Lima en prosa poética-por Cecilio Olivero Muñoz

Qué lejos del antiguo Callao está la vieja Lima, aunque estén juntos y pegados con arrepentida goma de liria. En Lima siempre habrá un sístole y un diástole replegado en las pesadillas.

La vieja Lima ata a sus muchachas casaderas con mantequillas. La vieja Lima teje púrpuras de escarlata en el párpado vertical de las chiquillas, que trepan seguras e insensatas como si fueran margaritas del sí y el no. Mientras se arrojan descompuestas de pétalos hacia las orillas, desde el letargo a las vigilias, desde la raíz a la flor, desde la letanía de las niñas todos los placeres de Eva llevan un Adán de barro en las costillas, entre las tablas periódicas y los vademécums, entre la posología de las pastillas, entre los desmayos de los muñecos que desde estrellas de escarcha chamullan amables mientras desfloran la vida y otras chillan parábolas de insectos que dan vueltas a las bombillas, dando fe en ciertos edictos sin causa y sin efecto.

La vieja Lima no tiene tarima ni rima, camastros amorfos sin calor medio olvidados y, entre comillas, urgen un profanado chance de casillas bajas a hombres tatuados, y otros que se quedan derrotados de color y forma como huecas semillas. La vieja Lima, tiene una muralla de hielo por donde se asoman los páramos del extrarradio de fierro desde sus mirillas al subsuelo infinito. La vieja Lima es gaseosa de limón que mezcla su mantel de pisco tan de cuclillas, siempre en cuclillas, las horas de besos húmedos de amor, y las visitadoras de rosadas mejillas enteras de desamor que se enarbolan de maravillas, cantan y paralizan la danza del huaino hecha canción desde las parrillas humeantes, que no encuentran un sesgo de contrito color.

La vieja Lima tiene un tráfico peligroso desde los ticos que corretean distritos como polillas, tienen un no tajante que deja corazones rotos entre potros que escuecen como sal y sol de las cuchillas, la gente los piropea y les tiran flores y peladillas, con un arcoíris de distintos colores se asoman desde las ventanillas, y no hay luna sin dios, no hay delito sin un ladrón, no hay un deleite de picardías que teman al frío de abril redentor, y a las muselinas opacas de las habladurías, se vierte la sinrazón de valses que son mentira y una elegía de dolor a una alameda de una Chabuca Granda enaltecida.  La vieja Lima tiene una cochambre de cielo, y una nublada vista marina.

 La vieja Lima es errática por sus noches ebrias repletas de filantropía y terciopelo, por sus sueros de lejanías, y sus huéspedes de porqués oropelados que gimen desnudos de riesgo en las entrañas de esta algarabía. La vieja Lima, lleva cartujas y cartujanos en los balcones que llevan a su plaza de Acho el amor y a su torero a hombros.

La vieja Lima tiene muchachos hirientes que con lentillas buscan la hojarasca del rastro con sus caras amarillas y sus ojos blanqueados.  La Lima que yo he vivido es una Lima sin Lima, es un Callao chalaco desde la hidalguía a la ventana fría, desde el desfile al frescor de alabastro, desde la plaza al simulacro, desde los puchos a las colillas, desde un transeúnte al serenazgo o un guachimán sin su silbato. La noche de Lima tiene un rubor de noche y de morería, de espejo frente a otro, de perfume a cerveza fría y tabaco de contrabando, desde la voz repleta de manzanitos y plátanos.

La vieja Lima no me ha conocido entre poemas profanos y todas las cosas sencillas. Ay, vieja Lima, cumbre de mis suspiros y de mis cosquillas.

Reseña literaria-Cecilio Olivero Muñoz

Huérfano buscando el mar

Pablo Méndez

Editorial Vitruvio, 2026

Colección Libros del 30

Se apellidan expósito todos los bebés que fueron a parar a la inclusa. Porque no eran hijos del lugar, ni del parentesco, y huérfanos eran desprendidos de la sangre y de la esperanza, y sí lo eran, depositarios y despojados de una nada entre las estrellas guía. En este poemario se puede pensar que el huérfano buscando el mar es Pablo (autor). Pero Pablo tiene todo un mar donde sus brisas y sus olas acuñan su sueño de ver a sus seres queridos a los que echa de menos. Pero eso es demasiado obvio.

