Reseña literaria-Juan A. Herdi

Jonathan Arribas

Vallesordo

Libros del Asteroide, 2025

 

Hay una literatura de evocación que acude al verano y a la adolescencia como tema, tema recurrente, podemos decir. No en vano el verano es un espacio de ensueño, de ruptura del tiempo y de acontecimientos que se recuerdan toda la vida. Mientras, ese instante que se sitúa entre la niñez y la adolescencia es un momento de descubrimiento, descubrimos el mundo y nos descubrimos a nosotros mismos, hablamos de primeras veces, de miradas cómplices, de grandes ilusiones y posibilidades para afrontar lo que somos, lo que creemos ser, lo que pretendemos ser. También es tiempo de las primeras decepciones que nos definen y que son inevitables, parte de la vida.

Jonathan Arribas nos propone en esta primera novela la evocación de un verano, el que siguió al quinto curso de su narrador. Para él, lo confiesa a la profesora, el más importante. Ella, al acabar la clase, le sugiera que lo escriba en la redacción que ha encargado como deber, pero que antes se lo cuente a alguien, a un interlocutor, para ensayar. Surge así este relato, el de Nicolás, Nico, que en un pueblo de Zamora se embelesa por el programa Fama, se entusiasma por sus concursantes, los imita, se emociona con sus coreografías, constituyen la base de su propia coreo, la que pretende presentar a una edición del programa para niños. Porque a lo que aspira es a ser bailarín. Lo decide y reafirma en esos meses de estío.

Mientras, nos va contando su verano con su familia que puede parecer normal, como la de todo el mundo, pero en realidad nadie es como todo el mundo, y así comparte el tiempo de verano con sus padres, su tía o su abuela, todos los cuales poseen rasgos particulares, a la vez excepcionales y anómalos, y que viven un momento único. Pero con quien vive ese descubrimiento del mundo es sobre todo con sus amigos Telma e Izán.

De esta manera, el tema recurrente del verano y la preadolescencia se vuelve un relato sensible, lleno de vericuetos y trapacerías. Con una prosa vibrante, nos sumergimos en lo que nos cuenta Nico, nos arrebatará su deseo de vida y sus ansías de definir su realidad. Jonathan Arribas logra así emocionar y atrapar al lector con una prosa que se desborda, repleta de sonoridad. A todas luces, una buena entrada en la literatura, una novela que merece leerse.

 

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Christa Wolf

August

Traducción de Marina Bornas

Libros del Asteroide, 2026

 

August es conductor. Está a punto de jubilarse y ha enviudado recientemente. Ha llevado una vida sencilla, sin grandes sobresaltos. Pero mientras conduce su autobús de vuelta a Berlín, rememora su vida y recuerda su infancia, cuando apenas tenía ocho años y era un huérfano refugiado, tras una guerra de la que nada cuenta más que el vago recuerdo de un bombardeo. Vivía en un castillo reconvertido en hospital, junto a otros desplazados, entre ellos Lilo, una muchacha con quien se junta. Se acompañarán durante un tiempo indeterminado, en ese escenario sombrío sin duda, pero que August, al pasar los años, recuerda de un modo emotivo.

Esta es la trama de este relato, apenas un cuento largo o una novela muy breve, que fue además el último texto de Christa Wolf (1929-2011), escrito el año mismo de su muerte como presente literario a su marido, tras sesenta años de matrimonio. Estamos ante una sencilla pero intensa evocación de una de las escritoras alemanas más importantes del siglo XX, una de las autoras claves de la desaparecida República Democrática Alemana.

A pesar de la sencillez del relato, no exenta de dulzura y sobriedad, apreciamos el dolor por un momento de la historia que dejó no poca desolación a los personajes que vivieron aquel tiempo de horror. No hay en ninguno de los personajes una reflexión sobre lo recién vivido, sólo la descripción de una realidad un tanto opaca que es, sin embargo, emotiva a pesar del dolor. Ni siquiera se plantean el porvenir, los personajes viven fijos en el instante, fijos en un entorno que deja entrever un tiempo de cambio que pudiera parecer sempiterno, pero que no lo es, la muerte y el alejamiento señalan bien a las claras que el tiempo transcurre, inexorable, como han transcurrido los años posteriores, hasta llegar el protagonista a esa edad en que queda sólo el recuerdo y cierta nostalgia, sí, pero no exenta de algo que bien podríamos calificar de felicidad.

La editorial Libros del Asteroide ha recuperado este libro, un texto no menor, aunque corto, de una escritora que merece ser reivindicada por su sensibilidad y su calidad literaria.

Reseña literaria-Juan A. Herdi

Iñaki Domínguez

El Panamá

Vida de un fuera de la ley

Editorial Ariel. 2026

 

«Nadie es dueño de la verdad absoluta» nos dice José Manuel Cifuentes, el Panamá, en el epílogo de este ensayo de Iñaki Domínguez que nos cuenta, nos desentraña más bien su vida, su actuación, sus sombras. Y nadie lo es, tal vez, porque las percepciones sobre lo real se dan desde muchos ángulos y proyectan muchas realidades, a veces contadas éstas más bien como justificaciones, con que componer no tanto la verdad absoluta, sino una mirada de esos símbolos y significados compartidos, no siempre coincidentes, que conforman una sociedad. Una sociedad compuesta a su vez de otras muchas (sub)sociedades y grupos sociales que construyen la historia o el mundo en el que deambulamos.

El libro versa en primer término sobre la actividad del Panamá, aunque el autor la utiliza para reflejar la historia de un país y una mentalidad a través de su delincuencia, la ejercida por el personaje que ocupó un papel central en la época, pero no sólo la de él. No en vano este ensayo y sus libros anteriores, rigurosos en datos y descripciones, son un intento de explicar la evolución de España través de su periferia social. Porque conocer la intrahistoria de lo marginal y lo ilícito nos permite distinguir también los cambios de una sociedad a lo largo de los diferentes y sucesivos momentos, ahora que tanto se ha hablado de estos últimos cincuenta años en los que salimos de una dictadura, pasamos por un periodo de transición, o transacción, que no fue en absoluto épico ni pacífico, como han pretendido que creamos, y hemos avanzado hacia una sociedad próspera, una de las economías álgidas de Occidente, aunque con demasiados descosidos. Cada uno de estos momentos tuvo un modelo de delincuencia y de personas que la integraban, un reflejo en ambos sentidos de la sociedad, de los valores imperantes y de las prioridades que guiaban a los individuos que la conformaban. Reflejo porque en gran medida todos en ambos lados de la barrera, demasiado fina muchas veces, que separaba lo legal de lo ilegal, lo lícito y lo ilícito, compartían un mismo modo de ser y de actuar.

El Panamá en concreto opera cuando España va dejando atrás definitivamente la transición, se ha conseguido mal que bien estabilizar unas instituciones democrática y/o representativas que nos permitió entrar en la antesala de lo que hoy es la Unión Europea y la prosperidad se expande desde entonces, en un momento en que «hacer dinero» se volvió uno de los ejes de la realidad social. Son los años, recuérdese, que se inician con la exclamación, la boutade, del ministro Solchaga de que «España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico». Y bajo esta mentalidad tan de nuevo rico comienzan a moverse una nueva generación de delincuentes que se interesan sobre todo en eso mismo, en volverse ricos, en vivir bien, a todo trapo. Comparten con los quinquis de los sesenta, los setenta y los mediados de los ochenta un origen social y unos códigos éticos, porque las bandas y los grupos poseen también unos códigos de comportamiento descritos en el libro, pero «hacer dinero» y saberlo mover se convierte en algo prioritario en esta nueva etapa. Los códigos éticos, por el contrario, tal vez como consecuencia de ello, comienzan a resquebrajarse, entramos en un periodo histórico de individualismo, un tiempo de sofistas donde todo ya es relativo y según la conveniencia de cada cual, y cuando además la droga ha resquebrajado en gran medida muchas de las dinámicas de los barrios obreros y periféricos.

