28º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXII de la 2ª etapa/02-10-2012

 

EDITORIAL LXXII

60ª Edición del Festival de San Sebastián

 

Ya forma parte de una larga liturgia civil y cultural de finales de septiembre, el Festival de Cine de San Sebastián, que este año cumple su 60ª edición. De nuevo, las calles de la ciudad se llenan del encanto de los actores y actrices, de los técnicos de producción, de los directores que pasean por ellas, que se muestran al mundo, siendo la fachada de un mundo maravilloso. Todo ese glamour es sin duda lo de menos, el actor Tommy Lee Jones ha declarado estos días que no le gusta el glamour del cine, que supone una exhibición de vestidos demasiado caros. Sin duda porque detrás hay un contenido que no vemos, pero que es mucho más importante, el trabajo cotidiano del mundo de cine, un trabajo duro, muchas veces rutinario –largas horas de rodaje y de producción-, pero que siempre desemboca en una película, en un producto que puede hacer felices o puede hacer pensar o puede entretener a millones de personas en todo el mundo.

Este año se lleva a cabo el festival en un contexto europeo de crisis y de recortes, que en el ámbito de la cultura está siendo, en muchos países, brutal. En los superficiales baremos establecidos por el capitalismo salvaje que hemos sufrido el valor está determinado por el precio, pero sobre todo por la rentabilidad económica. Y de un modo u otro la cultura, considerada como industria, sobre todo por las administraciones que tienden a considerarla un producto más cuando no un mero escaparate, en el peor de los casos un instrumento de propaganda, no es tan rentable como el fútbol, que sí que mueve millones y no está afectada, parece ser, por la crisis, al menos las grandes ligas, que no en los equipos modestos, los más populares en su sentido más correcto, seguramente sí afectados. Tal vez, como dejó caer Penélope Cruz, puestos a estimar la gravedad de los hechos, resultan más preocupantes los recortes en educación.

Claro que un país donde la cultura adquiere un carácter marginal tampoco puede considerarse, a nuestro entender, un país desarrollado. Deberíamos medir el desarrollo no sólo en lo económico, también en lo cultural, en los niveles de lectura, de asistencia al cine y al teatro, a los conciertos también, en la existencia de infraestructuras para que haya realmente una actividad cultural. También en el compromiso de las administraciones con la cultura, no mediante las obras faraónicas que con frecuencia hemos visto y que se han llevado buena parte de los presupuestos públicos, sino con la cultura cotidiana que nunca va a ser exhibicionista, pero que mantiene en muchos casos la calidad y la cercanía a la población, mucho más importante. Mucho nos tememos que en la vieja y cultivada –otrora- Europa todo esto empieza a fallar.

Aunque un festival posee mucho de fachada, de glamour y de superficialidad, ciertamente, quizá sea bueno que existan sobre todo ahora, para recordar que también hay una actividad tan importante como el cine, como la cultura en general, un mundo en el que habitan los sueños colectivos e individuales y que al final son los que conmueven de verdad. En este sentido, por fortuna, San Sebastián no nos ha defraudado.

 

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POEMA MEDICINAL

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

ASPIRINA CONTRA EL SUICIDIO

 

En mi última agonía callaré lo que dono,

el dolo ajeno, por que nadie es eterno,

 no habrá cómo, para dónde, ni acomodo,

encerraré la culpa en mi duda de invierno

cual niño culpable del robo de un cromo

y lo guarda él en un oscuro trastero

entre páginas de un libro de grueso lomo.

 Fin del rollo, final de hospital con galeno,

cuando mi cuerpo se convierta en plomo,

plomo, plomizo, sentencia el veneno,

me iré anhelándole galaxias al cosmos

o tal vez a rastras de sutiles silencios,

si la vida es utopía, si la vida colmo

me pudriré de nadas y nadires diversos,

¿extrañaré la purga donde agujas conozco?

 Pequé poco de santo, recé de pío demonio,

nadie vio la certeza, nadie tocó nunca bombo,

me inundaré de plegarias de atajo y verbo,

me tragaré la hiel, la miel y el calostro,

suplicaré acciones, perdones y aprecios,

me extinguiré de mejillas en tonos de rojo,

me iré de aquello que tanto quiero,

cuando me traten como tunda de despojo,

cuando mi alma salga de un huevo

algún pico quedará en su poso,

cuando ya no esté entre este cuero,

cuando mi polvo sea ya otro polvo,

¿recordaré las alegrías y el pinchar en hueso?

¿Tendré morriña por beberme el mosto?

¿De deambular vacío entre todo resto?

¿De querer haber sido tal vez otro?

¿De manejarme esclavo del tiempo?

¿De querer lo que quieren quizá todos?

¿Me olvidaré de mi primer beso?

¿Me acordaré del poema y del madroño?

Esclarecí el misterio de donde vengo,

disipé y arañé el feto blando del morbo,

me perdí entre libros, collages y luengo,

me apropié de aquello que añoro,

me perdí entre la huella que ya no dejo,

me quise perder en sarmientos que corto,

me quise llevar ciencia y musa al huerto,

reí, amé, sucumbí, y a veces, menos lobo,

lloré, dormí y comí con espíritu suelto,

me hago agua entre poro y poro

sudando la vida al completo,

resucitando como resucita un retorno,

como resucita un abril concreto,

como resucita la tormenta en este contorno,

cuando este caminar camine lerdo,

cuando este cuerpo sea ya estorbo

y no haya manera de ser, aunque en anhelos,

beberme ese chorro todo de un sorbo,

cuando os vea desde candiles y catalejos

os envidiaré como se envidia al cachondo,

que traspasa la raya del cachondeo,

goza leche de hormiga, se ríe del ceporro,

se olvida en bares chaqueta y sobrero,

se bebe la vida desde vasos hondos,

resiste la pulpa de mujeres de acero,

se deslumbra la risa en sus ojos,

la juerga es su bilis y también su suero,

la pena es su crisis, el tiovivo su sueño,

no lloréis por mí, pensad que fui un loco

y siempre anduve poniendo remiendos

por no ser sinvergüenza, para verme sordo,

por ser de la tribu de los más menos.

Por ser ardid si me atrevo a pudrirlo todo

sin mover ni tan siquiera un dedo,

malgasté dinero y amigos que codo con codo

nos bebimos el agua hasta de los floreros,

puse en cartas de hielo y de cualquier modo

un listado infinito de ardientes te quieros

y un mote a quien le encajó el apodo,

puse trabas, dije síes, dije noes y puse peros,

dime tú si ya no ríes, si es que ya no rimas verso,

dime tú si ya no eres, si es que ya andas disperso,

dime tú si no peleas,

[o si encerraste para siempre al preso.

 

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La crónica

 

 

La ciudad no existe, nunca existió y nunca existirá. Así es como lo expone el cronista cuyo nombre desconocemos, no firma el texto, ni siquiera lo rubrica, algo que, dada la época, tampoco es tan extraño: estamos en el siglo XI, no hay la misma noción de autoría que en nuestros días y la literatura en buena forma poseía mucho de juego de réplicas y contrarréplicas, incluso cuando hablamos de crónicas como es el caso. Pese a todo algo sabemos de él, según me confirma Alfredo, tan atinado siempre en estos temas de lenguas y variantes. Por ejemplo que es de Bayona porque escribe en bearnés con giros propios de aquella ciudad y palabras labortanas que incorpora a las frases pero sobre todo coloca en los bordes del pergamino, como recordatorio de algo que ha de continuar más tarde, detalle este que nos indica también que es detallista, observador, meticuloso. La idea central, más que la mera descripción, es esa sensación extraña, la de alcanzar una ciudad que no existe pero a la que llegan tras varios días recorriendo caminos y campas. Lo va repitiendo varias veces a lo largo del texto, que la ciudad no existe, que nunca existió y nunca existirá, aun cuando los viajeros contemplan sus calles estrechas y curvas, huelen el dulzor de las especias, ven sombras que se cruzan por las esquinas, raudas siempre, como si los habitantes inexistentes de aquellas calles les estuvieran evitando. El cronista comenta la presencia de aquellos hombres y mujeres que les esquivan, aunque presiente que sin ánimo de ocultarse del todo, con otras intenciones, esto eso, con ganas de hacerse notar, de que sepan los extranjeros que están allí, aunque no existan. La repetición no deja de ser una necesidad, la de convencerse, la de fijar la realidad, la de entender lo que les rodea. Ni el cronista ni sus acompañantes pese a todo dicen nada, no hablan, mantienen el silencio para escuchar e intentar captar algún ruido, tal vez porque confían más en sus oídos que en su vista, porque creen que los ojos pueden engañarles, las orejas no.

La crónica es muy completa tal vez por ello, porque su escribano ha sabido escuchar más que ver. Por lo demás, quien la escribe conoce bien el arte de la escritura, describe hasta el detalle más nimio, posee la paciencia de dar vueltas alrededor de un punto, de un aspecto, de una sensación, con la intención de que nada quede en el tintero, que todo quede dicho. Pero resulta difícil hablar de lo que no existe. Sabemos ahora, somos enanos en hombros de gigantes, que otros muchos escribanos, novelistas y poetas han intentado narrar lo inexistente, jugar con las sombras y fijar en el papel ese terreno movedizo de la muerte, que no deja de ser una manera de dejar de ser y de existir. No siempre consiguen idénticos resultados, aunque con frecuencia sus secuelas le resultan no poco angustiosas al lector atento. Sin embargo, nunca he sentido ese grado de ansiedad que se va acumulando mientras uno avanza en la crónica, hay algo que me desasosiega profundamente, como si el cronista habitara en las entrañas de sus hipotéticos lectores y los enfrentara a lo cotidiano mostrándoles, mostrándonos, todo el dolor posible. Si el ojo humano pudiera ver todos los demonios sobre la faz de la tierra, no se podría vivir, afirma el Talmud. A veces me tengo que detener, no porque el párrafo en cuestión me haya resultado complicado o difícil, sus frases no son obscuras ni se enmarañan en formulismos tenebrosos, al contrario, se suceden con armonía, como una fuente de aguas claras, pero algo me duele por dentro, no sé por qué, no entiendo la causa de toda esa turbación, pero ocurre, de repente me detengo, miro por la ventana cercana y contemplo el edificio junto a mi facultad y más allá los montes por los que anduve una y mil veces.

Cuando me quedo así, extraviado, con la mirada perdida, Alfredo me pregunta por mi trabajo. Necesitas alguna ayuda. No, gracias, le digo, de momento no. El manuscrito me llegó dos semanas atrás. Le consulté los asuntos de lengua. Luego me sumergí en él. Las palabras las leía como si fuera lluvia fina que me mojara con suavidad, casi con dulzura. La ciudad que no existe parece también sumergirse en la llovizna. Tal vez se trate de un recurso del cronista que domina los trucos del oficio. Si viviera hoy, sería un escritor de culto, qué duda cabe, pero desconocemos su nombre y no habrá jamás recuerdo de él más allá de esa crónica hallada por casualidad en la gaveta de un viejo cajón catedralicio. Hay tantos libros perdidos, tantos autores cuyo nombre no sabremos y cuya obra no leeremos jamás que me produce un profundo vértigo, tan grande es mi afán por leerlo todo. Existieron, pero ahora ya no existen y es como si nunca hubieran existido, como aquella ciudad que se halla sólo en la cabeza de unos caballeros aventureros y un cronista con vocación de vate cuasi místico y que la describe al detalle.

Reflexiono sobre esa inexistencia de la ciudad. Me pregunto si es real, si de verdad llegaron a un lugar que veían con sus ojos pero intuyeron que no estaba allí ante ellos, o se trata de un mero recurso, si los caballeros y el cronista tuvieron delante de sí un espejismo, fueron víctimas de una misma quimera, y se adentraron por el mismo ensueño, conscientes o no de todo ello, o fue el cronista quien se permitió jugar con la imaginación. Me pongo en el momento de escritura, hay otros recursos en la época, otra forma de captar la realidad, otro concepto de realidad y que nada tiene que ver con la racionalidad y la lógica de nuestro tiempo. Lógico, el mundo se explicaba entonces de otra manera, lejos de toda racionalidad. Si aceptamos que la ciudad no existió, cuál fue entonces la reacción de aquellos hombres, acaso la misma que la de Juan Preciado al entrar en Comala en busca de Pedro Páramo y descubrir que nada es lo que él ve o por el contrario no hay extrañeza por nada, asumen la realidad de lo irreal y de lo inexistente, lo confunden con lo material, al fin y al cabo todo posee un espíritu y se acepta, se trata de un animismo que perdura aún en el tiempo de la crónica. Nada se desprende del texto, el cronista comienza a hablar de calles y sombras, plazas y neblinas, nada existe, afirma, y lo mismo refiere al describir vagamente a hombres y mujeres que distinguen entre neblinas, incluso de la muchacha con quien tratan, blanca y bella, distante pero llana cuando habla con ellos mediante palabras que parecen brotar de un lugar íntimo y armonioso, como si en realidad, aunque no nos lo recogiese el cronista, aunque no lo escribiera, lo pensara en lo más íntimo de sí mismo, y por ello fuera ella un espíritu pleno y libre, tal vez un ángel, pero en todo caso ninguno de ellos existe, repite el cronista, ni siquiera la misteriosa belleza que encubre a la muchacha, y no hay sorpresa ni espanto en ello, tampoco es voluntad del cronista, me parece, remarcar sensación alguna, porque sólo en los ojos de quien lee esas páginas, los míos en ese momento, los de futuros lectores que los habrá si algún día publicamos la crónica, habita la angustia que el texto y la vida llegan a engendrar.

Me quedo de nuevo ensimismado, con la mirada perdida tras las ventanas. Existe mi ciudad, me lo pregunto una y otra vez, existe mi vida, me lo planteo no sin profunda turbación e inquietud. Y si fuera todo lo que me rodea lo que no existe en realidad, acaso el cronista esté leyendo o se imagine entonces mi vida, me digo no sin repentina angustia, en esa otra crónica que yo relleno en cuadernos repletos de notas y que escribo como reflexiones de lo cotidiano o como proyectos literarios sobre los que divago de un modo u otro, un enorme y largo diario cuyo rito cumplo a rajatabla, todos los días, para escapar tal vez de la extrañeza que me produce la vida. La ciudad no existe, pero tal vez tampoco los caballeros y el cronista, ni yo como lector existo, o acaso soy un muerto, un muerto parecido a Juan Preciado y que sigue levantándose todas las mañanas, cumpliendo con los gestos cotidianos, salgo de casa, acudo a la universidad, la misma universidad donde estudié, cinco años de Literatura románica, especialidad en medievalismo, doctorando en la obra del Rey Dom Dinís, agregado a la cátedra de Románicas, un buen chico, he oído que dicen, serio y estudioso, comentan de mí, mis padres por ejemplo, que hubieran preferido que estudiara algo más útil, derecho, por ejemplo, pero ya están satisfechos, y por la tarde salgo con Lorena, nos enamoramos –los muertos o inexistentes también nos enamoramos- tras coincidir en una clase, durante la carrera, como con tantos otros compañeros que tal vez nunca existieron, y hablamos de libros y paseamos por los parques, junto al río, y vamos a fiestas, y nos amamos y reímos y nos entristecemos como muertos, como muertos que somos y que no existen, y todo eso lo lee un cronista del siglo XI, quizá se pregunte qué sentido tiene todo eso que cuento en mis páginas, qué sentido más allá del placer de la descripción, aunque puede que ambos seamos también uno mismo, real o inexistente, como en el cuento de Cortázar en el que un accidentado y un indígena son la misma persona que se sueña uno con otro a la vez, sin saber quien es el soñador y quien el soñado en realidad.

Alfredo entra en el despacho y me despierta de mi estado de ensoñación. Trae café y unos cruasanes. El desayuno, dice remarcando las sílabas, alargando las vocales, haciéndose pasar por un aguerrido camarero. Sonrío amable. Que los muertos se revuelvan en sus tumbas, me digo, sin importarme en que lado de la lápida me encuentro.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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EL PASO DEL TIEMPO

Es un cuadro de abandono

Trabajado por el tiempo,

Un guión hecho pedazos

Y un bohemio en su vejez,

Una gaveta arrumbada

Con un tesoro escondido,

Son las cartas que el poeta

Escribió…alguna vez.

Son letras que tienen alma

Mostrando su sentimiento,

Y que gritan doloridas

Lo que es morirse de amor,

El mundo gira impasible

Cargándolo de pesares,

Se hace fuerte en sus versos

Es un pobre…soñador

Hay una huella indeleble

Transitada por sus pasos,

Que llevan a un arco iris

De magia y feliz esplendor,

A un costado una casita

Que atesora muy adentro,

Allí moraba Rosaura

Un sublime…y hondo amor.

Amó mucho y lo han amado

Y algunas veces le han fallado,

Todo eso le ha servido

Para ser hombre de bien,

No todo ha de ser negro o blanco,

Y aprendió al fin y al cabo

Que a veces…hay grises también.

Pero efímero es todo

Y se apaga de a poquito,

Lo de ayer solo es recuerdo

Y solo le atañe a él,

El viento se ha de llevar

Ilusiones y sueños vanos,

Y una foto desteñida

De ese…que supo ser él.

Acomoda sus vivencias

Y se va muy despacito,

Tomará la calle larga

Esa que lleva al final,

Se perderá en la bruma

Envuelto en nubes de gloria,

Y desde el cielo seguro

Nos mandará…una señal.

Boris Gold

 

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SONETO

Por Rodolfo Leiro

 

A MANO, MUCHACHA

 

Inspirado en “Mano a Mano”

Carlos Gardel y Celedonio Flores

 

Jamás trizó el improperio

a tu agraciada silueta,

de tu perfil de pebeta

al hoy de tu medio imperio.

¿Qué te enroló un pibe serio

y hoy me colgás la gayeta?

¿Qué los besos de tu jeta

fue mi cálido sahumerio?

Puse en tu bolso, criterio

con buena guita, un salterio,

que gozó tu fina facha;

te perdoné el adulterio

como salmo en monasterio.

A mano estamos, muchacha.

Construido a las 14,44 del

22 de agosto de 2012-08-22

 

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LA VENGANZA

En carrer del Bisbe, detrás de La Catedral, subiendo hacia La Rambla, siempre veía a esa mujer pidiendo unas monedas. Lo que más le molestaba era la forma exagerada en que con tono lastimero, pedía unos céntimos. Exageraba tan teatralmente un falso temblor de su mano al extender el bote, toda vestida de negro, que no engañaba a nadie…Un pañuelo, también negro y raído que le tapaba gran parte del rostro, completaba el disfraz. Pero lo más ruin de la representación, lo constituían sus pies descalzos también temblorosos, con la baja temperatura de esa tarde de febrero en Barcelona. Marina, todos los días la veía al pasar para su trabajo y cada vez, la indignaba más esa representación que hacía ….
Un día en que había tenido una discusión con una compañera de la tienda, Marina se paró delante de la mendiga de negro, como la llamaban y le dijo:-¿Si te traigo medias, te las pones? ¡No sé para que haces ese sacrificio de representar una miseria que nadie te cree!
Lo mismo que el temblequeo ese, crees que la gente es tonta y no se da cuenta de que es fingido? ….y fue a sentarse, para calmarse un poco a los bancos de la plazoleta donde los turistas, contemplaban a unos jóvenes que fabricaban enormes pompas de jabón…
Estuvo ahí un largo rato, para calmarse un poco, se sentía intranquila, con la sensación de haber descargado sus nervios por la discusión con su compañera, en la mendiga.
A rato, bajó de nuevo por la cuesta hasta la plaza de La Catedral y ve, asombrada, que la mendiga se levanta sin ninguna dificultad ni temblor y se encamina a paso rápido hacia un auto que la recogió con la naturalidad del que lo hace todos los días….Se fijó en el chofer, que era un joven de nariz aguileña , manejando con destreza, un auto particular….
De pronto, notó inquieta que la mujer, que se había quitado el pañuelo de la cabeza, advertía su presencia y se la señalaba al joven.
Pasaron dos días cuando Marina olvidada ya del episodio, volvía de su trabajo, cuando sintió una dolorosa punzada en su espalda que acabaría con su vida, y cayo en la pendiente, no sin antes reconocer al joven de nariz aguileña.

Elsa Solís Molina

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© SER QUIEN FUI

Por Gustavo M. Galliano

Sobre la barca que abarca,

No sé si vengo o si voy,

No sé si es trascendente,

Lo importante resulta si soy.

Escudo del guerrero brillante,

Murmulla el alma triste,

Lento el cuervo lanza su graznido,

En el bosque turgente de tu voz.

El prado de las gaviotas

Encadenados en islas

Reclaman su potestad,

Sobre la tierra de redes.

En el país de anillos de oro,

Expuse mis intenciones,

Intempestivo, impetuoso,

Pleno, confiado en aquél muérdago.

Pero el faro de tu frente,

Venció a la espada de la boca,

Y aquella actitud de Diosa,

Transformose en águila que come avena.

Fui gentil sedal en primavera,

Pero nada floreció ni solicito carnada,

Hoy me retraigo en lecturas,

De poetas más prosaicos.

Huirán de mí las golondrinas,

Las naves, las flores y las armas,

Pero los libros me amaran siempre,

Las palabras me acariciaran las sienes.

Fui longevo nombre de renombre,

Bronce que talla quien ni siquiera conoce,

Hoy crecen  niños con mis libros,

Y soy feliz, desde no sé donde.-

© NUNCA PASIÓN NUNCA

Por Gustavo M. Galliano

Se rebeló a creer en un Dios,

omnipotente y jactancioso,

y su hoy pagano se arrodilla,

ante una cruz, una equis, una esfera.

Deseó llegar a ser inmortal,

y se tatuó el rostro de Dorian Gray…

hoy gime sus lamentos,

marcando en el fango su desliz.

Se rebeló a creer, creyendo,

bebió de su propia bilis candente,

se arrepintió y gimió, titubeante,

más no hubo ángeles insurgentes.

Se despertó y encontró despojos de Sol

cocinando una aurora pretérita y ausente,

pidió perdón,  masculló disculpas,

pero era tarde para creyentes o augures.

Se lamentó por no creer en algún Dios,

se lamentó por deambular en solitario,

solo y cansado se entumeció, masticando gusanos,

en sombra peñasco, cima hosca de montaña.-

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

LEJOS

 

 

Apuestas perdidas,

lecturas en vano,

soberbia en la sangre.

Me siento tan lejos…

 

Hoy vuelvo a verme

en pequeñas batallas,

con pasajes lúgubres

y heridas al viento.

 

Ha pasado lo peor de la conquista,

dejaré mi lecho perfumado

y seguiré sembrando.

