26º de la Revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Vídeo sobre Fernando Pessoa—Escribir Poesía-Cecilio Olivero Muñoz

ESCRIBIR POESÍA

Por Cecilio Olivero Muñoz

¿De dónde he heredado el hecho de ser poeta? Quizá ni lo sea, quizá sea un impostor, quizá no sea ni lo uno ni lo otro. Porque ¿para qué sirve la poesía? No te da dinero, te hace vulnerable como en este post publicado al desnudo, a corazón abierto, desde la piel al tuétano.

 La poesía es un lastre, una pesada carga, las humanidades hoy por hoy son inhumanas. ¿Dónde está agazapado el genoma en mi ADN que me dice y me da la razón en el hecho de ser poeta? Eso si lo fuera. Porque dudo a todas horas. Me desnudo ante una caterva de desconocidos que no saben si es real o ficticio lo que escribo, o quizá sea una exageración. Una manera más de hacerme notar. ¿Vanidad? Puede valer. ¿Romanticismo empalagoso a veces? También. Los poetas nacen del fracaso y de la derrota, uno es masculino, y la otra femenina.

Pero los dos son la misma cosa. Yo como poeta me declaro ausente, una incógnita, no quiero ser petulante. A veces no soy yo quien escribe, es una fachada de cara a una plaza pública donde nadie me conoce, no me conoce y me juzga.

 Afuera está la primavera, pero yo no la logro ver ni la consigo entender. Ya no me sirven en los bares y molesto como un grano en el culo. ¿Ganar un concurso te hace poeta? No. Simplemente te colmas de ego y presumes que has ganado esto o aquello, pero los corazones todavía se rompen en pedazos.

No soy un poeta de concursos, tengo miedo escénico, y no me considero un poeta en toda regla. En este mundo de la poesía hay mucha envidia, celos, malentendidos, escarnio, y te aconsejarán aquellos que, de los cuales, tienes que decantarte por el lugar contrario al que te dicen que te dirijas. En el modernismo se ha hablado más de palomas y de proclamas políticas, que es pura obsesión, que alguna poesía es aburridísima. Algo parecido a lo que pintaba el Padre de Pablo Picasso, que pintaba siempre palomas. Yo no envidio a nadie, quizá mienta, ya que si alguien gana un concurso me da envidia, sin embargo, si alguien es un derrotado total que se lanza a la escritura como modo de supervivencia me da pena, o quizá sea yo quien dé pena.

Gastarás un montón de dinero. Y aún así los objetivos marcados son presuntamente quimeras y sólo eso. Bueno, que no, que no, no soy un poeta en toda regla. Mi ambición es otra. Mi ambición es la de amar, una experiencia sexual y dejarme de gaitas.  

Sid Vicious & Sex Pistols-Cecilio Olivero Muñoz

SID VICIOUS & THE SEX PISTOLS

 

 El punk surgió en un contexto de inmenso paro en la Inglaterra de los Setenta. La gente era basura blanca, racista y muy quemada debido al desempleo. Eran años de protesta y los jóvenes eran herederos por medio del punk de la frustración de sus padres.

 

Según Malcolm McLaren, Sid Vicious era una metáfora para los SEX PISTOLS. En poco tiempo se convirtió en el centro de atención del grupo. Nació en el 10 de mayo de 1957 y murió en New York en el 2 de febrero de 1979. También decía Malcolm, al que Sidney llamaba Popeye: —Never a trust hippie. Nunca confíes en un Hippie. Sid Vicious vestía con indumentaria nazi. No se sabe por qué motivo odiaba a los judíos. Y de esos fangos acabó en esos lodos.

 

Sid Vicious apuñaló a Nancy, que era una groupie, siempre preparada para presumir que era novia de Sid Vicious. A Sid no lo descubrió Malcolm McLaren, Sidney consiguió meterse en los SEX PISTOLS. Era carismático, y sus locuras lo hacían atractivo. Dicen que su madre le inyectó la última dosis de heroína. Murió de sobredosis. Como era de esperar.

