CAJÓN DESASTRE

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«Los Embarazados»


La Cinematografía mundial ha filmado grandes películas, cosas curiosas y verdaderos engendros. La creación artística es fruto de un estado permanente de locura con o sin alucinógenos. La mente humana está obsesionada por plasmar la realidad con la visión particular del sujeto creador o construyendo mundos de fantasía a través de la inagotable fuente de los manantiales de la imaginación. Joaquín Coll Espona es un guionista y director hoy olvidado que a finales de los años 70 dirigió una serie de comedias cutres españolas coincidiendo con la Era del Destape que supuestamente erotizaba a los españoles impacientes de ver desnudos en pantalla. «Los Embarazados», rodada en 1980 en Barcelona y varias localidades de alrededor, cuenta como de repente aparecen una serie de hombres embarazados por toda la geografía nacional convirtiéndose pronto en una plaga. Como consecuencia, los estereotipos masculíno y femeníno se cambian, las mujeres adoptan comportamientos propios de los hombres en el sexo, «las mujeres follan como condenadas», dice uno, o en la conquista, «No consigo ligarme a Roberto está de un estrecho» dice una enfermera. Y los hombres otro tanto como la pareja burguesa-catalana en la cual el marido interpretado por Ovidi Montllor tiene un antojo y le pide a su mujer que le baile la danza de los siete velos arrancándose siete pelos del vello púbico, eso sí, todo con desnudo integral incluido. Un jovencísimo Pep Munné llega al acto sexual, pierde la virginidad quedándose para colmo embarazado en su primera vez. El aborto en plena polémica en la sociedad española de la época sobre su legalización se refleja en el filme con hombres que abortan ilegalmente en casas siniestras o los más pudientes viajan a Londres. Gracioso es ver a dos personajes que nos recuerdan a Adolfo Suárez y Felipe González manifestándose sobre el tema. Impagable la escena de un hombre que rompe aguas en un vagón de tren o los desfiles de ropa Pre-Papá con Luís del Olmo en un cameo haciendo de maestro de ceremonias. Liberación sexual, embarazos no deseados, cambio de roles, trabajadores en manifestaciones reclamando derechos, «Queremos ahora preñar a las Señoras» o machos españoles comprando anticonceptivos para evitar la concepción son una muestra de la sociedad española de la Transición con sus paranoias, todo ello con un guión tan pésimo como previsible y con unos personajes que no llegan ni a la caricatura de si mismos. José Luís López Vázquez, Emilio Gutierrez Caba, Mary Sant Pere, Antonio Garisa y un largo etcétera dan vida a una de las joyas del freakismo patrio, interesante ver la Barcelona de entonces, la moda, los peinados, los coches…para darnos cuenta que en 30 años si que ha pasado el Tiempo. Véanla una apacible tarde de domingo en compañía de toda la familia y quizá al día siguiente estarán en estado de gestación pero como dicen unos travestís en la película en un local hoy desaparecido en esa manía de las autoridades de transformar el Barrio Chino en otra cosa: «Esto lo ha traído la Democracia».


Ismael Resano Conde de Fabra

 

NEVANDO EN LA GUINEA

 

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NEVANDO EN LA GUINEA

 

Libre y liberada será tu idea;

la oportunidad es el momento,

por que la vida es una pelea,

canta tus canciones al viento.

La revolución mucho se frasea,

si te digo que vivo te miento,

ponle letra a un maldita sea,

únete a este mal movimiento.

La vida es una continua pelea,

la vida es un mal divertimento,

la vida es un tirano maldita sea,

la vida es coger y dar aliento,

la mala vida sola se canturrea,

la vida no es nunca “un lo siento”,

la vida Nevando en la Guinea

se aleja de todo este tormento.

Vive la sombra y la luz maniquea,

vive constante el contratiempo,

huye de las linternas y de las teas,

vive siempre cerca del sentimiento.

