38º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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38º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL TRIMESTRAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXXII desde inicios/27-10-2013

 

EDITORIAL LXXXII

Reconocimiento a una escritora de cuentos

 

La preparación de este número de Nevando en la Guinea ha coincidido con la concesión del Premio Nobel a la escritora canadiense Alice Munro. Ya hemos hablado con frecuencia de nuestra falta de entusiasmo por los premios, siempre subjetivos, injustos, caprichosos, incapaces de abarcar el amplio abanico de escritores que en el mundo hay. Pero esta vez reconocemos que el premio nos ha interesado por habérsele concedido a una escritora de relatos breves, de cuentos literarios.

La literatura en lengua castellana posee una larga tradición de relatos breves, sobre todo la literatura latinoamericana, con verdaderos maestros en este género. Los nombres son muchos porque son muchos los escritores que han dado prestigio al cuento literario en América Latina. En España, en cambio, el relato breve no ha merecido hasta a mediados del siglo XX la importancia que merece y fue la influencia de la literatura latinoamericana la que le dio su lugar.

Aun así, el mundo editorial, salvo excepciones por suerte más extendidas, no acostumbra a conceder el reconocimiento merecido a este género, no arriesga en nuevos autores que se dedican, sea por afición o por iniciar su carrera literaria, a este género y esperamos que un reconocimiento como el Nobel sea una palanca para un cambio de política editorial.

Hemos hablado con frecuencia de la importancia que tienen las editoriales en las apuestas de nuevos autores y nuevos caminos literarios. También en lo que concierne al relato corto. Pero también es cierto que precisamos dar a conocer a estos autores, precisamos que surjan lectores que sepan reconocer la calidad de los relatos que se publican en editoriales y en revistas, que difundan su obra. No creemos que la competencia que puedan ofrecer otros formatos sea un problema para la difusión de la literatura. Lo que pone en peligro, más bien, este ámbito es el descenso del nivel educativo, algo que hace mucho más daño. Pero aquí nos metemos en un campo que tal vez no corresponde tocar ahora.

Lo que sí deseamos es que se aproveche el galardón para dar no sólo a conocer a una escritora, sino a un género con el que disfrutamos tanto leer.

 

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Dudas

 

         Inevitable no renegar: sabía que acabaría yo mismo echándomelo a la cara, culpabilizándome, como siempre me ha ocurrido en cualquier momento de mi vida y por cualquier cosa, por nimio que fuese el asunto. Lo de entonces y lo de ahora, lo que ocurrió aquella noche de hace veinte años como lo que sucederá de inmediato, todo ha seguido siempre un mismo patrón del que no puedo despojarme por mucho que quiera e intente expulsarlo de mi interior, siempre la duda, la constante sensación de fallar y la frustración de haber fallado, de estar en el lugar equivocado, de errar en cada decisión. A todas luces era y es, me temo que seguirá siendo, aunque albergue la esperanza, más bien la ilusión, de cambiar, un síntoma de mi vida: errar, dar tumbos, nunca decidirme por nada. Supe entonces que al instante mismo de responderle, al aceptar aquella invitación que desataría todo lo sucedido hasta hoy, se impondría en mi interior el desasosiego, la zozobra, el remordimiento, y supe que, desde que Kô me transmitió su invitación y yo le dije que sí, iba a estar dando una y mil vueltas a mi falta de decisión, a mi seguidismo, a ese estado de ánimo en permanente insatisfacción. Y así fue, así ha sido.

No le echo nunca las culpas a nadie, nada más lejos de mi intención, al fin y al cabo soy consciente de que forma parte de mis características, sólo mías, vivir en la duda constante, sentir siempre la vacilación y el sentimiento de nunca acertar, la indecisión permanente ante cada ocasión en que debía zanjar opciones que me apremiaban, incluso en las cuestiones, como entonces, más nimias, incapaz en todo momento de resolver mi vida y tomar esas mismas decisiones que tanto anhelaba. Ya digo: es algo que me ha acompañado a lo largo de toda mi existencia, a lo que hay que añadir esa sensación de siempre acabar donde no me concierne, vivir lo que no corresponde, ser quien no soy. Porque al final se impone, una y mil veces, esa sensación de llevar una vida que nada tiene que ver conmigo en realidad, la vida de otro o que el que debía ser mi destino, si es que había un destino, si es que los hados escribían en algún momento el libro de tu existencia, se ha otorgado a otra persona. Al final no soy yo quien lo cumple, mi destino, y tal vez por ello otra persona viva en realidad mi vida o cumpla lo que me hubiera sido destinado sólo a mí. Por eso tal vez no le echo la culpa a nadie, no debo, en el fondo sé que todo se debe a mí, a algo que falla en mi interior de forma inevitable, como una incapacidad del ánimo para vivir. Dicho de otro modo, que si elegía un camino, era siempre el camino equivocado y por eso había llegado, por ejemplo, a Barcelona cuando debía ser otra la ciudad en la que tendría que vivir o haber elegido como destino. Por eso, como en tantas ocasiones ya en esa altura de mi existencia, volvía a chocar con la incomprensión y aquella noche era de nuevo un ejemplo de ese estado de cosas y entonces me lo planteaba como un latiguillo que me quemaba por dentro.

−¿Qué porras hago yo aquí?

Me lo pregunté varias veces a lo largo de aquella noche de sábado a domingo, la de aquella vigilia pascual en la Iglesia de Santa María y que daba paso al Domingo de Resurrección. Qué porras hacía yo allí, me lo he vuelto a plantear con frecuencia desde entonces, aún hoy me lo pregunto, cuando han pasado ya nada menos que veinte años, como si aquella noche hubiera sido determinante en mi vida, en lo que iba a ser yo en estos años, en lo que haría, años que nunca imaginé entonces que transcurrirían como transcurrieron, y desde luego me lo repetí una y otra vez durante la velada, qué porras hacía yo allí, mientras observaba la austera enormidad del edificio y me fijaba en las pocas personas -tal vez me lo parezcan ahora, que eran pocas, teniendo en cuenta, desde luego, el tamaño de la iglesia, aunque apenas eran en realidad, lo recuerdo bien ahora, a los veinte años, un puñado que ni de lejos llenaban las bancadas-, subyugadas todas ellas sin embargo por la conciencia de su pequeñez, lo reconozco, no sólo ante la grandeza eclesial, lo que me hacía pensar al mismo tiempo en que era la primera vez que desoía los consejos no sé si sanos, si correctos o un tanto sectarios de mi padre, presbiteriano íntegro, aunque no siempre coherente, de no acudir nunca, pero nunca, nunca, a los oficios católicos por hallarse éstos repletos de trampas para la fe, entre ellas esa sensación de pequeñez que te imponía tanta grandiosidad. Pero allí andaba yo, en aquella basílica enorme, un tanto sobria pese al esplendor, y aquella noche llena de luz para recordar a los fieles la nueva de la Resurrección que todos los años se renovaba en aquel calendario cíclico, ligado quizá, tuve para mí, dominado en esos instantes por una ansia de entender el mundo –y de paso entenderme a mí en el mundo, todo hay que decirlo-, a los ciclos de la tierra, aunque esto, aquella noche, muy poco me importaba o no lo pensaba en absoluto o no consideraba, dominado como estaba por el profundo desasosiego vital propio de la juventud, quizá de todas las edades, que fuera tema de reflexión para mí en ese mismo instante.

Era mi primera Semana Santa en la ciudad de Barcelona a la que había llegado tras un vagabundeo sin sentido entre varias ciudades y andaba en la más absoluta incertidumbre, nada nuevo, y no contaba con quedarme mucho tiempo en aquella ciudad a pesar de haberme matriculado en aquel curso universitario y a pesar de la tregua de la Semana Santa, por lo que se había vaciado casi por completo para la ciudad, tanto el barrio donde yo vivía por entonces, una mera esquina del Ensanche, como también  todos los barrios, salvo quizá los del centro, donde se replegaban los turistas y los pocos autóctonos que a primera vista se quedaban en la ciudad, parecía que hubiera habido una fuga generalizada, o, cosa más probable, que sólo saliera a la calle una minoría de entre los muchos habitantes que se habían quedado en Barcelona y que se aislaban por cualquier razón, por abulia, cansancio, ganas de aislarse de una cotidianidad insatisfactoria, y sólo salían aquellos que no soportaban la quietud con que habitaban entre las cuatro paredes de sus casas, paredes que se les caían encima seguramente y querían por tanto huir de la sensación de abandono y no tenían a todas luces ningún otro sitio al que ir salvo el centro y buscaban de este modo, recorriéndolo en sonora manada humana o en solitario, como sombras que arrastraban su soledad a la vista de todos, la forma de escapar del retraimiento, la angustia o la tristeza, sin conseguirlo en todo caso o disimulándolo todo ello con una falsa alegría que cuanto menos provocaba mayor angustia cuando no vergüenza ajena.

Yo hubiera preferido sin embargo aquella noche fría de recién estrenada primavera, en la que corría un viento desolador y el tiempo pasaba tan lento que parecía eternizar cada instante, haberme quedado en casa, dejar pasar las horas entre libros o amuermado en el sofá, viendo apenas fluir el tiempo ante el televisor, olvidando que la vida y no el mundo era con frecuencia un lugar ajeno y sin resolver aún todas aquellas cuitas que me asaltaban todos los días aun cuando me dominaba la convicción de que hubieran tenido que estar ya resueltas hacía tiempo, en un proceso de madurez que en mi caso parecía extenderse más allá de lo deseado. Pero la invitación de Kô me llegó unos días antes como anuncio de un aparente final de un largo proceso vital por su parte, seguramente no terminado del todo porque ningún proceso vital, en su caso, en el mío, en el de todos, no termina nunca en realidad y que a él le llevó a la conversión al catolicismo y al bautismo, y por tanto desencadenó que me sacara de forma casi inevitable de mi soledad ansiada porque me sentí obligado en parte y sin saber muy bien por qué a asistir y ser testigo, testigo extraño sin duda, de su conversión y de su proclamación de la buenaventura, que fue el nombre elegido para su anuncia nueva etapa vital, Buenaventura.

Kô y yo nos habíamos conocido en los pasillos de la facultad, inmersos en ese mundo de estudiantes que se movían entre la vocación más o menos sincera, aquellos otros un poco menos vocacionales que los anteriores y que sólo poseían la ilusión de llegar a ver sus vidas mejoradas en la medida de lo posible y aspiraban a ser profesores en algún instituto o, por último, quienes estaban afectados por la más majadera de las mediocridades, la que les llevaba a ir por la vida de artistas sin serlo en absoluto, jugando a la apariencia, a que los demás les rieran las gracias, lanzando al aire para que los otros escucharan sus dimes y diretes, vacuas parrafadas que semejantes botarates pretenciosos soltaban sin la más mínima vergüenza, convencidos de su genialidad, un mero discurso pseudoartístico de palabras pomposas pero vacías de contenido y de sentido. Por desgracia, este último grupo era el más numeroso. Yo los detestaba. Por ellos, por su culpa –no obstante, me daría cuenta con el tiempo de mi craso error, el de juzgarlos y rechazarlos, reconozco y proclamo mi vanidad un tanto pretenciosa también, aun cuando lo que dijeran me pareciese banal, mediocre, sin sentido-, por esos seres obscuros, decía, sombras ridículas, rehuía del contacto con mis correligionarios, prefería mantenerme al margen de todo, lo que incluía el desapego incluso respecto a quienes hubiera podido apreciar, actitud esta que me hubiera hecho pasar sin duda por engreído si la hubiese mantenido. Pero fue Kô quien comenzó a romper esa tendencia. Me llamó la atención no sólo porque fuera japonés, qué porras hacía un japonés entre tanto mentecato, me pregunté, sino porque al escucharle algunos comentarios en clase me permitía darme de bruces con finas respuestas o me planteaban nuevas preguntas. Me acerqué a él, evidentemente, y comenzamos a hablar, discutíamos de libros, de la vida, de ideas y contraideas, y me contó su interés, casi pasión, por la teología. Mi pregunta una tarde se volvió casi obligatoria: por qué no estudias teología. La estudiaba, me respondió, pero a partir de las palabras. Lo vi lógico: al principio fue el verbo, dice la Biblia y por tanto había que saber de palabras.

Pero las palabras, lo sabíamos ambos, también producían zozobra y angustia. Las palabras eran la vida, no sólo su reflejo, también su realidad, su cotidianidad. Unos días antes de la Semana Santa, cuando a punto estábamos de tener unas breves vacaciones merecidas pero obligadamente sedentarias para mí, yo no podía ni plantearme salir de Barcelona, mi economía era ruinosa, como lo sería de hecho toda mi vida, deviniendo a todas luces, comenzaba a barruntarlo entonces, un claro signo de inadaptación social por mi parte, el reflejo de un fracaso personal a ojos del mundo y de mí mismo, y que me acompañaría sin remedio a lo largo de toda mi vida, y ya preveía por tanto que aquellos serían días solitarios, sin ver a nadie, medio en casa medio en paseos por calles que ya intuía vacías, alejándome en todo caso de las zonas más frecuentadas, huyendo de ellas como huía de mis compañeros de estudios, en esos días entonces él me anunció su bautismo en Santa María del Mar. Me gustaría que fueras, me dijo con absoluta sinceridad, tal vez te ayude a ti en tu búsqueda, comentó no sin un tono que tendía a ser paternal y que partía de la base de que todos nos hallábamos en fase de búsqueda, has de probar y aprovechar de todo aprendizaje, continuó hablándome de un modo pedagógico, y de las palabras de mi tutor sacarás algo de luz, concluyó así su extraño convite.

