Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ota Yoko

Ciudad de cadáveres

Traducción de Kuniko Ikeda y

María Añorbe Mateos

Satori Ediciones, 2025

 

No ha podido ser más oportuna, cuando la amenaza de la guerra se extiende todavía más, la publicación en España, a principios de año, de este libro, un testimonio escrito en 1945. En él, la escritora Ota Yoko, que estaba en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, nos narra las consecuencias en esa ciudad de la primera bomba atómica lanzada contra la población civil, las repercusiones terribles entre los habitantes, la cantidad de muertos que provocó y el sufrimiento entre quienes sobrevivieron a la explosión, a la radiación y a las consecuencias físicas que siguieron en algunos casos matando y, en otros,provocando enfermedades y traumas terribles. Es imposible, mientras se afronta el horror de aquel hecho, no pensar en las víctimas de todas las guerras que ha habido a lo largo de la historia, de las que siguieron a la bomba lanzada contra esa ciudad, hace ochenta años, y de las que se dan ahora mismo, mientras se lee este texto testimonial, en Gaza o en Ucrania, en cualquier conflicto presente.

De un modo claro y directo, sin ornamentos, con una prosa concisa, a retazos, vamos cruzando por una ciudad destruida, asistimos a imágenes terribles de hombres, mujeres y niños destrozados por los efecto de la bomba, sentimos el desconcierto de aquellas primeras horas en las que la autora ni siquiera sabe qué ha pasado ni comprende la envergadura de tanta desolación. No hay un análisis sesudo de aquel lanzamiento que se intentó justificar como un avance de la rendición definitiva de Japón, simple y llanamente se habla de lo importante, de las víctimas de la guerra, de unas víctimas que nunca suelen coincidir con quienes deciden, gestionan y resuelven las guerras y cada una de sus etapas. No en vano escribe la autora que «no solamente debemos lamentarnos por la miseria de la guerra, sino también por aquellos que nos han llevado a ella». Entendemos aquí que nos habla de los dirigentes de todos los bandos, la de los países enfrentados y que deciden que sus ciudadanos maten y mueran, siempre en beneficio de intereses espurios que no coinciden con las grandes proclamas. Pero también deberíamos pensar en quien saca provecho de las guerras, aunque no las declare. 

En el prefacio de su segunda edición, Ota Yoko reconoce su deber de escribir el libro. Escritora antes de la guerra, esta necesidad de dar testimonio de la tragedia vivida la convierte en una de las autoras más importantes relacionadas con la bomba atómica, hubo incluso una literatura adscrita a esta tragedia. Lo cual la encasilló años después e incluso le afectó en su carrera literaria. Lo explica Patricia Hiramatsu en el prólogo del libro. El tema causó no poca incomodidad en Japón, hubo incluso durante unos pocos años cierta censura de los libros y de los artículos que hablaron de las dos bombas atómicas, de allí que se tardara en publicar éste, se publicó por vez primera en 1948,censura que existió también en los países vencedores, en especial en los Estados Unidos, que ha sido el primer país, y de momento único, en emplear este tipo de armasnucleares, aunque utilizó otras de consecuencias tal vez menos graves, pero no por ellos menos trágicas para sus víctimas, a menudo civiles.

De este modo, esta obra de la autora japonesa, fallecida en 1963, se convierte en una declaración clara contra la guerra. No necesita de grandes frases para serlo, basta la descripción veraz de una situación que a todas luces avergüenza a todo el género humano.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Aitor Jiménez

Enemigos del Imperio

Los orígenes coloniales, fascistas

y opresores del Estado español

Verso, 2025

 

Nada surge de cero. Nada de lo que ocurre en la sociedad, a nuestro alrededor, es ajeno a ese proceso de acumulación que es la historia. Acumulación de hechos, de ideas e ideologías, de intereses que van conformando las sociedades actuales. También de métodos de opresión y de poder que se van afinando. Por tanto, conocer lo que ocurrió en el pasado nos permite conocer y comprender lo que ocurre en el presente. Nunca podemos dar por acabados los mecanismos que se dieron antaño, en las diferentes etapas históricas. Ser conscientes de ello nos dará las claves para entender lo que tenemos hoy. Sólo así nos daremos cuenta de los mecanismos que perduran, aunque estén muchas veces refinados, adaptados, encubiertos.

