Reseña literaria-Juan A. Herdi

Raquel Robles 

Pequeños combatientes 

Editorial Txalaparta, 2026 

 

A nadie se le oculta que la ficción, a menudo, tiene que ver con la memoria y con la necesidad de afrontar procesos sociales recientes, traumáticos para una comunidad. Con frecuencia es difícil asumir sus consecuencias colectivas por otros medios. Los procesos de comprensión y evaluación son lentos y la literatura cubre esos huecos, abre perspectivas. Y en ocasiones este proceso de rememoración y de reflexión se realiza desde la perspectiva de quienes fueron más vulnerables, los niños, con una mirada de los hechos en paralelo a su proceso de maduración. Ambos, el intento de comprender lo que ocurre a su alrededor y el natural de aprendizaje y maduración, coinciden en el tiempo, y desemboca en una narrativa que se ha llamado la literatura de los hijos o de la posmemoria, el acercamiento al fenómeno de la represión y de los desaparecidos desde la mirada de la infancia.   

Se está dando sobre todo en Chile, pero también, como es el caso de la novela que comentamos, en Argentina. Ya han pasado varios lustros desde que las respectivas dictaduras se terminaron, en ambos caos de un modo diferente, con formas distintas de afrontar la historia reciente, tan dolorosa. La expresión más siniestra es sin duda la de los desaparecidos, personas que en su momento fueron detenidas sin ninguna garantía judicial y de las que no pocas veces no se ha vuelto a saber nada de ellas. Sus familias son también víctimas, en especial los hijos de las personas desaparecidas que han de afrontar la ausencia y la clandestinidad con las herramientas emocionales en desarrollo. 

En Pequeños combatientes la escritora argentina Raquel Robles, investigadora de este acercamiento a la verdad histórica desde la ficción, nos ofrece la historia de dos hermanos cuyos padres, militantes políticos clandestinos, han desaparecido. La voz narrativa es la de la hermana mayor, nos describe su cotidianidad y la de su hermano pequeño, nos habla de la realidad de ambos en casa de su tía y de sus abuelas, la vida en el colegio, en la vecindad, el viaje a Tucumán durante las vacaciones, a casa de otra tía, todo ello con la conciencia de la excepcionalidad de sus vidas y la responsabilidad de cuidar emocionalmente a su hermano, pero también, como cualquier niño, afrontando la vida con toda su envergadura.  

Sentimos a medida que avanza la novela la madurez de la niña. Asume el drama de sus padres al tiempo que lidia con la incertidumbre y va modelando una actitud realista que escapa en algunos momentos de la esperanza. Al mismo tiempo se enfrenta a la muerte, la posible de sus padres, la de una de sus abuelas, y a la necesidad de estrechar lazos con la propia familia y con las personas, niños y adultos, que se cruzan con ella, no siempre fácil, la clandestinidad, ser hija de desaparecidos y la discreción necesaria son límites estrechos que harán mella en ella. 

Es a todas luces una novela de aprendizaje, pero con la ferocidad de las circunstancias que requieren de mucha sutileza, tal vez excesiva para una niña que debiera haber vivido otras experiencias. Forma parte, no obstante, de esa intrahistoria que, por desgracia, ha formado y sigue formando parte de nuestros países, los que han vivido dictaduras y, por consiguiente, tantas vulneraciones de derechos humanos. 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Tijan Sila

Radio Sarajevo

Traducción del alemán de

Javier García Albero

Libros del Asteroide, 2026

Una guerra no termina nunca. Es lo que nos recuerda Tijan Sila a lo largo de este libro. No sólo tiene efectos y consecuencias sociales y políticas que perduran en el tiempo y que afectan a un país durante generaciones, también está presente en la cabeza de quien la padece, en su estado de ánimo, es además causa de malestar, también de enfermedades mentales y físicas que se mantienen durante la vida de cualquier persona que la haya sufrido. Se aplica a la guerra de Bosnia, de la que nos habla el autor, y por ende a la guerra de Yugoslavia, hace treinta y cinco años de ella, pero también a cualquier guerra, la actual de Ucrania, la de Gaza o cualquier de los otros conflictos armados, siempre demasiados, que se dan en el mundo.

Por eso son importantes libros como Radio Sarajevo, que nos remiten a los efectos sangrantes y execrables de cualquier guerra. Inclusive de las consideradas guerras justas, que producen las mismas consecuencias en las personas que las sufren. Tal vez porque no hay en realidad ninguna que lo sea, guerra justa.