No obstante, las palabras del sacerdote tampoco ayudaron a desasirme de la zozobra que ya me dominaba por completo durante la noche, qué porras hacía yo allí, me repetí de nuevo al intentar escuchar su discurso, aprehender su coherencia y el mensaje entre líneas, y darme cuenta de pronto, por primera vez y casi sin quererlo, que no siempre es bueno desoír los consejos paternos. Lo suyo era una mera letanía, una sucesión de tópicos, lugares comunes, fórmulas repetitivas que hubieran merecido, de ser una representación teatral, por ejemplo, el abucheo más monumental por no someterse a las mínimas reglas literarias al uso, pero en cambio todos los presentes, comenzando por el propio Kô, extasiado a la espera de su conversión pública, parecían seguir con atención el rito ya sin un mito que lo sustentase, que le diera sentido, no había quiebro en las miradas atentas, en el respetuoso silencio de los fieles y en el seguimiento de cada uno de los gestos que se repetían sin que nadie pareciera entender su significado real por exceso de formulismo.

Desabrido ante aquella alocución que me aburría, me fui fijando primero en los ornamentos de la Iglesia, no tan abundantes en Santa María como en otros templos, luego en los hombres y mujeres presentes, y aquí estuve más atento si cabe, debido tal vez a ese empalagamiento que me dominaba ante un ritual tan lóbrego y barroco. Más solícito por los detalles que pudiera observar y entretenerme, distinguí varios grupos: los fieles de la Iglesia, sin duda una mayoría, algunos pocos turistas despistados o un tanto apocados por la mala noche y, lo sabía, me lo había comentado Kô, algunos amigos y conocidos suyos que él había invitado y a quienes yo, creí, no conocería. A él lo catalogué nada más verlo en este último grupo, apenas me costó y jugaba con ventaja: lo había visto unos días antes en la universidad. Claro que su aspecto me hubiera llamado la atención igualmente: alto, delgado, desgarbado, con un rostro de rasgos muy marcados y aspecto de despreciar todo lo que le rodeaba. Le recordaba, en efecto, de una o dos semanas antes, le había visto charlando con una chica en el patio de la facultad de filología. Yo estaba sentado a la espera del comienzo de una clase y me llamó la atención su voz un tanto irritante, muy amanerada y vibrante. No alcanzaba a escuchar todo lo que decían, estaban lo bastante alejados para no oírles del todo bien, pero lo suficientemente cerca como para que me llegase su voz. Estaban hablando de los profesores y de algunos compañeros que yo no conocía y a quienes, pude deducir por el tono y las palabras poco amables e histriónicas que me llegaban, ponía a caldo. No le presté mucha atención ni pensé nada de él, además mi clase comenzaba casi en aquel momento, así que pronto le perdí de vista y no me volví a acordar de él. Sé que me lo crucé un par de veces más, lo reconocí como el tipo del patio de letras y lo olvidé al instante. No coincidíamos al fin y al cabo en ninguna clase. Pero resultó ser amigo de Kô.

Él, a diferencia del resto de los presentes y en cierto modo como me ocurría a mí, no prestaba atención a las palabras del sacerdote la atención debida. Lo miraba todo a su alrededor y en sus ojos distinguí no poca burla. A todas luces, aquel espectáculo no iba con él y si estaba en la basílica aquella noche, era sólo porque Kô le había invitado y, como me había pasado a mí, le habría resultado imposible decirle que no. Daba la sensación de estar preguntándose también qué porras estaba haciendo allí, aunque supuse que por diferentes motivos que los míos, puesto que, aun cuando resultaba evidente que se aburría, había también en él una mirada sardónica que denotaba que se estaba divirtiendo de algún modo con el espectáculo y que por dentro se mofaba de todo lo que le rodeaba y veía.

Al acabar la ceremonia el sacerdote anunció un piscolabis en los locales parroquiales, situados en el Paseo de San Juan, a unos quince minutos de Santa María. Te quedas, me preguntó Kô al acercárseme. Miré hacia la figura quijotesca como si él fuese determinante en mi propia decisión o pudiera indicarme qué hacer y respondí que sí, aunque lo lamenté nada más contestarle, porque en absoluto me apetecía seguir la noche reunido, me seguía dominando aquella sensación de perder el tiempo que había sentido desde el comienzo de la ceremonia, antes incluso, y además tenía ganas de volver a casa, de encerrarme entre mis libros, de retirarme y dejar atrás lo que ya consideraba un compromiso que hubiera tenido que eludir. Kô fue a saludar a un señor que, ya detrás de mí, le felicitó por el bautismo y yo aproveché para dirigirme a él, cuando estaba ya muy cerca de mí, solo.

−Hola. Tú eres de filología, ¿verdad?

Me miró con distancia, como si se preguntase quién narices era yo y tuviera que pensarse qué responder o si tenía que responderme. Pues claro, me dijo de pronto, cortante, como si la pregunta que yo le formulaba fuera la más obvia del mundo, digna de un badulaque.

−¿Tú también? –me preguntó.

−Sí, también.

Sólo entonces sonrió, como si existiera entre nosotros un secreto vínculo que nos unía.

−Me llamo Ismael –me dijo, y la aridez del principio desapareció de pronto y él mismo se volviera más amable y grato.

No imaginé en ese instante que hasta mucho tiempo después aún estaríamos compartiendo angustias, miserias, perspectivas, conversaciones, paseos y mutuos flagelos, y que aquel encuentro y la posterior conversación, tal vez en parte por esos años que le seguirían, tendrían tanta importancia que incidirían en los acontecimientos fatales que iban a producirse veinte años más tarde. Nunca nos ponemos a pensar que cuando algo sucede, algo aparentemente intrascendente, como conocer a alguien por causalidad o cruzar una calle que nos gusta, cualquier hecho por banal que éste sea, apenas un detalle que olvidamos casi de inmediato, pueda tener consecuencias a veces tremendas en nuestras vidas.

Fuimos juntos a los locales parroquiales, rodeados de personas que no conocíamos, que no conoceríamos, separados de ellos por nuestra conversación que se mantenía al margen del conjunto, sin ningún ánimo de compartir nada con los demás, aunque no recuerdo que nadie hiciera el más mínimo esfuerzo por acercársenos, y en ese primer camino me contó con pelos y señales su experiencia en la facultad, me habló de los profesores, me contó su desasosiego por algunas clases que no eran ni de lejos lo que esperaba, y en esa primera charla, a la que se sucederían tantas otras, no pude ni imaginar mientras escuchaba su perorata, que Ismael iba a convertirse en alguien fijo, una presencia hasta cierto punto irremediable a lo largo de los veinte años, sólo habló y habló, y en apenas quince minutos de cháchara, o de monólogo, mejor dicho, sin esperar mi réplica ni interesarse por mi opinión, los quince minutos que tardamos entre Santa María y los locales parroquiales en el Paseo de San Juan, casi a la altura de la calle Aragón, me expuso su visión de la facultad, y también de la vida, deduje, que se podía resumir en una sola palabra: aburrimiento.

De hecho, aquel fue el tema de conversación aquella noche, el aburrimiento, lo sería durante mucho tiempo, ya no el que le producían propiamente los estudios, reconoció que la facultad le había decepcionado, no colmaba ni de lejos sus expectativas, sino el que le provocaba, me confesó luego, mientras dimos el primer largo paseo al salir de los locales parroquiales al poco rato de llegar, a ninguno de los dos le apetecía mucho quedarse, la vida entera, un profundo y radical aburrimiento. Claro que tampoco se hizo nunca muchas expectativas, las ilusiones no son lo mío, me confesaría, no sé si aquella noche u otro día, en otro momento de nuestra conversación sempiterna. En todo caso, me contaría algo similar mientras anduvimos por el Ensanche vacío, con un viento que seguía siendo desolador, primero hacia la calle donde yo vivía, él me acompañaba, y luego, falto de sueño, interesado en seguir escudriñando al personaje, tal vez porque en ese instante ya no me apetecía tanto quedarme solo, le acompañé yo, torcimos por la calle Viladomat hacia la izquierda, de este modo seguimos andando, como si ya fuera imposible abandonar las calles, el frío, la desolación, imposible por tanto también dejar de hablar, de describir por completo ese asunto vital del aburrimiento, hasta el punto de buscar justificarlo, porque me intentó justificar el aburrimiento, el suyo, tan pegado a la piel, tan inmerso en el alma, y así llegamos a su barrio, a Pueblo Seco, también a una esquina, en la Francia Xica, me gustó el nombre, tocando ya Montjuich, donde vivía, me contó, con sus padres.

Y durante aquel largo camino que nos llevó casi por todo lo largo y ancho del Ensanche me lo contó, en efecto, todo, me explicó en buena medida su historia, la de su niñez y adolescencia, la de su juventud, la de su condición de hijo único, la del abandono que sintió con un no, ese no de la alemana, así la llamó y así se referiría siempre cuando me habló de ella desde entonces, quizá por despecho, por no repetir de nuevo su nombre, por no abrir todavía más las viejas heridas del recuerdo y la ofensa. Con el tiempo tuve la certeza de que ese rechazo fue una de las dos piedras angulares sobre la que todo se sustentaba, todos los gestos y todas las decisiones posteriores consistentes no en descubrir quién era, sino en dotarse de un ser, una máscara en realidad tras la cual se refugiaba y que tuvo su origen en aquella negativa, el primer y único fracaso reconocido que le vino tras un acto de valor, casi heroico, pues hay algo heroico en el intento de que nos amen, batalla ésta que se pierde con frecuencia y que quizá no debería dar lugar a tanta acritud. Creo que algo así le dije, para animarle, para que no se hundiera todavía más al confesarme su fracaso, pero en realidad sentía claramente que tal vez tuviera razón, que había que apostar fuerte, aun cuando la prenda fuese dejarlo todo, renunciar a la vida, a los plazos de la existencia, a la normalidad, sea lo que fuese la normalidad. En las películas muchas veces la apuesta resultaba la antesala del éxito. En la vida, por el contrario, podía resultar que fuera el inicio de la derrota más estrepitosa y quién sabe si dolorosa.

Pero no fue lo único de lo que me habló. Me contó la historia de sus padres, acechaba ya en su vida por entonces la enfermedad, también la muerte, la de sus tíos primero, hacía unos pocos años atrás, poco después de haberse iniciado el declive familiar, luego la de sus padres, en estos veinte años, porque a todas luces se trataba de una familia que desaparecía y no sólo venida a menos, una familia de la pequeña burguesía barcelonesa que poco a poco fue perdiéndolo todo, rango, prestigio y dinero, hasta llegar a él, prácticamente el único superviviente de la estirpe, a excepción de unos primos lejanos que se marcharon de la ciudad, de la región, y vivían lejos, en Tafalla, con los que ya intercambiaba sólo las felicitaciones de Navidad y algunas llamadas telefónicas cada año menos frecuentes. Con el tiempo, a medida que conocía sus circunstancias e iba descubriendo la ciudad, se me ocurrió que en buena medida su familia podía ser la metáfora de ésta, una Barcelona que no era ni de lejos lo que había sido hasta hacía bien poco, que se hundía de manera irremediable a pesar de que seguían colocándole ornamentos, meras zarandajas, fruslerías más o menos caras con las que se pretendían ocultar las humedades y las carencias colectivas, como una vieja señorona que vivía de prestado, que había sido rica, culta  y poderosa, pero lo había perdido todo, y desfallecía en la penuria, aun cuando mantuviera las joyas heredadas sólo para lucirlas, nada más, e intentar así desviar las miradas más atentas en la pesadumbre, repitiendo una y mil veces lo señorona que era. Intuí también que el hecho de ser el último de su estirpe, reprocharle a la familia que le hubiese abandonado, era el otro pilar sobre el que sustentaba su existencia.

Durante veinte años fui percibiendo hasta qué punto toda una vida parecía basada sobre esos dos puntos concretos, el rechazo que le hizo perder su equilibrio interior y el declive familiar que tuvo el mismo efecto en su equilibrio exterior, y el riesgo de nunca poder escapar a la gravedad que ejerce sobre nosotros lo exterior, lo que se halla fuera de nosotros mismos, pérdida que adquiría también la forma de miedo, miedo inmovilizador. Ismael había aceptado la derrota, mejor dicho, había decidido un día que no lucharía ya más, si es que en algún momento de su vida luchó por algo, y que sería otro, que dejaría su ser en aquel punto de arranque y me lo fue desgranando poco a poco, con frases que no lo decían todo, pero que marcaban lo que me estaba contando de un modo deshilachado, todo su plan para vivir de otra manera, siendo otro. Todos aquellos bares de ambiente homosexual a los que me llevó durante los primeros años de nuestra amistad, todos aquellos tugurios de transformistas tristes aun cuando se mostrasen alegres y divertidos, todas aquellas maneras ambiguas eran parte del disfraz. En conversaciones truncadas, entre diálogos cercenados y discusiones bizantinas, me volvió a hablar de la alemana y un tema llevaba a otro y se refirió a la soledad, no me divertís ninguno, me acusó una noche de alcohol y grifa, reproche lanzado a mí y por extensión a todos sus conocidos, como si todos estuviéramos allí presentes, obligados a entretenerle como bufones a su señor. Y cuando abandonó la tanda de recriminaciones, me habló de la imposibilidad de hacer nada, de la sumisión, del miedo, del fracaso. Durante varios días que siguieron a aquella noche desapareció. No era nuevo. Cuando llegaba al fondo, desaparecía del todo por tiempo breve, yo lo buscaba al principio no sin angustia, lo veía capaz en ocasiones de tomar decisiones drásticas, y volvía a aparecer entusiasmado porque se había gastado el final de su mensualidad, del salario que le pagaban por su puesto de oficinista en un almacén destartalado de las afueras, con una prostituta de la que decía sentirse enamorado, pero que olvidaba por completo unos pocos días después.