Por eso este libro no es un libro de historia, sino que explica la España actual a partir de ese hilo rojo que nos vincula con el pasado imperial, sangriento, cruel que posee toda estructura estatal. Resulta muy oportuna su aparición, justo cuando de nuevo resurge, como lo ha denominado el propio autor en alguna entrevista, la melancolía postimperialque nunca se ha ido del todo y que reaparece en discursos que siempre han estado vigentes de un modo u otro. En este sentido, hay quien reivindica de pronto la toma de Granada como nuevo horizonte patrio. 

Así, el Estado español se vuelve el objeto de estudio de esa construcción del Estado moderno, que requirió de reinvenciones y procesos que desembocaran en un modelo social basado en la unicidad, una patria, una ley, una lengua, una religión. No fue fácil, la realidad a veces choca frontalmente con los intereses económicos y mercantiles que latieron en ese proceso de globalización que se inició en 1492, año en que coincidieron, por cierto, es muy simbólico, esa toma de Granada y la llegada de Colón y sus marineros a tierras de ultramar. 

A partir de ese año mítico, la población se convirtió en buena medida en campo de batalla. La pluralidad –ideológica o religiosa, cultural o lingüística, racial o comunitaria– se volvió un obstáculo, una molestia que se intentó por un lado combatir –persecución de los moriscos o expulsión de los judíos (expulsados, por cierto, de Castilla en 1492, el año mítico; de Aragón, unos lustros antes; de Navarra, en 1498, cuando todavía no estaba subsumida a la monarquía de Castilla y Aragón)–, pero al mismo tiempo se “exportó” población negra a América para trabajar como esclavos, un trato no muy distinto al que recibieron las poblaciones amerindias. Seres humanos convertidos en mercancía. No puedo dejar de traer a colación, en este punto, a Alejo Carpentier, que describió en algunas de sus novelas y cuentos la situación de los negros esclavos en los territorios del Caribe. 

Esa historia colonial y esclavista incidió en el modelo de Estado, en los debates teóricos tanto políticos como económicos y jurídicos que se dieron mientras España fue un imperio, pero también después, en el largo proceso de adaptación a una democracia en la línea de los sistemas de esta Europa del capital, que intenta mostrarse distinta a lo que fue, aunque late en su seno las prácticas ignominiosas de cosificación y opresión. Prácticas que, por cierto, también sufrió y sufre la población local, la de los diferentes territorios del Estado, pauperizada, explotada y oprimida. 

Estamos, pues, ante un análisis de lo que es España, con todo ese magma acumulado, capas de políticas cruentas que aún perduran, a menudo en forma de argumentos empleados hoy contra varios colectivos, los más desfavorecidos, algunos de tales discursos se presenta incluso ya sin la careta con que se intentaba ocultar el racismo o el clasismo que antaño avergonzaban o se disimulaban y que hogaño se muestran bien a las claras, imbuidos incluso de orgullo. Aviso a navegantes: el caso español no es muy diferente al de otros Estados. Perdura lo esencial, cambian algunos aspectos más o menos importantes. Pero es el Estado español un bueno ejemplo para conocer los mecanismos del poder, de cualquier poder y sus diferentes formas de expresión. Se vuelve a su vez imprescindible este análisis para reflexionar en qué punto estamos en estos tiempos extraños.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Javier Cercas

El loco de Dios en el fin del mundo

Random House

El destino, el azar o la providencia, juntas o por separado, han querido que este libro llegase a las librerías días antes de la muerte del papa. Porque Javier Cercas ha escritomucho en él sobre Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, un hombre que, no cabe duda, ha llamado la atención por sus propuestas renovadoras y su dinámica rompedora, por una forma de actuar que a veces ha sorprendido, ha sido incluso polémica, no sólo entre los fieles católicos, también entre personas ajenas al catolicismo, adeptos a otras confesiones, ateos furibundos o agnósticos sin embargo interesados por cuestiones espirituales o religiosas. De hecho, hay una crítica formulada a menudo por sus contrarios y detractores en el seno de la Iglesia que parte de este interés e incluso simpatías de sectores ajenos a la misma, que inclusive, acusan los críticos, han osado opinar sobre cuestiones de la Institución, algo que el propio Obispo de Roma parecieraque ha buscado de un modo explícito.

Este libro puede ser una prueba de esto último. El mismo autor lo ha contado en su inicio y en las numerosas entrevistas concedidas: en mayo de 2023, cuando firmaba ejemplares de sus obras en el Salón del Libro de Turín, un alto representante del Vaticano se le acercó para proponerle viajar en el séquito del Papa a Mongolia y que escribiese sobre ello con absoluta libertad. Fruto de la sorpresa, Javier Cercas no pudo evitar recordarle al proponente que él era ateo, lo era desde la lectura en su juventud de San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno –la referencia al libro no es gratuita–, que era anticlerical, que ha vivido al margen de la Iglesia en una España que se ha desacralizado a marchas forzados los últimos lustros, aunque la Institución pretenda incidir aún hoy en el país y se mantengan algunos ritos, aunque cada vez con menos significado para una parte importante de la población. Que lo sabían desde el Vaticano, parece que fue la respuesta a su reacción, puede incluso que por eso mismo viniera la propuesta. 

Fue fundamental para decantar su aceptación el deseo de preguntarle al Papa Francisco si era cierto que su madre, tal como ella afirmaba convencida, vería a su marido, fallecido unos años antes, en la otra vida, convicción esta originada en su fe católica,una pregunta, parece ser, que pocas veces se le ha planteado a un Papa de un modo tan directo, por no decir ninguna. 

De este modo se inició la aventura que desembocó en este libro. En él, como no puede ser de otra manera, tal era en gran medida la propuesta recibida, se habla mucho de Jorge Bergoglio, de la polémica que le rodeó siempre, de su labor pastoral en Argentina, no exenta de zonas en penumbra, también de sus compromisos sociales, del intento de continuidad de su línea en el Vaticano. Pero a decir verdad el tema no es tanto el Papa Francisco, sino la presencia del catolicismo, de la Iglesia Católica, en las sociedades europeas, sobre todo las del sur, que han modificado con suma rapidez su relación con la fe, y su importancia en la vida actual, tan desacralizada. También nos habla del diálogo con los no católicos, con quienes se han alejado de la fe o nunca siquiera la han tenido, de quienes viven en una cultura con base católica, pero que en gran medida ya ha dejado de ser católica. 

De este modo, Mongolia, un país con una proporción ínfima de católicos y presencia de misioneros de otros continentes, se convierte en el espejo en el que se refleja el catolicismo europeo. A partir de este contraste y también de las conversaciones tan intensas con religiosos, funcionarios vaticanos, personal civil que trabaja para la Iglesia y sus organismos, Javier Cercas retoma la reflexión que le planteó la novela de Unamuno y él mismo parece interpelado por los planteamientos que se le vanformulando. Al fin y al cabo, en cualquier diálogo sincero e intenso las partes que intervienen cambian sin duda en todos los aspectos. Es inevitable.

Este libro se convierte de este modo en una reflexión sobre la religión en la sociedad actual, de su papel en lo colectivo, pero también en lo personal, se pertenezca o no a alguna confesión, se comparta o no sus planteamientos, teniendo en cuenta también que sus valores y sus concepciones forman parte de ese mundo de ideas que constituyen la visión de la realidad que cada persona se va construyendo a lo largo de su vida. En cuanto a la pregunta que parece obsesionarle a Cercas, la del reencuentro de su madre con su padre en el más allá, para conocer la respuesta que le da al Papa Francisco habrá que leerse el libro.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Edurne Portela y José Ovejero

Una belleza terrible

Galaxia Gutenberg

Vivieron a pesar de todo en el centro de la historia, aunque fueran minoritarios, despreciados, olvidados. Participaron en ella. Con pasión, siempre. A menudo con aciertos. Pero también con errores. Y con sacrificios enormes. Sus miradas en todo caso no estuvieron exentas de razón y de razones. Trotski y sus partidarios, apenas un puñado en medio de los movimientos de masas de la época, intentaron dar luz a un mundo mejor en un siglo intenso, repleto de peligros. Lo pagaron caro, con sufrimiento personal, con familias diezmadas, como la del propio Trotski. Pero qué duda cabe de que sus vidas resultaron apasionantes pese a todo. Hubo incluso entre ellos vidas rocambolescas, inauditas, incluso extravagantes. Como la de Raymond Molinier, que se extiende casi a lo largo de todo el siglo XX. 

Edurne Portela y José Ovejero quedaron atrapados por el personaje. Sus constantes cambios de guion durante su vida, su osadía para llevar a cabo sus planes, su compromiso firme, incluso a pesar de las circunstancias, no son para menos. Indagaron en una biografía que fascina, pero que también tuvo sus claroscuros, como todas las vidas por otro lado. 

Decidieron escribir su historia, que es también la Historia del siglo. Los dos juntos, a cuatro manos. Pero quisieron reflejar también aquellos aspectos más ocultos, los hechos que quedaron en penumbra, por la clandestinidad o porque no siempre es fácil conocer todos los aspectos de una vida ajena. Había que mostrar los debates, las encrucijadas, las dudas y los atrevimientos. También cómo se construyeron los afectos, los que creaban la militancia impetuosa, los de la confrontación ideológica con tantos encuentros y desencuentros. Los de los amores. Las relaciones amorosas no siempre fueron fáciles para los y las militantes, entre el peso de los valores imperantes y el nuevo mundo que se quería construir. Tampoco fueron fáciles los vínculos con hijos e hijas. No en vano optaban, no sin radicalidad y a veces con rabia, bien por seguir los pasos de sus progenitores bien por un rechazo absoluto hacia una militancia que se les había dejado sin padres, literal y metafóricamente.

El resultado es este libro que hubiera podido ser un ensayo, una biografía al uso, pero que ha resultado una novela. Porque la novela permite muchas veces conocer mejor la intrahistoria, sin duda. Claro que optan los autores por intercalar sus propios procesos de búsqueda y confrontación de las opciones posibles a la hora de avanzar en este artefacto que es la novela, donde no se trataba de inventar, sino de imaginar lo que quedaba en penumbra. Incluso no dudan en incorporar su propia cotidianidad, al fin y al cabo es la cotidianidad de Molinier y de quienes le acompañaron en su lucha, mujeres tan interesantes y apasionadas como el protagonista, lo que se nos está contando, porque la lucha revolucionaria fue también cotidiana, una vehemencia rutinaria, una manera de seguir adelante en medio del naufragio.

Quienes ya hayan pasado por la obra de los dos autores volverán a sentir esa quiebra emocional que provoca siempre su escritura. Una vez más, esta vez juntos, no dan tregua, el lector, al igual que los autores, deambularán por el relato y se conmoverán con lo narrado. Queda siempre un remusguillo de lo contado, a la vez dulce y amargo, una vez se acabe la lectura, no en vano su literatura es pura pasión. Para quienes no los conozcan, será todo un descubrimiento y una invitación a recorrer su obra. 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ebbaba Hameida

Flores de Papel

Ediciones Península

Ni que decir tiene que la literatura es también una fuente de conocimiento de la realidad. Además, a menudo, se vuelve una exposición de una experiencia vital que el lector, cuando es sensible y atento, incorpora a su propio bagaje. Marx afirmaba que había aprendido mucho más de economía en las novelas de Émile Zola que en los tratados económicos de su época. De este modo, surge una literatura testimonial que no está reñida, ni debe por qué estarlo, con la calidad literaria, novelas que muestran una situación, que sacan a la luz lo que está oculto, a menudo tapado por capas de interesesestratégicos. 

Es el caso de esta novela de Ebbeba Hameida que comentamos, que además interpela a los lectores españoles por un conflicto que afecta a España, el del Sahara Occidental, un territorio situado al oeste del Magreb y que fue la provincia 53 de España. En 1976, un momento de inestabilidad interior, en plena transición política, España abandona la zona y Marruecos y Mauritania la ocupan, desoyendo las peticiones de la ONU, que desde 1965 clamaba por la descolonización del Sahara Occidental y por la celebración de un referéndum de autodeterminación, a todas luces olvidado en los cajones más recónditos de las cancillerías internacionales. Hoy el conflicto enfrenta a los habitantes de este país con Marruecos, después de que Mauritania abandonara su zona.

Ebbaba Hameida conoce bien aquello sobre lo que escribe. Ella misma nació en los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Forma parte de los saharauis de la diáspora, que viven en otros países, en su inicio con una pretensión de provisionalidad que, por desgracia, tiende a la permanencia. Ejerce el periodismo por la necesidad de contar y de contarse. 

Esta novela nos muestra tres generaciones de mujeres que viven directamente un conflicto hiriente. La abuela, Laila, su hija, Naima, y la nieta, Aisha, son testigos de tres momentos importantes de los últimos lustros. Laila asiste a los últimos años de presencia española y a lo que vendrá después. Naima se compromete con un proceso de lucha y participa en la retaguardia del conflicto, tan importante para mantener la resistencia. Aisha, por su parte, la más joven, vive el desarraigo de la emigración en Europa y la toma de conciencia desde el exterior de sus propios vínculos. 

Las tres mujeres proyectan sus miradas hacia lo que les rodea, se cuentan lo que ven. No son neutrales, la propia novela no lo es, pero no cae en lo panfletario, en lo fácil,sino en la comprensión de unas vidas que forman parte además de ese mapa emocional que une a todas las personas, cualesquiera que sean sus culturas particulares. El texto avanza en un tono sosegado, aunque a veces desgarra lo que se cuenta, hay momentos crudos. Pero también de esperanza, aun cuando la esperanza se confronta a menudo con una realidad poco amable que produce el efecto contrario, la desesperanza, incluso la desesperación. 

La novela es por tanto una invitación a conocer esa cultura tan ligada al fin a nuestro propio pasado, la de unas personas que hasta hace bien poco formaban parta de un mapa común y que no deberían ser olvidados. Mucho menos abandonados otra vez.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Nuria Labari

No se van a ordenar solas las cosas

Páginas de Espuma, 2024

¿Estamos atrapados en nuestros cuerpos?¿O acaso son las circunstancias las que nos rodean y limitan de un modo azaroso, sin vuelta atrás?¿No serán tal vez las palabras las que nos encierran en la hendidura estrecha de nuestra rutina y nuestros privilegios, y de pronto, al confrontarlas con las de los demás, nos descubren nuestras carencias, nuestra debilidad? 

Son algunas preguntas que nos plantean los seis relatos de este volumen de Nuria Labari, seis collejas que sin duda alteran nuestra aparente normalidad. La mujer bien situada, progresista y liberada, de pronto se da cuenta de que el orden de su mundo se resquebraja ante el espejo de su asistenta, inmigrante. Lo mismo le ocurre a la profesora voluntaria de castellano, que se encalla ante su joven amante magrebí en una situación que, a todas luces, cambia el significado de las palabras. Como zozobra la familia que busca exotismo y lo que descubre son sus propias fallas. O los personajes atrapados en sus cuerpos, el del joven adolescente que se irrita ante lo que ve en el espejo, sea o no real, la mujer que se enfrenta a la debilidad y a la muerte de sus seres queridos, o el anciano homosexual y judío que se desmorona ante un contratiempo casero, tal vez bajo la mirada trágica de sus antepasados y de sus coetáneos, o la conciencia de las trampas de la vida o de las contradicciones tan esenciales como su ser.

Los relatos nos confrontan al artificio de nuestra realidad, aquella que consideramos normal -¿normal como lo estándar o lo habitual o normal como lo normativo?–, y aquí, al terminar el libro, muchos nos preguntamos, como uno de los personajes del libro, si no hemos vivido nosotros también a espaldas de lo fundamental. 

