Un escritor llamado Onoff es detenido en una noche lluviosa en la campiña francesa tras haber asesinado a una mujer. Es capturado por los gendarmes y llevado a una especie de castillo en las montañas. El inspector que lo interroga al averiguar quién es el tal Onoff descubre que es un escritor afamado por él leído. El interrogatorio se convierte en una narración en sí repleta de recuerdos y flashbacks a través de un interrogatorio a dos bandas, en un diálogo interesante el inspector le muestra la contradicción a la cual estamos inmersos. Hay elementos metafóricos que aluden al oficio de escribir y lo que esto supone. Está claro que este escritor ha cometido un delito. La película da un giro copernicano en su final. El comisario indagando en las pesquisas del asesinato, ya que se sabe que el protagonista ha matado a una mujer, al final resulta evidente que es llevado a la cárcel.
Cabe advertir al público lector que no es por casualidad el nombre de Onoff, ya que lleva implícito algo más que el apagado-encendido de un artefacto; el apelativo es una dicotomía existencial que desemboca en lo que significa el nombre en sí. Entiendo que el nombre es una característica entre la dualidad del personaje protagonista y lo que este significa. La dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte, la noche y el día. Es un enfoque donde se contempla al ser humano dentro de una bipolaridad ante esta metáfora evidente.
La cinta es un thriller con alto suspense llevado al teatro y a la gran pantalla. Tornatore nos plantea una metáfora visual rica en detalles como el tiempo adverso que hace en una noche lluviosa. También el cepo que está en los contornos de la comisaría es un elemento metafórico y persuasivo, es un excelente símbolo de que es imposible escapar de la metafísica de la vida. El elemento de la leche caliente es de un simbolismo bastante atractivo. También ocurre que tras haber encontrado una mancha de sangre en su camisa cuando está lavándose en el baño lúgubre de la comisaría es un punto de no retorno, ya que lo intenta destruir y hacerlo desaparecer, pero al ser una tarea imposible acaba comiéndolo.
Otro elemento característico es el ambiente de tormenta y las goteras que tiene el obscuro castillo. Ya que llueve adentro y llueve, como es lógico, también afuera.
Al comienzo, el protagonista se revela contra la autoridad, y se contradice constantemente. Pero al paso de la cinta y la confianza hospitalaria que el comisario (Román Polanski) le ofrece al interrogado se le suelta la lengua.
Al final de la película descubres que nada es lo que se esperaba. Ya que todos pasamos por un interrogatorio a lo largo de nuestras vidas, pero muy pocos pueden omitir las culpabilidades de nuestros errores. Es nuestro deber o no eludir a la justicia, aunque el destino sea lluvia y frío, aunque no imaginemos lo que el destino nos tiene preparados. La vida es como las olas del mar. Aparece una ola y segundos después aparece la siguiente igual e idéntica.
Ya podemos afirmar sin ningún reparo que el cuento literario o relato breve goza en España de buenísima salud. No sólo hay un enorme número de cultivadores tanto en castellano como en las otras lenguas estatales, sino que una gran parte de las editoriales ya le prestan la atención debida, incluso hay alguna que se ha especializado en el subgénero y también se publican recopilatorios de los cuentos completos de no pocos autores, tanto españoles como extranjeros.
Este es el caso de una de las escritoras más interesantes de nuestra historia literaria, Carmen Martin Gaite, que pertenece a una generación de autores que incidieron en el cuento y le dieron además una verdadera carta de naturaleza. Medardo Fraile, que sólo escribió relatos breves, o Ignacio Aldecoa, por destacar a los dos cultivadores principales, fueron compañeros suyos de generación, justo cuando empezaban a llegar a España los escritores latinoamericanos que dieron el espaldarazo definitivo al cuento en el país. De allí que les tengamos que agradecer también a ellos su aportación, así como a otros escritores que, como Manuel Andújar, en el exilio, se dedicaron a la escritura de relatos breves brillantes que hemos de reivindicar y que sin duda tienen que volverse a publicar y conocerse en España.
En este volumen, editado y prologado por José Teruel, tenemos todos los relatos de Carmen Martín Gaite, tanto los de juventud, aquellos con los que comenzó su trayectoria literaria y que publicó en revistas como Trabajos y Días o Revista española, como los que publicó en volúmenes destacados y aquellos que continuó escribiendo hasta el final de su vida.
A través de su lectura, reconocemos las diferentes etapas de la escritora. Pues estamos ante una autora que supo moverse por una variedad enorme tanto formal como temática. Desde el neorrealismo hasta la imaginación desbordante, sus relatos se renuevan y avanzan por las temáticas que reconocemos también en sus novelas y también en sus textos sobre hábitos y costumbres del país. Apreciamos también ese gusto por el detalle, algo que convierte a todo cuento breve que se precie en una verdadera joya.
Estamos en definitiva ante un volumen imprescindible que todo lector de Carmen Martín Gaite apreciará sin duda y que puede ser también una buena introducción para quien no haya entrado aún en las páginas de una de las grandes escritoras españolas.
COSMOGONÍA: El Verbum Originis y la Memoria Inmanente del Cosmos
(Extracto del Liber Totius Sapientiae, Volumen I: De las Causas Primeras. Capítulo: El Acto de Separación.)
Desde la aurora de la conciencia, el hombre ha dirigido su mirada al vacío pretérito, anterior a cualquier forma, preguntándose por el origen y la causa primera. El mito de la creación, o Verbum Originis, nace de esta contemplación primordial: no es un registro histórico de eventos, sino una narrativa simbólica forjada para ordenar el caos, conferir sentido a la Existencia y codificar la relación ontológica entre el espíritu humano y el universo.
Más que meras fábulas, estas historias fundacionales operan como manifestaciones reveladas del pensamiento universal. Cada civilización edificó su propia cosmogonía, su propio espejo del cosmos, pero todas comparten la intención suprema: transmutar lo desconocido en un espacio inteligible, donde la vida y el mundo adquieren coherencia.
El mito de la creación es, en esencia, una meditación poética sobre la memoria del cosmos, un intento de trazar las líneas que conectan la materia elemental con el principio espiritual, la naturaleza fenoménica con la conciencia reflexiva, y la flecha del tiempo con la esfera de la eternidad.
I. Las Tradiciones del Nun: La Separación del Caos Primordial
En los grandes crisoles civilizacionales (Mesopotamia, el Kemet egipcio, la Hélade y la India Védica), los mitos describen invariablemente un mundo que emerge de la indiferencia primordial, entendiendo la palabra “indiferencia” en el sentido de indiferenciación. En la tradición Sumeria, los dos principios (Enki y Nammu) dan forma al Universo a partir de las aguas iniciales; en la cosmogonía egipcia, Atum se erige sobre el Nun (el Océano Primordial) para manifestar a los dioses; en la Hélade, el Caos preexiste al Kosmos organizado por las fuerzas telúricas (Gea) y celestes (Urano). El Caos, que fue lo primero que existió, era concebido por los griegos como una grieta, como un espacio ahuecado y desgarrado de sí mismo que sólo así permitiría la existencia de todo lo demás, o como una boca abierta.
Estas narrativas no solo articulan los fenómenos de la naturaleza; proveen un marco moral y estético instruyendo al hombre para discernir el orden y la armonía en medio de la confusión inherente al mundo sensible. El acto de la creación, según estas tradiciones, es una mímesis del pensamiento divino: separar, organizar, nombrar y comprender. El mito refleja la capacidad humana de imponer sentido sobre la incertidumbre y de transmutar el caos en la belleza del cosmos.
II. Arquetipos del Origen y la Dualidad del Pensamiento
La estructura de los mitos fundacionales utiliza símbolos arquetípicos y universales: el Agua como sustancia de origen, la Tierra como matriz de la manifestación, la Luz como principio de la Conciencia, y el Cielo como principio del orden. Cada elemento opera como un arquetipo, evocando ideas inmutables sobre el ciclo de la vida, la muerte y la naturaleza.
Por ejemplo, el acto de separar el cielo de la tierra simboliza la dualidad inherente al pensamiento humano: la tensión entre lo material y lo espiritual, lo temporal y lo eterno. La creación de los primeros seres refleja la necesidad de dar forma a la gnôsis y al lenguaje articulado, mostrando que el mundo fenoménico y la mente se crean mutuamente en el acto de nombrar, en la acción trascendente de pronunciar los nombres verdaderos de las cosas.
Estos símbolos persisten en las Artes Mayores, la literatura iniciática y la filosofía esotérica. Cada cultura, aunque diversa en su expresión, revela un mismo impulso creativo: descifrar el Origen, codificarlo y transmitirlo, manteniendo activa la memoria cósmica a través de imágenes, ritos y la invocación de la Palabra Sagrada.
III. El Verbum como Imperativo Ético y Armonía Ontológica
Más allá de su valor narrativo, las cosmogonías instruyen que el acto creador está indisolublemente ligado a la ética y la sabiduría. Crear implica discernimiento, orden, y una responsabilidad con el equilibrio: el creador establece límites, define la proporción y otorga un sentido teleológico.
En numerosas tradiciones, la creación no es un acto arbitrario. Cada ser, cada elemento, cada orden en el cosmos refleja una armonía preestablecida, en detrimento de cualquier libre albedrío. La humanidad, en este caso, es conminada a respetar ese orden y a mantener la coherencia entre su acción y su existencia, resignándose y sometiéndose al designio universal y al eterno retorno de lo incomprensible.
IV. El Vacío Creador: Un Origen Mitológico Común
A pesar de la deslumbrante diversidad de panteones y narrativas heroicas que pueblan las mitologías humanas, existe una convergencia profunda en la concepción del origen universal: la intuición de un vacío primordial desde el que surge toda la existencia. Desde el Ginnungagap nórdico, abismo que precede a la creación, hasta el Nun egipcio, el agua caótica y oscura de la que emerge la primera tierra, o el concepto del Caos griego, un espacio vacío e ilimitado, innumerables culturas conciben el universo emergiendo de la ausencia. Este «vacío creador» constituye la matriz universal, un estado de potencialidad infinita preexistente al primer acto divino. Si bien los diferentes mitos y dioses concebidos por cada civilización —creados a imagen y semejanza de cada una de ellas— difieren radicalmente entre sí, el punto de partida cósmico se intuye como un denominador común: la manifestación de la luz, la forma y el orden a partir de la inmensidad informe y vacía.
El Ginnungagap, el Nun o el Caos eran umbrales. En particular, el Caos se concebía como un desgarro, una hendidura o una boca. Lo que salió de ella, por tanto, ya no era el Caos. Era la narración del mundo o el fondo cósmico de microondas; o el nombre pronunciado de las cosas o el vagido susurrado de lo que deberían ser; o quizá sólo el bostezo de un demiurgo.
Nada de eso importa. Lo que debe tenrse en cuenta es que todas las culturas humanas coinciden en que hubo un Origen, y que ese origen era la Nada. Y que de esa Nada salió todo lo que es y existe.
Empeñados en ser ganadores y no perdedores, todos nos confrontamos con un rotundo porqué que nos hace entender la esencia de esta vida. Pierden los personajes de esta película la insensatez a medida que van soltando el lastre incómodo que los hace febles y frágiles.
En una familia de cuatro miembros, con dos personas más como añadidura, todo acaba siendo un “ahora más difícil todavía” como en un circo de cachivaches oropelados.
La niña, la pequeña miss sunshine, está obsesionada con los concursos de misses. El padre es un profesor de autoestima y liderazgo, aunque un perdedor en potencia, con altas dosis de moralina y con una sensatez podrida. La madre, una ama de casa frustrada, a la que percibimos claramente como una madre a la que estamos acostumbrados, por eso la adoramos, y el hermano mayor también es un colmo de obsesiones, ya que ha hecho voto de silencio y quiere ser piloto de avión, pero el tiempo le va dando una colleja que también acaba por enamorarnos.
En esta ensalada sin gluten se unen dos personajes más, el abuelo, que es un yonqui y un sibarita del placer inmediato a una edad madura, y el cuñado gay, un intelectual experto en Proust, abandonado por el novio y que acaba en un intento de suicidio fracasado, lo que desemboca en su ruina afectiva, aunque no moral.
Hay que dar énfasis en la palabra “perdedor”, ya que es late motiv de toda la familia, es el gran acicate del que todos tratan de huir como si de una enfermedad contagiosa se tratara, y todo el plano envolvente a esta ácida foto de familia parece divertirnos con el bálsamo repleto de sarcasmo y realidad. La película está repleta de guiños al espectador. Es como si quisiera hacernos entender que hay cosas mejores que el hecho de ser un ganador, o del acto casi fantasmagórico de ser un perdedor nato, que es lo que todos somos en realidad.
