diciembre 28, 2024
Categorías: Vídeos . Etiquetas: 2025, Cecilio Olivero Muñoz, feliz año, Juan A. Herdi, nevando en la guinea, revista literaria trimestral digital . Autor: nevandoenlaguinea . Comments: 2 comentarios


AQUELLOS AÑOS 90
Recuerdo bien aquellos años noventa.
El 1992 fue año olímpico. Pero el que recuerdo mejor fue aquel en que se bailaba rumba. Hasta llegar 1993 (el siguiente año sería fatídico), el lema era Amigos para siempre de los Manolos y también vete de los Amaya, Era el año que se emitió también el MTV unplugged in New York de Nirvana. Todo parecía tambalearse en los noventa.
Cuentan que Kurt Cobain y su grupo dudaban si tocar para un sello corporativo. Pero al final aceptaron.
En el 1994 aquel escenario haría historia por el álbum y el vídeo de la grabación en directo que se vendería más que los churros. Kurt pidió fervientemente que decoraran el escenario con velas encendidas y con lirios del tipo Stargazer.
Y el productor, Alex Coletti, le insinuó: — como en un funeral, y Kurt dijo: —Exacto.
Nadie presagiaba lo que aquellos años deparaban en un futuro temprano, demasiado temprano. La muerte y la calamidad.
Kurt Cobain se pegaba un tiro con una escopeta en su casa.
Se acababan entonces los años 90. Entre aquellos años se podía ver en VHS la película Trainspotting (1996) basada en la novela de Irvine Welsh, muy acertada como mensaje para la juventud de entonces. Pero el suicidio de Cobain cerraba un amplio capítulo negro en la generación X. Kurt estaba en las garras de la heroína y no pudo soportar la noria. O el tiovivo de subes y bajas constantes.
Entonces era la edad de piedra para la tecnología que nos marcaría a todos en un futuro más milennial. Entonces el arte eran los ideales que cada uno tuviese y la época grunge que abanderaba Kurt Cobain.

A los admiradores del flamenco, entonces, nos ocurrió otra fatalidad: se nos fue el rey del flamenco, Camarón de la Isla. Y se publicaba su obra última Potro de Rabia y Miel (1992). Álbum que evidenciaría la adicción a la heroína de José Monge Cruz, el divino Camarón.
Y otros que nos dejaron por sobredosis de heroína fueron Ray Heredia y Enrique Urquijo, de la banda Los secretos. Sin duda, toda una generación perdida. El cine patrio cerraba ese capítulo con el film Báilame el Agua (2000), protagonizado por el actor vasco Unax Ugalde junto a Pilar López de Ayala. Tiempo en que el viento se llevaba el espíritu de las dormideras dobles.
Las madres luchadoras obedecían su instinto cuidando a sus hijos, tanto de las drogas como de todo lo demás. Así en el año 2000 se cerraba un ciclo y era el comienzo para la generación Z y en el 2002 los años del euro.
De todo aquello reparo en una conclusión. Y es que todos aquellos años fueron fatales. Para algunos era como luchar contra un potro de rabia y miel, y otros no llegaron a contarlo. Pero fueron unos años en los que la juventud no tomaba drogas de diseño, aunque sí cocaína y heroína. Aparte de la hierba, que no la considero droga. Atrás quedaron unos años que nos marcarían para siempre a muchos. Y puedo decir que ojalá volvieran, hubiese querido evitar de un modo más enérgico alguna muerte.

