El silencio de las bibliotecas es un silencio plagado de palabras susurradas y captadas por la mente. Me da pena, tanta pena, tener que dejar mi biblioteca querida que tantas lecturas me ofrecía. Ahora las bibliotecas son digitales. Bibliotecas de clásicos esenciales y contemporáneos necesarios. Sólo aquel que descubre el susurro en el silencio de las bibliotecas conoce el valor de los libros. El papel impreso, las librerías, y aún menos, las bibliotecas pueden perderse en las tinieblas de la ignorancia. Solamente aquel que ama los libros no entiende de precios y dinero sucio.
Un libro te puede acompañar toda la vida. Regalar un libro es regalar una memoria del pasado y un conjunto de imágenes imaginarias que conllevan un territorio inexplorado de distracción, y al mismo tiempo es una fuente de sabiduría.
El que ama los libros es un gran descubridor de la elocuencia, ya que entre trasmisor y receptor hay una comunicación. Un salvoconducto particular y solitario.
Una biblioteca es un lugar donde está guardada y custodiada la memoria de los libros de todas las épocas y son una clase de obras que sugieren, que invitan, que acreditan, que dialogan con los humanos que quieran exorcizar sus demonios, como también encontrar un camino hacia la imaginación.
Imaginación que nos puede llevar a la locura. Las bibliotecas son el testimonio de la humanidad. La verdadera razón por la que los hombres han constatado sus pensamientos e ideas. Con bibliotecas la vida es más bella. La ficción es el verdadero testigo de que la imaginación provoca monstruos, pero como dijo el maestro Goya, también es el origen de las maravillasy las artes.
Hablar de lo que nos influye en la literatura es un bálsamo reconstituyente de todo el pensamiento que debiera ser libre intelectualmente. El hombre necesita las bibliotecas, ya sean estás en formato papel o digital. Es cuestión de resarcirnos de la soledad y sus verdaderos ámbitos de ignorancia que son el retraso intelectual de los hombres.
Saliendo desde el pozo roero, por delante de las escuelas, hacia las “cañadas” de la médica hasta la finca del “Hoyuelo”.
En la entrada de la finca encuentro una cancela (a pesar de que es camino real) con un cartel que dice… “atención reses bravas”, paso y vuelvo a cerrar la cancela, al principio voy con precaución, pero conforme avanzo veo que por allí no hay más señales en el suelo, que las de haber pasado algunas ovejas o cabras.
Continúo caminando entre encinas centenarias, hasta llegar al barranco el “molinillo”, descanso un momento y giro a la izquierda siguiendo su cauce, salvando los obstáculos que encuentro, dirección a su desembocadura en la “Ribera de Huelva”.
El margen del arroyo está cubierto de grandes adelfas, acebuches y chaparros, los juncos y el poleo cerca del agua, son refugio de ranas y pececillos, en algunos recodos se forman pequeñas charcas, (que suelen haber sanguijuelas) y se ven huellas de animales en la orilla del agua.
Este arroyo me trae muchos recuerdos, pues la primera vez que lo atravesé, fue con mi amigo Quico Collado (el guitarra) camino del cabezo, en el “burro” donde su familia estuvo guardando ganado una temporada.
También recuerdo cuando mi madre iba a rebuscar cascarillas de carbón, una vez recogidos los “boliches” o carboneras, mientras yo me entretenía cazando ranas en el arroyo o buscando pájaros por las encinas.
Pero algo que me gustaría saber, donde fue apresado mi padre, junto a varios paisanos mientras cogían bellotas del arroyo, antes que la corriente las llevara a la ribera, para sacar algún dinero en unos tiempos que había más necesidad que trabajo.
Cada recodo, charca o grupo de adelfas y juncos, los imagino con el agua hasta la cintura, de noche y rodeados de guardias civiles apuntándoles con las armas para que no escaparan.
¿Qué crimen estaban cometiendo? Cuando lo hacían para poder dar de comer a sus familias, con el dinero que sacaran de vender las bellotas, que se llevaba la corriente y se perderían en la ribera, donde solo servirían para alimentar a los peces…
Con lágrimas en los ojos, continuo bajando con el corazón encogido, hasta llegar a la ribera cerca del puente del empalme, en la antigua vía del tren de Cala, donde desemboca este arroyo.
Sigo ribera abajo y tras pasar dos cancelas que cortan el paso, llego a la carretera de cantarranas, descanso en los merenderos junto a los aparcamientos, para comer y refrescarme un poco, antes de emprender la subida de casi cuatro km. hasta el pueblo.
Este último trayecto podría hacerlo con los ojos cerrados, por las veces que lo hice desde niño y cada vez que visito el pueblo.
