Reseña literaria-Juan A. Herdi

Christa Wolf

August

Traducción de Marina Bornas

Libros del Asteroide, 2026

 

August es conductor. Está a punto de jubilarse y ha enviudado recientemente. Ha llevado una vida sencilla, sin grandes sobresaltos. Pero mientras conduce su autobús de vuelta a Berlín, rememora su vida y recuerda su infancia, cuando apenas tenía ocho años y era un huérfano refugiado, tras una guerra de la que nada cuenta más que el vago recuerdo de un bombardeo. Vivía en un castillo reconvertido en hospital, junto a otros desplazados, entre ellos Lilo, una muchacha con quien se junta. Se acompañarán durante un tiempo indeterminado, en ese escenario sombrío sin duda, pero que August, al pasar los años, recuerda de un modo emotivo.

Esta es la trama de este relato, apenas un cuento largo o una novela muy breve, que fue además el último texto de Christa Wolf (1929-2011), escrito el año mismo de su muerte como presente literario a su marido, tras sesenta años de matrimonio. Estamos ante una sencilla pero intensa evocación de una de las escritoras alemanas más importantes del siglo XX, una de las autoras claves de la desaparecida República Democrática Alemana.

A pesar de la sencillez del relato, no exenta de dulzura y sobriedad, apreciamos el dolor por un momento de la historia que dejó no poca desolación a los personajes que vivieron aquel tiempo de horror. No hay en ninguno de los personajes una reflexión sobre lo recién vivido, sólo la descripción de una realidad un tanto opaca que es, sin embargo, emotiva a pesar del dolor. Ni siquiera se plantean el porvenir, los personajes viven fijos en el instante, fijos en un entorno que deja entrever un tiempo de cambio que pudiera parecer sempiterno, pero que no lo es, la muerte y el alejamiento señalan bien a las claras que el tiempo transcurre, inexorable, como han transcurrido los años posteriores, hasta llegar el protagonista a esa edad en que queda sólo el recuerdo y cierta nostalgia, sí, pero no exenta de algo que bien podríamos calificar de felicidad.

La editorial Libros del Asteroide ha recuperado este libro, un texto no menor, aunque corto, de una escritora que merece ser reivindicada por su sensibilidad y su calidad literaria.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Una historia verdadera (1999)

David Linch

 

Estamos ante algo más que una simple road-movie. La película nos resulta tierna sin ser por ello empalagosa, no cae en la cursilería, siempre con los sentimientos a flor de piel. Debido a los hábitos alimenticios y otras martingalas, el protagonista entiende lo corta que es la vida y lo fácil que es hacer el bien por los demás, pero aún más por nosotros mismos. Ese es el primer paso de una cadena de acontecimientos que va en aumento a medida que avanza la película.

 La sinopsis en sí es muy sencilla y simple. Este anciano se entera de la convalecencia de su hermano menor y para encontrarse con él recorre un largo territorio montado en una cortadora de césped. Viaja con lentitud, con parsimonia, hecho que da lugar a la aventura en el trayecto, ya que la historia no está en el destino, sino en el camino.

 Este hombre acaba entendiendo lo corta que es la vida. Y se decide a hacer este viaje, sin importarle la lentitud, para ver a su hermano, para saldar cuentas frente a un pasado del que tiene remordimiento. En la película suelta una perla definiendo su juventud. Toca el corazón cuando un tanto resignado, asume que ya pasó su momento.

El desarrollo de la historia se va desenvolviendo justamente pueblo a pueblo, milla a milla, y desde el primer momento intuyes que va a ser una película de las que emocionan. De las que dejan huella. De las que nos muestran la cara redonda de la vida desde la telúrica idea de que todo el mundo es bueno, y que hay esperanza en la humanidad.

También es un espejo frente a otro donde se cuenta una historia que tiene que ver con la sociedad moderna, donde se retrata un oropel caduco y no falto de costumbrismo de la vida real, a veces edulcorada por un Hollywood de largometrajes vacíos de emociones.

Pero cabe reseñar el viaje, que es lo interesante de la trama urdida con gran exigencia actoral. Se descubre que toda la aventura en su intenso viaje por la Norte América profunda es un descubrimiento para el espectador, ya que contiene un cálido homenaje que recae en una bonita historia que se va hilvanando pueblo a pueblo, anécdota en anécdota y personaje a personaje dejando una huella con una impronta humilde y veraz, recayendo en la fuerza expresiva de cada actor y, por ende, en cada personaje en sí. Se muestra una profundidad poética de la sociedad, siempre absurda donde no predominan los sentimientos ante la vorágine del vivir.