Al final acaba la familia en un conmovedor viaje del que, de manera divertida, la familia vive una aventura tras otra para que cada cual recobre sus señas de identidad como personas en su plena esencia.
Todos los personajes van siendo desprovistos de una condición sensata que los acaba desengañando a medida que el viaje avanza. Todos tienen un concepto de la vida que nos acaba conmoviendo.
Parece que nos invita a ser felices antes de ser como la sociedad dicta y quiere que seamos. Y acaba por darnos un mensaje sublime y no subliminal, ya que es evidente, que hay que ser felices sin luchar por clichés, tópicos irrelevantes y estereotipos sin importancia.
Es todo un código de conducta que todos nos debiéramos de aplicar porque la vida es breve.
El dinero no da la felicidad. Solemos decírnoslo a menudo. Pero tenerlo tranquiliza bastante, no nos cabe ninguna duda: aporta algo de sosiego, lejos de la angustia que supone no tenerlo, esa preocupación que corroe cuando nos falta o cuando nos enfrentamos a una de esas crisis que nos afectan cada poco tiempo, cada dos o tres años. Lo estamos comprobando en este primer cuarto del siglo XXI tan poco estable y lo conocen bien los argentinos, que vivieron aquel periodo del corralito que puso patas arriba a todo un país, sobre todo a la tan nombrada clase media de límites siempre tan inconcretos, que parece haberse agrandado en los últimos decenios, pero que puede que sólo sea un mero concepto indefinido, un invento de cierta sociología posmoderna.
La escritora argentina Carmen M. Cáceres nos presenta en esta novela corta, tan irónica como aguda, una anécdota de ese espejismo que es el dinero. Una zagala y su padrastro, su «segundo padre» lo llama ella, acuden al banco para llevarse el dinero ahorrado en las cajas de seguridad de la sucursal, temerosos los padres de que el corralito se extienda a otros ámbitos financieros más allá de las cuentas bancarias. La muchacha ha de trasladar el dinero pegado a su cuerpo, a quién se le ocurriría robar a una adolescente, casi una cría, y la anécdota le llevará a la joven a reflexionar sobre su vida, su pasado, sobre ese lugar llamado futuro y sobre esa realidad que es «una puja de distintos planos como placas tectónicas (…)».
Asistimos de este modo a un relato emocional, pero también reflexivo de un momento concreto en el que el dinero se vuelve no lo que hemos considerado siempre, esto es, lo que nos permite un mínimo bienestar material, sino algo etéreo, más bien fruto de la fantasía colectiva y al que hemos atribuido en cierto modo la condición de masilla social. Determina las relaciones en la comunidad, el trato entre vecinos que comparten un espacio físico, pero no un espacio mental, y sobre todo un modelo social homogéneo, el de la clase media antes mencionada, aunque todo indica más bien que el concepto clase media es el nuevo estándar al que tender.
De este modo, la novela, directa, sin ornamentos, cáustica en sus retratos de los personajes, las relaciones y las circunstancias, nos muestra esa intrahistoria que nos permite entender no pocos mecanismos sociales. No en vano, Marx afirmó que fueron las novelas de Zola la que le permitieron entender la economía de su época, sin duda porque introducían elementos que los estudios sesudos de economía no suelen incorporan. Así, esta novela, como insinúa el título, se vuelve una reflexión sobre la realidad tan ficticia como actual de las clases sociales, explicando en gran medida lo que es el ahorro, los caprichos de la economía o el origen de las fortunas familiares.
En el mundo de Pia todo ha cambiado tras su regreso a casa. Tras haber estado ingresada en un hospital psiquiátrico sus seres queridos esperan un cambio por su parte, ya que todo indica que es un hogar roto. A pesar de que Pia pretende llevar una vida normal, todo resulta casi imposible.
Los antiguos amigos y hasta su (antes) novio siempre le preguntan lo mismo: Pía, ¿va todo bien? En su pequeño mundo hay un estigma implacable como un tatuaje imborrable, y sus seres queridos tienen el vínculo afectivo hacia ella tocado y hundido.