La delincuencia que sigue al tiempo central del Panamá será ya otra cosa, como lo es el país, la sociedad.

Pero Iñaki Domínguez no se queda sólo en lo delictivo, conversa con José Manuel Cifuentes y con su familia y sus amigos, tratan muchos temas, reflexiona sobre lo que se le cuenta y así el autor compone con sus palabras un relato coral que nos muestra los claroscuros de una vida compartida que tiene elementos que nos pueden parecer cuasi heroicos, pero también están presentes los aspectos más siniestros, las de sus víctimas, la de ese agente policial, por ejemplo, casi al final del relato, que se queda apopléjico por la maldita casualidad de encontrarse con la panda cuando cometen un robo y cuya presencia, fortuita pero posible o previsible, modifica de pronto la visión que hemos podido hacernos del Panamá, la imagen edulcorada que se da en ocasiones. Él mismo parece darse cuenta de ese abismo que es la vida de uno, lo vivido, y le devuelve aquello que escuchó de joven, «por lo que hoy corres, mañana no darás un paso».

Es un libro que nos inducirá a una reflexión intensa de esos últimos años, con demasiados antagonismos, el retrato de la sociedad que conformamos, de lo que hemos sido y somos, desde la perspectiva a todas luces punzante, la de las zonas sombrías y vergonzantes. En definitiva, se trata de un buen acercamiento desde la periferia a una realidad poliédrica y no siempre tan complaciente como quisiéramos.

 

Reseña literaria-Por Juan A. Herdi

Berna González Harbour

Que fue de los Lighthouse

Ediciones Destino, 2025

 

La muerte del patriarca de los Lighthouse parece poner patas arriba la normalidad de la familia. Fallecida su esposa años atrás, la misma está formada por Arthur, el hijo mayor, científico eminente y activista en varias causas, las hermanas mellizas Jane y Joyce, que viven respectivamente en España y en Francia, y Benjamín, el pequeño, actor y de vida un tanto amoral. Se unen a ella los conyugues respectivos, sobre todo Martha, la esposa de Ben y que ha cuidado a Everett, el patriarca, durante su enfermedad, los hijos, una amante de Ben, Ann-E, con un papel esencial en la trama, y también Asha, la criada africana, y su hija Amina, consideradas como de la familia, aunque llevan lustros viviendo fuera de la casa común.

Son una familia bien integrada en los entresijos de la realidad política y social de Gran Bretaña. No en vano, Everett Lighthouse sirvió como veterinario y alto funcionario en el Servicio Colonial británico en Tanganica y regresó, junto a su esposa, su hijo mayor nacido allí y su criada Asha y a Amina, a la metrópoli cuando se inició el proceso de independencia de la colonia.

El testamento descoloca a todos y los enfrenta a secretos familiares, algunos conocidos y medio ocultados, otros a punto de descubrirse, todos ellos hirientes y que harán tambalear el aparente orden en que han vivido hasta ese momento.

De este modo, la novela es el relato de una crisis familiar que empeorará a medida que se van descubriendo nuevos secretos o se agravan aquellos que han permanecido semi ocultos. Pero es una crisis, además, que transcurre paralela a la que se da en el Reino Unido, donde todo parece derrumbarse, los servicios públicos, la estabilidad política del gobierno, la economía del país, mientras el debate se centra en el Brexit, ante un referéndum en el que está en juego la identidad nacional. Ante ambas crisis, se rememoran antiguas grandezas, las de la familia, rememoradas por los hermanos, y las del Imperio, momento esplendoroso de un país que ha gobernado —«civilizado»— medio mundo, aunque en todas estas grandezas evocadas con nostalgia aparecen también demasiados claroscuros.

