24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUNEA

NºXXIV     30-01-2.009

 

EDITORIAL XXIV

Ideas banales, debates espurios

 

 

Asistimos estos meses en algunas ciudades europeas -en Londres, Barcelona, Madrid o Roma- a un debate teológico a golpe de cartel publicitario. Grupos de ateos y grupos cristianos -tanto católicos como protestantes- se dedican a contratar carteles en los autobuses públicos para exponer y defender la existencia o inexistencia de Dios y tal vez con esta publicidad intentan ganar adeptos como quien vende cualquier producto de mercado.

 

Estamos convencidos que, de asistir a tal espectáculo, Lutero, Marx o San Agustín, Calvino, Hegel o Eckhart, Müntzer, Darwin o el Cardenal Cisneros no se sentirían muy cómodos. Algo no funciona en el viejo continente cuando tema tan apasionante y que tantos ensayos, estudios y disertaciones ha producido a lo largo de los siglos se dirime a base de frases más o menos ocurrentes. Evidentemente, hubo peores épocas en los que la disidencia religiosa, pero también ideológica, se procuraba ahogar mediante métodos brutales que llegaban a la muerte. Sin embargo, mucho nos tememos que esta guerra de carteles publicitarios es el último indicio de una crisis profunda en el pensamiento europeo, tanto más profunda que la crisis de la economía.

 

Porque el religioso no es el único ámbito donde el debate se decanta hacia el terreno de lo banal. Ahí están las campañas electorales en las que la foto o el lema resultan más importantes que el contenido o la discusión. Es un debate espurio con el que se intenta ocultar, en realidad, la falta de ideas, de programas, de perspectivas. La imagen se impone sobre el concepto y al final vence quien muestra una figura más atractiva o quien pronuncia la frase más ingeniosa, eso sí, falta de cualquier significado que trascienda lo superficial. Se ha acabado frivolizando sobre cualquier tema o concepto, la libertad sólo te la brinda una compañía de móviles o la revolución es poder conducir determinado coche.

 

Resulta evidente que al poder siempre le ha gustado poco los debates públicos en los que hubiera realmente un intercambio de ideas, no hacía gracia que se expandieran tesis que formularan críticas hacia quienes detentaban cargos de responsabilidad. Lo que el poder ha descubierto ahora es que mediante la banalidad de cualquier asunto, desde la religión al modo de producción, desde la justicia a las creencias íntimas, se homogeniza mejor la sociedad y no es necesaria aplicar entonces políticas represivas con las que mancharse las manos ni llevar a cabo campañas para convencer a los ciudadanos de la bondad de las políticas oficiales.

 

Sin embargo, una sociedad sin ideas es una sociedad sin alternativas. No planteamos aquí una sociedad hiperintelectualizada, pero tampoco una sociedad en la que el pensamiento se agote en los carteles publicitarios. No queremos un modelo en el que el poder lance a los cuatro vientos unos lemas gestionados por expertos creativos de publicidad, este sería al fin y al cabo el modelo que Orwell o Huxley presagiaron en sus novelas «1984» o  «Un Mundo Féliz».

 

 

 

 

 

DESESPERADOS SOLLOZOS

DESDE

ABU GHRAIB

 

Existe un espacio

recortado a plomada,

existe un vacío,

existe un infierno.

Las vidas se apelotonan

todas en un suspiro

de carcelero.

Las injusticias

se amontonan todas

en las calientes

plantas de los pies,

y parten en mitades

los corazones

que fueron uno sólo.

Llagas de años

suspendidos como

fantasmas de agonía

y sombra perdida.

Las medias lunas

son parte

de soles que apuntan

con sus fusiles de luz

y fuego resplandeciente.

¡Qué lejana está

la Meca de mis días!

¡qué lejana está mi aurora!

¡qué esperanza tan rota!

Celdas de dos por dos,

torturas de dos en dos,

con corazones de dos sin dos,

y dos mitades y dos mundos

que lanzan

su cáscara vacía

al desolado mundo sin

esperanza.

Soy Mohamed Almudd

Muwallad Bal-lhadí

y habito la voz encarnada

 de la flor y el poema.

Soy el hombre insurrecto

ante la mortal brevedad

de la vida.

Soy la desembocadura del río,

por que todo es río

que acaba en su mar

y todo mar se acaba

en su cielo.

El río avanza paciente

y logra la proeza inevitable

de llegar a la mar.

Podrán evitar la arribada

del agua estancada

pero el río se abrirá paso

hacia una mar de libertad

abierta hacia el océano.

El río llegará.

Tarde o temprano llegará.

La naturaleza del río

es avanzar sin pensar

en sí mismo.

Es continuar como lo hace

el hombre que no piensa,

que no habla,

que vive y avanza.

Se deja llevar hasta

que arriba, arriba

y se mezcla

entre sustancia y olvido,

sin memoria y sin tierra,

se mezcla y se muere

y con él acaba lo dulce,

y otro mundo le espera,

aunque el cambio

es su meta y su meta

es ser cambio y ser cambio

es su vida.

Solamente el salmón

es testigo de tanta

vergüenza,

de tanta injusticia,

de tan cruel sacrificio.

Por eso mis cerrojos y mis barrotes,

mi puerta blindada,

y mi prisión de hormigón

no pueden ni podrán

parar a mi río

que es fuerza suprema

y se deja llevar

entre nostalgia e ilusión,

entre pureza y pasión,

entre inocencia y vehemencia,

entre pulso y suspiro,

entre voluntad y paciencia,

entre latido y mirada,

entre pensamiento y viento,

entre ruido y silencio,

por que es agua que cabe

por toda ranura y frontera,

por toda rejilla y vacío,

por todo agujero y linde,

por todo mundo pequeño,

por todo mundo gigante,

por toda semilla que germina

a su paso

y por todo puente

que de orilla a orilla

transforma su anhelo

en causa sin querer evitarlo

y sin poder quererlo.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

Sueños

 

 

         Recorrer de nuevo aquellas calles fue extraño. Había pasado mucho tiempo, veinte años tal vez, no te exagero. Las cosas habían cambiado, pero no todo, aún se mantenían pequeñas cosas, detalles, ornamentos, algunas tiendas o el color de alguna pared, algunos olores, un aire de entonces, aunque fuese todo diferente. No sé cómo explicarte. Allí delante, por ejemplo, compraba los lápices, por decirte algo de lo que me acuerdo ahora y que recordé mientras paseaba solo, luego recorría la calle, daba una vuelta hasta la plaza y regresaba. Me gustaban esos breves paseos, me sentía libre por un momento. Me paraba en el parque. Contemplaba la bahía. Luego otra vez a casa y a la rutina. Claro que entonces no era consciente de la rutina, sea lo que sea ésta además de un recurso poético. Las cosas ocurrían, nada más, supongo que todavía no había pasado tiempo suficiente como para que todo adoptara un aire conocido. No había pasado ni futuro: es justo eso, dicen, lo que constituye de veras la niñez, la inocencia es no ser consciente del paso del tiempo, nada menos.

         Tampoco te puedo decir si era feliz o no. No lo recuerdo. Quizá me lo invente todo, no existió realmente nada de las imágenes que de pronto brotaron de no sé dónde, de mi fantasía, tal vez, o quizá de mi deseo de decirte algo poético. Pero no soy poeta, al menos no ahora, simplemente soy la persona que recién llego de un paseo por el tiempo. O por las calles que atravesara un niño que pudo haber acabado por ser yo. Ni siquiera soy capaz de aclararme yo mismo.

         Pongamos que soy aquel niño que solía ir a recoger cangrejos a un río no muy lejos del lugar del paseo. Pero no, es verdad, no puedo ser el niño, ni siquiera aquel niño, no ahora, en este mismo momento, mientras te cuento mi paseo e intento saber si era cierto o no que existió él y si guarda alguna relación conmigo. Yo soy el que soy, ni más joven ni más viejo. Quizá algo de ese niño que fui puede que perviva en mí, no lo sé. Aunque a veces no lo creo. Has de saber que a veces me invento mi pasado, lo reescribo y entonces todo es distinto. Claro que es una invención para consumo interno, nunca trasciende ni se lo cuento a nadie, nunca he hablado nada de esas vidas soñadas, tú eres la primera persona a la que le digo algo de las varias infancias que me inventé. Que invento todavía. Por eso puede que todo esto que te cuento, lo del niño al que le gustaba ir a atrapar cangrejos, lo del niño que compra lápices y se da una vuelta, breve, para sentirse un poco libre, no sea del todo cierto, porque vamos a ver: si a lo largo de los años me he inventado varias infancias, quién te dice que lo que recordé esta tarde no era más que una ensoñación más. Puede que inventar tanto me haya creado un marasmo que me impide distinguir realidad y ficción. Ya ves lo que da de sí un paseo: descubrir de repente que ni yo mismo puedo separar lo que fue de lo que invento. Y quizá todo esto te permita entenderme un poco, aunque ya sé que no necesitas entenderme, no quieres entenderme, sólo deseas estar conmigo, reír conmigo, hablar conmigo, amar conmigo. Me lo has dicho una y mil veces, no puedo olvidarlo, evidentemente. Pero volvamos al hecho en sí, no me permitas desviarme un ápice de lo que te quería contar, que tampoco sé muy bien lo que era.

         El hecho es que no había vuelto en veinte años. Y volví no sé muy bien en busca de qué. Tú bien sabes que no soy dado a la nostalgia, más bien al contrario, huyo de todo sentimentalismo. Pero soy humano, al fin y al cabo, no escapábamos al recuerdo. Claro que todo esto puede ser otra cosa: quién te dice, y no niego que me gustaría, que todo fuera al revés, soy yo un hombre soñado por un niño que se ve a sí mismo regresando veinte años más tarde a las calles que un día dejé. Claro que eso significaría que tú no existes y en esto no estoy dispuesto a transigir, no quiero que te disipes al despertar, que desaparezcas de mi vida como un sueño que se olvida. Pero es verdad que ese niño que fui a veces se soñaba de mayor y alguna vez, al comprar los lápices y caminar hasta la plaza, me imaginaba mayor y componía uno tras otro todos los recovecos de mi vida. Tal vez todos los niños hagan lo mismo, no lo sé. Pero de ser así hay un sinfín de hombres y mujeres creados por las mentes de niños que se ven a sí mismos regresando a esa misma infancia, tal vez creyendo que son víctimas de la nostalgia. Son cosas de Borges o de Cortazar, sin duda, demasiadas lecturas por mi parte tal vez.

         Sea lo que fuera, fue extraño recorrer aquellas calles. Quizá no fuera buena idea haber ido. Era mejor no haber salido de casa y sumergirme entre tus brazos libres del tiempo.

 

 

Juan A. Herrero Díez   

 

 

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

POEMA CAREY AMOR

 

Para que veas hasta el final la pasión de mis versos

 

 

 

No sé cómo arrancarle la piel a mi tristeza

o morderle los labios al filo del abismo.

Te siento volando hacia un planeta extraño

recuerdo desnudo los te amos sobre tu piel

y esos amaneceres resucitadores

después de bebernos la saliva del fuego.

Creo que estamos hechos el uno para el otro.

Por ti aprendí a aguardar semana tras semana

para amarte y poseerte como a una rosa sin espinas.

Me aferro a la amorosa tormenta de tus cabellos.

A los delirios necios por la celosía de tus ¡te amos!

¡Te extraño! ¡Amada mía!  ¡Te extraño, putamente!

Déjame rellenar con besos este absurdo abismo.

Deseo buscar tus brazos y recorrer el mismo camino,

así tenga que correr sobre el mar o volar sobre la tierra.

¡Te amo! Por ti le pondré alas a los sueños discapacitados,

porque ya no puedo concebir la vida ni las noches, sin ti.

¡Te amaré siempre! ¡Mi adorada amante voladora!

¡Te adoro! ¡Te amaré! ¡como a una potra o una hembra!

¡Te amaré como un salvaje y sediento caníbal! ¡Te amaré!

¡Venderé mis poemas por las calles o en los buses…

ofreceré mi sangre a un vampiro-muerte ¡si es preciso!…

¡Compartiré dolores, sueños y alegrías con las sombras!

¡Te amaré siempre! Porque sin ti: ¡que se escape la vida!

Me cansé de borrar nombres de amantes fugaces…

de enamorarme para sentir vivos y apasionados los versos.

El tono de las palabras de amor es sublime, si se siente

y la energía con la que se embiste a la vida es única.

¡Te amo! Eres la samaritana que supo sanar mis heridas

la que siempre estuvo ahí, cuando más la necesitaba.

¡Por ti resucité del culo del infierno! y reaprendí a volar

¡Te amo! ¡Mi adorada putica burguesa! ¡Te amo!

porque gracias a tus besos: ¡Volví a nacer!

 

Héctor “El perro vagabundo” Cediel

2008-09-17

 

 

 

 

 

 

 

 

SILENCIO

 

Me siento ciega como el vacío del silencio;

como cuando taladras mis sentidos y mi carne.

¡Silencio! Escucha el amanecer… ¡la aurora se despierta!

croan las ranas, cantan los pájaros… graznan los patos

y nuestras desnudeces como las pinceladas de un poema,

se acarician mudas cual sombras de un arrebol alegre.

¡Silencio! Escucha los versos que mi corazón le canta a tu piel

¡Silencio! Deja que pase de largo el tiempo… ¡Silencio! Silencio…

 

Por Héctor Cediel para Mariluz Martínez Vidales

 

 

LA REALIDAD Y LA UTOPIA

 

   SALIÓ corriendo la Utopía huyendo de la Realidad. Sus pasos parecían firmes y seguros pero su huída era una huída desesperada y sin control. A cada paso que daba la Utopía la Realidad daba dos más.

   En su afán de no ser alcanzada la Utopía buscó ayuda. Fue así como se encontró con un banquero pero éste, preocupado por la bolsa y las divisas, interesado de interés y capital, ni siquiera la escuchó.

   En su atropellado caminar la Utopía se encontró con un clérigo que al principio puso interés en escucharla. Parecían hablar el mismo idioma aunque a veces no se entendían. Y es que la vida espiritual de la que hablaba el sacerdote no era la misma que la de la Utopía. Su vida era una vida que después de la vida se construía con los cimientos de una fe en la que ni el mismo clérigo creía.

   La Utopía siguió huyendo y fue entonces cuando se encontró con un político al que la Utopía reconoció enseguida. Ambos, en un tiempo pasado no muy lejano, habían caminado juntos y cogidos de la mano. Pero terminada la campaña electoral y cuando aquél consiguió el status que buscaba, la Utopía volvió a quedarse sola. Y el político, creíble y diplomático, le dio la espalda.

   La Utopía también se encontró con un hombre. Un hombre que fue adolescente. Un adolescente que fue niño. Y ese hombre al que la Utopía ilusionó de niño y también de adolescente, ni siquiera la saludó porque no la conocía.        

   Al tiempo de ser alcanzada por la Realidad la Utopía se encontró con un poeta, atropellado de versos e indómito de sueños incurables. El poeta parecía distante, pero cuando la Utopía se detuvo a hablar con él éste la escuchó. Ambos se entendieron y se saludaron porque ambos se reconocían. Y vio la Utopía que con el poeta se sentía segura. Al oir llegar a la Realidad la Utopía se escondió. La Realidad se detuvo ante el poeta y le preguntó si había visto pasar a la Utopía. Pero ni el poeta entendía a la Realidad ni la Realidad se entendía con el poeta porque a lo que la Realidad llamaba Utopía era la realidad del poeta. Y cansada de ese mal entendimiento la Realidad se tuvo que marchar. Fue entonces cuando la Utopía se metió en el cuerpo del poeta porque sintió que ese era su verdadero hogar.

   Es por eso que los poetas saben tanto de sueños y los sueños se llevan tan bien con los poetas.  

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

 

 

 

ERNESTO “CHE” GUEVARA

 

 

LA flor que siempre es flor de Primavera,

 

el néctar que a los sueños da la vida,

 

el humus de la tierra prometida,

 

el triunfo de la lucha guerrillera.

 

 

El mundo galopante de ilusiones,

 

la rosa que ha nacido sin espinas,

 

tu voz la voz de América Latina,

 

tu luz la luz de nuestros corazones.

 

 

El tiempo descosido de futuros

 

recuerda en cada gesto al comandante,

 

romántico, bohemio, reflexivo.

 

La vida es un enfermo prematuro,

 

la muerte es la más fiel de las amantes

 

y Ernesto “Che” Guevara sigue vivo.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

FUE EL BESO SIN AMOR DE UNA PRINCESA

 

 

FUE el beso sin Amor de una princesa

 

de alguna monarquía sempiterna,

 

de una princesa alocada y traviesa

 

que escondía el Amor entre las piernas.

 

 

Fue un beso sin Amor, adulterado,

 

dormido de pasión y sentimiento,

 

anémico, fugaz, interesado,

 

de esos que al soplar se los lleva el viento.

 

 

De besos enfermizos, de hojalata,

 

se pintan tantas bocas caprichosas

 

llenamos la ilusión con tantas cosas

 

que un beso siendo un beso a veces mata.

 

 

Ayer en los jardines de palacio

 

un príncipe se convirtió en batracio.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

A JOAQUIN SABINA

 

 

ANARCOTRAFICANTE de la duda

 

Jilguero al que no calla la afonía

 

Osado que dice: “Esta boca es mía”

 

Apóstol de Serrat y de Neruda.

 

Quijote de los sueños de la gente

 

Ufana de morir de mal de amores

 

Indicio de que aún quedan soñadores

 

Nadando siempre contra la corriente.

 

 

Sírvanles la elegancia de tus versos

 

A los que quieren dejarse la piel

 

Buscando Poesía en la basura.

 

Incluso hasta a los pétalos dispersos

 

Nacidos de las flores más oscuras

 

Acuden las abejas a por miel.

 

 

AMADO STORNI

(Jaime Fernández)

 

 

 

 

 

ALGUNOS POETAS

 

 

ALGUNOS poetas escriben

 

creyendo que su soledad es compartida.

 

 

Otros porque piensan que su voz

 

es la voz de los que sufren,

 

de los que no saben hablar o no pueden hacerlo.

 

 

Los más se atreven a escribir sobre el Amor

 

sin haber amado nunca.

 

Y empachan de pasión

 

esos amores que siempre soñaron

 

y que no tuvieron nunca.

 

 

Incluso los hay que se pierden en vocablos,

 

ridículos pleonasmos,

 

epítetos absurdos,

 

redundancias mil veces redundantes.

 

Y ensucian las palabras

 

derramando sin sentido sobre lo que ya tiene sentido.

 

¡Y nadie les entiende!.

 

 

Algunos son poetas de salón,

 

poetas sumergidos

 

en las aguas siempre gélidas del éxito,

 

del éxito que efímero les da

 

el haber ganado un premio.

 

Poetas que se bañan

 

en las vanidosas aguas

 

de ver sus escritos viajando en Internet:

 

versos olvidados descansando

 

en foros literarios que ya nadie visita.

 

 

Hay poetas que cuando el compromiso y la verdad

 

incansables llaman a sus puertas

 

acaban por mirar hacia otro lado.

 

 

Poetas que enmarcan la poesía

 

con títulos que decoran

 

las paredes blanquecinas de un despacho.

 

 

Poetas que se pierden

 

en noches siempre oscuras

 

esperando que una musa

 

con forma de bombilla

 

por fin les ilumine.

 

Y a oscuras… siguen esperando.

 

 

He leído versos aburridos,

 

poemas que despliegan horizontes,

 

que tropiezan

 

y acaban desplomándose en el suelo.

 

 

 

 

 

Y mientras mis poemas,

 

perfumados muchas veces de espejismos

 

y otras tantas de ilusiones,

 

esperan en silencio

 

que el tiempo los rescate

 

de ese olvido tantas veces olvidado,

 

que huérfanos de sueños

 

alguien los adopte como suyos.

 

 

Versos incompletos,

 

dislocados,

 

repartidos,

 

versos infectados de esperanza,

 

preñados de futuros,

 

insomnes de pasiones,

 

compartidos,

 

inmortales,

 

para siempre.

 

 

Pero Bécquer solo hay uno.

 

 

AMADO STORNI

 

(Jaime Fernández)

 

 

La canción del oprimido

 

La canción del oprimido

no puede ser escuchada

porque sufre la censura

del ser que esta sometido.

 

Con la pasión acendrada

y la ilusión más potente

escribe, canta entre dientes

sus arpegios más logrados.

 

Con la sensación más pura

de llegar hasta su gente

las cuerdas de la guitarra

le desvanecen la duda.

 

Sabe que en cualquier instante

de su vida desgraciada

llegará la compasión

hasta su espíritu errante.

 

Lucila Soria
Santiago del Estero – Argentina

 

 

 

 

 

EL ÁRBOL

 

 

En los anales de la historia se puede encontrar una leyenda de un hecho que ocurrió en un lugar muy lejano, quizás incluso en otro mundo, y en otro tiempo también muy, pero que muy, remoto. Nadie puede asegurar que se trate sólo de un relato de ficción o, por el contrario, de unos hechos que aconteciesen en la realidad, pero se me antoja que eso es algo que carece de toda importancia, si no juzguen por ustedes mismos.

 

Por aquellos tiempos, toda la humanidad estaba constituida por dos familias que vivían relativamente cerca la una de la otra, aunque no lo suficiente como para evitar el que cada una tuviese hábitos de vida diferentes. Por ejemplo, mientras una de ellas se dedicaba casi exclusivamente al pastoreo y la caza para subsistir, la otra ocupaba su tiempo en las labores de la tierra y la recolección de alimentos silvestres.

Sus distintas ocupaciones no impedían que ambas se mostrasen amistosas. Es más, mantenían una relación muy cordial y se intercambiaban sus bienes constantemente y sin ningún compromiso. Los pastores solían ofrecer algo de carne a sus vecinos, mientras que éstos les correspondían con frutas y hortalizas que cultivaban. Siempre había sido así, y no había ningún motivo por el que esta situación tuviese que cambiar.

No hasta aquel aciago día que transformó la historia de esta pequeña humanidad para siempre.

Varías lunas habían recorrido ya el cielo estrellado desde la última vez que tuvieron un encuentro, así que el patriarca de los agricultores decidió hacerle una visita a su amigo y vecino pensando que aprovecharía también la ocasión para alguno de sus intercambios. Pero conforme se acercaba a su destino, su sorpresa fue en aumento. Por todo el camino de entrada aparecían una serie de imágenes echas en madera o barro, todas muy parecidas, que representaban una especie de tronco de árbol o algo así, aumentando su número a medida que se acercaba al hogar. Por las paredes de la vivienda aparecía también esta misma imagen pero pintada de diversos colores y tamaños y justo a unos metros de la entrada principal se encontraba la mayor de todas, una gran talla de varios metros de alto y de un grosor desproporcionado fabricada con retazos de madera apuntalados y también coloreada de forma extraña.

Cuando los dos hombres se dieron al encuentro, esta es la conversación que se registró:

 

–¡Amigo Mel! –saludó el agricultor efusivamente–. ¿Pero qué es todo esto que te traes entre manos, algún tipo de reclamo nuevo para tus bestias?

–No digas bobadas Roy –contestó Mel, el pastor–. Y muestra un respeto, haz el favor. Estás ante el Gran Árbol del Guananí.

–¿Cómo dices, el gran árbol de qué? –preguntó de nuevo Roy con una gran sonrisa en el rostro pensando que su vecino le tomaba el pelo.

–No te hagas el tonto, ¿quieres? He dicho el Gran Árbol del Guananí. –en esta ocasión Mel se mostró más serio y tajante en su aseveración.

–Perdón, perdón, no quise ofender, pero es que no entiendo nada. ¿Qué es eso del árbol del guananí? Es la primera vez que lo escucho en mi vida.

–Lógico, ya que sólo a mí me ha sido revelada su existencia –respondió Mel con aires de superioridad–. Pero no te preocupes, eres una persona afortunada por ser mi amigo. Yo te lo contaré todo al igual que hice con el resto de mi familia.

–¿Qué tienes que contarme? –le interrogó Roy muy intrigado.

–Presta atención porque esto que vas a oír es sumamente importante para nuestra futura existencia, amigo. Esta imagen representa al Gran Árbol del Guananí, un árbol de inmensas proporciones que se encuentra al otro lado de las montañas, allá donde ningún ser humano ha sido capaz de llegar. Es único en el mundo y, a pesar de la distancia que nos separa, tiene la capacidad de poder resolver todos nuestros problemas con la caprichosa y tiránica naturaleza que tantos quebraderos de cabeza nos produce, ya lo sabes.

–Un momento, un momento –interrumpió el agricultor algo desconcertado–. No entiendo nada. En primer lugar, ¿cómo es posible que conozcas tú la existencia de ese árbol milagroso si habita en un lugar donde nadie ha llegado? Y en segundo lugar, ¿qué es eso de que puede resolver todos nuestros problemas con la madre naturaleza? Nadie está por encima de ella, es imposible.

–¡Ah, hombre de poca fe! Ya sabía yo que te mostrarías reticente. Algo me dice que la envidia por no haber sido tú su descubridor te reconcome.

–¡Pero qué tonterías estás diciendo! Contesta a mis preguntas si puedes –atajó Roy algo malhumorado por el comentario de su vecino.

–Pues claro que lo haré. Es cierto que nunca he estado en el lugar del que procede, pero eso no es necesario; hace muchas jornadas soñé con él. Se mostró ante mí con una claridad reveladora, su belleza y la luz que de Él emanaba no era comparable a nada conocido. Desde ese preciso momento supe que debía consagrar toda mi vida y la de los míos a Él. Y tú deberías hacer lo mismo si quieres salvarte –concluyó el pastor con rotundidad.

–¿Salvarme de qué? Nada de lo que dices tiene sentido. Pero mira, no importa, ya me lo explicarás otro día, es que ahora tengo un poco de prisa, mi familia necesita algo de carne, como sabrás, y aquí te traigo estas verduras y algo de fruta también para tus animales –el agricultor intentó cambiar de tema al comprobar la insistencia de su amigo en algo que carecía de sentido para él.

–No tan rápido vecino. Ya no podré ofrecerte lo que acostumbraba.

–Pero ¿por qué? –quiso saber Roy sorprendido.

–Es obvio, ¿no? Para que el Árbol del Guananí pueda protegernos de todos los elementos maléficos, hay que cuidarlo, igual que a cualquier otra criatura. Necesita alimentos, agua, compañía. Necesita saber que sus protegidos están aquí respetándolo y adorándolo. Es lógico, tú también lo harías. Parte de lo que te daba a ti tengo ahora que ofrecérselo a Él para que siga cuidando de nosotros. Todos los nuestros se deben ahora a su culto y manutención, no creo que tengamos mucho tiempo para nada más, lo siento.

–¡Pero sí es sólo un trozo de madera! Cómo puedes…

–¡Alto ahí blasfemo! –interrumpió visiblemente enfadado Mel–. No permito que hables así del Él; arrepiéntete de lo que has dicho o todas las calamidades del mundo caerán sobre ti.

–Creo que te has vuelto loco, no puedo creer que toda tu gente piense como tú –exclamó Roy desesperado.

–Pues claro que todos piensan como yo, ¿qué insinúas, que no me respetan? Yo sólo quiero proteger a mi familia, al igual que tú, y haré todo lo que esté en mi mano. Ellos lo saben, por eso creen lo que les digo y se muestran temerosos del poder del Gran Árbol, como deberías de hacer tú y los tuyos. Y por eso mismo no puedo consentir que una presencia turbadora ande por aquí, entre mis hijos. Así que si te niegas a doblegarte a la fuerza de nuestro Gran Protector Árbol del Guananí será mejor que te vayas y no vuelvas, o tendré que tomar represalias contra ti –sentenció Mel.

–Si eso es lo que quieres, así será. Pero procura no acercarte tú tampoco a mis tierras, porque allí ningún estúpido árbol podrá salvarte de mi furia. Hasta nunca, vecino –terminó diciendo Roy al tiempo que se daba media vuelta y volvía por donde había venido.

 

Y así fue como estas dos familias jamás volvieron a dirigirse la palabra amistosamente. Obviamente sí que volvieron a verse en infinidad de ocasiones, ya que ambos necesitaban algunos de los bienes que el otro disfrutaba, pero sus encuentros siempre fueron furtivos, terminando en violentas confrontaciones y batallas interminables donde las dos familias terminaban perdiendo algo importante a cambio de conseguir algo menos importante.

Al menos eso es lo que cuenta la historia. Como ya he dicho, si ocurrió en realidad o no, es algo que todos desconocen. Aunque si está escrito por algo será, y si no lo estaba, ahora sí que lo está. ¿Quién sabe? puede que incluso me lo esté inventando todo, pero…. ¿qué importancia podría tener?

 

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

RECUERDOS

 

 

TANTAS LÁGRIMAS ESCONDIDAS

RECORDANDO LOS VIAJES EN TREN A OROTINA,

AL MIRAR LOS BRILLANTES CELAJES

CUANDO CAE LA TARDE.

 

Y EN MI MENTE EL PUNZANTE RECUERDO

DE AQUEL AMOR QUE SE DESVANECIÓ

A ORILLAS DE TU ESPERANZA.

 

LOS JARDINES QUE RETOÑARON

A LA LUZ DE TU ENCUENTRO

YA LOS SECÓ EL VERANO.

 

PALOMA QUE VUELAS LEJOS DE MI NIDO

CÓMO MENOSPRECIARTE

SI ERES PARTE DE MIS SENTIDOS.

 

PROFUNDOS RECUERDOS ADORMECEN MI MENTE,

SON LOS QUE LLORAN EL SILENCIO DE TUS PALABRAS.

 

FALSAS ILUSIONES MARCARON ESTA VIDA,

BUSCANDO EN LAS LETRAS DE MI POEMA,

EL AMOR DEL ALMA,

AMOR, QUE NO SE OLVIDA.

 

  -Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Autor del Libro “Amor Platónico”

Ganador del 1er concurso de poesía

ofrecido por la Revista Cultural “Espíritu Literario”.

Grecia, Alajuela, Costa Rica

 

 

 

 

EL FINAL DE LAS COSAS

 

Las cosas tienen un fin

escondido en los huesos.

Las cosas buscan auroras

que les recuerden lo efímero,

lo que nada es eterno,

lo que nada perdura.

Vivimos nuestra vida

de momentos marchitados

y los convertimos

en alegrías poliformes,

en desdichas del ambiente,

en desiertos de soledad.

El final de las cosas

está metido en los cuerpos,

nosotros les damos vida,

los hacemos vida

que acompaña la ilusión

perdida de esperanzas.

Somos lo único que resiste

la cuesta sin norte,

el ocaso en el horizonte,

el mañana sin rostro.

Andamos lo caminado,

miramos un alba bajo el tedio,

la espesura sudada

del sufrimiento es un reloj

sin alma desnudo en el sueño.

Somos mortaja y equinoccio,

somos sencilla reconciliación,

somos perplejidad compleja,

somos astros orgánicos.

La poesía es lo único

que nos queda.

Por que es lo único

que no está podrido

por los dotes que el hombre

inventó para sobrevivir.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXIII   24-01-2.009

 

EDITORIAL XXIII

Porvenir en blanco y negro

 

El pasado 20 de Enero Obama fue nombrado oficialmente presidente de los Estados Unidos con una puesta en escena espectacular. Parece que en épocas de crisis se acentúa la necesidad de luchar por abrir espacios a la esperanza, aunque nos puede dar la impresión de que haya algo forzado en ese intento. Ya en su momento, sin embargo, expresamos nuestro escepticismo por este nuevo líder que, aun cuando aporte aires nuevos, y frente a Bush no resulta difícil que cualquier cosa parezca esperanzadora, no obstante muchos nos tememos que no va a aplicar ninguna política nueva a favor de los oprimidos, de los pobres, de esa mayoría silenciosa que asiste a la crisis no sin cierto pánico. Que quede claro que nos gustaría equivocarnos.

