LO QUE ME ENSEÑASTE

 

LO QUE ME ENSEÑASTE


(Soneto)

 

Nos ponemos demasiado solemnes

Cuando de hablar de la droga se trata

Y es tan claro, tan evidente,

Que esa realidad no es sensata…

 

El placer inmediato sale caro

Esa vida de vicio no es barata.

Todo el mundo pasa por el aro

Y muchos se meten hasta las patas.

 

¡Yo lo tengo demasiado claro!

Esa dedicación exclusiva mata

Esa entrega de dejadez y desamparo.

 

Esa esclavitud de falshes de plata

Esa legión de autómatas del faro

Esa manera de vivir que maltrata.

 

Yo la droga de la familia separo

Huyo de lo que te ata y lo que te desata.

De todo sentimentalismo raro.

 

De toda tóxica mordedura de rata.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

CANCIÓN PARA UNA NIÑA

 

CANCIÓN PARA UNA NIÑA.

 

Mi niña tiene una pena

en el corazón de agua,

y se le hace caracola

en calles de ruido y mirada.

Mi niña es alegría tan sola…

cuando la verdad es nada,

es lagartija sin cola,

es cola recien cortada.

Ella sufre alejada y tan sola…;

mi niña nunca es envidiada.

Se calienta si se incomoda

(a rota lengua sosegada…).

Luna cuidala de las mareas

de las teas y las alhambradas,

y cuidala de antiguos estrategas

y ocultas murallas rasas.

Niña, niña, sin triste mecenas,

niña santa, perversa y sacra,

niña de espejo de luna y agua;

¡dime niña, si se remedia!

el ronco del mar cuando calla

y el pálido color que asedia,

la astuta flecha que calma,

la vuelta en dos y una y media

latido de volcán el mar brama.

-Dime niña luz del fuego-

semilla que abre pura su agua,

cenicero que se vacia y apego,

cumbre entre sudor y palabra.

Si el amor es uno y solo ruego

¿Qué me aguarda de su alma

si soy vida ante el muro ciego?

¿por qué esa ruleta rusa dispara?

La confusa parodia del miedo

y al despertar es ceniza, herida y brasa.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz