Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

José Ignacio Carnero

Hombres que caminan solos

Penguin Random House, 2021

Estamos ante una novela en la que la necesidad de contar(se) es tan importante como lo que se cuenta. Tal vez porque es verdad que las palabras sirven para algo más que para buscar paraísos, esos momentos de belleza señalados, sí, pero que tienden también a que el narrador traduzca con las palabras el mundo, y que lo lleve a cabo justo a la manera que quiera verlo, lo organiza en definitiva a su modo. Por ello tal vez haya tanta reflexión en este relato sobre la escritura, sobre en general la literatura. Porque al final, aun cuando parezca que se diferencian, vida y literatura no se alejan tanto y ésta sirve en gran medida para reconocer aquella, reconocerse a sí mismo y, en definitiva, para salvarlo o salvarse.

Puesto que lo que nos cuenta José Ignacio Carnero, o el narrador de la historia, mejor dicho, es un necesario ejercicio de espejo y confrontación consigo mismo. Pasemos de largo por esas asépticas alusiones de la teoría literaria a los conceptos de autor, narrador y personaje, ya sabemos que las reglas del oficio están sobre todo para saltárselas, y reconozcamos que toda escritura requiere confrontarse a un rival que es siempre uno mismo. Y será así como el autor lo llevará al extremo y convierte el estado anímico del narrador en el tema del relato, a partir de aquí muestra su depresión para, a base de escribirla, superarla, algo que sin duda sirva mucho más que todo el orfidal que se le pueda recetar. Dependerá de la agudeza del lector la posibilidad de empatizar y reescribir lo narrado trasladándolo a su propia experiencia vital.

De este modo, van sucediéndose hechos, anécdotas, sucesos, bien condimentados todos ellos con esa reflexión sobre la escritura, la ficción, la vida, la melancolía, y al final es la propia vida la que se muestra en el texto, una vida en la que tan importantes son las relaciones con los personajes tan variopintos que se van cruzando en el camino y que se vuelven en compañeros de travesía vital y en gran medida también reflejos en el que contemplarse y crecer. 

Por si fuera poco lo vibrante de la historia, hay que destacar un estilo cimbreante por lo ágil y lo bello que es, aunque sin caer en excesos manieristas ni redundancias, un modo de contar directo, pero que deja espacio para entender en todo su alcance lo que se narra con una intensidad plena. Impresiona la belleza de ese viaje con el padre, que no sólo es un viaje físico, también interior, cordial, liberador e intenso tanto por lo que se cuenta como por lo que deja intuir, y que da sentido a la novela entera, a las diversas opciones que nos ofrece el autor y a su estilo. Un estilo que es también emocional, sensible, con el que cualquier lector se deja llevar, quedando atrapado por ese dominio del lenguaje y del relato que posee sin la menor duda José Ignacio Carnero. 

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Santiago López Petit

Tan cerca de la vida

Rayo Verde Editorial

Quien conozca la trayectoria de Santiago López Petit, sobre todo en los últimos años, sabrá hasta qué punto los temas de la vida, el malestar o la necesidad de cuidar los afectos y las emociones en las relaciones interpersonales han ido ganando más y más espacio en su reflexión. No ha perdido por ello radicalidad en su análisis de la sociedad ni en la defensa de un modelo emancipatorio, o al menos de su búsqueda, con todas las contradicciones que supone el pensarse a uno mismo también en lo colectivo, algo que ya no sólo es social, sino que es sobre todo vital. Porque al final la vida lo incluye todo. 

Su bibliografía es amplia y desde luego muy recomendable, fundamental diría yo en un momento como éste, en el que la enfermedad no sólo se halla en el centro de nuestras vidas, sino que además se ha vuelto el eje político central de esta nueva y extraña época que nos ha tocado vivir. 

Por si no fuera poca su aportación ensayística, ahora nos propone ahondar de nuevo en todos estos temas por medio de una novela, cuyo título es ya por sí muy ilustrativo, Tan cerca de la vida, y en la que, en gran medida, son las ideas las protagonistas del relato, pero no las ideas entendidas como algo externo a cada uno de nosotros, las de la mera especulación extemporánea, sino como herramientas que nos permiten comprender lo que nos rodea y lo que somos. Los personajes que pueblan este relato buscan responderse a las dos preguntas clásicas de la filosofía: cómo debemos vivir y, sobre todo, qué puedo hacer. 

El lector se enfrentará a lo largo de este relato con planteamientos que sin duda le tocarán muy de cerca y de los que no podrá ser ajeno. Porque es la propia vida lo que se anhela, sin excluir el vacío, la soledad o la catástrofe que anida en ella en todo momento y que conforman ese ángulo a partir del cual reconocerse. Este libro es, para quien lo lea con atención y con intención de seguir reflexionando, una invitación para pensarse uno mismo y aprender a encontrar aquellas grietas que le permita, sobre todo, vivir, con todas las dosis de pasión y de dolor que requiere perseguir la vida.

Por lo demás, el planteamiento literario de la novela ya es de por sí curioso, que nadie espere un relato convencional con los elementos clásicos que a veces dicta la teoría de la literatura. Ya intuimos muchos de nosotros que la única norma de la literatura es, al final, la ausencia de normas. Y sin duda esto debería guiar la propia vida. De este modo, la propia literatura queda incluida en ese artefacto de reflexión creado por Santiago López Petit, autor que suele emplear también en sus ensayos una gran dosis de poesía en su forma de afrontar la escritura. Porque incluso la más ruda reflexión sobre uno mismo y sobre el nosotros requiere de poesía para poder comprenderse y asumirse, fundamental en una época tan rancia como la actual.