De este modo, Tijan Sila nos narra su vivencia en la guerra que padeció Bosnia, cuando era él apenas un preadolescente y tuvo que enfrentarse a los combates, a la muerte, a la incertidumbre, en un conflicto que tuvo las etnias como base, en un país en que las familias estaban mezcladas. La suya, por ejemplo: su padre era bosnio y su madre, croata. El niño que fue él, sus amigos, su hermano o sus padres resultaron afectados todos ellos, sus cuerpos y sus mentes se volvieron campo de batalla para siempre, aun cuando la guerra terminara. Su propia madre padeció una enfermedad mental, consecuencia de esa tensión latente de sufrir y gestionar un conflicto como aquel.

El autor nos cuenta la cotidianidad durante los combates o en los momentos en los que no los había. Cambiaron su educación y su maduración como persona. También nos confronta a su exilio, el paso por Croacia cuando se dirigían a Alemania, con el rechazo hacia los refugiados, y su llegada a un país nuevo del que no sabía nada y en el que, al final, Tijan Sila se aposenta y adopta el alemán como lengua de escritura. Y nos lo narra con precisión, sin aspavientos, a veces como una aventura, sin duda así lo vivieron aquellos niños, pero entre líneas está todo el dramatismo de aquella época.

Conservó a todas luces las imágenes de aquel drama bien insertas en sus recuerdos. La escritura deviene así un testimonio terapéutico y de reconciliación consigo mismo. Lustros después vuelve a Sarajevo y percibe que las consecuencias persisten pese a todo, aunque todo haya cambiado en apariencia. Radio Sarajevo se vuelve de este modo un testimonio preciso y necesario de la ignominia de la guerra, un libro que debiéramos leer en una época en la que el peligro está presente, si alguna vez ha dejado de estarlo. A todas luces, este libro resulta un grito de alarma ante lo que nunca debió de suceder.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Rodrigo Gervasi

La grieta

Sexto Piso, 2026

Detectamos en esta novela, entre líneas, el eco del famoso poema de Gil de Biedma. Aquí también se nos habla, salvando las distancias, de ese paso del afán por la vida al descubrimiento del argumento único de esta obra que es el vivir. A pesar de las distancias, repito, porque hablamos de épocas diferentes, de jóvenes con avideces distintas, de formas de entender la vida y afrontarla que no se pueden comparar. Lo que se repite es el descubrimiento de que el tiempo pasa y asoma siempre la verdad desagradable.

Estamos por tanto ante una novela de descubrimiento vital. Lo importante del relato es el proceso del joven Hugo Blanco, un chico de nuestro tiempo, con un trabajo y una cotidianidad precarias. Sufre la fragmentación y la ajenidad que impone un sistema deshumanizado que no ofrece en absoluto grandes perspectivas ni alternativas sociales. Esto no quita que haya cierto compromiso, permítaseme calificarlo sin desmerecer de gestual: que no haya en las reflexiones del narrador un posicionamiento ante el mundo no opone a que tenga ciertas actitudes ante lo que pasa a su alrededor, más allá de su círculo de amigos y conocidos, y que opte por apoyar, por ejemplo, una manifestación de defensa de la sanidad pública, eso sí, aplaudiendo y alentándola desde el balcón de casa. Le doy cierto énfasis a ello tal vez porque el nombre del protagonista coincide con el de un famoso revolucionario peruano y el dato no me parece casual, aun cuando puede que el autor ni se lo haya planteado, un mismo nombre para dos escenarios tan diferentes.

Nuestro personaje vive bajo un ruido ambiental que sin duda le deja en ocasiones exhausto. Contempla el mundo que a veces se le presenta como una pantalla enorme que emite constantemente mensajes publicitarios, anuncios convertidos en el único relato posible del presente. El piso compartido es un escenario en que se reúnen chicos y chicas que, como Hugo, afrontan su final de juventud y su incorporación al mundo y a la vida con un desasosiego instalado de forma perenne en sus cotidianidades. Son jóvenes, son libres, pueden vivir y sentir en libertad, sin temor a ser (mal)juzgados, han estudiado, algunos de ellos se ocupan de nuevos oficios relacionados con las nuevas tecnologías, incluso son trabajos creativos, o alternan lo creativo con trabajos efímeros y transitorios, pero la precariedad lo ocupa todo, no sólo el ámbito laboral, también el vital.

