del camino recorrido por el protagonista, Casimiro Oquedo Medrado. Tal vez por ello, porque se nos escapa el porqué de las cosas, lo que motiva los hechos y quizá el sentido de la vida, no hay excusas o voluntad de justificarse, simple y llanamente hay una descripción de escenas que componen una vida, unos retazos que se van sucediendo de un modo aleatorio.

Tampoco hay por parte del protagonista un acto desesperado de rebeldía, no se rebela, no lanza una diatriba contra su vida ni por los hechos que se producen en ella, no hay un grito de angustia por todo ese sinsentido que le envuelve a él, a su narrador, pero también a su autor y en definitiva a todos nosotros, lectores y no lectores. Si le encierran en un centro psiquiátrico, vale; si le dan el alta y lo sacan de ahí, también vale. Así es la vida, al fin y al cabo. La vida de ahora, hay que precisar. A veces somos meras piezas de un rompecabezas que desconocemos y el componedor del rompecabezas va ensamblando las piezas que tampoco tienen un lugar único en el conjunto.

Por ello quizá haya que leer este libro -¿Novela?¿Colección de relatos o de retazos que tienen su independencia narrativa respecto al conjunto?¿Biografía?¿Confesión?¿Tratado de la realidad? Hay que recordar que estamos en el tiempo de la no definición–, porque muestra una nueva actitud ante la vida, ya no es el grito ante Dios o ante la Historia, es simple y llanamente la descripción de lo que ocurre sin más, ni siquiera hay un objetivo, o puede que el objetivo sea la propia escritura. Ya que no podemos entender la razón de las cosas, escribimos y leemos porque sí, sin más, sin ni siquiera la intención de buscar un cierto orden.

Estamos ante un nuevo modo de entender la realidad y por ende la escritura. La tecnología, sin duda, ha cambiado la forma de mirar y de sentir, nos ha individualizado aún más, pero no para ayudarnos a determinar más el yo, sea esto lo que fuere, sino para aumentar más nuestra soledad, la desnudez de nuestras vidas, la impotencia ante tanto caos. Sí, nos seguimos relacionando, es verdad que nos reunimos con otras personas para hablar de libros, de política o de fútbol, nos casamos, nos liamos, nos divorciamos, formamos familias u otras formas de relación o acabamos buscando salidas terapéuticas –psiquiatras, psicólogos, escritura, reflexión, arte–, como se ha hecho toda la vida, pero ahora todo es de forma diferente. Tal vez lo que nos falta es lo antes referido, el acto de rebeldía, ese acto de miedo o de revuelta de Caín ante su destino que, sin embargo, asume. Ya no creemos ni en la revolución, ni en la democracia, ni en la tribu, ni en nada. Estamos solos con nuestra propia soledad. Quizá nunca la soledad fue tan evidente como en nuestra época, cuando vivimos en grandes ciudades y tomamos el metro junto a miles de personas, pero cada cual atiende solo a su teléfono multifunciones. Cibernética soledad.

Tal vez por ello hay que leer este libro, el personaje que deambula por sus páginas es un reflejo de lo que somos, y esto es lo que une el relato a una luenga tradición, la de la literatura como espejo. Mientras, no es baladí, el título nos brinda la existencia de alguna esperanza pese a todo, aunque sea una esperanza cibernética.