Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Aroa Moreno Durán

Ana Jarén (Ilustradora)

Almudena. Una biografía

Lumen. 2024

Nos dice Aroa Moreno Durán que «el argumento de buena parte de la literatura no es más que un regreso a casa, al origen, sea este geográfico o sentimental». Tiene toda la razón porque la literatura forma parte de la experiencia, es un espejo para el lector, pero también supone una manera de situarse en el mundo, en el tiempo, en la historia. Incluso los relatos más fantasiosos nos marcan nuestra posición en la vida. Y la vida contiene siempre los ecos del pasado. Lo escribió la propia Almudena Grandes en su último artículo citado en este libro, casi al final, un artículo publicado al día siguiente de su fallecimiento: «Cada vida es una consecuencia del lugar en el que se han barajado las historias generacionales y las fugas de los destinos».

Lo que nos propone Aroa Moreno Durán puede parecer en un primer momento unabiografía de Almudena Grandes, una autora a la que conoció, admiró y amó, que le ayudó en ese camino –oficio y disciplina– hacia la escritora que es hoy, por tanto, es un libro también sobre sí misma, una pequeña parcela en la vida de la autora, la lectora y la amiga, expuesta sin exhibicionismo, con mucha humildad y sencillez, con amistad y amor ilimitado, pero también es un libro sobre nosotros mismos, los que compartimoscon ambas escritoras un espacio, un país y un historia, que nos hemos dejado llevar porlos libros de Almudena Grandes que nos ayudan a comprender este nuestro tiempo en el que está tan insertado el pasado reciente. Trata al fin también de nosotros mismos, sus lectores, sus contemporáneos que nos contemplamos a través de la mirada de esta escritora, que entendemos muchas claves del presente gracias a sus libros.

No se trata por consiguiente de una biografía al uso, no es una recopilación de momentos individuales ni un compendio de datos, sino que se trata de una biografíapersonal y generacional, conocemos a una Almudena Grandes escritora y lectora, acompañada de la gente que compuso ese mapa emocional de un tiempo y una épocaque es el nuestro, en el que continúa el impacto de un ayer compuesto no sólo por hechos trascendentes o por heroicidades, sino sobre todo por actos cotidianos. 

Entre líneas, este libro es también una reflexión sobre la literatura, Aroa Moreno Durán nos lanza punzadas de teoría literaria, pero no de una manera sesuda, sino muy práctica. No hemos de olvidar, al fin y al cabo, que lo importante es que una novela impacte en el lector; una novela, como un poema, siempre será un buen texto si logra provocar emoción, recogimiento, si permite mantener ese diálogo que este artefacto que es un libro consigue despertar y que se enlaza con la vida. Luego vendrá la academia para explicar los entresijos del artefacto, pero esto ya es otra cosa.

Formidables son, por último, las ilustraciones de Ana Jarén, que no acompañan, sino que complementan el texto. Nos cuentan por otro medio lo que Aroa Moreno Durán nos relata. Un conjunto, en definitiva, que nos acerca todavía más a Almudena Grandes, y es una invitación a seguir ese diálogo a través de sus novelas.

Cuando se escribe con pureza-suicidas atormentadas-(2ª entrega)-Cecilio Olivero Muñoz

CUANDO SE ESCRIBE CON PUREZA

—SUICIDAS ATORMENTADAS—

(segunda entrega)

Cuando se escribe con el corazón en la mano, cuando se escribe con toda la pureza, se tiembla, se tiembla de miedo, más bien diría entre temor, miedo y demasiadas certezas. Si sigo en este apartamento acabaré loco (más de lo que ya estoy) o quizá acabe maltrecho, herido y todo el día encerrado me está causando estragos. No quiero deprimir a nadie. No quiero parecer víctima.

Es algo difícil de comprender el verdadero dolor de las mujeres, solamente lo comprendes si te gustan y te atraen las mujeres y al mismo tiempo tienes una parte de tu alma que las entiende bien. Son sufridoras por dos razones, la una, por ser mujeres de segunda clase, de segunda categoría, y la otra, y que conste que esta frase pertenece a Sylvia Plath, por aguantar a hombres con penes y testículos como mollejas de pavo. Me pareció una observación escrita con pureza, y muy graciosa. No sé si temblaría Sylvia o se reiría de la comparación. El caso es que tiene una cierta semejanza. Estas mujeres, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf y un largo etcétera eran verdaderas heroínas en la época en que vivieron, entre los años veinte y los años cincuenta. Son mujeres que valen más por lo que no han escrito y callado, que por aquello que escribieron en su momento. Por eso acabaron como acabaron. Creo yo.