Son relatos que rompen las miradas cotidianas de nuestras propias vidas. Es importante que nos fijemos en las palabras con las que Nuria Labari construye las historias y la perspectiva desde la que se proyecta cada uno de sus cuentos, seis posiciones, seis construcciones de uno mismo y del mundo que envuelve a los personajes, y que en una analogía perfecta podemos trasladar a lo que somos, a nuestras vidas. Porque las palabras, al final, es lo único que tenemos, son las piezas con las que nos vemos y construimos el mundo, sobre todo si asumimos que la ficción del pasado, y la memoria puede que sea realmente una fuente de ficción, una invención del pasado, contamina con su niebla el horizonte.

Es un libro que no puede dejar indiferente, que turba, que nos desorienta en cierto modopara obligarnos a afrontar la realidad, siempre es bueno que la literatura cuestione y replantee la existencia, la de los personajes y la de los lectores. Sin duda tal es el sentido de la literatura.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Gonzalo Calcedo

La chica que leía el viejo y el mar

Menoscuarto Ediciones, 2024

 

Ya podemos decir, para satisfacción de quienes nos deleitamos con los relatos breves, que estos han adquirido en la literatura española plena carta de naturaleza. Claro que era algo propio de España, no de la literatura en español, el prejuicio contra las historias cortas, porque en la tradición latinoamericana el cuento es todo un pilar literario desde antiguo. Aunque a decir verdad, volviendo a España, tal vez sea un tanto tópico afirmar de forma categórica que siempre se considerase el cuento literario algo secundario, una mera práctica del escritor para afrontar lo serio, la novela. Al fin y al cabo, se ha cultivado bastante y han sido muchos los prosistas que los han escrito, desde los inicios de su literatura además, contamos por ello con una buenísima tradición de textos breves, e incluso ha habido autores que los han ejercitado de forma exclusiva, como Medardo Fraile, o importante, como Ignacio Aldecoa.

Sea lo que fuere al respecto, hoy contamos con escritores habituales y brillantes en la escritura del relato breve. Uno de ellos es Gonzalo Calcedo, autor que nos ha ofrecido en su carrera literaria unos cuentos excelentes en los que, a partir de una anécdota, alrededor de un detalle, apenas un incidente nimio, se nos cuenta una historia que va a despertar en el lector, tal vez no una sorpresa, pero sí cierto pasmo, y sobre todo le dejará el remusguillo placentero de la satisfacción de haber leído algo muy sugerente.

Los diecinueve relatos que componen el volumen que comentamos cuentan meros incidentes cotidianos, encuentros fugaces, hay mucha inmediatez en lo narrado, pero a la ligereza aparente se une un estilo poético, una poética rutinaria gracias a personajes que no lo son tanto, rutinarios, aun cuando lo parezcan, algunos de ellos resultan incluso bien curiosos, insinúan un carácter más allá de lo usual, y plantean un lance que parece estar al borde de cierto absurdo, en el mejor sentido del término, historias minimalistas de vida que, no obstante, sorprenden en sus gestos, asombran por sus reacciones y desembocan en escenas afectivas que despiertan sin duda una emotividad profunda.

Se trata de hombres y mujeres en gran medida solitarios, siempre en movimiento, en tránsito, salen de un lugar que no sabemos y se dirigen a otro que no conocemos, en medio les pasa algo que es propio de una extrañeza a pie de calle, un hecho que no llega a suceso, pero que nos encandila como suelen deslumbrar de pronto las pequeñas cosas cotidianas si hay capacidad de observación. Los relatos de Gonzalo Calcedo nos trasladan en cierto modo a la tradición cuentística norteamericana, ya el propio título del volumen, el de uno de sus relatos, es un todo un guiño, en la que la historia es ínfima, el cuento es como una foto, tal como nos indicaba Julio Cortázar, donde el brillo está en la sugerencia. Y estos cuentos lo logran, brillar por sí mismos.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

 

Gonzalo Fernández Parrilla

Al sur de Tánger

Un viaje a las culturas de Marruecos

La línea del horizonte ediciones

 

Viajar es sin duda una actividad saludable. Contemplar otros lugares nos permite ampliar miradas, la mirada hacia los otros, otras culturas, otras sociedades, otras formas de vivir, y también la que proyectamos sobre nosotros mismos y el lugar donde vivimos. Nos vuelve más críticos, más introspectivos. Viajar, suele decirse, nos ayuda a conocernos mejor. Hay mucho de todo ello, no cabe ninguna duda, siempre que el viaje se planteé de un modo abierto y sincero, sin prejuicios y con la curiosidad suficiente como para mirar más allá de las fachadas y de los tópicos al uso, asumiendo el aprendizaje que conlleva el recorrido. 