Aquella primera noche de hace veinte años, ya de madrugada, cuando faltaba poco para que amaneciera, cansados por el largo paseo nocturno, somnolientos aunque ya sin poder dormir, nos sentamos en un banco de madera de la calle Aragón. Miramos al cielo y callamos un buen rato.

−¿Dónde estaremos dentro de veinte años?

No respondí a su pregunta. No recuerdo si desplegué en mi interior todos los planes que yo tenía por entonces.

−Prométeme una cosa.

Observé su figura quijotesca derribada en aquel banco. Me mantuve callado, a la expectativa de lo que fuera a decirme, sin fuerza tal vez para esperar nada o sin esperar ya que lo que fuera a decirme me sorprendiera.

−Si dentro de veinte años todo sigue igual o peor y seguimos en contacto, me matarás. Prométeme que me matarás.

Me mantuve callado, tal vez sin saber qué responderle. Él me instó a decirle algo: prométemelo, ordenó.

−Te lo prometo –murmuré.

Recuerdo que al cabo de un poco nos despedimos. Yo llegué a mi casa cuando por levante comenzaba a clarear y dormí durante todo el día siguiente, no desperté hasta el lunes. Volvimos a encontrarnos en la facultad. Comenzamos a frecuentar bares, cafés, cines y largos paseos. Siguió la vida. Nuestro entorno se modificó. Desaparecieron los amigos de entonces. Mi vida continuó una senda de renuncios, fracasos y abandonos por parte de aquellas mujeres a las que vagamente amé. Tuvimos una sucesión de trabajos, cada cual peor pagado, y cambiamos de casa una y mil veces, sin nunca marcharnos de la ciudad. Aceptamos que la vida era así, ancha y ajena, parafraseando al escritor. Dicen que veinte años no son nada, que pasan sin apenas pestañear. No lo sé. Pero de pronto volvimos a quedar durante la vigilia pascual cuando habían pasado justo veinte años. Hemos cenado en un restaurante chino cerca de la Plaza Tetuán. Hemos andado por las calles del Ensanche. La noche también es desapacible, como aquella primera y lejana noche. Durante varios días me había dominado una extraña sensación, un hormigueo ansioso. No la podría definir, puede que fuera la aceptación de lo inevitable. De madrugada ya, cuando el cielo comienza a clarear, sé que voy a cumplir con mi obligación, que lo prometido es deuda. Aunque pasaran veinte años. Por una vez en mi vida quizá vaya a hacer lo que debo. Voy a cumplir con el destino, y esta vez no voy a tener dudas.

 

Juan A. Herrero Díez

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EXCURSIÓN A LAS AFUERAS

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

MONÓLOGO DE LA VANIDAD

 

Desde que se inventó la fotografía en el siglo XIX hasta que se generalizó en el siglo XX, ¿cuántos clics se han lanzado para captar ese momento sagrado que sacie nuestra rutina de hombres corrientes? Venid al vicio del oropel marchito con vuestra ceguera de hipsters & cools & outsiders, con nuestra cansada opinión de asombrados cuando pasamos de página como queriendo apagar un incendio en nuestra alma, vacíos menores ahora son las páginas de papel cuché de Vogue, de la Rolling Stone, de Life, de Time, de Hola, de The Sun, nosotros, hombres corrientes embalsamados con comida basura, hombres corrientes saciados de grasas saturadas, barrigones y exigentes, edulcorados con antidepresivos, con ansiolíticos, con sueño hollywoodiense, con rockeros de muerte temprana y locuras en frascos de anécdota en hoteles de cinco estrellas, nosotros, queremos saber aún más, queremos saber como vivís con tanto dinero por ser gastado en nuestro ensueño ignorante y fantasioso, nosotros que no apartamos los ojos del sueño que nos ofrecéis buscamos el oro en los rincones de la temporalidad en vuestras historias atractivas, vosotros, gente del show y la anestesia, nos sacáis de nuestro tedio y nos insertáis en la vida real de los focos, del photo-call y la respiración artificial, nosotros los hombres corrientes estamos enamorados de vuestras historias infinitas infladas con el gramo del exceso y el litro de la locura, nuestras plegarias, nuestras atrofias, nuestra ceguera, nuestra ceguera os lo agradece, ya que usamos vuestra carnaza y nos echamos una pizca de sueño de reflejo de charol, de purpurina putrefacta con la que os laváis el alma de vuestra soledad rumoreada, nos lo echamos a la boca y mascamos de vuestra mentira como un chicle del que no nos cansamos, vosotros triunfadores de los cloroformos perpetuos en las alfombras rojas y los escenarios de luces enfocadas al cielo, vosotros sois maravillosos espejismos en la ciudad de asfalto, en el trasiego y el tráfico en contra-sentido, y en la velocidad azul de las autopistas interurbanas, vosotros mentidnos una vez más, no nos digáis la verdad, ¿para qué? No nos interesa, mentidnos cien veces más, y decidnos una cosa, ¿cuál es vuestro secreto para manteneos tan inmortales? Nosotros estamos hartos de morir, nos morimos al levantarnos y resucitamos cuando dormimos, vosotros al contrario, ¿estáis ahí para advertirnos de que la muerte no existe? O por el contrario, sabéis demasiado bien que la muerte llega sin previo aviso, inoportuna, con hambre no saciada, y nos devuelve a la nada, a la nada que nadie conoció por nunca jamás, a la nada que os hace miserables y pobres como nosotros, a la nada lejos del glamour, de las ropas lujosas, del dinero, la cocaína, la Coca-Cola, la gama de coches relucientes, la precariedad del espíritu y los baños espumosos, del champán y el vino de reserva, de la fachada y el ansia por aparentar lo contrario de la realidad por la que estamos siempre en plena huida, en huida incesante.

 

***

 

NUNCA SUPE HACERME NUDOS

Se renuevan los días

como pan recién hecho,

te despiertas en tu lecho

y en las sábanas te lías,

nunca supe hacerme el nudo

de ninguna corbata,

lo que quizá no te mata

tal vez te deje mudo,

esta vida cotidiana

no me parece nada sensata,

la alegría se desata

y se enreda en la persiana,

esta vida vertical y horizontal

con cualquiera se marcha,

un telón suave de escarcha

se derrite en tu mirada,

dulce telón peculiar,

ración de minucia y nada,

siempre tuve en qué pensar

en el diván particular

de lo que se enfría y se escapa,

 regusto que se destapa

en el lecho singular

que te arropa y te desata

en la alegría vital

de mis noches con mi nada.

Nunca supe hacerme el nudo

de ninguna corbata,

de diplomacia ando justo,

lo juro por mi psiquiatra.

***

ME GUSTA, ME GUSTA

 

Me gusta tu flor antigua, que bajo el óxido de los siglos consiente al nefasto libertino que vocifera tu latido de cera, me gusta tu consejo de luz dinamo por que en tu moral duerme un dios bueno que asiente frente tu decisión de hombre, como sí fueras un Adán moderno, como si la razón fuese en ti una selva virgen y perpetua, me gusta que subas un escalón por encima del mío, y que seas mi hermano y mi ángel replegados los dos en un orgullo que palidece, ya que por donde yo te siga se abrirá la humanidad expectante, y que una puerta abras para mi voluntad de viento es contar los pelos de cogotes sin voz de noche y sin ver el néctar y el corazón de personajes bíblicos que hablan con la mirada y dan gritos hacia un gran Dios con el alma. Estoy de vuelta a casa, he rodeado por océanos remotos y me he cruzado con tempestades recónditas allá en múltiples ciudades de tráfico descabezado, hoy subo a tocar tu timbre y espero que tu corazón me abra, no quiero remontar todas las plegarias que conoces, quiero que en mí veas una esperanza nueva, como la inocencia aquella de los trece años, como si el sabor de una fruta prohibida nos dejara gozar aunque fuere sólo unos minutos. Por que la vida son alegrías y las tristezas no hacen bien en las barricas fermentando.

 

***

 

REFLEXIÓN SOBRE PAREDES Y MUROS

 

De adolescente puse en una pared de un parque mi nombre unas diez o doce veces con Tipex, y no hace mucho pasé por allí y todavía hay algún rastro de ello, no es que de adolescente tuviera demasiado ego, es que entonces me quería un poco, si yo dejé de quererme es por que te quise mucho a ti, quizá demasiado, siempre a ti. Ahora vuelvo a quererme, ahora me quiero más que nunca, pero ya no tengo pared en la que plantar mi nombre, ahora ya no soy un niño, ahora planto quimeras de colores en los muros de Facebook, ya no soy un niño pero no quiero dejar de serlo.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

 

HIELO

 

 

Asoman al futuro

tus párpados de hielo.

Mi Dios,

tu sacrificio,

todas las mentiras en el viento.

 

No somos la esperanza,

sólo el pasado a prueba.

Presentes como nunca,

lo ambiguo y la tristeza

me reciben,

me alojan,

ablandan mi memoria.

 

 

NO HABRÁ MILAGRO

 

 

El tiempo me atraviesa,

me recorre.

Dibuja la tardanza en mi reflejo.

Mis agujas,

las tuyas,

tienen distinta forma.

 

Serpenteando el abolengo de la historia

brilla tu escudo. Y en el fondo del mar

no habrá tesoros esta vez,

no habrá milagro.

Tu sol abraza la llanura y en mi piel

solamente se detendrá el verano.

 

 

RODANDO CON LA LUNA

 

 

No habrá cárceles ni olvido,

no habrá sombras

que busquen tu voz en mi silueta.

No habrá notas lejanas, sólo sueños

ni arco iris después de la tormenta.

 

Tu voz me llenará de cicatrices

si espero y todo pasa,

si soy sombra.

En tu estrella me iré y en tu silencio

mantendré escondida mi lujuria.

 

Todo lo que no supe decir no

sigue allí afuera,

rodando con la luna.

 

 

ALMA

 

 

El alma no cambia, dijiste,

el alma no presiente.

El alma es más que una pregunta,

es sólo la respuesta de tu dios.

 

A todo lo que huye, a todo

lo que escribo entre líneas,

entre el fuego y la miseria de los dos,

entre silencios borrados con el codo.

 

 

QUÉ FUE

 

 

Mi vida fue un camino a recorrer,

fue la primera sangre, fue una meta.

Un déjà vu de flores,

un puente hacia el dolor,

una mirada.

 

Como la estirpe olvidada,

como las tres estrellas,

sigo asomando.

Tratando de entender qué fue mi vida,

qué fue mi corazón alguna vez.

 

 

ESPÉRAME

 

 

Espérame entre el fuego,

espérame en la brisa.

Espérame sin ángeles custodios,

espérame en silencio.

 

Allí donde no hay nada,

espérame, sin frutos,

y yo te llevaré hacia la cosecha.

 

 

DOS

 

 

Los dos quisieron nombrar

las mentiras de la historia.

El pecado nunca fue detenerse.

La orfandad exquisita del vértigo

los hizo temblar alguna vez.

 

Buscaron la verdad

desgarrando las sombras.

Otros durmieron en laureles,

pero los dos prefieren

escapar del libreto.

 

Encontraron un país que no los llama,

que trató de exiliarlos.

El sudor, la esperanza,

el azar y el triunfo

fueron aliados y hoy los esperan,

hoy los abrazan.

Ya nada temen,

la tormenta se ha ido,

los gigantes de papel están cayendo.

 

CEGUERA

 

 

Huérfano de luz,

te grito a oscuras mi nombre.

Te prometo que nada será igual,

que mi fracaso

es sólo un paso más.

 

¿Qué tendrá que pasar para que sepas

que la verdad sólo se ve en las calles?

La ceguera siempre fue contagiosa:

no tengas miedo, somos todos iguales.

 

AMAPOLA

 

 

Es tan frágil y pequeña que duerme

flotando en una hoja de amapola.

Se baña en rocío y vuelve a acostarse,

viendo la luna brillar sobre sus ojos.

 

Se va hacia la luz y vuela en silencio

porque ése es su idioma.

Como el mundo grita,

no van a escucharla,

aunque entienda aquello que no todos ven.

 

Siempre tan ausente,

trémula en la niebla,

no deja que nadie se acerque a su vida.

Quiere susurrar lo que otros se callan…

 

Despierta de noche y en las madrugadas,

esperando un sueño que la haga feliz,

volará en silencio.

Porque ése es su idioma.

 

VENDRÁ EL MAR

 

 

Sálvame.

Tus ojos me separan

del miedo,

de la noche,

del dolor.

Te dejo ser mi condena,

a través de tus sueños va mi espíritu.

 

Espérame, el naufragio

no pide nuestros nombres

y después de las dudas,

vendrá el mar.

 

POR LA MAÑANA

 

 

Fría.

Perfecta.

Sola como la nieve.

Silueta a oscuras,

reflejas el retorno a nuestra casa.

 

Crees.

Esperas.

Sueñas con alas y luces.

Despertarás siendo menos,

pero mucho

quedará entre los dos por la mañana.

 

PROMESAS DE PAZ

 

 

La muerte es sabia. Una pequeña historia

nace dos veces en cada amanecer.

Pero el camino hacia la libertad es otro.

 

Búsqueda eterna, vacío existencial,

sueños desterrados por profetas ciegos

ganaron mi esencia y hacen que en el alma,

descubra, en silencio, promesas de paz.

