38º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL TRIMESTRAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXXII desde inicios/27-10-2013

 

EDITORIAL LXXXII

Reconocimiento a una escritora de cuentos

 

La preparación de este número de Nevando en la Guinea ha coincidido con la concesión del Premio Nobel a la escritora canadiense Alice Munro. Ya hemos hablado con frecuencia de nuestra falta de entusiasmo por los premios, siempre subjetivos, injustos, caprichosos, incapaces de abarcar el amplio abanico de escritores que en el mundo hay. Pero esta vez reconocemos que el premio nos ha interesado por habérsele concedido a una escritora de relatos breves, de cuentos literarios.

La literatura en lengua castellana posee una larga tradición de relatos breves, sobre todo la literatura latinoamericana, con verdaderos maestros en este género. Los nombres son muchos porque son muchos los escritores que han dado prestigio al cuento literario en América Latina. En España, en cambio, el relato breve no ha merecido hasta a mediados del siglo XX la importancia que merece y fue la influencia de la literatura latinoamericana la que le dio su lugar.

Aun así, el mundo editorial, salvo excepciones por suerte más extendidas, no acostumbra a conceder el reconocimiento merecido a este género, no arriesga en nuevos autores que se dedican, sea por afición o por iniciar su carrera literaria, a este género y esperamos que un reconocimiento como el Nobel sea una palanca para un cambio de política editorial.

Hemos hablado con frecuencia de la importancia que tienen las editoriales en las apuestas de nuevos autores y nuevos caminos literarios. También en lo que concierne al relato corto. Pero también es cierto que precisamos dar a conocer a estos autores, precisamos que surjan lectores que sepan reconocer la calidad de los relatos que se publican en editoriales y en revistas, que difundan su obra. No creemos que la competencia que puedan ofrecer otros formatos sea un problema para la difusión de la literatura. Lo que pone en peligro, más bien, este ámbito es el descenso del nivel educativo, algo que hace mucho más daño. Pero aquí nos metemos en un campo que tal vez no corresponde tocar ahora.

Lo que sí deseamos es que se aproveche el galardón para dar no sólo a conocer a una escritora, sino a un género con el que disfrutamos tanto leer.

 

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Dudas

 

         Inevitable no renegar: sabía que acabaría yo mismo echándomelo a la cara, culpabilizándome, como siempre me ha ocurrido en cualquier momento de mi vida y por cualquier cosa, por nimio que fuese el asunto. Lo de entonces y lo de ahora, lo que ocurrió aquella noche de hace veinte años como lo que sucederá de inmediato, todo ha seguido siempre un mismo patrón del que no puedo despojarme por mucho que quiera e intente expulsarlo de mi interior, siempre la duda, la constante sensación de fallar y la frustración de haber fallado, de estar en el lugar equivocado, de errar en cada decisión. A todas luces era y es, me temo que seguirá siendo, aunque albergue la esperanza, más bien la ilusión, de cambiar, un síntoma de mi vida: errar, dar tumbos, nunca decidirme por nada. Supe entonces que al instante mismo de responderle, al aceptar aquella invitación que desataría todo lo sucedido hasta hoy, se impondría en mi interior el desasosiego, la zozobra, el remordimiento, y supe que, desde que Kô me transmitió su invitación y yo le dije que sí, iba a estar dando una y mil vueltas a mi falta de decisión, a mi seguidismo, a ese estado de ánimo en permanente insatisfacción. Y así fue, así ha sido.

No le echo nunca las culpas a nadie, nada más lejos de mi intención, al fin y al cabo soy consciente de que forma parte de mis características, sólo mías, vivir en la duda constante, sentir siempre la vacilación y el sentimiento de nunca acertar, la indecisión permanente ante cada ocasión en que debía zanjar opciones que me apremiaban, incluso en las cuestiones, como entonces, más nimias, incapaz en todo momento de resolver mi vida y tomar esas mismas decisiones que tanto anhelaba. Ya digo: es algo que me ha acompañado a lo largo de toda mi existencia, a lo que hay que añadir esa sensación de siempre acabar donde no me concierne, vivir lo que no corresponde, ser quien no soy. Porque al final se impone, una y mil veces, esa sensación de llevar una vida que nada tiene que ver conmigo en realidad, la vida de otro o que el que debía ser mi destino, si es que había un destino, si es que los hados escribían en algún momento el libro de tu existencia, se ha otorgado a otra persona. Al final no soy yo quien lo cumple, mi destino, y tal vez por ello otra persona viva en realidad mi vida o cumpla lo que me hubiera sido destinado sólo a mí. Por eso tal vez no le echo la culpa a nadie, no debo, en el fondo sé que todo se debe a mí, a algo que falla en mi interior de forma inevitable, como una incapacidad del ánimo para vivir. Dicho de otro modo, que si elegía un camino, era siempre el camino equivocado y por eso había llegado, por ejemplo, a Barcelona cuando debía ser otra la ciudad en la que tendría que vivir o haber elegido como destino. Por eso, como en tantas ocasiones ya en esa altura de mi existencia, volvía a chocar con la incomprensión y aquella noche era de nuevo un ejemplo de ese estado de cosas y entonces me lo planteaba como un latiguillo que me quemaba por dentro.

−¿Qué porras hago yo aquí?

Me lo pregunté varias veces a lo largo de aquella noche de sábado a domingo, la de aquella vigilia pascual en la Iglesia de Santa María y que daba paso al Domingo de Resurrección. Qué porras hacía yo allí, me lo he vuelto a plantear con frecuencia desde entonces, aún hoy me lo pregunto, cuando han pasado ya nada menos que veinte años, como si aquella noche hubiera sido determinante en mi vida, en lo que iba a ser yo en estos años, en lo que haría, años que nunca imaginé entonces que transcurrirían como transcurrieron, y desde luego me lo repetí una y otra vez durante la velada, qué porras hacía yo allí, mientras observaba la austera enormidad del edificio y me fijaba en las pocas personas -tal vez me lo parezcan ahora, que eran pocas, teniendo en cuenta, desde luego, el tamaño de la iglesia, aunque apenas eran en realidad, lo recuerdo bien ahora, a los veinte años, un puñado que ni de lejos llenaban las bancadas-, subyugadas todas ellas sin embargo por la conciencia de su pequeñez, lo reconozco, no sólo ante la grandeza eclesial, lo que me hacía pensar al mismo tiempo en que era la primera vez que desoía los consejos no sé si sanos, si correctos o un tanto sectarios de mi padre, presbiteriano íntegro, aunque no siempre coherente, de no acudir nunca, pero nunca, nunca, a los oficios católicos por hallarse éstos repletos de trampas para la fe, entre ellas esa sensación de pequeñez que te imponía tanta grandiosidad. Pero allí andaba yo, en aquella basílica enorme, un tanto sobria pese al esplendor, y aquella noche llena de luz para recordar a los fieles la nueva de la Resurrección que todos los años se renovaba en aquel calendario cíclico, ligado quizá, tuve para mí, dominado en esos instantes por una ansia de entender el mundo –y de paso entenderme a mí en el mundo, todo hay que decirlo-, a los ciclos de la tierra, aunque esto, aquella noche, muy poco me importaba o no lo pensaba en absoluto o no consideraba, dominado como estaba por el profundo desasosiego vital propio de la juventud, quizá de todas las edades, que fuera tema de reflexión para mí en ese mismo instante.

Era mi primera Semana Santa en la ciudad de Barcelona a la que había llegado tras un vagabundeo sin sentido entre varias ciudades y andaba en la más absoluta incertidumbre, nada nuevo, y no contaba con quedarme mucho tiempo en aquella ciudad a pesar de haberme matriculado en aquel curso universitario y a pesar de la tregua de la Semana Santa, por lo que se había vaciado casi por completo para la ciudad, tanto el barrio donde yo vivía por entonces, una mera esquina del Ensanche, como también  todos los barrios, salvo quizá los del centro, donde se replegaban los turistas y los pocos autóctonos que a primera vista se quedaban en la ciudad, parecía que hubiera habido una fuga generalizada, o, cosa más probable, que sólo saliera a la calle una minoría de entre los muchos habitantes que se habían quedado en Barcelona y que se aislaban por cualquier razón, por abulia, cansancio, ganas de aislarse de una cotidianidad insatisfactoria, y sólo salían aquellos que no soportaban la quietud con que habitaban entre las cuatro paredes de sus casas, paredes que se les caían encima seguramente y querían por tanto huir de la sensación de abandono y no tenían a todas luces ningún otro sitio al que ir salvo el centro y buscaban de este modo, recorriéndolo en sonora manada humana o en solitario, como sombras que arrastraban su soledad a la vista de todos, la forma de escapar del retraimiento, la angustia o la tristeza, sin conseguirlo en todo caso o disimulándolo todo ello con una falsa alegría que cuanto menos provocaba mayor angustia cuando no vergüenza ajena.

Yo hubiera preferido sin embargo aquella noche fría de recién estrenada primavera, en la que corría un viento desolador y el tiempo pasaba tan lento que parecía eternizar cada instante, haberme quedado en casa, dejar pasar las horas entre libros o amuermado en el sofá, viendo apenas fluir el tiempo ante el televisor, olvidando que la vida y no el mundo era con frecuencia un lugar ajeno y sin resolver aún todas aquellas cuitas que me asaltaban todos los días aun cuando me dominaba la convicción de que hubieran tenido que estar ya resueltas hacía tiempo, en un proceso de madurez que en mi caso parecía extenderse más allá de lo deseado. Pero la invitación de Kô me llegó unos días antes como anuncio de un aparente final de un largo proceso vital por su parte, seguramente no terminado del todo porque ningún proceso vital, en su caso, en el mío, en el de todos, no termina nunca en realidad y que a él le llevó a la conversión al catolicismo y al bautismo, y por tanto desencadenó que me sacara de forma casi inevitable de mi soledad ansiada porque me sentí obligado en parte y sin saber muy bien por qué a asistir y ser testigo, testigo extraño sin duda, de su conversión y de su proclamación de la buenaventura, que fue el nombre elegido para su anuncia nueva etapa vital, Buenaventura.

Kô y yo nos habíamos conocido en los pasillos de la facultad, inmersos en ese mundo de estudiantes que se movían entre la vocación más o menos sincera, aquellos otros un poco menos vocacionales que los anteriores y que sólo poseían la ilusión de llegar a ver sus vidas mejoradas en la medida de lo posible y aspiraban a ser profesores en algún instituto o, por último, quienes estaban afectados por la más majadera de las mediocridades, la que les llevaba a ir por la vida de artistas sin serlo en absoluto, jugando a la apariencia, a que los demás les rieran las gracias, lanzando al aire para que los otros escucharan sus dimes y diretes, vacuas parrafadas que semejantes botarates pretenciosos soltaban sin la más mínima vergüenza, convencidos de su genialidad, un mero discurso pseudoartístico de palabras pomposas pero vacías de contenido y de sentido. Por desgracia, este último grupo era el más numeroso. Yo los detestaba. Por ellos, por su culpa –no obstante, me daría cuenta con el tiempo de mi craso error, el de juzgarlos y rechazarlos, reconozco y proclamo mi vanidad un tanto pretenciosa también, aun cuando lo que dijeran me pareciese banal, mediocre, sin sentido-, por esos seres obscuros, decía, sombras ridículas, rehuía del contacto con mis correligionarios, prefería mantenerme al margen de todo, lo que incluía el desapego incluso respecto a quienes hubiera podido apreciar, actitud esta que me hubiera hecho pasar sin duda por engreído si la hubiese mantenido. Pero fue Kô quien comenzó a romper esa tendencia. Me llamó la atención no sólo porque fuera japonés, qué porras hacía un japonés entre tanto mentecato, me pregunté, sino porque al escucharle algunos comentarios en clase me permitía darme de bruces con finas respuestas o me planteaban nuevas preguntas. Me acerqué a él, evidentemente, y comenzamos a hablar, discutíamos de libros, de la vida, de ideas y contraideas, y me contó su interés, casi pasión, por la teología. Mi pregunta una tarde se volvió casi obligatoria: por qué no estudias teología. La estudiaba, me respondió, pero a partir de las palabras. Lo vi lógico: al principio fue el verbo, dice la Biblia y por tanto había que saber de palabras.

Pero las palabras, lo sabíamos ambos, también producían zozobra y angustia. Las palabras eran la vida, no sólo su reflejo, también su realidad, su cotidianidad. Unos días antes de la Semana Santa, cuando a punto estábamos de tener unas breves vacaciones merecidas pero obligadamente sedentarias para mí, yo no podía ni plantearme salir de Barcelona, mi economía era ruinosa, como lo sería de hecho toda mi vida, deviniendo a todas luces, comenzaba a barruntarlo entonces, un claro signo de inadaptación social por mi parte, el reflejo de un fracaso personal a ojos del mundo y de mí mismo, y que me acompañaría sin remedio a lo largo de toda mi vida, y ya preveía por tanto que aquellos serían días solitarios, sin ver a nadie, medio en casa medio en paseos por calles que ya intuía vacías, alejándome en todo caso de las zonas más frecuentadas, huyendo de ellas como huía de mis compañeros de estudios, en esos días entonces él me anunció su bautismo en Santa María del Mar. Me gustaría que fueras, me dijo con absoluta sinceridad, tal vez te ayude a ti en tu búsqueda, comentó no sin un tono que tendía a ser paternal y que partía de la base de que todos nos hallábamos en fase de búsqueda, has de probar y aprovechar de todo aprendizaje, continuó hablándome de un modo pedagógico, y de las palabras de mi tutor sacarás algo de luz, concluyó así su extraño convite.

No obstante, las palabras del sacerdote tampoco ayudaron a desasirme de la zozobra que ya me dominaba por completo durante la noche, qué porras hacía yo allí, me repetí de nuevo al intentar escuchar su discurso, aprehender su coherencia y el mensaje entre líneas, y darme cuenta de pronto, por primera vez y casi sin quererlo, que no siempre es bueno desoír los consejos paternos. Lo suyo era una mera letanía, una sucesión de tópicos, lugares comunes, fórmulas repetitivas que hubieran merecido, de ser una representación teatral, por ejemplo, el abucheo más monumental por no someterse a las mínimas reglas literarias al uso, pero en cambio todos los presentes, comenzando por el propio Kô, extasiado a la espera de su conversión pública, parecían seguir con atención el rito ya sin un mito que lo sustentase, que le diera sentido, no había quiebro en las miradas atentas, en el respetuoso silencio de los fieles y en el seguimiento de cada uno de los gestos que se repetían sin que nadie pareciera entender su significado real por exceso de formulismo.

Desabrido ante aquella alocución que me aburría, me fui fijando primero en los ornamentos de la Iglesia, no tan abundantes en Santa María como en otros templos, luego en los hombres y mujeres presentes, y aquí estuve más atento si cabe, debido tal vez a ese empalagamiento que me dominaba ante un ritual tan lóbrego y barroco. Más solícito por los detalles que pudiera observar y entretenerme, distinguí varios grupos: los fieles de la Iglesia, sin duda una mayoría, algunos pocos turistas despistados o un tanto apocados por la mala noche y, lo sabía, me lo había comentado Kô, algunos amigos y conocidos suyos que él había invitado y a quienes yo, creí, no conocería. A él lo catalogué nada más verlo en este último grupo, apenas me costó y jugaba con ventaja: lo había visto unos días antes en la universidad. Claro que su aspecto me hubiera llamado la atención igualmente: alto, delgado, desgarbado, con un rostro de rasgos muy marcados y aspecto de despreciar todo lo que le rodeaba. Le recordaba, en efecto, de una o dos semanas antes, le había visto charlando con una chica en el patio de la facultad de filología. Yo estaba sentado a la espera del comienzo de una clase y me llamó la atención su voz un tanto irritante, muy amanerada y vibrante. No alcanzaba a escuchar todo lo que decían, estaban lo bastante alejados para no oírles del todo bien, pero lo suficientemente cerca como para que me llegase su voz. Estaban hablando de los profesores y de algunos compañeros que yo no conocía y a quienes, pude deducir por el tono y las palabras poco amables e histriónicas que me llegaban, ponía a caldo. No le presté mucha atención ni pensé nada de él, además mi clase comenzaba casi en aquel momento, así que pronto le perdí de vista y no me volví a acordar de él. Sé que me lo crucé un par de veces más, lo reconocí como el tipo del patio de letras y lo olvidé al instante. No coincidíamos al fin y al cabo en ninguna clase. Pero resultó ser amigo de Kô.

Él, a diferencia del resto de los presentes y en cierto modo como me ocurría a mí, no prestaba atención a las palabras del sacerdote la atención debida. Lo miraba todo a su alrededor y en sus ojos distinguí no poca burla. A todas luces, aquel espectáculo no iba con él y si estaba en la basílica aquella noche, era sólo porque Kô le había invitado y, como me había pasado a mí, le habría resultado imposible decirle que no. Daba la sensación de estar preguntándose también qué porras estaba haciendo allí, aunque supuse que por diferentes motivos que los míos, puesto que, aun cuando resultaba evidente que se aburría, había también en él una mirada sardónica que denotaba que se estaba divirtiendo de algún modo con el espectáculo y que por dentro se mofaba de todo lo que le rodeaba y veía.

Al acabar la ceremonia el sacerdote anunció un piscolabis en los locales parroquiales, situados en el Paseo de San Juan, a unos quince minutos de Santa María. Te quedas, me preguntó Kô al acercárseme. Miré hacia la figura quijotesca como si él fuese determinante en mi propia decisión o pudiera indicarme qué hacer y respondí que sí, aunque lo lamenté nada más contestarle, porque en absoluto me apetecía seguir la noche reunido, me seguía dominando aquella sensación de perder el tiempo que había sentido desde el comienzo de la ceremonia, antes incluso, y además tenía ganas de volver a casa, de encerrarme entre mis libros, de retirarme y dejar atrás lo que ya consideraba un compromiso que hubiera tenido que eludir. Kô fue a saludar a un señor que, ya detrás de mí, le felicitó por el bautismo y yo aproveché para dirigirme a él, cuando estaba ya muy cerca de mí, solo.

−Hola. Tú eres de filología, ¿verdad?

Me miró con distancia, como si se preguntase quién narices era yo y tuviera que pensarse qué responder o si tenía que responderme. Pues claro, me dijo de pronto, cortante, como si la pregunta que yo le formulaba fuera la más obvia del mundo, digna de un badulaque.

−¿Tú también? –me preguntó.

−Sí, también.

Sólo entonces sonrió, como si existiera entre nosotros un secreto vínculo que nos unía.

−Me llamo Ismael –me dijo, y la aridez del principio desapareció de pronto y él mismo se volviera más amable y grato.

No imaginé en ese instante que hasta mucho tiempo después aún estaríamos compartiendo angustias, miserias, perspectivas, conversaciones, paseos y mutuos flagelos, y que aquel encuentro y la posterior conversación, tal vez en parte por esos años que le seguirían, tendrían tanta importancia que incidirían en los acontecimientos fatales que iban a producirse veinte años más tarde. Nunca nos ponemos a pensar que cuando algo sucede, algo aparentemente intrascendente, como conocer a alguien por causalidad o cruzar una calle que nos gusta, cualquier hecho por banal que éste sea, apenas un detalle que olvidamos casi de inmediato, pueda tener consecuencias a veces tremendas en nuestras vidas.

Fuimos juntos a los locales parroquiales, rodeados de personas que no conocíamos, que no conoceríamos, separados de ellos por nuestra conversación que se mantenía al margen del conjunto, sin ningún ánimo de compartir nada con los demás, aunque no recuerdo que nadie hiciera el más mínimo esfuerzo por acercársenos, y en ese primer camino me contó con pelos y señales su experiencia en la facultad, me habló de los profesores, me contó su desasosiego por algunas clases que no eran ni de lejos lo que esperaba, y en esa primera charla, a la que se sucederían tantas otras, no pude ni imaginar mientras escuchaba su perorata, que Ismael iba a convertirse en alguien fijo, una presencia hasta cierto punto irremediable a lo largo de los veinte años, sólo habló y habló, y en apenas quince minutos de cháchara, o de monólogo, mejor dicho, sin esperar mi réplica ni interesarse por mi opinión, los quince minutos que tardamos entre Santa María y los locales parroquiales en el Paseo de San Juan, casi a la altura de la calle Aragón, me expuso su visión de la facultad, y también de la vida, deduje, que se podía resumir en una sola palabra: aburrimiento.

De hecho, aquel fue el tema de conversación aquella noche, el aburrimiento, lo sería durante mucho tiempo, ya no el que le producían propiamente los estudios, reconoció que la facultad le había decepcionado, no colmaba ni de lejos sus expectativas, sino el que le provocaba, me confesó luego, mientras dimos el primer largo paseo al salir de los locales parroquiales al poco rato de llegar, a ninguno de los dos le apetecía mucho quedarse, la vida entera, un profundo y radical aburrimiento. Claro que tampoco se hizo nunca muchas expectativas, las ilusiones no son lo mío, me confesaría, no sé si aquella noche u otro día, en otro momento de nuestra conversación sempiterna. En todo caso, me contaría algo similar mientras anduvimos por el Ensanche vacío, con un viento que seguía siendo desolador, primero hacia la calle donde yo vivía, él me acompañaba, y luego, falto de sueño, interesado en seguir escudriñando al personaje, tal vez porque en ese instante ya no me apetecía tanto quedarme solo, le acompañé yo, torcimos por la calle Viladomat hacia la izquierda, de este modo seguimos andando, como si ya fuera imposible abandonar las calles, el frío, la desolación, imposible por tanto también dejar de hablar, de describir por completo ese asunto vital del aburrimiento, hasta el punto de buscar justificarlo, porque me intentó justificar el aburrimiento, el suyo, tan pegado a la piel, tan inmerso en el alma, y así llegamos a su barrio, a Pueblo Seco, también a una esquina, en la Francia Xica, me gustó el nombre, tocando ya Montjuich, donde vivía, me contó, con sus padres.

Y durante aquel largo camino que nos llevó casi por todo lo largo y ancho del Ensanche me lo contó, en efecto, todo, me explicó en buena medida su historia, la de su niñez y adolescencia, la de su juventud, la de su condición de hijo único, la del abandono que sintió con un no, ese no de la alemana, así la llamó y así se referiría siempre cuando me habló de ella desde entonces, quizá por despecho, por no repetir de nuevo su nombre, por no abrir todavía más las viejas heridas del recuerdo y la ofensa. Con el tiempo tuve la certeza de que ese rechazo fue una de las dos piedras angulares sobre la que todo se sustentaba, todos los gestos y todas las decisiones posteriores consistentes no en descubrir quién era, sino en dotarse de un ser, una máscara en realidad tras la cual se refugiaba y que tuvo su origen en aquella negativa, el primer y único fracaso reconocido que le vino tras un acto de valor, casi heroico, pues hay algo heroico en el intento de que nos amen, batalla ésta que se pierde con frecuencia y que quizá no debería dar lugar a tanta acritud. Creo que algo así le dije, para animarle, para que no se hundiera todavía más al confesarme su fracaso, pero en realidad sentía claramente que tal vez tuviera razón, que había que apostar fuerte, aun cuando la prenda fuese dejarlo todo, renunciar a la vida, a los plazos de la existencia, a la normalidad, sea lo que fuese la normalidad. En las películas muchas veces la apuesta resultaba la antesala del éxito. En la vida, por el contrario, podía resultar que fuera el inicio de la derrota más estrepitosa y quién sabe si dolorosa.

Pero no fue lo único de lo que me habló. Me contó la historia de sus padres, acechaba ya en su vida por entonces la enfermedad, también la muerte, la de sus tíos primero, hacía unos pocos años atrás, poco después de haberse iniciado el declive familiar, luego la de sus padres, en estos veinte años, porque a todas luces se trataba de una familia que desaparecía y no sólo venida a menos, una familia de la pequeña burguesía barcelonesa que poco a poco fue perdiéndolo todo, rango, prestigio y dinero, hasta llegar a él, prácticamente el único superviviente de la estirpe, a excepción de unos primos lejanos que se marcharon de la ciudad, de la región, y vivían lejos, en Tafalla, con los que ya intercambiaba sólo las felicitaciones de Navidad y algunas llamadas telefónicas cada año menos frecuentes. Con el tiempo, a medida que conocía sus circunstancias e iba descubriendo la ciudad, se me ocurrió que en buena medida su familia podía ser la metáfora de ésta, una Barcelona que no era ni de lejos lo que había sido hasta hacía bien poco, que se hundía de manera irremediable a pesar de que seguían colocándole ornamentos, meras zarandajas, fruslerías más o menos caras con las que se pretendían ocultar las humedades y las carencias colectivas, como una vieja señorona que vivía de prestado, que había sido rica, culta  y poderosa, pero lo había perdido todo, y desfallecía en la penuria, aun cuando mantuviera las joyas heredadas sólo para lucirlas, nada más, e intentar así desviar las miradas más atentas en la pesadumbre, repitiendo una y mil veces lo señorona que era. Intuí también que el hecho de ser el último de su estirpe, reprocharle a la familia que le hubiese abandonado, era el otro pilar sobre el que sustentaba su existencia.

Durante veinte años fui percibiendo hasta qué punto toda una vida parecía basada sobre esos dos puntos concretos, el rechazo que le hizo perder su equilibrio interior y el declive familiar que tuvo el mismo efecto en su equilibrio exterior, y el riesgo de nunca poder escapar a la gravedad que ejerce sobre nosotros lo exterior, lo que se halla fuera de nosotros mismos, pérdida que adquiría también la forma de miedo, miedo inmovilizador. Ismael había aceptado la derrota, mejor dicho, había decidido un día que no lucharía ya más, si es que en algún momento de su vida luchó por algo, y que sería otro, que dejaría su ser en aquel punto de arranque y me lo fue desgranando poco a poco, con frases que no lo decían todo, pero que marcaban lo que me estaba contando de un modo deshilachado, todo su plan para vivir de otra manera, siendo otro. Todos aquellos bares de ambiente homosexual a los que me llevó durante los primeros años de nuestra amistad, todos aquellos tugurios de transformistas tristes aun cuando se mostrasen alegres y divertidos, todas aquellas maneras ambiguas eran parte del disfraz. En conversaciones truncadas, entre diálogos cercenados y discusiones bizantinas, me volvió a hablar de la alemana y un tema llevaba a otro y se refirió a la soledad, no me divertís ninguno, me acusó una noche de alcohol y grifa, reproche lanzado a mí y por extensión a todos sus conocidos, como si todos estuviéramos allí presentes, obligados a entretenerle como bufones a su señor. Y cuando abandonó la tanda de recriminaciones, me habló de la imposibilidad de hacer nada, de la sumisión, del miedo, del fracaso. Durante varios días que siguieron a aquella noche desapareció. No era nuevo. Cuando llegaba al fondo, desaparecía del todo por tiempo breve, yo lo buscaba al principio no sin angustia, lo veía capaz en ocasiones de tomar decisiones drásticas, y volvía a aparecer entusiasmado porque se había gastado el final de su mensualidad, del salario que le pagaban por su puesto de oficinista en un almacén destartalado de las afueras, con una prostituta de la que decía sentirse enamorado, pero que olvidaba por completo unos pocos días después.

Aquella primera noche de hace veinte años, ya de madrugada, cuando faltaba poco para que amaneciera, cansados por el largo paseo nocturno, somnolientos aunque ya sin poder dormir, nos sentamos en un banco de madera de la calle Aragón. Miramos al cielo y callamos un buen rato.

−¿Dónde estaremos dentro de veinte años?

No respondí a su pregunta. No recuerdo si desplegué en mi interior todos los planes que yo tenía por entonces.

−Prométeme una cosa.

Observé su figura quijotesca derribada en aquel banco. Me mantuve callado, a la expectativa de lo que fuera a decirme, sin fuerza tal vez para esperar nada o sin esperar ya que lo que fuera a decirme me sorprendiera.

−Si dentro de veinte años todo sigue igual o peor y seguimos en contacto, me matarás. Prométeme que me matarás.

Me mantuve callado, tal vez sin saber qué responderle. Él me instó a decirle algo: prométemelo, ordenó.

−Te lo prometo –murmuré.

Recuerdo que al cabo de un poco nos despedimos. Yo llegué a mi casa cuando por levante comenzaba a clarear y dormí durante todo el día siguiente, no desperté hasta el lunes. Volvimos a encontrarnos en la facultad. Comenzamos a frecuentar bares, cafés, cines y largos paseos. Siguió la vida. Nuestro entorno se modificó. Desaparecieron los amigos de entonces. Mi vida continuó una senda de renuncios, fracasos y abandonos por parte de aquellas mujeres a las que vagamente amé. Tuvimos una sucesión de trabajos, cada cual peor pagado, y cambiamos de casa una y mil veces, sin nunca marcharnos de la ciudad. Aceptamos que la vida era así, ancha y ajena, parafraseando al escritor. Dicen que veinte años no son nada, que pasan sin apenas pestañear. No lo sé. Pero de pronto volvimos a quedar durante la vigilia pascual cuando habían pasado justo veinte años. Hemos cenado en un restaurante chino cerca de la Plaza Tetuán. Hemos andado por las calles del Ensanche. La noche también es desapacible, como aquella primera y lejana noche. Durante varios días me había dominado una extraña sensación, un hormigueo ansioso. No la podría definir, puede que fuera la aceptación de lo inevitable. De madrugada ya, cuando el cielo comienza a clarear, sé que voy a cumplir con mi obligación, que lo prometido es deuda. Aunque pasaran veinte años. Por una vez en mi vida quizá vaya a hacer lo que debo. Voy a cumplir con el destino, y esta vez no voy a tener dudas.

 

Juan A. Herrero Díez

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EXCURSIÓN A LAS AFUERAS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

MONÓLOGO DE LA VANIDAD

 

Desde que se inventó la fotografía en el siglo XIX hasta que se generalizó en el siglo XX, ¿cuántos clics se han lanzado para captar ese momento sagrado que sacie nuestra rutina de hombres corrientes? Venid al vicio del oropel marchito con vuestra ceguera de hipsters & cools & outsiders, con nuestra cansada opinión de asombrados cuando pasamos de página como queriendo apagar un incendio en nuestra alma, vacíos menores ahora son las páginas de papel cuché de Vogue, de la Rolling Stone, de Life, de Time, de Hola, de The Sun, nosotros, hombres corrientes embalsamados con comida basura, hombres corrientes saciados de grasas saturadas, barrigones y exigentes, edulcorados con antidepresivos, con ansiolíticos, con sueño hollywoodiense, con rockeros de muerte temprana y locuras en frascos de anécdota en hoteles de cinco estrellas, nosotros, queremos saber aún más, queremos saber como vivís con tanto dinero por ser gastado en nuestro ensueño ignorante y fantasioso, nosotros que no apartamos los ojos del sueño que nos ofrecéis buscamos el oro en los rincones de la temporalidad en vuestras historias atractivas, vosotros, gente del show y la anestesia, nos sacáis de nuestro tedio y nos insertáis en la vida real de los focos, del photo-call y la respiración artificial, nosotros los hombres corrientes estamos enamorados de vuestras historias infinitas infladas con el gramo del exceso y el litro de la locura, nuestras plegarias, nuestras atrofias, nuestra ceguera, nuestra ceguera os lo agradece, ya que usamos vuestra carnaza y nos echamos una pizca de sueño de reflejo de charol, de purpurina putrefacta con la que os laváis el alma de vuestra soledad rumoreada, nos lo echamos a la boca y mascamos de vuestra mentira como un chicle del que no nos cansamos, vosotros triunfadores de los cloroformos perpetuos en las alfombras rojas y los escenarios de luces enfocadas al cielo, vosotros sois maravillosos espejismos en la ciudad de asfalto, en el trasiego y el tráfico en contra-sentido, y en la velocidad azul de las autopistas interurbanas, vosotros mentidnos una vez más, no nos digáis la verdad, ¿para qué? No nos interesa, mentidnos cien veces más, y decidnos una cosa, ¿cuál es vuestro secreto para manteneos tan inmortales? Nosotros estamos hartos de morir, nos morimos al levantarnos y resucitamos cuando dormimos, vosotros al contrario, ¿estáis ahí para advertirnos de que la muerte no existe? O por el contrario, sabéis demasiado bien que la muerte llega sin previo aviso, inoportuna, con hambre no saciada, y nos devuelve a la nada, a la nada que nadie conoció por nunca jamás, a la nada que os hace miserables y pobres como nosotros, a la nada lejos del glamour, de las ropas lujosas, del dinero, la cocaína, la Coca-Cola, la gama de coches relucientes, la precariedad del espíritu y los baños espumosos, del champán y el vino de reserva, de la fachada y el ansia por aparentar lo contrario de la realidad por la que estamos siempre en plena huida, en huida incesante.

 

***

 

NUNCA SUPE HACERME NUDOS

Se renuevan los días

como pan recién hecho,

te despiertas en tu lecho

y en las sábanas te lías,

nunca supe hacerme el nudo

de ninguna corbata,

lo que quizá no te mata

tal vez te deje mudo,

esta vida cotidiana

no me parece nada sensata,

la alegría se desata

y se enreda en la persiana,

esta vida vertical y horizontal

con cualquiera se marcha,

un telón suave de escarcha

se derrite en tu mirada,

dulce telón peculiar,

ración de minucia y nada,

siempre tuve en qué pensar

en el diván particular

de lo que se enfría y se escapa,

 regusto que se destapa

en el lecho singular

que te arropa y te desata

en la alegría vital

de mis noches con mi nada.

Nunca supe hacerme el nudo

de ninguna corbata,

de diplomacia ando justo,

lo juro por mi psiquiatra.

***

ME GUSTA, ME GUSTA

 

Me gusta tu flor antigua, que bajo el óxido de los siglos consiente al nefasto libertino que vocifera tu latido de cera, me gusta tu consejo de luz dinamo por que en tu moral duerme un dios bueno que asiente frente tu decisión de hombre, como sí fueras un Adán moderno, como si la razón fuese en ti una selva virgen y perpetua, me gusta que subas un escalón por encima del mío, y que seas mi hermano y mi ángel replegados los dos en un orgullo que palidece, ya que por donde yo te siga se abrirá la humanidad expectante, y que una puerta abras para mi voluntad de viento es contar los pelos de cogotes sin voz de noche y sin ver el néctar y el corazón de personajes bíblicos que hablan con la mirada y dan gritos hacia un gran Dios con el alma. Estoy de vuelta a casa, he rodeado por océanos remotos y me he cruzado con tempestades recónditas allá en múltiples ciudades de tráfico descabezado, hoy subo a tocar tu timbre y espero que tu corazón me abra, no quiero remontar todas las plegarias que conoces, quiero que en mí veas una esperanza nueva, como la inocencia aquella de los trece años, como si el sabor de una fruta prohibida nos dejara gozar aunque fuere sólo unos minutos. Por que la vida son alegrías y las tristezas no hacen bien en las barricas fermentando.

 

***

 

REFLEXIÓN SOBRE PAREDES Y MUROS

 

De adolescente puse en una pared de un parque mi nombre unas diez o doce veces con Tipex, y no hace mucho pasé por allí y todavía hay algún rastro de ello, no es que de adolescente tuviera demasiado ego, es que entonces me quería un poco, si yo dejé de quererme es por que te quise mucho a ti, quizá demasiado, siempre a ti. Ahora vuelvo a quererme, ahora me quiero más que nunca, pero ya no tengo pared en la que plantar mi nombre, ahora ya no soy un niño, ahora planto quimeras de colores en los muros de Facebook, ya no soy un niño pero no quiero dejar de serlo.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

 

HIELO

 

 

Asoman al futuro

tus párpados de hielo.

Mi Dios,

tu sacrificio,

todas las mentiras en el viento.

 

No somos la esperanza,

sólo el pasado a prueba.

Presentes como nunca,

lo ambiguo y la tristeza

me reciben,

me alojan,

ablandan mi memoria.

 

 

NO HABRÁ MILAGRO

 

 

El tiempo me atraviesa,

me recorre.

Dibuja la tardanza en mi reflejo.

Mis agujas,

las tuyas,

tienen distinta forma.

 

Serpenteando el abolengo de la historia

brilla tu escudo. Y en el fondo del mar

no habrá tesoros esta vez,

no habrá milagro.

Tu sol abraza la llanura y en mi piel

solamente se detendrá el verano.

 

 

RODANDO CON LA LUNA

 

 

No habrá cárceles ni olvido,

no habrá sombras

que busquen tu voz en mi silueta.

No habrá notas lejanas, sólo sueños

ni arco iris después de la tormenta.

 

Tu voz me llenará de cicatrices

si espero y todo pasa,

si soy sombra.

En tu estrella me iré y en tu silencio

mantendré escondida mi lujuria.

 

Todo lo que no supe decir no

sigue allí afuera,

rodando con la luna.

 

 

ALMA

 

 

El alma no cambia, dijiste,

el alma no presiente.

El alma es más que una pregunta,

es sólo la respuesta de tu dios.

 

A todo lo que huye, a todo

lo que escribo entre líneas,

entre el fuego y la miseria de los dos,

entre silencios borrados con el codo.

 

 

QUÉ FUE

 

 

Mi vida fue un camino a recorrer,

fue la primera sangre, fue una meta.

Un déjà vu de flores,

un puente hacia el dolor,

una mirada.

 

Como la estirpe olvidada,

como las tres estrellas,

sigo asomando.

Tratando de entender qué fue mi vida,

qué fue mi corazón alguna vez.

 

 

ESPÉRAME

 

 

Espérame entre el fuego,

espérame en la brisa.

Espérame sin ángeles custodios,

espérame en silencio.

 

Allí donde no hay nada,

espérame, sin frutos,

y yo te llevaré hacia la cosecha.

 

 

DOS

 

 

Los dos quisieron nombrar

las mentiras de la historia.

El pecado nunca fue detenerse.

La orfandad exquisita del vértigo

los hizo temblar alguna vez.

 

Buscaron la verdad

desgarrando las sombras.

Otros durmieron en laureles,

pero los dos prefieren

escapar del libreto.

 

Encontraron un país que no los llama,

que trató de exiliarlos.

El sudor, la esperanza,

el azar y el triunfo

fueron aliados y hoy los esperan,

hoy los abrazan.

Ya nada temen,

la tormenta se ha ido,

los gigantes de papel están cayendo.

 

CEGUERA

 

 

Huérfano de luz,

te grito a oscuras mi nombre.

Te prometo que nada será igual,

que mi fracaso

es sólo un paso más.

 

¿Qué tendrá que pasar para que sepas

que la verdad sólo se ve en las calles?

La ceguera siempre fue contagiosa:

no tengas miedo, somos todos iguales.

 

AMAPOLA

 

 

Es tan frágil y pequeña que duerme

flotando en una hoja de amapola.

Se baña en rocío y vuelve a acostarse,

viendo la luna brillar sobre sus ojos.

 

Se va hacia la luz y vuela en silencio

porque ése es su idioma.

Como el mundo grita,

no van a escucharla,

aunque entienda aquello que no todos ven.

 

Siempre tan ausente,

trémula en la niebla,

no deja que nadie se acerque a su vida.

Quiere susurrar lo que otros se callan…

 

Despierta de noche y en las madrugadas,

esperando un sueño que la haga feliz,

volará en silencio.

Porque ése es su idioma.

 

VENDRÁ EL MAR

 

 

Sálvame.

Tus ojos me separan

del miedo,

de la noche,

del dolor.

Te dejo ser mi condena,

a través de tus sueños va mi espíritu.

 

Espérame, el naufragio

no pide nuestros nombres

y después de las dudas,

vendrá el mar.

 

POR LA MAÑANA

 

 

Fría.

Perfecta.

Sola como la nieve.

Silueta a oscuras,

reflejas el retorno a nuestra casa.

 

Crees.

Esperas.

Sueñas con alas y luces.

Despertarás siendo menos,

pero mucho

quedará entre los dos por la mañana.

 

PROMESAS DE PAZ

 

 

La muerte es sabia. Una pequeña historia

nace dos veces en cada amanecer.

Pero el camino hacia la libertad es otro.

 

Búsqueda eterna, vacío existencial,

sueños desterrados por profetas ciegos

ganaron mi esencia y hacen que en el alma,

descubra, en silencio, promesas de paz.

 

 

NUESTRO ALIENTO

 

 

Tiempos y silencios nos esperan,

descubren que todo está en el viento.

Las hojas ya no mienten y es otoño,

sé que al volar encontrarás tus sueños.

 

Los frutos se alejan de repente;

sé que al volver, te soñaré despierto

y no habrá despedidas, no habrá sombras,

sólo la escarcha en tu voz y en nuestro aliento.

 

ESCARLATA

 

 

En la llanura, pequeñas sombras

delatan la huella del silencio.

¿Te atreverás a perder la batalla?

 

Picos y abismos son parte del pasado,

quizá el otoño me cubra de escarlata.

 

ESTARÉ

 

 

Se terminan las hojas,

el bálsamo, el consuelo,

y mi epitafio, en blanco.

¿Me habré alejado de mí?

¿Seré tan poco?

 

No sé si continuar, pero es inútil

luchar con esa sombra que veo en el horizonte.

No me nombres:

si cierras los ojos, estaré.

 

NO ESTARÉ SOLO

 

 

Traiciona el vicio de escribir

aunque libera, a medida que sangro.

Sé que pasarán viejos veranos

en el desierto abrasador, en la llanura.

 

No estaré solo, las páginas irán

acompañando cada día y cada noche.

El fin del mundo veré cerca,

y nada más importa (nada menos).

 

Lo escrito duele, vuela, me despoja

de toda la conciencia. Siempre fluyen

el odio y el amor sólo hacia afuera…

sólo hacia afuera.

 

ES INÚTIL

 

 

Tus canciones me dirán que estoy de luto,

que otro ocupó mi lugar, que voy de paso.

Que nada importa ya porque es inútil

dejar que disimule la pasión.

 

Alguna vez pensé, como un idiota,

que para siempre era cierto,

que lo eterno no es quimera.

Me desprendo del alma y es inútil

sentir, soñar, reír… dar lo mejor.

 

FARSA Y TRAGEDIA

 

 

Vendrá otro cuarto de siglo a la intemperie,

Sodoma y Gomorra siguen cerca.

Ciudades dormidas por pantallas sucias

persiguen luces vanas, sueños truncos.

¿Por qué otra vez repetir esta historia?

¿La farsa, la tragedia y el derroche?

 

Nunca más seas cómplice de espejos,

salva tu piel de toda aquella angustia.

Huyendo del pudor y de las dagas

nos iremos corriendo, al fin desnudos.

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CENTINELAS

 

 

No somos dioses, tampoco centinelas

de la brisa. No estaremos de luto,

ni vencerás las bestias

con los ojos cerrados.

 

Afuera, otra vez, veo la sangre

como cada diez años. Mi suelo

no pregunta cuánto sacrificio falta,

cuánto tiempo se derrama en las espigas.

 

MENTIRAS EN EL VIENTO

 

 

Trato de ser más que un labrador

en este valle vacío de ternura.

Salgo y entro de lleno en tu recuerdo,

no espero estar seguro de mis dudas.

 

¿Seremos sólo mentiras en el viento?

Pronto oscurecerá de todas formas

y allí verás qué poco es lo que valgo.

 

ALMAS CONGELADAS

 

 

No es el amor, es la pena.

No es el espíritu, es el alma

y la certeza de ser un condenado.

 

Todos atienden su instinto,

se pierden en la luz o en la neblina

y en el silencio que oculta aquellas voces.

 

Tendré mis ojos serenos.

Por cada lágrima suelta

habrá un rebaño de almas congeladas.

 

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TEXTOS SELECCIONADOS

Por Rolando Revagliatti

 

Redactor

 

El chico que no habla es el hijo único de su fallecida única hija, y de su también fallecido yerno. Lo crió ella, viuda, al chico que no habla, su nieto. Es el chico que no habla quien redacta el breve texto que se inicia con: “El chico que no habla es el hijo único de su fallecida…”

 

***

 

Huir

 

 

Claro que pensó en huir, harta de padecer la torpeza de los golpes de esa especie de marido colérico, de pésimo vino y borbotones de sevicia. También pensó en huir cuando su hijo cayera muerto por una bala perdida, entre los cohetes y petardos detonados por los chicos y adultos del barrio, después de transcurridos veinte minutos del año nuevo.

Pensó. Hasta que dejó de hacerlo. Después de veinte años la vieja sigue, loca, letárgica. Sigue huyendo.

 

 

***

 

Corpulencia

 

Con semejante físico, es lógico, se da el gustazo de trompear, de vez en cuando, a escogidos cretinos en tren de patoteros. Ha noqueado, por ejemplo, a energúmenos choferes de colectivos. ¿Por qué limitarse a una discusión estéril, pudiendo escarmentarlos? ¡Ha corregido a tantos, elevándolos con naturalidad por sobre su cabeza, agitándolos, hasta hacerles deponer actitudes necias, presuntamente arraigadas! Impuso siempre su corpulencia, y permítaseme enunciarlo así: su preclaro vigor, como factor desmoralizante frente a comportamientos repetitivos de groseros y malintencionados. Ya desde la niñez el admirable Hércules implementó los mentados recursos. Con las mujeres se contiene: se limita a la —también mentada— estéril discusión.