Si no sabes cantar, tararea,

si no sabes llorar, grítale al viento,

si no sabes herir, pues patalea,

si no sabes morir, estate atento,

si no sabes ser tú, pues bucea,

si no sabes luchar, haz el intento,

si no sabes mentir, pues parafrasea,

si no sabes vivir, vive el momento,

si el mundo a veces te ningunea,

si te mueves en el padecimiento,

si tu dolor siempre se rumorea,

no creas en milongas, tienes talento,

haz bella luz, estrena nueva odisea,

sé tú mismo, estate contento,

que no te lleve lejos tu marea,

apréndete otro verso, otro cuento,

busca tu nuevo ideal, sea cual sea,

no te escondas en el rudo lamento,

cíñete sin normas a la nueva idea,

grita tus temores al hostil viento,

que todo cadáver liberado te vea,

de nada ni de nadie estarás exento,

que toda belleza a veces es fea,

que a veces lo puro es algo cruento,

que sepas vivir tu mundo en pelea,

que sepas que existe tu firmamento,

¡Tú mira! ¡está Nevando en la Guinea!

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5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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Nº V                                                                                                                                        13.09.2.008

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

5º EDITORIAL

DE LA POESÍA DE CABALLERO BONALD

A LA POESÍA ACTUAL

 

Se considera la poesía de la generación del 50 como “la poesía referente” en la lucha anti-franquista, siempre resguardada tras el sobrenombre o etiqueta de realismo social y demasiado reprendida por los críticos que lograron encasillarla como la poesía obvia del momento. Hay que decir que debió ser a la fuerza, por la España gris en que se vivía, una poesía muy poco recurrente o muy poco dada a la imagen y más a la descripción narrativa; en ellos cabe destacar a José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald y otros que me dejo en el tintero, y que no son inferiores ni mucho ni menos que los anteriormente mencionados. Pero de todos ellos nos gustaría destacar la poesía del andaluz José Manuel Caballero Bonald por ser una poesía bastante carismática y él (hombre de unos 80 años) un personaje contestatario y muy disconforme con la época que les tocó y nos ha tocado vivir. La obra de Caballero Bonald es tan prolífica y tan significativa que puede llegar a hablar en un ensayo sobre flamenco, y abordarnos con un conocimiento amplio sobre el tema como escribir unas memorias sobre sus antepasados “los acostados”, plagadas de un interés literario extremo, como escribir un poemario de referencia en la poesía actual bastante premiado y halagado como lo es “Manual para infractores”, que además de ser una poesía que roza la metafísica más sustanciosa, es efluvio donde la expresividad más innovadora se transmite de una forma sencilla y totalmente especial.

 

Pero lo más significativo de Caballero Bonald es que sea un andaluz estandarte y abanderado de la poesía andaluza, y un auténtico cultivador o jardinero de la poesía como un mero ejercicio amparado en el lenguaje, con una impronta personal y propia que emerge de la palabra autóctona que proviene de las calles de su Jerez de la Frontera hasta reencontrarse con la marginalidad del suburbio y el extrarradio andaluz. José Manuel es un poeta amante del flamenco, de las tabernas y tablaos marginales de entonces, y del ambiente singular de los gitanos. Un amante del flamenco puro y de la esencia natural de “la Andalucía sumergida”, que ha pretendido o pretende escribir, según hemos leído, una mitología andaluza, no sabemos si en novela o en verso.

 