A Sid le gustaban todo tipo de drogas, era adicto a todo. Según él las tomaba para salir del tedio, del aburrimiento. Mucha gente creía en él y hasta inventó o fue precursor de un baile punk, el pogo.

 

Sid Vicious se convirtió en una leyenda. Una vida desperdiciada debido a sus adicciones. Estaba en contra del mundo hippie, aunque fuera descendiente del aquel mundo. Se llamaba Simón John Ritchie. En sus giras siempre la liaba parda, ya que no se cortaba en escupir al público. Tenía un gran lado sadomasoquista. La leyenda de Sid dio como fruto una película (biopic). La película se llamaba Sid and Nancy y fue un éxito taquillero en la época. Lo interpretaba Gary Oldman, que también interpretó a Ludwig Van Beethoven.

 

La película relataba todo el mundo de drogadicción y mala vida de la que fue víctima y mártir por el mundo punk inglés. De Sid se ha hablado mucho, y se seguirá hablando. Muchos se aprovecharon de su ceguera adictiva hacia las drogas y de su estupidez cuasi profesional.

 

Pudiera hablar de su comida favorita, de lo que Sidney era capaz y de las veces que le partieron la cara. En un documental dedicado a la muerte de Sid no se dice realmente nada nuevo. Se hizo protagonista del video musical y de la película The great rock ‘n’roll swindle traducida La gran estafa del Rock and Roll. Una comedia musical dedicada al fenómeno de los SEX PISTOLS como explosión que revolucionó el panorama musical. Donde sale el delincuente del tren de Glasgow Ronnie Biggs, quien al final de sus días admitió que el crimen no compensa

El Hoax de Vicente Luis Mora en la revista Quimera

Sí, es cierto, lo confieso: he redactado el último número de la revista Quimera, el 322, correspondiente al mes de septiembre, desde la primera línea hasta la última, a través de 22 seudónimos y varios nombres reales que se han dejado usurpar por mí. Luego contaremos más sobre el qué, pero creo que debemos comenzar pensando el por qué lo he hecho.


Por qué

¿Cuál es el objeto, la tarea, el propósito que debe mover a un escritor de nuestro tiempo? ¿En qué debe o -más bien- en qué puede consistir la tarea literaria en nuestro entorno y en los albores aún de un siglo nuevo? Para mí que un autor se haga estas preguntas o no se las haga es nuclear como muestra de responsabilidad artística y, por lo común, su literatura suele ser parte de la respuesta implícita o explícita a ambas cuestiones. Respuestas que pueden ser diversas e incluso, y sin salir de obras valiosas, contradictorias. Un autor tiene derecho a decir que la tarea de la literatura en nuestro tiempo debe ser ahondar en la preocupación por el lenguaje; otro, que su misión es dar cuenta de los problemas sociales que nos acechan y angustian; otro, que posiblemente su razón de ser se encarne en una obra amena pero que no esquive cuestiones trascendentales y reflexivas; otro puede apuntar a un más allá estético configurado por inmutables valores inmanentes, y aun pueden existir autores que sostengan que el arte en general y la literatura en particular tienden a ser una interrogación por la condición humana o por la búsqueda de un sentido. En mi caso, según el día o según la obra, creo que la literatura es o puede ser todas esas cosas. Y también creo que escribir puede presentarse también como un modo de intervenir en lo real, de cuestionar nuestro mundo y también nuestra forma de pensarnos escritores o artistas. La literatura, como dijo Arnold hablando de la poesía, puede ser una crítica de la vida, y también una crítica de la crítica, y una vivencia artística de la vida. Entre estos dos últimos parámetros, como una forma de analizar nuestro sistema literario y sus formas de recepción y legitimación y también, y al mismo tiempo, como una forma activa de participar en los procesos artísticos con un gesto que va más allá de la propia escritura, ahí, nadando entre dos aguas, es donde se encuentra la intención que me ha llevado a escribir por completo una revista conocida y respetada en nuestro mundo editorial, con muchos años a su espalda de experiencia y trabajo. Hacerlo en una pequeña revista no tenía la dimensión transgresora, deliberante, cuestionadora, que aporta una revista enclavada en el centro de un sistema literario. Además, responde a mi antigua intención de hacer literaturaen todos aquellos lugares que se posible, utilizando al efecto cualesquiera formatos existentes.