 

 

NUESTRO ALIENTO

 

 

Tiempos y silencios nos esperan,

descubren que todo está en el viento.

Las hojas ya no mienten y es otoño,

sé que al volar encontrarás tus sueños.

 

Los frutos se alejan de repente;

sé que al volver, te soñaré despierto

y no habrá despedidas, no habrá sombras,

sólo la escarcha en tu voz y en nuestro aliento.

 

ESCARLATA

 

 

En la llanura, pequeñas sombras

delatan la huella del silencio.

¿Te atreverás a perder la batalla?

 

Picos y abismos son parte del pasado,

quizá el otoño me cubra de escarlata.

 

ESTARÉ

 

 

Se terminan las hojas,

el bálsamo, el consuelo,

y mi epitafio, en blanco.

¿Me habré alejado de mí?

¿Seré tan poco?

 

No sé si continuar, pero es inútil

luchar con esa sombra que veo en el horizonte.

No me nombres:

si cierras los ojos, estaré.

 

NO ESTARÉ SOLO

 

 

Traiciona el vicio de escribir

aunque libera, a medida que sangro.

Sé que pasarán viejos veranos

en el desierto abrasador, en la llanura.

 

No estaré solo, las páginas irán

acompañando cada día y cada noche.

El fin del mundo veré cerca,

y nada más importa (nada menos).

 

Lo escrito duele, vuela, me despoja

de toda la conciencia. Siempre fluyen

el odio y el amor sólo hacia afuera…

sólo hacia afuera.

 

ES INÚTIL

 

 

Tus canciones me dirán que estoy de luto,

que otro ocupó mi lugar, que voy de paso.

Que nada importa ya porque es inútil

dejar que disimule la pasión.

 

Alguna vez pensé, como un idiota,

que para siempre era cierto,

que lo eterno no es quimera.

Me desprendo del alma y es inútil

sentir, soñar, reír… dar lo mejor.

 

FARSA Y TRAGEDIA

 

 

Vendrá otro cuarto de siglo a la intemperie,

Sodoma y Gomorra siguen cerca.

Ciudades dormidas por pantallas sucias

persiguen luces vanas, sueños truncos.

¿Por qué otra vez repetir esta historia?

¿La farsa, la tragedia y el derroche?

 

Nunca más seas cómplice de espejos,

salva tu piel de toda aquella angustia.

Huyendo del pudor y de las dagas

nos iremos corriendo, al fin desnudos.

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CENTINELAS

 

 

No somos dioses, tampoco centinelas

de la brisa. No estaremos de luto,

ni vencerás las bestias

con los ojos cerrados.

 

Afuera, otra vez, veo la sangre

como cada diez años. Mi suelo

no pregunta cuánto sacrificio falta,

cuánto tiempo se derrama en las espigas.

 

MENTIRAS EN EL VIENTO

 

 

Trato de ser más que un labrador

en este valle vacío de ternura.

Salgo y entro de lleno en tu recuerdo,

no espero estar seguro de mis dudas.

 

¿Seremos sólo mentiras en el viento?

Pronto oscurecerá de todas formas

y allí verás qué poco es lo que valgo.

 

ALMAS CONGELADAS

 

 

No es el amor, es la pena.

No es el espíritu, es el alma

y la certeza de ser un condenado.

 

Todos atienden su instinto,

se pierden en la luz o en la neblina

y en el silencio que oculta aquellas voces.

 

Tendré mis ojos serenos.

Por cada lágrima suelta

habrá un rebaño de almas congeladas.

 

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TEXTOS SELECCIONADOS

Por Rolando Revagliatti

 

Redactor

 

El chico que no habla es el hijo único de su fallecida única hija, y de su también fallecido yerno. Lo crió ella, viuda, al chico que no habla, su nieto. Es el chico que no habla quien redacta el breve texto que se inicia con: “El chico que no habla es el hijo único de su fallecida…”

 

***

 

Huir

 

 

Claro que pensó en huir, harta de padecer la torpeza de los golpes de esa especie de marido colérico, de pésimo vino y borbotones de sevicia. También pensó en huir cuando su hijo cayera muerto por una bala perdida, entre los cohetes y petardos detonados por los chicos y adultos del barrio, después de transcurridos veinte minutos del año nuevo.

Pensó. Hasta que dejó de hacerlo. Después de veinte años la vieja sigue, loca, letárgica. Sigue huyendo.

 

 

***

 

Corpulencia

 

Con semejante físico, es lógico, se da el gustazo de trompear, de vez en cuando, a escogidos cretinos en tren de patoteros. Ha noqueado, por ejemplo, a energúmenos choferes de colectivos. ¿Por qué limitarse a una discusión estéril, pudiendo escarmentarlos? ¡Ha corregido a tantos, elevándolos con naturalidad por sobre su cabeza, agitándolos, hasta hacerles deponer actitudes necias, presuntamente arraigadas! Impuso siempre su corpulencia, y permítaseme enunciarlo así: su preclaro vigor, como factor desmoralizante frente a comportamientos repetitivos de groseros y malintencionados. Ya desde la niñez el admirable Hércules implementó los mentados recursos. Con las mujeres se contiene: se limita a la —también mentada— estéril discusión.

 

***

 

En la mira

 

Linda mina, lindo tipo de hombre, se sienten cómodos en sus cuerpos flacos, debajo de sus abundantes cabelleras, encima de sus principescos pies.

Señor gordo, calvo, con juanetes, desencantado y empuñando una Magnum 44. Apunta (no sin fastidio).

 

***

Pacto

 

Alguien-Que-Mereciera-Llamarse-Lulú conoció, sin procurarlo, a La-Muerte-Que-Te-Alcanza, en un crepúsculo del mil setecientos. Importa consignar que, esencialmente, a la primera le disgustó la segunda, mientras que la segunda simpatizó con la primera. Por completo de acuerdo, se arrancaron los ojos.

 

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Nimbo

 

Era enorme y bueno. Trabajaba y residía en un taller mecánico. Entre sus pertenencias figuraban un colchoncito con cotín engrasado como él y unas frazadas asquerosas. Dos gatos dormían a su lado. Cocinaba huevos y sopa y se calentaba mate cocido con una garrafa. A los chicos del barrio les producía curiosidad. Un día, ese hombre que se trasladaba bamboleándose, que sonreía y silbaba, que apretaba con los dientes un toscano, ese hombre de paz, muerto, apareció nimbado, semi-empotrado en un pilar, inapacible, limpio, con alígero nimbo de barniz selenita.

 

 

***

 

Semblanza

 

Soy lo que soy desde que se murió mi mamá. Me sentía libre al principio, liberado. Me lo merecía. Mientras ella vivía fui un pelagatos. En la gran ciudad. No voy a revelar cuál era mi ocupación. En todo caso, digna. Mientras ella vivió, “el hijo de la sucia” me endilgaban. El eslogan dolía. Y dolía también el otro eslogan: “El hijo del vecino”. En referencia al quiosquero, el solterón de la casa de al lado. Y algo hubo, algo pasó.

En efecto, mi mamá no era propensa a la higiene. No era, tampoco, una mujer dada, que se pudiera decir, comunicativa. Estrictamente, gruñía en ocasiones. Yo le preguntaba: “¿Vino Isabel a buscarme?”: gruñido. “Mamá, ¿me hacés el nudo de la corbata?”: gruñía y me hacía el nudo de la corbata con una pericia deslumbrante. Le comentaba: “Me aumentaron el sueldo”: gruñido. Y le proporcionaba una generosa porción de mis ingresos. Trabajaba yo doble turno y ganaba por ese turno doble el ochenta por ciento de lo que se me abonaba por el turno simple. Y aún me quedaba un ratito para darle algunos besos a mi novia de la infancia, la adorable, la resignada Isabel. Escasas emociones en los primeros treinta años de mi vida.

Ahora soy un trashumante, difusamente melancólico. De Isabel me despedí, apenas después de tomada la ruda resolución de vagabundear. A mi mamá la llevo en el espíritu a donde quiera que me traslade y con quien sea que me junte. Admitan en mi semblanza que la añoro. Tengo para mí que acabaré por hastiarme.

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María Isabel Bugnon

 

El hombre  de la rosa

 

El hombre de la rosa, a partido de gira por el mundo

Su alma pura como la rosa blanca

Baila en el escenario del cielo

En donde un público especial  ha ido a  verlo

Y darle la bienvenida

Todo allí es paz, amor y felicidad

El hombre de la rosa se sorprende,

La presentadora  del espectáculo es la luna,

Tiene un vestido de luz,

Las estrellas decoran cada rinconcito,

Las tres Marías están  sentadas en primera fila,

El lucero con su traje impecable le hace un guiño

A la estrella fugaz que pasa velozmente

Dejando una estela de luz

Los pétalos de la rosa roja caen silenciosamente

Sobre el traje  blanco del gitano,

Dejando un aroma suave, como la brisa de la tarde

Que lo vio partir en ese viaje  sin retorno.

Cárcel de amor

La imaginación danza en mis pensamientos

El velo de la noche va

Cayendo sobre la blanca hoja
en donde dejo plasmada en tintas de luz,

Las horas, los momentos

Que quisiera compartir contigo.
El dolor quizás es un huésped  en tu vida.

Adueñándose de las cenizas del ayer,

Pero allí estoy yo, presente como la lluvia,
queriendo borrar todo aquello.
En esas tardes tristes tomar tu mano, no soltarla,
tu voz se desvanecerá susurrando en mis oídos una dulce melodía.
En las noches desearas tener el calor de mi cuerpo, el  sabor de mis labios, dulces como la miel.
Las hojas blancas de este papel me atrapan, surgen de mi mente
imágenes tomadas al azar.
Estoy secuestrada en esta noche en donde alimento una ilusión,

La distancia me duele.
Estoy atrapada en un sueño mágico, en el cual sin querer
tu también estas en esta cárcel de papel blanco.

El hombre ideal

El hombre ideal,
lo quiero amante,
que su mirada tierna,
transparente, cuando
se pose en mí me desnude suavemente.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
cuando me abrase me
envuelva en llamas de pasión.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
cuando hagamos el amor,
no sentir culpa porque
es solo mío.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
encallado en mi cuerpo,
recorriendo mi piel con sus besos.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
sentir que mi vientre se agita
acompañando sus movimientos.
El hombre ideal,
lo quiero amante,
beber de su piel el aroma,
de cada noche de amor.

 

 

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Recuerdo

palabra encarcelada en la suma rígida de sus letras.

 

No me gustan las cifras pares;

la simplicidad de lo impar

me lleva a calles únicas,

sin dobleces,

con la individualidad

de ser eso,

no más que uno,

o todos,

pero desiguales y extraordinarios.

 

Y me atrae la suma impar que veo en  la –máscara-,

el –brindis-, el –éxtasis-, el –corazón-;

en un –verso- bajo el –túnel- del –fuego-

y en la –magia- del –cenit-.

 

Recuerdo– suena a poco;

sosegado y uniforme

entre las muecas casuales,

en el despojo de las causalidades remotas pero ciertas.

 

Y sobre la foto que nos contiene,

en el borde hipócrita y definitivo

del callado antifaz,

el idioma del –abandono-,

otra palabra par

que se desintegra en el valeroso intento de florecer

bajo las -trece gotas-

puntuales de mi fecha de nacimiento.

 

Me despojo de mí

y no soy más Teresa,

la del nombre aburrido y par,

soy la –mujer- sin rótulo

que acaba de nacer.

 

Y ya no se recuerda.

 

Copyright Teresa Palazzo Conti

 

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Leonardo Morgan

 

LAS VUELTAS DE LA MUERTE Y EL OSITO COMECACA.

Doblando la esquina y haciendo una cómica reverencia, Germán colocó  la rosa que llevaba para su madre que cumplía años, sobre los libros que iba abrazando la chica.

Era el ser más bello y delicado que había visto.

Estupefacta, Elvira tomó la rosa y la agradeció, y Germán supo sacarle algo de charla y el teléfono. Feliz, y congratulándose por la rapidez de sus reflejos,  regresó sobre sus pasos en procura de otra rosa.

La primera vez quedaron en ir al cine, y Germán cortó unas flores silvestres, pues calculó que entre las dos entradas y el café, no le iba a quedar mucho margen de maniobra.

Elvira insistió en pagar su parte, pero Germán se mostró rotundo; aunque ella accedió bajo la promesa de que en adelante pagarían a medias. Lo justo era justo.

Vieron una película romántica y comieron pizza. Germán consiguió arrebatarle apenas si un piquito, que fue como si le hubiesen firmado un pagaré de futuros besos.

Por entonces Elvira  tenía 17 años y Germán 22. Ella nunca había tenido novio, lo que se dice novio, no,  pero él, mucho más experimentado,  había salido con ya con 3 chicas, aunque sólo tuvo sexo con una, un par de veces. Elvira lo fascinaba. Les escribía poemas en los cuales cantaba su belleza  subyugante y la potencia  de su amor y de su adoración, que trascendería lo meramente físico, las cosas de este mundo, el tiempo y el espacio.

Pasaron  rosas y alfajores, y poemas y tardes de cine y lluvia y bicicletas con pizza, pic nics en la playa  y botellas  con  rollitos de papel dentro con sus nombres envueltos en un corazón  y echadas al mar, luego de lo cual, se casaron.

Les iba muy bien en sus respectivas profesiones, vivían en un enorme caserón, y  acordaron ser padres, integrar un nuevo ser a sus vidas que recoloreara y reformulara su amor.

Elvira perdió un embarazo y el siguiente. A la tercera vez, como una especie de jugarreta de Dios, parió  dos preciosas mellizas y  ni  2 años después un varoncito que le hizo un dribling al espiral, porque luego de pasar tantas y tantas noches sin dormir, tuvieron claro que el equipo ya estaba completo.

En ambas oportunidades  Germán la cubrió literalmente de rosas blancas y rojas.

Iban siendo razonablemente felices y en ocasiones hasta se salían de los límites.

 

Saliendo de la consulta del ginecólogo Elvira por poco se convierte en un Squonk, un animal de la mitología que cuando es atrapado se disuelve en lagrimas dentro de la bolsa que lo contiene. Lo que tenía en los genitales no era una simple irritación sino una enfermedad venérea. No podía entenderlo, porque, si bien era cierto que le había bajado un poco la libido con la maternidad y se sentía cansada,  jamás había rechazado a su marido cuando la requería. Y a veces era ella quien lo buscaba. La llama no se había apagado.

Germán negó todo de plano, e intentando pasar a la ofensiva soltó un : “¿qué decís?, ¿ estás loca?”,  pero cuando se vio acorralado se echó a sus pies y le rogó que lo perdonara. Ya no disfrutaba de su trabajo. Estaba muy estresado. Fue algo ocasional, sin importancia, más le hubiese valido cortarse el pito. Se le acurrucó a su lado en la cama,  como un pequeño y pobre osito, desvalido, triste y con frío. Hasta consiguió lloriquear un poco.

Luego trajo una enorme caja de bombones, fueron bombones en lugar de rosas, bombones.

Pasaron los años y aunque aun dolía, a fuerza de no pensar, Elvira consiguió arrancarse la espina.

Y fue que la madre de Germán murió y  éste no le perdonó que no hubiese derramado ni una lágrima, aunque más no fuera de compromiso.  Con la vieja sostuvieron  una cordial hostilidad; era invariablemente impermeable a todo, a las atenciones, al cariño, a la buena voluntad,  a todo;  aun después de los nietos,  ante sus  ojos ella seguía siendo una intrusa que en mala hora había aparecido para robarle el amor de su pollito. Incluso la noche que murió, el  hijito querido  de su corazón tenía  proyectado ir a verla, pero Elvira le dijo que había hecho unas pizzas y que fuera a comprar unas cervecitas y que vieran juntos la pelea de Nicolino Locche contra Kid Pambelé. Si hubiese ido a lo de su madre, la habría salvado, y la tendría todavía y por muchos años a su lado, pero a ella  justo se le había ocurrido tomar cerveza.

 

¡Maldita bruja! Le gritó un día que ésta lo sacó de las casillas cuando le dijo que la cena eran unas salchichas y  queso, o lo que tuviese ganas de cocinar, que ella había quedado con unas viejas  amigas del colegio. Transcurriendo las cosas, lo convirtió  en su  insulto favorito,  pues además de rebajar a la destinataria  de su condición de mujer  a la de escuerzo del pantano, entrañaba una maldición y un repudio en apenas  2 palabras, que podían girarse renovando su potencia y añadiendo novedad. Bueno y breve. Un hallazgo.

No pasó mucho tiempo hasta que estuvo seguro  de que esos accesos de tos que le agarraban  en mitad de la noche, eran un truco para molestarlo, para llamar la atención y no dejarlo descansar. Una tos histérica. También  se le hizo odiosa la manera que tenía de bambolear el culo al caminar, de cruzar las piernas en el sofá, de agarrar los pocillos de café,  de anunciarles a los niños que era hora de ir a la cama y, por sobre todo, cuando se reía. Era como si le filetearan  los nervios con una gillette.

Le tiró a la basura, la blusa violeta y la chaquetita roja.

Creía que le proyectaban mala suerte.

 

El niño se negó a probar el pescado y le abrió la boca de prepo, haciéndole tragar un trozo. Luego estrelló la bandeja con el pescado contra la pared, ¡Para qué cocinás esta mierda si sabés que a nadie le gusta! De ahora en adelante las cosas van a cambiar en esta casa, rugió dando puñetazos sobre la mesa, haciendo saltar los platos y tirando al piso un par de vasos. Los niños lloraron  y ella también, pero después, cuando estuvo sola en su cuarto. Germán salió dando un portazo y volvió pasada la medianoche con unas entradas para el teatro, una obra que ella quería ver desde hacía mucho. Para el próximo viernes, porque ellos se habían conocido un viernes. Ya se habían cambiado para salir cuando descubrió que Felix, uno de los caniches, le había meado la rueda delantera del auto. Agarró un gran cuchillo y al perrito de los pelos. Lo sujetó sobre la mesa declamando aparatosamente que iba a cortar a ese perro de mierda en pedazos. Se calmó al ver a los 3 niños llorando y suplicando desesperados.

Otro vez reclamó porque el baño de arriba estaba sucio, o dicho mejor, no lo suficientemente limpio. Elvira le dijo que la chica estaba de franco,  y entonces le gritó que suba a limpiarlo inmediatamente, porque a él no le gustaba vivir entre la mugre.

Ella,  que no era mujer de amilanarse fácil, le respondió que lo limpiara él, que no estaría mal que diera una mano en la casa de tanto en tanto. Bajó la escalera como una tromba,  la sorprendió agarrándola de los pelos y la arrastró escaleras arriba. Intentó meterle la cabeza dentro del inodoro y jalar la cadena. Con la nariz casi tocando el agua consiguió zafar un codo y le acertó justo ahí. Los italianos se le agolparon en la sangre  y para desalentarlo en futuras intentonas, lo empujó y cuando lo tuvo en el piso le propinó una fulgurante sucesión  de patadas con sus zapatitos rematados en  filosa punta, gritándole : ¡Valiente comemierda!

Lo que es justo, es justo.

Cuando se repuso, Germán se fue  en silencio y volvió la madrugada del siguiente día. Sobre la cama, a la altura de sus pies le colocó un enorme libro con las obras completas de Van Gogh, una edición realmente incomparable. “Nadie te amará nunca como te he amado, te amo y te amaré yo, Germán”, le había escrito en su interior con su espléndida caligrafía, ganadora de 2 concursos durante la escuela  secundaria.

 

A veces te huele la boca como si hubieses estado comiendo mierda, le dijo Elvira, serenamente,  mientras miraban un episodio de la Familia Ingalls por la tele, en espera del plato fuerte, un ciclo de cine arte, que se emitía los jueves. Lo de a veces había sido un cumplido de  su parte porque en realidad, el hedor era continuo y penetrante. Había pensado las formas de decírselo sin lastimarlo,  pero, ¿a qué tantas consideraciones?,  se lo soltó, así, sin más. Germán se limitó a mascullar “maldita bruja”, con la boca llena de maníes salados, tragó  y se echó otro puñado.

Luego quien murió fue la madre de Elvira.

Germán, alegando mucho trabajo nisiquiera fue al entierro.

Al padre se le declaró Alzheimer  y Elvira quiso tenerlo consigo.

El viejo realmente no molestaba mucho, se quedaba en su cuarto, o jugando con los niños o quieto durante horas mirando la televisión. Incluso si estaba apagada. Un día Elvira  lo encontró frente al aparato y le preguntó :- ¿Qué hacés papá?

–         Miro una película, por la televisión.

–         ¿Y de qué trata la peli?, le preguntó.

–         Es una de indios y vaqueros.

Elvira  le encendió la tele y se alejó llorando, pero enseguida se recompuso porque su hija Ana la requería para que le explique  el método para resolver los problemas de reglas de tres simple.

Durante la cena, Germán dijo desaprensivamente, como si sus hijas de 8 años y el pequeño de  6 y pico,  fuesen incapaces de captar sus palabras,  que  el viejo ya no podía vivir más con ellos porque era una mugre ambulante,  un estorbo continuo,  y muy  nocivo para los niños; que ya tenía todo arreglado con un asilo, donde lo cuidarían, estaría con gente de su edad y en líneas generales lo pasaría muy bien. Zanjando la posibilidad de cualquier posible réplica, Elvira  le mostró el  reverso del dedo mayor de la mano con los otros 4 recogidos sobre sí mismos, y entonces quiso levantar al viejo de la silla tironeándolo  de la mangas del pullóver, diciendo que era eso o que  lo sacaría ahora mismo a la calle… y Elvira le partió con mucha naturalidad  una botella de buen vino en la cabeza, y cuando estuvo en el piso,  se agachó junto a él y le dijo, suavemente, casi en un susurro : -Volvé a tocar a mi viejo que yo te mato.

Lo que es justo, es justo.

Pero Germán no pudo escucharlo  pues por algunos segundos perdió el conocimiento.

Lloraban los niños y los perros ladraban. Un mirlo posado en una rama entonó un gorjeo para llamar a las hembras. En la televisión un ama de casa declaraba a gritos su felicidad  porque su nueva marca de lavavajillas duraba tres veces más que el anterior. Era un hecho comprobado. Elvira se cortó un dedo recogiendo los vidrios verdes. Le costó parar la hemorragia.

Germán, no se dio por vencido y volvió sobre el tema. Aun llevaba en la cabeza la venda que le pusieron  en el hospital. En el transcurso de otra cena  que iba discurriendo en armonía  familiar y  en la  que al anciano se le quedó un resto de huevo y zapallitos  en la comisura de la boca, descolgándose hacia el mentón, exclamó:–¡Qué puto asco!, ¿cómo se puede cenar así? , y se llevó a los niños a tomar un helado. ¡Y vos lavate los dientes, comemierda valiente! Le gritó lo bastante fuerte como para que lo oyera antes de cerrar la puerta.

 

Elvira bajó del colectivo que la dejaba a  4 cuadras de su  casa, esperaba que el mecánico le entregara alguna vez su auto, pero le encontraba siempre algo nuevo; ella era licenciada en filología hispánica pero  el tipo le llevaba ventaja porque también hablaba sánscrito antiguo.

Para colmo le dolía la espalda y estaba lloviznando y la lluvia había dejado de gustarle desde hacía ya mucho.  A  los pocos pasos  distinguió  una figura  en la otra esquina caminando sin ton ni son,  se detenía, se giraba, volvía a girar y daba otros pasitos, era su padre. Bajo el brazo tenía 6 ejemplares  del  mismo  diario. ¡Clara, Clarita mía,  por fin viniste! , le dijo, confundiéndola con su  madre.

Visualizó todo en un segundo, su marido había sacado a su padre a la calle, como se saca una bolsa de desperdicios. El pobre viejo llevaba toda la ropa mojada. La linda camperita de gamuza que le había regalado cuando cumplió las bodas de oro con su madre se había vuelto de un color marrón oscuro que lindaba con el negro. Un solitario  mechón de pelo blanco bajaba por su  despoblada frente y  le caía en tirabuzón sobre el tabique. Elvira tiró a la acera 5 de los diarios, tomó a su padre del brazo, y fue caminando a paso sostenido hacia su casa.

Las rosas eran seres embusteros, taimados  alienígenas invasores provenientes de un planeta  hediondo.

 

 

 

Phármakos o de la humana naturaleza.

 

Timón el mendigo y su perro Timón  llegaron hasta las puertas cerradas de Atenas,  buscaron un reparo y se acurrucaron uno junto al otro para pasar la noche.

Por la mañana dos guardias muy risueños lo llevaron al  templo de Perséfone, donde fue bañado y untado con aceites. Le pusieron una túnica nueva, unas hojas de lauro en las sienes y calzaron sus pies con unas bellas sandalias. Quemaron sus harapos y una larga vara de fresno en la que se apoyaba para caminar.

Lo sentaron a la  cabecera de una mesa  puesta en la plaza pública y le sirvieron los mejores manjares, carne asada de buey,  aves de corral fritas,  y tortas de avena con miel y con almendras y le escanciaron vino.

Jamás había comido tanto y tan bueno. Había nacido  de madre persa y en cautiverio,  y sus patrones  decidieron liberarlo cuando ya era un viejo enfermizo que con su trabajo no alcanzaba a pagarse la comida. Desde entonces caminaba hacia donde el viento quisiera llevarlo. No es que le gustara caminar pero hasta ahora no había encontrado una ciudad de la que no lo echaran. Un día se le unió un perro y le llamó “Timón”, el nombre que le habían dado a él, porque no conocía otro. Tampoco entendía lo que hablaban aquellas gentes y ellos tampoco le entendían a él que apenas si sabía algunas pocas palabras en el dialecto corinto de sus antiguos amos. Pero todos fingían gran interés y a veces reían a carcajadas cuando intentaba decir algo, cosa que lo complacía. Jóvenes vestales y mancebos se turnaban para sentarse en su regazo y besarlo en los labios. Timón no entendía lo que estaba pasando pero no se lo preguntó por temor a que algo se rompiera y las cosas volviesen a su estado natural. El vino  se le subió a la cabeza y le dio vueltas  e intentó cantar, emitiendo unos sonidos guturales, que su perro acompañó ladrando. Una matrona le cruzó la cara con una rama de espino y a un grito, todas las demás hicieron lo propio; con el rostro cubierto de sangre,  Timón corrió y todos corrieron detrás de él lentamente y aullando, conduciéndolo hacia las puertas de la ciudad.