Se acuesta con tipos que no son el ideal de amor que ella busca, pero para una noche de sexo le valen. Su vida ha cambiado de manera tan drástica que se replantea dejar la medicación y volver a ser aquella que era antes.
Cuando deja la medicación su vida se convierte en un caos, y hace cosas que perjudican más a su entorno familiar, aunque también tiene todo aquello que buscaba, pero Pia no está bien. Su familia pierde la esperanza antes depositada en ella al salir del psiquiátrico.
Siente nostalgia de un pasado idílico, puro, con un sol enorme que echa de menos y tras entrar en crisis comprende que ya no puede recuperarlo. Es esclava de la medicación psiquiátrica, y por ello la vida le obliga a regenerar todo aquello por lo que valía la pena vivir.
Esta película alemana es recomendable para todo aquel que sea enfermo de esquizofrenia y también para psiquiatras, familiares y amigos.
En un primer planteamiento todo tiene sentido y se pierde en el sinsentido. Es muy importante hacer la vida de estos enfermos más llevadera, eliminar también la marginación originada por el estigma social. El mundo de Pia ya no volverá a ser aquel que era.
Como en el caso de Pia, cada cual, en su peculiar manera, 24 millones de pacientes sufren los mismos síntomas que nuestra protagonista en el planeta. La cinta es una joya que afronta de manera interesante y profunda la enfermedad de nuestra protagonista, sobre todo estando en crisis, con un inocente y luminoso corazón siempre, ya que te enamoras del personaje, te enamoras de Pía.
Vale la pena no perder detalle de esta película que tanto ha gustado en Berlín y también ha sido sorprendente para el semanario The Hollywood Reporter.
El caso de Pia es muy común en esta sociedad de vértigo y miedo acuciante, muestra el día a día de los enfermos de esquizofrenia, siendo su psique un pozo de beligerancia in extremis. La recomiendo fehacientemente. Aunque es como un bálsamo reconfortante de consuelo, pero está rodeada de fuego.
Sin duda, Lars Von Trier es un cineasta irreverente y con una opinión a menudo polémica. Establecidas las reglas en el manifiesto Dogma 95, estamos ante todo hablando de un innovador que resulta sardónico, explícito y con un cine sin ningún parecido al hollywoodiense.
En su película titulada Los Idiotas, una muestra de expresión totalmente ácrata y totalmente incómoda en la que un grupo de jóvenes daneses se fingen enfermos psicológicos como si fuese un juego o una broma, un tanto macabra, hay que decirlo, vemos a un cineasta peculiar a la manera más verídica y valiente.
Siguiendo una trayectoria siempre ácida y mordaz, a la vez que única y original, nos conduce donde quiere. En películas como Melancholia o Nymphomaniacvol. 1 y Vol. 2, lleva a cabo un alarde de cinematografía que no deja a nadie indiferente. Todo ello sin efectos especiales y de la manera más natural.
Lo vemos como un director y guionista de culto, también un excelente director de fotografía. En el festival de Cannes hizo unas desafortunadas declaraciones sobre Hitler y el holocausto. Hecho por el cual la dirección del festival lo descartó para futuros festivales declarado como persona non grata. Pero aún así, lo considero el director más valiente e interesante de toda la filmoteca europea.
Ya apuntaba maneras con su película final de carrera en la escuela nacional de cine de Dinamarca,titulada El Elemento del Crimen, que dejó anonadados a profesores y alumnos, por su contenido sugerente y original.
Hoy por hoy es un director que se sale de lo normal rompiendo el mar helado a golpes de hacha, como diría Frank Kafka. Es inevitable que no sea polémico, con una ambición desmesurada, pero juega con luz natural e historias interesantes (que a veces sientes o te hacen sentir vergüenza ajena) que rozan el disparate, y el absurdo como denuncia social.
Él es parte del movimiento Dogma 95. Huelga decir que en su trabajo la iluminación natural, los planos secuencia y ningún atisbo de efectos especiales vuelven su cine talentoso, con personalidad propia y con un sello cinematográfico con la conscientemente impronta tan suya que yo creo que si no polemiza revienta, no lo puede evitar, ya que le gusta meter el dedo en la llaga.