Estamos por tanto ante una novela en que la atmósfera resulta fundamental, está descrita con suma elegancia, y en el que destacan todos los personajes, bien delineados todos ellos, sin que haya juicios desde la narración, no hay valoración en lo que se expone, sino que será a todas luces el lector quien apreciará sus actos a medida que avance el relato.  Todo ello además con una prosa precisa, bien medida, sin más ornamentos que los hechos que se entrelazan con naturalidad, pero sin perder por ello intensidad. El lector quedará atrapado por una historia que le confrontará a los múltiples reflejos de un tiempo, un país y una familia con demasiados frentes hirientes que no podrán permanecer ocultos y que nos enfrentarán irremediablemente a un presente que es, al fin, su consecuencia.

Reseña literaria-por Juan A. Herdi

Carmen Martín Gaite

Todos los cuentos

Debolsillo / Siruela, 2025

 

Ya podemos afirmar sin ningún reparo que el cuento literario o relato breve goza en España de buenísima salud. No sólo hay un enorme número de cultivadores tanto en castellano como en las otras lenguas estatales, sino que una gran parte de las editoriales ya le prestan la atención debida, incluso hay alguna que se ha especializado en el subgénero y también se publican recopilatorios de los cuentos completos de no pocos autores, tanto españoles como extranjeros.

Este es el caso de una de las escritoras más interesantes de nuestra historia literaria, Carmen Martin Gaite, que pertenece a una generación de autores que incidieron en el cuento y le dieron además una verdadera carta de naturaleza. Medardo Fraile, que sólo escribió relatos breves, o Ignacio Aldecoa, por destacar a los dos cultivadores principales, fueron compañeros suyos de generación, justo cuando empezaban a llegar a España los escritores latinoamericanos que dieron el espaldarazo definitivo al cuento en el país. De allí que les tengamos que agradecer también a ellos su aportación, así como a otros escritores que, como Manuel Andújar, en el exilio, se dedicaron a la escritura de relatos breves brillantes que hemos de reivindicar y que sin duda tienen que volverse a publicar y conocerse en España.

En este volumen, editado y prologado por José Teruel, tenemos todos los relatos de Carmen Martín Gaite, tanto los de juventud, aquellos con los que comenzó su trayectoria literaria y que publicó en revistas como Trabajos y Días o Revista española, como los que publicó en volúmenes destacados y aquellos que continuó escribiendo hasta el final de su vida.

 A través de su lectura, reconocemos las diferentes etapas de la escritora. Pues estamos ante una autora que supo moverse por una variedad enorme tanto formal como temática. Desde el neorrealismo hasta la imaginación desbordante, sus relatos se renuevan y avanzan por las temáticas que reconocemos también en sus novelas y también en sus textos sobre hábitos y costumbres del país. Apreciamos también ese gusto por el detalle, algo que convierte a todo cuento breve que se precie en una verdadera joya.

Estamos en definitiva ante un volumen imprescindible que todo lector de Carmen Martín Gaite apreciará sin duda y que puede ser también una buena introducción para quien no haya entrado aún en las páginas de una de las grandes escritoras españolas.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Alejandra Moffat

Mambo

Editorial las afueras, 2025

 

Ana cuenta la cotidianidad de su vida de niña. Va descubriendo los hechos que le rodean y los normaliza desde su perspectiva infantil. Nos los describe, curiosa, pero sin las claves de su tiempo, del contexto en el que viven. Es la hija pequeña de una familia que reside en el sur de Chile. Son los años ochenta, ella apenas sabe nada de lo que ocurre en el país durante aquellos años complicados. Asiste casi como si fuera un juego a los detalles de la normalidad, sea lo que sea la normalidad, que para ella es sobre todo observar, corretear y convivir con sus padres, su hermana mayor y con otros personajes que aparecen y desaparecen de sus vidas, pero también la asunción de gestos y símbolos que no puede comprender en toda su envergadura.

Pero el lector sí lo entiende, conoce el contexto, va comprendiendo a medida que avanza en la lectura la atmósfera de clandestinidad en que se hallan, los gestos que indican lo que pasa, lo que rodea a esta familia, a Mónica, al taxista, al mundo en torno a la niña.