Damián Tabarovsky escribía en el número de Quimera anterior a mi atropello: “sé que la pregunta por los mecanismos de legitimidad de la literatura debe estar en la base de toda literatura. Es una pregunta que incumbe ante todo a los escritores y no sólo a los sociólogos”[1]. No pude leer este número veraniego hasta después de haberse publicado el de septiembre, al vivir fuera de España, y me parece ahora significativo y feliz que el propósito del número ficticio estuviera contenido en el anterior, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Tabarovsky se dejó escribir por mí y autorizó que me hiciera pasar por él, demostrando que cuando opina que hay que preguntarse por los mecanismos de legitimidad en literatura (y el autorial, como él bien sabe, es uno de los más poderosos) se hace la pregunta no sólo con la teoría sino también con la práctica, en consecuente y coherente actitud.

El papel de la literatura en nuestro tiempo es un papel difícil, un papel ya en trance de desaparecer incluso como papel, para cifrar su permanencia en signos convertidos en píxels. La literatura, esto ya se ha dicho, tiene numerosos y dotados competidores que la dejan cada vez más sola en nuestros espacios de ocio y reflexión y sigue sin plantearse seriamente, esto ya se ha dicho menos, si la culpa de su postergación se debe a la amenaza externa o a la debilidad interna. Félix de Azúa explica en su espléndida Autobiografía sin vidacómo la literatura del XIX se configura en parte como una reflexión sobre sí misma después del revuelo romántico, y cómo la novela del XX puede explicarse en su mejor parte como la búsqueda a través de la prosa del poder de la palabra abandonado por la poesía. Podemos discutir hasta el hartazgo las secantes ideas de Azúa, pero no algo innegable que subyace en ellas: los grandes libros de ambas épocas buscaban algo. Qué debe buscar la literatura del 21, ésa es la cuestión. El número 322 de Quimeraes mi propia respuesta a la pregunta.


Qué

No es esta la primera vez que algo así se hace, ni siquiera la primera vez que yo lo hago. Cuando estudiaba Derecho en Córdoba, entre mi amigo Francisco y yo elaborábamos por completo o casi por completo la revista estudiantil Talión, inventándonos diversos personajes y seudónimos para rellenar cada número. Sin tener conocimiento del precedente, antes que nosotros ya había hecho algo similar el crítico José Luis García Martín en la revista literaria de su universidad, seguramente amparándose en los Folletos literariosque Leopoldo Alas preparó por entero y bajo su seudónimo habitual, Clarín, desde 1886 y durante bastantes años. Karl Kraus también hizo durante años su publicación personal, si bien –creo- firmando en nombre propio. En este caso, el número 322 de Quimera tiene la diferencia de ser una revista general conocida, de circulación nacional e internacional, por lo que las dimensiones de la “intervención” son diferentes que en una publicación universitaria.

La idea me surgió en octubre de 2009 y la trasladé con pocas esperanzas de éxito, por la locura que suponía, a los por entonces tres directores de Quimera, quienes la recogieron, para mi sorpresa, con entusiasmo. Tras la marcha de Jorge Carrión y Joan Trejo de la revista dos meses después, continué el proyecto con Jaime Rodríguez Z., el actual director, que ha sido un paciente cómplice de todo este gigantesco engaño, cuyo secreto hemos logrado mantener hasta el final, incluso para colaboradores estrechos de la publicación. Debo decir que cualquiera que sea el valor transgresivo que este número supone, hubiera sido imposible si la propia revista y sus directores no hubieran avalado la operación, de modo que Quimerase convierte, gracias a su gesto, en la única revista de crítica y también de autocríticade la literatura española actual.