En las dos entregas de su proyecto Nymphomaniac paga un alto coste, ya que es tan puro y convincente como la verdad misma. Rozando la pornografía, recuerda a las películas nórdicas, aquellas que veía en los cines X el protagonista TravisBickle, de Taxi Diver, en el gran maremágnum neoyorquino.
Vean a Lars Von Trier. Les dejará estupefactos a veces, otras, nos hará reír, pero es divertido que un cineasta tenga su propia y legítima personalidad cinematográfica.
La filmografía de Bigas Luna es de una intensa sugerencia sexual, con una violencia de género que no te deja indiferente. Posee imágenes de erotismo con fantasías provocadoras que, viendo la gran filmoteca que abarca, le convierte tal vez en todo un advenedizo filántropo sexual.
En ellas encuentras fantasías erótico-sexuales y también surrealismo. Algunas de sus películas están catalogadas como películas de culto. En una película de culto debe haber un factor original y que hagan meditar al espectador o destapar, también, las tendencias más hilarantes y corrosivas por medio de las imágenes donde repasa toda una clase de atributos dentro de la sexualidad para quien que las vea.
El cineasta catalán lleva al erotismo todo un sinfín de imágenes que convierten al espectador en voyeur único de la experiencia cinematográfica. En todas sus películas hay un sugerente guiño al espectador. Encumbra lugares como Bilbao, la Catalunya de la costa, Barcelona, al tiempo que homenajea el mar y todo lo que eso conlleva.
En algunos casos resulta inquietante, transgresor y es un innovador en la filmoteca catalana y española. Creo que sería importante enumerar grandes películas.
Como por ejemplo Caniche y Lola, también Bilbao y Jamón, Jamón, o Bambola, en todas ellas hay una vertiente sexual, pero también violenta en los que concierne al aspecto masculino contra la feminidad.
Es cine erótico, la mayoría, ya que en sus películas resalta temas como la zoofilia, la vertiente masculina y femenina en un plan muy acentuado sexualmente destaca toda la curiosidad del sexo como un gran tótem de alta tensión. Le gustan las imágenes sugerentes que en el argot erótico tienen mucha versatilidad.
Cabe destacar películas que se han aposentado en nuestro ideario colectivo como lo son Huevos de oro, o La teta y la luna. Donde hace todo un homenaje a la charnegada del momento.
Pero en otras películas se pone serio, y además de atraer hacia el voyeur fílmico cierto bagaje de culto, también es capaz de hacer crítica social, crítica histórica, y crítica algo chovinista a ratos, siendo detractor y admirador de una gran dignidad en los aspectos más plurales de la España de esta catalanización, tan actual como frenética.
Huelga decir que empezó escribiendo relatos, y estos fueron llevados a la pantalla en lengua catalana. También es un gran admirador de Dalí y las barretinas, y del estereotipo surrealista por antonomasia. Siempre fecundo en el mundo de los sueños. Es un gran entusiasta de los planos oscuros en su filmoteca de los primeros años como cineasta. Pero en última estancia resulta más luminoso y todo un gran admirador del mar y su guiño al espectador que haya visitado la costa catalana en alguna ocasión.
Podemos catalogar a Bigas Luna como un gran entusiasta de contar historias haciendo énfasis en la feminidad y en detalles primitivos, a la vez que modernos. Es todo un lenguaje visual que nos hipnotiza y nos evade abstrayéndonos hacia la perversión sexual y la moraleja que todo narrador de historias debe llevar a cabo.
Son personajes todos muy de la tierra de España, con elementos icónicos y representativos de la cultura occidental, y con detalles humorísticos y también trágicos. Su actor fetiche es Javier Bardem. Este director toca todas las vertientes musicales, desde el folclore francés hasta el flamenco, desde la música clásica al ambiente psicodélico, desde la música máquina a las sevillanas.
Es preciso recordar títulos como Yo soy la Juani donde fotografía de manera excelsa la juventud de extrarradio alrededor de las grandes urbes catalanas.
Es todo un crítico de la sociedad actual. Vean al gran Bigas Luna. Vean su filmoteca. Murió en 2013, justamente el 6 de abril. El mejor homenaje que se le puede hacer es ver su cine.
Si le dieran a elegir a Miguel Ángel entre vivir en su renacimiento o en nuestra época, estoy seguro de que elegiría la nuestra. O no.