Gonzalo Fernández Parrilla nos propone en este libro suyo, breve pero intenso, una mirada a nuestro vecino del sur, a Marruecos, un país desconocido o que ha sufrido y sufre aún hoy no pocos clichés. Al exotismo estereotipado que perdura todavía, hay que añadir la mirada de los colonialistas de antaño, que reducía la realidad del colonizado a un imagen que convenía a los intereses del colonizador, la de los bohemios que vivían en Tánger y cuya mirada estaba también estereotipada, la de los turistas de hoy, que viajan de un modo cuasi industrial. La única forma de darle la vuelta a este reduccionismo es contemplar también a través de la mirada de sus habitantes.

El autor nos invita de este modo a conocer, entre otros, a los escritores y artistas marroquíes que reflejan en sus obras una realidad variopinta, tan variada como lo es toda sociedad. De allí lo idóneo del plural del subtítulo: un viaje a las culturas de Marruecos, la que se expresa en amazigh o en árabe, la que escribe en francés o incluso en castellano. El autor menciona varias veces a uno de los escritores más representativos y con una fuerza deslumbrante: Mohammed Chukri. También nos invita a conocer a otros autores y artistas, de este modo el libro se vuelve una buenísima introducción a la literatura y a las culturas marroquíes. A través de ellos y de sus obras se nos presenta y describe una sociedad dinámica, al final no muy diferente a otras sociedades, a la nuestra sin ir más lejos, que tantas cosas compartimos con ella.

También recoge las miradas de escritores españoles que conocieron el país: Ángel Vázquez o el periodista Eduardo Haro Tecglén, nacidos ambos en Tánger, o Juan Goytisolo, que marchó a vivir a Marrakech, donde murió. 

Además, el libro recorre un sinfín de lugares, Tánger, Tetuán, Marrakech o Rabat, el Atlas, el Rif. Nos introduce en sus culturas y sus paisajes lo suficiente como para despertarnos la curiosidad. Pero no es un libro de viajes. Tampoco un estudio más o menos planeado. Se trata más bien de un libro de notas que sugiere un paseo emocional y paisajístico por Marruecos, y que se convierte al fin en una incitación al viaje de verdad, de esos viajes que nos cambian por dentro, además de imbuirnos en una sociedad que tenemos tan cerca y de la que podemos aprender bastante.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Garazi Albizua

Termita

Galaxia Gutenberg, 2024

No es una heroína, en absoluto. Su vida no es extraordinaria, pero tampoco la protagonista y narradora de esta novela se adapta como personaje a lo que la teoría de la literatura de nuestro tiempo tilda de antihéroe, porque afrontar, afrontarse, tiene siempre algo de osado. Y la heroicidad quizá consista en eso, en afrontarse.

No obstante, pese a que la narradora nos habla de sí misma y de su entorno, la novela escapa de lo autorreferencial, o al menos de cierto tono ególatra de los personajes que van de víctima, en esta novela no hay nada de eso, y así vemos que cede protagonismo a su abuela, ejercen de espejo una de otra donde reflejarse, quizá comprenderse, aunque es ella la que se va buscando entre líneas. Y de paso describen el mundo que les rodea.La abuela es también fundamental para comprender a una narradora que sobrevive a una sociedad que la sitúa en los márgenes, no es una mujer al uso, ni en forma ni en fondo, no es lo que se espera que sea una mujer “normal” de nuestro tiempo, aunque haya sin duda tantas mujeres como ella, las que sufren la dictadura del ocio, como ella misma dice, las que se piensan a sí misma como protagonistas de una novela que no es la suya, las que se enredan en las mentiras de las fotos y se enfrentan a la culpa visible en los rincones.

