Reseña literaria-Por Juan A. Herdi

Berna González Harbour

Que fue de los Lighthouse

Ediciones Destino, 2025

 

La muerte del patriarca de los Lighthouse parece poner patas arriba la normalidad de la familia. Fallecida su esposa años atrás, la misma está formada por Arthur, el hijo mayor, científico eminente y activista en varias causas, las hermanas mellizas Jane y Joyce, que viven respectivamente en España y en Francia, y Benjamín, el pequeño, actor y de vida un tanto amoral. Se unen a ella los conyugues respectivos, sobre todo Martha, la esposa de Ben y que ha cuidado a Everett, el patriarca, durante su enfermedad, los hijos, una amante de Ben, Ann-E, con un papel esencial en la trama, y también Asha, la criada africana, y su hija Amina, consideradas como de la familia, aunque llevan lustros viviendo fuera de la casa común.

Son una familia bien integrada en los entresijos de la realidad política y social de Gran Bretaña. No en vano, Everett Lighthouse sirvió como veterinario y alto funcionario en el Servicio Colonial británico en Tanganica y regresó, junto a su esposa, su hijo mayor nacido allí y su criada Asha y a Amina, a la metrópoli cuando se inició el proceso de independencia de la colonia.

El testamento descoloca a todos y los enfrenta a secretos familiares, algunos conocidos y medio ocultados, otros a punto de descubrirse, todos ellos hirientes y que harán tambalear el aparente orden en que han vivido hasta ese momento.

De este modo, la novela es el relato de una crisis familiar que empeorará a medida que se van descubriendo nuevos secretos o se agravan aquellos que han permanecido semi ocultos. Pero es una crisis, además, que transcurre paralela a la que se da en el Reino Unido, donde todo parece derrumbarse, los servicios públicos, la estabilidad política del gobierno, la economía del país, mientras el debate se centra en el Brexit, ante un referéndum en el que está en juego la identidad nacional. Ante ambas crisis, se rememoran antiguas grandezas, las de la familia, rememoradas por los hermanos, y las del Imperio, momento esplendoroso de un país que ha gobernado —«civilizado»— medio mundo, aunque en todas estas grandezas evocadas con nostalgia aparecen también demasiados claroscuros.

Estamos por tanto ante una novela en que la atmósfera resulta fundamental, está descrita con suma elegancia, y en el que destacan todos los personajes, bien delineados todos ellos, sin que haya juicios desde la narración, no hay valoración en lo que se expone, sino que será a todas luces el lector quien apreciará sus actos a medida que avance el relato.  Todo ello además con una prosa precisa, bien medida, sin más ornamentos que los hechos que se entrelazan con naturalidad, pero sin perder por ello intensidad. El lector quedará atrapado por una historia que le confrontará a los múltiples reflejos de un tiempo, un país y una familia con demasiados frentes hirientes que no podrán permanecer ocultos y que nos enfrentarán irremediablemente a un presente que es, al fin, su consecuencia.

Reseña literaria-por Juan A. Herdi

Carmen Martín Gaite

Todos los cuentos

Debolsillo / Siruela, 2025

 

Ya podemos afirmar sin ningún reparo que el cuento literario o relato breve goza en España de buenísima salud. No sólo hay un enorme número de cultivadores tanto en castellano como en las otras lenguas estatales, sino que una gran parte de las editoriales ya le prestan la atención debida, incluso hay alguna que se ha especializado en el subgénero y también se publican recopilatorios de los cuentos completos de no pocos autores, tanto españoles como extranjeros.

Este es el caso de una de las escritoras más interesantes de nuestra historia literaria, Carmen Martin Gaite, que pertenece a una generación de autores que incidieron en el cuento y le dieron además una verdadera carta de naturaleza. Medardo Fraile, que sólo escribió relatos breves, o Ignacio Aldecoa, por destacar a los dos cultivadores principales, fueron compañeros suyos de generación, justo cuando empezaban a llegar a España los escritores latinoamericanos que dieron el espaldarazo definitivo al cuento en el país. De allí que les tengamos que agradecer también a ellos su aportación, así como a otros escritores que, como Manuel Andújar, en el exilio, se dedicaron a la escritura de relatos breves brillantes que hemos de reivindicar y que sin duda tienen que volverse a publicar y conocerse en España.

En este volumen, editado y prologado por José Teruel, tenemos todos los relatos de Carmen Martín Gaite, tanto los de juventud, aquellos con los que comenzó su trayectoria literaria y que publicó en revistas como Trabajos y Días o Revista española, como los que publicó en volúmenes destacados y aquellos que continuó escribiendo hasta el final de su vida.

