ÁFRICA WEB (Cecilio Olivero Muñoz)

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Cientos de veces a lo largo del año miro las visitas que ha tenido esta web/blog en particular y nunca, o casi nunca encuentro un país africano como visitante de la web/blog. Ni siquiera de Guinea Ecuatorial, ya que hablan español. A veces del norte de África pero muy pocas. No es penoso, es de vergüenza. En África precisamente es donde va a parar la tecnología obsoleta que ya dejó de funcionar en países europeos. África hoy por hoy es no sólo el vertedero del mundo industrializado, sino que también es una enorme mina exterior e interior y un gigantesco campo de cultivo. Existen dos países que tienen a África como un campo de cultivo, son China e India. Éstos países ahora son potencias mundiales en el tema económico, pero no sólo eso, nosotros los europeos y Estados Unidos estamos agujereando el continente a la búsqueda insaciable de materias primas, también piedras preciosas y más y más riqueza sale de sus fronteras cerradas al tráfico humano, aunque no a la riqueza que tiene el continente. Estamos explotando el continente, expoliando su riqueza y luego no les damos asilo político ni económico tan solo para que no haya un “efecto llamada”. Aunque no sólo en ese aspecto la marginación es evidente, sino en el aspecto de Internet y las nuevas tecnologías. Y luego nos reímos si los vemos atrasados cívicamente en los países ricos, pero no entendemos la base y el porqué de sus situaciones de desmantelamiento de la tierra donde preferirían quedarse. No solamente Sudáfrica debe ser la niña mimada de el gran continente negro. Está bien que nos preocupemos por el cambio climático, pero en el mismo orden de esperanzas está la lucha contra la pobreza mundial y no hemos avanzado nada, tanto ni un aspecto como también en el otro, y el reloj va a la contra; yo sé que por muchas cosas que diga aquí ahora no voy a solucionar nada, ni tampoco con la web/blog, ni con la revista literaria digital, pero tengo conciencia de cambio, es decir, tenemos conciencia positiva en todo el aspecto de África y su necesario amparo por parte de los países ricos y prósperos, con vidas plenas; miramos problemas como el SIDA o el Ébola como algo lejano, como si no fuese cosa nuestra, y creo, que si les exigimos conciencia cívica, nos la apliquemos todos de una manera global, y no omitamos el problema para después quejarnos sobre el tema de la inmigración. Debemos tener conciencia cívica mundial. Es nuestra manera de pensar y lo creemos con convicción, de ahí nuestro pequeño grano de arena en un desierto de silencios y vacíos de espacios. Resulta que la World Wide Web no es ese sueño en el que despertarse, es una pesadilla que no parece tener fin.

Las canciones de ida y vuelta (Cecilio Olivero Muñoz)

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Hay dos figuras que me interesan y las dos tienen algo en común, sobre todo porque las dos cantan, componen e interpretan tras un piano. Una es cubana y la otra de Sevilla. El uno es Bola de Nieve y el otro Manuel Pareja Obregón. Bola de Nieve es un cantante que compone temas e interpreta cantares de ida y vuelta, muy conocedor del decimonónico cancionero español. Bola de Nieve es su nombre artístico, en realidad se llama Ignacio Jacinto Villa Fernández. Tiene temas como Mama Perfecta llevado por el grupo hispano francés Mano Negra a la fama en los años noventa. Hay que resaltar de que Bola de Nieve murió en 1971 en Ciudad de México, y ese tema en particular es muy conocido entre la afrocubana gente, aún hoy. Bola de Nieve tiene canciones también como Pobrecitos mis recuerdos llevado al cine por Jonás Trueba en el film Todas las canciones hablan de mí, película interesante y realizada por un director joven con cierto gusto musical. Cabe decir que su padre es Fernando Trueba, también director de cine oscarizado y gran conocedor del repertorio de “Ida y Vuelta”, ya que también ha sido productor del disco Lágrimas Negras perpetrado por Diego el Cigala y el pianista cubano Bebo Valdés. De Manuel Pareja Obregón diré que es un compositor de canciones típicas sevillanas, ósea, sevillanas. Tiene letras que son pura poesía, llevado también al cine por Carlos Saura y su film Sevillanas convertido en un documento testimonial gráfico, ya que es la última aparición en público de tres figuras flamencas: Camarón de la Isla, Paco Toronjo y el mismo Manuel Pareja Obregón; como crítica diré que a veces resulta un tanto monárquico, pero a un artista poco deben afectarle ideales y compromisos socio-políticos si éste ha hecho de su arte algo inofensivo pero con calidad, ésta vez musical y compositora. También quiero hacer hincapié en otra figura, ésta femenina, y es Nina Simone. También tiene cierto denominador común con los dos personajes descritos y también autora de canciones también de “Ida y Vuelta” pero ya en un plano anglosajón lejos de la sintonía que tienen España con Latino América. Va por ellos, por su labor pianística y compositora y el gran talento de todos los mencionados en este escrito. Escuchen música, es un deleite placentero.

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5o Número de la revista Nevando en la Guinea.pdf

Reseña literaria (por Juan A. Herdi)

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Álex Oviedo

Ausentes del cielo

El Desvelo Ediciones, 2019

Decía Carlos Marx que había aprendido mucho más sobre la sociedad europea de su época en las novelas de Émile Zola que en los sesudos estudios económicos y sociológicos de su época. Sin duda se puede aplicar a cualquier momento y a cualquier grupo humano del mundo: para comprender los mecanismos sociales reales, los que afectan a la cotidianidad, hay que buscar en la literatura, en la ficción, más que en los ensayos y en los estudios académicos. Es lo que Unamuno denominaba la intrahistoria, ese decorado de la Historia (con mayúscula) que a menudo es lo esencial y tal vez lo que haya que saber de verdad para entender, al final, la realidad.

Puede que eso sea así porque la literatura busca más los cómo que los porqués y muchas veces la narrativa consigue aprehender la atmósfera, el ambiente, la cotidianidad mucho mejor que aquellos ensayos y estudios académicos tan sesudos ellos, pero que no transmiten los sentimientos cotidianos. Y lo que ocurre en la novela Ausentes del cielo, del escritor bilbaíno Álex Oviedo, es justo eso, que el lector vive la sensación de ahogo y siente la falta de sentido de una situación difícil de explicarse, la que vivió el País Vasco durante mucho tiempo, los años de enfrentamiento bronco y hostil en el que explicarse lo que ocurría, responderse a los por qué, dejó de tener sentido y la gente empezó a apañarse bajo la tensión diaria, como espectadores un tanto ajenos al conflicto. De allí que en la novela sean tan importantes los espectadores.

Todo ello nos lo lanza de pronto Álex Oviedo al convertir esa atmósfera enrarecida, asfixiante y absoluta en el personaje principal, muy por encima de los personajes que se mueven en la trama, una atmósfera que envuelve a cada uno de los personajes y los determina, convirtiéndolos en marionetas del ambiente. A veces sin necesidad de tomar conciencia de lo que cada cual hace.

Los hechos van sucediéndose a golpe de ahogo, bajo una falta de sentido que, sin embargo, no les quita envergadura ni tensión. Por lo demás, no hay intriga, no se trata de una novela policiaca al uso con un crimen de tintes políticos que se va investigando, nada de eso, es a todas luces una novela de atmósfera, de ambiente, en última instancia una novela de identidad colectiva e individual, cuyos límites se confunden, los personajes plantean sus conflictos propios, personales, ligadas a lo colectivo, tal vez porque al final no haya frontera entre ambos ámbitos o la frontera sea tan tenue que no sabe nunca dónde se encuentra.

De este modo, Álex Oviedo va abriendo pequeñas brechas por las que ir descubriendo ángulos de lo que fueron esos años, creando una hipótesis a partir de la cual podemos ver cómo transcurrieron los mismos. No hay valoraciones, sí en cambio juicios de valor, posiciones que determinan y acaso limitan las miradas y que no requieren de ningún por qué, de motivos, para entenderse, ni pudor para entender lo que pasa.  Es al lector a quien en realidad se dirige en un momento dado la pregunta clave, «¿Acaso usted sabe siempre por qué?» y al final uno acepta que esa atmósfera penetre en la vida cotidiana como una neblina que filtra la luz.

Aparecen hoy novelas que tratan el tema de ese conflicto, el vasco, del que no han pasado tantos años, aun cuando parezca que hablamos de una etapa muy lejana de nuestra historia. Hoy las calles del País Vasco guardan poco parecido a las descritas en la novela de Álex Oviedo, lo cual refleja una capacidad inmensa de pasar página, a pesar de ciertos discursos políticos actuales, sin que sepamos a ciencia cierta si es bueno o malo que eso sea así. En todo caso, es de agradecer que el escritor nos mantenga en vilo al devolvernos el reflejo de un estado de ánimo difícil de asumir, una novela sin duda necesaria.

Sobre “el pianista” de Manuel Vázquez Montalbán y la mirada de la literatura (por Juan A. Herdi)

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En 1985 el escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán aparcaba por un tiempo a Pepe Carvalho y publicaba «El Pianista», una novela que relata la vida de Alberto Rosell, un músico que se nos aparece al principio como de segunda fila, que toca el piano en un tugurio de las Ramblas en plena década de los ochenta, pero que a medida que avanza la historia, narrada hacia atrás en el tiempo, se nos descubre de otro modo, como un personaje de no poca grandeza moral, víctima a todas luces de unos tiempos turbios, caóticos y sin duda decepcionantes en muchos aspectos.

Releer esta novela ahora resulta a todas luces un soplo de aire fresco, literario por supuesto y también político, cuando estamos en un momento en la política institucional sin mucha grandeza, más bien mediocre y anodino, todo hay que decirlo, y cuando llevamos varios lustros con un debate intenso sobre la memoria colectiva de los años de dictadura y transición (no me acaba de convencer lo de «memoria histórica», toda memoria colectiva es por fuerza histórica).

El relato está dividido en tres partes: la primera parte transcurre en los primeros ochenta, cuando el gobierno socialista, el primero tras el fin de la dictadura, comienza a “normalizar” el país y un grupo de amigos, antiguos militantes comunistas en la universidad que se van adaptando de manera diferente a la época, observan de formas muy distintas y contrapuestas esos nuevos tiempos mientras descubren a un Alberto Rosell anciano, pianista marginal, de tugurio, tan opuesto al presente y exitoso Luis Doria; la segunda transcurre en los complicados años de la posguerra inmediata, años de pobreza, de miseria y frustración, y que es la parte en la que Vázquez Montalbán proyecta más ternura hacia el protagonista y el resto de los personajes que le rodean; la tercera, por su parte, transcurre durante los días previos e inmediatos al 18 de julio del 36, cuando no está nada clara la situación y Alberto Rosell y sus compañeros artistas en ciernes, entre ellos Luis Doria, han de optar entre sus vidas particulares o su compromiso colectivo.

El autor barcelonés había comenzado a darle vueltas a la novela bastante tiempo antes, a inicios de los setenta, pero no fue hasta los ochenta que la escribió, en una etapa vital además muy intensa para él por su compromiso político, había entrado a formar parte del comité central del PSUC, en un momento de profunda crisis en esta organización, puesto al que renunció poco después, cuando esa crisis se extendió al conjunto del Partido Comunista de España y que le llevó casi a su desaparición institucional. Sin duda trasladó a su novela muchas de sus inquietudes políticas y éticas, también las de la propia época, en la que se normalizó el mercadeo institucional, lo ideológico pasaba a un segundo plano –se popularizó lo del «gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones»– y la ética quedaba reducida prácticamente a una asignatura de la carrera de filosofía. De ahí que la novela sea sobre todo un texto sobre perdedores y ganadores, sobre decisiones trascendentes que se han de tomar en momentos decisivos, sobre actitudes personales ante los acontecimientos y renuncias personales que tienen mucho de sacrificio personal. Algo que hoy debe de sonar extraño.

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Con un estilo además apabullante y ágil, es inevitable que su lectura nos confronte a un sinfín de cuestiones, que nos interpele en estos tiempos de “repolitización” tan extraños, poco entregados tal vez. Claro que uno no desea por ello que estalle una guerra para poder “sacar lo mejor de cada uno”, porque esto no es así, no lo fue en el 36, cuando la guerra civil española tuvo bastante de miseria moral, de venganzas siniestras, y tampoco fue en general una época heroica, con Alemania entrando en la vorágine del nazismo, la persecución racial, los campos de concentración, con los procesos de Moscú en pleno auge, lo que incentivó la delación y la persecución de toda disidencia. Aunque eso no quita a que hubiera actos y actitudes heroicas, entregas personales que no siempre, como la de Alberto Rosell, tuvieron sus recompensas. Sin duda, queda mucho por conocer, estudiar y escribir sobre toda esta época.

En este sentido, tampoco es baladí tener en cuenta que Manuel Vázquez Montalbán, militante del PSUC, escribe, y escribe además con no poca ternura, con cariño incluso, sobre un Alberto Rosell militante del POUM, y esto tiene mucho que ver con la cuestión de la memoria colectiva, el rescate de los hechos del pasado, incluso cuando esos hechos pueden enturbiar la tradición propia, la militancia en la que uno se compromete. El enfrentamiento entre el PSUC y el POUM tuvo consecuencias trágicas, lo cita Alberto Rosell en la segunda parte, cuando de un modo sinuoso cuenta su paso por la cárcel Modelo tras los hechos de mayo del 37. Esta organización quedó prohibida por la República y sus dirigentes sufrieron tal situación, algunos desaparecieron, otros fueron encerrados en cárceles o los mataron, entre ellos a su figura más destacada, Andreu Nin. Pero además se les acusó de ser quintacolumnistas y de estar al servicio del fascismo y del nazismo.

Luego vino el olvido, olvido por parte de la historiografía franquista –el POUM era un partido marxista, al fin y al cabo– y por la historiografía republicana, bien porque el PCE y el PSUC mantuvieron durante decenios sus acusaciones, bien porque Mayo del 37 fue un capítulo vergonzante. «El Pianista» lo sacó a la luz, de un modo indirecto, tangencial, pero desde luego no casual ni anecdótico. En 1989 el PSUC declaró su responsabilidad en la represión del 37, la falsedad de sus acusaciones y su voluntad de esclarecimiento de las consecuencias trágicas de aquellos hechos. Quiero creer que esta novela tuvo algo que ver en tal declaración. De este modo demostraríamos que la literatura tiene su papel también en la percepción de la realidad y en las miradas hacia el pasado, no siempre justas ni heroicas, que la literatura sirve también para comprendernos como sociedad e incluso para la adopción de unos gestos que limen en parte viejas asperezas y rencores.     

4º Número de la revista Nevando en la Guinea.pdf

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4o Número de la revista Nevando en la Guinea

la taberna fantástica (Cecilio Olivero Muñoz)

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Poco se habla, o tal vez poco se conoce, la gran obra de teatro La taberna fantástica de Alfonso Sastre escrita en 1966 y estrenada en 1985. Quizá sea porque el autor anduviera en sus últimos años entre “malas compañías”. Pues en sus últimos años anduvo con la izquierda abertxale, si consideran los tuercebotas que éstos son los malos; ni malos ni buenos, los ideales van en otra dirección, o a otro ritmo a la obra de un escritor o poeta, sea cual sea su raigambre o su raza. La taberna fantástica es un espejo fiel de la España analfabeta y también de su lumpemproletariado más enquistado en el norte de España, en las dos Castillas y en la Capital. Hablo en especial de la etnia de los mercheros, de los mal llamados kinkis, de aquellos que se dedicaban a hacer la quincalla, a hacer utensilios de menaje con latas y materiales fáciles en ese manejo del oficio marginal y hoy en día en desuso. Cuando hablo de mercheros también hablo de estigma social, de marginación, de jerigonza distinta, chapurrean entre el romaní y la jerga del lumpen, viven en clanes como los gitanos, y muchos son carne de presidio, y en algunos casos de reformatorio. Rafael Álvarez “El brujo” nos deleita (otra vez) con un monólogo que empieza con Mi vida es una novela y sigue en su papel de Rogelio “el hojalatero” y después sigue como colofón del monólogo el interpretado por Vicente Cuesta en el papel de “Carburo”, aunque también he visto la obra en el papel de “Carburo” a Juan Luis Galiardo; la génesis y la estructura de los dos monólogos, el de Rogelio primero y a la zaga el de Carburo, gozan de una expresión dramática que no nos deja indiferentes, refleja muy bien la vida de aquellos años de abusos y tropelías variadas contra la población más débil debido a la vida nómada y por parte de las autoridades de la época, fascistas y severas. La taberna fantástica es una brillante obra de teatro, que abre espacios para conocer tal idiosincrasia española, no es un mundo para hacer turismo ni para tomarlo con frívola distancia, pero sí relevante socialmente hablando. Hoy día los mercheros han dejado sus carros y su quincalla, algunos son afiladores, o los ves por los mercados vendiendo sillas o aparejos de cocina. Muchos son analfabetos, pero son astutos en los temas de la vida, y usan una picaresca adormecida por las vidas de confort algodonado y acolchados entreactos de modorra hipócrita como sobremesa que estamos viviendo hoy en día. Busquen en YouTube La taberna fantástica. La sugiero y anticipo luminarias de entendimiento y de conocimiento enriquecedor. Es todo un ejercicio antropológico de cómo han ido cambiando los tiempos, parafraseando a Dylan, y se sentirán con el privilegio de husmear en la vieja Europa más negra y en la huella que rastreamos aquellos que no nos conformamos con las historias de celofán y materiales sintéticos como el poliéster de gran hipermercado y rebajas de oropel, o el moderno nylon de desprecios ocasionales y decadencia que aparta y margina dentro de martingalas provenientes desde los aires de grandeza y ridícula superioridad del todo gratuita. Véanla.