De paseo por la cinemateca-Cecilio Olivero Muñoz

-DE PASEO POR LA CINEMATECA-

SOBRE LA PELÍCULA «ALGUIEN VOLÓ 

SOBRE EL NIDO DEL CUCO»

Es una película de Miloš Forman, director que a menudo recurre al tema de la reclusión, basada en una novela de un escritor no muy conocido, Ken Kesey. La película se estrenó en el año 1976 en España. Pero la novela es de la década anterior.

Jack Nicholson interpreta al protagonista, McMurphy. En una labor magistral, se recrea el estereotipo de un ser inadaptado. Es un outsider vicioso, mujeriego y pendenciero a quien trasladan desde la prisión donde se halla condenado a trabajos forzados al hospital psiquiátrico, con el sambenito de que no quiere trabajar. La película transcurre en un sanatorio, y, como en todos los hospitales, se vive ese ambiente tenso en cada rincón, tensión a la que te vas acostumbrando. 

Llevan a cabo una terapia de grupo donde se deja entrever cierto sesgo de temas civiles o raciales, comenzando con el propio personal a cargo de los enfermos psíquicos. Hasta que llega McMurphy y lo revoluciona todo. Como en cualquier hospital psiquiátrico, están aquellos con los que se puede hablar y los que son personas incapaces de comunicarse. Viven en su mundo y se diferencian del resto de enfermos.

Es necesario recalcar en el título de la película. Alguien voló sobre el nido del cuco. El cuco es un pájaro que se come los huevos de otros pájaros de su tamaño y los sustituye por los suyos, que son de un color pardusco, y aunque distintos al de otros pájaros, éstos no se percatan del cambiazo. 

El personaje de McMurphy sería el cuco, y ¿qué pájaro volaría tan alto como el nido del cuco? Estamos ante la posibilidad de considerarlo un pájaro de tamaño superior. 

La enfermera jefa, una mujer insensible y muy autoritaria, es la parte negativa frente a la manera de pensar del protagonista, un crápula en toda regla. La enfermera jefe es una mujer fría, soberbia y sin reparo en controlar a cada uno de los enfermos, lo que en el argot se denomina “observación”, y las enfermeras, dedicadas a dar la medicación de los pacientes y atender sus necesidades, coordinadas a los celadores, que son hombres de raza negra, custodian y vigilan a los enfermos. Hay personajes varios. Pero en el trasfondo se representa a la Norte América racial, ya que a pesar de que son de distintas razas y procedencias, el hospital acaba siendo un pequeño ghetto. El personaje nativo norteamericano es el protagonista opuesto al que interpreta Jack Nicholson.  Es Alto, fuerte y sordomudo. Al menos es lo que todos piensan. Al personaje nativo McMurphy lo denomina “el jefe indio”. Y tras involucrarse ambos en un altercado los envían a la sala de espera para aplicarles un electro shock. Debo recalcar que esta práctica aún se realiza en los hospitales psiquiátricos.

 

Cuando el nativo, al que creíamos sordomudo, le habla al díscolo y pendenciero McMurphy, le confía el secreto de su sordomudez y se deduce que es debida al hecho de sobrevivir y excluirse de la sociedad “normal”, una sociedad que lo margina. Entonces en ese momento transcurre una pequeña charla entre ambos donde el indio le cuenta que su padre era un alcohólico y que no lo dejaban tranquilo. 

El perfil de cada enfermo puede resultarle familiar al espectador, dado que hay varios estereotipos entre ellos. Algunos se han recluido por decisión propia y otros están encerrados por algún delito u otros motivos. 

La pregunta que nos hacemos es: ¿es viable la intervención por electro shock en estos tiempos? Yo creo que no, aunque se sigue practicando. Incluso la de atar a enfermos a la cama. Y otra cuestión: ¿es McMurphy víctima o realmente para él nada parece importarle? Vean el film y cuestionen ustedes mismos cada personaje. Sin duda obtendrán una buena conclusión. 

La mixtura es el futuro-Cecilio Olivero Muñoz

El tropicalismo es originario de Brasil, pero las nuevas corrientes musicales en español lo han restaurado. Es indiscutible que el mestizaje es ahora parte y razón de ser en nuestro mundo que da vueltas y vueltas en su transcurso de 365 días. Logran el fruto de la mixtura. La mixtura es el futuro. Las civilizaciones no son las mismas, han cambiado en lo sustancial, aunque no en lo más profundo de cara a las viejas costumbres. Puedo nombrar estilos que forman parte del tropicalismo, y que han sabido desarrollar una música novedosa, siempre acentuando las raíces del hemisferio sur. Hablo de la bossa-nova, o la samba, en el cono sur existen géneros como el Neo-tango. En España encontramos el flamenco pop. También el flamenco chill out. Han sabido unir la música flamenca y el Tango a géneros que predominan en sí mismos por su calidez. 