 A través de su lectura, reconocemos las diferentes etapas de la escritora. Pues estamos ante una autora que supo moverse por una variedad enorme tanto formal como temática. Desde el neorrealismo hasta la imaginación desbordante, sus relatos se renuevan y avanzan por las temáticas que reconocemos también en sus novelas y también en sus textos sobre hábitos y costumbres del país. Apreciamos también ese gusto por el detalle, algo que convierte a todo cuento breve que se precie en una verdadera joya.

Estamos en definitiva ante un volumen imprescindible que todo lector de Carmen Martín Gaite apreciará sin duda y que puede ser también una buena introducción para quien no haya entrado aún en las páginas de una de las grandes escritoras españolas.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Alejandra Moffat

Mambo

Editorial las afueras, 2025

 

Ana cuenta la cotidianidad de su vida de niña. Va descubriendo los hechos que le rodean y los normaliza desde su perspectiva infantil. Nos los describe, curiosa, pero sin las claves de su tiempo, del contexto en el que viven. Es la hija pequeña de una familia que reside en el sur de Chile. Son los años ochenta, ella apenas sabe nada de lo que ocurre en el país durante aquellos años complicados. Asiste casi como si fuera un juego a los detalles de la normalidad, sea lo que sea la normalidad, que para ella es sobre todo observar, corretear y convivir con sus padres, su hermana mayor y con otros personajes que aparecen y desaparecen de sus vidas, pero también la asunción de gestos y símbolos que no puede comprender en toda su envergadura.

Pero el lector sí lo entiende, conoce el contexto, va comprendiendo a medida que avanza en la lectura la atmósfera de clandestinidad en que se hallan, los gestos que indican lo que pasa, lo que rodea a esta familia, a Mónica, al taxista, al mundo en torno a la niña.

Ella misma va creciendo y aprehende a través de las brechas de la realidad lo que ocurre. Comprendemos según nos lo narra, pero también apreciamos su descubrimiento del mundo, de su mundo real. También los significados de algunas alegorías, el dibujo del águila con gafas, los mapas que dibuja su madre, los silencios, las ausencias, los traslados. En definitiva, asistimos al aprendizaje en unos pocos años claves en la historia personal, familiar y de Chile.

De este modo, Alejandra Moffat nos ofrece el relato de una experiencia dura, tremenda, cruel, la historia de una militancia clandestina desde los ojos de la hija, la experiencia traumática de una época y un país que no podemos olvidar, un testimonio desgarrador, porque entre líneas distinguimos el horror, el miedo y la angustia. Hay mucha tristeza a medida que la historia avanza, pero también mucha calidez. Porque la voz infantil de Ana no es, pese a todo, pueril. Es la del aprendizaje, la de asunción de la vida, no siempre fácil.

Todo ello narrado de un modo elocuente y podíamos decir que afectuoso, con una prosa suave y precisa. De este modo, la novela se vuelve un relato de vida, un testimonio de la intrahistoria de ese momento trágico en la historia del país.

Publicada hace tres años en Chile, Alejandra Moffat y esta novela forman parte de ese grupo de autores y de narraciones que se agrupan bajo el nombre de «literatura de los hijos» y que se refiere a autores que afrontan la historia reciente de su país desde la infancia, dando protagonismo a la generación anterior, la que protagonizó aquel momento.

Pero también es una novela de estilo cuidado, un ejercicio narrativo plausible. En definitiva, una pequeña joya literaria que nos ofrece el encanto de su lectura.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Iván Periánez Bolaño

Un día entre los días

Habla, cuenta, canta el

Pueblo Gitano I

Ediciones Akal, 2025

 

El Pueblo gitano ha sido y sigue siendo el gran olvidado en España, una España que, recuérdese, por fin está reconociendo, no sin esfuerzo, su pluralidad y su variedad idiomática, cultural, plurinacional. Incluso se están abriendo camino otras variedades lingüísticas presentes en el país. Pero el Pueblo Gitano continúa al margen, sin que se preste atención a su cultura y a sus variedades en el habla, sin reconocimiento ni oficialidad del caló, sin apenas presencia de su historia en el sistema educativo, en los medios de comunicación, en los foros académicos, al menos con la importancia que le correspondería si no pesara ese rechazo todavía presente. A pesar también del esfuerzo de las muchas entidades, asociaciones y fundaciones gitanas que desde hace ya varios lustros han surgido a lo largo y ancho de España, un esfuerzo que viene de la mano de la propia conciencia gitana que clama por sus derechos, su igualdad y su cultura. Seguimos ignorando su presencia o, peor aún, cuando se les presta atención se cuelan no pocos tópicos y estereotipos, a menudo porque se habla sobre los gitanos desde fuera, a su pesar, sin su intervención.