Una lanza lo alcanzó en el muslo. Sus perseguidores le dieron tiempo a que se reponga y  volvieron a perseguirlo hasta que cruzó las puertas y algo más allá. Le alcanzaron  en el otro muslo con un lanzazo tan violento que lo derribó. Intentó incorporarse sobre sus brazos, le vino una arcada y vomitó algo. Al rodearlo, un joven le arrojo a su perro muerto encima. Timón  gimió como si una  tercera lanza le hubiese atravesado el pecho, apretó contra él a ese saco de huesos y lloró. Era extraño ver a ese hombre curtido por mil soles,  con dos matas de pelo blanco en las sienes, llorar emitiendo sonidos que parecían más propios de un bebé que de un anciano; algo que inspiraba piedad o risa, según se mirara. Con los ojos fijos en la primera estrella del crepúsculo y como reclamándole a unos dioses cuya naturaleza ignoraba, Timón lloró. Lloró  por su vida de bestia de carga, por los malos tratos, los gritos, los golpes y los latigazos, y por el hambre que  cual fiel nodriza lo había acompañado desde sus primeros días. Lloro con una tristeza primigenia, una tristeza  madre de todas las tristezas, incluso aquellas  alejadas del corto alcance de su entendimiento.

Lisímaco, un niño, entró en pánico y  otros niños le imitaron, por lo que Adamarco aplastó la cabeza de Timón con una piedra y éste dejó de llorar y se elevó un aullido festivo y un cántico ritual. Cavaron una enorme fosa y arrojaron allí al hombre y  al perro. Los cubrieron y  encima quemaron ramas  de olivo. Este año la ciudad estaría a resguardo de la peste y de las plagas, y todo hacía prever una buena cosecha, que, por cierto, resultó excelente.

 

 

 

 

COSAS QUE ME CUENTAN

 

I-. El Hada Helada.

 

Aunque noté que desvariaba, la historia del pezón faltante en el seno derecho era demasiado horrible para no ser verdad.  La conocí el día anterior a mi bautismo en aguas en una iglesia evangélica. Estaba con mi hijo en un cyber café en San Carlos, un pueblito cercano a Ushuaia. Cuando abrió la puerta,  una ráfaga de viento helado entró  como un preludio de su belleza. Enseguida  hizo onda con Miguel, y se pusieron a despachurrar unos marcianos  por el espacio.

Me preguntó si la podía invitar a un café con leche, porque estaba muerta de hambre. La invité a comer pizza. Miguel se  encontró con un amigo y juntos volvieron a la casa de su madre.

Después de las cervezas,  la llevé a casa y fumamos un joint. Cuando se puso a contar cosas tristes, le dije algunas boludeces y le agarró un ataque de risa, que derivó en llanto y ahí aproveché para besarla. Me dijo que no me iba a gustar, que era un monstruo. La ausencia   del pezón impresionaba, sí,  pero el resto era tan bello que  hasta podía apreciarse como un detalle de singularidad. Fue algo sagrado,  algo mágico. Le pedí que se quedara vivir conmigo. La llevaría a la iglesia, Dios nos iba a bendecir. Nos dormimos abrazados y felices. Ella  me despertó  llamándome musicalmente Annnn dréeeesss, agitando  contra mi nariz un petardo chisporroteante que había hallado escondido entre las cosas de mi hijo,  a quien le había prohibido que jugara con pirotecnia. Salté de la cama y ella escapó con el petardo que le reventó en la mano y prendió fuego una de las cortinas. Un dedo se le puso como una morcilla. Le metí  la mano bajo el agua  congelada de la canilla, hice jirones de una toalla y se lo vendé. Y fuimos caminando al hospital, a las 5 de la matina,  con varios grados  por debajo del cero. Me vino a la mente una frase de un libro de Kerouac, “…así de bien empiezan los peores momentos”, me había  dormido en el Paraíso y despertado en el infierno. El infierno helado y blanco. Vino el médico de guardia. Le dio una medicina y le vendó el dedo.

Ella le acariciaba la cara repitiendo: “doctorcito, doctorcito, ¡qué bueno que es usted!”

Hasta ahí, pensaba que bueno, pobre mina, está en estado de shock. Quién sabe cuantas cosas fuleras habría pasado en su vida, y que  con amor y buen trato y la ayuda del Señor, todas las heridas, se irían cerrando. Me gustaba mucho esa mujer. Y con ella he sentido lo que jamás he sentido con ninguna otra. –No, no te digo el nombre, ponele el que te de la gana, es una promesa que me hice, no nombrarla jamás. Sé que no tiene mucho sentido, pero hay muchas cosas que no y las seguimos practicando a diario.

Cuando íbamos saliendo, vio a dos policías en el pasillo, y les gritó : -Roña, ¿qué me mirás? ¿Te debo algo yo a vos? ¡Mugre!

Y luego un rosario de insultos de muy bajo calibre, tumberos. A uno lo escupió, y salió corriendo hacia atrás, hacia adentro, como si el hospital fuese un  refugio que no pensaba abandonar. La sedaron. Yo caí exhausto en mi cama y se me pasó la hora del bautismo. Por la tarde  fui al hospital. La vi caminado sin ton ni son, unos pasos, se detenía y giraba y así. Cuando me vio chilló y se puso a golpear el pecho.

La escena se repitió los dos días siguientes. Una enfermera se me acercó y me dijo :

-Señor , sería mejor que dejara de venir, pues parece que a ella no le ayuda, no le hace bien su presencia.  Pero aín volví al tercer día y  supe que la trasladaron a Usuahia porque en san Carlos no tenían  sala de psiquiatría,  apenas si podían sedar a los pacientes.  En la pieza de mi hijo hallé todo un arsenal de petardos y bombas de estruendo. Le preparé un  buen coscorrón,  en cambio, cuando vino ese sábado,  le pegué cuatro gritos como cuatro truenos. Después  nos fuimos a pescar al lago, pero no pescamos nada y  como a las dos horas se puso a nevar.

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Palabras Vanas.

 

tanta palabra sobra entre estas balas
como sonrisas tontas y espejos
días como este no debieran tener párpados
los dioses turbios como cantos y moscas
en bocas de asedio y cada día
rumores de bandas militares

no quiero esta piel de piedra y mirada oblicua,
ni sonido de tripas este asco de día,
así, definitivo como púrpura y antojo
viendo cosas indebidas de oídos sordos y adobe
destápame los sesos, limpia todo
y los sueños y lo que falta!

cuanta bala entre palabras vanas
días como este no debieran tener párpados!

(Pablo Goldenberg P.)

Santiago de Chile 8 de agosto del 2013

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María del Rosario Alarcón

 

 

DESNUDEZ

 

Me encanta verte desnudo,

o desnudándote.

Me gusta ver lo que sacas,

cuando todos nos ponemos

tapándonos de  los miedos.

 

A contra mano, de todos

no tienes miedo de ver

sonrojado simplemente,

sin tregua y desafiándote.

Me encanta tu desnudez.

 

Me muestras tus viejos miedos

Y me enseñas a oler

ese perfume de vida

que llevas junto a tu piel.

Me temo,

que hemos sabido,

de antemano, desde el ser

que los dos hallamos nido

desnudándonos….

la piel.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

 

EL ÚLTIMO

 

De todos nuestros amaneceres

Me quedo con el último…

encendido.

Me quedo con la ropa en revoltijo,

con tu cuerpo ganándome la cama,

con tu cara, tus mañas

tu risa sin olvido.

Decididamente…

me quedo con el ultimo.

Sobre todo …

porque aun

no ha sucedido.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

BALANCE

 

Al final prefiero lo vivido.

El deseo

que desnuda,

con mirada sostenida

y encendida.

Prefiero

el tiempo que es  impronta

en la memoria.

Prefiero lo vivido,

la vida trajinada o descansada.

El siempre, el nunca, lo soñado

O  lo perdido.

Al final prefiero lo sentido

y las marcas del beso

que ha prendido.

Prefiero el amor de ese demonio

que relame el sabor de lo querido

Al final  prefiero lo entregado.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

 

DE MUERTES DE UNA NOCHE

 

No hay caso, tu espada no corta.

No hay caso, tu espada ni hiere

ni marca

ni mata.

Tu espada,  el filo certero

revienta en mil gotas

la sangre que drena

Tu espada, afilada de luces

el arma mortal

deshace las penas.

Tu espada, ritual de maestrías

reduce el todo a nada

en una embestida.

No hay caso, tu espada no mata.

Tajea la noche.

Enciende la fragua.

Desarma la estancia.

Corta las almenas,

que miro lejana.

No hay caso tu espada no mata

Tu espada es profana.

Tu espada es blasfema.

Por eso,

tu espada-palabra,

despacio me quema.

 

María del Rosario Alarcón

(Derechos reservados)

 

Cuando abrió su saber

Para Fran, mi hijo, un ser sabio

 

Y cuando abrió su sabiduría… desgrano palabras al parecer inciertas, llenas de melodías de rondas y de rimas…. sin esfuerzos, trazo respuestas, y dejo que sus palabras

anidaran en cada uno… y que cada uno recibiera su mensaje….

Y cuando abrió su sabiduría…. esto me dejo:

 

 

Los espacios

 

Y los tiempos

se conjugan

en el toque de campanas.

 

El sonido queda suspendido

como un bálsamo, vivido.

Te recuerda

que vendrá de nuevo

que el tañido tiene un tiempo

que el metal suena y vibra,

llenándolo todo

como  un bálsamo en la espera.

 

Si pudieras

llenar ese espacio de piruetas

y alborotar tu espíritu

cada vez que suenan.

Si pudieras

volar en ese tiempo

y ser águila

esperando el sonido suspendido.

 

Si pudieras,

sorprenderte desde siempre.

Si pudieras,

llenar el espacio

en bandadas…

Es posible

que tu vuelo marque rutas

deje huellas…

Es posible

que el espacio y el tiempo

se  atesoren

y tu vuelo con el vuelo de campanas

se enamoren

 

Muchos días

 

María del Rosario Alarcón

 

(Derechos reservados)

 

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*LAS RODILLAS DEL MUNDO*

 

Las rodillas del mundo
tiemblan…
terror de quedar paralizadas
y no volver a caminar.
El príncipe de las tinieblas
ha tomado las riendas
y sigue luchando
aún sin antifaz.
La batalla es despareja
¿Quien se atreverá a pelear
con tan grande enemigo
tan astuto y sagaz?
Se necesitan voluntarios
que se jueguen por la paz.
Despojados de si mismos
desprovistos de maldad
que amen todo lo creado
en bien de la humanidad.
Lastimeros llantos de niños
que perdieron su identidad
hace que tiemblen
“las rodillas del mundo”
clamando a gritos por PAZ.

 

Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

 

Derechos reservados Nº 452298

 

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SELECTOS POEMAS

Por Esther González Sánchez

 

MEMORIA

 

Cual tren de cercanías

que hilvanara la sombra de los árboles,

recorre la memoria

las raíces que calzan

sandalias de tierra.

Y al tantán de tambores con membranas de aire,

-pálidos de atmósfera como el peso

sumergido de los ríos-

superpone la vida

de la misma forma

en que se añade la luz al sobresalto oscuro

de una farola.

¿Quién al rodar de un pensamiento,

no sienta en sus vagones,

el calor hospedero de otras voces,

que leves merodean o aproximan,

como mieles miedosas?

¿En qué cumbre o meseta

no se adelgaza el frío

con anillos de sol?

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

***

 

ELLAS, LA METÁFORAS

 

Como híbridos de amor y soledad
nacieron mis metáforas;
sin yugos y sin nortes,

izadas entre versos

ganados a un naufragio.


A veces las invito a mi escritorio
y acuden a la mesa
con élitros de fuego.


Desconfío que son como los hombres:

que nacen como un himno, como un grito

abandonado al polvo gris del tiempo.

 

Desnudas y solemnes,
codiciosas y exhaustas.

nuestras vidas discurren paralelas:

del mismo pozo beben

placeres y desdichas.

 

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

***

 

MORDIENDO BESOS

Acudo a respirarte bien temprano

y llevo involucrado hasta  los dientes,

un tácito disturbio:

Yo voy mordiendo el beso

que lleva la perversa, la dañina,
la que nos dio el oscuro
de cerrar la cintura de tu boca

en la insana razón de conquistarte

y disputar el labio contra labio

viajando hacia la brasa, y el ansia de vivir

como viven las rosas sus púrpuras de asfixia.

Bien sé que esta es tu noche y es la noche mía:
no sé donde encontrarte

ni en qué lugar pedirte

de la sombra enlutada,
y pues no encuentro a ver el cauce de tus ríos,

te detengo en  la flor de la glicina

que funde sus fronteras en el aire;
en ellas me regalas

la prisa de los besos, la sal para las nieves,

y hasta la misma mano que ampara los crepúsculos,
TÚ, también me regalas.

Y sin embargo, apenas me conformo:
largo de oscuridad me vence el verbo
de luto intransitivo.

                                                                                                No tengo el corazón de las palabras

y voy             ¡Mordiendo un beso!

 

 

Esther González Sánchez

Vigo-España

 

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EL MARAVILLOSO POETA SONETISTA

RODOLFO LEIRO

 

MI MUERTA

 

De pronto, la soñé junto a mi lado

con su cuerpo de cálida respuesta,

erótico fervor, clima de fiesta

con un beso de prisma apasionado.

Un sueño me llevaba apresurado

subiendo los peldaños de la cuesta,

mientras la Luna cándida me presta

la mitra de un rosal enamorado.

Me pregunté que lirio solventado

en protos desprendidos del pasado

golpeaba las aldabas de mi puerta,

y al despertar en lúgubre lamento

me supe en los anales del tormento.

¡Mi pecho en el abrazo de mi muerta!

Construido a las 8,45 del

8 de mayo de 2013 para mi Libro

“Colisiones asonantes”

 

***

 

EGO

No me colgué del péndulo falsario

con que el ego trafica su prestancia

La misma candidez con que la infancia

se adosa a un corazón de abecedario;

fui andando, flaco vate, presidiario

del verbo erupcionando en la fragancia

y lo llevo conmigo, en cada instancia

que late con mi canto solidario;

de pronto, navegando en el Ontario,

me elevo como un bardo solitario

que llena las besanas con mi nota

y enciendo la farola reluciente.

¡De allí parte mi canto hasta tu frente!

¡Y retorna en el beso que me agota!

Construido a las 9,12 del

14 de mayo de 2013 para mi Libro

“Colisiones asonantes!

***

 

MERCADER

 

Mercader de ilusiones, fui sembrando

en el huerto adalid de la utopía,

una suerte de lírica empatía

mientras rueda mi paso empecinando,

vasto emblema de lirios caminando

sobre  nube de  añil melancolía,

y me transporto, al fin, en sinfonía

de un coro de cóndores volando,

presiento, que feliz, voy transportando

el rostro de los seres que fui amando,

el beso que  mi labio, día a día,

con tu boca de novia fue soñando.

¡Es el ayer que torna, traficando,

esa noche de amor que no mentía!

Rodolfo Leiro

11.10.2013

 

***

 

ANTES DE PARTIR

 

¡Es incierto que no me llevo nada!

¡Si me cargo tu piel en mi retina!

¡Crepúsculo del aura que declina!

¡La aurora de mi lírica alborada!

¡El ósculo de aquella madrugada!

¡La fiebre de tu boca cristalina!

¡Dulzura en tu mirada peregrina!

¡Tu seno de imperial enamorada!

¡Susurro de la noche desposada!

¡Tu labio sin rubor en flamarada!

¡Caricias de turgencias en tu mano!

¡Tu voz en un romántico te quiero!

¡Os dejo este soneto de acequiero!

¡Es todo lo que fui de ser humano!

Rodolfo Leiro

 

***

 

BARDAL

 

A la que fue mi esposa,

Nieves Rosa Boudet,

en el día de la madre

 

Bajo el bardal vetusto que fue amparo

de un pedazo vital de mi aventura,

reaparece, de pronto, tu figura

como en el rudo mar orienta el faro;

aunados los dos, bajo el film claro,

de un reluciente sol, como ternura

que reaviva el amor que no se jura

y de la  igual pasión es fiel avaro.

Allí quedaron años no olvidados

como  suerte de besos laminados

bajo el humilde techo amanecido.

Nostalgia de los ratos conversados,

estampas de los labios convidados.

De lo mucho, que ayer, hemos querido!

Rodolfo Leiro

20/10/2013

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SELECCIÓN DE TEXTOS

Por Daniel de Cullá

 

BOB MARLEY Y LOS CHUPAFLORES

 

         Gerineldo me dice que la canción Macarena, hecha por el dúo “Los del Río”: dale a tu cuerpo Macarena, está hecha para abortar, y que ha sido vista en YouTube por unos nueve millones de visitantes; que el Baile del Caballo, de Psy, con casi doce millones de visitas, está hecha para follar, en un mundo global donde sólo se folla en El Cuerno de Africa.

 

         Si esto es bueno, lo que viene a continuación es mucho mejor. Me dice que “ hablando para inter nos, sábete que en muchos ayuntamiento y diputaciones provinciales, chupaderos de Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, a la entrada o principio de comenzar un Pleno, los ediles o concejales empiezan por cantar, cantando bien y con facilidad, ese estribillo hoy como ayer de razones, para después raciocinar, rucionar, discurrir metódicamente sobre un asunto exponiendo y recitando una doctrina y refutando, rebuznando, las opiniones contrarias, a veces con disentería, flujo de vientre con pujos y alguna mezcla de mala sangre, no ajustándose al sentir de otro, disecando decretos muertos y soflamas en ficción de palabras para engañar o chasquear y conservarles la apariencia de vivos, con delicadeza nimia, melindre. Decretando con olor a chotuno.

         “Hay dos tipos de dictadores: Los impuestos y los elegidos, que son los políticos”, nos cantó Bob Marley. Para seguir diciendo: “Cuántas muertes más serán necesarias para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas”; que “el dinero no puede comprar la Vida”; que “el hombre es un Universo en sí mismo”.

         Reggae, frases, Pensamientos y… ¡One Love¡, más la letrilla de marras, poéticamente amorosa, festiva o satírica, que se aprende y se canta con brevedad y a manera de estribillo el pensamiento general de ella,  es dada a discurrir, reflexiva, meditabunda. Camina, corre por diversas partes y lugares, es global, y, muy especialmente, en tiempo de votaciones chupinas,  ñoñas, lacias, o truncas. Es como la pieza fuerte de madera que sirve para regular la presión en la almazara.

 

         Los chotunos, ganado cabrío cuando está mamando hablan a chorretadas, mucho y atropelladamente, andándose con, o en, chupaderitos, con paños calientes, chupando, quitando o consumiendo la hacienda o bienes de uno, en expropiaciones y desahucios, con pretextos y engaños, la cantan. Es esta. Y cantada por Carmen Miranda, sabe a esa lista de excomulgados que se ponía en las puertas de las iglesias y en otros lugares públicos. Un Letrón.

 

                  “Mamâe eu quero, mamâe eu quero

                  Mamâe eu quero mamar¡

                  Dá a chupeta, da a chupeta, ai, dá a chupeta

                  Da a chupeta pro bebê nao chorar¡

 

 

-Daniel de Cullá

 

***

 

BUENAMADRE

 

 

         Gerineldo está en Buenamadre, de la provincia de Salamanca. Está aprendiendo francés con “El francés sin esfuerzo” método Assimil de A. Chével, impreso en septiembre de 1956, y , en su huitiéme leçon (8ª lección), Se carcajea pensando en la caracha, roña, sarpullido en el caracú o tuétano de los huesos de patas de nuestros cuadrúpedos que gobiernan un cadaval, terreno donde quedan en pie muchas cádavas o troncos de árgoma o de tojo chamuscados, barrancas, pozancos y desigualdades. Estamos en cacicazgo, se decía. Oficio y dignidad de cacique y territorio de su gobierno. Y, hablándoles a los grajos, se expresaba: “el nuevo caciquismo es el sistema político que consiste en el gobierno de los caciques, quienes, mediante poderes legales fundados en el sistema político vigente, ejercen de hecho el gobierno del país dirigiendo las elecciones, nombrando los diputados e imponiendo su voluntad a los ministros y a los tontos de capirote que les siguen. El está leyendo:

 

–      7. Asseyez vous ici, je vous prie

–      8. Merci. Une cigarette?

–      9. Avec plaisir. Alors, que pensez vous de la situation politique?

–      10. Mon Dieu, pas grand chose de bon¡

–      11. Pour moi, la crise ministérielle est inevitable.

 

         Hace poco que estuvo en el Rocío en caravana, con ese conjunto  de personas, acémilas y cabalgaduras que viajan juntas en las tierras de Andalucía en busca de la cagada del lagarto santo. Entre tanta muchedumbre, se sentía capeón, novillo que se capea en una sala llena de velas y cirios encendidos con un cadáver expuesto en su túmulo, cual canope, estrella de primera magnitud en la constelación de Argos.

 

         Mientras la nata de la leche o cacuja, resbalaba en el mango de las cucharas, las plañideras, sentadas en cáncanas, especie de banquillos de castigo en las escuelas de niños,  recitaban:

 

–      Candil, candilón

–      Cuenta las veinte

–      Que las veinte son

–      Ardid en candil

–      Con una imagen

–      Y una candileja

–      A l a cabecera

–      Que está en agonía

 

 

–      Sobre el hoyo

–      Que se hace en la arena

–      Para buscar

–      Agua potable en cachón

–      U ola que se deshace

–      En espuma

–      Al romper en la playa.

 

   

    Gerineldo dejaba caer la cera de las velas en un cucurucho de cartón cubierto de lienzo, como el usado por los disciplinantes y nazarenos.

 

    Saliendo al corral, pues en la casa no había baño, en el mismo cucurucho, comenzó a orinar golpeando con el dedo de en medio, apoyándolo con fuerza sobre la yema del pulgar y haciéndole resbalar a lo largo de ella hasta que perdiendo el contacto se disparó. “Como los recortes en la crisis”, pensó. Y Ja Ja Ja.

 

-Daniel de Cullá

 

 

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TEXTOS SELECCIONADOS

POR YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA (NALÓ)

 

EL MOMENTO

 

Cuando tus ojos rehuyen mi mirada

y la sombra del hastío esconde

el dolor de mirarnos nuevamente….

 

Cuando nuestra alegría es tedio

y la sangre se muere en el abrazo

y las cuerdas del alma se silencian….

 

Es el momento del Adiós.

 

Cuando en un vuelo de tus párpados

me ocultas el fondo de tus sueños

y el amor en lágrimas se pierde…

 

Cuando ya el sol no es nuestro abrigo

ni compartimos las estrellas

ni me ilusionan  tus caminos….

 

Es  el  momento del Adiós.

 

 

Cuando la espera es indiferencia

y necesito buscar en lo profundo….

y revivir el amor de lo pasado….

 

Cuando hay que inventar todos los días

en un rompe-cabeza incomprensible

cómo desear y amar tu compañía

 

¡ES EL MOMENTO DEL ADIÓS!!!

 

Yolanda Elsa Solís

 

***

 

El ruido del silencio

 

A esta hora, casi al final del día en Barcelona, se van apagando los habituales ruidos de la calle.

Persianas que bajan, interrumpiendo el constante entrar y salir de la gente….

Los corrillos de jóvenes con la perspectiva de una larga noche gracias al feriado de mañana, sustituyen al bullicio de los niños jugando a ser estrellas del Barça.  Las callejuelas del Barrio Gótico, son en el día, buenísimas canchas de fútbol, donde con la indulgencia de los automovilistas, practican…Siempre se asoma alguna intolerante vecina al balcón de los geranios, con una actitud de desagrado, a la que los niños, ignoran…

Los nuevos caminantes nocturnos cambian el panorama planeando el botellón de esa noche…evitando las farolas de Gaudí, aumentando el nivel de sus voces, a medida que van destapando botellas…

Ya se retiraron de  la Plaza de la Catedral,  los circunspectos bailarines de sardana los asistentes a las ferias de anticuarios de los viernes y sábados y también los paseantes de todos los días. En este agosto en que los turistas pasean , comen y beben durante todo el día y la noche para alegría de los comerciantes , cada pieza del paisaje cumple su función.  La vecina malhumorada,  el mendigo extranjero, y la que todo el día limpió mugres ajenas, serán desde  su propia cárcel sin rejas, testigos sin derecho a opinar, a gozar, a vivir.  Cada uno de los sin opinión, podrá descansar en el oscuro rincón al que pertenece , mientras los que  comen, ríen, roban, bailan y se emborrachan los han relegado.

 

 

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POEMAS

Por Ana Romano

 

Imán

 

Es desde la cima

que divisa

en su imponencia

el bastión

Abajo

cascada

sigue

Decidida

¿proyecta?

Se rozan

los opuestos

coquetean

La sensualidad

deambula

Frenéticos

los frutos.

 

 

Fulgor

 

Revueltos

en la espuma

en la arena

Revueltos

en la noche

en el cielo

Las sombras

danzan

ruedan

y se agitan

Extendidas

y se tocan

Mascullan cuerpos

y se invaden

Pensativa

la luna

espía

y con recelo.

 

 

Esbozo

 

Sobre la mesa

de un bar

apoyada

una taza blanca

de café

El aroma

acaricia la mirada

ausente

Las manos

aferran la ilusión.

 

 

Despertar

 

Aletargada

por la piedad

y en un hoyo

ridículo

 

y eso

aunque

el camino

prosigue.

 

Demencia

 

Alarido

que amputa

el secreto

Y en la tersura

llaga

¿Qué otra cosa que el semblante

la mueca

agrieta?

El murmullo

acrecienta

las pulsaciones

¿Y quién

-confisca-

los espasmos?

La sábana

invisibiliza

el bisturí.

 

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EL GRAN BORIS GOLD

 

                                                                                               LA PRIMAVERA…UN MILAGRO

Angustias y penas materias prohibidas

Se juntan las almas, habrá quién me quiera

Las risas a coro, un haz de esperanzas

Por suerte llegaste…dulce PRIMAVERA.

Abre la ventana, préndete a la vida

Las flores se abren, tras la lluvia ligera

Préstame tus manos, apóyate en mis hombros

Me siento abrazado…por ti PRIMAVERA.

El pájaro canta distinto a otras veces

Hay voces amadas, llamando de afuera

Serán los fantasmas de viejos amores,

Fuiste mi compinche…¿recuerdas PRIMAVERA?

Deseos fervientes de incumplidos sueños

Utopías locas y antiguas quimeras,

De encontrarte un día tras un arco iris

Yo se que el milagro…será en PRIMAVERA.

Que se abran los cielos y de él se desprendan.

Tormentas de dichas y una añorada espera,

Que no existan odios y la paz prevalezca

Vendrán buenas nuevas…en la PRIMAVERA

Boris Gold (simplemente…un poeta)

***

“SOY FELIZ…TENGO UN AMIGO”

Repiquetear de campanas

que la música no cese,

el festejo bien lo vale

pues se ha hecho realidad,

hoy la alegría se impone

es el día señalado,

agradezcamos al cielo

por la bendita…AMISTAD.

Que la gente se convoque

desde el fondo de sus almas,

y los tiernos todos juntos

nos contagien su bondad,

quedarán en el olvido

los deseos no cumplidos,

busco consuelo y amparo

bajo tu sombra…AMISTAD.