No sé si llegaron a temblar cuando escribían, pero la verdad da miedo, y el miedo, hace temblar, da miedo por lo que arriesgaron con hombres machos “alfa” y machistas en el menor de los casos. Se teme la verdad más que decir mentiras o poner una gasa traslúcida en la ficción, que es otra manera más de decir la verdad que hace temblar. No entiendo muy bien a lo que llaman objetivo o subjetivo. Porque hay cierta ambigüedad en los dos términos. Descubrir según qué cosas sobre las mujeres, puede que sea subjetivo, pero lo objetivo, que es lo realmente importante, se esconde como un miedoso tras una bandera de una patria en la que se siente protegido, un miedo a ser tú mismo/a, un miedo de mujer indefensa, un miedo de mujeres relegadas al silencio. Silenciadas y condenadas a fingir.

Cuando acostumbramos a mentir escribimos textos ditirambos y sin esfuerzo. Pero lo realmente puro da miedo, a veces terror, otras pánico. Y el miedo duele, te hace temblar, te aterroriza. Eso, exactamente eso, es objetivo, pero nuestra hipócrita sociedad lo cree subjetivo. Escribir la pureza es temblar. Y cuando escribes nuestra galaxia es un planeta como Venus, totalmente cálido, tan cálido que abrasa. Es imposible la vida en él. 

Ernesto Sábato- A fondo- por Joaquín Soler Serrano-1977

Entrevista a Cecilio Olivero Muñoz por parte de António Raya Castillo y fragmento de audio libro narrado por Xavi Marti- El audio libro se llama Diez plegarias atendidas de Cecilio Olivero Muñoz

Reseña Literaria de Juan A. Herdi

Marianne Wiggins

Las propiedades de la sed

Traducción de Celia Filiopetto

Libros del Asteroide

En febrero de 1942 el presidente Franklin Roosevelt expidió la Orden Ejecutiva 9066. Por medio de ella, se obligó a emigrantes japoneses y a ciudadanos norteamericanos de origen japonés que residían en la costa del Pacífico de los Estados Unidos a reagruparse en diez campos denominados de reasentamiento, lo que levantó no poca polémica en todo el país sobre la naturaleza de tales centros. El motivo esgrimido fue el ataque japonés del 7 de diciembre de 1941 a Pearl Harbor y la medida afectó a cerca de ciento veinte mil personas.

Uno de esos centros fue el de Manzanar, en el valle de Owens, al este de California. A partir de este hecho, la escritora norteamericana Marianne Wiggins nos propone una novela coral, épica, en la que despliega la vida en el valle, ya afectada por las medidas gubernamentales respecto al agua, drenada para su suministro a Los Ángeles y cuyo principal opositor será Rocky Rhodes, el patriarca de la familia Rhodes. Con él y sobre todo con su hija Sunny se relacionará Schiff, el responsable del campo de reasentamiento de japoneses que turbará todavía más aún la vida del valle. 

Asistiremos a las respectivas historias de varios personajes centrales, entre otras las de Sunny y Strykes, hijos gemelos de Rocky, las de Schiff y Svevo, este último militar ayudante de Schiff, las de Snow o las de Cas, la hermana de Rocky. Todos ellos, junto a los otros personajes presentes en el relato, compondrán un retrato de un periodo complicado e intenso, se establecerán vínculos entre ellos y habrá incluso ocasión para estrechar lazos de amistad y de amor, todo ello en un ambiente de conflicto y tensión.

Este mosaico narrativo, además, se va desarrollando de un modo ágil, a golpe de párrafos que son a todas luces retazos de realidad y frases rotundas que no dejan indiferentes. Hay entre líneas una reflexión profunda sobre la realidad individual y sobre la sociedad, con ecos evidentes de H. D. Thoreau, de Walt Withman o de Ralph Waldo Emerson, pensadores que plantean otro modelo de sociedad, un contrapunto a ese sueño americano que al final, visto lo que estaba ocurriendo con la comunidad japonesa, no era tan triunfal ni glorioso como se pintaba. Nos confronta a una visión de conjunto con demasiados claroscuros, una época que determinará la vida de millones de personas que se verán confrontadas a cuestiones éticas. 

Esta novela nos traslada por tanto a un momento determinado de la intrahistoria norteamericana en un rincón del país, es un mapa de hechos y afectos que conforman una sociedad, el eslabón de una realidad que sigue estando vigente, porque al fin y al cabo el pasado nos explica siempre el presente, se integra en él.

25º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Eduardo Halfon

Tarántula

Libros del Asteroide

 

A menudo escribir es evocar y evocar es buscar la explicación de las cosas que fueron, la razón por ejemplo de ese «andar de alguien que no quiere llegar a su destino» o la explicación de esa necesidad de todo niño por «deshacer el mundo heredado» para luego construir el propio, que es en gran medida de lo que nos habla Eduardo Halfon en su nuevo libro. En esta ocasión, además, el tema del mismo es el de la huida. O más bien el de la imposibilidad de toda huida, que es lo que parece indicarnos entre líneas.

Una vez más nos encontramos a un narrador enfrentado a un capítulo concreto del pasado. En este caso el del campamento de niños judíos en Guatemala al que acude a los trece años, cuando ya era protagonista, aunque involuntario, de una primera huida, la de su familia que sale unos pocos años antes de este país por el clima de inseguridad que se vive en él. También su paso por el campamento anuncia otro intento de huida, eldel judaísmo que ese narrador intentará al poco de salir corriendo, literal, del mismo. No es casualidad que reconozca en un momento dado que no haya leído la Torá, libro esencial de sus lazos judaicos, ni tampoco el Popol Vuh, fundamento de la cultura maya, uno de los componentes esenciales de la sociedad guatemalteca, o al menos de una parte importante de ella. Pero está imbuido, es consciente de ello, de ambos relatos míticos. Aunque huya, lo intente al menos, esa huida no deja de ser un ansia heredada, como anuncia la cita de Alejandra Pizarnik con que se inicia este relato, y por lo demás un ejercicio imposible: ambos libros míticos le conforman al fin como individuo.

De este modo, Eduardo Halfon nos confronta de nuevo a los fantasmas del narrador, el pasado individual y familiar que es imposible desligar del pasado colectivo. O de la historia, que tanto determina la vida de los antepasados, los mueve, los delimita. Pero ese mismo pasado colectivo se convierte en un peso a veces insoportable, como lo puede llegar a ser el pasado judío, el lejano, una y mil veces evocado en la liturgia anual, un eterno retorno simbólico, o el reciente, necesitado también de reproducirse una y otra vez, quién sabe si por justificar incluso lo injustificable, o al menos la búsqueda de justificación. 

Es así como Eduardo Halfon nos propone esta composición de momentos muy distintos, de tiempos entrelazados, un puzle que nos permite contonear la atmósfera emocional e intelectual en que se mueve el narrador, para quien las palabras se vuelven en una tela de araña por la que moverse, el pilar esencial con que volver a la vida. En todos los sentidos.

Juan Carlos Onetti-A fondo- por Joaquín Soler Serrano

El siglo XX en una hora

Reseña Literaria-Juan A. Herdi

Mariana Sández

La vida en miniatura

Editorial Impedimenta, 2004

 

Dorothea decide en el último momento no regresar a la Argentina con sus padres y con su prima inglesa, tras unas vacaciones en el Reino Unido. Se atreve a los cincuenta y nueve años a vivir a salto de mata en casas ajenas, al cuidado de los animales domésticos cuyos propietarios parten de viaje y le confían el cuidado de los mismos, actividad habitual entre jóvenes y no tan jóvenes en algunos países europeos, aunque no en Argentina, lo descubre un día por casualidad en un folleto y por sorpresa da ese salto. Hasta entonces, ha sido la asistente personal, biógrafa y secretaria de su padre, conocido pintor inglés que partió de joven a la Argentina por amor.

A partir de ese momento, Dorothea se cruza con personajes singulares, reflexiona sobre su presente, su vida actual, sus logros y carencias, pero también sobre su pasado, la relación con sus padres, sobre todo con su padre, que tanto le ha influido, para bien o para mal es algo que habremos de discernir, y con su hermano gemelo, tan distinto a ella. Nos habla de su relación con Ricardo, un hombre acomplejado que se esconde tras una máscara –¿acaso no ocurre lo mismo con los demás personajes, aun cuando en su caso resulte más extremo?–, y percibe la necesidad de afrontar su realidad, de asumir su vida, su presente.

Su prima Mary ha sido y es su interlocutora, la persona con quien trata y analiza toda esta situación circundante, buscando un sentido a todo ello.

El resultado es una narración dotada de no poca belleza, acerca de la vida y de las decisiones, con sus aciertos y sus errores, y de los temores y la forma cómo resolvemos cada momento, cada circunstancia, y tomamos aquellas resoluciones que nos conforman. Trata en definitiva de la identidad propia en medio del caos, aunque sea ordenado, que nos circunda. Pasado y presente se enmarcan a la perfección y le dan el contexto a todo el relato de ese deambular suyo por varias casas y localidades británicas, confrontándose a las personas que va conociendo y al momento emocional en que se encuentra. Pasado y presente –acaso no hay una línea clara que separe ambos, salvo el hilo que es el tiempo– se cosen de un modo preciso y sin duda el lector no podrá evitar ver en el espejo de Dorothea algunas cuitas propias.

La novela se convierte así en un relato vivaz, con un tono grato, poético, casi un paseo, que nos va envolviendo por completo a medida que se avanza en su lectura.