Consideramos a J. M. Caballero Bonald un aliciente más en el interés poético andaluz y un precursor de la literatura actual que nos lleva a poetas como Elena Medel, una poetisa con un extraordinario perfeccionismo en su selección extrema del adjetivo y una poetisa amante de las imágenes que llegan a una mente universal y a la gente poco dada a la lectura, que es a donde debe llegar la poesía del hoy, del ahora, de este tiempo de poesía en conflicto con el ser humano, que no sabemos si es poesía o un acertijo, el cual nos lleva hacia el misterio o la incógnita más insultante. Como también lo es un poeta catalán llamado José Luis García Herrera, que también es un poeta de bellísimas imágenes, y del cual, subrayamos su libro sobre el servicio militar, “Memoria del olvido”, y otro libro publicado llamado “El guardián de los espejos”, de los cuales destaca su perfecta armonía en la palabra meditada y su polifonía de tesoros sonoros que llevan a la liberación imaginativa y la inspiración más elocuente. Luego cabe destacar los medios literarios en las nuevas tecnologías como unos recursos al alcance de todos y que están sembrando la semilla de la nueva literatura del hoy y seguramente del mañana y del pasado-mañana como lo son los blogs y las webs. Y entre ellas debemos destacar blogs interesantes como son los dedicados a la literatura comprometida con el mundo que nos rodea, y pretendiendo construir un mundo mejor, transmiten una poesía cargada de espíritu de lucha reivindicativo que es como debe ser la literatura del hoy, una literatura contra las ofensas de la vida acorde con Cesare Pavese o el propio Caballero Bonald. Continuando con José Manuel Caballero Bonald, y volviendo también a lo antes mencionado sobre el perfeccionismo a la hora de escoger el adjetivo, hay una frase del poeta jerezano que dice lo siguiente: “He perdido la salud buscando un adjetivo”. Yo creo que eso es la batalla primordial que debe entablar un poeta consigo mismo; un poeta es una lucha constante en su interior creativo, un poeta debe estar en sintonía extrema con la palabra, con su palabra, con su lucha y con su origen creativo. Es así como hay que considerar a la poesía actual, lejos de buscar palabras intoxicadas por el surrealismo o el modernismo. La poesía debe ser el lugar donde la búsqueda de la palabra sea la antesala donde la reflexión de cada verso, y la elaboración de cada poema, desemboque hacia una expresividad lingüística donde aflore la inspiración que todo poema necesita, y todo lo que el poeta pueda introducir en ella como modo de expresión propio y personal para que el mismo poeta pueda sentirse expresado debe ser libre de atadura técnica, atadura métrica, y atadura en la forma y en la rima.

 

***

 

Nos ha llegado la noticia de la muerte de Isaac Montero, novelista de la generación del medio siglo y que, como los escritores citados al principio, se le ha etiquetado como escritor social. Lamentamos su pérdida e invitamos desde aquí al homenaje de la lectura de su obra.

 

 

 

 

 

 

LITVINENKO DREAM

 

Bajo las esferas de las humanidades corrompidas

camina un hombre por la acera,

un hombre como todos los hombres,

con la fe por fuera,

con lo único sagrado que le queda,

con la voluntad del muñeco de trapo,

con la monótona canción de las auroras

y las auroras son un breve momento

y bailan solas, y bailan solas, solas, solas;

bajo la luz de complicidad apacible del polonio.

Bajo las cloacas acomplejadas del sendero,

bajo la atenta mirada

del lobo con mirada de cuervo.

El demonio es uno sólo,

es espera, oportunismo y mala leche,

es caminar descalzo y desnudo,

es ahogarse en el cubo de fregar,

es vomitar colonia apachulada

tras la preferida torre que se destinta como un calamar,

que se desmiente por dentro;

que sus putrefactas miserias

los acunarán de por vida me ha dicho la inteligencia.

Hoy te miro a la cara

y no puedo mirarte,

quiero evitar mirarte a la cara

y ver esa profunda y amarga insatisfacción,

esa pesadumbrosa decepción atada a la vergüenza.

Tanta muerte se esconde entre las infusiones del té…,

que sería mejor, exótico sorbo de sed degollada.

Ante la sombra de un plutonio vestido en fragancia,

ante la medio desnuda verdad de la vida,

ante la polémica verborrea de los locutores,

ante el derramamiento de desfachatez del pequeño-burgués;

¡ha muerto un suspiro a punta de indiferencia!

¡ha muerto un inocente a golpe de hipocresía!

Esas dos plañideras hambrientas

que echarse a la cara,

cuando el corazón es arroyuelo que baja ciego,

cuando la fuente es un suspiro muerto a plazos,

cuando la voz es lugar y fecha pintados en la frente,

cuando el amor es un pozo escondido entre la tierra,

y el silencio sepulcral de no verte nunca más.