La variedad de herramientas, de posibilidades y de recursos actuales le alucinaría, sin lugar a dudas, como si hubiese tomado peyote o un alucinógeno, si se me permite afirmar.
Es evidente que a Jaume Plensa le ha correspondido la mejor época para vivir y crear, tal y como él ha creado. Ya que es el artista escultórico y plástico más paradigmático después de Antonio López. Aunque sean de disciplinas distintas.
Viendo la obra de Jaume repartida por todo el mundo, no sé si el concepto de belleza sería el mismo que sí nos trasladamos al renacimiento de entonces. Diría que Plensa es el creador que ha sabido optimizar y configurar los recursos de hoy para sus piezas escultóricas, tal y como lo haría desde su lenguaje artístico.
Es todo un innovador dentro de su época, de su revivir y para vivir en torno al arte. Es imprescindible que el arte conviva con las personas en lugar de situarlo en la Capilla Sixtina o en la Academia de Florencia.
El arte de Jaume convive con las personas, convive con los pequeños, con los mayores, con la gente de a pie. Ya estamos acostumbrándonos a convivir con el arte como si fuera patrimonio de todos. Como si tuviera algo nuestro, nuestra impronta.
Los museos ahora nos dan cierta pereza, ya que el arte ha dejado de ser un hábito consumido por burgueses y gente rica, para situarlo en nuestras ciudades, en nuestros lugares emblemáticos a los que siempre acudimos como parte de nuestro paseo y nuestra manera de ser o hacer turismo.
Por ejemplo, hay una obra en Chicago de Plensa donde convive perfectamente con la gente de a pie. Es una obra tan innovadora y expresiva que posee un mundo de generosa convivencia, el hecho de convivir y tender al acto de ser felices, de jugar y reír, de disfrutar, ya que conjuga agua, y vídeo dedicado a la gente, a los niños, a los viandantes. Como si crear fuera una gran dedicatoria para todos.
Imagínense una cosa. La pieza de Jaume es como una fuente y desde la boca de la foto/video sale un gran chorro de agua (que la hace divertida) como si este chorro saliera de la boca y, según cuenta el creador, realizó varias fotografías de distintas maneras y facciones en cada fotografiado. Con lo cual, resultó un video curioso que ejercía de escultura totalmente inusual con leds y con su gran mensaje, ya sea para divertirse o para contemplarla, o incluso para tocarla.
Imagínense a un figurante de la obra que fallece y que los familiares van a verle representado en la fuente, pues es una historia en sí misma. Es decir, que Plensa no sólo ha creado una estatua interactiva, sino que también un memorial para aquellos que ya no estén con nosotros.
Es ahí dónde está la genialidad de Jaume Plensa, no es sólo un creador de vida. Es la vida en su esencia más pura.
Este discurso es el que iba a leer Antonio Machado para su ingreso en la RAE. Las circunstancias y el destino trágico del poeta lo impidieron. Estuvo con el bando derrotado, aunque como dijo el propio Machado, «la guerra la hemos perdido, pero no creo en realidad que la hayamos perdido, yo no diría tanto.»
Se ha tardado demasiado tiempo en poderse escuchar sus palabras en público. Fue José Sacristán su orador. Antonio Machado murió en Colliure (Francia), tres días antes que su madre. Pero puede que en realidad Machado no esté muerto. Su obra persiste y, con ella, su autor.
Esta revista quiere hacerle un homenaje al poeta y a todos aquellos que se exiliaron de España.
Antonio Machado, heredero del modernismo que Rubén Darío trajo a España, fue un adelantado en muchos aspectos. Se preocupó por el medio ambiente y logró trasladarnos una fotografía en sepia de aquella España analfabeta y con hambre. Defensor de la Institución libre de Enseñanza, cuando publicó Campos de Castilla, Unamuno lo definió como lo más espiritual que se había escrito en España.
Fue un ilustre catedrático de francés, lengua culta por antonomasia. Y consiguió su cátedra a pesar de su mala letra. Escribió sobre el asesinato de Federico García Lorca. Siempre Federico. Siempre Don Antonio.
Recordemos unos versos que definen a la España que todavía hoy persiste en cierto modo, la España de siempre:
Por las tierras de España (III)
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,