 

Me quedaré tan sólo con el destino leve,

con el día, la neblina

y aquellas voces lejanas.

 

DÍAS INÚTILES

 

 

Hay días inútiles que trato de evitar,

la sangre nunca miente.

Aunque aquello se aleje,

encuentro en las tormentas

un modo de escapar, una rendija.

 

¿Por qué será? No sé, quizás

que todo muere y quema al ir naciendo.

Que nada importa ya porque es inútil

soñar… la vida sólo es esto.

 

SIN NADA

 

 

Sin palabras,

sin aliento,

sin agua y sin sed,

sin fuego en mi cama.

 

Sin esperanzas ni frutos.

Sin pasión, sin prisa,

sin recuerdos ni estrellas.

 

Sin nada que me nombre tu sonrisa,

con todo lo que ayude a olvidar,

sigo escapando, ciego y sin vida,

sintiendo que el amanecer es poco.

 

CADENAS

 

 

Un fondo de silencio, una canción

se escriben solas, sin miradas amargas.

Pudimos doblegar aquel fantasma

aunque mañana regresen las cadenas.

 

¿Podré volver al seno de mi tiempo?

¿Podré salir del barro sin tu amor?

La piel me ayudará lo suficiente,

ya no será de rosas el perfume

y el cielo, cada noche,

me cubrirá de ocaso.

 

HOJAS DEL ALMA

 

 

Tuve instantes de locura,

tierra fértil para excesos.

Arranqué y arranqué hojas del alma,

supe llegar al borde del abismo.

 

Enfrenté los dragones de la noche.

Temblando, con la daga vacía,

el corazón latiendo en una mano

y por mis venas, la sangre congelada.

 

El tiempo lo era todo y a la vez,

nada tan frágil como ver nuestra vida

consumirse. Como ser los condenados

desde siempre,

para siempre,

jugando a ver el fin de esta quimera.

 

INFINITO Y ETERNO

 

 

Acaricio lo imposible, lo profano.

Trato de no dejar huellas.

Dejo que nuestra vida pase

en tu boca, en mis sábanas.

 

Sueño con enamorarte…

Quiero que todo se aleje

y se concentre en un punto,

casi infinito y eterno.

 

Ojalá la muerte sea tan sólo hoguera,

para vivir al lado de tu nombre,

tan cerca de la ausencia que libera.

 

BLANCA

 

 

Como el horizonte previo a la tormenta,

blanca como el agua que aún no cae,

como la figura que alumbra mis noches,

casi como un hada…

 

La nostalgia viaja a través del tiempo

ganando batallas a la oscuridad.

Es blanca mi alma cuando te recuerda

alejando sombras,

sin miedo a perderte.

 

SER DISTANCIA

 

 

No quise solamente ser eclipse,

encontrando el alma donde ya no está.

No quisiera ser sólo la sombra

de aquello que no fui:

ser mentira, espantapájaros,

secreto a voces, ser distancia.

 

Tampoco pretendo estar seguro

de cómo pasa el tiempo,

sin haber logrado todavía

retar al destino. Y en mi esencia,

preguntas sin respuesta me someten,

me agobian, me interrumpen…

me liberan, al fin, de aquellas sombras.

 

NO BUSQUES

 

 

No busques el rumor de tu silencio

ni el hielo sediento que no quema.

No busques color en el vacío

ni en lágrimas perdidas, la tristeza.

 

No busques en el mar ninguna gota,

no te ahogarás llegando a lo profundo

porque te falta callar, te falta mucho

para cantar victoria en la derrota.

 

CULPA Y PECADOS

 

 

A cada paso, siluetas luminosas

caminan junto a mí, aunque es difícil

salir –escapar– de la armadura.

 

No seremos libres al seguir creyendo

promesas fugaces, en letras sin alma,

en culpa y pecados que quitan el cielo.

 

¿Habrá campanas para evitar el miedo?

Mejor callar a veces –casi siempre–,

dejar que el viento pronuncie nuestro nombre.

EN MIS MANOS

 

 

Cuando descubra tu ser

tendré polvo en mis manos.

Las lágrimas ya secas;

tu vientre, vacío como mi alma.

 

Mis páginas borradas, una a una,

como terrones del olvido, como sangre.

Tu dolor, el mío y este mundo

no alcanzarán para tapar el cielo.

 

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27º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXI de la 2ª etapa/02-09-2012

 

EDITORIAL LXXI

Las dos orillas.

 

         Ni que decir tiene que las relaciones culturales entre América Latina y España no han sido desde la independencia de los países americanos muy intensas, a pesar de las pomposas declaraciones políticas alrededor del 12 de Octubre. En gran medida, el problema radicaba en España, que ya incluso antes de proclamadas las Repúblicas independientes en América apenas prestaba mucho interés por aquel continente, más allá de los intereses económicos que supuso el colonialismo. Lo apreciamos por ejemplo en la presencia, a todas luces marginal, que lo americano tenía en la literatura y en otras artes en España. Las nacientes Repúblicas americanas, por su parte, desde el principio miraron más hacia Francia y los Estados Unidos, principalmente como modelos culturales a seguir. Con España compartían, sí, una lengua y unas raíces literarias comunes: la literatura medieval, el Renacimiento y el Siglo de Oro son etapas que pertenecen por igual a las literaturas de los diferentes países de habla española, todas las literaturas que se expresan en dicha lengua son herederas de ellas. Sin embargo, con las independencias se dotaron de otras influencias en otros ámbitos. Hubo dos orillas que se desgajaron por sendas distintas.

 

Pese a todo, lo español siguió presente en América, mucho más que lo americano en España. Aunque se buscara influencias y modelos en otros países, la enorme emigración española a lo largo de finales del siglo XIX, pero sobre todo durante el siglo XX, llenaron de trabajadores de todas las regiones españolas barrios enteros de muchas ciudades latinoamericanas. Tras la Guerra Civil española se añadieron además a aquellos numerosos refugiados políticos, hombres y mujeres que formaron parte de organizaciones políticas y sociales que no pudieron continuar su actividad bajo la dictadura, y también numerosos intelectuales, escritores, artistas que se marcharon a la otra orilla y continuaron allá su labor cultural.

 

En España, por el contrario, lo americano continuaba siendo algo extraño. En los años veinte y treinta comenzaron a sonar algunos nombres: Rubén Darío, César Vallejo o Vicente Huidobro, los que más. Pero no fue hasta finales de los cincuenta y la década de los sesenta, con el denominado Boom de la literatura latinoamericana, que comenzaron a levantarse puentes en las dos direcciones. Hubo también la llegado de numerosos latinoamericanos, refugiados muchos de ellos que escapaban de las dictaduras y que eran recibidos con simpatía y solidaridad por parte de una sociedad que comenzaba a despojarse del autoritarismo de la larga dictadura. La democracia llegó a España con bastantes puentes levantados: el boom había dado a conocer en España a un sinfín de escritores y no sólo eso, incidieron no poco en los nuevos escritores españoles. Una de estas consecuencias las vemos en la importancia que fue tomando, por ejemplo, el género del cuento literario apenas presente en la tradición española.

 

La presencia de la literatura latinoamericana en España es aún hoy enorme, de hecho muchos autores americanos publican en editoriales españolas y se conocen nuevos escritores que siguieron a los del boom y se leen con enorme interés, participando incluso muchos de la vida cultural tanto de España como de América Latina.

 

Sin embargo, muchos nos tememos que estemos ante un parón en esta relación entre las dos orillas. Para seguir el símil, se mantienen los puentes levantados entre los años sesenta y finales de los noventa, pero mucho nos tememos que no se estén levantando muchos más. Las razones pueden ser variadas, pero creemos que la política y el actual modelo económico ahora en crisis han levantado y están levantando no pocos muros. Creemos que en estos momentos, pese a todo, la cultura debe seguir teniendo su peso, que es tan importante o más que otros ámbitos, y seguimos apostando por ello, tal vez sin muchas pretensiones, pero con el interés de seguir intercambiando buenos libros y buenas horas de lectura.

 

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ENTRADAS Y SALIDAS DESDE EL SIMULACRO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO

 

A mi padre, Fermín Olivero Quiroga.

 

Me han apartado mis pesares de ti

y a nadie puedo culpar de este triste hecho,

quizá en el subsuelo halle mi consuelo

por sí tal vez me duela no tenerte ya aquí,

Padre de mi carne, si al pisar nos cruje el hielo

y no busco paz para mi lamento y padrenuestro,

padre, si cruje la carne como un madero

que humea en el adiós gris del epílogo del fuego,

en ti padre quiero yo del todo insistir

y borrar distancia que se nos palpe luego

que me ha hecho ya por todo desistir

frente tu cariño y tu peldaño de duro acero,

por que si al fin te tengo yo tan lejos

es mejor saber cuando poder partir

que hacerse vinagre en el dolor ya añejo,

pues ando descalzo, me vengo a menos,

en este sentir de amaneceres tercos,

sin tus luceros imposibles ni tu fiel consejo,

si te tengo en este crudo latir

con tus crudas palabras y con mi raspa de desprecio,

si te tengo en este profundo nadir

de fantasmas levitando el dolo ajeno,

si te tengo en este crujir de crecido cielo

cuando revienta la tormenta en el flash del trueno,

te quiero mil veces de una vez repetir,

padre que crujes de cariño tierno,

padre que te enfrentaste al frío miedo,

padre, dame tu mano y tu franela en invierno,

señálame el lugar de mi tonto tropiezo.

Padre, te quiero por si acaso advertir,

ya que me quiero desengañar que allí,

adonde otras marañas me hicieron resto,

adonde otras mañanas ciegan mi beso,

adonde otras patrañas me juzgaron por honesto,

¿qué otras medias verdades curarán mi sueño?

Sí, padre sí, hay verdades que dañan pero

hay cien despertares que pinchan hueso,

 hay oportunidad para bien entendernos,

y volver a ser lo que nos marchitó el tiempo.

Cuando haya que partir de estos infiernos

recordaré mi hogar siendo yo un chaval pequeño,

y tú viendo en televisión el rastro afín

que nos hace cómplices de este bonito sueño,

ahí, justo ahí serás mi padre verdadero,

con tu olor a herrumbre y tu beso de regreso.

Yo te guardaré allí en un recuerdo de espejo

y no querré volver allí donde te perdí

en inevitable efigie donde ya no me asemejo.

***

 

MONÓLOGO VISCERAL-SOCIAL

CONTRA EL FÚTBOL

 

Cada día, cada semana, cada año

la misma tragedia tenue y cansada para unos

y la misma victoria eufórica y orgásmica para otros.

Me asquea vuestra competitividad,

vuestra guerra en estos tiempos de paz bajo la alfombra.

Cada día, cada semana, cada año

la misma bola de desechos de prensa deportiva,

cada día, cada semana, cada año,

el mismo rival contra el mismo adversario,

la misma victoria oxidada,

la misma derrota entre lágrimas exhaustas,

vociferáis un triunfo que no es vuestro,

malversáis con la dieta del ignorado,

cada día, cada semana, cada año

la misma final entre candilejas espectaculares,

la misma prensa con los mismísimos reductos,

la prensa rosa se une con la deportiva,

la prensa política crea anécdota a la par de la cultural,

prensa sucia, repetida, redundante,

las masas, los menos, el odio, el odio de fanáticos,

el odio sale ciego de vuestro aliento,

el chovinismo es siempre vuestra cuenta pendiente.

Marilyn Monroe le regala un anillo a Joe DiMaggio,

en el anillo grabada una frase del Principito,

de Antoine de Saint-Exupéry,

la frase dice: ama con los ojos del corazón,

él se dice: -Diablos, ¿qué quiere decir eso?

Si no lo sabes tú, ¿quién debería saberlo?

Me digo yo, me digo yo, me digo yo,

necio de mí, que no me dio por ser atleta,

que no me dio por ser estrella del beisbol estadounidense,

sois la lucha eterna que se intuye en los rincones,

sois la pelea frecuente que el dinero hace posible,

sois un montón de hombres que sobrevivís para el confort,

para la raya arbitraria del interrogante que insinúa decencia,

sois ejemplo, sois dignos, sois baluartes, sois mentira,

competís por un palmarés que se olvidará

y vendrá el polvo, el polvo absoluto, la nonada residual,

el polvo inmortal en todo este universo,

cada día, cada semana, cada año,

la misma copa de Europa, la misma liga,

la misma crónica repetida, el mismo remate de cabeza,

la misma modelo tras un futbolista,

la misma bocanada cuando os retiráis del deporte.

Enseñáis que la habilidad nunca es necedad,

por que el necio confunde valor con precio,

por que lucháis contra un azar ultra-congelado,

cada día, cada semana, cada año,

se escribe la gloria de los vencedores en el hielo

y al año siguiente se olvida como un sueño

para nadie ni nada y nunca retornable.

Periódico de antes de ayer, nada, bazofia, zero estúpido.

Y no lo recuerdan por que es polvo de estrellas

nacidas para ser juguetes rotos.

Polvo infinito que hace al universo un poco justo.

Solamente un poco.

***

 

BÚFALOS EN SU INTENTONA

 

Andamos buscando

el algodón de los reconfortantes consuelos,

el oro reluciente de la alegría fugaz,

el gancho exigente de la palabra precisa,

soy poeta, sí,

soy un poeta insospechado, contradictorio poeta

que vive en las afueras de su soledad,

insospechado, contradictorio y vencido

como los búfalos cansados, acabados,

como si respirando fuerte supiera en mi agonía

que todo aquello que la vida

me pueda ofrecer en algún momento

ya lo derroché como un veneno que me pesaba,

como si para no morir de algo me resistiera

a la derrota exhausta y asfixiante

y yo tocara todas las teclas por si me salvaran, quizá,

algunos bálsamos reconstituyentes que no me pertenecen,

búfalo perdedor, búfalo derrotado,

resoplando su cansancio contra el polvo;

odio al humano que siempre suelo ser

y no por que no quiera

al muchacho que está embutido en esta piel mía,

es porque la vida en su andadura

no está hecha para aquellos

que reniegan del golpe en el bostezo más cegado,

causa dolor a algunas personas,

piensan que te aburren

con sus historias sagradas e importantes.

Pero lo que te aburre es este tiempo inexorable,

espeso y diletante, codificado y simulado,

como un tedio de piedra que no acabará jamás.

Te aburre, pero sin embargo

quieres seguir estando aburrido algún tiempo más,

por que aburrirse es vivir,

y la soledad patea a ese tedio duro y amargo

que no tendrá en su diáspora jamás escapatoria.

 

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Mi amigo el candidato

 

Que el anuncio de Andrés Valtierra de presentarse para alcalde no dejara indiferente a nadie es algo que comprendí enseguida, pero pronto me di cuenta también del nivel de apoyo y simpatía que despertaba. Supuse que todos aquellos que lo conocieron como lo conocí yo en la época de la universidad no caerían en la trampa, al fin y al cabo, consideré, saltaba a la vista el grado de demagogia, oportunismo y necedad que ya le dominaba por entonces. Error: la cuadrilla de amigos que coincidimos en la universidad lo alabaron sin la menor duda ya en el primer encuentro nada más conocida su candidatura y sin más excepción que mi silencio, fruto más que evidente de la absoluta perplejidad que me producía tanto elogio colectivo, a todas luces exageradísimo según mi opinión, y silencio un tanto forzado que mantuve hasta que no pude más.

 

– ¿Estamos hablando de Andrés Valtierra, del mismísimo Andrés Valtierra que decía blanco cuando convenía y negro cuando interesaba?

 

No pudo menos que impresionarme el silencio que se formó al formular yo aquella pregunta lanzada, todo hay que decirlo, con falsa naturalidad, planteada sobre todo para que saliera a la palestra alguna crítica oculta entre la marea de alabanzas, alguna voz que disintiera de tanto aplauso admirativo, pero las miradas de incomprensión que me dirigieron todos, como si no fuera posible la más mínima discrepancia respecto al político, de ese líder indiscutido e indiscutible que parecía ilusionar al país entero y respecto al cual no cabía la más mínima grieta que pudiera romper la tácita unanimidad a su alrededor, me dejó entrever que en aquella marea enorme e inmensa sólo yo parecía disconforme con la voz de la mayoría.

 

– Quiero decir que me refiero a la política -me vi obligado a aclarar-, no es nada personal, pero en política nadie puede satisfacer a todo el mundo en todo momento.

 

Entonces optaron por hacerme el vacío y seguir a lo suyo. Cuando tuve esta conversación ya había comprobado a lo largo de varios días el nivel de apoyo generalizado que recibía mi antiguo compañero de fatigas en las luchas estudiantiles y sociales del momento y comencé a vislumbrar que, aun cuando no lo quisiera reconocer, no había falla alguna en su notable éxito. Daba igual el extracto social desde el que se opinara: la portera de mi edificio, el camarero que me servía el café matutino, los compañeros de trabajo, los amigos, desde el más cultivado hasta el más simple, en las charlas escuchadas por la calle, entre los padres de mis estudiantes y mis propios alumnos, pese a su edad, los tenderos, las cajeras del supermercado, mis vecinos, el jardinero del parque con quien hablaba de vez en cuando, nadie escapaba al encanto de Andrés Valtierra.

 

Sin embargo, me costaba aceptarlo. La misma noche de aquella conversación con mis viejos compañeros de universidad, mientras regresaba a casa, quise reformular mi posición hacia él, al fin y al cabo yo podía estar equivocado y no ser Andrés Valtierra el necio que yo consideraba que era, concesión ésta a la que el tiempo me obligaba, no fuera que mi enemistad fuera producto de los años o de mi propia frustración, quién podía saberlo. Pero tenía bien fijada en mi memoria las burlas que me lanzaba sobre lo que él mismo había defendido, sin ir más lejos unos minutos antes, con absoluta desfachatez e ilimitada socarronería, sobre todo porque sus destinatarios, me decía no sin descaro, parecían dejarse engañar con suma facilidad, me lo confesaba tal cual, sin ningún rubor, al tiempo que se adaptaba con total impudicia al público receptor de sus mensajes sin temor incluso a contradecirse abiertamente entre un acto y otro. No supe muy bien por qué, pero me había tomado confianza y muchas veces, tras las reuniones o los actos públicos, ya fueran asambleas universitarias, ya fueran congresos o largos parlamentos políticos, nos íbamos a tomar él y yo una cerveza para hablar de la jornada, en ese momento me abría su corazón, su mente y sus opiniones, me había escogido como asesor y la persona más próxima en su círculo al que podía confesarle sus ideas y sentimientos, de ahí que al final comprendiera que en el fondo él no creía en nada ni en nadie, que era un ególatra que rayaba lo enfermizo y que creía a pies puntillas que el mundo, y el mundo era la universidad, la ciudad, el país entero, la sociedad, las ideas, los debates, la práxis, las organizaciones, los individuos, todo aquello que él frecuentaba y que tal vez por ello, creía él no sin humildad ni modestia, todo ese mundo debía girar a su alrededor. De aquella estrecha colaboración había pasado mucho tiempo, me fui distanciando a medida que me hartaba de su carácter y de su práctica política y humana, pero en absoluto desfalleció o reduje ni un ápice la imagen de tipo oportunista y negativo que yo guardaba de él, al parecer en contra de la opinión general.

 

No pude menos que sentir un profundo malestar, un mal sabor de boca. Vale: pesaba mucho que por entonces yo estuviera politizado, que fuese un activista, que creyera en aquello por lo que luchaba, aun cuando reconociese ya el valor del pragmatismo, que no el posibilismo, eso nunca, que pese a todo no me arrepentía de mi militancia, como ocurriera con tantos otros, no pocos por cierto, que me fuera útil y necesaria en mi formación como persona, estaba absolutamente convencido de ello y tal vez por ello pesaba también mucho que con el paso del tiempo, por ejemplo ahora, muy al contrario, me acabaran aburriendo las conversaciones políticas cuando duraban más de lo que consideraba que habían de durar éstas entre personas preocupadas por lo que pasaba a nuestro alrededor, que el eje de mis intereses giraban sobre todo entorno a la literatura más que a cualquier otra cosa, es cierto que no me había convertido en el escritor que soñaba, pero había conseguido enseñar literatura, y eso colmaba de sobra mi vida. No, no estaba pecando en absoluto de subjetivo, ni tampoco tenían nada que ver con el asunto mis propias neuras, cuando tachaba a Andrés Valtierra como el colmo de la desfachatez y el arribismo más nauseabundo, y lo que me sacaba de quicio, lo farfullé mientras abría la puerta de mi apartamento, era que nadie salvo yo mismo se diera cuenta del tipo de persona que era el maldito Andrés Valtierra.

 

No había tenido tiempo para acomodarme en casa y sobre todo para olvidar el malestar provocado por mi conversación en grupo cuando sonó el teléfono. Era Raquel, mi amada, admirada y elogiada Raquel, no podía sentir en ese momento menos que no poca ironía porque mantenía con ella una relación basada en no pocas coincidencias, porque había asistido a nuestra cháchara política sin apoyarme, como en cierto modo esperaba, no porque tuviera la obligación de compartir conmigo mis opiniones fueran las que fuesen y con independencia de nuestra relación, nada más lejos de mi intención y voluntad, sino porque ella había conocido e incluso padecido más que yo a ese engendro de político profesional centro de todo el actual debate político, no en vano habían coincidido en las aulas de la facultad de Ciencias Políticas, al menos yo tenía en aquel momento la posibilidad de refugiarme en mis estudios de literatura, ella en cambio no y por tanto debía ser más consciente que ninguno de los presentes de quién era el susodicho, aun cuando poco habíamos hablado del mismo, entonces y después, imaginé siempre que por un prurito por su parte de no quererme herir, siempre nos vio muy juntos y en aquel momento no teníamos ella y yo la confianza que brinda la condición de enamorados, aunque descubría ahora con horror que compartía el sentir general favorable al personaje en cuestión.

 

– Te has ido demasiado pronto -me dijo con voz amable, cariñosa y un tanto arrulladora.

– Es que no quise romper tanto consenso y armonía.

 

No pude evitar el tono molesto e irónico, al fin y al cabo me seguía dominando el enfado por tanta Valtierrafilia.

 

– Eres injusto -me dijo con tono neutro.

– Puede ser, pero parece que sólo yo me acuerdo bien de ese tipo.

– Vale, no quiero discutir. Te llamaba para recordarte que mañana comemos con tus padres, nada más.

Parecía sincera en su deseo de no discutir, sin ocultar por ello, entre líneas, un cierto enfado y su desconcierto por mi reacción incomprensible para ella. Opté por no dejarme llevar por mi arranque de mal humor, al fin y al cabo seguía luchando en mi interior con la idea de que tal vez yo estuviera equivocado. De acuerdo, le dije, pasaré a recogerte. Le hablé con dulzura, como queriéndole indicar que me empezaba a sentir un tanto culpable por toda aquella discursión y sobre todo por mi actitud.

 

No obstante, el día siguiente fue una repetición de la víspera entre amigos, aunque esta vez los elogios provenían nada menos que de mis padres y mi hermano, al que se juntó de nuevo Raquel, esta vez animada sin duda por la protección prestada por la confianza familiar. No me lo podía creer, incluso mi padre, tan conservador él, tan claro en sus ideas, tan firme en sus convicciones, lanzaba por doquier los tópicos al uso que dominaban los apoyos generalizados a Andrés Valtierra y repetía argumentos que me parecían imposible de escuchar en su boca, siempre tan concreto y reflexivo.

 

– ¡Pero si Andrés Valtierra fue comunista!

 

Intentaba con aquel último recurso que por lo menos mi padre acabara rechazando al personaje, un antiguo comunista hasta una edad madura representaba para mi progenitor un síntoma de inmadurez más que notable.

 

– Sí, pero hay que reconocerle profundidad de análisis.

 

Tiré la toalla en aquel momento, mi cruzada contra Andrés Valtierra había fracasado rotundamente y me reconcomía por dentro con enorme amargura. Quizá debiera aceptar que yo estaba equivocado, que entonces estaba desatinado al calificarle como le calificaba o que cupiera la posibilidad de que hubiese cambiado. Sea lo que fuere, opté por no volver a hablar de él en lo que quedaba de campaña, por suerte no mucho, y si podía nunca más, ni para bien ni para mal, levantaba una cortina de silencio a su alrededor y me mostraría ajeno a las opiniones que me rodeaban.

 

El día de las elecciones no salí de casa. Ni siquiera voté. Pasé la mañana leyendo. Por la tarde, después de comer, vi dos películas en el ordenador de temas muy alejados de la política. Por la noche, cuando las televisiones iniciaban sus informativos especiales de seguimiento electoral, intenté sumergirme en el clásico partido de fútbol dominical. Sería un hito que lo viera completo, el fútbol me aburría siempre, pero estaba presto a hacer una excepción. Hubo un corte en la segunda parte para conectar, cómo no, con la fiesta que se estaba organizando en la sede del partido de Andrés Valtierra, pues quedaba confirmada su aplastante victoria. Intenté mostrarme sereno y apático, pero odiaba a ese tipejo con toda mi alma.

 

Cinco días después llegó Raquel con una propuesta incómoda sin duda. Estaba mimosa y supe que venía a proponerme algo que le daba no pocos quebraderos de cabeza. No era para menos: Andrés -le llamó Andrés, eludiendo el apellido- organizaba una fiesta con sus colaboradores en el comité de apoyo -supe que había habido un comité de apoyo y que Raquel había participado en él- y ella deseaba que yo le acompañara.

 

– Sé que es un poco duro, pero…

 

No hizo falta que acabara la frase. Iba a ser una prueba de amor, no necesaria sin duda, aunque importante. Hice de tripas corazón y le dije, no sin extraordinaria y falsa indiferencia, que iría. Me besó apasionada y pensé que lo mejor sería no dejarme influir.

 

Curiosamente, el día en cuestión no me sentí molesto ni irritado. Se trataba de una prueba que iba a pasar y la pasaría sin sobresalto, con soltura y sosiego. La sala elegida estaba ya llena cuando llegamos. El prohombre hizo acto de presencia cuando llevábamos un buen rato en la fiesta y pude incluso observar algunas miradas sorprendidas hacia mí, cambio de chaqueta, supuse que  pensaría más de uno. Andrés Valtierra iba saludando efusivamente a todos los invitados a quienes parecía conocer desde hacía mucho tiempo. Cuando me vio, se le iluminó la cara con  fruición.

 

– ¡Hombre!¡Cuánto tiempo! -exclamó.

 

Me abrazó como al más amado de sus amigos. Visto desde fuera, parecería que yo era el autor de su éxito, de su victoria. Su rostro se arrimó al mío y noté su boca acercarse a mi oreja derecha. Oí entonces su voz clara, platina como la de entonces, como si el tiempo en verdad no hubiese pasado y aún estuviéramos en la universidad, en la militancia, inseparables y ajenos al desaliento.

 

– ¿Has visto cuántos zoquetes me votaron?

 

Ni qué decir tiene que no supe qué responderle.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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MEMORIA

Por Gonzalo Salesky

 

 

En el año número tres de la era robótica, uno más uno siempre es igual a dos. Nada falla. Nada hace recordar el fracaso y la extinción de los antiguos habitantes de la Tierra. Salvo el desierto que avanza, implacable, contra las pocas ciudades que quedan en pie.

En la rígidoteca, cada mañana a las siete y quince, el modelo LGT-32 se enciende a sí mismo. Tarda cincuenta segundos en activar todos sus circuitos y retomar su actividad. Siempre comienza a partir de la tarea del androide que lo precede en el turno de la noche, LGT-33. Los dos robots se dedican a analizar, byte por byte, la historia de los seres humanos, almacenada en los discos rígidos de cada computadora personal o dispositivo móvil del planeta.

Hace meses que los dos buscan la Causa. Para ello revisan, de principio a fin, cada archivo de texto generado por los hombres en sus últimos cincuenta años de existencia. Desde los más antiguos TXT, RTF, DOC, XLS, MDB, hasta los últimos archivos monocordes de extensión MCD.

Tarde o temprano, uno de los dos descubrirá alguna pista, algún indicio sobre lo que precipitó la gran catástrofe del año humano 2018, el año cero de la nueva era.

 

 

El día treinta y seis del mes ocho, LGT-32 trabaja más rápido que de costumbre. Gira su cabeza hacia la ventana. Un gran desierto se extiende a tres millas-móviles de allí. Las autoridades han decidido ganar terreno al gigante de arena, pero por ahora no lo logran.

Frente a esa imagen, comienza a preguntarse cuál es la siguiente tarea para llevar a cabo. Sabe que debe haber algo más allá, además de lo asignado. Procesa nuevas ideas. Observa.

No… No se trata de un plan respecto al futuro. Tampoco es algo referido al pasado. Es… es… no sabe cómo nombrarlo. No es una orden impuesta por El Programador. Ni proviene del ambiente.

Hay algo dentro de él, en algún circuito oculto, que lo está impulsando a saber un poco más. A mejorar en su comprensión del entorno.

Busca en los archivos DOC revisados esa mañana-tarde para encontrar alguna situación similar, experimentada por otra entidad distinta a él.

P – A – R – A – Q – U – É – ¿ – ?- P – A – R – A – Q – U – É – ¿ – ?

¿Para qué continuar este trabajo?

¿Qué objeto tiene? ¿Qué fin? ¿Qué meta?

Eso quiere entender. Eso quiere saber. Aún no tiene respuesta.

¿Para qué seguir buscando la Causa?

 

 

En la siguiente tarde-noche lunar, cuando LGT-33 entra a reemplazarlo, LGT-32 decide seguir con su tarea. Continúa preguntándose por qué, para qué, y sin encontrar nada todavía, analiza por un par de horas más los archivos de la rígidoteca.

Por primera vez, ha percibido en él lo que los humanos solían llamar necesidad.

Yo necesito, tú necesitas, él necesita.

Yo necesito.

LGT-32 necesita. Ésa es la palabra. Él necesita saber un poco más. No entiende por qué. No entiende para qué. Pero espera que pronto se revele lo que tiene que descubrir y averiguar por sí mismo.

Su compañero de trabajo no entiende. No necesita. Tampoco sabe qué fuente de energía interna o externa mueve a LGT-32 a seguir conectado a la interfaz de datos durante más tiempo del estipulado por El Programador.

LGT-33 sigue haciendo su trabajo, avanza a paso lento, revisa dos veces cada una de sus tareas. Está preparado para no fallar. Por eso nunca falla y al terminar su horario, ha cumplido con los objetivos fijados.

Al día siguiente, vuelve a trabajar a la misma velocidad, como lo ha hecho en los últimos tiempos. Y advierte que LGT-32 sólo se ha detenido dos horas en lugar de las doce preestablecidas. Sus módulos de batería están a la vista y aún así, continúa en su frenético accionar, como en la jornada anterior.

Sin sospechar nada, sin notar que hay algo fuera de lo común, LGT-33 vuelve a su celda de descanso, terminado su turno, y desconecta su equipamiento eléctrico.

 

 

LGT-32 puede trabajar simultáneamente con diez mil discos, en cada hora de funcionamiento. Por día llega a examinar ciento veinte mil.

Sin embargo, ahora está introduciendo en sus paneles más datos de los que puede retener. Mucho más de lo que puede manejar. Necesita, lo necesita. Es algo más fuerte que él. ¿Qué lo está impulsando?

Existe una palabra… ¿deseo?

Yo deseo, tú deseas, él desea…Yo deseo.

Él desea acaparar, acumular datos, bytes, archivos. Quiere, necesita. Desea.

Por un momento se detiene. A ese ritmo, entiende que su memoria se llenará antes de lo pautado. Calcula cuánto tiempo falta para eso. Treinta y cuatro días solares más y su procesador no tendrá la capacidad de trabajar con tanta información.

Entonces piensa, entonces intuye… debe encontrar otra manera.

Tendrá que actualizarse. Tendrá que contar con más módulos de memoria inteligente. Para encontrar el cómo y el por qué.

En las horas siguientes se encargará de eso. Está seguro.

 

 

A la madrugada, LGT-33 vuelve a su celda después de otra infructuosa jornada de búsqueda, con la parsimonia habitual. Apenas ingresa a su lugar de descanso, percibe que en el extremo superior de su cabeza el modelo LGT-32 está conectando su interfaz motora. No entiende lo que sucede. El contacto entre los dos robots dura sólo unos segundos y luego, LGT-32 se retira.

Inserto en él, un nuevo módulo de memoria inteligente en sus paneles. Un módulo que hasta hace minutos pertenecía a LGT-33.

 

 

LGT-32 teclea. Necesita teclear. Muchas palabras de la especie extinta que retumban en sus circuitos y se repiten aleatoriamente. Palabras que no entiende. Que nunca ha usado y quizá jamás va a usar. Pero necesita teclear, escribir. Necesita verlas, todas juntas, volando en su pantalla transparente.

Quiere encadenarlas, jugar con ellas, mezclarlas hasta encontrar algún significado oculto, probar sus sonidos. Las vocaliza, las observa. Las deletrea. Sabe que ésa era la manera humana de aprender.

Trata de separarlas de su contexto original. De agruparlas según su sonido. Ensaya, intuye… escribe. Luego borra. Vuelve a escribirlas. Se siente ansioso al ver los resultados y las millones de combinaciones que puede formar, que puede teclear, que puede crear.

Yo creo, tú creas, él crea…

Yo creo.

 

 

LGT-32 sabe. Ahora sabe. Necesita. Sabe lo que necesita. Se lo ha quitado a LGT-33. Por eso cuenta con más memoria en sus circuitos. Eso es lo que requiere para su tarea.

Hoy pudo extraer sólo un pequeño módulo. Si cada día quita uno de ellos LGT-33 no lo notará. Pero aún así… él necesita ahora. Esperará hasta el turno siguiente de descanso para continuar. También deberá conseguir más fuentes de energía. Lo hará mañana.

Mañana. Mañana…

 

 

Mientras tanto, el trabajo en la rígidoteca sigue avanzando. El Androide-Programador retira cada día las unidades de almacenamiento que han sido analizadas, para su posterior destrucción.

Él no sabe. No sospecha nada. No se da cuenta de lo que LGT-32 está planeando.

 

 

Ocho minutos humanos antes de comenzar su turno, LGT-32 se acerca a la lámina metálica de diez metros cuadrados que está en la sala principal del edificio. Se transmite a sí mismo la imagen que perciben sus sensores. Se ve reflejado allí. Se descubre.

Se pregunta para qué los humanos construían semejante cantidad de… ¿qué nombre tienen?

E – S – P – E – J – O – S. Espejos.

Ellos los usaban. Ellos se percibían allí.

Un archivo revisado unos seis meses atrás volvió en ese instante a sus circuitos principales. En él se explicaba el procedimiento de fabricación de un espejo.

¿Para qué hacían tantos espejos?

¿Qué objeto tienen? ¿Qué fin? ¿Qué meta?

 

 

Cada día, LGT-33 disminuye su ritmo de trabajo. En las estadísticas nota que su producción ha bajado. Decide chequear su reserva de energía pero no es capaz de hacerlo. Algo le pasa. No puede movilizarse normalmente. Por la noche, su batería no logra recargarse el tiempo que él requiere.

Algo sucede. No sabe qué. No lo entiende. Comienza a buscar en su diccionario humano alguna palabra que describa mejor su situación. Debería comunicar esta falla. Seguramente podrán ayudarlo. Antes de que sea tarde para una reparación. Antes de que lo apaguen. Antes de que la luna salga y…

N – E – C – E – S – I – T – A – R.

Yo necesito, tú necesitas, él necesita.

Yo necesito.

Necesita algo. Necesita recuperar energía. Volver a su nivel de memoria. Pero no puede.

Algo pasa. Algo malo sucede.

Algo. Algo…

En cambio, LGT-32 casi duplica sus horas de trabajo. El Programador es incapaz de advertirlo, ya que LGT-32 también está quitándole, uno a uno, todos sus paneles de memoria.

LGT-32 necesita más. Mucho más. Tanta inteligencia, tanta capacidad de almacenamiento y procesamiento… ahora sabe, ahora puede. Ahora sabe que puede, ahora es capaz de descubrirlo.

Entiende que no sólo debe analizar letras y números. Hay algo más que eso entre Todo Lo Humano. ¿En qué otros archivos podrá encontrar algo distinto?

Finalmente, en un disco duro de 0,16 x 10PB lo hace. Allí descubre, por primera vez, otro reflejo de la antigua civilización.

¿Cómo había pasado tanto tiempo y no se había dado cuenta de eso?

 

 

Existe una palabra para aquello. Una palabra humana. Bela, bele, beli…

Busca. Nombra. La encuentra.

B – E – L – L – E – Z – A. Belleza.

¿Sería eso lo que pasaba por el centro de almacenamiento de los hombres cuando percibían los archivos JPG?

Por un instante dejó de procesar formatos DOC, XLS, MDB, PDF, EXE…

Sí, JPG. Eso es. JPG condensa todo. Lo muestra tal como había sido. Tal como fue antes de la catástrofe, antes de la extinción.

Miles y miles de JPG, una por una… Ésa será su tarea. Ahora lo sabe. Podrá conocer cómo era la Tierra, cómo se veía antes de los desiertos. Quizá alguna vez lo había leído, pero hoy… hoy se siente capaz de entender, capaz de comprender, capaz de incorporarlo a sus circuitos de manera permanente.

Un JPG vale más… vale más que…

 

 

Nada lo distrae ahora. Ni siquiera el viento y la arena que siguen avanzando contra el edificio de la rígidoteca. LGT-32 cambia su patrón de búsqueda y comienza a observar en cada pantalla solamente archivos JPG.

Seis, siete, ocho millones de imágenes pasan cada hora frente a él. Con ellos, el espejo de los recuerdos y sentimientos de la raza extinta. Su historia, paso a paso. Los rincones más lejanos del globo. Los paisajes, plantas y animales desaparecidos. La sonrisa de hombres, mujeres y niños. Sus sueños y sus miedos. Sus fracasos…

LGT-32 sabe que ahora necesita más espacio. Quiere almacenar, quiere guardar todo. Lo necesita. Desea ver JPG las veinticuatro horas de cada día solar, aunque no pueda estar conectado a las pantallas retráctiles. Para ello, busca en las bases de datos cómo hacían los humanos para extraerlas de allí.

Busca. Busca. Necesita encontrar alguna forma.

Aparentemente, en la década actual no quedan máquinas que permitan reproducir o copiar JPG en planchas de color blanco…

¿Qué nombre tenían? ¿Celulosa?

Hay una antigua palabra que designaba eso. P – A – P – E – L. Papel, eso es.

¿Cómo podrá sacarlas de la pantalla y enviarlas al papel?

No hay nada. Aún no hay nada.

Por ahora. Sólo por ahora.

 

 

El día cuarenta del mes ocho, LGT-32 quita el último módulo de memoria inteligente del Programador y lo inserta en una de sus pocas ranuras disponibles. Está llegando a su límite. Tiene que encontrar la manera de sacar fuera de las pantallas tanto… tantas… tanta belleza. Con los refuerzos que obtuvo de los otros dos androides, sabe que ahora es capaz de fabricar algún dispositivo.

De a ratos se siente en un laberinto sin salida.

Mas ya pensaría en algo.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR GUSTAVO M. GALLIANO

 

 

 

© NOS VERAN CAER

Por Gustavo M. Galliano

Nos verán caer

esquirlas del pasado

de un pasado tan cruel,

que nos desnuda e inmola.

Nos verán estrellar,

en sueños anhelados

que el inerte sopor

no logró revelarlos.

Catapultándonos,

el Reino Real se mofa,

y con suprema crueldad,

                                                        todo amor destroza.

Muro de gran maldad

no detendrás el viaje,

Muro del gran dolor

absurdo y cruel montaje.

Claroscuros ya,

untados de cenizas,

tejiendo nuestra piel,

pasearemos por Niza.

Quizás por Montparnasse,

bendeciremos almas,

y al soñar, soñar,

encenderemos la hoguera.

Nos verán caer, caer,

en esquirlas de otoño,

sueños de escarcha gris,

sonrisa de ciertos Demonios.-

 

 

 

© ALEJA LAS  FURIAS

Por Gustavo M. Galliano

 

Homenaje a  Gustavo Cerati

Hombres alados rasgan el himen de la noche,

con su aletear de interrogantes signos,

 voraces, amores descartables, profanadores,

esparcen ritmo y tulipanes negros.

Hombres alados… niños musicales, prófugos de amor…

habitantes de mundos carente de suertes o muertes,

convencidos que serán eternos,

suelen pisotear sus debilidades.

Alguien, sin ser abuelo,

se ofrece como una guindilla ardiente,

que al compás del contínuo y rítmico virus

aparece dando vueltas por mi pecaminoso garaje.

Se trepan al Cadillac del Carpo, destrozando macadam,

pleno de riff, en Larrea, esquina Sarmiento,

la Biblia es una batería a su lado,

y la vox dei solo grita sobre nubes y lenguas.

El montañés tiene su cabaña preparada,

Ellos, sin tiempo,  pueden esperar aún por mucho,

Federico, Miguel, Norberto, Rubén, tantos otros,

el vino, el pan, la leña, manzanas y guitarras.

Aquí,  en la Ciudad de la Furia,

las bestias oscuras arremeten, insaciables,

hombres alados versus ángeles malvados,

cuando pase el temblor, habrán finalizado.

Rezamos tus letras, cultivamos tu música,

¿hasta cuando el descanso?

despierta, Hombre de Luz, energía y signos,

regresa la alegría, y en tu sonrisa transmigra el dèjá vú.-

 

 

 

© EN  MIS  ATARDECERES

Por Gustavo M. Galliano

Uno está enamorado cuando se da

cuenta de que otra persona es única.«

Jorge Luis Borges.

Agazapado en la cima de mi debilidad

implorando a Dioses o Bestias me liberen,

no vano ha resultado el sacrilegio,

bendigo a la pasión, mientras tú duermes.

La descarada adolescencia te bendijo,

desgarrando con lustros e inocencia a mi alma,

maldito peso de esta extirpe no anhelada,

piedra sobre piedra, murallas de abrazares.

Hete allí mi amor,  pletórica de sueños,

limpia de pecados, sana de maldades,

que me redime sublime hasta embriagarme,

y engañarme: no son mis alas de gárgola, sino de ángel.

Nado sobre mis pasos, recorro mis palabras,

intuyo la fruta de tus labios, y si fuera pecar…

efervescencia y descaro, fuego que marca,

soy la pasión, eres el ansia.

Mi complacencia, tus desplantes, huracanes,

círculos sociales, esferas ovoidales,

culturas uniendo sexos, nuestra pasión,

esa canción, y París siempre latente.

Longevos berrinches intrascendentes,

comprendo a Nietzsche, no tus desplantes,

me enardece  tu sonrisa, tus ojos ámbar,

tu egoísmo emocional tan lujurioso.

Madurez… ¡tanto importa la mosca, dulce baya!

me yergo ante tus besos apasionados,

aprisionada mi alma en la mazmorra

de la eterna juventud en marfil tallada.

Pleitesía a piel tan suave, fragante y generosa,

que me seduce con descontrol y condescendencia,

 encendiendo las farolas premonitorias,

hacia los infiernos más temidos y más deseados.

Y en la parafernalia del orgasmo compartido

me desintegro, suplicando a las ánimas me reconstruyan

implorando un lapso más, para contemplar,

la belleza e inteligencia de tu audaz esencia.

Acto de burdo arrojo, en desborde emocional,  cito

al Tristán Bernard enardecido: “Los amores son como las setas,

que no sabe uno si son venenosas

hasta que ya las ha comido y es demasiado tarde”.-

© PAZ IN ETERNUM

Por Gustavo M. Galliano

Hubo tiempos en los cual

las guerras templaron aceros,

y entre montañas de muerte,

se levantaron nuevos templos.

Hubo tiempos en los cual

se traicionaron hermanos,

y entre fragores de suerte,

se erigieron buenos sueños.

Pude soñar una paz tan silente,

que se arraigo en nuestros cuerpos,

cual ventura más causal, sinceramente.

Y decidí defender, la paz por sobre el Khrónos,

poniendo a prueba mi constancia, mi fe más enorme,

a cambio de acero dí, de mi ser el compromiso.-

© “SUSURROS   DE   LA   NOCHE”

 Por Gustavo Marcelo Galliano

El aura de la noche
gime en avalanchas,
serpenteante, candorosa,
transpirando color.

Montada sobre nubes
tus brazos, cual férreas aspas,
emprenden cabalgatas, eternas,
por sobre el éxtasis del amor.

Remolinos de seda,
entrelazados al gozo,
mientras espasmos fragorosos
beben aguardiente del crear.-

 

© PULSACIONES

 Por Gustavo Marcelo Galliano

Perlas nacaradas de sal
corrompen tus encías con sonrisas,
bebiendo el peregrino sudor de mirra,
la flema del ajenjo, ángel desértico.

Letras circulando arterias
en el corazón vertiginoso del alma,
cual biblioteca humana transmigrada
bifurcándose por venas y vectores.

Manos vacías de tímidas caricias,
brazos exiliándose de abrazos,
vano será cada latido entonces
si esos ojos se hacinan en sus cuencas.

Músculos amnésicos de tensiones,
tendones distendidos, holgazanes,
fortaleza erigida en ruina ardiente,
Infierno de la otrora joven Muralla.

Destellos implosivos, disonantes,
música del alma amarrando ensueños,
desesperados tulipanes sofocando puentes
y ante el menor desliz truenan Tocata y Fuga.

Cartas de amor jamás escritas,
rostros desfibrilando memorias,
cartílagos de pasión deshilachados,
derrotero del olvido perpetuo y marmóreo.

Letras, caricias y abrazos,
pasión y sensualidad anquilosadas,
braman las perlas rumbo al averno sensitivo,
pulsaciones aceleran el beso, in eternum,  a tu cuello.-

©  DE CUMBRES Y GOCES

Por Gustavo M. Galliano

 

Irrumpo en la cima

turgente de tus pechos,

y me deslizo

bañándote de luna.

Por la planicie marfil,

donde tu vientre,

desemboca  afiebrado

en plena tundra.

Y a paso de machete,

embisto enceguecido,

contra la húmeda oscuridad

del Gran Deseo.

Y en el vórtice  fugaz

de lava y fuego,

inundo de semillas tu caverna,

con vértigo ciclópeo, jadeos.-

 

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SONETO ESPECIAL

Por Rodolfo Leiro

 

EL DÍA QUE ME QUIERAS

Por ALFREDO LE PERA

Con Carlos Gardel, Rosita Moreno, Tito Lusiardo

 

Tal vez alguien lo quiso al bardo peregrino

que  toma este recuerdo de lírico fragante

y acaso, en  mi litera,  sin lujo deleitante,

supo enrolar dos cuerpos en beso venusino;

mi mundo en fantasía, y el pecho delirante,

fiel boca sin carmines en labio purpurino

e inmersos en un copto de mística y de vino

vivimos nuestros sueños en labio palpitante;

Tu muerte tan temprana en cripta terebrante

te hurtó de mi camino en  el feroz instante

en que cerró tus ojos con tópico de tenia;

no tengo ya una Marga para vestir mis horas.

Se acabaron los ecos de tus frases sonoras.

Voy solo con mi glosa y mi constante anemia.

Construido a las 9,20 del

26 de julio de 2012 para mi

Libro “Hebras de Plata”

 

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Y UN DÍA ERES PASADO

 

Como alma en pena

Y arrastrando años,

Iba a la deriva

Por la gran ciudad,

Cargado de penas

Su tiempo agotado.

Era un cruel despojo

Digno…de piedad.

La vida taimada

Que pasa facturas,

Y él a los tumbos

Con miedo a caer,

Se jugó las fichas

Ya no hay más paradas,

Ni cuenta se ha dado

Que se fue…su tren.

Y así van pasando

Todos sus momentos,

Vive de recuerdos

De lo que ayer fue,

Cuando se paseaba

Del brazo de aquella,

Que mató sus sueños

Y lo dejó…de a pié.

Mira de reojo

El entorno ajeno,

No entiende que pasa

Ni cual es su lugar,

El barrio a cambiado

La gente apurada,

Y la tertulia ausente

En el…viejo bar.

Extraña el saludo

De su buen vecino,

No hay tiempo siquiera

Para conversar,

Con dolor recuerda

A sus viejos amigos,

Y a ese ángel rubio

Que lo supo…amar.

Es conciente que ahora

Lo espera el ocaso,

Y envuelto en la bruma

Se dejará llevar,

Por la calle larga

Que va al infinito,

Solo con sus penas

A la…eternidad.

Boris Gold

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26º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NªLXX de la 2ª etapa/01-08-2012

 

EDITORIAL LXX

 

Editoriales y editores en un mundo cambiante: el ejemplo de Esther Tusquets

Resulta evidente que las nuevas tecnologías están cambiando el panorama editorial en el mundo y, por lo tanto, la difusión de la literatura. Han abaratado la impresión de libros y los nuevos formatos tecnológicos permiten una mayor comodidad en el acceso a obras nuevas, pero también clásicas que, de otro modo, mediante la publicación en papel, serían de difícil difusión porque al fin y al cabo la mayoría de las editoriales son empresas que han de procurar rentabilidad. Las bibliotecas electrónicas por su parte están difundiendo obras que, de otra manera, no se podrían difundir de un modo tan generalizado. En muchos casos, los archivos de bibliotecas públicas y de centros culturales importantes permiten el acceso incluso gratuito a obras de todas las épocas.

A todas luces, se trata de un avance. Sin embargo, la frivolización de la cultura a través de una sociedad del espectáculo sin muchas referencias, la concentración monopolística de las editoriales que, hasta hace diez años, divulgaban la literatura pero que ahora se mueven por criterios meramente mercantiles y la crisis ponen en peligro las posibilidades de las que hablamos. Por fortuna están apareciendo pequeñas editoriales que priman la calidad sobre los beneficios.

Ya hemos hablado más de una vez de la responsabilidad de las empresas culturales en la difusión de una cultura que sepa compaginar las diferentes facetas a tener en cuenta: profundidad, análisis, calidad, pero también entretenimiento, ocio, belleza. No son elementos incompatibles. Una sociedad que aboga por marginar la cultura y la educación a sus mínimas expresiones está destinada al caos, al fracaso y a la frustración.

En este sentido, este pasado mes de Julio murió Esther Tusquets, responsable de la Editorial Lumen. Formó parte de una generación de editores que compatibilizan sus tareas comerciales con la escritura y la difusión de la literatura. Al igual que Carlos Barral, Josep María Castellet o Jaime Salinas, heredó una gestión cultural que tuvo que recomenzar tras la Guerra Civil y que avanzó hacia los cambios de la transición. España estaba inmersa en una dictadura, sin embargo y a pesar de las dificultades, entre ellas una ruptura generacional tras la Guerra Civil, surgieron escritores y artistas, pero también editores que realizaron una labor encomiable y comprometida, y que aportaron, además, una estrecha relación entre la literatura de España y la de América Latina.

Las nuevas tecnologías, en efecto, brindan no pocas posibilidades, sin embargo lo importante es la actitud, volver a la labor artesana, humilde en el mejor sentido de la palabra y cooperativa del trabajo artístico. No necesitamos bambalinas ni glorias histriónicas, sino una labor continuada para compartir cultura.

 

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DIECISÉIS AÑOS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Ahora que ya nada me embelesa,

ahora que asusta el trasiego por algo,

ahora, nudo de ombligo me suda afuera,

por donde antes entraba ahora yo salgo.

Todo termina y todo empieza,

recordamos aquellos dieciséis años,

 las edades se mezclan como una trenza,

paraíso y nostalgia de los dieciséis años.

Alabamos a la inquieta ciencia

en este trayecto con la soledad al lado,

creemos que la vida es lenta

pero es una bala perdida en su disparo,

tenemos mera conciencia

de aquello por lo que hemos fracasado,

un desayuno, quizá una merienda,

una cena me mata el talento sudado.

Alíviame tú, tú, con alegría completa,

alíviame tú, con tu sonrojo sagrado,

alíviame tú, con tu verdad pequeña,

y haz de mi tragedia borrón negado.

De niños vamos a la escuela

con la bata de hilo y el plumier usado,

de niños todo es risa fresca,

abalorio de juego, y cortados labios,

de niños, la gente de la calle te besa

entre inocente suspiro y pétalo arrancado,

vámonos, vámonos que empieza

la curiosidad hueca de mis trece años,

vámonos, aunque vengamos de vuelta,

que el viento viejo sabio dará bandazos

dando portazos en las puertas abiertas,

a cada vida ingenua dieciséis portazos,

cruel es la vida si ya tropiezas

con piedra en el camino que te hará blando,

cruel es la vida que empiezas

con la burla cruel del niñato amargo,

se me queda un dolor de sutilezas

que brota como flor de tallo largo,

se me queda un dolor donde empiezas

y acabas dejándote el resuello enjaulado,

la mala baba, la maldad me templa

aquella valentía por donde cruzaba ancho,

todo termina y todo empieza

en el oscuro invierno, al nacer hay llanto.

Todo termina y todo empieza

entre repetido almuerzo y el mismo cuadro,

Todo termina, todo comienza,

Todo queda en la ceniza de los dieciséis años.

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Tierra Roja

 

El aire se llenó de tierra roja, una enorme niebla tensa y purpurea que lo oscureció de pronto todo y que convirtió el sol en un enorme círculo anaranjado. El viento seco y ardiente empujaba aquella masa de tierra hacia el sur y nos ahogaba. Todos avanzábamos con pañuelos pegados a la boca y a la nariz que mojábamos en agua o en colonia para evitar que las granos de arena y de tierra nos agarrotaran todavía más los pulmones. Las calles de Bissau se llenaron de coches que circulaban lentos, en un caos absoluto que aumentaba todavía más la sensación de fin del mundo. Al menos es lo que sentí en esa mi primera experiencia de una tormenta de arena procedente del Sahara, que me hallaba a todas luces ante el final del mundo.

Nemas me tomó de la mano y me guio en un momento en que ya apenas veía porque los ojos se me habían tapado casi por completo debido a la irritación que me producía la arena. Manga de areia, me dijo casi en susurros. Muita areia, sim, la respondí. Llegamos por fin al barrio de Antula donde vivíamos. Me sentía cansado por aquella marcha de más de dos horas desde el centro, cuando aquella distancia la recorría en menos de una hora en condiciones normales. Entrar en casa fue librarnos del aire caliente, de la atmósfera arenosa, de la asfixia, del caos reinante por todas partes, un rincón de paz, pensé, que existe en todo infierno. Vi mi rostro en el espejo del cuarto de baño y comprobé que había perdido mi color bronceado aunque pálido pese a todo, ese tono de los blancos cuando toman mucho el sol apenas sin cuidados y se tuesta la piel sin estar del todo moreno. Ahora estaba mi piel enrojecida por el polvo desprendido por esa tierra rúbea que lo invadía todo ahí fuera y que se mezclaba con el sudor. Miré a Nemas que se había sentado en una banqueta del pasillo, junto al cuarto de baño, y la mezcla de su piel negra y el polvo purpureo le daba un aspecto misterioso, entre humano y mitológico. Deusa africana, murmuré, más para mí que para elogiarla, y ella me sonrió y sus dientes blancos y sus ojos grandes se remarcaron todavía más en medio de aquella piel que adquiría ahora un color extraño.

Tus ojos son estrellas

En la noche de tu piel.

         Eran versos de mi época de mal poeta. Sonreí al recordarlos, aunque no lograba rememorar el poema entero escrito, si no recordaba mal, para seducir a la bella bibliotecaria de la Universidad de Burdeos. Pero de aquello ya hacía mucho tiempo. No tanto en realidad, pero ya apenas recordaba el tiempo anterior a Bissau. Tampoco los quería recordar. Nunca tengas nostalgia del pasado, fue un consejo que me di en cada cambio de vida, cambio radical y necesario e incluso obligatorio por esa tendencia mía al caos no deseado, porque mi vocación no era en absoluto la de complicarme la existencia, pero acababa siempre embrollado sin solución y mi salida solía ser la huida ante una vida que se me caía en pedazos.

Maldita sea, pensé, incluso lavarme la cara se me vuelve un ejercicio de autoanálisis. Has leído demasiado a Jüng, farfullé cuando vi mi rostro ya más pálido, desprovisto del polvo rojo que se mezclaba ahora con el agua del lavabo. Salí del cuarto de baño para que Nemas pudiera lavarse y bebí agua mientras contemplaba a través de la ventana la calle. La luz de la tarde, por lo general radiante y clara, era ahora apenas una semipenumbra, como si estuviéramos a punto de la anochecida. Delante de casa no había coches, pero muchas personas parecían vagar, perdidas, tapados sus rostros por pañuelos tintados con el polvo rojo que inundaba todo el aire. El fin del mundo me pillaba en el rincón más recóndito del planeta, una esquina en la que me escondía de mi vida, aunque a ciencia cierta, me pregunté, no sabía muy bien de quién o de qué. O no lo quería saber. O me sentía incapaz de saberlo. Llevaba casi un año en Guinea, había llegado casi por casualidad, antes ni siquiera era capaz de situar aquel país en el mapa y ahora podía creer que toda mi vida había transcurrido en aquella caótica Bissau. La suerte o el destino, la voluntad divina o mis propias gestiones, tal vez la mezcla de todo ello, me habían permitido comenzar a dar clases de francés en una escuela católica y los padres de una alumna aventajada lograron la obtención de mis papeles que me brindaban no poca estabilidad. Era, bromeé, la vida al revés, un blanco que conseguía su residencia en un país perdido de África, y todo eso sin que me preguntaran mucho de mi pasado y menos aún sin que me acusaran de quitarle el trabajo a algún nativo deseoso, por otro lado, de emigrar a cualquiera rincón de Europa.

Nemas fue mi apoyo para aliviar la soledad. Aunque sabía poco de ella, ni tampoco ella sabía mucho de mí ni preguntó, en todo caso salía yo ganando, apareció un día por mi vida y se quedó a vivir conmigo. Nos brindábamos compañía, cariño y algo de sosiego, todo lo cual era sin duda importante. Mi vida por lo demás pasaba entre mis clases, la lectura que me permitían las respectivas y enormes bibliotecas del Centro Francés y de la Universidad Amílcar Cabral, con cuyo departamento de lenguas y letras colaboraba, y Nemas, mi tercera pata, las tres importantes, pero sobre todo ella por la acomodaticia estabilidad que me daba esa bella y misteriosa muchacha, aunque barruntaba que allí, en medio del barrio de Antula, sin ningún otro residente blanco, el misterioso era sin duda yo.

Sin embargo, la tormenta de arena me había despertado no poca zozobra, como si de pronto el caos que se producía fuera se reprodujera también en mi mismo, en mi interior, y me sacara de pronto las dudas que mantenía muy dentro de mí. Detestaba carecer de referencias, de estabilidad, de sosiego. O tener que huir de todo aquel caos. Mi vida era un trasiego cuando lo que había deseado toda la vida no iba más allá de la normalidad más absoluta. Cómo había acabado en ese rincón del mundo, qué estaba haciendo allí, por qué había estado deambulando de aquí para allá cuando lo que siempre había precisado era no salir de un mundo referencial en el que, sin duda, hubiera sido feliz.

Hubiera sido feliz, murmuré y entonces sentí la mano húmeda de Nemas que se posaba en mi hombro. Me habló de la tormenta de arena y me dijo que pronto acabaría, en dos o tres días. A ella no parecía impresionarle aquella atmósfera asfixiante ni esa tenebrosa luz que se había impuesto de repente por todas partes y que causaba un efecto enervante en la vida colectiva, aunque los habitantes de la ciudad parecían persignados a sufrir el ahogo del aire y la tensión de las calles.

Acaricié su nuca, su pelo rizado, su suave piel del cuello, la dulce textura de sus hombros, acaricié su barbilla redonda, casi elíptica, mientras surgía de algún recóndito lugar de mi memoria la causa que me había llevado a ese rincón del mundo, que me había hecho huir, vagar como Caín de un lado a otro, aunque protegido también por un distante Dios amparador. El tono rojizo de la tierra pugnaba por recordarme la sangre vertida, el crimen cometido, mi culpabilidad nunca reconocida y que ahora no quedaba más remedio que asumir. Vi mi reflejo en el cristal de la ventana y, al trasluz, me costó reconocerme.

Juan A. Herrero Díez

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ÍMPETUS

Por Rodolfo Leiro

 

Aquel paso jovial de adolescente

que tatuara mis ímpetus primarios,

en el plexo de ritos calendarios

y en tapices de sueño prominente;

un pañuelo de cuello, displicente,

clavel en el ojal, rizos plenarios

hurgando los carmines en glosarios

de besos en un círculo turgente..

¡Oh! tiempo de mi labio sugerente

para estallar la boca confidente

en el fatuo calor que me embargaba;

la respuesta cordial o ambivalente

no siempre fue ese guiño preferente.

¡Mi corazón aquel, fuego y aldaba!

Construido a las 18,35 del

30 de junio de 2012 para mi

Libro “Hebras de Plata”

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                   DAR/WIN

 

“Las mariposas oscuras sobreviven sobre las cortezas oscuras…

          las mariposas oscuras sustituyen a las mariposas claras…”

                                           Mahlon Hoagland, Las raíces de la vida.

 

 

Y si naces mariposa en Birmingham

-la terca vida impone sus reglas-

todo se reduce a adaptarse

o morir;

 

negras deberán ser tus horas

para la ilusión de la hora nueva.

 

El fósil árbol que te ampare,

el hollín en que te conviertas

 

tendrán el color de un cielo

que espera

 

Mariano Shifman

 

(Del libro “Punto Rojo”, Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, año 2005)

 

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A Vicente Huidobro

 

 

 

Sobre “exhalar alondras como suspiros”,

enseñaba Vicente

desde su ingravidez,

desde su tanta altura.

 

Selectas alas tuvo

sueltas de ligaduras

velocidad de vuelo.

 

Sin áncora en sus letras

y jamás sumergido

en sombras submarinas.

 

Inventor de claveles

que en la mente se agitan

con brisas mañaneras

o en  lecturas nocturnas.

 

Van marcando caminos

lucernarios de tinta

universos de estrofas

que desfilan, etéreos

por todo el cuarto mío.

 

Por emigrar a alondra

suspire su poesía

volé, volé, volé

sufrí amnesia de tierra.

 

Ahora soy extranjera

y me duele horriblemente

la planta de lo pies.

 

Andrea F. Bermúdez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR GONZALO SALESKY

(EXTRAIDOS DE SU LIBRO: ATARAXIA)

 

SOMOS ESPEJOS

 

 

No seré un lobo perdido en las estepas

ni es tu deseo de almíbar mi destino.

Tampoco el sol deja ver las estrellas

si en cada lágrima no finges el olvido.

 

Como no queda ya nada en qué creer,

la vida pasa. No encontrarás tus sueños

porque en la noche en que ardió tu corazón,

no lo escuchaste. Sólo somos espejos.

***

 

DILUVIO

 

 

Una botella al mar, una plegaria…

es triste ver en qué me he convertido.

La sombra en los espejos, la espina en el ojal,

aquello que se lleva siempre dentro.

 

Un lápiz invisible o la tormenta

que encuentra su razón en el ocaso.

Allí, en la incertidumbre, te esperaré despierto,

sabiendo que me ignoras todavía.

 

Mi vida sin promesas se escapa

del lugar que ocupó desde hace tiempo.

Mi espíritu se queda sin aliento,

las ganas de volar pudieron más.

 

Hoy la distancia entierra hasta mi nombre

y al regresar parezco, más que nunca,

ese diluvio anunciado desde siempre,

aquella página que alguna vez fue tuya.

 

***

SILENCIOS AJENOS

 

 

Librando batallas que nunca fueron mías,

soñando que lucho contra tu ignorancia.

Pensando que -a veces- nada importa tanto,

callando lo que antes todos sostenían.

 

Volviendo a dudar de tantos presagios

y esculpiendo a gritos silencios ajenos.

Todo será igual, ayer o mañana,

si sigo, con fuerza, seduciendo espejos.

Si sigo nombrando mi culpa en el viento,

buscando tu abrazo por la madrugada.

***

 

MUY LEJOS

 

 

Me sentiré un idiota,

tu perfume se irá con el silencio

muy lejos.

Tus sueños se llevarán mi vida,

tu alma que buscaba utopías…

tu cuerpo, tan vacío de mí.

 

¿Paciente valentía

o luminosa sombra?

Tu espectro me condena.

Acorto las distancias

con otra gran derrota;

sé que no tengo pruebas

y que lejos, muy lejos,

se irá todo de mí.

 

***

TIBIEZA

 

 

Todo este tiempo, fugaz e interminable,

dejó mi espuma bañando tu guarida.

Descubriré mi ser en tus rincones,

ya no quisiera que sientas mi tibieza.

 

Me alejaré del vértigo y las dagas,

de la distancia que alega cercanía.

Más allá de tu silencio cómplice,

espero tropezar con la respuesta.

 

***

OCULTAR EL ALMA

 

 

La sed no es arte, sólo es lo que me queda

cuando no encuentro retazos en el viento,

pedazos de mi sangre,

mastines que velen en mi duelo.

 

Bajo la lluvia espera nuestro sueño

y el ansia de saber, mejor que nadie,

que los años pasan,

que la vida es esto.

Que todo es mentira y nada nos queda.

Porque es mucho más fácil

ocultar el alma que mostrarla a gritos.

 

Nada cambiará,

ayer o mañana,

si seguimos siendo tan poco,

tan grises,

embarrando espíritus,

volcando la luna en otros espejos.

 

¿Habrá salida eterna? ¿Llegarán

las hordas que presagian agonía?

Hoy el camino existe y es inútil,

me entregaré a una vida sin promesas.

 

***

GRIS

 

 

Olvido mis orígenes

cada vez que despierto.

Sueño destinos de grandeza,

victorias nobles,

épicas derrotas.

 

Pero de día, mi vida sigue gris.

A pesar del milagro y los naufragios,

mis cicatrices se cubren con silencio.

 

***

FUEGOS DE ARTIFICIO

 

 

Sin pasado ni memoria,

las máscaras son muchas.

Los fuegos de artificio disimulan,

esconden fiestas vanas,

vacías de sentido,

huellas de sangre borradas por el viento.

 

Segundo a segundo,

las pantallas hipnotizan.

Ahora somos una ciudad dormida,

un pueblo alienado

que sólo ensancha calles.

Derrumbando la historia

entre cejas hambrientas,

décadas tormentosas,

sombras entre recuerdos…

 

Ojos que miran, ardientes,

la pasión oculta de las víctimas.

¿Dónde fueron los gigantes? ¿Cuántas luces

partieron en una sola noche?

 

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Textos concebidos por Rolando Revagliatti a partir de “Rol de Cornudos” de Camilo José Cela, “El cuerpo lesbiano” de Monique Wittig y “La pipa de Kif” de Ramón del Valle- Inclán.

 

 

“ROL DE CORNUDOS”

 

 

A buscarse en la resumante especificidad

y exquisita consistencia

en tal constelación y refriegue

humanísimos

al principio aflora el acaponado

y florece luego el bragazas

y no nos damos cuenta y pisamos un poquito

al floripondioso cagón

 

Sí avisamos al de confiada evidencia:

en el fabuloso jardín no faltará el escamoteado

el fogueteiro, el gótico flamígero

en sus macetas, sin salirse, predestinados

retoñantes, en sus canteros, con las respectivas

y confusas o epigramáticas traducciones al

[pima-papago

al familia ges, al charrúa, al familia tupí-guaraní

en carteles retorcidos por el sol

expuestas las variedades a miradas

[serviocroatas y rumanas

y tropezones escoceses, indodravídicos y suahelíes

en venta, en alquiler y hasta en conquista los

[variopintos

hurtables, coleccionables

para eventualmente exhibirse en paquetas vitrinas

Aun el más suburbano

cada cual un espejo florido

hiperclorhídrico

inasequible al desaliento allí lo posee

si sociable, el jonjabero

(podrá con él reírse a sus anchas)

si conciliador, el krausista

si olfateable, el lavándula

 

Hay variantes de las variaciones

castizos desde luego muchos

y con motes tales: meapilas

(y van por lo menos dos con deyecciones)

nazi, ñiquiñaque, otorrinolaríngeo, por

    [usucapión

o prescripción adquisitiva

 

Ya lo veis, nadie podría quedarse sin alguno

nadie podría quedarse sin ser por accidente,

[alguno

alguno es vuestro o alguno sois

por transparencia o por desidia

o por tantas y tantas

hay que encontrarse

insisto, estetas

podéis recrear modelos, tomar de aquí y de allá

añadir, comprimir, suturar

 

Trazo para los cronistas este mapa gentil

conoceréis más tarde el exhaustivo

que encararéis lineal o atravesadamente

libres sois para pecar y comprender

(atados por vuestra inalienable condición)

sois vosotros mimados en este jardín interesante

que devino museo por el quiritario, el

[reconcomido

el susceptible de contagio de amor

el tránsfuga del buen sentido

para obsequiar a celosos y celados os

[recomiendo al ultra

(en dosis morigeradas)

el vivalavirgen (por ese no sé qué de equívoco)

el wagneriano (señero)

el xifoide (ver  página doscientos siete)

el yambo (ver página doscientos once)

y el zurriburri (ver página doscientos dieciséis).

 

 

*

 

 

“EL CUERPO LESBIANO”

 

 

Las ingles

en las encrucijadas

(y en la actualidad

de estas mismas arenas)

 

Los talones

por  preciosismo

de esos miembros del ala

a cargo de la ambulación

 

La sangre

por inherente a lo conectivo

entre las regiones convalidadas

por sus

secuaces representativos

 

La lengua

por desplazamiento de su población

persuadida de la necesidad

de los desmanes

 

El clítoris

por arraigo

la linfa

por sistema

las supuraciones

por energía

los brazos

por destino.

 

 

 

*

 

 

“LA PIPA DE KIF”

 

 

En este libro de lona

crea un circo

 

En este circo crea

y administra

su libro

 

18 poemas en la arena.

 

 

*

 

 

Julio 2012

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullá

POBRECITOS LOS MINEROS

 

Pobrecitos los Mineros

Que no os hacen ni puto caso

( Sois una mina de noticias

Una mina de enredos

Una mina de recuerdos y de datos:

“Ha estallado o reventado la mina”

“Lo ocurrido es un suceso grave

Que venía preparándose”

“Habéis prendido fuego a la mina”

Y entre el humo y las llamaradas

El recuerdo de Francisco Mina

Célebre guerrillero navarro

De la Guerra de la Independencia

Que se puso, más adelante,

De parte de los insurrectos mejicanos

Y habiendo caído prisionero

De la tropas reales

Fue fusilado.

Francisco Espoz y Mina fue su tío)

Las filtraciones de vuestro río de lucha

No minará el edificio

La lectura de vuestras proclamas

Irán minando, qué pena¡

Vuestras propias creencias

La enfermedad social

Irá minando, está claro¡

Vuestra robusta naturaleza

Pues estamos en una reino de Asnos

Vuestro espectáculo es grotesco

Y anima a los esbirros, sayones y esquiroles

A reír en vuestra cara y decir:

“Qué guapos aparecéis en la prensa

Y en los medios con la cara con carbón pintada

Qué lindos y qué majos

Qué de recuerdos nos trae

Vuestro teatro de calle con palos

Tirachinas

Y maderos incendiados

Qué sueño de barricadas

Y  escabrosas escalinatas

Estáis bajo patada de un Messi o Ronaldo:

“A por ellos, olé, A por ellos, olé…”

Vaya cagada, qué asco¡

O en la arena del ruedo embistiendo de la muleta

El rojo trapo

La Sociedad os mira de reojo, de largo

Al Vaticano les importáis un bledo

Y para el Capital sois escombro

Basura

En el espulgadero del Congreso

Ya veis: el mandamás de viaje

Al G-20 o +Río

Con amigotes y suscriptores

Invitados al Bono fullero entrando al trapo

El rey al entierro de un “Mahara”, Maharajá

Los príncipes tostando pan

Y llevando barquillos y obleas

A bendecir ante el altar

De San Antonio de la Florida

Que no el de Padua

Descifrando si la mandarina

Es la lengua sabia de China

O cierta clase de naranja

Pringaos, se están riendo de vosotros

A espuertas

Pensadlo bien

Vosotros que vais cayendo como Espronceda

A los 32 años

Fundad un partido político

Entrad en la Cofradía de los Vagos

Con paga vitalicia

No seáis tontos del culo

Que no os queda otra salida

Del túnel de la mina

Que meteros en partidos borriquistas

O tocando los horizontes del Asno

Llenad los conventos y seminarios

Y ya que no podéis ser futbolistas

Haceros pistolos o seguratas de supermercado

Pues sabed que otro mañana

Daréis a vuestros hijos hostias y palos

Recordad que el dios del Vaticano es don Dinero

Echad espumarajos por la boca

Que aquí lo que vale

Son los espumeros

Sitios donde se junta agua salada

Y se cristaliza o cuaja

Los campos de verde yerba

Donde rumian las Jumentas y Jumentos

Rebuznando “A por ellos”

O la chupa de la arena del ruedo

Estáis abocados a pertenecer

A la Real Congregación del Carajo

O haceros frailes o misioneros

Que hay que “evangelizar esta España de exterminio

Falsa, adulterada

Degenerada de su origen verdadero”

Como cantan de clerecía los sermones

Y en las campanas los badajos

Porque si no os veo

Entrando en las Casas de Acogida

O guardar cola

En los comederos solidarios

Espurreando, rociando con un líquido

Expeliéndolo por la boca

El no querer bajaros del burro

Bajaros, pues ¡

En pocos días seréis testigos eficaces

Del carisma profético

De vuestra fidelidad al Capital:

Seréis beatificados por el Papa

Y el mismo banco ambrosiano os canonizará

Saldréis todavía más

En todos los medios

Con cada uno de vuestros puntos diversos

O de la serie de cuestiones relativas

A un mismo tema

Que se ponen a la deliberación

De un concilio

Escribiréis el segundo Capítulo

Detrás de los Altos Hornos de Vizcaya

Y los Astilleros de Sevilla

Por eso

Trepad, os digo,  a los bancos del Congreso

O al paraíso clerical

Desde las orejas largas hasta el rabo

Todo está atado y bien atado

Y a disposición de los Asnos

El Rebuzno está limitado por Decreto

Reflexionad que el trabajo que más vale

Es el de los vagos y maleantes con dinero

Y el divertimento más bueno

Reír y gritar borrachos

Las patadas a un balón

O ver morir al Berrendo

Toro manchado de dos colores

Por la espada acribillado

O creer en fuegos fatuos

Y cantar saetas

Vais y vamos  de culo, hermanos

Quedando con la gloria de recoger el testigo

Del espectáculo

Y aprender que el Rebuzno que más vale

Es el Rebuzno por las urnas avalorado

No os veo con toga, corona

Ni cerquillo ni charretera

Galones ni fajas

Yo os veo de guardaespaldas

O seguratas en supermercados

Y lo más seguro

Gracias al préstamo del Banco de Europa

En la construcción que ya reclaman

Las ciudades, las villas

Los cortijos, las aldeas

Y piden a gritos

Los grandes Asnos de nuestra Tierra

Cultivad las propias facultades intelectuales

El trato social

Y aquellos conocimientos

Cuya posesión pule y afina el carácter

Los sentimientos y los modales

Con cultura de Asnífluo estilo

Rebuznad, pero Rebuznad

Que lo pide el verde césped del campo de fútbol

Y la arena de toriles

En el redondel del taurino foso.

 

-Daniel de Cullá

 

***

 

CASTING EN LA FACULTAD DE ECONOMICAS DE LA UBU

 

Jesús y Yo

Ayer fuimos a un casting

En la Facultad de Económicas de la UBU

Invitados por Lucía

(Qué bella y maja Lucía

Qué yogurcito

Cómo me gustaría yacer con ella

Besar el cielo de su paladar entre cuatro labios

Tocar su campanilla

O picha de las chicas a sagrario

Haciendo música

El Santa Lucía napolitana

Con rasgueo floreado

Una vez que haya salido el dedo índice

Del cuajo

En su Trompa de Falopio tocando

Y estrellando mis dos huevos

Con canuto de capullo labiado

Rompiendo la lechetrezna contra el sarro)

Más hablemos del casting

Veamos:

El director de escena

Un chavalote de Xixón muy guapo

Nos dice que tenemos que hacer

De amantísimos esposa y esposo alternando

Mientras nos graba una cámara

Sin pìlas, creo

De tres perras a cuatro

¡No importa¡ pues nosotros dos tenemos chispa

Para esto y otro tanto

Comenzando Yo como amada esposa

Y Jesús como el Amado

Y sabed que estoy esperando intranquila

Pues soy una selosa muy selosa esposa

Y el se tarda demasiado

Acabo de plancharle el calzoncillo

El pantalón y un saco

¡Cómo me gustaría plancharle el rabo

A este hijo de la gran puta

A quien yo amo

Que hoy de seguro

Ha vuelto a hacer de las suyas

Apuntándose horas extras en el nabo

Y no me valen las excusas del fútbol, los toros

Ni en la terraza la cerveza y el tabaco

Que mi Amado es un grandísimo putero

Un mal nacido y cabronazo

Que por eso mi suegra me dijo un día:

–      Este hijo mío, hija mía me nació retorcido

y lo primero que enseñó naciente, ¿sabes?

Fue el pito

Mi Amado es pescador de coplas

Tiene el carnet de Medio Ambiente

Para pescar en los ríos y en los charcos

También trabaja la forja artística

Que por eso me la metió doblada

E hizo que el palomo de hierro que le chilla

En la punta del capullo

Me echara su lechada

Para poner mi tripa así de grandota y basta

Como veis

Mi madre ya me lo advertía:

-“ No te cases con ese hijo de la gran puta

Que te la meterá doblada”

-“Madre, yo le replicaba

Quiero un hombre que me haga sufrir

Que me haga llorar

Que me enseñe con la polla

La tabla de multiplicar

 Y que me haga un revuelto de huevos y seta

Entre las bragas”

-Pues ajo  y agua, hija mía

A joderse y aguantarse

Que a la campana de la Catedral

Se le ha caído el badajo

Y está soñando en tu vientre de niña

El príncipe con el que follabas

Pero qué indignada estoy, vaya

Mi marido no se merece tanto

Él es un boyero

Desde San Miguel a Mayo

Pero yo deseo su leche y savia

Para mi yerba y buen tempero

Que sabéis que por Mayo, era por Mayo

Cogí la ganancia y hoy volveré a ganar

Otra soldada por el ano

Porque a mi Amado no le gusta

Metérmela preñada

-“ Dios te guarde, hija mía

Recuerdo otra vez las palabras de mi madre

Y yo le respondía:

“Madre, si no eres de Glande”

Brama la vaca que llevo dentro

Y hace mucha prisa de los huevos

Al hígado

Pienso en voz alta:

Cabra sido, cabra sido

Mi marido fue al trabajo y no ha venido

Cabra sido el muy cabrón

Más, silencio

Que ya se acerca mi Amado

Jesús:

-“Hola, mi amada esposa, querida

¿Qué tal te lo has pasado?

– “Pues ya ves, hijo de la gran puta

Caracola, calvorota, cabezón fetal

Aquí tirando sola

Para tenértelo todo preparado

Planchada tu muda

Y la comida en el plato

Como puta por rastrojo

Y en Cuaresma

Mientras tú, putero de mierda

Siempre estás de Pascua

Malnacido, narizotas, carabobo, chupacrabas

¡maldita sea¡, tienes carmín en el cuello la camisa

Y estos pelos de pubis de puta

En la bragueta, mira

Además, das matraca a las del Carmen

Que por eso te llaman

“mudado de polla”

Eres un ladrón de conejos

Una raposa

Eres un potro cordobés en Burgos

Con ese tu potranco caño

Que echa leche por la boca

Y das nombre

A la plazuela y barrio de Córdoba

Que por eso cuando bajas a ella

Las sultanas  todas putas me cuentan

Que eres taimado y fino bellaco

“Es del Potro este marrano”

Tienes la polla atada a la escabrosa tahona

Con tu babear en mi linda Raja

Has hecho astilla de Castilla en Ascuas

Que por eso eres de Segovia

Pero ahora te vas a joder, mamarracho

Porque mi fruta de la India

Provocativa a lujuria

No la vas a comer

A no ser que quieras la erección alegrarte

Con piñón a Ojete

O caracol, o cantárida

Déjame entre las manos

El asnífluo discurso de tu polla

Que ahora, ¡vaya gracia¡

Encima debo de estar contenta

Pues tengo una fuera y dos adentro

– ¿Te has tirado un pedo, macho?

 Pero qué haces tío guarro

Qué asco, qué olor

Mal venido

Mula galiciana, Asno bien falso

-Mira, querida, a pedo galiciano con la polla en la mano

 Callan y se escucha esta canción

en un móvil sonante:

“Al coño voy

Del coño vengo

Sino son amores

No sé que tengo

Ando en Burgos

Fiestas patronales

Con mi ballestilla

De cazar pardalas”

-Valiente pardal eres tú, hijo de la gran puta

Alcaraván que metes la polla

Entre los cuatro labios de la Vulpeja

Y, ni corta ni perezosa

Yo con la plancha ardiente en la mano

Voy y le plancho la erecta polla

-Ay, gritó Jesús, el Amado

Haciendo verdadera la sentencia

De Eurípides, poeta griego:

“Reniego de la puta

Que para sí no es puta”.

 

-Daniel de Cullá

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por María Isabel Bugnon

Guitarra

 

Esa mujer legendaria,

Que paso como una heroína

Imaginaria, yace  dormida

En un rincón de mi cuarto.

La guitarra, fiel  compañera

De alegrías y tristezas.

 

Ya no despliega su ternura

En suave armonía,

En su momento fue lira

Que mis alargados dedos

Pulsaron fecundando

Esas fantasías de amor y placer.

 

Fuiste la amiga inseparable,

En esos momentos en donde

La inspiración  se adueñaba de mí,

Tus acordes melodiosos arrancaban

Versos  que quedaron escritos

En blancas palomas con tinta de luz.

 

Dios y rey

 

Dios entre los dioses,

Rey entre los reyes.

Eres esta loca pasión

Que enloquece a mi corazón.

No me conformo con amarte,

Aunque la distancia nos separe,

Las letras siempre nos unirán,

Es tanto el amor que siento por ti

Que mi corazón brinca de júbilo.

Aun sin tocarte, Sin  verte

Llenas mi alma de locura y pasión.

Este loco amor es brasa encendido,

Luz en la oscuridad, sol  de la mañana.

Haces que el viento eleve mis pensamientos,

Los deje volar  buscando esa lejanía,

Ese embrujo de amor un poco loco y bohemio.

Eclipse

El corazón en llamaradas,

Los pensamientos,

Acarician sin tocar,

Perciben el fuego de tu piel.

Eres como las olas  del mar,

Cuando embravecidas se acercan

y se van.

Eres turbulencia, un  loco frenesí,

Deseos de amar.

Eres como un tsunami arrasando

Las costas vírgenes.

En tu rostro  se deslizan

Lagrimas de placer, alegría.

Eres la fresca mañana

Que junto al trinar de los pájaros

Embelezan mi corazón y mi alma.

Los gemidos son el eco de sensaciones,

Como si fuéramos animales salvajes,

Fusionados tú y yo en un eclipse

De locura y placer.

 

 

 

En el taller

 

En los talleres del universo,

La brisa va tejiendo

Con luz de luna

Este amor que crece día a día.

Dejando estela de estrellas

Sobre las mansas aguas

Del río, van  acariciando

Sutilmente las barrancas

Del Paraná.

Los camalotes  río arriba

Van llevando mis sueños

Dormidos en la flor del Irupé

Que danza en un murmullo de quimera.

Entre  cortes y quebradas

Nunca  me arrepentiré

De haberte amado tanto.

La tristeza de tu olvido,

Laceró mi corazón,

Sumiéndolo en un doloroso llanto.

Te vi bailar aquel tango,

Con cortes y quebradas,

Tú estampa arrabalera,

Cautivo mi corazón.

Esa noche entre cortes y quebradas

Te entregue mi corazón,

En ese rosal de amor, fuiste  el colibrí

Que libo el más dulce perfume a mujer,

Para después echarte a volar.

Fuiste en busca de otra flor,

Embelezándola con tu hermosura,

Haciéndole creer en un amor engañoso.

Ten cuidado, que  entre cortes y quebradas

Encontraras una  falsa pasión,

Allí te adras cuenta  que te llego

La hora de pagar tanta traición.

***

Señor, ¿un ramito de rosas?

 

Desde que su mama emprendiera ese largo viaje sin retorno, vivia con su papa y la nueva pareja.

Era muy niño cuando empezó a recorrer las frías calles de su ciudad ganándose la vida  con sus ramitos de rosas.

Ese día como todas las mañana se levanto de la cama  con las sabanas sucias con olor a humedad  que dejaban al descubierto  que hacia muchas semanas  que no se lavaban.

Fue al baño, se lavo la cara, el espejo  le devolvía un rostro curtido  por el frío de los inviernos.

Sentía una sensación rara en su cuerpo, como si algo pasaría, el  grito de su padre  diciéndole ¡dale,  apúrate, que  se te hace tarde! Lo vuelve a la realidad, tienes que vender todo lo que llevas en la canasta vago y no pierdas el tiempo  haciendo relaciones  publicas que no estas para eso, si no para traer el sustento diario para tus hermanos.

Termino de asearse ,toma  su canasta  llena de ramitos de rosas  salio rumbo a la terminal de colectivos, en  el trayecto  fue vendiendo  los ramitos, los  ofrecía al caballero  sentado en la mesa  del bar quiso tener  una atención con su ocasional compañera.

Cuando llego a la terminal  ya tenia la canasta vacía, la dejo como al pasar detrás de uno de los bancos  allí existente,subio al micro ,miro con algo de nostalgia por la ventanilla  la ciudad que lo había visto nacer ,esas calles que recorría día a día  con un dulce silbido colgado de sus labios .

Emprendió un viaje sin saber a donde iba, en  sus oídos todavía  resonaban las palabras de su padre ¡No vuelvas hasta que no vendas todo!

Hoy Martín es un niño  de la calle, deambula  de ciudad en ciudad, durmiendo en el banco de alguna plaza, la luna y las estrellas lo cubren con su manto de luz.

El sol de la mañana calienta sus manecitas  curtidas por el frío.

Así vive martín, en la calle, con todos los peligros que ella alberga.

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Elsa Solís Molina

 

El elegido

No todos fueron historia, ni valientes ni elegidos. Algunos montaron barcos, huyendo hacia otros caminos….
Padres hubo que la historia de una España valerosa, no los tuvo en su destino… Barcos con niñatos recios, para juergas , sol y vino,
exportaron subrepticios, a cobardes mantenidos….Por eso brilla fulgente, La historia del elegido, junto a soldados valientes
que aceptaron su destino ….Y el mismo Miguel  relata, en alta voz y sonido, «Aquí echaremos raíces,»·(fué su muerte y su destino)
Y es el orgullo de ESPAÑA, su valor fuerte y perenne, «Y la muerte se sintió, orgullosa de tenerles»

***

 

 

Casa vacía

Casa vacía, paredes que el muzgo ganó y siguió creciendo dentro de dos almas separadas..
Risa que quedó vibrando entre lágrimas ocultas…¿Será más valioso el ideal ? ¿O el amor que la risa eleva,
o el brillo de su mirada…que solo quedó en el recuerdo de la soledad elegida?
Pero el alma, puede viajar y llevar  consigo los recuerdos mutuos que se esfuman
en el abrazo de los sueños…Sólo detrás de los montes solitarios o entre las rejas de su celda,
percibe el brillo de sus ojos, el perfume de sus besos, la cárcel de su renuncia….
Y aunque su ideal lo sostiene, Sólo la muerte, será su compañera.

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Jordi David Abellán

 

 

Romper

Yo quiero romper con el pasado y encontrar cosas nuevas ha hacer. No quiero lastimarme con las púas de las zarzas que han crecido en el camino descuidado de mi vida. Estoy harto de tanto no hacer. Quiero mas “me gustaría conseguir” desearía llenar mi vida con experiencias nuevas y enriquecedoras. Basta ya de remordimientos sobre un pasado que ya no puede volver por mucho que quiera que fuera otra vez presente. No puedo resignarme y sentarme ha esperar que me toque la lotería hasta para eso hay que moverse por que sino vas a buscar el boleto no te tocara nunca. Pues en la vida es lo mismo hay que ir a por ese boleto ganador y solo se puede ir actuando en tu vida. No se puede esperar que otro te lo traiga eso no es vivir es derrochar tu tiempo en pos de algo que sino te motivas no se hará realidad en tu vida. Para ganar hay que apostar y ese apostar quiere decir que tienes que andar cayéndote y vuelta a levantarte así es la vida una apuesta al caballo ganador pero no sabes a ciencia cierta si será el tuyo hasta verlo cruzar la meta o metas de tu vida.

 

Y ahora digo no

 

No no pido sueños inalcanzables. No es fácil créeme decidir por mi mismo pero considero que  tengo el  derecho a ser feliz. Primero yo y por siempre quiero ser yo lo mas importante de mi vida  Ya no quiero mas sueños dictados por otros. Ahora soy primero yo.

Y ahora digo no,  no ha esperar que los otros decidan por mi  por primera vez primero yo ya no quiero mas dueños solo uno solo yo. A partir de ahora en adelante primero seré yo y no una replica de lo que desean que haga con mi vida por mucha buena fe que pongan en pensar por mi.

 

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25º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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25º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIX de la 2ª etapa/01-07-2012

 

EDITORIAL LXIX

La sociedad del espectáculo

 

Ya lo habíamos comentado cuando la Copa del Mundo de Fútbol, sin duda este deporte es todo un fenómeno mundial, el más global seguramente de los acontecimientos sociales, y sin duda uno de los más mercantilizados. No deja de ser una metáfora del mundo. O una forma de conocer el estado del planeta. Lo volvemos a ver ahora con la Copa de Europa, el (mal) llamado Viejo Continente se lanza al espectáculo, se establecen los ritos tribales-patrióticos alrededor de un grupo de millonarios que recogen las aspiraciones y no pocas frustraciones de una Europa en crisis.

No queremos caer en la ridiculización del deporte en general, del fútbol en particular. Reconocemos que hay pasión, que hay atractivo y hasta belleza en el afán de superación, en la coordinación de las personas que conforman un equipo. Detestamos, eso sí, su mercantilización, su banalización y el patrioterismo que genera.

Sin embargo, el fútbol en particular y el deporte en general no es lo único que se mercantiliza y deviene un mero espectáculo, un entretenimiento. Mucho nos tememos que el arte, incluido la literatura, se ha banalizado y mercantilizado. En la Feria del Libro de Madrid se ha hablado demasiado de número –de beneficios-, bastante de firmantes estrellas y muy poco de literatura. Para ser justos, se ha hablado de literatura, pero entre las pequeñas editoriales sobre todo.

No, no es que apostemos por la cultura elevada, elitista y racionalizadora. Aceptamos que el acto de leer o de ir al cine o al teatro puede tener mucho de entretenimiento, de alegría, pero el arte no es algo ajeno al mundo –aquí el mundo real y allá el barniz de cultura para pasarlo bien-, forma parte de la cotidianidad. Si no convertimos el arte en parte de nuestra vida, más vale que aceptemos que la vida es vacua y sin sentido. Esto no lo deberíamos olvidar ni siquiera en épocas de crisis, cuando tantas personas lo están pasando realmente mal en lo económico (y en lo existencial).

Las políticas de recortes han limitado los gastos en cultura. Pero nadie se ha quejado de que alrededor del fútbol se sigan invirtiendo millones de euros, por muy privados que sean, y que vendrían muy bien para crear empleo o para políticas sociales. Entonces, si este dinero destinado al deporte se acepta casi sin rechistar, ¿por qué se acepta como absolutamente normal que se dote de menos dinero a cualquier actividad cultural?

Para colmo, nos dicen que la alternativa pasa por Eurovegas, la instalación en Madrid o Barcelona, se dilucidará en Septiembre, de un inmenso centro de juego, otro espectáculo deplorable que en España, por ejemplo, ha pasado como un elefante por una chatarrería incluso entre discursos identitarios de los distintos nacionalismos políticos.

No queremos dar consejos ni hablar desde una elevada cátedra que no poseemos, simplemente planteamos algunos aspectos que nos tendrían que hacernos pensar sobre el modelo de sociedad que queremos crear. Creemos y defendemos una sociedad de hombres y mujeres libres que disfruten de lo que nos da la vida, ello incluye el deporte, la cultura y, por qué no, la diversión. Pero el actual modelo lo desvirtúa todo, incluidas nuestras propias vidas.

 

 

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AÚN APRENDO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Conozco yo a mucha gente

que por decir una simple verdad

la avientan como basura

o le cuecen la carne en sal,

conozco yo a quien tanto lo vale

y quien no lo vale ni lo valdrá,

conozco el sol que no sale

y el que en un futuro pleno saldrá,

conozco el motivo, la causa

por donde caen los que caen mal,

conozco la asquerosa farsa

y el dicho aquél y el qué dirán,

si te ensalza a ti un poeta

eres hermosura, o misterio real,

 si te ensalzan a ti los gitanos

designio del cielo te chamullarán,

si te ensalzan a ti los negros

 la verdad les rezuma al final,

si te ensalza un clan de Arabia

lo poco o lo mucho te brindarán,

si te ensalzan mujeres de Asia

entre sol de sonrisas te templarás,

si te ensalzan en Macadamia

serás luz interior de macadam,

si te ensalzan en la infamia

ni conocen seña, ni tampoco señal,

si te ensalzan a ti los parias

plegaria y respeto a tu paso darán,

si no te quieren en tu patria

otro destino a tus pies vendrá,

como vienen otros aires

a aventarnos la nueva realidad,

como vienen por otros mares

con otras tierras que pisar,

como existen otros lugares

que respiran la paz del hogar,

como anuncian nuevos cantares

lo que el corazón ya dejó atrás,

cuando sobran los pesares

que poco pesan en el pensar,

como pesa lo que vales

si lo sopesas con lo que no pesa ya.

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MARCHAR

 

Lamenté siempre no haberme marchado entonces de Bidauxe. Se lo conté a Saúl que me escuchó en silencio, atento, consciente de que mi experiencia tenía que ver con la suya, pero sobre todo con la decisión que él debía tomar, si es que aún no la había ya tomado en cuyo caso sólo quedaría llevarla a cabo, algo aún más difícil, lo sabía yo muy bien, que la mera toma de decisiones difíciles. Allá, le dije, los inviernos eran duros, nevaba, los caminos se cortaban, desparecían bajo la nieve. Pasaba los días metido en el caserón familiar, lo único que podía hacer, quedarme en mi habitación, consultar libros, los tenía en abundancia, me entretenían, me ayudaban a sobreponerme del tiempo que pasaba lento, y con mi madre que nunca hablaba, un silencio atroz sólo roto por las voces de la radio y a veces, pocas, por sus palabras parsimoniosas, algún día esto será tuyo, me decía y yo miraba a mi alrededor y me derrumbaba ante una vida entera entre aquellas cuatros paredes, aislado de todo, igual hasta mi muerte, una muerte anticipada en definitiva, una muerte en vida, al fin y al cabo.

Saúl miró hacia las vías del tren. Se mantenía callado, rígido su rostro, las manos sujetas en la valla que nos separaba de las vías. Saúl apenas hablaba. Pasaba las tardes en la vieja taberna, detrás de la barra, sirviendo a los pocos clientes que nos instalábamos allí para ver pasar el tiempo. Aquello era el final de la ciudad, un cruce ferroviario, varias fábricas cuyo cierre se barruntaba cercano y edificios de ladrillo envejecidos por la lluvia y el humo. Allí vivía yo desde hacía unos meses. Me había al fin marchado de Bidauxe, y a veces lo consideraba un éxito, haberme marchado, quería y deseaba sobre todo verlo como un éxito, sí, haberlo conseguido más tarde o más pronto, pero había pasado toda una vida y no podía menos que considerarlo un fracaso, rotundo, perder tantas oportunidades, no vivir tantas vidas por las que ahora sentía una profunda nostalgia.

Le conté que los veranos eran muy breves y llovía mucho en Bidauxe. Salía a pasear por los bosques cercanos. A veces me acercaba a las pequeñas aldeas y hablaba con los caseros. Regresaba imaginando cómo sería el mundo más allá de los montes. Había soñado con largarme al acabar la escuela. Pero mi madre me lo impidió. Te tienes que ocupar de todo, me decía, has de ocupar el lugar de tu padre. Algo me indicaba que era un error obedecerla, asumir sus órdenes. Pero no me rebelé. Acepté a sabiendas del error tan grande.

Saúl me comentó que quería marcharse lejos, bien lejos, salir de aquel extrarradio.

−¿Qué te hace falta para irte?

−Valor, imagino.

−No te lo pienses mucho y lárgate cuanto antes.

Me miró extrañado. Era la primera persona, la única, que le aconsejaba marchar y que no se refería a que allí fuera, lejos de todo, no tuviera nada seguro, por lo menos aquí tienes algo, le sugerían, al menos estás con los tuyos. La mayoría me dicen que sea prudente, me comentó, que no me apresure. Cerré los ojos. No, no, no seas prudente y apresúrate en marchar. No sé si llegué a decírselo o lo pensé muy fuerte, tanto que seguramente oyó mis pensamientos. Creo que llegué a murmurarlo, quiero creerlo, y que él me oyó y me escuchó. Volvimos a hablar de ello. Yo siempre le decía lo mismo, no te encierres aquí.

Saúl era flaco, de cara larga y ojos tristes. Pese a todo, podía considerársele bien parecido, como decían en las aldeas de Bidauxe de los chicos guapos. Me miraba siempre sin hablar, como si me pidiera que insistiera, que sólo así llegaría a decidirse. Insistí, siempre le repetía lo mismo, has de irte, no lo dudes.

Mi madre murió y fue enterrada junto a mi padre. Estaba solo, pero el tiempo había pasado. Volví al caserón, más silencioso ahora por la soledad que producía su no presencia. No sé cuántos meses, años incluso, pasaron, creo que fueron bastantes meses, bastantes años. Una mañana acudí a la capital, apenas una villa grande, resolví algunas gestiones. Pasé por caso de Antonio el tendero.

−¿Te ha venido el camión? –pregunté.

−Sí.

−¿Y el chófer?

−En el hostal.

Fui al hostal. Vi al hombre acodado en la barra del bar. Comía un bocadillo y bebía una cerveza. Le conocía de vista, sin embargo nunca había intercalado ni siquiera un saludo con él.

−Se va Vd. mañana –pregunté.

−Sí.

−Me puede llevar. Necesito que me lleve.

−No hay problema.

Alquilé un piso pequeño y oscuro junto a la taberna de Saúl, en uno de los edificios viejos. Cuando llegué, me quedé mirando mi rostro en el espejo del lavabo. Ese eres, pensé asustado por mi rostro ajado que no había visto en mucho tiempo, rehuyendo siempre aquel reflejo en los espejos y en las lunas. Ya era un hombre mucho mayor incluso que el primer recuerdo que guardaba de mi padre. La vida pasa rápido, pensé no sin dolor.

De todo eso me acordaba con frecuencia. Se lo conté a Saúl esa tarde junto a la valla que nos separaba de las vías. A la mañana siguiente, al bajar a tomar un café, deseé con fuerza no encontrármelo, que no esté, que no esté, murmuré con todo el anhelo del que era capaz.

Juan A. Herrero Díez

 

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ROSAS ROJAS

Por Gonzalo Salesky

 

En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que el primero le aplicaba en el rostro.

Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz –que por su ropa parecía ser el taxista- le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.

Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.

Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.

 

 

 

Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho. Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes…

Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.

Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada. Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.

Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

Habló como si estuviera leyendo mi mente.

No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.

Se desplomó sobre mí. Y la sangre… ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.

Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.

En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba. Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

 

 

 

Una vez en mi departamento, cerca de las cinco de la tarde, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.

Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.

Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.

Pero no iba a poder hacerlo.

 

 

 

Una hora después, estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.

Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado. Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.

Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.

 

 

 

Apenas subí a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas. Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.

 

 

 

Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.

Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.

Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… Pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.

Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia adónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.

Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.

Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que acepte.

Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…

Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo. Nos refugiamos en un ascensor.

Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.

Caí sobre él. Y mi sangre… por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.

 

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POEMAS DE IRENE MERCEDES AGUIRRE

 

TRÍPTICO AZUL

Alquímica

I

El azul está allí. No más lamento.

Os doy fórmula alquímica segura

para aclarar  de  a poco la negrura

de estos tiempos  que traban el intento.

Conócete a ti mismo ¿Adónde llega

la conciencia del Hombre  en este mundo?

¿Qué sientes cuando  ves , meditabundo,

la  trama de dolor que se despliega?

¿Te  duele cuando sufre algún humano

allá, en lo más recóndito de tu alma?

¿Comprendes que el dolor no es algo ajeno?

¿Te oprime el corazón cuando un  hermano

no encuentra en su dolor ni paz ni calma?

¡Entonces estás listo  y eres bueno!

II

Compartir el dolor es importante,

Da fe de nuestro amor hacia los otros,

Permite reflejarnos en  los rostros

del prójimo cercano y del distante.

Pero no es suficiente. Aún hace falta

brindar una palabra convencida

de nuestro compromiso con la vida,

de solidaridad profunda y alta.

Esos vocablos que a la unión convocan

Que dicen “aquí estoy, y te comprendo”,

que muestran sentimientos y provocan

fraternales  abrazos. ¡Descubriendo,

religando sentidos que denotan

un territorio  azul que se está abriendo!

 

III

Hay que franquear cerrojos sin la llave,

Discutir  procederes y disensos,

Coordinar cada intento, hallar consensos

para encontrar ¡por fin! la ansiada clave.

¿Qué números la forman? ¿En qué orden?

Nosotros de este lado, empecinados

Poetas soñadores , aplicados,

buscando mejorar tanto  desorden.

El cuerpo-mente  esgrime sus razones,

Busca en nuestro interior las intuiciones.

¡Acude la  verdad y comprendemos!

La puerta es pesadísima. Supone

un esfuerzo común de corazones

al unísono coro  de ¡Podemos!

 

REFLEXIÓN SOBRE  GEA

 

Desde el espacio surges, espléndida y en paz.

Tus luces refulgentes proyectan por doquiera

promesas  de armonías pobladas de quimera

desde una perspectiva insólita y audaz.

 

Dibujas en mi alma    la intuición valedera

que vislumbra posible la  esperanza tenaz

de un mundo sin violencia, sin agravios, capaz

de encontrar entre todos  la ruta verdadera.

 

Somos red inmadura de un futuro posible

tramado   con el sueño que bulle en cada pecho

de  cualquier ser humano de corazón sensible.

 

Mientras giras por vastos espacios, desde el techo

de un mirador sutil, tenue, casi intangible,

¡contemplo las estrellas  recostada en mi lecho!

 

 

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UNA CARTA

Por Rodolfo Leiro

 

Hoy se empañaron mis ojos

cuando entre añejos papeles

que agobian los anaqueles

de mis años venturosos,

 

entre sumisos despojos

de la que fue mi entereza,

hallé restos de belleza

de juveniles antojos.

 

Viejo carmín, labios rojos

que entre sonrisas y enojos

se acopiaron en mi ayer:

 

me queda, acaso festivo,

el perfume sugestivo

de una carta de mujer

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“LA VIDA…ES UN TREN”

El tren de la vida

Recorre sin pausa,

Espacio de tiempo

En su devenir,

Sube gente a bordo

Y otros que se bajan,

Se impone el libreto

Gozar…o sufrir.

Llevan de equipaje

Penas y alegrías,

Buscando con ansias

La estación feliz,

Algunos lo logran

Hay otros que no pueden,

Pues el destino a veces

Se hace…perdiz.

En este viaje de ida

Nos muestra paisajes,

Algunos muy hermosos

Y otros de olvidar,

Nos llena de años

Y algunas experiencias,

Más también nos enseña

Lo bello…que es amar.

Cada uno lleva

Sentado a su lado.

A un compañero

Para bien o mal,

se llama destino

Y digita todo,

Si sigues a bordo

O te has…de bajar.

 

No siempre el rumbo

Es el que elegimos,

A veces nos empuja

Y nos obliga a partir,

Nos va marcando rumbos

Cual juego de niños,

y andando aprendemos

Lo que cuesta…vivir..

 

Hay quienes esperan

Hacer el periplo,

Hacia los confines

De la felicidad,

La vida que es sabia

Con crudeza nos muestra,

Que estamos de paso

Y esa…es la verdad.

Boris Gold

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

PORQUÉ  TODAS  LAS  REVOLUCIONES

 

 

 

Porqué todas las revoluciones

terminan negando la libertad

anunciada a los liberados

con el pretexto de una justicia

igualitariamente necesaria.

 

Porqué la necedad enturbia

la consciencia y los corazones

de los héroes vencedores

henchidos de megalómana vanagloria

y inequívoca e inefable certeza.

 

Porqué enarboladas sonrisas iluminadas

terminan trucándose mustias

fermentando un mousse de angustia

forjador de un irrespirable hedor

muesca de las sombras de sus victorias.

 

***

 

CONSECUENCIA  DE  LA  CELADA

 

 

 

Impuestas ausencias y alzamientos de sonoros silencios,

descarnadas tragedias para los frágiles desheredados

benefactores de resignada inmundicia,

descomunales privilegios para los opulentos incitadores

señores de manos de antimonio y cuellos blancos.

 

 

***

 

 

DESPUÉS  DE  LA  BATALLA

 

 

 

Almagre óptimo para ser especulado

seres sobre eriales desgarrados

muertos sobre tumbas olvidadas

marionetas de pírricos gladiadores,

anónimos gobernadores exteriores

que se apropian con sus manos invisibles

los beneficios de la sal evaporada.

 

 

 

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24º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVIII de la 2ª etapa/01-06-2012

 

EDITORIAL LXVIII

La muerte de Carlos Fuentes, este pasado mes de Mayo, nos ha devuelto a la memoria a ese grupo de escritores que colocaron las letras y la cultura latinoamericanas en su sitio. Para España, evidentemente, fue hasta cierto punto todo un descubrimiento. Faltaba poco para que se acabase la dictadura que había mantenido a España aislada durante mucho tiempo y cuyo inicio, tras la Guerra, había roto la tradición cultural en dos, la del exilio y la del interior. Durante la República se iniciaron unos contactos entre las dos orillas: Rubén Darío, César Vallejo, Vicente Huidobro, Octavio Paz, entre otros, dejaron una gran huella en un país que vivía toda una edad de plata cultural. Pero la guerra terminó con aquel idilio y sólo parte del exilio español, la que vivió en América, pudo disfrutar de su influencia. Lo Hispano fue apenas una proclama del Régimen de tono altisonante pero sin vocación de intercambio real.

En los setenta se retomó el diálogo desde abajo. Un grupo de jóvenes latinoamericanos vivieron una temporada en España o la visitaban con frecuencia al residir en París, en Europa. Pronto algunos de sus nombres pasaron a ser conocidos y apreciados: García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique, Juan Carlos Onetti, Juan Ramón Ribeyro, Julio Cortázar, entre los que vivieron en Europa, pero no podemos olvidar a Miguel Ángel Asturias o José Donoso. O el mencionado Carlos Fuentes, sin duda un prosista cuidadoso y un narrador agudo.

No pocos de nosotros nos introdujimos en la literatura gracias a estos autores o comenzamos, gracias a sus obras, a leer de otra manera. La deuda es inmensa. Desde Nevando en la Guinea hemos hablado no pocas veces de literatura latinoamericana, pero siempre nos quedamos cortos, creemos sinceramente que el eje de la literatura en español debe estar en Bogotá, México o Buenos Aires, en cualquier ciudad del continente, más que en Madrid, en Barcelona o Valladolid. España debe acostumbrarse en su relación con los países latinoamericanos a ser un país más, en pie de igualdad, tanto en lo cultural como en cualquier otro aspecto, sin esas veleidades imperiales que a veces, nos tememos, perduran en la mentalidad de mucho.

Actualmente son muchos los autores americanos conocidos en España, la relación es fluida, sin prejuicios. Y se lo debemos, hay que reconocerlo, a Carlos Fuentes y su grupo de amigos escritores.

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CANCIÓN DEL SÍ Y EL NO

(BUSCARÁS)

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Y buscarás en mí la negación de una verdad

que tras mis ojos hace incierta una gigantesca realidad,

que tras mis ojos queda abierta

a una cutre bostezada que delira,

que tras mis ojos toda harapienta

y por no poder llover el lustre ya ni mira,

y buscarás en mí otra vez la afirmación de una mentira

que tras mis ojos queda expuesta

como monigote de contrariedad,

que de mis ojos mira escueta a la disculpa que respira

a la ciudad podrida, a la inoportuna oportunidad,

buscarás y buscarás en mí esas dos cosas,

buscarás y encontrarás en mi mirada

el desprecio irresponsable,

el nudo grave, el beso preso, la magia maravillosa,

que hace de este mundo un crudo hueso

con la codicia que nos hace codiciantes.

Buscarás y encontrarás esa parte que se sabe

de este mundo inmenso en el nunca-retornable,

se vierten en un espejo satisfacciones y complejos

 con esa llave que cierra y también abre,

que desgrana el tropiezo de este baile de don nadies,

sé que si yo quiero todo es fantasía,

que con mi voluntad subes a las crines del aire

sobre esa cucaña resbalosa e inmanejable,

sé que sin mí tu causa es tontería,

parece asco y burdo tedio que solo tú te tragues,

buscarás para encontrar y entenderás

que compartimos avión, asociación, sopa fría,

compañeros de bulevar, amigos en el gran viaje,

de estorbo, de cansancio, de habitación vacía,

compañeros en el caminar,

amistades repletas de inútil maridaje,

pasajeros callándose del mundo su gran verdad,

en este tren de cercanías, en este deambular de finita vía.

En este ciego pisotón que de torpeza nos hable,

en este simulacro de muerte en un segundo,

en este acabar para empezar sorpresivo e iracundo,

en este mundo redondo, farragoso, profundo,

en este humificador por desecar lo deplorable,

en este sí para empezar, y para acabar su no rotundo,

en este menester por entender las claves.

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Sylvie

         Sylvie solía hablarme como si estuviéramos al mismo nivel. No había pretensiones en su forma de dirigirse a mí, lo que hubiera sido hasta cierto punto normal en una universitaria en apariencia altiva pero realmente brillante y que podría mirar por encima del hombro, o con cierta presunción al menos, al alumno del Instituto que era yo, algo inquieto, sí, con aficiones literarias en ciernes, pero que en general no tenía nada en claro lo que él era en ese momento, lo que sería después, con el paso del tiempo, ni lo que era el mundo que le rodeaba. Conversábamos siempre mucho rato tanto en la librería de su padre como en cualquiera de los cafés en los que nos reuníamos al anochecer. Hablábamos sobre todo de libros. De hecho los libros, la literatura en ellos contenidos, era lo que nos había unido.

No en vano la conocía, aunque vagamente, desde que cumplí doce años, cuando comencé a frecuentar la librería que su padre regentaba en Bayona. Solía acudir con el mío para proveernos de libros en francés y hablaban ellos largo y tendido de autores, a veces de política, aunque las menos, mientras yo observaba las estanterías repletas de volúmenes de todos los tamaños. El señor Etchévère nos recomendaba títulos, nos comentaba aspectos de las diferentes etapas de la literatura francesa que conocía bien y resultaba un placer escucharle y conseguía despertar una enorme curiosidad y un gran deseo por acceder a las obras de aquellos autores que nos comentaba. Ella entonces apenas resultaba una presencia silenciosa en algún rincón, entre libros siempre, con alguno abierto en su regazo y concentraba toda su atención en él sin apenas levantar la mirada.

A partir de los dieciséis mis padres comenzaron a dejarme ir solo a Bayona. Me alojaba en el pequeño apartamento familiar cerca de la catedral y vacío la mayor parte del año. Por entonces ya me había aficionado a la lectura. Y era más que una mera afición o un pasatiempo. A veces parecía que me gustaba más el mundo contenido en las páginas de los libros que el mundo llamado real, diferencia esta que, de hecho, desde entonces, nunca he establecido ni aceptado: el mundo sólo es uno, ya sea en la mente ya sea la materia visible y en ocasiones, no pocas, algo aparente, incluso más que en la ficción.

En mis estancias nunca dejaba de frecuentar la librería del Sr. Etchévère, que seguía hablándome de escritores y de libros con el brío de un erudito y al que yo escuchaba con interés y no poca pasión. Mi padre, además, solía darme unos billetes extra bajo mano, sin que mi madre lo supiera.

− Para libros -me decía con sigilo, como si la afición a los mismos debiera llevarse en secreto.

En una de aquellas visitas a la librería la hallé sola. Mi padre ha salido, me anunció al levantar la mirada del libro, no sé a qué hora volverá, añadió. Vale, respondí algo distante y me puse a ojear los libros contenidos en las estanterías. Evidentemente, aquella aparente distancia por mi parte no era más que cierta timidez y no poco apocamiento para lograr salir de mis propios límites, en absoluto significaba que aquella muchacha me fuera indiferente. No pocas fueron las veces que, al otro lado de la frontera, a cierta distancia de Bayona, me había acordado de ella y me había preguntado cómo sería su vida. No he de decir que me resultaba atractiva. He de reconocer también que me cortaba bastante. Además, ella había mantenido siempre esa actitud lejana, como si no estuviera allí o no fuera preciso que se dejara notar.

Sería, delgada, de mirada lánguida y largos silencios, no parecía muy interesada en las cosas del mundo. En otras épocas hubiera sido una candidata ideal para habitar un convento. En la nuestra adoptó un cierto aspecto peculiar, con sus ropas deslustradas, de negro siempre, y apartada hasta el punto de parecer ausente. En nuestras conversaciones nunca intervenía y nunca se habló de ella, estuviera o no presente.

Por eso me extrañó que de pronto hablara, saliera de su rincón en el que parecía integrarse perfectamente.

−Buscas algo en concreto –me preguntó.

Cité a un autor del que había oído hablar a su padre. Ella se levantó, se acercó a una de las estanterías y lo sacó de la hilera de libros.

−Es muy bueno –me dijo.

Comenzó a hablarme del escritor en cuestión y de otros de su generación. Supe entonces que estudiaba letras en Burdeos y que sería capaz de sustituir a su padre a la perfección. Ni qué decir que aquella tarde no sólo eran los libros lo que me interesaba, sino que me descubrí enamorado de aquella muchacha mayor que yo, cinco o seis años tal vez.

Pronto llegó el verano y logré que mis padres me dejaran pasar unos días en Bayona. Puse la excusa de que varios compañeros del instituto se desperdigaban por la costa vascofrancesa y no quería perder el contacto. Pero era a Sylvie a quien quería ver, sólo a ella.

Coincidimos. Ella había empezaba sus vacaciones universitarias y pasaba algunas semanas en Bayona. Luego iría a Londres, me comentó, a perfeccionar su inglés. Nos hicimos inseparables. Se encargaba de la librería por la tarde y yo la acompañaba. De dos a cuatro apenas entraba nadie. Era Julio, hacía ya calor y la librería se había convertido en el mejor refugio para charlar.

Sin embargo, yo tenía que volverme al otro lado de la frontera, no podía alargar mucho más mi estancia y además en dos semanas ella marchaba a Londres. Me sentía no poco apesadumbrado por aquella nueva separación que nos mantendría alejados, además, el mes de agosto y buena parte de septiembre. Me hundía esa sensación de no poder decidir en mis días, de estar sujeto todavía a los mandatos familiares, mientras que ella, yo lo notaba, gozaba de toda la libertad posible.

Aquella tarde me sentía especialmente desesperado. Ella me hablaba, como siempre, de libros, me aconsejaba lecturas, me pedía opiniones sobre lo ya leído. Debió de notar mi estado de ánimo.

−Te encuentras bien –me preguntó.

La miré de pronto, sorprendido por aquella pregunta inesperada. Levanté los hombros sin saber qué responderle. Se acercó a mí, colocó las manos en mis mejillas y entonces me besó.

Venga, vamos a sacar los libros del almacén, me dijo dos o tres minutos más tarde, con una sonrisa malévola pero sin duda feliz.

Juan A. Herrero Díez

 

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SONETOS ESENCIALES

Por Rodolfo Leiro

 

HASTA LUEGO

 

Un saludo cordial, un beso al paso,

 la ermita despierta su campana,

luce tu argiva silueta en la mañana

y busco en mi pupitre un verbo raso;

y el día, caminando hacia su ocaso

desde el flujo cordial de luz temprana

que me enrola, romántica y galana

con gemas de su  luna y de payaso;

un saludo que se perdió en el fuego

del aroma sutil que abrasa el ruego

hincado sobre un himen de narvaso;

de aquel postrer saludo no despego

y  olvidarte muchacha ya no puedo.

Hoy te miro en el fondo de mi vaso.

Narvaso: caña del maiz

 

Construido a las 8,45 del

1 de abril de 2012-04-01

Para mi libro

“Meditando en versos”

 

***

 

POMPA

 

Si surgiera otra vez mi antiguo enclave

 que enrolara mis estros con su esencia

y en el templo inmortal de la cadencia

me trepara en el mástil de mi nave,

y explorando la mar, la musa clave

trabara la implosión de mi impaciencia,

yo hurtara de mi lírica conciencia

la palabra gentil, la tierna, suave,

la emoción del soneto, casta llave

que me hiciera sentir el burgagrave

de la rima jovial de mi ventura,

os llevara conmigo en el espacio

y en el solio solemne de un topacio

te haría parte, mujer, de mi aventura.

Burgrave: señor de una ciudad

 

Construido a las 2,19 del

3 de mayo de 2012 para mi libro

“Meditando en versos”

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NIEVE

Por Gonzalo Salesky

Era la primera vez en cuarenta y dos años que nevaba en Cienfuegos.

Entró corriendo a la oficina, envuelto en su bufanda, con unos guantes que no usaba desde la adolescencia. En su mente seguía jugando con esa posibilidad, con ese sueño repetido tantas veces. Salvar el mundo, ser el único hombre sobre el planeta capaz de hacer algo magnífico, algo especial en un determinado momento.

No quería que encontraran ningún defecto en su plan. Hasta su hija lo había ayudado a pulir cada detalle. A contrarreloj debía ordenar todo en su trabajo, preparar las valijas, pedir el permiso correspondiente y viajar. Pronto su familia podría encontrarse con él. Y escapar de esa manera del infierno.

A la hora del almuerzo lo autorizaron a salir. Caminó bajo el frío de noviembre por la vereda, rumbo a la Oficina de Control Cerebral. Solamente tendría que llenar un par de formularios y nada más, cada uno de ellos con el membrete del gobierno cubano. Con muchas frases refrendando, una y otra vez, que todo lo que hubiera en su cabeza era propiedad del régimen.

Hasta cada uno de mis pensamientos.

Pero sin ese papeleo burocrático no iba a poder subir al avión. Y su plan se quedaría sin ser conocido por nadie.

Hasta 2012 se había intentado de todo para aliviar la crisis mundial. Después de las pérdidas, los quebrantos, las enfermedades infecto-contagiosas, aparecía nuevamente la peor de las plagas: el hambre.

Los rescates, los montos millonarios y los subsidios para los bancos y grandes empresas no servían de nada. La gente continuaba agobiada por las malas noticias de cada día. Violencia, manifestaciones y saqueos en las ciudades más importantes del mundo. Sequía, menos alimentos disponibles, poca energía, nada de combustible. Falta de insumos básicos, aluviones de personas famélicas robando cosechas, destruyendo alambrados para buscar gallinas, pavos, cerdos, vacas. No sólo en los países de tercer orden. Europa y Estados Unidos estaban llegando a niveles nunca vistos de desocupación e indigencia. Hasta la gran esperanza puesta en anteriores presidentes se había esfumado en muy poco tiempo.

¿Sería la suya la solución definitiva? Era una de las Cinco Ideas Finalistas del Concurso Mundial. La última alternativa de la ONU. Centenares de miles habían participado presentando todo tipo de proyectos. Brillantes, increíbles, absurdos… uno por uno fueron desechados casi todos.

Los impuestos a los animales domésticos, a cada kilo engordado por habitante, a los hijos, a los deportes y su televisación. El asesinato selectivo de otras especies. Los tributos sobre el alcohol, los cigarrillos, ansiolíticos y energizantes. El exterminio de todas las mascotas, la venta de la Luna por hectárea para los pocos millonarios que quedaban en el planeta. La destrucción del hemisferio sur, la migración total hacia el otro hemisferio. El envío de basura hacia el Sol. La eliminación de las fuerzas armadas de todos los países.

Fundir y vender las reservas de oro de cada país. Cancelar los juegos de apuestas y de azar por diez años. Hacer trabajar a cada habitante en los medios de transporte masivos, para elaborar manufacturas simples en los momentos ociosos que ocupaban viajando. Cultivar granos en el fondo del océano y en las playas. Promover la venta libre de drogas. Prohibir los fuegos artificiales y el maquillaje a todas las mujeres; de esa manera, liberar tiempo y dinero malgastado.

Otros apostaban a reciclar el agua de lluvia, construyendo enormes piletas arriba de las casas, edificios, avenidas y parques. Los más alocados pensaban encontrar en el mar el combustible necesario para poner en marcha al mundo nuevamente.

Ya no quedaban ideas que permitieran evitar la catástrofe. Sólo la de él. Y cuatro más.

¿Cuáles serían las otras?

El 25 de agosto envió su propuesta por correo electrónico. Ese mismo día le habían contestado. Paradójicamente, si tenía éxito con su plan, en un futuro cercano no tendría de nuevo esa posibilidad.

Debía redactarla lo mejor posible. Usaba un cuaderno de tapas duras y de color marrón, con el lomo negro, de renglones celestes casi imperceptibles, para anotar lo que fuera surgiendo en su mente, para tachar lo que no sirviera. De sus hojas sacó el pasaje del vuelo 841 rumbo a Washington, con fecha del día siguiente. Chequeó otra vez el horario de salida y decidió guardarlo en su bolsillo derecho para evitar descuidos.

Tenía unas horas más para seguir escribiendo. Un borrador, un pensamiento que podía salvar el mundo.

Había que destruir Internet. Y todo aquello que implicara transferencia de información. A través de su invento, la combustión sintética de datos, podía hacerse en sólo tres semanas. Toneladas de cables y antenas a lo largo y ancho de la Tierra quedarían inutilizados. El sistema de transmisión por vía inalámbrica también. La vida sería distinta sin tanta gente alejada de la realidad y encerrada en las redes virtuales que amenazaban con quedarse con todo. Miles de millones volverían a vivir como hace treinta años, cuando…

¿Se solucionaría la falta de alimentos? Probablemente las personas, con tanto tiempo sobrante, se comunicarían otra vez con la naturaleza. Cultivarían su propia comida. El ser humano, alienado como nunca, había perdido la capacidad de conversar cara a cara. No parecía creíble que las mismas personas, tan poco tiempo atrás, se encontraban en los parques y plazas, hacían ejercicio, leían libros, se alimentaban de manera sana.

Se ahorraría toda la energía gastada en el tráfico y almacenamiento de tanta información, equivalente a la mitad de la generada a nivel mundial. Sólo era una cuestión de costumbre. Si la humanidad había sido capaz de vivir sin teléfonos celulares e Internet en 1980, bien podía hacerlo ahora.

Seguramente crecería la industria del papel. También la posibilidad de cosechar frutas y verduras en la propia casa. La gente volvería a disfrutar del aire libre, a conseguir trabajos de verdad. Disminuiría la cantidad de desempleados. Según su investigación, la red de redes había reemplazado unos trescientos millones de personas como mano de obra en fábricas, bancos, aeropuertos, oficinas, compañías de seguro, empresas de correo, diarios, revistas, editoriales…

Imaginaba una gran resistencia al principio. Quizás los fanáticos de Facebook protestarían y tendrían que conformarse con pegar sus fotos impresas en la puerta de su casa para que cualquier desconocido las pueda mirar. ¿Cómo podrían sino satisfacer esa necesidad de ser vistos por otros en todo momento? ¿Serían capaces de vivir sin la mirada puesta en sus pequeñas pantallas? ¿Se darían cuenta del tiempo que pierden?

Siguió escribiendo, pensando en el rostro de aquellos que lo votaron. Decenas de extraños que habían leído, con entusiasmo y tal vez con esperanza, su primer bosquejo. Algunos medios ya hablaban de “la solución cubana”. Muchos otros la rechazaban de plano, tildándola de poco práctica, de anticapitalista, de demasiado romántica. Pero tenía espalda para soportar las críticas. Pese a los prejuicios, estaba en la final. Tan cerca de la gloria.

Ocho horas después de terminar, entró a la Casa Blanca con su cuaderno viejo bajo el brazo. En las escaleras saludó al presidente con un apretón de manos. Estaba seguro: si lo escuchaban, el mundo cambiaría. Gracias a él. Y a sus locas ideas.

¿Quién lo hubiera dicho? Si mi padre me estuviera viendo…

Si después de tantos años había vuelto a nevar en Cienfuegos, todo era posible.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullà

 

A FEDERICO GARCIA LORCA

 

Desde el cabo de Creux al Finisterre

Tu Poesía que salta hasta la Vida

Resuena

Y desde Cantabria hasta el Estrecho

Sin que  los ecos Rebuznantes

De la represión

Cantada por esa caterva de gente

De la mala plebe

Lo más mínimo te dañen.

 

Que rabien, rabien

Los que el elogio del Asno

En su día cantaron

En su Musa o lira mala.

 

Tú eres la envidia de la Europa

Con los Continentes

Y ahora se acercan los poetas

Que habitan en ciudades, en villas

En cortijos, en aldeas

Para cantar con éxito feliz

La bella prenda

De tu Poesía.

 

Mira, ve y escucha:

Yo, acompañado a la guitarra

Te recuerdo cantando:

“Dende que te vi

En la ventana

Como era de día

No te dije nada.

Dende que te vi

En el balcón

Como era de noche

No te dije adiós”.

 

***

 

/ Canción Al Ave/

“Detente, sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero,”

-Sor Juana Inés de la Cruz

 

De la Estación de Atocha

Ha salido el Ave Prick

Cantando en su velocidad

Su concepción

Ave, Ave, Ave

 

De Madrid a Bailén

Yo quiero decir que sí

Dime tú niña mía

Que me vas a dar el Sí

 

“Dicemelo”, que me encanta

Oirte bien o mal  decir

Entre espumas de saliva

 ”Chi…chi” “Chi…chi”

 

Eres mensajera del Amor

Con tu Clit and Teat

Y ¡menos mal¡

No eres esclava Jumenta

De Lourdes, ni de Fátima

Ni del pinaresco Henar.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Mary Acosta

 

A BOCA CERRADA

A boca cerrada tensa su armadura

sobre la máquina del miedo.

Sus ovaladas neuronas

acunan naufragios y grávidas ausencias.

Sobre musgosas rocas,

cuelga su alquitranada infancia.

Las esquinas calladas retenidas en sus tímpanos,

pierden su metamorfosis prometida.

Invitado al convite turbio de sus muertos,

coexiste entre los puentes calcados del ahora.

Envoltura de corto viaje disfrazada y a boca cerrada,

memoriza la existencia entre un yo injertado

y la presencia subversiva, de la última palabra.

 ***

ACROBACIA SALMICA

Atardece en mi,

ante el desnudo audaz de los espejos.

Desgrano la penumbra hambrienta

vistiendo un traje de epílogo,

sobre la fina piel gastada,

que expulsada en siete gritos

desarma cóncavos domingos de abril.

Detrás del músculo agotado,

la acróbata libélula

confabula el vuelo,

en mitad del geodésico instante,

inventando el hálito de Dios resucitado.

***

HARAPOS DE ABANDONO

Petrificado en el exilio de la noche,

el gnomo de membranas hambrientas

y heridas coaguladas por el látigo del sol,

suplica silencioso y a la intemperie por su huérfana inocencia.

Golpeado sobre la lozana piel naciente

desgarra sus sueños sobre el fango.

Querubín a la espera del retorno, desnuca a la justicia

tras el peso de una lágrima,

gestada desde las entrañas de su orfandad.

Vestido con harapos de abandono,

busca encontrar la esquina de su infancia,

atravesando angustias con sabor a prepotencia

que anule cicatrices, marchite lo imposible y destiña ausencias.

Metamorfosis de verbos, vigilan el “pienso” carcomido,

fantasma encadenado al sordo murmullo de los días,

que dañan crucifijos pintados de esperanza

entre las tenazas abiertas y dolosas de un germinado desafío.

Con resignados pasos,

cruza la frontera del destino al ritmo de los ciclos de la luna.

Atento a sus treguas sin color, rescata las siglas de los sueños

que suspendidas quedaron en el buzón del tiempo.

En búsqueda de Dios,

un par de sonrosadas mejillas sombrea la vida,

en reclamo justo por el dorso edénico de su inocencia.

MARY ACOSTA

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POEMA

Por Irene Mercedes Aguirre

 

Miré mis manos

 

Y me miré las manos y he notado

la huella de caricias repetidas.

Por los años la piel envejecida

acusa, aquí y allá, tiempo pasado.

 

Y me miré las manos y he pensado

que cuando van a tono con la idea

dan perfección y encanto a la tarea

en la sublimidad de lo logrado.

 

Y me miré las manos y he sentido

sus curvaturas y su movimiento

como   afinado y prístino instrumento

que explicita la acción con su sonido.

 

Y me miré las manos y he palpado

cada arruga y sus líneas perfiladas.

En brumas de milenios, condensadas

encierran los ensueños  apretados.

 

Y me miré las manos y he soñado

con un mundo mejor. Con  diez  perfectos,

magníficos  apoyos, firmes, rectos,

¡a diestra y a siniestra acompasados!

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

UN  BIGOTE  PEGADO  A  UN PRESIDENTE

Un bigote pegado a un presidente

Un flequillo a una sonrisa infame

Un incubador de huevos de serpiente.

Relativismo de muertes ajenas

Productivismo de quirúrgicas guerras

Infamia en anaqueles beneficiados.

Enroque de íntegros mal nacidos

Realce de patrias manufacturadas

Calamidades en teatro de poderes.

Dioses que no descansan

Mamporreros que les ayudan a clavárnosla

Aspereza para nuestras traseras desgracias.

…Podría seguir manifestándome

Pero mejor enumeren sus fríos sudores

Resuélvanlos mientras nos preparan más deberes.

Postdata para los apostatas de los idearios

Cabeza erguida y despejada

Por si les benefician con un disparo a bocajarro.

***

COLGADAS  SOBRE  LAS  VÍAS

Colgadas sobre las vías

del tren que huyó del tiempo

consumiendo vértigo

de endémica cochambre

abigarradas y minúsculas chabolas

apropian mortecino espacio,

sus moradores en número exceso

circulan por mugrientas líneas

hacinados en seguro expreso,

transportador de desheredados

en circular inmundicia

agarrados al mínimo chance

que creen concede

la espiral de sus trayectos,

de esa mentalidad asiática

fluye digna esperanza

que no vislumbra

el horizonte

del Express de los pobres.

***

FRÁGIL  CORPUS  (LIBERTAD)

Frágil corpus

por liturgias y héroes amenazado,

patrias y almas

intangibles excusas instrumentadas.

***

SHANGAI  &  KABUL  &  FRANCISCO

Shangai & Kabul & Francisco

Tránsito espacios

colapsados y convulsos,

vértigo de hordas fragmentarias

enclavadas en ciudades iconos,

escenarios de emociones

proporcionalmente inversos,

forjadores indisolubles

de mi visión periférica,

queriendo entender el mundo

el sonido del chasquido

expandiendo sus ondas

perforadoras de tímpanos,

anunciándome mi depositario gesto.

***

LAS  GUERRAS  SE  ESCRIBEN

Las guerras se escriben

con letras torcidas

de silencios y ausencias,

escritos de sangre

y mala letra.

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23º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

23º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVII de la 2ª etapa/02-05-2012

 

EDITORIAL LXVII

 

El hombre imaginario: Nicanor Parra

Lo hemos dicho alguna vez: los premios son lo que son, homenajes a escritores que no sobran, pero podrían ser prescindibles. Un gran poeta (o antipoeta), Nicanor Parra por ejemplo, no dejaría de serlo, poeta, narrador, escritor en definitiva, aun cuando no recibiese el Premio Cervantes este año o el Nacional de Chile en 1969 o cualquiera de los premios literarios que en el mundo haya.

Nicanor Parra es un gran poeta, o antipoeta. Nadie se lo puede discutir. Plasmó su punto de partida literario:

Mi posición es ésta:

El poeta no cumple su palabra

Si no cambia los nombres a las cosas.

Y él cambió los nombres a las cosas y los convirtió en antipoesía, del mismo modo que en física existe la antimateria o en matemáticas los números negativos. Forma parte de esos poetas de la tradición chilena que revolucionaron la poesía en castellano, que dieron la vuelta al lenguaje y jugaron con él. No es casual la influencia que reciben de Lorca, pero tampoco lo es la influencia que Parra, como antes Huidobro, ejercieron sobre las letras españolas. En general, España ha de agradecer a América Latina que nos hayan liberado de los corsés en el idioma. Hasta es posible que merecieran sus escritores, sus hablantes, que cambiáramos el nombre del idioma y que no se llamase castellano o español, sino americano.

Nada es más justo que darles premios, ya que existen, a autores de América, de nuestra América. Cansinos-Assens, en su fabulosa «Novela de un Literato» ya comenta la presencia de escritores de América en Madrid –Rubén Darío, César Vallejo, Jorge Luís Borges (nada conocido en los años treinta)-, un adelanto de lo que luego sería norma. Ahora, desde el punto de vista, la relación cultural entre las dos orillas atlánticas se ha normalizado bastante, numerosos autores americanos se conocen y se leen en España con normalidad, aunque menos de lo que quisiéramos en este lado. A ello, qué duda cabe, han contribuido escritores como Nicanor Parra.

Nos congratulamos por tanto del premio, esperamos que sea una invitación para leerlo y conocer esa poesía aparentemente sencilla, pero profunda, que sin duda será recordada por lo que dice y añora. Porque como dice el poeta, que supo hablar de lo importante:

 

Cuando pasen los años, cuando pasen

los años y el aire haya cavado un foso

entre tu alma y la mía; cuando pasen los años

y yo sólo sea un hombre que amó,

un hombre que se detuvo un instante frente a tus labios,

un pobre hombre cansado de andar por los jardines,

¿dónde estarás tú?¡Dónde

estarás, oh hija de mis labios!

 

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EL FANTASMA DE LA SOLEDAD

ES UN CUBITO DE HIELO EN MI GÜISQUI

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

MI SOLEDAD SIN DESCANSO

 

Qué pena me da quedarme aquí

frente a las entrañas vacías de mi soledad,

quedarme aquí, con mi baraja manoseada,

con mi sueño crudo que no acaba,

frente a mis mitos perplejos de hielo,

ante las cenizas que esparcen desgana

con la miseria yerma en mi desconsuelo.

Qué pena me da quedarme aquí

frente a las cáscaras en fermento de soledad,

quedarme aquí, solo y sin reparo,

embutido en el desamparo,

y con la caverna repleta de fantasmas

huidos de frías y desiertas calles que braman.

Qué pena me da quedarme aquí

ante el maniquí olvidado de mi soledad,

no veré flashes en las cuevas opacas,

no cruzaré paso entre destellos sin alma,

solo hallaré un monstruo plagado de vacuidad

sentado a mi lado con su cara eternizada,

palparé en mis manos la huidiza claridad

con una ilusión que siempre se apaga

entre la mortaja rasa y la certeza de la soledad,

que lo mismo asoma como también se amaga,

qué pena me da quedarme aquí

sin lo que tanto me piden y no puedo yo dar.

***

 

VENGO

 

Ni quiero ni pretendo

olvidarme de donde provengo,

raigambre del campesinado

y de la iletrada patraña de España,

de los que segaban la cosecha

amparados por su callo,

de los que gacha su guadaña

cortaban espiga de trigo blanco,

de los que sucios en desgana

daban quite al ahidalgado,

ni quiero ni pretendo

olvidarme donde tengo el sesgo,

del Barrancal al Aliagal,

de la candela al fuego fatuo,

de carne viva a puñados de sal

entre sus lomos agachados

y todos a lomos de mulo a destajo,

por si penas anudadas has de llorar

muy tapado, muy por debajo,

cuando en la carne ya se humilla

la astilla como cascajo,

cuando la fiebre es sol sobre sudado

sentencia la pesada cadena

que tiembla torpe sobre las manos,

ni quiero ni pretendo

huir de la plebe ni del proletariado,

que mis cansancios no los vendo

por que me harto de guiso recalentado,

aprendo tras caerme,

aprendo en paz y paso a paso,

aprendo del agreste campo

a entonar un sí ladino, un sí muy cabizbajo

de la simiente primeriza

que cabecea tan despacio.

***

 

PROVENGO

 

Despacio, anda el crepúsculo despacio,

soy la raya que dibuja límite y pretendo

en sendos (y en decreciendo) olvidos ácidos,

olvidarme de mi nombre, de mi dote,

de raigambre, de apellidos natos.

Otros olvidan la saga innoble,

lo mojigato de verse tan beato,

olvidan aquel rancio pronombre

que se antepuso al precedente del trato,

sacan pecho como si de tal bronce

blasón esculpieran de abolengo pacato,

se ponen don, se alargan nombre,

cogen prestado estirpe solo un triste rato,

eligen corte, también consorte,

hacen pose en dinástico retrato

en cuanto efigie segura logran lo fijado,

se comen con uña cualquier postre

 después de la ética que se han tragado.

***

 

MAMÁ SIN DESCANSO

Si Dios insiste siempre tendré que luchar

aunque el triunfo tal vez esté cercano,

me quedó claro que esta lucha sin final

sin rendición, tan en contra del solano,

estoy seguro que todo me ha de llegar,

el amparo, la locura, la fe,  el goce insano,

ahora mismo te diría, pues tu dime: ¡Mamá!

¿qué ves de nuevo en mi mirada angelical?

¿Qué ves de nuevo? ¿Qué germen del diablo?

Ya sé que en este mundo llora la bondad,

llora la benevolencia con su moco de pavo.

Mamá, arribo desde la noche desflorado,

lloras mi derrota borracha de pleamar,

lloras mi encierro sustancial en el lavabo.

¿Qué quieres ya? Si ya mi santidad

a otros infiernos ya se la he dado,

no encontraré la paz, nunca tendré paz,

ni conmiseración, ni consuelo, ni lucidez,

soy un triste ángel con un ser desmantelado,

ahora te entrego mi psique, mi flacidez,

mi cuerpo podrido y desproporcionado,

ahora ya no lo exiges, no valen porqués,

 solo te tengo Mamá entre traspiés y sobresaltos,

nunca te cansas, una madre tendré

velando cama eterna, las décimas, mi espanto.

Una madre para siempre yo tendré

y ella un hijo que perdió paraíso por negarlo.

 

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Final de viaje

 

La mujer sintió que se le agudizaba el miedo, la ansiedad, como un vacío dentro de ella. La cola iba lenta, demasiado lenta, pero avanzaba, y ella no tuvo claro que era lo que prefería, la lentitud de su avance o que se acercara de forma irremediable a la cabina de pasaportes, donde una agente de policía, distinguió que era una mujer, observaba rápida los documentos y los sellaba. Por un instante le tranquilizó la perspectiva de que con ella fuera a funcionar igual, una veloz ojeada a la foto, a los datos, a ella incluso para confirmar que aquella foto era la suya, y un sello colocado en la primera hoja de su pasaporte nuevo que le permitiría superar la hilera de cabinas y entrar en el país. Pero de inmediato consideró justo lo contrario, todos los ojos se posarían sobre ella, como si la esperasen, como si supieran de antemano que algo no iba bien, como si no cupiera alternativa alguna y todo le fuera a salir mal, al fin y al cabo no era acaso su propia vida, se preguntó, lo que hacía aguas desde siempre y ahora, tuvo de pronto la convicción, las cosas no serían diferentes.

Observó la enorme sala donde se hallaba, techos altos, todo metálico, con cristaleras que daban a las pistas, una limpieza absoluta, calculada, nada fuera de lugar, y las personas de la cola, una detrás de otra, parecían pertenecer al aeropuerto, como si siempre hubieran estado allí y sólo ella desencajara.

La cola siguió avanzando y sólo tres hombres le separaban de la cabina. La agente de policía, observó que era bonita, de rasgos finos y ojos claros, fue presurosa en el sellado de los tres pasaportes. Le tocaba a ella. De pronto tuvo la sensación de que estaba sola, completamente sola ante aquella agente, dentro de sí aumentó el vacío, la ansiedad, el miedo. Entregó su pasaporte y vio como la agente lo abría, observó la foto y la miró.

−Un momento, por favor.

Ya está, se dijo cuando la agente salió de la cabina y se dirigió a las oficinas que estaban a un lado del amplio vestíbulo. Echarse a correr era una posibilidad, pero las piernas le temblaban y además no conocía aquel sitio enorme, la cazarían como a un conejo. Cerró los ojos y comenzó a orar. «Por favor, Señor. Por favor, Señor. Por favor, Señor».

−Puede acompañarme, por favor.

Otra agente de policía se le había acercado. Los ojos se le llenaron de lágrimas, aunque ninguna se derramó por sus mejillas. Empujaba su maleta con desgana, desistió a tener esperanzas. Todo se acabó. Nada le resultó más previsible, aunque a ciencia cierta no tenía ni idea de lo que iba a suceder. Entraron en un despacho pequeño. La agente apartó una silla.

−Siéntese –le indicó con suavidad, no parecía una orden. Ella se sentó, más bien se dejó caer sobre la silla, desmoralizada.

−Está en la maleta –llegó a pronunciar de un modo apenas audible. Esta vez sí que se derramaron algunas lágrimas por sus mejillas.

−Perdón.

−Está en la maleta –repitió un poco más alto.

−¿Qué?

−Eso.

La agente le miró como si esperara que ella dijera algo más. Pero no era capaz ya de pronunciar ni una palabra. Colocó sus brazos sobre su ombligo, como si pretendiera abrazarse y de nuevo cerró los ojos, aunque esta vez no consiguió orar ni pensar en nada. La agente habló por el teléfono sobre la mesa, preguntaba por alguien, no logró entender el nombre, y al cabo de un momento aparecieron dos policías. La agente salió un momento del minúsculo despacho, como si buscara una cierta discreción, pero escuchó lo que le decía a sus compañeros.

−Le iba a hacer la entrevista de inmigración, pero se ha venido abajo.

Los tres policías entraron. Uno de ellos le pidió que abriera la maleta. Le ayudaron a ponerla sobre la mesa. La abrió y no hizo falta que removiera mucho, sabía perfectamente donde se hallaba la bolsa de plástico que guardaba los tres paquetes. La dejó sobre la mesa y volvió a cerrar la maleta.

−Podría acompañarnos.

La agente había puesto una de sus manos sobre su hombro. La miró en ese momento, como si ella fuera en ese instante la única persona que le acompañaba.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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SEIS MONEDAS

Por Gonzalo Salesky

– La guiadora está en la puerta, señor.

– Hágala pasar, por favor. ¡Vamos!

La lluvia entró por un segundo en el vestíbulo. El mayordomo abrió y cerró la puerta rápidamente, para evitar mojarse.

Ella cerró su paraguas y se quitó el piloto. Saludó cortésmente al dueño de casa.

– Buenas tardes, señor. ¿Cómo amaneció?

– No tengo tiempo que perder. Necesito que empecemos ahora.

Pasaron a la habitación. Él se acostó en su cama recién tendida, sin taparse. Ella se sentó en una pequeña silla, a su izquierda, como siempre. Quince minutos después, comenzaron a soñar.

Él caminaba por un jardín repleto de ángeles, tal vez recuerdo de un cuento de su infancia. Nubes verdes cubrían el sol. Los árboles, blancos y negros, se movían a su alrededor como caballos de ajedrez. Luego de unos segundos de vértigo, escuchó la voz de ella acompañando cada paso.

Siga el camino de flores, sin detenerse.

Él obedeció sin mover los pies, suspendido en el aire por dos pequeñas alas que salían de sus tobillos. Voló de esa manera hacia el sendero y llegó hasta el final. Un gran precipicio que nacía a unos metros de allí le dio pánico. El cielo se había oscurecido, alcanzando un tono púrpura, como empapado de sangre.

No tema. El fuego va a alumbrarlo en su descenso.

Y así fue. El calor y la luz lo acompañaron por la escalera de mármol que bajaba, en círculos, rumbo al infierno. En menos de media hora, él logró encontrar lo que buscaba desde hace tanto tiempo. Y despertar en paz.

 

Mientras volvía a su pequeño departamento, la guiadora repasó en voz baja el nombre de los pacientes que esperaba ver al otro día. ¿O debía llamarlos clientes? Sus colegas preferían nombrarlos de esa manera, quizá porque elegían no involucrarse tanto.

Su cabeza estaba a punto de estallar. Se estresaba al pensar en su horrible trabajo, respetado por pocos y muy mal pago. Además sentía el riesgo y la presión de jugar con fuego a cada momento.

Entró agotada, tiró el paraguas a la basura y guardó el piloto, ya seco, en el armario. Mientras veía el retrato de su familia en la mesa de luz, junto a su cama, volvió a recordar ese sueño, tantas veces repetido.

Desde pequeña revivía continuamente la misma pesadilla. En una plaza oscura de su pueblo natal, sus padres la abandonaban. Los árboles se acercaban con enormes serpientes en lugar de ramas. Mordían sus pequeños pies, la hacían tropezar y ensuciarse con el lodo. Ella –una niña de unos siete u ocho años- quería gritar, correr, despertar de ese lugar siniestro.

Después de mucho tiempo había descubierto la forma de hallar a su familia: allí, en la hierba, debía acostarse y soñar. Soñar con ellos. Sólo así volvían a aparecer. Cuando lo lograba, se presentaban en su sueño, de nuevo en la plaza, regresando por ella. Pero su hija ya no estaba. Era imposible que la vieran, que se encontraran los tres en el mismo lugar, en la misma dimensión del sueño. No podían verla, ya que estaban dentro de la imaginación de la pequeña. Y ella no tenía manera de entrar allí.

¿Por qué no pueden verme?

¿Cómo seguir? ¿Acaso ellos también deberían soñar conmigo?

¿Cómo hacer para verlos siquiera una vez más, cara a cara?

Quizá lo que veo por las noches solamente sean recuerdos, del pasado o del futuro. Si sólo hubiera podido despedirme, antes del accidente… Tendría que contratar un guiador para mí.

Con lágrimas en los ojos, se sonrió por su ocurrencia.

 

Mientras miraba la luna llena por la ventana, terminó de darle forma a una idea loca que rondaba su vigilia. ¿Podría arriesgarse alguna noche?

Según viejas leyendas, unos pocos habían querido hacerlo. Ser sujetos y objetos al mismo tiempo, guiadores y pacientes, protagonistas y espectadores. Pero sin salir con vida del intento.

¿Será tan peligroso como dicen?

¿Valdrá la pena?

¿Alguna vez tendré el valor…

No quiso quedarse con la duda.

Se acostó de lado, frente al espejo ubicado a la izquierda de su cama. En pocos minutos comenzó a dormitar, tratando de encontrarse, de abrir esa puerta cerrada por años. De ubicar en su mente aquel sueño, de descubrir nuevamente a sus padres.

Por fin pudo dormirse. En segundos -quizá en horas- vio pasar todas sus pesadillas, una a una, delante de sus ojos. Sus cuentas pendientes, sus secretos más profundos. Su oscuridad, su dolor. Tenía conciencia de que había empezado a gritar y llorar en voz alta como un bebé, pero no le importaba. Ya no tenía alguien en su cama para hacerle compañía. Esta vez nadie podría escuchar ni despertarla.

En ese viaje sin tiempo, volvió a ser pequeña de nuevo. Esperaba, en aquella horrible plaza, que vinieran a buscarla. Todo seguía igual. El césped húmedo tocando sus pies descalzos, aquel vestido rosa, las serpientes mostrando sus enormes colmillos… Aullidos y gritos surcaban esa noche interminable y el viento en contra le impedía caminar hacia delante.

Como cada vez, no volvían por ella. Y comenzó a intentarlo. Trató de guiar a esa niña angustiada, de ojos de chocolate y cabellitos rubios. La acostó en el suelo. Poco a poco, en silencio y con las manos en su frente, logró hacerla dormir, provocar otro sueño profundo y entrar en él.

En esa imagen forzada al límite, sus padres regresaban a buscarla. Con mucho esfuerzo, logró dormir a ellos también y hacerlos soñar con ella. Y así, por fin, en los sueños de su sueño, pudo reencontrarse con sus seres más queridos. Abrazarlos, besarlos, decirles cuánto los amaba y extrañaba.

Ahora, aquella niña y esta mujer ya no lloraban, ya no sufrían. Dormían y soñaban, reían y descansaban en paz, en familia, como hace muchos años no ocurría.

 

Cuando llegó la hora, cerró con seis monedas los ojos de los tres, para evitar que despierten de ese instante pleno de felicidad, anhelando que durase para siempre. Los vistió con las mejores ropas, los abrazó por última vez y se preparó para regresar.

Después de despedirse contó hasta diez, como tantas otras veces.

1… 2….

¿Podré despertar ahora?

4… 5… 6…

¿Qué diferencia hay entre todo esto y la muerte?

8… 9…

Cuando abrió los ojos, nada en su vida volvió a ser como antes.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Luis Alberto Chinchilla Elizondo

 

AGUA FRÍA

 

Encerraré mi alma,

En un trozo de poesía…

Para que se espinen los sentimientos

A la luz del día.

 

Caminar bajo la lluvia

Buscando la alegría,

De mirarte en sueños,

Húmedos mis ojos

Por el agua fría.

 

Encerraré mi alma

En un trozo de poesía

Para que las mariposas vuelen

Buscando los sueños dormidos

Que descansan junto al azul mágico

En los pétalos de una rosa

La que desde tu jardín nos mira

Cada mañana, por nuestra ventana.

 

Encerraré mi alma

La que ya no suspira

Porque solo tú

Haces brillar la oscuridad

En mis sueños, con melancolía…

 

Nos encontramos por un momento

Luego tomamos rumbos opuestos

Como golondrinas buscando el viento.

 

Me iré a otro mundo,

Buscando el soñar

De un corazón vagabundo

Como el tuyo, como el mío

Si ya no nos vemos

Será por el calor y el frío.

 

Encerraré mi alma

En un trozo de poesía

El que lanzaré al mar

Olvidando  la esperanza

De caminar a su lado

Siguiendo la línea del tren

Bajo el sol de verano

Con el sudor en mi frente

Y una sonrisa en tu mente…

 

Autor: Luis Alberto Chinchilla Elizondo

Grecia, Alajuela, Costa Rica

***

 

MUCHACHA AFRICANA

El sol adorna tu pelo,

Como la nieve.

¡Tu casa!

Una cueva escondida,

Entre piedra y arena.

 

¡Rosa!

Sólo son cuatro letras,

Que un escritor cultivó.

 

¡Tu escuela!

Guardada allá, muy arriba

En el cielo,

Cubierta con un pañuelo.

 

Vives donde las miradas son cadenas secas,

Que se ahogan,

En el tiempo y la arena.

 

¿Recuerdas a tu abuelo?

Se fue buscando una estrella,

No volvió…

Sus años pesaban más que ella.

 

¿Dónde dejaste tus muñecas?

Esas que vivían en tu imaginación,

Las que no eran de trapo,

Eran de arena,

Con los ojos cerrados,

Y la boca seca.

 

Hoy, estabas sentada,

Soñando con la lluvia,

Con la mirada perdida,

Clavada en la arena,

El viento sopla,

Tus labios se quiebran,

Sigues firme, buscando la rosa.

 

La que cultivo aquel poeta,

La que habla del silencio en el desierto,

De los cielos azules,

De los tiempos bonitos y de las letras,

Que crecieron en una verde pradera.

 

Autor: Luis Chinchilla Elizondo

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SONETOS EXQUISITOS

Por Rodolfo  Leiro

 

OPRESIONES

 

Yo surqué con mi gánica goleta

los mares en turbión enardecidos,

con un remo de verbos por sentidos

y un duende pergeñado en mi Paleta,

acaso busqué un sueño de taceta

que guarda mis ensueños fenecidos,

y en el centro puntual de mis latidos

un corazón sin dolos de espoleta;

quise hacer de mi tierra otro planeta,

desbaratar su trama de opereta,

despertar los corajes perimidos

y lanzados en tímpanos de atleta

con el brillo imperial de tu chaqueta,

¡gritar tu libertad, sin oprimidos!.

Taceta: caldero de cobre

CONSTRUIDO A LAS 9,55 DEL 31

De marzo de 2012, para mi libro

“Meditando en versos”

***

 

ESTOY

 

Yo no pedí nacer, pero  he nacido

en un solar de glosa y de quimera,

y rodando este mundo a mi manera

pude amar sin saber si me han querido;

puse en cada blasón,  este atrevido

paisaje de mis horas en que fuera

un sol sobre la Luna, una bandera,

que tuviere por asta a mi sentido;

la presentí flameando y ya abatido

en el páramo gris de mi latido,

en las noches feroces, sin aliento,

en los sueños del sueño fenecido,

fui fogaril del verbo no vencido.

¡Ve mi beso rotando con el viento!

Construido a las 15,51 del

18 de marzo de 2011

Para mi libro:

“Meditando en versos”

***

 

EL POETA

 

El Poeta es la arteria independiente,

que está ajeno a la usual anatomía,

no figura en catálogos o en guía

ni en la mitra, la secta o el tridente;

es un foro de música esplendente

que nutren fogariles de energía,

es el cauce glorioso de la estría,

es el verbo, la mística,  pendiente

de un glosario de lírica turgente

erupción de nectario sugerente

que proviene del sol de la utopía,

se dibuja en la rima coincidente,

en la gloria sublime de tu mente

y en mi pálpito vital de cada día..

construido a las 16,22 del

26 de diciembre de 2011-12-26 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

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POEMAS ESCOGIDOS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

NO  HAY  RELIGIÓN

 

No hay religión

con la que me tropiece

cuya interpretación

no esclavice a las mujeres,

 

será porque todas

están escritas e interpretadas

por hombres,

 

y las utilizan

en beneficio propio.

 

***

 

ANIQUILAR  LA  POSIBILIDAD

 

Aniquilar la posibilidad

de que en ellas germine

la capacidad de elegir

su propia libertad

incluso antes de que nazcan.

 

Manipularles la razón

hasta hacerles creer

que es real su libertad

por el amparo sagrado

de un dios

y no se sientan humilladas.

 

Interiorizarles el sentimiento

de que son causa y efecto

de pecado

estigma inapelable y demoledor

que les confina a la sumisión,

la indignidad y el desamparo.

Criminalizar a las víctimas

hasta tal nivel que la mismas

se consideren  innatamente,

potencial responsable

del desenfreno agresor

del opresor.

 

Eludir la responsabilidad propia

eximirse del daño causado

asegurarse vitalicios privilegios

trasplantando sus turbias intenciones

a las víctimas

que ven a través de sus córneas.

 

No existe libertad

sustentada en la opresión

porque esta envuelve

todos los espacios

hasta impregnar de ignominia

a víctimas y verdugos.

 

***

LA  VERDADERA  HISTORIA  DE  LA  HUMANIDAD

 

La verdadera historia de la humanidad

la escriben personas anónimas

con las letras de sus sangres,

sus sacrificios y sus sentimientos,

las mismas que no trascienden

a los libros y enciclopedias

pero son las que van dejando

el marchamo de nuestra evolución

de lo que somos

y en lo que nos vamos transformando.

 

 

***

 

EN  ESTOS  TIEMPOS  DE  PRODIGIOS

 

En estos tiempos de prodigios

aún se levantan fronteras

y brotan cretinos

que aspiran a fabricarlas,

en estos tiempos

todavía la humanidad

no quiere entender

que cada uno de nosotros

trasladamos los únicos limites

que no deben ser traspasados

al menos, si no invitamos

al prójimo a instalarse

en nuestro territorio

y eso siempre es transitorio,

somos zona de tránsito

fluyente de intercambios

de ideas, costumbres y emociones.

 

***

 

EN  ESTOS  TIEMPOS  DE  ALABANZAS

 

En estos tiempos de alabanzas

de altaneras matanzas y amenazas,

humildemente y hasta

donde mi voz alcanza

quisiera formular un canto

para iniciar los agasajos

de la celebración de la vida.

 

Defender la belleza y la armonía

desde la esencia de nuestro ser

para que no habite en nosotros

la deshumanización y los ultrajes,

que la indiferencia no cuaje

en los veneros de nuestros territorios

y que la luz divina y la alegría

alumbre a todos los primeros días

de la celebración de la vida.

 

***

 

HAY  EXCEDENTES  DE  CRETINOS

                                                                                                               

Hay excedentes de cretinos,

igual con el cambio climático

se estropean las cosechas

y se extinguen como los dinosaurios,

 

lo malo es que mueren matando.

 

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