 

Pese a todo, aceptamos que la presidencia de Obama ya tiene en el ámbito de lo simbólico un aspecto positivo: es el primer presidente negro en un país cuya esclavitud quedó abolida el 1 de Enero de 1863 mediante una Declaración de Emancipación que se ratificó en Diciembre de 1865, esto es, hace 144 años. No podemos menos que recordar la tragedia de la esclavitud en general y la de los negros en particular. Millones de hombres y mujeres africanos fueron transportados a América para trabajar como esclavos y no creemos exagerado afirmar que en gran medida la riqueza acumulada en Occidente durante los tres siglos siguientes a la llegada de Cristobal Colón a América descansa en buena medida sobre los hombros de millones de esclavos. La riqueza en América y Europa costó demasiado sufrimiento y el de los negros es desde luego una de las expresiones más trágicas.

 

Por tanto, reconocemos que la llegada de Obama a la Presidencia de los Estados Unidos es un homenaje a todos aquellos esclavos que trabajaron en aquel país, y por ende en todo el continente, y supone un pleno reconocimiento a todo aquel movimiento abolicionista que durante años luchó por la dignidad de la humanidad, movimiento que tuvo sus nombres, entre los que destacamos los de John Brown, William Lloyd Garrison y el de la escritora Harriet Beecher Stowe, autora de “La Cabaña del Tío Tom”, pero en el que participaron muchas personas cuyos nombres, hoy, no conocemos. Nos parece justo recordar que en una historia tan horrible hubo, sin embargo, personas que levantaron su voz para clamar contra la barbarie y actuaron, como los cuáqueros u otros movimientos de emancipación, por un mundo de justicia.

 

Evidentemente, nosotros vinculamos también el abolicionismo al movimiento de emancipación africana que un siglo después luchó por la libertad y la dignidad de los pueblos de África. Amílcar Cabral, Thomas Sankara, Agostinho Neto o Nelson Mandela, entre otros muchos, aportaron su lucha y su conocimiento para que la ignominia de la esclavitud y el colonialismo quedaran definitivamente abolida. Hubo también un gran movimiento cultural que se desencadenó a partir de esta corriente liberalizadora, un movimiento que no fue, desde luego, homogéneo, y para ejemplo la polémica sobre la Negritud defendida por Léopold Sédar Senghor, Berago Diop o Aimé Césaire, pero rechazada por Wole Soyinka. A todas luces, las discrepancias fueron resultado de la amplitud de una realidad que debe tener hoy su continuación.

 

Hablar de una cultura negra o blanca (o china, o india) nos parece hoy limitar la expresión del ser humano. Sin embargo, puede ser una referencia más para un magma de autores y artistas en general que, en buena lógica, han de influirse unos a otros. Esta es nuestra apuesta.

 

 

 

 

 

 

MERA COMPAÑIA

 

   Hoy hemos discutido,

por nada, por memeces, por tonterías.

Te miro con el rabillo del ojo y te veo desolada,

solitaria, desamparada, gimiendo vacíos delante de la televisión.

Te veo cambiar de canal,

perdida, aburrida, buscando luces en los rayos catódicos,

vas recorriendo todos los canales.

No te paras en ninguno,

ninguno te satisface, ninguno te gusta.

Te paras en uno de cocina, pero no, no te quedas,

sigues con uno de cantantes, te vas por los bulevares de la risa,

pero tienes muy pocas ganas de reírte, pasas hacia otro de bricolaje, pero no, no te satisface.

Te vas a la cocina  coges un vaso de mazamorra,

te lo comes con pesadumbre, te incorporas suspirando,

cambias de canal constantemente.

Terminas la mazamorra.

Dejas el vaso vacío en la mesita.

Cambias de canal huyendo de la monotonía,

escapas de las crónicas rosas sumergida en un bostezo,

vuelves a cambiar, te levantas, te vuelves a sentar,

te cruzas de piernas, te rascas la barbilla,

miras un programa de noticias, pero uff,

demasiada sangre y violencia.

Me miras de reojo, yo finjo no mirarte.

Disimulo en mi ordenador haciendo no sé qué cosa.

Sigues buscando una aurora descalabrada a pedradas de alegría,

sigues cansada el camino hacia la luz,

te veo desvalida, derrotada, indefensa, miras y no ves,

haces como que miras.

De pronto, disimuladamente te miro,

te has dormido.

Te veo plácida durmiendo entregada a la cúspide

de un sueño efímero y transitorio, de paso, por si acaso, fugaz.

Entonces me quedo solo. Ya no tengo tu mirada.

Ya no estás conmigo. Estás como un ángel.

Estás totalmente esparcida en el sofá.

Estás como un niño lactante durmiendo su nada.

Estás entregada a la súbita derrota como en un manantial de tranquila presencia y efluvio de paz sencilla.

Y yo me pregunto: ¿qué soy en tu noche de televisión?

Y suspiro mi verdad desnuda tragando la cruda realidad

de tus noches sin fondo, tus noches opacas, tus noches vacías.

¿Y qué soy?

Pues soy una mera compañía que está a tu lado.

Una mera compañía que te discute, que te increpa, que te quiere.

Tú mientras, babeas tu noche vacía.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

La Isla

 

 

         La niña apuntó con el dedo hacia el mar. Dirigí mi mirada al lugar que Suzette me indicaba. Vi aproximarse un velero. Estaba todavía lejos. Distinguí a dos hombres y una mujer, los tres blancos, que realizaban maniobras para aproximar la embarcación al atracadero. Tardarían un rato. Nos acercamos nosotros también hacia el embarcadero cruzando la playa por la que habíamos paseado toda la mañana y que tanto nos gustaba porque en ella hablábamos largo y tendido, nos quedábamos a veces embelesados ante el mar, nos inventábamos historias y sin duda era el lugar más hermoso que conocíamos. Claro que yo conocía más mundo que la niña, que apenas había salido de la isla pero tampoco creo que se planteara vivir en otros parajes.

         Suzette me preguntó si esperaba gente, le respondí que no. Estaba ansiosa y emocionada por saber quienes eran aquellos extraños. No eran frecuentes las novedades entre nosotros. Pocas veces llegaba gente a la isla, menos aún blanca. Creo que durante mucho tiempo al único blanco que muchos en la isla habían visto era yo y no sé si me gustaba por una vez romper aquel monopolio. Ellos nos vieron cuando estaban a pocos metros del embarcadero y se quedaron también extrañados al descubrirme. Evidentemente no se esperaban encontrar a un europeo, llegaban con el deseo de ser los descubridores de aquel archipiélago tan apartado del resto del mundo, los primeros en llegar, y de repente se daban de morros conmigo. Imagínense por un momento que Colón, al alcanzar las playas de la que sería La Española, descubriera a un feliz castellano recibiéndole con total parsimonia. Claro que en estos tiempos nuestros ya ningún sitio del mundo está por descubrir, no se puede comparar.

         Terminaron de atar su embarcación. De cerca ésta era más grande de lo que nos había parecido un rato antes, desde luego no era un simple velero. Bajaron los tres y se acercaron a nosotros, que les esperábamos en la playa. Nos saludaron. Intentaron hablar en portugués, pero apenas lo chapurreaban. Noté que eran franceses. Yo me dirigí a ellos en su lengua. Hacía años que no la hablaba y me sorprendió gratamente la fluidez con que conseguí hablarles. Mi vida casi monástica, lejos de Europa, parecía no haber mermado mis capacidades de antaño, pensé. Me dijeron que estaban de turismo, querían probar el yate nuevo, nos lo apuntaron con el dedo como si de pronto nos lo enseñaran, no sin orgullo, y se habían atrevido a llegar al archipiélago. Por un momento temí que pudieran ser contrabandistas o alguna cosa así, pero su aspecto les delataba. Les pregunté si pensaban quedarse mucho tiempo y les ofrecí mi morada para pasar la noche si lo deseaban, pero me dijeron que tenían intención de salir a media tarde, regresar al continente, pero agradecieron vehementemente mi siguiente oferta, a la que Suzette se añadió con esa amplia sonrisa suya que impedía muchas veces a cualquier persona negarse a cumplir sus deseos, oferta que no era otra que enseñarles el lugar. No es una isla grande, les anuncié no sin la afectación de quien se identifica plenamente con un lugar pequeño, una patria chica, aun cuando fuera de adopción, se ve en medio día, añadí.

         Mientras nos acercábamos a la aldea noté que sentían curiosidad por mí. Sin embargo, yo no estaba dispuesto a satisfacérsela. Tendría que hablarles de mi vida antes de aposentarme en el archipiélago y me esforzaba ya mucho por olvidar mi pasado, por olvidarme por completo del hombre que fui. Por suerte, su buena educación les vedaba formularme preguntas directas. Supe por contra que la mujer estaba casada con uno de los hombres y el otro era un buen amigo de ambos. Se quedaron sorprendidos por la aldea cuando llegamos a ella. Todo, dijeron, estaba muy ordenado y muy limpio, nada que ver con el continente donde todo resultaba caótico. No pude menos que darles la razón. Aquí todo es diferente, les dije reafirmándoles el dictamen. Casi el paraíso, murmuró la mujer. Recordé que yo también había pensado lo mismo cuando llegué. Sin embargo, les comenté como si fuera necesario incluir una nota negativa, muchos de los habitantes habían marchado, habían emigrado a Europa. Era como decirles que no todo era lo que parecía a primera vista era como lo pensábamos, que aunque no nos lo creyéramos, y yo mismo no me lo creía del todo a pesar del tiempo que llevaba en la isla, o a veces no me lo quería creer, había puntos flojos que había empujado a algunos a marchar. No obstante, me callé que sin duda bastantes, por no decir todos, de los que marcharon no serían felices allí donde estuvieran, que recordarían con añoranza la isla. Pero era algo que yo tampoco sabía con certeza.

         Pronto nos entró hambre. Propuse comer en mi casa y aceptaron. Se añadió Nemas, que parecía apenas preocupada porque Suzette y yo no habíamos vuelto de nuestro largo paseo matutino y nos había esperado como todos los sábados. Sin embargo, no pareció sorprendida porque llegáramos acompañados por aquellos desconocidos. Hubiéramos podido haber sido secuestrados por piratas, bromeé. Rió. Aquí no hay piratas, me dijo en la lengua local, en todo caso ellos serían más atractivos para los piratas. No pude menos que darle la razón. Suzette, por su parte, parecía encantada con la mujer, jugaba con ella como si se conocieran de toda la vida.

         Mientras comimos supe que eran profesionales, abogados los dos hombres, arquitecta la mujer, que vivían en París. Me hablaron de sus vidas y de cómo de pronto se habían visto sumergidos en una existencia sin sentido. De repente, se dieron cuenta de que no podían continuar así y habían decidido buscar alternativas. Les escuchaba quejarse y me pregunté cómo era posible que cuando se alcanzaba un cierto nivel material uno descubría que faltaba algo que impedía la felicidad, la ansiada felicidad tan deseada y tan poco lograda. Y usted aquí de qué vive, me preguntó el marido. Seguían  interesados en conocer mi historia, saber por qué había terminado en aquella isla. Pero yo no quería remover el pasado, el mío, sólo a mí me correspondía bregar con mi vida. Doy clases a los niños, me justifiqué, al fin y al cabo tampoco sentía mi vida allí como algo ligado al trabajo. Un maestro, dijeron a la vez. Sonreímos. Ahí quedó todo.

         Les acompañamos hasta el barco después de una muy grata sobremesa. No querían que se les echara la noche en alta mar, por lo menos querían ver las luces de la costa. Habíamos charlado como si fuéramos viejos amigos que pasan juntos un sábado por la tarde. Les vimos partir y alejarse de la isla poco a poco. Mientras volvíamos a casa, Suzette me preguntó a qué me dedicaba yo en Europa. Le acaricié el pelo. Le propuse una carrera y sin avisar salí corriendo mientras ella, detrás de mí, se reía a carcajadas.  

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

CRÓNICA NEGRA

DEL GRAN HERMANO XIII

 

Vamos todos a ver el escaparate repulsivo

del raiting vencedor arropados en el filo frío del cuchillo

en el horario masivo de media noche de gala.

Veamos el espectáculo inofensivo

de ver a la presentadora del reality show en pleno ejercicio

de una moral pachorra y viejarrona

resumida en unas breves notas de petulante prepotencia.

Todos verán el edredoning mascachapas

de la puta de España con el machito musculado

que se envalentona solamente cuando va borracho.

Siéntense y vean la burda mentira de la realidad estupefacta.

Acomódense sin hacer zapping

 y vean como los viciosos productores televisivos

 usan a la juventud,

con la varita mágica de la ley del embudo,

como si fuesen monigotes de trapo que golpear como a un saco.

Apresúrense a ver la tórrida escena de la chabacana

del extrarradio pelear con la mentira del mundo

en una ordinaria riña de verduleras pregonando carencias.

No se asombren de nada.

Esto es el pan de cada día.

El Amén es una escalera de luz

que buscan los chicos deseosos de fama efímera y rentable

 desnudando su alma si fuere preciso,

perdiendo la dignidad si se lo piden, humillándose si encarta.

Cuando junten los cuatro duros para montar un pub donde

las chiquillas se abran de piernas y los afortunados sean alcurnia,

de nobleza de bambolla y ralea con aire de grandeza,

se impartirá la lección magistral y elitista de la estrategia

inteligente de brincar como un mono.

Vean y disfruten del orgasmo hecho sueño de oropel

con que engañan a los niños tontos y torpes.

¡ATENCIÓN, ATENCIÓN!

Conectamos en directo con la casa:

¡Se ha producido un subidón de audiencia!

Y es que el muchacho musculado se le ha ido la olla

y ha lanzado un aparato conectado a la electricidad al jacuzzi

lleno de agua y espuma de jabón

donde estaban sumergidos varios concursantes del programa.

¡Han quedado totalmente achicharrados!

¡Señoras y señores!

¡Qué buen invento el de la vida en directo!

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

AMOR PLATÓNICO

                       (Canción)

NAVEGANDO EN EL MAR DE MIS RECUERDOS

MIRANDO CAER LA LLUVIA EN LA ARENA

RECORDANDO AQUELLOS OJOS BELLOS

Y SU LINDA PIEL MORENA.

 

AQUEL DÍA LA BUSQUÉ EN SU PUEBLO

PUES SU NOMBRE CONOCÍA

Y AÚN LA SIGO YO BUSCANDO,

SU RECUERDO ES MI AGONÍA.

 

¿DÓNDE ESTÁS?

¿POR QUÉ NO ME RESPONDES?

Y CUANDO EN SUEÑOS TE LLAMO

NADIE CONOCE TU NOMBRE.

 

PORQUE ESTE AMOR CALLADO

ME AHOGA EN SILENCIO,

SOÑANDO ESTAR A TU LADO

AUNQUE TÚ YA TIENES DUEÑO.

 

¿DÓNDE ESTÁS?

MUJER DE MIS ENSUEÑOS

PARA ESCRIBIRTE LINDOS VERSOS

COMO ANTES YO LO HACIA               (coro)bis

PORQUE TE SIGO AMANDO

CADA NOCHE, CADA DÍA.

 

CON ANSIAS PIDO AL CIELO

BORRAR DE MIS ADENTROS

ESTE PUNZANTE RECUERDO

ES AMOR, QUE NO SE OLVIDA.

 

-Luis Chinchilla Elizondo-

 

 

DEMOCRACIA

 

Otro de los grandes problemas que tienen las democracias actuales es el siguiente: necesitan contentar a todo el mundo, incluso a las minorías.

¿Por qué pienso que esto supone un problema? Como ya comenté en el artículo anterior, es algo obvio el hecho de que todos no somos iguales ni pensamos de la misma forma. Vivimos en una sociedad excesivamente poblada y diversificada; esta situación conlleva dos problemas: el primero es que cualquier corriente de pensamiento que se nos ocurra, por estrafalaria que sea, será seguro que encontrará cientos de adeptos y personas que darían cualquier cosa, incluso la vida en algunos casos, por defenderla, teniendo en cuenta el nivel tan alto de exigencia que estamos alcanzando los ciudadanos de a pie (en muchos casos injustificada), tal y como predijo Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas.

Si este primer problema deriva de la diversidad a la que hacía referencia, el segundo es consecuencia del exceso de población tan brutal a que está sometido el planeta, que hace que cualquier minoría esté compuesta por miles de individuos. Y, como todos sabemos, tal cantidad de personas hacen mucho ruido e, incluso, pueden hacer mucho daño si se lo proponen. De ahí que cualquier gobierno que se precie se vea en la necesidad de contentar a cualquier minoría que pueda causarles problemas.

¿Pero qué ocurre cuando aparecen grupos con ideas contrarias? Sería lógico pensar que se tratará de complacer a aquél que pueda ser más problemático, es decir, al que haga más ruido. Si no existen grandes diferencias al respecto, lo normal sería satisfacer las necesidades de aquellos que presenten una ideología más cercana a la de los líderes de turno, o algún otro tipo de acercamiento con estos, ya sea de amistad, familiar o por intereses económicos. Lo cual provocará el enojo de los partidos en la oposición que, inmediatamente, tomarán partido por la minoría más desfavorecida, ocasionando las consiguientes divisiones en la población y la alteración de la vida pública por problemas que a priori sólo eran competencia de unos pocos.

Se me ocurre un ejemplo ficticio (un poco tonto, pero sólo es eso, un ejemplo). Pongamos que a alguien le da por constituir una asociación en defensa del escarabajo de la patata, alegando  que éste se encuentra en peligro de extinción debido al uso de pesticidas. Por lo ya expuesto, pronto, dicha asociación crecerá en integrantes, consiguiendo formar un numeroso grupo de personas preocupadas por el futuro de dicho coleóptero, aunque sin dejar de ser una minoría poco importante en el conjunto de la sociedad.

Pues bien, no tardará en aparecer otra sociedad de individuos equivalente que se declaren detractores del escarabajo de la patata, por el mucho daño que éste hace a los cultivos, por ejemplo. De la misma manera, también esta última asociación se verá pronto aumentada en número de asociados, convirtiéndose así en otro importante grupo, aunque, al igual que el anterior, también de escasa relevancia para el interés general de la población.

Hasta aquí todo transcurriría de un modo normal, pero es de suponer que llegará un momento en el que la administración general deba tomar partido por uno de estos grupos, por ejemplo, cuando llegue la hora de conceder alguna subvención. Llegado el caso, se decantará por uno o por otro a consecuencia de alguno de los motivos ya expuestos (personales, familiares o económicos). Pongamos que se inclina a favor de la asociación que defiende al bicho. Inmediatamente, la oposición lo hará a favor del grupo contrario, aunque hasta ahora no hayan oído hablar de ellos ni le importe en nada el futuro de semejante criatura.

Y ya tendríamos el lío formado; debates públicos, improperios de todo tipo por ambas partes, exaltación general de la clase política,… En poco tiempo, un problema que sólo afectaba a una minoría de la población, habrá llegado, a través de todos los medios de comunicación, a la vida de todos los ciudadanos, obligándolos a tomar partido de alguna forma en dicho debate, y ocasionándose como resultado la consiguiente división entre una población que, hasta este momento, se encontraba totalmente ajena a semejante disyuntiva.

Como ya he dicho, el ejemplo es un poco tonto, y puede parecer exagerado; pero si lo extrapolamos a otros asuntos más relevantes de la vida pública, comprobaremos que así es como funciona la política, al menos en este país, donde, gobierno y oposición (y con ellos el resto de la población) se encuentran continuamente enfrentados por supuestos problemas en los que, en la mayoría de los casos, es un simple cambio de punto de vista el que origina la división, en vez del grave problema que nuestros líderes pretenden hacernos ver, justificando así su “importante” e “imprescindible” labor en esta nación.

Como dije al principio, este es otro de los grandes problemas con los que se enfrenta la democracia que todos conocemos y que, por supuesto, a todos nos afecta. Y es así porque, al tener tanto peso una oposición, si ésta se lo propone, puede dar al traste fácilmente con cualquier proyecto político que pretenda implantar el gobierno de turno, elegido libre y democráticamente por la mayoría de los ciudadanos, sea éste mejor o peor, atrasando de esta manera el desarrollo social de todo el país. Esto es algo inevitable, ya que, como todos sabemos, el principal interés de todo partido político siempre será llegar al poder (o mantenerse en él), a costa de lo que sea, incluso, del bienestar de la población. Quizás su segunda preferencia pueda ser la felicidad de los ciudadanos, pero mientras siga siendo sólo la segunda, nada tendremos que hacer, porque la lucha por el poder es algo que siempre estará presente en una democracia, donde cada cuatro años se deben de enfrentar los diferentes partidos en las urnas.

Con esta forma de proceder es muy difícil, por no decir imposible, que una persona justa, imparcial y cuya única intención sea mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos, pueda optar siquiera a llegar a lo más alto del poder gubernamental, tal y como auguró en su día el filósofo ateniense Sócrates cuando dijo: “Es de todo punto necesario que aquel que combate francamente por la justicia, si ha de salvarse por algún tiempo, viva como un simple particular, y no como hombre público.” Si tengo razón (y ojalá no sea así), nos encontramos en la terrible situación de que nuestro destino siempre se encontrará en manos de personas sin escrúpulos y sin visión de futuro, más allá de los cuatro años pertinentes que les toque gobernar. Para probar dicho argumento basta con escuchar los discursos de los diferentes líderes políticos cuando se encuentran en campaña electoral y durante cualquier otra época del año; apenas difieren. Para ellos, los cuatro años de legislatura suponen una continua campaña electoral, es decir, están constantemente preocupados por ostentar el poder, mantenerlo, o desprestigiar al contrario. Como todos sabemos, durante una compaña electoral, nadie gobierna, así que, si ésta dura cuatro años, saquen sus propias conclusiones.

Por si todo esto fuera poco, nos encontramos aún con otra dificultad añadida. Hay dos formas de ganarse un electorado: una de ellas sería convenciéndolo de que somos mejores que los demás, demostrándolo con hechos. Pero esta es una forma cara, complicada y que sólo da resultados a largo plazo. La otra sería convencer a los ciudadanos de que los demás son peores que nosotros. Esta forma resulta más sencilla, rápida y barata, ya que nuestro lenguaje y nuestra justicia permiten, con facilidad y total impunidad, el engaño, la exageración y la tergiversación de los hechos y de las palabras. Ni que decir tiene cual es la forma que eligen nuestros líderes, porque, si en algo son unos expertos, es en el uso y la práctica de la dialéctica y la retórica, que, dicho sea de paso, es prácticamente el único requisito que se le exige a una persona para aspirar a un alto cargo político (aparte de la falta de escrúpulos).

Por todo lo expuesto, y teniendo en cuenta la tendencia educativa del momento, que Dios nos coja confesados cuando lleguen las futuras generaciones de gobernantes al poder, máxime, considerando el ejemplo que están dando los actuales.

 

 

Había llegado en ellos (los doctrinarios) a convertirse en un instinto la impresión radical de que existir es resistir, hincar los talones en tierra para oponerse a la corriente. En una época como la nuestra, de puras “corrientes” y abandonos, es bueno tomar contacto con hombres que no “se dejen llevar”.

Guizot

 

 

Aparte las doctrinas particulares de pensadores individuales, existe en el mundo una fuerte y creciente inclinación a extender en forma extrema el poder de la sociedad sobre el individuo, tanto por medio de la fuerza de la opinión como por la legislativa. Ahora bien, como todos los cambios que se operan en el mundo tienen por efecto el aumento de la fuerza social y la disminución del poder individual, este desbordamiento no es un mal que tienda a desaparecer espontáneamente, sino, al contrario, tiende a hacerse cada vez más formidable. La disposición de los hombres, sea como soberanos, sea como conciudadanos, a imponer a los demás como regla de conducta su opinión y sus gustos, se halla tan enérgicamente sustentada por algunos de los mejores y algunos de los peores sentimientos inherentes a la naturaleza humana, que casi nunca se contiene más que por faltarle poder. Y como el poder no parece hallarse en vía de declinar, sino de crecer, debemos esperar, a menos que una fuerte barrera de convicción moral no se eleve contra el mal, debemos esperar, digo, que en las condiciones presentes del mundo esta disposición no hará sino aumentar.

John Stuart Mill

 

La misión del llamado “intelectual” es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban.

Ortega y Gasset

 

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

Elaboré un avión de papel para escapar lejos y no volverte a ver; sentía explotar de dolor el alma y recordé tus abrazos… y me acordé de tus besos… recordé tu aroma y tu piel…y tu pubis… y rememoré que nunca te he podido olvidar… evoque la brisa que arrastró el perfume de nuestros besos y palideció el carmín de mis labios, al no respirar tu aroma. Se marchitaron las horas y el color de los ojos por la agonía ¡Se que tu amor, nunca volverá! El pasado será: el profeta de nuestro futuro. Deja que los besos de mis caricias, vuelen como alcatraces sobre tu cuerpo desnudo. Soy el chupaflor de la luna llena de tu corazón y de las esencias de la flor del placer. Dentro de tu carne, aún palpitan las huellas de los silencios de tus malos pasos. Te enseñé a soñar como un caudaloso río brillante y a palpitar como la sangre errante, saltando de errores a aciertos y algunas veces a la inversa… A veces intento alejarme, fatigado por tus necedades. Te extrañaré… pero el solo imaginar con no encontrarte, hace que recule mi alma, baje la cabeza y se olvide del daño. Es fácil aprender a amar y difícil…casi imposible: ¡Olvidar!

 

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

Bogotá (Colombia)

 

 

 

¡Amada amante! ¡La culpa siempre es del primer beso! Me acostumbre a revivir los versos de las canciones contigo… me enamoré beso a beso de las palabras amorosas de tu piel… creí que Desiderata era la máxima maravilla para ablandar sentimientos… transcribí en versos las imágenes que me inspiraba tu cuerpo; me acostumbré al verde de tu mirada, al rojo de tus caricias, al azul de tus besos… no imagino el frío de la oscuridad sin ti… se pregona un otoño y ya me siento triste… Necesito sentir tus labios, para que broten los versos que invernan en mi corazón… ¡Hay tanto amor, dentro de mí! ¡Hay tanto amor, que me exploto! ¡Deja que tus caricias, abran las exclusas! ¡Déjame inundarte y sospecharte preñada! ¡Déjame imaginarte hasta la perplejidad de la madrugada!

 

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

Bogotá (Colombia)

 

 

YO SOY UN HOMBRE SINCERO

 

“Esa marcha hacia la desintegración

que ha sido el vivir nacional cubano”.

JOSÉ LEZAMA LIMA

 

Yo soy un hombre sincero

de donde no nace la palma

mediterráneo del mundo soy

a los mágicos palmares voy

y de su glorioso sitio retorno

a mi entorno de radiantes soles

y azules bucles de espumas

de sales que besan arena dura.

Mi verso desea ser surtidor

de gargantas de intramuros

que venza los silencios mudos

y sea expresión hermosa

de corales breves y sencillas

enarbolada bandera de azules

que acaricie como manto de flores

los caminos de ambas orillas.

No oculto en mi pecho bravo

el tremendo dolor que me hiere

la desintegración de la nobleza

y el entendimiento engullido por sierpes

que creen que el resplandor de la belleza

es la señal terrible del enemigo.

¡Ay!, ese crisol tan joven

que no sabe definir su hermosura.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

22º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXII     16-01-2.009

 

EDITORIAL XXII

Sobre razas, racismos y

obviedades varias

 

Dos hechos han vuelto a poner el tema del racismo en el candelero: la elección de Obama como primer presidente negro de los Estados Unidos y la ofensiva de Israel en Gaza que nos ha devuelto los fantasmas del antisemitismo. No es que el racismo hubiese estado adormecido todo estos años, por desgracia hemos asistido con frecuencia en todo el mundo a actos vandálicos que tenían como origen la voluntad de diferenciar a los seres humanos en etnias y darles a éstas una valoración negativa o positiva, según la perspectiva del descerebrado de turno, como si pesadilla del nazismo o del apartheid pudiera recomponerse en estos inicios del siglo XXI, lo que nos indica que por desgracia la inteligencia no abunda en nuestros días.

 

Respecto a la elección de Obama como presidente de Estados Unidos, que le llevará el 20 de Enero a ocupar el cargo, ya mostramos en nuestro editorial XII un cierto escepticismo hacia las posibilidades de cambio bajo su presidencia. No es que no reconozcamos la fuerza simbólica de que una persona negra llegue a la Casa Blanca, pero mucho nos tememos que el color de la piel nada tiene que ver con la mayor o menor grandeza de una persona. A esta altura de la historia cuesta trabajo creer que alguien pueda darle tanta importancia a pertenecer a una raza o a una etnia. Pero es así. El lamentable silencio del presidente electo ante lo que pasa en Próximo Oriente muestra bien a las claras las contradicciones y las dificultades con que se va a enfrentar para superar ciertos obstáculos, si es que hay voluntad de superar algo, sin importar cual sea su raza.

 

Y es en el conflicto de Gaza donde se nos aparecen muchos fantasmas dolorosos. Que parta por delante algo que ya hemos manifestado en nuestro editorial número XX (pedimos perdón por tanta auto referencia): nuestro horror ante la desproporción de un ataque que por ahora ha dejado alrededor de mil muertos entre los palestinos. No podemos entender la lógica de la guerra, ni siquiera de una guerra defensiva que causa semejante masacre entre la población civil. Pero sin ánimos de ser equidistantes, no lo somos, tampoco entendemos algunas reacciones que nos parece asimismo fruto del lado más tenebroso del ser humano, como la de responsabilizar a todos los judíos que en el mundo haya de la política de Israel, responsabilidad única y exclusiva de su gobierno (y en todo caso de quienes lo apoyan) y menos aún lanzar discursos de maquinaciones judías que nos recuerdan a las referencias de un contubernio judeo-masón al que hacía referencia el dictador español surgido de la Guerra Civil.

 

También nos cuesta trabajo tener que diferenciar hoy que una cosa es la política de un gobierno y otra muy distinta una población. Los ataques sufridos por comunidades judías en todo el mundo, aun cuando no sean tan graves como las sufridas por los palestinos de Gaza, suponen una ignominia imperdonable. ¿Acaso habrá que responsabilizar a todos los negros del mundo si Obama llegase algún día a atacar a algún país, como ha hecho su predecesor? Es tan obvio que cae por su propio peso. Es evidente que rechazaríamos con la misma fuerza cualquier violencia que tuviera como objetivo la población civil de Israel. Atacar a personas indefensas como venganza de las políticas de los gobiernos nos resulta cuanto menos criminal, y como ejemplo tenemos Madrid.

 

Si nos ocupamos levemente de este tema es porque creemos que la base de toda cultura es la relación de todas las personas. El intercambio entre seres humanos de razas, idiomas, pueblos, culturas y expresiones distintos ha enriquecido a lo largo de toda la historia a todos. Nada es patrimonio de nadie. Quien no quiera verlo así él se lo pierde. Entendemos la cultura como algo vivo, que está en la calle, que forma parte de la cotidianidad y no requiere de grandes palabras ni discursos elevados. No hace falta tampoco acudir a las listas de artistas judíos o negros que han enriquecido eso que llaman el acerbo cultural, cualquiera de quienes nos leen no le costará dar con más de un nombre, pero también creemos que desde el momento en que han dado a conocer su obra ésta ha dejado de pertenecerles para formar parte de cada uno de nosotros. Y una vez más tenemos que decir que preferimos mil veces el arte y la palabra que la brutalidad de las armas. Hasta nos da un poco de vergüenza tener que escribir tanta obviedad.

 

 

 

LA PATRIA DEL MESTIZAJE

 

La noche está pariendo al hombre del mañana

bajo los vestigios virginales de la desnudez.

El primer párrafo lo escribió el evangelio nocturno

de hombres marcados por la estrella ciega de una mar

infinita y salvaje.

 La verdad la escriben los que están entre la mitad

de la virtud de la raya de en medio

y entre la mitad del crepúsculo azul que los tiempos sombrean.

El Inca Garcilaso

nació después de los sangrientos cruces de rabia y cólera

entre los hijos del sol y los dueños de la madrugada inocente,

 pues al alumbrarlo su madre, llamada Chimpu Ocllo,

logra desenmarañar abriendo su quijada a la entraña de luz

que el sendero y el rumbo conocen.

Los mundos son una espiral vencida.

Los mundos son vegetal prisa de desengaños tardíos.

La aurora sorprendida da de mamar a los perros

que pretenden ladrarle a la sombra chinesca

que proporciona la luz de la lumbre.

Los niños del mañana son una sangre que merecen

los amantes que despiertan del letargo y del fugitivo sueño.

El papagayo es la alondra que sostiene la selva en su seno.

La alondra es un lucero que se apaga como una luciérnaga

ardiendo de cara a un sol enajenado.

El sol es heredero de un mestizo pueblo

que sembró Gonzalo Guerrero, un andaluz-maya,

que emergió de una esclavitud rota por el sentir

magno de la amistad y la tolerancia.

Yucatán te recuerda en todo grano de arena,

en toda mota de polvo, en todo sueño esfumado,

en toda hebra de pluma, en todo suspiro liberado,

en todo inmortal alumbramiento.

Yucatán es un “no os entendemos”

que esa ignorancia ridícula señala nombrando

futuros en las arrugas profundas de la flor del tabaco,

y la palidez del viento,

que a nada ni nadie comprende,

 y su fuerza traicionera,

es ímpetu hecho de ira y soberbia

que siembra su miedo entre los huracanes de la Tierra.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Un día cualquiera

 

 

            Tomaste la decisión casi sin pensarlo. Hay momentos, barruntaste, en los que no puedes ponerte a pensar en los detalles porque entonces no decides nada y te quedas inmóvil, estancado, dominado por el pánico. Y no estabas para eso. Había que coger el toro por los cuernos, de una vez, y con aparente firmeza entraste en la joyería, encañonaste a los empleados y te llevaste el dinero de las cajas y algunos anillos de oro que sería fácil vender en algunas tiendas que no pedían datos. Disimulaste el pavor que te entró al comenzar, sabías que de ello dependía que te tomaran en serio. Y te tomaron en serio porque sentiste el miedo en los tres dependientes. Fue rápido. Metiste el dinero en la cartera y los anillos en los bolsillos de la americana, escapaste por transitadas calles que ya conocías de sobra. Habías dejado el coche cinco calles más allá, la chaqueta y la cartera las colocaste en uno de los asientos de atrás y saliste de la zona con calma, sabiendo que ya nada torcería tu salida del centro, que te habías confundido perfectamente con toda la gente que avanzaba por las calles, que no era poca, y que podías respirar tranquilo.

         Al llegar a tu casa contaste el dinero. Era un buen botín. Con eso tenías de sobras para pagar las deudas y aún te quedaba un buen pellizco para ir tirando. Además, estaban los anillos. Te preguntaste si era mejor venderlos ya, aquel mismo día, o si era mejor esperar un tiempo, unas semanas o algunos meses incluso, y acudir a algunas de las tiendas del puerto. No dependías tanto del dinero de los anillos, podías esperar, pero pronto te preguntaste si no serían una prueba en caso de que la policía llegara a sospechar de ti, que aunque creías que lo habías hecho bien, no las tenías todas contigo al fin y al cabo. Era mejor que te los quitaras de encima. Tu aspecto era lo bastante normal como para que nadie se acordara de ti, había miles de tipos que coincidían con tu cara, que por otro lado habías ocultado tras una bufanda, tu altura, tu forma de vestir. En definitiva, nada llamaba la atención, de hecho mucha gente te encontraba parecido con amigos o familiares suyos, así que si no había pruebas, mejor, siempre podías argüir que se confundían en caso de que la policía te visitara, aunque te sosegaste inmediatamente, si no te habían pillado en la misma joyería o cerca de allí era más que probable que ya no te pillarían, y los anillos te los ibas a sacar de encima ahora.

         Te cambiaste de ropa y fuiste al puerto en metro. Es verdad que al principio te sentiste extraño, mirabas a todos los lados, viendo en cada persona cuyo comportamiento resultase algo extraño un ápice de sospecha. Sin embargo, nadie te seguía. No te costó nada vender los anillos. Acudiste a varias tiendas, en cada una de ellas ofreciste dos o tres anillos, y en todas te dieron sin duda un precio más bajo del que correspondía, pero aceptaste porque la gente que iba a esos establecimientos era poco dada a discutir el precio, necesitaba el dinero y cualquier cantidad era bienvenida. Así que no te quejaste ni intentaste que te pagaran más. Por otro lado se trataba de evitar que se acordaran de ti, así que cuando menos trato, mejor. 

         Decidiste volver a tu casa a pie. Te apetecía andar, relajarte. Pensaste en pasar por la oficina de empleo a ver si había alguna oferta que te pudiera interesar. Había que mantener ciertos hábitos para no levantar sospechas, aunque era poco probable que los funcionarios de la oficina de empleo sospecharan de ti y ni siquiera se les pasaría por la cabeza que tú pudieras ser el hombre que atracó una joyería aquella mañana. Pero decidiste no pasar ese día, no te apetecía, tenías dinero para pasar dos o tres meses, así que habría tiempo para encontrar trabajo y aquel día, decidiste, sería sólo para ti y lo vivirías como un nuevo hombre.

         Te sentiste liberado de la tensión y la ansiedad de los últimos días. Estabas sin un chavo, literalmente, ni para café, ni para llenar la nevera, pobre de solemnidad. No sabías a quien pedirle dinero. No tenías trabajo. Con tu familia hacía tiempo que no había tratos. Te pasabas el día sentado en la butaca de casa, de una casa que no sabías si ibas a poder mantener porque no tenías ni idea de cómo pagar el próximo alquiler. Te viste de pronto en la calle, viviendo en la explanada de la estación o en cualquier esquina de la ciudad donde se arremolinaban los vagabundos. Te planteaste dejar de vivir.

         Entonces fue cuando se te ocurrió lo del atraco. Dicho y hecho. Y ya estaba, realizado, aunque hubo un momento de pánico escénico en que no te creíste capaz de entrar en el local, no te veías encañonando a aquellos desconocidos, y sonreíste al pensar lo fácil que hubiera sido para ellos evitar el atraco, cualquier gesto de resistencia, el más tibio, te hubiese causado tal temor que te hubieras largado corriendo de allí. A veces las cosas ocurren de un modo bien estúpido, pensaste.

           Te entró el hambre y comiste en un pequeño restaurante. Todo el mundo se movía a tu alrededor sin fijarse en ti. Soy el hombre que ha atracado una joyería esta mañana, dijiste para ti, y quienes te rodeaban no lo sabían. Habías sido capaz. Por fin habías hecho algo en tu vida, por ti, para ti. Pensaste en tu padre y te hubiera gustado poderle preguntar qué pensaba ahora de ti, a él, que te consideraba un inútil, que no escondía su frustración por tu vida malograda porque no habías llegado a ser lo que él pretendía que fueras. Te hubiera encantado restregarle tu logro de hoy.

         Mientras tomabas un café pensaste en Lara. La voy a llamar, decidiste. Hacía tiempo que no la veías, hubo un tiempo en que la visitabas una o dos veces al mes. Tenías trabajo, ganabas dinero, confiabas en ti. Iba a ser hoy tu pequeño regalo: una tarde de amor, ahora que te lo podías pagar. Sonreíste. Era un día grande aunque pareciera un día cualquiera.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

DIVINO SER

 

Un poco de paz no nos haría ningún daño,

¿por qué contradecir a la realidad?

¿por qué buscarle cinco pies al gato?

Me gusta tu bolero negro

encadenado a mi sonrojo,

me gusta el azúcar de tus besos,

me gusta el laberinto de tu cabello.

Hay estrellas en nuestra noche,

hay rumor en tu mirada,

hay albahaca en tu piel impreso,

hay luz en tu sonrisa.

Las noches son juegos sencillos,

es jugar al escondite en la pulpa

de tus hermosos sueños,

es jugar a pelearnos sin hacernos daño,

sin hacernos daño.

Me gusta cuando estás a mi lado

y te vuelves chiquilla que mira al abismo,

tienes miedo, tienes corazón,

tienes antojizo suspiro que mi pensamiento

guía con nervioso metal que suena.

Tu sexo es un límite de agua,

mi boca es una espesura roja,

tu deseo es mi balcón abierto,

mi canción es tu caricia.

Llevo allí en mi sentimiento

una nota conmovida por tu recuerdo

de tu piel pegada a mi piel

y los dos sudando en la noche.

Llevo allí en mi corazón

las cinco letras de tu nombre,

los veinte pasos hacia mi camino

y las sábanas calientes en mi sueño

son el calor que solo anhelo contigo,

pues el momento que sacudes

en mi cielo de orgasmos

es la respuesta que yo daría al mundo,

para que sepan que tú sobrevives

a mi mirada de ángel caído.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

EN CARNE VIVA
 
Una vez más
los buitres
desgarrarán el centro
de su figura rota.
 
Desde la piedra falsa que grita y descontrola,
se estremece la celda
que llaga sus espaldas.
 
Entre los ojos de agua
del cautivo inocente,
se postra una mirada
peregrina
y ancla una mueca sorda
en el muelle de sus labios.
 
Se agotaron las fuerzas,
y el estupor
ha derribado el túnel
que lo llevaba
al día.
 
Un labrador de tinieblas
venda
los ojos de los atardeceres.
 
Siempre es de noche sobre todas las noches.
 
Una intención de fuga
se alerta entre derrotas
y despojada de horizontes
se extravía.
 
El terror a la muerte
le trunca los caminos
y escarba por raíces y pies de otros hermanos,
el hueco de algún sueño
entre voces ajenas.
 
En el templo ruinoso de la duda,
brazos de fuego y golpes
lo rodean.
 
Alucinan recuerdos
sobre las horas lentas
y la granada
explota
del fondo de la tierra.
 
En la selva los nidos
apenas
se sostienen.
 
Desde el alma del monte
se levanta el aullido de la bestia
que alienta
en la metralla la hoguera del rencor .
 
La espera se hace estéril,
y una cornisa de vidrios astillados
descompone la luz y la esperanza.
 
Ya urge la agonía
por los negros espacios.
 
El prisionero encubre
retazos manoseados
y vuelven de la nada
a enredarse
entre sobras
sus dedos de ceniza.
 
 
en el génesis lejano
de sus días,
para robar de sus propias entrañas
otra silueta pura,
una imagen decente
que logre levantarse.
 
 
Entre ideales mancillados,
clama
un hastío de tiempos
y llora la impotencia.
 
 
Teresa Palazzo Conti
Cónsul de POETAS DEL MUNDO en Buenos Aires
Medalla de Oro Academia Mundial de Arte y Cultura-UNESCO

 

Al fin dejaron de tronar los obuses a la puerta de mi casa,

en la calle donde juego y en la escuela en la que aprendo.

Al fin mis rodillas se ven libres del duro asfalto que las daña,

cuando el hambre las empuja tras ese pan que cae al suelo.

Al fin vuelvo a ver a mis padres, hermanos y amigos,

después de tanta soledad, vuelvo a ser bien recibido.

Al fin el miedo ya se fue, y con él el desconsuelo,

no más lágrimas vertidas, no más gritos nunca oídos.

Al fin el cielo amanece limpio, sin humo y sin ruido,

aunque ya no necesito el sol, porque ahora todo es mío.

Al fin la sonrisa vuelve a surgir en mi rostro compungido,

hundida en un charco de sangre quedó la tristeza y el olvido.

Al fin dejo de ser víctima o verdugo, para convertirme en ángel divino,

allá quedaron los jueces, que ellos decidan su sino.

Al fin puedo entender palabras como justicia o esperanza,

muchos las usan, ¡cuántas veces las habré oído!

Y a esa bala maldita que me arrebató el futuro

le debo mi libertad, mi dicha… y mi agrio destino.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

Lejanía. Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
 
Errante en su eco infinito,
Sin patria, sin libertad y sin cariño
Oponiéndose a raudos torbellinos
Cae el valiente ante el dardo del destierro.
 
No pudo abrazar su bandera
Ni sentir la brisa de su tierra,
Las voces de su memoria
Se esfumaron ante extraños sonidos.
 
Más allá de las crestadas sierras,
Ahí donde acaba el horizonte,
Es la última morada austral
De los recuerdos de su alma.

 

 

 

MUJER ADORACION
(Poemas de un hombre para una mujer)
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Mujer adoración
Tú que me doblas y desdoblas
Con tu ternura que has botado mis máscaras
Que me desnudas
Dime algo
Que arme
El terco rompecabezas
De los deseos

Ángel divino / dulce de mis anhelos
Caprichosa

Humedece
Con tu agua fresca
El oscuro animal de las dudas
Empieza
Por creer
Que la belleza es una lágrima
En las manos de una niña
Deja que mis pájaros
Se ajusten de tu cuerpo
A su tibio barro
Vivamos el momento
Olvidemos el ayer

INSOMNIO Y DELIRIO
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Con quien mi vacío llenará
Con la transparencia definitiva
Toco
En mi piano
Una marcha nupcial
¡Quién grita!
La realidad en las aceras del mundo
Entre el bambú
De un cuadro
Un ciervo
Corre
Leo una fábula sobre duendes y hadas / tiro
Todo por la ventana

¿Qué haces?
Mientras te encuentro
En esta selva de pájaros y jaulas
Lanzo anzuelos a peces imaginarios
Mi alma
Esta temblando
De soledad

 

 


INTIMA SATISFACCION
(El mejor premio mujer es compartir…)
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS

Te sigo
Con mis lámparas encendidas
Y las abejas
Que emigran de tus pechos
Fugitivas
Se guardan
Del horizonte
En mis manos

Ángel desnudo

Palabra húmeda

Circulo de fuego y lava

Sirena de gemidos y llanto

Mariposa de neptuno

Transparente y lúdica
En una maravillosa cadencia rítmica
Te quiebras
Sobre mi susurrante universo

Soy
Tu esclavo
Mujer

 

 

 

 

 

FUI LEVEDAD

 

¿Qué voy a hacer? ¿Ordena los paisajes?

¿Ordenar los amores que luego son fotografías?

FEDERICO GARCÍA LORCA

 

 

Fui raya en el agua, leve rastro en pasto quebrado

bajo sol azulado acunado por frondosos ramos

de verdes intensos y seres enfrentados.

Fieles que navegan en la concavidad de la mano,

ríos que desecan en la mitad irredimible

de miradas de otras mañanas y voces que callan.

 

 

 

¿Cuántos soles por Maisí amanecen a diario?

¿Cuántas patrias son necesarias?

para que no haya otra mitad ignorada.

¿Acaso los versos del apóstol criollo

no es cauce que llega a todos?

porqué esa doble cerrazón de colmillos.

¿Hasta cuándo la salobre montará la caña?

en tierra estremecida por rayos vomitados

en enfrentadas orillas de un mismo escenario.

¿Hasta cuándo las voces de Colón

seguirán desgajándose en barrancos ahuecados

y sus vistas de ayer seguirán cegadas?

¿Acaso el caballo que luchó contra el español

se bebió la mitad de las arterias de Maceo?

si fue así ¿cuál de las partes quedó y es cubana?

¿Cuándo nacerán puentes de los intereses enfrentados

que sustituyan a las miradas de las madres?

a las que les huyen sus días en vómitos de tristeza.

 

 

Fui levedad, raya en el aire

no recolector de amores de fotografía,

respiré miradas de espaldas destinadas a encontrarse.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

(21)AL FINAL

 

QUIERO  EL DOLOR DE LA VIDA,

 EN PEDAZOS,

QUE LAS AGUAS QUE FLUYEN POR ESTE RÍO

TRANQUILICEN  MIS PENAS.

TOMARÉ SÓLO UNA GOTA DE SU SABIDURÍA;

PARA EMBORRACHARME  EN LAS TINIEBLAS ANGELICALES

DEL MAS ALLÁ.

 

ROSA QUE ESTÁS QUIETA SIN MIRAR A NADIE,

PORQUE NO DEJAS QUE EL SUSURRO DEL AIRE

BAÑE TUS VESTIDOS,

LLORANDO LA SORPRESA DE NO ESPERAR A NADIE.

 

LUCHA POR NUESTRA PERMANENCIA RUIDOSA,

 DESTELLOS INSIGNIFICANTES QUE LLAMAN LAS HORAS

LENTAS DE LA AGONÍA.

 

AGONÍA EN UN LECHO DE ESPINAS YA ROJAS

PENETRANTES HASTA EL ALMA.

TANTOS RECUERDOS DE HABER QUERIDO SER MEJOR.

Y YA NO HAY TIEMPO.

 

SUEÑO DE SOÑADORES,

TODO NO ESTA SOÑADO,

AUN BRILLA LA LUZ AL FINAL

DEL CAMINO,

MIENTRAS TANTO

SEGUIRÉ DORMIDO EN ESTA VIDA

DE SUEÑOS PERDIDOS.

 

26/08/2001  -Luis Chinchilla Elizondo-

 

 

 


 
 

 

 

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXI      10-01-2.009

 

EDITORIAL XXI

Sobre premios literarios, tradiciones

culturales y espectáculos mediáticos

 

El año ha comenzado con la concesión de uno de los premios más emblemáticos de la literatura en España, el Premio Nadal que concede la Editorial Destino, una de las más importantes hoy y, cómo no, perteneciente al Grupo Planeta desde los años noventa. Sin duda es uno de los grandes premios literarios y no hay más que recordar algunos de los escritores galardonados para darse cuenta de la influencia literaria que tuvo tras la guerra civil y en los años oscuros del franquismo: Carmen Laforet, José María Gironella, Miguel Delibes, Elena Quiroga, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana Maria Matute o Ramiro Pinilla, entre quienes lo obtuvieron bajo el franquismo. Tras la restauración de la democracia nuevos nombres se incorporaron a la lista: entre otros muchos, a sabiendas de olvidar injustamente algunos nombres, Raúl Guerra Garrido, Fernando Arrabal, Manuel Vicent, Juan José Millás, Alejandro Gándara y muchos otros que son escritores, muchos de ellos, conocidos tanto en España como en países latinoamericanos. Mención especial merece Francisco Casavella, premiado el año pasado y fallecido hace pocas semanas. Este año el galardón ha recaído en Maruja Torres.

 

Sin duda, premios hay muchos en España, algunos reconocidos, como el Nadal que forma ya casi parte de la tradición navideña, otros con una deriva más publicitaria, mientras que existe un verdadero alud de premios, algunos conocidos, otros muchos desconocidos para el público lector ya sea por su carácter local o por apenas tener eco en los medios de comunicación. Hay desde luego quien critica la existencia de un número excesivo de premios debido, dicen, a que degrada la literatura y porque se dan sospechas de corruptelas varias, algo que afecta seguramente a todo tipo de premios. No obstante, también es verdad que supone para algunos escritores en ciernes la única forma de salir a la palestra e intentar un cierto reconocimiento, mínimo sin duda en una mayoría de premios, aunque importante en la autoestima de quien se inicia en las letras.  

 

Tenemos la sensación, por otro lado, de que hay cada vez más personas que escriben. Sospechamos sin embargo que se ha extendido un enfoque más mediático del trabajo literario, las bambalinas de las letras que como cantos de sirena parecen embelesar a espíritus atraídos más por la fama que por la labor literaria en sí. No nos extrañaría que, como ocurre en los últimos años en el mundo de la música, se montasen concursos televisivos a la manera de Operación Triunfo o Fama para contemplar a personas que pretenden sin apenas esfuerzo y en cuatro días de estudio convertirse en escritores. Hemos de decir, ante cualquier tentación en este sentido, que escribir es una carrera que requiere mucho tiempo, dedicación, bastante paciencia y qué duda cabe mucha discreción, algo que parece contradecir la cultura del espectáculo que se ha impuesto en nuestros días.

 

Nada más lejos de nuestra intención que convertir a todo narrador o poeta en una especie de monje moderno que asuma el ejercicio de la escritura como una labor mística o teológica. Pero la superficialidad es un peligro que afecta hoy a todos los ámbitos en esta sociedad que durante los últimos años se ha decantado por la comodidad y el “nuevorriquismo“, y en esto, nos tememos, la literatura no ha podido escapar del todo. Lo fashion ha entrado con fuerza en el mundo de las letras y los premios, parece ser, no son ajenos a ello.

 

 

 

 

 

 

 

EN EL HUERTO

 

Cavando bajo un sol

te mirabamos los dos,

mientras la tierra, toda tuya,

la domabas dando bulla.

Eras sudor de estrella

y eras la voluntad aquella

que extrañaba vernos

entre tomates y ajos tiernos.

Todo tú eras campesino,

tu domingo era don divino,

y entre semana era hierro

tu labor de paz y encierro.

Trabajador del sí rotundo,

hombre fiel al viejo mundo,

anhelas sólo lo tranquilo

del laurel y el tilo.

Buscas la raíz del consuelo

cuando cavas en el suelo,

donde pisa la lombriz

con toda tu verdad motriz.

La acequia es tu gran obra

que al momento y a su hora

sigue el agua pertinaz

ese rastro de antigua faz.

Tu hoz es enorme corazón

que busca una razón

donde se corta la mitad

de esa luz en contrariedad.

La cabaña es sombra vieja

y tu mirar sin la queja

corta la caña y con maña

deshace teleraña y maraña.

Agacha el lomo de hombre

pues cosechas tu nombre

entre la llaga y el callo,

pues sigue tu mirar el rayo

del sol que distraido

encuentra en tu tierra ruido,

con la entraña sumergida

de tu carne morena sufrida.

Eres campesino por que veo

en tus ojos el pestañeo

del escozor que da el sudor

y te escuece aquel dolor

que la tajada y el tajo sembró

aunque tienes tornasol

que en tus manos dice no

cuando llora seco el sol.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

La relación

 

 

         No sé por qué se fijó en mí. Como yo, tal vez, se debía de sentir muy sola en una ciudad poco amable donde la soledad es muy áspera. Se convirtió en mi amante. No sé si era esa su intención, pero yo, en aquella época, no me preocupaba mucho de los demás. Me había acostumbrado a estar solo y mi vida se reducía en gran manera a pasarme el día leyendo fuera de las pocas horas de trabajo. Cuando llovía, me quedaba en casa, pero cuando el tiempo lo permitía me iba a un jardín cercano, cuidado, silencioso y discreto, poco importaba que hiciese frío.

         Es verdad que la soledad, en ocasiones, me hacía daño. Miraba a mi alrededor y no veía a nadie. A veces pasaba alguna madre con su hijo, una pareja de novios o dos ancianos que paseaban en compañía. Cuando veía a alguien que se acercaba en soledad deseaba que se sentase cerca para poder así iniciar una conversación. No ocurrió nunca. Salvo cuando ella llegó. No me di cuenta, sin embargo, de su arribo, sólo la descubrí cuando levanté la vista de mi libro con intención de reflexionar sobre lo que acababa de leer. Estaba delante de mí. Me miró y creo que no sonreía. Quise empezar a hablar, pero me faltaron las palabras. Fue ella quien habló primero. Hizo una pregunta sobre el parque, el tiempo ha hecho que se desvanezca la pregunta de mi recuerdo. Después se levantó y vino a sentarse a mi lado. No recuerdo apenas de que hablamos. Ni cuando tardamos en besarnos, que no fue mucho. Pero sí que recuerdo la humedad de sus labios y el anhelo de sus caricias. Fuimos a mi casa y por un momento temí que todo fuera una trampa. No me creía del todo que aquello me estuviese sucediendo.

         Lo dicho: se convirtió en mi amante. Era ella quien venía a buscarme. Cuando hacía bueno nos citábamos sin quedar en el jardín. Cuando llovía acudía a mi casa. Hablábamos un rato, a veces nos manteníamos en silencio. Cuando yo la besaba ella se dejaba hacer y al cabo de un rato sentía las palmas de sus manos moverse en mi rostro, en mi cuello, en mis hombros. Yo nunca le pedí que me visitara. Temí que, si hablábamos de aquello, ella se desvaneciera para siempre. Me había acostumbrado a su presencia e incluso la echaba de menos cuando no estaba conmigo. A veces paseábamos por el parque, por la ciudad. También le leía párrafos de aquellos libros que a mí me habían impresionado. Nunca hablamos de nosotros.

         Llegó la primavera y se intensificó nuestra relación. Nos veíamos todos los días. Ella no parecía cansarse, como pensé que acabaría ocurriendo. Yo, mucho menos. Muchas veces, cuando ella se marchaba, pensaba en ella y en lo extraño que era todo. Retenía en mis dedos la suavidad de su piel.

         Dejamos de vernos el primer día de verano. No vino a mi encuentro, no hice nada por saber de ella. Esperé, eso sí, que apareciera de nuevo. Pero nunca lo hizo. Tampoco me vi en la obligación de un mínimo esfuerzo por buscarla. Volví a la rutina de mis libros y de mi soledad. Paseaba más, el calor y la nostalgia me llevaron a andar sin destino alguno. Acabé por aceptar que nunca volvería. Al final del verano me marché para siempre de aquella ciudad.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

VALS DE LOS OTOÑOS

 

A mi suegra, Zoila Rosa Villar Otero,

luchadora y madre de otoño a otoño.

 

En todo duro otoño tu piel

huye del sendero de hiel

y recuerda allá tan lejos

lo que pudo haber sido

y no fue,

vuelan pájaros sin nido,

huyes de todo ese ruido,

huyes con fiesta y despido

cogiendo un camino cualquiera,

buscas tu paso en otra acera.

En el otoño tu piel

y tu sangre se ponen de pie,

y un ángel del cielo ha caído

debió de ser ángel herido,

por que la luna nunca es fiel

aunque le da una llave al ser,

da una ruina y da una calle,

da sonrisa al corazón que vale,

da un laberinto y da una ciudad,

da un vals que por necesidad

tú encontraste sin buscarlo,

tú hallaste sin esperarlo.

Conoce la noche un lugar,

conoce la luna este vals,

este vals de perla y sangre,

este vals de patria y coraje,

este vals de espuma y oro,

este vals que poro a poro,

respira de tu mismo aire

sin la culpa donde nadie

puso testigo a tu querer

y coge rumbo hasta volver,

y lleva esperanza, zapatos y traje

y lleva ilusiones en su viaje.

En los otoños golpea el viento

y todo un año sin tu aliento,

dejando atrás familia sin casera

su lugar es una patria cualquiera,

sin descanso es soledad,

lo sentido es todo humanidad,

toda esta canción de fuego

es pura lucha que jamás niego,

porque en el otoño tu piel

huye del sendero de hiel,

pues no pretende descansar

tan lejos de su hogar,

halló tan repleto el motel

y todo ese recuerdo aquel,

que le pregunta tanto por ti

y vive casi sin poder dormir.

Esa nostalgia es también

esa risa que en toda tu sien

retumban mil cascabeles

y huelen a sombra tus mieles,

pues llegando todo a ti huele

y el recuerdo también duele.

Este vals es llaga y remedio

para ocultar todo tu tedio,

por que dejar tu patria hiere

y algo adentro se te muere,

te golpea el dolor en medio

y el alma es un incendio,

donde perdura sólo un recuerdo

y el olvido camina lerdo,

por que la patria es la madre,

la patria adentro te nace

y en ella está la casa, el amigo,

todo un mundo que es testigo

de tus pesares y correrías,

de todos tus mejores días,

de los años contados con dedos,

de todos tus mejores recuerdos,

en ellos se resume tu vida

y toda una vida vivida y sufrida.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Los ojos de Juan Santamaría. (Relato).
Por Cristian Claudio Casadey Jarai.
 
Jacinto Gabriel García y Nuñez era un hombre aventurero, acostumbrado a las vicisitudes de la vida. Periodista, militar, músico, filósofo y carpintero eran oficios que hacían de este personaje un individuo muy particular. Los alborotados años que siguieron a 1850 tiñeron de amargas experiencias a Jacinto. Rosista de alma y defensor de la Santa Federación confundía su sentimiento patriótico con tintes ocultistas. La influencia que ejercían sobre él sus amigos masones cambiaría por completo su propia historia. Argentina se desangraba en una lucha fratricida. El traidor de Urquiza vencía a las fuerzas del Restaurador en la infame batalla de Caseros de la que Jacinto salió milagrosamente ileso. Con lágrimas en el corazón Jacinto acompañó a don Juan Manuel a la casa de Mr. Robert Gore, encargado de negocios de Gran Bretaña. Esa misma fatídica noche el gran héroe argentino partía hacia el exilio junto a su noble hija en la fragata
Centaur. A pesar de la caza de brujas desatada por la crueldad de Urquiza muchos lograron sobrevivir no sin grandes dificultades.
La vida en la campiña inglesa no era del agrado del fiel servidor. Largas veladas en Londres avivaban su sed de viajes y aventuras. Entusiasmado, seguía de cerca los nuevos acontecimientos latinoamericanos. Extraños sucesos en Nicaragua atraparon su atención. La lucha entre los conservadores de Granada y los liberales de León sumió al país en una guerra civil. El caudillo liberal Francisco Castellón recurrió al auxilio extranjero de un audaz mercenario norteamericano llamado William Walker.
Jacinto participaba activamente en la logia masónica Gran Oriente Argentino que en ese momento funcionaba en la capital inglesa contando con una filial hermana en San Francisco de California. Recién el 22 de abril de 1857 abriría sus puertas en la Reina del Plata.
Con gran motivación Jacinto cruzó nuevamente el Atlántico para integrarse a la Falange Americana que desembarcó en el sufrido país centroamericano dominando ampliamente la caótica situación.
Walker, «dueño» de Nicaragua, concibió la maléfica idea de apoderarse de las cinco repúblicas centroamericanas para anexarlas al sur esclavista norteamericano. El proyecto era visto con buenos ojos por los masones quienes financiaban la ambiciosa campaña.
Los indómitos encantos de Guanacaste maravillaron a Jacinto. La ronca voz del coronel Schlessinger irritaba al aventurero.
El presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, reforzó su ejército con valientes campesinos y artesanos voluntarios proclamando una guerra de exterminio contra Walker.
El 20 de marzo de 1856 la impetuosa carga a la bayoneta de los costarricenses obligaron a los extranjeros a retirarse de la hacienda de Santa Rosa. Los prisioneros fueron pasados por las armas en Liberia lo que inquietó al argentino. Las lánguidas ramas del «árbol de los orejones» ofrecían sus sombras para el refugio del sofocante calor. Las condiciones de la pelea eran muy sacrificadas. Un enemigo silencioso hacía estragos entre las tropas. El cólera cobraba numerosas vidas.
Mora invadió el sur nicaragüense ocupando los puertos de San Juan del sur y el de La Virgen sobre el gran lago como así también la hermosa ciudad de Rivas en donde estableció sus cuarteles.
Jacinto logró tomar por sorpresa a Rivas y se atrincheró junto con sus feroces guerreros en una casa conocida como el Mesón de Guerra. Sus espías le habían informado sobre los planes del enemigo de sacrificar a un soldado de Alajuela conocido como «el Erizo» para incendiar la construcción. El aventurero esperó pacientemente durante la noche logrando atrapar al enemigo que estaba provisto de elementos inflamables. Interrogado el prisionero dijo llamarse Juan Santamaría. Confesó a Jacinto su plan suicida y las intenciones de Walker de esclavizar a Centroamérica. El argentino, sorprendido por las revelaciones del abnegado cautivo vio en sus ojos negros el espejo de la verdad. Juntos prendieron fuego al lugar. Mientras se inmolaban los mártires, una virgen chorotega lanzaba pétalos de orquídeas al mar.

 

 

 

 

El pasado


Soy el ave de tus sueños,
Mariposas que vuelan con tu mirar
Golondrina sin alas al atardecer
Tornado de sueños secos de dolor.
 
Nostalgia de un corazón amarrado al despecho
Sin saber que la flor y la miel
Ya se fueron al amanecer.
 
Pero seguimos unidos en el silencio,
En espera del día en que nos conozcamos
Otra vez.
 
Por Luis Alberto Chinchilla Elizondo,

 nació en Sabanillas de Acosta, San José, Costa Rica, Poeta contemporáneo,

escritor del libro “Amor Platónico”

editado en noviembre del 2008
Correo del autor
Luischin_63@hotmail.com

 

 

 

JORGE RODRIGUEZ LAGOS
HONDURAS C.A.

 
AJEDREZ JUDICIAL
(la historia de un desalojo)

 
las madres solteras
en los labios llevan una mariposa
que tiembla
y en el silencio
de sus manos
una ahumada cruz
de madera
tractores / desploman
una tras otra
la fragilidad de las casuchas
en la invasión
(¡NO! /no, en la invasión /en la recuperación
de tierras)
de tu cara
el alborotado pelo apartas
miras al cielo
y murmuras
unas palabras
que no logro escuchar
pero no es DIOS el culpable
son las leyes del hombre
que no comprenden
tus necesidades
es la corrupción
y la propiedad
privada
 
      II
 
con una inclinada incertidumbre
los padres suspiran
los niños impávidos / sus océanos
                                 derraman
bulliciosos pájaros
a los que cortan su habitat
sombras derrotadas
y oprimidas
enjambre de indefensos pájaros
de cartón
dibujados por un bebe
sobre páginas de alambre
y tierra
 
JORGE RODRIGUEZ LAGOS
 
 
EBRIA SEÑORA
(calles teg.1988)

 
sé que una botella
llevas en la mano / para quitarte
esas canastas de lúpulo
que toda la vida
han respirado en tu espalda
con amor
cargas una vieja silla mecedora
que del basurero recogiste
notas que te observamos
y nos dices:
¡EN MI CASA PUEDE SERVIR!
sólo falta una pata y el sentadero
pero tiene arreglo…
señora
que con ternura / la mugre
que ensucia tu pedazo de silla
limpias
en los desaliñados caracoles de tu pelo
en tu cara y en cada arruga
de tu cuerpo
llevas colgado como un crucifijo
el llanto de tus necesidades
como pueblo
puedo entenderte
y siento el ancla
de la impotencia
arrastrando
desde
mi alma
 
JORGE RODRIGUEZ LAGOS
HONDURAS C.A.
 
ANTIGUEDAD DE LA MISERIA
(noche comayaguela 1978)

 
como un cuervo borracho
que escupe
de la noche el frío / se pasea
por estas viejas
ventanas de madera
la observo
como quien observa
«los lirios» de Van Gogh
al hospedaje
 
tres o cuatro entradas
muestra su escote generoso
y sus bien formadas piernas
levantando
aún más
el pedazo de tela
de su limitada falda
insinúa…
como una pegajosa copa de miel
que se derrama
 
la madrugada
dos pedazos de luna
deja caer en el agua marchita
de sus pechos
su hija de trece años
lejos de ahí
cerca de mí
espera
que por la puerta entre el bosque
y sus luciérnagas
guardan al resto de sus hermanos
hijos
de un padre irresponsable
(aun me parece escuchar su llanto)
el cuarto
tiene el beneficio de las sombras
es hediondo
y huele a soledad.

 

 

LA CABINA

 

Escribo estas líneas con pulso tembloroso porque estoy convencido de que esta noche ocurrirá algo. Aún no sé el qué… pero temo por mi vida.

Todo empezó hace ahora aproximadamente un año. Cada noche de luna llena, en la madrugada, cuando más profundo es el sueño, suena el teléfono. Lo cojo sobresaltado y una voz ronca me dice: “Te estoy observando”. Tres palabras que se me clavan como puñales donde más duele. Con el corazón desbocado salto de la cama y abro la ventana de mi cuarto para toparme con una gran luna acechante, y bajo la lúgubre luz de la farola solitaria que reina en la calle, veo una sombra mirándome con ojos felinos mientras sujeta el teléfono de la cabina. Seguidamente me despierto con una angustia que me recorre toda la espina dorsal y las sábanas empapadas de un sudor frío y penetrante.

Los primeros días no podía reprimir la tentación de levantarme y abrir la ventana. Sólo me encontraba esa maldita e inmensa luna riéndose de mí y una calle desierta tenuemente iluminada por una única y envejecida farola, bajo la cual nunca ha habido una cabina telefónica.

Nunca…. hasta ahora. Hace tres días que los operarios de la compañía se marcharon dejando colocada una reluciente cabina…. justo como la que aparece en mis pesadillas… justo debajo de aquella farola solitaria.

Y justo esta noche la luna cumplirá un nuevo ciclo y lucirá plena y reluciente frente a mi ventana… como cada mes… sólo que en esta ocasión será diferente… lo sé.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

Demagogia

 

 

Me dicen que hay que luchar con fiereza

Otros disfrutan mientras muchos lloramos,

Involuntariamente.

No decidimos donde nacer.

 

Me dicen que hay que cambiar al mundo;

Que está de cabeza y sin fuerzas.

Nuestra cabeza esta bajo los pies de los que ríen.

¿Por qué entregar mi vida a sueños que no alcanzo?

 

Soportar las bofetadas que nos da la vida;

Eso nos enseñan en las iglesias,

Ellos comen tres veces al día

Eligen pescado y carne,

Nosotros nada.

 

La maquina rueda, y en las escuelas

Nos enseñan el himno nacional.

La felicidad de estos tiempos les pertenece a ellos

Los que nacen en el mundo que todos deseamos.

 

Por Eder Hernán, Sarao

 

 

 

 

 

 

 

Stand by

 

 

 

Somos o estamos

Ni estuvimos ni seremos

Solo asientos ocupados

-mas la comparsa del cirquero

Derrite los llantos del que aplaude-

 

Ni miramos ni escuchamos

Nunca heredamos las hazañas

Del San o el Alguien

Ni vela ni esperma

Nunca tú, nunca yo.

 

Por Eder Hernán, Sarao

20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXX   02-01-2.009

 

 

EDITORIAL XX

Deseos de paz

 

Comenzamos el nuevo año y un conflicto ya de todos conocidos vuelve a estar presente en los medios de comunicación, el conflicto Palestino-Israelí. Muchos hemos crecido asistiendo a sucesivos capítulos de un enfrentamiento que por desgracia no tiene visos de solucionarse, más allá de momentos concretos en los que parece que las cosas van a mejorar y que por fin la paz se convierte en una posible realidad. Pero luego resulta que todo es un espejismo y de nuevo la violencia regresa a las portadas de los diarios y lo que es peor, a la calle, llenando cada esquina con cadáveres y con la sangre de víctimas cuyos nombres nunca sabremos, pero que son tan reales como cualquiera de nosotros.

 

Sin duda hay teorías y análisis políticos, sociales, religiosos y estratégicos que expliquen este conflicto y el motivo por el que Israel ha iniciado un nuevo ataque. A nosotros, cualquiera que sea la explicación que se nos dé, nos parece injustificable el sacrificio de vidas humanas. Lamentamos la muerte de cualquier ser humano, sea palestino, judío o de cualquier otra adscripción étnica o religiosa, atacar a una población indefensa con el argumento de defender a otro colectivo humano nos parece cuanto menos tan execrable como colocar artefactos explosivos en locales públicos donde mueren personas, por mucho que el Estado que represente a éstos oprima al pueblo de quienes colocan la bomba. A la larga lo único que hay son víctimas anónimas que nunca pueden considerarse como víctimas colaterales, sino como seres humanos cuya muerte es una tragedia.

 

También es verdad, como señalábamos en el editorial anterior, que en el mundo hay veinte conflictos armados, muchos de los cuales ni siquiera aparecen en un rincón marginal de los medios de comunicación y ante cuya tragedia no tenemos palabras de consuelo. No podemos ser optimistas ante un mundo que parece desmoronarse con la violencia palpable y con aquella violencia no tan evidente pero que, tal vez, sea más venenosa porque se ampara en la normalidad de los hechos en sí. Esta violencia no tan palpable es la que sustenta las injusticias de este mundo. No podemos aceptar la normalidad de la pobreza -nada más horrible que afirmar sin escandalizarse que “siempre ha habido pobres”- ni de las restricciones de movimiento de las personas por su origen, porque sean pobres, porque sean distintos. No podemos aceptar la normalidad de las guerras con su rutina de muertos anónimos.

 

Pero el conflicto palestino-israelí tiene para nosotros un simbolismo especial. No en vano esa tierra posee una fuerza inmensa en el imaginario colectivo, numerosos mitos imperantes hoy se desarrollaron en la zona que va desde la costa mediterránea al Eufrates, desde el Sinaí al monte Ararat. En esas tierras se originaron las tres religiones monoteístas que después se expandieron por el mundo. Se trata de una tierra cuyos habitantes han hablado numerosas lenguas, que se han expresados en formas variadas, posee los testimonios escritos más antiguos y sin duda han conformado una base que, de un modo u otro, ha influido en todo el planeta. No podemos aceptar que esa tierra siga siendo hoy un lodazal de violencia y odios invencibles. Si para algo sirve nuestra palabra, es para expresar nuestro horror ante los acontecimientos y nuestro rechazo a quienes toman ciertas decisiones. Ellos deciden las guerras, los pueblos ponen los muertos.

 

Ya hemos dicho más de una vez que Nevando en la Guinea es ante todo una revista literaria. Pero no vamos a callar en ciertas ocasiones nuestro rechazo a realidades que nos resultan sangrantes. Cada uno de nosotros tendrá luego sus simpatías por unos o por otros, defenderá una u otras políticas. Pero todos compartimos el rechazo a la violencia, sobre todo cuando la sufren los más indefensos, los más débiles.

 

 

SIEMPRE AGRADECIDO

 

Imploro tu sonrisa día y noche,

la aurora es espesa y busca luna,

busca un pasado sumergido

en un vaso de disculpa con anís.

Si tus ojos no me buscaran

qué perdido estaría entre mí,

qué vacío inmenso busca espacio,

qué dolor en la ceniza se consuma.

Tu perdón es una mano abierta

ciega, pura y confiada que da

más que recibe y es caliente

su caricia entregada siempre.

Soy paz porque tu paz es amor,

un amor que da la calma

y es derrota el pozo de mi tedio,

y es blancura tu sonrisa de luz.

Tu perdón es un dulce manjar

que saboreo en los límites

de parques y paseos al sol,

tu perdón es todo lo que tengo.

No te vayas criatura celeste,

no te vayas de mi miedo a Dios,

pues se queman las virtudes

en el fuego infravalorado.

Cuando rozamos las estrellas

buscando redondo epitafio

también buscan los astros una voz

tranquila en la guerra de la calle.

También se buscan elixires

trepados en el azúcar de diamante

que en tus te quieros revientan,

soy malo por llevarte sin carabina

ni custodia que vigile tu azul.

Soy mal hombre que pertenece

a tu sendero desnudo

que sentencia un cenit sólo visto

por nuestra cópula de galaxia.

Existe un cielo en tu mirada,

una mirada que busca fuente

rodeada de besos y abrazos,

de te amos rotos en los labios.

Vas pasando frío en la cloaca

del mundo y te arrojan salvajes

despistes de metal en el silencio,

eres mujer sencilla y frágil

que te conformas con poca cosa,

quizá una cama, una ventana,

y un pantalón vaquero,

quizá un verso que te saque

de tu cocina, quizá un suspiro

oportuno y cercano, quizá

la comprensión y la calma

en anaqueles pulcros y neveras

repletas de calidad de vida,

quizá un desmaquillador

de barba de tres días y pasión

en el romanticismo fucsia

de tu pintalabios alocado.

Pero todos los perdones son

una cadena que acaba pesando,

son meses de economía austera

y cigarrillos baratos sin filtro,

son torpes peldaños que se derriten

con las disputas y los gritos,

son resbalones en la bañera

y un vuelco el corazón que cae solo,

son ratas que en la noche callada

renuncian a su mundo invisible,

son todo eso que sabes

que marchita los sentimientos,

son todos esos perdones

por los que debo estarte agradecido.

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Un hombre normal

 

 

         Tuvo que ocurrir para que muchos nos diéramos cuenta de lo poco que le conocíamos. Ya suele pasar, comentó María José, hasta que no hay una desgracia no sabemos nada de quien tenemos al lado. Aunque esa persona haya pasado diecisiete años atendiéndote día sí y día también. Porque diecisiete años son muchos años, fíjense si no que yo era un niño cuando empecé a ir a esa sucursal bancaria con mi padre y Antonio María Gálvez Saldaña ya estaba trabajando en ella y fue él quien abrió, con el tiempo, la cuenta en la que domicilié mi primera nómina, quien me informó algunas veces, cuando mi economía mejoró algo, de los productos del banco que mejor me convenían, aunque para esto, él mismo me lo decía con suma discreción, sabían mucho más los sucesivos directores que fue conociendo, y en diecisiete años conoció varios, y tampoco era infrecuente que nos saludáramos atentamente por las mañanas cuando nos cruzábamos por la calle Navarra camino de nuestros respectivos trabajos o coincidíamos en el café de la esquina. Sin embargo, nada sabía de él. Por no saber no he sabido nunca ni como se llamaba, que apenas me fijaba en su nombre, escrito con letras doradas en una plaquita que había en su mesa, la del fondo a la derecha, y sólo ahora me he enterado de su nombre completo por aquello de la sorpresa, y si no sabía esto, fundamental, no digamos otros detalles, si estaba casado o era soltero, si nació en nuestra ciudad o en otra provincia, si le gustaba el fútbol, los bolos, el cine o la filosofía medieval, que también podía gustarle, que aficiones más raras sin duda debe de haber.

         No niego que en este desconocimiento influya que su aspecto era más bien anodino. No destacaba por nada. Su tipo o su rostro, su forma de vestir, su manera de hablar, la voz que poseía, la sonrisa que te dirigía, todo se te olvidaba al poco de dejar de verle, como si se difuminara su imagen cuando no lo tenías delante. Incluso ahora soy incapaz de recordar al detalle su aspecto.

         Puedo decir que era amable. No creo que nadie pueda afirmar que haya tenido algún percance con él: exquisito en el trato, nunca había una palabra de más, ni un mal tono, ni siquiera los posibles días, que seguro que los hubo, en que podía estar afectado por cuestiones o problemas personales. Nada traslucía en él, ni el mal humor, ni las cuitas de la vida, ni el cansancio por la rutina. Llegabas al banco y allí estaba, nunca falló un día, salvo las cuatro semanas previstas de vacaciones todos los años, siempre atento, educado y sobrio, tan normal como cualquier elemento que siempre ha estado a tu alrededor y en el que nunca te fijas, un hombre de quien sin duda apenas se podía decir mucho más, que ni siquiera inspira una historia para un relato, nada más lejos de un héroe o de un antihéroe literario. Era ni más ni menos un hombre normal que llevaba diecisiete años trabajando en la misma sucursal bancaria y que iba a pasar con toda seguridad los próximos veinte años en su mismo puesto, hasta ese día en que se jubilaría con un reloj de regalo y una ronda en la tasca de toda la vida.

         Una mañana noté movimiento alrededor de la sucursal. Había mucha gente. Observé tres coches policiales, dos agentes impedían la entrada y varios periodistas esperaban en la acera, los curiosos se agolpaban atraídos por toda aquella anómala actividad y cuando me acerqué nadie supo darme razón de lo que ocurría. Reconocí algunos empleados dentro de la oficina bancaria. Hablaban entre sí o con unos hombres que yo no conocía. Pensé en un atraco. Por suerte, me dije, la ausencia de ambulancias indicaba que no había heridos. Supuse también que tal vez se tratase de alguna estafa, no en vano los informativos se habían hecho eco aquellos días de algunos desfalcos que habían ocasionado el registro de algunas entidades de crédito.

         No tardaría en enterarme. Los desconocidos se marcharon, los policías desmontaron el cordón de seguridad establecido y los periodistas partieron también a sus redacciones poco después. María José salió de la sucursal y se topó conmigo. Qué ha pasado, pregunté. Me miró un tanto despistada aún, como si no acabara de creerse lo que recién había sucedido. Fue cuando me comentó lo poco que conocemos a quienes tenemos al lado. Me dijo que Antonio María se había llevado todo el dinero de la oficina. Me costó asociar aquel nombre con el modélico empleado.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

EL VIENTO


EL VIENTO SUAVEMENTE
ACARICIA MIS CABELLOS,
TUS MANOS DULCEMENTE
VAN DESPRENDIENDO
LOS BOTONES DE MI CAMISA
DEJANDO MIS SENOS
AL DESCUBIERTO.
TUS LABIOS HUMEDOS
LOS RECORREN SIN PRISA
SON DOS LUNAS QUE SE VAN
PONIENDO BRILLANTES
AL CONTACTO  DE TU PIEL.
NOS DEJAMOS CAER DESPACIO
SOBRE LA HIERBA DONDE TUS SUEÑOS
Y MIS ILUSIONES  SE HARÁN REALIDAD,
TE MUEVES ONDEANTE SOBRE MI CUERPO,
CUAL OLAS EN MOVIMIENTO
QUE SURCAN LOS MARES
FORMANDO MAREJADAS
DE DESEOS Y PASIÓN.
NOS SORPRENDEN LOS PRIMEROS
RAYOS DEL SOL, EN NUESTROS ROSTROS
SE DIBUJAN OJERAS ,PERO TAMBIÉN
LA FELICIDAD  DE UNA NOCHE DE AMOR .
 
Por María Isabel Bugnon
Santa Fe (Argentina)

 

 

SHANGAI &  KABUL &  FRANCISCO

 

Transito espacios

colapsados y convulsos,

vértigo de hordas fragmentarias

enclavadas en ciudades e iconos,

 

escenarios de emociones

proporcionalmente inversos,

forjadores indisolubles

de mi visión periférica,

 

queriendo entender el mundo

 

el sonido del chasquido

expandiendo sus ondas

perforadoras de tímpanos,

anunciándome mi depositario gesto.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HAY  EXCEDENTES  DE  CRETINOS

 

Hay excedentes de cretinos

igual con el cambio climático

se estropean las cosechas

y se extinguen como los dinosaurios,

 

lo malo es que mueren matando.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS  GUERRAS  SE  ESCRIBEN

 

Las guerras se escriben

con letras torcidas

de silencios y ausencias,

escritos de sangre

y mala letra.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

ONDULÁNDOSE  SOBRE  SI  MISMA

 

Ondulándose sobre si misma

envuelve su cercano espacio

con el atrayente sabor

de su perfumada estética,

desprendiendo aromas

por los perfiles de sus rasgos

retenida estática

de íntima percepción.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRASLÚCIDO  E  INCOLORO  ME  HE  VUELTO

 

Traslúcido e incoloro me he vuelto

quizás ya sea indoloro e insípido,

parece que ni vivo ni padezco

tumbos sobre mi mismo procuro.

 

Amalgama de colores desecho

sin razones ni valores ciertos

quizás la sinrazón desbroce

la inopia de mis días sin norte.

 

Trazar un arco y romper el empeño

cansino y ausente de riesgos,

quizás pase de guatemala a guatepeor

pero sembraré mi erial de sueños.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

TUS OJOS

 

Tus ojos.

¡Oh! tus ojos puros.

Esos dos luceros quietos.

Esos dos peregrinos de luz y clemencia.

Esos dos viejos sabios que callan.

Esos dos poetas mudos que abrazan

por no hacer daño al látigo que los flagela.

Esos dos laberintos de estrellas lucientes.

Esos dos átomos de rosa y jazmín que los cubre.

¿Qué han hecho tus ojos que tanto callan?

qué espesura de sol y árbol que nace.

Qué tormenta que poco a poco se calma.

Qué rosada piel crece de tu mirada.

Tu mirada:

esa flor de silencio y comprensión

que emerge de ella para mí.

Ese silencio de noche sin grillos.

Ese silencio de anticipado rayo.

Ese silencio de gato que anda.

¿Qué culpa tiene tu mirada que otros ojos la miren?

si tu mirada es oscura,

son dos Ángeles que callan por amor.

Son dos hemisferios que ruedan juntos hacía el amor.

Son dos monjes en un escriptorium.

Son dos flores que abren su belleza.

Son dos tesoros sumergidos en un mar de silencio.

Son dos estrellas desnudas.

Son dos lamentos sin voz.

Son dos llagas que fingen ser lunares.

Son la belleza de tu mirada y el refugio de mí ser.

Son la tregua de tu corazón.

Son el agua en el desierto.

Y las estrellas de luz en lo oscuro.

Son mi redención y mi calma.

Son dos abejas que vuelan con el viento.

Son lo que tú eres: PUREZA.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

TE ENCONTRÉ

 

¿Cómo podré pagarte

que me hayas hecho ver

la irrealidad de todo,

la vanidad de todo?

 

José Corredor-Matheos

 

Te encontré entre la piel y la cáscara.

Te busqué en bares, discotecas y pubs,

hallé restos de ginebra seca en las barbillas

babeantes y presencié el sacrificio de los astros.

Eliminé vacíos redondos de galaxias

y descubrí los secretos de la madre noche.

Pero jamás vi un corazón igual al tuyo.

Me asomé al balcón de los otoños

y vomité los caldos que la locura me dio.

Esculpí batallas en mi corazón

y motivé a los transeúntes a huir de mí mismo.

                                                  -Caro me salió-

Me enamoré de estrellas prepotentes

y caí en las cuentas de la banca internacional.

Me emborraché de emociones y virtudes

de luz a todo color.

                                          -Pero al fin te encontré-

Te encontré entre rumores colgados del ciprés,

te hallé entre océanos infinitos y falsas treguas

de contraste y rareza con apellido europeo.

                                                   -Me hallaste-

Tras la espesura de la niebla blanca de mis canciones de invierno,

hallé una música que hablaba de nuestro amor.

Tú buscabas paz y encontraste la armonía

de una cópula cósmica en paz con Dios.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

SITIADO  POR  IMPERTURBABLES

MUROS  INVISIBLES

 

Esa necesidad de ser futuros que llamamos vida.

DÁMASO   ALONSO

 

Sitiado por imperturbables muros invisibles

inmunes al abrazador incendio

que da hervor al centro de mi mismo,

apenas rescoldo de un sordo bullicio

que roncamente exhalo de mis entrañas

imperceptible para los monstruos de mis mañanas,

apenas un desgarrador y miserable vaho

que forma condensadas figuras extrañas

en la transparente tiniebla de mis pasos,

esos que no cesan con bastones de palabras

de apoyarme e hendir las oscuras luces

que aísla el incesable sentir de mis voces,

esas que quieren encaminarme entre feroces

y desgraciadas criaturas contemporáneas

deudoras de estériles angustias,

frenéticamente ordenar mis limitaciones

y en campo abierto indagar lo inexplicable

caminando, buscando ser futuro.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

EL ROLLO QUE ARROLLA

 

(Soneto)

 

Desde diciembre a enero

Siempre hay rollo que arrolla

Cuando hasta en bisiesto de febrero

Olla mogolla a mi andorga solla.

 

Desde marzo a abril, yo severo,

Parto ilusiones en guerras con Troya

Desde el nocturno al mañanero

Mucho bla, bla, bla con mucha farfolla.

(Ídem de Ídem)

Desde el novato al tabernero

Desde el tan beato al tan gilipolla

Desde el maragato al liguero.

 

Desde el mojigato a toda la colla

Desde el califato a los tinte-cabrero

Desde el mentecato al cagalaolla.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

 

19º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

19º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXIX    27-12-2.008

 

 

EDITORIAL XIX

Cambio de año

 

 

Éste será el último número de Nevando en la Guinea del año 2008. El nuestro ha sido un proyecto que ha nacido en Agosto y hemos mantenido las ediciones con rigor. Esperamos mantener el ritmo en 2009, el año que ahora nace y en el que proyectamos inevitablemente nuestras perspectivas y nuestros planes. Sin duda el nuestro es un proyecto sencillo y modesto, pero no queremos cambiar porque nuestra filosofía parte del deseo de publicar y hablar de literatura, y de paso de otras artes, sin olvidar que estamos en un mundo no siempre amable ni grato. Y para eso creemos que no son necesarios grandes formatos, nos basta con lo que tenemos, eso sí, con ganas de ir mejorando en la medida de lo posible.

 

Se nos podrá decir que la literatura, ante los problemas que existen en el mundo y las malas perspectivas que se nos anuncian, resulta una actividad poco importante. Evidentemente, ante la tragedia del hambre, hay datos que afirman que mil millones de personas en el mundo pasan hambre, o de las guerras, hay alrededor de veinte conflictos armados en estos momentos, o de miles de hombres y mujeres que afrontan el nuevo año con la angustia del desempleo y la pobreza, poco podemos hacer. Pero la literatura ha sido una actividad que a lo largo de la historia ha podido canalizar los sueños, las ilusiones, los conflictos humanos. Igual que los niños, queremos escuchar y leer una y mil veces historias, a veces las mismas historias. Hay libros que necesitamos leer cada cierto tiempo porque conforma nuestra vida, le da sentido, explica lo que no entendemos y abre nuevos planteamientos.

 

Sabemos, aunque quisiéramos que fuese al revés, que la literatura no soluciona los problemas del ser humano, pero sin duda ayuda a muchos lectores a superar una cotidianidad poco fácil. El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro contaba la anécdota de un antiguo soldado norteamericano del Vietnam, de origen hispano, que leía con avidez durante aquel trágico conflicto y los libros le ayudaron a sobreponerse de lo que le envolvía y, al acabar la guerra, viajó a París, donde residía el escritor, para agradecerle su ayuda porque uno de los libros que leyó fue suyo y lo leyó varias veces. ¿Cabe mayor sentido que éste?

 

Esperamos poder acompañar a quienes visitan esta página y poder seguir proporcionando poemas, relatos y comentarios varios. Por nuestra parte, nos gusta lo que hacemos y eso ya nos justifica. Sólo podemos desear a nuestros lectores que sea un año de fructíferas lecturas que sin duda les hará la vida un poquito mejor.

 

***

 

Nos llega la noticia de la muerte del dramaturgo británico Harold Pinter. Autor que se inicia con el denominado teatro del absurdo, fue construyendo poco a poco una obra de fuerte carácter social y político, denunciando las violaciones de los derechos individuales y sociales.

 

 

 

 

 

 

HISTORIA DE NAVIDAD

 

La Navidad es fría en la cárcel,

en los hospitales, en los tanatorios,

en los albergues, en los campamentos,

en los poblados chabolistas, en los descampados,

pero esta historia no desea ser triste.

Esta historia pretende daros esperanza.

La Navidad es la única época donde

nos acordamos que debemos ser buenos.

Unos vagan bajo el manto de las ciudades

como fantasmas brotados de la pena seca,

como almas en pena bajo el reloj romano

de las ciudades grises,

como seres vacíos que recuerdan,

como seres vacíos que lamentan.

Hubo una vez un niño, un niño como todos,

inocente e ingenuo, que esperaba que el día

de Navidad dejaran de discutir sus padres.

El niño guardaba ese anhelo en su interior

secretamente, totalmente en silencio.

El día de noche buena vino su padre

mucho antes del trabajo; cosa rara en él.

El niño fue a recibirlo a la puerta del hogar,

pero el padre llegó desanimado

y sin ánimo. Tenía algo que decirles:

tenía que decirles que ese día lo habían

despedido del trabajo, trabajo precario,

pero ese era el único sustento de la familia.

La madre, que estaba en la cocina

salió a dejar en la mesa navideña

un plato con comida y el marido

aprovechó ese momento para contarle

la dura noticia que necesitaba contar a su mujer.

La mujer recibió la noticia como un mazazo.

La mujer se preguntaba: -¿qué vamos a hacer ahora?-

-¿cómo vamos a pasar la Navidad?-

-¿cómo pagaremos la hipoteca, el coche, las facturas?-

Los padres entraron en un estado de nervios

que acabaron discutiendo.

El niño entonces se fue a su cuarto

totalmente desesperanzado y derrotado.

Totalmente enfurecido con Dios,

totalmente enojado con su gracia injusta.

El niño había pedido con tanto empeño

que sus padres no discutieran que le parecía

cosa imposible que existiese ese Dios

del que todo el mundo hablaba sin haberlo visto.

El niño se hizo mayor y siempre pasó

su infancia sin creer en la Navidad lo más mínimo,

sin hacer mucha caso a toda la pompa y a todo el boato

que entorno a la Navidad se formaba.

Sus padres, ya muertos, se habían pasado

toda su vida discutiendo y él no tuvo una infancia feliz.

Ahora él era padre y tenía dos niñas

que si creían en la Navidad, en esa feliz Navidad

que su madre les había inculcado.

Pero en su interior quería que sus dos hijas

si vivieran la Navidad como debía vivirla un niño.

Ese era el verdadero milagro de la Navidad,

ese era el verdadero milagro que el padre

lograba todos los años que pasaron de infancia las niñas.

El milagro de que su padre les hiciera creer

en una Navidad en la que él no creía.

Por eso es preciso decir que la Navidad vive en nosotros,

se refugia en nuestro corazón, vive en nosotros,

y a veces es necesario fingir una creencia

para que otros de verdad sean felices.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

El progresista

 

 

         Nunca te cayó bien aquel profesor con sus alardes de buen rollo y aparente progresismo. Impartía el primer semestre de Derecho Penal, que incluía más principios que normas, y siempre comentaba la realidad penal con un toque de crítica social que a los estudiantes, sobre todo a los más comprometidos, resultaba grato. Pero a ti nunca te convenció. No sabrías entonces muy bien explicar el motivo de esta desconfianza, pero había algo en él que a ti te provocaba suspicacia y aunque estuvieras de acuerdo muchas veces con el contenido de sus comentarios, había algo que no podías explicar de un modo racional, pero que te provocaba un profundo desdén. Sí, iba más allá de cualquier lógica, se trataba de una de esas antipatías que nacen de alguna zona oscura del alma, de un ignorado instinto difícil de entender.

         Todos tus compañeros se mostraron, sin embargo, admirados por su verbo, su estilo y su discurso, te miraban por ello como a un tipo en exceso huraño y desconfiado, el estudiante eternamente crítico y tal vez un tanto reaccionario. No en vano, las tres clases que dedicó al principio de inocencia causó incluso entusiasmo y los propios estudiantes conservadores, o cuando menos poco dados a la izquierda, no dejaron de reconocer que era difícil no admitir la veracidad de sus argumentos. Pese a todo, tú seguías manteniendo, al menos en tu fuero interno, que aquel hombre aparentemente sobrio y ecuánime jugaba con una baraja falsa y algunas cartas en la manga.

         Hubo ocasión de comprobar la veracidad de tus recelos en los exámenes finales. Marcos fue la víctima desgraciada de los desmanes de aquel profesor. O al menos de sus contradicciones ostentosas. Hay que decir que nuestro amigo poseía una de esas memorias privilegiadas capaz de recordar palabra por palabra todo un discurso escrito. No le costaba nada retener cualquier tesis frase tras frase, a veces, es verdad, como un loro, pero con frecuencia también comprendiendo el sentido de lo que estudiaba. 

         Como además poseía el don de los antiguos amanuenses y era capaz de transcribir un discurso oral sin apenas divergencias con lo dicho, sus apuntes resultaban completos. Me dijiste que muchos eran quienes le pedían una copia de los mismos porque era como repasar con todas las comas lo que los profesores habían referido en sus clases.

         Por todo ello, por su memoria y su capacidad de recopilar datos, sus exámenes solían ir bastante bien y sus notas tendían a ser altas. Pero fue con este profesor con quien, de repente, chocó.

         Terminó el examen final con la seguridad de quien lo ha bordado. No sólo recordaba a la perfección párrafos enteros de los apuntes, también se había explayado con las explicaciones dadas en dos manuales recomendados cuyos párrafos llegó a transcribir con las palabras casi textuales. Salió ese día de la facultad con la certeza de quien sabe que va a obtener una nota alta y no le cupo la menor duda de que así iba a ser. Por ello su sorpresa, al igual que la tuya, fue mayúscula cuando comprobó en el correspondiente listado, y te lo anunció poco después no sin una descomunal y comprensible congoja, que había suspendido la asignatura.

         Su sorpresa pasó a un enfado descomunal casi al instante, no podía ser que le hubiera suspendido, de allí que, poco después, ante la evidencia de la imposible nota, pasara a la certeza de que todo se trataba de un error, que sin duda el profesor o alguien del departamento, sin duda alguno de aquellos torpes becarios que hacían las veces de secretarios, había pasado erróneamente a listas las notas dadas por los profesores. Por tanto, podía estar convencido de ello, en la revisión del examen el profesor se daría cuenta de la envergadura del error y repondría la afrenta aceptando el cambio y la asunción de la nota cierta, mucho más elevada que el escuálido suspenso.  

         En el momento correspondiente pasó por el despacho del profesor. Esperó su turno con reforzada certeza de que la razón estaba de su parte y que el mentor, en cuanto ojeara su examen, no tendría más remedio que solventar el tremendo error.

         No fue así. El profesor sacó las cuatro hojas de papel rellenadas por completo, buena letra, bien presentadas y sin ningún atisbo que pudiera hacer pensar que el examinando se hallase nervioso en el momento de escribir, y antes de decir nada, observó atento la sucesión de párrafos, lo que aumentó no poco la agonía de Marcos. Le miró por fin. Este examen está copiado, le espetó de repente. Marcos se quedó parado, sin saber cómo reaccionar.

– ¿Cómo dice? -Le preguntó por fin, como si no hubiera entendido del todo la precisión del profesor.

– Este examen está copiado, es evidente.

         No sabemos si a Marcos le hirió más la acusación a todas luces injusta, la calificación de “evidente“, que ahondaba aún más en la herida, o ambas cosas a la vez. Pero lo indiscutible es que Marcos se sentía profundamente humillado.

– Pero, ¿me ha visto copiar, alguien se lo ha dicho, hay pruebas en mi contra? -se atrevió a formular.

– Es evidente. -repitió el profesor como único argumento para sustentar su afirmación.

– Entonces, ¿y la presunción de inocencia? -arguyó Marcos, no sin notorio arrebato.

         Bajó las escaleras que daban al departamento a grandes zancadas y farfullando insultos y vocablos soeces. Tú le esperabas a la salida y no te costó reconocer nada más verle el fracaso de la gestión recién realizada. No te hizo falta, además, preguntar nada. Me ha echado por impertinente, el muy miserable, chilló casi al borde de las lágrimas.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

TU  AUSENCIA  SE  APODERA  DE 

 

Tu ausencia se apodera de mí

va trepando por todos mis miembros

enlazándose por los insólitos costados

de mi atenazado y vencido cuerpo.

 

Tu ausencia devora a dentelladas pausadas

todas las salidas de mi ánimo

conduciéndolo sin respiro hacia ti,

impregnándolo de tu color y tu olor.

 

Tu ausencia abre en canales

toda la inmensidad de mi corazón,

sólo tus caricias suturarán sus heridas

y tu cariño lo hará latir de amor.

 

Tu ausencia llena de oscuridad mis días

los encierra en una lúgubre mazmorra

prisionero de amor y lejanía,

de dulce amor sin tu compañía.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

ME  ESTÁN  PASANDO  LOS  AÑOS

 

Me están pasando los años

en un tris-tras,

me percato cuando reflexiono

y veo en mi mente

acontecimientos de mi vida

y me parecen recientes

y al mirar el calendario

se convierten en viejos escenarios

de mi tiempo adolescente,

la tremenda ilusión que da alas

a mi vida encamina mi frente

a un presente preñado de futuro

de forma radical y vehemente

esos acontecimientos que han tallado

la evolución de mi vida

se alejan irremediablemente

al ritmo vertiginoso de mis impertinentes canas,

se van sin pausa y sin esperanza

de volver a reunirse conmigo

al son de un tris-tras cadencioso

se sumergen en brumas de silencio

como si de un agujero negro se tratase

pues ni sonido emiten

los resplandores del crepúsculo de mi juventud

al abandonar la estancia de mi cuerpo.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

TODOS NOS HABLAN

 

Todos nos hablan… sólo que nadie escucha.

Nos hablan los niños cuando lloran en la cama.

Nos habla el viejo cuando calla en su butaca.

Nos hablan los árboles cuando los azotan los vientos.

Y también lo hacen cuando se yerguen en la calma.

Nos hablan las olas, encrespadas y salvajes,

que nos traen historias de corsarios inmortales.

Nos hablan los ríos, aunque corran a raudales,

y nos dicen a gritos que detenerse es la muerte.

Nos habla la torre, desde su altura encumbrada,

sabedora de su presto final en ruinas inertes.

Nos hablan los presos, tras rejas oxidadas,

¡este mundo no funciona, a ver cuando te enteras!

Nos hablan ambas caras de un muro fronterizo,

que suspiran a gritos por conocerse.

Nos hablan los listos, los necios y los notables,

pero mejor que a esos, escucha a las rameras.

Nos habla la tierra, agraviada por nuestras manos,

¡no me olvides insensato, qué sólo eres un ser humano!

Nos hablan las madres, con sus tristes miradas,

el pasado ya no vuelve, ¡ay si yo pudiera!

Nos hablan los pájaros, mientras nos observan,

y piensan callados en lo poco que nos queda.

Nos habla la luna, desde la distancia,

casi no nos distingue, sabe que no somos nada.

Nos hablan las estrellas, aún más lejanas,

ojalá pudieran compartir su misterio.

Nos habla el sol, majestuoso y sincero,

no lo mires a la cara, sólo siente su aliento.

Nos habla el alma, desde su tumba silente,

sueña que no es tarde, y nos dice que aún se puede.

Te hablo yo, con mi amargo poema,

pero no me hagas caso que la locura se pega.

Te hablan los libros, con su silencio patente.

Todos te hablan… sólo que tú no te enteras.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

LLEGAR  A  ESE  PUNTO  DIFUSO  DONDE  PODER

 

 

Los dioses saben lo venidero, los hombres lo acontecido,

y los sabios lo que se cierne.

FILÓSTRATO

 

 

Llegar a ese punto difuso donde poder

tomar distancia sobre uno mismo

observando al sustentador incardinado

transitando encrucijadas de meandros…

Ser receptor de las vibraciones de lo que se cierne.

 

Recibir el misterioso zumbido y trasladarlo

al depositario de mi inherente legado

para que cuide mis emociones y pasos

eligiendo el curso adecuado

para el devenir de mis futuros años.

 

Que al dejar mi incorpóreo estado

ya surcando el longevo camino deseado

la despensa de mi galera se colme

de los más nutritivos conocimientos

afluentes de gozo y tersura para mi espíritu.

 

En esos parajes de acontecimientos

hallar lo hermoso, lo noble, lo magnífico

saborearlo sin premura, tomándome mi tiempo,

y al llegar a puerto se elevasen las riquezas

que mi alma ansía sobre los silos de Ítaca.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

EPÍLOGO

 

Abierto al mundo

con el vientre echo surcos

cual Río Tinto al cielo,

para quien lo desee

lo haga suyo

y en esa simbiosis

se multiplique y crezca

descubriendo espacios

revolucionando escenarios,

para quedarse y transformarse

en un yo rico en significados

y sabores deseados y duraderos.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN BOLSILLO EN CRISIS

ES UNA BREVE CRISIS DEL CORAZÓN

 

Te llaman porvenir

porque no vienes nunca…

 

Ángel González

 

Y te llaman crisis porque eres una puta

sin rostro,

un personaje de lupanar clandestino,

un montón de mierda

que quiere ser Dios.

Un bolsillo en crisis

es una breve crisis del corazón,

porque las putas van al mercado,

porque el mercado

es un bullicio de total prostitución,

donde se vende y se compra

la vida,

se sustituye oropel por gramos de ceguera,

porque la mezquindad es un kilo

de noses rotundos,

porque se disfrazan las voluntades blancas,

porque los voceros gritan

como perros de rabia,

porque los ceros son noventa y nueves

hipócritas,

porque el redondeo es la boca del lobo,

porque la trampa está oculta

en el aire que se respira,

porque la codicia se sobreentiende,

porque sin bolsillo pleno

no hay corazón que te responda,

porque los mercados son murallas

para algunos,

porque se tira lo que no se quiere

y se desprecia al que pide fiado,

porque los minutos son Euros

que respiran ante el tedio del mundo,

porque las sogas y el patíbulo

son una vereda abierta para el pobre

que de forma gratuita su opinión le niegan.

 

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

INSTRUCCIONES

PARA RESPIRAR

 

Aspira trece veces por minuto

un aire contaminado y de segunda mano.

Aspira que lo necesitas.

¿Se imaginan que cobraran

por la necesidad perentoria de respirar?

Muchos ya lo han hecho y lo seguirán haciendo.

Respirar para vivir,

vivir para respirar,

necesidad donde la vida es para todos igual.

La necesidad vital del ser humano.

Los sueños se respiran en la noche

y son esenciales para la derrota que el azar justifica.

Se respira desde el vientre materno,

ahí en el líquido amniótico,

hay una espiral de partículas de aire

que se hacen presencia y antesala

hacia la realidad del hombre y su existencia.

Suspiros, sollozos, resoplidos, soplos, gemidos,

 son atrezo eterno y perenne desde que nacemos.

Son parte del oxígeno necesario que llevamos

adheridos a nuestra alma, a nuestra suela del zapato,

a nuestro rincón del silencio, en nuestra huella impresa.

Tenemos la necesidad de sobrevivir

al antecedente hipnótico de la desnudez.

Tenemos el alma pegada a nuestro suspiro.

Sospechamos que la derrota está esperando

nuestra caída rendida, decir no puedo más,

rendirse, caer al vacío, dejar de luchar.

Sólo las sonrisas despiertan a nuestra

esperanza, la zarandean y le dan de beber,

la levantan y la incorporan a la vida.

Respirar, vivir, existir, follar, roncar,

todo ello lleva implícito el deber de inspirar y aspirar.

De vivir mientras tanto.

De respirar sin darse ni cuenta.

Vamos hacia el noble paseo del vivir por vivir.

Somos seres que respiramos,

y mientras tanto, resistimos al esperma negro, vacío y estéril

que la muerte lleva en su seno.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

 

 

 

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

18º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXVIII  20-12-2.008

 

XVIII EDITORIAL

 

 

El castellano y su difusión

 

La catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid Inés Fernández-Ordoñez ha sido elegida miembro de la Real Académica de la Lengua (RAE) y pasará a ocupar el sillón P, que dejó vacante el poeta Ángel González. Experta en la Historia de la Lengua y en dialectología, ha estudiado en profundidad las variantes rurales del español peninsular. Su labor, según la propia Academia, podrá ser importante en el proyecto de Diccionario Histórico de la Lengua que está elaborando la RAE.

 

Aunque somos poco amigos de lo institucional porque creemos que el idioma, cualquier idioma, ha de ser un cuerpo vivo poco dado a las ataduras formales, no por ello somos ajenos a la labor de la Academia, principalmente en un momento en el que el español está sufriendo,  sobre todo en España, un retroceso atroz. No por culpa de las otras lenguas que se pueden hablar tanto en España como en otros países de lengua española -Perú, Guatemala, México, Bolivia, Guinea Ecuatorial o Paraguay, principalmente-, sino porque hay una enorme despreocupación por parte de muchos hablantes hacia la lengua y también un descenso cultural y educativo del que nos hemos hecho eco en algunos editoriales, lo que provoca carencias que afectan al castellano, lo empobrecen como idioma y devalúan la capacidad de diálogo entre las personas porque se devalúa la lengua que es el medio de comunicación por excelencia. En este sentido, la Academia de la Lengua se convierte en un útil instrumento de referencia.

 

Por desgracia, falla el uso del idioma. El conflicto lingüístico ha pasado a ser un conflicto político en algunos países, por ejemplo en España, donde se quiere enfrentar lenguas por razones de interés partidista. Es verdad que el castellano se impuso en algunos momentos de la historia tanto dentro de la Península como en las antiguas colonias, el castellano fue un arma de dominio político en detrimento de otros idiomas, expresiones de cultura. Pero ahora el español pertenece a millones de personas repartidos en España, América Latina y en Guinea Ecuatorial. En el Sahara Occidental y en Filipinas apenas es un idioma testimonial. Por ello el castellano es el patrimonio de millones de hablantes, no de un país determinado,  y no se puede decir que un español sea mejor que otro, al mismo nivel se hallan el castellano de España como el de Argentina o Cuba, el de cualquier país americano.

 

Nos gustaría que la labor de la académica Inés Fernández-Ordoñez, como dialectóloga que es, fuera en ese sentido. Puede llevar a cabo una apreciable tarea de concienciación de la importancia que posee la lengua, aun cuando el papel principal para la conservación, difusión y desarrollo del castellano esté en manos de los hablantes que han de saber que sólo de ellos depende el idioma.

 

 

 

 

 

WOMAN DEL CALLAO II

 

Dónde estás tú, dónde estoy yo,

dónde está el norte y dónde el sur,

quisiera ser para ti eterno sol,

quisiera ser alegría redonda,

quisiera ser pasión sin nudo,

quisiera ser gracia que se improvisa,

quiero ser paciencia de agua,

quiero ser tu confiado socorro.

Me duele expulsarte de tu paraíso

con el turno de la dulce noche,

despojarte de la ternura del beso,

arrancarte de la volteleta ciega,

expropiarte la pureza a ratos

de arrebato doliente,

desahuciarte de tu libre mirada,

negarte una nueva posibilidad.

¿Qué hace una mujer tan bendita

de la mano de un juguete roto?

¿Qué clase de anti-juez sin paz

te sostiene la mirada hecha añicos?

¿Qué púlpito de negrura asola

tu voz huída en tu inocencia?

¿Qué beso de ti se me ha escapado?

¿Qué mirar de soslayo

fue miedo de sombra sin nombre?

¿Qué azul de ti se fue tan callando?

¿Qué rosa nació con la espina

dolorosa de la libertad soñada?

¿Qué canción no rima todavía?

¿Qué conclusión tan nefasta

da pasos en el ahogo a solas

de este verso desesperado?

¿Por qué mi amor tú tan lejos?

¿Por qué me dueles tanto?

¿Qué ritmo dió la noche

a la tormenta de sabor a selva?

¿Qué suspiro negro de mí

te llevas al irte?

¿Qué bofetada del silencio

se retuerce como pez fuera del agua?

¿Por qué el amor es tan difícil?

¿Por qué mi voluntad es un preso

 anciano, sabio y cansado?

Woman del Callao me dueles,

me dueles al alba, y de noche,

me dueles a solas o sin ti,

me dueles cuando miras

a la ciudad que te enseña sus dientes.

Me dueles cuando vas sola

por el llanto del mundo.

Me dueles cuando huyes

de la verdad desnuda.

Me dueles en la sombra

del momento en el viento.

Me dueles cuando callas, cuando vives,

cuando andas, cuando flaqueas.

Si te rodeo en mis brazos

y veo que ves

el loco poema

del guardián de espejos,

me muero por dentro y todo tú

me corroes.

Te beso y no cierro la esperanza secreta

que nos mantiene soñando.

Me conmueve el sabor

de tu sueño sacudiéndose.

Me enamora la alegría

de tu presencia que regala sin descanso.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

La Revuelta

 

 

         Me atraían todas aquellas luces dispersas: las que se contemplaban por el destello de las barricadas ardiendo o por el repentino resplandor de los cócteles molotov que estallaban al fondo de la avenida, el resplandor de las luces de los coches policiales o del inútil parpadeo de los semáforos. Se impuso un silencio tenso que sólo fue roto por las sirenas de la policía y de los bomberos, por el ruido de los cristales rotos y por algunos gritos que, desde lejos, apenas se entendían. Yo contemplaba aquel espectáculo impresionado, tal vez porque se me aparecía en cierto modo como el fin del mundo, un caos que no podía menos que calificar de sinfónico y que, no por llegar de pronto, me resultaba extraño ni imprevisto. Al fin y al cabo, lo artificial era lo anterior, aquella paz social engalanada de aparente riqueza que, estaba yo seguro, más tarde o más pronto se vendría abajo, como un edificio al que se ornamenta en demasía pero descuidando sus cimientos.

         Es verdad que aquello no era la revolución. Apenas era una revuelta, una de las muchas que se iban produciendo desde tiempo atrás y que nos conducían al caos. Pero también era cierto que hacía tiempo que no esperábamos la revolución, lo que no hacía que las cosas existentes, el capitalismo real, según lo llamó el sarcástico Klaus, fueran bien y quizá por ello el caos ya nos resultaba suficiente, dado que, nos parecía de pronto, no había alternativa posible.

         Me metí por las callejas adyacentes, más silenciosas pero no por ello menos caóticas, y vi a grupos de encapuchados que se movían raudos por las esquinas, casi de un modo militar. Algunos ni me miraron, me sentía invisible, otros me observaron apenas unos segundos, lo suficiente como para barruntar que yo no era un policía de paisano, y continuaron sus movimientos ajenos a mi presencia. De tanto en tanto volvía a escuchar el ruido de los cristales rotos, de las sirenas, los gritos, más lejanos sin duda pero, por romper el silencio de las calles estrechas, más intensos y tal vez más sonoros. Seguí andando. No tenía dirección fija, iba de un lado a otro, como un turista que visitase el caos.

         El mundo se venía abajo, no había vuelta atrás, y creo que nunca antes me había sentido más feliz. El orden se derrumbaba, ¿cabía algo mejor?, y aquella destrucción me resultaba gratificante. Me sentía regocijado, lo reconozco, al ver, en una calle comercial, los escaparates de las tiendas rotos, algunas sucursales bancarias con evidentes signos de haber sido incendiadas, los coches traspuestos y colocados como barricadas en medio de la calzada. El corazón se me aceleraba, se me despertaba la pasión y me acercaba a un ámbito en el que se diluían los límites de lo material. No crean que yo hubiera bebido ni consumido ninguna droga, nada más lejos, pero sin duda estaba muy cerca de los efectos más extremos que producían dichas sustancias.

         Salí de las callejuelas del casco viejo y avancé por plazas y calles que, si bien parecían no estar afectadas por los desórdenes, te hacían sentir la tensión. El ulular de las sirenas se escuchaban desde aquí y tal vez la falta de consonancia con el paisaje, todo de pronto tan ordenado, me inducía a pensar que lo que veía era apenas un espejismo o que lo recién contemplado no existía en absoluto. 

         Me senté en un banco de una extensa plaza. Ahí el silencio era absoluto y el bisbiseo de los incidentes quedaban ya demasiado lejos. Quizá nunca amaneciera, pensé. La noche eterna, era lo que me pareció que iba a ser aquella noche. Miré a mi alrededor y tanta soledad, por un instante, me resultó gratificante. Parecía imposible que poco antes hubiera asistido los incidentes. La tensión quedaba aquí diluía y me pareció que la calma siempre había existido. Concluí que el mundo era ambivalente y en él convivían ámbitos que llegaban a ser absolutamente contradictorios pero por los que se podía pasar con suma facilidad. 

         Sin duda había algo poético en todo eso. No me moví de ahí hasta el amanecer, a la espera de no sé muy bien qué.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

SU ABRAZO

 

 

Ese nudo orbital en mi cintura

delimita el espacio en donde habito

y ahueca entre sus alas todo un nido

donde entibio mi noche más oscura.

 

Rodea con su manto de ternura

la pesada raíz de mis olvidos,

y me diluyo lejos del silencio

con las voces de luz que me que murmura.

 

En ese globo astral arden los fuegos

que lamen las laderas del infierno

y borran los perfiles de la bruma.

 

Se estremece mi piel con el contacto

que surge de su abrazo dilatado

y alcanzo la verdad que me desnuda.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

 

 

 

 

DESTINADO

 

A Lula, por su agudeza visual.

 

Le pedí que me leyera la mano

cuando mi juventud era un suspiro que nace.

Ella llevaba gusto a brandy en el paladar

pero vió la luna crecer en la palma de mi mano

como un espejo redondo y profundo como un pozo.

Se invocaba paulatinamente

a un pasado de travesura que salió cara,

a un presente de misterio escondido

en la semilla de la luz,

y a un futuro que florecía como una incógnita

vestida de ensueños plateados.

No lo supe hasta más tarde,

que una deuda quedaba tan finamente cobrada

como la justicia de Dios

hecha por los hombres.

Ella movía su mano como un abanico

esparciendo su visión de chamán ancestral y místico

como el humo espeso de la goma o del neumático.

Ella me dijo después:

sígueme con tu mirada hasta perderme en la esquina,

no quiero caerme como otras veces caí.

No le perdí el rastro zigzageante

que su andar delicado soportaba.

Se perdió entre las estrellas de la noche de verano

cruzando la lluvia

eterna de las risas del populacho gris

y los borrachos que por una gastada sonrisa

hacen burla de la grandeza pequeña

que el mundo oculta.

Las esperanzas son un aliento que alivia

en lo remoto de cada corazón.

Por eso no la olvido cuando veo mi destino

venir a mí como un perro suplicante de caricias.

Por eso no la olvido cuando escucho

la canción de la noche en los veranos australes

que mi caminar oye salir de las ventanas.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

POEMA MANDADO POR CRISTIAN

CLAUDIO CASADEY JARAI.

 

EL VOLCÁN POÁS

 

Del clásico costarricense, Carlomagno Araya.

 

Levantado en mitad de la maleza

Está el volcán que a imaginar invita

En una gran cabeza que medita

Y en una enorme fauce que bosteza.

 

Este monarca cuyo aliento sube

Sin padecer fatiga ni desmayo

Tiene por cetro luminoso el rayo

Y por corona singular la nube.

 

Apoyado en los hombros de la cresta

Que baña el sol de fúlgida vislumbre

Contempla la ansiedad de la floresta

Que tiene la locura de ser cumbre.

 

Atalaya propicio desde donde

Pueden los pueblos extender su vista,

Para ver el lugar en que se esconde

El peligro fatal de la conquista.

 

 

Maldigo al primer ser humano que interpuso una frontera imaginaria entre él y uno de sus semejantes. Maldito sea mil veces aquel ignorante individuo que en un remoto día fue el primero en pronunciar las infames palabras “mío” y “tuyo”; ojalá se pudra por siempre en los infiernos. Maldigo las perversas razones que le condujeron a tan depravado comportamiento de menosprecio fraternal. Yo maldigo también a la siniestra evolución que nos arrebató sin misericordia las eternas primaveras y las brisas suaves de la edad de oro de la tierra primigenia y nos condujo irremediablemente a través de las edades de plata y bronce hasta llegar a la más actual de las edades, la más violenta y desgarradora, la corrompida edad de hierro. Maldigo las patrias, las banderas, los himnos, las lindes, los idiomas, las vallas, las aduanas, los iconos, las ideologías y todo aquello que suponga una diferenciación ficticia entre individuos de la misma especie.

Éstos han sido los responsables de las mayores matanzas y peores injusticias de todos los tiempos. Por culpa de todo ello existe E.T.A, Al Qaeda, los nacionalismos estrechos de miras, el fanatismo religioso, las miserias de unos y las riquezas de otros, los gobiernos totalitarios y déspotas,…

Soy un ciudadano del Todo; mis hermanos son los seres que en Él habitan. Sus dominios comienzan allá donde nacen los vientos, y acaban donde se oculta el arcoiris. Mi bandera son las nubes que rodean todo el globo ondeando en lo más alto del cielo, y no necesita asta donde ser colocada. Mi himno, el sonido de las olas del mar rompiendo en la dura roca o el melodioso canto del ruiseñor en la profundidad del bosque. Mi idioma es el Lenguaje del Mundo. Las estrellas son el único confín que conozco; y los horizontes que contemplo, la luna y el sol. Mi Templo es mi cuerpo, y el único ritual que requiere mi religión es la meditación.

Si te agrada mi patria, siempre serás bien recibido en ella. La única condición que te exige es que olvides fuera los prejuicios, las prohibiciones, las dualidades (sobretodo aquella de “yo” y “los demás”), la envidia, el rencor, la ira, el odio. Entra con la mente limpia y clara como la de un bebe recién nacido antes de ser bautizado y déjate llevar. Si dudas de la existencia del paraíso, olvida todo lo conocido hasta ahora y sígueme; está más cerca de lo que imaginas. Te prometo una existencia plena y feliz hasta el fin de todos los tiempos. Te aseguro la completa desaparición de todas tus actuales y absurdas preocupaciones.

En este lugar no se conoce el miedo, porque no hay nada que temer. Tampoco existe el amor, ya que todo es amor. No se habla de paz, debido a que la guerra es impensable. No hay principio ni fin; el nacimiento y la muerte sólo son pasos intermedios. Aquí no tienen cabida jefes ni gobernantes, la Naturaleza es la única que impone leyes e imparte justicia. En nuestra tierra no son necesarios papeles para vivir dignamente; no se conocen ciudadanos ilegales. En este mundo, el único propósito es vivir. Mientras naden peces por sus ríos y mares, el cielo sea surcado por aves de todos los colores y de la tierra broten los más variados frutos, seremos ricos y dichosos; todos por igual… Y al que pronuncie la palabra “frontera” se le colgará del árbol más alto de este infinito Reino.

 

Las cuatro edades. Extraído del libro Metamorfosis, de Ovidio

La edad de oro fue la creada en primer lugar, edad que sin autoridad y sin ley, por propia iniciativa, cultivaba la lealtad y el bien. No existían el castigo ni el temor, no se fijaban, grabadas en bronce, palabras amenazadoras, ni las muchedumbres suplicantes escrutaban temblando el rostro de sus jueces, sino que sin autoridades vivían seguros. Ningún pino, cortado para visitar un mundo extranjero, había descendido aún de sus montañas a las límpidas aguas, y no conocían los mortales otras playas que las suyas. Todavía no estaban las ciudades ceñidas por fosos escarpados; no había trompetas rectas ni trompas curvas de bronce, ni cascos, ni espadas; sin necesidad de soldados los pueblos pasaban la vida tranquilos y en medio de suave calma. También la misma tierra, a quien nada se exigía, sin que la tocase el azadón ni la despedazase reja alguna, por sí misma lo daba todo; y los hombres, contentos con alimentos producidos sin que nadie los exigiera, cogían los frutos del madroño, las fresas de las montañas, las cerezas del cornejo, las moras que se apiñan en los duros zarzales, y las bellotas que habían caído del copudo árbol de Júpiter (la encina).

Había una primavera eterna, y apacibles céfiros de tibia brisa acariciaban las flores nacidas sin cimiente. Pero además la tierra, sin labrar, producía cereales, y el campo sin que se le hubiera dejado en barbecho, emblanquecía de espigas cuajadas de grano. Corrían también ríos de leche, ríos de néctar, y rubias mieles goteaban de la encina verdeante.

Una vez que, después de haber sido Saturno precipitado al Tártaro tenebroso, el mundo estuvo sometido a Júpiter, llegó la generación de plata, peor que el oro, pero más valiosa que el rubicundo bronce. Júpiter empequeñeció la duración de la primavera antigua, haciendo que el año transcurriese, dividido en cuatro tramos, a través de inviernos, veranos, otoños inseguros y fugaces primaveras. Entonces por vez primera el aire, encendido por tórridos calores, se puso candente, y quedó colgante el hilo producido por los vientos. Entonces por vez primera penetraron los hombres bajo techado; sus casas fueron las cuevas, los espesos matorrales y las ramas entrelazadas con corteza de troncos. Entonces por vez primera fueron las semillas de Ceres enterradas en largos surcos y gimieron los novillos bajo la opresión del yugo.

Tras ésta apareció en tercer lugar la generación de bronce, más cruel de carácter y más inclinada a las armas salvajes, pero no por eso criminal. La última es de duro hierro; de repente irrumpió toda clase de perversidades en una edad de más vil metal; huyeron la honradez, la verdad, la buena fe, y en su lugar vinieron los engaños, las maquinaciones, las asechanzas, la violencia y la criminal pasión de poseer. Desplegaban las velas a los vientos, sin que el navegante los conociese aún apenas, y los maderos que por largo tiempo se habían erguido en las altas montañas saltaron en las olas desconocidas, y el precavido agrimensor señaló con largas líneas las divisiones de una tierra que antes era común como los rayos del sol y como los aires. Y no sólo se exigían a la tierra opulentas cosechas y alimentos que ella debía dar, sino que se penetró en las entrañas de la tierra y se excavaron los tesoros, estímulo de la depravación, que ella había escondido llevándolos junto a las sombras de la Estige. Y ya había aparecido el hierro dañino y el oro más dañino que el hierro; apareció la guerra, que combate valiéndose de ambos y con mano sangrienta blande las armas que tintinean. Se vive de la rapiña; ni un huésped puede tener seguridad de su huésped, ni un suegro de su yerno; incluso entre hermanos es rara la avenencia. El marido maquina la ruina de su esposa, y ésta la de su esposo. Madrastras horribles preparan los lívidos venenos del acónito; el hijo averigua antes de tiempo la edad de su padre.

La piedad yace derrotada, y la Virgen Astrea (la justicia) ha abandonado, última de las divinidades en hacerlo, esta tierra empapada de sangre.

 

  

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

 

RESURRECCIÓN

 

 

 

Y el disfraz se apartó

de su último rostro.

 

Descendió por las aristas,

y se negó a aceptar

la resignación de la clausura.

 

Midió el alcance del combate iniciado,

y rompió aquel asedio que frenaba  sus líneas

adheridas a un cuerpo.

 

 

Enloqueció su brújula

y se liberó de apremios

sin atisbo de culpa.

 

Quería astillar ademanes primitivos.

 

Despilfarrar los guiños

de dueños asimétricos.

 

Sumergió la imagen conseguida

en un espejo falso,

y dejó que la hondura

inventara otras puertas

por donde escabullirse.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

 

 

 

LA ORGÍA

 

Esa otra que me habita,

se oculta

entre navajas y sudarios.

 

Por mis recodos íntimos,

alarga sus controles

para tocar mis poros

y se empeña en el registro

de una maldad suprema.

 

Pone a macerar

unos granos de sal

y viaja hasta mis ojos

para hurtarme una lágrima.

 

Mi piel embaucadora

busca líneas erguidas

desde otras tarimas.

 

Y una vez más,

la intrusa

se recluye

entre los matorrales

y regresa a mi fondo

con las arcas vacías.

 

Hay un pastor de llantos,

sin rebaño.

 

 

.                               T.P.C.

 

 

 

Me llamo Pedro Andrés Estudillo Butrón, soy ciudadano del mundo, hijo de Adán y de Eva, y declaro la guerra abiertamente a todas las multinacionales del mundo.

Al igual que en otros tiempos sembraron el terror por el mundo ambiciosos emperadores, dictadores totalitarios, fanatismos religiosos con su Santa Inquisición al frente (no sé por qué lo de “Santa”) o ejércitos de bárbaros descontrolados, por mencionar algunos, en la época en la que nos ha tocado vivir, son las multinacionales las que constituyen la reencarnación del mismísimo Satanás.

Pero todos los anteriormente mencionados juntos no tendrían nada que hacer con el mortífero monstruo que se cierne sobre nuestras cabezas en estos días, ya que, el alcance de esta máquina infernal es a nivel mundial, a diferencia de los aparecidos en otras edades, los cuales sólo podían atacar a unos cuantos desgraciados esparcidos por algún rincón concreto del planeta. En nuestros días, gracias a (o por culpa de) los fabulosos avances en las telecomunicaciones y la tecnología, los poderosos y maléficos tentáculos de las multinacionales llegan hasta los más recónditos lugares de este precioso mundo que habitamos. No hay escapatoria, no tenemos a dónde huir; ¿o sí?

Si no podemos salir del planeta para escapar de tan terrible amenaza, tan sólo nos queda una opción: luchar. David derrotó al gigante Goliat, los griegos vencieron al poderoso ejército persa en la batalla de Salamina, los Hunos de Atila pusieron en jaque al todopoderoso imperio romano, al igual que el cartaginés Aníbal, después de realizar la hazaña de cruzar toda la península ibérica, los Pirineos y los Alpes con todo su ejército. Ahora ha llegado nuestro momento. Debemos plantarle cara al enemigo si no queremos que el mal se extienda irremediablemente por todo el planeta. Si nos rendimos ahora, acabaremos como tantos otros ya lo han hecho, muertos en vida, vagando como zombis invisibles en oscuras y monótonas existencias, sin presente ni futuro que merezca la pena, sin posibilidad de escape, esclavos de la peor de las miserias en las que se puede caer: la del aburrimiento y la esclavitud consentida. Inmersos en un insulso mundo de hipotecas, préstamos a bajo interés, móviles de última generación, grandes automóviles todoterrenos, televisores de pantalla plana, últimas rebajas, moda a precio de saldo, líneas ADSL´s, obligatorias fiestas de cumpleaños, de despedidas de solteros, de bautizos, de Navidad…, preasignados días de los enamorados, de las madres, de los padres, del tío abuelo…, paseos al centro comercial más próximo (o más lejano), minivacaciones en la atestada playa, colección de películas y CD´s piratas que nunca utilizaremos, falsas reuniones familiares donde debemos aparentar la más absoluta felicidad, formidables planes de pensiones, superseguros fondos bancarios de renta libre… Y vuelta a empezar de nuevo. ¡Manipulación, manipulación y más manipulación!

Quince de mis más vitales años he ofrecido a uno de estos pérfidos monstruos surgidos del profundo abismo de la globalización, por eso los conozco bien, sé cómo piensan, cómo actúan, de qué se alimentan. No tienen compasión, actúan impunemente, protegidos y amparados por el vil sistema que ellos mismos han creado y que mantienen a costa del pobre ciudadano. Cuando te atrapan es difícil escapar, te devoran poco a poco, acaban con tu vida, con la de tus hijos, tus seres queridos, lo destruyen todo a su paso; si caes en sus miserables garras, no tienes salvación.

Desde mi trinchera oculta entre la maraña de la red cibernética, grito ¡SOCORRO!, solicito tu ayuda, tu compromiso para con la causa. Podremos ser pocos, pero nuestra voluntad es fuerte y nuestra motivación surge de la razón; además, el enemigo es ingenuo, está distraído y es cobarde. Si el hombre es un lobo para el hombre, seamos nosotros zorros, astutos y vigilantes.

La mayor y más importante arma utilizada por nuestro común enemigo es la manipulación; si queremos vencerle, tenemos que intentar por todos los medios posibles anularla. Estas son nuestras armas, tómalas y lucha conmigo:

 

1.    Acude para tu consumo diario a los pequeños comerciantes de tu pueblo o ciudad. Cada vez son menos, por desgracia, pero los pocos que hay te recibirán con los brazos abiertos, te ofrecerán el mejor trato, te darán calidad y total confianza.

2.    Huye de las masas enfervorecidas; éstas son el principal alimento de nuestro insaciable enemigo.

3.    Arroja inmediatamente en la bolsa de reciclar el papel toda la propaganda que te dejen en tu buzón sin tu permiso; no caigas en la tentación de leerlas.

4.    No escuches ni uno solo de los anuncios televisivos; representan una de sus principales armas contra el desprotegido ciudadano.

5.    Olvídate de la política y de los políticos; sólo son herramientas utilizadas por el adversario para despojarnos un poco más de nuestra libertad. Haz como el sabio Diógenes; cuando el poderoso emperador Alejandro Magno le preguntó de qué modo podía servirle, éste le respondió: “Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol”.

6.    Antes de comprar algo, plantéate en serio si de verdad lo necesitas. No olvides la máxima “No es más rico quien más tiene sino el que menos necesita”; practica el saludable arte del desapego material: serás más feliz (por experiencia). Otro de mis preceptos favoritos es que todos los inventos del hombre, absolutamente todos, son prescindibles. No lo olvides.

7.    No te fíes de las ofertas ni de las gangas; suelen ser otro timo más. La máxima: “Nadie regala nada”, suele ser verdad.

8.    No engroses la deprimente lista de los que acostumbran a sustituir sus bienes a las primeras de cambio (móviles, automóviles, viviendas, ordenadores, etc.). Recapacita bien sobre la auténtica utilidad que le das a tus artilugios. El enemigo es un experto en crearnos necesidades absurdas.

9.    No contrates nada por teléfono; es más, ni siquiera pierdas tu tiempo escuchando a un desconocido que te llama sin tu consentimiento para ofrecerte algo que no has pedido.

10.                     Utiliza todos los servicios públicos que estén a tu alcance; son tuyos (como ejemplo, este blog lo publico desde la biblioteca municipal de mi localidad).

11.                     No consumas alimentos precocinados, sólo conseguirás envenenarte poco a poco. Intenta alimentarte con productos naturales y del tiempo, aunque requiera más esfuerzo; quién algo quiere, algo le cuesta.

12.                     Organiza tu tiempo de manera que cada cosa que hagas en cada momento, tenga una utilidad concreta, y procura no salirte de ahí. El tiempo es lo único que no se puede recuperar jamás, una vez que se pierde; no se lo entregues tontamente al adversario. Recuerda que actividades como el descanso, la relajación, la reflexión o la meditación, no son ninguna pérdida de tiempo.

13.                     Olvídate de las modas; hay un refrán que las define estupendamente: “Cuando un tonto coge un carril, o se acaba el carril o se llena el carril de tontos”. No seas uno de esos tontos, y de paso le darás una buena estocada al adversario, que se lucra con ellos.

14.                     No te inscribas en ninguna asociación, sindicato, club, organización, etc. Los carnés sólo sirven para esclavizarte un poco más (si estás pensando en las ONG´s, tampoco es necesario un carné en el bolsillo para hacer el bien).

15.                     No te “enganches” a programas o series de televisión (mi consejo es evitar empezar a verlos desde el principio), ni te conviertas en un forofo del deporte de moda; es otra de las estratagemas usadas por el enemigo para anular nuestra voluntad, y con ella, nuestra libertad. Nuestra principal arma es una mente lúcida y libre; que nadie ni nada te la arrebate.

16.                     No seas prosélito ni acólito de nada ni de nadie (mucho menos de mí). Que sea tu sentido común el que gobierne tu vida. La capacidad de razonar es lo que nos diferencia de los animales, si no la utilizas serás más parecido a un cordero que a una persona.

17.                     Aprende a disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas. Hay muchas actividades interesantes que se pueden realizar sin necesidad de estar ganando o gastando dinero.

18.                     Las leyes se pueden infringir, pero nunca las normas de la buena conducta; no confundas a tu prójimo con el sistema que lo envuelve. Recuerda que somos guerreros, no soldados ni bárbaros.

 

Admito propuestas y consejos. Me considero uno de los escasos y privilegiados seres humanos del mundo que son capaces de aprender por cabeza ajena. No pretendo convertirme en ningún líder ni cabeza visible de nada; nuestro ejército no necesita jefes, nosotros somos inteligentes.

BUEN COMBATE, AMIGO.

 

 

 

 

ASESINATO DE UN JILGUERO

 

Cuando era un niño, no tan niño,

un día cacé a un jilguero con liria de muérdago

con la tradicional trampa del arbolito.

Como se le quedaron las alas

untadas con la liria

quedó el pájaro totalmente desplumado,

pegado, feo y pegajoso.

Unos amigos me dieron la brillante idea

de untarlo con aceite de oliva

para quitarle toda la liria que tenía

en sus plumas.

Pero no fue tan brillante esa idea,

pues el pajarillo quedó aceitoso y resbaladizo,

y se me ocurrió después lavarlo

con agua del grifo del lavabo,

pero esa idea fue aún menos brillante.

Al mezclar la liria, el aceite de oliva

y el agua, aquel jilguero

ya no parecía ni jilguero, ni pájaro,

y ni si quiera parecía que tuviera alas.

Parecía un colibrí untado en petróleo,

una contradicción de ave que, de haber sido una ave exótica,

seguro sería una ave exótica en vías de extinción.

Estaba mojado, pegajoso, grasiento,

aceitoso, desplumado, no era ya el mismo que cacé,

Después se me ocurrió la brillante,

y al mismo tiempo, la inocente y equivocada idea

de secarlo con el secador del pelo.

¡Nefasta idea!

Yo direccioné el aire caliente del secador

contra esa especie rara de jilguero feo

y él abría el pico y lo cerraba,

aleteaba desesperado, impotente, aterrorizado,

pero a mí no me preocupó demasiado.

A mí lo que me importaba era verlo

seco, bien acicalado, (cosa imposible)

pero yo seguía y seguía ofreciéndole su dosis letal

de aire caliente al pobre pajarito.

Como todavía estaba mojado, pegajoso, grasiento

y aceitoso, seguía y seguía,

hasta que el colorín se arrinconó en su jaula

agonizante, totalmente humillado

y sin ningún indicio ni resquicio de fuerza.

Decidí darle el último secado

y lo que conseguí es darle el toque de gracia

y el pájaro me lo agradeció, creo yo.

Por que murió al instante.

Yo no tenía ninguna idea preconcebida

de que aquel pobre pájaro iba yo a matarlo,

yo sólo quería verlo seco y bonito

pero el pajarillo no lo resistió.

Entonces fue cuando al verlo

totalmente tieso, engarrotado y muerto

empecé a sentir una enorme culpa.

Un sentimiento de tristeza se apoderó de mi ser,

que me hizo comprender,

que la muerte estaba ahí esperando,

expectante y agazapada.

Comprendí que unos mueren por la torpeza

y el egoísmo de otros,

pues no pensé en ese animal,

no vi en ese momento que lo estaba condenando

 a una muerte horrible y agonizante.

Entonces cogí al jilguero y lo envolví

en un paño de papel de cocina

y lo enterré en un macetero de la casa.

Le puse una cruz atando dos palitos,

recé por él un medio Padre Nuestro,

pero eso no creó en mí ningún consuelo,

solamente un arrepentimiento y un sentimiento

  de culpa que me duró varios meses.

Ese mismo día se lo conté a mis padres

en el almuerzo

y mis padres me dieron una riña un tanto leve

sin darle mucha importancia.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

    nevandoenlaguinea@hotmail.com

    E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

    17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

    NEVANDO EN LA GUINEA

    NºXVII     12-12-2.008

     

    EDITORIAL XVII

     

     

    Violencia en Grecia

     

     

    Asistimos esta semana a la violencia desatada en Grecia que ha hecho coincidir la revuelta juvenil con una huelga general en la misma semana. No somos nosotros quiénes para dirimir las causas y los pormenores políticos de esta situación, no vamos a dar soluciones, no tenemos una varita mágica ni poseemos la verdad absoluta. Sin duda quienes escribimos en este espacio no nos pondríamos de acuerdo ni en los análisis ni en las soluciones, tampoco el debate político está en el origen de esta revista, pero creemos que hay una lectura social y cultural que no queremos, por ser una revista literaria, callar.

     

    Sabemos que, por desgracia, la violencia es algo ligado a la historia de la humanidad. Pero creemos firmemente que la cultura y la educación son dos instrumentos idóneos para solventar los conflictos y avanzar colectivamente. Lo hemos formulado ya en varios editoriales y a ellos remitimos, no es cuestión de repetirse. No obstante, reiteramos nuestra tesis ya formulada, por otro lado evidente, de que el descenso del nivel educativo y cultural provoca frustración individual y también colectiva porque produce falta de perspectivas y desata la ira. Ahí está en gran medida el origen de la violencia. Por tanto, no podemos quedarnos en lo meramente externo: las calles cortadas, los bancos destruidos, los comercios arrasados, los enfrentamientos callejeros con su cúmulo de heridos y muertos; todo esto nos impresiona, pero la violencia no es sólo eso, está más en el origen mismo de la rabia, en la frustración, la miseria, la incultura, la explotación. Es menos evidente, pero no menos real. Lo vimos claro en el año 92 en Los Ángeles, donde un acto de injusticia policial provocó las iras de la ciudadanía negra, mostrando al mundo la marginación y el bajo nivel educativo, social y laboral que esta población sufría, lo hemos visto en otros casos y lo vemos hoy en Grecia, que se vuelve el reflejo de hacia dónde va Europa.

     

    No en vano es Grecia la que se revuelve hoy, la cuna europea de la filosofía, de la lógica y la dialéctica. Grecia es el símbolo de una Europa que se ha lanzado a una deriva consumista y que ha dejado de lado los valores de la educación y de la cultura para adorar el dinero, el euro, como única divinidad. No es la primera vez que ocurre, Europa es el continente que arrasó el mundo en provecho propio, que se enriqueció con el trabajo ajeno, el de los esclavos negros llevados a América, por ejemplo, pero que también abusaba de la población local, sometida a unos valores egoístas de enriquecimiento rápido y de superficialidad.

     

    Pero también es un continente que ha expresado una sensibilidad enorme por las artes y las letras, sin duda al igual que los otros continentes, donde las expresiones culturales son también importantes, pero por ello mismo con una singularidad propia producto de numerosas influencias. Por eso lamentamos que la deriva tomada por los gobiernos europeos esté provocando el caos. Lo que está pasando en Grecia es la punta de iceberg de un estado de cosas que a muchos habitantes del continente europeo les desagrada bastante y que desean la vuelta a unos valores democráticos, de justicia y de solidaridad, en los que la cultura tanto tiene que decir.

     

     

     

     

     

    EN EL HUERTO

     

    Cavando bajo un sol

    te mirábamos los dos,

    mientras la tierra, toda tuya,

    la domabas dando bulla.

    Eras sudor de estrella

    y eras la voluntad aquella

    que extrañaba vernos

    entre tomates y ajos tiernos.

    Todo tú eras campesino,

    tu domingo era don divino,

    y entre semana era hierro

    tu labor de paz y encierro.

    Trabajador del sí rotundo,

    hombre fiel al viejo mundo,

    anhelas sólo lo tranquilo

    del laurel y el tilo.

    Buscas la raíz del consuelo

    cuando cavas en el suelo,

    donde pisa la lombriz

    con toda tu verdad motriz.

    La acequia es tu gran obra

    que al momento y a su hora

    sigue el agua pertinaz

    ese rastro de antigua faz.

    Tu hoz es enorme corazón

    que busca una razón

    donde se corta la mitad

    de esa luz en contrariedad.

    La cabaña es sombra vieja

    y tu mirar sin la queja

    corta la caña y con maña

    deshace telaraña y maraña.

    Agacha el lomo de hombre

    pues cosechas tu nombre

    entre la llaga y el callo,

    pues sigue tu mirar el rayo

    del sol que distraído

    encuentra en tu tierra ruido,

    con la entraña sumergida

    de tu carne morena sufrida.

    Eres campesino por que veo

    en tus ojos el pestañeo

    del escozor que da el sudor

    y te escuece aquel dolor

    que la tajada y el tajo sembró

    aunque tienes tornasol

    que en tus manos dice no

    cuando llora seco el sol.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

     

     

    Barrios

     

                Había un punto en esa atracción por los barrios bajos que me parecía indecente. Éramos privilegiados que querían emular a los poetas malditos de quienes nos hacíamos una idea preconcebida, un cliché sin sentido, años después de que aparecieran y a los que imitábamos sin vergüenza. Paseábamos por las callejas del puerto, entre borrachos, voyeurs, putas y ladrones, entre gente derrotada, y nos mostrábamos como turistas que se encandilan ante los falsos decorados orientales. Puede que hubiese un toque poético en aquel espectáculo, pero desde luego no era bello, ni atractivo, ni nada. Me voy, dije de pronto y todos me miraron como si hubiese soltado la mayor sandez de mi vida.

    – No te irás a marchar ahora. -dijo Marcos como si lo preguntase.

    – Pues sí.

    – ¿Nos vas a dejar tirados?

             Marcos me resultó especialmente estúpido. Más estúpido de lo que ya lo era por costumbre, quiero decir. ¿Tirados? Continuaban todos juntos. ¿Para qué me querían junto a ellos?¿Acaso me consideraba -me lo consideraban todos, pues todos mostraban rostros de carneros a punto de morir- el alma mater de aquel safari como para tomarse como una traición mi partida? Seguís todos juntos, que os divertíais, fue lo último que les dije. Torcí por una calleja que me llevaría fuera de la zona.

             No tenía la menor duda de que Marcos habría comenzado a despotricar contra mí nada más desaparecer por la esquina, me estaría acusando de moralista pequeño burgués ante los otros, pensé, él, nuestro gurú poseedor de la verdad absoluta y que gustaba de emplear palabras rimbombantes con las que juzgaba a los demás desde su posición aparentemente superior. Pero a esa altura de la historia me daba igual. No estaba dispuesto a disfrutar con las miserias ajenas. Me asqueaba aquel divertimento de niños bien que jugaban a marginales. Aunque también era verdad que había otra razón, aun cuando no quisiera reconocerlo: me sentía en desventaja con respecto a mis compañeros. Al fin y al cabo, yo no era en realidad, como ellos, un niño bien. A pesar de que mis padres, enriquecidos tras años de trabajo, se daban aires de alta alcurnia. Pero bien sabía que estaba lejos de pertenecer a su clase social, que me sentía fuera de lugar entre ellos, un bicho raro. Y en ese momento concreto, tampoco lo quería. Había asumido de pronto que nunca sería parte integrante de un mundo con el que no me identificaba, ni me apetecía esos juegos de niños bien jugando a poetas.

             Claro que tampoco tenía muy claro a que mundo pertenecía. Todo lo que me rodeaba me parecía en ese momento demasiado complicado. No conseguía tampoco identificarme con nada. Era un desclasado y tal vez el equivocado fuese yo, me dije, al torcer la última esquina que me sacaba del barrio portuario.

             Anduve hasta casa, esforzándome por no pensar más en nada, ni en mis amigos pseudomarginales, ni en mi crisis de identidad. Seguramente, lo que necesitaba era un cambio de aires. Sí, era eso, justo eso, ni más ni menos: necesitaba salir de aquella ciudad. O mejor dicho, escapar de mí mismo. Aunque esto iba a resultar más difícil. Estaba condenado a vivir siempre conmigo mismo allí donde estuviera. Pero esa noche me di cuenta de lo importante que era marchar.

             Llegué a casa. Eran las dos de la madrugada, acababa de dejar atrás a mis amigos que me reprocharían ser un aburrido, un insustancial aborregado, y tampoco me apetecía meterme en mi habitación, dormir y despertar unas horas después en la misma cama de siempre. De repente, me sentí inmovilizado por dentro. Mis músculos se quedaron fijos como piedras. Me quedé quieto frente a mi casa, la miré como si nunca antes me hubiera fijado en sus detalles, y tal vez nunca me fijé, y me entraron ganas de llorar. Mi vida me daba asco y no sabía como seguir viviendo. Me vi reflejado en el cristal de la puerta del portal. Ciertamente, me dije, nada me podía resultar más penoso.

     

     

             Juan A. Herrero Díez

     

     

     

    ANIVERSARIO.

     

    A la memoria de mi madre.

     

     

    Un puñado de orillas

    en la piel sometida.

     

     

    El temblor en las manos

    y un crisol de palabras clausuradas.

     

     

    Tal vez quiso rendirse mucho antes

    pero disimuló el puñal

    emboscado en la herida.

     

     

    Se mintió en alboradas

    y escondió entre las canas

    la estrechez de un imperio

    derrumbado.

     

     

    Cumplió con la sonrisa

    más allá de las dudas

    y hoy se inventó

    algún ala

    para lograr un vuelo

    postergado.

     

    Por Teresa Palazzo Conti

    ( Letra de un tango que lleva el mismo nombre, en el CD “TRAVESÍA” )

     

     

    RITUAL

     

    “La noche relampaguea dentro

    de tu máscara.”

    ALEJANDRA PIZARNIK

     

    Soy árbol desgajado

    en mitad de su pulso

    y una mácula absorta

    al borde del espejo.

     

     

    Renacía como el Fénix

    desde mi propia hondura

    y hoy tan sólo

    interpreto

    el libro de la vida

    en un teatro marchito.

     

     

    Comienza el espectáculo

    y el público se inquieta.

     

     

    Ya me pondré la máscara

    para salir a escena.

    Teresa Palazzo Conti

    www.lapoesiadeteresa.com

     

    Literatura en Guinea Bissau.

    Por Cristian Claudio Casadey Jarai.

     

    Hablar de literatura africana en nuestra lengua es algo todavía sumamente difícil. A pesar de haber abandonado ya hace casi una década el famoso y esperado año 2000, muchas cosas parecen haber quedado en el olvido o en el pasado, como si fueran sobrevivientes agonizantes de un tiempo que no les permitió avanzar.

    En el caso específico de Guinea Bissau, es muy complicado separar sus letras de su país hermano Cabo Verde. Se trata ciertamente de una literatura escasa y tardía, subordinada a la insular.

    El primer periódico, “Ecos de la Guiné” aparece recién en 1920 y la primera universidad en 1990. Carlos Semedo con su libro “Poemas” de 1963 será el primer poeta de la joven república africana. Es imposible no nombrar al carismático caboverdiano Almícar Cabral, líder del Partido para la Independencia de la Guinea y Cabo Verde, autor de poesías y ensayos de mucha influencia en el África de habla portuguesa.

    Interesante es el caso de Abdulai Sila que en su novela “Eterna Pasión” de 1994 cuenta la historia de un americano de raíces negras que decide emigrar a África en busca de su identidad.

    La cruenta guerra colonial portuguesa, llamada también guerra de ultramar o guerra de liberación ha dejado su impronta en la reciente narrativa portuguesa, como por ejemplo en las obras de Manuel Alegre y Antonio Lobo Antunez entre otros. La lucha guerrillera fue extensa y ardua. La independencia de Cabo Verde y Guinea Bissau, como la de las restantes colonias portuguesas africanas (Mozambique, Angola y Sao Tomé) no se obtuvo hasta la llegada de la década de los setenta. Las Naciones Unidas reconocieron la independencia de Guinea Bissau el 24 de septiembre del 1973. Portugal no la aceptó hasta un año después, luego de la caída del gobierno salazarista respaldada por la Revolución de los Claveles.

    Es de esperar, con fe y esperanza en el futuro, los frutos de la nueva generación de creadores africanos, que a pesar de las adversidades actuales lucha día a día por expresarse y contribuir a la cultura universal.

     

     

    LA HIJA DEL SOL Y LA LUNA

     

    Desde la agreste quebrada
    dónde el cóndor hace nido,
    desde el cerro bendecido
    por su belleza encantada,
    mi tierra es tierra sagrada
    hija del sol y la luna,
    hermosa como ninguna,
    por el poeta ensalzada.
    Es mi tierra tan amada
    de valientes indios cuna.

    Aroma a menta y tomillo,
    cola de quirquincho y berro,
    parece un jardín mi cerro,
    entre verdosos junquillos
    agua que corre en pasillos
    entre cumbres y quebradas,
    cae en preciosas cascadas
    deslizándose hasta el río,
    mientras en libre albedrío
    cantan grillos y cigarras.

    Montes, valles, lagos, ríos,
    manantiales y cascadas,
    sembró Dios en la alborada
    la tierra dónde he nacido
    y cuando el godo abusivo
    no dio tregua y quiso guerra
    en cada piedra en la sierra
    resonó mortal bramido
    ¡Antes muertos qué vencidos,
    no entregaremos la tierra!
     

     


    María Magdalena Gabetta

     

     

    SIEMPRE AGRADECIDO

     

    Imploro tu sonrisa día y noche,

    la aurora es espesa y busca luna,

    busca un pasado sumergido

    en un vaso de disculpa con anís.

    Si tus ojos no me buscaran

    qué perdido estaría entre mí,

    qué vacío inmenso busca espacio,

    qué dolor en la ceniza se consuma.

    Tu perdón es una mano abierta

    ciega, pura y confiada que da

    más que recibe y es caliente

    su caricia entregada siempre.

    Soy paz porque tu paz es amor,

    un amor que da la calma

    y es derrota el pozo de mi tedio,

    y es blancura tu sonrisa de luz.

    Tu perdón es un dulce manjar

    que saboreo en los límites

    de parques y paseos al sol,

    tu perdón es todo lo que tengo.

    No te vayas criatura celeste,

    no te vayas de mi miedo a Dios,

    pues se queman las virtudes

    en el fuego infravalorado.

    Cuando rozamos las estrellas

    buscando redondo epitafio

    también buscan los astros una voz

    tranquila en la guerra de la calle.

    También se buscan elixires

    trepados en el azúcar de diamante

    que en tus te quieros revientan,

    soy malo por llevarte sin carabina

    ni custodia que vigile tu azul.

    Soy mal hombre que pertenece

    a tu sendero desnudo

    que sentencia un cenit sólo visto

    por nuestra cópula de galaxia.

    Existe un cielo en tu mirada,

    una mirada que busca fuente

    rodeada de besos y abrazos,

    de te amos rotos en los labios.

    Vas pasando frío en la cloaca

    del mundo y te arrojan salvajes

    despistes de metal en el silencio,

    eres mujer sencilla y frágil

    que te conformas con poca cosa,

    quizá una cama, una ventana,

    y un pantalón vaquero,

    quizá un verso que te saque

    de tu cocina, quizá un suspiro

    oportuno y cercano, quizá

    la comprensión y la calma

    en anaqueles pulcros y neveras

    repletas de calidad de vida,

    quizá un desmaquillador

    de barba de tres días y pasión

    en el romanticismo fucsia

    de tu pintalabios alocado.

    Pero todos los perdones son

    una cadena que acaba pesando,

    son meses de economía austera

    y cigarrillos baratos sin filtro,

    son torpes peldaños que se derriten

    con las disputas y los gritos,

    son resbalones en la bañera

    y un vuelco el corazón que cae solo,

    son ratas que en la noche callada

    renuncian a su mundo invisible,

    son todo eso que sabes

    que marchita los sentimientos,

    son todos esos perdones

    por los que debo estarte agradecido.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

     

     

    WOMAN DEL CALLAO

     

    Dónde estás tú, dónde estoy yo,

    dónde está el norte y dónde el sur,

    quisiera ser para ti eterno sol,

    quisiera ser alegría redonda,

    quisiera ser pasión sin nudo,

    quisiera ser gracia que se improvisa,

    quiero ser paciencia de agua,

    quiero ser tu confiado socorro.

    Me duele expulsarte de tu paraíso

    con el turno de la dulce noche,

    despojarte de la ternura del beso,

    arrancarte de la volteleta ciega,

    expropiarte la pureza a ratos

    de arrebato doliente,

    desahuciarte de tu libre mirada,

    negarte una nueva posibilidad.

    ¿Qué hace una mujer tan bendita

    de la mano de un juguete roto?

    ¿Qué clase de anti-juez sin paz

    te sostiene la mirada hecha añicos?

    ¿Qué púlpito de negrura asola

    tu voz huída en tu inocencia?

    ¿Qué beso de ti se me ha escapado?

    ¿Qué mirar de soslayo

    fue miedo de sombra sin nombre?

    ¿Qué azul de ti se fue tan callando?

    ¿Qué rosa nació con la espina

    dolorosa de la libertad soñada?

    ¿Qué canción no rima todavía?

    ¿Qué conclusión tan nefasta

    da pasos en el ahogo a solas

    de este verso desesperado?

    ¿Por qué mi amor tú tan lejos?

    ¿Por qué me dueles tanto?

    ¿Qué ritmo dió la noche

    a la tormenta de sabor a selva?

    ¿Qué suspiro negro de mí

    te llevas al irte?

    ¿Qué bofetada del silencio

    se retuerce como pez fuera del agua?

    ¿Por qué el amor es tan dificil?

    ¿Por qué mi voluntad es un preso

    anciano, sabio y cansado?

    Woman del Callao me dueles,

    me dueles al alba, y de noche,

    me dueles a solas o sin ti,

    me dueles cuando miras

    a la ciudad que te enseña sus dientes.

    Me dueles cuando vas sola

    por el llanto del mundo.

    Me dueles cuando huyes

    de la verdad desnuda.

    Me dueles en la sombra

    del momento en el viento.

    Me dueles cuando callas, cuando vives,

    cuando andas, cuando flaqueas.

    Si te rodeo en mis brazos

    y veo que ves

    el loco poema

    del guardián de espejos,

    me muero por dentro y todo tú

    me corroes.

    Te beso y no cierro la esperanza secreta

    que nos mantiene soñando.

    Me conmueve el sabor

    de tu sueño sacudiéndose.

    Me enamora la alegría

    de tu presencia que regala sin descanso.

     

    Por Cecilio Olivero Muñoz

    nevandoenlaguinea@hotmail.com

    E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

     

     

     

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXVI   05-12-2.008

 

XVI EDITORIAL

 

 

Sobre premios y premiados

 

La semana pasada asistimos a la concesión de dos premios, el Nacional de Literatura y el Cervantes, a Juan Goytisolo y a Juan Marsé, respectivamente, dos escritores sin duda únicos, que han aportado una obra que consideramos a todas luces excelente y determinante en la historia de la literatura española tanto para su generación como para los escritores que les han sucedido.

 

El escritor Juan Goytisolo ha recibido el Premio Nacional de Literatura, que distingue la obra de toda una vida. El galardonado ha hecho mella de su habitual escepticismo y ha acogido el premio no sin muestras de cierta distancia. De hecho, se trata de un escritor conocido (y reconocido) por su falta de apego a los oropeles de las artes y por ser poco afín a participar en la prosopopeya del mundo de la cultura. Evidentemente, a nadie se le escapa que Juan Goytisolo es uno de los grandes escritores de este país, y lo es no sólo por su prosa, sino por su experimentación literaria. Se trata de un escritor que se ha adentrado por varios géneros, ha querido innovar y lo ha conseguido. Esto le convierte en un escritor único, en alguien que resulta a todas luces imprescindible por su singularidad y maestría.

 

Nos alegra especialmente porque Juan Goytisolo, además de un buen escritor, es también un autor que ha hecho gala de una inmensa preocupación por las variadas expresiones de la cultura. Se ha interesado por autores de la historia de España, en este sentido relevante ha sido su acercamiento a Blanco White, uno de los escritores del siglo XIX más crítico con la sociedad española y sus costumbres. Pero también se ha interesado por la inmigración que ha llegado a España en los últimos años y de cómo se ha ido incorporando a la sociedad española, en especial la inmigración magrebí. Creemos que Juan Goytisolo no es sólo un escritor en el sentido estricto de la palabra, es ante todo un humanista en el sentido más amplio, una persona que ha mirado con curiosidad el mundo que le envuelve y lo ha sabido, además, transmitir.

 

En cuanto a Juan Marsé, Premio Cervantes, es un escritor que ha conseguido crear un mundo propio a partir de los elementos de una época, la posguerra más inmediata y los años posteriores, y un ámbito geográfico muy concreto, el barrio del Carmelo, el Guinardó y el barrio de la Salud de Barcelona, zonas que han sido el espacio vital de las historias narradas en buena parte de sus novelas y relatos. Juan Marsé ha transmitido un ambiente, una cotidianidad que brota con absoluta naturalidad de sus textos, con una fuerza visual impresionante. No en vano, ha sido considerado como uno de los mejores narradores vivos en lengua castellana.

 

Al igual que Juan Goytisolo, Marsé ha huido de los oropeles del ambiente literario y se ha dedicado a la escritura al margen siempre de polémicas y debates que nada tenían que ver con la literatura. Marsé es en buena medida la figura que encarna al escritor dedicado que se compromete con la palabra, con el estilo, que no se deja anquilosar por formas más o menos aceptadas, sino que se adentra en la prosa para absorber una realidad no siempre sencilla.

 

Somos conscientes por lo demás de que hay premios y premios. También de que con frecuencia los premios reflejan la opinión de un determinado grupo de personas que deciden la concesión del mismo. Hay por tanto criterios distintos y con frecuencia también es diferente la repercusión que produce tanto en los autores como en la sociedad que rodea el rito del premio. Hace dos semanas nos hacíamos eco de la concesión del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial a la Asociación Contexto, que agrupa a seis pequeñas editoriales, y nos alegrábamos por tratarse de un reconocimiento a una labor iniciada hace bien poco tiempo y cuyo premio se lograba una mejor promoción de sus objetivos. Pero hay otros premios que lo que buscan es reconocer la labor de un determinado autor, darle rango a lo ya conocido. Es el caso del Premio Nacional de Literatura y del Premio Cervantes. En ambos casos los premios, creemos, han sido muy acertados, aun cuando, como los insinuara Juan Goytisolo, no les añada nada a ninguno de los dos escritores, es verdad, pero es un reconocimiento merecido que tampoco sobra y sirve para que algunos lectores vuelvan a sus libros, y a los de Juan Marsé, y otros los descubran.

 

***

 

Hemos recibido con pesar la noticia de la muerte del poeta y traductor Ángel Campos Pámpano. Fue autor de varios poemarios, traductor autores portugueses -Fernando Pessoa, José Saramago, Eugénio de Andrade, Antonio Ramos Rosa, entre otros- e impulsor de revistas como Espaço Escrito o Falar de Poesía. Invitamos a leerlo, que es el único homenaje que le podemos dar.

 

 

 

 

EL AMOR ES COSA DE DOS

 

Él alto y muy delgado,

ella de personalidad ausente,

él lleva el corazón viciado

con quietud de agua corriente,

ella va de mañana al mercado,

le gusta comer comida caliente.

Él casi no prueba bocado,

está nervioso por un cliente,

su despotismo le ha preocupado,

le ha dejado rabia persistente

y un madrugón impagado,

pero él es inteligente,

se olvida de lo mal recordado,

a él no le causa la gente

ese tibio dolor descompasado,

esa mezcla de ruido en la mente

entre marca de tajo cicratizado

y ese temor al barrio impertinente.

Ella es sombra casi sin pecado,

es amor que mira valiente,

es momento que nace cegado,

es suspiro siempre penitente,

es derrota que se ha logrado,

es pensamiento efervescente,

también es pisotón intencionado,

es risa siempre frecuente,

es arrebato desequilibrado.

Grita a su marido absorvente,

él le contesta casi inusitado,

ella cree que él le miente,

él echa de menos su pasado,

ella sueña un amor resistente,

él dice que está quemado,

ella le dice que es muy exigente,

él le reprocha lo reprochado,

ella llena de ira se resiente

y él se arrepiente de haberse casado.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Las sagas de Carlos

 

 

         Carlos comenzó a recitar aquellas largas sagas que se sabía de memoria y todos le miramos horrorizados porque sabíamos, después de veinte noches de copas juntos, que nada nos iba a ahorrar la arenga poética. Todos menos Mabel, que lo miró al principio atónita, después sorprendida al comprobar que no se estaba marcando, como creyó en un primer momento, un farol y, por fin, admirada por la sapiencia de nuestro colega más joven y sin duda más genial. Porque Carlos era sin la menor duda el colaborador más joven y más genial. Claro que Mabel, que terminaba recién sus diez meses sabáticos autorizados por el Consejo de Estudios, y desde luego bien merecidos, meses en los que se dedicó a viajar por Francia e Italia en busca una vez más del Santo Grial, no conocía a Carlos porque fue en ese tiempo de ausencia que él se incorporó. Recién llegado con una beca ridícula -si no fuera ridícula, no sería una beca, había declarado nuestro maestro de ceremonias, el catedrático Viennes-, preparaba una tesis de literatura medieval y para justificar el honor de estar entre nosotros, insignes profesores de la cátedra de literatura medieval, un club muy selecto, le habíamos tenido como lector, archivero, consultor, bibliotecario, administrativo, corrector, custodio, monitor, acompañante y traductor, hasta que descubrimos, en la segunda o tercera cena de cátedra, que era capaz de recitar cánticos enteros en lengua d´Oil y que no se trataba una broma, como creímos nosotros también, de la primera cena o una consecuencia del vino de Burdeos que corría abundante por nuestras copas, sino que sus atentas y profundas lecturas de las mismas, además de una prodigiosa memoria, le habían permitido retener cientos y cientos de versos, al tiempo que recitaba como un rapsoda de la época y, como consecuencia de ello, le nombramos vate oficial, trovador de nuestra corte, y le declaramos joven genial.

         Lo que no previmos en aquella vigésima primera cena era que Mabel, nuestra Mabel, a quien todos los solteros de la cátedra, y quizá también algún casado, pero permitan que no abra la caja de Pandora en materia tan peligrosa, habíamos querido seducir en algún momento sin conseguirlo ni de lejos, se enamorara de él en ese mismo momento, la primera vez que veía, repito, al susodicho vado, lo cual provocó que se deshiciera de repente toda la simpatía que sentíamos hacia Carlos, como era natural, ya que no sólo nos veíamos obligados a competir por asegurar nuestras plazas y mejorar nuestra situación universitaria, sino que luchábamos por conquistar a nuestra compañera, al menos los solteros, a quien por cierto su carrera no parecía interesarle lo más mínimo, tal vez porque todos aceptábamos que era la que más sabía de simbolismo medieval y era nada menos que la quinta generación de medievalistas archiconocidos en las universidades de todo el planeta. Era además bella, de una belleza que parecía haber heredado directamente de las páginas de los libros añejos, lo que ella tampoco gustaba de promocionar, pues se había impuesto una discreta y uniforme línea de vestidos comedidos en las formas y algo masculinizantes, lo que por otro lado y quizá a su pesar no ocultaba en absoluto su belleza. No por su empeño de disimular su belleza dejó de ser amada, que no sólo hubo mera atracción física, y de tanto en tanto alguno de nosotros intentamos jugar al juego del amor con ella, siendo el trastazo por sus desplantes bastante monumental en todos los casos.

         A la mañana siguiente el joven Carlos apareció por mi estudio. Me llamó desde la esquina y su voz sonaba tan triste que no pude menos que decirle que subiera. No niego que esperaba que me contara su rotundo fracaso con Mabel y que vaticinaba cierta alegría por ello. En efecto, cuando subió las escaleras y se presentó ante mí su aspecto denotaba toda la tristeza de quien ha sido cruelmente rechazado, pues era más que evidente que tras todo el interés demostrado por Mabel a lo largo de la cena, lo que ya suponía una victoria con respecto a nuestros tristes intentos de seducción, no había sido más que el renovado ejercicio del juego del amour de loin, y por tanto su fracaso en la hora postrera le hundía todavía más que a cualquier otro mortal, pues él caía de una altura mucho mayor que la de los otros postulantes de su amor, al fin y al cabo todos fuimos testigos de cómo ella conversó largo y tendido con él, de cómo le miraba con atención, de cómo discutieron de trovadores y del arte del bien trovar, incluso pudimos apreciar cómo varias veces le tomó ella la mano derecha, con atención primorosa, con la dulzura prístina de aquellas sagas tantas veces leídas por todos nosotros y que en ese momento parecían haber sido escritos sólo para ellos, los únicos portadores de sus secretos. 

         No quería yo ahondar en la herida, pero no niego que ardía en deseos de conocer los pormenores del fracaso, o sea, del final de la velada. Con sublime delicadeza le pregunté la causa de su tristeza. No pude dar crédito a mis oídos cuando me confesó, con lágrimas en los ojos, que ya en la alcoba de la anhelada dama, cuando todo apuntaba a la felicidad suprema, la mera referencia del verso CMXXI de un poema anónimo hallado recientemente en Tours dio lugar a una divergencia entre los dos entusiastas eruditos, lo que motivó un nuevo diálogo apenas corrompido por la pasión, el fasto del momento o el vino consumido. El joven Carlos defendió con ahínco su tesis, pero no contaba con la sapiencia de su contrincante, que con una naturalidad rayana lo genial le rebatió con simplicidad sus argumentos. Fue tan duro el golpe que Carlos abandonó todo combate, inclusive el que estaba  apunto de ganar. Me dio pena el muchacho. ¡Tenía aún tantas cosas que aprender!

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

LECCIONES DE COMPORTAMIENTO

 

Si te oprime en el pecho algo,

si toda tu causa es ser feliz,

si pagastes un precio muy caro,

si piensas tan sólo en ti,

si culpas a la crisis y al paro,

si deseas tan sólo vivir,

si deseas otro mundo raro,

si deseas cambiar tu matiz,

si deseas pasar por el aro

desea la paz para vivir,

desea un mundo logrado

que nace todo para nosotros,

no te des con un canto rodado,

date tregua, sé de los otros,

acaba con lo comenzado,

que la vida respire en tus poros,

encuentra siempre sendero,

desea una paz nunca vista,

  ponle música al minutero,

disimula tu vena artista,

no pongas a nada un pero,

vive de manera altruista,

intenta ser siempre sincero,

nunca seas pesimista,

confía en el amor verdadero,

pierde el orgullo de vista,

ocupa si no ves casero,

vive de manera distinta,

renuncia al podrido tablero,

moja tus frustraciones en tinta,

sé tú mismo o sé diferente,

cámbiale a todo la pinta,

vive siempre el presente,

deja que todo exista,

sé un cobarde valiente,

apártate de lo victimista,

intenta tener limpia tu mente,

perdónate a ti mismo la vida,

ríete de lo consecuente,

no hurgues nunca en la herida,

deja tu idea patente,

canta tu canción preferida,

mira siempre al frente,

siente la voz del instinto,

recuerda lo que está ausente,

no digas nunca me rindo,

haz el amor frecuentemente,

 cáete de un nuevo guindo,

di te quiero a quien quieres,

no hagas jamás la puñeta,

lucha si siempre tú pierdes,

no te cambies la chaqueta,

recuerda lo que tú eres,

mama siempre de la teta,

encuéntrate si te pierdes,

huye de las alcahuetas,

vive por que nunca mueres,

huye de las fingidas maneras,

refínate si tú quieres,

ama entre las trincheras,

vive esta vida de vaivenes,

 haz del amor tu condena,

colecciona distintos sostenes,

sonríele a la oscura pena,

ponle negrura a los papeles,

sé de la alegría mecenas,

traspasa de luz a las pieles,

ponle a tu sordera antenas,

endúlzate con dulces mieles,

lucha contra las cadenas,

hazte fiel a los infieles,

mira la luz de las estrellas

y desea la paz siempre.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

Cuando Ramón abrió los ojos aquella mañana, lo primero que vio justo en la pared frente a su cama fue una mancha de humedad con la forma perfecta de un payaso.

–Qué ironía –pensó–. Un payaso en este lugar tan sórdido y lúgubre.

¿Pero qué lugar era aquel sórdido y lúgubre en el que había amanecido Ramón esa mañana? En la confusión del despertar apenas podía recordar dónde se encontraba y, mucho menos, cómo había llegado allí. Pero ese momento de plena libertad que transcurre cuando nuestra conciencia aún no ha sido inundada por las aflicciones y amarguras propias de la humanidad, tan sólo permaneció durante un breve instante de salvación en la mente de Ramón. Una fugaz mirada hacia la derecha bastó para devolverle de golpe a la profundidad del abismo desde donde resurgía su triste realidad.

Allí se levantaban, rígidas y amenazadoras, las mismas rejas oxidadas que la noche anterior se cerraban a su espalda, confinándole en la más absoluta de las miserias a la que puede ser arrojado un ser humano. Ramón sabía que sólo saldría de aquella oscura y húmeda celda para dirigirse a la aún más oscura, aunque salvadora, muerte en el paredón.

¿Pero por qué tan cruel final para una vida joven y llena de ilusiones? Su confusa conciencia aún se sentía incapaz de vislumbrar con claridad la totalidad de la desesperanza que le había conducido ante aquella desgraciada situación. Las borrosas imágenes de su pasado más reciente, el vivido tan sólo unas horas atrás, irrumpían en su cerebro con una lentitud desesperante, como una película en blanco y negro en cámara lenta y descolorida por el tiempo, como si se tratase de una realidad transcurrida muchos años atrás y vivida por otras personas en otros tiempos.

Desafortunadamente no cabía duda de que había sido él el protagonista de aquella barbarie perpetrada el día anterior y que empezaba a cobrar una trágica solidez en su atormentada cabeza de recluso. Ahora sí podía recordar con tremenda claridad el momento en el que, junto con sus exaltados compañeros, vaciaban todas aquellas latas de gasoil sobre los destartalados bancos de madera de la iglesia de San Esteban, la misma en la que tantos sermones del padre Antonio había oído durante su infancia y juventud junto a su padre y hermanos. El mismo padre Antonio que en esos momentos de locura yacía moribundo, aunque con la suficiente lucidez como para percatarse de todo lo que ocurría, sobre el sagrado suelo de su parroquia de toda la vida.

Por desgracia, la sucesión de horribles imágenes no se detenían ahí. También pudo ver sus propias manos encendiendo la cerilla que haría sucumbir bajo las llamas al antiguo edificio de arquitectura barroca y poner fin a la también antigua vida de su párroco. “¡Arde en el infierno, maldito cura fascista del demonio!” oyó gritar a su compañero Miguel mientras todos corrían despavoridos para ponerse a salvo, desperdigándose sin control por las empedradas calles del pacífico pueblo que los había visto crecer. Por un instante también se le encendió en la mente la figura de su amigo Miguel quince años atrás, vestido con un inmaculado traje blanco de marinero, a unos metros del altar de la iglesia que acababan de incendiar, arrodillado frente al padre Antonio, aquel cura al que acababan de quemar vivo y al que el mismo Miguel había golpeado cruelmente en la cabeza minutos antes; lo podía ver claramente recibiendo por primera vez el sagrado sacramento de la comunión; también podía ver con nitidez, ya que él estaba a su lado en tan insigne momento, como lo había estado siempre, la sonrisa bonachona y sincera del párroco al tiempo que colocaba sobre la lengua de su futuro verdugo la redonda lámina comestible que por aquel entonces todos estaban convencidos de que era el cuerpo de Jesucristo, y que con tanta ilusión y alegría recibían en aquel día junto con el resto de compañeros de clase, incluida María, que aún no podía albergar ni sombra de sospecha de que terminaría locamente enamorada de aquel muchacho de tez pálida y pelo revuelto cuyo máximo empeño en la vida consistía en pellizcarle el culo siempre que tenía ocasión, y al que todos llamaban Ramoncito.

“¡Dios mío, María!” su abstraído subconsciente no había perdido aún la costumbre de invocar al Dios olvidado en momentos de desesperanza, como lo era justo aquél, en el que la imagen de su amada tendida sobre el inmundo suelo, inerte y con la cabeza destrozada por la certera bala de un soldado fascista, tan oportuno como despiadado, se le presentó con una brutalidad inusitada haciéndole saltar del desvencijado catre para agarrarse con rabia e impotencia a las rejas que le arrebataban la libertad. Y fue entonces cuando el duro y valiente Ramón volvió a convertirse en el inocente Ramoncito de hacía quince años; llorando desconsoladamente regresó al mugriento colchón y se entregó por completo al cruel destino al que las circunstancias le habían empujado y que ingenuamente él creía haber elegido libremente.

En su agonía no podía dejar de preguntarse cómo había llegado a esa situación; cómo había podido ser capaz de empujar a la locura a todos sus antiguos amigos y, sobre todo, cómo había permitido que le siguiese en su delirio también María, la angelical María, la persona a la que más había querido en el mundo y por la que sería capaz incluso de ingresar en un seminario si se lo pidiese, no digamos ya de dar la vida por ella si pudiera. Pero no; en vez de pedirle que ingresara en un seminario le animó a continuar con su cruzada antifascista y le apoyó en su particular lucha por salvar el mundo de las hordas nacionales que amenazaban la libertad.

¡Qué ingenuo! Salvar el mundo. Cómo si éste dependiese de un pobre infeliz como él o de un grupo de desalmados revolucionarios iluminados. En estos momentos de amargura ni tan siquiera estaba seguro de la verdad por la que luchaban. Pensó que también aquel miliciano fascista que le arrebató de un disparo y para siempre a su querida María, tendría una verdad por la que perseguir y exterminar a personas como él; pensó que el padre Antonio también había muerto injustamente por una verdad incomprensible para todos ellos. Pensó que tal vez no existiese ninguna verdad por la que matar o morir. Claro que qué sentido tenía ya pensar en todo esto.

En estas angustiosas reflexiones se encontraba Ramón cuando de nuevo su mente fue tornándose difusa y, poco a poco, sin apenas percatarse de ello, fue dejando la tormentosa realidad que le atenazaba para penetrar en el tranquilizador mundo de los sueños, donde aún existía la esperanza.

Cuando volvió a abrir los ojos, pensó que tan sólo habían transcurridos unos pocos segundos desde que su cerebro fabricase aquel extraño sueño que difícilmente podía recordar; años más tarde sospecharía que fueron mucho más que segundos. Lo primero que pudo ver apoyado sobre la pared que tenía en frente de su acogedora habitación y junto a la videoconsola y el televisor, fue el payaso de trapo que le regaló su padre al cumplir cinco años. Habían pasado ya cuatro años de eso y aún lo conservaba intacto, como uno de sus juguetes preferidos. Más adelante, también presentiría que el motivo de su conservación era otro bien distinto, más profundo y misterioso, cuando el mismo payaso de trapo, envejecido y algo remendado y en esta ocasión en el dormitorio de su propio hijo, volviese a ser el lazo de unión entre dos épocas bien distintas dentro del mismo mundo, aunque vividas por el mismo espíritu.

En ese primer instante de lucidez, trató de aferrarse con fuerza a la borrosa reminiscencia que aún flotaba en su mente y en la que se veía a él mismo, aunque bastante mayor y cambiado, encerrado en una oscura prisión y recordando inquietantes sucesos sobre el incendio de una iglesia, la muerte de un cura, amigos entrañables y un apasionado amor. “Qué tontería”, pensó el pequeño Ramón, “¿por qué iba nadie a quemar una iglesia?”. ¿Y quién sería esa tal María a la que era incapaz de verle el rostro? Con nueve años, a Ramón aún le producía náuseas la idea de enamorarse de alguien. Tampoco podía entender por qué en ese momento de confusión sentía tanta ansiedad y desesperanza, y su corazón le mantenía en un estado de agitación que nunca antes recordaba haber experimentado.

Pero al igual que todos los sueños, este también fue desvaneciéndose misteriosamente de la conciencia de aquel inocente niño, aunque no así de su más profundo subconsciente, donde permaneció durante años esperando con paciencia la oportunidad para resurgir de nuevo, justo en el momento en que su portador fuese capaz de comprender por qué un trágico suceso acaecido en un tenebroso pasado había sido evocado setenta años después en la mente virgen de una cándido muchacho de nueve años.

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

 

 

Beber y vivir de ti


Y con mis ojos
te admiraré
y admiraré
tus ojos
hasta que me inunde
de tu brillo
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu luz.

Y con mis manos
te sentiré
y sentiré
tus manos
hasta que me inunde
de tu calor
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu abrigo.

Y con mi lengua
te recorreré
y recorreré
tu lengua
hasta que me inunde
de tu saliva
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu agua.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

Si te vas…


Cuando aún no había Sol
tú ya eras luz,
cuando todo era silencio
tú ya eras risa,
no había tierra
ni agua
y ya eras oro
y vino.

Llegaron los labios
y la mirada
y tú ya eras beso
y cuerpo.

Apareciste tú
y nació el amor.

Si te vas
se irán las estrellas
y el Sol
y ya no habrá
noches ni amaneceres
para el amor.

Si te vas
se irá el mar
y el viento
y ya no habrá
playas ni otoños
para el amor.

Si te vas
se irán las flores
y los corazones
y ya no habrá
perfumes ni latidos
para el amor.

Si te vas
se irá la música
y la miel
y ya no habrá
canciones ni dulces
para el amor.

 

 

Si te vas
ya nunca habrá amor.

 

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

AMOR CLANDESTINO

 

Quise embrujarte, hechizarte, con todas las armas de mujer. Te embrujé, te hechicé y usé las armas de mujer.

Tú me hiciste sentir mujer.

Yo quise hacerte sentir hombre. Aproveché mi feminidad, mi cuerpo, mis curvas para que te embriagaras de mí, te seduje con la mirada, con la sonrisa, con mis gestos insinuantes, mis movimientos sensuales.

No te dejé opción, me hiciste tuya y yo te hice mío, un día tras otro.

Mujer desbocada llena de pasión, de ardor, de fuego por desear tu cuerpo, de pensar que tú deseas el mío.

Mujer descontrolada por tu piel, por tu aroma, hazme el amor, una y otra vez.

Mantengamos nuestro juego en la clandestinidad, que nadie lo sepa, solos tú y yo, en nuestro paraíso.

Escondámonos para que nadie nos vea, para que nadie pueda interferir, para saber que lo que estamos haciendo está prohibido, y en lo prohibido está la tentación y el deseo.

Mantengamos la clandestinidad solo por el morbo que produce que vamos a ser amados y poseídos tantas veces como queramos.

Sigamos tentándonos, sabemos que nos pertenecemos, pero nuestra pasión es prohibida. Alimentémosla pues de caricias, de besos, abrazos, de cuerpos ardientes, pieles desnudas, excitadas por el momento,.. dejemos nuestra imaginación volar.

En nuestro silencio está el secreto, en nuestro secreto la pasión, y bajo esa pasión un amor correspondido y prohibido.

Reconozco que te embrujé, que te hechicé con armas de mujer, reconoce que me embrujaste, y me hechizaste con armas de hombre.

Por ti soy mujer en todo su esplendor, por mi eres hombre en plana excitación.

Silencio oculto, que solo rompemos y chillamos al llegar al placer de nuestra entrega.

Hombre déjame seguir bajo tu embrujo, bajo tu hechizo, hombre déjate llevar por mi sensualidad, por mi placer, por mi gozo.

 

Amor clandestino, nuestro amor

solo nuestro,

solo los dos…

 

 

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

 

ÁNGELES PERDIDOS

 

 

Ángeles perdidos, ángeles encontrados, ángeles por buscar, ángeles,…

Alas revoloteando ilusiones, esperanzas,…,alas perdidas, ¿dónde encontrarlas?, ¿dónde buscarlas?.

Ángeles no os olvidéis de mí, necesito de vuestras alas para volar, para que sus plumas me acaricien y dejarme sentir por ellas el amor y cariño que necesito, el que anhelo, el que busco.

¿Ángeles dónde estáis para mí?.

Quiero de vuestra fantasía, quiero de vuestro don, y llevadme, llevadme muy lejos junto a vosotros para buscar a mi amante, y así podré dejaros, para dar paso a que sea mi amante el que me acaricie, el que me haga fantasear, el que me haga volar entre sus brazos apoyando mi cabeza en su pecho.

Ángeles, ayudadme a buscar a mi ángel perdido.

Y cuando lo encontremos, hacednos compañía, porque cuando esté con mi amado y nos amemos, no haya lugar a que esa pasión pueda terminar, ser nuestros cómplices para la eternidad.

¡Ángeles escuchadme!, no quiero más ángeles perdidos, solo busco mi ángel perdido.

 

 

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

 

 

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

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15º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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15º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXV 22-11-2.008

 

EDITORIAL XV

La Asociación Contexto y el Proyecto Europeana

 

Nos hacemos eco de dos iniciativas que sin duda merecen nuestro aplauso e iluminan en buena medida el tenebroso panorama que nos rodea.

 

Por un lado, se ha concedido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial de 2008 a la Asociación Contexto, que agrupa a siete pequeñas editoriales. Son: Libros del Asteroide, Barataria, Global Rythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso. Evidentemente felicitamos a los galardonados y nos alegramos por la concesión de este premio, que nos parece justo y que llega además en un momento de crisis cuyas consecuencias ignoramos en el ámbito cultural.

 

Las editoriales, lo hemos comentado en alguna ocasión, son importantes en la labor de dar a conocer y difundir a nuevos autores. Las nuevas tecnologías brindan nuevas oportunidades y abaratan los costes de edición, pero la distribución sigue siendo complicada y también lo es la tarea de difusión, de acceso a los lectores en una sociedad en la que la información excede, a veces de un modo descontrolado, los niveles de recepción que cualquier de nosotros, como individuos, podemos alcanzar. Por otro lado, las editoriales son empresas y como tales han de obtener beneficios o por lo menos no sufrir pérdidas que harían imposible su tarea.

 

Este premio supone, sin duda, un espaldarazo a su labor. Por fortuna, ha aparecido un sinfín de editoriales, además de las mencionadas, que están apostando por la calidad tanto de los contenidos literarios como del trabajo de edición. Dar conocer esta labor es imprescindible y desde luego este premio supone una promoción importante entre el público lector. Que se conozcan las editoriales, que sus libros estén en las bibliotecas y en las librerías, que se mantenga un mínimo de calidad, que se difundan a sus autores, son objetivos que debemos todos apoyar, nosotros, desde aquí, desde la modestia de un medio como este blog, o desde ámbitos con mayor repercusión como son los de gestión pública cultural.

 

Reiteramos por tanto nuestra felicitación y esperamos que sea el comienzo de una política activa de ayuda a la cultura, tan necesaria en un momento en el que los valores sociales parece que vayan por otros derroteros.

 

Por otro lado, el pasado jueves se iniciaba el Proyecto Europeana, en el que se integran bibliotecas, museos e instituciones culturales europeos, todo ello fomentado por el Consejo de Europa, y que pone a disposición de los interesados archivos culturales que sin duda van a ser útiles para quienes accedan a la nueva web. Literatura, cine, música, hemeroteca, el inmenso contenido de la misma supone una red de información cultural sin parangón y por una vez sentimos que las Instituciones Europeas se preocupan por la cultura y dan un paso a favor de unas herramientas de expansión cultural. Lástima que este paso se vea empañado por otro proyecto, que nos resulta menos amable, como es el Proyecto Bolonia de Universidades.

 

Tanto el Premio concedido a la Asociación Contexto como la aparición del Proyecto Europeana son dos buenas noticias que nos dan un poco de ánimo.

 

Para más información: www.contextodeeditores.com

www.europeana.eu

 

 

 

 

LÁGRIMAS DE GROUPIE

 

Hay demasiada canción de amor,

canción que galopa el sendero loco

del vinillo exhausto en la noche,

del sendero loco donde el brindis

es una mirada de corrido rimel,

son esas lágrimas de groupie

las únicas que su dinero valen,

a la sombra de titiris mundis,

de sátiros besos que aún viven

entre semillas que se abren de sueños,

entre portadas de discos que roban

un minuto de gloria en la calle,

existe luz en este norte triste,

en este norte que delira de paz.

New York está allí arriba,

levitando próxima a la luna gris,

bailando el Rock de los cautivos,

danzando la danza del siglo.

Hay vacías miradas que ruegan,

hay lágrimas de groupie en ti,

hay gemidos de azul en la noche,

hay desnudez en los suspiros.

Vamos, que lo puro nos llama,

que la noche espera con perlas,

con zapatos de tacón y mal vestida,

espera sentada en su filo,

ida de alcohol y sin memoria.

Latidos cansados del ruido,

interrogantes nacidos de más,

vueltas da el vinillo que suena

en la cara B de los anhelos libres,

y las lágrimas de una groupie

se mezclan de ácida y fría ceniza.

Medianas luces a lo lejos,

otro pulular brilla feliz sin mi voz,

estira aquel brazo y susurra

canciones en peldaños de plata,

respira mi yo, tan interior,

que su eterna súplica se calla.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

El avión

 

Recordarías, seguro, el momento exacto en el que tu madre te dijo que ibais a viajar en avión. De pronto sentirías un cosquilleo que te recorrería de la cabeza a los pies, unas ganas enormes de saltar, expandirte y gritar, una emoción que te inundaría por dentro aunque no sabrías entonces ni de lejos, a ti que tanto te gustaba hablar, explicar todo aquello. Lo cierto es que casi te pones a llorar por la emoción. No en vano habías crecido viendo aterrizar y despegar aviones, y lo que más deseabas era subirte a uno de ellos y ver el mundo desde aquellas alturas por las que volaban esos enormes cacharros que tanto te encandilaban cuando los contemplabas desde la loma. Comenzaste a correr por la casa y luego también por la calle simulando ser un avión, con los brazos en horizontal, como si fueran tus alas. Tu madre soltó una carcajada. Ni siquiera te importa a donde vamos, te dijo simulando desasosiego, y tú la miraste un instante, como si tuvieras que sentirte culpable por no importarte lo más mínimo a donde viajaríais, sino simplemente que ibais a subir, ¡por fin!, a un avión y este ascendería por los aires y entonces todo lo demás carecería de importancia porque habías conseguido lo que más deseabas, que era volar. Por mí, dijiste, como si nunca aterriza, podríamos vivir en el cielo, y tu madre volvió a reír, y tú te alegraste porque pocas eran las veces en las que veías contenta a tu madre, siempre iba con ese cejo preocupado, angustiado -otra palabra de aquellas, tantas ya, cuyo significado conocerías con el tiempo- por un sinfín de problemas que tú, entonces, no considerabas tan problemas, tal vez porque no conocías nada más que tu grupo de casas, próximas a las pistas del aeropuerto, y el trabajo agotador de las mujeres del andurrial, que de los hombres apenas sabías si trabajaban o no, simplemente porque nunca estaban presentes más que en las conversaciones, a veces cuchicheos, de las madres.

Es absolutamente imprescindible que compremos algunas cosas para el viaje, dijo tu madre, ropa para ti, por ejemplo. Entonces te paraste en seco. La miraste con atención. Debía de ser importante eso del viaje porque ella no solía gastarse el dinero en ropa nueva cuando hacia falta para tantas otras cosas, además ese “absolutamente imprescindible” te sonó duro y no dejaba lugar a dudas -cuando tu madre repetía eso de lo absolutamente imprescindible sólo quería decir que no había replica posible y que nos hallábamos ante algo importante- y entonces sí que te diste cuenta que el avión aterrizaría en algún sitio que debía, además, de ser muy lejos, porque si no cogeríais el autobús y no un avión, que era carísimo viajar en ellos, y tendría que haber una razón pero que muy importante para ir tan lejos. A dónde vamos, le preguntaste a tu madre, y ella te dijo un nombre, un nombre que no te sonaba de nada, y por no sonarte de nada lo olvidaste enseguida. Volviste a correr por entre las casas con los brazos como alas y de paso buscaste a Lidia o a Irene para decirles que ibas a subir a un avión, de hecho lo gritaste un par de veces, voy a ir en avión, y algunas mujeres te miraban sonrientes, pero no encontraste a Lidia ni a Irene, así que tuviste que conformarte con airear tu viaje a los cuatro vientos y saltar como una loca porque no podías reprimir la emoción ni veías el momento en que por fin subirías al avión, dentro de tres días, según te dijo tu madre en la cena mientras te enseñaba los billetes que no te dejó ni tocar, tú, con lo nerviosa que estás, los rompes, capaz.

Fueron tres días muy largos, seguro. Sin embargo, apenas te acuerdas de ellos, tú sólo pensabas en el vuelo, en esa sensación de velocidad que, según te habían contado, se sentía cuando un avión está a puntito de despegar. A veces, como cuando se lo dijiste a Lidia y a Irene, te ponías un poco triste, porque te ibas lejos y no sabías cuándo volverías a ver a tus amigas, o a la abuela Marcela, con quien tanto te reías cuando te contaba aquellas historias absurdas del pasado. Pero durante esos tres días sólo pensaste en el avión. Nada más. Poco te preocupaba lo que dejabas atrás y todo lo que te ibas a encontrar. Ibas a volar, te repetías una y mil veces, y cuando viste despegar un avión desde la loma en la que tantas veces te estiraste para ver los aviones, sabías que todo era distinto porque era cuestión de horas que subieras en uno de aquellos enormes cacharros.

Y llegó el momento. Por la mañana tu madre te puso de punta en blanco. Las vecinas iban pasando por casa mientras os arreglabais y como tu madre, tan precavida siempre, lo tenía todo listo, las maletas por un lado, con la ropa vuestra, la suya y la tuya, y su bolso por el otro, con los billetes, los pasaportes y el dinero, pues charlaba con las mujeres y se iba poniendo triste, incluso asomaron algunas lágrimas que no llegaron a correr por su mejillas porque tu madre, tú bien lo sabías, nunca lloraba.

No cabías en ti cuando fuisteis al aeropuerto. Estaba cerca. En línea recta desde tu casa podías distinguir las terminales y las dos torres desde donde se daban las órdenes a los comandantes de los aviones. Pero había que dar una vuelta enorme en el coche de la tía Mara y no veías el momento de llegar, y creíste por un momento que tal vez te despertarías entonces y te darías de morros con que todo fuera un sueño y que nunca fueses a subir a un avión, sin embargo llegasteis al aeropuerto, sí, y esperasteis vuestro turno en una cola que te pareció larga y lenta, y entregasteis la maleta a una azafata muy guapa vestida con un bonito uniforme azul y blanco, y ella os dio dos tarjetas de papel muy duro, casi cartón, que tu tía Mara te explicó que se llamaban tarjetas de embarque y que tendríais que entregarlas a una persona justo antes de subir al aparato, que así también llamaban a los aviones, y esperasteis un rato aún durante el cual la tía Mara y tu madre hablaron mientras tú lo mirabas todo con atención. La terminal estaba repleta de gente. Te preguntaste a dónde viajaría cada persona con quien te cruzabas e intentaste por un rato adivinarlo, pero no conocías realmente muchos nombres de ciudades fuera de tu país, e incluso las de tu país eran muchas veces meras referencias porque poco habías salido de la capital, pero al menos te sonaban algunas de los nombres que leíste en un enorme panel, te sonaban por ejemplo París y Roma, Nueva York y Buenos Aires, y te hizo gracia también el sonido de Tokio y de Bogotá cuando lo pronunciaste, muy bajito, para ti, y también reconociste la ciudad a la que ibas a viajar, la que te dijo tu madre dos días antes y que no sabías dónde estaba. ¡Qué ganas tenías de salir! Miraste de reojo a tu madre para ver si te decía que ya subíais al avión, pero también te gustaba que la tía Mara estuviera allí, con vosotras.

Tenemos que irnos, dijo de pronto tu madre, y ella y tía Mara se abrazaron, y luego tía Mara te besó y te abrazó, y te dijo que te cuidaras y que cuidaras a mamá. La verdad es que entonces te olvidaste por un momento que te ibas a subir a un avión y te pusiste triste porque viste a tía Mara ponerse triste. A veces tiene eso la vida, las cosas que nos gusta hacer conllevan hacer otras que no nos gustan tanto, pero te acordaste del avión y dejaste de lado apreciaciones más filosóficas. Os pusisteis en una fila tu madre y tú, mientras tía Mara se quedaba en el gran recibidor de la terminal. Pudiste ver que te decía adiós con una mano, sonriente, pero que tenía un pañuelo en la otra con la que se limpiaba las lágrimas que, a ella sí, caían por sus mejillas. Tu madre sacó de su bolso de mano los dos pasaportes, el suyo y el tuyo, y los entregó, cuando os tocó el turno, a un hombre uniformado que no sabrías decir si era policía o de alguna compañía aérea. Tú lo mirabas todo con atención, pero también con entusiasmo o emoción, no lo sabrías decir, que te impedía concentrarte en algo concreto. El hombre le devolvió los pasaportes a tu madre y pasasteis por un pasillo que desembocaba en una sala de enormes ventanales a través de los cuales veías las pistas y te diste cuenta también al cabo de un rato que al otro lado estaba tu casa e intentaste adivinar cuál era, pero no pudiste porque estaba lejos y todo se veía muy pequeño. Te despediste de tu casa y de la villa entera levantando la mano, casi sin pensar que aquel gesto podía ser una despedida, justo cuando tu madre tiró de ti para ir a la puerta 6, que era por donde debíais embarcar. En la puerta había otra cola de personas y un hombre recibía las tarjetas de embarque que, así se llamaban aquellos cartones, recordaste, de quienes iban a volar. Os tocó el turno. Tu madre entregó las dos tarjetas y el hombre te miró y sonrió. Al salir no pudiste evitar pegar un bote: allí estaba, el avión, uno concreto, nada menos que el tuyo, aquel en el que ibas a viajar, tan blanco y grande, más grande cuando lo veías ahora tan de cerca que cuando veías algún otro, o incluso quizá ese mismo, desde la loma junto a tu casa. En ese avión ibais a viajar y mientras os acercabais, estaba tan cerca que ibais a pie, sentiste algo que podía ser, tal vez, la felicidad, pero en ese momento era tan solo un cosquilleo en el estomago y una imposibilidad absoluta de hablar, de contar lo que estabas viviendo, de mirar siquiera a tu madre, que estaba a tu lado y que tampoco dijo nada porque, no lo supiste hasta más tarde, ya iba muy preocupada por aquel viaje.

Subisteis por una escalerilla tan estrecha que sólo cabía una persona. Al final, dos azafatas muy guapas os esperaban con sonrisas de oreja a oreja y atendían uno a uno a los viajeros que llegaban a su lado. Miraban los billetes e indicaban el asiento que correspondía a cada una de las personas que viajarían en el avión. ¡El avión! Te deslumbró su interior, nada que ver con lo que habías podido imaginar y, qué duda cabe, mucho más bonito. Contemplaste el pasillo bordeado por una sucesión de butacas y te sorprendió el color blanco, casi luminoso, que lo inundaba todo allí dentro. Una de las azafatas le indicó a tu madre cuál era vuestro asiento y os dirigisteis a él lentamente, esperando a veces que las personas que estaban delante de vosotras se acomodaran en los suyos. De vez en cuando mirabas por las ventanillas redondas, en forma de huevo, y veías el trozo de pista en el que un momento antes habías estado. Por fin llegasteis a vuestros asientos. Siéntate junto a la ventanilla, te dijo tu madre y tú saltaste emocionada al asiento, queriendo verlo todo, lo que había fuera y dentro del avión, ver a tu madre, que te miraba con una leve sonrisa, y al resto de las personas que te rodeaban.

No recuerdas cuánto tiempo tardó el resto de viajeros en acomodarse. Lo que sí recuerdas es el momento exacto en el que una de las azafatas cerró la portezuela por la que entrasteis y sonó un clik metálico que indicó que todo estaba preparado y ya no cabía marcha atrás posible. Te diste cuenta entonces del sonido del motor, sí, apenas un murmullo, pero que una vez cerrada la portezuela se agudizó. De pronto, una voz, la del comandante, daba la bienvenida a los pasajeros y una azafata que pasaba por el pasillo entregaba unos folletos y el sonido del motor se volvía más y más agudo, y tu madre te ató el cinturón de seguridad y tú no podías parar quieta en tu asiento porque aquello era lo más emocionante que habías hecho en tu vida y no querías que nada quedara fuera de tu atención. No tendrás miedo, te preguntó entonces tu madre, y tú moviste la cabeza de un lado a otro, en ese mismo instante sentiste que el avión se movía, aunque más bien te parecía que era lo de fuera lo que se moviera. El avión se encaminaba por una de las pistas. En un momento dado se detuvo. Y de repente comenzó a correr, a correr y a traquetear, notaste el cosquilleo del estomago, el cambio de posición del avión, como subía la parte delantera y de pronto las cosas que veías desde la ventana se volvían chiquitinas y tus oídos parecían comprimirse, traga saliva, te susurró tu madre, y tragaste y tus oídos se destaparon mientras intentabas estirarte todo lo larga que eras para ver cómo la tierra se empequeñecía.

El avión recuperó casi su horizontalidad. No dejaste ni un momento de mirar hacia abajo y verlo todo allí tan chiquitito. De nuevo la voz del comandante sonó, omnipresente, y habló de la altura del vuelto, de la duración prevista, muchas horas, y de algunos detalles que no llegaste a comprender. Tu madre parecía dormir, tenía los ojos cerrados, pero sabías que no dormía porque movía los labios como si estuviera orando. Le diste la mano y ella te la apretó. Giraste de nuevo la cabeza para mirar por la ventana, pero esta vez para mirar hacia arriba, donde el cielo parecía oscurecerse y donde estarían las estrellas, escondidas a esa hora.

Durante las muchas horas del vuelo no dejaste de mirar por la ventanilla, allí abajo estaba el mar, inmenso, y reías cada vez que el avión daba uno de esos botes que a tu madre tanto le asustaban, la pobre, aunque siempre acababa sonriendo. Las azafatas te preguntaban si tenías miedo y tú les decías que no y ellas se sorprendían mucho porque, según te dijeron, todas las niñas se asustaban un montón y te decían entonces que eras muy valiente o que quizá fueses algún día azafata, o quien sabe si incluso comandante de un avión, que lo pensaste, por qué no. Y así, poco a poco, el avión fue llegando a su destino y de pronto sonó otra vez la omnipresente voz del comandante, entonces tu madre te abrochó el cinturón de seguridad y el avión comenzó a perder su horizontalidad, pero al revés que cuando el despegue, con el morro hacia abajo, señal inequívoca, y te dio pena, del final del viaje, te pareció tan corto, y la tierra se fue acercando, lo chico se hizo grande, y tu madre cerró de nuevo los ojos y sus labios se movieron otra vez, y de repente el avión pegó un bote y se escuchó como un sonido áspero y un tanto metálico y viste una pista y al final unos edificios que eran, seguro, las terminales del aeropuerto, y el avión fue menguando su velocidad hasta casi detenerse, poco a poco, y detenerse al final, momento en el que tu madre te desabrochó el cinturón de seguridad.

La gente hizo cola para salir del avión y las azafatas se despedían con una sonrisa amable. Te dio pena acabar el viaje, se te habían hecho cortas las casi doce horas de vuelo. Sí, tal vez fueras azafata o comandante de avión para poder pasar horas y horas en aquellos aparatos y te quedaste un poco mustia mientras en silencio avanzabas por un corredor que te llevó junto a tu madre a una sala enorme, parecida a la del aeropuerto de tu ciudad, pero sin duda mucho mayor. Bajasteis por unas escaleras mecánicas y de nuevo os pusisteis a una cola. Había unas cabinas por donde la gente que había delante de vosotras iba mostrando los pasaportes. A veces, te fijaste, había un breve diálogo entre quien mostraba el documento y quien se hallaba tras el cristal, pero no sabías, tampoco te lo preguntaste, a que respondía todo eso. Por fin llegasteis hasta una de las cabinas y tu madre enseñó ambos pasaportes. El hombre los hojeó. Miró a tu madre y le hizo unas preguntas que tú no llegaste a entender, tampoco prestaste mucha atención hasta que el hombre le dijo si podría esperar un momentito en unos bancos que había a uno de los lados. Notaste que la mano que te daba tu madre apretó un poco más la tuya. Te empujó con suavidad y sin decir nada os sentasteis en uno de los bancos.

Qué pasa, mamá, le preguntaste y tu madre te dijo que nada, que había que esperar un poquito, nada más, y tan pronto te fijaste que cerca de ahí había una enorme ventana desde donde veías las pistas y fuiste hacia allá, dónde vas, te preguntó tu madre y tú señalaste los aviones y tu madre no dijo nada, por lo que seguiste hasta que pegaste la nariz en el cristal y te quedaste de nuevo embelesada ante todos aquellos aviones.

Tu madre te llamó un rato después y la viste de pie. Ven, te dijo, y tú fuiste, entonces ella te sujetó la mano y comenzasteis a seguir a un policía por un pasillo estrecho que terminaba en una sala en la que había varias mesas con ordenadores y varios policías. Siéntense, dijo el hombre al que seguisteis, y os sentasteis, mientras otro agente te sonreía y te decía hola y tú le dijiste hola bien bajito porque no te acababas de sentir cómoda allí adentro. No sabías muy bien qué estabais haciendo en aquella sala. Suponías, aunque tampoco es que te lo hubieses planteado muy bien, que ibais a una ciudad nueva y que tu vida, entonces, tal vez, no estabas muy segura, iba a ser distinta, aunque a ciencia cierta eso era algo sobre lo que tu madre no te había hablado mucho. De pronto te hallabas en una sala repleta de policías y tu madre, a tu lado, parecía temerosa, aunque tampoco estabas muy segura de eso porque tú siempre la habías visto firme y llena de convencimiento cuando llevaba a cabo las cosas, al fin y al cabo siempre te decía que era mejor arrepentirse de lo que habías hecho que arrepentirse de lo que habías dejado de hacer, algo que tú, entonces, no entendías muy bien, pero que sin duda marcaba su valentía ante la vida, por eso dudaste si estaba, según te pareció, temerosa o era una sensación tuya.

El policía, entonces, comenzó a preguntarle a tu madre a qué venía y si conocía a alguien en el país. Tu madre respondía con brevedad mientras el policía escribía en un ordenador algo que tú no podías ver desde tu silla. Pero escuchabas la voz de tu madre, algo quebradiza, y te enteraste entonces que tu padre estaba en aquella ciudad y que os esperaba fuera del aeropuerto, algo que tú no sabías, claro que apenas te acordabas de tu padre y tampoco pensabas mucho en él, quizá porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vieras y porque ninguna de tus amigas o de los niños de tu barrio tenían a sus padres cerca, y metida en estos pensamientos te perdiste el resto de lo que hablaron el policía y tu madre, sólo oíste que el hombre os pedía, después de consultar algo en el ordenador, que esperarais en una sala adjunta, y tu madre se levantó, tú te levantaste tras ella, y ella mostró de nuevo aquel cejo que tanto conocías y anduvisteis por otro pasillo hasta otra sala donde varias personas esperaban en silencio no sabías muy bien qué.

Volviste a preguntar si ocurría algo. Ella te sonrió, te acarició la cabeza, te dijo que no, que no pasaba nada, tranquila, y tú te pegaste a ella, para que te abrazara y siguiera con su mano en tu cabeza.

No supiste muy bien cuánto tiempo estuvisteis así. Quizá te quedaste, incluso, dormida. Te despertaría tu madre cuando te llamó. Vamos, te dijo entonces, y volvisteis a recorrer el mismo pasillo hasta la sala de las mesas y de los ordenadores. Reconocisteis las mismas caras de antes, pero te fijaste que había otras personas, algunas vestidas de civil. Os sentasteis de nuevo en las sillas, pero esta vez había más gente a vuestro alrededor. Un policía distinto al de antes se sentó frente a vosotras y comenzó a hablar con tu madre. A veces el hombre que estaba a tu lado sin uniforme intercalaba algún comentario, pero no llegabas a entender lo que decía y sobre lo qué hablaba. El policía nuevo escribía en el ordenador y luego imprimió unas hojas que tu madre firmó, al igual que el propio policía y el hombre que estaba a tu lado. Esperen aquí, dijo el policía y se levantó. Entonces un policía se puso a tu lado y te preguntó si te había gustado volar en el avión y tú respondiste que sí y sonreíste porque te acordaste del vuelo y de lo que te había gustado, y él te preguntó también si no tuviste miedo y tu dijiste que no, y tu madre sonrió al mirarte, pero te diste cuenta de que era una sonrisa triste. El otro policía volvió con unas hojas en la mano. Se sentó y le habló a tu madre y le dijo que el jefe había decidido denegar la entrada y eso debía de ser, pensaste, algo terrible, porque tu madre bajó la vista y tenía los ojos rojos, aunque no lloraba, porque tu madre, tú bien lo sabías, nunca lloraba, y comenzaron los dos hombres y tu madre a firmar un sinfín de hojas, y entonces tu madre preguntó por la maleta y el policía respondió que ya estaría embarcando porque el avión saldría aquella misma noche, y tu madre, entonces sí, soltó algunas lágrimas y tú pensaste que algo terrible debía de estar sucediendo porque tu madre, que nunca lloraba, lloró.

El policía os acompañó de nuevo a la sala. Esperen aquí, os dijo. Os sentasteis. Tu madre seguía llorando, en silencio, casi como si le diera vergüenza. Te acarició la cabeza, de pronto te sonrió triste y te dijo que de nuevo subiríais a un avión. No supiste el porqué, pero esta vez, la verdad, no te hizo tanta ilusión.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

DISFRUTAR LA QUIETUD DE LAS TARDES

 

Disfrutar la quietud de las tardes

de la avanzada primavera

que aún reina esplendorosa y bella

coronada de rosas y azucenas,

gozar la arboleda que vislumbro

desde mi tranquila terraza

ese verdor imponente de pinos

y otras especies que mi ojos traspasa,

el permanente revolotear de pájaros

con sus trinos tenaces e impertinentes

dueños de los silencios vespertinos

ámbito propicio de nuestra benéfica siesta,

en mi terraza leyendo poesía

bien Rimbaud, bien Kavafis, bien González

como sorbitos de café cubano,

ensimismarme en los geranios, en los claveles

quedarme extasiado en las escasas mariposas

que se adentran para posarse en las plantas

resplandecientes y cuidadas por las manos

de mi dulce esposa que dormita

en el sofá de nuestro salón

invadido por el aroma de la tarde,

a ratitos acercarme y besarla despacito

como una caricia, como un rumor

absorber su tenue respiración

como sorbitos de café cubano.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

EL PELIGRO DEL AMOR

 

A la memoria de Charo Endrinal Petit.

 

Dejaste tu mundo de confort

en pos del amor (motor del mundo).

Encontraste desolación,

encontraste tedio en un desnudo,

encontraste el amargor

de un coñac con sabor a esputo,

encontraste en un rincón

la dicha de la mentira dando culto

a jueces como el gran Salomón

que tenía rara idea de lo justo,

encontraste la cruel perdición

que baja caprichosa al oscuro submundo,

encontraste el eterno (sin-perdón)

que además de ser eterno es mudo,

encontraste la sin razón

que debaten los tentetiesos atando nudos,

encontraste la loca ilusión

que por ser ilusión dura un segundo,

encontraste la enajenación

y comprobaste que ninguna agonía dura un minuto,

encontraste la marginación,

encontraste aquel disgusto,

encontraste la presunción

y no te dejaron ser lo presunto,

encontraste a la civilización

escondida en el chabacano sonido del eructo

escondida en la religión

apartándose de ti en un estornudo,

encontraste el peligro y la traición

que llama a todas las puertas dando tumbos,

encontraste a niños de papá con el humor

que sólo sostienen los súcubos.

Encontraste la muerte pegada a tu talón

y una metáfora fiel de que el amor es un mero bulo.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

QUIMERAS

 

Elevaban las olas

sus cantos de sirenas.

En el inmenso cielo

las estrellas danzaban.

Nosotros:

Bajo aquel manto azul

que todas ellas tejen,

¡Soñábamos…

mundos maravillosos

con jazmines y rosas,

primaveras espléndidas

con cantos de sopranos,

rumor de caracolas

y trinos de jilgueros.

Nadie… nos despertó,

de aquel tan bello sueño.

Creíamos que era justo

amarnos en octubre,

otoño de la vida.

Y al dintel de la tarde

un pájaro lloraba,

con las alitas rotas

heridas por el viento

 

 

Por Ofelia Parrón Cépedes

 

 

 

EL TORNADO

El amor llama a mi puerta, y la hace tambalear, quiere entrar como un tornado, arrasar, voltear, llevarme con él.

Un tornado que como siempre no esperas, no avisa, y es en ese momento cuando te pilla desprevenida.

Lo veo venir, ya llega, toca mi puerta, abre mis ventanas, quiere arrasarme. Y me asusta, no quiero girar en el aire, no que se lleve mis cosas.

Como mujer desengañada y dolida en el amor, mi cabeza dice que me prepare y me resguarde ante tal tornado. El corazón está dañado como para dejarle pasar, no está preparado.

Pero viene con mucha fuerza, y siento que me va a arrastrar.

Entra sin darme apenas yo cuenta, sin prepararme, intento amarrarme a algo, pero no encuentro dónde.

 

Mientras busco cobijo, sus pequeños soplos de viento me tambalean, y me asustan, no quiero ser dañada nuevamente, pero tampoco quiero dañar.

Soplos de viento que me susurran, movimientos que me hacen reaccionar.

 

Quiere llevarme con él y mientras mis pensamientos son internamente otro tornado, “¿qué debo hacer?”.

Simplemente la respuesta más sencilla es no hacer nada, porque este tornado viene con más fuerza que nunca, y yo solo puedo tambalear.

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

DESDE LA MÁGICA UNIDAD DE MI VIDA

 

Desde la mágica unidad de mi vida

rebosante de la fragilidad que le es propia

me aglutino e intento conocer el sentido

de mi fugaz existencia,

la que ha preñado de principios y objetivos

para intentar no deberme nada

cuando la gran aliada de la naturaleza

me reclame para ejecutar su motivo

dar fin a todo lo nacido,

pero mientras esa inevitable cita no me alcance

sigo construyendo el camino de mi destino

drenándolo con amor, afirmándolo con razones

y despejando su libertad de salteadores,

en esa tarea estoy, que sea capaz de conseguirlo

se sabrá en el menos esperado de mis momentos,

ahora sigo abierto al camino del conocimiento

y al de la vida con todos mis mejores sentimientos.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

CACTUS

 

Símbolo espinoso de la vida,

resistencia brotada de la sequía,

hombre, tropiezo del viento,

obstáculo de la voluntad,

angustia parca de llaga instintiva.

Consuelo de espina doliente,

quimera de agua el mar lleva,

desierto es tu mundo

entendido en la suma de los días,

amplio espacio entre la mirada,

largo horizonte es tu bostezo,

piedra a piedra se exige dureza,

resisto mi mundo colgado

de mi dolor de cabeza,

mi cefalea es caballo cansado,

es pellizco seco de latido pirómano,

sombra de espejo es la luz

que suspira por mi brote libre,

por mi pulso cuadrado donde

el triángulo es asombro rodado.

¡Quiero y no puedo!

Te vas de mí como viento caliente,

como aire de aleteo de mosca,

y me quedo plantado en mi erial,

en mi desierto de ceniza hogareña

a esperar que tu buena fe me recuerde

y se sienta hermana de mi quijada,

de mi corazón helado,

de mi espina dulce y entendida

en garitos de ansiedad bufada.

Quiero a tu presencia

y cuanto más la quiero

menos cerca está tu laberinto sonoro

de mi primavera mojada y muda.

Busco tu rosa entre gemidos,

busco tu paz de acuarelas y figuras,

busco tu cansancio tendido a mis pies

como un perro suspirando.

Busco, y si encuentro, hallo vacíos

que resisto como un loco herido.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ACOMPAÑAME DE LA MANO

Ven, no te vayas…

Quiero contigo caminar

En esta vida por andar

Ya no quiero esperar

Una vida mas para lograr

La maravilla de caminar…

Recorrer, este mundo y tener

Tu mano para entender

Que hay un nuevo renacer

Juntos podemos descubrir

Que no es necesario sufrir

Para revivir el amor

Que dejamos morir

Por creer que al mentir

Y dejando de sentir

Podría existir

¡ NO¡ sin mí, no puedo vivir

¡ TÚ ¡ sin ti, no puedes revivir

Vamos los dos de la mano

En este mundo

Para que deje de ser vano

El resto del camino

Que tenemos por vivir.

 

Por Laura Georgina Nuñez de Alva

 

 

LA PROCESIÓN

Ellos vienen a mí

desde un dictamen de plumas

y candados.

Los árboles ancianos; los más nuevos.

Me persiguen

con su esencia de aurora en cautiverio.

Los jueces invisibles.

Y me he quedado en el suelo detenida

mientras fluye la savia por la tierra.

Momentos germinales

me custodian el vientre.

Han nacido más ramas

y más ojos desnudos me sorprenden.

Para alcanzar la voz de sus edades,

me arrodillo al verano de los nidos.

Sólo tendré la sed de sus raíces;

apenas esas lágrimas eternas del rocío.

Ahora me han cedido el centro de la ronda,

y soy yo,

otro árbol hambriento

que intenta descifrar

el vuelo fecundado de las mariposas.

Teresa Palazzo Conti

 

 

PUERTAS DESESPERADAS


Entradas y salidas, puertas desesperadas, en las que una vez cerradas, no hay que volverlas a abrir.

Puertas que pueden ser abiertas, temerosas ante lo que nos aguarda tras ellas.

Puertas desesperadas, cerradas para olvidar, abrirlas para buscar una solución, sea cual sea, aunque siempre deseamos lo mejor. Pero, ¿cómo saberlo?.

Tampoco podemos abrir y cerrar continuamente, ¿cómo encontrar la adecuada?.

En un acto disfrazado de valentía, cerré un puerta, ahora estoy en un pasillo lleno de ellas. Paradójicamente, sé que hay tras ellas, aunque quepa la posibilidad de un futuro engaño.

¿Cuál debo arriesgarme a abrir?. Sin embargo, necesito abrir alguna de ellas, no me puedo quedar estancada en el pasillo.

Puertas desesperadas.

La primera, está esperando a ser abierta, y que me entregue a una nueva vida.

La segunda, me gustaría abrirla, pero desconozco si quiere ser abierta, ¿responderá con las mismas expectativas que yo busco?.

La tercera, sé que quiere olvidar las dos anteriores, y emprender una vida en solitario.

La siguiente, sólo quiere dejar paso a la improvisación.

El resto,…puertas desesperadas, esperando a ser abiertas, ¿cuál abrir?.

Por Silvia Marcos Fuentes

 

 

TE PALPO EN EL VIENTRE DE TU MADRE

 

Te palpo en el vientre de tu madre

y noto la dureza con que te afirmas

el empuje con que defiendes tu espacio,

te acaricio con cariño con la esperanza

de transmitirte vibraciones de amor

por el canal que para ti me he abierto

desde mi corazón hasta el final de mi tacto,

poco a poco voy acomodándome

acercando mi oído al vientre de tu madre

mirándola a sus ojos preñados de orgullo

y abrazándome a su cuerpo embarazado

de humanidad acechadora,

me pongo a escucharte con delicado mimo

y empiezo a susurrarte pequeñas caricias orales

para acercarte a mí y para recordarte

que trates bien a tu madre anhelante

ojalá por los ojos de tu mamá

destellos de amor y esperanza me expresases

y llegases a mí en forma de mensajes

porque en ellos sólo encontraría grandeza

de honestidad, ternura y belleza,

con gran amor te cuido

desde mi cercana lejanía

inquieto por lo que queda de trance,

de el voy descontando los días

rogando a Dios por tu bien

y el de tu madre.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

AMOR ETEREO

TAN INTANGIBLE COMO ETEREO

ASI ES EL AMOR ETERNO

AMOR QUE CARGA SOLEDAD

EN UNA BÚSQUEDA SIN CESAR

LAS GANAS DE AMOR ENCONTRAR

EN EL TRÁNSITO POR LA VIDA

CANTAMOS Y NOS DAMOS SIN MEDIDA

AUNQUE POR AMOR DEMOS LA VIDA

POR SÓLO UNA CARICIA SENTIDA

EN EL MUNDO ETEREO Y PERPETUO

PIDO… HÁBLAME ¡¡ AMOR MÍO

ERES … PARA MÍ ¡¡ LA CARICIA

DEL AMOR QUE PIDO

QUE ENGENDRA MIS SENTIDOS

EN SUBLIMES SUEÑOS DORMIDOS

VEN ¡¡ QUITA LAS YEDRAS DEL CAMINO

NO TE DETENGAS ¡¡ AMOR MÍO

DAME TU MANO…

QUE LA NOCHE SEA TESTIGO

DEL MAS GRANDE AMOR SENTIDO.

 

Por Laura Georgina Nuñez de Alva

 

 

LA MENTIRA

A veces vivo un poco,

y ostento la evidencia

como un coleccionista.

Algún trofeo

rutila en las escarchas de mi nombre

y emerge la que era

en el engaño del verbo flagelado.

Mi intemperie

descansa un instante

en el pedestal de hierba de sus ojos,

hasta volver,

crucificada,

a la oración unitaria de la casa.

Teresa Palazzo Conti

www.lapoesiadeteresa.com

Un domingo verde,

La locura comienza a invadirme

Hay diferentes olores detrás del peñasco gris de mi memoria

Los matices van cambiando,

Hay un gato lila que me mira con los ojos salidos de sus órbitas

Una gallina se desliza por debajo de los tentáculos de un pulpo

Con alas.

Veo como giran los focos de la calle,

Mientras silbo despacio el perfume de tu vientre.

Que melodioso aroma, el de tu pubis dormido

Entre cucharadas de mis besos.

Extasiada de notas estoy,

La fragilidad de un minuto se quiebra

Cuando la seda de tu pecho se adormece

En mi regazo.

Noctámbulas manos sostienen mi demencia

Y sigo penetrando el azul de tu figura

En un domingo verde

Bebí el elixir sagrado

Dominé al dragón que ahora canta a mis pies

Caminé sin pasos,

Oí los colores de este manicomio

Me dormí a tu lado

Hoy enloquecí.

 

 

Por Gabriela Fiandesio

 

 

A veces el silencio de la compañía

inunda las sábanas

hasta el techo;

dispara el vacío de un cuerpo

la amplitud creciente de la memoria.

Le doy paso al permiso que

me mira

sin conocerme

vaga la sensación

de amarrarlo

en sueños.

Rompes el mosaico de mi izquierda

te enroscas sutil en mi espalda

y el dulzor de tus manos me roza

y derrama

pájaros omnipotentes.

¡Esos años también son míos!

sonríen tus labios festejan la coincidencia

mientras tu pelo viaja del sol

y cae en lágrima

sobre los cielos.

En el hoyo del piso

perdura el aroma a pólvora;

dispara el vacío de un cuerpo

el permiso de pensarte

del otro lado.

Por Lorena Luján Cáceres

TRAVESÍA

Soy corcel de la noche

en los espacios.

En horas agitadas

desciende alguna estrella

a embeber sus luciérnagas

en ébano.

Me arrojo a la espesura

y separo los mensajes ocultos

de los zarzos.

Amenaza

un destino de puertas abiertas.

Adónde regresar

desde las piedras

en esta soledad

de llamas en el hielo.

Se despierta

el oficio

de aprender a esperar

y yo encumbro las manos

para lograr un ángel.

Por Teresa Palazzo Conti

CLAUSTROS

Nada puedo alcanzar desde este sitio riguroso.

Un océano de tiempo

brama desde las profundidades del hoyo

y un estilete absoluto

busca nido en mi pecho.

Afuera aguarda una luz condenatoria.

Y los gestos indemnes

escarban

las razones feroces de las máscaras.

Nadie reconoce el disfraz que me han legado

Yo nunca he sido esta que se mira

en las aguas estancadas del pozo.

La de antes tenía besos y cántaros,

y sabía de alguna plaza con hamacas.

Ésta rastrea cementerios de versos

desde cada plegaria,

y busca inútilmente,

ascender por las líneas marchitas

de su estatua.

Por Teresa Palazzo Conti

EL ÚLTIMO VIAJE

 

¿Para qué la riqueza acumulada?

¿Para qué los palacios con jardín?

Cuándo todo, todo lo que tengamos

aquí, nos lo vamos a dejar.

Nadie ha vuelto, una vez que se ha marchado,

nos vamos solos, tan sólo con lo puesto.

Emprendemos un viaje sin retorno

como ave que a otro país emigra

con el deseo de volver en el buen tiempo.

Seremos polvo, y el viento nos traslada

desde un lugar a otro, tal vez impregnado

en una bella flor: ¡cualquiera sabe en qué!

¿O seremos igual a pajarillos

que alegran las mañanas con sus trinos,

o aurora que ilumina el nuevo día

resplandeciendo más el sol?

Puede que nos fundamos con agua cristalina

brotando de un arroyo o manantial.

Nosotros moriremos, y nuestra esencia no.

¡Nadie, nadie! por mucho que lo quiera,

nunca, jamás volvió,

ni tomó su forma ya anterior,

todo será la nada…paz infinita…

A veces el deseo de la continuación.

Sólo seremos átomo, parte del cosmos.

Eternidad…

 

2º premio en el VII concurso de poesía castellana

en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo.

 

Ofelia Parrón Céspedes

17 de mayo del 2008

 

 

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

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