Cabe mencionar un diálogo en el que se habla de un incidente de la segunda guerra mundial que deja su hiel en las almas en pena de la Norteamérica combatiente.

Es a la vez, una poesía posmoderna de la que te emociona en los detalles más inesperados. Con ella te das cuenta de que la vida es breve, que debes dejar tu orgullo y entregarte al amor por esa misma razón, al amor entre todas las cosas de la vida. Debes de mirar la vida con la parsimonia de un viaje lento en el que la verdad no está en el destino, la verdadera esencia de la vida está en la suma de personas que vamos encontrando a lo largo del camino.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Iñaki Domínguez

El Panamá

Vida de un fuera de la ley

Editorial Ariel. 2026

 

«Nadie es dueño de la verdad absoluta» nos dice José Manuel Cifuentes, el Panamá, en el epílogo de este ensayo de Iñaki Domínguez que nos cuenta, nos desentraña más bien su vida, su actuación, sus sombras. Y nadie lo es, tal vez, porque las percepciones sobre lo real se dan desde muchos ángulos y proyectan muchas realidades, a veces contadas éstas más bien como justificaciones, con que componer no tanto la verdad absoluta, sino una mirada de esos símbolos y significados compartidos, no siempre coincidentes, que conforman una sociedad. Una sociedad compuesta a su vez de otras muchas (sub)sociedades y grupos sociales que construyen la historia o el mundo en el que deambulamos.

El libro versa en primer término sobre la actividad del Panamá, aunque el autor la utiliza para reflejar la historia de un país y una mentalidad a través de su delincuencia, la ejercida por el personaje que ocupó un papel central en la época, pero no sólo la de él. No en vano este ensayo y sus libros anteriores, rigurosos en datos y descripciones, son un intento de explicar la evolución de España través de su periferia social. Porque conocer la intrahistoria de lo marginal y lo ilícito nos permite distinguir también los cambios de una sociedad a lo largo de los diferentes y sucesivos momentos, ahora que tanto se ha hablado de estos últimos cincuenta años en los que salimos de una dictadura, pasamos por un periodo de transición, o transacción, que no fue en absoluto épico ni pacífico, como han pretendido que creamos, y hemos avanzado hacia una sociedad próspera, una de las economías álgidas de Occidente, aunque con demasiados descosidos. Cada uno de estos momentos tuvo un modelo de delincuencia y de personas que la integraban, un reflejo en ambos sentidos de la sociedad, de los valores imperantes y de las prioridades que guiaban a los individuos que la conformaban. Reflejo porque en gran medida todos en ambos lados de la barrera, demasiado fina muchas veces, que separaba lo legal de lo ilegal, lo lícito y lo ilícito, compartían un mismo modo de ser y de actuar.

El Panamá en concreto opera cuando España va dejando atrás definitivamente la transición, se ha conseguido mal que bien estabilizar unas instituciones democrática y/o representativas que nos permitió entrar en la antesala de lo que hoy es la Unión Europea y la prosperidad se expande desde entonces, en un momento en que «hacer dinero» se volvió uno de los ejes de la realidad social. Son los años, recuérdese, que se inician con la exclamación, la boutade, del ministro Solchaga de que «España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico». Y bajo esta mentalidad tan de nuevo rico comienzan a moverse una nueva generación de delincuentes que se interesan sobre todo en eso mismo, en volverse ricos, en vivir bien, a todo trapo. Comparten con los quinquis de los sesenta, los setenta y los mediados de los ochenta un origen social y unos códigos éticos, porque las bandas y los grupos poseen también unos códigos de comportamiento descritos en el libro, pero «hacer dinero» y saberlo mover se convierte en algo prioritario en esta nueva etapa. Los códigos éticos, por el contrario, tal vez como consecuencia de ello, comienzan a resquebrajarse, entramos en un periodo histórico de individualismo, un tiempo de sofistas donde todo ya es relativo y según la conveniencia de cada cual, y cuando además la droga ha resquebrajado en gran medida muchas de las dinámicas de los barrios obreros y periféricos.

La delincuencia que sigue al tiempo central del Panamá será ya otra cosa, como lo es el país, la sociedad.

Pero Iñaki Domínguez no se queda sólo en lo delictivo, conversa con José Manuel Cifuentes y con su familia y sus amigos, tratan muchos temas, reflexiona sobre lo que se le cuenta y así el autor compone con sus palabras un relato coral que nos muestra los claroscuros de una vida compartida que tiene elementos que nos pueden parecer cuasi heroicos, pero también están presentes los aspectos más siniestros, las de sus víctimas, la de ese agente policial, por ejemplo, casi al final del relato, que se queda apopléjico por la maldita casualidad de encontrarse con la panda cuando cometen un robo y cuya presencia, fortuita pero posible o previsible, modifica de pronto la visión que hemos podido hacernos del Panamá, la imagen edulcorada que se da en ocasiones. Él mismo parece darse cuenta de ese abismo que es la vida de uno, lo vivido, y le devuelve aquello que escuchó de joven, «por lo que hoy corres, mañana no darás un paso».

Es un libro que nos inducirá a una reflexión intensa de esos últimos años, con demasiados antagonismos, el retrato de la sociedad que conformamos, de lo que hemos sido y somos, desde la perspectiva a todas luces punzante, la de las zonas sombrías y vergonzantes. En definitiva, se trata de un buen acercamiento desde la periferia a una realidad poliédrica y no siempre tan complaciente como quisiéramos.

 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La isla interior (2009)

de Dunia Ayaso

y Félix Sabroso

Tres hijos sufren la herencia de sus padres. Les afecta una tara psicológica, aunque eso no quita que tengan las mismas preocupaciones, satisfacciones o carencias que cualquier padre. Con un excelente reparto —Alberto San Juan (Martín), Candela Peña (Coral), Cristina Marcos (Gracia), Celso Bugallo (Juan, el padre) y como madre Geraldine Chaplin (Victoria)—, este filme es tan sugerente como también desgarrador. Estamos ante un suspense/drama que exterioriza muy bien lo que una enfermedad mental supone y puede ocasionar, no solo para los progenitores, sino para los hijos como víctimas de la descendencia injusta que éstos sufren.

Tener una enfermedad psíquica es algo complejo. Y por ese gran esfuerzo, tanto en la interpretación como en la credibilidad de estos grandes actores, incluidos los actores secundarios, que realizan una película que no dejará al espectador indiferente. Pero más complicado es para los personajes su rutilante día a día. Es importante recalcar que los actores logran que cada personaje sea creíble, llevándolos a un estrato más allá de la interpretación, porque se sumergen en el abismo de cada uno de ellos. Si la valoramos mediante el estigma sufrido, esta película no deja cabos sueltos. El estigma que sufre toda la familia se exterioriza y se interioriza. Es como tener miedo a su actitud en la que ellos mismos tienen como comportamiento una debilidad y una personalidad que los hace frágiles, ya que les ocasiona descrédito y miedo a los tres hijos por igual, y la culpabilidad del padre les muestra el lado oscuro de la enfermedad.

Los actores realizan un trabajo interpretativo excelente. Es una interpretación tan profunda la que llevan a buen puerto que a veces la ficción supera la realidad. El dramatismo de los cinco protagonistas es sugerente y embaucador, es arriesgado y verosímil. A pesar de lo que trasmiten el elenco está totalmente compenetrado. El personaje de Victoria posee una angustia un tanto optimista, debida a que ama y entiende a su marido enfermo. Sin embargo, el padre, a pesar de su enfermedad psíquica (esquizofrenia) denota preocupación por sus tres hijos. Son padres que viven alternando el bienestar como progenitores con el hecho de ser felices pese a sus limitaciones, hecho que tanto al padre como a la madre los acondiciona tanto que estos crean un atisbo de familia disfuncional creíble.

Huelga decir que, aunque los hijos finjan una inclinación de ser padres, o tener pareja, a veces es preciso evitar serlo, porque ese anhelo se convierte, o puede convertirse, en una total pesadilla. Ninguno de los hijos del matrimonio es apto para tener hijos. Y la cinta plantea problemas de identidad que son especialmente oscuros ante la posibilidad de una vida aparentemente feliz.

Cabe destacar los personajes de los hijos tan marcados, y subrayo en especial a Martín (Alberto San Juan), profesor de literatura y escritor, como el personaje más elaborado de la película. También es destacable el personaje de Coral (Candela Peña) que interpreta un papel con gran deleite de matices en su capacidad como la gran actriz que es, llevando a consecuencias extremas el hecho de ser señora de la limpieza y amante del marido/jefe a la vez. También cabe destacar el personaje de Gracia (Cristina Marcos) en los que cabe resaltar su interpretación en su labor como actriz de una serie, como en el papel de hija y enferma psíquica, lo que indica su gran versatilidad actoral.

No dejen de ver esta película, tanto si son enfermos psíquicamente como si no.