Alfonso Sastre (In Memoriam)

Alfonso Sastre

No le tocó una época sencilla. Tampoco un país fácil. Claro que ninguna época ni ningún país lo son en realidad. En todo caso, le correspondió la adversidad de vivir bajo un régimen autoritario después de haber sido testigo en su niñez de una guerra y, ya en la adolescencia, de una primera posguerra bastante cruda, por decirlo de un modo suave, lo que desde luego determina a cualquiera. Las circunstancias, sin lugar a dudas, forman parte de nuestra identidad personal, y en el caso de Alfonso Sastre le condujeron a ser crítico con su tiempo y su país. No optó, por otro lado, por lo cómodo, no siguió el consenso ni asumió los valores hegemónicos, mucho menos los impuestos con calzador, intentó como tantos otros vivir una vida plena, en busca de una armonía y una coherencia que no se suelen encontrar con facilidad a la vuelta de la esquina. Otra cosa es lo que cada cual opine de determinadas opciones sociales o políticas que él adoptó, o si se debe juzgar al autor por ellas, pero esto ya es otro tema en el que no podemos ni queremos entrar.

Fue en los años cuarenta cuando comenzó a escribir. Se decantó por el teatro, aunque su narrativa y su poesía no son en absoluto desdeñables. Pero lo que le atraía fue la dramaturgia, claro que al margen de un teatro complaciente o superficial. La guerra, la española y la mundial, inmediata (aunque puede que hablemos en realidad de una misma guerra), planteó una serie de preguntas sobre la naturaleza humana a las que Alfonso Sastre no fue ajeno. Era una época de existencialismo y estética tremendista, de crítica política que en España, además, adquirió otros tintes. 

En 1945 formó el Grupo Arte Nuevo, junto a Alfonso Paso, José Franco o José María de Quinto, entre otros. Escribió con Medardo Fraile, un autor fundamental en el género de la narrativa breve, las piezas «Ha sonado la muerte» y «Comedia Sonámbula». Las posiciones sociales de Sastre se afianzaran en aquel momento y participó en la redacción del Manifiesto del Teatro de Agitación Social (1950) y del Manifiesto del Grupo de Teatro Realista (1960). Entretanto, sufrió la censura, una de sus primeras obras de teatro, «Escuadra hacia la muerte», se prohibió nada más estrenarse. En 1966 acaba en prisión y escribe una de sus piezas más conocidas, «La taberna fantástica», que no se representaría hasta 1985. Bertolt Brecht o Jean-Paul Sartre influyeron en su obra, al tiempo que se sintió heredero de Valle-Inclán y adaptó también obras de Ibsen y Strindberg, entre otros autores extranjeros.

Su obra es amplia y de calidad. En 1993 ganó el Premio Nacional de Literatura en su modalidad de literatura dramática. Sin duda, ha muerto uno de los escritores más importantes que aportó bastante luz a la cultura española, forma parte a todas luces de nuestra identidad cultural colectiva y así se lo reconocemos, como no puede ser de otra manera.

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