Ella misma va creciendo y aprehende a través de las brechas de la realidad lo que ocurre. Comprendemos según nos lo narra, pero también apreciamos su descubrimiento del mundo, de su mundo real. También los significados de algunas alegorías, el dibujo del águila con gafas, los mapas que dibuja su madre, los silencios, las ausencias, los traslados. En definitiva, asistimos al aprendizaje en unos pocos años claves en la historia personal, familiar y de Chile.

De este modo, Alejandra Moffat nos ofrece el relato de una experiencia dura, tremenda, cruel, la historia de una militancia clandestina desde los ojos de la hija, la experiencia traumática de una época y un país que no podemos olvidar, un testimonio desgarrador, porque entre líneas distinguimos el horror, el miedo y la angustia. Hay mucha tristeza a medida que la historia avanza, pero también mucha calidez. Porque la voz infantil de Ana no es, pese a todo, pueril. Es la del aprendizaje, la de asunción de la vida, no siempre fácil.

Todo ello narrado de un modo elocuente y podíamos decir que afectuoso, con una prosa suave y precisa. De este modo, la novela se vuelve un relato de vida, un testimonio de la intrahistoria de ese momento trágico en la historia del país.

Publicada hace tres años en Chile, Alejandra Moffat y esta novela forman parte de ese grupo de autores y de narraciones que se agrupan bajo el nombre de «literatura de los hijos» y que se refiere a autores que afrontan la historia reciente de su país desde la infancia, dando protagonismo a la generación anterior, la que protagonizó aquel momento.

Pero también es una novela de estilo cuidado, un ejercicio narrativo plausible. En definitiva, una pequeña joya literaria que nos ofrece el encanto de su lectura.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Iván Periánez Bolaño

Un día entre los días

Habla, cuenta, canta el

Pueblo Gitano I

Ediciones Akal, 2025

 

El Pueblo gitano ha sido y sigue siendo el gran olvidado en España, una España que, recuérdese, por fin está reconociendo, no sin esfuerzo, su pluralidad y su variedad idiomática, cultural, plurinacional. Incluso se están abriendo camino otras variedades lingüísticas presentes en el país. Pero el Pueblo Gitano continúa al margen, sin que se preste atención a su cultura y a sus variedades en el habla, sin reconocimiento ni oficialidad del caló, sin apenas presencia de su historia en el sistema educativo, en los medios de comunicación, en los foros académicos, al menos con la importancia que le correspondería si no pesara ese rechazo todavía presente. A pesar también del esfuerzo de las muchas entidades, asociaciones y fundaciones gitanas que desde hace ya varios lustros han surgido a lo largo y ancho de España, un esfuerzo que viene de la mano de la propia conciencia gitana que clama por sus derechos, su igualdad y su cultura. Seguimos ignorando su presencia o, peor aún, cuando se les presta atención se cuelan no pocos tópicos y estereotipos, a menudo porque se habla sobre los gitanos desde fuera, a su pesar, sin su intervención.

De ahí que sea tan importante hablar, contar, comprender y habitar la casa-mundo, como afirma Antonio Ortega en uno de los dos prólogos, el otro es de Noelia Cortés, desde la realidad propia, desde su gente, los dos prologuistas o el autor, Iván Periáñez, por ejemplo, y tantos otros que ahora mismo están consiguiendo abrir una brecha por la transmisión cultural del mundo gitano. Es fundamental que se conozca la cultura gitana en España, uno de los pilares de este país, y que además que sean los gitanos y gitanas quienes nos cuenten sus relatos, sus símbolos y su mirada. O miradas, porque al igual que ocurre en otras expresiones culturales, la gitanidad no es uniforme. Sin este reconocimiento y sin este intercambio, el mapa cultural español no estará completo.