El proceso ha sido muy lento: muchos años de recopilación de casos y temas antes, siete meses después de larga y paciente escritura del número, de todas sus secciones. Numerosos ejercicios de imitación de estilo para las secciones fijas de colaboración, firmadas además por nombres con un estilo propio y consolidado: Germán Sierra, Germán Tabarovsky, Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo: a todos ellos gracias por dejarse voluntariamente usurpar por esta escritura falsificadora y fantasma. Meses de imaginar colaboradores, seudónimos, cada uno con sus características de estilo, cada uno con su minibiografía. Meses de hacer fotografías equívocas o ambiguas. Meses de inventar libros supuestos, de escribir poemas para que los poemarios pareciesen reales, de frases para que las falsas novelas tuvieran verosimilitud, en un proceso abismante donde tenía que inventarme la escritura del crítico inexistente y también la del ficticio escritor reseñado. Meses de ingeniar decenas de argumentos, de tramas, de ideas y declaraciones apócrifas, de traducciones falsarias, de quiméricas editoriales, de increíbles obituarios. Meses de encarnar filósofos, escritores, estetas, profesoras especializadas en otros enredadores como Fresán o Bellatin, biógrafos, críticos venales. Meses de contar caracteres y de pensar sobre los fenómenos del hoax y la impostura literaria, leyendo a numerosos autores, para justificar las diferentes ideas de diferentes personae en el sentido griego del término, máscara mediante. Meses de aprendizaje. Meses de mucha diversión. Meses de regreso a la sensación de la escritura como vértigo, como salto sin red, como camino al vacío sin preocupación por el sendero de regreso. Meses de libertad creativa absoluta. Meses inolvidables.

En la “Entrevista mínima” del número de octubre contaré más cosas. Aquí terminaré diciendo que desde este momento, un libro titulado Quimera 322 se añadirá a mi nota bibliográfica, puesto que para mí lo publicado es algo más que un ejemplar o número de revista, para mí es un ensayo orgánico o más bien inorgánico sobre la falsificación literaria, llevado a cabo desde una falsedad editorial, de modo que se configura como una metafalsificación. Un ejercicio a medias literario y a medias performativo, que quizá sea lo único decente que he escrito en mi vida.



Libro de reciente publicación en Galaxia Gutenberg

Cuando se escribe con pureza-suicidas atormentadas-(2ª entrega)-Cecilio Olivero Muñoz

CUANDO SE ESCRIBE CON PUREZA

—SUICIDAS ATORMENTADAS—

(segunda entrega)

Cuando se escribe con el corazón en la mano, cuando se escribe con toda la pureza, se tiembla, se tiembla de miedo, más bien diría entre temor, miedo y demasiadas certezas. Si sigo en este apartamento acabaré loco (más de lo que ya estoy) o quizá acabe maltrecho, herido y todo el día encerrado me está causando estragos. No quiero deprimir a nadie. No quiero parecer víctima.

Es algo difícil de comprender el verdadero dolor de las mujeres, solamente lo comprendes si te gustan y te atraen las mujeres y al mismo tiempo tienes una parte de tu alma que las entiende bien. Son sufridoras por dos razones, la una, por ser mujeres de segunda clase, de segunda categoría, y la otra, y que conste que esta frase pertenece a Sylvia Plath, por aguantar a hombres con penes y testículos como mollejas de pavo. Me pareció una observación escrita con pureza, y muy graciosa. No sé si temblaría Sylvia o se reiría de la comparación. El caso es que tiene una cierta semejanza. Estas mujeres, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf y un largo etcétera eran verdaderas heroínas en la época en que vivieron, entre los años veinte y los años cincuenta. Son mujeres que valen más por lo que no han escrito y callado, que por aquello que escribieron en su momento. Por eso acabaron como acabaron. Creo yo.

No sé si llegaron a temblar cuando escribían, pero la verdad da miedo, y el miedo, hace temblar, da miedo por lo que arriesgaron con hombres machos “alfa” y machistas en el menor de los casos. Se teme la verdad más que decir mentiras o poner una gasa traslúcida en la ficción, que es otra manera más de decir la verdad que hace temblar. No entiendo muy bien a lo que llaman objetivo o subjetivo. Porque hay cierta ambigüedad en los dos términos. Descubrir según qué cosas sobre las mujeres, puede que sea subjetivo, pero lo objetivo, que es lo realmente importante, se esconde como un miedoso tras una bandera de una patria en la que se siente protegido, un miedo a ser tú mismo/a, un miedo de mujer indefensa, un miedo de mujeres relegadas al silencio. Silenciadas y condenadas a fingir.