***Una vez me llevó a una mina donde trabajaba, en el camino vimos subiendo por una loma, a una loba y sus cachorros, cuando yo me di cuenta le abracé muerto de miedo a él, pero me dijo…
¡No temas, porque la loba no nos hará nada, solo quiere irse para proteger a sus cachorros!
Los lobos solo atacan cuando tienen hambre y van en manada, a los animales más débiles e indefensos.
¡De los que tienes que temer, es de las malas personas, que te encontraras en la vida, ellas son las que te pueden hacer daño, si no sabes con quien te relacionas, no te fíes nunca de aquellos que te dan algo, que no hayas ganado honradamente!
Estas palabras no las olvidare nunca, aunque tengo que decir que las he llevado siempre muy presente, aunque no he sabido transmitirlas de forma que otros las tengan en cuenta.
***Cuando volvía de sus continuas ausencias me gustaba mirar en las alforjas, por si me tría algo que hubiese encontrado en el campo, alguna chuchería o los cortadillos de azúcar que iba reuniendo del café que tomaba y que él solo le ponía la mitad.
Recuerdo cuando mi madre me mandaba algún domingo, al salir de misa a buscar a mi padre para comer, iba recorriendo por los bares del pueblo, hasta que lo encontraba, (normalmente en La Punta el Verde) me gustaba el olor que salía de las distintas cocinas, de las tapas que ofrecían a sus clientes para comer o acompañar las bebidas, en cada sitio tenían su especialidad.
Me encantaban las costillas fritas de la Punta el Verde, mi padre cuando me veía entrar le pedía a su primo José «el cateto» que me pusiera un platito, que siempre me sabía a gloria.
Si tengo que decir como recuerdo a mi padre, diría que fue un hombre con dos personalidades muy diferentes.
La primera que era una persona buena y cariñosa con nosotros.
Pero cuando estada ebrio cambiaba totalmente el carácter y se volvía irritable por cualquiera cosa y no se le podía contradecir.
Él estaba acostumbrado a frecuentar lugares de todos los ambientes, a tratar con gente de toda índole y no dar explicaciones a nadie, durante toda su vida había sido así, por pasar mucho tiempo fuera de casa.
Eso me hizo comprender su forma de ser y las, consecuencias que le acompañó toda su vida.
La pregunta es básica y elemental, no sé cuál será el motivo por el que los demás se plantean el apropiacionismo. Tampoco me interesa. Pero apropiarse de algo que no te pertenece no es un robo, por así decirlo, es un préstamo sin intereses ni prerrogativas por las dos partes. La una, del artista que creó la obra, y el apropiacionista que se apropia de aquello que no es suyo.
En mi caso diré: no sé dibujar, no sé pintar, el caso es que tengo buen ojo para hallar fondos en ilustraciones ya trabajadas por otros/as. Soy un recolector del trabajo de otros. Soy un campesino de la píxelcracia, soy pangeista, creo en el software libre, y todo esto viene en relación con mi vida de antaño. No uso imágenes mías. Se me da mejor trabajar mezclando o mixturando detalles y fondos que transformo y manipulo.
Todos los artistas lo han hecho. Al menos los más importantes. He leído el libro de Austin Kleon: Roba como un artista y me ha fascinado. En el subtítulo de la obra subraya, o mejor decir recalca, las 10 cosas que nadie te ha dicho acerca de ser creativo, y está en lo cierto en cada una de ellas. Está publicado el libro por Aguilar. Todo un ejemplo que encarna a los artistas y nos muestra una parte que desconocíamos del hecho de crear, del plagio, la epigonía, del apropiacionismo, es la base del arte.
Yo creo en el copyright, aunque apropiándome del trabajo de otros, unos con más mérito que algunos, me hago artista y creo de la manera que mejor sé. Es mi manera de ser creativo. Soy un apropiacionista, sí, pero justamente ahora es cuando los filtros, las máscaras, los stickers, los trabajos de otros están a mano de cualquier fulano o mengano no por causalidad, es por la maravillosa Red de Redes. El Internet ha revolucionado muchas cosas, y ha conseguido que pasemos a ser artistas todos aquellos que somos hijos del fragmento, del retazo, del jirón, del retal de una obra específica y la hacemos nuestra.
Es importante decir que nuestro trabajo sea protegido, remunerado, y respetado. El arte, al igual que el software, debe ser libre pero no gratuito. Cada creador debe cobrar lo que le pertenece. Los derechos de autor son importantes, por eso cuando me apropio de algún detalle en Internet lo devuelvo a Internet de manera gratuita. Respeto muchísimo al artista que cede sus derechos, que lo comparte y también respeto a todo creador que no quiera compartir y desprecie el apropiacionismo como estilo creativo.