Iván Periañez Bolaño nos ofrece en este primer volumen, el segundo está en preparación y se publicará en breve, una serie de relatos e historias de vida que nos permitirá conocer nuevos aspectos del mundo gitano, desconocidos para muchos, sabidos por otros, los más atentos y curiosos por su realidad. Nos hablan del mundo del trabajo, de la cotidianidad, de la fantasía que forma parte de esa misma realidad, la de los gitanos y la de tantas otras comunidades. Se trata de una versión nueva de los patrins clásicos, esas señales que los romaníes dejaban por los caminos, pero que ahora, con este libro, se depositan por las sendas emocionales y culturales de nuestra sociedad.

Cada relato nos transmite una mentalidad. Descubrimos una vida en cada una de las píldoras de sabiduría gitana, también una forma de hablar, un idioma salteado de caló, una visión del mundo. Como se afirma también en un momento dado del libro, recopilar estas narraciones es una forma más de lucha contra el olvido, y no olvidar es devolver a nuestra sociedad una parte fundamental de sí misma, una manera de convivir, algo fundamental en estos tiempos de divisiones y de rechazos anómalos en los que volvemos a luchar contra la intolerancia y el racismo.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Santiago López Petit

Tiempos de espera.

Marx y Artaud y la fuerza de dolor

Verso. 2025

Han pasado cinco años del confinamiento y poco más de dos desde que la OMS decretara oficialmente el fin de la pandemia de Coronavirus. Apenas un lustro. Sin embargo, para una gran mayoría, para quienes no sufrieron tan de cerca la pérdida de vidas de familiares o amigos, para la sociedad en su conjunto, parece que haya pasado mucho más tiempo o incluso se recuerda como un mal sueño pasajero, diluido, lejano. Tampoco queda memoria de aquella promesa colectiva de futuro surgida de quién sabe dónde: «saldremos mejores». En este caso, el incumplimiento evidente de lo que fue más bien un deseo compartido justifica en gran medida el olvido. Volvimos a la crispación de siempre, aumentó incluso; de nuevo escuchamos discursos de odio y se han levantado muros inmorales contra colectivos humanos; también nos olvidamos bien pronto de los aplausos a los sanitarios y otra vez asistimos a los recortes, a la precariedad de las condiciones laborales y de servicios en este sector. Por no hablar del empeoramiento en otros ámbitos, como el de la vivienda. Tampoco ha mejorado el escenario internacional, con tambores de guerra generalizada y un aumento de los aranceles, contraviniendo los principios de ese neoliberalismo globalizador que dominó la economía mundial desde el último decenio del siglo pasado. 

Ni nos acordamos de la pandemia ni hemos salido mejores, salta a la vista. Sin embargo, esa parada del tiempo por un tiempo ha tenido consecuencias, ha reportado cambios, ha trastocado en cierta forma nuestras vidas, aun cuando no somos del todo conscientes de ello. Al propio sistema se le han saltado los plomos. Porque nuestra cotidianidadresquebrajada en aquellos meses de confinamiento y limitación de movimiento se vio removida por completo. El elemento disciplinario (y represivo) que todo Estado posee tuvo la posibilidad de experimentar con el miedo. La pandemia puso la enfermedad, la vida y la muerte en el centro de nuestras preocupaciones cotidianas. Cuestionó también nuestra Vida, la realidad en la que estamos imbuidos y que vimos tan vulnerable. Nosotros mismos lo éramos, vulnerables. El estado anímico y la salud mental dejaron de ser problemas de unos pocos para darnos cuenta de que el dolor, el sufrimiento, el miedo, el malestar o la impotencia social nos afectaban a todos. Claro que hemos vuelto a una mirada individualizada, como si fueran sólo problemas personales y no problemas colectivos. 

Santiago López Petit hace tiempo que se preocupa por estas cuestiones, y así el malestar, la enfermedad y el deseo de vida han centrado su reflexión con relación a ese vínculo no siempre fácil entre sociedad e individuo. Estuvo presente en sus libros Entre el ser y el poder. Una apuesta por el querer vivir (1994) y El gesto absoluto (2018). Ahora, a raíz de esa pandemia que paralizó nuestras vidas, nos propone una nueva mirada, siempre crítica, radical y a todas luces emancipadora. Tiempos de espera surge así primero como una especie de dietario de aquel tiempo detenido en el tiempo, un no-tiempo, unas reflexiones a partir de la cotidianidad vuelta al revés. Acude a Marx y a Artaud para recuperar algunos conceptos que son aplicables a este momento. Tanto la imposibilidad de vivir y de pensar que sufrimos durante la pandemia como la incomprensión de aquella anomalía global nos remiten al impoder definido por Artaud como aquel proceso de pérdida de sí y de expoliación del mundo al que la vida nos somete. Lo vivimos en el 2020. Sigue latente hoy.

De este modo, el malestar es el tema de este ensayo, el malestar individual que se convierte en miedo, que nos restringe en un dolor que nos incomunica, que nos convierte en seres pasivos y aislados, incapaces de actuar, de politizar nuestras vidas, de plantearnos como seres libres, inermes a la hora de socializar. Pero al fin el sufrimiento individual es compartido, se convierte en malestar social. Resulta fundamental vislumbrar dicha relación ente el individuo, el yo, y la sociedad, el nosotros, en este entramado que define la vida, en esta situación de post-pandemia que está cambiando, y no en un sentido emancipatorio, ya se ha dicho, nuestra existencia, lo que nos obliga a plantearnos qué hacer ante el nuevo panorama, cómo vivir. 

Porque el vivir es el centro principal de nuestra preocupación, el tema que debe centrar nuestra acción política. Mantenemos de este modo esa expresión repetida varias veces por el taxista José, el protagonista de una película, El taxista ful (2004), que trata muchos de los temas de este libro, «quiero vivir», nada menos, y que es una reivindicación en toda regla que hemos de mantener hoy, una proclama revolucionaria. De esto trata, al fin, este libro, de ese querer vivir en un mundo y un momento en que se nos impone la política de la muerte.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Guillermo Aguirre

Estival

Sexto Piso, 2025

Puede que toda existencia, como se afirma en esta novela, sea un acto de fe. Será por eso tal vez que acudimos a la memoria, a los recuerdos, a la reconstrucción de lo que alguna vez fue para reafirmarnos en esa fe. Sin embargo, no sabemos muy bien si recordamos tal como de veras ocurrió. Porque sentimos que avanza ese «estropicio de la madurez» y se acumulan los aciertos, pocos, y las decepciones, muchas, y así comprobamos que la vida avanza a pesar de nosotros mismos y que probablemente no tengamos ninguna capacidad de incidir en lo que somos, en lo que nos ocurre y en lo que nos rodea. Tampoco escapatoria a lo que es, a lo que se es. 

Parece ser éste el planteamiento de Guillermo Aguirre, que nos propone un recorrido por la vida de Jonás, de sus veranos en el pueblo familiar, en un lugar del norte, de su proceso de maduración, desde niño hasta que pasan los años y son muchos los veranos a recordar. La madurez es quizá, en efecto, una acumulación de juventud que nos va modificando, de este modo el narrador plantea abiertamente que crecer sea traicionar al niño que aún eres. Cada capítulo es un año, un verano, una experiencia estival, una descripción de la vida, la del protagonista, la de las personas que le acompañan o se cruzan en su camino vital, la de los ecos de la realidad circundante. 

Cada verano se vuelve un momento único, con sus experiencias y sus reflexiones. Que el estilo en apariencia sencillo, lírico en ocasiones, no nos despiste, hay también en esta novela ecos de una reflexión profunda sobre la actitud a adoptar ante la vida, ante el tiempo, ante cada momento dado. Entre líneas aparecen las cavilaciones que desde el principio de la humanidad nos han acompañado, el hedonismo frente al estoicismo, vivir el presente como momento único o prever el futuro que es, sin embargo, imprevisible. 

