Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Lorena Salazar Masso

Esta herida llena de peces

Editorial Tránsito. 2021

Una mujer viaja con un niño por el río Atrato, en el Chocó colombiano. El niño llama a la mujer Ma, pero él es negro y ella, la narradora, blanca. A pesar de ello, nadie parece sorprenderse de su mutua compañía, estamos en un mundo de contrastes donde todo es posible y detrás de cada vida hay una historia o un destino que conforma la realidad, que puede llegar a ser muy variopinta. Por lo demás, no sabemos en un principio el motivo del viaje, lo vamos intuyendo a medida que avanzamos en la lectura, mientras la narradora nos describe una naturaleza exuberante y generosa, nos habla de las personas con quien viaja y con quien se cruza, nos relata los incidentes del trayecto, no siempre gratos, los peligros están siempre al acecho y la muerte demasiado presente.

De este modo, el propio río se vuelve una metáfora del destino y que va reflejando los ecos de una realidad tan insospechadamente presente. La mujer, al mismo tiempo que contempla lo que le rodea, incorpora al relato un sinfín de emociones y sentimientos que tienen que ver en gran medida con el niño al que cuida, pero también con los propios miedos y las dudas, al tiempo que con su pasado. Brotan los recuerdos que se incorporan al relato, forman parte de él. Todo conduce, inevitable, a ese destino tanto físico como emocional ante el cual, intuimos, nada es seguro, estamos a merced de los acontecimientos sobre los que no tenemos ningún dominio.

Por lo demás, se trata de un relato en el que llama la atención la presencia de unos personajes femeninos fuertes y que sin embargo, como le ocurre a la propia narradora, no ocultan sus propias cuitas y temores, las muestran incluso, lo que les vuelve a todas luces mucho más resueltas para establecer unos lazos recíprocos que les exige la necesidad de supervivencia. Aunque tal fortaleza no las salvará del propio destino.

Va así desgranándose el relato de esta primera novela de Lorena Salazar Masso. Con una prosa directa, sin ambigüedades, va construyendo este torbellino de sensaciones y emociones que atrapa al lector y lo incorpora a la trama, a una sucesión de hechos que no dan respiro y cuyo final, inesperado, impresiona y deja un poso de desasosiego e inquietud.

De este modo, Lorena Salazar Masso se incorpora plenamente a la literatura colombiana, cuya tradición, permítaseme el tópico, es una de las más potentes de la literatura tanto en castellano como mundial. En todo caso, por sí misma, estamos ante una novela bien construida, bien hilvanada, que no ha dejado nada en el tintero y en la que tampoco sobra nada. Sin duda, uno de los descubrimientos del año.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Loreta Minutilli

Helena de Esparta

Traducción de Ramón Buenaventura

Alianza Editorial, 2020

Durante siglos la mitología ha intentado dar una explicación a la existencia y al mundo. Sigue siendo en gran medida esa su función, porque todavía continúa presente entre nosotros, aun cuando compita hoy con otras disciplinas que intentan esclarecer la vida. Nos aporta un sentido de las cosas y de las vivencias, cierta coherencia y no poco conocimiento. Pero además, muchas veces, los mitos permiten que entendamos nuestra propia existencia, lo que somos, de allí que la psicología, el psicoanálisis o la psiquiatría hayan acudido a ellos, en nuestro ámbito cultural a los mitos griegos, para confrontarnos a los hechos y a nosotros mismos. 

También la literatura posee en buena medida tal función y no son pocos los escritores que han afirmado alguna que otra vez que la escritura les aporta la posibilidad de poner un cierto orden en las cosas y permite reorganizar una realidad que sin el gesto de escribir resultaría vacua, desesperante y angustiosa. Sin la literatura, al igual que sin los mitos, sin duda nos costaría mucho más asumir lo que nos envuelve y nuestra propia identidad. Hay en este sentido un campo compartido entre ambas disciplinas, la literatura y la mitología, y son muchos los autores que acuden a los mitos para desarrollar sus proyectos literarios, incluso entre los más jóvenes, como vimos hace bien poco con Irene Reyes Noguerol y su maravilloso libro de relatos «De Homero y otros dioses».

Loreta Minutilli, en este sentido, recoge el guante de este vínculo que une mitología y literatura para reflexionar sobre varios temas sempiternos a partir del mito de Helena de Esparta, la mujer sobre quien recae la culpa de la guerra de Troya. Es la propia Helena, la mujer más bella de la tierra, quien nos narra en esta novela su propia vida y nos va planteando cuestiones como la identidad, el dolor, la condición femenina, la necesidad de reconocimiento, las relaciones de poder, el paso del tiempo o la culpa. Cualquier lector se sentirá emplazado a meditar sobre tales cuestiones que la autora italiana introduce párrafo a párrafo, sin dejar a nadie indiferente ni ajeno y requiriéndosenos a que mantengamos la reflexión, pero esta vez en lo que a nosotros y nuestra propia vida se refiere, como si la novela fuera al fin un espejo donde reflejarnos.

La escritora no se aleja mucho del relato más ortodoxo del mito, no quita ni añade nada al mismo, ni siquiera hay un intento de modernización o adaptación a otros tiempos, la escritura de esta novela es del todo atemporal, como es en realidad cualquier ejercicio de introspección que se precie. Lo cual sin duda aporta mucho más interés a esta primera novela de Loreta Minutilli, que sabe aprovechar todos los elementos de la tradición para articular una propuesta literaria interesantísima. 

La introduce incluso dejando constancia de la importancia de contar, esto es, de la escritura, como fundamento de toda reflexión, como ejercicio fundamental de comprensión. Incluso de aclaración para quien narra En gran medida, esta autora nos vuelve a señalar el sentido de la buena literatura, que no es otro que el análisis, la introspección, la palabra como fundamento de nuestra propia emancipación. 

Reseña Literaria-Juan A. Herdi

Patxi Iturregi

Impredecible marea

Traducción del euskera de Gerardo Markuleta

El Gallo de Oro, 2020

Resulta imposible no darse cuenta, tras leer los doce relatos de este libro, de la poca presencia en la literatura del Estado Español, en cualquiera de sus lenguas, de historias de la mar, teniendo en cuenta que hablamos de un país con kilómetros de costa y salida a dos mares, con una historia además de expansión colonial y una luenga experiencia y tradición marítimas. No es que no existan, hay escritores que han narrado aventuras de navegantes y marinos, algunas apasionantes, sin duda, pero me temo que apenas son una anécdota en el conjunto de su literatura o han quedado en la periferia literaria. Hay que recordar no obstante a Álvaro Mutis, tal vez el más destacado entre los escritores de temática marinera, colombiano y uno de los mejores escritores en castellano, creador de Maqroll el gaviero.

Tal vez por ello se vuelven muy recomendables narraciones que traten de la mar, como las de este libro de relatos, relatos de navegantes, de barcos y de influencias marineras en un territorio concreto, el que rodea a la Ría del Nervión y el puerto de Bilbao, y que sitúa además en un momento histórico, el de la primera guerra mundial, cuyo primer centenario hemos dejado atrás hace bien poco.

Ni qué decir tiene que en aquellos primeros lustros del siglo XX hubo no sólo un crecimiento industrial en Vizcaya, sino que además la misma afectó a una tradición marítima muy arraigada en la provincia, surgieron las grandes navieras y una saga de marineros que viajaron por todos los mares. De eso nos habla Patxi Iturregi y lo hace con una prosa directa que logra captar el ambiente de los barcos, pero también esa influencia social en una sociedad que contempla el mar con admiración, como ocurre por ejemplo en el relato El latido del progreso. 

Son relatos que describen unos ambientes intensos, que trasladan al lector la viveza de la aventura marítima o el entorno de una ciudad portuaria, y lo lleva a cabo gracias a una enorme capacidad de penetración literaria. Hay un dominio del relato que sin duda no va a dejar indiferente a nadie y que va a permitir conocer a un autor en lengua vasca, con esta traducción magnífica mediante, y gran dominio en el arte, siempre difícil, del cuento literario.

Si en el relato breve el rasgo fundamental es la atmósfera, ni qué decir tiene que Patxi Iturregi lo ha conseguido plenamente, introducir al lector en la misma, no me cabe ninguna duda de que disfrutará de ellos y se quedará con ganas de más historias de la mar.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Almudena Sánchez

Fármaco

Random House, 2021

Estamos ante un libro inquietante. No sé si es el calificativo adecuado, pero sí es lo que produce, una vaga inquietud que va en aumento a medida que se avanza en su lectura. A pesar de la ironía, que ayuda bastante a comprender lo que se cuenta. O se narra. A pesar de que intuimos que el final será feliz, de lo contrario no tendríamos el libro entre las manos. A pesar también de que muchos lectores avanzarán por sus párrafos con ansia de comprender un proceso que asumimos que existe y que nos puede ocurrir también a cualquiera, con independencia de las circunstancias de cada cual, buenas o malas.

