30º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

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30º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXX    03-04-2.009

 

EDITORIAL XXX

Triste Aniversario

 

 

El 1 de Abril conmemoramos el final de la Guerra Civil Española, el triunfo del fascismo, la derrota de la República. Hace setenta años se inició una época siniestra en la historia de España que duró treinta y seis años. Esa guerra fue el preámbulo de la IIª Guerra Mundial y tal vez por ello la Guerra Civil Española se rodeó de un significado especial, simbólico. Hubo muchas cosas en juego: el concepto de libertad y de democracia, la lucha contra el fascismo -en plena expansión en Europa desde la década de los veinte-, la propia Revolución Social, que se produjo tras el 18 de Julio del 36 y con una notable influencia del anarquismo y de corrientes marxistas desvinculadas a Moscú.

 

Setenta años después todo aquello resulta muy lejano. Aunque se discute sobre la memoria histórica y la necesidad de recuperar el recuerdo de la época, algunas veces con cierto sectarismo, es también cierto que hoy hay injusticias graves muy acuciantes contra las que luchar. Creemos que el mejor homenaje a los derrotados de la época, a aquellos hombres y mujeres que quisieron una sociedad mejor, es responder a las injusticias de hoy con honestidad y radicalidad. Sin duda, los combatientes antifascistas de aquella época estarían hoy enfrentados a la miseria globalizada, al desempleo y a la precariedad, a la migración salvaje, nueva esclavitud de los siglos XX y XXI, a las guerras, a la destrucción ecológica del planeta.

 

Por otro lado, también nos gustaría que el ambiente cultural fuera similar hoy. Sin embargo, la banalidad de los debates públicos, la insustancialidad de muchos medios de comunicación, atentos más a la privacidad de las personas, a los cotilleos, que al análisis de la realidad colectiva, el desmoronamiento del sistema educativo, todo ello nos produce no poco pesimismo. Es verdad que la España de entonces es distinta a la España de hoy, aun cuando haya todavía aspectos que las acerquen, pero lo que echamos de menos es sin duda la actitud ante la realidad, tal vez lo que más nos gustaría recuperar hoy.

 

El profesor Mainer calificó de Edad de Plata de la cultura española los años que van de finales del XIX hasta la Guerra Civil. No podemos dejar de envidiar la vida cultural de entonces, ya hemos hablado aquí de ello en algunas ocasiones. Es verdad que abundaba también el analfabetismo, pero una de las obsesiones de la República, sin duda la más loable, era llevar la educación a cada rincón del país, como lo recuerda Josefina Aldecoa en alguna de sus novelas. Sin duda fue el mayor de sus aciertos.

 

Por eso es  necesario recordar aquella época, aunque sin hacer de la memoria una herramienta de usurpación de la verdad. La IIª República tuvo muchos logros, pero también muchos fracasos. No logró erradicar la pobreza, la explotación, un sistema económico injusto, aunque pretendió reformas en ese sentido. Tuvo la educación y la vida cultural sus dos principales éxitos. Hoy nos gustaría parecernos a ese tiempo.

 

 

ALFABÉTICO DIABÉTICO

 

Soy como la erre que suena diferente,

Siendo la misma de siempre,

¿Por qué suena rosario y remero

diferente al  ronronear del perro?

¿Será por que camino a ras de suelo?

O como la ele que acompañada

Por su hermana gemela suena elle.

¿Y por qué su prima griega sola es Y

y acompañada suena yo?

¿Será que el yayo está lleno y es bello

y el Lolo además de mellado es un lelo?

¡No le encuentro la sal a tanta sopa de letras!

Soy el melao de caña en sangre,

Soy la furtiva olor que se te escapa,

El alocado niño de sombras

Que de sombra a sombra se marcha.

Soy el “huye” del agua

Cuando  tiran de la cadena.

Soy lo que tú quieras que sea,

Soy el apaleado de la pelea.

El que aguanta tus mareas bajas,

El que baja por que se marea.

Soy la voz de tu antojo,

El que luego a la noche te vela,

El que camina como un cojo

Tus rincones de negra tiniebla.

El paseíllo de tus correrías

que no se asombra de tu manera,

pues aprende el solito,

y ve que es comparando quién era.

Y compara y comparará

y sale por petenera. En duermevela.

El niño de tu patata

Tiene tetas, tiene tetas.

Será que lleva el alba

Entre sus piernas, entre las piernas,

Y se desnuda cuando

Viene ella, viene tierna.

Y sueña con su consuelo

Luna arriba, noche quieta,

Y beso por que te quiero

Niña fina, mujer bella.

De suspiro a suspiro

al verso a verso.

Del poema lírico

Al teléfono.

Del olvido

Al recuerdo.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

BATALLA CAMPAL

 

 

         Batalla campal. Escuché la expresión para definir lo que había sucedido aquella noche y pensé en lo absurdo de la misma: nada más lejos de un campo ese sinfín de calles del Casco Viejo, ni un árbol había, ni una flor más allá de las escasas macetas en los balcones. En cambio batalla sí que era exacto. Durante horas se habían dado choques entre policías y manifestantes, primero como escarceos o rifirrafes, después ya como enfrentamientos directos. Desde la misma calle y luego desde la ventana del piso vi las balaceras de la policía, balas de goma, decían, y botes de humo y persecuciones con porras en ristre, mientras que la otra parte, los manifestantes, obreros o estudiantes, no lo sabía a ciencia cierta, tantas eran ya las manifestaciones en aquellos días, respondieron con piedras, palos, ladrillos y otros objetos, irreconocibles por la velocidad o la distancia con que se lanzaban contra los policías acompañados por gritos, insultos sin duda, pocas consignas a medida que pasaba el tiempo.

         A la mañana siguiente, cuando bajé a la calle, el paisaje era desolador (vaya adjetivo tan tópico, pero qué quieren, uno es hijo de su tiempo): escaparates rotos, restos de barricadas, algunas con huellas evidentes de haber estado ardiendo, y una tremenda soledad  y un silencio que se imponía con fuerza, la poca gente que cruzaba el barrio hablaba entre sí en susurros, como si no quisieran quebrar esa paz que, dicen, sigue a la batalla (campal o callejera, tanto da) y escuché lamentos, siempre estamos igual, quejas, es que la policía actuó con desmesura, lamentaciones, no saben negociar.

         Aquel había sido el barrio de mi niñez. Pero hacía mucho tiempo que me había marchado, del barrio y de la ciudad, y nada me ataba a él. Mantenía un piso heredado, tal vez por una nostalgia que durante mucho tiempo no había sentido, pero que desde dos años atrás comenzaba a notar. La edad, imagino. Llevaba de vuelta dos meses ya, algo infrecuente, a los dos días en la ciudad me entraban ganas de marcharme, dejar aquellas calles para evitar recordar demasiadas cosas de mí mismo.

         Los rostros de la gente con que me cruzaba no me resultaban reconocibles. Seguramente, si me esforzaba, los recordaría, habría hablado con ellos más de una vez y ellos, de comentárselo, sabrían quien era yo, el hijo de Carlota, los más viejos del lugar aún hablarían de ella, pero prefería ser un visitante que conocía bien el barrio pero que le era ajeno. La ciudad había crecido lo bastante y ya había mucha gente de paso como para que nadie se sorprendiera de mi presencia, un extraño, en las calles. Me acerqué a un corrillo. Todo es un desastre, decía una mujer y no sé si recriminaba algo a alguno de los bandos o simplemente era un balance general. Guardaron silencio. Miré el rincón, un cruce entre tres calles, y recordé que allí, años atrás, me enamoré. Dudé, no obstante, que aquel amor existiera realmente, el tiempo lo diluye todo. Por uno de las calles se llegaba a un café que se mantenía abierto más de un siglo y donde en aquel tiempo me pasaba horas leyendo y, sin duda, en alguna de las mesas, comencé a escribir algún cuento o un poema, sin duda malo. Entonces no sabía qué iba a ser en mi vida y me dio miedo encontrarme, como en el relato de Borges, conmigo mismo con demasiados lustros de diferencia.

         Dejé el corrillo y seguí andando sin rumbo. Llegué al río. Al otro lado había otras calles, otro estilo, otro barrio. Me apoyé en la barandilla y contemplé las aguas que avanzaban pausadamente. Recordé que nunca te puedes bañar en las mismas aguas dos veces y que aquellas desembocaban en el mar, que es la muerte. No quise ponerme meditabundo, así que seguí andando. Las huellas del choque nocturno estaban presentes en casi todos los rincones que contemplaba. No había sido un sueño, me dije, nada lo había sido. A veces uno contempla por la noche aquello que uno no llega a sentir del todo, eso de lo que no se es consciente. Eso decían al menos, pero no era mi caso, al menos en lo que a los enfrentamientos se refería.

         Me inundó no poca tristeza. Era el síntoma, sin duda. Tenía que marchar de nuevo. No podía quedarme más tiempo. Me adentré de nuevo por callejas estrechas y un niño saltaba una barricada, ajeno a su significado, a los hechos ocurridos, a la violencia desatada, como un mero y simple juego.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

ORUGA DE ALGODÓN

 (Continuación de alfabético diabético)

 

Quiero beberme la ciudad de un trago,

Y luego después, mearla en el charco

De la alegría soñada.

Quiero polinizar a la flor,

Poetizar el aire, estremecer

Al cántaro y absorber el adiós,

Cuando te vas. Adonde no sé yo.

Quiero ser roca, también dedal

Y comerme los guijarros

De tu pasión de claridad.

Quiero pedir permiso

Tan solo por mirar.

Quiero ser tu monaguillo

En la eucaristía

De tu cristiandad.

Y volar y volando cerca

De la yegua amarrada

A un portal.

El latido de tu patata,

La risa del despertar

Y el que asusta tu caminar

Cuando vas del huerto

Al corral.

El porro y la porra,

El olmo y la alma,

El gorrón y la gorra,

El faro y la farra.

El polo y la polea,

El gorrión que revolea,

La alondra que sisea

Y el mar que se menea.

El pollo y la poya

El whisky que marea,

El hoyo y la olla,

El jazmín que ronronea.

¡La canción criolla!

Me sale por peteneras

Y un millón de bulerías

Fueron tristes habaneras.

Quiero cantar mi canción

La de mis 16 primaveras.

Me saluda un loco acordeón

Que sueña susurros de estrellas.

Quiero cantar y cantar

Tonos de mil quimeras

Y estampar el color

Gris aquel de mi tierra.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

EL DON DEL JUBILADO

 

Me suben las hormigas

por los pies,

pierdo el tiempo

sentado en el water,

nunca pensé presentarme

al club de los pusilánimes.

Los frutos del amor

son un beso sediento.

No venderé por

Setecientos y ¡¿cuantos?!

La bicicleta que cambié

A un esclavo.

Ósea, no creo

Ni por un centavo

Hacer leña del árbol

Quemado.

Ya que, me enrolé

en la mar,

no sé en que momento

ni cuando,

pero sé a lo seguro

que mi corazón

se marchó,

no por un rato,

sino por las veinticuatro

horas del día

los trescientos sesenta y cinco

días del año.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

PELECANUS

 

Una mujer entra en mi casa. Camina con pesadez, formando tras de sí un camino de arena, vestíbulo de baldosas amarillas. Se sienta frente a mi escritorio. El contacto con el respaldo de la silla transforma a la mujer en una catarata: de sus brazos, de sus piernas, mana el agua con olor a estancado, quién sabe si venida de la orilla del mar. Mi espía: uñas como lunas menguantes, quiero saber qué estás buscando en mí. Durante un rato observo sus rasgos conocidos, juego a trasladarlos a mí misma, me fijo en su vestido blanco manchado de rojo a la altura del pecho. Golpe. Sé lo que buscas en mí. Y ella responde: soy el pelícano, te beberás mi sangre, te comerás mi carne cuando no tengas nada.

 

Por Elena Medel

 

 

 

OROTINA

 

Aquí, en este bello Cantón, donde el calor abunda y cada año en la feria tradicional el aroma de las frutas se mezcla con el sonido del viento en los árboles cercanos a este evento.

 

Aquí es donde nació el amor…

Donde nace la fruta, la buena fruta, con el silbido del tren, las miradas se cruzan como se cruzaron las nuestras hace tiempo, ¡¿recuerdas?!…y los recuerdos adornan la estación, brilla una luz en el corazón.

 

Aquí es donde vive mi amigo don Gardelio Arce León es su nombre, respetable señor, dueño de una historia viviente en el ferrocarril.

 

Sonríe el Sol abrasador y sudan los recuerdos y las lágrimas que no existieron porque se ahogo el sufrimiento, entonces me miro años atrás recostado a un árbol mientras estudiaba y soñaba a orillas de aquel lago donde escribí mis primeros versos.

 

 Sólo el paisaje de aquel embalse fue testigo de mi sentimiento…, pregunté al reflejo de sus aguas si un día serías mía y me respondió con la quietud del silencio.

 

 

Esperando hacer realidad mis sueños fueron cayendo los años uno a uno, como caen las hojas en el verano. Y seguí esperando y buscando aquel amor que estaba en el aire, aquel amor verdadero que vive por siempre…

 

Que grande es el amor que se envuelve en una melodía para dos, ese amor es el mismo que María olvidó y desde entonces como una rama seca es mi corazón.

 

Luis Alberto Chinchilla Elizondo

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico:  luischin_63@hotmail.com

 

1er premio en el1er concurso de poesía

de la Revista Cultural “Espíritu Literario”.

ZAFIROS DE AZUFRE

 

Se filtra la locura luminosa como un torrente seductor, por el absurdo ego de mis mal nacidas venas. Las sensaciones infinitas del humo del fuego, nos amalgaman como caballos de azufre. Las miradas profundas incitan a un roce loco a nuestras pieles. No sé si quieres, lo que yo deseo. Estoy cansado de vivir exiliado en el olvido como una de tantas estrellas solitarias, que conviven a tres millones de años luz del amor. ¿Serás tú la cálida aurora, que anhelé para mi otoño? Deja que los jinetes de mi corazón se inspiren, con el embrujo de los deseos de nuestras pieles tibias. Deseo amarte con bravura loca y sin la más mínima mezquindad. Nuestros cuerpos se sumergen en unas policromías cóncavas de sombras y profanas palabras… deliciosamente obscenas. Sé que estás devorando todos mis besos. Mis sentidos bailan al ritmo de tu pudor desbocado y te deseo con todo el aliento, de las entrañas de mi interior. Necesito habitar tu intimidad, para reencontrarme con la vida y confiarle mi corazón al latir, de tu entrelazado camino. Me siento como un pirómano de corazones enamorados, como un Cristo cuando resucitaba corazones y sentimientos muertos o como un aborigen capaz de hacer fuego con sus propias manos.

 

Los sábados nos reunimos para celebrar en intimidad, el ritual del holocausto en el mismo sitio. El pollo, las papas saladas, el ron y tres litros de Coca-cola. El destino nos ha citado primero mes tras mes, luego año tras año. Los amantes alucinamos o perdemos la noción del tiempo, cuando habitamos la boca del azufre del otoño. Quiero que seas mía hasta siempre, así sea por un átomo de la eternidad. Quiero imaginarme preso por tus grilleteras piernas, besar tus hermosos pies y todo tu cuerpo como un complaciente eunuco, para que puedas ensoñar con magia y sin miedo, durante las locuras de tus desaforados orgasmos. Quiero que seas mía, hasta que sientas estallar estrellas entre tus vísceras y revolotear mariposas dentro de tu estómago, mientras te deslizo una sinfonía de besos improvisados o sin libreto. No soy un mago para hacer milagros con las manos de las palabras, pero si deseo deslumbrarte y desnudarte con el ritual del fuego y del azufre, para que sanen nuestras mutilaciones y vuelvan a conocer el insomnio, nuestros sexos. Vibra con la sabiduría violenta de las jóvenes o como las palabras cuando resucitan y derrotan al miedo. Quiero hacerme indivisible y abrazarme a las espinas, para saborear con regusto el alba de tu rosa. Deseo fruncirme con una joven para dibujar con la fatiga, sombras abrazadas sobre el espejo. Que su mutismo se embriague con la pulpa del glande o con el jugo de la sabiduría melosa.

 

Revueltos mis sueños por el viento, se arrastran como un cuerpo asediado por miradas llenas con deseos impuros. Busco palabras para salvar mi alma, mientras mi cuerpo se pudre insepulto. El pudor de tu carne no es más que un amoroso aullido del deseo. Mi carne desértica se secó de tanto aguardar desnuda y oreándose en el invierno. Siento hipotermia en todos mis miembros ¡hasta mi verga ha dejado de latir! La serpiente virginal de la violencia, se ruboriza al ver como las palabras le aplastan cual uvas, la cabeza murte a las víboras que se declaran enemigas de la sociedad. Dentro de mi mente se oculta el celaje de los susurros de las entrañas. Mi cuerpo es una tumba de recuerdos devorados por una tristeza infinita.

 

Quiero que me seduzca la belleza de tus pechos y vivir el galope desbocado de tus caderas, arrancándole uno a uno los zafiros al azufre de las estrellas. No deseo que el pudor me prive del placer lujurioso de saciar mi sed, entre la madreselva coralina del mar. No he enloquecido, simplemente aluno por tus cabellos perfumados, rizados con el splash del deseo y con la magia salvaje de las sílabas, cuando copulamos con el instinto animal, excitado por el carnaval de las feromonas. Cuando me desnudo y camino hacia la bruma, el silencio centenario de los árboles, la mirada de los desconcertados pájaros mientras que penetran rayos de luz, cual saetas mensajeras de un cielo que imagino o de ese paraíso invisible, que aguarda por nuestras almas. Te convido a caminar desnuda conmigo sobre el musgo y una colcha de hojas caídas. Me fascina la sobriedad y la dignidad de los árboles; la insensibilidad de sus pieles, su indiferencia con las caricias del viento y las lágrimas ardientes del rocío.

 

En el esplendor del Apocalipsis, te mordisqueo el lóbulo, tus comisuras y el cuello con desespero ¡hasta te fastidio con un beso al oído, pero que ha hecho derretir a otras amantes! Me abrazo con desespero a tus carnes, como esos náufragos que saben que entre la vida y la muerte, solo existe un poquito de benevolencia o morbosa maldad de Dios. Soy el volcán imaginativo del néctar de tus lágrimas. No sé si el océano sea cómplice o si en verdad intenta aplacar los gritos de las llamaradas que me devoran. ¡Soy como un mar de arenas blancas por explorar! Soy un corsario sediento de perlas, de desembarcar en islas vírgenes o anhelo el clítoris de una princesa, para unirme para siempre en la capilla del mar. Son negras mis intenciones como el color de mis pecados, como la sangre de nuestra historia o las finalidades de nuestros ancestros. Amo el color negro de mi alma, esculpida como la belleza de las mujeres patinadas de ébano. Solo nos conocen bien los ángeles y los demonios. Saben quienes somos y qué les pertenece. Creo que conoces todos mis pecados y tienes una idea muy cierta, de las fantasías que deseo hacer realidad. Busco el límite de la indetenible quietud del fuego, revoloteando como un pájaro o un arcángel. El aroma del deseo, me hace sufrir más que ésta inadmisible e ilógica soledad. No deseo deforestar tu piel, para saciar un capricho. Me encanta verte y sentirte como una amazonía virgen, cubierta por sensibles y delicadas fibras, ónix como el color de los ojos de tus desdichas. Eres de las amantes que aman intensamente en el silencio, como si te hubieses tapiado dentro de un diabólico convento. Hay personas sensorialmente tan absurdas, que son como una sonda anal. El suicidio ayer pudo ser un oasis, un intento por escapar imaginando alas o puertas abiertas. Ahora la vida me sonríe cínicamente por conservar una apariencia digna. Agradécele a la histerectomía ¡el sexo libre!

 

Quiero que me quites la ropa para amarnos de pies y de rodillas; sentados, acostados así o asa, como las putas o las amantes experimentadas, que jamás olvidan los corazones vagabundos. Amémonos al borde de la cama, sobre el piso, en la cocina, en el baño o en la terraza; pero ámame que te deseo sentir dentro… muy profundo… adentro como un tren introduciéndose en un túnel infinito con sensaciones novedosas. Una mujer desnuda como tú, me alucina como la enigmática muerte que se levanta invisible todos los días y nos aguarda, cual mastín esperando una  recompensa. Quiero sentir el fuego de la mirada triste de tus labios secos, de esas manos cansadas, como tus cabellos sin el brillo de la alegría. Tu belleza sólo se puede contemplar en contraluz y en tonos negros, ocres o grises. Tus besos me saben a fresa y a jugo de uvas la saliva. Mi corazón lame el sudor de tu intimidad, mientras nos abrazamos desnudos como dos esperanzas colapsadas, en un intento de rescate casi imposible. Las caricias se deslizan como un río hacia tu pubis, mientras la alocada luciérnaga galopa con curiosidad, alrededor de la luz de tu clítoris. Quiero ser el néctar y el sabor de tus palabras de amor. Deseo que mis labios rubicundos  encuentren en tus pezones erectos, la asfixia para los gritos de los deseos y los alaridos esquizoides de algunos sueños. Después de un lascivo buen preludio con besos incendiarios, es imposible huir del pecado o que pase desapercibida la incursión clandestina, por las zonas erógenas de nuestras caricias y besos.

 

 No me mires comiendo como un perro hambriento. No me pierdas de vista como a un niño triste, que madura a la intemperie. Cierra los ojos y erízate con la caricia que imaginas en tu sexo, que te hace frágil como el agua que bebe el desierto. Te anudas como una mujer serpiente, mientras me exprimes hasta la última gota, para enseguida besarme y hacerme creer, que también eres capaz de arrancarme un pedazo de alma. Tus piernas como anillos de fuego, me esposan a la lengua sedienta del ardiente cepo. Tus besos son manzanas venenosas, que comparten la locura del festín infértil. Tu boca se devora el placer de mis labios, mientras murmuro con encantador goce palabras soeces, que ablandan tus piernas y hacen vibrar con ardor a tu vientre. Intento descifrar a todos los deseos de tu cuerpo. La pequeña muerte te hace vivir en unos segundos, una eternidad fugaz de placer. Deja que tu vientre se menee como las hojas otoñales que imagina un hongo en el verano. No soy un caracol, ni mis sentimientos una absurda llamarada. Mi corazón es una fantasía inimaginable de colores, una paleta de sentimientos que se estrellan contra la realidad de los absurdos. Mi lengua se sumerge dentro de tu garganta, como un tiburón rebuscando peces escondidos entre filosos corales. El amor es la furia incontrolada de los monzones o de esos huracanes que se ensañan, con la belleza de algunas nalgas; rubicundas como los alaridos de placer que traspasan cual aullidos las paredes y los pasillos hoteleros. Traspasamos la línea imaginaria que separaba a la locura de la cordura. La dulzura pura de las caricias, seducen con suavidad la carne hacia el sacrificio. Nuestros ojos se encandilan con las sombras y las líneas de nuestras lascivas desnudeces, entregadas al desaforado gozo extremo.

 

El delirio embriaga a nuestros cuerpos, con el ritual de su desesperada danza y la triste música de los recuerdos. Siento la voz de las estrellas que brotan de tus caricias, mientras mi alma se expande y abres poco a poco las piernas, para sentirme como latidos del mar dentro de tu cuerpo. Tu sexo sumiso a las caricias, me permite socavar con besos la gruta, hasta sentir a las melodías de tus sensaciones húmedas como gritos de placer o el gemido triste de una esperanza acongojada. El erotismo en la intimidad bulle como la poesía natural de la sangre, como esos versos que se encadenan, a los sonidos de la luz de los sentimientos. El miedo cómico del lenguaje de la vida, purifica el canto mudo de los pájaros, cuando sienten encadenados sus sueños al celo abstracto del verdugo. Estoy hastiado que llames rosa, a tu vaginita. Déjame llamar: cuquita, a tu consentida vulvita y fuego o mar en llamas, a tus labios vaginales. Quiero ser la tormenta que se devore el stress y el cansancio de tu intimidad,  para manosear con besos, todos los espacios y laberintos de tu geografía.

 

 Los movimientos voluptuosos de tu carne son exquisitos; me encabritan, me enloquecen como cuando me dijiste que alcanzaste a tocar la punta de una estrella del cielo. Controlo tus flujos y reflujos, para que el placer no desaparezca, ni se rompan los cristales del hechizo. El sexo es un arte que hay que controlar, aferrados a los cabellos y a las paredes del torso, cual jinete de rodeo. En el valle de tu pelvis, mis labios incendiarios rebuscan con desespero tu clítoris. Mi lengua se refresca con el sabor del amor, mientras te excito con el rumor suave de las imaginaciones de mi pérfido tacto. Deja que tu cuerpo dance al ritmo de las melodías que insinúe, la desnuda batuta del placer; interpreta las partituras sin intermitencias, hasta que brote espuma de los ijares de tu sexo, como cuando un caballo regresa exhausto rebuscando las melodías del sosiego, en su pesebrera. Contemplo nuestras siluetas, sobre el espejo. Tu culo rebusca placeres, como la curiosidad diabólica de las murtes en el infierno. Mi furia incontrolada, intenta abrir las esfínteres compuertas, controladas por el miedo a las penetrantes quemas. Siento enloquecido tu sexo y te tomo por las nalgas, como a una dama amante de la alegre vida. Te arqueas y te contorneas, para que te penetre como una espada torera hasta la empuñadura, en el hoyo de las agujas. El erecto obelisco es poco piadoso con los gemidos del amor-gozo, cuando persigue al clímax con latidos desbocados, rotundamente persistentes e impiadosos; solo se detendrán hasta estallar como una espora de ilusiones regadas cual semillas sobre el cuerpo. Sé que solo me puedo apaciguar, si me ayudas a eyacular una vez más. Soy como un huracán cuando encuentra el sosiego, adentrándose dentro de la carne continental. Recuesta tu cabeza sobre mi sexo, mientras te espulgo la respiración de los mórbidos pensamientos. Quiero sentir tus besos y tu respiración, insinuándole un desliz a mi vientre. Déjame soñar que eres mía, porque te alejas como cuando se suelta un bote de sus amarras y se lo devora la voluntad de las corrientes invisibles. Siento como se derrama dentro de tus entrañas, el sudor de la lava cuando la vida erupciona, como un preñado vientre maduro. Tu boca se rebosa con la saliva seminal y con las lágrimas de los recuerdos enardecidos, como los estertores de una tormenta de fuego. Entre las murtes flemas nauseabundas, vago desencantado sobre la cuerda de la vida, al observar la indolencia de la justicia y el silencio del castigo. Sé que sus cuellos conocerán el poder de las palabras, porque la ley del taliòn es infalible.

 

Soy un brebaje de sudor y fuego. El cancerbero de tus ritos escondidos, donde el éxtasis es un universo de irreverencias y el magnetismo nos esclaviza, mientras nuestras ingles comparten sus melancolías. Me he metido dentro de algunas palabras, para descifrar versos congruentes. Derrotaré con palabras a la ironía de los mal nacidos, que se alimentan con la sangre de los sueños, cual vampiros. Denunciare una y otra vez, con el grito de las páginas en blanco. Como el círculo vicioso de un caracol de fuego, evoluciono en espiral hacia un plano superior, para observar desde otro ángulo a la vida. Soy el fuego que te fecunda, con el permiso de tu demencial lujuria. Nos deshacemos en desbordadas caricias cual bestias en celo y nos apareamos como perros, gatos, monos, elefantes, tigres o rinocerontes. Conozco las melodías de los velos de tu cuerpo; el lenguaje de tu piel trémula y la puerta secreta que me conduce, hasta la estalactita dorada de la gruta.

 

Tu sexo es la guarida perfecta, para la hambruna de la tristeza de mi cuerpo. Deliro cuando siento, como el semen se esparce entre tu vagina y tu vulva respira asfixiada, por el calor de la fiesta. Acaricio tu caverna humedecida, la horado una y otra vez hasta la oquedad; hasta dejarte agotada y somnolienta como una ninfa después de nadar, durante varias horas el azul de las nubes de su mar. Empalo los gemidos lujuriosos de tu ansioso culo, mientras intento esfumar tus temores con sutiles mentiras piadosas. Me siento como un padrote sobre tus espaldas, mientras muerdo con cariño tu cuello. Eres la metáfora más hermosa, de la lágrima de un beso. Mi insomne cuerpo ha esperado desde siempre, la llegada del lejano eco de tus pasos. Después de tantos años de espera: ¡Sé que eres tu!, y te ofreceré mi cuerpo por nido. Quiero conocerte por dentro y por fuera. Eres una incógnita de placeres y sueños cálidos. Solo tus caricias pueden calmar esta locura de hombre alunado, por el aroma de la piel… por el regusto enamorado de los besos.

 

Irónicamente veo florecer mis sueños, con los colores arrebolerados de ese otoño, que a paso lento se acerca. El pudor solo es cuestión de actitud frente al sexo. El sexo sentido de las felinas horas, nos embarca en una profana y demencial aventura. La muerte delira y triunfa en cada orgasmo, ¡sueño del canto del trueno! Siento la ausencia del rostro amado y me hieren las sonrisas obscenas, de esas imágenes sobre el espejo. Tus caricias pérfidas, ahorcan la nostalgia del manjar íntimo. Tu cuerpo ha desabrochado mi alma, como el orfebre que desteje con besos, a la voluntad que se desvanece sin sentido. Mi sangre fría es caliente, como el verano del invierno que vivo. Es un río de lava de hielo. Sé que nunca podré definirles el amor y si lo supiera, tampoco lo diría y vendería su fórmula, cual elixir de la felicidad o de la juventud eterna. No me ames como una mantis copuladora, ya que me siento bien con esta cabeza. Sé que el cerebro de la ostra es más pequeño que sus ojos, pero eres muy inteligente.

 

Confío en el silencio de los fantasmas peregrinos. Me asusta el dominio de las alegrías reemplazadas. Domino mis pasos para conquistar lo que quiebra mi morbosidad; si es que así se puede denominar, a la voluntad del alma cuando te desnuda la mirada. Escucha el canto y los silencios, de los gritos de los labios de mi poesía. Déjame amarte, simplemente: ¡Déjame amarte! Deseo que me ames con morbosa pasión, para que florezca la hembra que te habita bajo la piel. Añoro tu erotismo ardiente, cuando me cabalgabas como una hembra jinetera, corriendo su gran derby. Desnuda como la prisa de las manecillas del viento, desembocas cual lava sobre las sábanas destendidas como una sabana playera, por los besos del agua que te penetra, como la creciente de un río. Puedes hacerlo cuando sientas deseos de mí y me sea imposible, estar a tu lado. Hazlo como cuando nos acariciamos o simplemente, como cuando deseas que lo haga en tu boca; hazlo como aprendiste a hacerlo en el convento o como lo hacías con tus amiguitas, cuando jugaban a hacer: cositas locas. Hazlo.

 

Hay amores parafìlicos que asfixian con sus obsesivas aberraciones que se excitan como hormigas con personas amputadas, con sensaciones asesinas, con personas muy mayores o con sexo en lugares públicos; a veces me extraña la narratofilia de algunos textos, que se limitan casi a la olfatofilia de las partes erógenas de sus amantes virtuales o fantásticos; es absurdo el castigo o la lluvia dorada de la urofilia… somos animales bastante extraños y lo malo es que aún no se distingue el limite entre lo sensual, lo erótico y lo vulgar o pornográfico. Sé que las heridas del amor queman, más que la tristeza cuando nos coloca sobre las brasas de algunos recuerdos. Me amamanto como una fiera encadenada, a la sed de un pozo seco; alucino como los náufragos por saborear las lágrimas del mar. Desvarío como una llama mordida por los labios de los besos. No justifiques la distancia que tomas; simplemente di que tu alma peregrina, presiente que ya es hora de emigrar hacia otro nido. ¡Ay de mí! Este es el precio que al final pagamos los amantes, por encapricharnos con un amor peregrino. ¿Para qué le regalan flores a los muertos, cuando ya no las ven? ¿Acaso no murieron algunos de tristeza y olvido? ¿Acaso no vale más un perro vivo, que un mocosito fruto de la marginalidad? El frío de los muertos expresa un absurdo adiós. Me siento deshilachado como una rama rota, como la legaña de un sollozo que me quema por dentro y me devora con su ácido; como basura atrapada en el tiempo, sin poderme desprender del olor de lo enmohecido.

 

¡Quiero observarte como Verduga de sí misma! ¡Mastúrbate! Deja que el demonio manipule tus manos ¡Vive todas las estaciones, en un fugaz instante! Déjame poetizar la demencia de la locura… no pares… hasta que logre atrapar a una imagen. Cuando no encuentro algunos versos, recurro a tu sexo o a tu piel, para encontrar el retrato del ícono y que nazca el poema con la pasión de un grito. Son tus impúdicos besos los que ponen toda mi geografía a merced de tu seductora y devastadora voluntad. La metamorfosis transforma el rizado de la piel, en ramas rotas por las caricias de arrabal. Amo los caracoles que armó tu pelo, esos cabellos con voz de mujer madura, de hembra de verano, sin corazón de nieve. ¡Basta de silencios! ¡Grita! ¡Escúpenos! ¡Dime alguna grosería! Pero dime algo… regálame una señal que estas viva, que hay fuego y deseos entre tu cuerpo… no me abandones dentro de esta absurda tumba… ¡Grita o respira! No me desprecies como esos labios que me niegan sus besos o esos cuerpos que se sentirían sucios, si los amara. Quiero acariciarte como un rayo de luz, para no sentir que me pudro a pedazos. Déjame arrancarte esas absurdas sombras, que cubren el pudor de tu belleza. Gocemos como vivos del placer del pecado. No me abandones como un cadáver, para que se lo devore el fuego y después el olvido.

