Reseña literaria por Juan A. Herdi

Nuria Labari

No se van a ordenar solas las cosas

Páginas de Espuma, 2024

¿Estamos atrapados en nuestros cuerpos?¿O acaso son las circunstancias las que nos rodean y limitan de un modo azaroso, sin vuelta atrás?¿No serán tal vez las palabras las que nos encierran en la hendidura estrecha de nuestra rutina y nuestros privilegios, y de pronto, al confrontarlas con las de los demás, nos descubren nuestras carencias, nuestra debilidad? 

Son algunas preguntas que nos plantean los seis relatos de este volumen de Nuria Labari, seis collejas que sin duda alteran nuestra aparente normalidad. La mujer bien situada, progresista y liberada, de pronto se da cuenta de que el orden de su mundo se resquebraja ante el espejo de su asistenta, inmigrante. Lo mismo le ocurre a la profesora voluntaria de castellano, que se encalla ante su joven amante magrebí en una situación que, a todas luces, cambia el significado de las palabras. Como zozobra la familia que busca exotismo y lo que descubre son sus propias fallas. O los personajes atrapados en sus cuerpos, el del joven adolescente que se irrita ante lo que ve en el espejo, sea o no real, la mujer que se enfrenta a la debilidad y a la muerte de sus seres queridos, o el anciano homosexual y judío que se desmorona ante un contratiempo casero, tal vez bajo la mirada trágica de sus antepasados y de sus coetáneos, o la conciencia de las trampas de la vida o de las contradicciones tan esenciales como su ser.

Los relatos nos confrontan al artificio de nuestra realidad, aquella que consideramos normal -¿normal como lo estándar o lo habitual o normal como lo normativo?–, y aquí, al terminar el libro, muchos nos preguntamos, como uno de los personajes del libro, si no hemos vivido nosotros también a espaldas de lo fundamental. 

Son relatos que rompen las miradas cotidianas de nuestras propias vidas. Es importante que nos fijemos en las palabras con las que Nuria Labari construye las historias y la perspectiva desde la que se proyecta cada uno de sus cuentos, seis posiciones, seis construcciones de uno mismo y del mundo que envuelve a los personajes, y que en una analogía perfecta podemos trasladar a lo que somos, a nuestras vidas. Porque las palabras, al final, es lo único que tenemos, son las piezas con las que nos vemos y construimos el mundo, sobre todo si asumimos que la ficción del pasado, y la memoria puede que sea realmente una fuente de ficción, una invención del pasado, contamina con su niebla el horizonte.

Es un libro que no puede dejar indiferente, que turba, que nos desorienta en cierto modopara obligarnos a afrontar la realidad, siempre es bueno que la literatura cuestione y replantee la existencia, la de los personajes y la de los lectores. Sin duda tal es el sentido de la literatura.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Gonzalo Calcedo

La chica que leía el viejo y el mar

Menoscuarto Ediciones, 2024

 

Ya podemos decir, para satisfacción de quienes nos deleitamos con los relatos breves, que estos han adquirido en la literatura española plena carta de naturaleza. Claro que era algo propio de España, no de la literatura en español, el prejuicio contra las historias cortas, porque en la tradición latinoamericana el cuento es todo un pilar literario desde antiguo. Aunque a decir verdad, volviendo a España, tal vez sea un tanto tópico afirmar de forma categórica que siempre se considerase el cuento literario algo secundario, una mera práctica del escritor para afrontar lo serio, la novela. Al fin y al cabo, se ha cultivado bastante y han sido muchos los prosistas que los han escrito, desde los inicios de su literatura además, contamos por ello con una buenísima tradición de textos breves, e incluso ha habido autores que los han ejercitado de forma exclusiva, como Medardo Fraile, o importante, como Ignacio Aldecoa.

Sea lo que fuere al respecto, hoy contamos con escritores habituales y brillantes en la escritura del relato breve. Uno de ellos es Gonzalo Calcedo, autor que nos ha ofrecido en su carrera literaria unos cuentos excelentes en los que, a partir de una anécdota, alrededor de un detalle, apenas un incidente nimio, se nos cuenta una historia que va a despertar en el lector, tal vez no una sorpresa, pero sí cierto pasmo, y sobre todo le dejará el remusguillo placentero de la satisfacción de haber leído algo muy sugerente.