Almudena Sánchez nos habla abiertamente, sin tapujos, la expresión viene muy al dedo aquí, de su depresión, de ese estado anímico durante mucho tiempo incomprendido, antaño denominado melancolía, y que además, con la pandemia, adquiere una nueva carta de naturaleza: se ha extendido, visible o no, un profundo malestar en todos. La autora nos ofrece una confesión, aunque sin el significado que le da el catolicismo, no hay propósito de enmienda ni petición de perdón, aun cuando en algún momento lo pidiera en la realidad, pero su escritura no lo es. Más bien cumple, creo, con una de las funciones, de los porqués, que se atribuye a esta manía de escribir: comprender(se), incluso poner algo de orden. Busca romper con esa mudez con la que no sólo la autora ha crecido, todos la hemos padecido y la padecemos de un modo u otro, con mayor o menor énfasis.

Estamos por tanto en un relato testimonial que nace, sin duda, de una necesidad, la de curarse también mediante la escritura, pero que al final, una vez desprendido el texto de las manos de su narradora, se vuelve sobre todo útil para el receptor, para el lector, como si el libro, en cierto modo, estuviera concebido a su vez para cumplir con las pautas de la teoría literaria de la precepción. Porque tal vez deberíamos analizarlo no por lo que es en su origen, sino en los efectos que pueda producir en los lectores y en la capacidad de comprensión de un estado de ánimo que se convierte en enfermedad. Y que permite afrontar un tema como el de la depresión o, en general, de la salud mental, con sus estereotipos manidos y el peligro de la estigmatización

Una comprensión facilitada por la literatura. No hay duda de que es la literatura la que permite muchas veces entender la realidad, más que los sesudos estudios analíticos. En definitiva, la prosa literaria convertida en vademécum para aprehender los mecanismos más sombríos de la vida. En este caso, además, hay mucha poética, hay ironía, hay un bello juego del lenguaje, hay dureza también. Ello convierte el relato en un perfecto artefacto, aun cuando rompa con todos los preceptos literarios, que para eso son las reglas también, para infringirlas y romper con lo más aséptico del formalismo literario. 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Irene Reyes-Noguerol

De Homero y otros dioses

Maclein y Parker, 2018 

(2ª edición 2021)

Afirmaba Anatole France que todos los relatos del mundo se podían concentrar en apenas un puñado de temas, muy pocos. Lo que los caracterizaría, por tanto, no sería lo que cuentan, sino la forma de contarlo, la capacidad de mantener el interés del lector, esa atracción por una narrativa que nos mantenga atado al libro. En esto consiste la originalidad, no en la novedad, sino, como indica la propia palabra, en ese volver una y otra vez al origen, resituarlo en nuestro momento y mantener en candelero la buena literatura. Y qué duda cabe que la mitología está en la base de nuestra narrativa, de nuestros sueños y de nuestras claves.

De todo esto ha de saber mucho Irene Reyes-Noguerol, o puede ser más bien que lo intuya, se trata de una escritora muy joven que se asoma a la literatura con los dones suficientes como para esperar de ella una obra más que interesante. No necesita tampoco disimular: acude a las fuentes de la Grecia Clásica y nos ofrece una colección de relatos que poseen una fuerza enorme. Son cuentos que hablan del presente, pero guardan un perfecto paralelismo con los relatos míticos, como si los trasladara a nuestros tiempos, en un ejercicio de reescritura permanente que, intuimos, es la base de toda literatura de calidad.

Pero además son textos cálidos, poéticos, algunos de ellos de una perfección absoluta. Léase por ejemplo el más corto de los veinte relatos, Gran carnívoro, que nos retrotrae a Licaón, y que en dos páginas ofrece una sensibilidad difícil de alcanzar. Se ha de ser muy buena escritora para encandilarnos de esa manera. Cada uno de los textos nos atrapa hasta el embelesamiento, sin caer por ello en lo empalagoso, muy al contrario, es una prosa bien trabajada, precisa, con la dosis suficiente de poética y concreción, sin que sobre ni falte nada, un preciosismo estético que convierte a Irene Reyes-Noguerol en una autora a todas luces encomiable, prometedora.