Asistimos de este modo a los veranos de Jonás, año a año, y lo que sentimos es un remusguillo a melancolía de atardeceres lentos, despreocupados a veces, pero que remiten siempre a cierta ansiedad por el paso del tiempo, a esa sensación de perder momentos, a un ansia por vivir con intensidad el instante. El estilo, a todas luces, contribuye a esa cercanía de lo que se cuenta.

Porque la lectura de lo que se narra nos va a resultar inevitablemente muy cercana, todos poseemos recuerdos de los veranos vividos, habrá mayor o menor nostalgia, las experiencias serán o no distintas, pero a todas luces es un clásico, la de los estíos con su sabor agridulce, un tópico frecuente en la literatura y en el cine, así que despertará en todos nosotros una reflexión sobre nosotros mismos, sobre nuestra experiencia. Sobre la vida.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ana Rodríguez Fisher

Notre Dame de la Alegría

Ediciones Siruela, 2025

 

Fue una época intensa, un momento brillante, rupturista, variopinto y de enorme creatividad. Se la ha denominado la Edad de Plata de la cultura española, expresión acuñada por Giménez Caballero, fundador de La Gaceta Literaria, y que José Carlos Mainer acabó de perfilar en su ensayo tan fundamental para conocer y entender esos años. Podemos situarla entre el último cuarto del siglo XIX y la fatídica fecha de inicio de la guerra (in)civil, y en ella se juntaron escritores, poetas, pintores, escultores, pensadores, dramaturgos, todos ellos bien diferentes entre sí, adscritos a corrientes distintas, pero que compartieron un tiempo y un espacio, y que revitalizaron un país, una sociedad, en plena vorágine de renovación.

Una de las artistas destacada del momento fue Maruja Mallo. Perteneció al grupo de las Sin Sombrero, formada por mujeres que participaron de un modo activo en la cultura, cuando apareció el grupo catalogado como la Generación del 27, pero que durante muchos lustros estuvieron relegadas a un papel secundario, apenas una nota a pie de página. Sin duda, es una labor de justicia reconocerlas como parte fundamental de nuestra historia cultural, apreciarlas tanto individual como colectivamente, acudir a ellas como creadoras y escribir sobre su aportación y sus vidas. 

Ana Rodríguez Fisher, que ha estudiado en profundidad la época y a sus protagonistas como investigadora de la cultura española, da voz a Maruja Mallo, la convierte a través de las páginas de esta novela en la voz narrativa que habla de sí misma y de su tiempo. Por ellas aparecen artistas del momento, en un retrato que es también una reflexión sobre aquellos años previos a la guerra y a la dictadura, pero también de los posteriores, cuando el país quedó escindido, la España del interior y la del exterior, falla que en cierto modo persiste aún, sin que hayamos todavía ensamblado las dos partes en que quedó dividida la cultura española.

La novela es una reescritura de la que escribió en los noventa, novela primeriza, la califica, que apareció con el título de Objetos extraviados, con que la autora obtuvo el II Premio Femenino Lumen en 1995. 

Con estilo entre intimista y testimonial, la narradora nos va guiando por una época apasionante. La novela se vuelve coral, con un sinfín de voces que acompañan a la de la artista, que nos cuenta con no pocas reflexiones, que nos sumerge en los distintos momentos de su vida, los de expansión artística y los de la ansiedad por la tragedia colectiva, la de la deriva de un país que ha de reconciliarse mal que bien con su propia historia. De este modo, asistimos a un retrato vivencial que nos pertenece, del que formamos parte, aunque sea como herederos culturales o deudores de una aportación artística sin igual. El arte, no se olvide, es parte sustancial de cualquier sociedad. Al fin, como se dice en la novela, «si la función del arte es apoderarse de la nueva realidad, hay que idear formas que expresen esa realidad naciente», lo que refleja esa comunión entre arte y vida que se dio en aquellos años y que por desgracia, me temo, no hemos logrado recuperar.