Existen grupos en español que han llevado el tropicalismo a su quintaesencia, como por ejemplo, Gecko Turner y su tema famoso Toda mojadita, o por ejemplo, Mi swing es tropical que ha sido compuesta por Quantic & Nickodemus. También están en el tema Tempo, y The Candela allstars. Todos estos nombres vienen de Puerto Rico. También hay que poner énfasis en el mestizaje español en un disco de Raimundo Amador, a raíz del 60 Aniversario en el que nació, con un directo en casa. Tienen un tema llamado Plata o Plomo que cuenta con la participación del rapero y actor Langui; en el mismo álbum tiene un tema llamado A mi Ray, en referencia a Ray Heredia, compositor y cantante que murió de sobredosis, pero del que no hay que olvidar su talento. Un talento merecedor de algún homenaje, que por desgracia se pueden contar con los dedos de una mano.

Hemos hecho un breve repaso por la música de aquende y allende los mares. También, siguiendo la inercia del mestizaje, mejor llamarlo mixtura. Se puede realizar una conclusión al respecto. La música es aquella parte de nosotros que esperábamos nos viniera a calmarnos el tedio con sonidos ya ancestrales, y otros de nuevo cuño. La música, ese lugar que empieza donde acaban las palabras. Es de agradecer la música que nos ate a la vida. Ya lo dijo Jim Morrison, que la música es tu amiga especial. Por eso debe ser que los músicos y “las músicas” son parte de nuestra banda sonora. Cuando un tema solamente te habla a ti quiere decir que eres un amigo especial. A cada cual le corresponde su sonido.

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Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Cecilio Olivero

Cibernética esperanza

Ediciones Vitruvio, 2021

En 1985 el editor Enrique Murillo apuntaba el inicio de un cambio en el panorama literario español. Preveía la aparición de nuevos autores con historias que contar, narradores puros los denominaba, frente a los escritores que ilustran verdades preconcebidas mediante ejemplos y que constituyen, estos últimos, en gran medida, la tradición literaria española, tan dada al realismo. Estos nuevos autores, según Murillo, evitan en cierto modo la trascendencia en el relato y lo conciben como experiencia. Sin estar del todo de acuerdo con su apreciación, me parece que las categorías nunca son cerradas y ha habido de todo en todo momento en la literatura española, sí que es cierto que a partir de los ochenta se aposentan y surgen escritores que ya escriben de otra forma, los tiempos y la sociedad española son distintos, y hay nuevas influencias y vínculos con otras maneras de contar.

Pero además, en estos últimos lustros, desde poco antes del salto de siglo hasta ahora, creo que se están dando otra vez síntomas de renovación en la literatura. Hay que tener en cuenta el reto que supone la aparición de nuevos medios y hemos de asumir el predominio actual de lo audiovisual, reforzado por esas nuevas herramientas que parecen ya absolutamente dominantes en nuestra sociedad, y no sólo entre las generaciones más jóvenes. Desde luego, no creo que la literatura corra peligro de desaparecer, no lo estuvo con la eclosión del cine, no lo está hoy, pese a todo, y si lo está, será más por la excesiva comercialización editorial y por la no poca ramplonería desatada en nuestros días, con demasiados escritores más de pose que de esfuerzo.

La literatura actual ha de asumir en todo caso el reto que le permita seguir incidiendo, de ser algo importante, y esto pasa en mi modesta opinión otra vez por la experimentación y por el rigor, también por la necesidad imprescindible de ser penetrante y aguda. Como muy bien indica Enrique Murillo, y con ello estoy por completo de acuerdo, «todo relato que no produzca alguna forma de catarsis es un relato fallido».

Experimentación está habiendo bastante, es verdad. Aunque frente a ello haya una reacción de las editoriales a fórmulas en exceso convencionales, novelas y formatos que se repiten una y otra vez bajo una maquinaria de marketing que muchas veces es ajena a la literatura pausada y reflexiva. Imagino que toda época de cambio produce miedos a los saltos al vacío y tampoco las editoriales quieren perder oportunidades de negocio, pero esto es otro debate que no viene al caso, o tal vez sí, pero no tengo espacio suficiente para desparramarme al respecto. En todo caso, hay experimentación, algo que resulta imprescindible ahora mismo.