Es muy de agradecer la apuesta de una editorial pequeña por autores nuevos que consiguen escribir con gran valía, se cumple así con la función que ha de tener toda editorial que se precie, la de descubrir nuevos valores, la de mantener ese hilo rojo de la literatura que a todas luces sigue adelante pese a los tiempos.

Nos quedamos por tanto a la espera de lo que nos ofrezca Irene Reyes-Noguerol en el futuro. De momento, sólo cabe recomendar De Homero y otros dioses.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

José Ignacio Carnero

Hombres que caminan solos

Penguin Random House, 2021

Estamos ante una novela en la que la necesidad de contar(se) es tan importante como lo que se cuenta. Tal vez porque es verdad que las palabras sirven para algo más que para buscar paraísos, esos momentos de belleza señalados, sí, pero que tienden también a que el narrador traduzca con las palabras el mundo, y que lo lleve a cabo justo a la manera que quiera verlo, lo organiza en definitiva a su modo. Por ello tal vez haya tanta reflexión en este relato sobre la escritura, sobre en general la literatura. Porque al final, aun cuando parezca que se diferencian, vida y literatura no se alejan tanto y ésta sirve en gran medida para reconocer aquella, reconocerse a sí mismo y, en definitiva, para salvarlo o salvarse.

Puesto que lo que nos cuenta José Ignacio Carnero, o el narrador de la historia, mejor dicho, es un necesario ejercicio de espejo y confrontación consigo mismo. Pasemos de largo por esas asépticas alusiones de la teoría literaria a los conceptos de autor, narrador y personaje, ya sabemos que las reglas del oficio están sobre todo para saltárselas, y reconozcamos que toda escritura requiere confrontarse a un rival que es siempre uno mismo. Y será así como el autor lo llevará al extremo y convierte el estado anímico del narrador en el tema del relato, a partir de aquí muestra su depresión para, a base de escribirla, superarla, algo que sin duda sirva mucho más que todo el orfidal que se le pueda recetar. Dependerá de la agudeza del lector la posibilidad de empatizar y reescribir lo narrado trasladándolo a su propia experiencia vital.

De este modo, van sucediéndose hechos, anécdotas, sucesos, bien condimentados todos ellos con esa reflexión sobre la escritura, la ficción, la vida, la melancolía, y al final es la propia vida la que se muestra en el texto, una vida en la que tan importantes son las relaciones con los personajes tan variopintos que se van cruzando en el camino y que se vuelven en compañeros de travesía vital y en gran medida también reflejos en el que contemplarse y crecer. 

Por si fuera poco lo vibrante de la historia, hay que destacar un estilo cimbreante por lo ágil y lo bello que es, aunque sin caer en excesos manieristas ni redundancias, un modo de contar directo, pero que deja espacio para entender en todo su alcance lo que se narra con una intensidad plena. Impresiona la belleza de ese viaje con el padre, que no sólo es un viaje físico, también interior, cordial, liberador e intenso tanto por lo que se cuenta como por lo que deja intuir, y que da sentido a la novela entera, a las diversas opciones que nos ofrece el autor y a su estilo. Un estilo que es también emocional, sensible, con el que cualquier lector se deja llevar, quedando atrapado por ese dominio del lenguaje y del relato que posee sin la menor duda José Ignacio Carnero. 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Santiago López Petit

Tan cerca de la vida

Rayo Verde Editorial

Quien conozca la trayectoria de Santiago López Petit, sobre todo en los últimos años, sabrá hasta qué punto los temas de la vida, el malestar o la necesidad de cuidar los afectos y las emociones en las relaciones interpersonales han ido ganando más y más espacio en su reflexión. No ha perdido por ello radicalidad en su análisis de la sociedad ni en la defensa de un modelo emancipatorio, o al menos de su búsqueda, con todas las contradicciones que supone el pensarse a uno mismo también en lo colectivo, algo que ya no sólo es social, sino que es sobre todo vital. Porque al final la vida lo incluye todo. 

Su bibliografía es amplia y desde luego muy recomendable, fundamental diría yo en un momento como éste, en el que la enfermedad no sólo se halla en el centro de nuestras vidas, sino que además se ha vuelto el eje político central de esta nueva y extraña época que nos ha tocado vivir. 