De allí quizá un sentimiento de culpa siempre presente, a pesar de esa libertad. Tenerlo, por tanto, no ayuda a entender los extraños mecanismos de la vida. Porque vivir no supone repetir rutinas hasta que se conviertan en naturales, como afirma el narrador en algún momento y a pesar de que es la realidad de demasiada gente, sino que la clave, como se le dice en otro momento, es que vivir supone también, a menudo, equivocarse. La madurez es sin duda asumirlo e incorporarlo a la experiencia propia.

Asistimos en consecuencia a unos meses en la vida de Hugo Blanco, el contemporáneo, a sus reflexiones, a su mirada, sin entenderlo muchas veces, sin comprender algunas de sus reacciones, sin compartirlas tal vez, pero comprendiendo que son reales, que forma parte de una vida y de su proceso de descubrir el argumento de la misma. Una novela, en este sentido, muy esclarecedora.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Juan Gómez Bárcena

Abril o nunca 

Seix Barral, 2026 

La salvación no siempre nos espera en línea recta. Sin duda, es una de las conclusiones de esta novela. A menudo los procesos emocionales requieren de recovecos, curvas, vueltas atrás y sobre todo de una enorme necesidad de vaciarse para recomenzar. Sobre todo, cuando la culpa hace acto de presencia y añade más desolación a la tragedia, al duelo, al dolor.  

De esto trata esta novela, de un proceso que ha de seguir su protagonista, Daniel, ante el hecho trágico que le enfrenta a la vida de un modo brutal. Haría lo que fuera por volver atrás, por recuperar a su hija, incluido una lucha contra el tiempo y lo real. Es la trama del relato, un proceso emocional que pasa por diversas fases, que se impone como una obsesión circular, con una necesidad imperante de reconocer lo ocurrido, para sí y para los demás, a pesar de que la toma de conciencia no es fácil, le ocurre a él lo que a cualquiera, que a menudo nos supera la realidad y tendemos al fingimiento.  

Vemos así varias etapas, un vínculo difícil con el tiempo, con el recuerdo o el olvido, a veces no es posible para el protagonista decantarse por uno o por otro, sin que tengamos claro si es una reacción o una necesidad. No llegamos a saber si percibe Daniel que hay que afrontar la realidad y recomenzar. Pero qué duda cabe que todo comienzo entraña un espejismo ante el cual se impone el vértigo y en consecuencia la tentación de recrear lo real es toda una tentación. 

De este modo, quien ose entrar en esta novela va a ser testigo de una lucha interior voraz. Y a todas luces Juan Gómez Bárcena es, una vez más, brillante a la hora de presentarnos los hechos. Porque no es el tiempo el que los atraviesa, sino que es el proceso emocional de Daniel quien lo ocupa todo, el tiempo incluido. Hay que recordar que una de las características de este autor es trastocar por completo los límites de la novela, enmaraña todo orden o lógica del relato, algo muy presente en todos sus textos, y siempre con resultados más que notables.  

De este modo, cualquiera de sus novelas, esta misma recién editada, no sólo nos enfrenta a una historia, a unos hechos que no dejan indiferentes, es también toda una experiencia para quien guste de la experimentación literaria. 

Lo consigue además con los temas sempiternos: la vida, el recuerdo, la tragedia, el amor, el tiempo, la culpa, las relaciones. Quien conozca la obra de Gómez Bárcenas, sabrá que disfrutará de la novela. Quien no, va a ser una buena oportunidad de introducirse en un autor que nunca decepciona y siempre asume retos literarios osados, lo que siempre es de agradecer.  

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Walter Tevis

El rey ha muerto

Los relatos completos

Traducción de Juan Trejo

Editorial Impedimenta, 2026

De todos es sabido el lugar eminente que ocupan los relatos breves en la tradición narrativa norteamericana. Cuenta con escritores extraordinarios en este ámbito, con gran dominio del lenguaje y de las historias, y que influyeron en la literatura de no pocos países y en otras lenguas, sobre todo en la literatura latinoamericana, muchos de cuyos autores reconocieron incluso la deuda enorme que tenían con ellos. En absoluto es baladí la lista de escritores norteamericanos que mostraron su maestría en la narrativa corta; quien guste del reto de lo breve tiene en ellos, a todas luces, una experiencia placentera.

Uno de dichos autores es Walter Trevis (1928-1984), un escritor reconocido por sus novelas, algunas de las cuales sirvieron de guiones para el cine, como la inolvidable El color del dinero, que Martin Scorsese trasladó a la pantalla, y cuya narrativa completa, veintiséis relatos, nos ofrece ahora en castellano la editorial Impedimenta, sin duda una buena forma de iniciarse en la obra de este escritor si no se conoce o de adentrarse en ella todavía más.