Es un vacío entre latidos de hojarasca seca,

un vacío de luciérnagas repletas de oscuridad,

de muerte tan súbita como una aurora anunciando

su desmayo,

un vacío de vaso volcado entre las sabanas de la locura,

vacío es sólo vacío.

Y menos vacío es rogarle un beso de amor a la muerte,

más vacío que las luces que te brillan por dentro,

más vacío que la derrota exhausta sentada en un váter.

Puerta tras puerta tocaste campanas y nadie venía;

tocaste entre las alegrías fugaces y entre las incógnitas negras

puestas en par como dos zapatillas,

entre los despertares de acero que viven siempre en domingo,

entre bostezos de paz levantados de una patada,

entre fuegos traicioneros escondidos entre las almohadas,

entre llagas cortadas en juliana con la rapidez de un autómata.

Planto un suspiro por ti

y el primer rayo del sol se alargará hacia tus ojos,

y si no es así…, que mueran los sueños

atados al pesado hormigón

que se hunde en una mar de mentiras.

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

CANELA FINA

 

(Soneto)

 

Te quiero mujer de nada heredera

Me gustas por ser de luces madrina

Te recuerdo vigilándome ligera

En la viciosa esquina de mi toxina.

 

Te busco en la luz de mi primavera

Encuentro tu paz libre y divina

Y aunque sufras llaga de costalera

Finge tu voluntad no ser cansina.

 

Tu compasión por mí es entera

Es diversión de álbum de pegatina.

Es mi esperanza ilusión madrera

 

Cuando en soledad busco tu rutina.

Cuántas veces arañé en borrachera

La paz que no hallo en la papelina.

 

Busco en la paz de tu noche nochera

Al libre paraíso que perdió mi retina.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

Claveles rojos

 

 

Le regalaron flores, un ramo de claveles rojos. Tal vez porque todos debían de saber que a ella le atraían, y mucho, los claveles, aunque no sabía muy bien si fue ella quien lo había comentado alguna vez o era quizá una costumbre, y resultó pura casualidad que coincidiera su gusto con la costumbre de regalar esas flores el último día de trabajo. Porque era el último día de trabajo, su ansiado último día en aquella oficina. Sus compañeros le quisieron dar esa sorpresa, aparente sorpresa, en todo caso, porque ella intuía que algo le iban a regalar, no solían ser muy discretos ni disimulados, pensó, sus hasta ese momento compañeros de trabajo, ya contaba con aquel detalle y con ello tal vez deseaban manifestarle, aunque a ella le sorprendiera, que había sido una buena compañera y que todos la apreciaban allí.

Claro que ella no se sentía así, una buena compañera. Nada más lejos. A pesar de haber estado dos años entre aquellas mesas, colaborando con todos aquellos hombres y mujeres que se despedían ahora de ella con una sonrisa amplia y le decían que le echarían de menos, que le pedían que pasara de vez en cuando a visitarles, incluso hablaron de ir de tanto en tanto a cenar todos juntos para seguir viéndose, lo desearon una y mil veces, y sobre todo que no pierdas el contacto, le rogaron, casi como una súplica, lo único que había sentido en todo ese tiempo fue, primero, una enorme indiferencia y después, cuando pasaron los meses, un inmenso deseo de perderlos de vista para siempre. Por un momento intentó sentirse culpable con toda su voluntad. Al fin y al cabo, consideró, le estaban mostrando simpatía y aprecio, y aun cuando ella no podía corresponderles, se sentía incapaz de la más mínima reciprocidad, se daba cuenta de que por parte de todos ellos cabía la posibilidad de que fueran sinceros y que algunas cosas que ella había visto tal vez sólo fueran figuraciones suyas sin base alguna. En todo caso, si bien mantuvo la compostura en forma de sonrisa y apariencia de simpatía, la verdad es que en ese momento de la despedida no se sentía a gusto, como no lo había estado durante los dos años, se dice pronto, pensó, de trabajo entre aquel grupo de personas que se mostraban tan atentos y afectuosos con ella.