 

Es insoportable el necio soplo amargo de la locura de la ignorancia, que inicia mi lenta agonía con sus necias letanías ¡Jamás entenderás lo que es convivir, con la bipolaridad de un poeta! Soy más mortal que mi cuerpo; a veces me comporto como una bestia o soy absurdo o insensible. Se que no soy el hombre de tu vida y estoy seguro que tampoco podría convivir contigo. Es la lujuria de nuestros cuerpos y de nuestras almas, la que nos cita a ciegas y en circunstancias absurdas. La entrega sigue la misma rutina y sin embargo, siento que el ritual es diferente en cada ocasión. Los suspiros y las emociones, las caricias en los genitales, los besos y esos mimos impudorosos que me hacen alcanzar una ardiente erección. Siento tu agonía por los gritos desesperados, de la corola de la rosa. Sé que tengo que ser fuerte, para no ceder a la realidad irremediable. Somos dos mundos, rebuscando un destino diferente. Siento frío el nido, de la música existencialista con fondo gregoriano. Me cansé de luchar como un cruzado solitario, contra las ratas murtes de los Andes. Caro es el precio que se paga, por confiar en la vida y en las putas. Caro es el precio de las putas, de las monas y las adivinas. Caro es el valor de las cuentas, que nos pasan los errores cuando no reflexionamos ni nos fijamos en el color de las personas, que esquivan la mirada sin vergüenza.

 

Confieso que me entristece sentir como se apaga el fulgor al amanecer, como se distancian nuestras pieles y nuestros mundos. Compartimos como dos extraños, el mismo espacio de humores y tedios. Aún escucho gemidos entre las humeantes ruinas. Se tildará de traidor, a quién publique estos horrorosos versos. Quemamos como perros a los niños, que lloraban de hambre en la oscuridad. Te embaracé una y otra vez, pero no dejamos parir ni una flor de la crisálida. Me siento como una ilógica intersección en tu vida. Hay amargura en la música de mis versos. Me siento vacío como un vaso roto. Ya no me desvelo ni ruego oportunidades, con plegarias inútiles. Te veo desnuda abrazada a mi destino, observando con tristeza lo que pudo ser. Solo te pedí un poco de paciencia, pero una vida era demasiado tiempo. Sé que te tengo que dejar marchar. Sé que añoraré tu cuerpo y las locuras de esos días y de aquellas noches. Ahora todos mis recuerdos serán desencantos y tristezas, que no se marcharán ni siquiera con un histérico llanto. Ahora que no te tengo, te siento más perdida que siempre. El río me robó los sueños y dicen, que tus ojos me ven como a un enemigo. La alquimia del amor es fugaz, cuando regresas a la realidad con preguntas necias y ofensivas. Sé que el amanecer nos aleja y deseo que nunca amaneciera. Es inimaginable que tus celos cojan a patadas a la felicidad en verde.

 

¡Hay imágenes que no deseo olvidar jamás! cual límpidos versos amorosos, que nacen en la sucia intimidad. Me desespera que las palabras, no me permitan escapar de este diabólico pozo. Sin amor, el desasosiego es infranqueable. Me siento herido como un árbol por el hacha, pero me seduce el sueño de la muerte. Las tentaciones de los dientes de acero, se enroscan cual pájaros tártaros a los nombres asesinados o a esos cadáveres y osamentas, que se amontonan en las fosas comunes. Galopa una bandera blanca como una bestia, sobre las olas del mar de mierda, que no es más que un océano de arenas frías como corales o esponjas, que nos absorben la sangre cual murtes mandrágoras. Deseo que sientas desgarrada tu carne, por las palabras suaves que gritan ansiosas, desde que comienza el ritual seductor de la amorosa crucifixión. Nunca podré recordarte como algo pueril, cuando regrese por las aguas de los polvorientos recuerdos a encontrarme contigo, dentro de las paginas de un libro. Desde ahora te extraño y disfrazo mi tristeza. Tu recuerdo es hoy una blanca estela que se desdibuja, mientras el tiempo fluye sin mirar hacia atrás… es la indolencia del tiempo… es la inutilidad del tiempo… es el tiempo permisivo y que persevera a los momentos oscuros de nuestra historia… He cincelado una espada de humo, para desarraigar el hedor murte de lo carroñero; para que no se respire más la sangre coagulada, de la menstruación sibila de la vida. La hoz roja de la cínica Gorgona murte, enjuiciada en secreto por el repudio del antagonismo a lo indigno. Sé que su calma enmudecerá cuando la persiga la conciencia, como a las rameras que creen que quemando sus diarios del pasado, serán dignas mariaeugenias como las cuervas. Confieso que el futuro se encargará de volver transparente a todo lo que se intente ocultar entre lo oscuro mundano.

 

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel

hcediel@yahoo.com

2009-02-17

 

 

 

 

 

CASI NADA ES APENAS NADA

 

In memoriam, José Muñoz Ramos, mi abuelo.

 

 

Un niño que apenas era nada

Se casó con una puta casi sin saberlo,

Y casi sin esperarlo, se tragó un bicho

Y apenas nada duró vivo,

Casi y sin esperarlo se fue un día para

No volver hacia casi nada de lo corriente.

Entonces fue cuando una mujer viva

Casi lo mata al cruzar la calzada y a él

Le faltó apenas nada para perder la vida.

Sabiendo lo duro que es conducir sin casi

Nada de luces delanteras que apenas duran.

Cuando nació no era casi nada y ahora

Míralo con casi nada de vida que vivir

Y lo ves ahora sin apenas alegría.

Qué es nada y seguir buceando.

Y ahora piensa tú que la vida

No dura casi nada y vamos a trancas y barrancas

Sin disfrutar apenas nada de la nada.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

1er Especial de la Revista Literaria Nevando en la Guinea

1er Especial de la Revista Literaria Nevando en la Guinea

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

 

EDITORIAL XXIX

Lenguas, comunidades y pluralidad

 

De nueva ha saltado en España las polémicas respecto a la convivencia de las lenguas habladas en su territorio a raíz de dos hechos: por un lado las elecciones en dos Comunidades Autónomas con lengua propia, Galicia y País Vasco, con algunos incidentes relativos a los derechos lingüísticos, y por el otro un proyecto normativo del Gobierno Catalán que obligará en Cataluña a porcentajes en el doblaje y subtitulado de las películas proyectadas en la Comunidad. España no es el único país en el que se hablan varias lenguas y en el que, por tanto, se da una polémica respecto al uso de ellas en un mismo territorio o un Estado. De hecho, hay muy pocos países en el mundo cuya población sea realmente monolingüe. Y aunque con frecuencia se alude a un discurso de igualdad y respeto entre hablantes de distintas lenguas en un mismo territorio, la realidad se obstina en demostrarnos que no es fácil resolver problemas.

 

Porque el tema de las lenguas no se resuelve nunca a golpe de ley. Las realidades sociales acostumbran a ser más complejas y no valen las soluciones simplistas que por lo general no solucionan nada, más bien al contrario. Es verdad, como afirman los defensores de los idiomas llamados minoritarios, que algunas lenguas se han impuesto con frecuencia a la fuerza, compañeras de imperios y tendentes, dentro de sus fronteras, a homogenizar poblaciones. Es sin duda el caso del inglés, el castellano o el francés, expandidos por el mundo e impuestos dentro de sus fronteras. Pero también lo es, por ejemplo en el caso español, que aquellas comunidades con idioma propio poseen una potente cultura en lengua castellana que es, al fin y al cabo, lengua propia de buena parte de su población. No hay más que repasar la historia de la literatura española para darse cuenta de ello y la rumba sería buena prueba de lo que hablamos.

 

En América Latina la presencia de otros idiomas, además del español, del inglés, del francés o del portugués, lenguas éstas oficiales, poseen otro carácter ya que los pueblos llamados nativos sufren, junto a una marginación cultural, muchas veces el más crudo racismo. Leer a Manuel Scorza, a Ciro Alegría, a José María Arguedas, a Miguel Ángel Asturias, entre otros, es asistir al testimonio de una ignominia a todas luces rechazable. Por fortuna, se incorpora al discurso político, los zapatitas mexicanos y el boliviano Evo Morales serían las expresiones más activas hoy, una reclamación de los derechos propios, por tanto derechos lingüísticos, que nosotros defendemos porque creemos que los más débiles merecen una mayor atención.

 

Sin embargo, somos conscientes de que una política de reposición o de igualdad entre idiomas puede causar también injusticias. No es siempre fácil imponer una cierta cordura a los problemas de la humanidad y con frecuencia asistimos a medidas que buscan más la venganza que arreglar entuertos. Es verdad que la lengua ha ido de la mano de la imposición, pero esa es la historia de la humanidad: la cultura es con frecuencia otra estructura de dominación reflejo de un sistema social basado en la división humana. No es fácil construir soluciones como las llevadas a cabo en África del Sur, donde el enfrentamiento se basaba en la más odiosa injusticia, la división racial, y se consiguió enderezar no sin dificultades.

 

Una solución sería despolitizar los idiomas, que las lenguas fueran vistas realmente como herramientas de comunicación, no como armas emocionales que se arrojan en beneficio de otros intereses, que las lenguas sean meros instrumentos de cultura. En este sentido, muchos países africanos nos muestran, a pesar de la imagen que nos llega, como la existencia de idiomas distintos en un mismo territorio no es causa de enfrentamiento. Hace tiempo un músico de Guinea Bissau nos contaba que en su país, con algo más de un millón de habitantes, se hablaba más de treinta lenguas y no había problemas lingüísticos, lo comparaba con lo que pasaba en España, donde con menos idiomas se daban problemas y terminaba su reflexión con una breve reflexión: «Luego dicen que nosotros somos los salvajes».

 

 

***

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Les avisamos a los lectores, amigos y participantes de la Revista Literaria Nevando en la Guinea que a partir de este número se publicará la revista mensualmente, en vez de semanalmente que es como lo estábamos haciendo hasta ahora. Pero por motivos que se escapan de nuestros deseos, intereses y planes creativos hemos decidido la publicación mensual de la revista. Desde aquí aprovechamos para daros las gracias por vuestra fidelidad y les pedimos disculpas.

 

 

EMPEZAR

 

A mi sobrina, Aroa Olivero Canedo.

 

Respirar. Dar a luz.

Nacer para el mundo.

Fuente que va al cántaro

y rebosa de palpitares.

Agua fértil en el agua,

y calma en la lluvia.

Secreto de la humanidad,

evocando a palabras

de símbolo difuminado.

Desnudo ante los ojos

del sentimiento opaco.

Y muerto cuando rompa

a llorar la noche de laberinto.

Murmuro en silencio

y estremecida esperanza,

hacia el comienzo.

El principio ilumina

los huecos grises,

moviendo sus alas

hacia un nuevo

e injusto padecimiento.

Hecha la flor del suspiro

y el mar hecho de sal.

Dios y todos saben

que al empezar,

todo está más vivo

y se llora para advertir.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

Encuentro en París

 

 

         Es verlo y darme cuenta de que podría ser español. Y militar para más señas. Su pose me resulta inconfundible, los deben de producir en serie, sin duda, me digo mientras me fijo en él con más detalle. Le delata el bigote estrecho, los ojos pequeños, un cuerpo huesudo y cuidado, aunque alejado de todo amaneramiento. Se le ve perdido. Mira el letrero con el nombre de la avenida y luego se vuelve para observar la calle que cruza el Boulevard Huysman. París no es una ciudad fácil pese a todo. Más cuando el invierno presenta su faceta más plúmbea. Falta poco para la Navidad. El mundo, no obstante, parece apacible. París es a veces, para quien vive en ella, una ciudad amable.

         El viandante, aún no sé si es español, si es militar, ni siquiera si está realmente perdido, mira a su alrededor. Noto que me descubre. Avanzo hacia él. Soy la única persona que hay en esta tranquila tarde de domingo del año mil novecientos sesenta y cuatro, un año  en el que, todo apunta a ello ahora que está a punto de acabar, no ha pasado nada de relevancia. Como estoy a cierta distancia, se permite observarme no sin cierto recato. Se estará planteando, me digo, si soy la persona idónea para preguntarme dónde está, en el caso de que no lo sepa, o por dónde se va a algún sitio, en el caso de que no conozca ya sea la ciudad entera ya sea ese rincón de la capital. Me reafirmo en el convencimiento y apuesto incluso conmigo mismo a que es español y militar, aunque puede que esto último no lo vaya a saber realmente porque tampoco se lo voy a preguntar de sopetón y sin venir a cuento, es usted acaso militar, tampoco están los tiempos para espetar este tipo de preguntas. Ya estoy a pocos pasos y entonces se dirige a mí en un francés bastante oxidado. Ya no cabe ninguna duda: el acento lo revela a todas luces. Las erres vibrantes, las vocales sin matizaciones, la entonación castiza aun cuando intente hablar un francés cantarín, las uves convertidas en efes, he allí las pruebas que dejan claro el acierto del primero de mis presentimientos. No sin algo de crueldad, dejo que siga en francés. Quizá sea educación: nunca cortar la palabra de una persona mayor que uno es lo que me enseñaron de pequeño. Cuando termina su frase, no sin esfuerzo aunque con notable resultado, sin duda una persona que no hablase su idioma (que es la mía) le hubiese entendido a poco que se esforzara un poquito, le digo en mi español neutro por dónde se va a su destino, que coincide en parte con el mío. ¡Coño, es español!, exclama. Entonces le digo, me sorprendo yo mismo de mi amabilidad, que iremos juntos parte del camino.

         Sin duda me va venciendo la curiosidad por saber si es o no militar, el segundo de mis dos presentimientos. Reconozco que me plantea un cierto problema digamos que ético o político. Al fin y al cabo si estoy en París, es en buena medida por los militares. De los militares de ambos lados, además, porque también los que imaginábamos los nuestros nos dieron de lo lindo. Por no hablar de los militares de la guerra que siguió a la nuestra, a los que también padecí. Pero es una historia que hasta hoy, diecinueve de diciembre de mil novecientos sesenta y cuatro, he intentado que no me hiriera en lo más profundo y lo había conseguido en los últimos años, dejar de lado todo aquel periodo que tan hundido me mantuvo durante mucho tiempo.

         Y en efecto, añado tras mi ofrecimiento de acompañarle un trecho del camino, soy español. La verdad es que no sé muy bien por qué lo acompaño. Lo normal, dado que soy una persona pacífica y con vocación de no abrir viejas heridas, sobre todo las mías, hubiera sido que me hubiera hecho el parisino y le hubiese indicado por donde seguir su camino. Sospecho que hay una parte de mí que optaría por ponerle a caldo, al fin y al cabo es un fascista, aunque todavía no lo sepa a todas luces, pero tengo la certeza, y si aún me irrita tener que cruzarme con algunos de los notables dirigentes del PCE por las calles de París, aún mayor es el escozor que debiera producirme encontrarme con algunos de los representantes del fascismo hispánico. Pero supongo que me dejo llevar por cierta curiosidad, malsana a todas luces. No se me ha ocurrido, pero me pregunto qué le voy a decir si me pregunta por el motivo de mi estancia en Francia.

– ¿Y qué tal tratan los franceses a los compatriotas? -se interesa. ¿Compatriotas?¿Yo soy su compatriota?¿Me trataría de compatriota si supiera que soy un enemigo de España, que así nos llaman todavía hoy en la propaganda oficial?

– Pues bien, creo, aunque no todos le dirán lo mismo.

– Ya imagino que no debe de ser fácil.

         Me digo que más difícil debe de ser vivir en España. Llegan noticias, a pesar de la propaganda, la desidia de las democracias europeas, el silencio. A pesar también de mi desmotivación militante, de haberme refugiado en mis cosas, de haber querido superar el fracaso, el abatimiento. Me he enterado de huelgas y de luchas, de detenciones y muertes, de desaparecidos. Y aunque en estos últimos años se hable de una mejora sustancial, no deja de ser una dictadura, una excepción tolerada por intereses, cómo no, económicos y justificados con eso que llaman ahora la guerra fría.

– ¿De turismo? -pregunto con aparente interés, aunque lo único que me interesa de verdad es saber si acierto o no en lo que se refiere a su condición militar.

– En efecto, era una deuda con mi mujer. Ahora está en el hotel descansando. Yo tenía ganas de dar una vuelta.

– ¿Y qué tal España? -hasta yo mismo me sorprendo de mí: mi voz sigue neutra, no siento la más mínima gana de enfrentarme a él y con esa pregunta dejo la veda a que me pregunte qué porras hago en Francia.

– Bien, como nunca. Hemos superado los problemas después de la guerra. Hemos conseguido los veinticinco años de paz -no puedo dejar de atragantarme ligeramente-. Ahora se invierte mucho y estamos intentando enterrar viejos odios …

         Dejo de escucharle porque su perorata me suena a propaganda. Aunque tal vez se lo crea, puede ocurrir a quien se encierra en una burbuja, y el poder no deja de ser una molesta burbuja, molesta, digo, para los que la sufren, o sea, los gobernados. Me digo que lo lógico sería en ese momento decirle que fui miliciano, revolucionario y antifascista, que no tengo  ganas de seguir la guerra por las calles de París, pero tampoco me apetece que me suelte todo aquello de los veinticinco años de paz y la necesaria reconciliación de las dos España, lo que además, según he oído, coincide para colmo con lo que empiezan a decir los del pecé en público.

         Pero me domina mi carácter pacífico. Ha tenido suerte, se hubiera podido encontrar con cualquier otro de los nuestros, los que siguen en el POUM, y entonces sí que hubiera sabido lo que vale un peine, sin embargo se ha encontrado conmigo y cuando termina de hablar guardo silencio, él guarda también silencio y tal vez en su fuero interno se pregunta si no seré yo un rojo refugiado. Aunque no debe de sospechar nada porque me pregunta por París, me cuenta que es su primer viaje a la capital francesa, que siempre admiró a sus escritores -resulta que el militar (porque sigo en mis treces) tiene su cultura y ha leído a Balzac, a Zola, a Maupassant, incluso a Huysman y a los hermanos Goncourt (si al final va a resultar que es profesor de literatura en algún instituto de algún pueblo perdido)- y que por fin ha pasado unos días en esa ciudad que tanto admira. Yo sigo callado y temo que me quedaré sin saber si es o no militar, me planteo incluso preguntárselo directamente, porque en la segunda bocacalle yo tiro hacia la derecha y él habrá llegado a su destino, nos separaremos y posiblemente nunca más nos volveremos a ver, seremos simplemente dos personas que se cruzaron por casualidad.

         Me sigue hablando de literatura. En este momento me planteo muy en serio que me he equivocado. Llegamos al segundo cruce. Me paro y él se para. Le enseño la plaza y le digo que es lo que andaba buscando.

– Yo tiro por allá. -le digo apuntando la calle de la derecha.

– Sabe -continúa como si no hubiese entendido que aquello era una despedida-, mi padre fue profesor de francés, como Antonio Machado, aunque él, como yo, se decantó ideológicamente más por el bando de su hermano Manuel -no pude menos que aceptar que era una bonita metáfora para subrayar la España elegida, daba incluso el pego de que aquello había sido más bien una guerra de poetas-, yo heredé mi admiración por Francia, a pesar de que en mi profesión sigue sin estar bien visto.

– ¿Es usted militar, verdad?  -es imposible negar que me lo ha puesto fácil, a tiro.

         Nos despedimos sin necesidad de darnos la mano. Guardo una mínima actitud de distancia frente la España triunfante. Yo no soy del PCE y me lo puedo permitir. Reconozco que en otras circunstancias hubiéramos sido buenos contertulios. Pero en lo que pienso en este instante es sobre todo en mi capacidad para conocer a las personas nada más verlas. Tengo buen ojo.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

EDIFICIOS GRISES

 

Creo que me pertenecen sesenta metros cuadrados

de oxigeno claustrofóbico financiados por el gobierno.

Y una plaza de asiento en una sala de espera, con cafeteras

a setenta y cinco céntimos de Euro el mal trago. Y una apretada cagalera,

despega de tu trémula zancada del hospital nauseabundo

a tu apartamento gris, que recuerda un retrato antiguo.

Quiero y no puedo salir de ese edificio, también

grisáceo, que sobresale de mi herida amortajada con sueños rotos.

Pareciendo unos espantapájaros en la urbe submarina e inquisidora.

Un horizonte es para atrás, como la visión de las grúas desde

abajo. Tal cual un Don Quijote y sus molinos. Yo miro, y comparo

los desafíos que las épocas han perpetrado a los más encogidos.

De rodillas y brazos en cruz de cansancio, de derrota…

Será de tanta miseria que se respira en la atmósfera.

Desde dentro para fuera y lo que recoges lo sueltas dentro.

Y lo que sobra mira desde fuera. Y no deja de mirarte.

El pijama es una agobiante prenda que te vela la pesadilla

de ver lo que te rodea… las alcantarillas tocan a muerto,

los fumaderos de hachís son bancos destrozados y alejados de todo,

los yonkis generacionales son traicioneros de por vida,

las madres de luto son vírgenes que se quemaron antaño.

Y los mártires de la locura son ángeles marcados con puntas

de estrellas, (por que está comprobado que en ellas está su destino).

Los bares de rumba populachera donde gritan los macacos,

(la cultura allí en el purgatorio baila la soleá de la ignorancia),

los niños lloran un llanto mecánico que aprendieron del biberón seco.

Los camellos, los proxenetas, los taberneros y los prestamistas

se hacen mecenas de la muerte, hecha canción,

¡por infinita vez ya!

en este, el mío rincón.

¡De sesenta metros cuadrados de oxigeno claustrofóbico

financiados por el gobierno!

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

AHOGANDO SUEÑOS

 

AMOR:  DEJA QUE MIS SUEÑOS SE HUNDAN EN LA PROFUNDIDAD DE LAS AGUAS.

PERMITE QUE MIS MANOS ACARICIEN LA SOLEDAD DEL SILENCIO.

DÉJAME LLORAR LA AGONÍA DE  LA VERDAD

Y MIRAR CÓMO  DESTRUYES LA VIDA DE QUIEN TANTO TE AMA.

 

AMOR, QUE ATORMENTA EL ALMA, POR ESTAR LEJOS DE OLVIDO.

AMOR, QUE  DUELE  Y  NO  TIENE  CURA   EN  EL   TIEMPO.

AMOR, QUE CAUTIVAS, SIN SABER LAS AÑORANZAS DE UN CORAZÓN.

 

SÍ AMOR, TÚ QUE SIEMBRAS ILUSIONES Y LUEGO ALZAS VUELO COMO BLANCA PALOMA.

AMOR, DEJA QUE LA MISTERIOSA SOMBRA CUBRA MIS ESPERANZAS.

AMOR INDESCRIPTIBLE CON CORONA DE PÉTALOS SILVESTRES SABOR A MIEL.

AMOR INOCENTE COMO LIRIO EN PRIMAVERA.

AMOR QUE INSPIRA Y ROBA SUEÑOS DE UN AMANTE.

 

DEJA QUE MIS SUEÑOS SE EVAPOREN EN LA DISTANCIA Y EL TIEMPO.

AMOR, DEJA QUE MI VIDA PERMANEZCA BAJO LAS ALAS DE TU ADIÓS.

DEJA QUE TU RECUERDO SEA MI FELICIDAD.

 

– Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico:  luischin_63@hotmail.com

1er Ganador en el 1er concurso poético

ofrecido por la Revista Cultural

“Espíritu Literario”.

 

 

Confidencias

 

Hoy

cuando el invierno

trazó espirales

de fríos en mi alma,

quise rescatar

mi tiempo

y volver al ayer

poblado de risas,

de juegos y escondites.

Necesité el retorno

a mi casa humilde…

a mis raíces.

A los días

con muñecas de trapo

cosidas por mis manos;

entre hilados de alegrías

y sonrisas marcadas

de esperanzas.

Mis pasos quedaron

en la acera

desnivelada por los años.

Vertí una lágrima

por la gente que ya no está.

Y aunque el pájaro azul

de la alegría

voló conmigo

un instante.

Torné en verso

la agonía

de no ver

a los que amo.

 

Lucila Soria

 

Santiago del Estero (Argentina)

 

CARTAS PUESTAS EN EL BUZÒN DEL AZAR

 

I

 

El insomnio de las bestias del cielo es perverso, como los secretos de las mentiras de la placenta. He danzado con estupor en el infierno y en las noches barrocas, con la perfidia de la escoria murte. La noche amortaja a las resurrecciones ulceradas de los guijarros. Me he limitado a escribir palabras como un muchacho torpe. He intentado robarle tiempo a los relojes o simplemente detener sus vagones. Amo a las abominables amigas, porque con ellas perdí los mejores momentos de mi tiempo. A las guapas les deseo: Suerte de loco. Me enamoré como los idiotas o los presos, del espejismo de un hermoso cuerpo. Ahora desesperado como un fugitivo, intento rehacer mi vida. Escribo los versos que invento y escribo sobre el cuerpo de la mujer que amo. Busco desesperado en la boca con sabor a sal, al placer silencioso que sofoca los gritos. Acaricia la espalda y el arco que destrenzo con la yema de los dedos del solsticio, hasta borrar la sangre de la historia que escribimos.

 

Como el trébol idiota de los reyes que se inmolan en estatuas, levanto las torres derrotadas del cuerpo. Soy impío como los paridos por una costilla inquisidora. Respiro como las pesadillas de los ritos de las vírgenes o la risa del sol que golpea su inocencia. Si hubiera nacido en otra época, no sabría si me hubiera salvado de la hoguera o de la horca. Soy un demonio fruto de la caja de Pandora. Algunos versos ininteligibles, toman café o vino tinto, mientras se celebra el sacrificio ritual de las crepusculares vírgenes. Un hombre se suicida por culpa de la diatriba y por perseguir su honor al placer de apuñalearlo como a una serpiente empinada. Me siento químicamente impuro como la historia. Añoro la taquigrafía, para no perderle el paso a los pensamientos. Reconozco el suero de la genialidad de Brindisi, para revivir a la vida de su desesperada agonía. Adjetivo como una biblioteca despreocupada, así no alcance a tomar el autobús, para recoger los últimos versos de la imprenta.

 

La melancolía de los esclavos de la desnudez, gime cual animales heridos por la traición. El fuego de la sangre del príapo se transforma en mármol oscuro, como el enrarecido acero que responde a la alquimia del encanto pùbico de la madreselva. He ofrecido mi mundo, a quién me rehabilite del veneno de la manzana. ¡Sé que soy culpable! No me charlotees más. La parte loca de mi vida murió, cuando el destino me arrebató a la mujer que más he amado. Soy más un ciudadano común que un vago profesional, un bipolar o un poeta, así sean casi lo mismo. Me financio con la inutilidad de mis sueños y erogo como un gramófono: Versos obsoletos. No entiendo al desequilibrio democrático que me margina. Creo que he cumplido con todos los requisitos, para que el cielo me niegue la visa. Estoy de acuerdo con la opinión pública: La plática de mis versos es una mierda, por culpa de la sensualidad de algunas imágenes y por eso: Debo ser excomulgado. Hoy le pido de corazón a Dios que alabe mi deshonra, para sentirme menos serpiente o murte. Me siento como un inquisidor, bebiendo cicuta para dormir en paz. Silba insomne el mar y los argasos de las pútridas arenas. Como la pesadilla de la clepsidra que despierta con el aroma del sexo fauno, la mano invisible de la vergüenza de Dios, escribe a su antojo nombres para restaurar el temor a su espada.

 

Dicen los astronautas, que el universo gime como un cuerpo burlado y al borde de un ataque de histeria. Amo lo indómito de los adúlteros vagabundos. Soy como las silabas que deciden el destino oscuro o luminoso, de nuestros intolerables rugidos. Soy un chacal que acecha con fuego, en la lenta cacería. El futuro púrpura de los latigazos del hierro, hechiza a la frialdad de las arenas del desierto. El escalpelo atosiga, a la agonía del cautivo. Los fragmentos incandescentes del rostro, cortejan al orgasmo de la antorcha. Sé que Dios ríe a carcajadas, cuando lee los absurdos de mis desvaríos. Dejo que el laurel de mis manos claudique, sobre la espesura de la fronda. La pradera geométrica del rictus carmín, hereda al alucinante jaque mate de las luciérnagas y de las mariposas.

 

Suena el teléfono y las hormonas de mis suspiros, arden cual teas de ilusiones. Tu voz siempre trae la alegría de las ilusiones de la primavera, dentro de un talego de quimeras y utopías. Tus palabras me ponen a volar a más de quinientos grados, que es la temperatura ideal del placer. A través de los mares de las noches entre claroscuros, lágrimas, besos y semen, la ciudad se devora a la belleza de las bellas; brujas a las que la alquimia reduce a escoria murte o simplemente, deja que se las devore el orín murte de el túnel diabólico del tiempo. Los labios de sus miradas, gozan de todo el desencanto como el filo de una cuchilla suicida. Ahora que vivo muerto, comprendo a la filosofía que nos legan los difuntos y a los absurdos versos, de algunas de sus miserias. El amor se deshoja, para conservarlo en alcanfor. Nuestros promiscuos besos sin bozal, demuelen lo construido por cupido. Las ilusiones enfermas cicatrizan con dificultad. ¿Dónde están los poetas que necesita la vida? Pretendo vivir como un Rey a mi manera, pero vivo en deuda con dios y con la izquierda, mientras con la derecha escribo la palabra primavera y toreo al natural con derechazos a la vida.

 

No reserves tus mimos para amores a destiempo. Dime que tu lengua no está jugando con mis sentimientos. Dejo que me atrapes y me desees con pasión y sencilla audacia. Cómo me duele la ausencia de tu piel, cuando te vas sin un hasta pronto. La vida se alarga con esos besos que van un poco más allá de la medianoche y madrugan cual semillas, para que no las pise el tiempo en época de germinación. La muerte es un efímero pensamiento, largo como la agonía en un insomnio.

 

II

 

La voz que escribe, habla con pasión en la soledad. Los pleonasmos ensucian con la gelidez del éxito, a las palabras que se derraman sobre el blanco del lienzo. ¿Fue tu locura la que le robó, las ilusiones a mi vida? Nunca te prohibí ni te inhibiré de nada, para no alienarte con la deshonra. Tus besos de cirio han dejado huella. Discrepo con las pesadillas que me iluminan, con la fosforescencia del insomnio. No puedo pronosticar una despedida o un adiós sin un: “te amo”, dentro de  una botella marinera. Encharque con promesas al futuro de mis ilusiones. Ya reconozco a los caminos del otoño y a la ansiedad artificial de los “Te amos”. Mi razón intenta comprender al sexo sin Amor, mientras el instinto con la prisa de una fumarola, se burla de mi ignorancia.

 

Dicen que soy un Cristo, por sacrificarme estúpidamente por los demás. Esa es la quinta esencia de mi vida y el color parnasiano de mis versos. Me he enterrado como una esperanza herida por los desengaños. La agonía me asfixia con sus besos. Mentiría si niego que he gozado y sufrido como una noche triste, pero estrellada. Tu amor me ha conquistado, hasta el borde de la locura. He escuchado melodías, como cuando madruga la muerte a segar y truncar ilusiones. El desamor me infecta con nostalgias y silencios absurdos. Un corazón aventurero, no puede ser famélico. Mis sentimientos daltónicos, se iluminan con el Prozac, que se bebe el dolor de los latidos erectos. Regálame un poquito de tu aletargado amor, así esté desafinado y marchito. El amor fractal es visceral e irracional, como el fantástico mundo de Nudelot. Los corazones fríos han envenenado con daltonismo a mis ilusiones. Engendro sueños inalcanzables, que solo otros pueden hacer realidad. La sal de la pasión prospera como un amor imposible, empujado al vacío. Me siento infeliz con las críticas mezquinas, de la irreverente ignorancia. Sabía que el amor es un cáncer, cuando nace como fruto bastardo de una juerga murte. Son increíbles las estrofas que escriben estas basuras; no entiendo como pretenden rimar con una vida digna.

 

Soy prisionero de mis desdichas narcisistas. No creo en los amoríos comunistas, ni en las relaciones socializadas. Deseo acumular todos tus besos y caricias, para fundirlas en lingotes. En forma de un beso te entrego las llaves de mi cuerpo. Mi bulímica esperanza pasa por entre los barrotes, como una hilacha de versos. Nuestro amor perdura como la sombra de un letargo, gracias a la naftalina. Deambulo como una primavera insomne, robándole el alimento al orgullo que devora al hombre. El tiempo ha cambiado en demasía, el sentir de muchas palabras. La indómita lluvia, es el mar que anhela la mujer. El receloso salobre de la ansiedad, marchita a la desdentada piel, como el sueño enladrillado de un pájaro sin alas. Sin compromiso mis incansables palabras, viajan al azar por el Internet. La poesía ultrajada por la ignorancia, se estrella contra las paredes oscuras de los espejismos. Adopto huérfanos que rescato, repartidos por la ceguera de los inmortales.

 

Lejos del sin sentido de la vida, revoloteo y me golpeo como un truhán perdigón contra la ventana. Hoy añoro ser murciélago y no un ave atrofiada por la evolución. El futuro imperfecto de las adulteras, se en muralla con besos estériles. Me resigno a defender con el corazón, el paso rutinario del tiempo. Me inquieta que llegue tarde a despertar con mentiras a la milagrosa pasión. La ironía de los pecados capitales, se reduce a la flema de la espada de los poemas.

 

El indómito amar ni se aprende, ni se olvida. La vida se despierta con el ulular espléndido del devenir. He soñado con el fruto de tus labios y que me hipotecaban a la vida. Me ilusiono como todo imperfecto, con la cercanía de tu pequeña muerte. La belleza de tu madre selva, la compara el coleccionista con una rosa de cosecha. Es apasionado su aroma, cuando no se confunde con absurdos crucigramas. He aprendido a soñar despierto y sin miedo a los errores. Se despeña el placer robado, por un precio al amor. La luz de mis ojos por entre la cerradura, se encandilan con tu belleza. Sobrevivo con el retal del verano, mientras mis ojos se olvidan de tus besos. Te he calentado, hasta agotar mi impotencia. Han sido cuatro polvos, con yemas de desengaños. He sucedido a la mitad de tus ilusiones, pero en la otra mitad: aún reposan sus cenizas. Mis caricias se engominan entre la mitad de tu mitad, de tu cejijunto puerto turnezco. Todo entierro amoroso por culpa de los desengaños, termina en una despedida. Por amor nadie muere, pero malgasta nuestras ilusiones. He aprendido a no derrumbarme, por culpa de los desengaños. Nada es más frágil que un castillo de arena. El futuro dislocado que congela a la agonizante pasión, desvirga a la tristeza de los corazones, muertos en vida. Hay campanas seductoras que sólo escuchan los amantes. Mi cruz son los versos que necesito, para soportar los momentos tediosos de la vida. Galopa descosido el futuro de los amantes. El sempiterno amor alocado, sopla adormilado besos enfermizos. Un jilguero apóstol de los malos sueños, muere nadando entre oscuros versos.