Leer este poemario es abrir una caja de bombones, que viene con mucha calidad presentado, ya que luce una tapa dura como la grata literatura, como un dulce nada empalagoso, que descifra e hilvana preguntas sin respuesta.

En este poemario Pablo ha hecho suya una poética que se desnuda y por la que te sientes reflejado en el lugar idóneo, porque todo aquel que haya perdido a un ser querido se verá reflejado en sus poemas, en su literatura, en una elegía conmovedora que todo apunta a que Pablo tiene un corazón que acepta el mar frente a la pérdida inexorable de la carencia temprana.

Cuando un huérfano encuentra al mar, también debe encontrar un faro. Cuando un amante del mar y su salitre encuentra un consuelo que mezcla lo dulce y lo salado, a partes iguales, es tremendamente coherente con la pérdida cercana. Como un corazón que se presenta helado, y a la vez caliente, caliente y agridulce como parte del peculiar verano que rezuma a poemas tiernos, nostálgicos y conmovedores.

Pablo es un poeta con una voz dulce, tierna y, a veces, en según qué ocasiones, es alguien que cobija la poesía taciturnamente, en las postrimerías del día, es un poeta amigo de la tarde y del mediodía. Pablo tiene una obra de calidad. Es, se nota, un amante del verso breve y explícito. Que combina muy bien atando todos los cabos, aquellos donde la oleada del mar se estrella en la sensibilidad de un niño que siempre será niño, aunque tuviera cien años.

Pablo es parte de una ola que se estrella en el espigón sin viento, ya que es una piedra inamovible, en el que caen todos los poemas que nacen desde la falta que nos hacen los poetas así.

Cinefilia- Cecilio Olivero Muñoz

Los lobos de Washington

 1999, suspense-acción

Mariano Barroso

La traición es el germen nefasto y permanente de una incauta amistad. Una amistad que sea confiable es evidente, pero huelga decir que poco difiere de clase social o parentesco, o tal vez todo lo contrario. Hay cierto mimetismo con respecto a los personajes de esta película y la actitud que estos plantean ante la vida.

En esta cinta, Miguel, interpretado por Eduard Fernández, es un profesional sin escrúpulos que por dinero mataría a su abuela si fuese oportuno; Alberto (Javier Bardem) actúa como un hombre incauto y alcohólico al que todos engañan, y luego está el exjefe de ambos, Claudio, interpretado por José Sancho, un hombre de negocios que, siendo un necio, quiere salvar su matrimonio cínicamente construido por medio del dinero.

No ocurre sólo en la película, también en la propia vida: la gratitud es el bien sagrado de los seres humanos. Y en este juego que “no es la vida”, todos traicionamos con la codicia de lo que no tenemos. El caramelo que, creemos infinito, mientras que se saborea el fruto de la huida incesante desde la pobreza, hace a mujeres y hombres sumergirse en el asco y la flema de la felonía. Pero esto no es una lucha de clases, es una arcada de sangre y bilis, es el egoísmo del acaparamiento. Bocanadas de oxígeno exigimos, pero siempre es poco. En la biblia se dice que dijo Jesús de Nazaret No solo de pan vive el hombre, pero la sabiduría de Sócrates sentencia No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Este es el pan de los hombres, el monto perplejo donde los traicioneros no ganan nunca la pelea por la vida. Lo incauto de los inocentes y los ingenuos es el pan de los miserables. A quienes engañan los miserables se romperán para siempre y por siempre en el amor construido en la nostalgia para desconfiar hasta de su sombra. Un desconfiado se fía de todos aquellos que babean al contemplar la inocencia desnuda. Un hombre que ha sido traicionado se va a su casa, no solo estafado, se va derrotado y vacío, y la primera vez ha sido engañado, pero si lo engañan una segunda vez, será suya toda la culpa.

Los traidores tienen una purga garantizada que los depura para siempre. En la monótona lluvia ácida de los hospitales habitan más rezos y plegarias que en la rosa seca y compungida de las habitaciones. Ellos mienten, y lo saben, ya que en la lúgubre estación que dormita sin un sueño maduro, la confianza es verde y pasto de la enemistad; entre las cápsulas vacías del invierno, nadie es quien parece, y todos tenemos un lado oscuro. El escarnio deliberado es un acto tan severamente reprochable, que pagan su cortapisa hecha karma desde la efímera existencia que tenemos, que nos empalaga a ratos, otras nos cansa, y entre la viruta del silencio clama a la amistad un símbolo de plastilina. La verdadera lealtad de ser bueno es nociva. La verdadera esencia del ser humano es necesaria. El ángel interior que muy pocas veces saca la cabeza es por todos vilipendiado.

La vida está repleta de accidente. Una solemne letanía de olvido que acuna con el arrullo del viento se sostiene toda, toda la vorágine escuálida como el esqueleto de un pez, al que lo han devorado los tiburones. Soñamos en los orificios del alba, y del alma, del espíritu que somos, mientras que los policías beben cúrcuma gaseosa del olvido y son el engañabobos perfecto en los clubs, la certeza de los camioneros sucios conduce a saborear el asco de los proxenetas.

Todos engañamos de alguna manera. Desde la insensatez que nunca nos mira, tenemos otra insensatez que apenas perdona.

Se anuncian batallas por el repugnante papel moneda, que tanto difiere de la sociedad del trueque. La amistad se tiene, pero estos personajes adquieren una relevancia que hiere a la resignación que por ellos se tiene y la conmiseración que sin ellos se ausenta, porque dan pena. Pero a la vez se les odia.

El beneficio de la duda es posible, lo que no lo es, para nada, es la instrumentación del dinero, para escapar de la ciudad, para escapar de las afueras de esta limítrofe barriada, de este oscuro extrarradio. Cuando viene en los hogares una desgracia, nunca viene sola. Puede venir ésta acompañada de la desolación y la tristeza, a la que un galeno, inventor de diagnóstico, le puso el nombre de “melancolía”.

 Nos apuntamos con las eternas pistolas de la enemistad, y estas no creen en nadie, porque las carga el diablo. Y todas llevan una bala que nos quema, en el latido de la sangre de los inocentes, y en el último suspiro de los incautos. Y mantenemos un círculo reducido de descrédito en todas las facetas de la vida.

Poema en prosa-Cecilio Olivero Muñoz-A mi padre, Fermin Olivero Quiroga

LLAGAS EN ABRIL

 

Me quemo en este hielo perpetuo. El olor a incienso y el olor a cirio encendidos son olores que se expanden no por donde pasa el señor, sino por donde pasan repentinos demonios en abril. Como si estos cambiaran el olor a azufre por el de los cirios.

 

Nunca he soportado el olor de las velas encendidas. Pero cuando más asco me dan, es cuando se apagan.

 

Tampoco sé cuándo vendí mi alma a la poesía. A esa poesía que es en Sevilla donde germina. Hay plagas de gentes sumergidas en la mística túnica morada. Recuerdo a mi abuela con su hábito de la virgen del Carmen. Su patio repleto de avispas, ya que atraían la fiebre del injerto entre el naranjo y el limonero. Andalucía tiene un rostro repleto de raza en la morena carne de sus sueños de árabe esperanza. Cada vez que pasaban por la carretera del pueblo de mi padre los toros, en sus camiones que olían a matadero, mi padre me decía: —Ahí van los toros de lidia para la plaza.

 

Sevilla profunda, esa curiosidad como un vicio que no molesta, pero es como preguntar ¿y tú de quién eres? Mi bisabuela dio a luz a más niños, aunque ella sólo tuviera dos. Ahora estoy viendo una sevillanía desde el televisor. Si les soy sincero es el único programa que veo todos los años. La Madrugá es tan bella que apetece verla sin olores. Como un deseo y un sueño de estar allí. Pero sin olores, ya que no soporto a los que rezan una vez al año, aunque también hay gente que reza a diario, y las letanías se avergüenzan de sus rezos que, por los labios, se intoxican de río y jazmines, ya que se entregan a la inmaculada presencia desde los balcones hasta el amanecer.

 

 

Le pregunto a los coches que pasan por mi calle si han visto mi corazón de piedra en alguna tasca del barrio, en esas donde no saben de mis restos, ni de mis lúgubres te quieros, ni de mis solares te amos. Les pregunto: —¿y si yo pusiera con rocas del mar eterno un espigón de acero por el que quebrantar entera la esperanza, mi esperanza, la de ellos? ¿Qué más me pasaría si todo es un roce abrupto que me despedaza, que me fulmina, como un rayo de alegría boba? ¿Por qué me aliena la vida de los samaritanos heridos si yo he sido el más samaritano de los borregos? Si yo pusiera nombre a todas las calles que recuerdo, ¿por qué no me encuentran ahora en la toponimia infinita de los cielos nublados? Aquellos que es predecible la lluvia dentro de los pensamientos negruzcos. ¿Por qué no me reconoce el amor de los que me vieron con los ojos cerrados? ¿Por qué me acusan ahora de lo que antes no era? ¿Por qué me encadeno a todas las tablets del mundo? ¿Por qué tu libertad no es la mía? ¿Por qué me anudo a los trenes cercanos a la tierra? ¿Por qué doy palos de ciego y ya no noto la presencia de nadie?