Alguien sacó una botella fría de vino blanco, la descorcharon y el líquido invadió las copas de plástico que dos personas trajeron de inmediato. Hicieron un brindis. Se lo dedicaron. Para ella, sin embargo, escuchar su nombre antes de levantar las falsas copas y beberse el vino de un tirón fue como un sopapo. Peor aún, como un puñetazo en el estomago. Deseó que toda aquella escena se acabara lo antes posible y así poder salir de la oficina para no volver nunca más. Quizá estaba siendo hipócrita, consideró, al mostrarse agradecida o cuando contestaba que sí, que claro, que había que hacer una cena, lo más pronto posible, aunque sabía que jamás la habría, al menos con ella presente, y predecir como si fuera una verdad absoluta que estarían en contacto, cuando era evidente que ella no haría el más mínimo gesto por estarlo, más bien al contrario, evitaría mantener cualquier lazo por nimio que fuera con ellos a pesar del paripé que estaban todos haciendo, porque no dejaba de ser un mero paripé, pensó, que todas aquellas que la criticaban por la espalda ahora mostraban todo su pesar y todos los que la habían tratado como una cualquiera ahora se presentaban como sus amigos más apreciados. Pero se preguntó qué otra cosa podía hacer que seguir el juego a esa convención social de la despedida. Tampoco iba a montar una escena, claro que no, aunque estuvo tentada de montarla, y cantarles a todos las cuarenta después de manifestarles a cada uno de ellos que aquellos habían sido los dos años más siniestros de su vida.

Se preguntó, mientras abrazaba a quienes fueron hasta ese momento sus compañeros, antes de marcharse, si el problema no sería ella y su incapacidad para vivir a gusto. Porque quizá todo partiera de su inadaptabilidad. Siempre era una pregunta que se hacía. Nunca la contestaba, quizá porque no habría respuesta o nunca encontraba el momento de buscar las razones de su falta de cohesión con el mundo o porque siempre consideró que tenía verdaderos problemas para sentirse vinculada con lo que le rodeaba. Le corroían las dudas, aunque cuando los dejó atrás, mientras bajaba en el ascensor y salía de la oficina, ¡por fin!, lo único que pensó es que se acababa la tortura y nada más pisar la calle no pudo menos que sentir un enorme alivio por saber que no los iba a ver más. Cierto es que envidió la sencillez de la gente para aceptar su suerte. No es que su vida hubiera sido, hasta ese momento, dura, ni difícil, simplemente no era feliz y no aceptaba las cosas tal como le venían dadas, sin que por ello hiciera nada por cambiar sus circunstancias. Claro que no todo era culpa suya, de su inadaptabilidad presumible o verdadera. Había que reconocer que cada uno de sus compañeros había sido un pesado, un plasta, un mediocre engreído y que la habían tratado como si fuera estúpida.

Pero ahora todo daba igual. Dejó de lado aquellos pensamientos en cuanto se alejó de la oficina. Sintió alivio por dejar atrás dos años de trabajo y de pronto, como si traspasar la puerta del portal del edificio y verse lejos de él ya fuera cruzar un puente milagroso hacia otro espacio y otro tiempo, olvidó la rabia que le inundara poco antes. Incluso se difuminaron como humo los rostros de sus compañeros, ex compañeros, al cruzar la siguiente esquina. Esta vez se dibujó una sonrisa a todas luces sincera en su rostro. Unos metros más allá abrió el receptáculo de las basuras con que se topó y lanzó en su interior el ramo de claveles de un intenso color rojo y que por primera vez en su vida ya no eran sus flores preferidas.

 

Juan A. Herrero Díez

 

LA SEMILLA DEL HAGADÁ

 

Hay cosas que unen a los hombres

en un mismo trance.

Hay semillas que se plantan sin quererlo.