 

***

 

En la mira

 

Linda mina, lindo tipo de hombre, se sienten cómodos en sus cuerpos flacos, debajo de sus abundantes cabelleras, encima de sus principescos pies.

Señor gordo, calvo, con juanetes, desencantado y empuñando una Magnum 44. Apunta (no sin fastidio).

 

***

Pacto

 

Alguien-Que-Mereciera-Llamarse-Lulú conoció, sin procurarlo, a La-Muerte-Que-Te-Alcanza, en un crepúsculo del mil setecientos. Importa consignar que, esencialmente, a la primera le disgustó la segunda, mientras que la segunda simpatizó con la primera. Por completo de acuerdo, se arrancaron los ojos.

 

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Nimbo

 

Era enorme y bueno. Trabajaba y residía en un taller mecánico. Entre sus pertenencias figuraban un colchoncito con cotín engrasado como él y unas frazadas asquerosas. Dos gatos dormían a su lado. Cocinaba huevos y sopa y se calentaba mate cocido con una garrafa. A los chicos del barrio les producía curiosidad. Un día, ese hombre que se trasladaba bamboleándose, que sonreía y silbaba, que apretaba con los dientes un toscano, ese hombre de paz, muerto, apareció nimbado, semi-empotrado en un pilar, inapacible, limpio, con alígero nimbo de barniz selenita.

 

 

***

 

Semblanza

 

Soy lo que soy desde que se murió mi mamá. Me sentía libre al principio, liberado. Me lo merecía. Mientras ella vivía fui un pelagatos. En la gran ciudad. No voy a revelar cuál era mi ocupación. En todo caso, digna. Mientras ella vivió, “el hijo de la sucia” me endilgaban. El eslogan dolía. Y dolía también el otro eslogan: “El hijo del vecino”. En referencia al quiosquero, el solterón de la casa de al lado. Y algo hubo, algo pasó.

En efecto, mi mamá no era propensa a la higiene. No era, tampoco, una mujer dada, que se pudiera decir, comunicativa. Estrictamente, gruñía en ocasiones. Yo le preguntaba: “¿Vino Isabel a buscarme?”: gruñido. “Mamá, ¿me hacés el nudo de la corbata?”: gruñía y me hacía el nudo de la corbata con una pericia deslumbrante. Le comentaba: “Me aumentaron el sueldo”: gruñido. Y le proporcionaba una generosa porción de mis ingresos. Trabajaba yo doble turno y ganaba por ese turno doble el ochenta por ciento de lo que se me abonaba por el turno simple. Y aún me quedaba un ratito para darle algunos besos a mi novia de la infancia, la adorable, la resignada Isabel. Escasas emociones en los primeros treinta años de mi vida.

Ahora soy un trashumante, difusamente melancólico. De Isabel me despedí, apenas después de tomada la ruda resolución de vagabundear. A mi mamá la llevo en el espíritu a donde quiera que me traslade y con quien sea que me junte. Admitan en mi semblanza que la añoro. Tengo para mí que acabaré por hastiarme.

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María Isabel Bugnon

 

El hombre  de la rosa

 

El hombre de la rosa, a partido de gira por el mundo

Su alma pura como la rosa blanca

Baila en el escenario del cielo

En donde un público especial  ha ido a  verlo

Y darle la bienvenida

Todo allí es paz, amor y felicidad

El hombre de la rosa se sorprende,

La presentadora  del espectáculo es la luna,

Tiene un vestido de luz,

Las estrellas decoran cada rinconcito,

Las tres Marías están  sentadas en primera fila,

El lucero con su traje impecable le hace un guiño

A la estrella fugaz que pasa velozmente

Dejando una estela de luz

Los pétalos de la rosa roja caen silenciosamente

Sobre el traje  blanco del gitano,

Dejando un aroma suave, como la brisa de la tarde

Que lo vio partir en ese viaje  sin retorno.

Cárcel de amor

La imaginación danza en mis pensamientos

El velo de la noche va

Cayendo sobre la blanca hoja
en donde dejo plasmada en tintas de luz,

Las horas, los momentos

Que quisiera compartir contigo.
El dolor quizás es un huésped  en tu vida.

Adueñándose de las cenizas del ayer,

Pero allí estoy yo, presente como la lluvia,
queriendo borrar todo aquello.
En esas tardes tristes tomar tu mano, no soltarla,
tu voz se desvanecerá susurrando en mis oídos una dulce melodía.
En las noches desearas tener el calor de mi cuerpo, el  sabor de mis labios, dulces como la miel.
Las hojas blancas de este papel me atrapan, surgen de mi mente
imágenes tomadas al azar.
Estoy secuestrada en esta noche en donde alimento una ilusión,

La distancia me duele.
Estoy atrapada en un sueño mágico, en el cual sin querer
tu también estas en esta cárcel de papel blanco.

El hombre ideal

El hombre ideal,
lo quiero amante,
que su mirada tierna,
transparente, cuando
se pose en mí me desnude suavemente.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
cuando me abrase me
envuelva en llamas de pasión.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
cuando hagamos el amor,
no sentir culpa porque
es solo mío.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
encallado en mi cuerpo,
recorriendo mi piel con sus besos.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
sentir que mi vientre se agita
acompañando sus movimientos.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
beber de su piel el aroma,
de cada noche de amor.

 

 

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Recuerdo

palabra encarcelada en la suma rígida de sus letras.

 

No me gustan las cifras pares;

la simplicidad de lo impar

me lleva a calles únicas,

sin dobleces,

con la individualidad

de ser eso,

no más que uno,

o todos,

pero desiguales y extraordinarios.

 

Y me atrae la suma impar que veo en  la –máscara-,

el –brindis-, el –éxtasis-, el –corazón-;

en un –verso- bajo el –túnel- del –fuego-

y en la –magia- del –cenit-.

 

Recuerdo– suena a poco;

sosegado y uniforme

entre las muecas casuales,

en el despojo de las causalidades remotas pero ciertas.

 

Y sobre la foto que nos contiene,

en el borde hipócrita y definitivo

del callado antifaz,

el idioma del –abandono-,

otra palabra par

que se desintegra en el valeroso intento de florecer

bajo las -trece gotas-

puntuales de mi fecha de nacimiento.

 

Me despojo de mí

y no soy más Teresa,

la del nombre aburrido y par,

soy la –mujer- sin rótulo

que acaba de nacer.

 

Y ya no se recuerda.

 

Copyright Teresa Palazzo Conti

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Leonardo Morgan

 

LAS VUELTAS DE LA MUERTE Y EL OSITO COMECACA.

Doblando la esquina y haciendo una cómica reverencia, Germán colocó  la rosa que llevaba para su madre que cumplía años, sobre los libros que iba abrazando la chica.

Era el ser más bello y delicado que había visto.

Estupefacta, Elvira tomó la rosa y la agradeció, y Germán supo sacarle algo de charla y el teléfono. Feliz, y congratulándose por la rapidez de sus reflejos,  regresó sobre sus pasos en procura de otra rosa.

La primera vez quedaron en ir al cine, y Germán cortó unas flores silvestres, pues calculó que entre las dos entradas y el café, no le iba a quedar mucho margen de maniobra.

Elvira insistió en pagar su parte, pero Germán se mostró rotundo; aunque ella accedió bajo la promesa de que en adelante pagarían a medias. Lo justo era justo.

Vieron una película romántica y comieron pizza. Germán consiguió arrebatarle apenas si un piquito, que fue como si le hubiesen firmado un pagaré de futuros besos.

Por entonces Elvira  tenía 17 años y Germán 22. Ella nunca había tenido novio, lo que se dice novio, no,  pero él, mucho más experimentado,  había salido con ya con 3 chicas, aunque sólo tuvo sexo con una, un par de veces. Elvira lo fascinaba. Les escribía poemas en los cuales cantaba su belleza  subyugante y la potencia  de su amor y de su adoración, que trascendería lo meramente físico, las cosas de este mundo, el tiempo y el espacio.

Pasaron  rosas y alfajores, y poemas y tardes de cine y lluvia y bicicletas con pizza, pic nics en la playa  y botellas  con  rollitos de papel dentro con sus nombres envueltos en un corazón  y echadas al mar, luego de lo cual, se casaron.

Les iba muy bien en sus respectivas profesiones, vivían en un enorme caserón, y  acordaron ser padres, integrar un nuevo ser a sus vidas que recoloreara y reformulara su amor.

Elvira perdió un embarazo y el siguiente. A la tercera vez, como una especie de jugarreta de Dios, parió  dos preciosas mellizas y  ni  2 años después un varoncito que le hizo un dribling al espiral, porque luego de pasar tantas y tantas noches sin dormir, tuvieron claro que el equipo ya estaba completo.

En ambas oportunidades  Germán la cubrió literalmente de rosas blancas y rojas.

Iban siendo razonablemente felices y en ocasiones hasta se salían de los límites.

 

Saliendo de la consulta del ginecólogo Elvira por poco se convierte en un Squonk, un animal de la mitología que cuando es atrapado se disuelve en lagrimas dentro de la bolsa que lo contiene. Lo que tenía en los genitales no era una simple irritación sino una enfermedad venérea. No podía entenderlo, porque, si bien era cierto que le había bajado un poco la libido con la maternidad y se sentía cansada,  jamás había rechazado a su marido cuando la requería. Y a veces era ella quien lo buscaba. La llama no se había apagado.

Germán negó todo de plano, e intentando pasar a la ofensiva soltó un : “¿qué decís?, ¿ estás loca?”,  pero cuando se vio acorralado se echó a sus pies y le rogó que lo perdonara. Ya no disfrutaba de su trabajo. Estaba muy estresado. Fue algo ocasional, sin importancia, más le hubiese valido cortarse el pito. Se le acurrucó a su lado en la cama,  como un pequeño y pobre osito, desvalido, triste y con frío. Hasta consiguió lloriquear un poco.

Luego trajo una enorme caja de bombones, fueron bombones en lugar de rosas, bombones.

Pasaron los años y aunque aun dolía, a fuerza de no pensar, Elvira consiguió arrancarse la espina.

Y fue que la madre de Germán murió y  éste no le perdonó que no hubiese derramado ni una lágrima, aunque más no fuera de compromiso.  Con la vieja sostuvieron  una cordial hostilidad; era invariablemente impermeable a todo, a las atenciones, al cariño, a la buena voluntad,  a todo;  aun después de los nietos,  ante sus  ojos ella seguía siendo una intrusa que en mala hora había aparecido para robarle el amor de su pollito. Incluso la noche que murió, el  hijito querido  de su corazón tenía  proyectado ir a verla, pero Elvira le dijo que había hecho unas pizzas y que fuera a comprar unas cervecitas y que vieran juntos la pelea de Nicolino Locche contra Kid Pambelé. Si hubiese ido a lo de su madre, la habría salvado, y la tendría todavía y por muchos años a su lado, pero a ella  justo se le había ocurrido tomar cerveza.

 

¡Maldita bruja! Le gritó un día que ésta lo sacó de las casillas cuando le dijo que la cena eran unas salchichas y  queso, o lo que tuviese ganas de cocinar, que ella había quedado con unas viejas  amigas del colegio. Transcurriendo las cosas, lo convirtió  en su  insulto favorito,  pues además de rebajar a la destinataria  de su condición de mujer  a la de escuerzo del pantano, entrañaba una maldición y un repudio en apenas  2 palabras, que podían girarse renovando su potencia y añadiendo novedad. Bueno y breve. Un hallazgo.

No pasó mucho tiempo hasta que estuvo seguro  de que esos accesos de tos que le agarraban  en mitad de la noche, eran un truco para molestarlo, para llamar la atención y no dejarlo descansar. Una tos histérica. También  se le hizo odiosa la manera que tenía de bambolear el culo al caminar, de cruzar las piernas en el sofá, de agarrar los pocillos de café,  de anunciarles a los niños que era hora de ir a la cama y, por sobre todo, cuando se reía. Era como si le filetearan  los nervios con una gillette.

Le tiró a la basura, la blusa violeta y la chaquetita roja.

Creía que le proyectaban mala suerte.

 

El niño se negó a probar el pescado y le abrió la boca de prepo, haciéndole tragar un trozo. Luego estrelló la bandeja con el pescado contra la pared, ¡Para qué cocinás esta mierda si sabés que a nadie le gusta! De ahora en adelante las cosas van a cambiar en esta casa, rugió dando puñetazos sobre la mesa, haciendo saltar los platos y tirando al piso un par de vasos. Los niños lloraron  y ella también, pero después, cuando estuvo sola en su cuarto. Germán salió dando un portazo y volvió pasada la medianoche con unas entradas para el teatro, una obra que ella quería ver desde hacía mucho. Para el próximo viernes, porque ellos se habían conocido un viernes. Ya se habían cambiado para salir cuando descubrió que Felix, uno de los caniches, le había meado la rueda delantera del auto. Agarró un gran cuchillo y al perrito de los pelos. Lo sujetó sobre la mesa declamando aparatosamente que iba a cortar a ese perro de mierda en pedazos. Se calmó al ver a los 3 niños llorando y suplicando desesperados.

Otro vez reclamó porque el baño de arriba estaba sucio, o dicho mejor, no lo suficientemente limpio. Elvira le dijo que la chica estaba de franco,  y entonces le gritó que suba a limpiarlo inmediatamente, porque a él no le gustaba vivir entre la mugre.

Ella,  que no era mujer de amilanarse fácil, le respondió que lo limpiara él, que no estaría mal que diera una mano en la casa de tanto en tanto. Bajó la escalera como una tromba,  la sorprendió agarrándola de los pelos y la arrastró escaleras arriba. Intentó meterle la cabeza dentro del inodoro y jalar la cadena. Con la nariz casi tocando el agua consiguió zafar un codo y le acertó justo ahí. Los italianos se le agolparon en la sangre  y para desalentarlo en futuras intentonas, lo empujó y cuando lo tuvo en el piso le propinó una fulgurante sucesión  de patadas con sus zapatitos rematados en  filosa punta, gritándole : ¡Valiente comemierda!

Lo que es justo, es justo.

Cuando se repuso, Germán se fue  en silencio y volvió la madrugada del siguiente día. Sobre la cama, a la altura de sus pies le colocó un enorme libro con las obras completas de Van Gogh, una edición realmente incomparable. “Nadie te amará nunca como te he amado, te amo y te amaré yo, Germán”, le había escrito en su interior con su espléndida caligrafía, ganadora de 2 concursos durante la escuela  secundaria.

 

A veces te huele la boca como si hubieses estado comiendo mierda, le dijo Elvira, serenamente,  mientras miraban un episodio de la Familia Ingalls por la tele, en espera del plato fuerte, un ciclo de cine arte, que se emitía los jueves. Lo de a veces había sido un cumplido de  su parte porque en realidad, el hedor era continuo y penetrante. Había pensado las formas de decírselo sin lastimarlo,  pero, ¿a qué tantas consideraciones?,  se lo soltó, así, sin más. Germán se limitó a mascullar “maldita bruja”, con la boca llena de maníes salados, tragó  y se echó otro puñado.

Luego quien murió fue la madre de Elvira.

Germán, alegando mucho trabajo nisiquiera fue al entierro.

Al padre se le declaró Alzheimer  y Elvira quiso tenerlo consigo.

El viejo realmente no molestaba mucho, se quedaba en su cuarto, o jugando con los niños o quieto durante horas mirando la televisión. Incluso si estaba apagada. Un día Elvira  lo encontró frente al aparato y le preguntó :- ¿Qué hacés papá?

–         Miro una película, por la televisión.

–         ¿Y de qué trata la peli?, le preguntó.

–         Es una de indios y vaqueros.

Elvira  le encendió la tele y se alejó llorando, pero enseguida se recompuso porque su hija Ana la requería para que le explique  el método para resolver los problemas de reglas de tres simple.

Durante la cena, Germán dijo desaprensivamente, como si sus hijas de 8 años y el pequeño de  6 y pico,  fuesen incapaces de captar sus palabras,  que  el viejo ya no podía vivir más con ellos porque era una mugre ambulante,  un estorbo continuo,  y muy  nocivo para los niños; que ya tenía todo arreglado con un asilo, donde lo cuidarían, estaría con gente de su edad y en líneas generales lo pasaría muy bien. Zanjando la posibilidad de cualquier posible réplica, Elvira  le mostró el  reverso del dedo mayor de la mano con los otros 4 recogidos sobre sí mismos, y entonces quiso levantar al viejo de la silla tironeándolo  de la mangas del pullóver, diciendo que era eso o que  lo sacaría ahora mismo a la calle… y Elvira le partió con mucha naturalidad  una botella de buen vino en la cabeza, y cuando estuvo en el piso,  se agachó junto a él y le dijo, suavemente, casi en un susurro : -Volvé a tocar a mi viejo que yo te mato.

Lo que es justo, es justo.

Pero Germán no pudo escucharlo  pues por algunos segundos perdió el conocimiento.

Lloraban los niños y los perros ladraban. Un mirlo posado en una rama entonó un gorjeo para llamar a las hembras. En la televisión un ama de casa declaraba a gritos su felicidad  porque su nueva marca de lavavajillas duraba tres veces más que el anterior. Era un hecho comprobado. Elvira se cortó un dedo recogiendo los vidrios verdes. Le costó parar la hemorragia.

Germán, no se dio por vencido y volvió sobre el tema. Aun llevaba en la cabeza la venda que le pusieron  en el hospital. En el transcurso de otra cena  que iba discurriendo en armonía  familiar y  en la  que al anciano se le quedó un resto de huevo y zapallitos  en la comisura de la boca, descolgándose hacia el mentón, exclamó:–¡Qué puto asco!, ¿cómo se puede cenar así? , y se llevó a los niños a tomar un helado. ¡Y vos lavate los dientes, comemierda valiente! Le gritó lo bastante fuerte como para que lo oyera antes de cerrar la puerta.

 

Elvira bajó del colectivo que la dejaba a  4 cuadras de su  casa, esperaba que el mecánico le entregara alguna vez su auto, pero le encontraba siempre algo nuevo; ella era licenciada en filología hispánica pero  el tipo le llevaba ventaja porque también hablaba sánscrito antiguo.

Para colmo le dolía la espalda y estaba lloviznando y la lluvia había dejado de gustarle desde hacía ya mucho.  A  los pocos pasos  distinguió  una figura  en la otra esquina caminando sin ton ni son,  se detenía, se giraba, volvía a girar y daba otros pasitos, era su padre. Bajo el brazo tenía 6 ejemplares  del  mismo  diario. ¡Clara, Clarita mía,  por fin viniste! , le dijo, confundiéndola con su  madre.

Visualizó todo en un segundo, su marido había sacado a su padre a la calle, como se saca una bolsa de desperdicios. El pobre viejo llevaba toda la ropa mojada. La linda camperita de gamuza que le había regalado cuando cumplió las bodas de oro con su madre se había vuelto de un color marrón oscuro que lindaba con el negro. Un solitario  mechón de pelo blanco bajaba por su  despoblada frente y  le caía en tirabuzón sobre el tabique. Elvira tiró a la acera 5 de los diarios, tomó a su padre del brazo, y fue caminando a paso sostenido hacia su casa.

Las rosas eran seres embusteros, taimados  alienígenas invasores provenientes de un planeta  hediondo.

 

 

 

Phármakos o de la humana naturaleza.

 

Timón el mendigo y su perro Timón  llegaron hasta las puertas cerradas de Atenas,  buscaron un reparo y se acurrucaron uno junto al otro para pasar la noche.

Por la mañana dos guardias muy risueños lo llevaron al  templo de Perséfone, donde fue bañado y untado con aceites. Le pusieron una túnica nueva, unas hojas de lauro en las sienes y calzaron sus pies con unas bellas sandalias. Quemaron sus harapos y una larga vara de fresno en la que se apoyaba para caminar.

Lo sentaron a la  cabecera de una mesa  puesta en la plaza pública y le sirvieron los mejores manjares, carne asada de buey,  aves de corral fritas,  y tortas de avena con miel y con almendras y le escanciaron vino.

Jamás había comido tanto y tan bueno. Había nacido  de madre persa y en cautiverio,  y sus patrones  decidieron liberarlo cuando ya era un viejo enfermizo que con su trabajo no alcanzaba a pagarse la comida. Desde entonces caminaba hacia donde el viento quisiera llevarlo. No es que le gustara caminar pero hasta ahora no había encontrado una ciudad de la que no lo echaran. Un día se le unió un perro y le llamó “Timón”, el nombre que le habían dado a él, porque no conocía otro. Tampoco entendía lo que hablaban aquellas gentes y ellos tampoco le entendían a él que apenas si sabía algunas pocas palabras en el dialecto corinto de sus antiguos amos. Pero todos fingían gran interés y a veces reían a carcajadas cuando intentaba decir algo, cosa que lo complacía. Jóvenes vestales y mancebos se turnaban para sentarse en su regazo y besarlo en los labios. Timón no entendía lo que estaba pasando pero no se lo preguntó por temor a que algo se rompiera y las cosas volviesen a su estado natural. El vino  se le subió a la cabeza y le dio vueltas  e intentó cantar, emitiendo unos sonidos guturales, que su perro acompañó ladrando. Una matrona le cruzó la cara con una rama de espino y a un grito, todas las demás hicieron lo propio; con el rostro cubierto de sangre,  Timón corrió y todos corrieron detrás de él lentamente y aullando, conduciéndolo hacia las puertas de la ciudad.

Una lanza lo alcanzó en el muslo. Sus perseguidores le dieron tiempo a que se reponga y  volvieron a perseguirlo hasta que cruzó las puertas y algo más allá. Le alcanzaron  en el otro muslo con un lanzazo tan violento que lo derribó. Intentó incorporarse sobre sus brazos, le vino una arcada y vomitó algo. Al rodearlo, un joven le arrojo a su perro muerto encima. Timón  gimió como si una  tercera lanza le hubiese atravesado el pecho, apretó contra él a ese saco de huesos y lloró. Era extraño ver a ese hombre curtido por mil soles,  con dos matas de pelo blanco en las sienes, llorar emitiendo sonidos que parecían más propios de un bebé que de un anciano; algo que inspiraba piedad o risa, según se mirara. Con los ojos fijos en la primera estrella del crepúsculo y como reclamándole a unos dioses cuya naturaleza ignoraba, Timón lloró. Lloró  por su vida de bestia de carga, por los malos tratos, los gritos, los golpes y los latigazos, y por el hambre que  cual fiel nodriza lo había acompañado desde sus primeros días. Lloro con una tristeza primigenia, una tristeza  madre de todas las tristezas, incluso aquellas  alejadas del corto alcance de su entendimiento.

Lisímaco, un niño, entró en pánico y  otros niños le imitaron, por lo que Adamarco aplastó la cabeza de Timón con una piedra y éste dejó de llorar y se elevó un aullido festivo y un cántico ritual. Cavaron una enorme fosa y arrojaron allí al hombre y  al perro. Los cubrieron y  encima quemaron ramas  de olivo. Este año la ciudad estaría a resguardo de la peste y de las plagas, y todo hacía prever una buena cosecha, que, por cierto, resultó excelente.

 

 

 

 

COSAS QUE ME CUENTAN

 

I-. El Hada Helada.

 

Aunque noté que desvariaba, la historia del pezón faltante en el seno derecho era demasiado horrible para no ser verdad.  La conocí el día anterior a mi bautismo en aguas en una iglesia evangélica. Estaba con mi hijo en un cyber café en San Carlos, un pueblito cercano a Ushuaia. Cuando abrió la puerta,  una ráfaga de viento helado entró  como un preludio de su belleza. Enseguida  hizo onda con Miguel, y se pusieron a despachurrar unos marcianos  por el espacio.

Me preguntó si la podía invitar a un café con leche, porque estaba muerta de hambre. La invité a comer pizza. Miguel se  encontró con un amigo y juntos volvieron a la casa de su madre.

Después de las cervezas,  la llevé a casa y fumamos un joint. Cuando se puso a contar cosas tristes, le dije algunas boludeces y le agarró un ataque de risa, que derivó en llanto y ahí aproveché para besarla. Me dijo que no me iba a gustar, que era un monstruo. La ausencia   del pezón impresionaba, sí,  pero el resto era tan bello que  hasta podía apreciarse como un detalle de singularidad. Fue algo sagrado,  algo mágico. Le pedí que se quedara vivir conmigo. La llevaría a la iglesia, Dios nos iba a bendecir. Nos dormimos abrazados y felices. Ella  me despertó  llamándome musicalmente Annnn dréeeesss, agitando  contra mi nariz un petardo chisporroteante que había hallado escondido entre las cosas de mi hijo,  a quien le había prohibido que jugara con pirotecnia. Salté de la cama y ella escapó con el petardo que le reventó en la mano y prendió fuego una de las cortinas. Un dedo se le puso como una morcilla. Le metí  la mano bajo el agua  congelada de la canilla, hice jirones de una toalla y se lo vendé. Y fuimos caminando al hospital, a las 5 de la matina,  con varios grados  por debajo del cero. Me vino a la mente una frase de un libro de Kerouac, “…así de bien empiezan los peores momentos”, me había  dormido en el Paraíso y despertado en el infierno. El infierno helado y blanco. Vino el médico de guardia. Le dio una medicina y le vendó el dedo.

Ella le acariciaba la cara repitiendo: “doctorcito, doctorcito, ¡qué bueno que es usted!”

Hasta ahí, pensaba que bueno, pobre mina, está en estado de shock. Quién sabe cuantas cosas fuleras habría pasado en su vida, y que  con amor y buen trato y la ayuda del Señor, todas las heridas, se irían cerrando. Me gustaba mucho esa mujer. Y con ella he sentido lo que jamás he sentido con ninguna otra. –No, no te digo el nombre, ponele el que te de la gana, es una promesa que me hice, no nombrarla jamás. Sé que no tiene mucho sentido, pero hay muchas cosas que no y las seguimos practicando a diario.

Cuando íbamos saliendo, vio a dos policías en el pasillo, y les gritó : -Roña, ¿qué me mirás? ¿Te debo algo yo a vos? ¡Mugre!

Y luego un rosario de insultos de muy bajo calibre, tumberos. A uno lo escupió, y salió corriendo hacia atrás, hacia adentro, como si el hospital fuese un  refugio que no pensaba abandonar. La sedaron. Yo caí exhausto en mi cama y se me pasó la hora del bautismo. Por la tarde  fui al hospital. La vi caminado sin ton ni son, unos pasos, se detenía y giraba y así. Cuando me vio chilló y se puso a golpear el pecho.

La escena se repitió los dos días siguientes. Una enfermera se me acercó y me dijo :

-Señor , sería mejor que dejara de venir, pues parece que a ella no le ayuda, no le hace bien su presencia.  Pero aín volví al tercer día y  supe que la trasladaron a Usuahia porque en san Carlos no tenían  sala de psiquiatría,  apenas si podían sedar a los pacientes.  En la pieza de mi hijo hallé todo un arsenal de petardos y bombas de estruendo. Le preparé un  buen coscorrón,  en cambio, cuando vino ese sábado,  le pegué cuatro gritos como cuatro truenos. Después  nos fuimos a pescar al lago, pero no pescamos nada y  como a las dos horas se puso a nevar.

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Palabras Vanas.

 

tanta palabra sobra entre estas balas
como sonrisas tontas y espejos
días como este no debieran tener párpados
los dioses turbios como cantos y moscas
en bocas de asedio y cada día
rumores de bandas militares

no quiero esta piel de piedra y mirada oblicua,
ni sonido de tripas este asco de día,
así, definitivo como púrpura y antojo
viendo cosas indebidas de oídos sordos y adobe
destápame los sesos, limpia todo
y los sueños y lo que falta!

cuanta bala entre palabras vanas
días como este no debieran tener párpados!

(Pablo Goldenberg P.)

Santiago de Chile 8 de agosto del 2013

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María del Rosario Alarcón

 

 

DESNUDEZ

 

Me encanta verte desnudo,

o desnudándote.

Me gusta ver lo que sacas,

cuando todos nos ponemos

tapándonos de  los miedos.

 

A contra mano, de todos

no tienes miedo de ver

sonrojado simplemente,

sin tregua y desafiándote.

Me encanta tu desnudez.

 

Me muestras tus viejos miedos

Y me enseñas a oler

ese perfume de vida

que llevas junto a tu piel.

Me temo,

que hemos sabido,

de antemano, desde el ser

que los dos hallamos nido

desnudándonos….

la piel.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

 

EL ÚLTIMO

 

De todos nuestros amaneceres

Me quedo con el último…

encendido.

Me quedo con la ropa en revoltijo,

con tu cuerpo ganándome la cama,

con tu cara, tus mañas

tu risa sin olvido.

Decididamente…

me quedo con el ultimo.

Sobre todo …

porque aun

no ha sucedido.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

BALANCE

 

Al final prefiero lo vivido.

El deseo

que desnuda,

con mirada sostenida

y encendida.

Prefiero

el tiempo que es  impronta

en la memoria.

Prefiero lo vivido,

la vida trajinada o descansada.

El siempre, el nunca, lo soñado

O  lo perdido.

Al final prefiero lo sentido

y las marcas del beso

que ha prendido.

Prefiero el amor de ese demonio

que relame el sabor de lo querido

Al final  prefiero lo entregado.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

 

DE MUERTES DE UNA NOCHE

 

No hay caso, tu espada no corta.

No hay caso, tu espada ni hiere

ni marca

ni mata.

Tu espada,  el filo certero

revienta en mil gotas

la sangre que drena

Tu espada, afilada de luces

el arma mortal

deshace las penas.

Tu espada, ritual de maestrías

reduce el todo a nada

en una embestida.

No hay caso, tu espada no mata.

Tajea la noche.

Enciende la fragua.

Desarma la estancia.

Corta las almenas,

que miro lejana.

No hay caso tu espada no mata

Tu espada es profana.

Tu espada es blasfema.

Por eso,

tu espada-palabra,

despacio me quema.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

Cuando abrió su saber

Para Fran, mi hijo, un ser sabio

 

Y cuando abrió su sabiduría… desgrano palabras al parecer inciertas, llenas de melodías de rondas y de rimas…. sin esfuerzos, trazo respuestas, y dejo que sus palabras

anidaran en cada uno… y que cada uno recibiera su mensaje….

Y cuando abrió su sabiduría…. esto me dejo:

 

 

Los espacios

 

Y los tiempos

se conjugan

en el toque de campanas.

 

El sonido queda suspendido

como un bálsamo, vivido.

Te recuerda

que vendrá de nuevo

que el tañido tiene un tiempo

que el metal suena y vibra,

llenándolo todo

como  un bálsamo en la espera.

 

Si pudieras

llenar ese espacio de piruetas

y alborotar tu espíritu

cada vez que suenan.

Si pudieras

volar en ese tiempo

y ser águila

esperando el sonido suspendido.

 

Si pudieras,

sorprenderte desde siempre.

Si pudieras,

llenar el espacio

en bandadas…

Es posible

que tu vuelo marque rutas

deje huellas…

Es posible

que el espacio y el tiempo

se  atesoren

y tu vuelo con el vuelo de campanas

se enamoren

 

Muchos días

 

María del Rosario Alarcón

 

(Derechos reservados)

 

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*LAS RODILLAS DEL MUNDO*

 

Las rodillas del mundo
tiemblan…
terror de quedar paralizadas
y no volver a caminar.
El príncipe de las tinieblas
ha tomado las riendas
y sigue luchando
aún sin antifaz.
La batalla es despareja
¿Quien se atreverá a pelear
con tan grande enemigo
tan astuto y sagaz?
Se necesitan voluntarios
que se jueguen por la paz.
Despojados de si mismos
desprovistos de maldad
que amen todo lo creado
en bien de la humanidad.
Lastimeros llantos de niños
que perdieron su identidad
hace que tiemblen
“las rodillas del mundo”
clamando a gritos por PAZ.

 

Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

 

Derechos reservados Nº 452298

 

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SELECTOS POEMAS

Por Esther González Sánchez

 

MEMORIA

 

Cual tren de cercanías

que hilvanara la sombra de los árboles,

recorre la memoria

las raíces que calzan

sandalias de tierra.

Y al tantán de tambores con membranas de aire,

-pálidos de atmósfera como el peso

sumergido de los ríos-

superpone la vida

de la misma forma

en que se añade la luz al sobresalto oscuro

de una farola.

¿Quién al rodar de un pensamiento,

no sienta en sus vagones,

el calor hospedero de otras voces,

que leves merodean o aproximan,

como mieles miedosas?

¿En qué cumbre o meseta

no se adelgaza el frío

con anillos de sol?

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

***

 

ELLAS, LA METÁFORAS

 

Como híbridos de amor y soledad
nacieron mis metáforas;
sin yugos y sin nortes,

izadas entre versos

ganados a un naufragio.


A veces las invito a mi escritorio
y acuden a la mesa
con élitros de fuego.


Desconfío que son como los hombres:

que nacen como un himno, como un grito

abandonado al polvo gris del tiempo.

 

Desnudas y solemnes,
codiciosas y exhaustas.

nuestras vidas discurren paralelas:

del mismo pozo beben

placeres y desdichas.

 

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

***

 

MORDIENDO BESOS

Acudo a respirarte bien temprano

y llevo involucrado hasta  los dientes,

un tácito disturbio:

Yo voy mordiendo el beso

que lleva la perversa, la dañina,
la que nos dio el oscuro
de cerrar la cintura de tu boca

en la insana razón de conquistarte

y disputar el labio contra labio

viajando hacia la brasa, y el ansia de vivir

como viven las rosas sus púrpuras de asfixia.

Bien sé que esta es tu noche y es la noche mía:
no sé donde encontrarte

ni en qué lugar pedirte

de la sombra enlutada,
y pues no encuentro a ver el cauce de tus ríos,

te detengo en  la flor de la glicina

que funde sus fronteras en el aire;
en ellas me regalas

la prisa de los besos, la sal para las nieves,

y hasta la misma mano que ampara los crepúsculos,
TÚ, también me regalas.

Y sin embargo, apenas me conformo:
largo de oscuridad me vence el verbo
de luto intransitivo.

                                                                                                No tengo el corazón de las palabras

y voy             ¡Mordiendo un beso!

 

 

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

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EL MARAVILLOSO POETA SONETISTA

RODOLFO LEIRO

 

MI MUERTA

 

De pronto, la soñé junto a mi lado

con su cuerpo de cálida respuesta,

erótico fervor, clima de fiesta

con un beso de prisma apasionado.

Un sueño me llevaba apresurado

subiendo los peldaños de la cuesta,

mientras la Luna cándida me presta

la mitra de un rosal enamorado.

Me pregunté que lirio solventado

en protos desprendidos del pasado

golpeaba las aldabas de mi puerta,

y al despertar en lúgubre lamento

me supe en los anales del tormento.

¡Mi pecho en el abrazo de mi muerta!

Construido a las 8,45 del

8 de mayo de 2013 para mi Libro

“Colisiones asonantes”

 

***

 

EGO

No me colgué del péndulo falsario

con que el ego trafica su prestancia

La misma candidez con que la infancia

se adosa a un corazón de abecedario;

fui andando, flaco vate, presidiario

del verbo erupcionando en la fragancia

y lo llevo conmigo, en cada instancia

que late con mi canto solidario;

de pronto, navegando en el Ontario,

me elevo como un bardo solitario

que llena las besanas con mi nota

y enciendo la farola reluciente.

¡De allí parte mi canto hasta tu frente!

¡Y retorna en el beso que me agota!

Construido a las 9,12 del

14 de mayo de 2013 para mi Libro

“Colisiones asonantes!

***

 

MERCADER

 

Mercader de ilusiones, fui sembrando

en el huerto adalid de la utopía,

una suerte de lírica empatía

mientras rueda mi paso empecinando,

vasto emblema de lirios caminando

sobre  nube de  añil melancolía,

y me transporto, al fin, en sinfonía

de un coro de cóndores volando,

presiento, que feliz, voy transportando

el rostro de los seres que fui amando,

el beso que  mi labio, día a día,

con tu boca de novia fue soñando.

¡Es el ayer que torna, traficando,

esa noche de amor que no mentía!

Rodolfo Leiro

11.10.2013

 

***

 

ANTES DE PARTIR

 

¡Es incierto que no me llevo nada!

¡Si me cargo tu piel en mi retina!

¡Crepúsculo del aura que declina!

¡La aurora de mi lírica alborada!

¡El ósculo de aquella madrugada!

¡La fiebre de tu boca cristalina!

¡Dulzura en tu mirada peregrina!

¡Tu seno de imperial enamorada!

¡Susurro de la noche desposada!

¡Tu labio sin rubor en flamarada!

¡Caricias de turgencias en tu mano!

¡Tu voz en un romántico te quiero!

¡Os dejo este soneto de acequiero!

¡Es todo lo que fui de ser humano!

Rodolfo Leiro

 

***

 

BARDAL

 

A la que fue mi esposa,

Nieves Rosa Boudet,

en el día de la madre

 

Bajo el bardal vetusto que fue amparo

de un pedazo vital de mi aventura,

reaparece, de pronto, tu figura

como en el rudo mar orienta el faro;

aunados los dos, bajo el film claro,

de un reluciente sol, como ternura

que reaviva el amor que no se jura

y de la  igual pasión es fiel avaro.

Allí quedaron años no olvidados

como  suerte de besos laminados

bajo el humilde techo amanecido.

Nostalgia de los ratos conversados,

estampas de los labios convidados.

De lo mucho, que ayer, hemos querido!

Rodolfo Leiro

20/10/2013

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Daniel de Cullá

 

BOB MARLEY Y LOS CHUPAFLORES

 

         Gerineldo me dice que la canción Macarena, hecha por el dúo “Los del Río”: dale a tu cuerpo Macarena, está hecha para abortar, y que ha sido vista en YouTube por unos nueve millones de visitantes; que el Baile del Caballo, de Psy, con casi doce millones de visitas, está hecha para follar, en un mundo global donde sólo se folla en El Cuerno de Africa.

 

         Si esto es bueno, lo que viene a continuación es mucho mejor. Me dice que “ hablando para inter nos, sábete que en muchos ayuntamiento y diputaciones provinciales, chupaderos de Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, a la entrada o principio de comenzar un Pleno, los ediles o concejales empiezan por cantar, cantando bien y con facilidad, ese estribillo hoy como ayer de razones, para después raciocinar, rucionar, discurrir metódicamente sobre un asunto exponiendo y recitando una doctrina y refutando, rebuznando, las opiniones contrarias, a veces con disentería, flujo de vientre con pujos y alguna mezcla de mala sangre, no ajustándose al sentir de otro, disecando decretos muertos y soflamas en ficción de palabras para engañar o chasquear y conservarles la apariencia de vivos, con delicadeza nimia, melindre. Decretando con olor a chotuno.

         “Hay dos tipos de dictadores: Los impuestos y los elegidos, que son los políticos”, nos cantó Bob Marley. Para seguir diciendo: “Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas”; que “el dinero no puede comprar la Vida”; que “el hombre es un Universo en sí mismo”.

         Reggae, frases, Pensamientos y… ¡One Love¡, más la letrilla de marras, poéticamente amorosa, festiva o satírica, que se aprende y se canta con brevedad y a manera de estribillo el pensamiento general de ella,  es dada a discurrir, reflexiva, meditabunda. Camina, corre por diversas partes y lugares, es global, y, muy especialmente, en tiempo de votaciones chupinas,  ñoñas, lacias, o truncas. Es como la pieza fuerte de madera que sirve para regular la presión en la almazara.

 

         Los chotunos, ganado cabrío cuando está mamando hablan a chorretadas, mucho y atropelladamente, andándose con, o en, chupaderitos, con paños calientes, chupando, quitando o consumiendo la hacienda o bienes de uno, en expropiaciones y desahucios, con pretextos y engaños, la cantan. Es esta. Y cantada por Carmen Miranda, sabe a esa lista de excomulgados que se ponía en las puertas de las iglesias y en otros lugares públicos. Un Letrón.

 

                  “Mamâe eu quero, mamâe eu quero

                  Mamâe eu quero mamar¡

                  Dá a chupeta, da a chupeta, ai, dá a chupeta

                  Da a chupeta pro bebê nao chorar¡

 

 

-Daniel de Cullá

 

***

 

BUENAMADRE

 

 

         Gerineldo está en Buenamadre, de la provincia de Salamanca. Está aprendiendo francés con “El francés sin esfuerzo” método Assimil de A. Chével, impreso en septiembre de 1956, y , en su huitiéme leçon (8ª lección), Se carcajea pensando en la caracha, roña, sarpullido en el caracú o tuétano de los huesos de patas de nuestros cuadrúpedos que gobiernan un cadaval, terreno donde quedan en pie muchas cádavas o troncos de árgoma o de tojo chamuscados, barrancas, pozancos y desigualdades. Estamos en cacicazgo, se decía. Oficio y dignidad de cacique y territorio de su gobierno. Y, hablándoles a los grajos, se expresaba: “el nuevo caciquismo es el sistema político que consiste en el gobierno de los caciques, quienes, mediante poderes legales fundados en el sistema político vigente, ejercen de hecho el gobierno del país dirigiendo las elecciones, nombrando los diputados e imponiendo su voluntad a los ministros y a los tontos de capirote que les siguen. El está leyendo:

 

–      7. Asseyez vous ici, je vous prie

–      8. Merci. Une cigarette?

–      9. Avec plaisir. Alors, que pensez vous de la situation politique?

–      10. Mon Dieu, pas grand chose de bon¡

–      11. Pour moi, la crise ministérielle est inevitable.

 

         Hace poco que estuvo en el Rocío en caravana, con ese conjunto  de personas, acémilas y cabalgaduras que viajan juntas en las tierras de Andalucía en busca de la cagada del lagarto santo. Entre tanta muchedumbre, se sentía capeón, novillo que se capea en una sala llena de velas y cirios encendidos con un cadáver expuesto en su túmulo, cual canope, estrella de primera magnitud en la constelación de Argos.

 

         Mientras la nata de la leche o cacuja, resbalaba en el mango de las cucharas, las plañideras, sentadas en cáncanas, especie de banquillos de castigo en las escuelas de niños,  recitaban:

 

–      Candil, candilón

–      Cuenta las veinte

–      Que las veinte son

–      Ardid en candil

–      Con una imagen

–      Y una candileja

–      A l a cabecera

–      Que está en agonía

 

 

–      Sobre el hoyo

–      Que se hace en la arena

–      Para buscar

–      Agua potable en cachón

–      U ola que se deshace

–      En espuma

–      Al romper en la playa.

 

   

    Gerineldo dejaba caer la cera de las velas en un cucurucho de cartón cubierto de lienzo, como el usado por los disciplinantes y nazarenos.

 

    Saliendo al corral, pues en la casa no había baño, en el mismo cucurucho, comenzó a orinar golpeando con el dedo de en medio, apoyándolo con fuerza sobre la yema del pulgar y haciéndole resbalar a lo largo de ella hasta que perdiendo el contacto se disparó. “Como los recortes en la crisis”, pensó. Y Ja Ja Ja.

 

-Daniel de Cullá

 

 

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TEXTOS SELECCIONADOS

POR YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA (NALÓ)

 

EL MOMENTO

 

Cuando tus ojos rehuyen mi mirada

y la sombra del hastío esconde

el dolor de mirarnos nuevamente….

 

Cuando nuestra alegría es tedio

y la sangre se muere en el abrazo

y las cuerdas del alma se silencian….

 

Es el momento del Adiós.

 

Cuando en un vuelo de tus párpados

me ocultas el fondo de tus sueños

y el amor en lágrimas se pierde…

 

Cuando ya el sol no es nuestro abrigo

ni compartimos las estrellas

ni me ilusionan  tus caminos….

 

Es  el  momento del Adiós.

 

 

Cuando la espera es indiferencia

y necesito buscar en lo profundo….

y revivir el amor de lo pasado….

 

Cuando hay que inventar todos los días

en un rompe-cabeza incomprensible

cómo desear y amar tu compañía

 

¡ES EL MOMENTO DEL ADIÓS!!!

 

Yolanda Elsa Solís

 

***

 

El ruido del silencio

 

A esta hora, casi al final del día en Barcelona, se van apagando los habituales ruidos de la calle.

Persianas que bajan, interrumpiendo el constante entrar y salir de la gente….

Los corrillos de jóvenes con la perspectiva de una larga noche gracias al feriado de mañana, sustituyen al bullicio de los niños jugando a ser estrellas del Barça.  Las callejuelas del Barrio Gótico, son en el día, buenísimas canchas de fútbol, donde con la indulgencia de los automovilistas, practican…Siempre se asoma alguna intolerante vecina al balcón de los geranios, con una actitud de desagrado, a la que los niños, ignoran…

Los nuevos caminantes nocturnos cambian el panorama planeando el botellón de esa noche…evitando las farolas de Gaudí, aumentando el nivel de sus voces, a medida que van destapando botellas…

Ya se retiraron de  la Plaza de la Catedral,  los circunspectos bailarines de sardana los asistentes a las ferias de anticuarios de los viernes y sábados y también los paseantes de todos los días. En este agosto en que los turistas pasean , comen y beben durante todo el día y la noche para alegría de los comerciantes , cada pieza del paisaje cumple su función.  La vecina malhumorada,  el mendigo extranjero, y la que todo el día limpió mugres ajenas, serán desde  su propia cárcel sin rejas, testigos sin derecho a opinar, a gozar, a vivir.  Cada uno de los sin opinión, podrá descansar en el oscuro rincón al que pertenece , mientras los que  comen, ríen, roban, bailan y se emborrachan los han relegado.

 

 

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POEMAS

Por Ana Romano

 

Imán

 

Es desde la cima

que divisa

en su imponencia

el bastión

Abajo

cascada

sigue

Decidida

¿proyecta?

Se rozan

los opuestos

coquetean

La sensualidad

deambula

Frenéticos

los frutos.

 

 

Fulgor

 

Revueltos

en la espuma

en la arena

Revueltos

en la noche

en el cielo

Las sombras

danzan

ruedan

y se agitan

Extendidas

y se tocan

Mascullan cuerpos

y se invaden

Pensativa

la luna

espía

y con recelo.

 

 

Esbozo

 

Sobre la mesa

de un bar

apoyada

una taza blanca

de café

El aroma

acaricia la mirada

ausente

Las manos

aferran la ilusión.

 

 

Despertar

 

Aletargada

por la piedad

y en un hoyo

ridículo

 

y eso

aunque

el camino

prosigue.

 

Demencia

 

Alarido

que amputa

el secreto

Y en la tersura

llaga

¿Qué otra cosa que el semblante

la mueca

agrieta?

El murmullo

acrecienta

las pulsaciones

¿Y quién

-confisca-

los espasmos?

La sábana

invisibiliza

el bisturí.

 

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EL GRAN BORIS GOLD

 

                                                                                               LA PRIMAVERA…UN MILAGRO

Angustias y penas materias prohibidas

Se juntan las almas, habrá quién me quiera

Las risas a coro, un haz de esperanzas

Por suerte llegaste…dulce PRIMAVERA.

Abre la ventana, préndete a la vida

Las flores se abren, tras la lluvia ligera

Préstame tus manos, apóyate en mis hombros

Me siento abrazado…por ti PRIMAVERA.

El pájaro canta distinto a otras veces

Hay voces amadas, llamando de afuera

Serán los fantasmas de viejos amores,

Fuiste mi compinche…¿recuerdas PRIMAVERA?

Deseos fervientes de incumplidos sueños

Utopías locas y antiguas quimeras,

De encontrarte un día tras un arco iris

Yo se que el milagro…será en PRIMAVERA.

Que se abran los cielos y de él se desprendan.

Tormentas de dichas y una añorada espera,

Que no existan odios y la paz prevalezca

Vendrán buenas nuevas…en la PRIMAVERA

Boris Gold (simplemente…un poeta)

***

“SOY FELIZ…TENGO UN AMIGO”

Repiquetear de campanas

que la música no cese,

el festejo bien lo vale

pues se ha hecho realidad,

hoy la alegría se impone

es el día señalado,

agradezcamos al cielo

por la bendita…AMISTAD.

Que la gente se convoque

desde el fondo de sus almas,

y los tiernos todos juntos

nos contagien su bondad,

quedarán en el olvido

los deseos no cumplidos,

busco consuelo y amparo

bajo tu sombra…AMISTAD.

Te presto hermano mi hombro

y caminemos el mundo,

así podremos sin dudas

derrotar la soledad,

sembraremos buenas ondas

hablaremos de esperanzas,

que la meta ambicionada

sea honrar…a la amistad.

 

Que la noche se ilumine

con mil estrellas brillando,

las luciérnagas amigas

volarán en libertad,

habrá música en el aire

y poetas que nos digan,

que la vida siempre es bella

si la abriga…la AMISTAD.

Tengamos siempre presente

como materias pendientes,

luchar a brazo partido

para borrar la maldad,

una mano solidaria

al que caído se encuentra,

es una antorcha encendida

que nos habla…de AMISTAD.

Las aguas llegan cansadas

para dormirse en la playa,

trayendo sueños lejanos

que me duelen cual castigo,

pero ya pagué con creces

esos tiempos de borrasca,

el presente es la dicha

tengo a mi lado…UN AMIGO.

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POEMAS SELECTOS

Por Moshenga VIII Cabanillas Pérez

 

ANGUSTIAS DE UN VERSO

 

Como empezar de la nada

Versos aromáticos que resulten púrpuras

Que destrocen el sigilo incoherente

Con el caudal de la noche

Y que escriban en las pupilas de los mares

La tinta adherida de los murales

Que nacieron del odre     De letras

Y tímpanos de resaca

Antes que ensordezca  la existencia

Del espanto de este mundo

Para volverse más añeja.

 

¡Poesía!

Como elevar las burbujas de las diosas profundas

En esencia de cortezas y almíbar

Si me atrapa el ayuno de tus hostias

Los símbolos cuneiformes del silencio

Aplastándome     Hasta volverme Amasijo y fango.

 

¡Poesía!

Como     Le digo al cartero del abismo

Que reparte los glifos rupestres

Las elegías de los siglos en cada ruleta del camino

Donde se sofoca el tiempo enardecido

Volviéndome tatuaje de granito

Novicio e incendio de poeta.

 

¡Poesía!

Como     De un testamento sonámbulo

Que despierta del aullido de un cura pétreo

Que sentencia idos que atrapan dilemas

Tan sólo por su nimbo

Marcan la sentencia y el mito…

 

Porque se me escapa el verso adicto

y epiléptico de mis sueños fieros

Al vestirse de luto en el velo de este tránsito

Dejando en el papel nupcial

El calor abstracto

Los Signos de la expiación

Que laten en las rocas

Con alma anafiláctica

Con calma vehemente de un día

en que volví a navegar

La angustia dogmática

Clavada en la duda

Para poder invocar

Que es Poesía…

Y respondo

Es la angustia de un verso

Que busca en el absurdo

Su propia contemplación.

 

(De Poéticas, Lima – 2010)

 

 

 

TE ESCRIBO.

 

Te escribo sin saber si estos reglones han de llegar a ti

Con infinidad de ilusiones,

Oh si es una búsqueda incesante

Que mantiene ésta mi esperanza.

Te escribo también porque sé que no volveré a verte

Y si ahora que aún estoy libre no te dedico estos versos

Tendría esa culpa por no corresponder a tus sueños intranquilos

Por eso te lo dedico…

A expensas de que en éste vasto frío

Tu rechazo me dé fuerzas para inspirarme en mi largo viaje,

Y sentir en tu amor desconocido hubiese sido antes mío,

Pues son permanentes las horas de ésta espera

Imagínate si fuesen meses o abrumadores años

Oh mil noches de desengaños

Por eso aprovecho para expresar de mis ansias

Este dolor incesante que no lo sana nada

Menos la soledad de estos pensamientos crepusculares

Oh la ausencia de estos pasos descoloridos que te buscan.

Son tuyos éstos comentarios

Que cualquier mujer envidiaría

Son tuyos porque nacieron de tu causa

Y yo te los escribí para decirte de este amor,

Aunque sea tarde

Y quede atrapada mi vida en el olvido de tu estela

Por ofrecerte este simple ramo de mí pecho

Y me priven pronto de la libertad de verte.

Por eso quisiera dedicarte antes que el sueño me atrape

Y tú ya no me recuerdes ni siquiera con el devenir de tu mirada.

Por eso te escribo…

 

 

VAGABUNDO

 

Que las ideas vengan como avalanchas y los ríos incandescentes sean purificados por el mar…

Debo inventar que no existo

Y que el éxodo que me arranca de mi tierra

No concluye

Y que pronto volveré.

Pero cuando regrese

No seré ya de éste lugar

Ni del tiempo sus errores que perdonen

mis pensamientos ungidos de anhelos

No soy de aquí     Tampoco de allá

Soy el extranjero que vaga junto al polvo

que machaca mi incertidumbre

Un extraño entre las siluetas de otros extraños

Que danzan en el vapor

Buscando ser formas de un mar que se esfuma

Mientras trato de alcanzar las olas embravecidas que me devuelvan mis sueños

Las esquinas de apacibles y viejas conversaciones

Las noches de húmedos llantos

Y golpeteos de aldaba llamando a la puerta

Buscando el amor

Soy un conspicuo vagabundo que busca

el remedio en el pasado

Para poder volver a ella

Con las ideas familiares

Y no despertar mañana

Como ayer.

 

ANTES DE AYER SE FUE ANTES QUE CAIGA LA NOCHE

Ayer dejé de escribir este pensamiento envuelto de ocasos
ayer vi latir el sol en el horizonte
ayer decidí ser poeta entre la bruma rojiza de la tarde
ayer me aprisiono el olvido en esas interminables horas de seda
cuando dibuje tu nombre sin sentido
ayer me llevó la parte más preciada de mi vida
antes de ayer se fue antes que caiga la noche
y yo me quede desojando los días que compartimos
y yo me quede desojando los días que vendrán por tu ausencia.

 

 

LÁNGUIDO

Esa razón intensa de pensar en mi olvido
Una extraña palidez
Que me contradice
Y me sincero en la torsión extraída de un sueño
Mi hambre
Mi sed de vivir
Cual crepitante latido que rompe el silencio del bosque
Cansado de escuchar las mismas consonantes
En los senderos simples de la ciudad.

 

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29º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXIII de la etapa web/02-11-2012

 

EDITORIAL LXXIII

Galardones y premios nacionales de Literatura: reconocimiento o intervención

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España concedió este pasado mes de Octubre el Premio Nacional Narrativo al escritor Javier Marías por su novela «Los Enamoramientos». Tal como había anunciado, el escritor rechazó el premio alegando su independencia respecto al Estado y sus instituciones. Su gesto, alegó el autor, no iba contra nadie, agradecía la intención del premio, pero ha pesado en él más ese deseo de independencia que perdería de aceptar galardones oficiales que la satisfacción de un reconocimiento público. Pone con ello sobre la mesa la relación entre cultura y política o, más bien, el peligro de subordinar la cultura a la política.

Desde que el Poder, y en general la política, descubrió los mecanismos de la propaganda masiva y casi industrial, ha buscado la legitimación por vía de la cultura para convertirla en difusión y correa de transmisión de valores y certezas oficiales. No es algo nuevo, pero la diferencia les marca ahora la rapidez y la capacidad de expansión. Los Estados imponen en la actualidad como antaño una cohorte de escritores y artistas, de cineastas e intelectuales que se convierten en herramientas de legitimación en el mejor de los casos, meros ornamentos que procuran una falsa armonía que esconde otros intereses. No es cuestión de calidad, sino de utilización. La cultura se subordina a lo político y se vuelve propaganda, muchas veces mala propaganda.

No obstante, no podemos obviar que, al contrario, muchos buenos escritores emplearon en ocasiones su capacidad de incidir en la opinión general para dar sus opiniones y prestar sus apoyos a determinadas políticas, en ocasiones de dudosa moralidad. ¿Deja de ser Ezra Pound un excelso poeta a pesar de su apoyo al fascismo italiano?¿Cambiará nuestro opinión sobre la poesía de Pablo Neruda si tenemos en cuenta su “Oda a Stalin”?¿Podemos dejar de considerar a escritores españoles que apoyaron a Franco por el hecho de dicho apoyo, sin reparar en su calidad literaria, como en el caso, por ejemplo, de Dionisio Ridruejo?¿Alguien duda de la calidad de escritores como Máximo Gorki o de Jack London a pesar de su compromiso político con la izquierda revolucionaria?  Resulta evidente que el buen novelista, el buen poeta, lo es por su obra, no por sus opiniones políticas o de otra índole, y ni siquiera ha de ser una buena persona, al mismo tiempo que cualquier tema puede ser materia para la creación. Pero no es de esto de lo que hablamos, sino del papel del Poder en el ámbito de la cultura y que puede acabar por transformar al creador en un mero bufón de la corte de nuestro tiempo, en el marco de una administración que ha creado no pocos departamentos de las “Industrias Culturales”, nombre este que chirría, dígase lo que se diga. El poder ha colocado departamentos de cultura para potenciarla, pero con ello ha creado servidores o funcionarios culturales, como esos autores de regímenes autoritarios cuya función era alabar a quien mandase, sea quien fuese.

La independencia del artista, que no neutralidad, es ahora mismo una necesidad, un requisito. Y mucho nos tememos que esta independencia se contradice con frecuencia con la acción de los poderes públicos.

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MALOS TIEMPOS PARA EL MAMBO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TEORÍA DEL HUMOR

 

Comenzaste siendo el más gracioso de la clase.

Hasta los chicos mayores reían

con tus bromas macabras y chistes ingeniosos,

le pegabas a los empollones

y todo eso brincaba en un cielo de tremenda carcajada,

cuando te hiciste adolescente todo te aburría,

te aburría la vida,

que corre despacio y va a toda prisa,

tu primera actuación fue en fiestas,

en las fiestas de tu pueblo,

tu monólogo gustó y te gustó la picazón,

sarna de la que se goza

costra se vuelve en su regusto,

te metías con los calvos, los feos,

con las minorías y los inadaptados sociales,

hacías chiste del punto flaco de los débiles,

tu vida se ha convertido

en una locura mal digerida,

estás psicótico y tomas cocaína,

ahora el débil eres tú.

Ayer te invitaron a un programa de la tele,

quieren que opines acerca

del humor absurdo de los directores de cine,

de cine español, con dos cojones,

ahora eres un teórico del humor,

eres toda una cátedra andante del humor irreverente

y del entretenimiento más cruel y pendenciero.

Te pones solemne, estás nervioso,

dices cualquier inoportuna tontería,

y te conviertes en el vídeo más solicitado en RTVE

por más de cinco generaciones de televidentes,

macho, eres un genio

y te enteras justamente ahora.

Ahora que no cobras por eso ni un tanto por ciento.

 

***

 

AFRODITA MON AMOUR

 

Los niños impíos de tanta sonrisa astuta

tienen lluvia fresca en el pelo

y llevan la reputación tan sucia

de arañar en ristre su pleno flagelo,

y en la simiente que escupe la oruga

y en el pájaro que remonta su vuelo,

un edén anfibio a pesar de todo les ayuda

a soportar este trayecto de tedio y recelo,

tienen tanta rutina sudada que les ocupa

un gemido en el escalón del desvelo,

sustraen migajas de la noche que cura,

se empalagan de caliente caramelo,

y un Monte de Venus cautelo anuncia

su sanidad sexual que redunda de serlo,

sueñan que ya tiene ritmo la rumba

y compota harían del dulce ciruelo,

no firmarían de su amor renuncia,

paso a paso dan de Paco a Frascuelo.

Los niños de la migada diurna

hacen canción nueva de alegrísimo chelo,

con cuestión que se pone chunga

buscando camellos en el Paralelo,

en Can Tunis y en la calle Bolivia,

en Els Merinals y el barrio Carmelo.

Se caen, se caen ante su día a día,

se migan la risa y relamen canguelo,

de esa pared que tanto les enfría,

les subraya la sombra bajo el subsuelo,

pauta de psiquiatría en que incuba

un gusano cachuelo sin su resuello,

un caracol fosilizado en su pulpa

y dos pensamientos que repiten muelo,

buscan lo que no se busca,

desnudez para su azul consuelo,

pretenden lo que no se inculca,

se engarzan como pesca con señuelo,

en casa, en la fábrica, o en la trifulca,

en calles donde se besan tirados al suelo.

Chupetones púrpuras que jamás nunca

ensayaron que les invadieran el cuello,

ensayaron a cruzar brazos en la nuca

pensando en la claridad que luego

les harían cosquilla en la risa oculta,

les haría el roce paladar de seda y pañuelo,

aprendieron que la mitad los desnuda

ya que son dos que se nutren de fornelo.

Los niños que no piden disculpa

sospechan de su fachada sosteniendo velo,

tienen fragancia total para que infunda

y huela por donde empieza su anhelo,

de cobre sus caras ardientes y absolutas

rezumándose en el corazón del hielo,

su adolescente matinal se pregunta:

¿por qué sustraen de Afrodita su celo?

Mojan la lívido en sus dientes con fruta

y a contrapelo el escalofrío es puro vuelo,

tienen bien olvidada a su asco de tumba

que los hará polvo esparciéndose en el cielo,

y follan por que follar es la justa

manzana que los expulsa de su triste duelo.

 

***

 

NIDO DE PARADOS

 

Los gitanos del barrio de Torre-Romeu

en octubre escarban en susurro el verano

por que les parece que dura muy poco

y de noche lo cruzan siseando en vano,

por los parques buscan agua de coco

y se encuentran con Dios-digamos,

que los mira haciéndose el loco

y con sus miradas le besan las manos.

Dios, Dios negado de los gitanos,

se gasta el dinero en una gran fiesta

y al otro día no le encontramos.

Después de almorzar su siesta,

no se la quitan ni ocho celestes milagros

que con cuatro negros castigos se pelean

y dan el cante todas en el mismo canto,

descanso y momentos gratos,

entre trámite, antigüedad de paro y tarea

aquí en el barrio nos conformamos.

Por la calle Sau un mercado despierta,

se venden delantares, bragas y medias,

zapatos para mudar a diario,

y otras cosas para tener en cuenta,

chándales, pantalones, y otros artefactos,

se venden también chaquetas

ahora que ha terminado el verano,

se venden flores para las alcahuetas

y otros artículos de gusto un tanto variado.

En la calle Sau de nuevo empieza

un paseo por todo este raro itinerario,

en la calle Sau vemos que comienza

un nido de gente sin su salario,

demos un No a la desesperación abierta,

este nido es un nido de parados,

tienen el trasero duro y nadie se queja

de sentarse en poyetes, escalones y bancos,

¡Dime chaval! Si tú ya no peleas

en Barcelona con los asalariados,

-Me dice: yo de la cama jamás me salgo,

que los Mossos cabrones me apalean,

¡Dime chico! ¿Y por qué estos te apalean?

-Chacho, por que yo siñelo gitano.

 

***

 

EL PASAJERO

 

Cuando de noche vuelvo a casa después de nadar

y veo la traslúcida brillantez

de las casas encendidas, tras esos cristales,

imagino horrores, calamidades, necesidades,

peores, mucho peores que lo/as mías.

Imagino podredumbre en un hule perpetuo,

imagino escarcha negra invadir la escena,

intento comprender al polvo compactado,

veo las sombras adentro sin sombras,

veo la monotonía rendirse como perro viejo.

Yo, en mi vida prosaica, mi vida rutinera,

tengo la paz de los cobardes,

de los precavidos, de los que nada arriesgan.

Voy sentado en el autobús de mi vida con suerte

y me dirijo a mi hogar, al calor vacío en los rincones

de mi hogar, de mi hogar vacío, no sé si dulce aún.

Oigo a los vecinos lamentarse en su desgana,

oigo las discusiones que germinan como moho,

a mujeres corroídas por su angustia asediada.

La soledad de las mujeres que soñaron,

mujeres que caminan solas, asidas del brazo

por un hombre, pero caminan solas,

se les va la esperanza como un globo caduco.

En mi vida de pasajero curioso y expectante

he podido ver hombres que fuman solos

en un balcón que da la cara hacia un abismo,

a señoras de roto maquillaje abandonadas al alcohol,

a adolescentes confusos sintiéndose miserables,

todos dando cara a su abismo personal.

La traslúcida ventana que encarna el misterio,

el misterio eterno de los que se pierden,

de los que pierden su autobús hacia la vida,

la vida, esa cosa que nos late adentro,

ese tiempo lento y constante,

ese tiempo de simulacro y sala de espera,

esta vida absurda pero maravillosa,

es asunto serio vivir esta broma pesada.

Las parejas son afortunadas si encajan como zapatos,

es mejor no desesperarse por estar solo.

Si estás solo y te emparejas con cualquiera,

por soledad, por la desesperación de estar solo,

es muy probable que acabes mirando cara al abismo,

a un abismo de discusión, de riesgo y pesadilla,

a un abismo en el que caes con el silencio,

ese silencio que tenías y te acompañará de por vida.

Ese silencio que tenemos dentro

y solamente lo rompemos al corromper la calma

con cosas que no sabíamos que callábamos.

 

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Las sendas de Caín

 

Cómo no sentirse herido, se preguntó, herido y rechazado. Me repudian, tuvo para sí y anduvo convencido de que todos le repudiaban profundamente. Trabajaba de sol a sol, con voluntad y destreza, demarcaba la tierra, la deslindaba, luego la mezclaba y la abonaba, colocaba surcos y cauces por donde avanzaba el agua, analizaba cada zona de terreno para cosechar aquello que mejor convenía y para saberlo experimentaba una y otra vez, observaba la reacción de la tierra, el color de las plantas, el olor de los frutos, y esa labor le llevaba horas, días, semanas enteras. Un sinfín de fracasos le reportó un sinfín de aprendizajes, de saberes de la tierra. Le daba una y mil vueltas a todo lo que emprendía, analizaba los detalles e inventaba instrumentos que le ayudaran a avanzar en ese camino de expandir y mejorar la tierra y la cosecha. Pero todo eso, al parecer, carecía de importancia, su esfuerzo no tenía valor. Brindaba los mejores frutos, aquellos que le habían costado enormes esfuerzos obtener, pero apenas eran observados, sus mejores frutos eran ignorados como si fueran obra baladí, anodina consecuencia del esfuerzo de sus manos, de su cabeza, de su observación permanente, anodina para los demás, pensó, para todos, no para sí mismo, que él sabía bastante bien lo que le había costado llegar hasta allí. Cada fruto había supuesto un enorme trabajo, al parecer nadie lo sabía menos él. Pero no es cierto, se dijo de pronto, no es cierto que sólo lo sepa yo: me han visto trabajar. De sol a sol, repitió una y otra vez, trabajo de sol a sol, lo dijo con rabia, consciente de lo injusto de la situación, y en efecto era así como trabajaba. Ponía todo su esfuerzo, todo su corazón, toda su mente en cada uno de los detalles, y desde luego eran muchos, en todos y en cada uno de los detalles de su faena diaria. Pero no veía ninguna gratitud, ni siquiera la gratitud de una sonrisa o de un gracias acompañado de un gesto de ánimo, nada en absoluto.

A él, a su hermano, por el contrario todo parecía sonreírle. Abel se estiraba bajo un árbol, a su sombra, cualquier árbol le servía. Dormía mientras las ovejas comían a su alrededor. Comed, hermosas, les decía y se estiraba y soñaba y se reía feliz porque todo le sonreía, en efecto. Había buena yerba y las ovejas crecían fuertes y sanas. Daban buena lana, sabrosa carne, corderos que crecían con premura. Abel observaba a su hermano y se reía. Por qué trabajas tanto, le preguntó una vez. Caín, al principio, no le respondió. Calló porque no pudo entender esa actitud suya de ver pasar la vida a la sombra de un árbol. Estírate conmigo, le conminó Abel, las plantas crecerán por sí mismas, le indicó. No, contestó él no sin reproches hacia aquellas palabras que ignoraban y despreciaban el esfuerzo del trabajo, con una pizca de rabia ante esa actitud que le acusaba de perder el tiempo de un modo indolente cuando era él, su hermano Abel, y sólo él quien perdía el tiempo, así se lo dijo, recriminatorio, hay que saber, continuó como si cupiera posibilidad de enmienda y necesitara explicarle la vida entera, si poseen la cantidad suficiente de agua, si la tierra se encuentra bien nutrida, hay que evitar las alimañas y las malas yerbas. Abel se rio. A mis ovejas les gustan las malas yerbas, dijo, y los perros ahuyentan las alimañas, ves cómo todo sale adelante por sí mismo. Caín calló y continuó su diaria y rutinaria faena, poco importaba que lloviera o luciera el sol, que el frío le entumeciera o el calor le sofocara, debía estar allí, en los campos, en los cultivos, en las campas, en las arboledas, debía cultivar cuando tocaba, justo en ese instante, ni un día antes ni un día después, y cosechar cuando correspondía, en el momento en que los frutos estuvieran maduros.

Abel, como acción de gracias, sacrificaba un cordero, aquel que entre el rebaño veía como el más propicio, el de carnes más rollizas y aspecto saludable. Lo llevaba a hombros hasta el altar y contemplaba, tras la rápida incisión en el cuello que producía la muerte por desangre, la lenta cocción del animal para gloria de la primavera entrante. Caín, por su parte, pasaba días y más días a la búsqueda de las frutas más relucientes y aspecto más pulido, de los cereales más nutritivos, de las hortalizas más sabrosas, colocaba varias cestas con los diferentes alimentos, los hervía, los cocía o los tostaba, llenaba el aire con los intensos olores de los aliñes y condimentos, esta era su ofrenda, su manera de dar gracias.

Pero no parecía haber, pese a todo, agradecimiento a su ofrenda. Por mucho que se esforzara y sazonara sus alimentos, por mucho que hubiera trabajado, nunca había sonrisas ni palabras elogiosas hacia él, todos los reconocimientos se dirigían hacia Abel, y sólo hubo reproches a su esfuerzo que él no entendía. ¿Acaso no se esforzaba?¿Acaso no trabajaba sin descanso para cultivar y producir más y mejores frutos?¿Acaso no creaba instrumentos que mejoraban la cosecha?¿Por qué entonces nunca gustaba lo que ofrecía?

Se sumergió en el silencio amargo de una frustración que le corroía por dentro. A veces, perdía el gusto del trabajo, lo llevaba a cabo, sí, más por rutina que por convicción, qué sentido tiene todo, se preguntaba, no podía evitar el desánimo, no podía mirar la vida cara a cara. Le tentó la indolencia, pero cuando dejaba de trabajar y se estiraba en cualquier lado, a la fresca, como su hermano, si a él le va bien, se planteaba entonces,  por qué no a mí, entonces la sensación de vacío aumentaba hasta el dolor y tenía que volver al campo, al trabajo, aunque ya no era lo mismo, nada era ya lo mismo. Algo le quemaba por dentro, algo que no comprendía. Una noche despertó empapado por el sudor y el corazón acelerado. Había soñado con Abel, el amado, el preferido, el elegido. Se levantó y contempló el campo que apenas distinguía por la débil luz mortecina de la luna. La luz de la luna, consideró entonces, es la luz de la muerte. Lo pensó, en ese momento, en apenas un instante, una idea que cruzó como un rayo por su mente, un deseo que se volvió propósito, una noción apenas que pasó o tal vez quedara fija en su cabeza.

No lo sabemos: fue un acto repentino, improvisado, o algo preparado durante horas después de aquel instante anterior, en la noche. Nunca lo sabremos. Lo cierto fue la reacción inminente al contemplar el cuerpo de su hermano en el suelo, ensangrentado, inmóvil. El odio desapareció de repente, sí, pero brotó la angustia de una culpa sin duda tan hiriente como aquel. Escondió su cuerpo. No soy tu guardián, murmuró. No soy su guardián, repitió en alto. Enseguida comprendió lo absurdo de sus palabras. Pero soy su asesino, dijo.

Comenzó a vagar por el mundo, no pudo ser otro el castigo, tampoco peor: ni siquiera la muerte hubiera sido más atroz. Él estaba ligado a la tierra, a su tierra, vinculado a los cultivos, a las plantas y a los árboles que eran sus cultivos, sus plantas y sus árboles. Cuidaba cada rincón de sus campos con sumo cuidado y de pronto se vio forzado a abandonarlos, a recorrer otros prados y otras campas, a no estar fijo en ningún lugar, a no ver crecer nada. Tuvo miedo: se enfrentaba a peligros no conocidos, no sabía como afrontarlos. El mundo se volvió un lugar peligroso. Avanzaba por tierras nuevas y sobre todo pensaba en lo que había hecho y en cuál era la razón de su fracaso. Siempre he actuado bien, se repetía una y mil veces, siempre he intentado mejorarlo todo, y sin embargo sentía que había fracasado rotundamente.

Despertó muchas veces empapado de sudor y con el corazón acelerado, se levantaba y se quedaba sentado en el camino, tembloroso, asustado. Le daba vueltas una y otra vez al porqué de su vida. No encontraba respuestas. Una noche, a la luz mortecina de la luna, se preguntó de nuevo el porqué de todo si había dado lo mejor de sí mismo. Fue entonces cuando lo entendió, como si una chispa se hubiera encendido dentro de sí mismo, como si una voz quisiera sosegarle entonces y darle una explicación: podías dar más de ti, le dijo la voz, una voz interior que brotaba de lo más profundo y que le recriminaba no haberse dado cuenta, entonces, se esperaba más de ti, le decía una y otra vez. No, no era Abel el más amado, el preferido, el elegido, lo entendió de pronto en aquel instante, sino él, Caín. Abel había alcanzado lo poco que podía aportar, ya era bueno lo que ofrendaba porque no podía mejorar más, en cambio él, Caín, había nacido para realizar grandes cosas, había aprendido a esforzarse, a crear, a construir. Puedes dar más aún, puedes hacerlo mejor, puedes prosperar y abrir nuevos caminos, alcanzar otras metas. No lo había entendido. Se dejó envenenar, se lo reprochó con dureza y amargor, cuando la respuesta a tanto lamento, se dio cuenta al fin, resultaba tan evidente.

Lloró amargamente. Pero no se dejaría vencer. Esta vez, se dijo, no defraudaría sus propias expectativas.

Juan A. Herrero Díez

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BRINDIS

 

Yo también he brindado complaciente

en etapas gozosas de mi suerte,

he brindado contigo, cuando verte

era un rayo de amor adolescente;

 

y fue brindar, amiga,  en la rugiente,

la fiesta fraternal que era tenerte

y gozando tus besos, fue saberte,

abrazada a mi cuerpo efervescente;

 

Hoy no brindo por nada deferente,

otro labio feliz, más convincente

te sedujo la tarde de un invierno.

 

Contemplo en esta foto amarillenta

tu sonrisa hedónica de menta.

La dama que voló de mi cuaderno.

 

Construido a las 9,44 del

29 de setiembre de 2012-09-29

para mi Libro “Renglones desprolijos”

Rodolfo Leiro

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

 

MÁS ALLÁ

 

 

No hay nada más,

más allá de tu silencio.

Sólo palabras.

 

Más allá del cielo, del infierno,

la música y el tedio,

del tímpano aturdido,

de sinfonías vacuas,

del olfato y la sangre…

¿qué queda en este mundo tan vacío?

 

¿El proceso, la causa,

el hálito salvaje?

Ánforas y espíritus

osados, casi ciegos,

no quieren más crepúsculos en vela.

 

Banderas de vidrio

encierran la tristeza.

La suciedad mojada,

el espectro del fuego,

los temas recurrentes.

¿La pasión apagada?

 

Refugios en otoño,

príncipes despojados

opacan mi instinto

al verme en tu piel.

 

El tiempo me libera y, suavemente,

me entrego a tu recuerdo una vez más.

 

 

 

 

DESEO SIN TIEMPO

 

 

Deseo desearte siempre,

sos mi deseo sin tiempo.

Quisiera evitar la culpa

de cada abrazo furtivo,

de nuestro espectro vacío

en cada sueño encontrado.

De cada mañana turbia

entregada a tu sonrisa,

de aquellos miedos gigantes

a volver hacia el dolor.

 

Desearía que estuvieras aquí dentro

y, en mi boca, escucharas mis palabras.

Respirando el mismo aire,

alrededor de tu aliento,

y latieras con mi sangre en el alma.

 

BRISA, NOCHE, DÍA

 

 

Como un refugio dormido de mi culpa,

como una herida reabierta con el tiempo,

el viento no ha impedido que te vayas

tras él, como la primera vez.

 

Siento que mi vida se termina

y me desangro, creyendo en tu mirada.

Sólo queda la brisa,

la luna por la noche,

el infierno de día.

 

OTRA HOGUERA

 

 

Sé que perdimos sueños con el miedo

soplando detrás de nuestra espalda.

Mi refugio fue un cuarto sin ventanas;

tuve mi espacio, vacío, sin estrellas

y mi tiempo, sólo de madrugada.

 

No creo que el dolor sea para siempre,

el espejo pide a gritos otra hoguera.

 

SÓLO ES ESO

 

 

La vida ya no es nada, sólo es eso

que nos impide mirar hacia el costado.

Que nos arropa con el frío en la sangre,

que canta a pesar de mi silencio.

 

¿Para qué seguir luchando con el viento?

Nada nos queda, solamente el fracaso

muestra las grietas de nuestra soledad.

La vida ya no es nada… sólo es eso.

 

PLÁCIDO MISTERIO

 

 

Descubro que los años son suspiros,

que quizá otra piel no es suficiente

al pelear con tu fantasma.

Con mis sueños y tus miedos,

con tu amor,

con el fracaso.

 

Los ángeles sabrán que la mentira

es ajena. La muerte no me espera,

nada nunca será lo que parece.

La soledad, mi plácido misterio,

no despierta sospechas al ocaso.

 

EN CADA AGONÍA

 

 

Dosis eternas de sangre corrompida.

Ejércitos ciegos, sedientos de venganza.

Las siete trompetas presagian el final

y en cada agonía, disciplino el vértigo.

 

Allí, encontraré la sombra

que no habla y escucha, que se aferra

al espurio fantasma del pasado.

El orden –en la muerte– está naciendo.

 

 

DESPEDIDAS

 

 

En mi diamante descubriré el dolor

de mantenerme vivo a cualquier precio.

No habrá miradas, tampoco despedidas,

y encontraré el alivio en cada lágrima.

 

Ojalá el fuego apague este dilema.

El crepúsculo desgarrará la tarde

poco a poco, como tu piel sedienta,

y no habrá lágrimas, tampoco despedidas.

 

ADÓNDE VOY

 

 

No quiero que me veas entre llagas,

nunca estaré a la altura de tus sueños.

Pasaré inadvertido el resto de mi vida,

no me preguntarás adónde voy.

 

Caminando, por la senda vacía,

pasando en limpio las hojas de mi alma.

A veces ya no sé qué es lo que viene

detrás del viento, detrás de su emboscada.

 

Costó tan poco dejar de imaginarte

en nuestro espejo vacío de colores…

Si mi cordura se despide del mundo,

no me preguntes más adónde voy.

 

SI TE PIERDO

 

 

Relojes de arena

marcaron mi destino.

Ayer fue poco,

hoy será más,

mañana o nunca

sabré que eternamente habrá consuelo

si te pierdo.

 

Si te pierdo…

la noche se abrirá

y no serás el viento en mi nostalgia.

No habrá más pétalos,

ni viento, ni marea.

Sólo espejismos fugaces,

sólo brisa.

 

PRIMERO

 

 

Primero quiero descubrir todos tus sueños,

tus cicatrices, tu herida, tu alma en paz.

Dejarte el cielo completo y en tus manos

dejar mis ganas y mi verdad en tu sangre.

 

Olvido mis fantasmas y el vacío

cada vez que veo el sol en tu sonrisa.

Iluminaste mi pasado en un segundo

y recobré mis sueños, mi ansiedad.

 

Primero intentaré alejar tus miedos,

sentir que a veces hace falta el dolor

y alguna vez, ser más que luna llena.

Las cadenas y el eco me persiguen

aunque tu vida me aleje del abismo.

Todo es mejor, a tu lado, aún si no pasa.

 

VESTIGIOS

 

 

Dentro del mar, vestigios de la culpa

y un par de pesadillas y recuerdos.

Nada más penetrará en la sangre.

 

Un bálsamo ante toda esta locura

me servirá para brillar en el ocaso.

Tú no lo harás, no será poco ni mucho

perderme y encontrar el universo.

 

 

SOLAMENTE

 

 

Sólo buscaré rozar tu alma.

Tu puño y mi letra,

tus heridas…

La victoria ajena.

 

Nada más tendré

que mi vida al aire

sin la realidad que descubre, a gritos,

solamente muecas.

 

Volviste una vez a mi cementerio

de esperanza y fuiste

lo poco que tengo para sonreír,

sólo tu belleza.

 

Traspaso los vidrios,

reaccionando al fuego,

sacando del fondo de mi corazón

otra gran quimera.

 

No me reconozco,

no vuelvo, te esquivo,

y en la habitación,

mi alma te recuerda.

 

Tu voz en la noche ya no suena exhausta;

me pide que calle, que grite y libera

tantas otras veces en que no hubo nada.

Sólo tu pasión y mi cuerpo en venta.

 

 

FRUTA MALDITA

 

 

Una fruta maldita y la oración

me alejan, me acercan,

tantas otras veces,

del cielo que busco.

 

Sombras y fortuna no van de la mano.

La mirada fluye,

y las botas de un ángel marcan el camino.

 

En mi oscuridad,

espera, dormida,

toda aquella angustia.

Desde allí, despierto.

Sin oír tu voz,

descubro que vivo latiendo sin alma.

 

Conmueve mi tiempo tu vacío,

me interroga a gritos tu silencio.

Me molesta tanto estar ausente…

 

Olvido mis fantasmas,

desaparece el miedo

pero el cielo no llega.

 

Escucho tu susurro,

sostengo la agonía

aunque la escarcha en tu voz sigue quemando.

 

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A MÍ NO

Por Marcelo Juan Valenti

 

No, a mi no me gusta el fútbol.

Raro.

Le gusta a todo el mundo.

Más que gustar, apasiona.

Como una pelota de cuero, vienen rebotando los recuerdos.: una constelación confusa de nombres. Malos y buenos jugadores, ascenso y descenso de equipos. La palabra foul, que los periodistas pronuncian faul, debería ser fault  y yo siempre entendí faun. La inquietud previa a los clásicos, las tablas, los mundiales.

Todo, todo, todo ese mundo cubierto por el color rojo de la pasión. De la pasión de los otros.

 

 

¿Qué es eso que no me hace “clic” cuando de fútbol se trata?

 

 

Mi padre….es presidente de un club de fútbol. A él le gusta. Como a mis dos hermanos mayores, como al menor. Incluso a mi madre le gusta el fútbol. Es hincha de los eternos contrincantes del club de mi padre. Las discusiones entre ellos, a veces, eran acaloradas, discutían por el fútbol, en lo demás se entendían.

 

 

¿Será una falla en la transmisión genética?¿O uno de mis progenitores esconde el alevoso secreto familiar de un tío abuelo al que no le gustaba?

Que no le gustaba el fútbol, claro.

Como a mi.

Como a mi no.

 

 

En mi memoria con forma de fútbol, viene la primera vez que mi padre me llevó a la cancha. No era todavía presidente,  pero ese ya era SU CLUB. Porque…..la gente adopta desde y para siempre un club, ¿no? Estaba….él estaba, feliz. Un nuevo hijo al que le abría la puerta al mundo de los colores propios. Esperaba reeditar el éxito obtenido con los dos mayores.

La cancha me pareció inútilmente verde, la gente gritaba, tuve ganas de orinar cuatro veces. Esos muchachos corrían ahí abajo, atrás de la pelota. Me entusiasmado padre me preguntó no sé que cosa que no entendí y que debo haber contestado con un disparate porque, por una vez, salió de su atmósfera y me miró azorado. Mis hermanos también me miraron de reojo……Creo que todos los que estaban cerca miraron….pero puede que se tratara de una impresión.

Volvimos a casa.

-¿Te gustó?

-No.

 

 

Me llevó varias veces esa temporada. Luego repetía la misma pregunta. Recibió siempre un no. Desistió.

 

Algunos domingos después de la capitulación, cuando padre y hermanos se habían ido, mi madre,  me dijo, en el mayor tono posible de complicidad.

-Hoy te voy a llevar a un lindo lugar. Vas a ver que eso si te va a gustar. Pero….apurémonos.

Y me llevó……a un partido, pero en su club.

Con el transcurso de los años, no logro dilucidar a quien espanté más. Mi pobre madre querida…..ella también tuvo su no.

El problema no pasaba por la elección del cuadro. Era el fútbol. A mi no me gustaba. A mi no.

 

 

Aquel domingo perdieron ambos equipos. Sobre la cena campeaba la indignación. Solidarizados, los dos bandos, comentaban los mutuos malos desempeños.

En un momento en que se creyó resguardada de toda indiscreción, mi madre cuchicheó

:-Anselmo, tengamos otro hijo.

Los espié por el rabillo del ojo izquierdo. Ambos me miraron.

 

 

El horror no podía ocultarse para siempre. Un rumor, solapado, estremecedor, circuló en la familia.

-A lo mejor lo de este chico es el básquet- dijo tío Alfonso.

-¿No ves que no le da la altura?¿Probaron con el tenis?- contestó tío Ricardo.

-Hum, no, este tiene cara de que va a agarrar de esos deportes raros que tienen los yankees- terció tío Hipólito.

Fue mi abuelo Ignacio al que se lo ocurrió preguntar:-Pero nene, vení para acá y contale al nono, ¿qué deporte te gusta?

Me encogí de hombros. ¿Estaría esperando un deporte por nacer?

No, yo nací para ……una suerte de deporte milenario. Al año siguiente, en la escuela, aprendí a leer. Y no me detuve nunca.

 

 

 

Pronto aprendí que lectura y fútbol no casaban bien. O no casaban, directamente.

 

 

Ya sé cual va a ser la objeción a las dificultades del maridaje que acabo de enunciar. Decenas de autores han escrito centenas de cuentos sobre fútbol y otros deportes. Desde libros abiertos avanza una caravana de escritores que llevan en la mano  una  lapicera y una pelota en el pié (o la hacen rebotar con la mano libre). Fontanarrosa viene a la cabeza de esa procesión.

Le he contado esa imagen a mi analista. Me contestó.-Pero por favor. Eso es literatura.

 

 

La escuela trajo a la tierra el paraíso. Y también el infierno.

 

 

Porque si la inercia o la astucia me dictaron una respuesta a la infaltable pregunta de mis compañeros.-¿De qué cuadro sos?, a lo que invariablemente respondía con el nombre del equipo paterno, era claro que algo me pasaba. No comentaba los partidos, no sabía nada de los jugadores, no aceptaba ninguna invitación a jugar a la pelota.

Algo me pasaba, sí, era que a mi no me gustaba, nunca y bajo ningún concepto, el fútbol. No, no me gustaba. A mi no.

 

 

La adolescencia trajo algunos cambios. Mi madre nos dejó. En sus escapadas, siguiendo a su cuadro, conoció a un hincha de sus mismos colores. Creo que, a diferencia de con mi padre, con este nuevo compañero coincidía en tema fútbol y nada más.

Ángel, el hermano menor de mi padre, se casó con una psicóloga.

Una de las primeras cosas que le escuché decir fue:-Ese chico necesita terapia.- lo dijo cuando le contaron que no me gustaba el fútbol.

Mi padre decidió aceptar el consejo de su nueva cuñada. Yo iría para solucionar el problemita ese, de mi desinterés deportivo, pero también como portavoz familiar del fracaso de su matrimonio.

Así llegué al diván de mi analista.

 

 

Es probable que te preguntes que hacía yo en todo ese tiempo que los demás dedicaban al fútbol.

Debo confesarlo.

Yo….yo leía.

Bueno, ya está. Ya está dicho.

Yo leía con desesperación. Con hambre, con furia. Seguía la obra de un autor, me dejaba llevar por título que me tentara, me guiaba por criterios que me apresuraba a romper. Leía libros que me remitían a otros. Leía, leía, leía, hasta transformarme en un monstruo, en un ermitaño, en un cíclope. Leía de día, de noche, en los bares, en la cama, en el baño. Leía hasta que me retaban, me echaban, me despertaban del sueño resplandeciente de los libros.

 

 

Polaroids. Mi padre y mis hermanos se van, como todo domingo, a la cancha. Me quedo solo. Leo.//Salimos en familia. En todas partes , se abre un ojo malicioso. Es ese. Es al que no le gusta el fútbol. Otras gargantas ahogan exclamaciones.// Fui el primero en aceptar la invitación de mi madre para conocer a su novio. ¡Pobre tipo! Buscó la complicidad haciendo bromas sobre fútbol, que coronó con un:-Vos sos de la contra, ¿no? Vi el rostro desfigurado de mi madre, mientras yo contestaba:- No me gusta el fútbol. Ella murmuró:-Pero si te dije. Él:-Ah, ¿era este? Ambos me miraron desolados. Fue difícil remontar esa noche.

 

 

Cuando sobrevino la lógica separación de bienes, todos los varones nos mudamos a una casa cercana a la cancha.

Mis hermanos repetían:-Viejo, buscate una mina y dejate de joder.

Pero mi padre prefirió hacer carrera en el club, como vocal en la comisión directiva. Y no se detuvo hasta hoy, que ha llegado a la presidencia, aureoleado por una seguidilla de triunfos.

 

 

 

No, yo no me casé. Ocasionales candidatas me hablaban de…..fútbol. Así que, no, no me casé.

Tantas veces entré en el living de mi casa y encontré una apasionada discusión sobre fútbol. Yo, con un libro en las manos. No sé cual de las reacciones me ha lastimado más: la consuetudinaria indiferencia o las miradas recelosas, enmarcado todo en un silencio reprobador.

 

 

¿Cómo salgo de este gris laberinto, como los que les gustaban a Borges, aunque el adjetivo sea de Sabina parodiando a Almodóvar?

 

 

Con…la literatura, claro, que participa de la vida tanto como el fútbol.

Revisé mi biblioteca con método, con ansiedad.

Y encontré, en “Misteriosa Buenos Aires”, de Manuel Mujica Láinez, la vía de escape para esta historia. El ardid liberador está cifrado en el cuento “El ilustre amor”. Si se había animado Magdalena, la protagonista, con tan exitoso y elegante resultado, yo no me iba a quedar a la zaga.

 

 

Bajo la presidencia de mi padre, el club subió a primera y dos años después ganó el campeonato. Esta tarde celebran los triunfos con una gran marcha callejera, encabezada por jugadores y directivos.

Pasarán frente a mi casa.

Compré el equipo completo: camiseta verde, rojo y azul; pantaloncitos azules, medias verdes. Compré botines, negros. Una gorra, un redoblante.

Aguardo, así vestido y preparado, detrás de la puerta. Siento los cánticos, los gritos, los aplausos, los bocinazos. Ya están aquí. Salgo.

Al principio nadie advierte mi presencia. Comienzo a batir el redoblante y a cantar. Voy dejando de lado la timidez. Los primeros en verme son algunos hinchas, que entusiasmados me abren espacio en la marcha. Veo las espaldas de mi padre,  mis hermanos, los jugadores. Avanzo con el grupo y dentro de él. Logro adaptarme al cántico que entonan. Un pasillo se extiende en zigzag entre la gente. Paso junto a los primeros conocidos: unos ex vecinos que se codean con las bocas abiertas.

Mi gorra con los colores del equipo tiene cascabeles, sacudo la cabeza para hacerlos sonar, un extraño, incierto, incomprensible entusiasmo me va ganando. Cada vez que creo alcanzar el techo del volumen, me doy cuenta de que puedo subirlo otro poco. Nadie hace más ruido que yo. Cuando comprendo esto , he llegado a la primera línea de la marcha.

Mi padre me mira…..sé que no puede creerlo. Mis hermanos no entienden lo que pasa. Algún jugador, o miembros de la comisión, que me han visto fugazmente, pasa la información a los demás.

-Es ese, el otro hijo.

-¿Cuál?¡El que no?¿El que es famoso porque el fútbol no le interesa?

Llegamos a un cruce de avenidas, la marcha sufre una breve detención, un momento de fascinación ante sí misma. Aquí están los medios apostados. Doy un paso.

Cuando el movimiento se reinicia, yo voy encabezando. Las ventanas de los edificios se abren a nuestro paso. Llueven vítores y papel picado.

Cerca, cada vez más cerca, se recorta el estadio, nuestro destino

El ingreso semeja una interminable exclamación. Los jugadores van hacia el campo, los hinchas a las tribunas, mi familia hacia el palco oficial, al que se asoman como un grupo principesco. Yo no lo dudo, ocupo un lugar sobre el verde, junto a los deportistas.

En ningún momento dejo de agitar mi redoblante, de cantar, de agitar los cascabeles de mi gorro.

Pasan las horas, todo se atenúa, vuelve a sus formas, a sus colores habituales. A lo real.

Regresamos a casa en silencio, estoy agotado por el esfuerzo, la garganta rota insinúa que no hablaré más.

Llegamos.

Avanzo, como puedo, hasta un sofá del living.

Mi padre activa el contestador automático del teléfono. Hay incontables mensajes de mi madre, que lo ha visto todo por televisión.

No es la única.

Un semicírculo rodea a mi padre. Mi hermanos contestan sus celulares, son amigos y conocidos que no entienden qué me ha sucedido. Cuando se cansan, deciden apagarlos.

Más allá, la línea de cuñadas y sobrinos. Uno de esos niños amaga preguntar:-¿Pero no era que al tío……?

Una bofetada interrumpe la frase.

Todos esos ojos me observan, expectantes, como no han mirado ningún partido de fútbol.

Sé que no abandonaré más estas cuatro paredes.

Permaneceré aquí, ajeno, intocable,  incomprensible. Un objeto suntuoso, inasequible a la suspicacia, a la maledicencia. Atrapado, ante los demás,  por una pasión que jamás, jamás, jamás, he sentido.

 

 

-Pero dígame- la voz indignada de mi terapeuta me hace saltar del diván- ¿Qué pretende con esa descarada parodia de un cuento de Manuel Mujica Láinez?¿Superar sus traumas, sus conflictos? Pero…pero todo ese disparate, es literatura.

 

Y claro, si, es literatura. ¿Y por qué? Porque a mi no me gusta el fútbol. No. A mi no.

 

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ÁFRICA

 

¡África!

Los extranjeros te conocemos

tan solo de nombre y forma,

pues te hemos visto en los Átlas,

en la tele, o en alguna foto

de periódico o revista,

no sabiendo que en tus entrañas

tu volumen se oculta

siéndonos invisible a simple vista,

cual inmenso iceberg flotante

desprendido de un glaciar.

 

¡África!

Tu espíritu y tu esencia provienen

de los restos de grandes imperios,

Egipto, Cartago, Roma, el Islam,

Ghana, Malí, Songhay,

engullidos en las tinieblas,

perpetuados por unos pocos

que a pesar de los siglos

tu esplendor han sabido valorar.

 

El más conocido Egipto,

“Egipto, Don del Nilo”

dicho por Erodoto,

que nos estremece el oirlo nombrar,

pirámides, esfinges, dioses,

historias faraónicas y monumentos

que nos hacen vibrar,

a tal punto, que los codiciosos

han robado de tus entrañas

tesoros invaluables

que jamás podrás recuperar.

 

¡Oh África!

Sin inmutarnos hoy, observamos

la vasta extensión de tu desierto,

que milímetro a milímetro

te abraza sin cesar

y la tranquilidad del mismo,

que el extranjero expugna

con su gran Rally de Dakar.

 

La sequía de tu suelo es recurrente,

forzando comunidades a emigrar

en la lucha por buscar recursos,

provocando conflictos entre tribus

que de hambruna no quieren acabar.

 

Y… que decir  ¡Oh África!

de tu mayor flagelo, el “SIDA”

del cual sabes que es mejor callar,

aunque el terror esté en el ambiente

sembrando inquietud y soledad,

que ahora arrebata

la cuarta parte de tus vidas

y camino va a convertirse

¡en la mayor catástrofe

que vivido hayas jamás!.

 

¡África!

Siempre has sido blanco

de guerras que te abrazan

acabando con el acervo africano.

Niños soldados,

luchando y muriendo

en tus guerras olvidadas,

ésas que nisiquiera aparecen

en un pequeño breve

de una escondida página

de los occidentales diarios.

 

Inocentes, hechos un manojo de nervios,

con la mirada negra de angustia

bajo las bombas y proyectiles,

que con dura mano

causando espanto y terror,

empuña su propio hermano.

 

La catástrofe se abate sobre tí,

el mundo entero mira

cómo te desangras,

nuestras caras yacen inmóviles

aún viendo tus lamentaciones

que suben a lo alto de los cielos,

sin escuchar tu voz

ni volver nuestros ojos

hacia tí, para llorarte.

 

¡África!

La de los safaris,

la de exótica fauna,

la de grandes imperios

y monumentos históricos

tapizada por selvas,

sabanas y dunas doradas

que llegan hasta el mar.

¡Oh África!

¡Que olvidada del mundo estás!.

 

 

MARIA CLEMENCIA BOTERO YALI

Derechos de autor:  10-226-234

 

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POESIA Y E-VIDENCIA

 

En este rincón de alegría y humos de ensueño, dejados en la estacada por el amoroso Gustavo quien ha sentido la llamada del deseo de fornicar, marchando a Sicilia al encuentro de su amada, y creo que va  a pasar el mar Mediterráneo a nado o a pies juntillas, vamos a apretar el botón de arranque de la Poesía y E-Videncia, si se puede.

Es este un rincón cerca y lejos del circo político de los horrores y errores de nuestra vida. Pretendemos que este sea un remanso de poesía y de amor para realizar y contar nuestras historias mimadas, sensualizar nuestros sueños  de dulce hierba en interacción

con el contacto directo, sacando de nosotros lo pícaro que llevamos dentro.

Todas las cuartillas en sueños y tentaciones escritas y recitadas o leídas serán un día plasmadas en un libro.

 

Estamos cerca del Cementerio real y cementerio de la vida burgalesa donde esta semana han arrancado de su osario el cuerpo del Cid, montándole de nuevo en su “parda mula tan trotona como falsa”, que diría Eugenio Tapia, con una maleta en la mano, en cuyo interior se encuentran los huesos de Jimena robados al Monasterio de San Pedro de Cardeña. Hemos visto a la plebe que vitoreaba al Cid  con cara de sepulcro de los Escipiones encontrado en Tarragona, y con cara de sepulcros antropoides hallados en Cádiz  Por otra parte, oímos los aullidos de lobos gritando contra la Crisis de un gobierno que hiela la sangre, y a los representantes de Aborto Cero coreados por un ejército de fetos mirándose a los ojos de un psicótico. Llegando a la conclusión de que el gobierno ha llegado a un paroxismo demente, sin límites ni cordura alguna.

 

Mientras, en Roma, siempre al límite de la mística más turbadora, se santifica a un  tal Juan de Avila, mientras se escucha el lamento de un violón tocado por el papa en un intento de suicidio angelical como hacen los viejos en los geriátricos. Nuestro jefe de gobierno seduce con un sonámbulo caminar pues tiene la cabeza llena de pájaros El seduce hasta a la misma Merkel, enferma esquizofrénica, como él, amantes del futbol.

¡Qué triste vida para los sonámbulos del Euro¡.

 

Los presupuestos de 2013 están hechos de espasmo y convulsiones de degenerados que abrirán en canal al pueblo, que sufre en su rostro una cirugía facial abominable, producida por los lecheros que destrozan nervios, carnes, y astillan a los indignados los huesos. Estamos en las justas del Cid y del César Enano, en cirugía sádica de la religión y la impostura. El pueblo más decadente está adormilado y obligado al servicio de clérigos babosos, a quienes sólo les mola  los niños y las niñas, que les vuelven locos

 

Cuenta la leyenda que cuando un pueblo marcha hacia la miseria, aparecen blancos corceles y risueños jinetes entre la bruma a galope de falsos héroes de leyenda o de asesinos césares enanos, obligando a los silenciosos a besar el rostro de la muerte, que por eso callan y no se manifiestan estos muertos vivientes. Siendo la gran hazaña del  jefe, llevar al pueblo a engrosar las listas de Caridad. Cada cual arde en su propio infierno. No nos queda más que los pisos de citas y los confesionarios, fiados de monjes de hábitos prietos. No nos queda más que el hexasílabo de Iriarte, parafraseado:

“En una catedral

Una puta había

Que sólo follaba

En solemnes días”.

 

-Daniel de Cullá

 

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*Detrás de la ventana*

 

La vida está allí… detrás de la ventana.

Vuelan mariposas, hay perfume de lavandas.

El cerezo está cubierto, y florecen las retamas.

 

Que bello desafío me ofrece la mañana

Los pájaros que trinan, amaneciéndole al alba.

Y yo de este otro lado, apegada a mis sábanas.

 

Descorro las cortinas y se esfuman las nostalgias

los vidrios se traslucen, y los grillos que cantan,

la alondra se uno al coro, y la sinfonía se desata.

 

¡Cuántas veces quedamos! De este lado de la ventana

viendo pasar la vida, con una indiferencia que espanta

y el tiempo ¡TAN VELOZ! No perdona y nos mata.

 

Seamos protagonista de esta historia prestada

subamos al escenario a participar y ganarla

a esta loca carrera, de horas y de demandas.

 

La vida seguirá allí, pero desnudemos el alma

sobre la gramilla verde, asida de las nubes blancas

sintamos que vale la pena… vivirla con paz y en calma.

 

Aceptemos el desafío, y ganemos esta batalla

de no pensar en nosotros, cuando hay tantas desgracias

la sociedad necesita de seres “con almas blancas”.

 

(¿La vida? La vida es eso que dobla la esquina cuando suspiramos) Liby®

 

Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

Derechos reservados Nº 452298

libypoesias@arnet.com.ar

 

 

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VI

TE QUIERO como la tierra al río

y a la noche innumerable de silencios

como los días de esperanza te quiero

aunque por ello sufra el dolor de este planeta

Te quiero en el canto profundo de todas las cosas

te quiero sin desnudos

y cuando estás desnuda mujer    lejana y sombría

con tu vientre de futuro    te quiero

Sé que he nacido para el instante en que el destino nos vuelve locos

sé que tu amor    no es la cópula y el beso de los cielos solamente

 

Es arder contigo sin que las manos y los cuerpos

y el alma tengan que urdir un secreto

una palabra    un gemido

 

El amor es arder en ti    en mí    en nosotros

es besar la urgencia amorosa de tus labios

y la redondez citadina de tus pechos

es despertar en la calle de tus muslos

que saben que te quiero

y de tanto quererte    te quieren mis manos y mi boca

y la piel entera de mi vida    que esperan habitar en ti

las rosas palpitantes de tu cuerpo

te quiero

 

León Hernán (México)

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Textos escritos por María Isabel Bugnon

(Argentina)

 

QUIERO

 

Quiero tenerte

 A mi lado,

Colibrí que vuelas

De flor en flor,

Dejando la marca

De tus besos

En cada una de ellas.

Quiero atraparte

 Entre mis brazos,

No dejarte escapar,

Hablarte de mi amor,

De  los  sentimientos

 Que habitan

En mi mente.

Este amor me llena de felicidad,

Disipa el dolor.

Mi corazón es un

 Vendaval de pasión.

A pesar de la distancia

 Mis versos

Y tus letras  caminan

De la mano,

Nos roza el alma,

Acarician la piel

Y arrullan  nuestros corazones..

 

PAZ

 

La poesía y la paz

Van de la mano

Elevando amor y sueños.

Si la mente  de los poetas

No seria caudal  de versos

La poesía no lograría

Ser amiga de la paz.

La paz nos abre un mundo

De hombres poetas,

Los cuales  dejan

Que la poesía  se suba

A las nubes, galope por el universo

Para unir nuestras palabras

En un abrazo sincero

Recordemos que somos todos hermanos

Sin distinción de credo

Raza  o color.

Escribamos poesía s para

Que la paz resurja airosa,

Abra nuestras mentes,

Se instale en nuestros corazones.

El cielo se cubra de palomas blancas

Símbolo de la paz en el mundo.

 

                          CARTA DE AMOR

 

Te pido perdón por este silencio, pero no dudes

Que mi amor por ti sigue vivo,

Aunque aparente la frialdad  de la roca  o una falsa despedida.-

Mi amor se mantendrá en el tiempo  siempre con la prudencia, el respeto, la cautela, en un mirar silencioso.

Este corazón travieso quizás pretenda  abrigarte en esos días que te sientas solo y triste.-

Confía en este amor transparente, aunque la rutina amenace con ahogarlo.

Los días son interminables esperándote  pero sigo acá como todos los días, alimentando este amor  que una fría mañana del mes de agosto llega a mi, cual niño que habré los ojos a la vida.

Despliego mi corazón como si fueran las velas  de tu velero, cuando las acaricia el viento.

Es la primera carta que te escribo llena de amor y esperanza.

Dios quiera  puedas leerla amor mío, a pesar de la distancia que no me deja llegar a ti, yo te amo igual, nada ni nadie lograra cambiar  mis sentimientos, tu te mereces mas que una simple carta de amor.-

Por ahora te dejo mi humilde  pero inmenso y sincero amor, las ilusiones, anhelos  de un mañana juntos.

Recuerda que en esta tierra lejana siempre estaré esperando por tu amor.-

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Marcelo Juan Valenti

 

Inmediatez.

El horizonte al alcance

de la mano.

Plumas levísimas

del instante  necesario

para recorrer

la distancia

que casi no existe.

 

***

 

En sueños

se combinan cielos claros

con casas a oscuras,

como los pintó Magritte.

Un

paisaje

paradojal.

La contradicción se suspende,

al peregrinar

por la finura cromática

de la realización

del deseo.

 

***

 

 

Clásico el vacío,

clásico el silencio,

de esta tarde

en la ciudad.

El paisaje

es una voz

sorda,

que hipnotizó a los habitantes.

Cruzo,

con mutua sorpresa,

a los otros no convocados

por la pasión.

 

***

 

Bosque

de rectángulos iluminados,

que avanza

hacia

mi.

Soy aldeano

de una comarca

fugaz.

 

***

 

No te acerques.

El viento

sacude

las murallas,

habrá desmoronamientos.

A lo lejos

la planicie

se alborota,

interrogándome.

Si desconozco la respuesta

me devorará,

con glotonería de esfinge.

 

***

 

 

Ojos color sepia:

un paisaje de naranjos

se ausenta.

en el tiempo.

La exageración

de las pupilas

intenta el rescate.

Cuatro generaciones después

continúa

el extravío.

 

***

 

Está

en las nervaduras

de una hoja dorada,

en el pétalo de una flor

de interregno,

en el ojo nacarado

de un mosca, en los círculos concéntricos

que trizan al lago.

Cada detalle

alberga

intimidad de mapa.

 

***

 

Gritos

de protesta

en el jardín de los faisanes.

Me pierdo

en encrucijadas,

bajo árboles aromáticos.

Tu rayo

será la llave

de la plazoleta.

Todo me cubre

con ropaje de asombrado terciopelo.

 

***

 

Soy un vagabundo

escondido

en el territorio casual

de mis ojos

cerrados.

Oscuridad

es la palabra que me guía.

El panorama

concluye

en el párpado.

 

***

 

Vienen

de un mundo ajeno.

Para afianzar

su ser

han usurpado un vasto

espacio verde a los paseantes.

Observo,

mudo,

la mímica del juego.

 

***

 

Abandonado

en este punto geográfico

y a la espera.

El paisaje

son los otros,

las carcajadas y los gestos,

alguna canina perplejidad.

Cada parpadeo es una tijera

oxidada,

parcial

inútil.

La mirada

deviene

playa desolada y perpetua.

 

***

 

 

No alcanzo el horizonte,

tampoco el cielo.

Las islas están lejos,

nada detiene al río ni a las estaciones.

Es casi irreal

el cincel

de las hojas,

la demarcación cromática de las temporadas,

la incursión

indefinida

del viento.

 

***

 

Panorama

en el lenguaje,

en el trauma.

Cada complejo un risco,

una selva, un mar,

significantes.

Le temo al camino.

Muere

el paisaje

tras el vallado

del discurso en el diván

 

 

***

 

Salta

en su única pierna,

me conduce por los senderos umbrosos.

Mi secreto ha sido descubierto.

Las mariposas azules

crecen

conforme nos acercamos

a lo más profundo

del bosque,

no se arriesgan

a revolotear

sobre los acantilados.

Allí

reinan los lagartos.

El  recuerdo de nuestro paso

se perderá,

pronto,

en la memoria de una cascada.

 

***

 

Presencia

constante

del islote

frente a la felicidad.

¿Quién se atreve a nadar con tiburones?

Al cálido manto del agua

sucede

la frialdad de la tierra.

El paisaje

que otros ven,

me incorpora.

 

***

 

 

Archipiélago supérstite.

La ola

alegórica

se sacia

con la policromía

sinfín

de la materia.

Somos sutiles caramelos

que acicatean

a una gula

prepotente.

 

***

 

 

Asfixia nacida

en una casa sin ventanas a la calle.

Hacia el dibujo psicomágico

me llevó

la intuición.

Fallé.

Ningún alivio trajeron

los vitrales que horadaban

mansiones imaginarias.

El aire se precipitaba al cielo

desde el patio amurallado.

Así,

el país de la infancia no se abandona jamás,

cerrada la frontera

por la certeza de que para algunos

el  paisaje es imposible.

 

 

 

 

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“CARTA A UNA

AMIGA”

Mi querida Etelvina:

 

Luego del mal trance

por el que he pasado,

hoy puedo decirte

que me siento mejor,

el transplante ha sido

de lo más exitoso,

salvo algún detalle

me lo dijo…el doctor.

 

Vos me preguntabas

en que consistían,

los elementos puestos

en la intervención,

glándula de mono

y ovario de yegua,

que salvaron mi vida

me embarga…la emoción.

 

Después de operarme

no se que me hicieron,

ya no soy el de antes

que era propio, un rey,

los veo y me trepo

a algún que otro árbol,

y por culpa del ovario

me siento…un poco gay.

 

también te confieso

que tengo problemas,

al zoo no puedo

a mi nieta llevar,

el mono excitado

me tira besitos,

y la mona enojada

me quiere…pegar.

 

Hoy tengo otros gustos

como diez bananas,

me constipo todo

que le voy a hacer,

entre sueños veo

venir a mi encuentro,

a la mona chita

y a…Tarzán también.

 

Estoy en el trance

de ver lo que hago,

me crece el pelo

que es un horror,

me hice mil brushing

claritos y rulos,

la vieja me huye

y ya no hago…el amor.

 

Yo por este medio

les agradezco a todos,

los buenos deseos

y la preocupación,

Espero el alta

Y que me la firmen,

Para que no crean

Que perdí…la razón.

 

Sin más que contarte

te dejo Etelvina,

verás  que lo mío

no es fácil de llevar,

a veces por culpa

de la yegua que llevo,

me vienen los calores

y no me puedo…aguantar.

 

(un desvarío de) Boris Gold

 

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COLOFÓN

 

 

Por Viktor Gómez Valentinos

 

 

Dos piernas, dos rodillas, dos tobillos,
los dedos diminutos de los pies
que son tan parecidos unos a otros
y suman sus falanges en parejas,
los huesos semejantes, sucedidos
y su contaduría vertebral
para escribir el peso o el fulgor
son nómina y carbón en papel copia,
perfecta simetría con que el cuerpo
busca no estar tan solo y se consuela
del lunes y su abrazo envenenado.
Por eso se acompasa en paridad,
escruta sus meninges, sus alardes,
su tiempo entristecido y concluyente
y cuenta sus costillas mientras gime,
porque es inmensa la llanura sola
y el sol está tan lejos como el mar.
El día en que nos faltan los afectos,
palabras olvidadas como trébede,
justicia, lapicera o resplandor,
cuando estalla la flor de la torpeza
y aroma los manzanos al troncharse,
el cuerpo se conforma como puede,
busca su concordancia, su acomodo
para la ley de las compensaciones
y balancea su peso duplicado
por el estrecho beso de lo dual.
Tan sólo los impares desiguales
-el sexo, el corazón o la cabeza-
revientan en su plomo solitario,
reclaman con ardor para la sed
y exigen de algún modo compañía,
un canto en que se enreden otras voces
haciendo más liviano el universo.

(de La ausente, Cáceres, Diputación/ Institución Cultural “El Brocense”, 2004).

 

 

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26º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

26º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NªLXX de la 2ª etapa/01-08-2012

 

EDITORIAL LXX

 

Editoriales y editores en un mundo cambiante: el ejemplo de Esther Tusquets

Resulta evidente que las nuevas tecnologías están cambiando el panorama editorial en el mundo y, por lo tanto, la difusión de la literatura. Han abaratado la impresión de libros y los nuevos formatos tecnológicos permiten una mayor comodidad en el acceso a obras nuevas, pero también clásicas que, de otro modo, mediante la publicación en papel, serían de difícil difusión porque al fin y al cabo la mayoría de las editoriales son empresas que han de procurar rentabilidad. Las bibliotecas electrónicas por su parte están difundiendo obras que, de otra manera, no se podrían difundir de un modo tan generalizado. En muchos casos, los archivos de bibliotecas públicas y de centros culturales importantes permiten el acceso incluso gratuito a obras de todas las épocas.

A todas luces, se trata de un avance. Sin embargo, la frivolización de la cultura a través de una sociedad del espectáculo sin muchas referencias, la concentración monopolística de las editoriales que, hasta hace diez años, divulgaban la literatura pero que ahora se mueven por criterios meramente mercantiles y la crisis ponen en peligro las posibilidades de las que hablamos. Por fortuna están apareciendo pequeñas editoriales que priman la calidad sobre los beneficios.

Ya hemos hablado más de una vez de la responsabilidad de las empresas culturales en la difusión de una cultura que sepa compaginar las diferentes facetas a tener en cuenta: profundidad, análisis, calidad, pero también entretenimiento, ocio, belleza. No son elementos incompatibles. Una sociedad que aboga por marginar la cultura y la educación a sus mínimas expresiones está destinada al caos, al fracaso y a la frustración.

En este sentido, este pasado mes de Julio murió Esther Tusquets, responsable de la Editorial Lumen. Formó parte de una generación de editores que compatibilizan sus tareas comerciales con la escritura y la difusión de la literatura. Al igual que Carlos Barral, Josep María Castellet o Jaime Salinas, heredó una gestión cultural que tuvo que recomenzar tras la Guerra Civil y que avanzó hacia los cambios de la transición. España estaba inmersa en una dictadura, sin embargo y a pesar de las dificultades, entre ellas una ruptura generacional tras la Guerra Civil, surgieron escritores y artistas, pero también editores que realizaron una labor encomiable y comprometida, y que aportaron, además, una estrecha relación entre la literatura de España y la de América Latina.

Las nuevas tecnologías, en efecto, brindan no pocas posibilidades, sin embargo lo importante es la actitud, volver a la labor artesana, humilde en el mejor sentido de la palabra y cooperativa del trabajo artístico. No necesitamos bambalinas ni glorias histriónicas, sino una labor continuada para compartir cultura.

 

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DIECISÉIS AÑOS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Ahora que ya nada me embelesa,

ahora que asusta el trasiego por algo,

ahora, nudo de ombligo me suda afuera,

por donde antes entraba ahora yo salgo.

Todo termina y todo empieza,

recordamos aquellos dieciséis años,

 las edades se mezclan como una trenza,

paraíso y nostalgia de los dieciséis años.

Alabamos a la inquieta ciencia

en este trayecto con la soledad al lado,

creemos que la vida es lenta

pero es una bala perdida en su disparo,

tenemos mera conciencia

de aquello por lo que hemos fracasado,

un desayuno, quizá una merienda,

una cena me mata el talento sudado.

Alíviame tú, tú, con alegría completa,

alíviame tú, con tu sonrojo sagrado,

alíviame tú, con tu verdad pequeña,

y haz de mi tragedia borrón negado.

De niños vamos a la escuela

con la bata de hilo y el plumier usado,

de niños todo es risa fresca,

abalorio de juego, y cortados labios,

de niños, la gente de la calle te besa

entre inocente suspiro y pétalo arrancado,

vámonos, vámonos que empieza

la curiosidad hueca de mis trece años,

vámonos, aunque vengamos de vuelta,

que el viento viejo sabio dará bandazos

dando portazos en las puertas abiertas,

a cada vida ingenua dieciséis portazos,

cruel es la vida si ya tropiezas

con piedra en el camino que te hará blando,

cruel es la vida que empiezas

con la burla cruel del niñato amargo,

se me queda un dolor de sutilezas

que brota como flor de tallo largo,

se me queda un dolor donde empiezas

y acabas dejándote el resuello enjaulado,

la mala baba, la maldad me templa

aquella valentía por donde cruzaba ancho,

todo termina y todo empieza

en el oscuro invierno, al nacer hay llanto.

Todo termina y todo empieza

entre repetido almuerzo y el mismo cuadro,

Todo termina, todo comienza,

Todo queda en la ceniza de los dieciséis años.

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Tierra Roja

 

El aire se llenó de tierra roja, una enorme niebla tensa y purpurea que lo oscureció de pronto todo y que convirtió el sol en un enorme círculo anaranjado. El viento seco y ardiente empujaba aquella masa de tierra hacia el sur y nos ahogaba. Todos avanzábamos con pañuelos pegados a la boca y a la nariz que mojábamos en agua o en colonia para evitar que las granos de arena y de tierra nos agarrotaran todavía más los pulmones. Las calles de Bissau se llenaron de coches que circulaban lentos, en un caos absoluto que aumentaba todavía más la sensación de fin del mundo. Al menos es lo que sentí en esa mi primera experiencia de una tormenta de arena procedente del Sahara, que me hallaba a todas luces ante el final del mundo.

Nemas me tomó de la mano y me guio en un momento en que ya apenas veía porque los ojos se me habían tapado casi por completo debido a la irritación que me producía la arena. Manga de areia, me dijo casi en susurros. Muita areia, sim, la respondí. Llegamos por fin al barrio de Antula donde vivíamos. Me sentía cansado por aquella marcha de más de dos horas desde el centro, cuando aquella distancia la recorría en menos de una hora en condiciones normales. Entrar en casa fue librarnos del aire caliente, de la atmósfera arenosa, de la asfixia, del caos reinante por todas partes, un rincón de paz, pensé, que existe en todo infierno. Vi mi rostro en el espejo del cuarto de baño y comprobé que había perdido mi color bronceado aunque pálido pese a todo, ese tono de los blancos cuando toman mucho el sol apenas sin cuidados y se tuesta la piel sin estar del todo moreno. Ahora estaba mi piel enrojecida por el polvo desprendido por esa tierra rúbea que lo invadía todo ahí fuera y que se mezclaba con el sudor. Miré a Nemas que se había sentado en una banqueta del pasillo, junto al cuarto de baño, y la mezcla de su piel negra y el polvo purpureo le daba un aspecto misterioso, entre humano y mitológico. Deusa africana, murmuré, más para mí que para elogiarla, y ella me sonrió y sus dientes blancos y sus ojos grandes se remarcaron todavía más en medio de aquella piel que adquiría ahora un color extraño.

Tus ojos son estrellas

En la noche de tu piel.

         Eran versos de mi época de mal poeta. Sonreí al recordarlos, aunque no lograba rememorar el poema entero escrito, si no recordaba mal, para seducir a la bella bibliotecaria de la Universidad de Burdeos. Pero de aquello ya hacía mucho tiempo. No tanto en realidad, pero ya apenas recordaba el tiempo anterior a Bissau. Tampoco los quería recordar. Nunca tengas nostalgia del pasado, fue un consejo que me di en cada cambio de vida, cambio radical y necesario e incluso obligatorio por esa tendencia mía al caos no deseado, porque mi vocación no era en absoluto la de complicarme la existencia, pero acababa siempre embrollado sin solución y mi salida solía ser la huida ante una vida que se me caía en pedazos.

Maldita sea, pensé, incluso lavarme la cara se me vuelve un ejercicio de autoanálisis. Has leído demasiado a Jüng, farfullé cuando vi mi rostro ya más pálido, desprovisto del polvo rojo que se mezclaba ahora con el agua del lavabo. Salí del cuarto de baño para que Nemas pudiera lavarse y bebí agua mientras contemplaba a través de la ventana la calle. La luz de la tarde, por lo general radiante y clara, era ahora apenas una semipenumbra, como si estuviéramos a punto de la anochecida. Delante de casa no había coches, pero muchas personas parecían vagar, perdidas, tapados sus rostros por pañuelos tintados con el polvo rojo que inundaba todo el aire. El fin del mundo me pillaba en el rincón más recóndito del planeta, una esquina en la que me escondía de mi vida, aunque a ciencia cierta, me pregunté, no sabía muy bien de quién o de qué. O no lo quería saber. O me sentía incapaz de saberlo. Llevaba casi un año en Guinea, había llegado casi por casualidad, antes ni siquiera era capaz de situar aquel país en el mapa y ahora podía creer que toda mi vida había transcurrido en aquella caótica Bissau. La suerte o el destino, la voluntad divina o mis propias gestiones, tal vez la mezcla de todo ello, me habían permitido comenzar a dar clases de francés en una escuela católica y los padres de una alumna aventajada lograron la obtención de mis papeles que me brindaban no poca estabilidad. Era, bromeé, la vida al revés, un blanco que conseguía su residencia en un país perdido de África, y todo eso sin que me preguntaran mucho de mi pasado y menos aún sin que me acusaran de quitarle el trabajo a algún nativo deseoso, por otro lado, de emigrar a cualquiera rincón de Europa.

Nemas fue mi apoyo para aliviar la soledad. Aunque sabía poco de ella, ni tampoco ella sabía mucho de mí ni preguntó, en todo caso salía yo ganando, apareció un día por mi vida y se quedó a vivir conmigo. Nos brindábamos compañía, cariño y algo de sosiego, todo lo cual era sin duda importante. Mi vida por lo demás pasaba entre mis clases, la lectura que me permitían las respectivas y enormes bibliotecas del Centro Francés y de la Universidad Amílcar Cabral, con cuyo departamento de lenguas y letras colaboraba, y Nemas, mi tercera pata, las tres importantes, pero sobre todo ella por la acomodaticia estabilidad que me daba esa bella y misteriosa muchacha, aunque barruntaba que allí, en medio del barrio de Antula, sin ningún otro residente blanco, el misterioso era sin duda yo.

Sin embargo, la tormenta de arena me había despertado no poca zozobra, como si de pronto el caos que se producía fuera se reprodujera también en mi mismo, en mi interior, y me sacara de pronto las dudas que mantenía muy dentro de mí. Detestaba carecer de referencias, de estabilidad, de sosiego. O tener que huir de todo aquel caos. Mi vida era un trasiego cuando lo que había deseado toda la vida no iba más allá de la normalidad más absoluta. Cómo había acabado en ese rincón del mundo, qué estaba haciendo allí, por qué había estado deambulando de aquí para allá cuando lo que siempre había precisado era no salir de un mundo referencial en el que, sin duda, hubiera sido feliz.

Hubiera sido feliz, murmuré y entonces sentí la mano húmeda de Nemas que se posaba en mi hombro. Me habló de la tormenta de arena y me dijo que pronto acabaría, en dos o tres días. A ella no parecía impresionarle aquella atmósfera asfixiante ni esa tenebrosa luz que se había impuesto de repente por todas partes y que causaba un efecto enervante en la vida colectiva, aunque los habitantes de la ciudad parecían persignados a sufrir el ahogo del aire y la tensión de las calles.

Acaricié su nuca, su pelo rizado, su suave piel del cuello, la dulce textura de sus hombros, acaricié su barbilla redonda, casi elíptica, mientras surgía de algún recóndito lugar de mi memoria la causa que me había llevado a ese rincón del mundo, que me había hecho huir, vagar como Caín de un lado a otro, aunque protegido también por un distante Dios amparador. El tono rojizo de la tierra pugnaba por recordarme la sangre vertida, el crimen cometido, mi culpabilidad nunca reconocida y que ahora no quedaba más remedio que asumir. Vi mi reflejo en el cristal de la ventana y, al trasluz, me costó reconocerme.

Juan A. Herrero Díez

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ÍMPETUS

Por Rodolfo Leiro

 

Aquel paso jovial de adolescente

que tatuara mis ímpetus primarios,

en el plexo de ritos calendarios

y en tapices de sueño prominente;

un pañuelo de cuello, displicente,

clavel en el ojal, rizos plenarios

hurgando los carmines en glosarios

de besos en un círculo turgente..

¡Oh! tiempo de mi labio sugerente

para estallar la boca confidente

en el fatuo calor que me embargaba;

la respuesta cordial o ambivalente

no siempre fue ese guiño preferente.

¡Mi corazón aquel, fuego y aldaba!

Construido a las 18,35 del

30 de junio de 2012 para mi

Libro “Hebras de Plata”

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                   DAR/WIN

 

“Las mariposas oscuras sobreviven sobre las cortezas oscuras…

          las mariposas oscuras sustituyen a las mariposas claras…”

                                           Mahlon Hoagland, Las raíces de la vida.

 

 

Y si naces mariposa en Birmingham

-la terca vida impone sus reglas-

todo se reduce a adaptarse

o morir;

 

negras deberán ser tus horas

para la ilusión de la hora nueva.

 

El fósil árbol que te ampare,

el hollín en que te conviertas

 

tendrán el color de un cielo

que espera

 

Mariano Shifman

 

(Del libro “Punto Rojo”, Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires, año 2005)

 

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A Vicente Huidobro

 

 

 

Sobre “exhalar alondras como suspiros”,

enseñaba Vicente

desde su ingravidez,

desde su tanta altura.

 

Selectas alas tuvo

sueltas de ligaduras

velocidad de vuelo.

 

Sin áncora en sus letras

y jamás sumergido

en sombras submarinas.

 

Inventor de claveles

que en la mente se agitan

con brisas mañaneras

o en  lecturas nocturnas.

 

Van marcando caminos

lucernarios de tinta

universos de estrofas

que desfilan, etéreos

por todo el cuarto mío.

 

Por emigrar a alondra

suspire su poesía

volé, volé, volé

sufrí amnesia de tierra.

 

Ahora soy extranjera

y me duele horriblemente

la planta de lo pies.

 

Andrea F. Bermúdez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR GONZALO SALESKY

(EXTRAIDOS DE SU LIBRO: ATARAXIA)

 

SOMOS ESPEJOS

 

 

No seré un lobo perdido en las estepas

ni es tu deseo de almíbar mi destino.

Tampoco el sol deja ver las estrellas

si en cada lágrima no finges el olvido.

 

Como no queda ya nada en qué creer,

la vida pasa. No encontrarás tus sueños

porque en la noche en que ardió tu corazón,

no lo escuchaste. Sólo somos espejos.

***

 

DILUVIO

 

 

Una botella al mar, una plegaria…

es triste ver en qué me he convertido.

La sombra en los espejos, la espina en el ojal,

aquello que se lleva siempre dentro.

 

Un lápiz invisible o la tormenta

que encuentra su razón en el ocaso.

Allí, en la incertidumbre, te esperaré despierto,

sabiendo que me ignoras todavía.

 

Mi vida sin promesas se escapa

del lugar que ocupó desde hace tiempo.

Mi espíritu se queda sin aliento,

las ganas de volar pudieron más.

 

Hoy la distancia entierra hasta mi nombre

y al regresar parezco, más que nunca,

ese diluvio anunciado desde siempre,

aquella página que alguna vez fue tuya.

 

***

SILENCIOS AJENOS

 

 

Librando batallas que nunca fueron mías,

soñando que lucho contra tu ignorancia.

Pensando que -a veces- nada importa tanto,

callando lo que antes todos sostenían.

 

Volviendo a dudar de tantos presagios

y esculpiendo a gritos silencios ajenos.

Todo será igual, ayer o mañana,

si sigo, con fuerza, seduciendo espejos.

Si sigo nombrando mi culpa en el viento,

buscando tu abrazo por la madrugada.

***

 

MUY LEJOS

 

 

Me sentiré un idiota,

tu perfume se irá con el silencio

muy lejos.

Tus sueños se llevarán mi vida,

tu alma que buscaba utopías…

tu cuerpo, tan vacío de mí.

 

¿Paciente valentía

o luminosa sombra?

Tu espectro me condena.

Acorto las distancias

con otra gran derrota;

sé que no tengo pruebas

y que lejos, muy lejos,

se irá todo de mí.

 

***

TIBIEZA

 

 

Todo este tiempo, fugaz e interminable,

dejó mi espuma bañando tu guarida.

Descubriré mi ser en tus rincones,

ya no quisiera que sientas mi tibieza.

 

Me alejaré del vértigo y las dagas,

de la distancia que alega cercanía.

Más allá de tu silencio cómplice,

espero tropezar con la respuesta.

 

***

OCULTAR EL ALMA

 

 

La sed no es arte, sólo es lo que me queda

cuando no encuentro retazos en el viento,

pedazos de mi sangre,

mastines que velen en mi duelo.

 

Bajo la lluvia espera nuestro sueño

y el ansia de saber, mejor que nadie,

que los años pasan,

que la vida es esto.

Que todo es mentira y nada nos queda.

Porque es mucho más fácil

ocultar el alma que mostrarla a gritos.

 

Nada cambiará,

ayer o mañana,

si seguimos siendo tan poco,

tan grises,

embarrando espíritus,

volcando la luna en otros espejos.

 

¿Habrá salida eterna? ¿Llegarán

las hordas que presagian agonía?

Hoy el camino existe y es inútil,

me entregaré a una vida sin promesas.

 

***

GRIS

 

 

Olvido mis orígenes

cada vez que despierto.

Sueño destinos de grandeza,

victorias nobles,

épicas derrotas.

 

Pero de día, mi vida sigue gris.

A pesar del milagro y los naufragios,

mis cicatrices se cubren con silencio.

 

***

FUEGOS DE ARTIFICIO

 

 

Sin pasado ni memoria,

las máscaras son muchas.

Los fuegos de artificio disimulan,

esconden fiestas vanas,

vacías de sentido,

huellas de sangre borradas por el viento.

 

Segundo a segundo,

las pantallas hipnotizan.

Ahora somos una ciudad dormida,

un pueblo alienado

que sólo ensancha calles.

Derrumbando la historia

entre cejas hambrientas,

décadas tormentosas,

sombras entre recuerdos…

 

Ojos que miran, ardientes,

la pasión oculta de las víctimas.

¿Dónde fueron los gigantes? ¿Cuántas luces

partieron en una sola noche?

 

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Textos concebidos por Rolando Revagliatti a partir de “Rol de Cornudos” de Camilo José Cela, “El cuerpo lesbiano” de Monique Wittig y “La pipa de Kif” de Ramón del Valle- Inclán.

 

 

“ROL DE CORNUDOS”

 

 

A buscarse en la resumante especificidad

y exquisita consistencia

en tal constelación y refriegue

humanísimos

al principio aflora el acaponado

y florece luego el bragazas

y no nos damos cuenta y pisamos un poquito

al floripondioso cagón

 

Sí avisamos al de confiada evidencia:

en el fabuloso jardín no faltará el escamoteado

el fogueteiro, el gótico flamígero

en sus macetas, sin salirse, predestinados

retoñantes, en sus canteros, con las respectivas

y confusas o epigramáticas traducciones al

[pima-papago

al familia ges, al charrúa, al familia tupí-guaraní

en carteles retorcidos por el sol

expuestas las variedades a miradas

[serviocroatas y rumanas

y tropezones escoceses, indodravídicos y suahelíes

en venta, en alquiler y hasta en conquista los

[variopintos

hurtables, coleccionables

para eventualmente exhibirse en paquetas vitrinas

Aun el más suburbano

cada cual un espejo florido

hiperclorhídrico

inasequible al desaliento allí lo posee

si sociable, el jonjabero

(podrá con él reírse a sus anchas)

si conciliador, el krausista

si olfateable, el lavándula

 

Hay variantes de las variaciones

castizos desde luego muchos

y con motes tales: meapilas

(y van por lo menos dos con deyecciones)

nazi, ñiquiñaque, otorrinolaríngeo, por

    [usucapión

o prescripción adquisitiva

 

Ya lo veis, nadie podría quedarse sin alguno

nadie podría quedarse sin ser por accidente,

[alguno

alguno es vuestro o alguno sois

por transparencia o por desidia

o por tantas y tantas

hay que encontrarse

insisto, estetas

podéis recrear modelos, tomar de aquí y de allá

añadir, comprimir, suturar

 

Trazo para los cronistas este mapa gentil

conoceréis más tarde el exhaustivo

que encararéis lineal o atravesadamente

libres sois para pecar y comprender

(atados por vuestra inalienable condición)

sois vosotros mimados en este jardín interesante

que devino museo por el quiritario, el

[reconcomido

el susceptible de contagio de amor

el tránsfuga del buen sentido

para obsequiar a celosos y celados os

[recomiendo al ultra

(en dosis morigeradas)

el vivalavirgen (por ese no sé qué de equívoco)

el wagneriano (señero)

el xifoide (ver  página doscientos siete)

el yambo (ver página doscientos once)

y el zurriburri (ver página doscientos dieciséis).

 

 

*

 

 

“EL CUERPO LESBIANO”

 

 

Las ingles

en las encrucijadas

(y en la actualidad

de estas mismas arenas)

 

Los talones

por  preciosismo

de esos miembros del ala

a cargo de la ambulación

 

La sangre

por inherente a lo conectivo

entre las regiones convalidadas

por sus

secuaces representativos

 

La lengua

por desplazamiento de su población

persuadida de la necesidad

de los desmanes

 

El clítoris

por arraigo

la linfa

por sistema

las supuraciones

por energía

los brazos

por destino.

 

 

 

*

 

 

“LA PIPA DE KIF”

 

 

En este libro de lona

crea un circo

 

En este circo crea

y administra

su libro

 

18 poemas en la arena.

 

 

*

 

 

Julio 2012

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullá

POBRECITOS LOS MINEROS

 

Pobrecitos los Mineros

Que no os hacen ni puto caso

( Sois una mina de noticias

Una mina de enredos

Una mina de recuerdos y de datos:

“Ha estallado o reventado la mina”

“Lo ocurrido es un suceso grave

Que venía preparándose”

“Habéis prendido fuego a la mina”

Y entre el humo y las llamaradas

El recuerdo de Francisco Mina

Célebre guerrillero navarro

De la Guerra de la Independencia

Que se puso, más adelante,

De parte de los insurrectos mejicanos

Y habiendo caído prisionero

De la tropas reales

Fue fusilado.

Francisco Espoz y Mina fue su tío)

Las filtraciones de vuestro río de lucha

No minará el edificio

La lectura de vuestras proclamas

Irán minando, qué pena¡

Vuestras propias creencias

La enfermedad social

Irá minando, está claro¡

Vuestra robusta naturaleza

Pues estamos en una reino de Asnos

Vuestro espectáculo es grotesco

Y anima a los esbirros, sayones y esquiroles

A reír en vuestra cara y decir:

“Qué guapos aparecéis en la prensa

Y en los medios con la cara con carbón pintada

Qué lindos y qué majos

Qué de recuerdos nos trae

Vuestro teatro de calle con palos

Tirachinas

Y maderos incendiados

Qué sueño de barricadas

Y  escabrosas escalinatas

Estáis bajo patada de un Messi o Ronaldo:

“A por ellos, olé, A por ellos, olé…”

Vaya cagada, qué asco¡

O en la arena del ruedo embistiendo de la muleta

El rojo trapo

La Sociedad os mira de reojo, de largo

Al Vaticano les importáis un bledo

Y para el Capital sois escombro

Basura

En el espulgadero del Congreso

Ya veis: el mandamás de viaje

Al G-20 o +Río

Con amigotes y suscriptores

Invitados al Bono fullero entrando al trapo

El rey al entierro de un “Mahara”, Maharajá

Los príncipes tostando pan

Y llevando barquillos y obleas

A bendecir ante el altar

De San Antonio de la Florida

Que no el de Padua

Descifrando si la mandarina

Es la lengua sabia de China

O cierta clase de naranja

Pringaos, se están riendo de vosotros

A espuertas

Pensadlo bien

Vosotros que vais cayendo como Espronceda

A los 32 años

Fundad un partido político

Entrad en la Cofradía de los Vagos

Con paga vitalicia

No seáis tontos del culo

Que no os queda otra salida

Del túnel de la mina

Que meteros en partidos borriquistas

O tocando los horizontes del Asno

Llenad los conventos y seminarios

Y ya que no podéis ser futbolistas

Haceros pistolos o seguratas de supermercado

Pues sabed que otro mañana

Daréis a vuestros hijos hostias y palos

Recordad que el dios del Vaticano es don Dinero

Echad espumarajos por la boca

Que aquí lo que vale

Son los espumeros

Sitios donde se junta agua salada

Y se cristaliza o cuaja

Los campos de verde yerba

Donde rumian las Jumentas y Jumentos

Rebuznando “A por ellos”

O la chupa de la arena del ruedo

Estáis abocados a pertenecer

A la Real Congregación del Carajo

O haceros frailes o misioneros

Que hay que “evangelizar esta España de exterminio

Falsa, adulterada

Degenerada de su origen verdadero”

Como cantan de clerecía los sermones

Y en las campanas los badajos

Porque si no os veo

Entrando en las Casas de Acogida

O guardar cola

En los comederos solidarios

Espurreando, rociando con un líquido

Expeliéndolo por la boca

El no querer bajaros del burro

Bajaros, pues ¡

En pocos días seréis testigos eficaces

Del carisma profético

De vuestra fidelidad al Capital:

Seréis beatificados por el Papa

Y el mismo banco ambrosiano os canonizará

Saldréis todavía más

En todos los medios

Con cada uno de vuestros puntos diversos

O de la serie de cuestiones relativas

A un mismo tema

Que se ponen a la deliberación

De un concilio

Escribiréis el segundo Capítulo

Detrás de los Altos Hornos de Vizcaya

Y los Astilleros de Sevilla

Por eso

Trepad, os digo,  a los bancos del Congreso

O al paraíso clerical

Desde las orejas largas hasta el rabo

Todo está atado y bien atado

Y a disposición de los Asnos

El Rebuzno está limitado por Decreto

Reflexionad que el trabajo que más vale

Es el de los vagos y maleantes con dinero

Y el divertimento más bueno

Reír y gritar borrachos

Las patadas a un balón

O ver morir al Berrendo

Toro manchado de dos colores

Por la espada acribillado

O creer en fuegos fatuos

Y cantar saetas

Vais y vamos  de culo, hermanos

Quedando con la gloria de recoger el testigo

Del espectáculo

Y aprender que el Rebuzno que más vale

Es el Rebuzno por las urnas avalorado

No os veo con toga, corona

Ni cerquillo ni charretera

Galones ni fajas

Yo os veo de guardaespaldas

O seguratas en supermercados

Y lo más seguro

Gracias al préstamo del Banco de Europa

En la construcción que ya reclaman

Las ciudades, las villas

Los cortijos, las aldeas

Y piden a gritos

Los grandes Asnos de nuestra Tierra

Cultivad las propias facultades intelectuales

El trato social

Y aquellos conocimientos

Cuya posesión pule y afina el carácter

Los sentimientos y los modales

Con cultura de Asnífluo estilo

Rebuznad, pero Rebuznad

Que lo pide el verde césped del campo de fútbol

Y la arena de toriles

En el redondel del taurino foso.

 

-Daniel de Cullá

 

***

 

CASTING EN LA FACULTAD DE ECONOMICAS DE LA UBU

 

Jesús y Yo

Ayer fuimos a un casting

En la Facultad de Económicas de la UBU

Invitados por Lucía

(Qué bella y maja Lucía

Qué yogurcito

Cómo me gustaría yacer con ella

Besar el cielo de su paladar entre cuatro labios

Tocar su campanilla

O picha de las chicas a sagrario

Haciendo música

El Santa Lucía napolitana

Con rasgueo floreado

Una vez que haya salido el dedo índice

Del cuajo

En su Trompa de Falopio tocando

Y estrellando mis dos huevos

Con canuto de capullo labiado

Rompiendo la lechetrezna contra el sarro)

Más hablemos del casting

Veamos:

El director de escena

Un chavalote de Xixón muy guapo

Nos dice que tenemos que hacer

De amantísimos esposa y esposo alternando

Mientras nos graba una cámara

Sin pìlas, creo

De tres perras a cuatro

¡No importa¡ pues nosotros dos tenemos chispa

Para esto y otro tanto

Comenzando Yo como amada esposa

Y Jesús como el Amado

Y sabed que estoy esperando intranquila

Pues soy una selosa muy selosa esposa

Y el se tarda demasiado

Acabo de plancharle el calzoncillo

El pantalón y un saco

¡Cómo me gustaría plancharle el rabo

A este hijo de la gran puta

A quien yo amo

Que hoy de seguro

Ha vuelto a hacer de las suyas

Apuntándose horas extras en el nabo

Y no me valen las excusas del fútbol, los toros

Ni en la terraza la cerveza y el tabaco

Que mi Amado es un grandísimo putero

Un mal nacido y cabronazo

Que por eso mi suegra me dijo un día:

–      Este hijo mío, hija mía me nació retorcido

y lo primero que enseñó naciente, ¿sabes?

Fue el pito

Mi Amado es pescador de coplas

Tiene el carnet de Medio Ambiente

Para pescar en los ríos y en los charcos

También trabaja la forja artística

Que por eso me la metió doblada

E hizo que el palomo de hierro que le chilla

En la punta del capullo

Me echara su lechada

Para poner mi tripa así de grandota y basta

Como veis

Mi madre ya me lo advertía:

-“ No te cases con ese hijo de la gran puta

Que te la meterá doblada”

-“Madre, yo le replicaba

Quiero un hombre que me haga sufrir

Que me haga llorar

Que me enseñe con la polla

La tabla de multiplicar

 Y que me haga un revuelto de huevos y seta

Entre las bragas”

-Pues ajo  y agua, hija mía

A joderse y aguantarse

Que a la campana de la Catedral

Se le ha caído el badajo

Y está soñando en tu vientre de niña

El príncipe con el que follabas

Pero qué indignada estoy, vaya

Mi marido no se merece tanto

Él es un boyero

Desde San Miguel a Mayo

Pero yo deseo su leche y savia

Para mi yerba y buen tempero

Que sabéis que por Mayo, era por Mayo

Cogí la ganancia y hoy volveré a ganar

Otra soldada por el ano

Porque a mi Amado no le gusta

Metérmela preñada

-“ Dios te guarde, hija mía

Recuerdo otra vez las palabras de mi madre

Y yo le respondía:

“Madre, si no eres de Glande”

Brama la vaca que llevo dentro

Y hace mucha prisa de los huevos

Al hígado

Pienso en voz alta:

Cabra sido, cabra sido

Mi marido fue al trabajo y no ha venido

Cabra sido el muy cabrón

Más, silencio

Que ya se acerca mi Amado

Jesús:

-“Hola, mi amada esposa, querida

¿Qué tal te lo has pasado?

– “Pues ya ves, hijo de la gran puta

Caracola, calvorota, cabezón fetal

Aquí tirando sola

Para tenértelo todo preparado

Planchada tu muda

Y la comida en el plato

Como puta por rastrojo

Y en Cuaresma

Mientras tú, putero de mierda

Siempre estás de Pascua

Malnacido, narizotas, carabobo, chupacrabas

¡maldita sea¡, tienes carmín en el cuello la camisa

Y estos pelos de pubis de puta

En la bragueta, mira

Además, das matraca a las del Carmen

Que por eso te llaman

“mudado de polla”

Eres un ladrón de conejos

Una raposa

Eres un potro cordobés en Burgos

Con ese tu potranco caño

Que echa leche por la boca

Y das nombre

A la plazuela y barrio de Córdoba

Que por eso cuando bajas a ella

Las sultanas  todas putas me cuentan

Que eres taimado y fino bellaco

“Es del Potro este marrano”

Tienes la polla atada a la escabrosa tahona

Con tu babear en mi linda Raja

Has hecho astilla de Castilla en Ascuas

Que por eso eres de Segovia

Pero ahora te vas a joder, mamarracho

Porque mi fruta de la India

Provocativa a lujuria

No la vas a comer

A no ser que quieras la erección alegrarte

Con piñón a Ojete

O caracol, o cantárida

Déjame entre las manos

El asnífluo discurso de tu polla

Que ahora, ¡vaya gracia¡

Encima debo de estar contenta

Pues tengo una fuera y dos adentro

– ¿Te has tirado un pedo, macho?

 Pero qué haces tío guarro

Qué asco, qué olor

Mal venido

Mula galiciana, Asno bien falso

-Mira, querida, a pedo galiciano con la polla en la mano

 Callan y se escucha esta canción

en un móvil sonante:

“Al coño voy

Del coño vengo

Sino son amores

No sé que tengo

Ando en Burgos

Fiestas patronales

Con mi ballestilla

De cazar pardalas”

-Valiente pardal eres tú, hijo de la gran puta

Alcaraván que metes la polla

Entre los cuatro labios de la Vulpeja

Y, ni corta ni perezosa

Yo con la plancha ardiente en la mano

Voy y le plancho la erecta polla

-Ay, gritó Jesús, el Amado

Haciendo verdadera la sentencia

De Eurípides, poeta griego:

“Reniego de la puta

Que para sí no es puta”.

 

-Daniel de Cullá

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por María Isabel Bugnon

Guitarra

 

Esa mujer legendaria,

Que paso como una heroína

Imaginaria, yace  dormida

En un rincón de mi cuarto.

La guitarra, fiel  compañera

De alegrías y tristezas.

 

Ya no despliega su ternura

En suave armonía,

En su momento fue lira

Que mis alargados dedos

Pulsaron fecundando

Esas fantasías de amor y placer.

 

Fuiste la amiga inseparable,

En esos momentos en donde

La inspiración  se adueñaba de mí,

Tus acordes melodiosos arrancaban

Versos  que quedaron escritos

En blancas palomas con tinta de luz.

 

Dios y rey

 

Dios entre los dioses,

Rey entre los reyes.

Eres esta loca pasión

Que enloquece a mi corazón.

No me conformo con amarte,

Aunque la distancia nos separe,

Las letras siempre nos unirán,

Es tanto el amor que siento por ti

Que mi corazón brinca de júbilo.

Aun sin tocarte, Sin  verte

Llenas mi alma de locura y pasión.

Este loco amor es brasa encendido,

Luz en la oscuridad, sol  de la mañana.

Haces que el viento eleve mis pensamientos,

Los deje volar  buscando esa lejanía,

Ese embrujo de amor un poco loco y bohemio.

Eclipse

El corazón en llamaradas,

Los pensamientos,

Acarician sin tocar,

Perciben el fuego de tu piel.

Eres como las olas  del mar,

Cuando embravecidas se acercan

y se van.

Eres turbulencia, un  loco frenesí,

Deseos de amar.

Eres como un tsunami arrasando

Las costas vírgenes.

En tu rostro  se deslizan

Lagrimas de placer, alegría.

Eres la fresca mañana

Que junto al trinar de los pájaros

Embelezan mi corazón y mi alma.

Los gemidos son el eco de sensaciones,

Como si fuéramos animales salvajes,

Fusionados tú y yo en un eclipse

De locura y placer.

 

 

 

En el taller

 

En los talleres del universo,

La brisa va tejiendo

Con luz de luna

Este amor que crece día a día.

Dejando estela de estrellas

Sobre las mansas aguas

Del río, van  acariciando

Sutilmente las barrancas

Del Paraná.

Los camalotes  río arriba

Van llevando mis sueños

Dormidos en la flor del Irupé

Que danza en un murmullo de quimera.

Entre  cortes y quebradas

Nunca  me arrepentiré

De haberte amado tanto.

La tristeza de tu olvido,

Laceró mi corazón,

Sumiéndolo en un doloroso llanto.

Te vi bailar aquel tango,

Con cortes y quebradas,

Tú estampa arrabalera,

Cautivo mi corazón.

Esa noche entre cortes y quebradas

Te entregue mi corazón,

En ese rosal de amor, fuiste  el colibrí

Que libo el más dulce perfume a mujer,

Para después echarte a volar.

Fuiste en busca de otra flor,

Embelezándola con tu hermosura,

Haciéndole creer en un amor engañoso.

Ten cuidado, que  entre cortes y quebradas

Encontraras una  falsa pasión,

Allí te adras cuenta  que te llego

La hora de pagar tanta traición.

***

Señor, ¿un ramito de rosas?

 

Desde que su mama emprendiera ese largo viaje sin retorno, vivia con su papa y la nueva pareja.

Era muy niño cuando empezó a recorrer las frías calles de su ciudad ganándose la vida  con sus ramitos de rosas.

Ese día como todas las mañana se levanto de la cama  con las sabanas sucias con olor a humedad  que dejaban al descubierto  que hacia muchas semanas  que no se lavaban.

Fue al baño, se lavo la cara, el espejo  le devolvía un rostro curtido  por el frío de los inviernos.

Sentía una sensación rara en su cuerpo, como si algo pasaría, el  grito de su padre  diciéndole ¡dale,  apúrate, que  se te hace tarde! Lo vuelve a la realidad, tienes que vender todo lo que llevas en la canasta vago y no pierdas el tiempo  haciendo relaciones  publicas que no estas para eso, si no para traer el sustento diario para tus hermanos.

Termino de asearse ,toma  su canasta  llena de ramitos de rosas  salio rumbo a la terminal de colectivos, en  el trayecto  fue vendiendo  los ramitos, los  ofrecía al caballero  sentado en la mesa  del bar quiso tener  una atención con su ocasional compañera.

Cuando llego a la terminal  ya tenia la canasta vacía, la dejo como al pasar detrás de uno de los bancos  allí existente,subio al micro ,miro con algo de nostalgia por la ventanilla  la ciudad que lo había visto nacer ,esas calles que recorría día a día  con un dulce silbido colgado de sus labios .

Emprendió un viaje sin saber a donde iba, en  sus oídos todavía  resonaban las palabras de su padre ¡No vuelvas hasta que no vendas todo!

Hoy Martín es un niño  de la calle, deambula  de ciudad en ciudad, durmiendo en el banco de alguna plaza, la luna y las estrellas lo cubren con su manto de luz.

El sol de la mañana calienta sus manecitas  curtidas por el frío.

Así vive martín, en la calle, con todos los peligros que ella alberga.

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Elsa Solís Molina

 

El elegido

No todos fueron historia, ni valientes ni elegidos. Algunos montaron barcos, huyendo hacia otros caminos….
Padres hubo que la historia de una España valerosa, no los tuvo en su destino… Barcos con niñatos recios, para juergas , sol y vino,
exportaron subrepticios, a cobardes mantenidos….Por eso brilla fulgente, La historia del elegido, junto a soldados valientes
que aceptaron su destino ….Y el mismo Miguel  relata, en alta voz y sonido, “Aquí echaremos raíces,”·(fué su muerte y su destino)
Y es el orgullo de ESPAÑA, su valor fuerte y perenne, “Y la muerte se sintió, orgullosa de tenerles”

***

 

 

Casa vacía

Casa vacía, paredes que el muzgo ganó y siguió creciendo dentro de dos almas separadas..
Risa que quedó vibrando entre lágrimas ocultas…¿Será más valioso el ideal ? ¿O el amor que la risa eleva,
o el brillo de su mirada…que solo quedó en el recuerdo de la soledad elegida?
Pero el alma, puede viajar y llevar  consigo los recuerdos mutuos que se esfuman
en el abrazo de los sueños…Sólo detrás de los montes solitarios o entre las rejas de su celda,
percibe el brillo de sus ojos, el perfume de sus besos, la cárcel de su renuncia….
Y aunque su ideal lo sostiene, Sólo la muerte, será su compañera.

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Jordi David Abellán

 

 

Romper

Yo quiero romper con el pasado y encontrar cosas nuevas ha hacer. No quiero lastimarme con las púas de las zarzas que han crecido en el camino descuidado de mi vida. Estoy harto de tanto no hacer. Quiero mas “me gustaría conseguir” desearía llenar mi vida con experiencias nuevas y enriquecedoras. Basta ya de remordimientos sobre un pasado que ya no puede volver por mucho que quiera que fuera otra vez presente. No puedo resignarme y sentarme ha esperar que me toque la lotería hasta para eso hay que moverse por que sino vas a buscar el boleto no te tocara nunca. Pues en la vida es lo mismo hay que ir a por ese boleto ganador y solo se puede ir actuando en tu vida. No se puede esperar que otro te lo traiga eso no es vivir es derrochar tu tiempo en pos de algo que sino te motivas no se hará realidad en tu vida. Para ganar hay que apostar y ese apostar quiere decir que tienes que andar cayéndote y vuelta a levantarte así es la vida una apuesta al caballo ganador pero no sabes a ciencia cierta si será el tuyo hasta verlo cruzar la meta o metas de tu vida.

 

Y ahora digo no

 

No no pido sueños inalcanzables. No es fácil créeme decidir por mi mismo pero considero que  tengo el  derecho a ser feliz. Primero yo y por siempre quiero ser yo lo mas importante de mi vida  Ya no quiero mas sueños dictados por otros. Ahora soy primero yo.

Y ahora digo no,  no ha esperar que los otros decidan por mi  por primera vez primero yo ya no quiero mas dueños solo uno solo yo. A partir de ahora en adelante primero seré yo y no una replica de lo que desean que haga con mi vida por mucha buena fe que pongan en pensar por mi.

 

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20º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIV de la 2ª etapa/01-02-2012

 

EDITORIAL LXIV

La sociedad del espectáculo: el deporte

 

 

A nadie se le escapa que el deporte en general y el fútbol en particular se han convertido en fenómenos de masas. El espectáculo mediático se extiende a todo el planeta y los futbolistas son hoy los héroes globales conocidos en el más recóndito de los lugares. La liga española de fútbol se sigue por todas partes y el clásico Real Madrid – Club de Fútbol Barcelona se puede ver gracias a los medios de comunicación con verdadera pasión. Por su parte, los Juegos Olímpicos son un espectáculo que atrae la atención de millones de personas cada cuatro años y llegó a ser, en plena Guerra Fría, el escenario donde se exponían los dos modelos en liza.

 

No podemos negar que en el deporte es posible apreciar muchas de las características de los héroes clásicos: tenacidad, confianza en uno mismo, fidelidad hacia los correligionarios, nobleza, respeto por el contrario, generosidad, valentía. No sería descabellado convertir el deporte en objeto del arte y de la literatura, de hecho lo ha sido y lo será.

 

Sin embargo, el deporte se ha convertido, como todo en el capitalismo moderno, en un espectáculo, fuente además de inmensos ingresos. Y al final hay una saturación tal debido a que es imprescindible rentabilizar las inversiones que mucho nos tememos que acabe por hartar. Muchos de nosotros crecimos con las competencias futboleras de fin de semana mientras que ahora tenemos partidos día tras día, e incluso mañana y tarde, única manera de que la publicidad, puntal de los beneficios, permita afrontar lo gastado en jugadores por los que se pagan cantidades imposible de conseguir en dos o más vidas juntas. Los Juegos Olímpicas, por su parte, devienen en el reclamo de pingues beneficios especulativos, como bien lo saben ciudades como Barcelona, Los Ángeles o Río de Janeiro.

 

Madrid se ha lanzado a la carrera por conseguir los Juegos de 2020 y ya nadie se sorprende por ver grandes empresas participando del negocio. Como suele ocurrir en otras esferas, el arte se diluye cuando los juegos de artificios se vuelven más y más espectaculares, tal vez porque con éstos se intenta disimular la mediocridad de aquel, por mucho que nos quieran sorprender las marcas conseguidas. Mediocridad decimos porque el exceso de entrenamiento y la hiperespecialidad convierte al deportista más en una máquina que en un ser humano con rasgos heroicos. Y con ello se diluye lo artístico.

 

El deporte es también una expresión social que como el arte y la literatura beneficia a quien lo practica y deleita a quien lo contempla, pero embrutece cuando busca incorporarlo a un sistema basado en la búsqueda del beneficio desmesurado. Y duele que el capitalismo vuelva el deporte en algo pasivo y sin alma. Como la vida misma.

 

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ATENCIÓN AL CLIENTE

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Llamo a la realidad de tu sociedad anónima,

Señorita teleoperadora,

Pudieras ser señora resucitada hoy,

bruja, ángel, zafia, mujer casada en la rutina,

Pudieras ser la línea seria de mi verdad,

Pudieras ser una voz vacía más,

la dosis de opio en el que acurrucarte.

Usted me dice: Dígame su nombre,

solamente para dirigirme a usted,

la duda es siempre una pregunta,

la respuesta tiene siempre su gracia.

Me llamo Cecilio y estoy a dieta,

la dieta que conduce a la infeliz salud,

Dígame su DNI, su nombre y apellidos,

Le repito: soy Cecilio, ¿no me conoce aún?

Usted me dice: manténgase a la espera,

la eterna espera, sin el descanso,

espero al monótono hilo musical,

la musiquilla de juguete

que me diga: estoy ahí, aún no me he ido,

sin embargo, la espera es silencio,

el silencio es sorpresa, mudo silencio,

un largo silencio: ¿hay alguien ahí?

Me siento desangelado, solo, harapiento,

incomprendido y espero su regreso,

tarda y pesa la esperanza en el regreso,

La esperanza tiene su aquél,

Todas las chicas no son iguales,

Todas las teleoperadoras te harán esperar.

Las musas te reincorporan al lugar sagrado,

Si todas las musas fueran como tu esperanza

las teleoperadoras no me harían jamás esperar.

Las musas de ahora no son sofisticadas,

te señalan un camino en el eternamente beso,

en el beso ese, sin un triste final.

 

 

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Postnavidad

 

 

Las luces de Navidad seguían iluminando las calles, a pesar de que ya habían pasado algunos días desde su celebración y habíamos entrado en el nuevo año. Pero allí continuaban, aun cuando para la gran mayoría ya era un recuerdo, la última Navidad, apenas una sucesión de hechos repetidos año tras año, la cena de Nochevieja, los regalos, las reuniones familiares, los recelos disimulados, las conversaciones casi idénticas a las del año pasado, la imagen de la felicidad en los rostros, real en algunos y aparente en muchos. Disculpen mi tono sardónico, un tanto punzante sin quererlo del todo: no tengo buena opinión de la Navidad, a pesar de saber que hay gente que la disfruta, la entiende, le da un sentido. Para mí, ahora mismo, posee un fulgor triste. En realidad siempre lo tuvo, incluso cuando era niño y, sí, me gustaban los regalos, los esperaba, me entretenía escuchando la historia de Jesús, José y María, la adoración de los pastores y de los Magos, pero aun así no recuerdo que esos días me animaran mucho, más bien al contrario, entraba en no poca tristeza y cierta melancolía.

Ahora intento que no me afecte. Evito las aglomeraciones en los barrios principales, en las calles donde se concentran las tiendas, en las plazas, en los restaurantes y bares, en los cafés, evito por tanto a ese montón de gente que compra en los centros comerciales mientras que otro montón de gente, la que no tiene un chavo, la que no vemos salvo que seamos uno de ellos, lo mira todo con envidia y frustración, sin que las llamadas a la solidaridad sirvan de mucho, sin que nadie, esos días, recuerde que también hay que promocionar la justicia social, sea lo que sea eso (disculpen también el tono mitinero, pero a veces tampoco puedo evitar exaltarme con ciertos temas). Si no fuera la hermosa historia de Belén, porque es hermosa, yo así la encuentro, seguro que los centros comerciales inventarían algo en vez de apropiarse del mito cristiano. Pero me voy por las ramas, lo sé. Evito también las calles engalanadas con luces, me crean tristeza. Aunque me tienta, tampoco entro en ninguna iglesia. Una vez lo hice. Escuché los cánticos de una iglesia menonita, entré en ella y no puedo negar que me gustó lo que vi, pero luego, al salir, la realidad me devolvió a mi estado de ánimo.

Así que contemplar las luces aún encendidas en el centro, otra vez la dejadez del municipio que tal vez busca que se alargue el sentimiento navideño más allá de los días estrictos de celebración, me deprime. Había quedado con Susana en el Café Atlántico y pensé que el centro había recuperado la gris normalidad de una ciudad provinciana como la nuestra, pero no, allí seguían las lucecitas multicolor, los paisajes edulcorados de nieve y paz, las imágenes de niños sonrientes y felices, los deseos de felicidad y próspero año nuevo. Las avenidas y calles del centro, por otro lado, estaban repletas de personas que ya no caminaban con paquetes y bolsas, sino que habían recobrado la cotidianidad y avanzaban rápido sin mirarse, ajenas a su alrededor.

Yo me podía permitir fijarme en ciertos detalles. No estaba trabajando. El Ilustrísimo Decano había decidido apartarme de mi puesto de profesor de mitología y pensamiento durante un tiempo, debido, parece ser, a mi extraño comportamiento y a mi actitud, esto me lo dijo, poco constructiva con la Institución Académica. Cuando me soltó el discurso en su despacho no le dije nada, le escuché en realidad como si yo no estuviera allí o como si no hablara de mí y para mí.

– No tienes nada que decir -me preguntó al terminar de referirse a la decisión del claustro y sorprendido por mi silencio y porque ni siquiera parecía molestarme por todo lo que acababa de pronunciar.

– No -susurré indiferente.

En realidad hubiera tenido que decirle a ese fanfarrón muchas cosas, por lo menos soltarle el asco que me producía esa ajada Institución Académica que no tenía mucho sentido mantener y que él dirigía con la grandilocuencia estúpida de quienes creen que están realizando una encomiable labor. Pero me mantuve en silencio, convencido de que nada les molestaba más a esos inútiles que la indiferencia de quienes, como yo, estábamos convencidos de que ninguna resistencia tenía, a fecha de hoy, sentido y que lo mejor era que todo se pudriese.

– No te entiendo -volvió a la carga, tal vez para provocar una reacción en mí-, eres un buen profesor, todos los estudiantes que han pasado por tu clase lo afirman, podías llegar lejos, lo sabes.

Tentado estuve de replicarle. Por ejemplo, que los estudiantes que pasaban por mi clase iban a acabar trabajando, con suerte, de camareros porque en la sociedad actual carecía de prestigio e importancia los conocimientos humanísticos. Quieren esclavos, no intelectos críticos, so cretino, hubiera sido una respuesta digna, pero seguí en mis trece y al final, como no insistió, me levanté.

– Tengo que recoger mis cosas.

De eso ya habían pasado varios meses. Vivía de mis ahorros, que no eran muchos, y de algunas traducciones que conseguía en pequeñas editoriales. No mantuve contacto con ninguno de mis insignes colegas. Sólo Susana, una estudiante, me mantenía informado del estado de la Universidad, que avanzaba a pasos agigantados a su destrucción. Susana, por lo demás, poseía al menos un espíritu crítico que a mí me encandiló desde el primer día en que reparé en ella, cuando me bombardeó a preguntas inteligentes que indicaban que no se iba a conformar con meras explicaciones formales de los puntos del programa y que quería darle la vuelta a las cosas. Quedábamos con frecuencia y pronto me di cuenta de que era la única persona con quien trataba de verdad.

Cuando llegué al Café Atlántico, ella me estaba esperando. Me sonrió al verme entrar y levantó el brazo para indicarme donde estaba. Me senté frente a ella. Sonreía, pero advertí una cierta tristeza en su mirada. Será la Navidad, pensé. Sabía que a ella tampoco le gustaba esta época. Me contó las últimas noticias, todas lamentables, cómo no, de la sacra institución. Era irónica, incluso ácida, mi mejor alumna, consideré, al hablarme de los profesores y de sus vanos intentos de convencer a todos de que había un futuro. Calló y ambos miramos por la ventana las luces navideñas que todavía estaban allí enfrente, recordándonos las fechas recién finalizadas.

– Me han dado una beca -me espetó de pronto-, me voy a Berlín.

Seguí mirando hacia fuera. La gente pasaba, las luces encendidas iluminaban más la avenida. A esas alturas, ya apenas me hizo daño la punzada de realidad que me golpeaba de nuevo. ¿Cuántos días habían pasado desde la Navidad?¿Diez, doce, tal vez catorce? La vida sigue, pensé. La miré, sonreí.

– Eso es genial -le dije.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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ENTRE  VACÍO Y PLENO

 

pacientes impacientes

maduran los ovarios del signo

 

nueva perla

en la arena de los días

y sus trabajos

 

el huevo semantema se con-vierte

en larva de poema

Rubén Vedovaldi

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UVA DE BOTELLON

 

Se dice que Cronos

y Rubens se lo imaginó divinamente pintado

engulló el falo de Urano

que  saltó primeramente al éter.

Del falo del rey primogénito

nacieron todos los dioses

y  diosas inmortales y felices

los ríos, los amables manantiales

y todo lo demás que entonces había nacido;

y el Quijote y Sancho,

pero él nació solo

chupando un racimo de uvas

de la Ribera del Duero.

 

Ahora nacemos chupándonos el dedo

y con una memocracia bajo el brazo.

No nos importa

la forma como se creó el mundo

ni cómo consiguieron los dioses

y los reyes su trono

que según la versión de Hesiodo y Homero

siempre fue castrando

y arrojando los testículos del contrario al mar.

De los genitales de Urano nació Afrodita

por ejemplo.

Y en la leyenda hitita

Kumarbu padre de los dioses persigue

y vence a Anu

que a su vez  vence a Alalu

primer rey del cielo

y va y le arranca los genitales de un mordisco

y se los traga.

De este atragantamiento

se queda preñado de Zeus

y le escupe fecundando la tierra

sobre todo tierra con planteles de uva.

 

¡ Zeus, el primer hombre-dios

preñado del Universo mundial¡

traqueteante de su pensamiento

que le devuelve irrisorio

y lo manosea

y lo dilacera salvajemente

sin ocuparse del “yo”

sin percibirlo.

 

 

Daniel de Cullá

 

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POEMA Y TEXTO INFORMATIVO

Por María Isabel Bugnon

 

¡Caballero del Amanecer!

Me da la impresión que llevas
en  tu corazón la soledad del amor.
Tu mirada un poco triste.
La sonrisa es solo una mueca,
en ese rostro en el cual
se dedisbuja la nostalgia.
En las mañanas te siento presente,
te imagino hilvanando sueños,
que dejas plasmados en tinta de luz.
¡Caballero del Amanecer!
No conozco mucho de ti,
ni la magia que envuelve tu soledad,
la mueca dulce de tu sonrisa,
ni los secretos de tu corazón.
¿Caballero del Amanecer!
En mi vuelo de Mariposa,
deseo unir mis versos
y tus historias.
Fundir mis manos entre las tuyas
y así expresarte mi cariño.
¡Caballero del Amanecer!

 

***

 

La poesía y la Paz

 

El 21 de septiembre  se ha declarado el día “Mundial de la Paz”,

una palabra  que ha definimos como un estado  de tranquilidad, sosiego, quietud, etc.

Paz es una palabra que encierra  muchas situaciones, Paz no es solamente  el final de una guerra,

largar  al aire globos y palomas blancas  cada 21 de septiembre.

Tenemos que enseñarles a nuestros hijos  con hechos y ejemplos  transitar los caminos de la paz.

La Paz del alma y el corazón, la  paz de los sentimientos, si  a la familia,

a  la salud, a la poesía, si  a la educación que es la base primordial de la paz,

la Paz la construiremos todos  juntos, todos  los días de nuestras vidas,

sembrando  el amor, cambiando  un arma por una poesía, el mal humor por una sonrisa,

una  bofetada  por una caricia, un exabrupto  por un beso.

Los invito a unirnos  en la poesía por la Paz en el Mundo.

MARIA ISABEL BUGNON.

ghostsantafe@hotmail.com

DESDE ARGENTINA

 

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CUENTO DE NAVIDAD CON ESPECIAL DE NOCHE-VIEJA Y ANUNCIO DE LA COCA-COLA

 

POR JOSÉ ICARIA

 

 

Estabas viendo el programa de fin de año del tipo ese de los cruz y raya (sí, ese que a veces hace genialidades, como lo de “si lo que quieren es que la juventud piense, lo están consiguiendo”, pero también chorradas inofensivas, como la mayoría de sus imitaciones de famosos, en fin, …como la vida misma, que diría tu cuñado), junto a una delegación de la familia de tu mujer, en casa de tus suegros, cuando de repente, has dejado de prestar atención a los gemelos psicópatas de tu cuñada, al imbécil de su marido, que luce unas ojeras increíbles y hace un rato lo oíste cuchichear con su hermano: “puede que tengamos problemas, hay que estar preparados para lo peor”, a las tetas de silicona de la nueva novia del mayor de tus sobrinos (“¿serán de las que no tienen garantía?”, te preguntas mientras imaginas un comienzo de año explosivo, con la detonación de uno de sus pechos en la doceava campanada: Afrodita A, ¡fuego de pecho!, pero desvías la mirada a tiempo de evitar su gesto de disgusto), al capullo ese con el que está saliendo otra de tus cuñadas: casi preferías al anterior, y eso que trabajaba en una inmobiliaria, pero ¿a qué coño se dedicará este? Se hace el simpático, pero se nota a la legua que carece de inteligencia tanto como de sensibilidad: ¿será policía, o simplemente portero de discoteca? Habrá que mantener las distancias. Y estabas pensando en fingir un ataque de apendicitis cuando de repente, algo que ocurría en la pantalla ha atraído poderosamente tu atención.

No era un gag más del cruzyrayo, ciertos detalles te parecieron particularmente familiares: tras lo que parecía ser una cámara subjetiva, entrabas en una especie de colmado, o quiosco, o tienda de chuches, y aprovechando un descuido del anciano dependiente, dejabas unos mecheros (¿mecheros?) en el dintel de la ventana, pero cuando salías de la tienda y dabas la vuelta a la esquina para recoger el objeto del hurto, una anciana que había dejado las agujas y el punto sobre una silla de enea, te miraba un momento mientras guardaba los mecheros en el bolsillo de su bata: “desde luego, qué poca vergüenza, robar a unos ancianos”, y pasabas compungido junto a ella, mirando innecesariamente el reloj para disimular… Luego, apedreabas unos vehículos creyendo que eran los de tus profesores de egb, y al cabo de un rato, te cruzabas con unas personas muy amables que te preguntaban si habías visto a alguien, o si podías imaginar el motivo, eran nuevas por aquí, y respondías que no tenías ni idea, y que también estabas de paso… Y por último, veías alejarse el camión de la basura, y uno de los basureros que iban agarrados a la parte trasera, llevaba una minifalda sin nada debajo y se le veía parte del escroto, y no pensabas en la ironía de la perspectiva pornográfica, sino que a tu mente venía una frase: “ha llegado el momento de echarle cojones”, y entonces escupías un trozo de mazapán sobre la mesa:

– ¡Coño!, pero… ¿qué es lo que pasa? ¡He soñado eso esta semana! -y una rápida ojeada te muestra a toda la familia congelada, como si su miembros asistieran a la última cena, o posaran en el museo de cera.- Pero… ¡¿qué cojones?!

Pero ya aparecen las imágenes -distribuidas por wikileaks- de militares disparando a civiles desde un helicóptero Apache en Irak; de Bin Laden y Gadafi muertos; de restos humanos en una mezquita suní de Bagdad como consecuencia de un atentado suicida; de campos de cultivo de opio en Afganistán; de yuppies de Wall Street esnifando cocaína en la suntuosa habitación de un prostíbulo de lujo con prostituta vestida de policía al fondo; de reuniones de consejos de administración celebrando los beneficios y a continuación, decidiendo la cifra de empleados que despedirían; del vendedor de fruta Mohamed Bouaziziz, rociándose con cinco litros de gasolina y prendiéndose fuego después de que la policía le decomisara su mercancía y lo golpeara; del ejército abriendo fuego sobre la población civil en Siria, Egipto, Libia, Yemen, Israel; de campamentos de refugiados en el Sáhara, en Tinduf, en Senegal…; de niños con los buches hinchados arrastrándose por el suelo mientras aguardan la muerte en un campo de refugiados en Somalia; de líderes europeos y norteamericanos vendiendo sucesivamente armas a las dos partes del conflicto libio; de especuladores masturbándose con vídeos pornográficos al tiempo que consultan sus ganancias en bolsa; de políticos que hablan de recortes mientras se suben el sueldo, o perciben dietas vitalicias al tiempo que desempeñan cargos altamente remunerados en empresas que privatizaron, o que perciben sueldos de una cantidad imposible de empleos; o de banqueros de dientes afilados que se lucraron con la burbuja inmobiliaria y ahora amenazan el llamado Estado de Bienestar con tal de seguir acumulando beneficios;  de policías aporreando a manifestantes del 15 M: “¡más madera!,  en cuanto los pongan un “poco finos” se les termina la tontería, si no, al tiempo”, leemos en un foro de internet…

La mayoría de los comensales ha vuelto lentamente a la langosta y a la jarra de vino turbio, pero permanece expectante ante el inusitado baño de realidad sin pre-aviso televisivo. “¿Qué ha sido eso?”, ha dicho -con apenas un hilo de voz- la cuñadita que menos come (de hecho, la anorexia la tiene contra las cuerdas, y dudas de que el año siguiente se mantenga aún con vida). “Esto es despreciable”, dice su hermana, que tiene, en cambio, una cierta propensión a la obesidad: “en estas fechas hay que poner cosas alegres”. “Sí, ¿por qué no cambias de cadena?”, dice la madre, una anciana que ha sido muy guapa de joven, y ahora suple los estragos de la edad con el brillo de una quincallería pesada y ostentosa. Los gemelos psicópatas se han golpeado recíprocamente con un plato y una bandeja en la cabeza y las costillas: uno de ellos se ha echado a llorar y el otro a reír; el que llora te ha dado una patada en la espinilla al pasar junto a ti: “¡hijode…!”, has reprimido in extremis.

– Pero, ¿por qué no cambia?

– Sí, eso, ¿qué coño pasa?

– No, es que todas las cadenas ponen lo mismo.

– ¡Pues párala!

– ¡Ya lo intento, pero no se deja!

– ¡¿Cómo que no se deja?!

Y de repente, todo el mundo enmudeció –incluso los gemelos psicópatas– nuevamente: en la pantalla aparecía, como si tal cosa, el novio garrulo de tu cuñada, visto  a través de lo que parecía ser una cámara oculta. Se dedicaba a dar palizas a los borrachos de última hora en las carpas de su localidad; tenía una esvástica tatuada en el hombro, y consumía el dinero de su tarjeta en interminables noches de puticlubs y afterhours. “Pero ¿qué…?” había empezado a decir tu cuñada; “bueno, yo me najo, familia, que tengo prisa…” El portazo apenas te había distraído de la pantalla, donde ahora aparecían tus cuñados “emprendedores”: defraudaban dinero a hacienda y, al parecer, un inspector que había descubierto lo de los premios de la lotería los estaba chantajeando: “tienen que comprender, con los recortes, apenas nos alcanza, y el niño, ha empezado ya la universidad…” En cuanto a la anoréxica, no tardó en saberse el complot que había organizado en la oficina para hacerle la vida imposible a una nueva: no sólo era más guapa que ella, sino que, además, sabía inglés. “Vaya con la seca”, había soltado una de las cuñadas. Que, precisamente fue la siguiente en aparecer en pantalla… escondiendo grandes cantidades de dinero negro tras un agujero practicado detrás de la leñera de la chimenea. Por lo que respecta a los suegros, pudimos verlos contratando a unos macarras para que acosaran a la pobre Angustias, una anciana que permanecía en un bloque de su propiedad, con un contrato de alquiler de renta antigua… La Gemma, fingiendo un suicidio para llamar la atención de su marido, que, de paso, se entendía con una vecina… Se supo, incluso, que los gemelos habían sido inseminados con esperma de un estudiante de veterinaria, puesto que el padre era estéril, como también lo era uno de los primos del pueblo que había venido a visitaros: había sabido la noticia después de comprar el monovolumen de rigor. Una cuestión de mala suerte…

– Pues, parece que el año que viene se presenta difícil, ¿eh?

– ¡Vaya! –respondió tu cuñado (uno de los emprendedores), aspirando el humo del pitillo mientras le dabas fuego de un mechero muy parecido al de la primera escena. En la tele estaban dando ese maravilloso anuncio de la Coca-Cola que suelta perlas como: “¿No es maravilloso que, pese a la burbuja inmobiliaria, en Teruel regalen una casa a quienes se decidan a regentar el bar del pueblo?”

 

 

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Charles Buenos Aires

Por Irene Mercedes Aguirre

 

¡De tantos genes se nutrió tu vida

desde que abriste tu perenne canto!

¡Charles de Francia, Carlos  Buenos Aires

voz de Toulouse, voz gestada en llanto!

Bagaje antiguo que te delineaba

ese  pequeño cuerpo palpitante.

Fuerza y ternura de la gente aquella

que te imprimió su sello trashumante.

Con el   zorzal que maduró en tu boca

de  melodioso  trino, apareciste,

la Francia  atrás, el Plata hacia adelante

entre los brazos de tu madre triste.

Llegaste, Charles, a este Buenos Aires

y te adaptaste  al arrabal porteño

con tu mirada de purrete galo

y de él te hiciste su señor y dueño.

 

Le diste al alma popular lo eterno

porque tú eras universo y mundo

que derrochaba sus herencias francas

como equipaje inmaterial fecundo.

Te caminaste todo, calle a calle

por  esos  barrios de farol y esquina

y entre las barras orilleras bravas

se oyó  tu voz profunda, cristalina.

Nos modulaste, luz de trovadores,

Tangos, milongas, valses y tonadas

¡Nos ayudaste a SER, payador gringo,

Carlos de aquí pero Charles de Francia!

Y al recordarte noto tu vigencia

de  noble acento,   con compás de tango

tejido en arrabales y miseria

¡que difundió en el mundo su alto rango!

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 “APRETÁNDOME EL ALMA”

 

Siete de la mañana de un día cualquiera, me desperezo después de un sueño por demás intranquilo y no es para menos, las próximas horas serán sin duda alguna definitorias de muchas preguntas y dudas, el temor más grande es que existen infinitas probabilidades que la mayoría de ellas: QUEDEN EN LA NEBULOSA…SIN RESPUESTAS.

La languidez que siento en el estómago , es típico del preludio de algo importante por suceder , por eso mi intranquilidad sube a medida que pasan las horas.

Los pormenores que desembocaron en esta situación, no dejará de llamar la atención a muchos, pensando con razón que lo mío puede deberse a varias cosas :QUE ME ESTÁ PATINANDO EL EMBRAGUE, QUE NO ENTIENDO LO QUE ME SUCEDE, O QUE SIMPLEMENTE LA VIDA ME ESTÁ PASANDO ALEGREMENTE POR ENCIMA, ¿la verdad?…NINGUNA DE LAS TRES SITUACIONES ME LLENAN DE ORGULLO.

Con mucho miedo me voy al encuentro de una cita emocionante, en un lugar cualquiera, de un barrio imaginario…o no, me está esperando ni más ni menos que MI NOSTALGIA, TENGO TANTAS PREGUNTAS PARA HACERLE.

Mientras me dirigía a ese sitio comencé a replantearme un montón de cosas, en primer lugar: COMO IBA A COMENZAR MI INDAGACIÓN.

¿Tal vez preguntando donde había quedado mi inocencia? y algo más importante aún, SI HABÍA SERVIDO PARA ALGO, a continuación averiguaría que fue de la historia de MI PRIMER AMOR…Y SI ALGUNA VEZ SE ACORDÓ DE MI.

También le rogaría alguna noticia de aquella…MI MAESTRA BUENA, LA DE PRIMER GRADO, QUE CON SU BONDAD Y PACIENCIA HICIERA QUE MUCHAS VECES ME EQUIVOCARA…¡ Y LE DIJERA MAMÁ!.

No dejaría de preguntar si acaso por una casualidad sabe algo de las promesas, que joven aún me hicieron con respecto a “UN MUNDO JUSTO”, CON OPORTUNIDADES PARA TODOS Y SIN DISCRIMINACIONES Y DE ESA VIEJA CANTINELA… QUE CON UN POCO DE ESFUERZO VERÍA CORONADO MIS DESEOS DE ¡ GANARME UN VENTUROSO PORVENIR!.

Mientras pensaba en todo esto mis pasos iban a la deriva, parecía que no obedecían a ningún control, al rato se fue clarificando la nebulosa en que se había convertido mi mente, fruto de mis profundas elucubraciones y en ese preciso instante fue que escuché una voz, que en tono de reproche me decía: OTRA VEZ TE DEJASTE VENCER POR LAS UTOPÍAS.

YO NO BEBO, PERO ME DIRIGÍ AL PRIMER BAR QUE ENCONTRÉ…

PARA MAREARME CON UN PAR DE COPAS….

NECESITABA IMPERIOSAMENTE..

PENSAR EN OTRA COSA.

Boris Gold

 

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Alguna vez haré
el poema más hermoso,
el mismo que no podrá
ser comentado por ninguno;
no habrá en él
esencias ni proclamas,
será simplemente
aquel poema
que no diga nada
y diga todo.
A veces llego a la mitad
y me vuelvo,
pareciera venirse
la noche en cada letra,
es como si la vida
se acabara
a cada instante
y renaciera
una nueva existencia
desde la nada.
Alguna vez haré
el poema más hermoso,
hará furor
entre los más
grandes poetas
de la historia.
Quizás sea la suma
de todos ellos.
Los poetas son
mi alimento de cada día
y en esos nutrientes
capto yo la misma esencia,
cada presencia
se eleva ante mi
apasionada.
Alguna vez
los poetas vendrán a mí,
vendrán los vivos
y aquellos que ya no están;
aparecerán por cada rincón
de mi intelecto
como diciendo
cada uno un verso nuevo.
Será el poema
más hermoso
porque no será solo mío
habrá miles de poetas
en mi memoria,
de allí saldrán
las más cálidas odas
de la existencia.
Serán como faroles
encendidos entre la noche,
marcarán los caminos
más oscuros
entre las sombras
y en medio de las tinieblas
la claridad se hará presente.
Alguna vez serán
todos los poetas
los que hablen juntos
y yo simplemente contaré
sus secretos y sus memorias.
Habrá poetas tan viejos
como el destino
habrá nuevos poetas
que aún no nacen,
será la misma eternidad
presente en cada uno,
de ellos nacerá sin duda alguna
un flamante signo de victoria.
 
CARLOS A. BADARACCO
14/12/11
(DERECHOS RESERVADOS)
REGISTRADO EN safeCREATIVE

 

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SONETOS DE RODOLFO LEIRO

 

EL POETA

 

El Poeta es la arteria independiente,

que está ajeno a la usual anatomía,

no figura en catálogos o en guía

ni en la mitra, la secta o el tridente;

es un foro de música esplendente

que nutren fogariles de energía,

es el cauce glorioso de la estría,

es el verbo, la mística,  pendiente

de un glosario de lírica turgente

erupción de nectario sugerente

que proviene del sol de la utopía,

se dibuja en la rima coincidente,

en la gloria sublime de tu mente

y en mi pálpito vital de cada día..

construido a las 16,22 del

26 de diciembre de 2011-12-26 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro.

***

 

CAMINATA

 

Era una rubia tarde de febrero

caminando al azar, como un poseso,

tentando una mirada, acaso un beso,

que ofrecen ciertas damas al torero;

no estaba aquella Luna de alfarero

que supo ser recreo en mi receso,

una especie de guía, en el proceso

de mi bardo profeta del sendero;

y concluyó mi tarde, sin “te quiero”,

sin abrazo, sin suerte, un arponero

que retorna a su casa sin su presa,

y me senté a escribir, flaco rimero,

en esta mesa pobre, un utilero

hurgando un carmín rojo que te besa..

construido a las 8,23 del

1 de enero de 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

 

***

 

DOS LUNAS

 

Mi Luna,  sumergida en la laguna

donde brincan los peces su contento.

va forjando en la ola un sentimiento

que el viento desparrama tras la duna,

desde el otero inquieto de mi tuna

indago en el profundo firmamento

y la veo a mi Luna, en un intento

para rolar su efigie en mi fortuna:

es que tengo acaso yo una Luna

que gira en el espacio, inoportuna,

mientras otra sonríe desde el lago;

y entre los dos dibujos me someto

a dos damas que llenan mi soneto.

¡Un beso que con otro beso pago!

Construido a las 12,17 del

1 de diciembre del 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

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                 ANTOLOGÍA     “DE QUENAS Y BANDONEONES”

 

AUTORA: ELSA SOLÍS MOLINA

 

 

1          CREO

 

A LAS TRES DE LA MAÑANA, ¡ESTÁ TAN ALTA LA LUNA…!

ESPLENDOR INMACULADO, CUAL EL DE UN NIÑO EN SU CUNA

TODOS LOS ÁNGELES DANZAN, ALREDEDOR DE SUS LUCES

ELLA REINA EN LAS TINIEBLAS, BESA, ENAMORA Y SEDUCE.

 

SU REINADO ES EN LAS SOMBRAS, SUS CLARIDADES ESPARCE

SÍNTESIS FIEL QUE NO ESTORBA, AL MAR, QUE ENTRE SOMBRAS, YACE

CIELO, MAR Y LUNA LLENA, EN ORDEN QUE DESDE EL FONDO

DE LOS TIEMPOS SE ACOMPAÑAN, EQUILIBRIO FIEL DEL COSMOS.

 

QUE FORMAN ESA MARAÑA, DE INACCESIBLES MISTERIOS

DE ESPLENDOR EN LAS MAÑANAS, DE CLAMORES Y SILENCIOS

ELLA TIENE LAS RESPUESTAS, JUNTO CON SOLES Y FLORES

NO HAY QUE DUDAR MÁS,  ES ÉSTA… LA RAZÓN DE LAS RAZONES.

 

DE LA CREACIÓN INMENSA, DEL AMOR LA LUZ, LOS MARES

DE LA INENARRABLE ESENCIA, DE UN PRINCIPIO DE COLORES,

DE LA CREACIÓN ETERNA, EQUILIBRIO, ROCAS, SALES…..

TODO DENTRO DE UN ESPACIO, TAN PLENO DE LUZ Y AMORES.

 

 

2      EL MOMENTO

 

CUANDO TUS OJOS REHUYEN MI MIRADA

Y LA SOMBRA DEL HASTÍO ESCONDE

EL DOLOR DE MIRARNOS NUEVAMENTE,

CUANDO NUESTRA ALEGRÍA ES TEDIO

Y LA SANGRE SE MUERE EN EL ABRAZO

Y LAS CUERDAS DEL ALMA SE SILENCIAN…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO EN UN VUELO DE TUS PÁRPADOS

ME OCULTAS, EL FONDO DE TUS SUEÑOS

Y EL AMOR, EN LÁGRIMAS SE PIERDE,

CUANDO YA EL SOL NO ES NUESTRO ABRIGO

NI COMPARTIMOS LAS ESTRELLAS

NI ME ILUSIONA TU CAMINO…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO LA ESPERA ES INDIFERENCIA

Y NECESITO BUSCAR EN LO PROFUNDO

Y REVIVIR EL AMOR DE LO PASADO…

CUANDO HAY QUE INVENTAR TODOS LOS DÍAS

EN UN ROMPECABEZA  INCOMPRENSIBLE

COMO DESEAR Y AMAR TU COMPAÑÍA…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

 

 

3        ¿QUEDARÁ ALGO?

 

¿ALGO QUEDARÁ FLOTANDO

COMO UNIVERSAL FRAGMENTO,

EN CIELOS SUAVES, LEJANOS

CON IGNORADOS SECRETOS…

O PERDIDOS, DESARMADOS,

VIAJARÁN LEJOS, MUY LEJOS…?

¿DE ALGO SERVIRÁN POEMAS,

INSPIRADOS SIN LAMENTOS

PARA AGREGAR A LA NADA

E INTERPRETAR SENTIMIENTOS

COMO PIEDRA QUE INTERRUMPE

LA QUIETUD DEL LAGO TERSO…?

ES POEMA INTRASCENDENTE

QUERERLE CONTAR AL MUNDO

CON INÚTIL ARGUMENTO,

LA ADMIRACIÓN Y EL SENTIDO

DEL AMOR Y EL SENTIMIENTO

DE LA PASIÓN Y EL OLVIDO.

 

 

4    SIMBIOSIS

 

MI INTIMIDAD CON LA TRISTEZA ES TANTA

QUE SÓLO LOS COLORES LA INTERPRETAN

QUE LA NOCHE Y EL VIENTO NO SE ESPANTAN

QUE LAS RAMAS Y EL SOL, TAMBIÉN LA ACEPTAN

 

ESA AUSENCIA DE RUIDOS QUE PENETRA

LOS UMBRÍOS FOLLAJES DE LAS SOMBRAS

QUE DETRÁS DE LOS PÁRPADOS INVENTAN

SILUETAS IMPRECISAS, MARES, OLAS…

 

ESE DORADO PÚRPURA, AZULADO

QUE JUEGA POR LOS TECHOS,  EN LA NOCHE

CUANDO EL INSOMNIO CREADOR Y ALADO

DESCUBRE ENTRE LAS SOMBRAS, LAS RAZONES

 

DESMEMBRA EL ARCO IRIS Y RECREA

SUEÑOS DISPARATADOS DE LOS GRILLOS

HABITANTES IGNOTOS DE MALEZAS

SUBMUNDO DEL AFÁN, LA PAZ, EL SINO

 

SILENCIO QUE ACARICIA LOS OÍDOS

QUE DEJA AL ALMA, DESVALIDA Y SOLA

Y SE PIERDE EN LAS HOJAS Y EN LOS NIDOS

MIENTRAS SE DUERMEN LAS PALOMAS.

 

 

5         LA HISTORIA ETERNA

 

MUNDO DE NOTICIAS, GUERRAS…TUMULTUOSAS MAREJADAS
DE ALARIDOS QUE LOS SUEÑOS PERDIERON EN MADRUGADA.

¿DONDE SE FUE LA ESPERANZA Y AQUEL SOL DE LA MAÑANA?
YA SOLO ESCUCHAS LAMENTOS Y EL ESTRUENDO Y LA METRALLA.

 

MIRANDO VIVIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR SUFRIMOS
A LOS NIÑOS MUTILADOS Y HORIZONTES PURPURINOS…

¡LA MIRADA HORRORIZADA, EL ALMA DE SAL, SENTIMOS!
MIRANDO MORIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR, MORIMOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS VIVEN, ANHELOS ESPERANZADOS
OCULTA EN PARPADOS TIBIOS, MIEDO, FERVOR ENLAZADOS

FUERZA, COLOR Y MAÑANAS, SUEÑOS DE PAZ ANHELADOS
ENSOÑACIÓN, SOL, AMORES EN PROYECTOS AMARRADOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS MUERE LA ESPERANZA MUTILADA
TIERRA DESESPERANZADA, TIERRA YERTA Y ARRASADA,

OJOS APRETADOS SUEÑAN, EL DESEO DE UN MAÑANA
LAGRIMAS DE SAL OCULTAN, LA ANSIEDAD DESESPERADA.

 

SÓLO LA VIDA EN ETERNA EXPLOSIÓN VALIENTE, RETA
A GUIJARROS Y DESIERTOS, PIEDRAS, RAÍCES Y ARENA…

RODEANDO TRONCOS Y GRIETAS, SUBIENDO POR LAS LADERAS
PARA SURGIR EN LAS SOMBRAS, VIDA LATENTE Y PERPETUA…

 

VIDA SURGENTE, EXPLOSIVA, EN CONJUNTO CON LA TIERRA
GARANTIZANDO LA VIDA, ECLOSIONA CON LA HIEDRA,

EN ROSADAS HOJAS NUEVAS, EN PÉTALOS DE AZUCENAS
UN NUEVO CICLO Y COLORES, PARA GANARLE A LA GUERRA…

 

 

 

6   MEDITACIONES

 

SÓLO SÉ QUE HOY ESTOY VIVA, QUE NO SE ME HA NEGADO

VER EL SOL, QUE LOS MIEDOS SUBSISTEN, PERO, LA VIDA ES MÁS FUERTE.

NI SIQUIERA ENTIENDO ESTA NECESIDAD DE EXPRESIÓN,

ESTA ADMIRACIÓN POR ASISTIR DIARIAMENTE A LA EXPLOSIÓN

DE VIDAS HUMANAS, ANIMALES, VEGETALES…

 

¿QUE ES LO QUE GARANTIZA LA SUBSISTENCIA E INCLUSO

NUEVAS FORMAS DE INNEGABLES EXISTENCIAS QUE REPTAN

ESCONDIDAS GARANTIZANDO SU ESPECIE?

LA TIERRA NO NECESITA MÁS QUE UNA PIZCA DE HUMEDAD,

UN HÁLITO DEL SOPLO DE OXÍGENO, UNA MIRADA ESPERANZADA,

PARA REGALAR, UN ENTREABIERTO

CAROZO, CUIDANDO, ACUNANDO ESA ÍNFIMA E INDEFENSA ,

ROSADA Y TRANSPARENTE HOJUELA TEMBLOROSA QUE BUSCA EL SOL…

NUESTRO CANSADO PERO INVENCIBLE DESEO DE VIVIR,

IGNORA, QUE CASI SIEMPRE, ES UN LATIDO,

RENUNCIANDO A EXISTIR, LO QUE DETERMINA EL FIN….

¿O UN NUEVO COMENZAR?

 

 

7         AMANECER

MIS SENTIDOS LLENOS DEL COLOR Y EL PERFUME DE LAS FLORES,

EL ÍMPETU DE LOS CIELOS TUMULTUOSOS

Y EL ROSTRO BESADO POR LAS BRISAS MARINAS, INCENTIVAN

EL DESEO DE SEGUIR TRANSITANDO TANTA BELLEZA…

HASTA LAS MADRUGADAS SOLITARIAS, APORTAN LA BELLEZA

INCOMPARABLE DEL SILENCIO, CUANDO ALLÍ ABAJO,

LAS FAROLAS DE GAUDÍ, ILUMINAN ROSTROS DESCONOCIDOS.

EL TUMULTO DE UNA CIUDAD QUE DESPIERTA,

DEVUELVE LOS SONIDOS COTIDIANOS Y EL IGNOTO OBSERVADOR

EN LAS PLAYAS SE DESPIDE DE ESA LUNA INDECISA

QUE DUDA EN VOLVER A LAS SOMBRAS INSONDABLES…….

Y CUANDO EL SOL IRRUMPE ENTRE CIELOS ANARANJADOS Y PALOMAS

AJENAS A LA IMPOTENCIA DE SOBREVIVIR,

BUSCAN CONFIADAMENTE UN SUSTENTO GRATUITO…..

OTRO INCOMPRENSIBLE Y ANSIADO MECANISMO COMIENZA:
¡EL SER TESTIGOS DE UN NUEVO DÍA!

 

 

 

 8    SOLEDAD

 

 

CUANDO LOS PÁJAROS NOCTURNOS ACOMPAÑAN
CUANDO EL SILENCIO SE ACOMODA EN LAS HENDIJAS
CUANDO EL VIENTO SE DESLIZA EN LAS MARAÑAS
Y LA LUNA PONE EN TRONCOS LUZ DE TIZA…

CUANDO EL INNATO TEMOR ESPARCE SALES
SOBRE HERIDAS QUE NO SE CIERRAN NUNCA
CUANDO RENACEN LOS MIEDOS ANCESTRALES
Y EN EL ALMA LAS PENAS NO SE OCULTAN.

CUANDO EL MENSAJE LLEGA SIN PALABRAS
CUANDO TODO SE ENTIENDE DE REPENTE
Y LA VERDAD VIENE SOLA, SIN CAMPANAS
Y ALLÍ DESCUBRES EL EQUILIBRIO, EL EJE

CUANDO EL MIEDO TE INVADE LAS ENTRAÑAS
Y LAS SOMBRAS SEMEJAN OJOS, SOMBRAS
Y EL SILENCIO, TRASCIENDE LAS PALABRAS
Y MÚSICAS LEJANAS NO TE ASOMBRAN…

HA LLEGADO LA MUERTE, ¡TE APRISIONA!
PORQUE EL ALMA SIN EXPECTATIVAS
NO QUIERE YA EXISTIR, AUNQUE SU ENTORNO
SEAN VENAS Y SANGRE, PALPITAR Y VIDA….

YA NO INDAGUES LOS MISTERIOS DE LA MUERTE
YA NO INCREPES, IMAGINES O INVESTIGUES
EL FINAL…ES CUANDO EL ALMA SE CONVIERTE
POR SOLEDAD, EN DESPOJO INERTE…¡Y VIVE!

 

 

 

9  LOS MALVONES MUERTOS

TE ENVÍO CALLEJUELAS SOLITARIAS

DESDE ESTA BARCELONA DONDE NIEVA
TE ENVÍO LOS MALVONES EN BALCONES,

QUE ASOMBRADOS, RECLINAN SU CABEZA,
Y MUSTIOS MIRAN AL MARZO QUE SE OLVIDA,

QUE CON ÉL, VENÍA LA PRIMAVERA
Y QUE MÁS TARDE O MÁS TEMPRANO HABÍA,

PIMPOLLOS Y VERDOR EN LAS MACETAS

ES EN ESTE MOMENTO QUE TE ESCRIBO,

DESDE LA ORILLA DEL MEDITERRÁNEO
ES AHORA MISMO CUANDO YO TE DIGO,

QUE DE VERDE EL CHAROL, SE PUSO BLANCO
ESTE ES UN FRÍO QUE ROE LAS ENTRAÑAS,

Y EL CORAZÓN, SE SIENTE SOLITARIO…
Y LA CAPA DE NIEVE Y LA TRISTEZA,

Y EL DOLOR Y EL RECUERDO… ¡DURAN TANTO!

 

10      LA VENTANA

 

ESTA VENTANA COMPAÑERA AMABLE

DE AROMAS, MURMULLOS Y PREGONES

DE TARDES DE SOSIEGO INIGUALABLE

DE ROSAS Y CLAVELES EN BALCONES

ES UNA MUESTRA COMO UN ABANICO

DE TODA LA ALEGRÍA Y LOS DOLORES

DEL ESPLENDOR DEL SOL MUDO TESTIGO

DE AMORÍOS, SONRISAS Y COLORES.

 

VENTANAS DE CREPÚSCULOS EN SOLES

DEL PÚRPURA QUE YA TIÑE LA NOCHE,

PIADOSO VELO PARA EL MAL DE AMORES

VENTANA   FLORECIDA CON DERROCHE

LA CALLE OFRECE SOL Y CUERDAS

LA VENTANA, SOLO DA SILENCIO.

 

BAJEMOS A CANTAR LAS MUERTAS

COPLAS, HASTA EL AGOTAMIENTO:

“YA SOLO EL RECUERDO QUEDA….

QUE EN COPLAS TE CANTÉ UN DÍA

DEL AMOR QUE COMO VELA…

SÓLO EN MÍ…. FUEGO TENÍA“

 

 

11       ACORDES

 

LA SOMBRA EN EL PAPEL
INTERPELANDO A LA MÚSICA,

 

RAÍZ  DE LARGOS BRAZOS
VINIENDO DESDE EL FONDO DE LOS TIEMPOS,

 

AFLORANDO  Y FILTRÁNDOSE EN LAS ALGAS
INDEFENSAS, DE CEREBROS SENSIBLES.

EL AROMA DEL HUMUS INTERFIERE
EN RAYOS DE SOLES VESPERTINOS,

ENREDANDO  A LOS MÚSCULOS ABIERTOS
EN MILLONES DE CÉLULAS ABSORTAS.

 

 

 

 

 

12            CANTES DEL PATIO

 

LA VOZ DEL NIÑO QUE CANTA

RECIBE AL NIÑO QUE NACE

Y EL PATIO Y LA LUNA JUNTAN

LAS NOTAS Y LAS ESPARCEN.

 

PERO ELLAS BUSCAN DESTINO

Y APUNTAN AL ALMA ABIERTA

CUNA Y SEMILLA DEL SINO

DEL VERSO, EL ARTE Y LA CIENCIA.

 

LA LUNA ALTA QUE SE ESCONDE

TRAS NUBES DE MADRUGADA

AMPARAN NOTAS Y ACORDES,

QUE JUNTOS NACEN DEL ALMA

PALMAS, VOCES Y JALEOS.

 

GUITARRAS, CUERDAS QUE LLORAN

MIENTRAS NOSTALGIA Y RECUERDOS

MIRAN QUE LA LUNA ASOMA

QUIERO UNA NOCHE EN VERANO

Y UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS.

 

LA MESA LARGA Y LAS MANOS

DIBUJANDO COPLAS BELLAS

GITANERÍA DE SIGLOS…

SANGRE CALIENTE QUE BROTA

EN BULERÍAS DE NIÑOS

QUE, CRECIERON CON SUS NOTAS.

 

 

 

 

13           MELODÍA IMPOSIBLE

 

LAS PLANTAS REGADAS, LOS PERROS DORMIDOS

LAS PUERTAS CERRADAS, LA NOCHE HA VENIDO

… CORTINAS AL VIENTO,JAZMÍN PERFUMADO

YA TODOS EN CASA, LA CALMA HA LLEGADO.

LA CASA ESTÁ LIMPIA, LA ROPA LAVADA

MI NIÑA HA LLEGADO, NO ME FALTA NADA

… LA TIERRA FRAGANTE, MIS MANOS DESCANSAN

MIS SUEÑOS ERRANTES, VUELAN, SUBEN, PASAN.

EL ESPACIO ES BREVE, PARA TANTOS SUEÑOS

PERO EL MUNDO INMENSO ME REGALA TIEMPO

… DESDE ESTE PEQUEÑO PAÍS DEL MISTERIO

RÍO, LLORO, VUELO, CON EL PENSAMIENTO.

¡CON QUE POCO EL CIELO, SE CUELA EN MI ALMA,

Y CON CUANTO ESMERO, LOS VIENTOS SE CALMAN!

SÓLO FALTA EL BESO DEL AMOR PERDIDO…

CUERDA TENSA, GRAVE, ROTA Y SIN SENTIDO.

14    CANTO DE SIRENA

EN EL CENTRO DEL CANTO CUAL SIRENA
SE ESCONDEN LAS PROMESAS ENGAÑOSAS
SE PERCIBEN LOS PERFUMES DE LAS ROSAS
QUE PREGONAN LA PAZ, SIENDO LA GUERRA.

LAS OLAS TRAEN CANTOS CONVINCENTES
ENSORDECEN, NUBLANDO PENSAMIENTOS
ATURDEN LA RAZÓN Y EL SENTIMIENTO
Y ENTRE SOMBRAS, SE ALEJAN… PERO VUELVEN.

INEVITABLE, CUAL ATROZ DESTINO.
INEXPLICABLE,  LOCO SIN SENTIDO
LOS CANTOS SE REPITEN SIN SOSIEGO

PORQUE LA HISTORIA VIEJA FUE Y VINO
REPITIENDO AMORES, MÚSICA Y CAMINO
Y EL CANTO CUMPLE SIN PIEDAD, SIN MIEDO.

 

 

 

 

15      REVANCHA

YA LA TARDE SE ESCONDE ENTRE LAS NUBES

QUE OCULTAN LAS NARANJAS DE LOS RAYOS

DE UN SOL QUE AÚN NO QUIERE DESPRENDERSE

DE AQUEL BELLO HORIZONTE ANARANJADO…

PARECIERA QUE ALLÁ EN LA LEJANÍA…, TAMBIÉN

EXISTEN GUERRAS ENTRE DUEÑOS

DE LOS ASTROS, LAS VIDAS Y LOS SUEÑOS,

LAS CANCIONES, LAS VIDAS Y LOS PÁRAMOS.

 

¡PODER, QUE DIRIGE A LAS MANADAS,

PODER QUE DISTRIBUYE LAS MISERIAS…!

¡PODER QUE NO PUEDE CON LOS VIENTOS,

NI CON MARES, NI TIERRAS ENLODADAS…!

¿QUÉ NUBE OSCURA QUE ENCEGUECE…

ENVILECE AL AVARICIOSO Y NECIO?

¿QUÉ AGUA RUIN, LE MIENTE QUE LO SACIA,

DEJÁNDOLO SEDIENTO EN EL DESIERTO?

 

¿SERÁ EL ESPEJISMO QUE LA LLUVIA,

EMPARENTADA CON SOLES Y SILENCIO…

OCULTA SUS RUINDADES E IGNOMINIAS,

A AQUELLOS DE CORAZONES MUERTOS?

¿SERÁ QUE YA ESTÁ CERCA LA JUSTICIA Y

PARA LOS SIN PALABRAS , EN SECRETO

YA VIENE CAMINANDO LA REVANCHA,

PUNTO FINAL A TANTO SUFRIMIENTO?

 

 

ELSA SOLÍS MOLINA

 

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16º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

LXº de la 2ª etapa/01-10-2011

 

Editorial LX

Cine, cine, cine … más cine, por favor

El mes de septiembre es un mes especialmente dedicado al cine. El mundo del celuloide se da cita en Venecia y San Sebastián, se acude con bambalinas a las muestras y se compite por los premios correspondientes, en una concurrencia a veces feroz. Además, el espectáculo siempre está servido, ruedas de prensa, polémicas en la concesión de premios, comentarios, prensa acreditada, una rueda de molinos que se repite año tras año. En Septiembre, además, se elige la película española que debe acudir al certamen de los certámenes, el Oscar de Hollywood, como candidata a la mejor película de lengua no inglesa.

El mundo de la competencia entra de esta manera en el mundo de la cultura y los festivales devienen, de este modo, en un espectáculo más en un mundo mercantilizado donde todo se vende y todo se compra. Evidentemente, rechazamos la idea de esta competición como medio de darse a conocer y de propagar la cultura. No creemos que el arte sea cosa de mostrar músculo y acreditarse como el mejor, al fin y al cabo cualquier concurso no deja de ser un tribunal al que le gusta una determinada película -o un determinado libro-, no porque sea el mejor, el único merecedor de la gloria, sino por la sencilla razón de que le gusta al tribunal correspondiente. Es verdad que buenas películas han sido galardonadas en los muchos festivales que en el mundo hay, igual que buenísimos escritores han recibido premios, pero también es verdad que cientos de películas buenas que nos hacen soñar, sentir y gozar no han obtenido ni siquiera una mención en los múltiples festivales, del mismo modo que Borges nunca recibió el Nobel de Literatura. Ni falta que le hizo.

Soñamos con un mundo en el que las películas o los libros no compitan por un premio arbitrario, sino que aspiramos a muestras donde se hable del arte de contar, nada más, sin necesidad de todas esas histriónicas (en el peor sentido) escenas de guapos y guapas loados por desconocidos convertidos en meros espectadores de la función.

Convierten al arte en mera exhibición de variedades. Nada más odioso, creemos, que los festivales y los museos, donde se guarda, como verdaderas reservas indias, las esencias del arte que ya nadie entiende. Lo han mercantilizado todo en nuestras vidas, incluido la capacidad de soñar, de contar, de escuchar historias, de verlas. Lo vemos en la literatura, donde las ferias le quitan protagonismo a las charlas amigables de café, a las tertulias, al aprendizaje, pero sobre todo lo vemos en el cine, gran espectáculo del mundo, no en vano nacido en la cuna del capitalismo tardío.

Ya es malo la mercantilización del mundo, pero todavía más lo es cuando se trata de este ámbito que nos resulta importante, íntimo, fundamental. Abogamos por muestras de cine, sí, pero sin premios, sin bambalinas, sin estrellas paseándose a la vera del mar, muestras que se vuelvan charlas donde actores y espectadores se reúnen para hablar de las películas, del mismo modo que nos interesan más los intercambios de libros, las tertulias amigables de café que las grandes escenificaciones casi teatrales, tan en boga hoy en día.

En medio de esta vorágine festivalera, un pequeño dato positiva: la película elegida por España ha sido una cinta hablada en catalán. Por una vez se muestra sensibilidad por la variedad cultural de nuestros países. Creemos que lo importante no es tanto la lengua en que se hable, sino la riqueza y variedad de un mundo donde todas las expresiones son bienvenidas. Pero para reconocer y elogiar esto no necesitamos el Óscar ni ningún otro premio.

 

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AYUNO Y MITOMANÍA

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

ODA A DANIEL JOHNSTON

 

Daniel canta, desafina, expláyate,

canta y escápate del McDonalds,

visita el McDonalds solo para engullir,

desátate y escapa de los mediocres,

de los seudo-filántropos y del estereotipo,

de los amantes de lo convencional,

de los clichés y las normas establecidas.

Canta porque el que canta

se hace ligero y se acerca a Dios,

desafina y crea tu nuevo lenguaje,

   no desayunarás en Tiffanys

pero eructarás junto a la cloaca

del mundo, eructarás con ganas.

Serás parte de los otros, los excluidos,

serás parte de nada para ser un todo,

eres un ser maravilloso, soltero,

enfermo y gordo, pero maravilloso,

pocos pueden decir lo mismo.

Tú y tu diablo sois uno solo,

si crees en ti también creerás en tu diablo.

No dejes de ser tú mismo.

***

IPSE DIXIT

(LA ETERNA SEMILLA)

 

Se quedó asombrado, sorprendido,

al ver lo que sentenciaba con acierto.

Era tan certera la predicción en la canción,

era tan aguda la visión que leía de él

en esos poemas que su asombro

le evocaba cierta sensación de misterio,

que su sorpresa inusitada

le creaba quizá alguna leve inseguridad,

¿era inseguridad? ¿Era la sensación

de sentirse marioneta manipulable?

Era la sensación de verse

destinado hacia un final que los demás

intuían, sospechaban,

se atrevió a preguntar: ¿sabes mi futuro?

¿Mi destino está escrito?

A lo que él poeta le respondió:

No es tu futuro el que conozco,

solamente conozco tu pasado.

Nadie predice el futuro.

El destino no está escrito.

Sentenció este poeta amante de las hogueras.

Este poeta se llamaba Joe Strummer.

***

 

JAULA DE GRILLOS

 

Si yo fuese todo aquello

que dejé en el camino para no ser nada,

si yo fuese todo aquello

que dejé en el camino para no ser nadie,

para ser mucha nada y mucho nadie,

para ser un don nadie entre doña nada,

seguramente ahora sería feliz,

Manrique Jorge tenía toda la Razón

cuando dijo aquello de:

cualquier tiempo pasado

siempre fue mejor, mucha Razón,

si yo amontonara todo aquello

que despojé de mi persona

para ser fracaso antes que victoria,

otro gallo me hubiera cantado

en lugar de sonar esta jaula de grillos.

Y ese montón pesaría en las gentes

antes de ser liviano todo lo que dejé atrás.

***

 

AVISO PARA INCAUTOS

Y PARA LOS NO-NORMALES

 

Un día como tantos días, un día

casi igual o igual que todos los días,

pararás a compararte, pararás

a definirte, un día en el que todo parecerá

seguir su curso, la pubertad quizá,

o quizá siga su curso la rutina diaria,

un día algo dejará de funcionar,

verás que aquellas cosas que antes

te conmovían hoy no lo hacen tanto.

Sentirás que ya no conspira el mundo

para que conquistes la cima,

sentirás que en la casa de tus padres

han cambiado los muebles de sitio,

sentirás que respiras distinto,

sentirás que ya no tienes

lo que antes se te daba sin esfuerzo.

Verás al ciudadano-medio insertado

en la gran autopista colectiva,

te sentirás extraño en los espacios

públicos y allí en las zonas comunes,

comprenderás con el tiempo

que tu tiempo ya concluyó,

te encerrarás para sobrevivir

a la ley de los mediocres.

Un día como casi todos los días

verás a tu sueño doblar la esquina,

tu vida de rutina y monotonía

pasará de página sin previo aviso,

un día llegarás a la conclusión

que no hay conclusión que valga

y que todo ya ha concluido,

un día se vaciará tu vaso de juventud,

se consumirá tu último cigarrillo,

y buscarás sin éxito asociación

de víctimas y de mutilados,

buscarás que te den un consejo

en los momentos aquellos de crisis.

No sabrás, quizá, si estás muerto o vivo,

verás que el reloj ya no es reloj,

y que la muerte ha metido su hocico

en las habitaciones de la soledad,

verás que la vida guarda mentiras

y que una gran verdad para todos

no es tu misma verdad,

la verdad de que caducan los postres

y las pasiones se hacen despojo,

primero serán las pasiones,

después los recuerdos serán luz de gas,

querrás luchar contra el mundo,

pero imposible será evitarlo.

***

 

UN DECÁLOGO

EN UNA SALA DE ESPERA

 

La primera vez que leí el decálogo

me sentí salvado entre tanta responsabilidad,

entre tanta protección legal,

después, cuando conocí al gañán,

cuando conocí al inepto, al papanatas,

cada vez que esperaba en esa sala de espera

se oían mis carcajadas por el pasillo,

cada precepto que leía en ese decálogo

era pura diversión por lo inverosímil que era,

el abogado era todo lo contrario

de lo que aquel decálogo propugnaba,

cada precepto era un chiste malo

que causa risa no por ingenioso,

sino por lo absurdo y contradictorio.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por *Rafael Hilario Medina

(*Publicada una entrevista de este autor en la revista)

 

el alba precedida por el rastro nocturno de los astros enarbolaba el pálido fulgor de sus labios      el día    roto su negro caparazón de brumas   se apresuraba a ser alimentado      a ser vivido     pronto la corona azul del viento regiría sobre el oscuro mar de los presagios           te amo   susurraban las tijeras del humo al borde de las fuentes        te amo   clamaban soterradas las uñas de la noche a la vasta soledad de los caminos     te amo   repetía la sutil libertad de mi deseo unido al ligero temblor del tuyo      única      fugaz    desconocida   te amo    recuerda el incesante eco de mi sangre en tus venas

De Cifra del sueño (1993)

No las banderas blancas en el lugar del crimen, no el abrazo de las alambradas, no la vehemencia equinoccial del vino, no las resoluciones del círculo y sus feroces trampas aleatorias; Sombramientras un guante descolorido y olvidado trenzara los nudos corredizos del porvenir aceptaba la lógica de lo absurdo, esas terribles manifestaciones que obedecían al orden de una realidad estrictamente implacable.

«Escucho el profundo lamento de las almas de los condenados –afirmaba.

Y los cimientos del orbe súbitamente parecían resquebrajarse.

—«Oigo gemir las piedras bajo las negras aguas pantanosas decía.

    Y la luz atrapada en la circunferencia de sus límites empezaba a extinguirse.

—«Veo un penacho de humo ascender a los cielos a través de una ventana –precisaba.

Y el día ultrajado presentía su inminente derrota.

—«El hálito del viento atiza las fauces del fuego –sostenía.         

   Y el aire entumecido jadeaba desgarrado.

 —«La torre arde sumisa, distante, silenciosa         

subrayaba.

Y el tiempo sucumbía, cómplice del exterminio de las llamas.

«Un montón de nubes negras y aullidos es todo cuanto en la oscuridad percibo –advertía.

Y las confusas voces se expandían insepultas.

—«En el fondo hay una hoguera y cuerpos calcinados y despojos— aseguraba.

Y el mundo era pasto del fuego.

—«Más allá, en la otra orilla, las almas descarnadas aguardan el último suplicio concluía

Ahora, empero, en el preciso instante en que únicamente su voz es capaz de redimirme, aquella cuyo nombre es un arco luminoso, duerme; y su sueño, del que un ángel sin rostro entra y sale a voluntad, es mi eterna vigilia. ¡Oh tú que me escuchas sollozar confundida entre la estación de la nada y el olvido, viajera solitaria que cada noche te tiendes desnuda en las aguas de mi corazón silencioso, es hora ya de que rompas tu mutismo!

Y ella, ahogado temblor de arpa perdida:

    —«En el fondo del pozo hay un espejo.

Y yo, árbol hendido de nocturno acento:

«Tocar el fondo es convertirse en polvo.

Y ella, campanario de ojos sumergidos:

«La luna del espejo es como un río.

Y yo, orfebre desterrado de sus ojos:

«Aprender a ser nadie entre los otros.

    Y ella, onda herida en la orilla:

«La corriente del río es una espada”

Y yo, presidiario del tiempo fugitivo:         

    —«Enfrentarse sin fin contra la muerte.

Y ella, oscura raíz del grito:

—«La espada como el fuego nos redime.

Y yo, ancla en la arena abandonada:

—«Retornar a la nada del principio.

Y ella, torre bermeja de los plenilunios:

—«Cómo liberarme de la nada de la angustia?

Y yo, voz doliente clamando en el vacío:

—«¡Desúncete, Sombra, del abrazo de la noche!

 

  

 

Confundidos bajo los pétalos de la más bella flor del estío atravesamos el jardín. La luna adormecida parecía flotar desnuda sobre las aguas del estanque. Contra los oscuros designios  de las olas la codicia del sueño nos arrastraba. El viento iba de uno a otro costado de la tierra. En las inmediaciones del puente de la bruma, justo en el lugar donde a menudo deliraba el ferviente seno de la viña, el pálido fantasma del porvenir nos sorprendió: «¡Oh Fugitiva! –aulló al pie de los trémulos peldaños de la llama– ¡Si la luz de súbito invadió el espacio que en el aire ocupaba la furia de tu corazón devastado, fue para impedir que el dolor asumiera la total posesión de tus dominios! ¡Oh Fugitiva! ¿Qué añoranza alienta la soledad de tus deseos contra el reflejo de la duda semejante?» Fiel, empero, al resplandor que sustentaba la línea de nuestro destino, la balanza del tiempo nos precedía. A esas alturas  del camino, en cambio, traspuesto ya el pórtico de los corceles, ni la furtiva rueda del Azar ni la descarnada rosa de la Vigilia conseguirían separarnos. «¡Oh  Fugitiva!—susurró perdido un eco mientras ganábamos la firme claridad de otra orilla—Sobre el arco luminoso de tu frente combatían  el trébol, los labios de la tormenta «¡Oh Fugitiva!». El piar de los pájaros de la cima eclipsaba la lira del  cielo.

De Sombra de Alondra (2002)

 

 

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El patio

Me quedo ensimismado en el lavabo mientras contemplo desde la ventana el improvisado parking que hay detrás del edificio. Son varios los coches aparcados, todos ellos de buena gama, muy en la línea del barrio. Aun cuando el patio está algo abandonado, se mantiene cierto rigor, como un orden establecido y controlado, el de un descuido predispuesto y no sin poco acicalamiento: hay algunos hierbajos aquí y allá, un recipiente viejo que debió de servir para almacenar grano o tal vez líquidos y una pared completamente desconchada enfrente al bar en el que estoy. No parece en absoluto uno de esos rincones desamparados que suele haber en las partes pobres de la ciudad. Da la impresión que cada cosa está en su lugar. Los coches, supongo, ayudan a que el rincón parezca lo que es, al igual que la otra fachada del edificio que veo de lado, pero en la que distingo sus grandes ventanales abiertos y que dan también un toque de eso que llaman distinción pero que no es otra cosa que la simple y llana posesión de dinero, algo que a mí, sin blanca, me anda angustiando últimamente.

No es que me obsesione, pero ando un tanto preocupado. Me agobia la falta de perspectivas, sin embargo, ese día decido no pensar mucho en ello, no angustiarme más, mientras contemplo al hombre acercarse al que debe de ser su vehículo, un audi, creo, que yo de coches no entiendo mucho, y de color oscuro. Va trajeado y lleva una cartera marrón de piel. Abogado tal vez, me digo, porque viste en la forma que yo imagino que visten los abogados, al menos los que yo he visto, que no son muchos, la verdad, pero los suficientes como para hacerme una idea. Se acerca a la puerta, lado conductor, y se queda un instante pensativo, como si tuviera que reflexionar lo que ha de hacer. Abre al fin la portezuela y entra en el vehículo. En ese momento me fijo en el chico que aparece desde el otro lado del patio, de entre los coches aparcados. Se acerca con lentitud, como si nada tuviera que ver con el espacio en el que está ni con el primer hombre. Lo observo acercarse. Se queda a pocos metros de la ventanilla del conductor y no logro distinguir si hablan o si simplemente el chico se queda mirándolo, tal vez provocador, tal vez curioso. No me parece que intercambien palabra alguna, al menos no habla el chico, le tengo enfrente, a algunos metros, y puedo distinguir perfectamente que su boca no se abre, su rostro permanece impávido, sus maneras son quietas, pasivas. Pero de pronto realiza un rápido gesto con su mano derecha y saca de debajo de su chaqueta un objeto que en ese instante no distingo pero que con el rápido movimiento hacia atrás y el ruido que le acompaña sé que es una pistola. Sale corriendo un segundo después.

Nunca he visto matar a nadie. En la realidad, digo, en la calle, a pocos metros delante de mí. Me quedo quieto, no sé si sorprendido. Ni me pongo nervioso ni me tiemblan las piernas.

Se asoman algunos rostros por las ventanas abiertas del edificio de la derecha. Tres hombres entran en el patio desde la calle y se acercan al coche. Uno de ellos llama desde un teléfono móvil. No se acercan al vehículo, hay un gesto de otro de los hombres que indica, más bien lo ordena, que no se aproximen. Debe de estar muerto claramente, me digo, de lo contrario le ayudarían. No tardo en escuchar una sirena y un coche de policía entra por el pasaje que une el patio con la calle. Después entran otros agentes a pie. Se oyen más sirenas y entra en el patio una ambulancia. Los sanitarios se acercan al coche mientras se ponen unos guantes. Abren la puerta del lado conductor y uno de los sanitarios introduce medio cuerpo en el coche mientras su compañero apunta en un papel. Hay más rostros asomados a las ventanas. Llegan cuatro hombres vestidos de paisano pero que claramente son policías. Miran hacia los cuatro lados del patio y cuando miran hacia aquí me echo para atrás. Salgo del lavabo. En la sala, en ese momento, hay otros policías de uniforme que hablan con los pocos clientes. Será un instante, va diciendo uno de los agentes cuando aparezco, les tomaremos la filiación y sólo queremos saber si han visto algo. No se fijan en mí. Uno de los policías de paisano que acabo de ver en el patio entra en el bar. Hace una rápida ojeada de quienes estamos dentro. Va pidiendo la documentación uno a uno. Hay un breve intercambio de palabras con los otros clientes y que yo no oigo porque hablan bajo o porque tal vez estoy aún aturdido y a cierta distancia del resto. Cuando se me acerca le entrego mi carné de identidad.

– Ha visto usted algo. -Me pregunta.

Lo contemplo y tardo unos segundos en contestar.

– No. Estaba en el lavabo.

– Me puede dar un teléfono de contacto. Por si acaso nos tenemos que poner en contacto, nada más.

Se lo doy.

– Gracias. -Me devuelve mi carné.

Me quedo quieto, sin saber muy bien qué hacer. Dos policías hablan con dos de los clientes que han debido de ver algo. El policía de paisano nos dice al resto que nos podemos marchar si queremos, que intentarán molestarnos lo menos posible.

Salgo a la calle y veo grupos de personas agrupadas a lo largo de la cera. Apenas se habla, se escuchan algunos murmullos, nada más. La noticia del crimen ha corrido como la pólvora, no sólo en la zona, también en otras áreas de la ciudad, sin duda. Distingo a algunos periodistas entre la gente, los distingo por las cámaras de fotos o de televisión. Debe de ser alguien importante, me digo. Luego, en las noticias, me enteraré de los detalles.

Mientras viajo en el bus intento no pensar mucho en lo sucedido, pero se me aparece una y otra vez lo que vi desde la ventana, en el patio, y por momentos me hago a la idea de que tal vez no ha sido real, que todo fue una escena, algo fingida, absolutamente quimérica. El rostro del muchacho brota entonces con fuerza. Me pregunto entonces si la policía volverá a contactarme, si sospecharán algo, que he contemplado lo que ha ocurrido o que pudiera aportar alguna información que, intuyan tal vez, he ocultado. Siento algo de zozobra, pero me tranquilizo de inmediato, si me hubieran visto en la ventanilla, me lo hubieran dicho.

En casa enciendo la radio. Hablan del suceso, el asesinado es un político, miembro de no sé que junta de asesores. Se reproducen las condenas, las declaraciones habituales, son una banda de asesinos, matan por matar. Como con el runrún de la radio y luego intento leer, pero la inquietud no me deja concentrarme.

A media tarde salgo de casa y me dirijo al centro. Es viernes y la cercanía del descano se respira ya en el ambiente. Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza lo ocurrido por la mañana. Me voy encontrando con conocidos, nos saludamos, sólo dos comentan lo del atentado, lo susurran apenas, como si temieran que se les escuchara hablar de ello. Me encuentro con Susana en el bar de siempre. Nos instalamos en la barra. ¿Cine?, le pregunto. Tiene elegida la película. La sesión empieza en una hora, tenemos tiempo, pero optamos por salir ya, acercarnos a la sala a pie, no estamos muy lejos, nos apetece un paseo. Cuando salimos, me lo encuentro. Nos miramos. Me sonríe.

– Cómo te va. -me pregunta.

– Bien, y a ti.

– Como siempre.

Callamos un momento y nos miramos. No sé si él sabe que yo sé. No sé si debiera decirle algo. Tampoco soy amigo suyo, me digo, nadie de confianza. Tampoco tengo claro nada de lo que ocurre aquí. Pero no puedo juzgar, o tal vez no quiero juzgar nada, por temor quizá o por cansancio o por cobardía, no lo sé, o tal vez aún quede algo de la rabia, de la frustración, este país está hecho jirones, soy consciente, o porque al final nada vale la pena y nos hemos acostumbrado a vivir en el infierno.

– Bueno, hasta luego.

– Hasta luego.

Susana me espera fuera.

– Quién era. -Me pregunta.

– Trabajamos juntos hace tiempo.

Nos damos la mano. Nos espera una velada de cine, le digo con forzada voz de galán. Lo demás, a esa hora, me da un poco igual.

Juan A. Herrero Díez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Rubén Vedovaldi (Argentina)

 

CABO

 

Una familia de mandriles

devora huevos de tiburón a orillas del mar;

por los ojos de esparto del más viejo

cruzan rojos bisontes.

¿Hay un brote en la grieta?

El sol naciente expulsa huestes de sombra.

Musgos, algas, cangrejos y escorpiones

entre helechos silvestres;

ínfima pedrería la fina arena al sol.

Dos océanos se abrazan

al cabo del continente sin inviernos.

Sobre roca verdeada ¿esa anémona

es animal que mimetiza flor

o es una flor que se quiere animal?

¿Brota un grito en la grieta del alma?

El aire me despierta;

el mar tiene sed de amar

Rubén Vedovaldi

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RES / VERBA

                             Níor bhris focal maith fiacail riamh.

(Literalmente: Una buena palabra nunca romperá los dientes de nadie.)

Proverbio irlandés

“¿Deseaba la palabra sujetarse al rigor de un verso?”

                                                                       Arnaldo Calaveyra

palabra como agujero negro

palabra cuerpo celeste en el ojo del astrólogo

aurora austral

alfileres de gancho anzuelos

anclas del alma

palabra boleadora que tumba la danza

palabras como flechas o látigos

palabra boomerang

hacha de piedra que vuelve desde la prehistoria

a partir los frontales del futuro

verborragia sin alma

palabras que chorrean fuera de lugar como viejo prostático

palabra en cuatro patas

palabras sobre la piedra mayor del sacrificio

palabra que sube del fondo del volcán apagado y

lo enciende todo

palabra que vomita esqueletos anónimos

y les devuelve el nombre

palabras que caminan por la cara como arañas hambrientas

palabras

que quedaron servidas en la mesa

por si alguien quería pellizcar a los postres

y se las llevó el perro

Rubén Vedovaldi

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POEMA

Por Boris Gold

 

“LA GRAN CRUZADA”

A veces la vida

Me hace jugadas,

Algunas muy bellas

Y otras de sufrir,

Más sigo apostando

A lo que me ofrece,

Gritando con fuerza

Que bello…es vivir.

Llegando ya casi

Al fin de mi historia,

Y recreando cosas

De mi deambular,

He sacado en limpio

Que hay hechos valiosos,

Si apostamos todos

Al verbo…amar.

Yo creo en la gente

Y espero que un día.

La legión de justos

Saldrán a pelear,

A la droga artera

Ya la guerra maldita.

Será ardua la lucha

Pero podemos…ganar.

Pero habrá reglas

Que serán sagradas,

Deberes y derechos

Y respeto a los demás.

Honrar al abuelo

La vejez no es descarte,

Y padres presentes

Sin borrarse…jamás.

La meta primera

Combatir la hambruna,

Y que esto sea

Nuestra gran misión,

Que los niños vivan

A pleno su infancia,

Pintemos al planeta

De color…ilusión.

Los jóvenes sin duda

Apostarán sus ganas,

A dibujar un mundo,

Mejor al de hoy,

Donde vean solo

Ejemplos que sumen.

No es una utopía

Hacia allí…yo voy.

Boris Gold

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MALESTAR EN EL PARAÍSO

Por José Icaria

 

Ausente perforado

 

Ausente perforado

en tantos y tantos lugares

mudo

recorrido

por sombras de antiguos pesares

Callada la noche

viene y gobierna

la vastedad de una sombra sin tregua

Cano el día

restalla

y rasga

las telas sucesivas

(burdo escenario en la cruel tragicomedia)

donde pululan espectrales formas vivas

Cómo puede la ausencia

volverse espacio,

volverse materia?

Yo camino y paso

a través de calles, a través de humanos

cuando mis miembros (insoportable lepra)

se separan y alzan y estallan

unos metros más arriba

hasta volverme puramente nada.

Pero, al día siguiente, despierto en mi cama

intacto,

y con el alma vacía.

***

El beso de la Muerte

 

Un estremecimiento de gozo

-en el dolor-

sacude entero mi cuerpo,

como un campo de trigo

mecido por el viento.

Es el beso de la Muerte.

***

Mi cuerpo, como un inmenso continente

 

Mi cuerpo,

como un inmenso continente

donde se libran

todas las tensiones del Mundo.

Volcanes.

Temblores.

Sequías.

Monzones.

Mi cuerpo, mi cuerpo, mi cuerpo,

como una llama inextinguible

que arde siempre

en algún punto,

como una llaga aborrecible

sin pudor abierta al mundo,

como un oído inmenso

abraza el llanto, el sufrimiento.

Mi cuerpo,

osario de fosas comunes

y campos de concentración,

vertedero,

donde los hombres sepultan sus fétidos escombros,

cultivo de virus,

olla a presión,

donde gritos y gestos de horror

son entrevistos,

a través de cortinas de humo y destellos de neón.

Mi cuerpo,

como un juguete viejo y olvidado,

las tripas

del cerdo que fue

-y yace, degollado-

secándose al sol,

para preparar embutidos

que alimenten

a cada día más y más cerdos.

 

 

***

 

Mi vida, un pasadizo angosto y frío

 

Mi vida, un pasadizo

angosto y frío,

crudamente iluminado,

que no lleva a parte alguna.

Galerías y corredores

-laberínticos y circulares-

excavados en la roca,

donde sólo transitan

fugaces, tenues fantasmas,

y sonidos subacuáticos

de inframundo:

cañerías,

muebles,

que crujen en la noche.

Recuerdo tu rostro

-lo he visto en algún frasco-:

el verde, el amarillo cadavérico,

y las facciones abotargadas,

apelmazadas contra el cristal.

Estalactitas y estalagmitas de dolor,

paredes que rezuman sangre,

insectos, parásitos,

caen de todas partes,

y a nuestros pies,

un denso río de vómito

y aguas fecales.

…ya pasé por aquí, en otra circunvolución:

está mi graffiti -grabado en piedra-

y el de alguien, que me precedió…

***

Deja este mundo como te hubiera gustado encontrarlo

 

Me veo a mí mismo, de cuerpo presente

(tú también puedes, no es difícil),

sumido en tinieblas, en la húmeda

y angosta oquedad donde fui enterrado.

Siento el cosquilleo de los voraces gusanos,

frenéticamente ocupados en su monomaníaca labor,

desgarrando irregulares porciones de carne,

para librarme de toda esa carga inútil e inerte.

Vélos: chapaleando entre vísceras pestilentes,

devorando el hígado, el escroto, el corazón, los ojos:

nada escapa a su voraz apetito, salvo

-eso sí- la pálida osamenta, que ya emerge.

Ah, los nichos adosados

donde nuestros cadáveres se pudren decentemente,

y las lívidas esquelas, donde, nuestros allegados,

lamentan tan repentina muerte.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel Requelme

 

MANO DE OBRA DESOCUPADA


¿A quién vende la suerte
un dormir tranquilo?

La destrucción
que promulga el odio
como todas las cosas, lleva final o pausa.
La lanza,
un badajo que irrita al campanario
y la muerte hace poesía.

Ahora
que el miedo duerme el sueño de los muertos.
Se entiende
cuanto de leve tiene la vida.

Ajena la fiesta,
de otros el botín,
la sangre escurrida
se ha transformado en un musgo agrio
y el dolor
comienza a quererlos.

Sin más tiempo
para otra sabiduría.
Sin otra bulla que el luto
de permanecer mirando de reojo desnudos,
la soledad.

Nadie
que venga y diga cuál sombra les pertenece.

Eternizándose
indigno el silencio
que al duelo otorga muda la boca, su fracaso.
Pervertida ausencia de funerales.

Ya no más fotos de padres con manija
huérfanos
de mando apestan la ciudad.
Los condena la adjudicación de la victoria.

¿Acaso,
quién peinó la pólvora del estallido
llegó a santo o a labrador?.

¿Que hay entonces
del agobio de esta paz sin remordimientos?
Pregón de verdad y justicia
desfilan
pañuelos blancos
salpicados por la sangre derramada

¿Cual distancia entre mi voz
y el lugar que achica las sombras?

***

LA BREVE HISTORIA DEL PRIMO JULIO

Logra
cortar los alambres
y eludir la crueldad de guardias
que arrojaban colillas a las fosas.

Inscribirse
en aduanas europeas
con la libertad de no tener que tasar su decisión.

Sin entender demasiado el habla en Barcelona
sin premura por marcharse,
solo el instante de respirar.

En cartas
como gaviotas
que nunca terminaban de decir:
Extrañó Córdoba, desde Madrid, Roma, Berlín.

A la edad que aún le nacían hijos,
secreta,
silenciosamente,
su entraña urdía el principio del fin.

Como un ojo bobo
que no mide
cuanto de valioso arrebata el buitre,
estremecidos
asistimos a la cancelación del aterrizaje.

Cierre de oficinas sin abrir.
Negro cielo de Abril.

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TEXTOS RESCATADOS

Por Mabel Alicia Yones

 

Niños de antes

Niños de antes. Quisiera hacerte una pregunta. Tu de pequeño has vivido a finales de los años 60, en el trayecto de los 70, a inicios de los años 80 o tal vez de antes?…me puedes decir ¿Cómo has hecho para sobrevivir?

Te puedo contar que de pequeños transitábamos en coches que no poseían los cinturones de seguridad, ni tampoco los famosos airbag. Podíamos viajar en la parte trasera de una camioneta y ese paseo era algo muy especial y diferente.

Además, las cunas donde dormíamos estaban coloreadas con todas pinturas fabricadas con plomo. No existían tapas aseguradas contra niños en las botellitas de remedios, como así tampoco seguros en puertas, gabinetes. Niños de antes

Nunca usábamos casco cuando andábamos en bicicleta. En el jardín agarrábamos la manguera y de ahí bebíamos el agua, ni pensar de tomar agua embotellada.

Trabajábamos muchas horas armando nuestros carritos y todos aquellos que tenían la suerte de que en su barrio hubiese calles con pendientes, se tiraban hacia abajo y jamás acordarse de que no teníamos manera de frenar.

Luego de muchos choques contra las malezas fuimos aprendiendo a resolver tal inconveniente. Lo más importante es que nuestros choques eran contra la maleza y no con vehículos.

Jugar era nuestra gran alegría diaria, solo que cuando anochecía pronto debíamos regresar. Niños de antes

Asistíamos a clase hasta las doce y volvíamos a casa para almorzar.

No había manera que nos pudiesen localizar, puesto que no existía el celular.

Solíamos tener cortaduras, se nos aflojaba un diente, nos quebrábamos un hueso, pero no hubo nunca un juicio por estos percances. No había culpables y así de esa manera fuimos aprendiendo qué era la responsabilidad de cada uno.

Devorábamos el pan con manteca, los bizcochos, tomábamos gaseosas con contenido de azúcar y nunca engordábamos porque de una manera u otra estábamos siempre jugando afuera.

Cuando tomábamos una bebida lo hacíamos entre varios, tomando del pico de la misma botella y ninguno contraía enfermedad alguna y ni menos iba a morirse. Niños de antes

No existían los videos juegos, ni canales de televisión, ni video caseteras, ni computadoras, ni chats por Internet. La única manera de divertirnos eran nuestros amigos con los cuales salíamos a compartir el momento.

Caminábamos o íbamos en bicicleta hasta la casa de nuestro amigo, golpeábamos o tocábamos el timbre, o bien entrábamos sin golpear. Ahí los encontrábamos y nos íbamos afuera a jugar. Sí, afuera, en el mundo cruel, sin alguien que nos cuidase. No me explico como lo lográbamos. Niños de antes

Nuestros juegos eran palitos o pelotitas de medias y algún partido que se armaba no todos eran elegidos para participar y no sucedía nada extraño que llevara a traumarse.

No eran tan brillantes algunos estudiantes como sucedía con otros y cuando perdían un año, solo lo volvían a hacer. Nadie asistía al psicopedagogo, ni al psicólogo, solamente repetía el curso y obtenía otra posibilidad.

Poseíamos éxitos, fracasos, responsabilidades, libertad… y así fuimos aprendiendo a que todo es manejable. ¿En esa generación te has encontrado tú?

Niños de antes – anónimo

***

Siempre esperando


Desde aquella muerte temprana
cuando aún estaban mis hojas tan verdes.
Qué esperanzada pisaba los campos.
Qué generosa y colmada mi mano.
Qué afanada tras la cosecha.

Noches interminables vigilaban
al viento por si traía un mensaje.
Esperas bajo el sol. Diálogos
con la luna tristísima de invierno.
Y qué dolor bajo el cielo que cubre
tanto silencio,
tanta pregunta sin respuesta.

Van pasando los años.
Nada sobre la tierra.
Ninguna posible esperanza.
Ninguna verdad madurando.
Sólo silencio

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María Isabel Bugnon (Argentina)

 

Sueñas

Si en las noches sueñas
con un río de espuma,
son mis versos que
quieren atraparte en
ese laberinto mágico.
Si en las noches sueñas
con un monte de plumas,
son mis poemas formando
un sutil abanico de amor.
Si en las noches sueñas
con el verde claro
y una braza encendida,
es mi corazón que como
una mariposa  busca amparo
en la pradera.

***

Nace y muere el amor

            

El jazmín nace de la raíz,

la flor de las ramas,

y dime tu que todo lo sabes

¿Como nace el amor?

El amor nace de una mirada cómplice,

se afianza con una sonrisa,

da sus primeros pasos con la ilusión

desanda caminos con los sueños

se marchita con la mentira

y muere con el engaño.

 

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11º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

11º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

11º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

LVº de la segunda etapa/01-05-2011

 

EDITORIAL LV

Frente a los adefesios pseudoculturales, defensa de la imaginación

 

 

Como ya comentamos en su momento, este año recayó el Premio Cervantes en la escritora Ana Maria Matute y aunque somos críticos con los galardones y los grandes actos institucionales, sentimos sin embargo que este reconocimiento tiene algo de merecimiento, de justeza. Ana María Matutes es una de las grandes narradoras de este país y sus relatos poseen la fuerza de las palabras, de la magia de la literatura que encandila, que te ata al relato, que te embriaga con las palabras, con los hechos que narran, con las historias que te transmiten.

En el acto de entrega del premio, esta misma última semana de Abril, en Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, su discurso de agradecimiento estuvo absolutamente a la altura: fue todo un alegato de la imaginación frente a las certezas de este mundo, de la literatura y el arte frente al materialismo actual, que desecha todo lo artístico, que denigra el arte a favor de una sensatez absurda.

Compartimos con ella la necesidad de la fantasía como elemento básico para la vida. La vida ha de ser transformada en arte, de lo contrario se convierte en algo inocuo, absurdo, sinsentido. Frente a unos tiempos que reclaman como eje de la existencia un éxito basado en el dinero, la mera comodidad y una fútil fama que no requiere esfuerzo y menos aún capacidad de sorpresa, creemos que la realidad es mucho más que lo aparente, renegamos de ese mundo que nos intentan imponer y defendemos la posibilidad de darle la vuelta a las cosas, o al menos intentarlo.

Somos conscientes del momento duro en el que estamos, nosotros padecemos también los efectos de una crisis que aporta excesiva angustia a nuestra cotidianidad, pero ante esto, reclamamos la revuelta también de la imaginación, la fantasía y la ensoñación. No sólo luchamos por otro mundo en el que lo importante no sea el dinero, en el que se transformen las relaciones sociales, también alegamos como imprescindible un cambio en la vida de cada persona. No es fácil, el capitalismo ha impregnado cada rincón de nuestras vidas y pretende someternos por completo. Nos hemos convertido muchas veces en nuestro peor enemigo, nuestros miedos, nuestra inseguridad, nuestra falta de perspectiva, todo se vuelve contra nosotros.

Pero hemos de colocar el arte en el centro de nuestra vida, tanto individual como colectivo. No queremos ser simples mercancías, pretendemos ser arte, extender la belleza a todos los aspectos de la vida. Saquemos las piezas de arte de los museos y convirtámoslas en objetos cotidianos. Transformemos los discursos en poesía. Impongamos la imaginación frente a las decisiones prácticas. 

Creemos que la política cultural que desde los ayuntamientos y las comunidades autónomas en España -pero es un fenómeno global, mucho nos tememos- se debe dirigir a la cultura cotidiana, la que conforman los grupos, los proyectos y las iniciativas próximas a las personas, que al fin y al cabo son los verdaderos protagonistas de la cultura, y no los grandes museos y grandes teatros. De lo que se trata es de que se llenen de arte los rincones habituales donde vivimos, trabajamos y paseamos, que la literatura inunde todos los lugares, que nos acompañe en cada momento. Sabemos lo difícil que es defender lo que defendemos cuando millones de personas de todos los países lo pasan mal por falta de dinero, pero creemos que hay que construir un nuevo mundo en el que el arte recobre su lugar y no sea, como ahora, un mero ornamento.

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MONÓLOGO EN CLAVE DE JAZZ

SOBRE LAS

PROMESAS FUTURAS

(Oda inocente a los Estados Unidos)

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Cuando vaya a Estados Unidos me iré con dólares

tatuados en mi pecho,

con pasaportes y visados

 marcados a fuego entre mis párpados,

dinamitaré sus fronteras, sus lindes, sus arbitrios,

haré fogatas en el desierto oyendo los coyotes,

beberé café en tazas que ocupen el espacio de mis vacíos.

 Me iré cual rosa compungida en el desprecio,

cuando me vaya a los Estados Unidos de América

destaparé enigmas tras el tiempo en la raya recta del horizonte

 y descifraré el troquelado de cobre de las cajas de música,

en ellas hallaré mi renovada fantasía,

seré un pelirrojo irlandés sin nombre

y dejaré de ser un gitano vagabundo sin estrellas,

sin clan, sin caravana, seré el reverso de todas las patologías,

visitaré la tumba de Marilyn Monroe,

visitaré la estatua de un Abraham Lincoln solemne,

de presencia solemne, como un dios que a mí solo me mire,

cuando vaya a los Estados Unidos de América

me uniré a las causas extra-mundiales,

me atendré a la famosa quinta enmienda,

me partiré en dos como un corazón que no pertenece a nadie,

como un homeless o un cadáver exquisito,

me abriré las venas por un desorden típico en mi personalidad,

me casaré con una chica del Greenwich Village

y me destrozaré el lomo trabajando en los muelles,

cuando me vaya a los Estados Unidos

abriré una flor púrpura por los afro-americanos de América,

me uniré a la mafia y llevaré trajes de seda italiana,

elogiaré los mares del porvenir con tu whisky

entre mis labios plagados de sal, me desnucaré ante masacres

que todavía no están probadas, estallaré como aviones

ante la mirada de los que nada miran.

Cuando me vaya, si, hijo mío, si, cuando me vaya

a los Estados Unidos de América

buscaré el olor de la sangre en la ruta 66,

desfloraré muchachas que no fueron educadas para ningún nadie,

avisaré a los periodistas para me ninguneen,

peregrinaré al lugar donde mataron a Kennedy,

huiré de los agentes federales

para que no me acusen del delito que jamás cometí,

y me lleven ellos a corredores de muerte y exterminio

donde todavía no se ha visto ni dios ni milagro ni ángel alguno,

cuando me vaya a los Estados Unidos

quiero ser la persona que jamás he sido en la vida,

quiero poner huevos en el American Dream,

quiero que lo que no he querido querer

 y lo que he querido siempre

quiero que como siempre sea aquello que quiero que así sea,

quiero hondear una nueva bandera y ser un colono nuevo

que profundiza en la California más profunda,

cuando me mueva por Estados Unidos

como una serpiente cascabel borracha de rabia

quiero hacerme transparente como un sueño sin sueño,

cuando abra tu fotografía en Nueva Orleáns

eyacularé el semen de la gloria en su emulsión,

me empalmaré como un troglodita en una orgía,

me haré pionero de una tierra indómita y jamás descubierta.

En los Estados Unidos de América seré una nueva persona,

seré la tradición judía y la herencia escocesa,

seré un salvaje sin reserva al cual aparten sí molesta,

seré un negro con arrugas en la arruga negra del sufrimiento,

seré un tejano granjero que escupe tabaco de mascar

en el cobertizo de su casa vieja, entre polvo y soledad sureña,

seré un amish resignado con callos en las manos,

me partiré, de una vez por todas,

la espina dorsal trabajando

y apareceré en una canción de Bruce Springsteen

como un héroe anónimo y casi o del todo nacional,

también, por qué no,

 asistiré a ver el colapso de la economía universal

y al abandono de las madres que abandonan su hogar

en plena primavera, en la primavera luminosa,

cuando la Navidad sea una sombra de plomo que se agacha,

que se agacha encima de nosotros;

asistiré a la Súper-Bowl

 para fingir que soy todo un patriota,

mientras que aterrado,

echaré en falta aquella seguridad social,

echaré en falta la hierbabuena en la sopa,

echaré en falta la patria de mi niñez,

cuando cruce San Francisco, ¡oh! Pin-up de mis excesos,

cuando cruce como un peatón destinado

 al olvido San Francisco,

cuando en Manhattan nadie me conozca por sus avenidas,

cuando mi nombre sea una molécula

 o una célula efervescente

y crezca caprichosa e insaciable de la piel del sol,

cuando me mortifique aún por los gestos y las reacciones

tras otra reacción, tras otro gesto imposible,

que desmienta la otra verdad de ser otra mentira,

cuando otra vida sea otra vida, y esta otra vida sea esta vida otra.

Cuando se haga el ocaso de los culpables una purga

y mueran, por fin, las leyes que improvisan la venganza;

cuando yo apague el fuego de las cruces que se queman

en pos de la tolerancia y el respeto mutuo a las personas;

me encenderé un pitillo Marlboro

y pronunciaré las palabras sagradas:

─Me encanta que los planes salgan bien. 

 

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Fanalis o la añoranza del amigo

 

 

         El tirano Falanis añoró en ese momento a su amigo Perilo. Fueron muchos los consejos que le había brindado a lo largo de los años que lo conoció y que fueron además de intensa amistad. Angustiado por su inminente destino, viendo tambalear su poder y aterrado por el humo que ya comenzaba a inundarlo todo, sintió las lágrimas que descendían por sus propias mejillas. Le dolió contemplar desde el balcón de palacio, a lo alto de la modulada colina desde la cual dominaba el paisaje, la ciudad de Acragas que él había diseñado con arte, precisión y gusto, y que apenas había sido una villa cuando la heredó, saliendo apenas de la niñez, y que él y sólo él, según reconocían todos, reyes y humildes, sabios y serviles, había hecho renacer con vocación de urbe, de modelo para el mundo. Ahora estaba siendo destruida por sus propios habitantes airados y henchidos de rabia, y un profundo abatimiento, el abatimiento del amante de las artes o del soberano orgulloso de su reinado, quién podría saberlo ya a esas alturas de su vida y de su despótico poder vacilante, ni siquiera él lo podría afirmar, le hirió en su alma apesadumbrada. No supo tampoco discernir si el dolor, el miedo y la consternación provenían de ver a ese pueblo de Acragas levantarse contra él mismo, su soberano, o si era la soledad inmensa que se impuso de pronto en su interior, reflejo sin duda de la pavorosa soledad exterior y que era a todas luces perceptible en cada rincón del palacio, lo que le hizo caer en la desolada melancolía que le mantenía de pronto exánime. Pero de lo que sí estaba seguro era de la falta de su amigo del alma, irremplazable.

         Sus ojos se llenaron de lágrimas y su mirada se nubló. Abajo, en la ciudad, los gritos se elevaban hasta lo alto de la colina. No supo lo que gritaban, no lo quiso saber tampoco, tal vez porque sabía que los insultos que lanzaban hombres y mujeres, incluso niños y ancianos, y las palabras de odio y de rechazo que algunos se explayaban en dirigir en plazas públicas y en las esquinas de las amplias avenidas se dirigían contra él, el rey odiado, el tirano despreciado por su crueldad.

         Atravesó de nuevo el palacio y otra vez le hirió la soledad de sus lujosos cuartos, de los luminosos salones, de sus placenteros pasillos. Todos habían huido, sus criados, sus esclavos, incluso los escasos consejeros que juraron fidelidad eterna y a los que, en su fuga, acompañaron los fieles guardias que aún se habían mantenido en sus puestos, tal vez temerosos hasta el último momento de que el tirano recuperara de pronto el poder pero que, cuando se cercioraron de su inminente caída, cuando ya no cupo la menor duda, no vacilaron en salir para unirse al griterío y mostrar su repulsa, posiblemente como los más convencidos oponentes, hacia quien habían obedecido hasta ese mismo momento. También las mujeres de su serrallo habían partido dejando atrás para siempre las huellas de sus caricias y de sus besos. Pero mientras atravesaba el ahora sombrío palacio, mientras sus lágrimas devenían sollozos y gemidos, un solo nombre se repetía en su cabeza y lo pronunciaba a gritos con desolada y desperada nostalgia:

– Perilo.

         Notable escultor y extraordinario mecánico, recordaría sobre todo las veladas intensas en las que hablaron de arte. Rememoraría mientras cruzaba estancias vacías la llegada del artista ateniense y cómo se presentó ante él, humilde y sencillo, sin la vanidad propia de los artistas que acudían a su palacio a sabiendas del entusiasmo del joven soberano por convertir su villa en un faro para el mundo. Falanis le expuso el proyecto de ciudad que se hallaba perfectamente dibujado en su cabeza y Perilo, sin ocultar su entusiasmo, fue apasionándose por ese proyecto que acabó asumiendo como propio. Acragas sería su mayor escultura, una obra viva, la obra genial por la que sería recordado en las futuras generaciones.

         Falanis y Perilo: dos nombres unidos para siempre, fue lo que pensó entonces, a las puertas de su próspero reinado, el soberano y el artista que regirían todo un destino, que construirían juntos una ciudad. El discreto Perilo se puso a trabajar en su taller. Estudiaba con atención los materiales, las formas supuestas e imaginadas, las ideas, las líneas de las calles y avenidas que comenzaban a brotar desde las plazas, los detalles de las fachadas que parecían haber estado esperando durante siglos a que el ateniense les diera ocasión de surgir de las piedras. Falanis estaba impresionado por aquel escultor portentoso que le regalaba además su amistad. 

         Mientras Perilo creaba, Falanis gobernaba con mano de hierro. Hubo voces que aconsejaron moderar la rudeza de su gestión, la severidad de sus órdenes, la a veces caprichosa voluntad con que tomaba sus decisiones. Porque no era poco el capricho con que adoptaba las determinaciones de su reinado, algo que fue creciendo, aunque Perilo no se percataba de ello, veía a su amigo reír, disfrutar de la vida, vive con arte, le aconsejaba, sigue tu camino, y Falanis le escuchaba, era su amigo, su único amigo, el más amado, el más glorificado.

         También Fanalis explicaba cada uno de sus actos a su genial compañero. Para Perilo, era como un juego y lo veía disfrutar y lo animaba. ¡Qué asombro mostraba el artista con los instrumentos que Fanalis no paraba de inventar! Porque el soberano quería emular a su amigo y por las noches se ponía a imaginar nuevos objetos que diseñaba y construía sin parar, anteponiendo la invención, la imaginación, a cualquier otro asunto, almacenándolos la mayoría de ellos aún sin terminar por todo el palacio. El reinado debía ser también una obra de arte, gobierno y creación se unían para fundar un nuevo Parnaso.  Perilo disfrutaba con aquellos instrumentos cuya finalidad, con frecuencia, desconocía, pero para él bastaban las líneas armoniosas, el goce de la perfección física.

         Recordó mientras avanzaba por un pasillo adornado con bosquejos de árboles en las paredes el día que le mostró el toro. Era la primera escultura que Fanalis había construido él mismo por entero. Le enseñó la apertura lateral, la abrió y mostró a Perilo el interior vacío. Para qué sirve, le preguntó. Fue la primera vez que el artista se preocupaba por la finalidad de uno de los instrumentos que surgían de la imaginación del rey. Fanalis rió. En ese momento ya todo era un juego para él. Métete, le dijo. Y Perilo, contagiado por el ánimo de esparcimiento y travesura que dominaba el palacio, se introdujo en el toro. Fanalis cerró la apertura y encendió el fuego en la ancha plataforma sobre la que se levantaba el toro de acero y que a todas luces adoptó de pronto la función de horno. Las cuatro patas huecas del toro eran tubos por los que ascendía el calor del fuego. Recordó el tirano los mugidos que surgieron del toro recién creado. Funciona, dijo cuando dejó de escuchar los gritos aterrados de su amigo.

         Había pasado mucho tiempo desde aquello. Ahora le echaba de menos, su apreciado Perilo. Siguió pensando en él mientras escuchó las voces acercarse por otro pasillo lateral y el rostro del genial artista fue lo último que recordó antes de desvanecerse para siempre, al poco de cortarse las venas en los baños de palacio.  

Juan A. Herrero Díez

 

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LEYENDAS

Por Cristian Claudio Casadey Jarai

 

La leyenda de los suicidas de los Chorros de Tacares

 

        Los Chorros, en Tacares de Grecia, es un refugio natural que seduce al visitante con sus limpias cataratas, el murmullos de sus aguas y el canto de sus aves. Una mañana, tiempo atrás, un turista se aventuró hasta un lugar un tanto alejado de la reserva. Para su sorpresa, encontró a una pareja malherida tirada sobre el verde zacate. La joven yacía descalza e inconsciente. El varón, con un hilo de voz, atinó a pedirle ayuda al forastero:

–      Señor, somos dos jóvenes que nos amamos. Nuestras familias se oponen a que nos casemos, es por eso que habíamos resuelto suicidarnos, pues no podemos vivir el uno sin el otro. Por eso buscamos esta zona alejada para quitarnos la vida. Pero ahora estamos muy arrepentidos. Por favor, ayúdenos buen señor…

El hombre, acongojado y preocupado, corrió a toda prisa para buscar auxilio. Pronto llegó el personal de la Cruz Roja.

–      Dígame señor ¿hace cuánto tiempo dice que habló con el muchacho? – inquirió el paramédico.

–      Hace media hora doctor, el joven pedía asistencia médica urgente – replicó el extranjero.

–      Es que en realidad esta parejita ya lleva muerta más de veinticuatro horas…

***

La leyenda del cuadro del payaso

 

        Hace mucho tiempo vivía cerca de la Municipalidad de Grecia un viejo pintor muy talentoso. Sus cuadros eran muy bellos y de vivos colores, en especial los retratos, en los que ponía todo su talento y esmero.

        Un día llegó al pueblo un famoso payaso mexicano. El pintor, entusiasmado, decidió pintarlo y regalarle el lienzo, lo cual disgustó mucho al azteca, quien se sintió burlado en el fondo de su ser. Tanto fue su dolor y enojo, que maldijo el cuadro y se lo devolvió al pobre artista. Esa misma noche murió de forma extraña el padre del griego. Lo que nadie había notado es que el payaso del cuadro había bajado un pulgar. Lo mismo sucedió la noche siguiente, cuando falleció la madre. Y así hasta que a ese personaje siniestro solo le faltaba bajar el meñique de la mano izquierda. Cuando eso sucedió, la humilde casa fue devorada por las llamas de un terrible incendio. Lo único que se salvó fue el retrato del infame payaso.

        Pasaron varios años, cuando la casa fue nuevamente reconstruida y adquirida por otra familia. Cuando ingresaron, observaron el mismo retrato de un payaso con sus palmas abiertas…

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POEMAS

Por Maximiliano Spreaf

 

Experimento

 

No me muevo.

La intuición me falla.

No viene.

No termina.

No descanso.

Arriba de todo esto estas vos.

Abajo de todo esto están tus palabras.

Dueña de las palabras.

Un gran silencio.

Un torrente hacia mi cerebro.

Estalla.

Al fin.

Las vísceras en una sartén.

Los deseos en otra.

La imagen.

Distorsionada.

De tu vida.

Y de la mía.

En un vidrio.

En una probeta.

Al fin.

Todo estalla.

Te alcanzo.

Te fascina.

Te desvanece.

Las uñas clavadas al borde.

La patada inesperada.

Gozo. Placer. Desquite.

El vidrio.

Al fin.

Estallo.

Para siempre.

 

***

Parábola de tiempos hediondos

 

Ave y Pez están recostados

sobre un grueso poste de cemento

frente al templo musical que los aturde

y embelesa

con sus gritos de guerra marginal.

Ave y Pez salieron abrazados

las lenguas azules

los corazones manchados

de desidia y soledad.

Juntaron sus manos al son

de ritmos africanos

de tambores tropicales y lenguaje de señas.

Ave tiene el vientre hinchado

de sexo adolescente

de hambruna y peste

de cartón y chapas.

Pez no mide consecuencias

a la hora del afano

el gladiador químico hace de las suyas

el cuchillo siempre en sus manos.

Adentro todo es jolgorio

se disfrutan las tragedias

cotidianas que los unen

los presos, los drogones y cornudos

abundan en las letras.

Ave y Pez no ven la noche

solo entrecruzan sus lenguas

sueñan que ya no son

que los lleva la corriente de ese río

que los observa.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

UN  AMIGO  DE  CONFIANZA

 

 

 

Un amigo de confianza

ejemplar casi extinto

en la frondosa selva

donde tantos animales sueltos van

con las uñas afiladas

y pendientes de arañar.

 

***

 

EN  UN  INSTANTE

 

 

 

 

En un instante una vida

se funde en un gesto

y se derrite hilo a hilo

en las mentes receptivas,

son retazos de momentos enervantes

que escarba las raíces,

son fracciones de tiempo

que nos penetran intensamente

como un sonido estridente

que hace sentirnos vivos,

nuestras vidas vuelan, vuelan,

se escapan en el tiempo

y al recordar solo tenemos

instantes que nos consuelan.

 

***

 

DICHOSO  QUIEN  UNA  DOCENA  REÚNA

 

 

 

 

Dichoso quien una docena reúna

de sinceros amigos hasta la sepultura.

 

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CUENTO

Por María Isabel Bugnon

(Santa Fe, Argentina)

 

                                      Morir de amor

Karina  nació  muy pequeña, nadie se dio cuenta que era una niña

 

diferente, hasta que cumplió tres meses de vida.

 

No respondía a ninguna clase de estimulo, era como un vegetal.

 

Allí empieza la lucha de su madre por sacarla adelante, después de 

 

muchos estudios  se llega a la conclusión  que su problema no es congénito,

 

si no  de una mala praxis.

 

El parto  vino complicado  el bebe no nacía,  así que decidieron sacárselo

 

con forses,son unas cucharas grandes que se usaban en una época  para

 

extraer  al bebe,  cuando ya no había otra solución, allí fue  donde le

 

estiraron la medula, quedo como si fuera un flan, sin poder controlar sus

 

movimientos, sus piernitas arrolladas  para atrás .

 

Empezó el peregrinar de su madre por  los médicos, hospitales, centros de

 

rehabilitación.

 

Karina  crecía  como cualquier criatura, solo que no lograba  mantenerse

 

derecha, su cabeza  se movía continuamente.

 

Cuando llego  el momento de ir a la escuela,  lo hizo en un lugar para niños

 

diferentes, aprendió a hablar, ya que balbuceaba  palabras sueltas, escribió

 

 con mucho trabajo,   gracias a la paciencia de sus maestras llego a pintar

 

 muy bien, empezó a participar de un grupo de teatro, lo que le permitió  la

 

 participación en varios concursos,  de los cuales ella  y  su grupo salió 

 

airoso, con menciones y premios al primer  lugar .

 

Karina  era una niña  muy dulce, pura,  transparente, cuando llego a la

 

adolescencia,  apareció un medico  asegurándole que si la operaban podría

 

caminar, pero fue todo una ilusión.

 

Después de tanto sufrir el post operatorio, ejercicios  y todo lo que  se pudo

 

hacer,  no logro  mantenerse en pie, ni siquiera con las botas ortopédicas,

 

siguió en su fiel compañera, su silla de ruedas.

 

Cada día conseguía nuevos logros, empezó a manejar la computadora, en

 

la cual diseñaba tarjetas navideñas.

 

En su casa, su mama le hizo acondicionar un baño  con pasarelas,  en

 

donde ella se paraba y tomaba de las barras  para poder ducharse sola

.

Como toda niña esperaba con muchas ansias su  fiesta de quince, sus

 

padres  se la organizaron con mucho amor, parecía una princesa salida de

 

 un cuento de hadas, bailo el vals con su papa desde su silla de ruedas, esa

 

que la transportaba a ese mundo mágico de niña-mujer.

 

Karina se convirtió en  una mujer inteligente, bella, trabajaba  diseñando

 

tarjetas  de cumpleaños, casamientos, salutaciones  etc.

 

De esa manera  logro  armar su propia empresa, no dejaba nada al azar,

 

tres veces por semana concurría  al gimnasio, tenia una alimentación

 

adecuada a su problema, el odontólogo  era el profesional  del cual mas

 

dependía, el cuidaba de su boca, sus dientes se deterioraban  muy rápido.

 

Su  familia  la ayudaba  mucho en lo material, de amor  y cariño  casi poco,

 

ella se sentía sola,  falta de ese amor de sus  padres que tanto necesitaba,

 

que le digan te amo, te quiero.

 

Desde  la empresa que ella había formado  empezaba a devolverles a sus

 

padres un poco de todo lo que habían invertido en mejorar  su calidad  de

 

vida, su crecimiento físico y  empresarial.

 

Un  día llego el amor  al corazón de  Karina, para su familia un problema,

 

ella era feliz  se daba cuenta que le pasaban cosas, en su estomago 

 

danzaban mariposas.

 

Empezó  una relación con Manuel, un chico de su edad y con  una

 

discapacidad mas leve que la de ella, el podía caminar  con dificultad  pero

 

caminar al fin.

 

Manuel  trasladaba a Karina en su silla de rueda para todos lados, salían a

 

pasear juntos  eran muy felices, se amaban.

 

La mama de Manuel no veía con buenos ojos esa relación, ella sostenía que 

 

Karina era una carga para su hijo  así que empezó una campaña para

 

separarlos , como nada le dio resultado  le dijo a Manuel , mira  tienes que

 

elegir entre  ella o yo , si la eliges a ella te tendrás que ir de casa ,ante

 

semejante propuesta  Manuel que dependía de su madre  tubo que

 

renunciar al amor y elegir  quedarse en su casa junto a su familia.

 

Para Karina fue una noticia muy triste, un dolor incalculable, no lograba

 

entender porque  Manuel prefería a su madre antes que a ella, que lo

 

amaba  con todo su corazón.

 

Paso el tiempo  ella seguía en lo suyo, pero su salud se deterioraba  a pasos

 

agigantados, se dejo caer en un pozo de depresión  que  no lograba superar,

 

 dejo de ir al gimnasio, no quiso mas que la nutricionista se hiciera cargo

 

de su alimentación, se abandono físicamente, sus articulaciones empezaron

 

a  inmovilizarse, no pudo escribir mas en su computadora, ni hacer

 

diseños.

 

La ignorancia  de una madre  autoritaria  destruyo ese amor tan bello y

 

puro que existía entre dos seres maravillosos  que solo querían ser felices.

 

Karina y Manuel emprendieron caminos diferentes , el seguiría al lado de

 

su mama ,mientras que Karina  se fue dejando vencer  por el dolor ,

 

abandonando todo tratamiento posible para salir adelante ,así la encontró

 

la muerte  desprotegida, sin ganas de vivir, dejándose morir por aquel

 

amor  que las personas  incoherentes no supieron  avalar  para que ellos

 

fueran felices .

 

Se quedo dormida  con una hermosa sonrisa  que reflejaba  su partida

 

hacia  ese cielo diáfano, que le habría las puertas a un ángel puro  como las

 

palabras de amor  que se juraron una vez .

 

                                                       

                                                                        Alas de Cristal

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ABRIL DESNUDO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

EL HOMBRE

DEL PASAMONTAÑAS

 

A veces solitario espero sin saberlo

a que me ataquen en la noche,

quizá para robarme, no sé,

quizá para asesinarme.

Imagino a lo que espero (sin saberlo)

vestido de un sutil negro,

con un pasamontañas, también negro,

lo espero en cualquier ruido,

quizá del viento o de fantasmas,

lo espero en la noche más negra.

Quizá me ataque él, el hombre

del pasamontañas, y yo lo descubra

quitándole su negro pasamontañas,

quizá descubra a un viejo amigo,

él sigiloso, espera que me distraiga,

espera como un gato

a que yo sea vulnerable,

como si en la pesada sospecha supiera

que algo pasará en la noche fría.

Como si por mí ya fuera sabido

que algo ha de ocultar la triste noche.

 

 

***

 

DISTANCIAS CORTAS

 

Saca su lengua apuntando

y la rabia se desboca,

boca, boca, mueve sus labios

cuando lee a la sombra

que le iguala, ala, ala,

rompe el ala cuando grita

rompe el agua cuando calla,

¿qué harás sin compañía?

¿Qué vacío hondeará tu garra?

Cuando caves en el aire

aquel vacío de seca palabra,

cuando seas tú solo el hombre,

cuando solo seas nada.

Soledad de quien tiene lengua,

labios que leen lo que callan,

soledad de quien no es el mismo,

unísona lectura que nos delata,

una moneda es testigo,

la misma es entre cruz y cara,

hay quien necesita duda y abrigo

por que en una cruz hay dos rayas.

La naturaleza es tacto distinto,

es gusto, es oído, es luz del alba,

la naturaleza es castigo

caiga la noche o no caiga.

La naturaleza es polvo y ombligo

y el alma da vueltas viciada.

 

***

 

CANCIÓN DEL ABRIL SANGUÍNEO

 

Para mi hermana en el día

de su cumpleaños.

─Te quiero Mary.

 

Tú que rondas la campiña

en pos de la primavera,

muéstrate inusitada niña

sí te acecha centinela.

Tú que ruegas paz y viña

en pos de una mar serena,

no debe haber quien se ciña

a una verdad sin leyenda.

Tú que eres mujer que aliña

con aceite, sal y pimienta,

recuerda que viene dañina

la paz que nadie se inventa;

Tú recuerda que se escudriña

la paz que no se intenta,

que nunca hubo vida digna

para aquél que no se entienda.

La piel del sol es muy fina

y se desprende como cera,

flor a flor y clavellina,

nardo que engarza a su vena,

Tú, mujer que has sido niña

y prisa vegetal de estepa,

cuídate de absurda riña

y del parco No que te suena.

Guardián de pulcra sonrisa,

asfalto que jamás se siega,

nunca hubo nadie exacto

cuando al simulacro se juega,

flash de veneno incauto,

patraña de quien lo pretenda.

Niña, que te vas dulce al acto

de ser mujer en la senda,

anúdate al buen ciudadano

y marido que más te quiera,

niña que has visto lo malo

en tu mesa y en la niebla,

santifícate al (sin embargo…)

rumbo que a ti se asemeja,

niña que has probado amargo

sorbo que olvida la tregua,

que tu paz sea para el verano

lo mismo que es la cosecha,

niña que has visto a tu hermano

marcharse para una guerra,

guerra infame de soldado

que no disparó ni una flecha,

guerra de recluta y menoscabo,

guerra de entraña y ofrenda,

acuérdate que viste paisano

todo aquél que no comprenda

que guerras se tragan milagro

y otros postres para la cena,

acuérdate que solo es fulano

todo aquél que no se presta,

se presta para la tragedia

y para la alegría se muestra,

acuérdate que es temprano

para añadir suma y resta,

acuérdate que no cae el rayo

donde suena la tormenta.

Acuérdate que es en vano

sonrisa postiza en la fiesta.

Acuérdate que hace daño

si llamas y nadie contesta.

Acuérdate cuando el trago

sea lo que tanto detestas. 

Acuérdate si te has acordado

y olvida lo que olvidarte debieras.

 

***

 

LA ACERA DE ENFRENTE

 

Hoy la ciudad no es la misma,

ha fracasado el Barça,

esconden barriga y esconden frente

en esa derrota una vez por semana,

estos, como una plaga de débiles

ocultan la derrota que les empalaga,

el triunfo está siempre presente

y derrotados tragan su revancha,

hoy la ciudad es silencio,

es eterna madrugada arrasada,

nos asistirá apresurada la fiebre,

hoy se ha forzado la máquina,

está apagada la chispa y la gente,

la ciudad repele su eterna patraña

y en sus bocanadas vomita la plebe;

ven la alegría bailar su sátira

descalza y en la acera de enfrente,

 nos saca su lengua sarcástica

abrazada a necios y ausentes,

unos resbalan su fe estupefacta

e ignoran lo que nos duele,

ignoran lo que tanto nos iguala

e ignoran lo que nos hace fuertes,

la alegría es como una lacra

y baila en la acera de enfrente,

conmovidos por su falta

olvidan ahora qué nos escuece,

esta ciudad baila torpe y lejana,

 mojan su gana la ley de los febles,

tropiezan ausentes pateando latas,

perdidos pedazos que emergen

 de una mar engullendo nostalgias,

pedazos de voluntad carente

con la verdad que la mar se traga,

se callan más que la noche calla,

se calla la noche más de lo frecuente,

se pierde lo que no se halla,

Hoy ella pende sombría y diferente,

los semáforos son fría comparsa,

hoy la ciudad es mentira,

[es pago pendiente

 la mentira sucios nos devuelve

y la hipocresía a todos nos delata,

Ese chovinismo de patria enclenque,

Esa verdad que nos enseña la raya,

oculta patria que mastica con saña,

obscena de luces la sombra entiende

esa calaña que nos escupe y aparta

antes de que nos sorprenda la muerte

y después de la derrota diaria,

cuando el interludio presente

sea el enfrentamiento de mañana,

cuando una comida caliente

sea aquella utopía que nos aguardaba.

 

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8º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

8º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

8º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

LII de la 2ª Etapa/01-02-2011

 

EDITORIAL LII
Jaime Salinas

 

Ha muerto Jaime Salinas. Ante todo fue un transformador en el mundo editorial, consiguió que en España se introdujera el libro de bolsillo y de este modo logró que se expandiera mejor la literatura y la cultura en general en un momento, además, en que la población había comenzado a gozar de altos niveles de alfabetización y por tanto aumentaba el número de lectores. Podemos comparar este avance de los libros de bolsillo con las posibilidades que dan hoy las nuevas tecnologías -el libro electrónico, Internet, la difusión potencial en el sinfín de canales televisivos-, aunque nos tememos que, si bien el libro de bolsillo fue una mejora que permitió una mejor difusión de la lectura harto palpable, no vemos el mismo fenómeno en lo que a las nueves tecnologías se refiere.

Jaime Salinas era hombre culto y bien comunicado con la cultura de su tiempo. No sólo fue un animador literario en España, también intervino vehementemente en fortalecer los lazos entre la literatura de las dos orillas, la de España y la de América Latina. No en vano, estuvo vinculado a Alianza Editorial y Alfaguara, dos editoriales españolas que han incluido a numerosos escritores americanos y colaboró con Carlos Barral, otro de los grandes nombres españoles relacionados con aquel continente y comprometido con la difusión de su literatura. 

Ya hemos comentado alguna que otra vez que somos conscientes de que una editorial precisa, como cualquier otra empresa, contar con un balance de beneficios que permita vivir decentemente a sus trabajadores y colaboradores, pero también que una editorial ha de estar comprometida con la cultura de un país, de una lengua. Precisamos buenas editoriales, del tamaño que sea, pero que ofrezcan calidad, mimen a los autores y a los lectores, sepan contribuir al fortalecimiento cultural del país en el que se desarrolle su actividad. Poco nos importa el tamaño en realidad: hay editoriales pequeñas cuya labor es más que encomiable; hay grandes editoriales que en vez de libros podrían producir churros o dedales y no se notaría mucho la diferencia.

Jaime Salinas era de los editores conscientes del material con que trabajaba y la importancia que tenían los libros más allá del beneficio que podían reportar. Introdujo el hábito de incluir el nombre del traductor cuando se trataba de obras en otro idioma y reforzó el diseño de los volúmenes, lo que demuestra hasta que punto le daba importancia a todas las personas que intervenían en el proceso de producción material del libro.

Aunque era hijo del poeta Pedro Salinas, no escribía, fue ante todo un animador cultural de primer orden, alguien que forma parte de la cultura de otro modo, no en la creación, pero sí en la difusión, algo que es realmente importante y cuyo recuerdo hemos de mantener siempre muy vivo. En un momento en el que al conglomerado de empresas del sector industrial se le llama “industrias culturales” es importante tener en cuenta la aportación de hombres como él, que poseían una perspectiva netamente humanista.

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UNA TARDE CUALQUIERA

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Íbamos a comprar caballo, íbamos casi de rodillas

como dos gorriones de extrarradio

hacia el extrarradio del mismo extrarradio,

como dos ángeles tontos a comer basura,

como dos peces secos en el interior,

cruzábamos las manos y rezábamos falsa plegaria,

íbamos en coche sin pensar en más nadie,

queríamos nuestra dosis como un pan caliente,

teníamos la sed de islas con agua en la cuchara,

dotábamos la vena de minucias y gangrena.

Estábamos al límite de sueños trasnochados,

íbamos como dos ciegos niños al pozo de Can Tunis,

presagiábamos la aurora al empezar la tarde,

nuestra tarde en una plaza con el tedio a nuestro lado,

era invierno y el cielo tenía tanto gris en su cima

que no paraban los felices en la calle ni un ratito,

lleguemos y vimos desde la autopista

a la policía montada y vimos que el patio

era una custodia en el plomo, no existía el color rosa,

decidimos rodear para entrar por puerta trasera,

andemos y andemos, nerviosos como pájaros,

yo con la mirada en las intenciones futuras,

tú indicándome el camino, nuestro camino helado,

al entrar nos vendían chutas, cundas, pipas y camelos,

 el oropel del cementerio ondeaba sibilino

como una bandera izada por todos y por nadie,

las gaviotas a lo lejos asustaban las palomas,

los escalofríos rodeaban la redada de hielo,

trastienda negra de la droga, romería y pesadilla.

Compremos el material, el culo se hizo agua,

ganas que son ganas adentro de la desgana,

al volver al coche otra vez la misma vuelta,

el atajo más largo, otra vez te diste callo,

subimos la rampa atada a un barranco de poca monta,

resbalemos por la cuesta del vicio y la barbarie,

al llegar a la vía de raíles y empedrado,

piedras sobre piedras, seudo-esguinces en los tobillos,

andar por una mala vía es desandar lo consabido,

al pasar la curva decidimos el veneno

y quitarnos la máscara rota y plena de contradicción,

yonquis, maderos y camellos, la misma rueda,

se protege tanto la vida que cuidarse es ya mentira:

vimos un tipo tumbado en mitad de la vía,

yo te dije: saquémoslo de aquí, o lo cogerá un tren.

Tú dijiste: -déjalo ahí, no te metas en marrones.

Lo saqué a rastras como pude, arrastré su pobre paz,

parecía estar el tipo ajeno a cualquier muerte.

Lo juro por los cascabeles vacíos de mi corazón.

Encontremos esquina donde poder darnos droga.

Yo temblaba, le había visto la quijada al diablo.

Era yo quien lo buscaba, pares o nones es el juego,

 flashes de los que acostumbrarse, destellos de linterna.

Era mi compañero de chuta y me dijo fríamente:

-Tranquilízate, pues algo habrá hecho,

yo ingenuamente le decía: algún ajuste de cuentas,

tú asentías mientras el mundo ya no te importaba,

estabas absorto otra vez en el útero de tu madre.

Callo que es el callo, lluvia sobre mojado.

Yo me agujereé la vena sin olvidar al tipo.

Me eché todo el pico en el descansillo.

Tú dijiste: ¡¡Te diste mala vía!!

¡¡Qué Sangría!! ¡¡Qué sacrilegio!!

(Morado vía crucis de senderos por mi piel),

un pico fuera de vía es un desperdicio, te dije yo.

Plastificadas bocanadas y monos en el rellano,

amoratados escondites, altares que son falsarios,

el futuro son espejos en los yonquis que te profanan,

Así son los precipicios, Así son estos parajes,

páramos olvidados, eran las horas del dulce exterminio.

Te los recuerdo esta tarde, por sí los olvidaste.

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El error

 

– No pudimos hacer otra cosa.

– Pero lo dejasteis tirado.

– ¿Qué otra cosa podíamos hacer? Nos sorprendió tanto lo que sucedió que no tuvimos capacidad de respuesta.

         Nadie añadió nada más. Me volví a preguntar en mi interior cómo hubiéramos podido evitarlo, aturdido aún como estaba y con no poca culpabilidad por lo sucedido, pero ¿acaso cabía la posibilidad de otra reacción, otra forma de planteárnoslo, otro modo de asumir entonces lo que estaba sucediendo y después lo que ocurrió?, nos los preguntábamos una y otra vez mientras salíamos de allí y sin necesidad de que ahora Oscar nos viniera con monsergas y nos plantara cara sin haber estado él en el banco, que ya veríamos cómo hubiera reaccionado él, me dije, porque una cosa es haberlo vivido, como nosotros, y otra muy distinta verlo desde la distancia. No era desde luego una cuestión cómoda. Quizá habría que preguntarse cómo fue que algo saliera mal cuando todo estaba, a nuestro entender, perfectamente planificado, todo preparado al dedillo sin que ningún detalle se nos escapara. Pero nunca se prepara todo a la perfección, siempre surge algo repentino, incontrolable, como en la vida misma, en un instante apenas.

– Volvédmelo a contar -La voz de Oscar sonó ruda, seca-. No os olvidéis de nada, hasta el detalle más nimio.

         Sonaba a que alguien habría de hacer una autocrítica bien pronto. Todos sabíamos cómo funcionaban esas cosas, una asamblea en algún lugar, nunca se sabía de antemano dónde, siempre se indicaba en el último momento, y luego alguien tenía que autoinculparse, fue culpa mía, no presté atención, me equivoqué.

         Claro que aquello era grave. Habíamos perdido a un compañero. Lo habíamos visto tirado en el suelo, ensangrentado.

– Pero de dónde porras salió ese fulano. -exclamó Tino.

– Era un policía. -dije yo.

– Cómo lo sabes.

– Lo supongo,  en el barrio hay muchos.

– Qué hacía en el banco.

– No lo sé.

– No debía de haber estado allí, tú lo sabes. -aquí Oscar parecía realmente entre enfurecido y decepcionado.

         No pude responder. Lo sabía, Oscar y yo lo sabíamos, él no debería de haber estado allí si es que era un policía. Pero tampoco estaba seguro. La policía está siempre en todas partes, pensé. Pero no lo dije. Claro que está en todas partes, me hubiera respondido Oscar, por eso preparamos los golpes al dedillo.

         Vaya guerrilla estábamos hechos, murmuró Oscar lo bastante alto como para que le escucháramos, el ejército de Sancho Villa. Con esto no derribamos la dictadura, pensé, no pude menos que darle la razón, ni mucho menos hacemos la revolución. Mucha teoría, muchos contactos, pero luego no vamos a ningún lado. Ni siquiera salíamos en los diarios. Ahora sí, claro, íbamos a salir, seguro, había tema, perdimos a un compañero y la prensa no tardaría en decir que no éramos operativos, no sólo éramos pocos y alejados de la población, además no sabíamos hacer nada, ni un atraco en una sucursal de barrio, hasta los choros más colgados eran capaces de proezas superiores.

         Oscar tiró el cigarrillo al suelo. Estaba realmente irritado. No le gustaba que las cosas salieran mal, pero aquello había sido además un desastre. Me miró. Noté el reproche en su mirada.

– No tienes nada que decir. -me preguntó.

         Los otros no me miraron. No entendieron el trasfondo de la pregunta. Pensaban que se estaba desahogando conmigo.

– Él no tiene la culpa. -Dijo alguien, creo que Tino.

– Ya lo sé. -replicó Oscar.

         De nuevo se hizo un silencio hosco. Me levanté. Me sentía mal y era verdad, consideré, yo debía haber tenido el asunto cerrado: me sentía culpable. Es cierto que no desde un punto de vista técnico, pero había cosas que debía haber previsto. Me puse la chaqueta y miré a Oscar.

– Marchas. -me preguntó.

– Necesito tomar el aire.

– Nos iremos pronto, nos vemos mañana.

– Vale.

         Salí a la calle. Como era costumbre, miré hacia ambos lados para asegurarme de que nadie acechaba. Esta vez, además, podían habernos localizado. Quizá no estuviera muerto, sólo herido, y a esta hora la policía le había sacado toda la información posible. Aunque Tino aseguraba que estaba muerto, absolutamente. Pero podían asociarlo a nosotros, pese a todo, yo no lo tenía tan seguro.

         Hacía frío. Decidí bajar al barrio portuario. Allí localizaría a Murgaín. Era eso lo que Oscar me estaba diciendo: localiza a tu contacto, que te diga qué porras pasó. Yo era el que lo conocía, el que hablaba con él. Los demás no sabían nada, sólo Oscar y yo. A Oscar le gustaría conocerlo, pero era peligroso, ya estaba muy fichado, resultaba arriesgado que se les viera juntos.

         Mientras caminaba por las calles estrechas del barrio portuario, pensé que todo aquello no tenía sentido, ninguno. La gente, además, no se levantaba. Qué porras pasaba en este país, pensé con desánimo. Cualquier sacrificio resultaba nulo. Llegué a la cafetería. Inmenso el local, como siempre lleno, busqué con la mirada. Lo vi en una mesa apartada, leyendo el periódico. Me acerqué.

– Qué pasó. -me preguntó sin mirarme.

– Perdimos a uno. -dije al sentarme frente a él.

– Ya lo sé, me lo dijeron en comisaría. Pero cómo ocurrió.

– Salió un tipo, creo que policía.

– No lo creo, lo hubiera sabido.

– Entonces quién era, tal vez un guardia privado.

– No, tampoco.

– No sé, sea lo que fuere estaba armado.

– Disparó contra vosotros.

– Sí, por sorpresa y le dio al Indio.

         Murgaín lanzó una palabrota. Debía de estar enfadado, nunca soltaba tacos, su lengua era siempre pulcra.

– Yo me ocupé de todo -me dijo-, no debía de haber ningún policía y no lo hubo, te lo aseguro, pero algo salió mal, ni una palabra malsonante, mucho menos un juramento sacrílego.

– Nadie te echa la culpa.

– Lo sé, pero es una debilidad, un fallo enorme.

– Supongo que la próxima vez no nos fiaremos tanto.

– Pero es una pérdida terrible.

         Pensé en el Indio, tan silencioso, tan discreto. Lamenté no haberle conocido más. Murgaín me miró apenado.

– Estas cosas ocurren.

– Lo sé. Es la vida.

– La próxima vez saldrá bien.

         Miré por la ventana. Estaba anocheciendo.

Juan A. Herrero Díez

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SELECCIÓN DE RELATOS BREVES

POR MAXIMILIANO SPREAF

 

Solemnes

 

Los viejos que estaban pateando al pibe habían bajado

sonoramente por las escaleras.

Tenían palos, escobas, hasta había uno con un pequeño cuchillo

en su mano derecha.

Eran tres, pequeños, una mujer y dos hombres.

La mujer tenía un porro de marihuana en sus labios, ardiendo.

Tendría unos setenta años, ropa de turista y borceguíes azul

Francia. Era la más violenta, no paraba de sacudir su escoba sobre

la espalda del niño que se retorcía en el piso.

Uno de los hombres tenía un vestido negro, de esos de fiesta

familiar de sábado por la tarde, y una vincha en su pelo gris que

lucia como un trapo de piso que hacia años estaba tirado sobre su

cabeza. Era el del cuchillito, con el escindía la frente del joven

con inscripciones tales como “truhán” y “veneno”. El que

quedaba miraba toda la escena y se babeaba, era el mas anciano,

parecía eterno, un Matusalén suburbano, enloquecido y vil.

Relojeaba por entre unos gruesos lentes la situación y parecía

calentar motores para dar el golpe de gracia con un madero

redondo y negro que tenia entre sus añejas manos. La vereda de

esa calle era un infierno bello, dantesco a más no poder y elevado

a los cielos de la ultraviolencia senil. El pibito no paraba de

recibir golpes, se tomaba la cabeza, la espalda y las piernas, todo

en una veloz y repetitiva acción. Gritaba. Escupía sangre. Lloraba.

Tenia una camisa verde agua que se estaba convirtiendo de a poco

en un harapo grisáceo, entre la mugre de la vereda y su sangre.

La vieja del porro ardiente se estaba quedando sin escoba ya, se

deshacía en sus manos, convirtiéndose en astillas que quedaban

en el piso y el cuerpo del pobre niño. De pronto el mas anciano, el

que se babeaba, que ya se había orinado encima también, pego un

grito tremendo, como un relámpago: “Basta ya!!! Salgan!!!

……..Que ahora es solo mío !!!!!”

Su voz era nueva, jovial, fuertísima, hacia dudar de la realidad

horrible que mostraba.

Elevo el madero redondo por sobre su cabeza, se arrodillo junto al

joven, que aun era golpeado ya débilmente por la vieja de los

borceguíes azul Francia y con un golpe certero, seco y

endiablado, le partió la cabeza al pequeño. Se escucho un ruido

como de un pomelo estrellado contra una pared, y un

pequeñísimo quejido de muerte. El ancianisimo se levanto a duras

penas, contemplando la masacre, sudado, meado y aturdido. Sin

decir una palabra, los tres viejos subieron las escaleras,

ayudándose entre ellos, a duras penas, con una sonrisa radiante en

sus caras. El viejo del cuchillito dijo: “Solemne será tu madre,

pendejo desubicado…….” Y escupió el piso mientras se

acomodaba el vestido. 

 

***

 

Enamorado

 

Entre todos llevaron el pedazo de madera adentro de la casa y lo

pusieron en el piso del comedor. Los hermanos lo miraban ahora

con curiosidad. El viejo les había dicho que se los regalaba solo si

lo iban a cuidar bien, porque dentro del leño vivían las mariposas

que el había rescatado de su estomago cuando era joven y estaba

enamorado. Ellos accedieron y se quedaron con el madero. El

viejo pronto se fue, rápido, dando saltitos y riendo despacio.

Ahora querían ver las dichosas mariposas. Pero el pedazo de

tronco era un solo bloque macizo. Era imposible que algo

sobreviviera ahí dentro. Lo observaron unos minutos y se dieron

cuenta que el viejo los había engañado. Nunca pudo sacar las

mariposas de su panza y meterlas ahí dentro. Lo que si pudo hacer

fue dejar de sentir, y crear un misterio envuelto para regalo en un

pedazo de madera. Nunca iban a saber si alguna vez en verdad

estuvo enamorado.

***

El Perro

 

Se levanto temprano porque le pedían a gritos que abra la puerta.

Alguien golpeaba y gritaba en su puerta esa mañana.

No entendía, estaba aturdida de sueño todavía, con la resaca de la

noche anterior. Tanteo con su mano derecha el celular, que se

había convertido hacia unos años ya en su reloj despertador, eran

las siete y media de la mañana. Generalmente a esa hora ella era

nadie. No existía.

Habían pasado meses desde el día que se quedo sin trabajo.

Mirando el celular, y escuchando los golpes y los gritos,

recordaba la caminata de regreso a su casa en la mañana que la

despidieron diciéndole que había finalizado su contrato con la

empresa. Se lo venia venir, hacia unas semanas varias de sus

compañeras de trabajo le decían que estaban cerca de los tres

meses de contrato y que en cualquier momento quedaban

afuera.,sin posibilidades de seguir trabajando ya que la empresa

tenia planes de reducir personal porque las cosas no andaban del

todo bien.

Los gritos y los golpes seguían. Era una mujer la del otro lado de

la puerta. Se la notaba desesperada, no paraba de dar fortísimos

golpes en la chapa de la puerta, como si quisiera derribarla. Ella

no alcanzaba a distinguir si era una voz conocida, ni siquiera

podía distinguir lo que gritaba. Trato de levantarse, busco con los

ojos casi cerrados algo de ropa. No veía nada. Los golpes se

hacían cada vez más violentos. Se sumaron varias voces.

Hombres y mujeres que gritaban con desesperación. Logro

entender que lo que decían era su nombre. Martina. Pero nada

mas, las demás palabras se morían en el intento de ser descifradas

por su cerebro, que en ese momento solo atinaba a poner en

funcionamiento débilmente sus piernas. Intentaba abrir más los

ojos, en esa intentona alcanzo a distinguir un resplandor que lo

atribuyo rápidamente a la ventana que tenia al lado casi de su

cama y por la que se metía a diario el sol y el ruido de los pibes

que jugaban en la calle, como era costumbre en su barrio.

Se recostó de nuevo, viendo que no había reacción en su cuerpo

para hacer nada.

Empezó a divagar, a recordar el barrio de cuando era una nena.

Todo había cambiado ahora. Desde la arquitectura hasta la misma

gente del barrio. La gente era distinta. Cuando era una niña había

jugado mucho en una especie de bosque de eucaliptos que había a

unas cuadras de su casa. Era todo un misterio entrar ahí y

descubrir las cosas que pasaban. Se acordaba de haber escuchado

las historias más escabrosas y más inverosímiles que

supuestamente habían pasado allí.

Desde hombres lobos, hasta suicidas frustrados que se colgaban

de los añosos árboles, haciendo una muy mala elección para

terminar con su vida. Porque es sabido que las ramas de los

eucaliptos son de las que más fácil se quiebran cuando el árbol ya

tiene varios años, y era así que en su intento lo único que lograban

era partirse en dos una pierna o la cadera.

Recordó que una vez caminando por los senderos que la misma

gente de tanto pasar una y otra vez habían dibujado entre los

árboles, encontró, no ya un suicida tratando de acabar con su

sufrimiento, sino un perro de gran tamaño, un doberman, atado

por el cuello con un grueso alambre y oscilando de un lado al otro

colgado de una gruesa rama. Se quedo paralizada de miedo ante la

escena. El perro aun estaba vivo y agonizaba lentamente. Se

pregunto quien le había hecho eso, y automáticamente le vino a la

cabeza la imagen de Vilma, su vecina, que odiaba a los perros y

mas de una vez la había escuchado decir que habría que matarlos

a todos o llamar de una buena vez a la perrera para que viniera

con sus lazos a llevárselos del barrio. Se quedo mirando el perro

colgado, aterrada. Sabía que no podía hacer nada. No tenia el

valor siquiera de acercarse un poco mas al animal. Hasta tenía

miedo de que al tratar de liberarlo o con solo acercarse, el perro se

soltara de golpe y la atacara. Comenzó a correr, alejándose

velozmente de ahí, mientras las lágrimas se agolpaban en sus

ojos.

Los golpes en la puerta se trasladaron también a la ventana.

Estallo el vidrio y la saco de sus recuerdos.

La casa se quemaba. Como su niñez.

***

Lunes

 

Nublado, aburrido, malpensado día el de hoy. No va a haber sol

que saque a relucir las carnes grises de los viejos y los psicópatas.

El se canso de su propia culpa y colgó una soga al amparo de su

inconciencia.

Ella no quiere que la lastimen más diciéndole narigona de mierda.

El despisto en una relación demasiado fuerte para su destino de

cartonero.

Ella ve que acostarse con su padre no fue la solución a ninguno de

sus problemas.

El se acuerda de la nena que dejo caer al vacío.

Ella se arranco la cabeza una noche y mato de veintidós puñaladas

su dignidad.

El corre sin mirar a los costados.

Ella se tropezó con su propio abrazo y se lo llevo de parranda.

El no la quiere ni cruzar porque no sabría que decirle.

Somos todos.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER*

*Próxima entrevista en Nevando en la Guinea

 

DESDE  LA  MÁGICA  UNIDAD  DE  MI  VIDA

Desde la mágica unidad de mi vida

rebosante de la fragilidad que le es propia

me aglutino e intento conocer el sentido

de mi efímera existencia,

la que he preñado de principios y objetivos

para intentar no deberme nada

cuando la gran hacedora de la naturaleza

me reclame para ejecutar su causa

dar fin a todo lo nacido,

pero mientras esa inevitable cita no me alcance

sigo construyendo el camino de mi destino

drenándolo con amor, afirmándolo con razones

y despejando su libertad de salteadores,

en esa tarea estoy, que esa capaz de lograrlo

se sabrá en el menos esperado de los momentos,

ahora sigo abierto al camino del conocimiento

y al de la vida con todos mis mejores afectos.

***

 

VENTEAR  DESDE  LA  PRIVILEGIADA  POSICIÓN

 

Ventear desde la privilegiada posición

que su sensibilidad le otorga

y observar con cuidado detalle

los acontecimientos que en el mundo se desarrollan,

para lanzarse sobre ellos

y destriparlos hasta diseccionar todos sus miembros

es la misión del auténtico poeta

debe ser perro de su tiempo.

***

 

VIVIR  EN  MARES  DE  ZOZOBRA

 

Vivir en mares de zozobra,

tormentas y tribulaciones

no es el único destino

que lleva a los hombres

al puerto de la creatividad

ni siquiera es única la senda

de la azarosa y dulce ventura,

pues el talento, la sensibilidad y la emoción

al margen de los caminos que oyen los humanos

debe ser intensamente canalizado

para bucear en las inquietudes del alma humana,

en esa búsqueda llena de dedicación y esfuerzo

debe lograrse la satisfacción en el hallazgo,

ser poeta es ser notario de las emociones de su tiempo,

enfrentándose a la vida

empapándose y absorbiendo el elixir

de la creatividad poética.

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DESDE SAN MARTÍN DE LOS ANDES

PATAGONIA (ARGENTINA)

ANA MARÍA MANCEDA

 

LA DUEÑA DEL MUNDO

 

Es irónico, al menos risueño, ir en un bus hacia el trabajo

una mañana de primavera y sentirse la dueña del mundo

porque sí, porque los ojos inmensos brillan , el cerebro bulle de proyectos y las hormonas esclavizan el cuerpo.

Soy la dueña del mundo.  Vivo al límite, por eso he llorado y he escrito un poema esta mañana, tan solo esta mañana por la guerra de Viet-Nam.

 El otro día, la semana pasada fue por lo de la FAO.¡ Hay hambre en el mundo! Mientras la lluvia cae insobornable sobre la historia, arrasando las espigas y las esperanzas. La sequía acecha, el desierto acecha. Y los pájaros  cantan sobre la tierra.

Soy la dueña del mundo, no me alcanza el tiempo, aún a los dueños del mundo no les alcanza el tiempo.

Por la tarde, mientras el sol se cuelga e insiste empujando los vitrales del subsuelo , ayudado por los aromas de las flores del bosque que abraza  a la Facultad, me sorprende extasiada mirando por el microscopio ; una célula vegetal o la espora de un hongo o el perfecto cristal de una roca.

 Yo extasiada, y no me alcanza el tiempo.

Por la noche el azar me lleva , el tiempo tampoco alcanza

las estrellas se alejan, mis manos, mi cuerpo no pueden seguirlas

quizás mi cerebro. sí mi cerebro, sí mi cerebro.

Amanece. La dueña del mundo comienza su ebullición.

Ocurren tantas cosas en el planeta y la familia sigue la estúpida, nociva

tarea de autodestruirse, mientras ocurren tantas cosas en el planeta.

La lluvia cae y el desierto acecha. Los pájaros siempre cantan.

Olores, jazmines, río , noche húmeda. sabores, panchos, pizzas, asados.

Crepúsculo y cerveza. Amores. Libros, libros, libros. Música, amigos,

se juega a ser hippie, bellos, comprometidos. Recitamos poemas en francés.

Es irónico, al menos risueño ir en un bus y sentirse, porque sí,

la dueña del mundo. Hace mucho, mucho tiempo. Ahora es más irónico aún.

Amanece,  caen copos de nieve en mi jardín

 en la cama, un cuaderno,  una lapicera y mi cerebro

sí , mi cerebro ¡ Flasch! Y soy la dueña del mundo.******

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SELECCIÓN DE POEMAS (2011)

POR PABLO VOLUMEN

 

El de Alabama 

Lo teníamos preparado,
lo habíamos ensayado
no sé cuántas veces.

Era tan fácil como tocar
esa canción de los Simon y Garfunkel,
como quedarte en la cama por la mañana,
como decirle que sí a la rubia,
como decirle que sí a la morena,
como decir que sí
al trago que te ofrece tu colega.

Era tan fácil
como no decir nada,
como decir
que nos lo había enseñado
el de Alabama.

***

Ya sabes… 

tenía lo poco
de los que se quedan
hasta las tantas,
que eran demasiados.

tenía el sonido
de las paredes
que atraviesan voces,
cuadros caídos.

tenía la pregunta
que me gustaba
cuando se mesaba el pelo,
cuando se cruzaba
en viajes cortos.

tenía algunas palabras,
no sé cuántos años
y muchos escritos.

Ella tenía algo,
y yo,
algo que decir.

***

El círculo 

Annabel Lee se levantaba sin rechistar
e iba directa al centro de la ciudad
para celebrar la meada matinal
en el agujero vertical de la Luna.

Después se frotaba los ojos
con sus manos de cuarzo
para rayar la piedra de esos párpados
que sufren sobrepeso.

La flor de lis nos llamaba la atención
aunque no éramos Boy Scouts,
y el reloj de la torre pasaba las horas
cerca de la puerta de la Cámara Municipal.

La bandera de la unión se enarbolaba,
se mecía en lo alto de la torre,
ondeaba sus cruces.

El oxígeno se sentía fatigado
y se apoyaba en la barandilla
para bajar las escaleras,
acercándose al círculo,
donde una multitud de críos
hacía un corro con la manos sueltas.

Disfrutaban de la fuente sin memoria,
riendo, persiguiéndose,
mojándose el uno al otro,
echando agua a las palomas.

Los padres hacían la tangente,
con la toalla preparada,
orgullosos de sus hijos.

Los que iban a la par
eran independientes,
eran individuos,
iban a su bola,
estaban en otro plano,
mintiéndose al oído,
tapándose la boca.

Cerca de mí
una familia Pakistaní
en la base de un banco,
comiendo helado,
helados,
pensando sólo en el helado,
empezando a la vez,
terminando a la vez,
totalmente sincronizados.

Los indigentes me miraban,
paseaban a mi lado,
tosiendo para disimular,
ofreciéndome limosna.

Pero el lápiz no escribía,
se lo gastaba todo en bebida,
lejos,
muy cerca del círculo,
bebiendo vino,
tomando nota.

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MARÍA ISABEL BUGNON

(ESCRITOS)

 

Palabras

 

El amanecer  se llena,

De colores y sonidos.

Tus palabras me hechizan,

a través de tu música.

Tus pensamientos  de poeta  tienen,

la magia de hacer pensar,

me invitan a soñar.

Solo me tengo que animar a volar,

subida en un murmullo de palabras,

palabras que forman rondas,

enredan a mi corazón,

lo hacen sentir

reír, soñar, amar,

palabras transformadas,

en poesías.

***

SUEÑOS DE AMOR

(MICRORELATO)

Los pensamientos hilvanan sueños, su corazón henchido de felicidad añorando el

momento de desplegar sus alas ,emprender su vuelo hacia la libertad total, empezar

una nueva vida, soñar con un amanecer rojizo, noches tranquilas  en las cuales, el toro

del Paraná sale a buscar su sustento diario.

Allí  en las riberas  construirá su morada .

En el taller, mientras modela cada pieza de madera, lo acompañara  un mate ,

amigo fiel que sabe de sus alegrías ,tristezas , penas del corazón .

El susurro del río que se duerme recostado en las barrancas,

el vuelo de las  garzas dejara una estela, en el infinito azul.

La flor del Irupé, danzara en el espejo de cristal deslizándose  suavemente, el lapacho

en flor tendera una alfombra  blanca ,sobre ella depositara  su cuerpo,  se entregara

al descanso  después de una larga jornada.

Cerraras los ojos, vendrá a tu mente la figura esbelta ,vestida con una túnica blanca,

Iluminada  por la suave  luz de las estrellas, en su pelo  lleva  una bincha   de flores de

Ceibo, en la cintura un cinto de caracoles.

Sus pies descalzos ,se hunden en la arena, que los acaricia suavemente ,la brisa juega

Con sus cabellos ,los rayos de luz de la luna ,besan  dulcemente su piel, se acerca hasta

su lecho, siente  el aroma de su piel, la alza  en sus brazos ,depositándola  suavemente

sobre la alfombra de flores del lapacho blanco.

Allí muy despacito  bebe el néctar de sus labios ,aspira el perfume de su cuerpo,

Sus  dedos se  deleitan en cada pliegue,  acariciándolo  como si

Tensara las cuerdas de su guitarra, sus gemidos  son melodías hecha zamba  que se

Pierden en la noche estrellada.

Sus cuerpos unidos, acunados  por el murmullo  del río Paraná que corre mansamente,

Llevándose el  perfume de una noche  de sueño y amor.

Ganador a la excelencia del poeta, en el concurso del poeta virtual en la pagina, poetas iberoamericanos.

***

QUISPE Y UKARA

Se despertó muy temprano ,se sentó en la cama ,cepillo su larga cabellera color azabache, tomo su desaville rosa ,cubrió su cuerpo desnudo, se acercó a la ventana ,abrió lentamente  sus postigos para dejar pasar la claridad de tan bella mañana , observo su jardín un poco opacado por   el frío del invierno, saludo a sus plantas

Con un ¡buenos días hermosas! como lo hacia todas las mañanas .

Se sentía rara , como que ese día seria especial, que marcaría a fuego su vida, uña nueva etapa estaba por empezar para ella .

Prendió su ordenador ,mientras se hacia un café, cuando entro a su correo personal ,algo le llamo la atención , en You Tube un tema de los nocheros ,”cae una lagrima” su grupo musical folklórico que mas le gustaba por el romanticismo de sus canciones.

Se lo mandaba  alguien  que no tenia nombre ,algo un poco misterioso,  le siguió  el juego ,pero  ella sentía  que en su estomago danzaban mariposas, debajo de su desavillé rosa, su piel se erizaba , transpiraba ,cuando al abrir su ordenador  y encontrarlo allí en un murmullo de palabras llenas de ternura y erotismo.

Una mañana al entrar grande fue su sorpresa  al no encontrar ningún mensaje ,pero si allí estaba el, ese hombre misterioso que le llenaba el alma  de poemas ,su corazón se abalanzaba  dentro de su pecho.

El le dijo buenos días ,¿Cómo estas? ella respondió ,bien .¿quien eres? El le dijo, un admirador ,te sigo desde hace mucho tiempo ,por casualidad logre averiguar tu correo y acá estoy  tratando de entablar una bella amistad  con una mujer como tu ,inteligente ,educada simpática  y muy interesante.

A ella no le pareció mal ,llegaban las seis de la mañana y  estaba allí esperándolo, se fue convirtiendo en la cita diaria , era como  un brebaje ,que tenia que tomar para estar todo el día feliz.

Pasaba el tiempo  y empezaban a conocerse  cada día mas ,ella quería saber como se llamaba ,el le dijo ,¿Por qué no me pones tu un nombre? ella acepto con gran alegría y lo bautizo  QUISPE  (brillo, esplendor, espíritu solidario)le causo gracia ,pero lo acepto  con cariño, también el quería saber su nombre ,le contesto lo mismo ,puedes ponerme el que mas te guste y así  nació UKARA (rocío de la mañana)porque el la imaginaba  como si fuera una reina, frágil, transparente, una cabellera  azabache, larga cayendo  sobre los hombros  como una cascada  ,deslizándose  hasta la cintura, una túnica blanca  larga ,con los pies descalzos  caminando sobre las barrancas del Paraná.

Ukara fue tejiendo esa hermosa historia de amor  sobre ese ser misterioso ,el cual ella  le llamaba QUISPE.

Cuando hablaba con Quispe ,el la colmada de palabras dulces de momentos simples,

Pero inolvidables.

Un día UKARA  le declaro su amor  a ese ser especial , a su QUISPE, grande fue su sorpresa  cuando QUISPE le dijo  que solo la quería como una amiga ,que ella era especial  para  el,  pero no la amaba ,no quería verla sufrir .

Por días  y noches UKARA, deambulo  por la  orilla  del río, sus aguas cristalinas le devolvían una imagen triste ,abatida  por el sufrimiento.

Una mañana encontró en su ordenador  una carta de QUISPE que le decía que se iba de viaje  a disfrutar de unas merecidas vacaciones, UKARA  sintió que su corazón  se rompía en pedazos , las astillas  de ese amor  se desintegraban en el espacio, sus ojos no podían evitar  que las lagrimas  brotaran a mares ,se deslizaran y bañaran ese rostro angelical.

Se sentía tan desganada ,su alma  oscura y fría ,no encontraba sentido a su vida ,la soledad le robaba la cordura, cuando  mas sola  su alma estaba ,mas débil la razón.

Imaginaba  el mar ,sus olas elevarse ,envolver ese barco de sueños  que esperaba  con tantas ansias ,el sol se va escondiendo  muy despacito  sobre un horizonte rojizo, el  cielo oscureciendo  lentamente ,la noche empieza a deslizar  su manto oscuro  sobre la tierra, la oscuridad parecía cubrir su mente  en tristeza, soledad, desazón, dolor ,angustia.

QUISPE se había marchado  con una despedida  fría ,inclusive le decía que no sabia si regresaría  porque no quería que UKARA sufriera.

UKARA lo esperaba día y noche  en su ordenador ,era la única  cosa que acortaba  esa distancia  que la separaba de ese amor  no correspondido.

UKARA  paseaba su tristeza ,por las noches  caminaba  por las barrancas del Paraná  imaginando amaneceres junto  a  QUISPE,  pensándolo ,preguntándose  en donde estaría ,si pensaría el ella ,si otra mujer calentaría su cama, besaría sus labios ,bebería el sudor de su cuerpo ,dibujaría   ese cuerpo moreno con sus dedos .

QUISPE volvió de su viaje ,la busco para contarle  lo que había  disfrutado  de sus vacaciones ,pero no la encontró allí, UKARA  ya no entraba a su ordenador , no revisaba sus correos, porque sabia que el ya no le escribía

Ese amor a la distancia  le robaba el sueño por la noches, la llenaba de alegría con solo pensarlo ,imaginaba que quizás algún día  lograrían conocerse  y  QUISPE llegar a amarla .

En el  invierno Argentino el llegaba  a  visitar a sus familiares ,le había prometido a UKARA  que la llamaría por teléfono  ,concertarían una cita ,buscarían un lugar paradisíaco y cenarían a la luz de las velas ,UKARA lo amaba tanto que creía en todo lo que QUISPE le decía ,espero esa llamada ,todo fue en vano ,el llego visito su familia ,sus amores que tenia a montones ,mujeres que el ilusionaba con sus palabras hermosas.

UKARA, era tan grande el amor que sentía por QUISPE  que no se daba cuenta  que el jugaba con sus sentimientos  sinceros ,puros,  verdaderos.

QUISPE regreso a su país  sin avisarle  nada ,desde allí  le escribió un mensaje  diciéndole  que no había tenido tiempo de llamarla ,que volvería en primavera y se encontrarían, que lo espere, pero UKARA  sentía que la vida  se le iba, que no tenia sentido seguir esperándolo.

Empezó a decaer ,de su rostro  se fue borrando  esa hermosa sonrisa  que tenia ,de sus ojos  negros el brillo de felicidad  se fue opacando  por la tristeza, su corazón ya no quería seguir  mas.

QUISPE le había dejado  una herida  que sangraba  día y noche  debilitando su alma , inmersa en esa soledad  que sentía  la encontró la parka ,dormida en las barrancas del río Paraná.

El cielo recibió un ángel ,esa reina que murió de  amor por  QUISPE, ese hombre  que no supo  o no pudo amarla  como ella lo amaba .

KAMALI

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR CRISTIAN CLAUDIO CASADEY JARAI

Pensamientos

 

Piensas en palabras vacías

Que de alguna manera

Intentan llenar tus pensamientos

Pero no lo consiguen

Siempre siguen vacías

No hay nada

No hay nada

Solo frustración

Frustración e impotencia

Impotencia y frustración

Pues es la cruel realidad

Y no se puede escapar de ella.

***

Vendedores de mentiras

Vendedores de promesas

Que ninguna se respetará

Que ninguna se cumplirá

Más palabras vacías

Más frases sin sentido

Solo armonía

Desprovista de centros tonales

Solo ritmo

Sin pulso firme

Solo melodías

Puramente atonales.

***

Mi perro es fascista

Se despierta y entona Faccetta Nera

Se pone su camisa negra

Y sueña con conquistar Abisinia

Mi perro es fascista

Se acuesta y canta Giovinezza

Acomoda su fascio

Y sueña con revivir el Imperio Romano

Mi perro es fascista

Ante los problemas silba Me ne fregó

Organiza su corporación

Y lee a Evola…

Es un perro extraño…

***

Escucho por Internet la radio

Radio 10

Y el negro Oro sigue haciendo apología del pornoperonismo

Él mismo es un pornoperonista

Peronismo prostituido

Desnudo de ideología

Vendido al dinero

Pornoperonismo

Cuyo máximo exponente

Es una gran meretriz

Que lleva el destino de la nación

Hacia el Apocalipsis.

***

Cualquier juez sucio

Corrupto e infame

Puede llegar alto

Muy alto

Pues con dinero todo se puede

Sin dinero solo hay cárcel

Y censura

Y silencio

Nada peor que un abogado

Nada peor que un notario

Inmundicias que corroen al mundo

Con sus excrementos filosóficos

Con su ambición desmedida

Con su amoralidad soberana.

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CÁBALAS Y OCULTACIONES

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

CONCLUSIÓN

 

A mi padre.

 

La tranquilidad de la vida es fragmentada,

la ilusión de la vida es un breve momento,

un breve momento es la soledad buscada

y la soledad hallada es un largo fragmento,

la verdad buscada es hallazgo y descontento,

descontento y fragmento es la dicha hallada,

la reencontrada se guarda en el sentimiento,

la felicidad y la libertad son cima igualada,

caducidad fechada en continuo detrimento,

la muerte es la última compañera asegurada,

es lo único perpetuo entre tanto fragmento.

***

LA BICICLETA

 

Veo a mi bicicleta gastada

como se la come el tiempo,

allí en su rincón sin usarse,

el tiempo se la traga

y yo la miro y me canso

de mirarla quieta y polvorienta,

parece un hombre olvidado,

olvidado por la vida. 

***

SOPA DE LETRAS

 

Si ser normal es ser mediocre

Si ser mediocre no es normal

Si ser subnormal es ser mediocre

Si llamamos al mediocre anormal

Si ser anormal ahora es óbice

Si hacer óbice es mediocridad

Si ser mediocre también es óbice

Hacemos óbice por la superioridad

Si la superioridad no es óbice

¿¿La supremacía no es divinidad??

¿¿Lo divino es mera deidad??

¿¿Nombrar Verdad??¿¿Hombre o ProNombre??

¿¿Qué es lo normal?? ¿¿Cuál es el nombre??

-Hombre Banal-

Si ser banal es ser mediocre

¿¿¿También es óbice la banalidad???

Si la banalidad es vana mediocridad

¿¿Es vano el hombre y su vanidad??

La vanidad resume al hombre

Lo peculiar omite el nombre

Y hace óbice en la peculiaridad

Yo me conformo con ser peculiar

Si tienes la peculiaridad de ser mediocre

Yo quiero ser mediocridad

Si la mediocridad es también óbice

¿¿¿Por qué no puedo ser normal???

Ser sin nombrar, Ser sin nombre

Ser un hombre, Ser sin más

***

EL HOMBRE MECÁNICO

 

La noche del primer Sábado de Mayo,

A las 23.16 -¿cómo es posible?-

Aparecerás entre humo y mediana luz,

Aparecerás como el polvo azul en un ladrillo,

Como una aurora que presume de inalcanzable,

Como el esperma de una ballena penetrada.

Aparecerás transeúnte y silencioso,

Meridional y transitorio,

Circunstancial e insultante.

Querrás acaparar toda nuestra atención.

Nos enseñarás a ver lo que no queremos ver.

Conseguirás aburrirnos como siempre.

Verás nacer una estrella entre adalides

de bohemia, plagados ellos de vacuidad,

Creerás pertenecer a no sé qué causa

ejemplar y alucinante, temporal e improvisada,

con no sé qué éticas harás honores cegados

entre no sé qué destino abanderado,

de no sé qué moral creerás tener la norma

domesticada bajo tu compañía edulcorada,

pero serás el mismo hombre pelmazo,

el mismo plasta de todos mis Sábados nocturnos,

aquel que sin conocer el trayecto

lo sigue con suma perfección,

aquel que se deja llevar por la mística

del hay que probarlo todo,

aquel hombre mecánico

que vino por estos lugares hace doce años

y lo echemos a la calle a patadas

y se fue tan inercialmente como antes vino. 

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