No se me quita la lombriz eterna que se hace y se deshace de cuevas de barro sin esperanza. Eyaculo tu nombre en los espacios comunes del tiempo. Me siento atenazado en la ebria sed de mis suspiros. En el soliloquio efímero de los romanceros. ¿Por qué lloro mi soledad de ermitaño en los rincones de esta casa mía? Hace años que no permuto mi nombre en los iracundos espacios que ya no recuerdo. Ya no abro candados a gritos porque he perdido hace tiempo la idea insistente que anuda cordeles blancos. Nadie me salva de la espera de no tenerte. Me han decretado ante la soledad de los campos extranjeros de ciudad. Me han subyugado en la témpera de sueños que el anaranjado bostezo se camufla en los butaneros que lloran pura agua que grita.

 

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

GENA Y JOHN

MATRIMONIO Y DESEQUILIBRIO 

 

Sin duda el tándem por antonomasia en la historia del cine estadounidense independiente es la pareja singular entre John Cassavetes y Gena Rowlands. En los papeles que interpretaba Gena siempre había una locura y una rareza que no difería demasiado en la vida conyugal de la pareja. John Cassavetes es la originalidad, es la perseverancia a través de la cámara; su mujer y musa, Gena Rowlands, es sin duda la actriz dotada con sesgo de cordura y de locura. Gena interpretaba papeles de mujer trastornada. Al margen del arquetipo de madre y ama de casa tradicional, actuaba a la perfección con un desequilibrio que conducía a una impronta entre director y actriz protagonista, encarnando la decadencia conyugal. Gena interpretaba la esposa desequilibrada y lo hacía con tanta perfección que emanaba aires de locura profesional. Era grandioso verla conjugar a la mujer en discordancia con la idea que se tenía de mujer estadounidense y esposa felizmente casada en armonía. La relación del matrimonio pasaba por varias crisis, no sólo en las películas en las que Rowlands y Cassavetes ejercían cada uno su labor, sino que eran un matrimonio difícil y totalmente contrapuesto al matrimonio estereotipado obligado a ser una pose en la sociedad norteamericana de los setenta.

 

Era ver a Rowlands actuar y resultaba por completo creíble. Hacía un claro papel de mujer enajenada, con verdadero desequilibrio que proyectaba a la perfección una sociedad aberrante, enfermiza, de pura fachada y maquillaje de apariencia fingida tras un mundo convencional, anodino y demente.

 

En películas como Gloria (1980) o Noche de estreno (1977) Rowlands ejercía una traspapelada función interpretativa con una responsabilidad que llama la atención. Gena es un animal interpretativo, creando en el espectador una ligera idea de lo que John era capaz de transmitir a través de su musa y esposa.

 

 En el film Una mujer bajo la influencia (1974), Gena ofrecía veracidad ante un papel de mujer fatalista y con una locura que hacía creíble al mismo tiempo que se aproximaba al contexto de crisis matrimonial en una sociedad hipócrita y con una doble moral aberrante. Recomiendo el cine de esta pareja de genios. Un matrimonio distinto con diferencias reales, en su vida dentro y fuera del cine, aunque con una filmografía especialmente interesante. Son un singular retrato convincente, un calco de lo que nuestra sociedad moderna oculta tras las trasparencias de la hipocresía. No es de extrañar que esta pareja creara unas películas que ponían de manifiesto la verdadera razón de la América infeliz, con un cierto interés en aparentar un mundo falso que llevaban a extremos de verosimilitud.  Los clichés tan profundamente originarios de una familia blanca y de clase media en un mundo completamente sesgado hacia la más absoluta inercia de la cáustica matrimonial. 