A veces es necesario

que un tal Dervis Effendi Korkut (musulmán)

salve la vida

a una tal Mira Papo (judía)

para que la humanidad contemple con ojos de satisfacción

que no somos tan diferentes,

que corre la sangre por nuestras venas,

que sufrimos desdichados en la guerra,

que una vida salva a otra

y el tiempo es un justiciero entre el desorden.

No estamos tan lejos unos de otros

y todo suspiro es el mismo aliento en todos los hombres.

¿Por qué la vida es tan curiosa,

y al mismo tiempo, tan misteriosa?

Viejo mundo que brota

desde la probabilidad casual hacia la armonía redentora

de los humanos y su humanidad.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

CANCIÓN DE PAZ

 

Sube y baja montañas,

encuentra a tu paso el sendero,

huye de las causas tacañas,

consuélate agarrado a un pero,

absorbe la vergüenza con cañas,

tararea el Himno de Riego,

revuélcate en las telarañas,

inventa nuevas reglas del juego.

No es tan puta la vida

como a veces la cuentan,

en el movimiento existe movida

y todo verano tiene su tormenta.

La llaga de la enfermedad

es un camino minado,

con fiebres de brevedad

andamos lo caminado.

La mentira es una salvación

que cojea en dirección opuesta,

la lluvia es una enajenación

y la arcada se da la vuelta,

el amor prohibido es solo canción

que en el horizonte revienta,

ninguna deuda halla cancelación,

ninguna duda encuentra respuesta,

¡qué sólido aliento es la desesperación!

¡qué vientos golpean a todas las puertas!

Se convive con la guerra,

invisible, ella te baila en la entraña,

¡Mira si esta vida es perra!

¡Mira si tu luna se empaña!

Acostúmbrate a vivir con tu guerra,

acomódate bien la guadaña,

haz de tu patria toda la Tierra,

apaliza a la tristeza con saña,

la paz al hombre se aferra

y el hombre es antigua alimaña

que vive siempre en pie de guerra

leal a la maraña y a la patraña.

La paz es ciega y sorda pared

¡mira como los hombres la arañan!

pon tus cojones en un papel,

batalla perdida los hombres atañan,

la paz está escrita en tu piel,

esa paz que los hombres empañan,

esa paz que no quiere dejar de ser,

esa paz que los hombres enmarañan.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

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LA CIUDAD

 

LA CIUDAD

 

La ciudad me arrastra

hacía su jungla del capricho,

hacía su sala de espera,

por senderos de alegria, en un destello

cuando te llaman al instante.

Me llama la ciudad,

me pone su miel

en los labios.

Me espera sensual

y provocadora.

Con su ruido de motores,

con su presencia

de fiesta,

con su risa

entre las voces de los niños

que buscan un tesoro

de juventud.

Me grita con voz de mujer,

me asedia con su vida feliz,

me construye

mis sueños de sol y rosa.

La ciudad me susurra

la vida hasta que me halla

entre cloacas, entre cartón

y libres de horas de brujas.

Los taxistas huyen

de luces y bocinas

y yo huyo de cielos

rojizos como la sangre.

La ciudad me desnuda

borracha y me busca

cosquillas en los pies

y en los sobacos.

Me muestra su dedo índice

y me indica la salida

hacía el puente

de orilla a orilla.

De túnel a espacio.

Me mastica y me engulle.

Me vomita y me arrolla.

Gris ciudad, madre

de las ratas de la basura

que la conocen

palmo a palmo.

Ciudad de piano-bar

y licor de suspiros.

Ciudad de anhelo

y deseo carmín.

Ciudad oscura

por gafas de sol

y humo de cigarrillo.

Ciudad esbelta

y marchita.

Ciudad cruel

y sencilla.

Ruidosa de júbilo

y gracia redonda y alegre.

Ciudad de lamento

y amor primero.

Ciudad de espejo y fuente.

Ciudad que vuela ingravida

como una paloma

entre vacíos de luna.

Ciudad de mis sudores

y decepciones.

Ciudad de silencio

y quimera.

Ciudad lunática

y brillante,

espesura de luces

y árboles que suspiran

por verte de nuevo.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz