sobre bandas sonoras de películas (Cecilio Olivero Muñoz)

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Bandas sonoras existen infinidad de ellas pero vamos a destacar aquí las que me parecen interesantes, o que a mí en especial me han gustado, por no decir me han conmovido, que ese sí sería el adjetivo calificativo idóneo. Empezamos por el cine español, ya en el cine mal llamado “quinqui” existen dos bandas sonoras interesantes, la una es la película de Carlos Saura Deprisa, deprisa donde tiene temas desde Los Chunguitos a Lole y Manuel, pero quiero destacar el tema genérico de la película, que es Me quedo contigo también mal titulada Si me das a elegir, que lo recordarán porque fue cantando por Rosalía de manera excepcional en la 33a gala de los premios Goya, con la participación del grupo de jóvenes del Orfeó catalá, un tema excelente, también interpretado por Manu Chao. Es importante decir que ese tema lo compuso el hermano fallecido llamado Enrique de la saga de los Salazar (los Chunguitos) también sobrinos de Porrina de Badajoz, muy conocido en el mundo flamenco. La otra película es Yo, el Vaquilla dirigida por José Antonio de la Loma, también director de Perros callejeros y la banda sonora de la película sobre la vida de Juan José Moreno Cuenca “el Vaquilla”, es de Los Chichos, con temas como yo quiero a mai, también Campo de la bota o el tema genérico que es Señor, ayúdame, es necesario decir que estas películas han marcado a toda una generación y muchas veces se ha estudiado este fenómeno de los años de transición en España, años duros, de delincuencia y picaresca. No sin dejar el cine español me gustaría reseñar un tema de la película La lengua de las mariposas del director José Luis Cuerda y de un relato homónimo del escritor Manuel Rivas, con música de Alejandro Amenábar y también Lucio Godoy, es una música especialmente atractiva y con una tristeza reposada que hace que la película tenga ese halo de ternura e infancia, que la hace tan encantadora.

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También Pedro Almodóvar tenía que estar en este repaso por el cine español musicalmente hablando, breve repaso si se me permite la cuña, el gran Pedro Almodóvar es un exigente revelador de músicas que para mí antes eran desconocidas y ahora no lo son, su músico en casi todos sus filmes es Alberto Iglesias, pero también usa las versiones de músicos que no se dedican al cine, por ejemplo, en la película Todo sobre mi madre por la que fue oscarizado en Hollywood, ustedes lo recordarán, hay un músico llamado Ismaël Lo con un tema primoroso llamado Tajabone, Ismaël es un músico senegalés y la letra de la canción quizá tenga poco que ver con lo que se ve en la película, pero es perfecta para mostrar fugazmente la Barcelona y su marginalidad, que no quita de que ésta sea una ciudad ilustre y con poder, como bien diría Peret en su rumba para las olimpiadas del 1992. También hay otro tema en otra película de Almodóvar, llamada Hable con ella en una versión de la mano del cantante Caetano Veloso, el tema es Cucurrucucú Paloma, este tema también aparece en una película gay llamada Happy Together realizada por el director de Hong Kong Wong Kar-wai, la película tiene dos escenarios que son Hong Kong y Buenos Aires, en la película la banda sonora por parte de Caetano se usa la misma versión, también interpretada por Caetano Veloso pero en la de Almodóvar Caetano la canta para la cámara. Aunque ahora hagamos un breve repaso (repito), voy a reseñar un par de películas extranjeras pero antes quiero hacerlo con el gran Goya en Burdeos, un film también de Carlos Saura como director y con música de Roque Baños, destacaría el tema La pradera de San Isidro un tema que se remonta a la España de Fernando VII y los tiempos De Francisco De Goya, Siglo XVIII, tiempos convulsos para la historia de España.

Ahora hablaré de una banda sonora de una película extranjera, francesa para ser exactos, la película se llama Ascenseur pour l’échafaud aunque su banda sonora sea íntegra de Miles Davis, destacaría su tema genérico, una verdadera joya del jazz. Miles Davis también ha sido llevado al cine muchos años después de su muerte, en la película Miles Ahead que también es un documental, donde el propio Davis nos habla de su obra musical. Es oportuno decir ahora que sobre bandas sonoras he puesto mucha atención en ellas, tanto españolas como extranjeras. También en el programa de TVE Días de Cine, me gusta poner atención al clima de la película que siempre es su música de fondo, mejor decir ambiente que clima, vean cine y escuchen mucha música.

Asalto al Banco Central (Juan A. Herdi)

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Veo la reposición del documental Asalto al Banco Central (Atraco imperfecto) en la segunda cadena de la TVE este domingo 11 de agosto y reconozco que me ha producido una sensación extraña, agridulce, un tanto reflexiva sobre el tiempo transcurrido, sobre la España que fue y la España que es hoy, sobre lo que es una sociedad y también, poniéndonos un poco trascendentes, sobre cómo la Historia, o tal vez el tiempo, a la larga es lo mismo, nos cincela a cada uno de nosotros mediante nuestras propias historias particulares, siempre en contacto con lo que nos rodea.

Recuerdo haber seguido aquel atraco con rehenes por televisión, pegado a la pantalla, con la vaga sensación de que había un magma amenazante en aquello que veía. Ocurrió tres meses después de otro hecho grave, el intento de golpe de Estado llevado a cabo por el Teniente Coronel Antonio Tejero en el mismísimo Congreso, en un año que, aun siendo yo bastante joven, apenas un crío, comenzaba a interesarme por la realidad política y social que me rodeaba, sobre todo en aquel 1981 repleto de acontecimientos graves, como lo fueron los muchos atentados que hubo durante aquellos meses, el incidente de la Caja de Juntas de Guernica, la dimisión de Suárez, la entrada antes referida de aquellos Guardias Civiles en el Parlamento y, por último, ese atraco en Barcelona. España aún no se había adherido a la Comunidad Económica Europea, las instituciones parecían tambalearse peligrosamente, la movida madrileña comenzaba a gestarse, la crisis golpeaba a los trabajadores que aún empleaban un vocabulario político de clase, aunque ya se vaticinaban algunas rendiciones, y en la calle se hablaba bastante de inseguridad y delincuencia, eran los años, no se olvide, del cine quinqui y de las bandas callejeras.

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A este último ámbito pertenecía José Juan Martínez Gómez, el Rubio, un atracador de poca monta, algo macarra y bastante rebelde –tan rebelde que hay quien le atribuyó en algún momento posiciones anarquistas– que malvivía entre atracos a comercios y bares, o a alguna sucursal bancaria de barrio –incluso en 2016 se le vinculó a un atraco en el barrio donostiarra de Egia– y que se convirtió en el líder de una banda que entró aquel sábado 23 de marzo en la sede del Banco Central ubicado nada menos que en la esquina de las Ramblas con la Plaza Cataluña.

Lo que parecía, más que un atraco al uso, todo un golpe a una sede bancaria importante, acabó siendo un secuestro de los empleados y clientes que en mala hora se hallaban en su interior, con petición de libertad para Tejero y tres de sus adláteres, con el país de nuevo con el corazón en un puño, la Policía Nacional y la Guardia Civil, el Gobierno y los servicios de inteligencia en estado de alarma, gabinete de crisis incluido e instalado a escasos metros, en la sede del Banco de Bilbao, también en la Plaza de Cataluña.

El documental lo realiza Neus Sala en 2010. España había cambiado mucho en aquellos veintinueve años, nada era lo mismo, ni siquiera aquel edificio de la Plaza de Cataluña con la Rambla de Canaletas era ese año un banco, sino que había, y los hay hoy, unos grandes almacenes donde compran o pasan delante de él miles de personas, ya sean turistas o habitantes de la ciudad, ajenos a lo ocurrido entonces, apenas lo recuerdan ya quienes son de mediana edad, los más jóvenes ni sabrán lo que ocurrió. Se mantiene el kiosco de prensa, frente a las escaleras del metro, tras el cual se refugiaron muchos de los rehenes, y es posible que alguno de los atracadores disimulados entre ellos, aunque sólo uno de ellos logró escapar, durante aquella desbandada al día siguiente que quedará grabada en la memoria, la del aquel domingo, ya tarde, cuando se iniciaba la anochecida, unas escenas imposible de olvidar, decenas de personas saliendo a la carrera, tirándose al suelo a instancias de la policía, arrastrándose para ponerse a salvo si se abría un tiroteo..

Vemos en la estética de aquel periodo, estética más setentera que ochentera, con colores pálidos y estilo añejo, un mundo que ya nos resulta muy antiguo, irreconocible incluso, aun cuando recuerde hoy a la perfección aquel fin de semana, tal vez porque nosotros mismos nos sintamos a la vez los mismos pero distintos, aunque sólo sea por las muchas más posibilidades de futuro que teníamos entonces.

El asalto se saldó con un muerto, un herido, aparte de los ataques de ansiedad, y el descubrimiento expandido a diestro y siniestro de que aquella banda nada tenía que ver con tramas golpistas, ni siquiera políticas, aquello era una mera «banda de chorizos, macarras y anarquistas», en palabras del general Aramburu, aunque siempre quedó la duda, se vean todavía algunas intrigas en todo aquello y persista una aureola de misterio que surge de tanto en tanto, incluso en boca del propio Rubio.

Pero en estos nueve años desde la realización del documental ha habido también cambios. Aparecen en el documental Jordi Pujol y Narcís Serra, que aquel año del asalto eran, respectivamente, presidente de la Generalitat de Catalunya y alcalde de Barcelona, los dos laureados en su momento, considerados políticos de primera, con gran visión política y de gestión, pero ambos caídos en desgracia, el primero con una larga instrucción judicial por haber saqueado Cataluña en familia, instrucción que está acabando ahora y que dará lugar sin dudas a un juicio al clan, y el segundo acusado del cobro de sobresueldos durante su gestión de CaixaCatalunya, de lo que fue absuelto, aunque participara en ese proceso de privatización de las cajas de ahorro, que en el caso de la caja catalana llevó a su desaparición al ser absorbida por el BBVA. Nada es lo mismo, desde luego, las cosas han cambiado, es evidente, y muchos de los gigantes de entonces, nos damos cuenta ahora, tenían los pies de barro. Todo un aviso a navegantes, un recordatorio de que todo dirigente, por muy alto que se halle, no deja de ser humano, demasiado humano, de que todos somos, al fin, mortales y susceptibles de derrota.