Contarse a sí misma para comprender el (des)orden de las cosas y de la vida es lo que hace la protagonista de este relato, y contempla el mundo con ese tono suyo que puede resultar abrupto, macarra lo califica Edurne Portela, la prologuista. Es al fin y al cabouna chica de barrio con un trabajo precario y una vida en la que se va hilando una eventualidad que puede volverse permanente, peor aún: rutinaria. Siempre con una sensación de ajenidad ante todo.

Es el estilo incisivo, las frases breves, drásticas, las que nos van dando una idea de quién es la narradora. Se trata de una escritura casi tan metálica como cierta música urbana que nos devuelve una imagen del existir en esta neo-posmodernidad en que vivimos. Quien guste de encontrar una escritura novedosa, un estilo propio y rompedor, sin duda gustará del texto. Atentos al estilo que se vuelve en parte fundamental de la novela, merece la pena una lectura que disfrute de los vericuetos de las frases y de suironía punzante, afilada, algo que se agradece a la autora, Garazi Albizua. En unos tiempos de escrituras tan repetitivas, ha conseguido una novela que brilla por sí misma. 

La vida es al fin el argumento de la novela, sin duda por ello nadie quedará indiferente a una narración con tantos ecos de lo que nos rodea.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Juan Gómez Bárcena

Mapa de soledades

Seix Barral, 2024

 

Sin duda estaba muy acertada la pintada que vio un día el autor en una pared y que indicaba que la soledad es buena hasta que te sientes solo. Da pie además a esa distinción mencionada en el libro entre soledad, solitud y soledumbre, estas dos últimas palabras ahora en desuso en castellano, pero que habría que recuperar en estos tiempos de profunda soledad, tan palpable nada menos que hace cuatro años, en pleno confinamiento. Parece que haya pasado toda una eternidad sin embargo, aunque a decir verdad la soledad nunca estuvo fuera de debate social o de la realidad, no es ajena anuestras vidas, ya estén aisladas o en compañía, y a nuestras experiencias.

La soledad es el argumento de este libro, lo deja claro su autor en el propio título. A partir de treces espacios físicos, Juan Gómez Bárcena va desgranando la soledad forzada y la soledad buscada, que no otra cosa es la solitud, a veces ansiada y necesaria,pero también uno se confronta a ella en lugares recónditos, salimos tal vez por ello de las ciudades en busca de la sensación física de estar solo, la soledumbre, pero también la sentimos entre nuestros congéneres, en los lugares repletos de seres humanos.

La soledad, qué duda cabe, se confronta a nuestra propia naturaleza, somos seres sociales, se nos dice, aunque también es verdad que la sociedad nos ha alejado no pocas veces de la naturaleza, de allí tal vez la necesidad de aislarnos, de desprendernos del disfraz escogido cada mañana del armario. Pero al fin, frente a la necesidad de anonimato y como nos recuerda el autor, necesitamos existir ante los ojos de los demás para saber quiénes somos.

De este modo, este libro es una reflexión sobre la identidad, sobre lo que somos, a partirde esa soledad que abarca tantas situaciones y no pocas variables. Para ello ha sido necesario poblarlo de muchas personas, lo indica el escritor al final del libro, porque la soledad propia se comprende mejor en compañía. Y la lectura comporta también la compañía, como diálogo que es. Juan Gómez Bárcena acude a espacios físicos, pero requiere del arte y la literatura para enfrontarnos a una imagen tenaz, en ocasiones hiriente, de nosotros mismos, porque no hay duda de que el arte y la literatura son el espejo a partir del que entendernos. 

El resultado es un libro que nos conmueve, en ocasiones llegará a inquietarnos, va a provocar un verdadero trastorno, un zarpazo emocional. Es algo muy propio de este autor, que requiera del lector, casi le exija, una reflexión profunda de sí mismo, hasta la convulsión porque siente éste que se le interpela intensamente y porque al fin es de él mismo de quien se habla, de quien avance por sus páginas para reflexionar de sí mismo. Lo logró en sus novelas anteriores, lo consigue con este libro que demanda sin dudanuevas lecturas por el poso que deja y los muchos cuestionamientos a que da lugar. Una vez más la experiencia literaria se vuelve también experiencia personal.