 

III

 

He recorrido caminos reales empedrados y con fango hasta las rodillas.

He caminado hacia la bruma de las utopías, buscando como loco un encanto o razón profunda para vivir. Vivo con la convicción de no haberme equivocado de batallas. Deseo retirarme a escribir poesía, con las verdades a medias que conozco. He intentado encontrar en la oscuridad, el significado de la palabra amor. He reído y llorado con mis hermanos, quizás por diferentes razones. Las noches de luna y los días de Sol, son muy diferentes para todos. Soy un zarzal para el mutismo de las palabras y la cordura hipócrita de la vida. He susurrado palabras cautelosas en forma de cánticos, para que el mundo no diga que lo grito. Nadie nos comprende ni nos estira con generosidad la mano; tampoco nos falta nada de lo indispensable para sobrevivir con un mínimo de dignidad.

 

La amistad florece como los colores de la primavera, sin la pasión ardiente del verano, ni las tristezas otoñales del invierno. Aprendí que los amores que se van, jamás regresan siendo los mismos. Hoy le dirijo palabras sugestivas, a los silencios de tu piel y a las sigilosas afonías de tus cavernas. Los faroles de la noche se encienden, cuando no estas para honrarte con besos y respetarte, así existan caricias atrevidas. Te escogí porque estoy cansado de los desencantos, de esos amigos “ronzalitos” que se prostituyen por nada; sin importarles el alma de nuestros corazones, cuando es franca la compañía que se ofrece. Nunca te he olvidado, así pienses que me he alejado más que un poco, pero tú representas para mí, una rosa de los vientos, una estrella constelada con encantos seductores. Siempre te he aceptado como eres, mi pequeña saltamontes, mi libélula dorada. Quiero acompañar con mi canto a tu alma y que mi poesía sea la música de mi destino… Sólo te ofrezco confianza y nido para que invernes, cuando te sientas sola.

 

Todos hemos sido en cierta manera: ¡Asesinos murtes! ¡Cuántos corazones hemos matado, con el veneno de nuestra indiferencia! Hemos suministrado, gota a gota el letal brebaje ponzoñoso. Hay besos, caricias o palabras, que hacen más daño que una herida de bala. Cuando bebía o huía por unas horas de la catástrofe, era consciente que me suicidaba. ¡Yo asesiné los mejores años de nuestras vidas! Y así lo hice con ella, con ellas y contigo. Hoy mi piel, se siente culpable como una asesina en serie. La inocencia del cuerpo del delito, ignora los consejos de los sentidos. Me regalas horas en minutos de guerra arrabalera. Beso hasta el hastío con mimos que desgrano en catarata, a tus pezones y sensuales senos. La razón ignora a los conjuros de la brújula. Eros nos arrasó y no dejó sin conquistar, nada para la imaginación. Las florestas de nuestros cuerpos se doblegan, con los reflujos de los latidos del corazón del tiovivo. Te he visto cerrar los ojos, para dejarte arrastrar por las aguas de la apetencia. Deja que la lujuria se embriague en tu pubis y conquiste uno a uno, los cráteres de tu cuerpo. ¡Eres mi adorada y excitante putita! Eres tan difícil, que te lubricas toda con una leve caricia. Te tiendes para que te estimule y provoque como una hoja en blanco, cuando desea ser llovida, hasta el último rinconcito con versos. Seduces y arrastras al pecado, con la punta de la lanza de tu boca impía. Es misteriosa la embravecida tierra húmeda de la primavera. Entre jadeos morriñosos, vivimos una deliciosa aventura y pecadora. Dejemos que nuestras adictas ingles se ciñan, como nuestras lenguas a la carne. ¡Es el festín de la vida indómita! ¡Es la danza del canibalismo puro! El olor delirante de tu piel me perfuma, cuando me zambullo con hambre dentro de tu floresta. Reconquisto los versos prohibidos por los miedos o las buenas costumbres. En la intimidad lo higiénico, luce bastante extraño. Amo al delirio de las empalagosas caricias. Amo el sacrílego holocausto que celebramos sobre el altar de las inmolaciones a la vida.

 

El desdén polifacético de los versos, constelan como los sollozos del aroma de tu cuerpo. Brillas desnuda como el lirio de una pequeña estrella, después que te rescate del miedo y la indolente indiferencia hacia tu mundo. ¡Por Dios! Hay tanta vida y pasión en tus senos, como maldad en tu mirada y sedientos labios. Eres una deliciosa sandía, cuando seduces con una entrega total. Tus pezones se erizan como una esperanza, cuando germina. El sol demarcó los espacios erógenos, para que no se extravíen los besos ni las caricias. ¿Cómo podría negarle un beso, a la belleza de tus nalgas? No sé si tu culo son montañas, montes o manzanas. Eres un hermoso mapa de piel. Tu cuerpo es una estación de relámpagos, una tormenta cuando nos descubrimos como una pareja de invidentes, enamorados. Nos besamos íntimamente y un poco más allá. Huimos del mundanal ruido, para amarnos. Vivimos cada segundo del amoroso éxtasis. Derramamos todo tipo de besos y de caricias sobre nosotros. Deslízate por los poros de mi piel, como una profana despreciada por las blasfemias. Deja que mis besos evaporen los miedos de tu cuerpo y dejemos que la locura nos pierda, dentro del delirio del fuego. Percibo a las lágrimas descontroladas del clímax, mientras un orgasmo salta como una eyaculación suicida entre tus manos o se desborda dentro de tu boca.

 

Devoro con osadía la rosa de los vientos, de tus sueños. Mi lujuria se devora con besos, a tu amoroso y pequeño lirio. Te regalo pócimas de semen, hasta sacar de madre a tu corola. Es triste saber que no puede reencarnarse nuestro sentimiento. En las profundidades del candoroso volcán, se humedece la sed de la pasión. Suspiro cuando las sábanas se estremecen y la lava de la natura ensalvajada, te preña perversamente los óvulos de todos tus sueños. Los músculos del cuerpo respiran, estremecidos por la infernal demencia. Esto es “amoroso sexo”, es el producto de la alquimia entre lo racional y los absurdos salvajes de nuestros instintos. ¡Navegamos remolinos y deliramos! Disfruta con saliva o con un poco de bebida, tu trofeo. Gemiste victoriosa como la sinfonía y la fuga en el breve orgasmo, como una desbocada yegüita de mar. Gotas de placer llovieron, rompiendo los silencios de tu carne. El amor y la felicidad, son la metáfora de una ilusión. Recogemos los cadáveres del orgasmo como empacando osamentas de masacres, dentro de bolsas negras, después de una batalla. No sobrevivió ni un vestigio de la ferocidad. Mañana se espiarán nuestros recuerdos y nos verán como a inocentes escribas, nuestros nietos. Todo cambia, amor mío, como la piel de los días o de nuestros sentimientos. No me olvides ni me ignores, como una maldecida bestia. La lujuria se enajenará y nos negará el placer de nuevos orgasmos. La vida se compone de capítulos y vivimos con pasión los nuestros.

 

Deja la cama así, para que no se borren las huellas de tus recuerdos. Mañana se borrarán las rutas que dibujé con besos. Intento recoger algunos fragmentos, de la lujuria que regó el magma de los amorosos versos sobre tu cuerpo.  Ahora necesitamos de otro tipo de besos para no sentirnos sucios, cuando regresemos a la realidad. La otra orilla esta detrás de esta puerta. Ya no necesitas de cadenas, ni de máscaras, ni de miedos. Sigue sin mí amorita mía, que el camino de la vida es infinito. Sigue soñando, delirando y persiguiendo estrellas imposibles. Corre desnuda y baja a las ilusiones que se enredaron con algunas ramas. ¡Vive!. La vida es hielo y fuego. No enmiendes tus pasos, cierra los ojos y déjate seducir por las caricias del viento. No reserves nada para el futuro. Quizás no exista para nosotros: ¡un mañana! Sigue sin mí, amor mío… no voltees a mirar que es de mal agüero. El devenir te extiende la mano y si persistes, habrá una sombra aguardándote. Sigue sin mí, amor mío, sin lloriqueos, ni suspiros… la vida es una cadena de adioses y comienzos… las heridas sanan con sal, besos y aguardiente. Agua ardiente como el mar o la muerte. El gélido piélago de los milagros de mis pasos, con la exhuberancia motriz del peso del desarraigo, olvidan y perdonan a los asesinos de nuestro futuro, a la ceguera de los mercantilistas y de los avaros. Siento envidia de los pájaros del acantilado, cuando saltan excitados al vacío y extienden las alas como un viejo olivo, como si estuviera escribiendo versos o dando una rueda de prensa. Gracias a ti, he vivido en un infierno de chocolate.

 

 

IV

 

Con la voluntad de un corazón heroico, intento construir con versos un mundo de fantasía, en donde sobrevivir a este absurdo holocausto. Aprendí que es más fácil llorar camuflados entre un zarzal de versos, porque nadie nos ve, ni puede expresarnos lástima. Vivimos lo que teníamos que vivir, bajo las sombras de nuestros destinos. A veces pienso que ni siquiera Dios, es el mismo para todos. A veces me siento en la soledad a hablar con mis pensamientos y algo de esos secretos sublimes, lo plasmo en versos. Me redime la oquedad y el bronce de mis sueños.

 

A veces me despierto con las esculturas de los desnudos del mar. La belleza de las rocas talladas, son incandescentes como el hermoso veneno de las palabras en el sexo. Por tu belleza te he coronado como la Puta Reina de la Noche y en verdad, te lo has creído. Te necesito equidistante y bien cerca a veces, como el placer o una oportunidad suicida. Despistemos a las ilusiones esculpidas, por una baraja de falsas oportunidades. Te entregas sin miedo como un ansiado plato fuerte o el fugaz entremés, donde se saborea y se muerde, hasta hacer sangrar al vino. Me sumerjo en el deseo de un viaje astral, como un tránsfuga gato paria, que narra como todo ser viviente sus experiencias, sin pelos en los bigotes. Me siento como un insólito visionario a oxigenarme, ignorando a los miserables que se resignan, por no saber nada más que ejercer un absurdo y obsoleto sacerdocio. Los místicos más creíbles se esconden como el azafrán o la hierbabuena, entre sombras inalienables. Las piedras se sorprenden cuando les pregunto, sobre la realidad de la existencia de los tres mojones del triángulo.

 

Deseo polinizar sin albedrío con la amapola que provoca el redescubrirte como hembra. Me extasío cuando me desvisto, con las líneas de tu cuerpo y los pezones de tus misericordiosos pechos. Quiero que la carne viva el veneno ponzoñoso de la boca de mis arrumacos. Deseo inocular tu cuerpo, salvaje y hermoso, mientras aguardo el milagro, cual cenizas de la mañana. Los charcos del invierno reflejan, la luminosidad de mi insomne noche. Como un pirata imaginario, conjugo con tu entrepierna, hasta calmar la sed del deseo, arrancándole al diamante de la perla dorada, destellos de la lujuriosa testosterona, para un amor más profundo y complejo. Al principio el amor es explosivo, como la química de la monogámica vasopresina. Después de un maravilloso orgasmo, no deseo más ilusiones ni promesas con espejismos de un paraíso o un cielo que no son más que nebulosas. No deseo saber más de un dios con azhaimer o quizás, ya ha muerto. Ilumina la esencia de los suspiros que aspiras con tus besos. Escucha a la ideología trascendental de mis desvaríos. Tú eres la razón aterciopelada que se desliza dentro de la carne de mis versos. No me desnudo para ganar guerras, ni levito en las madrugadas, ignorando las tentaciones del chocolate de la “dolce vita”.

 

El olor de la desdicha, me desespera. Me evaporo entre la lluvia, con el silencio del olvido y en compañía de los aciertos de algunos versos. Me refugio entre escombros y armo cadáveres exquisitos para soportar el tedio, mientras siguen cayendo bombas en algún lugar del mundo. No entiendo lo que llaman oportunidades o tierra fértil. El dolor se refleja en el horizonte, como el arco iris que brota de la sangre de los vencedores y vencidos, caídos inútilmente en acción. La nieve crece como el crisol de una avalancha, arrasando los sentimientos sobre mi pecho herido por la diabólica nitroglicerina. Respiro como un promiscuo satélite de insulina o un obsesivo dependiente, de la monótona diálisis. Cada letra es una molécula fragmentaria, de un espíritu desordenado que suda miedos. Aúllo como un pájaro desesperado, dentro del laberinto de los ecos sordos. Creo más en el poder de un áspid, que en la mano de Dios. Expreso verbos enardecidos, ante los absurdos impredecibles de una justicia paquidérmica, obsoleta y estéril. Me encrespan los grilletes imaginarios e intergalácticos. Los muertos que dejan las macabras tormentas humanas. Todos fingimos ser inmortales, pero nos camuflamos con sangre. Siento repugnancia hasta el borde del agua, cuando imagino a la desnudez mendigando un poquito de amor. Las garras del instinto apasionado de mí invernal octubre, fustiga el placer de mi equipaje erótico, como la ternura del cañaveral sobre el que nos revolcamos, como si fuese el arenal sobre el que nos balanceamos para engendrar un fruto primaveral.

 

Los espectros famélicos, se ensañan con los locos. La soledad más que una invención, es el candil de los fracasados. Siento más envidia que rabia por lucir harapos y morir escondiéndome del infortunio, como un escarabajo murte. He vivido burlándome de dios y de la muerte, pero he sobrevivido. Lloro por la destrucción irrefrenable de la tortura; por el dolor de los que se quedan, cuando desaparecen sus hijos y los sueños, quedan sin bandera. Reprimo a los cuervos por no ser transparentes. Cuando me sublevo e impaciento, lloro como el agua desolada. Cuando desahuciaron mi alma, me confabulé en el sexo. Soy un adicto al olvido, cuando me enzarzo con mi amada y nos confundimos en una sola sombra de desencantos. Mi carne llora y respira como el bronce o el cemento, cuando no puede retirar ilusiones del cajero automático. Dicen que vivo en rojo, pero aún me quedan cheques por llenar en la etiquetera de los desencantos. El reloj de los demonios se olvidó de mi nombre. Me río de la fe de mis mentiras y de las calles que han vivido mis agonías. Anoche me bebí como un horno 2 litros de whisky y escasamente se ahogaron, un par de maldecidas penas.

 

Cuídate de las serpientes murtes que acechan sigilosas, camufladas entre la locura pervertida que corroe al horizonte. Hay muchas monas malucas que hechizan con la mirada erguida de la sinvergüencería.

 

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel

hcediel@yahoo.com

2009-02-13

 

 

CINECLUB 0’0

 

 

Pasen a butacas, miren sus butacas.

El espectáculo de ahora

lo habéis visto ya,

y lo veréis siempre,

¡Asegúrense del número de la butaca…!

No sabéis porque os gusta

pero le encontráis el morbo,

porque gusta a la mente universal.

La vuestra y la mía.

El personaje es familiar

y lo soñáis tanto que os hace llorar a veces

al despertar del sueño efímero,

que tiene el hombre amante.

Su pecado es nacer

y nace para ti.

Si no lo quieres levántate y escupe.

Yo soy el taquillero, el acomodador

y el único personaje.

Puede parecer pesado,

pero tan sólo es un alma.

-¿Acaso no sois almas?-

o -¿Sois corderos?-

El protagonista no quiero ser yo,

pero tengo que vivir con ese perdón

hasta el fin de la sesión.

No quiero hacerte llorar.

Pero te quiero ver libre.

-¿Es que yo soy una pantalla?-

-Por eso tiemblo al pasar-.

En el celuloide la velocidad es tan rápida

que hace romper al sonido.

-¡Se ha roto el rollo!-

Pero soy actor de un grado comediante

y todo parece un estallido de risas.

Bien… muy bien, el público ríe.

Recupero el celuloide pero la película es obsoleta,

-¿Eso es porque habré sobreactuado demasiado?-

-¿Pero es el papel real?-

(Ya empiezo a notar el silencio;

me pone nervioso).

Y con el temblor de la luz

es más palpable.

No quiero que palpéis mis nervios.

Me da miedo. -¡Qué estúpido!-

-¿Entonces por qué escogí este trabajo?-

-¿Por que mi alma sueña y quiere ser egocéntrico?-

Pero el amor lo oculta.

A mí me gusta toda la película

pero me preocupa el público;

más bien me horroriza.

Por nada. Por nada. Por nada.

Si no porque el público impone,

sobretodo cuando me desnudo,

pero interpretar es mentir.

-¿Me odiará el público por mentir?-

Pero ellos también mienten,

porque nadie tiene un sueño perfecto.

Yo les quiero hacer soñar

y cuando les veo soñar conmigo

me transportan a una alegría de éxtasis.

Eso es lo gratificante.

Pero quiero un papel normal,

porque no tengo mucha memoria.

No me acuerdo de las películas que he hecho,

ni tan siquiera un poco.

-¿Me voy a acordar de un extenso soneto o monólogo?-

-El papel grande para el grande-.

Yo solo soy un pobre taquillero, acomodador

y el único protagonista.

-No quiero actuar más, estoy cansado-.

Primero bostezaré, haré un final feliz

y soñaré que tú también sueñas felizmente.

Pero no lo consigo. No lo consigo. Y consigo…

Resultar ser un patético villano.

-¡Qué malvados!- El público aplaude

cuando me matan.

-¿Acaso soy el más feliz de la tierra?-

Porque el cine no es lo que era.

-¡Muere, muere, muere!-

-Muy bien moriré-.

Pero si me aseguras que cuando pase la sesión, sueñes…

Me queréis muerto, pues muerto. ¡Muerto!

Así podré ir a maquillaje

y quitarme la diadema de princesa.

Ya aplauden, ya aplauden, ya aplauden.

-¿Pero a quién aplauden, si está el pantallón ya blanco?-

-Aplauden a la luz retráctil-,

-(me dice una voz de transistor psicológico)-

Su luz frontal les hace soñar.

-Tú no, tú eres el villano-.

-Seguramente no podré dormir bien-,

-ellos soñarán, pero para eso actúas-.

Y para eso eres el taquillero, el acomodador y el único protagonista.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXVIII   27-02-2.009

 

EDITORIAL XXVIII

 

CIFRAS Y LETRAS

¿CRISIS O TOMADURA DE PELO?

 

Circula un correo por Internet que habla muy explícitamente y sin ninguna demagogia sobre la crisis y creemos en “Nevando en la Guinea” que merecen unas líneas como éstas. El correo dice que un televidente llamó al noticiero de la CNN tras la noticia de que el gobierno estadounidense iba a inyectar (con el dinero del pueblo) la cuantiosa suma de 700.000 millones de dólares sin contar los 500.000 millones de dólares ya entregados a la banca con anterioridad. Y sin contar otros miles de millones de Euros que van a donar los gobiernos europeos. Y el televidente hizo un cálculo sencillo y real como la vida misma. El televidente calculó lo siguiente: si dividimos esos 700.000 millones de dólares por los 6.700 millones de habitantes que el mundo tiene, tocarían para cada uno de los seres de esta bola azul delirante e injusta que es el planeta TIERRA, la atractiva cifra de 104 millones de dólares por persona. Osease, que tocarían para cada uno 104 millones de dólares; que creo yo, que con esas cifras una persona viviría más bien que mal. Con ese dinero en el bolsillo de cada ser humano se acabaría la pobreza en el mundo. Pero eso no es todo. Para hacerlo más cercano: en España se sabe que el gobierno ha comprado la deuda a los bancos y les ha donado la cantidad de 30.000 millones de Euros hace muy poco tiempo, y todo para (dicen) para evitar el colapso financiero. Pues bien, esos 30.000 millones de Euros divididos por 46.063.511 habitantes que ocupan el territorio español (según los datos del censo municipal del 2.008) alumbran la friolera cantidad de 652,18 millones de Euros para cada contribuyente. Pero el cálculo va más allá, suponiendo que cada familia española e inmigrante tuviese 4 miembros corresponderían para cada familia la suma de 2.500,72 millones de Euros. Ahora yo les hago unas sencillas preguntas: ¿por qué aguantar más mentiras? ¿por qué aguantar tanta manipulación? ¿por qué aguantar no llegar a fin de mes por que las hipotecas siegan nuestros salarios? ¿por qué de tanta hambre en el mundo? ¿por qué no se reparte esa riqueza? ¿por qué unos tienen que vivir con opulencia y otros sin las mínimas necesidades? ¿por qué de tanta pantomima? ¡BASTA YA! ¡SEÑORES, NOS ESTÁN ENGAÑANDO!

 

 

 

POEMAS GRISES

 

Esos poemas rebosantes

de gris

son razón oportuna

para marcar una raya,

son ansiedad cercana

empañando cristales

por alientos desesperados,

son luz que se difumina

en las pupilas del alma,

son esas carencias sufridas

con un solitario color

de fría apariencia.

De un gris a gabardina

y a periódico de antes de ayer.

Como esas grises almas

ocultas tras la niebla,

también gris,

que desdibujan su filo

de luz y su silueta perdida.

Grises como ratas

que absorben el vacío

de los relojes y se van al mundo

buscando veneno que les dé

esa gris agonía lenta

del hombre y su sombra.

Esas horas grises de melancolía

y nostalgia preñada

de confusa etapa

de la naturaleza imposible.

Grises palomas de ciudades

miserables y lejanas,

de satisfacciones soñadas.

Miradas grises y contrincantes

del minuto espeso,

del momento marchito.

Hombres grises que en horarios

de oficina salen vomitando

sus adentros hacia

pasillos de monotonía de ceniza.

Obreros grises, taxistas grises,

Multitudes grises, mujeres grises,

e infinitos grises.

Todo es gris bajo el telón

de carroña y contaminada

discordia.

Hasta los muertos y las rosas

tienen un resumido gris

en la mirada y en el tallo

de espinas.

Por eso estos poemas grises

de lluvia que desafía

tienen una gris bofetada

de estatua y esfinge.

Tienen la gris carcajada

con sed de venganza

que reina triunfante sobre

las sepulturas de ángeles-niños

 que dieron su vida

por la utopía del viento.

Grises párpados abiertos

que desnudan su beso

y su apretón de manos

ante la vida traicionera

que muestra su pistola

apuntando las sienes inocentes

que susurran amor.

Palabras grises de licor

y mortaja,

poemas grises de caricia

apagada.

Grises de mundo

y grises del todo y el nada.

Gris desperezo

y gris libertad colgada

del techo.

Gris y más gris,

esa es la vida

de luz que todo cadáver

busca luchando.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Desasosiego

 

 

         Salí de casa de Silvia y no pude menos que sentirme triste. Podría atribuirlo a la tarde que empezaba a declinar, lo que siempre me ponía melancólico, o a que ya había empezado a añorar a mi amiga, con quien mantenía una relación informal aunque intensa. Pero no sería exacto. Siento no ser nada poético, pero las cosas, a veces, no poseen tanta enjundia. Tras el regocijo de la tarde, breve sin duda, volvía a la realidad. Me apesadumbraba mi propia vida. O mejor dicho, mi falta de vida. Porque la que yo llevaba no me producía la más mínima satisfacción. Tenía veintitrés años y me daba la sensación de estar tirando la existencia por la ventana. Miraba a mi alrededor, a mis amigos, a mis conocidos, y todos parecían bregar por su porvenir mientras que yo me dejaba llevar sin tomar nunca una decisión. Y si alguna vez tomaba alguna, no la llevaba a la práctica, lo que viene a ser lo mismo.

         Esa tarde la sensación de vacío se hizo más intensa. Mientras caminaba, le empecé a dar vueltas a mi situación, a mi falta de ánimo, a mi desasosiego. Me daba cuenta de que mi existencia no tenía motivaciones ni sentido. Tal vez suene en exceso trascendente, pero era así. Fue tan fuerte la zozobra que hube de sentarme en un banco. Miré a mi alrededor, mis ojos se humedecieron. Estaba tirando mi vida, el tiempo se me escapaba entre los dedos. Resultaba imprescindible que cambiara, necesitaba valor para afrontar los cambios, asumirlos de una vez, llevarlos a la práctica. Pero intuía que iba a desfallecer de nuevo en el momento más importante.

         Se me hacía urgente, por ejemplo, hablar con mi padre, en ese mismo instante lo decidí de pronto, porque no podía ser que me organizara la vida como si fuera la suya y no la mía. Me armé de valor durante unos minutos, aunque no tenía certeza de que en el momento clave, cuando entrase en casa, se desinflara toda mi fuerza. Sabía además que se quejaría, era previsible que acudiera a su pesar, a su amargura, al tiempo vivido por él, tan nefasto, mírate en mí, me diría, un fracaso, no quiero que tú seas igual, afirmaría y sería para mí como una colleja. Me hundiría. Me haría sentir culpable. Sé lo que te conviene, repetiría, como tantas veces, antes de que pudiese sincerarme. Yo dejaría correr entonces mi intención de hablar con él, como si no cupiera posibilidad alguna de salir adelante. No tardaría en hundirme porque no era capaz de salir de esa realidad.

         Había pasado ya tantas veces.

         Pensé en Silvia. Tal vez ella tuviera razón al aceptar las cosas como venían. Falta de ambiciones, trabajaba en su biblioteca sin más preocupaciones que las más inmediatas. No le daba vueltas a nada y no parecía hundirse tampoco con una realidad que a mí ya me resultaba insoportable.

         Deseé también que alguien se sentara a mi lado y me formulara las claves para entender lo que me pasaba y apuntar el camino por el que debería avanzar. Pero la gente cruzaba ante mí sin incidir en mi vida. ¿Dónde estaban esos momentos simbólicos en los que, de pronto, todo se te aparece evidente? Quizá sólo fueran un recurso literario, en la realidad no había escapatoria posible.

         Me levanté y seguí mi camino. Se había hecho de noche. Refrescó. Vi un café y me entraron ganas de entrar y recogerme un rato más antes de volver a casa. Me ayudaría, me dije, a retomar algo del valor recién perdido.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

HASTA QUE TENGAMOS QUE DECIR ADIOS…

 

Dedicado a Hilda Acosta

 

Tengo que descifrar las cartas astrales o el significado de mis sueños; curiosamente nunca volví a tener pesadillas ni sueños húmedos; pero me encanta interpretar con más pasión a la vida y escuchar los gritos de los silencios de las pieles de mis amigas o las historias fantásticas que callaron por tanto tiempo sus vaginas. Los sentimientos y el sosiego son como la sístole y la diástole, en la danza amorosa de las ingles; ese amoroso y violento apareamiento de los cuerpos y de las sombras, ese espirar, inspirar, espirar, inspirar… que nos conducen de su mano a caminar sobre el mar y las nubes… Hay mundos fantásticos por descubrir en las situaciones más absurdas y extremas; no es bueno quedarnos quietos; solo la actividad nos permite vencer esa gelidez que nos consiente avanzar o realizar nuestros sueños… el reposo es sano, cuando la fatiga nos sofoca como si respiráramos fuego. La sabiduría nos ha robado esa humildad de reconocer nuestra insignificancia, frente a la majestuosidad de la naturaleza… tenemos la opción de amar y crecer, si aprendemos y aceptamos que somos efímeros… sensibles a los vientos del destino… que nuestro destino es pasar como el viento o las aves migratorias.

 

 Tenemos que aprender a buscar y a reencontrarnos con la belleza de la vida, de los paisajes, con la desnudez de nuestros cuerpos… desnudarnos completamente y desnudarnos para zambullirnos dentro de las aguas cristalinas del mar y el azul de las miradas del cielo. No nos lamentemos de lo que heredamos o de la realidad que vivimos; pensemos en lo que le podremos dar a heredar a nuestros hijos, un mundo mejor; quizás tengamos que pagar un alto precio por errores que nunca cometimos, pero no podemos desperdiciar ni un segundo, intentando recuperar el daño que le hemos hecho a la naturaleza como especie y la dignidad del hombre, ese apasionado animal que se ha dejado arrastrar por los instintos mas bajos y salvajes, hasta elegir el raptar como los murtes. La belleza debe ser natural, la mujer como hembra no necesita de perfumes, maquillajes, operaciones, tinturas, tatuajes, prendas para lucir más hermosas o exóticas; la belleza natural es hermosa como una aurora o un fastuoso crepúsculo de la vida… todas las estaciones de la vida son bellas, cuando aprendemos a descifrar sus versos; tenemos que dejar que el mar fluya como la vida, porque es el tiempo el que se encargará de alimentar su caudal…el destino se encomienda de aportarle afluentes…hasta que se convierte en un majestuoso sendero de vida…en un arteria indispensable o trascendental. Hay tanta belleza en el otoño, en esos contrastes amarillos, naranjas, rojos, verdes e incipientes grises y ocres… así muta la vida; igualmente todo se recicla, se vigoriza y se revitaliza como un amor fresco y con ilusiones, para plasmar en realidades en la intimidad.

 

No podemos seguir pensando en solo tomar frutos de la vida, sin sembrar semillas para cosechar con abundancia, nuevas esperanzas. Desde hoy, no debemos desvelarnos por el pasado ni por el futuro; debemos vivir con una apasionada sabiduría: el hoy y el ahora. Grandes lecciones recibimos de la naturaleza que no caza por cazar, ni asesina por asesinar, sino que toma exactamente lo que necesita; los animales generan sus viviendas sin destruir los paisajes, sin cementar los valles, contaminar los ríos, sin contaminar el aire o mutilar las montañas… solo viendo con ojos bondadosos y con amor a la naturaleza, descubrimos una belleza que crece y que amerita que nos extasiemos contemplándola. La naturaleza no necesita esforzarse para arrancarnos suspiros o expresiones de asombro; así deberíamos actuar mujeres y hombres, nunca alterar nuestra belleza natural ni avergonzarnos de nuestros cuerpos… integrarnos a los paisajes… compartir con generosidad todos los espacios de nuestros cuerpos, a las miradas que deseen observarnos sin malicia… tenemos que aprender a observarnos sin ruborizarnos… Nudelot no debe ser una utopía, ni un sueño de o para un exclusivo  grupo…tenemos que generar paraísos donde el hombre se pueda reencontrar con sus estados primarios y naturales… la desnudez es el traje que nos permite soñar despiertos… la belleza es un concepto que nos permite volver a fantasear e imaginar despiertos…  el amor y la amistad tienen que eslabonarse con la pasión de los colores, de los pétalos… así como una rosa roja inspira versos, amorosos pensamientos y es casi imposible que florezca en pútridos pantanos.

 

No podemos seguir sobreviviendo y vegetando como parásitos, viviendo por inercia sin sueños ni ilusiones; tenemos que aprender a volar como los pájaros, a nadar como los peces; no temerle a las tormentas ni a las olas en la alta mar… ni a los iceberg estigmatizados por el hundimiento del Titanic… simplemente alejémonos de las personas con espíritus opacos, tristes, solitarios… para que su mala energía no nos influya… la vida siempre será: más realista de lo que imaginamos y menos surrealista de lo que pensamos.

 

EL LOCO

2008-10-03

Por Héctor J. Cediel Guzmán

 

 

Cabeza de perro en el muro
Por Jorge Rodríguez Lagos
 
Venían a toda carrera con una vara en las manos,
el sudor era una pequeña tormenta en sus infantiles caritas.
 
– ¿de dónde vienen mis amores? / pregunté / tan agitadas.
– De por ahí, papi ; de por ahí / respondieron.
– de por ahí ¿dónde? / volví a preguntar /dejando a un lado la maquina
de escribir.
– de pelear con esta varita /respondieron-riéndose/ con la cabeza
de un perro.
– ¿con la cabeza de un perro …?
– si papi, un perro tenía la cabeza sobre el muro y gritaba :
¡ hermanos – hermanos! tengo hambre, mucha hambre
¡ hermanos !
– ¿y ustedes entienden el idioma de los perros? /pregunté/
– si papi, así decía.
Tengo hambre tráiganme a esas dos niñas para comérmelas.
Entonces tomamos esta varita para darle en el pico.
-Porque nos quería comer-

 

CARTAS DE AMOR DE UN ENFERMO DEMENCIALMENTE LOCO

 

Dedicado a ISABEL TORO “ISATOLUP”

 

1

 

Soy un animal enamorado por el vino de las estrellas; un demente enfermo de locura y amartelado al aroma de tu piel; me has acompañado como la lepra durante un rico manojo de años. Se que te han herido algunos versos, pero muchos te acompañarán durante  las sombras de las largas jornadas, así sólo haya sido un accidente en tu historia. Mi alma conoció contigo la claridad y la magia de la demencia carmín de los sueños, en una modesta y solitaria habitación, que ya llevo grabada para siempre en mi corazón; alquilada a extraños forasteros, a medrosos pasajeros que siempre ingresan sin más equipaje que los disfraces que llevan puestos… nómadas siempre sin un rumbo por destino… sólo deliran sus pasos errabundos… como el cansancio de las huellas que dejan estampadas el dolor y el desencanto los enfermos mentales, por los pasillos de los sanatorios… Revoloteamos como caballos de fuego y te amé de rodillas… y te amé así o asá en silencio y te adoré con palabras soeces. Me conmoviste con embarazos indescriptibles y culilleros; atemorizantes como todos los compromisos no deseados con el futuro; y sin embargo, te seguí jineteando como a una ardorosa sierva salvaje. Te resucité como a una sonata muerta; bramamos como animales retozando o como las ramas de los árboles otoñales o las alas de las mariposas cuando se abren al abandonar las crisálidas; como un glúteo furioso cuando ansía ser empalado y escarmentado por la saliva del fuego; o los labios vaginales al rendirse sin capitular al deseo. Tus sentimientos de mármol, pudren al verde de mis risas; me he impregnado con la alegría de los pájaros, con el musgo de las llamas virginales de las durmientes que en la oscuridad se ensalvajan. Me ha derruido el silencio del amor; florece la tristeza como el amarillo de una tarde de invierno, cuando el dolor no es más que una sonrisa loca, extasiada por las mentiras piadosas que intentan en vano mitigar el daño. El fin sólo nos muestra el rostro otoñal de la vida que se escapa como una rata murte acobardada por la vergüenza. Ya no eres la mujer bella y apacible que conocí; siento apagado el fulgor de tu pasión y sin sentido tus ligeros azores… esas necedades que devastan mi deseo por ti.