Los diecinueve relatos que componen el volumen que comentamos cuentan meros incidentes cotidianos, encuentros fugaces, hay mucha inmediatez en lo narrado, pero a la ligereza aparente se une un estilo poético, una poética rutinaria gracias a personajes que no lo son tanto, rutinarios, aun cuando lo parezcan, algunos de ellos resultan incluso bien curiosos, insinúan un carácter más allá de lo usual, y plantean un lance que parece estar al borde de cierto absurdo, en el mejor sentido del término, historias minimalistas de vida que, no obstante, sorprenden en sus gestos, asombran por sus reacciones y desembocan en escenas afectivas que despiertan sin duda una emotividad profunda.

Se trata de hombres y mujeres en gran medida solitarios, siempre en movimiento, en tránsito, salen de un lugar que no sabemos y se dirigen a otro que no conocemos, en medio les pasa algo que es propio de una extrañeza a pie de calle, un hecho que no llega a suceso, pero que nos encandila como suelen deslumbrar de pronto las pequeñas cosas cotidianas si hay capacidad de observación. Los relatos de Gonzalo Calcedo nos trasladan en cierto modo a la tradición cuentística norteamericana, ya el propio título del volumen, el de uno de sus relatos, es un todo un guiño, en la que la historia es ínfima, el cuento es como una foto, tal como nos indicaba Julio Cortázar, donde el brillo está en la sugerencia. Y estos cuentos lo logran, brillar por sí mismos.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

 

Gonzalo Fernández Parrilla

Al sur de Tánger

Un viaje a las culturas de Marruecos

La línea del horizonte ediciones

 

Viajar es sin duda una actividad saludable. Contemplar otros lugares nos permite ampliar miradas, la mirada hacia los otros, otras culturas, otras sociedades, otras formas de vivir, y también la que proyectamos sobre nosotros mismos y el lugar donde vivimos. Nos vuelve más críticos, más introspectivos. Viajar, suele decirse, nos ayuda a conocernos mejor. Hay mucho de todo ello, no cabe ninguna duda, siempre que el viaje se planteé de un modo abierto y sincero, sin prejuicios y con la curiosidad suficiente como para mirar más allá de las fachadas y de los tópicos al uso, asumiendo el aprendizaje que conlleva el recorrido. 

Gonzalo Fernández Parrilla nos propone en este libro suyo, breve pero intenso, una mirada a nuestro vecino del sur, a Marruecos, un país desconocido o que ha sufrido y sufre aún hoy no pocos clichés. Al exotismo estereotipado que perdura todavía, hay que añadir la mirada de los colonialistas de antaño, que reducía la realidad del colonizado a un imagen que convenía a los intereses del colonizador, la de los bohemios que vivían en Tánger y cuya mirada estaba también estereotipada, la de los turistas de hoy, que viajan de un modo cuasi industrial. La única forma de darle la vuelta a este reduccionismo es contemplar también a través de la mirada de sus habitantes.

El autor nos invita de este modo a conocer, entre otros, a los escritores y artistas marroquíes que reflejan en sus obras una realidad variopinta, tan variada como lo es toda sociedad. De allí lo idóneo del plural del subtítulo: un viaje a las culturas de Marruecos, la que se expresa en amazigh o en árabe, la que escribe en francés o incluso en castellano. El autor menciona varias veces a uno de los escritores más representativos y con una fuerza deslumbrante: Mohammed Chukri. También nos invita a conocer a otros autores y artistas, de este modo el libro se vuelve una buenísima introducción a la literatura y a las culturas marroquíes. A través de ellos y de sus obras se nos presenta y describe una sociedad dinámica, al final no muy diferente a otras sociedades, a la nuestra sin ir más lejos, que tantas cosas compartimos con ella.

También recoge las miradas de escritores españoles que conocieron el país: Ángel Vázquez o el periodista Eduardo Haro Tecglén, nacidos ambos en Tánger, o Juan Goytisolo, que marchó a vivir a Marrakech, donde murió. 

Además, el libro recorre un sinfín de lugares, Tánger, Tetuán, Marrakech o Rabat, el Atlas, el Rif. Nos introduce en sus culturas y sus paisajes lo suficiente como para despertarnos la curiosidad. Pero no es un libro de viajes. Tampoco un estudio más o menos planeado. Se trata más bien de un libro de notas que sugiere un paseo emocional y paisajístico por Marruecos, y que se convierte al fin en una incitación al viaje de verdad, de esos viajes que nos cambian por dentro, además de imbuirnos en una sociedad que tenemos tan cerca y de la que podemos aprender bastante.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Paco Cerdá

Presentes

Alfaguara. 2024

El 20 de noviembre de 1936, primer año de la victoria, se exhuma en Alicante el cadáver de José Antonio, el apellido no es menester añadirlo, y durante once días se traslada en cortejo fúnebre, procesión medio laica, medio religiosa, a El Escorial. Atraviesa un territorio cuyos habitantes no han olvidado el horror de la guerra, una guerra que para muchos, pese a la propaganda y a los deseos pretendidos de nueva era,no terminó el primero de abril del 39, siguió en forma de miedo, represión, miseria, incertidumbre colectiva e individual. 

Paco Cerdá nos relata la historia de esa comitiva, pero también va componiendo la infrahistoria, los relatos de vida, de los habitantes de aquellas tierras atravesadas por ella, historias de hambre y desolación, de frustración y vacío, hechos que aún hoy permanecen anónimos por un silencio atroz que se impuso en todas las esferas de la sociedad y que conduce a que sus protagonistas sean pasto del olvido. El anonimato puede ser el destino de los hombres y mujeres que sufrieron aquella historia, olvido reforzado por intereses políticos y una voluntad errónea de pasar página en un momento dado, años después de aquella tragedia de la inmediata posguerra. Merecen a todas luces un ápice de luz, que se sepa lo que ocurrió, no por ánimo de desquite o de vanas represalias, sino por mera necesidad de saber de dónde venimos y de reconocimiento a quienes también conformaron el país, los nadie de entonces.

El régimen buscó la legitimidad en la gloria de sus mitos, el de José Antonio es fundamental, no en vano el régimen glorifica a ese hombre que le proporciona buena parte de la argamasa de la legitimidad ideológica, aunque puede, se insinúa entre líneas, que al Generalísimo y a buena parte de los vencedores poco les importó las razones de su victoria, no había en ellos un afán principista, sino más bien el de reponer un orden social que creyeron amenazado. De hecho, muchos falangistas de primera hora, camisas viejas, sienten que el nuevo régimen no responde a sus ideales. Por otro lado, entre los vencedores hay también mucha pluralidad, no todos tienen una misma posición.Tampoco los mismos intereses, aunque estos crearon mayores consensos. El régimen supo lidiar con tales diferencias. Paco Cerdá también nos muestra en este puzle que es su libro parte de la infrahistoria de estos vencedores.

El resultado es una composición bastante bien documentada que nos da un retrato de una época y un lugar, una excelente descripción de los inicios de la dictadura que pasará por muchas fases, pero que en aquel momento necesita de la exaltación de los discursos y así argumentar su gestión de un modo heroico, a falta de medidas que mejoren la situación del país. Por tanto acude a los mitos, al mito originario de José Antonio, pararelanzar una gloria que a todas luces confronta y se contradice con la realidad. 

De este modo, el libro nos va dando una idea bastante amplia y precisa de lo que fue España a partir de una semana en la vida de un país repleto de claroscuros. Un libro a todas luces fundamental para conocer aquel periodo.

 

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Irene Reyes-Noguerol

Alcaravea

Páginas de Espuma

No es tan fácil llegar a impactar mediante la palabra escrita. Que se logre emocionar al lector con esa sucesión de frases que es un texto. Pero un buen escritor logra siempre abrir brechas, acudir a lo más interno de uno mismo, comunicar y provocar en este diálogo que es la literatura un estado profundo de turbación, perplejidad o desconcierto. Incluso a veces se consigue, hay autores que lo logran: despertar algo que va más allá de lo evidente. Su texto entonces conecta con las emociones, se permite conmovermediante una prosa poética tan intensa como versátil.

Hay que ser muy buen escritor cuando, además, se inquieta tanto, cuando uno avanza en esa sucesión de frases cosidas casi con técnica impresionista y que acaban turbándonos.Es lo que consigue la escritora sevillana Irene Reyes-Noguerol con los doce relatos que componen este volumen, Alcaravea, Nos envuelve en una prosa con contornos poéticos, precisos, preciosistas en algunos casos, retazos que a golpe de palabras y frases turbadoras nos sitúan incluso a borde del abismo, sin saber si este abismo al que asomamos está en el relato o en nosotros mismos, lo vamos descubriendo a medida que avanzamos en la lectura. Sólo la maestría permite alcanzar lo segundo.

El lector se va a encontrar unos relatos que requerirán sin duda una segunda lectura, tal es la intensidad del texto. Como la poesía, se necesita volver a recorrer las palabras, el sentido del texto, el dolor de lo narrado o la reflexión de varios de los párrafos. Algunos de los relatos tienen a niños como protagonistas, pero la autora evita la emoción fácil ante un personaje tan vulnerable como un niño, y así conmueven los hechos, la atmósfera impetuosa y recia, la intensidad de lo que se cuenta, incluso la insinuación de la violencia que se aprecia entre líneas. Es lo que logra cualquier relato que se precie.

Irene Reyes-Noguerol, además, se permite experimentar con el lenguaje, asumir retos, arriesgarse, sin que por ello pierdan sus textos ese carácter narrativo que ha de poseer un buen relato. El riesgo de la experimentación es siempre digno de agradecer. No se queda en el sentimiento, en la descripción de emociones, ninguno de los relatos de este volumen se reduce al lenguaje poético sin más, sino que se cuenta una historia, con sus giros, su desarrollo y su sorpresa final. La autora se permite afrontar las emociones sin exhibicionismos ni salidas fáciles, opta por el riesgo, por la dificultad de no ser explícita, pero yendo siempre a lo profundo.

Por lo demás, quien guste del cuento literario se encontrará con una forma novedosa, muy personal, de contar, de desarrollar este reto de trasladarnos una atmósfera sin que sobre ni falte nada. Ya por esto mismo merece adentrarse en las páginas de este libro.

Reseña de Juan A. Herdi

Luis Salvago

El telegrafista

Menoscuarto Ediciones. 2024

Un hombre rememora en una sala de hospital una vieja amistad. Se inicia antes de que estalle la guerra civil española, pasará por momentos con demasiados claroscuros. Incluso un hecho les distanciará, no sin recelos, reproches, culpas y resentimientos. La guerra les llevará a reencontrarse y a que surjan no pocos de los sentimientos de antaño entre los dos hombres. La narración de la historia de esa amistad conduce también a afrontar unos hechos de la propia guerra civil, en concreto un momento de la misma y un espacio, Belchite, uno de los lugares donde la confrontación fue más cruda y la cotidianidad devino áspera, desagradable, corrosiva. 

Hablamos de una novela que cose de un modo sutil varios tiempos narrativos, unos se explican por los otros, se vinculan entre sí, al fin y al cabo el pasado sigue presente, afirma en un momento dado el narrador, como si el tiempo fuera acumulativo, con todo el daño y el dolor que reporta el recuerdo, con la tentación del olvido ante un tiempo resbaladizo. Aunque tal vez lo que es resbaladizo sea la vida. 

Por lo demás, no hay en la mirada del narrador ningún atisbo de heroicidad respecto a la guerra, incluso la contempla como un lugar ilusorio donde se dirimen los rencores. No cabe la lealtad absoluta, siempre hay resquicio para la duda. Ante el horror de la guerra, se acude a la humanidad, a un sentimiento de solidaridad básico en el que no caben los grandes ideales, sino la cercanía. Sólo así se explica que la proximidad devenga la forma de resistirse a los infortunios de un conflicto que, en efecto, no tiene nada de heroico, sí en cambio de gestos cotidianos de generosidad y comprensión mutuos.También de horror. De este modo, la referencia constante a varios grabados de Goya, los de la serie que el pintor reunió bajo el título de los desastres de la guerra, cobra pleno sentido.

El resultado es una novela intimista, precisa en sus descripciones y en los tiempos. El lector asistirá a la evolución de los personajes con los que sin duda se identificará, los sentirá próximos. Es justo esa actitud humana lo que será determinante para considerarlos en toda su amplitud, los que les volverá cercanos, sensibles. La compasión se convierte en este sentido en un sentimiento positivo, básico. A partir de él se estrechan los lazos y las solidaridades.

Luis Salvago consigue desplegar un mapa temporal afinado gracias al cual vamos intuyendo unos hechos y unos gestos, los contemplamos por medio de un lenguaje preciso, atinado, sin necesidad de juzgarlos, ni siquiera de justificarlos, sino comprendiéndolos como paso previo a asimilar la realidad de los mismos. Por otro lado, el autor logra transmitir una atmósfera sombría, sin que nos lleguemos a asfixiar, sin embargo.

El resultado es una novela que se convierte a su vez en un retablo minucioso de la guerra y de la vida que, pese a todo, persiste tras los horrores de lo cotidiano, un testimonio de humanismo y sensibilidad, descrito todo ello con una intensa prolijidad literaria.

Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Aroa Moreno Durán

Ana Jarén (Ilustradora)

Almudena. Una biografía

Lumen. 2024

Nos dice Aroa Moreno Durán que «el argumento de buena parte de la literatura no es más que un regreso a casa, al origen, sea este geográfico o sentimental». Tiene toda la razón porque la literatura forma parte de la experiencia, es un espejo para el lector, pero también supone una manera de situarse en el mundo, en el tiempo, en la historia. Incluso los relatos más fantasiosos nos marcan nuestra posición en la vida. Y la vida contiene siempre los ecos del pasado. Lo escribió la propia Almudena Grandes en su último artículo citado en este libro, casi al final, un artículo publicado al día siguiente de su fallecimiento: «Cada vida es una consecuencia del lugar en el que se han barajado las historias generacionales y las fugas de los destinos».

Lo que nos propone Aroa Moreno Durán puede parecer en un primer momento unabiografía de Almudena Grandes, una autora a la que conoció, admiró y amó, que le ayudó en ese camino –oficio y disciplina– hacia la escritora que es hoy, por tanto, es un libro también sobre sí misma, una pequeña parcela en la vida de la autora, la lectora y la amiga, expuesta sin exhibicionismo, con mucha humildad y sencillez, con amistad y amor ilimitado, pero también es un libro sobre nosotros mismos, los que compartimoscon ambas escritoras un espacio, un país y un historia, que nos hemos dejado llevar porlos libros de Almudena Grandes que nos ayudan a comprender este nuestro tiempo en el que está tan insertado el pasado reciente. Trata al fin también de nosotros mismos, sus lectores, sus contemporáneos que nos contemplamos a través de la mirada de esta escritora, que entendemos muchas claves del presente gracias a sus libros.

No se trata por consiguiente de una biografía al uso, no es una recopilación de momentos individuales ni un compendio de datos, sino que se trata de una biografíapersonal y generacional, conocemos a una Almudena Grandes escritora y lectora, acompañada de la gente que compuso ese mapa emocional de un tiempo y una épocaque es el nuestro, en el que continúa el impacto de un ayer compuesto no sólo por hechos trascendentes o por heroicidades, sino sobre todo por actos cotidianos. 

Entre líneas, este libro es también una reflexión sobre la literatura, Aroa Moreno Durán nos lanza punzadas de teoría literaria, pero no de una manera sesuda, sino muy práctica. No hemos de olvidar, al fin y al cabo, que lo importante es que una novela impacte en el lector; una novela, como un poema, siempre será un buen texto si logra provocar emoción, recogimiento, si permite mantener ese diálogo que este artefacto que es un libro consigue despertar y que se enlaza con la vida. Luego vendrá la academia para explicar los entresijos del artefacto, pero esto ya es otra cosa.

