Reflexiones de una ondjundju-Escritores ecuatoguineanos-Juliana Mbengono

De “Cuando los combes luchaban” a “Suspéh”: fotografiando Guinea con letras

La nueva generación de escritores ecuatoguineanos es tan atrevida que ha decidido hacer capturas más fieles del presente utilizando jergas locales y expresiones en lenguas vernáculas pese a la falta de editoriales, la barrera del español, el coste de la publicación en el extranjero, etc. 

Hablando de literatura ecuatoguineana, si nos alejamos de las obras populares o anónimas, sería difícil hablar de ficción al 100%. Los escritores siempre usamos el escudo de “todo parecido con la realidad es casualidad”. Pero, por aquí se cuenta que “la tortuga dijo que la bestia que mató a su madre tiene manchas y el guepardo se sobresaltó; por lo que la tortuga le preguntó si era el único animal con manchas”. Y como se dice por ahí, quien nada debe, nada teme. Y los escritores de Guinea tenemos mucho miedo al contexto social.

La primera obra ecuatoguineana con un autor reconocido fue “Cuando los combes luchaban” (1953) de Leoncio Evita Enoy. Y la segunda fue “Una lanza por el Baobí” (1962) de Daniel Jones Matama. Ambas, publicadas durante el periodo colonial, han sido catalogadas como literatura de consentimiento debido al rechazo que los autores manifiestan sobre su propia identidad, presentando lo negro o africano como salvaje en comparación con la “civilización” de los colonos.

El hecho de que ambas obras sean clasificadas como literatura de consentimiento puede deberse al contexto en el que se escribieron: el negro debía transformarse en todos los aspectos por la necesidad de parecerse al civilizado colono y ser aceptado por él. Desde aquí, ya vemos como la literatura ecuatoguineana, desde sus inicios durante la colonia, es un espejo social; quizás no siempre de los acontecimientos históricos, sino también de las ideologías, costumbres y sentimientos de la sociedad.

La literatura producida en Guinea Ecuatorial a partir de 1968, año en el que el país obtuvo su independencia un 12 de octubre, día de la hispanidad, puede subdividirse en dos partes: la producida durante el gobierno del primer presidente, Francisco Macías, y la producida durante el gobierno del presidente actual, Teodoro Obiang.

Al investigar sobre los escritores del primer gobierno, veremos que gran parte de la literatura ecuatoguineana producida entre 1968 y 1979 se produce en el exilio. Muchos de los escritores ecuatoguineanos se exiliaron en España. Esta generación de exiliados ha recibido diferentes nombres por los mismos escritores. Juan Balboa se refiere a ellos como la generación perdida, mientras que Ciriaco Bokesa llama a ese periodo la Época del mutis y Donato Ndong la ha llamado Once años de silencio. Al igual que los otros, las obras de los exiliados también reflejan su presente: su deseo de volver a casa y sus sentimientos hacía Guinea.

El tercer periodo para la literatura ecuatoguineana, después de la colonia y el gobierno de Francisco Macías, comienza con trabajos como la antología de la literatura ecuatoguineana y la creación del Centro Cultural Hispano-Guineano (1982) desde el que se fomenta la literatura ecuatoguineana a través de herramientas como la revista África 2000 y una emisora de radio homónima. Unos años después, en 1985 la Universidad Nacional de Educación a Distancia publica la novela “Ekomo” de María Nsue, conocida como la primera novela escrita por una mujer ecuatoguineana. 

Tanto en Ekomo, como en otras obras aparecidas en la revista África 2000 y otras de la misma época archivadas en los documentos del Centro Cultural Español de Guinea, también se refleja la realidad ecuatoguineana, a veces de manera simbólica.

El autor de la obra “El párroco de Niefang”, Joaquín Mbomío, ha clasificado a los escritores ecuatoguineanos en corrientes como la Corriente Popular, la Corriente Independiente y la Corriente Neoguineana. En las obras de los autores de todas esas corrientes, como “Tres almas para un corazón”, de Guillermina Mekuy o “Avión de ricos, ladrón de cerdos”, del escritor ecuatoguineano más prolífico de todos los tiempos, Juan Tomás Ávila Laurel; seguimos viendo un esfuerzo constante por capturar la realidad y el presente entre papeles o simplemente hacer un esbozo de lo que se vive o se ve.

Los autores de la literatura ecuatoguineana actual, nacidos entre 1980 y 2000, podrían considerarse como la cuarta generación debido a sus particularidades. Aunque esta nueva generación también captura el presente en sus obras y utiliza la escritura como medio de expresión, tiene ciertas particularidades que la hacen única. Por citar un ejemplo: “Suspéh” es el título de la última obra del autor de “Barlok, los hijos del gran Búho” y “El albino Mico”, Estanislao Medina Huesca.

Aunque Trifonia Melibea, activista LGTBQ+ y la escritora más prolífica del momento, ha llamado “escritoras rebeldes” a las escritoras contemporáneas. Esta rebeldía es una característica general de la nueva generación que, al parecer, no se ajusta a los requisitos del público internacional e intelectual, en vez de eso, dirige sus obras a los propios ecuatoguineanos y en especial, a la juventud. 

Este afán por describir el día a día y la realidad de cada uno, nos permite ver diferentes panoramas del país. Mientras que en “Suspéh”, Estanislao nos permite conocer un poco de Guinea Ecuatorial a través de los delincuentes juveniles; en “Juntos antes que anochezca” de Chris Adá y en “Yo no quería ser madre” de Trifonia Melibea se nos permite conocerla a través de los testimonios de jóvenes homosexuales; en “Ebihi Nga Mbot” de Isabel Rope se nos acerca al infierno que supone la poligamia para muchas mujeres y en “Mbura Mbot” Matías Elá, al igual que Maximiliano Nkogo en “Nambula”, expone el perfil de los funcionarios públicos, su incompetencia y muchas cosas más que descubriremos dejándonos llevar por estas joyas.

Por lo tanto, la literatura ecuatoguineana es un medio excelente para conocer esta pequeña excolonia española.

Reflexiones de una Ondjundju-Pull na do-Juliana Mbengono

Pull na do1 

Hace como dos semanas que nos fuimos de vacaciones después de retomar las clases por un mes tras la parada impuesta por el Covid-19.  

A pesar de que las aglomeraciones están prohibidas, mis vecinos de Vikatana Makeda celebran su 2bucang todos los fines de semana por la tarde. Yo soy el bicho antisocial que, por más que le inviten los vecinos, nunca acude a las sentadas. Pero lo cierto es que me aburro como mi madre vendiendo patatas en el mercado un domingo por la tarde. 

Si los centros culturales estuviesen abiertos, quizás habría ido a ver la presentación de una obra en el centro cultural español, escuchar una conferencia en el ecuatoguineano o una obra de teatro en el francés. Me rio al pensar en que sólo nos falta el centro cultural inglés y quizás el portugués y el chino.  

Cuando estoy a punto de echar la cuarta siesta del día, llama mi amiga Divina. Debo estar ahí en menos de una hora y tendré que quedarme a dormir porque los preparativos del pull na do de su hijita se inician esta tarde, pero el mismo ritual comenzará mañana por la mañana, a las cinco y media.  

Después de echar una carrera por todo el vecindario con la niña en brazos, nos pasamos el resto del día cantando y disfrutando. La bebé es una preciosa de ojos saltones que se despierta a ratos para llorar y tomarse el biberón. Ya tiene la cuerda roja que espanta las enfermedades cutáneas atada a su cintura y sobre la cabeza tiene un hilo para apaciguar el hipo. En una esquina de la habitación está su barreño. Puedo observar que dentro del barreño está la ramita que ahuyenta a los brujos, un bolígrafo para garantizar el éxito en los estudios y una moneda para asegurar la prosperidad económica. Conozco a tantas viejas que siguen cumpliendo ese protocolo y sus hijos están tan pelados como yo.  

Mientras que algunas se encargan de freír alitas y chicharro, otras compañeras de clase y amigas traen de todo: Majeda trae 3pisoj de coco y Vero trae 4bilola y 5abalá.  

En la mesa hay de todo, parece un concurso de gastronomía: desde el 6esuc melén y el 7djomba hasta la ensaladilla rusa y el arroz paella. 

Nuestro cuñado y los hermanos de Divina traen bidones vacíos y los llenan de cervezas San Miguel, Trio Stous, refrescos y zumitos que cubren con cubitos de hielo; cuatro bidones de bebidas en total y diez botellas de licor, entre ellas los apreciados Larios y Soto, con la inscripción “Prohibida su venta en la Unión Europea”. 

Aquí se ve que hay amor, Camacho y Divina han tirado la casa por la ventana por segunda vez, la única diferencia entre este pull na do y el baby shower que celebraron cuando supieron que sería una niña es que, para el baby shower decoraron el patio y la casa con globos y telas de color amarillo; esta vez se han limitado a poner dos carpas y unos bancos largos en el patio.  

Poco a poco van llegando los invitados, sobre todo mujeres. Los hombres que llegan se limitan a saludar al bebé y depositar un billete de mil francos, dos mil francos, cinco mil francos y diez mil francos sobre su frente. Los más tacaños o quienes menos tienen envuelven un billete de quinientos francos como si fuese un canuto y lo ponen en su mano. Se dice que depositar dinero en la mano de un bebé contribuirá a su futura estabilidad económica, siempre tendrá dinero a mano. Después de obsequiar al bebé con dinero y/u otros regalos, se toman un refresco y pican algo mientras charlan entre risas con el padre u otros amigos con los que han coincidido en el pull na do. 

Las mujeres, después de entregar el regalo al bebé, hacen el 8oyenga. Algunas se animan a cargarla y entonar alguna que otra canción o bendecirla y prometer que será una mujer exitosa, que se casará con un adinerado, que será dichosa, que será feliz…  

Divina está atenta a todo lo que hacen las mujeres, no sea que alguna bruja intente cambiarle la bombilla de la suerte.  

_Que nadie le rasque la palma de la mano, que nadie compruebe su 9evú_ me dice al despedirse de mí para irse al baño.  

Me rio, para tener tanto miedo a que alguien venga a cambiar el destino de tu bebé, mejor no haber organizado el pull na do. 

Me olvido del Covid-19 y las reglas mientras me entrego al 10malamba y al11topé, junto al grupo de mujeres que no hace más que cantar groserías y otros temas que parecen ataques indirectos entre las mujeres y las familias de los novios. 

A la mañana siguiente está claro que el pull na do ha sido un exitazo: no queda una sola cerveza, refresco ni rastro de comida. Todo lo que hay en el patio son latas vacías y muchas hormigas.  

La bebé ya ha sido presentada al mundo al estilo occidental con el baby shower y al estilo africano o ecuatoguineano o bubi o criollo, para ser más específicos, con el pull na do. 

1 Fiesta que se celebra por el nacimiento de un bebé. Su mayor diferencia con el baby shower es que se celebra después del nacimiento del bebé. 2 Forma local y coloquial de referirse a una juerga o un botellón entre los jóvenes de Guinea Ecuatorial. 3 Plato annobonés consistente en una torta preparada a base de coco rallado. Se consume como guarnición. 4 Variedad de molusco de mar, es más consumido por la etnia bubi en G.E 5 Plato típico de la etnia bubi que se consume como guarnición. Se prepara a base de malanga rayada.

6 Plato africano preparado a base del jugo extraído de los dátiles de la palmera. 7 Plato africano preparado a base de pasta de modica. 8 Grito de alegría y júbilo. 9 En la cultura fang, ser interior que influye en nuestro carácter o determina nuestra actitud y éxito.

10 Bebida alcohólica preparada a base de caña fermentada. 11 Vino de palma.

Reflexiones de una ondjundju-La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una vendedora ambulante

Comenzamos una nueva sección que será fija en la web: Reflexiones de una Ondjundju. Pretendemos que sea una ventana abierta a Guinea Ecuatorial, uno de los pocos lugares de África en el que el castellano tiene una presencia real y hay ahora mismo un enorme dinamismo cultural.

Juliana Mbengono será quien nos ofrezca esta mirada sobre la cultura, la literatura y la sociedad ecuatoguineana. Sin duda con ella conoceremos todo un mundo que está por reconocer, se trata de romper prejuicios, intercambiar ideas, proyectos, sensaciones y aprender también de lo que nos ofrecen desde ese país, para muchos muy desconocido.

Nos encantaría que fuera una oportunidad poder relacionarnos de igual a igual con una cultura muy dinámica y una población sin duda deseosa de mostrar su realidad, en un diálogo que esperamos sea perenne y fructífero.

Pasen y lean.

La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una comerciante ambulante

Probablemente, al escuchar la palabra juventud recordaremos los años que pasamos en la universidad, pensaremos en moda y amigos o en un botellón.

Lo cierto es que, la palabra juventud puede llevarnos a un universo de ideas; de tal manera que, si me pidieran citar cinco rasgos de la juventud empezaría por citar la rebeldía, la curiosidad y el amor.

Al pensar en juventud africana, del modo especial en el que uno pensaría sobre cualquier tema relacionado a África, me doy cuenta de que difícilmente se situarían los estudios, el amor o la curiosidad por encima de la explotación y el hambre.

Un día encendí la tele y me sorprendió un anunció en el que una niña buena procuraba que los niños de África pudieran comer huevos… si ella supiera que los huevos son de lo más barato que hay por aquí. Pero bueno, algún adulto, seguro de conocer África como la palma de su mano, escribió el guión y otro la ayudó a cantarlo.

Seguramente, lo primero que se nos viene a la mente ahora que pensamos en juventud africana no es un grupo de estudiantes, ni un botellón. Ahora, la imagen es la de una chica escuálida de Somalia, en un intento de ser específicos, removiendo algo parecido a lodo en una olla carbonizada sobre una hoguera, mientras un bebé escuálido, que probablemente no come huevos a menudo, llora sobre el polvo. También es recurrente la imagen de un chico cargando un AK-47 o la de una niña cargando una bandeja de buñuelos llenos de moscas.

África nunca ha sido un lugar normal: si no es una selva paradisiaca que despierta el interés de reyes por cazar elefantes y leones, será una ciudad llena de niños comerciantes que no van a la escuela o el origen de los inmigrantes que tienen la esperanza de no morirse ahogados.

Toda esta palabrería se resumiría en que, pensar en los jóvenes de África resulta especial porque hablamos de los jóvenes de la referencia del tercer mundo por antonomasia. Quizás alguno estalle o entorne los ojos por estar cansado ya del temita de África porque, también, al pensar en jóvenes y niños camboyanos lo primero que se nos puede venir a la mente es la imagen de gente apiñada en chozas y niños cazando anacondas. Pero ahí está el caso, que Camboya no es todo un continente, y en África, cualquier poblado representa a todo el continente porque los medios quieren vender hechos sobre lugares exóticos.

Gracias a esa presentación de África como el paraíso infernal, que es más infernal para muchos de sus jóvenes; luchamos por alejarnos y emprender lejos de nuestros gobiernos; por cruzar el mar y ver si en el mismo horizonte al que llevaron a nuestros antepasados en contra de su voluntad seremos más felices añorando el calor de los nuestros mientras jugamos a sobrevivir para poder enviar un poco de dinero a casa.

Miro a mi alrededor, podría deprimirme y quedarme a lamentar mi vida igual que un personaje de “La que se avecina”; pero también puedo enfrentarme a los retos que supone PARA TODO EL MUNDO salir adelante sin el apoyo de familiares, amigos y otros conocidos que nos pongan las cosas en bandejas de plata.

Aquí la situación es un tanto especial y no lo niego, la brecha tecnológica y educativa sigue existiendo; se diga lo que se diga. Por ejemplo, en mi país no existen fibras ópticas de 20€ al mes, pero sí existen puntos remotos desde los que se puede acceder gratuitamente a internet con el riesgo de que algún ratero te quite el celular a punta de cuchillo, ya que difícilmente te lo quintaran a punta de pistola; pues, aunque no lo parezca, cualquiera no consigue tener una pistola por aquí.

Aun con todo lo que nos llevarían a pensar en la juventud africana como un grupo especialmente desgraciado y vulnerable, los jóvenes africanos encajaríamos perfectamente a nivel internacional. Pues, por el simple hecho de ser jóvenes ya compartimos muchísimas cosas.

No sólo colaboramos para traer el pan a casa, también nos encanta la moda, la diversión y estudiamos para tener títulos universitarios. Otra cosa es que sólo se visibilicen los extremos, sobre todo los miserables.

Si tenemos en cuenta que cada persona, por sus cualidades y condiciones, puede resultar un universo; nos resultará más fácil entender que los jóvenes africanos no somos todos iguales ni vivimos todos en las mismas condiciones.

Miro a mi alrededor y veo a compañeros de la universidad mirando las notas en los tablones de anuncios; en mi WhatsApp encuentro una felicitación de un amigo director de teatro y cine que hace poco resultó ganador en el proyecto

Tony Elumelu para jóvenes africanos emprendedores; ser joven africano no es sinónimo de embarazos precoces ni falta de educación. Como personas conscientes que poco a poco van ganando terreno en su batalla contra los estigmas, estereotipos y prejuicios, somos chicos y chicas que se trazan metas, que tienen un plan de vida.

Probablemente, uno de nuestros mayores problemas es nuestra mirada hacia el exterior. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, nos centramos tanto en lo que tiene occidente que los personajes de nuestras obras literarias, a menudo, toman té durante los atardeceres dorados al igual que los ingleses, cuando lo habitual y más parecido a tomar té verde por aquí es desayunar con una infusión de contrití.