Gonzalo Fernández Parrilla
Al sur de Tánger
Un viaje a las culturas de Marruecos
La línea del horizonte ediciones
Viajar es sin duda una actividad saludable. Contemplar otros lugares nos permite ampliar miradas, la mirada hacia los otros, otras culturas, otras sociedades, otras formas de vivir, y también la que proyectamos sobre nosotros mismos y el lugar donde vivimos. Nos vuelve más críticos, más introspectivos. Viajar, suele decirse, nos ayuda a conocernos mejor. Hay mucho de todo ello, no cabe ninguna duda, siempre que el viaje se planteé de un modo abierto y sincero, sin prejuicios y con la curiosidad suficiente como para mirar más allá de las fachadas y de los tópicos al uso, asumiendo el aprendizaje que conlleva el recorrido.
Gonzalo Fernández Parrilla nos propone en este libro suyo, breve pero intenso, una mirada a nuestro vecino del sur, a Marruecos, un país desconocido o que ha sufrido y sufre aún hoy no pocos clichés. Al exotismo estereotipado que perdura todavía, hay que añadir la mirada de los colonialistas de antaño, que reducía la realidad del colonizado a un imagen que convenía a los intereses del colonizador, la de los bohemios que vivían en Tánger y cuya mirada estaba también estereotipada, la de los turistas de hoy, que viajan de un modo cuasi industrial. La única forma de darle la vuelta a este reduccionismo es contemplar también a través de la mirada de sus habitantes.
El autor nos invita de este modo a conocer, entre otros, a los escritores y artistas marroquíes que reflejan en sus obras una realidad variopinta, tan variada como lo es toda sociedad. De allí lo idóneo del plural del subtítulo: un viaje a las culturas de Marruecos, la que se expresa en amazigh o en árabe, la que escribe en francés o incluso en castellano. El autor menciona varias veces a uno de los escritores más representativos y con una fuerza deslumbrante: Mohammed Chukri. También nos invita a conocer a otros autores y artistas, de este modo el libro se vuelve una buenísima introducción a la literatura y a las culturas marroquíes. A través de ellos y de sus obras se nos presenta y describe una sociedad dinámica, al final no muy diferente a otras sociedades, a la nuestra sin ir más lejos, que tantas cosas compartimos con ella.
También recoge las miradas de escritores españoles que conocieron el país: Ángel Vázquez o el periodista Eduardo Haro Tecglén, nacidos ambos en Tánger, o Juan Goytisolo, que marchó a vivir a Marrakech, donde murió.
Además, el libro recorre un sinfín de lugares, Tánger, Tetuán, Marrakech o Rabat, el Atlas, el Rif. Nos introduce en sus culturas y sus paisajes lo suficiente como para despertarnos la curiosidad. Pero no es un libro de viajes. Tampoco un estudio más o menos planeado. Se trata más bien de un libro de notas que sugiere un paseo emocional y paisajístico por Marruecos, y que se convierte al fin en una incitación al viaje de verdad, de esos viajes que nos cambian por dentro, además de imbuirnos en una sociedad que tenemos tan cerca y de la que podemos aprender bastante.

Garazi Albizua
Termita
Galaxia Gutenberg, 2024
No es una heroína, en absoluto. Su vida no es extraordinaria, pero tampoco la protagonista y narradora de esta novela se adapta como personaje a lo que la teoría de la literatura de nuestro tiempo tilda de antihéroe, porque afrontar, afrontarse, tiene siempre algo de osado. Y la heroicidad quizá consista en eso, en afrontarse.
No obstante, pese a que la narradora nos habla de sí misma y de su entorno, la novela escapa de lo autorreferencial, o al menos de cierto tono ególatra de los personajes que van de víctima, en esta novela no hay nada de eso, y así vemos que cede protagonismo a su abuela, ejercen de espejo una de otra donde reflejarse, quizá comprenderse, aunque es ella la que se va buscando entre líneas. Y de paso describen el mundo que les rodea.La abuela es también fundamental para comprender a una narradora que sobrevive a una sociedad que la sitúa en los márgenes, no es una mujer al uso, ni en forma ni en fondo, no es lo que se espera que sea una mujer “normal” de nuestro tiempo, aunque haya sin duda tantas mujeres como ella, las que sufren la dictadura del ocio, como ella misma dice, las que se piensan a sí misma como protagonistas de una novela que no es la suya, las que se enredan en las mentiras de las fotos y se enfrentan a la culpa visible en los rincones.
Contarse a sí misma para comprender el (des)orden de las cosas y de la vida es lo que hace la protagonista de este relato, y contempla el mundo con ese tono suyo que puede resultar abrupto, macarra lo califica Edurne Portela, la prologuista. Es al fin y al cabouna chica de barrio con un trabajo precario y una vida en la que se va hilando una eventualidad que puede volverse permanente, peor aún: rutinaria. Siempre con una sensación de ajenidad ante todo.
Es el estilo incisivo, las frases breves, drásticas, las que nos van dando una idea de quién es la narradora. Se trata de una escritura casi tan metálica como cierta música urbana que nos devuelve una imagen del existir en esta neo-posmodernidad en que vivimos. Quien guste de encontrar una escritura novedosa, un estilo propio y rompedor, sin duda gustará del texto. Atentos al estilo que se vuelve en parte fundamental de la novela, merece la pena una lectura que disfrute de los vericuetos de las frases y de suironía punzante, afilada, algo que se agradece a la autora, Garazi Albizua. En unos tiempos de escrituras tan repetitivas, ha conseguido una novela que brilla por sí misma.
La vida es al fin el argumento de la novela, sin duda por ello nadie quedará indiferente a una narración con tantos ecos de lo que nos rodea.