Claro que no siempre la experimentación sale bien. Pero creo que ahora mismo es de agradecer que se nos ofrezcan nuevos formatos, que se tantee con las palabras y los estilos, que se pruebe, aun cuando los resultados no siempre sean los esperados. En la literatura y sus procesos sí nos podemos permitir los experimentos; es más, son de agradecer.

Viene todo lo anterior a colación por este libro sobre el que pretendía escribir, que iba a ser una reseña, pero que al final me ha llevado por otros derroteros. Cibernética esperanza es ante todo uno de esos experimentos y tendrá sus claroscuros, quizá algunas rarezas, tal vez ciertas imprudencias, pero que apunta a una necesidad intensa de escribir con valentía, osadía y clamor. No es baladí recordar aquí que la escritura tiene mucho que ver con la vida. Es más, cada vez tengo más claro que no puede haber distingos entre literatura y vida, ni siquiera entre ficción y realidad. La verosimilitud forma parte de lo real, al fin y al cabo.

Una cuestión a solventar es cómo podemos catalogar este libro. Cecilio Olivero ha dicho alguna vez que se trata de una novela. Sin intención de impugnarle o de contradecirme a mí mismo, ya que vengo hablando tanto de experimentación, yo no lo creo. Combina prosa, introduce también poesía. Hay una narración temporal de hechos y unos personajes, más o menos reales o imaginados, si es que podemos apurar tanto en estos tiempos, y visto lo visto, los límites de la realidad y de lo ficticio. Pero me decanto más por el lado de la poesía. Aunque sólo sea porque me resulta muy evidente que Cecilio Olivero es un poeta, un animal poético, aunque a veces le dé por la prosa con resultados en mi opinión muy por detrás de su poesía. Pero ha experimentado con la prosa y el resultado le ayudará a sacar algunas conclusiones de su labor literaria, espero.

Aconsejo por tanto leer este libro como un ejercicio más poético que prosístico. Incluso la prosa es poética, aunque aquí he de reconocer que con resultados no siempre homogéneos.

Respecto al contenido, a todas luces no resulta fácil ni grato mantener el tipo ante lo que se cuenta. No es un libro amable que intente apaciguarnos ante la descripción de lo crudo que tiene vivir, del dolor y el desasosiego que entraña la existencia o incluso, cabe entenderlo así, la falta de heroicidad para el reto de luchar consigo mismo. No tranquiliza, sino que inquieta y algún que otro lector no quedará ajeno ante la figura del personaje o personajes.

Sin duda estamos ante un nuevo tipo de formato que nos invita a otros escenarios en esta sociedad del espectáculo global que estamos conociendo. Al menos es una oferta interesante.

Rumba flamenca Vs. Rumba catalana (Cecilio Olivero Muñoz)

RUMBA FLAMENCA VS. RUMBA CATALANA

Para ser buen rumbero hay que centrarse en variadas y distintas disciplinas, como la de palmero, o saber tocar bien los bongos. Ahora se ha incorporado la caja peruana, descubierta en Perú por el gran Paco de Lucía, y digo incorporado, ya que en Cuba tocan a su manera timbal y palillos, pero también hacen percusión con un cajón de los muebles de casa para que suene el guaguancó. 

Se es rumbero desde que se nace, se es rumbero vistiendo, se es rumbero en el sentimiento, se es rumbero porque no hay otra manera de expresarse más bella, ya sea en Ciudad Real, Madrid o Barcelona, La Habana, San Juan o Lérida, Badajoz y Chiclana. Digamos que la rumba, tanto la flamenca o la catalana, beben de las mismas fuentes. 

La rumba flamenca comienza con Los Chunguitos, pero también con Los Chichos, Los Calis, Los Chavis, el Junco, y un largo etcétera. Éstos podemos clasificarlos como parte de la Rumba Flamenca, y como he dicho antes, la Rumba catalana bebe de la misma fuente que la flamenca. 

Existen muchos tipos y maneras de llevar la rumba a cabo, pero la mejor rumba empieza por la guitarra. Son muchos los músicos de Rumba catalana, está el Peret, también Ramonet, el Paló, éstos gitanos provienen del barrio barcelonés de Gracia. Hasta allí que se fue el Gato Pérez a aprender la rumba que entonaban els gitanets; también grupos como Los Rumberos Catalanes, también el Pelos y los Marus, rumberos estos fascinados por el pueblo marinero de Lloret de Mar, aunque estos últimos sean rumba de Los años setenta. También recuerdo la rumba de Pocholos, la simplicidad de Antonio y Aquilino, recomiendo un disco antiguo: Gitanos de Hoy, este disco está un tanto sesgado remarcando a los Tangueros Portugueses, y el Gitano Portugués. Y un gran rumbero es también el Tony el Gitano. La rumba es un género mundial que traspasa fronteras. En Cuba y Puerto Rico se hace salsa que es rumba, también está la guaracha, como también, el antes citado, como guaguancó. 

En Panamá vive Rubén Blades, un músico rumbero con los pies en la tierra. Ha habido salseros rumberos como Celia Cruz, El gran combo de Puerto Rico, Ismael Rivera, Willie Colón, y ya nos vamos a citar al gran Tito Puentes, también hacen sonar a través de la rumba una música de Ida y vuelta. Se rumbea en América y también en España, incluso en Francia, escuchen si no a unos gitanos de raíces catalanas que son Los Gipsy Kings, es un elenco de guitarristas con gran habilidad para muchas guitarras, son verdaderos rumberos los Gipsy Kings, son (repito) un grupo que reside en Francia y en sus vídeos denotan orgullo de sus raíces catalanas y de sus costumbres gitanas. Escuchen rumba, bailen la rumba. 

Recuerdo cuando yo lo hacía en Maggoty. Mi mejor época. Soy rumbero flamenco y catalán y no hay que olvidar a rumberos como el Zíngaro, con sus sonidos arabescos y gitanos más que las gachas. La rumba ahora la escuchan los siempre fieles, como lo son los gitanos, algunos nostálgicos, y se recuerda, la de Maggoty como una etapa gloriosa. Después de Maggoty no hubo nada. Lo bueno de ser rumbero que se diluye con el flamenco y en Andalucía se quedan perplejos de escuchar a artistas que tenemos aquí en Barcelona como, por ejemplo, el Currichi. Ya lo dijo La Perla de Cádiz, Barcelona es trono gitano. También lo dijo Tijeritas en su canción sobre Barcelona, siempre alegre. Rumba en el cine quinqui, rumba en los solares de La Habana, Rumba en Tokyo, Rumba con tambores en verano, Rumba de Manu Chao, rumba por doquier. Se baila en cualquier parte. 

Y la Rumba ya no es lo que era. Se le ha borrado el estigma marginal, que era como una cicatriz en la cara, para engalanarse mucho después de las Olimpiadas del 92. Han tomado posiciones gente como Sabor de Gracia, los patriarcas de la rumba, Gertrudis, Ojos de Brujo, Estopa, Melendy, y etc. No podíamos olvidarnos flamencos del sur, pues hay muchísimos, están Los Ketama, sin olvidarse tampoco de Bambino, un artista en toda regla. Pero bueno, cantar lo que se dice cantar han cantado mucho como dúo Lola Flores y el Pescailla (Antonio González) su particular rumba, ya que Antonio ideó el ventilador (estilo musical dentro de la rumba catalana). También hay que recordar a los Amaya, con sus canciones bien trabajadas, los Amaya han compuesto canciones versionadas por grupos incluso no rumberos. En Andalucía surgió el género flamenco pop, pero de esto ya les hablaré en otro momento. El flamenco pop tiene mucha miga. 

13º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Fausto 5.0 (de Goethe a la Fura dels Baus) Cecilio Olivero Muñoz

Si comparamos el cine con la literatura, algunas veces pierde el cine y otras, la literatura. Sobre todo si hablamos de Fausto. La obra de Goethe es de largo recorrido, y se ha representado tanto en cinematografía como en Ópera. 

Pero analicemos primero la obra literaria.

El Fausto de Goethe tiene dos partes, como El Quijote. Su primera parte es ingeniosa y fácil de leer. La segunda, en cambio, es más difícil para el lector, por eso es de agradecer las notas a pie de página, ya que aclaran toda la simbología en personajes tanto de la Grecia clásica como de la Roma clásica. También recurre a la mitología clásica alemana y en ella se diluyen las épocas de esplendor contemporáneas al autor. A mí me divierte más la primera parte. Pero de lo que vamos a hablar es de este clásico llevado al cine muchas veces, no siempre con la exactitud argumental de la obra clásica.

En el cine podemos ver una película con una atmósfera un tanto claustrofóbica, hablo de Fausto 5.0. En la versión literaria el demonio se hace llamar Mefistófeles. Pero en la película a Mefistófeles se le llama Santos Vella, con dos eles, como mozarella. Al protagonista se le llama Doctor Fausto, interpretado por Miguel Ángel Solá, y el papel del diablo bromista y gracioso lo interpreta Eduard Fernández. 

Antes he dicho que la atmósfera de la película es claustrofóbica y futurista, no asoma humanidad en ningún lugar de la película. En ella se quiere hacer un cuadro argumental donde prima el deseo. Nuestro Fausto es un hombre que trabaja en la planta de desahuciados de un hospital carente de humanidad, donde la muerte campa a sus anchas de manera tétrica y misteriosa. Tiene detalles que no tienen nada que ver con la obra literaria. Hay lugar para el deseo: una adolescente suspira por nuestro perdido Fausto, se llama Margarita y está interpretada por la actriz Raquel González. 

Lo que no llego a entender el papel que juega la enfermera del Doctor Fausto, Julia, interpretado por la gran actriz Najwa Nimri. Al parecer el doctor no está muy pendiente del verdadero deseo que le acompaña cada día. Y nuestro Doctor Fausto se va de aventura con el demonio Santos Vella. 

Recomiendo el libro de Goethe y la cinta Fausto 5.0, en la que la performance y el ambiente que se obtiene gracias a la FURA DELS BAUS es inmejorable. Está dirigida por Álex Ollé e Isidro Ortiz. Disfruten la obra de Goethe, obra universal donde tiene distintas vertientes y diversos puntos de vista, que al lector y al espectador no dejará indiferente. 

No tiene desperdicio. 

Descubrir a Joan Manuel Serrat-Cecilio Olivero Muñoz

DESCUBRIR A JOAN MANUEL SERRAT

Pocos músicos españoles poseen la calidad de Joan Manuel Serrat. Estos días me han venido unas ganas locas de escucharlo. Serrat es sin duda el cantautor más pulcro y atractivo de entre los que provienen de la canción ligera. 

Junto a Serrat, está el extraordinario Joaquín Sabina, pero cada cantautor tiene su particular estilo. Las letras de Sabina son buenas. Pero las de Joan Manuel son verdadera poesía, con su elegancia y sus letras hermosas. Serrat tiene temas bellísimos, es compositor, poeta y cantautor, pero sobre todo es un hombre justo.

Si tuviera que elegir una canción, elegiría El romance de Curro el Palmo, pero tiene otras como Penélope, Lucía o Señora con letras excepcionales. ¡Y qué decir de Hoy puede ser un gran día o de Mediterráneo! Es el letrista más versionado en lengua castellana, aun cuando sea catalán, normal en un cantante con una calidad poética enorme, en cualquiera de sus dos lenguas. 

Recomiendo que vean el vídeo del directo Dos pájaros de un tiro, donde Joaquin interpreta canciones de Serrat, y éste de Sabina. Joaquin Sabina lo llama el Nano, y recomiendo una entrevista en El Francotirador de Jorge Bayly, se puede encontrar en YouTube. Se trata de una entrevista a dos cantautores conocidos en toda Latinoamérica. 

Hay que decir que ha cantado poemas de Antonio Machado y también las Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández. De Antonio Machado ha publicado hasta un disco con los poemas del poeta sevillano, con temas como La Saeta o Cantares

Encontramos profundidad en temas como De vez en cuando la vida o Paraules d’ amor. Tuvo que exiliarse a Argentina durante la dictadura franquista porque es hombre comprometido y con ideales. Hay que decir que compuso en catalán el Lalala, tema que finalmente cantó Massiel en Eurovisión y lo ganó, aunque en castellano. En aquellos años en España se limitaba el uso del catalán o de otras lenguas que no fueran el castellano. 

Serrat ha versionado en sus directos otras canciones y a otros cantantes, como con Un mundo raro, del gran letrista José Alfredo Jiménez, mexicano y un poeta excelente. También ha interpretado poemas del poeta uruguayo Mario Benedetti. 

Ahora se dedica al hermoso empeño de viticultor, tiene su propia viña y su propio vino a la venta. El vino se llama El priorato, y ha sido presentado en diversos países de Latinoamérica.  

Joan Manel Serrat, poeta, viticultor, fiel esposo y padre de tres hijos. Un hombre sencillo donde en sus canciones emociona. 

Háganme caso: escuchen a Serrat. 

Reflexiones de una ondjundju-Lo que la literatura debe ofrecernos-Juliana Mbengono

LO QUE LA LITERATURA DEBE OFRECERNOS

 

Leer las páginas del prefacio del libro de mi amigo Capplanneta, una persona especial a la que espero conocer en persona antes de que pasen otros 365 días, fue más ameno, rápido, emocionante y profundo que leer cualquier poema de amores fracasados.

Capplanneta ya me dijo que la obra es prosa poética y la verdad es que los renglones del prefacio, que leí a primeras horas de la mañana, arrastran a uno hasta la firma del autor sin darle tiempo a respirar; igual que la corriente de lo que fue el rio Abere: sólo se podía respirar al salir a flote a final del tramo.

Mientras me cautivaba la sinceridad de Capplanneta sobre sus gusanos de seda, de los que emergieron mariposas grises como monstruos, y la indiferencia egoísta del lector y el editor que sólo buscan algo muy bueno entre lo bueno, o simplemente evadirse para no sentirse acusados, señalados ni percibir la furia o tristeza del escritor; también me sentí atacada. Sentí que mi queridísimo y admirado Capplanneta nos atacaba, a nosotros: los escritores africanos.

Aun cuando un escritor africano se declare romántico, amante de la ficción, motivador o moderno; en sus letras siempre habrá la posibilidad de encontrar sus gusanos de seda: su furia, ira, tristeza, miseria… esas emociones personales y aburridas de la vida de uno mismo que Capplannetta recomienda ocultar al lector y al editor para no ahuyentarlos.

El prefacio de Capplanneta es conmovedor por cómo usa la palabra, por lo que dice y cómo lo que dice, porque he intentado imaginar esa caja de zapatos blanquecina y a él, de pequeño, mostrándosela a otros niños lejos de los ojos protectores de sus padres. Pero no puedo estar de acuerdo con Capplanneta. La literatura no debe ser deprimente, ni mucho menos, pero si alguna conciencia se siente aludida por unos renglones, es porque estos han logrado uno de sus mayores objetivos: despertar conciencias.

El escritor africano necesita despertar conciencias, por eso dejará sus gusanos en el sofá o en la terraza y la mesa de comer. Cuando el escritor africano que vive en África deja de exhibir sus gusanos de seda y los de otros, fácilmente se convierte en una mala imitación del escritor americano, español, alemán o británico. ¿Cuántos de los escritores africanos más reconocidos no han hecho su camino a base de mostrar sus gusanos de seda y los de otros? Donato Ndongo lo hace en “El metro” y mete el dedo directamente en la llaga del hombre blanco, del español racista al que le hierve la sangre al ver a un negro hablando con una mujer negra. Chimamanda lo hace en la “Flor púrpura” y en “Medio sol amarillo”, Melibea en “La albina del dinero” y en “Bastardas”, Mariama Bâ en “Mi carta más larga”, todas ellas meten el dedo en la llaga del lector que tienen al lado, igual que Chinua Achebe en “Me alegraría de otra muerte”. Quizás estos escritores no le ofrezcan una autobiografía al lector o al editor, pero estoy segura de que sacan mucho de sí para escribir sus obras.

Cuando nosotros, en Africa, intentamos evadir nuestra realidad o nuestro entorno, en vez de escribir  “Cuando los combes luchaba”, “Nambula”, “Alá no está obligado a ser justo” o “Las cuatro mujeres que amé”; acabamos escribiendo esas obras absurdas, sosas y aburridas en las que sin asombro y como si fuese lo más normal y habitual, aparecen ecuatoguineanas y gabonesas pelirrojas, de metro ochenta con ojos azules y toman té en el porche durante un dorado atardecer mientras su adorado y amado Michael llega a la hacienda en su Cadillac y lo aparca en el establo ¿Ojos azules? Serán lentillas azules. ¿Pelo rojo y no se trata de un cosido o una peluca? ¿Hacienda?, estaremos hablando del hijo del presidente o de alguna de las hijas de algún magnate del petróleo en Nigeria. ¿Establo? ¿Michael, en serio? ¿Qué pasa con Emeka y su pelo afro? Los escritores africanos necesitamos mostrar nuestros gusanos de seda y los de otros: son nuestra “propuesta de valor”. No bebemos tanto té y raras veces usamos los porches para esperar a los amados. La mujer africana, desde la más humilde hasta la segunda dama, se siente cómoda entre el cuarto y la cocina.

Si mostrar nuestros gusanos de seda nos hace perder lectores ahora, dudo que ocurra lo mismo en la posteridad. El cine y la música africana, en su intento por conquistar al público americano y al europeo, se han quedado sin esencia: forman parte del montón. La literatura no puede caer en la misma trampa, es lo que nos queda para expresarnos y desahogarnos para no mutar las palabras en insultos que hieren como dardos envenenados.

De la selva soy hijo (leyenda indígena) Cecilio Olivero Muñoz

Miremos nuestras conciencias y aprovechemos la voluntad del pueblo indígena de cualquier lugar del mundo. Volvamos a nuestros ancestros, a los señores que conocen la selva (lo que va quedando de ella), sean estos cazadores, arrieros, pescadores o agricultores. Demos la oportunidad a la tierra y escuchemos lo que el señor de sabiduría silenciada nos cuenta. La selva es vida en la noche y vida en el día. El otorongo no come otorongo. Respetemos los pueblos indígenas y no nos olvidemos de lo que llevan siglos anunciando a los cuatro vientos. El dinero no se come, los diamantes no se beben, el oro es un mineral destinado al almacenamiento y la vanidad. Salvemos la vida en toda la América desde sur al norte. En todo el planeta. No dejemos ningún cabo suelto.

Cierta vez un anciano ayudó a un hombre blanco a curarse de sus heridas. Cuando el hombre blanco tuvo conocimiento y despertó en su estado de convalecencia, le agradeció al anciano sus cuidados. El hombre blanco se recuperó de las heridas, lo agradecía con mucha gratitud. Cuando se repuso de sus heridas se fue. Se fue a lo que llaman civilización. Con el tiempo aquel anciano que pescaba y cazaba vio en los cielos libélulas de hierro enormes en su vuelo, para él fue un mal presagio, siguió el anciano cazando, pescando, cuidando de sus hijos y de sus nietos, y un día cualquiera y sin esperarlo, llegaron con máquinas gigantes, con máquinas endemoniadas que se enganchaban como chinches a los árboles y los cortaban en cuestión de dos pestañeos. Pronto la selva quedó arrasada. Los hombres de las máquinas ensuciaban ríos, los animales buscaban vivir en otros lugares seguros, era lo que les dictaba su instinto; el anciano que vivía allí desde que nació en la selva, y antes su tatarabuelo, y después su bisabuelo, también su abuelo y su padre, comprobó que esa selva de todos estaba desmantelada, arrasada, el anciano tuvo que irse con su familia a un lugar donde fuese rica la caza, la pesca, pero cada vez que avanzaba, las máquinas, más rápidas y sin corazón dejaban su rastro de destrucción. El anciano se quedó sin selva, sus hijos le preguntaron, ¿dónde podemos ir ahora? Y marcharon a la civilización. Una vez toda la familia en la civilización de ellos se reían, tampoco les daban trabajo, los despreciaban y los humillaban. Decidieron volver a la selva. Cuando buscaban no encontraban, nada, desierto y toxicidad era lo único que hallaban. Siguieron andando y el anciano reconoció al hombre blanco que un día ayudó. El hombre blanco quiso hacer algo por ellos y los llevaron a él y su familia a unos palafitos amontonados junto al río negro y sin pesca que allí había. Eran indígenas como ellos los que vivían allí. Primeramente tuvieron que aprender la lengua del hombre blanco. En esos palafitos conocieron la mentira, las trampas de la vida que se solían poner entre hermanos, conocieron la miseria, pues tenían que trabajar duro para que les dieran unas monedas y poder comprar arroz, yuca, o tamales que hacían las mujeres.

 Poco a poco el anciano fue enfermando. Toda la familia vestía ropa del hombre blanco, pues si se ponían sus atavíos la gente se reía de ellos. El anciano estaba cada vez más enfermo. Mandó a que buscaran al hombre blanco para decirle que querían volver a otra parte de selva y empezar de nuevo una vida. El hombre blanco les negó ayuda. Les dio un montón de billetes arrugados y sudados, y la familia del anciano le dijeron: -De la selva somos hijos, queremos selva. Y el hombre blanco se reía, señaló a unos troncos amontonados y les dijo: -Mirad vuestra selva. Le tiraron el dinero sudado y arrugado y volvieron donde el anciano. Le contaron lo que vieron y aquel anciano murió de tristeza. Lo enterraron en un erial, cercano a los palafitos, la familia se quedó allí desubicada y perdida, se volvieron mala gente envilecidos por el dinero, una ropa que no era suya, y poco a poco la familia fue menguando y fueron pobres para siempre. Ya no había selva. No los dejaron vivir en paz nunca, tuvieron descendencia con el pelo rubio y los ojos azules. Comían todos los días arroz y huevo frito. Con el tiempo olvidaron la manera de pescar, cazar, pintarse, acicalarse con sus abalorios y sus plumas en forma de corona. Con el tiempo fueron viniendo más y más indígenas. Y todos se reían los unos de los otros. Al igual que el hombre blanco los humillaba, ellos humillaban a los indígenas recién llegados. Y así ha sido desde que inventaron las máquinas y despoblaron la selva. La Madre Selva estaba enferma decían. La selva dejó de existir. Conocieron los vicios, la traición y ya no volvieron jamás a ser el pueblo que fueron. Lo llamaban progreso, y entre ellos se decían: -El progreso es muerte.

Fotografías: Pinterest

Carmen Amaya: rotunda y maravillosa (Cecilio Olivero Muñoz)

Carmen Amaya, la diosa gitana del baile flamenco más espectacular e impresionante, también cantaba, y también fue actriz, pero fue ante todo Carmen Amaya. Nació en Barcelona un 2 de noviembre de 1913, y su padre le enseñaba en las chabolas del Somorrostro barcelonés (un poblado chabolista junto al mar, cercano a la Barceloneta que dejó de existir hace decenios) y éste le decía con mucho énfasis mientras seguía cada movimiento que ella hacía: así no Carmen, así sí, eso no lo hagas, templa los pies Carmen, las manos bien altas las quiero, y así, desde muy niña aprendió un arte en el que sería única. Se acostumbró a dar giros como un huracán o un tornado impredecible como el que no quiere la cosa. 

Cuando en el Somorrostro había fiesta, Carmen ya mostraba sus dotes y su padre se maravillaba al verla. Ella poco a poco fue forjándose como una pavesa de candela pura al viento del mar. Parecía fácil lo que hacía. Ya que ella lo hacía sin esfuerzo. De ahí parte el talento. Tenía duende, duende gitano, pero Carmen cuando bailaba era un arte que parecía sacado de un seísmo, o de un ciclón, o de un árbol en llamas. Carmen era una hija disciplinada e inteligente, su madre Micaela le decía a su padre Francisco, déjala jugar, y el padre decía: -Si bailar para ella es un juego. 

En el cuadro flamenco todos la llamaban La Capitana, por su carácter explosivo sin ir de diva, ella comía jamón de York con pan de molde y era feliz, dijo alguna bailaora compañera de la compañía al verla tan sencilla. Llevó el baile y el arte flamenco a Latinoamérica, Estados Unidos y por toda Europa. Bailó ante el presidente Franklin D Roosevelt. Su madre, Micaela Amaya Moreno, era ama de casa, eran siete hijos, su padre apodado El Chino tocaba la guitarra en los bares para que la gente cantara. 

Carmen Amaya era una gitana que se vestía de faralaes, y también muchas veces se puso pantalones para bailar, cosa inaudita en aquella época. Carmen se sentía de Barcelona aunque proviniese de la Granada emigrante hacia tierras del norte. Y sobre el baile único de la gran Carmen Amaya se puede decir que como bailaba Carmen no se aprende en ninguna academia de baile, es un verdadero deleite verla bailar, todavía hoy resulta un arte adelantado a su tiempo. 

Aprendió en ese barrio chabolista. Barrio donde vivían los gitanos y donde cada uno se buscaba la vida como podía. Aunque la manera de bailar de Carmen era pura energía, puro dinamismo unido éste a una fuerza de la naturaleza. Talento en toda su esencia pura. Lo que bailaba Carmen no se ha vuelto a ver más en la vida (recomiendo ver sus vídeos por YouTube). Gente de Hollywood y bailarines importantes decían de ella grandes elogios. Un actor de Hollywood escribió: ¡qué clase de demonio llevará adentro! Eran gente como Orson Welles y Charles Chaplin. 

Y es que Carmen Amaya ha sido la reina del baile en cualquier palo flamenco. Como anécdota diré que, Sabicas, el guitarrista pamplonica, bebía los vientos por Carmen Amaya, pero el padre se opuso en redondo por ser del cuadro flamenco, y por egoísmo del padre, ya que cuando se casó Carmen con otro guitarrista del cuadro flamenco llamado Juan Antonio Agüero ya tenía una edad tardía, hecho por el que no tuvo descendencia, se dedicó con exclusividad al baile flamenco. El matrimonio duró desde 1951 hasta 1963, cuando Carmen falleció. 

Al parecer esa energía impetuosa le hacía daño. Mientras que grababa la película Los Tarantos con el director Francesc Rovira i Beleta en el verano de 1963 Carmen ya no se sentía bien. Carmen murió el 19 de noviembre de 1963. Cuentan que su marido Juan Antonio, en Bagur, Girona, donde está el sepulcro de Carmen, se encerró en el almacén de un chiringuito a tocar la guitarra y se bebió una botella entera de güisqui. Al entierro fue mucha gente del espectáculo. En el Somorrostro todos lloraron. Carmen los dejaba. Su Carmen. La bailaora más grande que ha tenido el flamenco.