 

EL LOCO

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

 

 

 

 

BENDICIONES DE LA LLUVIA

 (poesía infantil)

UNA TARDE ALLÁ EN EL CIELO

LAS NUBES SE CANSARON DE SOSTENER

LAS GOTITAS DE AGUA QUE POR MUCHO TIEMPO

HABÍAN GUARDADO EN SUS ADENTROS.

 

Y LAS NUBES LLORARON Y  LLORARON

HASTA QUE LLEGÓ LA MAÑANA,

 LOS HILOS DE LLUVIA CRISTALINA

BAJABAN POR MI VENTANA.

 

HOY DESPERTÉ MUY TEMPRANO

Y DESDE MI CAMA,

ESCUCHÉ EL CANTO DEL ARROYO

QUE SE CONFUNDÍA CON EL DEL YIGÜIRRO

EN LA RAMA DE AQUEL HIGUERÓN.

 

MIRÉ EL AMBIENTE MUY DISTINTO,

EL AIRE MÁS FRESCO

Y LAS  FLORES, SONREÍAN PORQUE EL AGUA HABÍA

BAÑADO SUS COLORES DE ROJO AMAPOLA.

 

MANANTIALES QUE NACEN EN EL ESPESO BOSQUE

CONSERVEN SU PUREZA,

PORQUE EN SUS AGUAS TRANQUILAS Y FRESCAS

ESTÁ LA ESPERANZA DE CONTINUAR LA VIDA

EN ESTE PLANETA.

 

-Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

1er ganador del 1er concurso

de poesía ofrecido por la revista cultural

“Espíritu Literario”.

 

“A LAS DOCE”

 

            – ¿Qué te pasa Matías que estás tan triste? – Nada mama – A mi no me vas a engañar. A vos te pasa algo. ¿Estás cansado? Si ya no vas a la escuela. Hasta tu burrito está descansando.

            Ahora que estamos solos, contame que te pasa. ¿Tienes fiebre? – No mama, sólo tengo una cosita aquí (se señala el pecho). – Así ¿y qué es eso? – No sé, pero cuando hemos ido a la ciudad con la Srta. Chichí, en la televisión decían a cada rato que iba a llegar Papá Noel, con muchos regalos y nosotros no lo hemos visto, por aquí nunca ha venido. – ¿Y eso te pone triste? – Si, porque quisiera que mis hermanitos y yo también tengamos regalos coloridos y que todo esté pintado de colorado, verde y dorado. Y un árbol grande lleno de regalos, tarjetas y cartas, como el de la ciudad.

            ¡Ay! Matías, es la primera vez que me hablas de esas cosas, yo no sabía que existía ese Papá Noel. Debe ser alguien de otro lado, algún extranjero, porque yo no nunca lo he escuchao nombrar. Y los colores hijo aquí también podemos adornar con talas, tuscas, paraísos, mistoles…

            Al oro lo vamos a poner con los ramilletes de las tipas, las quellosisas y las florcitas de las tuscas, y al colorado con todas las flores del geranio que tu papá ha traído de Tucumán. Si, nosotros también tenemos esos colores, Matías. Nada más, que capaz que no los sabemos acomodar bien. Te prometo que yo te lo voy a preparar un árbol grande y hasta le vamos a poner papel celofán, que nos ha mandado tu tía Elena, en la última encomienda de Buenos Aires.

            Y si te parece poco, hasta te lo puedo poner pedacitos de lana de colores de la última manta que estoy tejiendo para venderla.

            – Está bien mama, no se preocupe tanto. Yo de flojo nomás mi puesto triste, por esas cosas que ni conocemos nosotros. ¡Pero es que me han gustado tanto los colores y  los brillos…!

            – Hijo, usted tiene que estudiar mucho. Me ha dicho la Srta. Chichí que es muy capaz, así que después va a ir a la ciudad para estudiar. Se va a recibir para poder comprar y adornar todos los árboles que quiera, mi muchachito. Y ahí también sabrá bien quien es ese Papá Noel.

            Nosotros también vamos a celebrar el nacimiento del Niñito como todos los años. La bendición hijo, y vaya nomás a dormir, ahora es tiempo de descanso.

            Al día siguiente. Matías estaba pensativo y su mamá volvió a arremeter con las preguntas – ¿Y ahora qué pasa hijo? ¿Siempre preocupado? – bah mama, ni yo mismo sé que me pasa. Hoy me he puesto a pensar que como somos pobres y no hay trabajo mi papá nunca está en la casa. Si no va pa’ la cosecha de la papa, va para el maíz, el algodón o la caña de azúcar. Yo hago cosas de hombre, porque casi no hay hombre en la casa.

            – Matías vos sos un niño y debes vivir así como un niño. No quiero que hagas tareas de grande, porque vos no sos un hombre. Te faltan años, mi muchachito. A mi me gusta mucho cuando juegas con tus hermanos al “oíto chipaco”, a las bolitas y a las escondidas. Hasta cuando la Carmen se anima a contar saltiando y yo me río de lejos.

            – Tu papá tiene que irse porque si él no trabaja ¿de qué vamos a vivir? Vos tienes razón, pero yo demoro para terminar un frazadón. Y eso no alcanza hijo, cada vez es más difícil todo. Con la gracia de Dios, ustedes son sanitos, fuertes, mis buenos compañeritos.

            Matías la besa con inmenso amor a su mamá y queda un rato abrazándola.

            – Mama hoy mi estao acordando todo el día del abuelo Zacarías y me he ido a rezarle en la cruz, donde ha caído muerto, de tanto y tanto hachar quebrachos y nadie nos ha pagao por su vida. Nadie, mama. Y tan bueno que era. Nunca me voy a olvidar de sus hermosos cuentos de animales; ¡Y cómo los contaba! Sobre todo el del zorro, que les ganaba siempre con sus picardías y sus andadas.

            Cada vez que me acuerdo de mi abuelito, le doy gracias a mi Diosito de que mi papá no sea hachero. Me duele el alma cuando oigo el ruido del hacha en el potrero de Don Elpidio. ¡Este hombre si que se está acabando la vida! Siempre lo estoy espiando, porque tengo miedo que le pase lo del abuelo y no tenga quien lo ayude. Está tan solo. No tiene ni siquiera un nietito a quien acariciar, pobrecito.

            Su madre se acerca, le acaricia el pelo, le besa las manitas pequeñas y callosas y lo acuna en su regazo. – Ya va a llegar el día en que tu papá podrá encontrar un trabajo aquí cerca de nuestra casa, para que no tenga que irse nunca más. Si para nosotros m’hijito, también tiene que llegar la oportunidad de vivir mejor. Lo más importante, Matías, es que nos queremos mucho y que somos muy unidos.

            – Mamita, yo no estoy desconforme con nada, les agradezco a mi papá y a usted por todo lo que hacen. Yo sólo quiero que estemos siempre juntos. Como ahora que ha llegado diciembre y todo parece más lindo, la casa, las plantas, las flores y esas ganas de mi papá de hacer todo y de que estemos alegres y contentos.

            El niño amaneció alegre y salió corriendo a buscar las mishquilas (chilalo) que había visto el día anterior, cuando había ido a buscar las cabras con Tomás y la Carmen. ¿Pero por qué se apuraba tanto? Es que quería llevar las vasijitas para ponerlas en la mesa del pesebre que había preparado su madre.

            Tenía miedo de que alguien encontrara su tesoro. Había visto a otros niños que andaban jugando por ahí.

            Nunca había sido mezquino, pero ese día quería comer toda la miel. ¿Será que esto es pecado? Mi mama dice que se debe compartir todo con los hermanos para que Diosito no se enoje. Es la primera vez que tengo ganas de comer todo solito. ¡Hoy no le voy a hacer caso a mi mama!

            Unos pájaros pasaron raudamente por su lado y se posaron en un frondoso algarrobo. Estiró la gomera y al mismo tiempo cayó herido un quetubí. Un escalofrío se apoderó del cuerpito de Matías. Levantó a la avecita casi moribunda la sopló, acunó y la puso debajo de su camisa. Todo fue inútil. El animalito murió pese al calor del pecho del niño.

            Un ruido en medio de la gramilla lo hizo volver la cabeza estrepitosamente – ¿Quién está ahí? ¿Sos vos Tomás, que me quieres hacer asustar? – Una voz firme y con dulzura le respondió – No soy Tomás. Soy alguien al que no vas a ver, pero quiero que me escuches bien lo que digo. No debes matar a los pajaritos. Ni ser mezquino. ¿Por qué quieres dejar a tus hermanitos sin miel, si a ellos también les gusta?

            – Yo siempre les llevo para ellos, pero hoy, no se porque he querido que sea todo para mí. No lo voy a hacer nunca más.

            – Si dices que no lo harás, yo te creo porque sé que eres un niño bueno y de nobles sentimientos. Se te nota en tu carita dulce.

            Ahora corré hasta donde está la miel y encontrarás muchísimas tinajitas. Tené cuidado para no romperlas y llevale a toda tu familia.

            – Dígame primero, ¿Quién es usted y por qué no puedo verlo?

            – Esta noche cuando sean las doce y se escuchen las campanas de la capillita ahí estaré yo. Apareceré ante vos y sabrás quien soy.

            – ¡Ah! entonces es Jesucito, porque Él va a nacer esta noche.

            Mi mama ha hecho un pesebre con maderitas, ramitas, chalas y palitos y una hermosa cunita con espinas de vinal y pastito seco. Todo está lindito y vamos a estar muy alegres, porque va a nacer el Niñito. Nosotros le vamos a cantar y bailar y mi papá va a tocar la guitarra.

            ¿Seguro que va a estar conmigo? No se olvide que yo lo voy a estar esperando. ¡Ah! le voy a regalar la única pelota que tengo. Me la ha dao la Srta. Chichí en la escuela, cuando el último día de clases he leído bien la lectura de la Navidad.

 

Por Lucila Soria

Santiago del Estero-Argentina

Poesías extraídas del poemario titulado “EL SOL DEL CORAZÓN”  de Juan Fran Núñez Parreño.

 


Beber y vivir de ti


Y con mis ojos
te admiraré
y admiraré
tus ojos
hasta que me inunde
de tu brillo
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu luz.

Y con mis manos
te sentiré
y sentiré
tus manos
hasta que me inunde
de tu calor
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu abrigo.

Y con mi lengua
te recorreré
y recorreré
tu lengua
hasta que me inunde
de tu saliva
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu agua.

 

 

Si te vas…


Cuando aún no había Sol
tú ya eras luz,
cuando todo era silencio
tú ya eras risa,
no había tierra
ni agua
y ya eras oro
y vino.

Llegaron los labios
y la mirada
y tú ya eras beso
y cuerpo.

Apareciste tú
y nació el amor.

Si te vas
se irán las estrellas
y el Sol
y ya no habrá
noches ni amaneceres
para el amor.

Si te vas
se irá el mar
y el viento
y ya no habrá
playas ni otoños
para el amor.

Si te vas
se irán las flores
y los corazones
y ya no habrá
perfumes ni latidos
para el amor.

Si te vas
se irá la música
y la miel
y ya no habrá
canciones ni dulces
para el amor.

Si te vas
ya nunca habrá amor.

 

 

Pase lo que pase


Pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque se apague el Sol
y venga la oscuridad infinita,
aunque
la Tierra sea un desierto de hielo
o un mar de arena,
aunque no quede pan ni agua
ni casas para vivir,
pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque estemos lejos
en los polos opuestos del Universo,
aunque mis sentidos queden ciegos
y ya no te pueda sentir,
aunque no me quieras
y me odies y me mates,
aunque me muera
y deje de ser,
pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque nunca hubieses existido
y nunca te hubiese conocido
te habría amado siempre
y siempre te amaré
pase lo que pase
por que mi amor por ti
es eterno.

 

Sal del Sol


Sal del Sol,
la sal salió,
llevabas la llave de la lluvia
y llovió,
palpa la pulpa del papel,
clávame el clavel,
baja ya abajo,
yo bajé tan bajo…
bajo el debajo,
calma mi culpa,
calma mi alma,
palpa mi alma,
yo ahora lloro.
Te amo mi ama,
ámame a mí ya mismo,
ámame aquí,
ámame más,
mímame más,
mírame más,
te amo mi llama,
llámame más,
lléname más,
lámeme sin lema,
rémame sin remos,
te amo alma mía.

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

UN BOLSILLO EN CRISIS

ES UNA BREVE CRISIS DEL CORAZÓN

 

Te llaman porvenir

porque no vienes nunca…

 

Ángel González

 

Y te llaman crisis porque eres una puta

sin rostro,

un personaje de lupanar clandestino,

un montón de mierda

que quiere ser Dios.

Un bolsillo en crisis

es una breve crisis del corazón,

porque las putas van al mercado,

porque el mercado

es un bullicio de total prostitución,

donde se vende y se compra

la vida,

se sustituye oropel por gramos de ceguera,

porque la mezquindad es un kilo

de noses rotundos,

porque se disfrazan las voluntades blancas,

porque los voceros gritan

como perros de rabia,

porque los ceros son noventa y nueves

hipócritas,

porque el redondeo es la boca del lobo,

porque la trampa está oculta

en el aire que se respira,

porque la codicia se sobreentiende,

porque sin bolsillo pleno

no hay corazón que te responda,

porque los mercados son murallas

para algunos,

porque se tira lo que no se quiere

y se desprecia al que pide fiado,

porque los minutos son Euros

que respiran ante el tedio del mundo,

porque las sogas y el patíbulo

son una vereda abierta para el pobre

que de forma gratuita su opinión le niegan.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

27º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

27º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXVII   20-02-2.009

 

 

EDITORIAL XXVII

La literatura y la vida

 

En una entrevista que cierra la antología de relatos «El Pez Volador» -editorial Página de Espuma, 2008, mencionada en nuestra sección Bombolom-, el escritor Hipólito G. Navarro comenta la forma en que se adentró en la lectura y por tanto en la literatura. Nos cuenta el escritor una juventud dura, con una realidad poco amable y un episodio familiar, la muerte de su padre, que resulta a todas luces poco grato, si no deprimente. En este contexto, la lectura se convierte en un refugio, en un lugar donde se siente resguardado, fuera de esa realidad.

 

No es la primera vez que oímos que la literatura sirve a algunas personas para seguir viviendo a pesar de la fatalidad, que las salva de la locura o del dolor. El narrador peruano Reibeyro mencionó alguna vez la anécdota de un soldado hispano en la guerra de Vietnam que halló cierto sosiego en un libro de relatos. La literatura deviene así un salvavidas ante una existencia que nos puede llevar a desmoronarnos, la literatura también como terapia ante nuestros propios fantasmas internos y que brotan sin duda por el contacto con la vida. No es descabellado, así, reconocer que la literatura tiene algo mágico y seguramente hunde sus raíces en aquellos contadores de relatos que reunían a la tribu a su alrededor para narrar viejas historias, antiguos mitos, que envolvían al grupo en un halo de misterio, en un arcano, y le daba consistencia y sentido al grupo.

 

Porque todos los pueblos poseen sus mitos, sus leyendas, sus cuentos simbólicos. A todos los niños de todas las etnias se les cuenta historias que le enseñan las claves de la existencia. El escritor francés Anatole France sugirió, además, que todas las historias del mundo cuentan, en realidad, la misma historia. Porque al fin y al cabo todos los pueblos, al igual que todos los individuos, se mueven por las mismas motivaciones en este mundo: sobrevivir, amar y ser amado, entender la vida y por tanto la muerte. 

 

De ahí que no entendamos el empeño de sacar la literatura de la cotidianidad, convertirla en un mero entretenimiento ocioso. La literatura forma parte de la vida, le da claves a los niños para absorber el mundo que les rodea y permite a los adultos establecer lazos con la vida, la suya propia y la colectiva. La necesidad de una poética lo cubre todo, incluso la ciencia ha de acudir a la poesía para explicarse, ¿acaso no es poético el concepto de «agujeros negros», que no son agujeros ni son negros?

 

Sacar la literatura de la vida es como intentar limitar el juego en la infancia, son necesarios. En este sentido, nos aterra que el capitalismo haya querido convertir los libros en un mero objeto de compraventa y que las universidades o las enseñanzas básicas y secundarias quieran desterrar las asignaturas de letras porque el actual mercado no considera que la formación en humanidades sea rentable.

 

Esperamos que la actual crisis que tantas cosas está cuestionando permita un replanteamiento de estas cuestiones y que la literatura vuelva a ocupar su papel, tanto en la vida más privada de las personas como en la colectiva.  Un porvenir sin literatura seguramente no merece vivirse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAPAFRITA Y PAPANATAS

 

Papa frita con tomate,

te ruego me perdones,

Papa frita exquisita

es la vida un duro empate.

Papanatas y ensalada,

olivas y un entrante,

te quiero como antes,

Papanatas mis miradas,

Papa frita con pringada

tienes hijo botarate,

tienes allí en tu mirada

dulzura en el semblante.

Papa frita tus galletas migadas,

Papito de mi arte,

Papanatas filigranas,

Papa frita es gigante.

Papa frita con programas,

caja tonta, cajón desastre,

Papas fritas son hermanas

de la prima de un Don nadie.

Papa frita con migraña,

Papanatas con Don aire,

Papa frita las mañanas

no conocen disparate.

Papa frita la telaraña,

Papa-lengua ten delante

la tele desde la mañana,

luego dice chocolate.

Papa frita de mi alma,

Papanatas es flipante,

díscolo de la campana,

díscolo y ser caminante.

Papanatas, Papanatas,

Papanatas sin petate,

Papa fritas de mi entraña,

Papanatas y chocolate,

Papanatas su maraña,

Papas fritas con tomate.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

La herencia

 

 

         Cuando mi padre murió todos contaban con que yo continuara con el negocio familiar. Después de diez años trabajando codo con codo junto a él había conseguido experiencia, conocimiento y rutina en una tarea que acabé por dominar por completo. Nada se me escapaba, ni la gestión de la tienda ni el manejo del taller. Además, era justo eso lo que mi padre había deseado toda su vida. No en vano comencé a trabajar en la empresa nada más acabar el instituto. No tuve opción. A lo largo de toda mi infancia y mi juventud mi padre me había repetido una y mil veces la coletilla «cuando trabajes en la empresa …» y a continuación añadía miles de variantes, siempre positivas, grandiosas y exultantes, sin duda con la intención de convencerme de mi destino e impedir cualquier posible disidencia. Era como si no cupiera alternativa alguna. No la había de hecho para él, nunca me preguntó sobre mis preferencias, mis propias expectativas vitales, mis anhelos, como si fuera evidente mi futuro estrechamente ligado a su propia obra, una extensión de su propia vida. Resulta difícil verse de otra forma cuando te bombardean de esa forma. Yo sentía su ilusión y las esperanzas que se hacía para conmigo. Tú no te preocupes de nada, me decía con frecuencia, te dejaré la empresa bien constituida.

         Durante diez años acepté su decisión sin rechistar. Su insistencia había desbaratado cualquier atisbo de rebeldía en mí. Cumplía con los horarios, con las gestiones, con mis funciones y nadie sospechaba que tuviera la más mínima discordancia con aquella rutina que se sucedía día tras día, que duró diez años. Pero por dentro deseaba otra cosa. No pocas fueron las ocasiones en que me dejaba llevar por miles de ensoñaciones y me imaginaba ejerciendo otras profesiones u oficios y viviendo en otra ciudad, tal vez en otro país. Pero acudí todos los días a mi puesto en la empresa, de algún modo consciente de que no podía defraudar a mi padre.

         Mientras le enterraba tomé la decisión. Era como si llevara tiempo meditándolo aun sin ser plenamente consciente de ello porque no me costó nada asumir que no iba a seguir gestionando el negocio. Incluso supe que al principio debía actuar con discreción ya que mi madre podía ofenderse porque dejara de repente lo que ella consideraría a todas luces mi deber. A los pocos días del entierro contacté con un abogado que me asesoró sobre todas las posibilidades. Sólo cuando tuve todo bien atado y ya contaba con todos los documentos para firmar una vez que todas las partes asumieran y aceptaran mi decisión la hice pública no sin cierto temor.

         Tienda y taller quedarían divididos. La primera la vendería a una cadena que ya había mostrado su interés y que me ofrecía un dinero incluso superior al que realmente podría obtener con cualquier otro hipotético cliente. El taller lo cedería a los cinco trabajadores que constituirían una cooperativa. Sabía que la oferta la aceptarían porque alguna vez la habían barajado en vida de mi padre con la idea de reducir impuestos sin que nunca llegaran a concretarlo, recordaba pese a todo que ellos no veían con malos ojos dicha posibilidad. Para  animarlos, contacté con la cadena que deseaba comprar la tienda y les puse la condición, presente en el contrato de compraventa que, si lo llegábamos a formalizar, tendrían a la cooperativa como uno de los proveedores. No se negaron. El último detalle era contentar a mi madre ante lo que sería un enorme disgusto. Para suavizar la sorpresa que iba a causarla, todo el dinero que obtendría de la tienda se lo daría a ella. Yo no lo necesitaba: durante los diez años de trabajo había conseguido ahorrar una buena porción de mi salario, contaba además con la herencia. Ese dinero suavizaría sin duda el enojo por mi partida. También entraría como socia no trabajadora en la cooperativa, lo que le supondría un ingreso anual fijo a añadir a su pensión.

– Y tú qué piensas hacer. -Me preguntó cuando le comenté mi idea y una vez se despejó de la sorpresa y el disgusto que no disimuló lo más mínimo, y aceptó que era una decisión que yo no estaba dispuesto a discutir en absoluto.     

– No lo sé.

         Y no lo sabía en absoluto. Necesitaba un cambio, era más que una intuición, se trataba de una certeza. Aquellos diez años me habían dejado un poso de cierta amargura y sabía que si permanecía allí, en la pequeña ciudad, acabaría sucumbiendo a un profundo pesar. Pero no tenía ni idea de lo que iba a hacer.

         La resolución la tomé un día del mismo modo cómo había decidido lo anterior, casi sin darme cuenta, como si lo hubiera estado meditando sin ser consciente de ello. Un buen día compré un billete. Se lo dije a mi madre. Me sorprendió que no se mostrara hostil a ese nuevo cambio. Lo aceptó como si viera y reconociera que era lo que tenía que hacer, lo que debí de haber hecho diez años atrás. Y me marché.

         Me dije que iba a vivir muchas de aquellas vidas que durante años imaginé. Lo intenté incluso. Ahora sé, sin embargo, que están perdidas, definitivamente. Me conformo no obstante con encontrar algo que me permita estar bien conmigo mismo. En eso estoy. No sé si lo lograré.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

EN EL HUERTO

 

Cavando bajo un sol

te mirábamos los dos,

mientras la tierra, toda tuya,

la domabas dando bulla.

Eras sudor de estrella

y eras la voluntad aquella

que extrañaba vernos

entre tomates y ajos tiernos.

Todo tú eras campesino,

tu domingo era don divino,

y entre semana era hierro

tu labor de paz y encierro.

Trabajador del sí rotundo,

hombre fiel al viejo mundo,

anhelas sólo lo tranquilo

del laurel y el tilo.

Buscas la raíz del consuelo

cuando cavas en el suelo,

donde pisa la lombriz

con toda tu verdad motriz.

La acequia es tu gran obra

que al momento y a su hora

sigue el agua pertinaz

ese rastro de antigua faz.

Tu hoz es enorme corazón

que busca una razón

donde se corta la mitad

de esa luz en contrariedad.

La cabaña es sombra vieja

y tu mirar sin la queja

corta la caña y con maña

deshace teleraña y maraña.

Agacha el lomo de hombre

pues cosechas tu nombre

entre la llaga y el callo,

pues sigue tu mirar el rayo

del sol que distraido

encuentra en tu tierra ruido,

con la entraña sumergida

de tu carne morena sufrida.

Eres campesino por que veo

en tus ojos el pestañeo

del escozor que da el sudor

y te escuece aquel dolor

que la tajada y el tajo sembró

aunque tienes tornasol

que en tus manos dice no

cuando llora seco el sol.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

BARRIO LEJANO

Jiro Taniguchi

 

El universo medía ochenta metros cuadrados. Disponía de una cocina minúscula en la que embadurnar las tardes, su voz que olía a violeta, un balcón a la avenida desde el que comprobar que ningún cuerpo desobedecía a su órbita.

 Retiro mi escafandra. Identifico el sofá marrón, las flores de aspirina, el espejo de cuerpo frente al que repasar la lección de la mañana. He pasado doce meses —exactos— ajena a estas paredes.

Enlazo objetos con recuerdos: el macetero de plástico prologando la noche, el tocadiscos inservible aquel mes de enero. Y parece que, al fondo del pasillo, con un libro en la mano, una niña aún disfruta repitiendo las palabras en voz alta.

 

 

Por Elena Medel

 

 

POEMA AL CAMPESINO

 

POEMA, ES EL CAMINAR DE UN CAMPESINO

CON SU CARGA A CUESTAS,

LLEVANDO SU SANO ALIMENTO ENVUELTO EN HOJA

COMO EN AQUELLOS TIEMPOS,

CAMPESINO, NO OLVIDES LA ALFORJA

QUE CON EL CANTO DEL GALLO,

HACEN UN BUEN COMPLEMENTO.

 

CAMPESINO QUE CON SUDOR ABONAS LA TIERRA,

NO TODOS TE HAN OLVIDADO,

TE RECUERDO A LA HORA DE IR A LA MESA.

CAMPESINO, DE VOZ SENCILLA Y SIEMPRE DISCRETA,

NO OLVIDES QUE LA LIMA Y EL MACHETE,

LOS HAS DE GUARDAR SIEMPRE EN LA CUBIERTA.

 

CAMPESINO, QUE LA FANTASIA DE TUS HIJOS

TE HAGA SOÑAR, AL DESCANSAR BAJO UNA PALMERA

Y PORQUÉ NO, TAMBIÉN AL LLEGAR A LA ERA.

 AUNQUE CON LOS PANTALONES REMENDADOS,

VIVES MEJOR QUE LOS DE AFUERA.

 

CAMPESINO, SIEMPRE HAY ALGUIEN QUE TE ESPERA

AL REGRESAR A CASA CANSADO

CON TU SEMBLANTE LLENO DE ESPERANZAS Y

EN TU MANO VALIENTE EL GARABATO Y HERRAMIENTA,

LOS NIÑOS YA LLEGARON DE LA ESCUELA.

 

CAMPESINO EJEMPLAR QUE LÁBRAS LA TIERRA,

CÓMO NO MIRARTE,

SI SOMOS DE LA PURITICA CEPA.

 

-Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

 

1er premio del 1er concurso de poesía

de la Revista Cultural

“Espíritu Literario”.

 

 

MANIFIESTO POR LA SOLIDARIDAD

QUIENES SOMOS:


Los que suscribimos este manifiesto somos ciudadanos en el pleno uso de nuestros derechos civiles, y titulares de la soberanía popular, de la cual emanan los poderes del Estado.


Los firmantes nos dirigimos a todos los ciudadanos del mundo, conocedores de la situación de pobreza, hambre y enfermedad en la que se encuentra gran parte de la población humana en un momento histórico, como el actual, en el que se disponen de los suficientes medios políticos, económicos y científicos que pudieran solucionar estos problemas.


Este manifiesto tiene vocación de universalidad, y va dirigido a toda la humanidad, a cada ser humano que habita el planeta, para que tome conciencia de la terrible situación a la que se enfrentan millones de personas y de alguna manera actúe en consecuencia para terminar con esta insostenible situación. Por ello la versión original en español será traducida a diversas lenguas, pues nuestro propósito consiste en hacer oír la voz de la opinión pública en los lugares en las que se toman las decisiones políticas y económicas del mundo.

 

A QUIÉN NOS DIRIGIMOS:


Nos dirigimos a la clase política gobernante de nuestros países; así como a los más altos mandatarios de las Organizaciones Internacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas, y a los Presidentes y Gobiernos de los países más poderosos económicamente de la Tierra.

LES MANIFESTAMOS:


1.- Que este texto tiene su origen en la constatación de la extrema situación de necesidad y de hambre que sufre una gran parte de la población de la Tierra y en el desigual e injusto reparto de bienes que existe actualmente en el mundo. Entendemos que la ecuanimidad y la armonía en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, por lo cual es inadmisible que una gran parte de la población mundial tenga que enfrentarse a una realidad tan precaria, a tal grado de injusticia y desigualdad, a tanta hambre, pobreza y desnutrición.


2.- Que consideramos que dicha situación es intrínsecamente perversa y no admisible ni moral ni éticamente, dado que todos los seres humanos nacen libres e iguales. Igualmente, tenemos presente que todos los ciudadanos del mundo tienen esos derechos desde el mismo instante de su nacimiento y no como una promesa futura cuya conquista dependa de la realidad política, social o económica de sus países.


3.- Que defendemos que es completamente injusto, inmoral y un crimen humanitario punible ante los tribunales internacionales y la Historia que, en pleno Siglo XXI, existan seres humanos que pasen hambre en el mundo, y que mueran por ello. Que es un agravante de ese crimen que, existiendo las leyes internacionales suficientes, así como los medios técnicos, económicos y científicos para corregir dicha situación, los que ejercen el poder en el mundo no lleven a cabo las acciones necesarias para solucionar lo que generaciones futuras calificarán de verdadero genocidio en el que serán culpables todos aquellos que, teniendo los medios para solucionar el problema, no los hayan empleado.


4.- Que consideramos que esta injusta situación es contraria al Derecho Natural, a los Derechos Humanos y a las normas de la más elemental ética, y entendemos que ha llegado el momento de que la voz de la opinión pública exija de sus gobernantes el final de tal estado de cosas.


5.- Que el presente manifiesto no es un manifiesto utópico; y que tampoco es un manifiesto político, ni se pretende con el mismo la instauración de un nuevo orden político o socio-económico mundial, ni ningún menoscabo del tejido empresarial, sanitario y social del mundo desarrollado, sino la más elemental justicia con los desfavorecidos.

 

POR TODO ELLO, EXIGIMOS A NUESTROS GOBERNANTES:


1.- La adopción de medidas inmediatas y urgentes para paliar tal situación de hambre, enfermedad y desnutrición en el tercer mundo. Consideramos que tales medidas no constituyen una utopía, sino que son perfectamente viables y posibles.


2.- Mantener el compromiso de cumplir los Objetivos del Milenio que, establecidos por Naciones Unidas en el año 2000, definen los principios a los que ha de ajustarse la actuación de los países y del sistema económico internacional para superar, con el horizonte fijado en 2015, las injusticias que aquejan a la humanidad.


3.- La realización de acciones solidarias sistemáticas con los países más desfavorecidos y que se establezca un orden lógico y humano de prioridades en la política económica, con proyectos inteligentes que creen riqueza y puestos de trabajo en los países afectados, facilitando un desarrollo sostenible y un progreso que les ayude a la consolidación de una red sanitaria, económica y social estable que haga posible el retorno a una situación de partida igualitaria.


4.- Que se tomen las medidas necesarias para que los países ricos destinen una parte de sus presupuestos a la creación de riqueza, de empresas y de fuentes de trabajo en los países afectados; así como la adopción de un acuerdo internacional, que debería subscribirse en la ONU de obligado cumplimiento para los países desarrollados.


5.- La implantación de un código ético que regule la estrategia de las empresas multinacionales, así como la eliminación de los paraísos fiscales y la aplicación de la tasa Tobin, ú otra similar, a las transacciones comerciales internacionales, que permita crear un fondo de solidaridad gestionado por Naciones Unidas.


6.- No aceptaremos simples declaraciones de principios que no se traduzcan en políticas concretas. En definitiva, APELAMOS al sentido de la generosidad y humanidad de todos, y fundamentalmente de la clase política internacional económicamente poderosa.

 


Desde la tierra que espera y cree firmemente en la Solidaridad que construya un mundo mejor y más justo, a 30 de enero de 2009″.

 

Este anterior manifiesto ha sido publicado en la siguiente web: http://manifiestoporlasolidaridad.blogspot.com/ Para más información hablen con los coordinadores de la revista en la siguiente dirección de correo electrónico: nevandoenlaguinea@hotmail.com GRACIAS.

 

Ha sido enviado por Pedro Estudillo Butrón el día 16 de Febrero del 2.009 y se desconoce su autoría.

 

ESPACIO DESOLADO

 

Sin pretender juzgar a nadie

simplemente grabar el quieto aire

que alimentaba los habituales destellos

que sacudía las esquinas del tedio,

eso, ni más ni menos

sin pretender juzgar a nadie.

 

Lezama dixit.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

PARECE QUE ESTOY SOLO

 

“Cuando lo mismo sueño que estoy solo

tiendo la mano para no ver el vacío.

 

GASTÓN BAQUERO

 

Parece que estoy solo

en eterno soliloquio, lejos, muy lejos

de la gran luz de la isla, en penumbra

hacendosa, constructora de silencios

profundos y huecos como mi vacío

fría trampa que me envuelve

como un pertinaz sueño, con caricias

de embeleso que me llevan y me traen

hacia caminos de palmas, fantasmas

de silenciosas ubres que amamantan

el silente rostro de la Nada.

Si, parece que estoy solo

viviendo en un mundo de tinieblas

disidente de un orden cierto, pero sueño

ya que no me queda ni el silencio

ni la gran luz que provoca las sombras

de los mangos, si yo era Gastón

Baquero.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CON MUDO Y DESCARNADO SILENCIO DE ALMA

 

“Con aquella desasistida impaciencia mar adentro

dejándonos sólo esta expresión de irónico desencanto

y criolla tristeza: se fue como Matías Pérez”.

 

ELISEO DIEGO

 

Con mudo y descarnado silencio de alma

hundido en oscura noche de sueños

furtivo, como lobo desesperado y hambriento

alimentado de sufrimiento e impotencia,

cargado de esperadas tristezas abismales

de lunas que reflejan rayos de ojos

que exhalan negras luces de abismos

rasgadores vidrios de inmensas soledades

y de su alterada sustancia, alejándose

para poder recobrar la perdida esencia

esa con la que nace el puro aire

sin mirar atrás ni amargamente a nadie

pero no olvidando que deja memoria

la que no pueden sustraer a los perdedores.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

La Mar,

TODO Y NADA               “Pase Lo Que Pase”,

se seguirá moviendo.

 

 

No pides nada

pero lo mereces todo,

y aunque te diera todo

sería como darte nada

porque tú mereces más.

 

Mil veces te daría todo

y mil veces sería darte nada,

todo de todo

sería nada de nada.

 

Darte todo

es nada

para ti

porque tú mereces más.

 

De nada

haces todo

y de todo

haces mucho más,

pero con todo

aún es nada

porque tú mereces más.

 

Y si un día yo tuviera

un poco de ti,

tan sólo un poco,

tan poco que casi fuera nada,

para mí sería tenerlo todo

porque yo soy nada

y tú lo eres todo.

 

Desde la nada

que soy

te quiero más

que a todo

lo que más quiero.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

TRÁEME

 

Tráeme unos labios para besar,

besaré donde tú pises, lo haré,

y gritaré “te quiero”, lo diré

si me traes la voz para gritar.

 

Tráeme unas manos para tocar,

tocaré donde toques, y podré

tocarte. Sólo a ti te miraré

si me traes ojos para mirar.

 

Tráeme un corazón para sentir

y sentir contigo y sentirte a ti.

Tráeme una vida para vivir,

 

sólo viviré por y para ti.

Ven, por favor ven, tienes que venir

con lo que más quiero: tráeme a ti.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

 

 

EL TERCER OJO
 

 
 
Los pacificadores están llegando
Están llegando los pacificadores
Niños indigo y niños cristal
El cambio en el planeta
Será totalmente radical
La vibración será otra
Nada será igual
Será la era del niño indigo
Será la era del niño cristal
Ellos están llegando, todo será genial
La nueva era está llegando
Saludemos sus vibraciones
El mundo ya no será violento
Será comandado por el corazón
Todo esto es un tesoro grande
Ellos tendrán el chacra frontal
Ellos tendrán el tercer ojo
Traen la paz, esto es real
La paz vendrá tan mansa
Como los niños pacificadores.

 

Por Tereza Neumann, Brasil
 
 
Traducción de María Cristina Ogalde- Talcahuano

 

 

 

 

VIBRACIONES Y MISTERIOS
 
En esos minutos que pasan rápidos
los milagros de laVida se repiten
Es prisa
Sofocante carrera
Para donde nos lleva todo esto?
Allá fuera, esta el dorado de esa tarde
Cuando el sol va desvaneciendo
Y reflectando luminosos oros
Las hojas y las ramas de los árboles
Están quietos
No se balancean, no se agitan
Solo de vez en cuando la brisa suave
Sopla en las hojitas
Y ellas se mueven lentamente
Prejuiciosamente
Las calzadas asfaltadas, llenas de hoyos,
Parece que sueltan profundos gemidos
Autos pasan indiferentes
Al escenario de los caminos
Sus dueños para donde van?
Cada cual persigue su objetivo su ideal!
Pero en esta tarde quieta, lenta
Es la perspectiva de un mañana nuevo
Más tarde será de noche
Y después un nuevo día
Después una nueva tarde
Y más tarde será una nueva noche
Y así sucesivamente
Y los seres ignorando las horas
Que pasan rápidas
Por que no paran
Para contemplar
El desvanecimiento de esta tarde
Están demasiado ocupados
Como el duro suelo
Y se olvidan de su entorno
Del cielo, de las nubes
Hay una gran prisa
De llegar a cualquier lugar
Y al mismo tiempo lentitud
Y todos estamos inmersos
En este tiempo y esta hora
Sin el debido mirar
Que ve más lejos
Más allá de las nubes
hay una vibración y un murmullo
Muy parecidos
Más allá de la frágil neblina
Que nos hace sentir desamparados
Y ajenos al Gran Misterio
Mas el gran misterio realiza
La grandiosidad de la belleza
En toda su plenitud
Queremos ver mas lejos?
Entonces alarguemos el mirar
Suavizado por la Gran Vida
Y contemplemos lo bello
Con nuevos ojos y sentiremos
Que vivir es la mayor de las alegrías
De la felicidad
Basta que nos dejemos llevar por los susurros
de los sones inaudibles
y comprenderemos
que la vida es el mayor don
y los milagros se repiten
a toda hora
el milagro de encontrarnos aquí y ahora.


©ANINHA CALIGIURI
Traducción: María Cristina Ogalde

 

 

 

ROSAURA

 

Soy sagitario y me llamo Rosaura

me dijo sintonizando verdades.

Voló una mariposa negra y furtiva

y pasó su sonrisa a pedales.

Existe un tiempo que todo lo cura,

existe tristeza en los carnavales,

existe un placer que te tortura,

existe una piedad en las crueldades.

Rosaura te diría, te diría muchas cosas,

te diría y te quitaría,

te entregaría versos y rosas,

te daría y te quitaría,

la valentía de ser hermosa,

¿te dañaría si te dijera

que eres fuente generosa?

Soy sagitario y me llamo Rosaura

me dijo sintonizando humildades.

Tragó sorpresa, tragó saliva,

arrancó una flor, trajo su mejor sonrisa,

partieron los miedos sus dos mitades,

cruzó la calle a toda prisa.

¡A la hoguera con todas las vanidades!

pero Rosaura es la brisa y nerviosa risa;

una paloma huyó de sus realidades.

Ese día Rosaura anduvo indecisa,

ese día hallé luz en todo y en nadie,

ese día busqué la palabra precisa

y la hallé en el anaquel de lo inolvidable.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

  

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXVI     13-02-2.009

 

EDITORIAL XXVI

Estela literaria

 

Carmen Laforet ganaba en 1944 el Premio Nadal de Literatura con su novela «Nada». Era un año extraño para ganar un premio, hacía cinco años que la Guerra (in)Civil española había terminado, el mundo estaba enfrentado, aunque ya empezaba a deslumbrarse vagamente el final de la guerra mundial. España, tras su conflicto, era un país aislado, empobrecido, repleto de silencios aprensivos y recelos insanos. La novela «Nada» refleja bastante bien la atmósfera del momento.

 

En lo cultural, una gran parte de los artistas, escritores y pensadores se habían marchado del país y aquellos que permanecieron en él no pudieron evitar la ruptura generacional provocada por la guerra. La recepción de ese premio supuso la aparición de nuevos escritores dentro de las fronteras españolas. Era como si de repente surgieran dos tradiciones literarias españolas, la de los escritores de fuera, que heredaban la riquísima herencia cultural y habían vivido una Edad de Plata de la cultura, y la de los escritores de dentro, que empezaban de cero, que conocían sesgadamente todo lo vivido en el país después de la Generación del 98 y que de repente comenzaban su andadura sin conocer a la generación inmediatamente anterior.

 

No sabemos si Carmen Laforet fue consciente en algún momento de haber colocado una primera piedra y de dar en cierto modo el toque de salida a una nueva literatura. Surgiría una poesía y una prosa social, después se abriría paso un nuevo experimentalismo narrativo y poético, la novísima poesía, nuevos autores y nuevas formas novelescas. Se hizo presente también la literatura latinoamericana con el denominado boom que uniría lenguajes y relatos de ambos lados del Atlántico.

 

No obstante, la presencia de Carmen Laforet se fue difuminando con el paso de los años. Escribió más obras, algunas de las cuales no quiso publicar en vida, se encerró en sí misma y vivió un tiempo en el extranjero. A pesar de todo, su novela «Nada» mantuvo el interés de los lectores, tal vez, como escribe Laura Freixas en Cultura/s, porque el tema de esta novela es eterno. Sin duda es una novela que mantiene vivo el mensaje, nunca ha envejecido y ha quedado fuera del circuito literario. Sesenta y cinco años después de recibir el premio, la novela «Nada» conserva una fuerza profunda, Andrea nos sigue impresionando con el relato de ese año en la Barcelona posbélica, nos identificamos con ella, aun cuando nuestras experiencias vitales sean a todas luces diferentes.

 

Cristina Cerezales, hija de la autora, ha publicado «Música Blanca», un libro sobre su madre. Sin duda dará datos de ella, datos personales, sentimentales e intelectuales. Quizá logre satisfacer la curiosidad de muchos por la escritora, una mujer que quiso vivir al margen de la exposición pública. Hay sin duda una curiosidad sana por las vidas de los escritores y no dudamos de la buena intención de Cristina Cerezales por mostrar una imagen de Carmen Laforet que tal vez permita entender algunas claves. Pero qué duda cabe también que la novela «Nada» representa en cierto modo la fuerza de la literatura, la apuesta personal por escribir y colocarse uno mismo discretamente tras la obra propia. 

 

 

 

 

 

CARACOL

 

 

¿Dónde estás caracol?

¿Adónde te llevarán?

Que no quieres al sol

Ni rondas por la mar.

¿Quieres dejar algo

en un mundo real?

Si, pero no puedo

De mis hijos escapar.

¿Quién te hizo el hijo?

Me lo hice yo mismo

Como hicieron de mí

Y también conmigo.

¿Por qué sales lloviendo?

Por que en casa ajena

Llevo bordado un camino

Que se descose con la voz

Y las risas de los niños.

¿Qué quieres de mí?

Quiero lo que se le negó

Al día sin reír de mi mismo.

¿Y por qué lo quieres?

Por qué la vida me dio casa

Pero no me dio cobijo.

¿De qué huyes caracolillo?

Huyo de aquel que sin reparo

Me mandó a la nada en un suspiro.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Dos amigos

 

 

         Que los dos hombres se enamoraran de la misma mujer resultaba a primera vista cuanto menos inverosímil, claro que no sería la primera vez y con toda seguridad no sería la última. Pero en su caso no parecía ser cierto. Nadie se lo creía del todo si tenía en cuenta el grado de su amistad actual, no era posible que quienes tuvieran una pugna como la que causa el amor por una misma mujer mostrasen hoy tanta amistad, y por ello suponía yo que ese rumor, como cualquier otro rumor, formaba parte de una de esas leyendas que se expanden con rapidez y que no siempre se ajusta a la realidad, por mucho que se dijera que con toda seguridad algo habría, ya saben: cuando el río suena …, y es que a la gente, quiérase o no, gusta de hablar y murmurar. Sobre todo en una ciudad como la nuestra, nada grande, provinciana sin duda y en la que todos nos conocemos bastante. Pero por mucho que se dijera, daba qué pensar todo aquel rumor en torno a ellos.

         Lo dicho: lo primero que uno pensaba cuando los veía era que no podía ser lo que se contaba. Nunca hubo dos hombres tan unidos. Yo no viví la historia, de hecho nadie puede decir que la viviera, los conocí en todo caso más tarde, cuando el relato de la misma pertenecía ya a la memoria colectiva y se había formado la leyenda que llegaba posiblemente a distorsionar la realidad. Al mismo tiempo nadie podía afirmar que hubiera sido testigo de aquel amor tan comentado. Sea lo que fuere, Raúl y Sergio estaban inseparablemente unidos no sólo por su afición a la pintura y a las artes, también por el recuerdo de aquella mujer, porque recordaban realmente a una mujer, y de esto sí todos éramos todos testigos, hablaban mucho de ella y su presencia no sólo se encontraba en sus evocaciones constantes, como se dice: públicas y notorias, también en muchos de sus cuadros, los de Sergio, más conocidos, y los de Raúl, apenas contemplados, pertenecientes más a su esfera privada. A nadie se le escapaba que la misma mujer aparecía pintada una y mil veces.

         Raúl, descendiente de un clan familiar poseedor de un enorme patrimonio, dirigía la empresa heredada con bastante fortuna (en las dos acepciones del término) y mediante su matrimonio con Lorena López de Arrigalaga había conseguido un capital enorme. Que nadie ponga el más mínimo atisbo de duda: Raúl amaba a Lorena y entre ambos existía una pasión inconmensurable. Sergio, por su parte, nunca se casó y no lo hizo, él mismo lo reconoció, por su incapacidad para la fidelidad. A diferencia de su amigo, él sí que quiso y pudo dedicarse a su principal pasión y pronto fue conocido como pintor, primero en la ciudad y después, gracias en buena medida a su amigo, en el extranjero. Raúl pagó a Sergio exposiciones en galerías prestigiosas, le promocionó por los centros artísticos del país y del extranjero, gozaba de sus éxitos y se convirtió en su mecenas a la manera más clásica. Yo les conocí cuando Sergio poseía un gran renombre. Me había trasladado para trabajar como conservador en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo, y al poco de llegar ambos se me presentaron en el taller del Museo para presentarme sus respetos. La leyenda los acompañaba.

         Pronto Sergio y yo nos hicimos buenos amigos. Él venía con frecuencia al museo para contemplar algunos de sus cuadros preferidos, pintar a menudo en algunos de los jardines que rodeaba el edificio y para charlar conmigo. Cuando gané confianza, no pude menos que preguntar sobre aquella leyenda. Soltó primero una risotada, luego suspiró no sin fingida melancolía, y cuando posó sus ojos sobre los míos y notó que estaba deseoso de saber aquella historia, me la contó.

         La conoció, cómo no, en París. De hecho, la conocieron al mismo tiempo. Eran los años de su juventud y los dos habían decidido pasar algunos meses en la capital francesa, Raúl como tiempo de reposo tras sus formidables y exitosos estudios de Economía y Sergio para asistir a unos cursos en un renombrado Instituto de arte. Habían alquilado un apartamento a dos pasos del cementerio de Père Lachaise. Conocieron a otros artistas del mundo entero. Entre ellos, a Rashel. Descubrieron su obra en una galería cercana y les impresionó la finura de sus dibujos. Querían saberlo todo sobre ella y les sorprendió enterarse que se trataba de una mujer de su misma edad. Pero si su obra causó su admiración, su personalidad les cautivó todavía más. Sencilla, sin ínfulas de gran artista, parecía tocada por un genio que no requería de grandes lisonjas. He allí, se dijo Sergio, alguien que vive con su arte y que no va de artista. Se enamoró de ella. Raúl no pudo menos que sentir por ella lo mismo. A él le gustaba la gente que no necesitaba aparentar. Y Rashel era justamente así, sencilla, franca, amena, tímida.

         Ambos descubrieron a la par lo que experimentaban por ella y fueron conscientes de que les podía enfrentar. Que les enfrentaba ya de hecho. Esto les provocó no pocas cuitas. Amigos de toda la vida, se percataban ahora del peligro de una ruptura irreparable. Es el gran misterio del amor, me dijo, ese invento de los poetas provenzales que seguía provocando grandes tragedias. Lo agravaba el que Rashel se sentía muy cercana a ambos. Se volvieron los tres inseparables.

– ¿Ella era consciente de lo que sentíais?

– Probablemente

– ¿Y entonces?

           Sergio me contó que una tarde lo hablaron. O ella les habló más bien de sus sentimientos hacia ellos. Era una de esas tardes de invierno parisino, hacía frío y el canon impone que el cielo estuviese nublado. Les amaba, reconoció, estaba también enamorada, pero de los dos a la vez. Eso no puede ser, le replicaron, nadie ama a dos personas del mismo modo y a la vez. Allí surgieron sus lágrimas, breves, tímidas, tristes. Los dos volvieron juntos al apartamento y sin hablar. No dijeron nada durante toda la noche, se encerraron en sus cuartos, Sergio con sus cuadros, Raúl con sus libros. A la mañana siguiente tomaron una decisión. Continuaron siendo inseparables, hasta que Rashel se marchó de París. Ellos se fueron a los pocos días.

– ¿No hubo nada entre vosotros más allá …?

– No

– ¿Mantenéis el contacto?

– Siempre por carta, nunca nos volvimos a ver.

         Me pareció extraño y bonito, una de esas historias casi místicas propias de otros tiempos.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

NIÑO

 

 

Ese niño tiene una voz

Que se unta la garganta

De lo bueno su sabor

Con la dicha y la esperanza.

Pues su corazón late

Por supuestas vanidades

Que tiran al water

Sus nostálgicas voluntades.

¿Por qué? Se pregunta

noche y día, sin respuesta,

a lo que gusta de la verdad

pues miente por vergüenza.

Es cobarde y valiente

Como nadie, ¡ay, niño, niño

del aire! ¿Por qué

de tantas contrariedades?

No te pongas más nervioso

Y controla tus despertares

que ya verás muy piadoso

al mundo y sus deidades,

cuando son como la mar

todos cambian las postales

y tú no cambias por más

que te digan los militares.

Personalidad dices tener

Y tener tienes la sed

Y no tienes más nada, pues ser

No es querer, la palabra tiene alas.

Niño de manos blancas, cara blanca,

Pelo negro y sin alas, adosadas

A la palabra, la mañana es el mañana,

Esa es tu esperanza en un alma

Que decrépita deshace la cábala.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

HUAIRURO

 

¡Pero qué suerte la mía!

He encontrado la luz

Que me da a mí la vida

Con los brazos en cruz

Doy gracias por mi dicha.

Rojo y negro, el huairuro

Me otorga la que yo quería,

La prima del Cachirulo

La que vive en Bellavista,

Esa mujer que al mundo

Ya no admira, ni confía

En títeres de Cachiporra

Ni en auroras de Lima,

Pues una flor en su hora

Puede ser la más linda

Bendición que se le otorga

A alguien que no veía

De la luz a la remota

Oscuridad de la melancolía.

¡Pero qué suerte la mía!

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

SEVLLA, TÚ ERES ASÍ

Gracia y salero

cordialidad sin fin

espejo de tu alma

es el  Guadalquivir.

 

Calle de la Pureza

puente de Triana

una copla gitana

canta por ti.

 

Esperanza y Macarena

Santa Semana

del mes de Abril

el Gran Poder

en tu tierra

quiere morir y vivir.

 

Barrio de la Macarena

parque de María Luisa

tus claveles y azucenas

echan una sonrisa

para verte feliz.

 

Eres sin par

alegre y graciosa

por eso en el mundo

no hay otra cosa

más grande que tú.

 

Flamenca torre del oro

silencio en la Maestranza

valor y arte

delante de un toro

un gallardo torero

brinda por ti.

 

Catedral y Giralda

rocío y feria

se canta y se baila

por sevillanas

y de Sevilla

sólo se puede decir

la alegría y la fiesta

tienen olor a jazmín.

Sevilla, 14-04-1989 

       Autor: Víctor Muñoz  Jiménez

 

 

DESPEDIDA
HIDERALDO MONTENEGRO – BRASIL

 
No me esperen para la cena
No me esperen en las esquinas sigan adelante
sacudan los pies,
escobillen los dientes
hagan la fiesta
canten , bailen
y liberen todos sus fantasmas
de mi
y vela no necesitan encender
 
Digan solamente adiós
y me dejan en paz
que no soy mas de aquí
 
-Al final, este silencio mío
no es convincente?
 
 
 
TRINCHERA
 
 
Que vengan las cigüeñas
que vengan los abrazos abiertos
que venga la sonrisa
leve, segura, cierta
que vengan las mentiras,
las
verdades, las vergüenzas
que venga el vuelo, el aterrizaje
y los nietos
que vengan todos los aeropuertos
que vengan y pasen todos
que necesito continuar en campo abierto
vivo o muerto.

Por Hideraldo Montenegro
 
Traducción María Cristina Ogalde – Chile

 

LA RECLUSIÓN SOLITARIA

 

 

Soy un recluso más

prisionero de los absurdos

del corazón y del destino.

Estoy encarcelado

junto a la soledad, al silencio

al olvido, al frío…

Estoy penando

por culpa del desprecio….

Continuo cautivo

al recuerdo de tu piel

y a la dulce cena de tus besos.

Tu indeferencia grillera

es inmisericorde.

Pude pasar la vida amándote

después de robarte

un pedazo de corazón.

Ahora soy incorregible,

mi adorada caponera.

No sé si no escuchas

o si ignoras los gritos

de mi alma desde la celda.

He cantado y escrito tu nombre

desde mi reclusión solitaria.

He horadado con las uñas las paredes

he roído el tiempo

y los barrotes del olvido.

He rateado la reclusión solitaria

intentando escapar del ominoso destino.

El sino del amor es trágico, infausto.

Cada tres pasos voy y regreso

hasta que el olvido silencie la memoria.

 

 

HECTOR CEDIEL “ EL PERRO VAGABUNDO “

hcediel@yahoo.com

 

 

EL ROSTRO DE LA MUERTE

 

He visto el rostro del dolor,

del sufrimiento más puro y genuino.

Es feo, es desagradable, me ha mirado con desprecio

y se ha reído de mi ignorancia.

 

He visto el rostro de la impotencia,

traicionera y desquiciante.

No pretendas luchar contra ella,

sólo conseguirás que crezca triunfante.

 

He visto el rostro del miedo,

aquel que nos persigue desde la infancia.

No hay manera de erradicarlo,

de aplastarlo ni vencerlo.

 

He visto el rostro de la derrota,

la que te enseña, la que nunca miente.

No intentes abrazarla,

pero muchos menos olvidarla.

 

He visto el rostro de la desesperanza,

el más amargo, el menos paciente.

Tratar de comprenderlo

es como intentar parar el viento.

 

He visto el rostro del desconsuelo,

el que mejor conocemos,

siempre nos acompaña,

lo reconocerás por sus lágrimas.

 

 

He visto el rostro de la muerte;

es dulce, cálido y apacible.

No es feo, y sí atrayente.

Su mirada es serena, nunca da miedo,

más bien reconforta y nos mueve al silencio.

Su sonrisa es sincera, transmite confianza;

su tez despreocupada

me tranquiliza y me da esperanza.

Usa un lenguaje sencillo,

habla con palabras llanas,

lo dice todo bien claro:

no hay final, tampoco principio,

sólo un largo caminar,

por senderos firmes, conocidos,

y también otros vacilantes y más tristes.

Un mensaje de paz,

por mí bien recibido.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

 

 

OH, LUNA, LUNA

 

 

OH, Luna, Luna,

Luna hermosa como ninguna,

Luna soñadora, aliada de la  ingratitud,

Luna que inspira y roba

Sueños de un amante,

 

Como no mirarte

Si en la noche fría

Ahí estabas Tú,

Cuando te miré en aquel tren

Iluminaste mi vida,

Miré al Cielo y estabas

Colgando del firmamento,

Adornada con más de mil estrellas.

 

Lluvia de pensamientos me enamoraron

De tu dulce mirada,

Como manantial de sentimientos

De un primer amor.

 

OH, Luna, Luna bella.

Con mi amada déjame soñar,

Otra vez con la paz del

Corazón que amé

Y ya no está en mi cielo.

 

¡Pero tú, Luna!

Si la has visto dile

Que la amo como a ninguna.

 

OH, Luna, Luna hermosa,

Por qué fuiste así conmigo

Indiferente con el dolor en el alma

De un soñador

Que intenta dormir el silencio

De la soledad.

 

Perdóname por no saber quererte

Cuando una niña eras

Allá en tu Cielo.

Pero hechízame otra vez…

 

 

OH, Luna, Luna

Cuando te miro allá arriba

Siento que a veces lloras

Porque no estás conmigo

Y que en tu corazón

De Luna llena,

Guardas un pedacito

De tu ternura

Para un soñador.

 

Pero tú allá arriba

Tan sola…

Sólo el mar besa

Tu pálida luz

Con el vaivén de las olas

 

Nunca cambies Luna de mil amores

Sigue iluminando el camino

De aquellos corazones olvidados

Por el tiempo de luna

En un pasado adorado.

 

Pero sigamos adelante

OH; Luna hermosa,

Buscando el verdadero amor

Para un día descansar

En el regazo de nuestro Creador.

 

 

 

Luis Alberto Chinchilla Elizondo

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

 

1er Ganador del 1er concurso de poesía

ofrecido por la revista cultural:

Espíritu Literario

 

 

Resurgir

 

Embargada,

Poseída,

Por una extraña fuerza,

Voluntad

Arrancada

Desde lo más hondo

Arrastrada

En los recuerdos

De tristes vivencias

Implicada

En guerras

Que hizo suyas

De experiencias doloridas

Intentando resurgir

De cenizas,

De apagados fuegos

Toma de su vida

Las riendas

Y de nuevo

Empieza

Intentando abrir corazones

Con sus historias

Llenas de sentimientos

Y sinsabores

 

Desgranando palabras

Y el tiempo

En los relojes

Pasando páginas

De un libro viejo

Sintiendo añoranzas

Pasión y fuego

Que grita en letras

Y llora en lágrimas

 

Decidida ya

Por el camino

Que reflejó su espejo

 

Abriendo caminos

Apartando piedras

¡escribiendo!

 

 

Por Ascensión Rivera

 

 

Tu mirada

 

Ojos de mirada limpia y clara
que lanzan destellos
¡por eso son tan bellos!
ojos que hablan de tu alma
sensible y noble,
de deseos que quizás no alcanzas
sin embargo ¡están llenos de esperanza!
Tu mirada alzada hacia el cielo
¿acaso intentas rescatar un sueño?

Tu mirada se queda prendida
junto con tu alma que se escapa
de todo aquel que te mira
queriéndote dar
todo aquello que te falta.

 

Por Ascensión Rivera

 

 

 

HACER MIGAS

 

 

A mis antiguos amigos.

 

Nadie quiere hacer migas con mi higo.

¡Cómo quisiera hacer migas sin hache!

También quiero hacer migas con mi higo.

Sólo hago migas con ene.

¡Cómo quisiera hacer migas con a!

Y quisiera tener higos con jota.

Y tener hijos con higo.

Pero falta la eme.

Y hacer migas con a conlleva tener hijos con ge

Y entre higos y migas y haches y enes y con y trigo

Me quedo sin erre y erre que erre conmigo.

Me quedo sin ene para tener con a

Un higo con jota.

Mi madre se llama Mari y mi hermana también

Y yo quiero hacer migas con Mari y contigo.

Pero ni Mari, ni hijos, ni higos, con  trigo sin erre

Quisiera migar con ene y pan

No se puede migar sólo con leche y prospera

FELICIDAD.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

25º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

25º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXV    07-02-2.009

 

EDITORIAL XXV

De nuevo, la inmigración

 

El Senado Italiano ha aprobado un proyecto de ley del Gobierno de Berlusconi que exige a los médicos de la sanidad pública de Italia denunciar a aquellos inmigrantes sin documentación que acudan a los servicios sanitarios. Pretende también, de aprobarse definitivamente el proyecto, criminalizar con castigos de prisión hasta de cuatro años a aquellas personas que incumplan la orden de expulsión decretada. De paso, se quiere crear un registro de vagabundos.

 

Berlusconi, sus ministros y los senadores que los apoyan no deben de conocer parte de la literatura italiana y extranjera que desde Edmundo de Amicis, autor de «Marco, de los Apeninos a los Andes», relato incluido en su novela «Corazón», hasta el guatemalteco Dante Liano con su «Pequeña historia de viajes, amores e italianos» han tratado de la emigración italiana en el mundo y, sobre todo, en América Latina. Deben de ignorar que en Argentina o en Uruguay, en el Estado brasileño de Paraná, en Venezuela, Guatemala o los Estados Unidos abundan los nombres italianos. Han olvidado seguramente que en los años cincuenta y sesenta Francia, Gran Bretaña o Alemania se llenaron de trabajadores italianos que, junto a españoles, portugueses y griegos, acudían a los grandes centros industriales a ofrecer su fuerza de trabajo.

 

Enriquecerse individual o colectivamente tiene este riesgo, el olvido. Se procura borrar de la memoria aquellos momentos de pobreza que se consideran innobles o que puedan ensombrecer el señorío actual. Además, el momento invita a no poca demagogia. La crisis nos insensibiliza ante los problemas ajenos. El populismo nos lleva a medidas que bordean el autoritarismo. Y el silencio, como ha recordado un juez italiano, es el peor cómplice del fascismo.

 

La historia, que tiene sus momentos irónicos, ha hecho coincidir el inicio del trámite de aprobación de la ley italiana con una huelga de trabajadores británicos que exigía la contratación de nacionales en unos trabajos de ampliación de una refinería en Grimsby frente a trabajadores extranjeros de nacionalidad … italiana.

 

Nos dirán que al fin y al cabo estos trabajadores se mueven en el marco legal de la Unión Europea a la que pertenecen Gran Bretaña e Italia y que las olas de la emigración a América Latina o a Europa actuaban siempre dentro de la legalidad. Claro que las leyes de extranjería eran o bien inexistentes o bien no tan duras como las que se aprueban hoy en los países de Europa, además de haber habido casos, sin la menor duda, de irregularidad que no se quieren recordar. La memoria tiene estas cosas y a veces se fomentan los olvidos.

 

Pero resulta todavía más grave querer asociar a ciertos colectivos con la criminalidad. Los inmigrantes o los gitanos no son delincuentes aun cuando haya casos de delincuencia en su seno, del mismo modo que los italianos no son todos mafiosos aun cuando se hayan desarrollado estas bandas en Italia y las hayan exportado a los Estados Unidos. Es tan evidente que nos avergüenza afirmarlo.

 

No sabemos cómo resolver el problema de las oleadas migratorias que huyen de la miseria. Pero desde luego no es con tópicos ni criminalizaciones injustas cómo se van a afrontar de verdad los problemas, más bien al contrario, los empeoran. Nadie duda de la capacidad de un Estado para legislar sobre la extranjería, pero es legítimo exigir que los problemas humanos se puedan regular con criterios humanos. Y por de pronto no nos parece muy humano que alguien se enferme o llegue a dejarse morir sólo por miedo a ser denunciado.

 

 

NOS MEAN ENCIMA

Y LOS DIARIOS DICEN QUE LLUEVE

 

A Eduardo Galeano, por su visión real

de América-Latina.

 

Se tiende a hablar entre dientes

cuando es profunda la cobardía,

se tiende a mentir siempre

por intereses sin ningún escrúpulo.

Los chupatintas bailan la murga

tediosa del laberinto circunstancial.

Los hombres somos los inocentes

del siglo de la barbaridad,

donde el ser humano deja de serlo

y se convierte en títere y esclavo.

Todos al servicio global

de la sandía universal

dejamos al hambre personificada

por los rincones del planeta.

Debemos discutir la vida,

debemos afrontar la cara siniestra

de una vida sin vida.

Hoy desperté y quise cambiar al mundo,

hoy desperté y dije no,

quise quitarles a los hombres sus cadenas,

quise mitigar el hambre y el dolor,

quise acabar con las guerras,

quise acabar con la miseria,

quise acabar con la mentira,

quise ser eterno sustento en la mirada,

en el corazón, en las palabras,

y también en el caminar.

Quise acercar estrellas con mi mano,

quise soñar un mundo diferente,

quise ver la paz en las almas sufrientes,

y me creí por un momento Dios,

un Dios perfecto y compasivo,

un Dios eterno y justo,

pero todos me mataron

como a un pobre diablo.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

La fuga

 

 

         Tuve suerte. Mi vecino me avisó a tiempo y a dos calles de distancia: la policía había ido a casa y no me había encontrado. Aparentemente, me dijo, se han marchado, pero es probable que te estén esperando, no vayas.

         La verdad es que me sorprendió que fuera él justamente, Julio se llamaba, no recuerdo el apellido, quien me diera el aviso. Lo vi venir de frente, algo nervioso, cosas de él, pensé sin darle demasiada importancia, al fin y al cabo no lo conocía apenas y no podría saber si en su vida cotidiana era un hombre nervioso o tranquilo, pero entonces se paró ante mí para hablarme, y esto sí que me extrañó porque nunca habíamos conversado él y yo, todo lo más nos saludábamos como personas de buena educación que viven en el mismo edificio, que se ven en el portal no con excesiva frecuencia, y sobre quien tenía alguna impresión superficial, yo lo catalogaba más bien como el hombre que no se mete nunca en problemas, el hombre masa, que no se plantea la realidad, menos aún la realidad política, y si se la planteaba era para apoyar por encima de cualquier otra consideración el orden y la ley, o sea, al gobierno, sin importarle en exceso su forma o los atropellos que pudiera éste cometer, algo habrán hecho si los han detenido, la política para los políticos, me imaginé que sería a lo que él siempre se ceñiría cuando en los noticieros se hablaban de redadas o de los interminables debates en las Cortes, eran sus principios y me lo imaginaba reafirmándose en ellos las veces que me lo cruzaba en las escaleras o en la calle, cerca de casa, cuando salían temas políticos en las tertulias del bar que frecuentase o ante el televisor, y además confirmaba su carácter rutinario el hecho de convivir con su mujer amantísima y una hija ejemplar, eran la familia modelo, y los domingos sin duda vería el partido de fútbol y tendría un trabajo estable, de los de toda la vida, no sabría cuál a ciencia cierta, ni siquiera me imaginaba cuál podía ser su profesión, trabajaría en un banco o un despacho, consideré sin hacerme mucha idea. Era al fin y la cabo una imagen que yo tenía de él, absolutamente preconcebida.

         Por eso me quedé sin saber cómo reaccionar cuando me soltó aquello casi en un susurro y a bocajarro, como si le fuera la vida también a él, la policía, repetí, en mi casa, pensé, y él me lo volvió a  decir una vez más, de nuevo en susurros, con temor, sin duda arriesgando incluso su seguridad, porque debía imaginarse, si me avisaba, que yo era un militante político, uno de esos opositores de una organización clandestina, aunque era también posible, si me avisaba sin conocerme, que fuera porque en el fondo simpatizaba con algo, con nuestra causa tal vez, con los objetivos que perseguíamos, incluso llegué a considerar que quizá compartíamos algo más que un edificio de apartamentos. Suerte, murmuró a modo de despedida, apenas lo pude escuchar, y se alejó mirando a todas partes, temeroso de que algún policía camuflado pudiera haber visto la escena, el vecino que advierte al sospechoso de la presencia de los agentes de la ley, que deviene de pronto un cómplice imprescindible en la huida de aquel, porque a todas luces yo hubiera vuelto tranquilamente a casa de no haber recibido la indicación que me advertía que podía ser detenido sin predecirlo ni imaginármelo siquiera y gracias a él me iba a poder escapar de los agentes del orden, y entonces podría recaer sobre él, sobre el cómplice imprescindible, todo el peso de la ley, porque se había puesto por lo menos al mismo nivel que el perseguido, o sea, yo.

         Me quedé parado un buen instante sin saber reaccionar. Y ahora qué, me pregunté. Tuve que esforzarme por recordar lo que debía hacer en estos casos. No podía volver a casa, no sólo lo sabía porque me lo acababa de decir aquel hombre, sino porque mil veces habíamos repetido en mi grupo las medidas de seguridad. En mi caso, recordé, lo obligado era acudir a la tienda de Manuel, si era antes de las ocho, o al bar de Ortigueira, si era después o muy temprano, y decir la clave pactada, ellos sabrían cómo actuar. Por la hora fui a la tienda de Manuel, una frutería. No le conocía mucho, habíamos coincidido dos o tres veces, era a todas luces un tipo francote, simpático, pasaba por completo desapercibido y tal vez por ello le habían elegido para casos un tanto complicados, por ejemplo las fugas. Por suerte, la tienda no estaba muy lejos. Entré. Dos mujeres compraban naranjas. Iban juntas. No había nadie más. Él me miró y pareció que no me conocía. Le pregunté si tenían manzanas asturianas y me dijo que esperara un momento. Cobró a las mujeres y luego entró en la trastienda. Me quedé solo, rodeado de cientos de frutas. Me agobié de pronto por la cantidad de cosas que dejaba pendientes, temas personales, de mi trabajo, de la organización. Creo que por un momento pesaban más los asuntos sin resolver que el peligro que estaba corriendo. Manuel salió de la trastienda y me dijo que diera una vuelta, pero que no me acercara a casa, y que en una hora volviera, vería una camioneta gris justo delante de la tienda, pidió que memorizara una matrícula, por suerte no era muy complicada y siempre he tenido además buena memoria, y que montase en ella con normalidad, como si trabajara en la empresa de la que dependía el vehículo. Pero debía ser justo en una hora, ni un minuto antes, ni uno después.

         Hay que ver lo que cambia el tiempo cuando vivimos distintas situaciones. Aquella hora me pareció larguísima. Contemplé escaparates, tomé un café, entré en una papelería para comprar un cuaderno y un bolígrafo y aún faltaba tiempo. Tuve que esforzarme los últimos diez minutos para no apresurarme mucho. A la hora exacta regresé. Vi la camioneta. Comprobé la matrícula. Me subí a ella con la absoluta normalidad demandada, como si en los últimos años no hubiera hecho otra cosa que subirme a aquella camioneta gris. En el asiento de conductor un muchacho que nunca antes había visto encendió el motor y nos pusimos en marcha. La frontera no está muy lejos, me dijo. Y fue lo único que le oí decir, porque durante el trayecto no volvió a pronunciar palabra. Llegué a sospechar que todo era un estratagema para entregarme a la policía.

         No fue difícil pasar la frontera. Durante dos años viví en el exilio y con frecuencia recordé a Julio, que sin duda había sido quien me salvara de una detención a todas luces segura. Me pregunté una y mil veces por qué había adoptado aquella decisión y en más de una ocasión pregunté a mis compañeros de asilo si sabían quien podría ser aquel hombre que vivía dos pisos por encima del mío, pero nadie pudo darme razón. Si alguna vez volvía, cosa que no siempre contemplaba como seguro o inminente, iba a pasar por su casa no sólo por agradecerle su gesto, sino también, y sobre todo, para saber la motivación del mismo. Pasó el tiempo. Cuando cayó el régimen y se decretó la ley que permitía el regreso de los refugiados con ciertas garantías, creí ver el momento de resolver aquel misterio. Volví al edificio donde había vivido. La portera se alegró al verme. Siempre le había caído bien y en su momento se asustó al ver a todos aquellos agentes que iban en mi busca. Se horrorizó al no volverme a ver e imaginar que algo terrible podía haberme sucedido. Agradecí sus sentimientos. Le pregunté por el vecino en cuestión. Julio, me preguntó no sin cierta sorpresa por su parte porque yo preguntara por él.

– Ya no vive aquí. -me comentó dubitativa.

– ¿Sabe dónde vive?

– Pero, ¿no te enteraste allí fuera?

         Mi rostro debió de señalarle que no sabía nada. Me contó que era policía y que lo mataron en un atentado hacía seis meses. Su esposa y su hija se marcharon sin dejar una dirección. Al parecer era un mando de la policía, un fiel al régimen, en la escalera nadie lo sabía y supuse que en aquellos tiempos mucha gente tendría razones para entender una acción así. No pude menos que sentirme extraño. Me había salvado la vida sin conocerme de nada. Tal vez por ser policía estaba al tanto de mis actividades, sin duda me consideraría un enemigo. Pero algo le movió a cambiar mi destino. Lamenté no saber por qué me salvó, algo que sin duda ni llegaría a saber nunca.

 

Juan A. Herrero Díez  

 

 

 

 

EL OTRO 11 DE SEPTIEMBRE

 

A Ariel Dorfman,

por su obra “La muerte y la doncella”

y por las víctimas de esos “otros septiembres”.

 

La vida exige una justicia blanca

que va más allá de lo jurídico y lo humano,

la vida exige un justo destino

que recorre nuestro esqueleto

y lo hace la materia más desvalida que existe

en la faz de la Tierra,

aunque algunos se rían de la justicia blanca

y se rían también de unas víctimas encadenadas al destino

del ¿dónde están?

Pero más allá de los silencios

existe un viento invisible que todo lo vió.

La mar se tragó a miles de ahogados arrojados

de aviones de la muerte,

pero los verdaderos ahogados no son los arrojados

ni tampoco los que morirían en un estadio;

los verdaderos ahogados son ellos,

los asesinos.

Por que se los tragó el olvido

y el destino los ahogó en una mar de olvido justo.

La historia sabe quienes fueron,

la historia ésta vez no la escribirían los vencedores,

la escribirían los vencidos.

Los vencidos, muertos o vivos,

llevan su muerte grabada en los rincones de la memoria.

Llevan una muerte que grita los nombres

de todos los vencidos

que escribieron su mensaje en la mortaja y en su testamento

pusieron como herederos

a los hijos de los otros onces de septiembres

que no quiso la mar tragarse.

La mar se hizo ira eterna y expulsó de su grandeza

a todos sus ahogados y se tragó

a esos ahogadores vestidos de muerte desgarrada

para componer la justicia

que no vieron los pueblos erguirse y ponerse en pie

desde sus restos de ceniza y sangre.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

SEMENTERIO DE METÀFORAS

Versos de pasión de según un cronopio menor

 

I

 

Como dos pájaros de fuego, nos bronceamos desnudos con el frío y la luz de los faroles. Se desprende de una estrella, la oscuridad de la sangre de tus ojos: Verdes como el esplendor de la saliva que se goza los labios, el falo y los testículos. No sé si amor es el tumulto de las marcas carmines de este vergonzoso y delicioso espectáculo. Es una delicia comer pústulas de rosas de tus fatigados pechos. Quiero hablar del amor que seguimos cual practicantes los locos: los bipolares, los anarcos, los blancos y los grises. Quiero hablar de ese amor que desgarra… y pulveriza… y amalgama como masa de arcilla que gime y suspira. Sé que nunca has fingido movimientos furiosos ni has aullado como una loba, cuando alcanzas a tocar las estrellas en un éxtasis amoroso. Te he perseguido como un ciego, porque la culpa ha sido de la cobardía de los silencios y del azul en lontananza de esa esperanza, que nunca más regresará a mis brazos. Deja que mi alma llore, todo el dolor por el tiempo perdido. Mi corazón furioso es de barro y vive como el sereno, en eterna vigilia. Nunca volvamos a reñir; calla como una noche perfecta, mientras te desnudo. Te amo como el mar ama a sus gaviotas, que conviviendo tan cerca, coexisten en un idilio eterno, sin traspasar al reflejo del espejo de sus mundos. Eres impura como el fósforo o la mirada de los pechos que me persiguen. ¡Regálame un verso de desasosiego! ¡Regálame un beso! Me siento como la basura del vino, del atribulado desvelo. Observo en la saliva murte, a los desechos de las fiestas de los burdeles. Por amor a ti, me siento como un gaviero de faro. ¡Mira mis llagas y el dolor remalero de mis testículos!

 

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

 

ONCE DE MARZO DE 2004

 

 

ME resigno a ser mayor,

 

a pensar que hay tanta gente

 

que pasado el siglo XX

 

muere y mata por ideas

 

que no pueden defender.

 

Mi patria es la bandera

 

que con nombre de Mujer

 

ondea en el corazón.

 

 

AQUEL jueves de matanza

 

yo viajaba en el vagón

 

de aquel tren de Cercanías

 

que llevaba cada día

 

mi Futuro y tu Esperanza,

 

tu rutina y mi Ilusión.

 

 

Empezaba bien el día,

 

el Madrid ganaba al Bayer,

 

pero inquieta en el andén

 

tu esperabas a ese tren

 

que nunca llegó a Entrevías

 

y yo ya llegaba tarde.

 

 

 

 

 

 

 

Me gustaba despertar

 

con el hechizo sonoro

 

que del tren se desprendía

 

mientras alguien repetía

 

por el hilo musical:

 

“Próxima estación: El Pozo”

 

 

No recuerdo nada más.

 

Solo sé que en el vagón

 

de aquel tren de Cercanías

 

mi Vida se despedía

 

de este mundo al que jamás

 

entendí ni me entendió.

 

 

No recuerdo nada más.

 

Solo sé que aquel vagón

 

de aquel tren de Cercanías

 

se llevaba mi Alegría,

 

mis ganas de llorar,

 

la cabeza, el corazón,

 

la Pasión y la Ansiedad,

 

la Mentira y la Verdad,

 

los milagros, las postales,

 

los pecados capitales,

 

las estrellas, los colores,

 

el aroma de las flores,

 

los recuerdos, la Poesía,

 

los fracasos, la ironía,

 

el Olvido y la Memoria,

 

el querer hacer historia,

 

las arcadas y las flemas,

 

el final de este poema.

 

 

Sólo quiero que alguien lleve

 

mi mensaje a la estación

 

donde espera un corazón

 

a que yo algún día llegue.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

 

PALABRAS PARA LIDIA

 

 

HAS nacido entre algodones

 

con el alma prendida a la Esperanza,

 

con el alma encharcada de futuros.

 

 

Has nacido entre algodones y aún así

 

serás testigo de que el mundo

 

gira más deprisa que tus sueños,

 

que la vida se descose de promesas,

 

que la vida se desangra de ilusiones.

 

 

Andarás por caminos sin atajos

 

con el alma hipotecada en cada huella,

 

tendrás octubres,

 

tendrás otoños,

 

sentirás que la traición

 

viaja siempre sin billete.

 

 

Aquí te espera el miedo,

 

la ansiedad,

 

el vértigo,

 

las dudas,

 

la soberbia,

 

los labios enfermizos de “te quieros”,

 

la luz artificial,

 

los arañazos.

 

Aquí te espera el día,

 

la razón,

 

las drogas,

 

el silencio,

 

las arcadas,

 

los besos con sabor a despedida,

 

el sexo sin Amor,

 

la indiferencia.

 

 

Aprenderás que la pasión tiene nombre y apellidos,

 

que la verdad es una linda mariposa

 

que no sabe volar.

 

Descubrirás que la vida se te escapa a cada instante,

 

morirás todos los días con el humo del tabaco,

 

con el ruido de los coches,

 

con las prisas,

 

los horarios,

 

con el lento caminar de la ignorancia.

 

Sentirás que el cielo del que ya eres parte

 

se te nubla muy de vez en cuando,

 

muy de cuando en vez,

 

que el cielo del que ya eres parte

 

ni calienta ni ilumina,

 

y te anula

 

y te agota

 

 

y te yerma de impotencia

 

porque tienes alas

 

pero no puedes volar.

 

 

Verás que el desengaño nunca llama antes de entrar,

 

que el orgullo y la inocencia se marchitan con los años,

 

que el olvido se pasea por las calles del deseo,

 

de un deseo que no dormirá nunca en tu cama.

 

 

O tal vez sí.

 

 

Y aún así

 

comprobarás que haber vivido

 

es lo mejor que ha podido sucederte.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

LA MITAD DE LA MITAD

 

 

LO mejor que ha podido sucederte

 

es que tus labios se encontraran

 

con los labios que buscaban,

 

que tus labios se encontraran

 

con los besos que querían.

 

 

Y esos besos,

 

como esquelas de pasión

 

que ahora te llaman y después te olvidan,

 

un día se despiden de tus labios

 

y deambulan impacientes

 

por el mundo de los labios

 

en busca de otros labios

 

a los que violentar

 

con su lengua los “te quiero”,

 

otros labios que encharcar

 

de deseo y de saliva.

 

 

Y de todos esos besos

 

engominados de ansiedad

 

y sofocados de caricias,

 

de todos esos besos

 

que creías que eran tuyos para siempre,

 

tan solo quedan la mitad.

 

 

La mitad de la mitad.

 

De la mitad.

 

 

De

 

la mitad.

 

 

De

 

la

 

mitad.

 

 

De

 

la

 

mi_

 

tad.

 

                                      AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

FRIDA KAHLO

 

 

LA dama de semblante cejijunto,

 

abanderada de los desencuentros,

 

del Méjico moderno, independiente,

 

de los barcos que no llegan a puerto.

 

 

La dama que encontró en Diego Rivera

 

la pincelada a todas sus desdichas,

 

el sueño de volar sin tener alas,

 

el corazón voraz y narcisista.

 

 

Del genio prisionero en una cama,

 

del alma embotellada y diferente,

 

la dama de la portada del Vogue,

 

del sueño comunista hasta la muerte.

 

 

Del saber que morir no cuesta tanto

 

cuando la vida deja de ser Vida,

 

la dama del Amor y del Dolor,

 

del Arte y de la Muerte sigue viva.

 

 

Si el mundo ya era un mundo doloroso

 

lo es mucho más desde que tú no estás.

 

 

Si piensas que volver vale la pena

 

yo te estaré esperando en Coyoacán.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

ASÍ FUE

 

 

Me llevaste a dar un paseo por las nubes
como si fueras el dueño del mundo,
en un día claro y radiante.
¡Y toqué la suavidad de la ilusión!

Sentí tu fuego y pasión
pero me dijiste ¡me estoy quemando!
¡Alejémonos!

Te fuiste rápidamente
y me cogiste de la mano
pero para mí ya era tarde
¡porque yo también me había quemado!

Y en tu rápida carrera por buscar
otros mundos sin explorar
me indicaste las estrellas al pasar.
Sentí tal serenidad en aquellos instantes
que quise allí quedarme, pero contigo.

Mas al girar la cabeza para buscarte
y alargar mi mano queriendo tocarte
solo encontré el vacío porque..
Tú…. ¡tú ya te habías ido!

Me dejaste, de repente y sola
buscando un sol que se ocultó
una luna que no asomó
Y ese sabor dulce de la miel
que pusiste en mis labios
se truncó en el de la hiel, tan amargo.

¿Dónde estás amor?
porque yo aún estoy aquí
buscando un camino para volver
mas es tan profunda mi ceguera
que nada puedo ver.

Con mis lágrimas estoy construyendo
una escalera de cristal
que quiero que sea también espejo
para mirarme al bajar.
Iré dejando peldaño tras peldaño
mi gran desengaño.

Para tus manos vacías, mi olvido.
La carga de mi desconsuelo,
la arrojo en tus brazos caídos.

Para tu boca esos besos
que nunca te pude dar.
Para tu cara una caricia suave
con mis dedos.

A tu corazón yo le dejo
mis gemidos,
mi hambre y mi sed de ti..

Y para tu alma…
para tu alma yo entrego
todo lo bello que sentí contigo
y lo cambio por tu gran soledad.

Te dejo partir
con mi mudo reflejo,
con la alegría de mis noches y días.

Te dejo partir
hacia ese mundo inventado
de amores, de mujeres jóvenes
y del buen vivir que tú tienes.

Pero al final de la escalera
no olvides recoger
tu gastada fotografía
de tanto mirarla durante noches y días
y la caja de las cenizas
de ese fuego que durante todo este tiempo
me consumió
porque no quiero que se reaviven jamás
y sé que contigo
¡bien seguras estarán!

 

 

 

Por Ascensión Rivera

 

 

 

 

 

EL ESCRITOR

 

Soy pájaro de noche

surcando los cielos

con gran esfuerzo

en busca de signos y letras

que se dibujan en la mente

y haciéndome reproches

porque ya perdí mis alas.

La luna tenue ilumina

las hojas de papel escritas,

llenas de pensamientos inventados

donde la imaginación se desliza

y los hilos se entrelazan

en la historia real o ficticia

que trae a la memoria

los sentimientos anhelados

los recuerdos perdidos y los encontrados.

Mi mano tiembla dudando ante el deseo

de estremecer o herir

hacer soñar o sufrir

pero sólo son segundos de duda

¡antes de empezar a escribir!

 

 

Por Ascensión Rivera

 

 

TRISTEZA

 

 

 

Rota la tierra,

resquebrajada,

árboles caídos,

maleza,

que todo lo atrapa.

 

Enseres abandonados,

muebles raídos,

apilados en un rincón

atrapados en el tiempo

de ausencias.

 

Un todo que el viento

arrastra

junto con las hojas

desprendidas

de un otoño que viene

y sin embargo

nada cambia..

 

Huellas de pasos,

tímidos,

flor aplastada

y un olor que se esparce

de primaveras pasadas

por todas partes.

 

Un árbol con dos raíces

una más corta,

la otra más larga,

y  dos ramas rotas.

 

Cerrada la verja

y también la puerta

cortinas echadas,

deshilachadas,

una silla vieja.

 

Una mujer de negro

vestida,

con ojos hundidos,

abatida

y  falta de sueño,

viene a recibirme.

Las lágrimas se funden

y queman,

junto con los abrazos.

 

¡Qué frío siento!

¡y qué triste es venir aquí

sin ellos y casi sin ti!

¡madre!.

 

 

Por Ascensión Rivera

 

 

 

TUS PALABRAS

 

 

A través de tus palabras
y sin darte cuenta
¡¡Yo puedo leer tu alma!

Entre puntos suspensivos
adivino que eres seductor
y posesivo.

Entre subrayados
sé cuándo estás enfadado
aunque digas que no.

Tu desprecio y desdén
abraza los paréntesis
con frenesí.
¡Apasionado eres, sí!

A través del interrogante
tras mis preguntas
veo que eres arrogante
¡y te gusta!

Nunca podrás engañar
a quien entre palabras se desliza
por mucho que luches
porque desnudo tus sentimientos
y quedas ante mí
vulnerable y triste.

Entre mis dedos
arrastro tu sufrimiento
y tocando las letras
¡te acaricio!

Con tu mayúscula
me gritas
y me tiras a la cara tu desamor
con la «negrita»

¡Es inútil! ¡Ya no!
Para mí el color negro de tu palabra
machacada con rabia
¡de tu amor me habla!

 

25/09/2008

 

Por Ascensión Rivera

 

 

 

TU CABELLO Y DOS LUCEROS

 

  

ESE  VIENTO, QUE HOY ALBOROTA TU PELO,

ES EL MISMO QUE SE TROPIEZA CON MI TRISTEZA

EN EL ESPACIO Y EL TIEMPO…

CABELLO SEDOSO Y NEGRO ADORNADO

POR DOS LUCEROS.

 

ESE VIENTO QUE ACARICIA TU PELO

ES EL MISMO QUE LLORA EN SILENCIO

AL RECORDAR LOS ENCANTOS Y ALEGRÍAS

QUE ADORNABAN CON ESPERANZA

 AQUELLOS DOS LUCEROS.

 

ESA BRISA QUE ENTRA POR MI VENTANA,

ES LA QUE ME ARRULLA Y ME HACE DORMIR

CUANDO MIS PENSAMIENTOS SE CANSAN,

Y OTRA VEZ ME HACE SOÑAR

CON EL VIENTO,

EL SUSURRO DEL MAR,

 EL AZUL MARINO,

  LA BRISA QUE BAÑABA TU CARA

Y LA ROSA QUE ADORNABA

TU PELO Y DOS LUCEROS.

-Luis chinchilla Elizondo-

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico:  luischin_63@hotmail.com

 

Primer Ganador del 1er Concurso

de poesía de la Revista Cultural

“Espíritu Literario”.

 

 

ESAS MIRADAS QUE CAMINAN

 

“Mas en los días el vuelo desgarrador de la paloma

embriaga mis ojos con la gracia cruel de las distancias”.

 

ELISEO DIEGO

 

Esas miradas que caminan

con pasos de desgarradas nostalgias

en senderos de intangibles jirones

que pesan como la luz de la isla.

Esas miradas de cristalizadas lágrimas

aún antes de manar del surtidor

de sus perdidas cuencas de distancias.

Esas miradas que se sumergen

buscando las antípodas de sus entrañas

en su fondo, en el fondo más hondo

donde el dolor es más polvo.

Esas miradas que como géiser amanecen

del mismísimo centro de si mismas.

Allí, allí donde está el magma de sus ojos.

Esas miradas de suspiros silenciosos

mudos, devorados de sus silabas

secas de rodeada impotencia,

calladas frustraciones de memoria.

Esas miradas de luz del atardecer

frente al mar de los sueños

evaporaciones densas de luz de poniente.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

EL PAPEL ARRUGADO

 

Sé que un papel resiste

cualquier mentira,

sé que las canciones

son refugio de poeta y lira,

sé que mi mejor canción

de tu mismo aire respira.

El papel arrugado

soporta violencia e ira,

el corazón maltratado

soporta al mundo que gira,

ese ser tan lastimado

que en pena oscura delira,

ese ser tan maniatado

también sufre y respira,

ese ser equivocado

sin que nadie lo corrija,

ese ser tan despistado

qué canción tan distraída…,

ese ser asustado

sin que nadie lo redima,

ese ser despreciado

sin verso que le haga rima.

Quisiera empezar de nuevo,

contigo amor, en otra vida,

quisiera no ser malevo,

quisiera encontrar salida,

a este corazón de perro,

a este caminar deprisa,

a esta soledad de encierro,

a este corazón hecho trizas.

Quisiera contar contigo

en este deambular sin guia,

en esta habitación del recuerdo

en este miedo a la desidia,

quisiera por que yo quiero

cantar esta canción de vida,

quisiera por que lo merezco

otro punto de partida,

quisiera, sí no enloquezco,

una vida a color y divertida.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUNEA

NºXXIV     30-01-2.009

 

EDITORIAL XXIV

Ideas banales, debates espurios

 

 

Asistimos estos meses en algunas ciudades europeas -en Londres, Barcelona, Madrid o Roma- a un debate teológico a golpe de cartel publicitario. Grupos de ateos y grupos cristianos -tanto católicos como protestantes- se dedican a contratar carteles en los autobuses públicos para exponer y defender la existencia o inexistencia de Dios y tal vez con esta publicidad intentan ganar adeptos como quien vende cualquier producto de mercado.

 

Estamos convencidos que, de asistir a tal espectáculo, Lutero, Marx o San Agustín, Calvino, Hegel o Eckhart, Müntzer, Darwin o el Cardenal Cisneros no se sentirían muy cómodos. Algo no funciona en el viejo continente cuando tema tan apasionante y que tantos ensayos, estudios y disertaciones ha producido a lo largo de los siglos se dirime a base de frases más o menos ocurrentes. Evidentemente, hubo peores épocas en los que la disidencia religiosa, pero también ideológica, se procuraba ahogar mediante métodos brutales que llegaban a la muerte. Sin embargo, mucho nos tememos que esta guerra de carteles publicitarios es el último indicio de una crisis profunda en el pensamiento europeo, tanto más profunda que la crisis de la economía.

 

Porque el religioso no es el único ámbito donde el debate se decanta hacia el terreno de lo banal. Ahí están las campañas electorales en las que la foto o el lema resultan más importantes que el contenido o la discusión. Es un debate espurio con el que se intenta ocultar, en realidad, la falta de ideas, de programas, de perspectivas. La imagen se impone sobre el concepto y al final vence quien muestra una figura más atractiva o quien pronuncia la frase más ingeniosa, eso sí, falta de cualquier significado que trascienda lo superficial. Se ha acabado frivolizando sobre cualquier tema o concepto, la libertad sólo te la brinda una compañía de móviles o la revolución es poder conducir determinado coche.

 

Resulta evidente que al poder siempre le ha gustado poco los debates públicos en los que hubiera realmente un intercambio de ideas, no hacía gracia que se expandieran tesis que formularan críticas hacia quienes detentaban cargos de responsabilidad. Lo que el poder ha descubierto ahora es que mediante la banalidad de cualquier asunto, desde la religión al modo de producción, desde la justicia a las creencias íntimas, se homogeniza mejor la sociedad y no es necesaria aplicar entonces políticas represivas con las que mancharse las manos ni llevar a cabo campañas para convencer a los ciudadanos de la bondad de las políticas oficiales.

 

Sin embargo, una sociedad sin ideas es una sociedad sin alternativas. No planteamos aquí una sociedad hiperintelectualizada, pero tampoco una sociedad en la que el pensamiento se agote en los carteles publicitarios. No queremos un modelo en el que el poder lance a los cuatro vientos unos lemas gestionados por expertos creativos de publicidad, este sería al fin y al cabo el modelo que Orwell o Huxley presagiaron en sus novelas «1984» o  «Un Mundo Féliz».

 

 

 

 

 

DESESPERADOS SOLLOZOS

DESDE

ABU GHRAIB

 

Existe un espacio

recortado a plomada,

existe un vacío,

existe un infierno.

Las vidas se apelotonan

todas en un suspiro

de carcelero.

Las injusticias

se amontonan todas

en las calientes

plantas de los pies,

y parten en mitades

los corazones

que fueron uno sólo.

Llagas de años

suspendidos como

fantasmas de agonía

y sombra perdida.

Las medias lunas

son parte

de soles que apuntan

con sus fusiles de luz

y fuego resplandeciente.

¡Qué lejana está

la Meca de mis días!

¡qué lejana está mi aurora!

¡qué esperanza tan rota!

Celdas de dos por dos,

torturas de dos en dos,

con corazones de dos sin dos,

y dos mitades y dos mundos

que lanzan

su cáscara vacía

al desolado mundo sin

esperanza.

Soy Mohamed Almudd

Muwallad Bal-lhadí

y habito la voz encarnada

 de la flor y el poema.

Soy el hombre insurrecto

ante la mortal brevedad

de la vida.

Soy la desembocadura del río,

por que todo es río

que acaba en su mar

y todo mar se acaba

en su cielo.

El río avanza paciente

y logra la proeza inevitable

de llegar a la mar.

Podrán evitar la arribada

del agua estancada

pero el río se abrirá paso

hacia una mar de libertad

abierta hacia el océano.

El río llegará.

Tarde o temprano llegará.

La naturaleza del río

es avanzar sin pensar

en sí mismo.

Es continuar como lo hace

el hombre que no piensa,

que no habla,

que vive y avanza.

Se deja llevar hasta

que arriba, arriba

y se mezcla

entre sustancia y olvido,

sin memoria y sin tierra,

se mezcla y se muere

y con él acaba lo dulce,

y otro mundo le espera,

aunque el cambio

es su meta y su meta

es ser cambio y ser cambio

es su vida.

Solamente el salmón

es testigo de tanta

vergüenza,

de tanta injusticia,

de tan cruel sacrificio.

Por eso mis cerrojos y mis barrotes,

mi puerta blindada,

y mi prisión de hormigón

no pueden ni podrán

parar a mi río

que es fuerza suprema

y se deja llevar

entre nostalgia e ilusión,

entre pureza y pasión,

entre inocencia y vehemencia,

entre pulso y suspiro,

entre voluntad y paciencia,

entre latido y mirada,

entre pensamiento y viento,

entre ruido y silencio,

por que es agua que cabe

por toda ranura y frontera,

por toda rejilla y vacío,

por todo agujero y linde,

por todo mundo pequeño,

por todo mundo gigante,

por toda semilla que germina

a su paso

y por todo puente

que de orilla a orilla

transforma su anhelo

en causa sin querer evitarlo

y sin poder quererlo.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

Sueños

 

 

         Recorrer de nuevo aquellas calles fue extraño. Había pasado mucho tiempo, veinte años tal vez, no te exagero. Las cosas habían cambiado, pero no todo, aún se mantenían pequeñas cosas, detalles, ornamentos, algunas tiendas o el color de alguna pared, algunos olores, un aire de entonces, aunque fuese todo diferente. No sé cómo explicarte. Allí delante, por ejemplo, compraba los lápices, por decirte algo de lo que me acuerdo ahora y que recordé mientras paseaba solo, luego recorría la calle, daba una vuelta hasta la plaza y regresaba. Me gustaban esos breves paseos, me sentía libre por un momento. Me paraba en el parque. Contemplaba la bahía. Luego otra vez a casa y a la rutina. Claro que entonces no era consciente de la rutina, sea lo que sea ésta además de un recurso poético. Las cosas ocurrían, nada más, supongo que todavía no había pasado tiempo suficiente como para que todo adoptara un aire conocido. No había pasado ni futuro: es justo eso, dicen, lo que constituye de veras la niñez, la inocencia es no ser consciente del paso del tiempo, nada menos.

         Tampoco te puedo decir si era feliz o no. No lo recuerdo. Quizá me lo invente todo, no existió realmente nada de las imágenes que de pronto brotaron de no sé dónde, de mi fantasía, tal vez, o quizá de mi deseo de decirte algo poético. Pero no soy poeta, al menos no ahora, simplemente soy la persona que recién llego de un paseo por el tiempo. O por las calles que atravesara un niño que pudo haber acabado por ser yo. Ni siquiera soy capaz de aclararme yo mismo.

         Pongamos que soy aquel niño que solía ir a recoger cangrejos a un río no muy lejos del lugar del paseo. Pero no, es verdad, no puedo ser el niño, ni siquiera aquel niño, no ahora, en este mismo momento, mientras te cuento mi paseo e intento saber si era cierto o no que existió él y si guarda alguna relación conmigo. Yo soy el que soy, ni más joven ni más viejo. Quizá algo de ese niño que fui puede que perviva en mí, no lo sé. Aunque a veces no lo creo. Has de saber que a veces me invento mi pasado, lo reescribo y entonces todo es distinto. Claro que es una invención para consumo interno, nunca trasciende ni se lo cuento a nadie, nunca he hablado nada de esas vidas soñadas, tú eres la primera persona a la que le digo algo de las varias infancias que me inventé. Que invento todavía. Por eso puede que todo esto que te cuento, lo del niño al que le gustaba ir a atrapar cangrejos, lo del niño que compra lápices y se da una vuelta, breve, para sentirse un poco libre, no sea del todo cierto, porque vamos a ver: si a lo largo de los años me he inventado varias infancias, quién te dice que lo que recordé esta tarde no era más que una ensoñación más. Puede que inventar tanto me haya creado un marasmo que me impide distinguir realidad y ficción. Ya ves lo que da de sí un paseo: descubrir de repente que ni yo mismo puedo separar lo que fue de lo que invento. Y quizá todo esto te permita entenderme un poco, aunque ya sé que no necesitas entenderme, no quieres entenderme, sólo deseas estar conmigo, reír conmigo, hablar conmigo, amar conmigo. Me lo has dicho una y mil veces, no puedo olvidarlo, evidentemente. Pero volvamos al hecho en sí, no me permitas desviarme un ápice de lo que te quería contar, que tampoco sé muy bien lo que era.

         El hecho es que no había vuelto en veinte años. Y volví no sé muy bien en busca de qué. Tú bien sabes que no soy dado a la nostalgia, más bien al contrario, huyo de todo sentimentalismo. Pero soy humano, al fin y al cabo, no escapábamos al recuerdo. Claro que todo esto puede ser otra cosa: quién te dice, y no niego que me gustaría, que todo fuera al revés, soy yo un hombre soñado por un niño que se ve a sí mismo regresando veinte años más tarde a las calles que un día dejé. Claro que eso significaría que tú no existes y en esto no estoy dispuesto a transigir, no quiero que te disipes al despertar, que desaparezcas de mi vida como un sueño que se olvida. Pero es verdad que ese niño que fui a veces se soñaba de mayor y alguna vez, al comprar los lápices y caminar hasta la plaza, me imaginaba mayor y componía uno tras otro todos los recovecos de mi vida. Tal vez todos los niños hagan lo mismo, no lo sé. Pero de ser así hay un sinfín de hombres y mujeres creados por las mentes de niños que se ven a sí mismos regresando a esa misma infancia, tal vez creyendo que son víctimas de la nostalgia. Son cosas de Borges o de Cortazar, sin duda, demasiadas lecturas por mi parte tal vez.

         Sea lo que fuera, fue extraño recorrer aquellas calles. Quizá no fuera buena idea haber ido. Era mejor no haber salido de casa y sumergirme entre tus brazos libres del tiempo.

 

 

Juan A. Herrero Díez   

 

 

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

POEMA CAREY AMOR

 

Para que veas hasta el final la pasión de mis versos

 

 

 

No sé cómo arrancarle la piel a mi tristeza

o morderle los labios al filo del abismo.

Te siento volando hacia un planeta extraño

recuerdo desnudo los te amos sobre tu piel

y esos amaneceres resucitadores

después de bebernos la saliva del fuego.

Creo que estamos hechos el uno para el otro.

Por ti aprendí a aguardar semana tras semana

para amarte y poseerte como a una rosa sin espinas.

Me aferro a la amorosa tormenta de tus cabellos.

A los delirios necios por la celosía de tus ¡te amos!

¡Te extraño! ¡Amada mía!  ¡Te extraño, putamente!

Déjame rellenar con besos este absurdo abismo.

Deseo buscar tus brazos y recorrer el mismo camino,

así tenga que correr sobre el mar o volar sobre la tierra.

¡Te amo! Por ti le pondré alas a los sueños discapacitados,

porque ya no puedo concebir la vida ni las noches, sin ti.

¡Te amaré siempre! ¡Mi adorada amante voladora!

¡Te adoro! ¡Te amaré! ¡como a una potra o una hembra!

¡Te amaré como un salvaje y sediento caníbal! ¡Te amaré!

¡Venderé mis poemas por las calles o en los buses…

ofreceré mi sangre a un vampiro-muerte ¡si es preciso!…

¡Compartiré dolores, sueños y alegrías con las sombras!

¡Te amaré siempre! Porque sin ti: ¡que se escape la vida!

Me cansé de borrar nombres de amantes fugaces…

de enamorarme para sentir vivos y apasionados los versos.