Formidables son, por último, las ilustraciones de Ana Jarén, que no acompañan, sino que complementan el texto. Nos cuentan por otro medio lo que Aroa Moreno Durán nos relata. Un conjunto, en definitiva, que nos acerca todavía más a Almudena Grandes, y es una invitación a seguir ese diálogo a través de sus novelas.

Reseña Literaria de Juan A. Herdi

Marianne Wiggins

Las propiedades de la sed

Traducción de Celia Filiopetto

Libros del Asteroide

En febrero de 1942 el presidente Franklin Roosevelt expidió la Orden Ejecutiva 9066. Por medio de ella, se obligó a emigrantes japoneses y a ciudadanos norteamericanos de origen japonés que residían en la costa del Pacífico de los Estados Unidos a reagruparse en diez campos denominados de reasentamiento, lo que levantó no poca polémica en todo el país sobre la naturaleza de tales centros. El motivo esgrimido fue el ataque japonés del 7 de diciembre de 1941 a Pearl Harbor y la medida afectó a cerca de ciento veinte mil personas.

Uno de esos centros fue el de Manzanar, en el valle de Owens, al este de California. A partir de este hecho, la escritora norteamericana Marianne Wiggins nos propone una novela coral, épica, en la que despliega la vida en el valle, ya afectada por las medidas gubernamentales respecto al agua, drenada para su suministro a Los Ángeles y cuyo principal opositor será Rocky Rhodes, el patriarca de la familia Rhodes. Con él y sobre todo con su hija Sunny se relacionará Schiff, el responsable del campo de reasentamiento de japoneses que turbará todavía más aún la vida del valle. 

Asistiremos a las respectivas historias de varios personajes centrales, entre otras las de Sunny y Strykes, hijos gemelos de Rocky, las de Schiff y Svevo, este último militar ayudante de Schiff, las de Snow o las de Cas, la hermana de Rocky. Todos ellos, junto a los otros personajes presentes en el relato, compondrán un retrato de un periodo complicado e intenso, se establecerán vínculos entre ellos y habrá incluso ocasión para estrechar lazos de amistad y de amor, todo ello en un ambiente de conflicto y tensión.

Este mosaico narrativo, además, se va desarrollando de un modo ágil, a golpe de párrafos que son a todas luces retazos de realidad y frases rotundas que no dejan indiferentes. Hay entre líneas una reflexión profunda sobre la realidad individual y sobre la sociedad, con ecos evidentes de H. D. Thoreau, de Walt Withman o de Ralph Waldo Emerson, pensadores que plantean otro modelo de sociedad, un contrapunto a ese sueño americano que al final, visto lo que estaba ocurriendo con la comunidad japonesa, no era tan triunfal ni glorioso como se pintaba. Nos confronta a una visión de conjunto con demasiados claroscuros, una época que determinará la vida de millones de personas que se verán confrontadas a cuestiones éticas. 

Esta novela nos traslada por tanto a un momento determinado de la intrahistoria norteamericana en un rincón del país, es un mapa de hechos y afectos que conforman una sociedad, el eslabón de una realidad que sigue estando vigente, porque al fin y al cabo el pasado nos explica siempre el presente, se integra en él.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Eduardo Halfon

Tarántula

Libros del Asteroide

 

A menudo escribir es evocar y evocar es buscar la explicación de las cosas que fueron, la razón por ejemplo de ese «andar de alguien que no quiere llegar a su destino» o la explicación de esa necesidad de todo niño por «deshacer el mundo heredado» para luego construir el propio, que es en gran medida de lo que nos habla Eduardo Halfon en su nuevo libro. En esta ocasión, además, el tema del mismo es el de la huida. O más bien el de la imposibilidad de toda huida, que es lo que parece indicarnos entre líneas.