Por si no fuera poca su aportación ensayística, ahora nos propone ahondar de nuevo en todos estos temas por medio de una novela, cuyo título es ya por sí muy ilustrativo, Tan cerca de la vida, y en la que, en gran medida, son las ideas las protagonistas del relato, pero no las ideas entendidas como algo externo a cada uno de nosotros, las de la mera especulación extemporánea, sino como herramientas que nos permiten comprender lo que nos rodea y lo que somos. Los personajes que pueblan este relato buscan responderse a las dos preguntas clásicas de la filosofía: cómo debemos vivir y, sobre todo, qué puedo hacer. 

El lector se enfrentará a lo largo de este relato con planteamientos que sin duda le tocarán muy de cerca y de los que no podrá ser ajeno. Porque es la propia vida lo que se anhela, sin excluir el vacío, la soledad o la catástrofe que anida en ella en todo momento y que conforman ese ángulo a partir del cual reconocerse. Este libro es, para quien lo lea con atención y con intención de seguir reflexionando, una invitación para pensarse uno mismo y aprender a encontrar aquellas grietas que le permita, sobre todo, vivir, con todas las dosis de pasión y de dolor que requiere perseguir la vida.

Por lo demás, el planteamiento literario de la novela ya es de por sí curioso, que nadie espere un relato convencional con los elementos clásicos que a veces dicta la teoría de la literatura. Ya intuimos muchos de nosotros que la única norma de la literatura es, al final, la ausencia de normas. Y sin duda esto debería guiar la propia vida. De este modo, la propia literatura queda incluida en ese artefacto de reflexión creado por Santiago López Petit, autor que suele emplear también en sus ensayos una gran dosis de poesía en su forma de afrontar la escritura. Porque incluso la más ruda reflexión sobre uno mismo y sobre el nosotros requiere de poesía para poder comprenderse y asumirse, fundamental en una época tan rancia como la actual.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Lide Aguirre

Los trucos de la bestia

Editorial Berenice. 2020

Hay algo que siempre queda oculto en las vidas de la gente, algo que no podemos dilucidar a primera vista. Nos lo demuestran algunas noticias que de vez en cuando saltan a primera página de la prensa de una manera imprevista y con la que descubrimos que entre nosotros existe una sensación de desasosiego que bordea peligrosamente el abismo, e incluso esto ocurre en una ciudad tan paradisiaca como la de San Sebastián, donde hay lugares en las que lo sombrío puede llevarte a lugares tenebrosos. De esto trata esta novela, Los trucos de la bestia, de la donostiarra Lide Aguirre, al confrontarnos con uno de esos mundos.

En todo caso, no se dejen llevar por el impacto del título ni por la sensación que se pueda deducir de lo dicho en el párrafo anterior, esta novela nos insinúa que el horror es más cotidiano y no requiere de escenas espeluznantes, basta con saber reconocer el tremendismo detrás de una mirada o de un gesto. Es lo que le ocurre a Mikel, fotoperiodista, que al cruzar la mirada de unos vecinos que salen de un parking en un coche lo cuestiona todo de repente y vislumbra algo que no se sabe explicar, pero le lleva a tirar del hilo, arrastrando a su prima Lorena a una investigación parapolicial. Durante la misma van recomponiendo las piezas de un extraño puzzle y eso les confronta a algo más siniestro que ni siquiera llegaron a imaginar.

De esta manera, la novela resulta un paseo por una ciudad en la que todo no es lo que parece, es lo que los dos protagonistas van deduciendo a medida que se confrontan con los detalles. Hay una invitación a reflexionar sobre el concepto de belleza y sus efectos en la vida cotidiana, un juego curioso e interesante que nos propone Lide Aguirre y que no es muy habitual porque siempre entendemos la belleza como algo positivo, pero de pronto puede ser lo contrario, que nos lance al abismo. Porque, como se dice en un momento de la novela, hay que mirar muy bien para ver que tras las fachadas tal vez no haya nada.

Con una prosa bastante correcta, se trata de una novela a todas luces interesante, una buena propuesta que invita, si se sabe leer, a algunas reflexiones importantes y a mostrarnos también que en la fragilidad es posible encontrar algunas fortalezas.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Fernanda Melchor

Páradais

Penguin Random House, 2021

Franco y Polo se conocen, se reúnen a beber y a dar rienda suelta a sus fantasías. Son colegas circunstanciales, amigos de mera conveniencia, comparten un espacio como bichos raros que son, cada uno en un lado de la escala social, en un rincón de México donde quedan patentes las diferencias sociales. Franco es un adolescente de familia bien, pero no cumple con los estereotipos de su clase, tampoco parece importarle. Vive obsesionado por su vecina, madre de familia, desde luego mayor que él, de vida despreocupada y muy atractiva, mientras que Polo, por su parte, es el último empleado en la zona residencial con el irónico nombre que da título a la novela y en la que vive su colega, pero a diferencia de él es de familia pobre, habita un barrio donde domina la violencia y persigue sueños de independencia, de pretendida distancia de esa realidad que le agobia y desespera, aunque eso le supusiera vivir al margen de la ley. 

Éste es el argumento de la novela, donde se describe una serie de encuentros y desencuentros que darán pie a un desenlace funesto y absurdo a la vez. A partir de aquí, Fernanda Melchor nos va desgranando una realidad social dominada por la violencia, por vidas frustradas y ansias siempre malogradas, vidas en las que parece imprescindible el recurso de los paraísos artificiales, vía alcohol o fantaseos enfermizos, para poder soportar el peso de los días. La autora nos retrata un lugar concreto, un mundo desasosegante que explica en gran medida el desarrollo de los acontecimientos, sin justificarlos ni tampoco juzgándolos, tal vez porque todo resulta muy evidente y quizá sólo sean necesarios los hechos desnudos para confrontarnos con el horror.

Todo ello, además, se narra en un estilo que ya de por sí cautiva al lector, una prosa magma que no deja resquicios, que consigue mostrar la realidad a trazos gordos, puro impresionismo narrativo. Hay que poseer, desde luego, un buen dominio del lenguaje y ser una narradora brillante para escribir así. Porque se trata a todas luces de una novela atractiva no sólo por la historia que cuenta, sino también por una escritura que no deja indiferente, que envuelve al lector, para contemplar hasta el más mínimo detalle del relato. No hay duda de que Fernanda Melchor es uno de los nombres destacados de una nueva generación de autores mexicanos y que no puede pasar desapercibida, una propuesta osada a la vez que lograda, y que a todas luces impresiona y cautiva.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Laura Ferrero

La gente no existe

Alfaguara, 2021

Este es un libro de relatos en los que domina la emoción, hay en ellos mucho sentimiento y una emotividad general que está incluso a flor de piel. No es extraño que sea así, los temas que trata no son fáciles de afrontar con distancia o desde la frialdad: la soledad, la muerte, las relaciones de pareja, la pérdida de los referentes personales o familiares, el desencanto que lleva siempre a una nostalgia que puede llegar a ser mórbida, insana, frustrante, hablan de impotencia, también de esperanza, pero sobre todo de miedo, se trasluce un miedo enorme a la vida que, sin embargo, pese a todo, se sigue viviendo, tal vez porque no queda otra alternativa. No es una materia fácil de tratar: cualquier exceso puede resultar empalagoso.

No es el caso de estos diecisiete relatos, no estamos ante una emotividad que importune o que resulte cargante, molesta, al contrario, el lector va a entender muy bien lo que se le cuenta porque la experiencia narrada forma parte de la cotidianidad más absoluta, nos es común a todos. No hay duda de que vamos a encontrar en cualquier de ellos, o en varios incluso, algo que nos afecta y nos conmueve porque la autora está compartiendo experiencias universales, una intimidad que no es propia, que nos pertenece a todos, son experiencias al fin que nos vuelven humanos.

Lo narra además con una sencillez extraordinaria. Lo que requiere desde luego una destreza enorme, una maestría incluso. No hay estridencias ni parece que los personajes pretendan un heroísmo malsano, asumen esas formas de lo real compuesto, como se dice en un momento dado, por el miedo o el dolor. Cada uno de los relatos se van componiendo poco a poco, las piezas van encajando y se cuenta tal cual, quizá porque la vida hay que escribirla para darse cuenta de su alcance y de su envergadura. Sólo alguien muy consciente de lo que significa la escritura, como sin duda lo es Laura Ferrero, sabe en definitiva lo importante que son las palabras para la vida.

Cada uno de los relatos se convierte de este modo en un retrato en los que vamos a sentirnos reflejados y que nos dejarán, no lo duden, un sentimiento extraño de zozobra y de dulzura a la vez. El libro se vuelve un álbum de fotos que, como los álbumes, vamos a necesitar leer varias veces, sin que la prosa de esta autora nunca nos canse de veras, al contrario, siempre nos descubrirá algo nuevo.