El tono de las palabras de amor es sublime, si se siente

y la energía con la que se embiste a la vida es única.

¡Te amo! Eres la samaritana que supo sanar mis heridas

la que siempre estuvo ahí, cuando más la necesitaba.

¡Por ti resucité del culo del infierno! y reaprendí a volar

¡Te amo! ¡Mi adorada putica burguesa! ¡Te amo!

porque gracias a tus besos: ¡Volví a nacer!

 

Héctor “El perro vagabundo” Cediel

2008-09-17

 

 

 

 

 

 

 

 

SILENCIO

 

Me siento ciega como el vacío del silencio;

como cuando taladras mis sentidos y mi carne.

¡Silencio! Escucha el amanecer… ¡la aurora se despierta!

croan las ranas, cantan los pájaros… graznan los patos

y nuestras desnudeces como las pinceladas de un poema,

se acarician mudas cual sombras de un arrebol alegre.

¡Silencio! Escucha los versos que mi corazón le canta a tu piel

¡Silencio! Deja que pase de largo el tiempo… ¡Silencio! Silencio…

 

Por Héctor Cediel para Mariluz Martínez Vidales

 

 

LA REALIDAD Y LA UTOPIA

 

   SALIÓ corriendo la Utopía huyendo de la Realidad. Sus pasos parecían firmes y seguros pero su huída era una huída desesperada y sin control. A cada paso que daba la Utopía la Realidad daba dos más.

   En su afán de no ser alcanzada la Utopía buscó ayuda. Fue así como se encontró con un banquero pero éste, preocupado por la bolsa y las divisas, interesado de interés y capital, ni siquiera la escuchó.

   En su atropellado caminar la Utopía se encontró con un clérigo que al principio puso interés en escucharla. Parecían hablar el mismo idioma aunque a veces no se entendían. Y es que la vida espiritual de la que hablaba el sacerdote no era la misma que la de la Utopía. Su vida era una vida que después de la vida se construía con los cimientos de una fe en la que ni el mismo clérigo creía.

   La Utopía siguió huyendo y fue entonces cuando se encontró con un político al que la Utopía reconoció enseguida. Ambos, en un tiempo pasado no muy lejano, habían caminado juntos y cogidos de la mano. Pero terminada la campaña electoral y cuando aquél consiguió el status que buscaba, la Utopía volvió a quedarse sola. Y el político, creíble y diplomático, le dio la espalda.

   La Utopía también se encontró con un hombre. Un hombre que fue adolescente. Un adolescente que fue niño. Y ese hombre al que la Utopía ilusionó de niño y también de adolescente, ni siquiera la saludó porque no la conocía.        

   Al tiempo de ser alcanzada por la Realidad la Utopía se encontró con un poeta, atropellado de versos e indómito de sueños incurables. El poeta parecía distante, pero cuando la Utopía se detuvo a hablar con él éste la escuchó. Ambos se entendieron y se saludaron porque ambos se reconocían. Y vio la Utopía que con el poeta se sentía segura. Al oir llegar a la Realidad la Utopía se escondió. La Realidad se detuvo ante el poeta y le preguntó si había visto pasar a la Utopía. Pero ni el poeta entendía a la Realidad ni la Realidad se entendía con el poeta porque a lo que la Realidad llamaba Utopía era la realidad del poeta. Y cansada de ese mal entendimiento la Realidad se tuvo que marchar. Fue entonces cuando la Utopía se metió en el cuerpo del poeta porque sintió que ese era su verdadero hogar.

   Es por eso que los poetas saben tanto de sueños y los sueños se llevan tan bien con los poetas.  

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

 

 

 

ERNESTO “CHE” GUEVARA

 

 

LA flor que siempre es flor de Primavera,

 

el néctar que a los sueños da la vida,

 

el humus de la tierra prometida,

 

el triunfo de la lucha guerrillera.

 

 

El mundo galopante de ilusiones,

 

la rosa que ha nacido sin espinas,

 

tu voz la voz de América Latina,

 

tu luz la luz de nuestros corazones.

 

 

El tiempo descosido de futuros

 

recuerda en cada gesto al comandante,

 

romántico, bohemio, reflexivo.

 

La vida es un enfermo prematuro,

 

la muerte es la más fiel de las amantes

 

y Ernesto “Che” Guevara sigue vivo.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

FUE EL BESO SIN AMOR DE UNA PRINCESA

 

 

FUE el beso sin Amor de una princesa

 

de alguna monarquía sempiterna,

 

de una princesa alocada y traviesa

 

que escondía el Amor entre las piernas.

 

 

Fue un beso sin Amor, adulterado,

 

dormido de pasión y sentimiento,

 

anémico, fugaz, interesado,

 

de esos que al soplar se los lleva el viento.

 

 

De besos enfermizos, de hojalata,

 

se pintan tantas bocas caprichosas

 

llenamos la ilusión con tantas cosas

 

que un beso siendo un beso a veces mata.

 

 

Ayer en los jardines de palacio

 

un príncipe se convirtió en batracio.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

A JOAQUIN SABINA

 

 

ANARCOTRAFICANTE de la duda

 

Jilguero al que no calla la afonía

 

Osado que dice: “Esta boca es mía”

 

Apóstol de Serrat y de Neruda.

 

Quijote de los sueños de la gente

 

Ufana de morir de mal de amores

 

Indicio de que aún quedan soñadores

 

Nadando siempre contra la corriente.

 

 

Sírvanles la elegancia de tus versos

 

A los que quieren dejarse la piel

 

Buscando Poesía en la basura.

 

Incluso hasta a los pétalos dispersos

 

Nacidos de las flores más oscuras

 

Acuden las abejas a por miel.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

 

 

ALGUNOS POETAS

 

 

ALGUNOS poetas escriben

 

creyendo que su soledad es compartida.

 

 

Otros porque piensan que su voz

 

es la voz de los que sufren,

 

de los que no saben hablar o no pueden hacerlo.

 

 

Los más se atreven a escribir sobre el Amor

 

sin haber amado nunca.

 

Y empachan de pasión

 

esos amores que siempre soñaron

 

y que no tuvieron nunca.

 

 

Incluso los hay que se pierden en vocablos,

 

ridículos pleonasmos,

 

epítetos absurdos,

 

redundancias mil veces redundantes.

 

Y ensucian las palabras

 

derramando sin sentido sobre lo que ya tiene sentido.

 

¡Y nadie les entiende!.

 

 

Algunos son poetas de salón,

 

poetas sumergidos

 

en las aguas siempre gélidas del éxito,

 

del éxito que efímero les da

 

el haber ganado un premio.

 

Poetas que se bañan

 

en las vanidosas aguas

 

de ver sus escritos viajando en Internet:

 

versos olvidados descansando

 

en foros literarios que ya nadie visita.

 

 

Hay poetas que cuando el compromiso y la verdad

 

incansables llaman a sus puertas

 

acaban por mirar hacia otro lado.

 

 

Poetas que enmarcan la poesía

 

con títulos que decoran

 

las paredes blanquecinas de un despacho.

 

 

Poetas que se pierden

 

en noches siempre oscuras

 

esperando que una musa

 

con forma de bombilla

 

por fin les ilumine.

 

Y a oscuras… siguen esperando.

 

 

He leído versos aburridos,

 

poemas que despliegan horizontes,

 

que tropiezan

 

y acaban desplomándose en el suelo.

 

 

 

 

 

Y mientras mis poemas,

 

perfumados muchas veces de espejismos

 

y otras tantas de ilusiones,

 

esperan en silencio

 

que el tiempo los rescate

 

de ese olvido tantas veces olvidado,

 

que huérfanos de sueños

 

alguien los adopte como suyos.

 

 

Versos incompletos,

 

dislocados,

 

repartidos,

 

versos infectados de esperanza,

 

preñados de futuros,

 

insomnes de pasiones,

 

compartidos,

 

inmortales,

 

para siempre.

 

 

Pero Bécquer solo hay uno.

 

 

AMADO STORNI

 

(Jaime Fernández)

 

 

La canción del oprimido

 

La canción del oprimido

no puede ser escuchada

porque sufre la censura

del ser que esta sometido.

 

Con la pasión acendrada

y la ilusión más potente

escribe, canta entre dientes

sus arpegios más logrados.

 

Con la sensación más pura

de llegar hasta su gente

las cuerdas de la guitarra

le desvanecen la duda.

 

Sabe que en cualquier instante

de su vida desgraciada

llegará la compasión

hasta su espíritu errante.

 

Lucila Soria
Santiago del Estero – Argentina

 

 

 

 

 

EL ÁRBOL

 

 

En los anales de la historia se puede encontrar una leyenda de un hecho que ocurrió en un lugar muy lejano, quizás incluso en otro mundo, y en otro tiempo también muy, pero que muy, remoto. Nadie puede asegurar que se trate sólo de un relato de ficción o, por el contrario, de unos hechos que aconteciesen en la realidad, pero se me antoja que eso es algo que carece de toda importancia, si no juzguen por ustedes mismos.

 

Por aquellos tiempos, toda la humanidad estaba constituida por dos familias que vivían relativamente cerca la una de la otra, aunque no lo suficiente como para evitar el que cada una tuviese hábitos de vida diferentes. Por ejemplo, mientras una de ellas se dedicaba casi exclusivamente al pastoreo y la caza para subsistir, la otra ocupaba su tiempo en las labores de la tierra y la recolección de alimentos silvestres.

Sus distintas ocupaciones no impedían que ambas se mostrasen amistosas. Es más, mantenían una relación muy cordial y se intercambiaban sus bienes constantemente y sin ningún compromiso. Los pastores solían ofrecer algo de carne a sus vecinos, mientras que éstos les correspondían con frutas y hortalizas que cultivaban. Siempre había sido así, y no había ningún motivo por el que esta situación tuviese que cambiar.

No hasta aquel aciago día que transformó la historia de esta pequeña humanidad para siempre.

Varías lunas habían recorrido ya el cielo estrellado desde la última vez que tuvieron un encuentro, así que el patriarca de los agricultores decidió hacerle una visita a su amigo y vecino pensando que aprovecharía también la ocasión para alguno de sus intercambios. Pero conforme se acercaba a su destino, su sorpresa fue en aumento. Por todo el camino de entrada aparecían una serie de imágenes echas en madera o barro, todas muy parecidas, que representaban una especie de tronco de árbol o algo así, aumentando su número a medida que se acercaba al hogar. Por las paredes de la vivienda aparecía también esta misma imagen pero pintada de diversos colores y tamaños y justo a unos metros de la entrada principal se encontraba la mayor de todas, una gran talla de varios metros de alto y de un grosor desproporcionado fabricada con retazos de madera apuntalados y también coloreada de forma extraña.

Cuando los dos hombres se dieron al encuentro, esta es la conversación que se registró:

 

–¡Amigo Mel! –saludó el agricultor efusivamente–. ¿Pero qué es todo esto que te traes entre manos, algún tipo de reclamo nuevo para tus bestias?

–No digas bobadas Roy –contestó Mel, el pastor–. Y muestra un respeto, haz el favor. Estás ante el Gran Árbol del Guananí.

–¿Cómo dices, el gran árbol de qué? –preguntó de nuevo Roy con una gran sonrisa en el rostro pensando que su vecino le tomaba el pelo.

–No te hagas el tonto, ¿quieres? He dicho el Gran Árbol del Guananí. –en esta ocasión Mel se mostró más serio y tajante en su aseveración.

–Perdón, perdón, no quise ofender, pero es que no entiendo nada. ¿Qué es eso del árbol del guananí? Es la primera vez que lo escucho en mi vida.

–Lógico, ya que sólo a mí me ha sido revelada su existencia –respondió Mel con aires de superioridad–. Pero no te preocupes, eres una persona afortunada por ser mi amigo. Yo te lo contaré todo al igual que hice con el resto de mi familia.

–¿Qué tienes que contarme? –le interrogó Roy muy intrigado.

–Presta atención porque esto que vas a oír es sumamente importante para nuestra futura existencia, amigo. Esta imagen representa al Gran Árbol del Guananí, un árbol de inmensas proporciones que se encuentra al otro lado de las montañas, allá donde ningún ser humano ha sido capaz de llegar. Es único en el mundo y, a pesar de la distancia que nos separa, tiene la capacidad de poder resolver todos nuestros problemas con la caprichosa y tiránica naturaleza que tantos quebraderos de cabeza nos produce, ya lo sabes.

–Un momento, un momento –interrumpió el agricultor algo desconcertado–. No entiendo nada. En primer lugar, ¿cómo es posible que conozcas tú la existencia de ese árbol milagroso si habita en un lugar donde nadie ha llegado? Y en segundo lugar, ¿qué es eso de que puede resolver todos nuestros problemas con la madre naturaleza? Nadie está por encima de ella, es imposible.

–¡Ah, hombre de poca fe! Ya sabía yo que te mostrarías reticente. Algo me dice que la envidia por no haber sido tú su descubridor te reconcome.

–¡Pero qué tonterías estás diciendo! Contesta a mis preguntas si puedes –atajó Roy algo malhumorado por el comentario de su vecino.

–Pues claro que lo haré. Es cierto que nunca he estado en el lugar del que procede, pero eso no es necesario; hace muchas jornadas soñé con él. Se mostró ante mí con una claridad reveladora, su belleza y la luz que de Él emanaba no era comparable a nada conocido. Desde ese preciso momento supe que debía consagrar toda mi vida y la de los míos a Él. Y tú deberías hacer lo mismo si quieres salvarte –concluyó el pastor con rotundidad.

–¿Salvarme de qué? Nada de lo que dices tiene sentido. Pero mira, no importa, ya me lo explicarás otro día, es que ahora tengo un poco de prisa, mi familia necesita algo de carne, como sabrás, y aquí te traigo estas verduras y algo de fruta también para tus animales –el agricultor intentó cambiar de tema al comprobar la insistencia de su amigo en algo que carecía de sentido para él.

–No tan rápido vecino. Ya no podré ofrecerte lo que acostumbraba.

–Pero ¿por qué? –quiso saber Roy sorprendido.

–Es obvio, ¿no? Para que el Árbol del Guananí pueda protegernos de todos los elementos maléficos, hay que cuidarlo, igual que a cualquier otra criatura. Necesita alimentos, agua, compañía. Necesita saber que sus protegidos están aquí respetándolo y adorándolo. Es lógico, tú también lo harías. Parte de lo que te daba a ti tengo ahora que ofrecérselo a Él para que siga cuidando de nosotros. Todos los nuestros se deben ahora a su culto y manutención, no creo que tengamos mucho tiempo para nada más, lo siento.

–¡Pero sí es sólo un trozo de madera! Cómo puedes…

–¡Alto ahí blasfemo! –interrumpió visiblemente enfadado Mel–. No permito que hables así del Él; arrepiéntete de lo que has dicho o todas las calamidades del mundo caerán sobre ti.

–Creo que te has vuelto loco, no puedo creer que toda tu gente piense como tú –exclamó Roy desesperado.

–Pues claro que todos piensan como yo, ¿qué insinúas, que no me respetan? Yo sólo quiero proteger a mi familia, al igual que tú, y haré todo lo que esté en mi mano. Ellos lo saben, por eso creen lo que les digo y se muestran temerosos del poder del Gran Árbol, como deberías de hacer tú y los tuyos. Y por eso mismo no puedo consentir que una presencia turbadora ande por aquí, entre mis hijos. Así que si te niegas a doblegarte a la fuerza de nuestro Gran Protector Árbol del Guananí será mejor que te vayas y no vuelvas, o tendré que tomar represalias contra ti –sentenció Mel.

–Si eso es lo que quieres, así será. Pero procura no acercarte tú tampoco a mis tierras, porque allí ningún estúpido árbol podrá salvarte de mi furia. Hasta nunca, vecino –terminó diciendo Roy al tiempo que se daba media vuelta y volvía por donde había venido.

 

Y así fue como estas dos familias jamás volvieron a dirigirse la palabra amistosamente. Obviamente sí que volvieron a verse en infinidad de ocasiones, ya que ambos necesitaban algunos de los bienes que el otro disfrutaba, pero sus encuentros siempre fueron furtivos, terminando en violentas confrontaciones y batallas interminables donde las dos familias terminaban perdiendo algo importante a cambio de conseguir algo menos importante.

Al menos eso es lo que cuenta la historia. Como ya he dicho, si ocurrió en realidad o no, es algo que todos desconocen. Aunque si está escrito por algo será, y si no lo estaba, ahora sí que lo está. ¿Quién sabe? puede que incluso me lo esté inventando todo, pero…. ¿qué importancia podría tener?

 

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

RECUERDOS

 

 

TANTAS LÁGRIMAS ESCONDIDAS

RECORDANDO LOS VIAJES EN TREN A OROTINA,

AL MIRAR LOS BRILLANTES CELAJES

CUANDO CAE LA TARDE.

 

Y EN MI MENTE EL PUNZANTE RECUERDO

DE AQUEL AMOR QUE SE DESVANECIÓ

A ORILLAS DE TU ESPERANZA.

 

LOS JARDINES QUE RETOÑARON

A LA LUZ DE TU ENCUENTRO

YA LOS SECÓ EL VERANO.

 

PALOMA QUE VUELAS LEJOS DE MI NIDO

CÓMO MENOSPRECIARTE

SI ERES PARTE DE MIS SENTIDOS.

 

PROFUNDOS RECUERDOS ADORMECEN MI MENTE,

SON LOS QUE LLORAN EL SILENCIO DE TUS PALABRAS.

 

FALSAS ILUSIONES MARCARON ESTA VIDA,

BUSCANDO EN LAS LETRAS DE MI POEMA,

EL AMOR DEL ALMA,

AMOR, QUE NO SE OLVIDA.

 

  -Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Autor del Libro “Amor Platónico”

Ganador del 1er concurso de poesía

ofrecido por la Revista Cultural “Espíritu Literario”.

Grecia, Alajuela, Costa Rica

 

 

 

 

EL FINAL DE LAS COSAS

 

Las cosas tienen un fin

escondido en los huesos.

Las cosas buscan auroras

que les recuerden lo efímero,

lo que nada es eterno,

lo que nada perdura.

Vivimos nuestra vida

de momentos marchitados

y los convertimos

en alegrías poliformes,

en desdichas del ambiente,

en desiertos de soledad.

El final de las cosas

está metido en los cuerpos,

nosotros les damos vida,

los hacemos vida

que acompaña la ilusión

perdida de esperanzas.

Somos lo único que resiste

la cuesta sin norte,

el ocaso en el horizonte,

el mañana sin rostro.

Andamos lo caminado,

miramos un alba bajo el tedio,

la espesura sudada

del sufrimiento es un reloj

sin alma desnudo en el sueño.

Somos mortaja y equinoccio,

somos sencilla reconciliación,

somos perplejidad compleja,

somos astros orgánicos.

La poesía es lo único

que nos queda.

Por que es lo único

que no está podrido

por los dotes que el hombre

inventó para sobrevivir.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXIII   24-01-2.009

 

EDITORIAL XXIII

Porvenir en blanco y negro

 

El pasado 20 de Enero Obama fue nombrado oficialmente presidente de los Estados Unidos con una puesta en escena espectacular. Parece que en épocas de crisis se acentúa la necesidad de luchar por abrir espacios a la esperanza, aunque nos puede dar la impresión de que haya algo forzado en ese intento. Ya en su momento, sin embargo, expresamos nuestro escepticismo por este nuevo líder que, aun cuando aporte aires nuevos, y frente a Bush no resulta difícil que cualquier cosa parezca esperanzadora, no obstante muchos nos tememos que no va a aplicar ninguna política nueva a favor de los oprimidos, de los pobres, de esa mayoría silenciosa que asiste a la crisis no sin cierto pánico. Que quede claro que nos gustaría equivocarnos.

 

Pese a todo, aceptamos que la presidencia de Obama ya tiene en el ámbito de lo simbólico un aspecto positivo: es el primer presidente negro en un país cuya esclavitud quedó abolida el 1 de Enero de 1863 mediante una Declaración de Emancipación que se ratificó en Diciembre de 1865, esto es, hace 144 años. No podemos menos que recordar la tragedia de la esclavitud en general y la de los negros en particular. Millones de hombres y mujeres africanos fueron transportados a América para trabajar como esclavos y no creemos exagerado afirmar que en gran medida la riqueza acumulada en Occidente durante los tres siglos siguientes a la llegada de Cristobal Colón a América descansa en buena medida sobre los hombros de millones de esclavos. La riqueza en América y Europa costó demasiado sufrimiento y el de los negros es desde luego una de las expresiones más trágicas.

 

Por tanto, reconocemos que la llegada de Obama a la Presidencia de los Estados Unidos es un homenaje a todos aquellos esclavos que trabajaron en aquel país, y por ende en todo el continente, y supone un pleno reconocimiento a todo aquel movimiento abolicionista que durante años luchó por la dignidad de la humanidad, movimiento que tuvo sus nombres, entre los que destacamos los de John Brown, William Lloyd Garrison y el de la escritora Harriet Beecher Stowe, autora de “La Cabaña del Tío Tom”, pero en el que participaron muchas personas cuyos nombres, hoy, no conocemos. Nos parece justo recordar que en una historia tan horrible hubo, sin embargo, personas que levantaron su voz para clamar contra la barbarie y actuaron, como los cuáqueros u otros movimientos de emancipación, por un mundo de justicia.

 

Evidentemente, nosotros vinculamos también el abolicionismo al movimiento de emancipación africana que un siglo después luchó por la libertad y la dignidad de los pueblos de África. Amílcar Cabral, Thomas Sankara, Agostinho Neto o Nelson Mandela, entre otros muchos, aportaron su lucha y su conocimiento para que la ignominia de la esclavitud y el colonialismo quedaran definitivamente abolida. Hubo también un gran movimiento cultural que se desencadenó a partir de esta corriente liberalizadora, un movimiento que no fue, desde luego, homogéneo, y para ejemplo la polémica sobre la Negritud defendida por Léopold Sédar Senghor, Berago Diop o Aimé Césaire, pero rechazada por Wole Soyinka. A todas luces, las discrepancias fueron resultado de la amplitud de una realidad que debe tener hoy su continuación.

 

Hablar de una cultura negra o blanca (o china, o india) nos parece hoy limitar la expresión del ser humano. Sin embargo, puede ser una referencia más para un magma de autores y artistas en general que, en buena lógica, han de influirse unos a otros. Esta es nuestra apuesta.

 

 

 

 

 

 

MERA COMPAÑIA

 

   Hoy hemos discutido,

por nada, por memeces, por tonterías.

Te miro con el rabillo del ojo y te veo desolada,

solitaria, desamparada, gimiendo vacíos delante de la televisión.

Te veo cambiar de canal,

perdida, aburrida, buscando luces en los rayos catódicos,

vas recorriendo todos los canales.

No te paras en ninguno,

ninguno te satisface, ninguno te gusta.

Te paras en uno de cocina, pero no, no te quedas,

sigues con uno de cantantes, te vas por los bulevares de la risa,

pero tienes muy pocas ganas de reírte, pasas hacia otro de bricolaje, pero no, no te satisface.

Te vas a la cocina  coges un vaso de mazamorra,

te lo comes con pesadumbre, te incorporas suspirando,

cambias de canal constantemente.

Terminas la mazamorra.

Dejas el vaso vacío en la mesita.

Cambias de canal huyendo de la monotonía,

escapas de las crónicas rosas sumergida en un bostezo,

vuelves a cambiar, te levantas, te vuelves a sentar,

te cruzas de piernas, te rascas la barbilla,

miras un programa de noticias, pero uff,

demasiada sangre y violencia.

Me miras de reojo, yo finjo no mirarte.

Disimulo en mi ordenador haciendo no sé qué cosa.

Sigues buscando una aurora descalabrada a pedradas de alegría,

sigues cansada el camino hacia la luz,

te veo desvalida, derrotada, indefensa, miras y no ves,

haces como que miras.

De pronto, disimuladamente te miro,

te has dormido.

Te veo plácida durmiendo entregada a la cúspide

de un sueño efímero y transitorio, de paso, por si acaso, fugaz.

Entonces me quedo solo. Ya no tengo tu mirada.

Ya no estás conmigo. Estás como un ángel.

Estás totalmente esparcida en el sofá.

Estás como un niño lactante durmiendo su nada.

Estás entregada a la súbita derrota como en un manantial de tranquila presencia y efluvio de paz sencilla.

Y yo me pregunto: ¿qué soy en tu noche de televisión?

Y suspiro mi verdad desnuda tragando la cruda realidad

de tus noches sin fondo, tus noches opacas, tus noches vacías.

¿Y qué soy?

Pues soy una mera compañía que está a tu lado.

Una mera compañía que te discute, que te increpa, que te quiere.

Tú mientras, babeas tu noche vacía.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

La Isla

 

 

         La niña apuntó con el dedo hacia el mar. Dirigí mi mirada al lugar que Suzette me indicaba. Vi aproximarse un velero. Estaba todavía lejos. Distinguí a dos hombres y una mujer, los tres blancos, que realizaban maniobras para aproximar la embarcación al atracadero. Tardarían un rato. Nos acercamos nosotros también hacia el embarcadero cruzando la playa por la que habíamos paseado toda la mañana y que tanto nos gustaba porque en ella hablábamos largo y tendido, nos quedábamos a veces embelesados ante el mar, nos inventábamos historias y sin duda era el lugar más hermoso que conocíamos. Claro que yo conocía más mundo que la niña, que apenas había salido de la isla pero tampoco creo que se planteara vivir en otros parajes.

         Suzette me preguntó si esperaba gente, le respondí que no. Estaba ansiosa y emocionada por saber quienes eran aquellos extraños. No eran frecuentes las novedades entre nosotros. Pocas veces llegaba gente a la isla, menos aún blanca. Creo que durante mucho tiempo al único blanco que muchos en la isla habían visto era yo y no sé si me gustaba por una vez romper aquel monopolio. Ellos nos vieron cuando estaban a pocos metros del embarcadero y se quedaron también extrañados al descubrirme. Evidentemente no se esperaban encontrar a un europeo, llegaban con el deseo de ser los descubridores de aquel archipiélago tan apartado del resto del mundo, los primeros en llegar, y de repente se daban de morros conmigo. Imagínense por un momento que Colón, al alcanzar las playas de la que sería La Española, descubriera a un feliz castellano recibiéndole con total parsimonia. Claro que en estos tiempos nuestros ya ningún sitio del mundo está por descubrir, no se puede comparar.

         Terminaron de atar su embarcación. De cerca ésta era más grande de lo que nos había parecido un rato antes, desde luego no era un simple velero. Bajaron los tres y se acercaron a nosotros, que les esperábamos en la playa. Nos saludaron. Intentaron hablar en portugués, pero apenas lo chapurreaban. Noté que eran franceses. Yo me dirigí a ellos en su lengua. Hacía años que no la hablaba y me sorprendió gratamente la fluidez con que conseguí hablarles. Mi vida casi monástica, lejos de Europa, parecía no haber mermado mis capacidades de antaño, pensé. Me dijeron que estaban de turismo, querían probar el yate nuevo, nos lo apuntaron con el dedo como si de pronto nos lo enseñaran, no sin orgullo, y se habían atrevido a llegar al archipiélago. Por un momento temí que pudieran ser contrabandistas o alguna cosa así, pero su aspecto les delataba. Les pregunté si pensaban quedarse mucho tiempo y les ofrecí mi morada para pasar la noche si lo deseaban, pero me dijeron que tenían intención de salir a media tarde, regresar al continente, pero agradecieron vehementemente mi siguiente oferta, a la que Suzette se añadió con esa amplia sonrisa suya que impedía muchas veces a cualquier persona negarse a cumplir sus deseos, oferta que no era otra que enseñarles el lugar. No es una isla grande, les anuncié no sin la afectación de quien se identifica plenamente con un lugar pequeño, una patria chica, aun cuando fuera de adopción, se ve en medio día, añadí.

         Mientras nos acercábamos a la aldea noté que sentían curiosidad por mí. Sin embargo, yo no estaba dispuesto a satisfacérsela. Tendría que hablarles de mi vida antes de aposentarme en el archipiélago y me esforzaba ya mucho por olvidar mi pasado, por olvidarme por completo del hombre que fui. Por suerte, su buena educación les vedaba formularme preguntas directas. Supe por contra que la mujer estaba casada con uno de los hombres y el otro era un buen amigo de ambos. Se quedaron sorprendidos por la aldea cuando llegamos a ella. Todo, dijeron, estaba muy ordenado y muy limpio, nada que ver con el continente donde todo resultaba caótico. No pude menos que darles la razón. Aquí todo es diferente, les dije reafirmándoles el dictamen. Casi el paraíso, murmuró la mujer. Recordé que yo también había pensado lo mismo cuando llegué. Sin embargo, les comenté como si fuera necesario incluir una nota negativa, muchos de los habitantes habían marchado, habían emigrado a Europa. Era como decirles que no todo era lo que parecía a primera vista era como lo pensábamos, que aunque no nos lo creyéramos, y yo mismo no me lo creía del todo a pesar del tiempo que llevaba en la isla, o a veces no me lo quería creer, había puntos flojos que había empujado a algunos a marchar. No obstante, me callé que sin duda bastantes, por no decir todos, de los que marcharon no serían felices allí donde estuvieran, que recordarían con añoranza la isla. Pero era algo que yo tampoco sabía con certeza.

         Pronto nos entró hambre. Propuse comer en mi casa y aceptaron. Se añadió Nemas, que parecía apenas preocupada porque Suzette y yo no habíamos vuelto de nuestro largo paseo matutino y nos había esperado como todos los sábados. Sin embargo, no pareció sorprendida porque llegáramos acompañados por aquellos desconocidos. Hubiéramos podido haber sido secuestrados por piratas, bromeé. Rió. Aquí no hay piratas, me dijo en la lengua local, en todo caso ellos serían más atractivos para los piratas. No pude menos que darle la razón. Suzette, por su parte, parecía encantada con la mujer, jugaba con ella como si se conocieran de toda la vida.

         Mientras comimos supe que eran profesionales, abogados los dos hombres, arquitecta la mujer, que vivían en París. Me hablaron de sus vidas y de cómo de pronto se habían visto sumergidos en una existencia sin sentido. De repente, se dieron cuenta de que no podían continuar así y habían decidido buscar alternativas. Les escuchaba quejarse y me pregunté cómo era posible que cuando se alcanzaba un cierto nivel material uno descubría que faltaba algo que impedía la felicidad, la ansiada felicidad tan deseada y tan poco lograda. Y usted aquí de qué vive, me preguntó el marido. Seguían  interesados en conocer mi historia, saber por qué había terminado en aquella isla. Pero yo no quería remover el pasado, el mío, sólo a mí me correspondía bregar con mi vida. Doy clases a los niños, me justifiqué, al fin y al cabo tampoco sentía mi vida allí como algo ligado al trabajo. Un maestro, dijeron a la vez. Sonreímos. Ahí quedó todo.

         Les acompañamos hasta el barco después de una muy grata sobremesa. No querían que se les echara la noche en alta mar, por lo menos querían ver las luces de la costa. Habíamos charlado como si fuéramos viejos amigos que pasan juntos un sábado por la tarde. Les vimos partir y alejarse de la isla poco a poco. Mientras volvíamos a casa, Suzette me preguntó a qué me dedicaba yo en Europa. Le acaricié el pelo. Le propuse una carrera y sin avisar salí corriendo mientras ella, detrás de mí, se reía a carcajadas.  

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

CRÓNICA NEGRA

DEL GRAN HERMANO XIII

 

Vamos todos a ver el escaparate repulsivo

del raiting vencedor arropados en el filo frío del cuchillo

en el horario masivo de media noche de gala.

Veamos el espectáculo inofensivo

de ver a la presentadora del reality show en pleno ejercicio

de una moral pachorra y viejarrona

resumida en unas breves notas de petulante prepotencia.

Todos verán el edredoning mascachapas

de la puta de España con el machito musculado

que se envalentona solamente cuando va borracho.

Siéntense y vean la burda mentira de la realidad estupefacta.

Acomódense sin hacer zapping

 y vean como los viciosos productores televisivos

 usan a la juventud,

con la varita mágica de la ley del embudo,

como si fuesen monigotes de trapo que golpear como a un saco.

Apresúrense a ver la tórrida escena de la chabacana

del extrarradio pelear con la mentira del mundo

en una ordinaria riña de verduleras pregonando carencias.

No se asombren de nada.

Esto es el pan de cada día.

El Amén es una escalera de luz

que buscan los chicos deseosos de fama efímera y rentable

 desnudando su alma si fuere preciso,

perdiendo la dignidad si se lo piden, humillándose si encarta.

Cuando junten los cuatro duros para montar un pub donde

las chiquillas se abran de piernas y los afortunados sean alcurnia,

de nobleza de bambolla y ralea con aire de grandeza,

se impartirá la lección magistral y elitista de la estrategia

inteligente de brincar como un mono.

Vean y disfruten del orgasmo hecho sueño de oropel

con que engañan a los niños tontos y torpes.

¡ATENCIÓN, ATENCIÓN!

Conectamos en directo con la casa:

¡Se ha producido un subidón de audiencia!

Y es que el muchacho musculado se le ha ido la olla

y ha lanzado un aparato conectado a la electricidad al jacuzzi

lleno de agua y espuma de jabón

donde estaban sumergidos varios concursantes del programa.

¡Han quedado totalmente achicharrados!

¡Señoras y señores!

¡Qué buen invento el de la vida en directo!

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

AMOR PLATÓNICO

                       (Canción)

NAVEGANDO EN EL MAR DE MIS RECUERDOS

MIRANDO CAER LA LLUVIA EN LA ARENA

RECORDANDO AQUELLOS OJOS BELLOS

Y SU LINDA PIEL MORENA.

 

AQUEL DÍA LA BUSQUÉ EN SU PUEBLO

PUES SU NOMBRE CONOCÍA

Y AÚN LA SIGO YO BUSCANDO,

SU RECUERDO ES MI AGONÍA.

 

¿DÓNDE ESTÁS?

¿POR QUÉ NO ME RESPONDES?

Y CUANDO EN SUEÑOS TE LLAMO

NADIE CONOCE TU NOMBRE.

 

PORQUE ESTE AMOR CALLADO

ME AHOGA EN SILENCIO,

SOÑANDO ESTAR A TU LADO

AUNQUE TÚ YA TIENES DUEÑO.

