abril 21, 2024
Categorías: Vídeos . Etiquetas: Cecilio Olivero Muñoz, nevando en la guinea, poema erótico, revista literaria trimestral digital, video . Autor: nevandoenlaguinea . Comments: Deja un comentario


Ana Rodríguez Fisher
Antes de que llegue el olvido
Ediciones Siruela, 2024
Semanas después del suicidio de Marina Tsvietáieva, a finales de agosto de 1941, Anna Ajmátova recibe la fatal noticia, lo que la consterna profundamente. Es la suya una relación a distancia, epistolar sobre todo, pero también poética, se leen con enorme interés, y de gran complicidad, la de dos escritoras que viven y sufren unos tiempos complicados e intensos, una época de enorme creatividad cultural, pero también de una crisis social absoluta que alcanzará unos tintes de tragedia no poco turbulenta.
Es la evocación de toda aquella época, los primeros cuatro decenios del siglo XX, lo que Ana Rodríguez Fisher nos describe en esta novela, relato en forma epistolar, una larga carta escrita veinte años después de aquella muerte, y que nos evoca, desde la perspectiva de la poeta superviviente, toda una época crucial, narración añorante de la libertad creativa, pero que estremece también por unos hechos imposibles de prever, sangrantes hasta el horror, por completo absurdos y despiadados.
A través de los ojos de Anna Ajmátova recreados por Ana Rodríguez Fischer asistimos a un tiempo de enorme libertad creadora, de imaginación y de nuevas miradas a la realidad, pero también contemplamos unas dinámicas sociales que anuncian transformaciones sin igual que ya contienen en su seno la tragedia a venir. Las dos escritoras, junto a los artistas de su tiempo, son testigos de la crisis en Rusia y de la Revolución, de las dificultades que entraña un proceso de transformación como aquel, de las violencias desatadas y de los cauces no previstos que llevarán a una tiranía sangrienta, caprichosa, reaccionaria a todas luces, pero que se vuelven por desgracia imparables y cotidianos.
Se entrecruzan lo personal y lo colectivo, lo íntimo y lo comunitario, las reflexiones y las emociones a flor de piel, todo ello aparece en esta carta que es necesaria escribirse antes de que todo se diluya en el tiempo, de que llegue el olvido y desaparezca para siempre de nuestro recuerdo ese estado de ánimo que la literatura del momento logró transmitir. Con un estilo intenso, sin tregua, la autora nos reconstruye con agudeza la atmósfera vehemente que se impuso en las calles, en los cenáculos artísticos, nos muestra todo el amor por la literatura y el arte, que es amor por la vida, de toda aquella generación de artistas rusos que fueron testigos de un mundo que se les escapó de las manos.
De este modo, esta novela es un bello homenaje a un tiempo único, a una generación de creadores que procuraron ampliar la libertad absoluta a la vida cotidiana, amenazada por las tiranías del momento, aunque no por ello, en su peor momento, se dejó de buscar la belleza a través de las distintas artes.

Pasó toda su infancia de un orfanato a otro, sus padres lo dejaron cuando no había cumplido seis años, la vida que llevaban se puede decir que no era la más adecuada para educar a cuatros hijos, con poca diferencia de edad entre ellos y las continuas peleas entre el matrimonio hacía imposible la convivencia, las penurias era lo único que les sobraba.
Lo intentaron adoptar varias veces, pero a los pocos días lo volvían a llevar al orfanato, porque no se adaptaba a la vida ordenada de una familia normal o su rebeldía lo hacía imposible.
Luego en la adolescencia ingreso en varios centros de acogida, hasta que al cumplir la mayoría de edad salió para ingresar en el ejército.
De sus padres no tenía noticia alguna, igual que del resto de sus hermanos, así que no había nada que le retuviera o por quien preocuparse y nadie lo hacía por él.
Su vida no había sido fácil, los castigos eran continuos en los centros donde estuvo y eso le hizo ser más duro con los demás, sus sentimientos estaban muy escondidos dentro de sí y no los mostraba más que para defenderse de quien desconfiara.
En el ejército viajo a varios países en conflictos bélicos, a otros en ayudas humanitarias y eso le hizo ver la realidad de la vida y aprender a valorar, se dio cuenta de que no se puede vivir sin unos objetivos y sin tener a nadie que le espere a uno.
Sentía envidia de los compañeros cuando volvían de algún permiso y lo habían pasado con sus familias, él cuando estaba de permiso no sabía dónde pasarlo, por lo general lo único que hacía era emborracharse y deambular por las casas de cita, tenía una vida desordenada sin que nadie se preocupara por él, ni la obligación de dar explicaciones a nadie.
Los tres años que estuvo lo endurecieron aún más si cabe, se hizo experto en artes marciales y el manejo de las armas no tenía secretos para él.
Así que cuando se licenció, no sabía lo que haría con su vida para cuando agotara el dinero ahorrado en los últimos años, pues no tenía estudios superiores y su experiencia anterior al ingreso en el ejército, se reducían a trabajos esporádicos.
Su afición a la vida nocturna se hizo habitual y las visitas a los clubs de alternes lo llevó a conocer ese mundo como a la palma de su mano y al cabo de una temporada lo contrataron en uno de ellos como seguridad para mantener el orden del local.
Era muy bueno en su trabajo y eso le hizo ser conocido en ese mundo, pero a la vez temido, porque no tenía piedad con quien osara pasar el límite en alterar el orden en el establecimiento, lo que le aportó muchos enemigos y a la vez rodearse de gente al filo de la legalidad.
Hasta que una madrugada al dirigirse a los aparcamientos para recoger su coche le estaban esperando un grupo de personas nada amigables, para vengarse del último altercado que tuvo la noche anterior.
Él se defendió hasta quedar tendido en el suelo sin conocimiento y cuando se despertó en la cama de un hospital, se dio cuenta que estaba esposado a los barrotes de la misma y un policía en la puerta de la habitación, que al comprobar su reanimación llamó al médico y a la jefatura para interrogarle.
Le preguntaron por una persona, que encontraron junto a él cuando acudieron al aparcamiento, tras recibir una llamada pero ésta persona yacía sin vida con un puñal clavado en la espalda.
Pasaron varios días y las heridas casi curadas le dieron de alta en el hospital, esposado lo condujeron ante el juez y después del interrogatorio lo dejaron en libertad, no antes de informarle la obligación de estar localizable y no salir fuera de la ciudad.
Él no recordaba muchas cosas de la pelea, solo que eran varios y se defendió como pudo con los puños, pues no llevaba armas de ningún tipo, recibía golpes por todas partes y él daba a quien más cerca estaba hasta que cayó al suelo, después nada hasta que despertó en el hospital.El culpable de la muerte esta vez escapó de la justicia, porque después de varios meses presentándose en la comisaría de policía todas las semanas, lo citaron para el juicio por la pelea que él se vio involucrado.

Clara Obligado
Tres maneras de decir adiós
Páginas de espuma, 2024
Como el personaje Teo, un viejecito que habla con metáforas para entender el mundo yque aparece en el primero de los cuentos, Clara Obligado nos propone en los tres relatos que componen este libro una profunda reflexión sobre la muerte, el amor, la soledad, las relaciones o el propio acto de escribir, entre otros temas, a través de las historias de tres mujeres. La autora va concadenando, como eslabones de una cadena, las diversas reflexiones y, de este modo, crea una atmósfera, que es al fin lo que caracteriza todobuen relato, atmósfera en este caso que crea no poca turbación y que no dejaráindiferente al lector, resulta imposible mantenerse ajenos a un sobresalto continuadoante cada una de las historias. Es en definitiva lo que siempre transmite todo autor que se precie, pero hay también en los tres relatos cierta luz a pesar de las pérdidas y las ofuscaciones que se nos cuentan.
Lo apunta una de las mujeres, la que protagoniza el segundo de los relatos: «Escribir es cantar y fantasear con la eternidad, escrutar la muerte, la tuya, la de todos. Sentir pena por tu propia ausencia, llorarte». Se transmite mucho desasosiego, al fin y al cabo, se afirma en el libro, no se puede escribir si hay belleza, pero cabe también en este libro mucha esperanza gracias a la actitud de las personajes que resulta, en los tres casos,muy digna, y que lleva de forma inevitable a simpatizar con ellas, a apasionarnos con sus avatares, a identificarnos incluso con sus vidas y con las reflexiones que se van desprendiendo en cada párrafo.
La prosa contribuye a que el sobresalto en el lector sea mayor, unas frases que son como punzadas, que turban, que envuelven lo que se cuenta y lo que se dice, con una maestría que sorprende e incluso conmueve. Sin duda estamos ante un libro que hay que leerse con calma, degustando el estilo, e incluso puede que requiera releerse sin mucha tardanza una vez se haya acabado su primera lectura.
Por otro lado, hay también un diálogo con otros autores, la mexicana Socorro Venegas o la canadiense Alice Munro se vuelven en algún momento interlocutoras de la autora, y sobre todo este libro establece un hilo conversacional con la Odisea, o quizá sean las tres protagonistas quienes tienen a Penélope como interlocutora mientras la esposa de Ulises teje su sudario. Al fin y al cabo la originalidad es eso, volver una y otra vez a los orígenes y a los libros que nos inspiran para reescribir la vida una vez más.

A mayor sufrimiento en vida del poeta o la poeta que se suicida, mayores serán las dádivas y los homenajes póstumos. Pero si en vida no le hacían ni caso, después de muertas todo serán elogios.
Hablaré de mujeres poetas. Por ejemplo, Alejandra Pizarnik, en vida no querían su poesía, aburría, cansaba, bostezaban de tedio, pero, una vez muerta, todo eran halagos y reconocimientos. Cuando ya no le iban a servir de nada. Porque dejó este mundo apartándose del carnaval rutinario. Otro caso que me llama la atención es Virginia Woolf. En vida era una lesbiana loca con esquizofrenia y justo cuando murió ahogada en un río todo devino lisonjas y buenas críticas. Se tiene muy poco en cuenta y nadie dice nada, pero estas mujeres están relegadas al olvido en vida y tienen el denominador común de que vivas no eran leídas, y fueron suicidas ejemplares. También ocurre el caso de Sylvia Plath. Hasta que no murió por el monóxido de carbono del horno de gas no tuvo ningún reconocimiento. Y todas eran unas grandes poetas, pero la vida ha sido mala e injusta con estas mujeres.
Decía Jim Morrison: —quieren tu muerte, hecho pedazos (…). Y sí es así la vida de un escritor/a, no vale la pena el agasajo estando ya muerta. Hay mujeres, muy buenas poetas, que imitan a estas tres mujeres. Pero, en fin, peor es que no hablen de ti ni muerto. No es cuestión de vanidad, es justicia poética.
Es malévolo el porvenir hipócrita hacia estas mujeres y huelga decir que tanto hombres y mujeres suicidas han escrito con ese destello tan extremadamente brillante por tener la valentía de plasmarlo en negro sobre blanco. Eran poetas atormentadas, su legado es el mayor homenaje que podemos tener, leerlos, disfrutadlos, aunque ellas no estén presentes está su palabra valiente.
Decía Shakespeare: —quien se quita la vida se quita el miedo a la muerte.

Lorena Salazar Masso
Maldeniña
Editorial Tránsito, 2023
Hace tres años la conocimos con una novela que fue todo un descubrimiento: Una herida llena de peces, sin duda uno de los grandes títulos de este lustro, una de esas obras primas que llaman la atención por su calidad y por la intensidad de su texto. Entonces muchos intuimos que estábamos ante una escritora extraordinaria que daría mucho de qué hablar. Así ha sido: Lorena Salazar Masso nos vuelve ahora a maravillar con su segunda novela, Maldeniña, y nos ha vuelto a sorprender con un relato en el que destaca la atmósfera de un mundo en decadencia, visto desde los ojos de una niña que procura aprehender lo que le rodea.
Malvive la niña en un hotel gestionado aparentemente por su padre, entre ausencias que no lo son tanto y personajes borrosos aunque perfectamente delineados. Todo ello en una ciudad afantasmada en la que la vida parece diluida. Esta escritora colombiana se caracteriza sin duda por esto, por crear una atmósfera apabullante y que ocupa un espacio fundamental en el relato, puede incluso que sea el tema de la novela, la atmósfera, ese vínculo que nos ata a lo que nos envuelve, a un mundo que tal vez no nos pertenece, con unos personajes que se unen de un modo extraño, una decadencia que se impone como una neblina que lo sumerge todo, y que a todas luces resulta fundamental para que ese artefacto que es la novela encandile al lector.
Contribuye sin duda un estilo cuidado y directo, frases desnudas, sin ornamentos, y muy precisas, una forma de contar que logra atrapar al lector, con esa precisión del lenguaje de quien domina la escritura y el idioma. Permítaseme el tópico: es algo propio de los autores colombianos, su dominio del idioma, el de un país con una riqueza del castellano sin igual y que se vuelve toda una característica de su literatura, a todas luces una de las principales en este idioma.
De ese modo vamos acompañando ese proceso de la niña que asiste a la disolución del mundo que le circunda. Al igual de lo que ocurrió con su primera novela, el lector disfrutará del texto y de lo que se cuenta en ella, una novela breve que es toda una joya literaria que el lector sabrá sin duda degustar.