Una vez más nos encontramos a un narrador enfrentado a un capítulo concreto del pasado. En este caso el del campamento de niños judíos en Guatemala al que acude a los trece años, cuando ya era protagonista, aunque involuntario, de una primera huida, la de su familia que sale unos pocos años antes de este país por el clima de inseguridad que se vive en él. También su paso por el campamento anuncia otro intento de huida, eldel judaísmo que ese narrador intentará al poco de salir corriendo, literal, del mismo. No es casualidad que reconozca en un momento dado que no haya leído la Torá, libro esencial de sus lazos judaicos, ni tampoco el Popol Vuh, fundamento de la cultura maya, uno de los componentes esenciales de la sociedad guatemalteca, o al menos de una parte importante de ella. Pero está imbuido, es consciente de ello, de ambos relatos míticos. Aunque huya, lo intente al menos, esa huida no deja de ser un ansia heredada, como anuncia la cita de Alejandra Pizarnik con que se inicia este relato, y por lo demás un ejercicio imposible: ambos libros míticos le conforman al fin como individuo.

De este modo, Eduardo Halfon nos confronta de nuevo a los fantasmas del narrador, el pasado individual y familiar que es imposible desligar del pasado colectivo. O de la historia, que tanto determina la vida de los antepasados, los mueve, los delimita. Pero ese mismo pasado colectivo se convierte en un peso a veces insoportable, como lo puede llegar a ser el pasado judío, el lejano, una y mil veces evocado en la liturgia anual, un eterno retorno simbólico, o el reciente, necesitado también de reproducirse una y otra vez, quién sabe si por justificar incluso lo injustificable, o al menos la búsqueda de justificación. 

Es así como Eduardo Halfon nos propone esta composición de momentos muy distintos, de tiempos entrelazados, un puzle que nos permite contonear la atmósfera emocional e intelectual en que se mueve el narrador, para quien las palabras se vuelven en una tela de araña por la que moverse, el pilar esencial con que volver a la vida. En todos los sentidos.

Reseña Literaria-Juan A. Herdi

Mariana Sández

La vida en miniatura

Editorial Impedimenta, 2004

 

Dorothea decide en el último momento no regresar a la Argentina con sus padres y con su prima inglesa, tras unas vacaciones en el Reino Unido. Se atreve a los cincuenta y nueve años a vivir a salto de mata en casas ajenas, al cuidado de los animales domésticos cuyos propietarios parten de viaje y le confían el cuidado de los mismos, actividad habitual entre jóvenes y no tan jóvenes en algunos países europeos, aunque no en Argentina, lo descubre un día por casualidad en un folleto y por sorpresa da ese salto. Hasta entonces, ha sido la asistente personal, biógrafa y secretaria de su padre, conocido pintor inglés que partió de joven a la Argentina por amor.

A partir de ese momento, Dorothea se cruza con personajes singulares, reflexiona sobre su presente, su vida actual, sus logros y carencias, pero también sobre su pasado, la relación con sus padres, sobre todo con su padre, que tanto le ha influido, para bien o para mal es algo que habremos de discernir, y con su hermano gemelo, tan distinto a ella. Nos habla de su relación con Ricardo, un hombre acomplejado que se esconde tras una máscara –¿acaso no ocurre lo mismo con los demás personajes, aun cuando en su caso resulte más extremo?–, y percibe la necesidad de afrontar su realidad, de asumir su vida, su presente.

Su prima Mary ha sido y es su interlocutora, la persona con quien trata y analiza toda esta situación circundante, buscando un sentido a todo ello.

El resultado es una narración dotada de no poca belleza, acerca de la vida y de las decisiones, con sus aciertos y sus errores, y de los temores y la forma cómo resolvemos cada momento, cada circunstancia, y tomamos aquellas resoluciones que nos conforman. Trata en definitiva de la identidad propia en medio del caos, aunque sea ordenado, que nos circunda. Pasado y presente se enmarcan a la perfección y le dan el contexto a todo el relato de ese deambular suyo por varias casas y localidades británicas, confrontándose a las personas que va conociendo y al momento emocional en que se encuentra. Pasado y presente –acaso no hay una línea clara que separe ambos, salvo el hilo que es el tiempo– se cosen de un modo preciso y sin duda el lector no podrá evitar ver en el espejo de Dorothea algunas cuitas propias.

La novela se convierte así en un relato vivaz, con un tono grato, poético, casi un paseo, que nos va envolviendo por completo a medida que se avanza en su lectura.