 

¿DÓNDE ESTÁS?

MUJER DE MIS ENSUEÑOS

PARA ESCRIBIRTE LINDOS VERSOS

COMO ANTES YO LO HACIA               (coro)bis

PORQUE TE SIGO AMANDO

CADA NOCHE, CADA DÍA.

 

CON ANSIAS PIDO AL CIELO

BORRAR DE MIS ADENTROS

ESTE PUNZANTE RECUERDO

ES AMOR, QUE NO SE OLVIDA.

 

-Luis Chinchilla Elizondo-

 

 

DEMOCRACIA

 

Otro de los grandes problemas que tienen las democracias actuales es el siguiente: necesitan contentar a todo el mundo, incluso a las minorías.

¿Por qué pienso que esto supone un problema? Como ya comenté en el artículo anterior, es algo obvio el hecho de que todos no somos iguales ni pensamos de la misma forma. Vivimos en una sociedad excesivamente poblada y diversificada; esta situación conlleva dos problemas: el primero es que cualquier corriente de pensamiento que se nos ocurra, por estrafalaria que sea, será seguro que encontrará cientos de adeptos y personas que darían cualquier cosa, incluso la vida en algunos casos, por defenderla, teniendo en cuenta el nivel tan alto de exigencia que estamos alcanzando los ciudadanos de a pie (en muchos casos injustificada), tal y como predijo Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas.

Si este primer problema deriva de la diversidad a la que hacía referencia, el segundo es consecuencia del exceso de población tan brutal a que está sometido el planeta, que hace que cualquier minoría esté compuesta por miles de individuos. Y, como todos sabemos, tal cantidad de personas hacen mucho ruido e, incluso, pueden hacer mucho daño si se lo proponen. De ahí que cualquier gobierno que se precie se vea en la necesidad de contentar a cualquier minoría que pueda causarles problemas.

¿Pero qué ocurre cuando aparecen grupos con ideas contrarias? Sería lógico pensar que se tratará de complacer a aquél que pueda ser más problemático, es decir, al que haga más ruido. Si no existen grandes diferencias al respecto, lo normal sería satisfacer las necesidades de aquellos que presenten una ideología más cercana a la de los líderes de turno, o algún otro tipo de acercamiento con estos, ya sea de amistad, familiar o por intereses económicos. Lo cual provocará el enojo de los partidos en la oposición que, inmediatamente, tomarán partido por la minoría más desfavorecida, ocasionando las consiguientes divisiones en la población y la alteración de la vida pública por problemas que a priori sólo eran competencia de unos pocos.

Se me ocurre un ejemplo ficticio (un poco tonto, pero sólo es eso, un ejemplo). Pongamos que a alguien le da por constituir una asociación en defensa del escarabajo de la patata, alegando  que éste se encuentra en peligro de extinción debido al uso de pesticidas. Por lo ya expuesto, pronto, dicha asociación crecerá en integrantes, consiguiendo formar un numeroso grupo de personas preocupadas por el futuro de dicho coleóptero, aunque sin dejar de ser una minoría poco importante en el conjunto de la sociedad.

Pues bien, no tardará en aparecer otra sociedad de individuos equivalente que se declaren detractores del escarabajo de la patata, por el mucho daño que éste hace a los cultivos, por ejemplo. De la misma manera, también esta última asociación se verá pronto aumentada en número de asociados, convirtiéndose así en otro importante grupo, aunque, al igual que el anterior, también de escasa relevancia para el interés general de la población.

Hasta aquí todo transcurriría de un modo normal, pero es de suponer que llegará un momento en el que la administración general deba tomar partido por uno de estos grupos, por ejemplo, cuando llegue la hora de conceder alguna subvención. Llegado el caso, se decantará por uno o por otro a consecuencia de alguno de los motivos ya expuestos (personales, familiares o económicos). Pongamos que se inclina a favor de la asociación que defiende al bicho. Inmediatamente, la oposición lo hará a favor del grupo contrario, aunque hasta ahora no hayan oído hablar de ellos ni le importe en nada el futuro de semejante criatura.

Y ya tendríamos el lío formado; debates públicos, improperios de todo tipo por ambas partes, exaltación general de la clase política,… En poco tiempo, un problema que sólo afectaba a una minoría de la población, habrá llegado, a través de todos los medios de comunicación, a la vida de todos los ciudadanos, obligándolos a tomar partido de alguna forma en dicho debate, y ocasionándose como resultado la consiguiente división entre una población que, hasta este momento, se encontraba totalmente ajena a semejante disyuntiva.

Como ya he dicho, el ejemplo es un poco tonto, y puede parecer exagerado; pero si lo extrapolamos a otros asuntos más relevantes de la vida pública, comprobaremos que así es como funciona la política, al menos en este país, donde, gobierno y oposición (y con ellos el resto de la población) se encuentran continuamente enfrentados por supuestos problemas en los que, en la mayoría de los casos, es un simple cambio de punto de vista el que origina la división, en vez del grave problema que nuestros líderes pretenden hacernos ver, justificando así su “importante” e “imprescindible” labor en esta nación.

Como dije al principio, este es otro de los grandes problemas con los que se enfrenta la democracia que todos conocemos y que, por supuesto, a todos nos afecta. Y es así porque, al tener tanto peso una oposición, si ésta se lo propone, puede dar al traste fácilmente con cualquier proyecto político que pretenda implantar el gobierno de turno, elegido libre y democráticamente por la mayoría de los ciudadanos, sea éste mejor o peor, atrasando de esta manera el desarrollo social de todo el país. Esto es algo inevitable, ya que, como todos sabemos, el principal interés de todo partido político siempre será llegar al poder (o mantenerse en él), a costa de lo que sea, incluso, del bienestar de la población. Quizás su segunda preferencia pueda ser la felicidad de los ciudadanos, pero mientras siga siendo sólo la segunda, nada tendremos que hacer, porque la lucha por el poder es algo que siempre estará presente en una democracia, donde cada cuatro años se deben de enfrentar los diferentes partidos en las urnas.

Con esta forma de proceder es muy difícil, por no decir imposible, que una persona justa, imparcial y cuya única intención sea mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos, pueda optar siquiera a llegar a lo más alto del poder gubernamental, tal y como auguró en su día el filósofo ateniense Sócrates cuando dijo: “Es de todo punto necesario que aquel que combate francamente por la justicia, si ha de salvarse por algún tiempo, viva como un simple particular, y no como hombre público.” Si tengo razón (y ojalá no sea así), nos encontramos en la terrible situación de que nuestro destino siempre se encontrará en manos de personas sin escrúpulos y sin visión de futuro, más allá de los cuatro años pertinentes que les toque gobernar. Para probar dicho argumento basta con escuchar los discursos de los diferentes líderes políticos cuando se encuentran en campaña electoral y durante cualquier otra época del año; apenas difieren. Para ellos, los cuatro años de legislatura suponen una continua campaña electoral, es decir, están constantemente preocupados por ostentar el poder, mantenerlo, o desprestigiar al contrario. Como todos sabemos, durante una compaña electoral, nadie gobierna, así que, si ésta dura cuatro años, saquen sus propias conclusiones.

Por si todo esto fuera poco, nos encontramos aún con otra dificultad añadida. Hay dos formas de ganarse un electorado: una de ellas sería convenciéndolo de que somos mejores que los demás, demostrándolo con hechos. Pero esta es una forma cara, complicada y que sólo da resultados a largo plazo. La otra sería convencer a los ciudadanos de que los demás son peores que nosotros. Esta forma resulta más sencilla, rápida y barata, ya que nuestro lenguaje y nuestra justicia permiten, con facilidad y total impunidad, el engaño, la exageración y la tergiversación de los hechos y de las palabras. Ni que decir tiene cual es la forma que eligen nuestros líderes, porque, si en algo son unos expertos, es en el uso y la práctica de la dialéctica y la retórica, que, dicho sea de paso, es prácticamente el único requisito que se le exige a una persona para aspirar a un alto cargo político (aparte de la falta de escrúpulos).

Por todo lo expuesto, y teniendo en cuenta la tendencia educativa del momento, que Dios nos coja confesados cuando lleguen las futuras generaciones de gobernantes al poder, máxime, considerando el ejemplo que están dando los actuales.

 

 

Había llegado en ellos (los doctrinarios) a convertirse en un instinto la impresión radical de que existir es resistir, hincar los talones en tierra para oponerse a la corriente. En una época como la nuestra, de puras “corrientes” y abandonos, es bueno tomar contacto con hombres que no “se dejen llevar”.

Guizot

 

 

Aparte las doctrinas particulares de pensadores individuales, existe en el mundo una fuerte y creciente inclinación a extender en forma extrema el poder de la sociedad sobre el individuo, tanto por medio de la fuerza de la opinión como por la legislativa. Ahora bien, como todos los cambios que se operan en el mundo tienen por efecto el aumento de la fuerza social y la disminución del poder individual, este desbordamiento no es un mal que tienda a desaparecer espontáneamente, sino, al contrario, tiende a hacerse cada vez más formidable. La disposición de los hombres, sea como soberanos, sea como conciudadanos, a imponer a los demás como regla de conducta su opinión y sus gustos, se halla tan enérgicamente sustentada por algunos de los mejores y algunos de los peores sentimientos inherentes a la naturaleza humana, que casi nunca se contiene más que por faltarle poder. Y como el poder no parece hallarse en vía de declinar, sino de crecer, debemos esperar, a menos que una fuerte barrera de convicción moral no se eleve contra el mal, debemos esperar, digo, que en las condiciones presentes del mundo esta disposición no hará sino aumentar.

John Stuart Mill

 

La misión del llamado “intelectual” es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban.

Ortega y Gasset

 

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

Elaboré un avión de papel para escapar lejos y no volverte a ver; sentía explotar de dolor el alma y recordé tus abrazos… y me acordé de tus besos… recordé tu aroma y tu piel…y tu pubis… y rememoré que nunca te he podido olvidar… evoque la brisa que arrastró el perfume de nuestros besos y palideció el carmín de mis labios, al no respirar tu aroma. Se marchitaron las horas y el color de los ojos por la agonía ¡Se que tu amor, nunca volverá! El pasado será: el profeta de nuestro futuro. Deja que los besos de mis caricias, vuelen como alcatraces sobre tu cuerpo desnudo. Soy el chupaflor de la luna llena de tu corazón y de las esencias de la flor del placer. Dentro de tu carne, aún palpitan las huellas de los silencios de tus malos pasos. Te enseñé a soñar como un caudaloso río brillante y a palpitar como la sangre errante, saltando de errores a aciertos y algunas veces a la inversa… A veces intento alejarme, fatigado por tus necedades. Te extrañaré… pero el solo imaginar con no encontrarte, hace que recule mi alma, baje la cabeza y se olvide del daño. Es fácil aprender a amar y difícil…casi imposible: ¡Olvidar!

 

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

Bogotá (Colombia)

 

 

 

¡Amada amante! ¡La culpa siempre es del primer beso! Me acostumbre a revivir los versos de las canciones contigo… me enamoré beso a beso de las palabras amorosas de tu piel… creí que Desiderata era la máxima maravilla para ablandar sentimientos… transcribí en versos las imágenes que me inspiraba tu cuerpo; me acostumbré al verde de tu mirada, al rojo de tus caricias, al azul de tus besos… no imagino el frío de la oscuridad sin ti… se pregona un otoño y ya me siento triste… Necesito sentir tus labios, para que broten los versos que invernan en mi corazón… ¡Hay tanto amor, dentro de mí! ¡Hay tanto amor, que me exploto! ¡Deja que tus caricias, abran las exclusas! ¡Déjame inundarte y sospecharte preñada! ¡Déjame imaginarte hasta la perplejidad de la madrugada!

 

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

Bogotá (Colombia)

 

 

YO SOY UN HOMBRE SINCERO

 

“Esa marcha hacia la desintegración

que ha sido el vivir nacional cubano”.

JOSÉ LEZAMA LIMA

 

Yo soy un hombre sincero

de donde no nace la palma

mediterráneo del mundo soy

a los mágicos palmares voy

y de su glorioso sitio retorno

a mi entorno de radiantes soles

y azules bucles de espumas

de sales que besan arena dura.

Mi verso desea ser surtidor

de gargantas de intramuros

que venza los silencios mudos

y sea expresión hermosa

de corales breves y sencillas

enarbolada bandera de azules

que acaricie como manto de flores

los caminos de ambas orillas.

No oculto en mi pecho bravo

el tremendo dolor que me hiere

la desintegración de la nobleza

y el entendimiento engullido por sierpes

que creen que el resplandor de la belleza

es la señal terrible del enemigo.

¡Ay!, ese crisol tan joven

que no sabe definir su hermosura.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXII     16-01-2.009

 

EDITORIAL XXII

Sobre razas, racismos y

obviedades varias

 

Dos hechos han vuelto a poner el tema del racismo en el candelero: la elección de Obama como primer presidente negro de los Estados Unidos y la ofensiva de Israel en Gaza que nos ha devuelto los fantasmas del antisemitismo. No es que el racismo hubiese estado adormecido todo estos años, por desgracia hemos asistido con frecuencia en todo el mundo a actos vandálicos que tenían como origen la voluntad de diferenciar a los seres humanos en etnias y darles a éstas una valoración negativa o positiva, según la perspectiva del descerebrado de turno, como si pesadilla del nazismo o del apartheid pudiera recomponerse en estos inicios del siglo XXI, lo que nos indica que por desgracia la inteligencia no abunda en nuestros días.

 

Respecto a la elección de Obama como presidente de Estados Unidos, que le llevará el 20 de Enero a ocupar el cargo, ya mostramos en nuestro editorial XII un cierto escepticismo hacia las posibilidades de cambio bajo su presidencia. No es que no reconozcamos la fuerza simbólica de que una persona negra llegue a la Casa Blanca, pero mucho nos tememos que el color de la piel nada tiene que ver con la mayor o menor grandeza de una persona. A esta altura de la historia cuesta trabajo creer que alguien pueda darle tanta importancia a pertenecer a una raza o a una etnia. Pero es así. El lamentable silencio del presidente electo ante lo que pasa en Próximo Oriente muestra bien a las claras las contradicciones y las dificultades con que se va a enfrentar para superar ciertos obstáculos, si es que hay voluntad de superar algo, sin importar cual sea su raza.

 

Y es en el conflicto de Gaza donde se nos aparecen muchos fantasmas dolorosos. Que parta por delante algo que ya hemos manifestado en nuestro editorial número XX (pedimos perdón por tanta auto referencia): nuestro horror ante la desproporción de un ataque que por ahora ha dejado alrededor de mil muertos entre los palestinos. No podemos entender la lógica de la guerra, ni siquiera de una guerra defensiva que causa semejante masacre entre la población civil. Pero sin ánimos de ser equidistantes, no lo somos, tampoco entendemos algunas reacciones que nos parece asimismo fruto del lado más tenebroso del ser humano, como la de responsabilizar a todos los judíos que en el mundo haya de la política de Israel, responsabilidad única y exclusiva de su gobierno (y en todo caso de quienes lo apoyan) y menos aún lanzar discursos de maquinaciones judías que nos recuerdan a las referencias de un contubernio judeo-masón al que hacía referencia el dictador español surgido de la Guerra Civil.

 

También nos cuesta trabajo tener que diferenciar hoy que una cosa es la política de un gobierno y otra muy distinta una población. Los ataques sufridos por comunidades judías en todo el mundo, aun cuando no sean tan graves como las sufridas por los palestinos de Gaza, suponen una ignominia imperdonable. ¿Acaso habrá que responsabilizar a todos los negros del mundo si Obama llegase algún día a atacar a algún país, como ha hecho su predecesor? Es tan obvio que cae por su propio peso. Es evidente que rechazaríamos con la misma fuerza cualquier violencia que tuviera como objetivo la población civil de Israel. Atacar a personas indefensas como venganza de las políticas de los gobiernos nos resulta cuanto menos criminal, y como ejemplo tenemos Madrid.

 

Si nos ocupamos levemente de este tema es porque creemos que la base de toda cultura es la relación de todas las personas. El intercambio entre seres humanos de razas, idiomas, pueblos, culturas y expresiones distintos ha enriquecido a lo largo de toda la historia a todos. Nada es patrimonio de nadie. Quien no quiera verlo así él se lo pierde. Entendemos la cultura como algo vivo, que está en la calle, que forma parte de la cotidianidad y no requiere de grandes palabras ni discursos elevados. No hace falta tampoco acudir a las listas de artistas judíos o negros que han enriquecido eso que llaman el acerbo cultural, cualquiera de quienes nos leen no le costará dar con más de un nombre, pero también creemos que desde el momento en que han dado a conocer su obra ésta ha dejado de pertenecerles para formar parte de cada uno de nosotros. Y una vez más tenemos que decir que preferimos mil veces el arte y la palabra que la brutalidad de las armas. Hasta nos da un poco de vergüenza tener que escribir tanta obviedad.

 

 

 

LA PATRIA DEL MESTIZAJE

 

La noche está pariendo al hombre del mañana

bajo los vestigios virginales de la desnudez.

El primer párrafo lo escribió el evangelio nocturno

de hombres marcados por la estrella ciega de una mar

infinita y salvaje.

 La verdad la escriben los que están entre la mitad

de la virtud de la raya de en medio

y entre la mitad del crepúsculo azul que los tiempos sombrean.

El Inca Garcilaso

nació después de los sangrientos cruces de rabia y cólera

entre los hijos del sol y los dueños de la madrugada inocente,

 pues al alumbrarlo su madre, llamada Chimpu Ocllo,

logra desenmarañar abriendo su quijada a la entraña de luz

que el sendero y el rumbo conocen.

Los mundos son una espiral vencida.

Los mundos son vegetal prisa de desengaños tardíos.

La aurora sorprendida da de mamar a los perros

que pretenden ladrarle a la sombra chinesca

que proporciona la luz de la lumbre.

Los niños del mañana son una sangre que merecen

los amantes que despiertan del letargo y del fugitivo sueño.

El papagayo es la alondra que sostiene la selva en su seno.

La alondra es un lucero que se apaga como una luciérnaga

ardiendo de cara a un sol enajenado.

El sol es heredero de un mestizo pueblo

que sembró Gonzalo Guerrero, un andaluz-maya,

que emergió de una esclavitud rota por el sentir

magno de la amistad y la tolerancia.

Yucatán te recuerda en todo grano de arena,

en toda mota de polvo, en todo sueño esfumado,

en toda hebra de pluma, en todo suspiro liberado,

en todo inmortal alumbramiento.

Yucatán es un “no os entendemos”

que esa ignorancia ridícula señala nombrando

futuros en las arrugas profundas de la flor del tabaco,

y la palidez del viento,

que a nada ni nadie comprende,

 y su fuerza traicionera,

es ímpetu hecho de ira y soberbia

que siembra su miedo entre los huracanes de la Tierra.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Un día cualquiera

 

 

            Tomaste la decisión casi sin pensarlo. Hay momentos, barruntaste, en los que no puedes ponerte a pensar en los detalles porque entonces no decides nada y te quedas inmóvil, estancado, dominado por el pánico. Y no estabas para eso. Había que coger el toro por los cuernos, de una vez, y con aparente firmeza entraste en la joyería, encañonaste a los empleados y te llevaste el dinero de las cajas y algunos anillos de oro que sería fácil vender en algunas tiendas que no pedían datos. Disimulaste el pavor que te entró al comenzar, sabías que de ello dependía que te tomaran en serio. Y te tomaron en serio porque sentiste el miedo en los tres dependientes. Fue rápido. Metiste el dinero en la cartera y los anillos en los bolsillos de la americana, escapaste por transitadas calles que ya conocías de sobra. Habías dejado el coche cinco calles más allá, la chaqueta y la cartera las colocaste en uno de los asientos de atrás y saliste de la zona con calma, sabiendo que ya nada torcería tu salida del centro, que te habías confundido perfectamente con toda la gente que avanzaba por las calles, que no era poca, y que podías respirar tranquilo.

         Al llegar a tu casa contaste el dinero. Era un buen botín. Con eso tenías de sobras para pagar las deudas y aún te quedaba un buen pellizco para ir tirando. Además, estaban los anillos. Te preguntaste si era mejor venderlos ya, aquel mismo día, o si era mejor esperar un tiempo, unas semanas o algunos meses incluso, y acudir a algunas de las tiendas del puerto. No dependías tanto del dinero de los anillos, podías esperar, pero pronto te preguntaste si no serían una prueba en caso de que la policía llegara a sospechar de ti, que aunque creías que lo habías hecho bien, no las tenías todas contigo al fin y al cabo. Era mejor que te los quitaras de encima. Tu aspecto era lo bastante normal como para que nadie se acordara de ti, había miles de tipos que coincidían con tu cara, que por otro lado habías ocultado tras una bufanda, tu altura, tu forma de vestir. En definitiva, nada llamaba la atención, de hecho mucha gente te encontraba parecido con amigos o familiares suyos, así que si no había pruebas, mejor, siempre podías argüir que se confundían en caso de que la policía te visitara, aunque te sosegaste inmediatamente, si no te habían pillado en la misma joyería o cerca de allí era más que probable que ya no te pillarían, y los anillos te los ibas a sacar de encima ahora.

         Te cambiaste de ropa y fuiste al puerto en metro. Es verdad que al principio te sentiste extraño, mirabas a todos los lados, viendo en cada persona cuyo comportamiento resultase algo extraño un ápice de sospecha. Sin embargo, nadie te seguía. No te costó nada vender los anillos. Acudiste a varias tiendas, en cada una de ellas ofreciste dos o tres anillos, y en todas te dieron sin duda un precio más bajo del que correspondía, pero aceptaste porque la gente que iba a esos establecimientos era poco dada a discutir el precio, necesitaba el dinero y cualquier cantidad era bienvenida. Así que no te quejaste ni intentaste que te pagaran más. Por otro lado se trataba de evitar que se acordaran de ti, así que cuando menos trato, mejor. 

         Decidiste volver a tu casa a pie. Te apetecía andar, relajarte. Pensaste en pasar por la oficina de empleo a ver si había alguna oferta que te pudiera interesar. Había que mantener ciertos hábitos para no levantar sospechas, aunque era poco probable que los funcionarios de la oficina de empleo sospecharan de ti y ni siquiera se les pasaría por la cabeza que tú pudieras ser el hombre que atracó una joyería aquella mañana. Pero decidiste no pasar ese día, no te apetecía, tenías dinero para pasar dos o tres meses, así que habría tiempo para encontrar trabajo y aquel día, decidiste, sería sólo para ti y lo vivirías como un nuevo hombre.

         Te sentiste liberado de la tensión y la ansiedad de los últimos días. Estabas sin un chavo, literalmente, ni para café, ni para llenar la nevera, pobre de solemnidad. No sabías a quien pedirle dinero. No tenías trabajo. Con tu familia hacía tiempo que no había tratos. Te pasabas el día sentado en la butaca de casa, de una casa que no sabías si ibas a poder mantener porque no tenías ni idea de cómo pagar el próximo alquiler. Te viste de pronto en la calle, viviendo en la explanada de la estación o en cualquier esquina de la ciudad donde se arremolinaban los vagabundos. Te planteaste dejar de vivir.

         Entonces fue cuando se te ocurrió lo del atraco. Dicho y hecho. Y ya estaba, realizado, aunque hubo un momento de pánico escénico en que no te creíste capaz de entrar en el local, no te veías encañonando a aquellos desconocidos, y sonreíste al pensar lo fácil que hubiera sido para ellos evitar el atraco, cualquier gesto de resistencia, el más tibio, te hubiese causado tal temor que te hubieras largado corriendo de allí. A veces las cosas ocurren de un modo bien estúpido, pensaste.

           Te entró el hambre y comiste en un pequeño restaurante. Todo el mundo se movía a tu alrededor sin fijarse en ti. Soy el hombre que ha atracado una joyería esta mañana, dijiste para ti, y quienes te rodeaban no lo sabían. Habías sido capaz. Por fin habías hecho algo en tu vida, por ti, para ti. Pensaste en tu padre y te hubiera gustado poderle preguntar qué pensaba ahora de ti, a él, que te consideraba un inútil, que no escondía su frustración por tu vida malograda porque no habías llegado a ser lo que él pretendía que fueras. Te hubiera encantado restregarle tu logro de hoy.

         Mientras tomabas un café pensaste en Lara. La voy a llamar, decidiste. Hacía tiempo que no la veías, hubo un tiempo en que la visitabas una o dos veces al mes. Tenías trabajo, ganabas dinero, confiabas en ti. Iba a ser hoy tu pequeño regalo: una tarde de amor, ahora que te lo podías pagar. Sonreíste. Era un día grande aunque pareciera un día cualquiera.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

DIVINO SER

 

Un poco de paz no nos haría ningún daño,

¿por qué contradecir a la realidad?

¿por qué buscarle cinco pies al gato?

Me gusta tu bolero negro

encadenado a mi sonrojo,

me gusta el azúcar de tus besos,

me gusta el laberinto de tu cabello.

Hay estrellas en nuestra noche,

hay rumor en tu mirada,

hay albahaca en tu piel impreso,

hay luz en tu sonrisa.

Las noches son juegos sencillos,

es jugar al escondite en la pulpa

de tus hermosos sueños,

es jugar a pelearnos sin hacernos daño,

sin hacernos daño.

Me gusta cuando estás a mi lado

y te vuelves chiquilla que mira al abismo,

tienes miedo, tienes corazón,

tienes antojizo suspiro que mi pensamiento

guía con nervioso metal que suena.

Tu sexo es un límite de agua,

mi boca es una espesura roja,

tu deseo es mi balcón abierto,

mi canción es tu caricia.

Llevo allí en mi sentimiento

una nota conmovida por tu recuerdo

de tu piel pegada a mi piel

y los dos sudando en la noche.

Llevo allí en mi corazón

las cinco letras de tu nombre,

los veinte pasos hacia mi camino

y las sábanas calientes en mi sueño

son el calor que solo anhelo contigo,

pues el momento que sacudes

en mi cielo de orgasmos

es la respuesta que yo daría al mundo,

para que sepan que tú sobrevives

a mi mirada de ángel caído.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

EN CARNE VIVA
 
Una vez más
los buitres
desgarrarán el centro
de su figura rota.
 
Desde la piedra falsa que grita y descontrola,
se estremece la celda
que llaga sus espaldas.
 
Entre los ojos de agua
del cautivo inocente,
se postra una mirada
peregrina
y ancla una mueca sorda
en el muelle de sus labios.
 
Se agotaron las fuerzas,
y el estupor
ha derribado el túnel
que lo llevaba
al día.
 
Un labrador de tinieblas
venda
los ojos de los atardeceres.
 
Siempre es de noche sobre todas las noches.
 
Una intención de fuga
se alerta entre derrotas
y despojada de horizontes
se extravía.
 
El terror a la muerte
le trunca los caminos
y escarba por raíces y pies de otros hermanos,
el hueco de algún sueño
entre voces ajenas.
 
En el templo ruinoso de la duda,
brazos de fuego y golpes
lo rodean.
 
Alucinan recuerdos
sobre las horas lentas
y la granada
explota
del fondo de la tierra.
 
En la selva los nidos
apenas
se sostienen.
 
Desde el alma del monte
se levanta el aullido de la bestia
que alienta
en la metralla la hoguera del rencor .
 
La espera se hace estéril,
y una cornisa de vidrios astillados
descompone la luz y la esperanza.
 
Ya urge la agonía
por los negros espacios.
 
El prisionero encubre
retazos manoseados
y vuelven de la nada
a enredarse
entre sobras
sus dedos de ceniza.
 
 
en el génesis lejano
de sus días,
para robar de sus propias entrañas
otra silueta pura,
una imagen decente
que logre levantarse.
 
 
Entre ideales mancillados,
clama
un hastío de tiempos
y llora la impotencia.
 
 
Teresa Palazzo Conti
Cónsul de POETAS DEL MUNDO en Buenos Aires
Medalla de Oro Academia Mundial de Arte y Cultura-UNESCO

 

Al fin dejaron de tronar los obuses a la puerta de mi casa,

en la calle donde juego y en la escuela en la que aprendo.

Al fin mis rodillas se ven libres del duro asfalto que las daña,

cuando el hambre las empuja tras ese pan que cae al suelo.

Al fin vuelvo a ver a mis padres, hermanos y amigos,

después de tanta soledad, vuelvo a ser bien recibido.

Al fin el miedo ya se fue, y con él el desconsuelo,

no más lágrimas vertidas, no más gritos nunca oídos.

Al fin el cielo amanece limpio, sin humo y sin ruido,

aunque ya no necesito el sol, porque ahora todo es mío.

Al fin la sonrisa vuelve a surgir en mi rostro compungido,

hundida en un charco de sangre quedó la tristeza y el olvido.

Al fin dejo de ser víctima o verdugo, para convertirme en ángel divino,

allá quedaron los jueces, que ellos decidan su sino.

Al fin puedo entender palabras como justicia o esperanza,

muchos las usan, ¡cuántas veces las habré oído!

Y a esa bala maldita que me arrebató el futuro

le debo mi libertad, mi dicha… y mi agrio destino.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

Lejanía. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
 
Errante en su eco infinito,
Sin patria, sin libertad y sin cariño
Oponiéndose a raudos torbellinos
Cae el valiente ante el dardo del destierro.
 
No pudo abrazar su bandera
Ni sentir la brisa de su tierra,
Las voces de su memoria
Se esfumaron ante extraños sonidos.
 
Más allá de las crestadas sierras,
Ahí donde acaba el horizonte,
Es la última morada austral
De los recuerdos de su alma.

 

 

 

MUJER ADORACION
(Poemas de un hombre para una mujer)
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Mujer adoración
Tú que me doblas y desdoblas
Con tu ternura que has botado mis máscaras
Que me desnudas
Dime algo
Que arme
El terco rompecabezas
De los deseos

Ángel divino / dulce de mis anhelos
Caprichosa

Humedece
Con tu agua fresca
El oscuro animal de las dudas
Empieza
Por creer
Que la belleza es una lágrima
En las manos de una niña
Deja que mis pájaros
Se ajusten de tu cuerpo
A su tibio barro
Vivamos el momento
Olvidemos el ayer

INSOMNIO Y DELIRIO
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Con quien mi vacío llenará
Con la transparencia definitiva
Toco
En mi piano
Una marcha nupcial
¡Quién grita!
La realidad en las aceras del mundo
Entre el bambú
De un cuadro
Un ciervo
Corre
Leo una fábula sobre duendes y hadas / tiro
Todo por la ventana

¿Qué haces?
Mientras te encuentro
En esta selva de pájaros y jaulas
Lanzo anzuelos a peces imaginarios
Mi alma
Esta temblando
De soledad

 

 


INTIMA SATISFACCION
(El mejor premio mujer es compartir…)
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Te sigo
Con mis lámparas encendidas
Y las abejas
Que emigran de tus pechos
Fugitivas
Se guardan
Del horizonte
En mis manos

Ángel desnudo

Palabra húmeda

Circulo de fuego y lava

Sirena de gemidos y llanto

Mariposa de neptuno

Transparente y lúdica
En una maravillosa cadencia rítmica
Te quiebras
Sobre mi susurrante universo

Soy
Tu esclavo
Mujer

 

 

 

 

 

FUI LEVEDAD

 

¿Qué voy a hacer? ¿Ordena los paisajes?

¿Ordenar los amores que luego son fotografías?

FEDERICO GARCÍA LORCA

 

 

Fui raya en el agua, leve rastro en pasto quebrado

bajo sol azulado acunado por frondosos ramos

de verdes intensos y seres enfrentados.

Fieles que navegan en la concavidad de la mano,

ríos que desecan en la mitad irredimible

de miradas de otras mañanas y voces que callan.

 

 

 

¿Cuántos soles por Maisí amanecen a diario?

¿Cuántas patrias son necesarias?

para que no haya otra mitad ignorada.

¿Acaso los versos del apóstol criollo

no es cauce que llega a todos?

porqué esa doble cerrazón de colmillos.

¿Hasta cuándo la salobre montará la caña?

en tierra estremecida por rayos vomitados

en enfrentadas orillas de un mismo escenario.

¿Hasta cuándo las voces de Colón

seguirán desgajándose en barrancos ahuecados

y sus vistas de ayer seguirán cegadas?

¿Acaso el caballo que luchó contra el español

se bebió la mitad de las arterias de Maceo?

si fue así ¿cuál de las partes quedó y es cubana?

¿Cuándo nacerán puentes de los intereses enfrentados

que sustituyan a las miradas de las madres?

a las que les huyen sus días en vómitos de tristeza.

 

 

Fui levedad, raya en el aire

no recolector de amores de fotografía,

respiré miradas de espaldas destinadas a encontrarse.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

(21)AL FINAL

 

QUIERO  EL DOLOR DE LA VIDA,

 EN PEDAZOS,

QUE LAS AGUAS QUE FLUYEN POR ESTE RÍO

TRANQUILICEN  MIS PENAS.

TOMARÉ SÓLO UNA GOTA DE SU SABIDURÍA;

PARA EMBORRACHARME  EN LAS TINIEBLAS ANGELICALES

DEL MAS ALLÁ.

 

ROSA QUE ESTÁS QUIETA SIN MIRAR A NADIE,

PORQUE NO DEJAS QUE EL SUSURRO DEL AIRE

BAÑE TUS VESTIDOS,

LLORANDO LA SORPRESA DE NO ESPERAR A NADIE.

 

LUCHA POR NUESTRA PERMANENCIA RUIDOSA,

 DESTELLOS INSIGNIFICANTES QUE LLAMAN LAS HORAS

LENTAS DE LA AGONÍA.

 

AGONÍA EN UN LECHO DE ESPINAS YA ROJAS

PENETRANTES HASTA EL ALMA.

TANTOS RECUERDOS DE HABER QUERIDO SER MEJOR.

Y YA NO HAY TIEMPO.

 

SUEÑO DE SOÑADORES,

TODO NO ESTA SOÑADO,

AUN BRILLA LA LUZ AL FINAL

DEL CAMINO,

MIENTRAS TANTO

SEGUIRÉ DORMIDO EN ESTA VIDA

DE SUEÑOS PERDIDOS.

 

26/08/2001  -Luis Chinchilla Elizondo-