De ahí que sea tan importante hablar, contar, comprender y habitar la casa-mundo, como afirma Antonio Ortega en uno de los dos prólogos, el otro es de Noelia Cortés, desde la realidad propia, desde su gente, los dos prologuistas o el autor, Iván Periáñez, por ejemplo, y tantos otros que ahora mismo están consiguiendo abrir una brecha por la transmisión cultural del mundo gitano. Es fundamental que se conozca la cultura gitana en España, uno de los pilares de este país, y que además que sean los gitanos y gitanas quienes nos cuenten sus relatos, sus símbolos y su mirada. O miradas, porque al igual que ocurre en otras expresiones culturales, la gitanidad no es uniforme. Sin este reconocimiento y sin este intercambio, el mapa cultural español no estará completo.

Iván Periañez Bolaño nos ofrece en este primer volumen, el segundo está en preparación y se publicará en breve, una serie de relatos e historias de vida que nos permitirá conocer nuevos aspectos del mundo gitano, desconocidos para muchos, sabidos por otros, los más atentos y curiosos por su realidad. Nos hablan del mundo del trabajo, de la cotidianidad, de la fantasía que forma parte de esa misma realidad, la de los gitanos y la de tantas otras comunidades. Se trata de una versión nueva de los patrins clásicos, esas señales que los romaníes dejaban por los caminos, pero que ahora, con este libro, se depositan por las sendas emocionales y culturales de nuestra sociedad.

Cada relato nos transmite una mentalidad. Descubrimos una vida en cada una de las píldoras de sabiduría gitana, también una forma de hablar, un idioma salteado de caló, una visión del mundo. Como se afirma también en un momento dado del libro, recopilar estas narraciones es una forma más de lucha contra el olvido, y no olvidar es devolver a nuestra sociedad una parte fundamental de sí misma, una manera de convivir, algo fundamental en estos tiempos de divisiones y de rechazos anómalos en los que volvemos a luchar contra la intolerancia y el racismo.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Rubén González Tuero

Gijón 2085

Menoscuarto Ediciones, 2025

 

Aparece un cadáver en las turbinas de una central energética en un Gijón de finales del siglo XXI. La ciudad se ha convertido en un centro fundamental tanto en lo que respecta al desarrollo tecnológico como a la actividad económica en el Cantábrico. Se lleva a cabo una investigación policial, pero también un periodista presente en el levantamiento del cadáver y que conoce al dedillo las interioridades de la sociedad local comienza a indagar sobre dicha muerte.

Se inicia así un relato en el que se despliega una historia repleta de pliegues, pero sobre todo se nos aparece un futuro cercano en el que todo parece haber cambiado, aunque no en esencia. Distinguimos detalles que reconoceremos enseguida porque son el desenlace mismo de nuestro presente. España ha cambiado por completo, sin embargo sus instituciones y su organización territorial parecen ser una posible consecuencia de lo que vivimos en los tiempos actuales. La tecnología, por su parte, ha mantenido su desarrollo, con instrumentos novedosos, aunque no nos resulten disparatados. Pero además, se nos muestran bien a las claras los efectos de la crisis medioambiental, con una ciudad que ha perdido parte de su lado marítimo debido al ascenso de las mareas y que sufre fenómenos atmosféricos extremos.

Persisten por otro lado no pocos problemas actuales: la marginalidad, el sistema educativo que se ha degradado por completo, se dan focos de resistencia a un modo de vida que no satisface a todo el mundo, la violencia cotidiana, la de las bandas o la de género, continúa existiendo, la burocracia estatal está todavía más inflada, con corruptelas varias evidentes y el sistema de clase tiende al establecimiento de actividades no siempre claras, como la que investigan el inspector Omar Casas Chen y el periodista Marley Castaño García, con la ayuda de personajes secundarios fundamentales, bien construidos, al principio los dos protagonistas cada uno por su lado, pero al final coincidentes ambas pesquisas.

Como ya ocurría con la novela policial clásica, la sociedad se convierte en gran medida en objeto de análisis y de reflexión, un protagonista más del relato, algo que se ha perdido por lo general en la novela policial actual. Se nos retrata ese Gijón del futuro cercano, pero en el que no vemos retratados. De este modo, la novela nos permite reflexionar sobre nuestra propia realidad porque al fin y al cabo todo lo que describe Rubén González está anclado en nuestra época, lo vemos entre líneas. Además, el autor es minucioso en los detalles, nada de lo que nos cuenta, lo más nimio, es ajeno a nosotros. Como si al tiempo que nos cuenta un caso policial, nos confronte a la posible evolución de nuestro modelo de vida.

La narración resulta también muy atinada también en otros pormenores, como el de la evolución del propio lenguaje, se impone el tuteo o varían las formas de saludo. Apreciamos los pequeños cambios en los usos y costumbres sociales. No pueden pasar desapercibidos, aportan al relato un acierto evidente.

Por lo demás, Rubén González Tuero obtuvo con su obra el Premio de Novela Ateneo ― Ciudad de Valladolid en su 75ª edición.