Cinefilia por Cecilio Olivero Muñoz

LA SUSTANCIA 

Coralie Fargeat, 2024

 

La película trata sobre los efectos adversos y las consecuencias de adquirir un producto en el mercado. En un mercado totalmente clandestino.  El lema de la “sustancia” es: no lo olvides, las dos sois una.  A la vez que espanto, tiene una perversidad que la hace ácida y corrosiva ante los ojos del gran público. 

 

Una actriz en decadencia trabaja en un programa televisivo. Sufre en sus carnes los entresijos del Show, el uso a capricho de la gente, la manipulación tóxica de la televisión, el culto a la belleza a la que estamos sometidos y acostumbrados por no decir amaestrados. Es todo un compendio de metáforas, que cada uno escoja cuál habla de él. Sus consecuencias, el hecho de querer ridículamente ser más joven es una característica de este tiempo adoctrinado para y por la cirugía y el bisturí, hay que ser guapo a la fuerza, pero la belleza es efímera. Banaliza la vejez y degrada a las personas. 

 

Hacía años que no había visto una película tan potente como esta. No sólo es una metáfora de la vida moderna, sino que es una broma macabra con distintas lecturas.  

 

Muchas películas nos aburren por cómo empiezan y nos fascinan por cómo terminan. Y en otros aspectos nos gusta por cómo empiezan. Todo parte de que sigas leyendo. Que sigas hasta el final. “El final feliz” por antonomasia que toda película debe de tener, aunque en la vida real sea muy diferente el final feliz, ya que la vida termina mal. Muy mal. 

 

El cine además de magia puede ser un revulsivo. Algo que nos conmueva y que nos hable a nosotros mismos, tal vez, porque no somos tan distintos los unos de los otros. La literatura es una buena manera de cambiar las cosas de sitio en nuestro interior. También el cine se encarga de eso. 

 

Tiene mucho de literatura. Recuerda El Proceso y la Metamorfosis de Kafka. También recobra vida el Frankensteinmás innovador. Queda claro que ser un monstruo hoy en día es tan característico, que te acuestas como Joseph K. y te despiertas como Gregor Samsa. Todo resulta una efímera fama de la que no puedes escapar, hasta después de que algo que con los años y lo efímero de lo que somos, podamos llegar a ser.  Recuerda a lo kafkiano porque todo resulta absurdo a la vez que mórbido. Es también una alusión a varias películas convertidas ya en clásicos. 

 

El oropel de la fama televisiva y su hipocresía es tan revelador, que todo se queda en el mismo sitio donde empezó sin ningún atisbo de mejorar, al contrario, se empeora, y el hecho de no vivir la vida lleva al fracaso, cosa muy de moda actualmente.

 

La protagonista, Demi Moore, pretende así dejar o grabar con letras doradas su talento. Con un palmarés la película de cinco nominaciones a los Oscar y tras haber ganado un Globo de Oro es, sin duda, el regreso de una gran actriz. Con esta película se ha reabierto su carrera. La crítica y la prensa la alaban. Pero antes de la sustancia ya tenía una carrera pasada bastante consolidada, pero ahora se confirma su buena interpretación justamente en los primeros planos y en los grandes logros como actriz. También cabe destacar el gran trabajo tanto como de efectos especiales, como en maquillaje. 

 

Es también un guiño hacia el público cinéfilo al que no deja indiferente, debido a que es un planteamiento que abarca la drogadicción, la superficialidad de la vida moderna y televisiva. Nos habla de la degradación espontánea del ser humano. 

 

El público quedará fijo y sin habla al ver la película. Hay un guiño de complicidad enorme. Es sin duda el terror corporal más escalofriante y metafórico que se haya podido ver en años. Hacía tiempo que no escuchaba la frase: ¡matad al monstruo! Y ahora la he vuelto a oír gracias a esta carismática cinta. La directora y guionista Coralie Fargeat tiene mucho qué mostrarnos y hacernos comprender. 

 

La sustancia es una alegoría de 141 minutos, pero no quieres que se acabe. Es todo un halago, dado las películas malas que con nominaciones incluso han quedado relegadas al olvido.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ebbaba Hameida

Flores de Papel

Ediciones Península

Ni que decir tiene que la literatura es también una fuente de conocimiento de la realidad. Además, a menudo, se vuelve una exposición de una experiencia vital que el lector, cuando es sensible y atento, incorpora a su propio bagaje. Marx afirmaba que había aprendido mucho más de economía en las novelas de Émile Zola que en los tratados económicos de su época. De este modo, surge una literatura testimonial que no está reñida, ni debe por qué estarlo, con la calidad literaria, novelas que muestran una situación, que sacan a la luz lo que está oculto, a menudo tapado por capas de interesesestratégicos. 

Es el caso de esta novela de Ebbeba Hameida que comentamos, que además interpela a los lectores españoles por un conflicto que afecta a España, el del Sahara Occidental, un territorio situado al oeste del Magreb y que fue la provincia 53 de España. En 1976, un momento de inestabilidad interior, en plena transición política, España abandona la zona y Marruecos y Mauritania la ocupan, desoyendo las peticiones de la ONU, que desde 1965 clamaba por la descolonización del Sahara Occidental y por la celebración de un referéndum de autodeterminación, a todas luces olvidado en los cajones más recónditos de las cancillerías internacionales. Hoy el conflicto enfrenta a los habitantes de este país con Marruecos, después de que Mauritania abandonara su zona.

Ebbaba Hameida conoce bien aquello sobre lo que escribe. Ella misma nació en los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Forma parte de los saharauis de la diáspora, que viven en otros países, en su inicio con una pretensión de provisionalidad que, por desgracia, tiende a la permanencia. Ejerce el periodismo por la necesidad de contar y de contarse. 

Esta novela nos muestra tres generaciones de mujeres que viven directamente un conflicto hiriente. La abuela, Laila, su hija, Naima, y la nieta, Aisha, son testigos de tres momentos importantes de los últimos lustros. Laila asiste a los últimos años de presencia española y a lo que vendrá después. Naima se compromete con un proceso de lucha y participa en la retaguardia del conflicto, tan importante para mantener la resistencia. Aisha, por su parte, la más joven, vive el desarraigo de la emigración en Europa y la toma de conciencia desde el exterior de sus propios vínculos. 

Las tres mujeres proyectan sus miradas hacia lo que les rodea, se cuentan lo que ven. No son neutrales, la propia novela no lo es, pero no cae en lo panfletario, en lo fácil,sino en la comprensión de unas vidas que forman parte además de ese mapa emocional que une a todas las personas, cualesquiera que sean sus culturas particulares. El texto avanza en un tono sosegado, aunque a veces desgarra lo que se cuenta, hay momentos crudos. Pero también de esperanza, aun cuando la esperanza se confronta a menudo con una realidad poco amable que produce el efecto contrario, la desesperanza, incluso la desesperación. 

La novela es por tanto una invitación a conocer esa cultura tan ligada al fin a nuestro propio pasado, la de unas personas que hasta hace bien poco formaban parta de un mapa común y que no deberían ser olvidados. Mucho menos abandonados otra vez.

Damilola Shobowale por Cecilio Olivero Muñoz

LA INNOVACIÓN DE DAMILOLA SHOBOWALE

 

Omo iya mi

La Inteligencia Artificial puede incidir en el arte al volver accesible el arte gráfico a un público más amplio. Pero esto no es nuevo. Lo nuevo es que el apropiacionismo es la base del arte moderno, por no decir actual.  

En literatura es absurdo crear a través de la Inteligencia Artificial, pero en el arte plástico y digital es un recurso bastante utilizado.

Estamos creando funcionalidades a partir del arte digital, y este ha llegado a un punto de decadencia creativa, ya que no se crea desde lo verdaderamente artístico, se crea desde la inteligencia artificial porque el arte, y en esto incluyo el criptoarte, es ya un logro que económicamente ya es demasiado caro. 

Las redes sociales como Pinterest han llevado el arte en píxeles al alcance del público. En Pinterest puedes encontrar desde afrofuturismo hasta criptoarte, desde dadaísmo hasta cubismo. Pero existen los derechos de autor, algo importante que nos aleja del pirateo, aunque puedas descargarte las imágenes que quieras. 

Ahora el arte se está decantando por la IA como base creativa, pero esto no es nuevo hoy por hoy. El arte pictórico ha evolucionado y revolucionado el concepto artístico. La fotografía se ha convertido en conversacional y ha adaptado el término de Posfotografía. 

Cuando encontré por casualidad la obra Omo iya mi, de la pintora nigeriana Damilola Shobowale, que expongo en esta publicación, me dije, el nuevo paradigma posmoderno también ha repercutido en la África más talentosa. Sin duda África tiene mucho que decir en el arte moderno actual o posmodernismo tardío. 

Hablando con Damilola, ella me dijo que esta obra significaba la consolidación en las relaciones entre las hermanas de la misma madre pero de distinto padre. Simboliza, me dijo, el parentesco y consolidación de las familias. Es la llamada de la sangre. Pero yo he visto en ella arte, por ejemplo, al usar imágenes parcialmente pixeladas y conjugar el juego mundialmente conocido como Tetris con todo lo que representa la consolidación parental, aunque también reivindica su identidad, en este caso africano. Es parte, sin lugar a dudas, del afrofuturismo. Sería pretencioso por mi parte hacer analogías con otras pintoras famosas. Aunque ella es totalmente innovadora, no cabe duda que llegará lejos. Pues ya expone en Nueva York y en distintos países. Tiene su innovadora manera de crear, utilizando recursos como estampados textiles e imágenes siempre africanas, una reivindicación totalmente combativa, sin parecerse a nadie.

Por eso creo en su innovación artística. Tiene un talento que te deja helado. Su arte tiene una connotación increíblemente inteligente y es un concepto paradigmático que apela por el futuro del arte africano. Descubran a Damilola, su obra llamada en yoruba Omo Iya Mi, que significa el hijo de mi madre en castellano, posee una concepción singular y una religiosidad, que debido al colonialismo y  la esclavitud, es conocidísimo, entre otros, en lugares como Brasil, como Cuba, en Haití.

Me alegra haberla encontrado. Su arte pictórico tiene mucho que decir. Hay una creatividad generosa, una nueva mirada que sin duda hará conocido el arte nigeriano.

Translated into english:

THE INNOVATION OF DAMILOLA SHOBOWALE

Artificial Intelligence can impact art by making graphic art accessible to a broader audience. But this is not new. What is new is that appropriationism is the basis of modern, if not current, art. In literature it is absurd to create through Artificial Intelligence, but in plastic and digital art it is a widely used resource. We are creating functionalities from digital art, and this has reached a point of creative decline, since it is not created from what is truly artistic, it is created from artificial intelligence because art, and in this I include crypto art, is already an achievement that is already too expensive economically. Social networks like Pinterest have brought pixel art to the public’s reach. On Pinterest you can find everything from Afrofuturism to cryptoart, from Dadaism to Cubism. But there is copyright, something important that keeps us away from piracy, even though you can download the images you want. Now art is opting for AI as a creative basis, but this is not new today. Pictorial art has evolved and revolutionized the artistic concept. Photography has become conversational and has adapted the term Postphotography. When I accidentally found the work Omo iya mi, by the Nigerian painter Damilola Shobowale, which I exhibit in this publication, I told myself, the new postmodern paradigm has also had an impact on the most talented Africa. Without a doubt, Africa has a lot to say in current modern art or late postmodernism.

Speaking with Damilola, she told me that this work meant the consolidation of the relationships between the sisters of the same mother but a different father. It symbolizes, he told me, the kinship and consolidation of families. It is the call of the blood. But I have seen art in it, for example, by using partially pixelated images and combining the game known worldwide as Tetris with everything that represents parental consolidation, although it also claims its identity, in this case African. It is, without a doubt, part of Afrofuturism. It would be pretentious of me to make analogies with other famous painters. Although she is totally innovative, there is no doubt that she will go far. Well, he already exhibits in New York and in different countries. He has his innovative way of creating, using resources such as textile prints and always African images, a totally combative claim, without looking like anyone else.

That’s why I believe in its artistic innovation. He has a talent that leaves you cold. His art has an incredibly intelligent connotation and is a paradigmatic concept that calls for the future of African art. Discover Damilola, his work called in Yoruba Omo Iya Mi, which means my mother’s son in Spanish, has a unique conception and religiosity, which, due to colonialism and slavery, is very well known, among others, in places like Brazil, like Cuba, in Haiti.

I’m glad I found it. His pictorial art has a lot to say. There is a generous creativity, a new look that will undoubtedly make Nigerian art known.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Nuria Labari

No se van a ordenar solas las cosas

Páginas de Espuma, 2024

¿Estamos atrapados en nuestros cuerpos?¿O acaso son las circunstancias las que nos rodean y limitan de un modo azaroso, sin vuelta atrás?¿No serán tal vez las palabras las que nos encierran en la hendidura estrecha de nuestra rutina y nuestros privilegios, y de pronto, al confrontarlas con las de los demás, nos descubren nuestras carencias, nuestra debilidad? 

Son algunas preguntas que nos plantean los seis relatos de este volumen de Nuria Labari, seis collejas que sin duda alteran nuestra aparente normalidad. La mujer bien situada, progresista y liberada, de pronto se da cuenta de que el orden de su mundo se resquebraja ante el espejo de su asistenta, inmigrante. Lo mismo le ocurre a la profesora voluntaria de castellano, que se encalla ante su joven amante magrebí en una situación que, a todas luces, cambia el significado de las palabras. Como zozobra la familia que busca exotismo y lo que descubre son sus propias fallas. O los personajes atrapados en sus cuerpos, el del joven adolescente que se irrita ante lo que ve en el espejo, sea o no real, la mujer que se enfrenta a la debilidad y a la muerte de sus seres queridos, o el anciano homosexual y judío que se desmorona ante un contratiempo casero, tal vez bajo la mirada trágica de sus antepasados y de sus coetáneos, o la conciencia de las trampas de la vida o de las contradicciones tan esenciales como su ser.

Los relatos nos confrontan al artificio de nuestra realidad, aquella que consideramos normal -¿normal como lo estándar o lo habitual o normal como lo normativo?–, y aquí, al terminar el libro, muchos nos preguntamos, como uno de los personajes del libro, si no hemos vivido nosotros también a espaldas de lo fundamental. 

Son relatos que rompen las miradas cotidianas de nuestras propias vidas. Es importante que nos fijemos en las palabras con las que Nuria Labari construye las historias y la perspectiva desde la que se proyecta cada uno de sus cuentos, seis posiciones, seis construcciones de uno mismo y del mundo que envuelve a los personajes, y que en una analogía perfecta podemos trasladar a lo que somos, a nuestras vidas. Porque las palabras, al final, es lo único que tenemos, son las piezas con las que nos vemos y construimos el mundo, sobre todo si asumimos que la ficción del pasado, y la memoria puede que sea realmente una fuente de ficción, una invención del pasado, contamina con su niebla el horizonte.

Es un libro que no puede dejar indiferente, que turba, que nos desorienta en cierto modopara obligarnos a afrontar la realidad, siempre es bueno que la literatura cuestione y replantee la existencia, la de los personajes y la de los lectores. Sin duda tal es el sentido de la literatura.

Documental-Roberto Bolaño (2016)

¿Por qué escribimos poesía? por Cecilio Olivero Muñoz

No tiene fácil respuesta. Si nos ponemos a pensar el porqué de escribir poesía, no lo tiene claro nadie. Pero si nos remontamos al origen de la causa de toda poesía, coincidiremos en que la escribimos porque nos duele la vida. Nos calma el tic poético y nos redime de muchos factores dañinos.

Un poeta no lo es en absoluto si éste no conoce la gran verdad de la vida. Cierto es que se empieza por escribir ripios y se acaba muerto en vida. Ese es el germen de la poesía. La vida agotada y desengañada de los poetas.

Parte de la lucha del poeta por hacer acopio de palabras para poner luz ante la oscuridad implacable, y que nos empuja a leer unos versos, se debe a las maneras de percibir una libertad característica como síntoma inigualable del mundo hostil en el que vivimos.

Digamos que el poeta, el verdadero poeta, está muerto, y el hecho de revivir es la base de su poesía. Es como perder la esperanza y también la desesperanza.

Todo el mundo, o casi todo el mundo, escribe poesía por no convertir sus lágrimas puras en posología de vademécum. La ciencia aconseja escribir lo que piensas para exorcizar tus propios demonios.

Muchos grandes poetas han ladrado como perros y otros han aullado. Pero ahí están. Son parte del dietario lector que estos han colmado en deseosa virtud de sacar a su manada del tedio, o la verdad aplastante.

Existen poetas que creen adentrarse en los cimientos superficiales como ponerse a hombros del escritor experimentado y olvidan sus formas expresivas. Con lo distinto que sería si todos tuvieran la suerte de colmar su vida para con la flor de la noche… que es sin duda un mérito. Perdonen que me ponga poético. Pero la vida de un poeta siempre ha sido una cuestión baladí que camina al unísono con su poesía. Existen malos poetas llamados poetastros, otros con más acierto son llamados a ocupar el parnaso. El vil parnaso. Como si estos encontraran la piedra filosofal. Un poeta bueno escribe sin poner sentimientos en galeras. Sin andarse con ambages. Las medias tintas nos evocan a la incomprensión poética.

Es una excelente metamorfosis; todo poeta que se precie debe de plasmar lo que de verdad siente. Además de ser valiente. Ya que la poesía verdadera es de acero inoxidable.

Buscamos belleza, y como parte de la belleza, somos testigos de nuestro esqueleto. De nuestra muerte en vida.

Pero huelga decir que la poesía es como la música. No podríamos vivir sin ella. Y en ella siempre, o casi siempre, está el aliento de Dios.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Gonzalo Calcedo

La chica que leía el viejo y el mar

Menoscuarto Ediciones, 2024

 

Ya podemos decir, para satisfacción de quienes nos deleitamos con los relatos breves, que estos han adquirido en la literatura española plena carta de naturaleza. Claro que era algo propio de España, no de la literatura en español, el prejuicio contra las historias cortas, porque en la tradición latinoamericana el cuento es todo un pilar literario desde antiguo. Aunque a decir verdad, volviendo a España, tal vez sea un tanto tópico afirmar de forma categórica que siempre se considerase el cuento literario algo secundario, una mera práctica del escritor para afrontar lo serio, la novela. Al fin y al cabo, se ha cultivado bastante y han sido muchos los prosistas que los han escrito, desde los inicios de su literatura además, contamos por ello con una buenísima tradición de textos breves, e incluso ha habido autores que los han ejercitado de forma exclusiva, como Medardo Fraile, o importante, como Ignacio Aldecoa.

Sea lo que fuere al respecto, hoy contamos con escritores habituales y brillantes en la escritura del relato breve. Uno de ellos es Gonzalo Calcedo, autor que nos ha ofrecido en su carrera literaria unos cuentos excelentes en los que, a partir de una anécdota, alrededor de un detalle, apenas un incidente nimio, se nos cuenta una historia que va a despertar en el lector, tal vez no una sorpresa, pero sí cierto pasmo, y sobre todo le dejará el remusguillo placentero de la satisfacción de haber leído algo muy sugerente.

Los diecinueve relatos que componen el volumen que comentamos cuentan meros incidentes cotidianos, encuentros fugaces, hay mucha inmediatez en lo narrado, pero a la ligereza aparente se une un estilo poético, una poética rutinaria gracias a personajes que no lo son tanto, rutinarios, aun cuando lo parezcan, algunos de ellos resultan incluso bien curiosos, insinúan un carácter más allá de lo usual, y plantean un lance que parece estar al borde de cierto absurdo, en el mejor sentido del término, historias minimalistas de vida que, no obstante, sorprenden en sus gestos, asombran por sus reacciones y desembocan en escenas afectivas que despiertan sin duda una emotividad profunda.

Se trata de hombres y mujeres en gran medida solitarios, siempre en movimiento, en tránsito, salen de un lugar que no sabemos y se dirigen a otro que no conocemos, en medio les pasa algo que es propio de una extrañeza a pie de calle, un hecho que no llega a suceso, pero que nos encandila como suelen deslumbrar de pronto las pequeñas cosas cotidianas si hay capacidad de observación. Los relatos de Gonzalo Calcedo nos trasladan en cierto modo a la tradición cuentística norteamericana, ya el propio título del volumen, el de uno de sus relatos, es un todo un guiño, en la que la historia es ínfima, el cuento es como una foto, tal como nos indicaba Julio Cortázar, donde el brillo está en la sugerencia. Y estos cuentos lo logran, brillar por sí mismos.

Ignacio Aldecoa

Irene Vallejo-El infinito en un junco

Alejandro Zambra-Autor de Poeta Chileno