 

No dejen de ver cine de estos dos monstruos de la historia del cine independiente. Quiero recordar otro título dirigido por el hijo de esta pareja. Nick Cassavetes, la película en castellano se hace llamar El Diario de Noa (2004) donde Rowlands hace un papel magistral. En inglés la película se titula (The notebook) y Argentina, México, Chile y Venezuela se titula (Diario de una pasión) donde se puede ver al hijo de Cassavetes poner sus apellidos a una cima que no deja indiferente a ningún seguidor de esta familia de creadores. Altamente recomendada para aquellos que sufran la enfermedad de Alzheimer a quemarropa. 

32ºNúmero de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

Una historia verdadera (1999)

David Linch

 

Estamos ante algo más que una simple road-movie. La película nos resulta tierna sin ser por ello empalagosa, no cae en la cursilería, siempre con los sentimientos a flor de piel. Debido a los hábitos alimenticios y otras martingalas, el protagonista entiende lo corta que es la vida y lo fácil que es hacer el bien por los demás, pero aún más por nosotros mismos. Ese es el primer paso de una cadena de acontecimientos que va en aumento a medida que avanza la película.

 La sinopsis en sí es muy sencilla y simple. Este anciano se entera de la convalecencia de su hermano menor y para encontrarse con él recorre un largo territorio montado en una cortadora de césped. Viaja con lentitud, con parsimonia, hecho que da lugar a la aventura en el trayecto, ya que la historia no está en el destino, sino en el camino.

 Este hombre acaba entendiendo lo corta que es la vida. Y se decide a hacer este viaje, sin importarle la lentitud, para ver a su hermano, para saldar cuentas frente a un pasado del que tiene remordimiento. En la película suelta una perla definiendo su juventud. Toca el corazón cuando un tanto resignado, asume que ya pasó su momento.

El desarrollo de la historia se va desenvolviendo justamente pueblo a pueblo, milla a milla, y desde el primer momento intuyes que va a ser una película de las que emocionan. De las que dejan huella. De las que nos muestran la cara redonda de la vida desde la telúrica idea de que todo el mundo es bueno, y que hay esperanza en la humanidad.

También es un espejo frente a otro donde se cuenta una historia que tiene que ver con la sociedad moderna, donde se retrata un oropel caduco y no falto de costumbrismo de la vida real, a veces edulcorada por un Hollywood de largometrajes vacíos de emociones.

Pero cabe reseñar el viaje, que es lo interesante de la trama urdida con gran exigencia actoral. Se descubre que toda la aventura en su intenso viaje por la Norte América profunda es un descubrimiento para el espectador, ya que contiene un cálido homenaje que recae en una bonita historia que se va hilvanando pueblo a pueblo, anécdota en anécdota y personaje a personaje dejando una huella con una impronta humilde y veraz, recayendo en la fuerza expresiva de cada actor y, por ende, en cada personaje en sí. Se muestra una profundidad poética de la sociedad, siempre absurda donde no predominan los sentimientos ante la vorágine del vivir.

Cabe mencionar un diálogo en el que se habla de un incidente de la segunda guerra mundial que deja su hiel en las almas en pena de la Norteamérica combatiente.

Es a la vez, una poesía posmoderna de la que te emociona en los detalles más inesperados. Con ella te das cuenta de que la vida es breve, que debes dejar tu orgullo y entregarte al amor por esa misma razón, al amor entre todas las cosas de la vida. Debes de mirar la vida con la parsimonia de un viaje lento en el que la verdad no está en el destino, la verdadera esencia de la vida está en la suma de personas que vamos encontrando a lo largo del camino.

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

La isla interior (2009)

de Dunia Ayaso

y Félix Sabroso

Tres hijos sufren la herencia de sus padres. Les afecta una tara psicológica, aunque eso no quita que tengan las mismas preocupaciones, satisfacciones o carencias que cualquier padre. Con un excelente reparto —Alberto San Juan (Martín), Candela Peña (Coral), Cristina Marcos (Gracia), Celso Bugallo (Juan, el padre) y como madre Geraldine Chaplin (Victoria)—, este filme es tan sugerente como también desgarrador. Estamos ante un suspense/drama que exterioriza muy bien lo que una enfermedad mental supone y puede ocasionar, no solo para los progenitores, sino para los hijos como víctimas de la descendencia injusta que éstos sufren.

Tener una enfermedad psíquica es algo complejo. Y por ese gran esfuerzo, tanto en la interpretación como en la credibilidad de estos grandes actores, incluidos los actores secundarios, que realizan una película que no dejará al espectador indiferente. Pero más complicado es para los personajes su rutilante día a día. Es importante recalcar que los actores logran que cada personaje sea creíble, llevándolos a un estrato más allá de la interpretación, porque se sumergen en el abismo de cada uno de ellos. Si la valoramos mediante el estigma sufrido, esta película no deja cabos sueltos. El estigma que sufre toda la familia se exterioriza y se interioriza. Es como tener miedo a su actitud en la que ellos mismos tienen como comportamiento una debilidad y una personalidad que los hace frágiles, ya que les ocasiona descrédito y miedo a los tres hijos por igual, y la culpabilidad del padre les muestra el lado oscuro de la enfermedad.

Los actores realizan un trabajo interpretativo excelente. Es una interpretación tan profunda la que llevan a buen puerto que a veces la ficción supera la realidad. El dramatismo de los cinco protagonistas es sugerente y embaucador, es arriesgado y verosímil. A pesar de lo que trasmiten el elenco está totalmente compenetrado. El personaje de Victoria posee una angustia un tanto optimista, debida a que ama y entiende a su marido enfermo. Sin embargo, el padre, a pesar de su enfermedad psíquica (esquizofrenia) denota preocupación por sus tres hijos. Son padres que viven alternando el bienestar como progenitores con el hecho de ser felices pese a sus limitaciones, hecho que tanto al padre como a la madre los acondiciona tanto que estos crean un atisbo de familia disfuncional creíble.

Huelga decir que, aunque los hijos finjan una inclinación de ser padres, o tener pareja, a veces es preciso evitar serlo, porque ese anhelo se convierte, o puede convertirse, en una total pesadilla. Ninguno de los hijos del matrimonio es apto para tener hijos. Y la cinta plantea problemas de identidad que son especialmente oscuros ante la posibilidad de una vida aparentemente feliz.

Cabe destacar los personajes de los hijos tan marcados, y subrayo en especial a Martín (Alberto San Juan), profesor de literatura y escritor, como el personaje más elaborado de la película. También es destacable el personaje de Coral (Candela Peña) que interpreta un papel con gran deleite de matices en su capacidad como la gran actriz que es, llevando a consecuencias extremas el hecho de ser señora de la limpieza y amante del marido/jefe a la vez. También cabe destacar el personaje de Gracia (Cristina Marcos) en los que cabe resaltar su interpretación en su labor como actriz de una serie, como en el papel de hija y enferma psíquica, lo que indica su gran versatilidad actoral.

No dejen de ver esta película, tanto si son enfermos psíquicamente como si no.

 

 

 

 

 

 

Cinefilia-por Cecilio Olivero Muñoz

The Hours, Las Horas

2002

Dirección: Stephen Daldry

Adaptación de la novela

de Michael Cunningham.

 

 La sexualidad es algo muy personal. Y también púdico, tanto que muchas veces tendemos a autocensurarnos por el qué dirán. La autocensura es un lastre que nos condiciona y nos encamina hacia una crisis tan afectiva y emocional que muy pocas veces salimos indemnes.

Vivir de las apariencias es un error tan sumamente perjudicial que nos desangra la existencia para dejarnos morir mientras la vida nos pasa. Se debe ser valiente por y para afrontar la opinión de las personas equivocadas y necias. La vida es un cúmulo de padecimientos que nos mella las libertades básicas. Y si nos sentimos cohibidos y carentes de amor propio de cara a la galería, por mera fachada, acabaremos por engañarnos, y eso es un preámbulo nocivo para nuestra autoestima.

Esta película trata de tres tipos de mujeres. De mujeres sufriendo una carga emocional que las relega a la frustración irremediablemente; de hombres paridos por mujeres que sufren por estas mujeres sin ellas pretenderlo; y de hombres que viven un autoengaño del que son partícipes como en un castillo de naipes frágil y vulnerable, que la sociedad de hoy y no demasiadamente antaño, les impone de manera aberrante y escandalosa subrayando su ignorancia.

Tres mujeres al unísono se enfrentan a una causa estéril en la sociedad moderna. Desde tiempos decimonónicos hasta la vida actual en sus circunstancias. Una de ellas es Virginia Woolf; las otras dos, personajes al uso como un río donde desembocan las circunstancias de una manera lésbica de vivir que tiene connotaciones adversas. Tanto para sus parejas como para sus descendencias.

Estas mujeres que eligen una vida equivocada por contentar a una sociedad errónea, falsa, equivocada, prejuiciosa e hipócrita también, son un caldo de cultivo del que no saldremos ilesos, y así perjudicamos a aquellos que nos quieren. Sobre esta película hay un clarísimo mensaje, ya que es un drama en tres épocas distintas. La trama se sustenta en las relaciones lésbicas y sus resultados caóticos, cuando, en contra de lo que la sociedad impone, y llevando una vida fingida y artificial, se agazapan matrimonios en unas vidas a contrapelo. En unas vidas que están totalmente vacías.

La cinta, repleta de buenos actores, Nicole Kidman (galardonada con un Oscar), Meryl Streep y Julianne Moore, refleja personajes que viven vidas tóxicas y nocivas porque aman, porque tienen sentimientos, porque se entregan a contracorriente de lo que ellas realmente ansían.

Dicen que la bondad de una película es un ingrediente aportado por el guionista; otros dicen que es tarea y éxito del director; otros piensan que está en el montaje. Pero yo creo que lo que importa es el guión. Sin un buen guión confeccionado con tesón y cuidadosamente elaborado la película no funciona. Vean esta película. Digiéranla y saquen sus propias conclusiones, comprobarán que no les deja indiferentes.

 

 

Cinefilia-Por Cecilio Olivero Muñoz

Una Pura Formalidad

1994

Giuseppe Tornatore

 

 

Un escritor llamado Onoff es detenido en una noche lluviosa en la campiña francesa tras haber asesinado a una mujer. Es capturado por los gendarmes y llevado a una especie de castillo en las montañas. El inspector que lo interroga al averiguar quién es el tal Onoff descubre que es un escritor afamado por él leído. El interrogatorio se convierte en una narración en sí repleta de recuerdos y flashbacks a través de un interrogatorio a dos bandas, en un diálogo interesante el inspector le muestra la contradicción a la cual estamos inmersos. Hay elementos metafóricos que aluden al oficio de escribir y lo que esto supone. Está claro que este escritor ha cometido un delito. La película da un giro copernicano en su final. El comisario indagando en las pesquisas del asesinato, ya que se sabe que el protagonista ha matado a una mujer, al final resulta evidente que es llevado a la cárcel.

Cabe advertir al público lector que no es por casualidad el nombre de Onoff, ya que lleva implícito algo más que el apagado-encendido de un artefacto; el apelativo es una dicotomía existencial que desemboca en lo que significa el nombre en sí. Entiendo que el nombre es una característica entre la dualidad del personaje protagonista y lo que este significa. La dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la noche y el día. Es un enfoque donde se contempla al ser humano dentro de una bipolaridad ante esta metáfora evidente.

La cinta es un thriller con alto suspense llevado al teatro y a la gran pantalla. Tornatore nos plantea una metáfora visual rica en detalles como el tiempo adverso que hace en una noche lluviosa. También el cepo que está en los contornos de la comisaría es un elemento metafórico y persuasivo, es un excelente símbolo de que es imposible escapar de la metafísica de la vida. El elemento de la leche caliente es de un simbolismo bastante atractivo. También ocurre que tras haber encontrado una mancha de sangre en su camisa cuando está lavándose en el baño lúgubre de la comisaría es un punto de no retorno, ya que lo intenta destruir y hacerlo desaparecer, pero al ser una tarea imposible acaba comiéndolo.

Otro elemento característico es el ambiente de tormenta y las goteras que tiene el obscuro castillo. Ya que llueve adentro y llueve, como es lógico, también afuera.

Al comienzo, el protagonista se revela contra la autoridad, y se contradice constantemente. Pero al paso de la cinta y la confianza hospitalaria que el comisario (Román Polanski) le ofrece al interrogado se le suelta la lengua.

Al final de la película descubres que nada es lo que se esperaba. Ya que todos pasamos por un interrogatorio a lo largo de nuestras vidas, pero muy pocos pueden omitir las culpabilidades de nuestros errores. Es nuestro deber o no eludir a la justicia, aunque el destino sea lluvia y frío, aunque no imaginemos lo que el destino nos tiene preparados. La vida es como las olas del mar. Aparece una ola y segundos después aparece la siguiente igual e idéntica.