Son cuentos bien trazados, apenas una anécdota, muchos de ellos nos ofrecen el retrato de un instante, aunque los habrá también que se expanden en un tiempo narrativo más extenso, con el resultado todos ellos de contarnos una historia que absorberá al lector. Algunos de estos relatos se mantienen en un hiperrealismo muy propio de la tradición norteamericana, pero los hay también que se adentran en la ciencia ficción o incluso en un cierto absurdo imaginativo que enlaza con el realismo mágico tan presente en la tradición latinoamericana.

 Llama la atención los personajes tan bien descritos por Walter Trevis y que forman parte de la periferia, la de los derrotados, sin que por ello se resignen al fracaso que les envuelve, intentan siempre superarse, son buscavidas que se enfrentan a las circunstancias, sin que teman hundirse todavía más, asumiendo la posibilidad de caer más bajo, sí, lo que les ocurrirá en algunos casos, pero siempre con el empeño de afrontar lo que son y lo que viven. A todas luces, el escritor no los juzga e insta al lector a no hacerlo, a contemplarlos en una atmósfera que logra describir de un modo magnífico.

Estamos ante un libro imprescindible para los amantes de la narrativa breve o para introducirse en este subgénero que ahora mismo sigue ganando adeptos entre los lectores en castellano, no sólo en América Latina, donde el cuento literario es un pilar fundamental, también en España, donde a estas alturas podemos decir que goza ya de buena salud.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Juan Manuel Gil

Majareta

Seix Barral, 2026

 

Un incidente alborota la vida de una barriada. Lo causa un personaje que está en boca de todos, Leo Almeda, el Majareta, conserje en un colegio religioso y prejubilado repentinamente tras treinta años en su puesto, autor del hecho cuyos detalles iremos descubriendo en toda su envergadura a medida que avancemos en la lectura de esta novela.

Una serie de vecinos, tan variopintos como apasionantes todos ellos, van dando su opinión sobre lo acontecido y sobre ese ser periférico que se convierte en el objeto de esta novela a partir de múltiples comentarios, rumores, opiniones y prejuicios que se van entretejiendo para establecer un hilo que se unirá a otros hechos enlazados al relato central. Intuimos lo complicado que es afrontar lo real, cuando además hay secretos que se afianzan dentro de uno mismo. Porque esta novela habla también de un misterio que viene anunciado por la pregunta inicial, fundamental en toda intriga: «¿Te has enterado?»

Novela por tanto coral, en la que los personajes le describen al narrador, un mero recopilador de testimonios, sus puntos de vista y de paso crearán todos ellos no sólo una descripción del incidente, de su autor, Leo Aldama, que sin embargo no aparece como tal en la novela, no da su versión de los hechos, sólo se habla de él, también de la vida misma, la cotidianidad de una barriada con la que sin duda nos sentiremos identificados. Porque el lector reparará de pronto en que se le está hablando de algo no muy lejano a su propia cotidianidad, la vida misma que asoma en los testimonios presentados, cada uno de ellos con su estilo, no sin ironía en muchos casos, aun cuando apreciemos que en algún momento lo que se cuenta alcanza lo trágico. Hay referencias y momentos en los que pensaremos en la rabiosa actualidad.

Cada capítulo, un testimonio cada uno, transmite los rasgos del personaje que narra, con un ritmo galopante, vertiginoso, y así vamos apreciando entre esta neblina compuesta de palabras algo que nos atrae, que nos atrapa. De este modo, nos arrastrará la intriga y la conmoción de unos hechos, que, como en la mil y una noches, nos inquieta y nos obliga a seguir leyendo, porque al final de cada capítulo deseamos conocer lo ocurrido y todo lo que lo envuelve. Intuimos que al final habrá, inevitable, un giro de guion. Y en efecto lo habrá.

Estamos pues ante una novela que destaca por su historia, por su ritmo y su humor, pero también por su estructura y sus referencias constantes a una realidad y a una forma de encarar lo real muy actual, una reflexión sobre los mecanismos de acercarnos colectivamente a lo que nos rodea, a la manera muchas veces con se forma la percepción del mundo.

 

Reseña literaria-Cecilio Olivero Muñoz

Huérfano buscando el mar

Pablo Méndez

Editorial Vitruvio, 2026

Colección Libros del 30

Se apellidan expósito todos los bebés que fueron a parar a la inclusa. Porque no eran hijos del lugar, ni del parentesco, y huérfanos eran desprendidos de la sangre y de la esperanza, y sí lo eran, depositarios y despojados de una nada entre las estrellas guía. En este poemario se puede pensar que el huérfano buscando el mar es Pablo (autor). Pero Pablo tiene todo un mar donde sus brisas y sus olas acuñan su sueño de ver a sus seres queridos a los que echa de menos. Pero eso es demasiado obvio.

Leer este poemario es abrir una caja de bombones, que viene con mucha calidad presentado, ya que luce una tapa dura como la grata literatura, como un dulce nada empalagoso, que descifra e hilvana preguntas sin respuesta.

En este poemario Pablo ha hecho suya una poética que se desnuda y por la que te sientes reflejado en el lugar idóneo, porque todo aquel que haya perdido a un ser querido se verá reflejado en sus poemas, en su literatura, en una elegía conmovedora que todo apunta a que Pablo tiene un corazón que acepta el mar frente a la pérdida inexorable de la carencia temprana.

Cuando un huérfano encuentra al mar, también debe encontrar un faro. Cuando un amante del mar y su salitre encuentra un consuelo que mezcla lo dulce y lo salado, a partes iguales, es tremendamente coherente con la pérdida cercana. Como un corazón que se presenta helado, y a la vez caliente, caliente y agridulce como parte del peculiar verano que rezuma a poemas tiernos, nostálgicos y conmovedores.

Pablo es un poeta con una voz dulce, tierna y, a veces, en según qué ocasiones, es alguien que cobija la poesía taciturnamente, en las postrimerías del día, es un poeta amigo de la tarde y del mediodía. Pablo tiene una obra de calidad. Es, se nota, un amante del verso breve y explícito. Que combina muy bien atando todos los cabos, aquellos donde la oleada del mar se estrella en la sensibilidad de un niño que siempre será niño, aunque tuviera cien años.

Pablo es parte de una ola que se estrella en el espigón sin viento, ya que es una piedra inamovible, en el que caen todos los poemas que nacen desde la falta que nos hacen los poetas así.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Fernanda Trías

Miembro fantasma

Página de Espuma, 2026

 

«Nadie, ni presente ni ausente, es real» afirma Arturo, personaje de Ciclón, uno de los diez cuentos de este volumen. La afirmación, sin duda, permanece latente en cada uno de los relatos de Miembro fantasma, relatos que nos hablan de cotidianidad, de vida, de metaliteratura, de felicidad y aburrimiento, de miradas de lo real, o hacia lo real, siempre bajo esa metáfora al que se refiere el título, esa sensación de existencia de lo que no existe en realidad. Metáfora que enlaza los relatos de este volumen, la ausencia como tema, los va hilvanando de un modo sibilino. Porque en efecto cada uno de los relatos persiste una ausencia profunda, algo que nos falta, aunque lo sintamos bien presente, y que vamos percibiendo entre líneas, que frustra y pesa en cada una de las diez escenas.

Una vez más la autora, uruguaya y afincada en Colombia, nos cautiva con un lenguaje sobrio y poético a la vez. Crea Fernanda Trías una atmósfera que nos emociona, a veces nos altera y quiebra, en la mejor tradición a la que nos tiene habituados, permítanme el tópico, la literatura latinoamericana, siempre con tanta maestría y tanta variedad en la narración breve. Lo logra siguiendo tal tradición, recordando a todas luces el decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga, pero a la vez consciente de que se deben incumplir también las reglas, la escritura es también poder dar la vuelta a los cánones, manteniendo, eso sí, un giro final en cada cuento que nos sorprende, una breve turbación que atrapa. Contribuye a ello una forma de escribir que es casi médica por su exactitud y precisión.

Pero son también relatos de personajes claves, bien definidos, que logran cada uno de ellos proyectarnos el destello de esa foto que es siempre un relato breve. Es apreciable en el texto que da título al volumen, Miembro fantasma, en el que se afronta la cuestión, en cualquier momento espinosa, de la memoria colectiva, de lo que ocurrió en aquellos periodos sombríos de la historia reciente y que tanta ausencia y tanto dolor produjeron, siguen produciendo porque el tiempo, contra lo que se dice, no lo cura todo, a veces lo posterga o lo normaliza.

Quien se adentre en las páginas de este libro disfrutará una vez más de una narrativa viva, intensa. Fernanda Trías, por lo demás, es una escritora que se ha ganado de sobras el reconocimiento por su labor literaria, en el marco de una tradición que casi nunca defrauda.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Jonathan Arribas

Vallesordo

Libros del Asteroide, 2025

 

Hay una literatura de evocación que acude al verano y a la adolescencia como tema, tema recurrente, podemos decir. No en vano el verano es un espacio de ensueño, de ruptura del tiempo y de acontecimientos que se recuerdan toda la vida. Mientras, ese instante que se sitúa entre la niñez y la adolescencia es un momento de descubrimiento, descubrimos el mundo y nos descubrimos a nosotros mismos, hablamos de primeras veces, de miradas cómplices, de grandes ilusiones y posibilidades para afrontar lo que somos, lo que creemos ser, lo que pretendemos ser. También es tiempo de las primeras decepciones que nos definen y que son inevitables, parte de la vida.

Jonathan Arribas nos propone en esta primera novela la evocación de un verano, el que siguió al quinto curso de su narrador. Para él, lo confiesa a la profesora, el más importante. Ella, al acabar la clase, le sugiera que lo escriba en la redacción que ha encargado como deber, pero que antes se lo cuente a alguien, a un interlocutor, para ensayar. Surge así este relato, el de Nicolás, Nico, que en un pueblo de Zamora se embelesa por el programa Fama, se entusiasma por sus concursantes, los imita, se emociona con sus coreografías, constituyen la base de su propia coreo, la que pretende presentar a una edición del programa para niños. Porque a lo que aspira es a ser bailarín. Lo decide y reafirma en esos meses de estío.

Mientras, nos va contando su verano con su familia que puede parecer normal, como la de todo el mundo, pero en realidad nadie es como todo el mundo, y así comparte el tiempo de verano con sus padres, su tía o su abuela, todos los cuales poseen rasgos particulares, a la vez excepcionales y anómalos, y que viven un momento único. Pero con quien vive ese descubrimiento del mundo es sobre todo con sus amigos Telma e Izán.

De esta manera, el tema recurrente del verano y la preadolescencia se vuelve un relato sensible, lleno de vericuetos y trapacerías. Con una prosa vibrante, nos sumergimos en lo que nos cuenta Nico, nos arrebatará su deseo de vida y sus ansías de definir su realidad. Jonathan Arribas logra así emocionar y atrapar al lector con una prosa que se desborda, repleta de sonoridad. A todas luces, una buena entrada en la literatura, una novela que merece leerse.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Christa Wolf

August

Traducción de Marina Bornas

Libros del Asteroide, 2026

 

August es conductor. Está a punto de jubilarse y ha enviudado recientemente. Ha llevado una vida sencilla, sin grandes sobresaltos. Pero mientras conduce su autobús de vuelta a Berlín, rememora su vida y recuerda su infancia, cuando apenas tenía ocho años y era un huérfano refugiado, tras una guerra de la que nada cuenta más que el vago recuerdo de un bombardeo. Vivía en un castillo reconvertido en hospital, junto a otros desplazados, entre ellos Lilo, una muchacha con quien se junta. Se acompañarán durante un tiempo indeterminado, en ese escenario sombrío sin duda, pero que August, al pasar los años, recuerda de un modo emotivo.

Esta es la trama de este relato, apenas un cuento largo o una novela muy breve, que fue además el último texto de Christa Wolf (1929-2011), escrito el año mismo de su muerte como presente literario a su marido, tras sesenta años de matrimonio. Estamos ante una sencilla pero intensa evocación de una de las escritoras alemanas más importantes del siglo XX, una de las autoras claves de la desaparecida República Democrática Alemana.

A pesar de la sencillez del relato, no exenta de dulzura y sobriedad, apreciamos el dolor por un momento de la historia que dejó no poca desolación a los personajes que vivieron aquel tiempo de horror. No hay en ninguno de los personajes una reflexión sobre lo recién vivido, sólo la descripción de una realidad un tanto opaca que es, sin embargo, emotiva a pesar del dolor. Ni siquiera se plantean el porvenir, los personajes viven fijos en el instante, fijos en un entorno que deja entrever un tiempo de cambio que pudiera parecer sempiterno, pero que no lo es, la muerte y el alejamiento señalan bien a las claras que el tiempo transcurre, inexorable, como han transcurrido los años posteriores, hasta llegar el protagonista a esa edad en que queda sólo el recuerdo y cierta nostalgia, sí, pero no exenta de algo que bien podríamos calificar de felicidad.

La editorial Libros del Asteroide ha recuperado este libro, un texto no menor, aunque corto, de una escritora que merece ser reivindicada por su sensibilidad y su calidad literaria.