En eso el mundo del cante Flamenco es precursor y aún hoy lo sigue siendo. Muchos cantaores y cantaoras se han apropiado, o han versionado, las letras de algún cantaor antiguo. Muchos aficionados al flamenco imitan o se apropian del cante flamenco de Camarón, de Fernanda y Bernarda de Utrera, de la Paquera de Jerez, de los hermanos Mairena, la antigua y legendaria saga de los Pavón hizo escuela ante los puristas. Los Morente y los Habichuela también, aunque actualmente tengan un concepto de miscelánea, es lo que llaman flamenco pop.
Es un deleite rememorar a los antiguos creadores del todo. Desde aquellos hombres que pintaron en las cavernas y milenios después lo llamaron “arte” siempre o casi siempre el apropiacionismo ha asomado la cabeza. Pablo Picasso decía Todo arte es un robo y estaba en lo cierto. Ya que él se inspiró en la artesanía africana para lo que más tarde, mucho más tarde, se llamaría Cubismo.
El arte es lo que codiciamos y lo llamamos o hacemos nuestro. Andy Warhol se introdujo en sus serigrafías inspirado quizá en la fotografía de otros medios para crear aquello que llamarían pop art. También del cómic contemporáneo se ha aplicado el pop art. También Robert Rauschenberg utilizó material reciclado para sus collages desde una manera distinta de crear Arte Pop.
Ahora estamos en tiempos del cryptoarte y este movimiento o vanguardia viene para quedarse, se ha adaptado ya. Todavía es pronto para dar un pronóstico concreto, pero puede que el arte pop y el arte apropiacionista sean sus padres, y tal vez el cryptoarte venga ya a matar el padre y a cortar el cordón umbilical de aquello que empezó en tiempos de tecnología analógica. En el transcurso de eso que llaman Postmodernidad Tardía.
¿Es malo ser nostálgico? Después de toda una vida fuera de mi tierra, de haber recorrido diferentes lugares en la distancia, conocer a personas de muy diferentes clases sociales y haber creado una familia, mis recuerdos siempre van en la misma dirección, estar agradecido y no olvidarme de la tierra donde nací.
Las nuevas tecnologías son el medio que me hacen estar más cerca de mi tierra y la gente que hace tantos años dejé, las noticias, las actividades y cambios, que me proporcionan son un apoyo para estar al tanto que hacen me sentirme en el pueblo y contacto con las personas a través de las redes sociales.
Nunca pensé tanto en mis orígenes ni imaginé que pudiese recordar los lugares que recorría a diario en mi infancia, los parajes y los campos del entorno donde con frecuencia íbamos a jugar, a bañarnos en verano o simplemente a saciar la curiosidad infantil por descubrir sitios nuevos.
Añoro a los amigos que se quedaron allí y a otros que como nosotros tuvieron que salir con sus familias hacia otros lugares donde poder tener mejor vida y recuerdo a aquellos que ya no volveré a ver porque se han ido para siempre.
Recuerdo a las personas mayores con las que tenía contacto a diario y de los que aprendí como discurrían sus vidas, el trabajo y las vicisitudes que tenían que pasar para sobrevivir en unos tiempos tan difíciles, las pocas salidas y las muchas necesidades que existían, pero también la solidaridad y ayuda con quien tenía alguna desgracia o problema, igual que el júbilo y la alegría cuando había cualquier celebración de buenas nuevas que eran compartidas por todos los amigos y vecinos como algún miembro de la familia.
Por repetirlo que no quede…
Todo lo que escribo sobre mi pueblo, mi vida en él durante mi niñez, la nostalgia y mis deseos de poder ir a visitarlo, para saludar a las personas que conocí y aun puedo hacerlo, creo que no es para que nadie se moleste, lo hago porque me gusta y a quien no le guste que no me lea.
Son mis recuerdos, mi cariño hacia la tierra donde nací y sobre todo como homenaje y gratitud a las personas a las que hago mención.
A quien no le parezca bien mis escritos está en su derecho que opine y yo seguiré sintiendo lo mismo sin ofensas ni mal rollo, si alguien se siente ofendido lo siento no está en mi intención.
El desplazamiento de personas de un lugar a otro no es algo nuevo, siempre ha existido. En cada etapa histórica ha habido movimientos de personas que abandonaron su tierra de origen, su marco social y cultural, para incorporarse a marcos sociales nuevos, en ocasiones muy diferentes. Lo podemos llamar emigración, destierro o éxodo, cambian algunos detalles, pero los motivos se han mantenido más o menos idénticos: las necesidades económicas, las persecuciones políticas e ideológicas o incluso cabe, por qué no, aun cuando sean los menos, o a todas luces los menos trágicos, un deseo particular, propio, de cambio, cualquiera que sea la razón personal para ello. En los últimos años se añade además un motivo nuevo para emigrar: la crisis medioambiental, que adquiere en algunos lugares una dimensión de verdadera catástrofe y que por desgracia veremos acentuarse en el futuro, incluso ya mismo ocurre.
No obstante, en estos tiempos de globalización, de desarrollo tecnológico intenso, de nuevas redes de comunicación y transporte entre todos los rincones del planeta por recónditos que sean, resulta evidente que los desplazamientos han aumentado, podemos acudir a estadísticas aportadas por, entre otros estamentos, las Naciones Unidas, aunque bastaría, en un ejercicio de sociología de bolsillo, una mirada a muchísimas ciudades, entre ellas las del Estado español, que han dejado de ser, al menos de un modo único, tierra de origen de muchos desplazados para convertirse también en lugar de destino, y comprobar que se dan en los barrios colectivos de orígenes diversos, en una convivencia que posee a la vez elementos de cosmopolitismo y de conflicto.
Ni qué decir tiene que el desplazamiento posee varias dimensiones y admite lecturas diferentes, tanto personales como colectivas, por ejemplo en la identidad de las personas protagonistas, «la sufrida artesanía del yo», en palabras de Gabriela Wiener, citada en el libro que comentamos, pero también en la colectividad que recibe aportaciones de los desplazados a la vez que éstos las reciben de aquella.
No sólo hablamos de aportes económicos o de mano de obra, sino también de una repercusión social y cultural.
Muchas literaturas nacionales, por su parte, han visto incorporarse a escritores de procedencias diversas, autores que son ellos mismos desplazados y que desarrollan toda o parte de su escritura en la sociedad de destino, en esas frágiles fronteras de la literatura nacional, en ocasiones en las lenguas o en las peculiaridades lingüísticas de las sociedades de destino y acogida, aunque no siempre. Podemos hablar de tantas características singulares como escritores haya, pero se dan unos rasgos comunes que nos permiten establecer un marco, que la investigadora Lucía Hellín Nistal emplea con la etiqueta de literatura de los desplazados.
De este modo, en la primera parte del libro, la autora nos ofrece un impecable análisis teórico, con numerosas aportaciones académicas, de este fenómeno. Apreciamos también una exploración crítica de esta última fase del sistema económico y social que es la globalización. Al mismo tiempo realiza un acercamiento práctico de un tipo de literatura que tiene mucho de testimonio, al tratarse de una escritura que parte de la experiencia propia migratoria, que recoge ese sentimiento de extrañamiento propio de autores que se confrontan a la pluralidad de idiomas o variantes lingüistas. No podemos olvidar el interesantísimo debate sobre las opciones de uso de un idioma u otro que se plantean muchísimos escritores, por circunstancias muy diversas. Me viene a la memoria un poema de Odete Semedo sobre la lengua en qué escribir. Aun cuando la autora de Guinea Bissau no se encuadre en una literatura de los desplazados, sin duda refleja un proceso que se da en muchos escritores agrupados bajo esta denominación, el de tener que elegir un idioma, o varios, de escritura, consecuencia de la convivencia de idiomas en un mismo espacio físico y por ende en la persona que se enfrenta a la escritura. El desplazamiento permite, por último, el encuentro de dos realidades con un potencial crítico y creativo en su obra. Como señala la propia autora del ensayo, el desplazamiento, más que un cambio de residencia, es un espacio relacionado con el punto de partida y de llegada.
Lucía Hellín Nistal recoge también el elemento experiencial en la segunda parte del ensayo al acercarse a varios autores, con sus puntos de partida y de llegada muy diversos. Se ocupa de siete autores concretos, entre los cuales Emine Sevgi Özdamar, autora turca que escribe en alemán, o Najat El Hachmi, autora nacida en Marruecos y desplazada a Cataluña de niña y en cuya lengua escribe, además de citar a lo largo de su trabajo a otros muchos autores, entre ellos los de la diáspora ecuatoguineana en España, por ejemplo Donati Ndongo-Bidyogo o Lucía Asué Mbormis, que es un subgrupo sobre el que los lectores castellanohablantes deberíamos prestar más atención.
No es nuevo el análisis de la literatura de los desplazados, sin duda ya hay elaborado numerosos acercamientos al fenómeno de la literatura y la emigración, pero este ensayo de Lucía Hellín Nistal es una aproximación muy adecuada para quien quiera profundizar en el tema, reúne bastante de lo ya estudiado y abre nuevos aspectos al estudio de un ámbito tan extenso como apasionante.