Cinefilia- Cecilio Olivero Muñoz

El precio del arte

Nathaniel Kahn

(Documental, 2018)

¿Qué es el arte en estos momentos? ¿Podemos entender el arte como un capricho para ricos o tal vez tengamos que cuestionarnos si el arte no está hecho para fulanos de a pie? Siempre he pensado que el arte es un modo de expresión, un modo de evadir a tu manada del tedio ante la cotidianidad. No pretendo hacer una crítica superficial con respecto al arte, y creo que los museos son como cavernas, donde los hombres y mujeres de las cuevas de Altamira pintaron el interior para liberarlos del mal del tedio. Para que la manada se sintiera partícipe de la caza en común.

En este documental encontrarán caprichos y disparates, en el que los ricos son quienes lo padecen totalmente y los únicos que se lo pueden permitir. Es parte de una élite que compra arte para confabularse con los antiguos pobladores de la tierra. Y todo eso en la capital del mundo idiota: Nueva York.

Ni los apostadores de baja estofa ni los más potentes artistas que han creado tanta belleza y han confiado en el arte por su fuerza y atracción, tienen acceso a ellas una vez vendidas al mejor postor. Al que más dinero ofrezca. Es como una churrería, como si de churros se tratara, es como un mundo obsceno donde el gran capital se recrea en manos de unos pocos. En nombre del arte se han hecho numerosas barbaridades, es lo que entiendes al ver el documental.

Dijo el gran sabio y artista manchego, Antonio López, que el arte es una manera de comunicarse con aquellos que educan su mirada acudiendo a museos y que cada artista tiene su propio lenguaje. Cuando hablamos de arte, ¿a qué nos referimos?

¿Es todo parte de un conglomerado solo apto para quienes tienen dinero? En este film pueden entender lo que significa el arte para unos (ricos coleccionistas que son como decoradores) y lo que significa para el pueblo llano, tenues espectadores de algo inalcanzable.

Es interesante el gusto estadounidense por el arte y sus mitos de hielo. Por ejemplo, Jean-Michel Basquiat, que murió tempranamente de sobredosis siendo un pintor reconocido, pero sin un centavo que lo alumbrara. Como, también, Jackson Pollock, que murió anticipadamente en su coche cuando conducía con su novia, y una amiga de ésta, con una borrachera impresionante justamente en el breve periodo durante su “dripping” o en español goteo.

Subastadores y coleccionistas que compran barato para vender caro son los ases de esta baraja caprichosa donde aquellos que tienen el dinero sufragan un arte del que los artistas no ven dinero alguno. Y salen boquiabiertos del valor que ha alcanzado su trabajo. Ahora se rigen por catálogos y por un oropel absurdo del que artistas como Jeff Koons, y otros tantos más, recrean arte antiguo como si se tratara de una gran fábrica con pintores profesionales desde una perspectiva absurda y no alcanzable para el proletariado.

Digo oropel absurdo porque existen conejos hinchables con formas casi infantiles, o reproducciones de pinturas del arte sacro y del renacimiento, donde se pone un punto final a la obra con una bola azul reflectante y repugnante (Gazing Ball). Y se ha convertido el tipo en un empresario de éxito estadounidense.

También los hay quienes venden su obra en cócteles en los que se reúnen marchantes como tiburones y buitres dispuestos a sacar la sangre a cada artista, también en las casas de subastas donde lo importante no es el arte, sino el precio desorbitado de la obra.

Que se venda una obra de Leonardo por 400 millones de dólares no es un síntoma de salud mental, sino de una enfermiza manera de gastarse el dinero.

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Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Los olvidados

(1950)

Luis Buñuel

Cuando el cineasta aragonés Luis Buñuel rodó Los Olvidados tuvo problemas con el gobierno mexicano. Tal era el desagrado del mismo que estuvo a punto de expulsarlo de México.

 Los olvidados hablan de los arrabales de la Ciudad de México. En esta película, parece impensable la unión Jaibo, un delincuente fugado del correccional de menores, con Pedro, un niño de la calle al que ya mayor que sus hermanos, su madre quiere darle un escarmiento. Niño que sin quererlo se verá involucrado en un asesinato y del que Jaibo es el culpable. Jaibo es un hampón sin remedio, dueño de una máxima: A mí quien me la hace me la paga. Y por ese motivo siembra el miedo con sus secuaces a los más desfavorecidos de la sociedad.

Pedro tiene hambre y eso en el mundo es un estigma como la lepra, como la sarna o como si comer fuera un delito. 

Luis Buñuel en una entrevista declaró que para este film se inspiró en El Lazarillo de Tormes, y debe de ser cierto. Ya que tiene imágenes que recuerdan a este libro anónimo, libro de un humor acertado y lleno de sátira. Ese libro es la obra por antonomasia de la picaresca española y la que todos los niños debieran estudiar en el colegio, ya no sola porque instruye, sino por divertida.

Esta cinta también tiene visos de surrealismo. Sobre todo, cuando sueña Pedro, huérfano él de los extrarradios de troche de la Ciudad de México. Pedro se ve desamparado por su madre y no tiene otra opción que delinquir. Hecho que aprovecha Jaibo para darle en la madre.

Sobre esta película emblemática debo decir que es una cicatriz eterna para la visión del mundo y lo que Buñuel vio ya desde este film hasta su exilio después en Las Hurdes, tierra sin pan (1933) queda constatado la preocupación de Luis por esta injusticia social.

El mundo tiene una úlcera gangrenada que a pocos importa. Cuando somos pobres no creemos en la justicia, pero con el estómago lleno todos creemos en ella. En los suburbios del mundo se aprende a llorar por lo que no se tiene, pero cuando estamos en Pedralbes o en La Moraleja todos aprendemos bien ‘la moraleja’ de la vida, todos aprendemos a soltar los lastres que nos hacen la vida insoportable. Se olvida con el estómago lleno, pero en el ayuno todos son lisonjas y proverbios, corridos y cantares, que son como hacer gárgaras y espumarajos a los olvidos fortuitos como cruzar una calle. Nos olvidamos mediante vamos viviendo sin problemas.

En esta película se tocan todas las debilidades de la infancia. El hambre, el abuso a los débiles y la pederastia. Es sin duda un talismán de imágenes que meten el dedo en las llagas y abre las úlceras de aquellos que creemos en que otro mundo es posible.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Los Miserables (2019)

Ladj Ly

La película termina con la inmensa advertencia: Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos, no hay más que malos cultivadores. No es sólo una frase de Víctor Hugo, sino que resulta una máxima para todo aquel que no predique con el ejemplo.

En esta cinta el director mete el dedo en la llaga, haciendo partícipe al espectador de la injusticia y el abuso de poder. Nos pone entre la espada y la pared, nos invita a repensar lo que es justo y lo que no.

La película comienza en un verano tras el triunfo de Francia en el mundial de fútbol. Y la pregunta es: ¿son todos los franceses parte de la igualdad, la fraternidad, y la libertad? ¿Son todos hijos de estas consignas patrióticas, ya que son un valuarte y un emblema que acoge a todos los hijos de la madre patria gala? La respuesta es no. No todos son hijos de la igualdad, y con respeto de la fraternidad, aunque la fraternidad sea algo que se ejerce dentro del gueto de manera ambigua y con una acentuada doble moral, la libertad es siempre algo que nos hace otra pregunta, libres, ¿libres de qué? ¿Somos todos libres?

Un hombre tiene que ser un ejemplo desde la equidad y la ética personal. Los jóvenes de este film acuden a la venganza, no como algo insustancial, sino como una manera excelente y necesaria de buscar justicia.

Dan a cada uno su merecido. Ya que la justicia ejerce la total injusticia, el total escarnio, una injusticia deliberada, y estos muchachos se toman la justicia por su mano, de la manera más insospechada.

Al tomar ellos la justicia por su cuenta, la trasmiten al espectador porque el espectador lo espera, lo ansia, lo cree necesario.

La sinopsis sería que un policía llamado Stéphane Ruiz acaba de unirse a la BAC, la Brigada de Lucha contra la Delincuencia de Montfermeil, un suburbio al este de París. Y es un policía ejemplar que cree en la justicia pese a sus compañeros.

Este director hace al espectador partícipe para hacerle un favor necesario que éste le pide, se desea esa justicia. Las malas hierbas no son los chicos del gueto, si no aquellos que lo custodian. Hay varios custodios en esta película, no solo la policía, también son injustos aquellos que son los cuidadores del rebaño, también aquellos que son nefastos para la salubridad del barrio, y hablo de salubridad con respecto a la comunidad.

Y es por eso que el espectador y la víctima se sienten en la necesidad de tomarse la justicia por su cuenta.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Arturo y el algoritmo (2021)

Director: Pierfrancesco Diliberto

Género: comedia/cienciaficción

Estamos adentrándonos en una era absurda. Reemplazamos la vida pasada por algoritmos o hologramas sin ningún atisbo de sensibilidad. Eludimos nuestra vida de carne y hueso por una vida de píxel y formatos algorítmicos. Digamos que es una vida estéril. Una era de espejismos creados por las tecnologías. Cuando buscamos compañía buscamos hologramas, cuando buscamos comida buscamos servicios de mensajería sin conmiseración con respecto al trabajador, cuando buscamos un producto encontramos paraísos artificiales que acaban desengañándonos.

La película que se reseña es una parodia de lo estúpido de nuestra vida ‘futura’. Un algoritmo no tiene alma, no tiene vísceras, no tiene criterio, y mucho menos sensibilidad. Y el protagonista ha creado algo que nadie puede controlar, a sabiendas de que él mismo lo ha creado.

Arturo ha perdido su trabajo y un algoritmo le anuncia el despido. Y el protagonista recorre entonces un nuevo aspecto laboral donde todo está en su contra. Este film nos anticipa una humanidad ciega y kafkiana. Habla con humor del futuro que nos espera dejando que la IA domine nuestro sentido común (que es el menos común de todos los sentidos) sustituyéndolo por una vida de múltiples vidas solitarias y atomizadas.

La cinta lo toma como algo sarcástico haciéndonos ver lo estúpido de dejar nuestro amor propio a las máquinas, los algoritmos o la Inteligencia Artificial, por la comodidad, por el confort, por una vida cínica e hipócrita.

En un mundo globalizado y frío dejamos que el protagonista Arturo sea víctima de una sociedad simple y muchas veces descorazonada. Esta película italiana recuerda cintas en blanco y negro como la del director y actor Vittorio de Sica en otra película sarcástica como fue Milagro en Milán.

La película es toda una burla expresada en términos de comedia lanzando una carcajada al mundo de hielo perpetuo que nos espera. La película nos muestra la cara de la ineficacia puesta en manos de la tecnología, de todo lo que eso conlleva. De la fórmula algorítmica insustancial y sin la sensible mirada de nuestra sangre caliente.

El film hace hincapié en lo que la tecnología puede aportarnos y lo que no. Pues mediante el humor nos cuestiona cómo un problema serio el hecho de acostumbrarnos a la dependencia tecnológica. La cinta sugiere con humor que, mientras nos tragamos nuestras propias heces, sonriamos.

Poema en prosa-Cecilio Olivero Muñoz

ME BUSCO SIN ÉXITO

Me busco cuando me tapo la cara con las manos, con las dos manos. Pero ya es demasiado tarde lamentar muros y paraísos perdidos. Tan tarde que me he entregado a las palabras, para encontrar en mi silencio la rapidez total de mi sistema nervioso. Tal vez, me cosería las pupilas con hilo negro, opaco, sin lugar al traslucido secreto de los viandantes, que perdieron el DNI y el porqué de las desventajas. Lo perdieron en los lavabos húmedos de los antros del extrarradio, donde se debiera escuchar aquella voz grabada que no es la misma que en mi interior se oye.

Quizá sonará en mí tu música. La música me tapa los oídos, ya que me produce enajenación el vértigo de las ciudades, el ocaso de los equinoccios, las hogueras en la noche.

El hombre no debe olvidar jamás que es un ser humano.

Yo me encadené a la poesía porque allá afuera no hay nadie que te salve la vida, que se apiade nunca de tu manto desmayado de rosas negras, solamente algunos poetas lo hacen sin interés, porque son valientes y ya lo han perdido todo, solamente el teléfono nunca está para nadie, siempre comunica, solamente el alcohol es garrafa amarga, solamente los ancianos saben más de lo que yo sé.

La calle está repleta de ruido y escarnio.

Silencio, yo declaro el silencio, que es mentira, entre la vorágine de carne y bronce, entre el escalón que es la puerta del olvido circuncidado.

Yo no quiero hacer daño a nadie. Sin embargo, busco el acomodo en la liturgia inocente de la mentira, que corroe y corroe camuflada en la ilusión efímera del abandono.

Yo no elegí ser poeta. La poesía me escogió. La poesía me gastó una obra macabra. Bromeó conmigo como para los que salen en busca de un libro muerto. Mis amigos, mis amigos me empujaron al cadalso de mi soledad. Pero la culpa es una hiedra que sube y sube, porque es solo mía. Y es tenaz de altura y fría. Yo no renuncio al amor. Al amor beligerante un poco, y pacífico cuando se ama. Porque me pusieron un cartel en los pies que decía: — este corazón caducará pronto. Y se pudrirá entre la nochede estrellas, que sueñan ser de barro, y son, no más que luz, luz sin esperanza.

Y son luz porque son vecinas del mundo oscuro, y en el azul de los sueños temen la descomposición de los relojes.

Me he caído siempre antes de llegar exhausto a la meta. Yo no salgo porque no creo en la suciedad del asfalto. No salgo porque ya vi los títeres que lamentan su lengua de trapo, y me acomodo ensuciando la frente de ceniza. Mi vida se mide en dos ciclos, aspirar y suspirar, la sístole y la diástole de rito de la especie rota, noctámbula, inapetente.

Y yo soy mi propio traidor porque custodié mi nombre haciéndolo calvario y martirio que solo entiendo yo. Y creo tener la esperanza en la noche, y en la tarde que te escupe con la palmada en la espalda de la mala suerte, he brindado en todos los crepúsculos. Miro el reloj y tiembla la hora, quiero dormir y tiemblan mis párpados, huyo de todo y sé que me encuentran. Me obsesiono por la dejadez de dejar luces encendidas que son tan mentira, que me debo esconder en un mapa de palabras en los rincones de mí mismo, en los albores de este mapa mudo y físico.

Quiero que sepan que ando solo por el mundo y por un agujero me caigo, yo solo me caigo. Y a veces pierdo la cabeza, pero me recompongo cuando pasa la tormenta, y la tarde se hace clara, y más clara la noche.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La voz de Hind (2025)

Kaouther Ben Hania

Dejar que la gente se desangre no es óbice para ganar las guerras. Pues fermenta la rabia, y también el odio.  Atenazar a la gente inocente es un macabro plan que desatará la ira.

Esta película habla de los servicios de la Medialuna Roja en Gaza. La impotencia que estos agentes padecen es menor que el sufrimiento que el pueblo sufre. Pero es igual de aberrante, puesto que están en primera línea de fuego en el conflicto árabe-israelí, estos profesionales sanitarios, sean de la religión que sean, están siendo los primeros testigos de esta masacre contra niños y ancianos inocentes. Digo árabe porque es un conflicto que ya no sólo sufre el pueblo palestino. Lo sufre gran parte de los pueblos vecinos a Israel.

Huelga decir que los productores son actores como Brad Pitt, Joaquín Phoenix y Rooney Mara, sensibilizados con la causa palestina. Se ha premiado la película en todo el mundo y se considera un prodigio que despierta un enorme interés en todo el planeta.

Conocemos todos las últimas noticias en el Líbano y en Irán. Todos somos testigos de cómo ha actuado el público estadounidense en el debut de Irán en el actual mundial de fútbol. Esto está tomando unas directrices imperdonables para el sentido común y la ética personal de cada individuo.

En estos días de guerras de la paz es necesario hacer hincapié en el sufrimiento de esta gente que vive a diario.

La película enfoca los prolegómenos a seguir en un caos que afecta a los palestinos, y estos, de una manera absurda y sin sentido, se ven en una tesitura terrible por el protocolo que los asesinos sionistas han desencadenado de manera arbitraria y autoritaria en todos los pueblos que bombardean.

Ya no padecen solamente niños y ancianos, la padecen el pueblo llano, en definitiva, los civiles.

Todo el decorado donde se fundamenta la cinta es un decorado de oficina. Una oficina simple de los servicios de emergencias palestinos, una oficina parecida a la que nosotros acudimos en momentos de necesidad.

La Medialuna Roja es un servicio relativamente ineficiente debido a que dependen de las directrices del Ministerio de Salud israelí y la Cruz Roja internacional, ya que está todo supervisado por el protocolo de la OMS, y se rigen por los siete principios fundamentales de la institución de socorro (medialuna Roja). En todo momento deben de hacer saber sus emblemas, su localización y sus siete principios fundamentales en la evacuación y el rescate de seres humanos. Pero es una situación que muchas veces se ve boicoteada por los militares israelíes que burlan su misión de ayuda humanitaria, Las Fuerzas Armadas israelíes asesinan y represalian a sus empleados y colaboradores. La medialuna roja palestina busca ayudar y dar auxilio a toda la población civil del territorio ocupado de Palestina y ayudar en la evacuación de la población en peligro, imposible a menudo ya que son objetivos directos del fuego de los militares israelíes.

Y esto no es un problema palestino, es un problema global. Somos testigos en estos tiempos de mundiales como han abucheado a los iraníes en su debut en estos momentos en los que su pueblo es acribillado con el consentimiento de Trump y sus secuaces. Estaría bien que no hagamos de esto un acto de total ceguera aberrante, y que los principales culpables no hagan de la barbarie una moneda de cambio para redimir de culpas a una sociedad que somos todos.

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Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La montaña sagrada (1973)

Alejandro Jodorowsky

 Después de una fiebre amatoria con una depresión que ni la Fluoxetina podía redimir, caía de cansancio, me desmoronaba poco a poco.  Sudaba y sudaba, fenecía de tedio, padecía de una angustia existencial, sucumbía a la larga noche de silencio. Era como padecer de un llover sobre mojado. Estaba humedecido por la realidad de la vida que no es completamente verdad.  Estaba tedioso y pesadumbrado. Así que me puse a hacer zapping. A buscar erráticamente en la larga y difícil selección de cualquier plataforma cinematográfica. Pongamos que buscaba algo distinto; pongamos que buscaba, sin saberlo, una película que cambiara todo el concepto que tenía del cine; y que a la vez cuestionara el hecho de hacer reseñas sin sentido, pues carecía de fuerzas para encontrar un largometraje que me atrajera.  Sentía que todos estaban decantados por el cine infumable de la gran cinefilia de palomitas, o la diversión en familia. O todo lo que eso conlleva, un aburrimiento hecho espesamente desde mis vísceras reales. Entonces apareció LA PELÍCULA POR ANTONOMASIA.

No he visto una cinta tan severamente eficaz e inigualable contra el mal del tedio como esta. Escava en el concepto de convertir lo raro en arte y de la fealdad, pura expresión; los estereotipos transformados en verdadera crítica. Era algo semejante a echarnos sosa cáustica en el glande. Era como meter el dedo en la llaga de todas las cosas habidas y por haber. Era el hecho preferencial de haber encontrado un gran poema posmoderno. Ya que solamente un poeta, en toda su extensión, en toda su envergadura, pudiera recrear tales imágenes surrealistas.

A medida que el largometraje discurría pude calmar mi melancolía febril. Pues necesitaba eso, salir del bucle de una puesta en escena para darme el verdadero revulsivo que necesitaba. Al encontrar mi verdadera Montaña Sagrada encontraba también una razón por la que partirme la cabeza, ya que no había visto nada parecido desde la filmografía de Pier Paolo Pasolini (según qué películas, claro).

Entré en una vorágine de poesía en toda su extensión, en toda su amplitud. Comprendí por qué estaba en el lugar preciso, en el momento justo. No era un alambicado experimento al uso. No era una provocación, era algo más que todo eso. Criticaba el judaísmo, el cristianismo, el budismo y a la vez la siempre crítica mordaz de cualquier religión. Sea esta cual fuere.

Jamás he visto una cosa parecida. Es, en toda regla, una liberación. Tenía giros que invitaban a reír, a reír a carcajadas. Llegaba al hecho en sí de decirnos: —¿Por qué los seres humanos somos tan imbéciles? ¿Por qué nos complicamos tanto la vida por cosas que no hemos visto? ¿Por qué no nos damos cuenta de que lo sagrado no tiene nada que ver con lo establecido?

Ahora me alegro de haber padecido otro clima febril al haber dado la espalda a la cordura y la tediosa justificación poética. No es el primer largometraje en el que mete el dedo en la llaga. Alejandro es un poeta en el sentido más pernicioso del término. No quiere dejar cabo suelto, y no quiere que, a la vez que provoca, tampoco deja títere sin cabeza. Me da la impresión de que se ríe de la superstición, se ríe de lo complejo que hacemos la vida, se ríe a carcajadas.

Justamente ahora que he encontrado esta película, que es una obra de arte, una total obra maestra, sin decir también que es toda una obra de culto, resulta también un acicate provocador que nos hace pensar. Y no me refiero al “revulsivo” como un electrochoque, me refiero al hecho revolucionario de hacernos ver que el cine es eso: mostrarnos la cara tétrica de la vida, aunque el coste sea aquello que nos muestra su carcajada más lisérgica.

Lima en prosa poética-por Cecilio Olivero Muñoz

Qué lejos del antiguo Callao está la vieja Lima, aunque estén juntos y pegados con arrepentida goma de liria. En Lima siempre habrá un sístole y un diástole replegado en las pesadillas.

La vieja Lima ata a sus muchachas casaderas con mantequillas. La vieja Lima teje púrpuras de escarlata en el párpado vertical de las chiquillas, que trepan seguras e insensatas como si fueran margaritas del sí y el no. Mientras se arrojan descompuestas de pétalos hacia las orillas, desde el letargo a las vigilias, desde la raíz a la flor, desde la letanía de las niñas todos los placeres de Eva llevan un Adán de barro en las costillas, entre las tablas periódicas y los vademécums, entre la posología de las pastillas, entre los desmayos de los muñecos que desde estrellas de escarcha chamullan amables mientras desfloran la vida y otras chillan parábolas de insectos que dan vueltas a las bombillas, dando fe en ciertos edictos sin causa y sin efecto.

La vieja Lima no tiene tarima ni rima, camastros amorfos sin calor medio olvidados y, entre comillas, urgen un profanado chance de casillas bajas a hombres tatuados, y otros que se quedan derrotados de color y forma como huecas semillas. La vieja Lima, tiene una muralla de hielo por donde se asoman los páramos del extrarradio de fierro desde sus mirillas al subsuelo infinito. La vieja Lima es gaseosa de limón que mezcla su mantel de pisco tan de cuclillas, siempre en cuclillas, las horas de besos húmedos de amor, y las visitadoras de rosadas mejillas enteras de desamor que se enarbolan de maravillas, cantan y paralizan la danza del huaino hecha canción desde las parrillas humeantes, que no encuentran un sesgo de contrito color.

La vieja Lima tiene un tráfico peligroso desde los ticos que corretean distritos como polillas, tienen un no tajante que deja corazones rotos entre potros que escuecen como sal y sol de las cuchillas, la gente los piropea y les tiran flores y peladillas, con un arcoíris de distintos colores se asoman desde las ventanillas, y no hay luna sin dios, no hay delito sin un ladrón, no hay un deleite de picardías que teman al frío de abril redentor, y a las muselinas opacas de las habladurías, se vierte la sinrazón de valses que son mentira y una elegía de dolor a una alameda de una Chabuca Granda enaltecida.  La vieja Lima tiene una cochambre de cielo, y una nublada vista marina.

 La vieja Lima es errática por sus noches ebrias repletas de filantropía y terciopelo, por sus sueros de lejanías, y sus huéspedes de porqués oropelados que gimen desnudos de riesgo en las entrañas de esta algarabía. La vieja Lima, lleva cartujas y cartujanos en los balcones que llevan a su plaza de Acho el amor y a su torero a hombros.

La vieja Lima tiene muchachos hirientes que con lentillas buscan la hojarasca del rastro con sus caras amarillas y sus ojos blanqueados.  La Lima que yo he vivido es una Lima sin Lima, es un Callao chalaco desde la hidalguía a la ventana fría, desde el desfile al frescor de alabastro, desde la plaza al simulacro, desde los puchos a las colillas, desde un transeúnte al serenazgo o un guachimán sin su silbato. La noche de Lima tiene un rubor de noche y de morería, de espejo frente a otro, de perfume a cerveza fría y tabaco de contrabando, desde la voz repleta de manzanitos y plátanos.

La vieja Lima no me ha conocido entre poemas profanos y todas las cosas sencillas. Ay, vieja Lima, cumbre de mis suspiros y de mis cosquillas.