Cuando acostumbramos a mentir escribimos textos ditirambos y sin esfuerzo. Pero lo realmente puro da miedo, a veces terror, otras pánico. Y el miedo duele, te hace temblar, te aterroriza. Eso, exactamente eso, es objetivo, pero nuestra hipócrita sociedad lo cree subjetivo. Escribir la pureza es temblar. Y cuando escribes nuestra galaxia es un planeta como Venus, totalmente cálido, tan cálido que abrasa. Es imposible la vida en él. 

Ernesto Sábato- A fondo- por Joaquín Soler Serrano-1977

Entrevista a Cecilio Olivero Muñoz por parte de António Raya Castillo y fragmento de audio libro narrado por Xavi Marti- El audio libro se llama Diez plegarias atendidas de Cecilio Olivero Muñoz

25º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Francisco De Goya como fundador del fotoperiodismo-Cecilio Olivero Muñoz

Recordemos que el fotoperiodismo estaba dando sus primeros pasos con el daguerrotipo y la fotografía en blanco y negro o a todo color. Y ha llegado a lo que Joan Fontcuberta ha llamado posfotografía, bautizando así la fotografía en los móviles digital, ya que la fotografía ha pasado a ser conversacional. Se fotografía en bromas, en memes e inclusive en un supermercado, en ese trasfondo de píxel incluimos los famosos selfies, que tanto postureo han creado. Pero con Goya no sólo empieza la pintura moderna. Comienza el fotoperiodismo, y con él se inicia la inclusión gráfica de el artículo ilustrado, el artículo más creíble. Artículo o noticia, aunque también exista lo llamado acertadamente como Fake News. Pero eso es otra cuestión.

 

Recordemos también en Goya sus primeros pasos con Los Caprichos y los Disparates, con los que tuvo problemas si no hubiera sido protegido por el rey Carlos IV, ya que era pintor de la corte.

 

Después vinieron Los desastres de la guerra bajo el reinado de Fernando VII y después, exiliado en Burdeos, vendrían Las Estampas de toros y las pinturas negras. Todo ello gracias a pensadores liberales que querían una España ilustrada y alejada del analfabetismo.  Querían estos una España como la que había en la Francia de la ilustración, la Francia culta alejada de la beatería. Aunque eso les supusiera el exilio.

 

Los desastres de la guerra y las pinturas de la batalla del 2 de mayo donde tienen su protagonismo los mamelucos bajo la voz de mando de los franceses; y los fusilamientos del 3 de mayo enmarca toda una fotografía de lo que Goya vio y vivió. Goya se anticipó al fotoperiodismo criticando y dibujando dibujos de mucho valor gráfico.

 

En las pinturas negras sin embargo ve y encuentra con gran acierto la negritud de la España y sus propios fantasmas. Que él exorcizaba de la manera que mejor sabía, como por ejemplo Saturno comiéndose a sus hijos o el perro que se hunde, que es la viva imagen de la soledad. También el gran Coloso revelándose contra el pueblo. Pintar como lo hizo Goya solo le hubiese traído problemas en la España de la inquisición. Ya que es en Francia donde pinta las pinturas negras.

 

Es por esa razón que en los premios de la academia de cinematografía española se utilice la estatuilla De Goya como padre de nuestro cine y del fotoperiodismo por antonomasia.

 

Pintó a personajes que detestaba, pero también pintó figuras y frescos en Madrid y Las majas, una desnuda y otra vestida. Pues poco le importaba que la iglesia las prohibiera, ya que a fin de cuentas se las quedó Godoy y la Reina en un complot contra Cayetana De Alba, a la que la reina odiaba. Eso hizo que se repartieran sus joyas, pinturas y riquezas. Godoy era sin duda un hombre si escrúpulos. A quien Goya también pintó.

 

En fin, que Goya era el primer testigo que desafió a la inquisición e hizo concesiones a gentucilla de la España de entonces para acabar sus días en Francia.

 

Poema erótico-Cecilio Olivero Muñoz