MADREGILDA
UN RETRATO DE LA POSGUERRA
Sólo una película que no te hable a ti directamente puede ser un retrato que comprendes a la perfección. Las historias de la posguerra han ido de boca en boca desde su inicio hasta los veinticinco años de paz, en los años 60. Todavía se siguen escuchando en tiempos de democracia. Pero fue en aquellos años cuando se realizó el bodrio de película que da culto a la personalidad de Franco. La película es Franco, ese hombre.
Recuerdo que en los primeros años de la transición vivía en mi barrio un hombre represaliado por la guerra y afectado por la posterior miseria de las cartillas de racionamiento, también de paseos marciales de la posguerra donde los más pobres son los más perjudicados, como siempre.
El hombre, al que llamaban Marcos, cuando de chiquillos soltábamos la consigna maldita de ¡viva Franco!, él nos replicabacon gran libertad y rabia enajenada: ¡Hijos de Putaaaa! Nosotros entonces no lo entendíamos, solamente reíamos. No sabíamos ni quién era Franco. Pero el hombre este debió de pasarlo realmente mal. Era evidente dada su reacción.
Y toda esta perorata, sin más preámbulos, me invita a hablar de la película por antonomasia de la posguerra. La película es (Madregilda, 1993). Es una tragicomedia que retrata muy bien esos años de inviernos interminables y de colilleros de cigarros puro como de reuniones clandestinas de los vencedores.
Es una película que, aunque refleja en cierta forma la posguerra y una tragicomedia, hace gracia a ratos. Militares chusqueros, unárabe lameculos y mamporrero, España negra, ya no gris, invernal total.
El elenco de actores es una gozada. Lleva a cabo un paralelismo de la España beata y aburrida de aquellos años a la sombra de su eterna noche de vaho en los cristales.
Aunque nada fiel en el aspecto físico, muy gracioso en el marco de una partida de Mus que tiene fijada la fecha todos los primeros viernes de cada mes por cuatro militares, uno, un cura artillerointerpretado por Antonio Gamero, Millán Astray interpretado por Juan Luis Galiardo, y el personaje interpretado por José Sacristán, llamado Longinos y el Franco que refleja lo absurdo de una dictadura. Juan Echanove le quita negritud al film con su gran habilidad interpretativa y una gracia que se desarrolla en toda la cinta trasmitiendo a través de un caudillo cómico y a la vez pueril.
A través de los rojos, víctimas todos ellos, y por medio deltrasluz, se crea una perspectiva de la posguerra gracias a la buena dirección de Francisco Regueiro quitándole hierro mediante la parodia a los duros años del hambre después de nuestra guerra.
La protagonista en Gilda es Rita Hayworth (interpretada por Bárbara Auer) que hace de madre del niño matutero Manuel, la película Gilda no es más que una mirada atenta a los huérfanos y a los niños abandonados. Toda una metáfora donde Gilda es la madre de esta película y de la posguerra franquista.


Paco Cerdá
Presentes
Alfaguara. 2024
El 20 de noviembre de 1936, primer año de la victoria, se exhuma en Alicante el cadáver de José Antonio, el apellido no es menester añadirlo, y durante once días se traslada en cortejo fúnebre, procesión medio laica, medio religiosa, a El Escorial. Atraviesa un territorio cuyos habitantes no han olvidado el horror de la guerra, una guerra que para muchos, pese a la propaganda y a los deseos pretendidos de nueva era,no terminó el primero de abril del 39, siguió en forma de miedo, represión, miseria, incertidumbre colectiva e individual.
Paco Cerdá nos relata la historia de esa comitiva, pero también va componiendo la infrahistoria, los relatos de vida, de los habitantes de aquellas tierras atravesadas por ella, historias de hambre y desolación, de frustración y vacío, hechos que aún hoy permanecen anónimos por un silencio atroz que se impuso en todas las esferas de la sociedad y que conduce a que sus protagonistas sean pasto del olvido. El anonimato puede ser el destino de los hombres y mujeres que sufrieron aquella historia, olvido reforzado por intereses políticos y una voluntad errónea de pasar página en un momento dado, años después de aquella tragedia de la inmediata posguerra. Merecen a todas luces un ápice de luz, que se sepa lo que ocurrió, no por ánimo de desquite o de vanas represalias, sino por mera necesidad de saber de dónde venimos y de reconocimiento a quienes también conformaron el país, los nadie de entonces.
El régimen buscó la legitimidad en la gloria de sus mitos, el de José Antonio es fundamental, no en vano el régimen glorifica a ese hombre que le proporciona buena parte de la argamasa de la legitimidad ideológica, aunque puede, se insinúa entre líneas, que al Generalísimo y a buena parte de los vencedores poco les importó las razones de su victoria, no había en ellos un afán principista, sino más bien el de reponer un orden social que creyeron amenazado. De hecho, muchos falangistas de primera hora, camisas viejas, sienten que el nuevo régimen no responde a sus ideales. Por otro lado, entre los vencedores hay también mucha pluralidad, no todos tienen una misma posición.Tampoco los mismos intereses, aunque estos crearon mayores consensos. El régimen supo lidiar con tales diferencias. Paco Cerdá también nos muestra en este puzle que es su libro parte de la infrahistoria de estos vencedores.
El resultado es una composición bastante bien documentada que nos da un retrato de una época y un lugar, una excelente descripción de los inicios de la dictadura que pasará por muchas fases, pero que en aquel momento necesita de la exaltación de los discursos y así argumentar su gestión de un modo heroico, a falta de medidas que mejoren la situación del país. Por tanto acude a los mitos, al mito originario de José Antonio, pararelanzar una gloria que a todas luces confronta y se contradice con la realidad.
De este modo, el libro nos va dando una idea bastante amplia y precisa de lo que fue España a partir de una semana en la vida de un país repleto de claroscuros. Un libro a todas luces fundamental para conocer aquel periodo.

Irene Reyes-Noguerol
Alcaravea
Páginas de Espuma
No es tan fácil llegar a impactar mediante la palabra escrita. Que se logre emocionar al lector con esa sucesión de frases que es un texto. Pero un buen escritor logra siempre abrir brechas, acudir a lo más interno de uno mismo, comunicar y provocar en este diálogo que es la literatura un estado profundo de turbación, perplejidad o desconcierto. Incluso a veces se consigue, hay autores que lo logran: despertar algo que va más allá de lo evidente. Su texto entonces conecta con las emociones, se permite conmovermediante una prosa poética tan intensa como versátil.
Hay que ser muy buen escritor cuando, además, se inquieta tanto, cuando uno avanza en esa sucesión de frases cosidas casi con técnica impresionista y que acaban turbándonos.Es lo que consigue la escritora sevillana Irene Reyes-Noguerol con los doce relatos que componen este volumen, Alcaravea, Nos envuelve en una prosa con contornos poéticos, precisos, preciosistas en algunos casos, retazos que a golpe de palabras y frases turbadoras nos sitúan incluso a borde del abismo, sin saber si este abismo al que asomamos está en el relato o en nosotros mismos, lo vamos descubriendo a medida que avanzamos en la lectura. Sólo la maestría permite alcanzar lo segundo.
El lector se va a encontrar unos relatos que requerirán sin duda una segunda lectura, tal es la intensidad del texto. Como la poesía, se necesita volver a recorrer las palabras, el sentido del texto, el dolor de lo narrado o la reflexión de varios de los párrafos. Algunos de los relatos tienen a niños como protagonistas, pero la autora evita la emoción fácil ante un personaje tan vulnerable como un niño, y así conmueven los hechos, la atmósfera impetuosa y recia, la intensidad de lo que se cuenta, incluso la insinuación de la violencia que se aprecia entre líneas. Es lo que logra cualquier relato que se precie.
Irene Reyes-Noguerol, además, se permite experimentar con el lenguaje, asumir retos, arriesgarse, sin que por ello pierdan sus textos ese carácter narrativo que ha de poseer un buen relato. El riesgo de la experimentación es siempre digno de agradecer. No se queda en el sentimiento, en la descripción de emociones, ninguno de los relatos de este volumen se reduce al lenguaje poético sin más, sino que se cuenta una historia, con sus giros, su desarrollo y su sorpresa final. La autora se permite afrontar las emociones sin exhibicionismos ni salidas fáciles, opta por el riesgo, por la dificultad de no ser explícita, pero yendo siempre a lo profundo.
Por lo demás, quien guste del cuento literario se encontrará con una forma novedosa, muy personal, de contar, de desarrollar este reto de trasladarnos una atmósfera sin que sobre ni falte nada. Ya por esto mismo merece adentrarse en las páginas de este libro.