Te presto hermano mi hombro

y caminemos el mundo,

así podremos sin dudas

derrotar la soledad,

sembraremos buenas ondas

hablaremos de esperanzas,

que la meta ambicionada

sea honrar…a la amistad.

 

Que la noche se ilumine

con mil estrellas brillando,

las luciérnagas amigas

volarán en libertad,

habrá música en el aire

y poetas que nos digan,

que la vida siempre es bella

si la abriga…la AMISTAD.

Tengamos siempre presente

como materias pendientes,

luchar a brazo partido

para borrar la maldad,

una mano solidaria

al que caído se encuentra,

es una antorcha encendida

que nos habla…de AMISTAD.

Las aguas llegan cansadas

para dormirse en la playa,

trayendo sueños lejanos

que me duelen cual castigo,

pero ya pagué con creces

esos tiempos de borrasca,

el presente es la dicha

tengo a mi lado…UN AMIGO.

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POEMAS SELECTOS

Por Moshenga VIII Cabanillas Pérez

 

ANGUSTIAS DE UN VERSO

 

Como empezar de la nada

Versos aromáticos que resulten púrpuras

Que destrocen el sigilo incoherente

Con el caudal de la noche

Y que escriban en las pupilas de los mares

La tinta adherida de los murales

Que nacieron del odre     De letras

Y tímpanos de resaca

Antes que ensordezca  la existencia

Del espanto de este mundo

Para volverse más añeja.

 

¡Poesía!

Como elevar las burbujas de las diosas profundas

En esencia de cortezas y almíbar

Si me atrapa el ayuno de tus hostias

Los símbolos cuneiformes del silencio

Aplastándome     Hasta volverme Amasijo y fango.

 

¡Poesía!

Como     Le digo al cartero del abismo

Que reparte los glifos rupestres

Las elegías de los siglos en cada ruleta del camino

Donde se sofoca el tiempo enardecido

Volviéndome tatuaje de granito

Novicio e incendio de poeta.

 

¡Poesía!

Como     De un testamento sonámbulo

Que despierta del aullido de un cura pétreo

Que sentencia idos que atrapan dilemas

Tan sólo por su nimbo

Marcan la sentencia y el mito…

 

Porque se me escapa el verso adicto

y epiléptico de mis sueños fieros

Al vestirse de luto en el velo de este tránsito

Dejando en el papel nupcial

El calor abstracto

Los Signos de la expiación

Que laten en las rocas

Con alma anafiláctica

Con calma vehemente de un día

en que volví a navegar

La angustia dogmática

Clavada en la duda

Para poder invocar

Que es Poesía…

Y respondo

Es la angustia de un verso

Que busca en el absurdo

Su propia contemplación.

 

(De Poéticas, Lima – 2010)

 

 

 

TE ESCRIBO.

 

Te escribo sin saber si estos reglones han de llegar a ti

Con infinidad de ilusiones,

Oh si es una búsqueda incesante

Que mantiene ésta mi esperanza.

Te escribo también porque sé que no volveré a verte

Y si ahora que aún estoy libre no te dedico estos versos

Tendría esa culpa por no corresponder a tus sueños intranquilos

Por eso te lo dedico…

A expensas de que en éste vasto frío

Tu rechazo me dé fuerzas para inspirarme en mi largo viaje,

Y sentir en tu amor desconocido hubiese sido antes mío,

Pues son permanentes las horas de ésta espera

Imagínate si fuesen meses o abrumadores años

Oh mil noches de desengaños

Por eso aprovecho para expresar de mis ansias

Este dolor incesante que no lo sana nada

Menos la soledad de estos pensamientos crepusculares

Oh la ausencia de estos pasos descoloridos que te buscan.

Son tuyos éstos comentarios

Que cualquier mujer envidiaría

Son tuyos porque nacieron de tu causa

Y yo te los escribí para decirte de este amor,

Aunque sea tarde

Y quede atrapada mi vida en el olvido de tu estela

Por ofrecerte este simple ramo de mí pecho

Y me priven pronto de la libertad de verte.

Por eso quisiera dedicarte antes que el sueño me atrape

Y tú ya no me recuerdes ni siquiera con el devenir de tu mirada.

Por eso te escribo…

 

 

VAGABUNDO

 

Que las ideas vengan como avalanchas y los ríos incandescentes sean purificados por el mar…

Debo inventar que no existo

Y que el éxodo que me arranca de mi tierra

No concluye

Y que pronto volveré.

Pero cuando regrese

No seré ya de éste lugar

Ni del tiempo sus errores que perdonen

mis pensamientos ungidos de anhelos

No soy de aquí     Tampoco de allá

Soy el extranjero que vaga junto al polvo

que machaca mi incertidumbre

Un extraño entre las siluetas de otros extraños

Que danzan en el vapor

Buscando ser formas de un mar que se esfuma

Mientras trato de alcanzar las olas embravecidas que me devuelvan mis sueños

Las esquinas de apacibles y viejas conversaciones

Las noches de húmedos llantos

Y golpeteos de aldaba llamando a la puerta

Buscando el amor

Soy un conspicuo vagabundo que busca

el remedio en el pasado

Para poder volver a ella

Con las ideas familiares

Y no despertar mañana

Como ayer.

 

ANTES DE AYER SE FUE ANTES QUE CAIGA LA NOCHE

Ayer dejé de escribir este pensamiento envuelto de ocasos
ayer vi latir el sol en el horizonte
ayer decidí ser poeta entre la bruma rojiza de la tarde
ayer me aprisiono el olvido en esas interminables horas de seda
cuando dibuje tu nombre sin sentido
ayer me llevó la parte más preciada de mi vida
antes de ayer se fue antes que caiga la noche
y yo me quede desojando los días que compartimos
y yo me quede desojando los días que vendrán por tu ausencia.

 

 

LÁNGUIDO

Esa razón intensa de pensar en mi olvido
Una extraña palidez
Que me contradice
Y me sincero en la torsión extraída de un sueño
Mi hambre
Mi sed de vivir
Cual crepitante latido que rompe el silencio del bosque
Cansado de escuchar las mismas consonantes
En los senderos simples de la ciudad.

 

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29º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXIII de la etapa web/02-11-2012

 

EDITORIAL LXXIII

Galardones y premios nacionales de Literatura: reconocimiento o intervención

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España concedió este pasado mes de Octubre el Premio Nacional Narrativo al escritor Javier Marías por su novela «Los Enamoramientos». Tal como había anunciado, el escritor rechazó el premio alegando su independencia respecto al Estado y sus instituciones. Su gesto, alegó el autor, no iba contra nadie, agradecía la intención del premio, pero ha pesado en él más ese deseo de independencia que perdería de aceptar galardones oficiales que la satisfacción de un reconocimiento público. Pone con ello sobre la mesa la relación entre cultura y política o, más bien, el peligro de subordinar la cultura a la política.

Desde que el Poder, y en general la política, descubrió los mecanismos de la propaganda masiva y casi industrial, ha buscado la legitimación por vía de la cultura para convertirla en difusión y correa de transmisión de valores y certezas oficiales. No es algo nuevo, pero la diferencia les marca ahora la rapidez y la capacidad de expansión. Los Estados imponen en la actualidad como antaño una cohorte de escritores y artistas, de cineastas e intelectuales que se convierten en herramientas de legitimación en el mejor de los casos, meros ornamentos que procuran una falsa armonía que esconde otros intereses. No es cuestión de calidad, sino de utilización. La cultura se subordina a lo político y se vuelve propaganda, muchas veces mala propaganda.

No obstante, no podemos obviar que, al contrario, muchos buenos escritores emplearon en ocasiones su capacidad de incidir en la opinión general para dar sus opiniones y prestar sus apoyos a determinadas políticas, en ocasiones de dudosa moralidad. ¿Deja de ser Ezra Pound un excelso poeta a pesar de su apoyo al fascismo italiano?¿Cambiará nuestro opinión sobre la poesía de Pablo Neruda si tenemos en cuenta su “Oda a Stalin”?¿Podemos dejar de considerar a escritores españoles que apoyaron a Franco por el hecho de dicho apoyo, sin reparar en su calidad literaria, como en el caso, por ejemplo, de Dionisio Ridruejo?¿Alguien duda de la calidad de escritores como Máximo Gorki o de Jack London a pesar de su compromiso político con la izquierda revolucionaria?  Resulta evidente que el buen novelista, el buen poeta, lo es por su obra, no por sus opiniones políticas o de otra índole, y ni siquiera ha de ser una buena persona, al mismo tiempo que cualquier tema puede ser materia para la creación. Pero no es de esto de lo que hablamos, sino del papel del Poder en el ámbito de la cultura y que puede acabar por transformar al creador en un mero bufón de la corte de nuestro tiempo, en el marco de una administración que ha creado no pocos departamentos de las “Industrias Culturales”, nombre este que chirría, dígase lo que se diga. El poder ha colocado departamentos de cultura para potenciarla, pero con ello ha creado servidores o funcionarios culturales, como esos autores de regímenes autoritarios cuya función era alabar a quien mandase, sea quien fuese.

La independencia del artista, que no neutralidad, es ahora mismo una necesidad, un requisito. Y mucho nos tememos que esta independencia se contradice con frecuencia con la acción de los poderes públicos.

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MALOS TIEMPOS PARA EL MAMBO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TEORÍA DEL HUMOR

 

Comenzaste siendo el más gracioso de la clase.

Hasta los chicos mayores reían

con tus bromas macabras y chistes ingeniosos,

le pegabas a los empollones

y todo eso brincaba en un cielo de tremenda carcajada,

cuando te hiciste adolescente todo te aburría,

te aburría la vida,

que corre despacio y va a toda prisa,

tu primera actuación fue en fiestas,

en las fiestas de tu pueblo,

tu monólogo gustó y te gustó la picazón,

sarna de la que se goza

costra se vuelve en su regusto,

te metías con los calvos, los feos,

con las minorías y los inadaptados sociales,

hacías chiste del punto flaco de los débiles,

tu vida se ha convertido

en una locura mal digerida,

estás psicótico y tomas cocaína,

ahora el débil eres tú.

Ayer te invitaron a un programa de la tele,

quieren que opines acerca

del humor absurdo de los directores de cine,

de cine español, con dos cojones,

ahora eres un teórico del humor,

eres toda una cátedra andante del humor irreverente

y del entretenimiento más cruel y pendenciero.

Te pones solemne, estás nervioso,

dices cualquier inoportuna tontería,

y te conviertes en el vídeo más solicitado en RTVE

por más de cinco generaciones de televidentes,

macho, eres un genio

y te enteras justamente ahora.

Ahora que no cobras por eso ni un tanto por ciento.

 

***

 

AFRODITA MON AMOUR

 

Los niños impíos de tanta sonrisa astuta

tienen lluvia fresca en el pelo

y llevan la reputación tan sucia

de arañar en ristre su pleno flagelo,

y en la simiente que escupe la oruga

y en el pájaro que remonta su vuelo,

un edén anfibio a pesar de todo les ayuda

a soportar este trayecto de tedio y recelo,

tienen tanta rutina sudada que les ocupa

un gemido en el escalón del desvelo,

sustraen migajas de la noche que cura,

se empalagan de caliente caramelo,

y un Monte de Venus cautelo anuncia

su sanidad sexual que redunda de serlo,

sueñan que ya tiene ritmo la rumba

y compota harían del dulce ciruelo,

no firmarían de su amor renuncia,

paso a paso dan de Paco a Frascuelo.

Los niños de la migada diurna

hacen canción nueva de alegrísimo chelo,

con cuestión que se pone chunga

buscando camellos en el Paralelo,

en Can Tunis y en la calle Bolivia,

en Els Merinals y el barrio Carmelo.

Se caen, se caen ante su día a día,

se migan la risa y relamen canguelo,

de esa pared que tanto les enfría,

les subraya la sombra bajo el subsuelo,

pauta de psiquiatría en que incuba

un gusano cachuelo sin su resuello,

un caracol fosilizado en su pulpa

y dos pensamientos que repiten muelo,

buscan lo que no se busca,

desnudez para su azul consuelo,

pretenden lo que no se inculca,

se engarzan como pesca con señuelo,

en casa, en la fábrica, o en la trifulca,

en calles donde se besan tirados al suelo.

Chupetones púrpuras que jamás nunca

ensayaron que les invadieran el cuello,

ensayaron a cruzar brazos en la nuca

pensando en la claridad que luego

les harían cosquilla en la risa oculta,

les haría el roce paladar de seda y pañuelo,

aprendieron que la mitad los desnuda

ya que son dos que se nutren de fornelo.

Los niños que no piden disculpa

sospechan de su fachada sosteniendo velo,

tienen fragancia total para que infunda

y huela por donde empieza su anhelo,

de cobre sus caras ardientes y absolutas

rezumándose en el corazón del hielo,

su adolescente matinal se pregunta:

¿por qué sustraen de Afrodita su celo?

Mojan la lívido en sus dientes con fruta

y a contrapelo el escalofrío es puro vuelo,

tienen bien olvidada a su asco de tumba

que los hará polvo esparciéndose en el cielo,

y follan por que follar es la justa

manzana que los expulsa de su triste duelo.

 

***

 

NIDO DE PARADOS

 

Los gitanos del barrio de Torre-Romeu

en octubre escarban en susurro el verano

por que les parece que dura muy poco

y de noche lo cruzan siseando en vano,

por los parques buscan agua de coco

y se encuentran con Dios-digamos,

que los mira haciéndose el loco

y con sus miradas le besan las manos.

Dios, Dios negado de los gitanos,

se gasta el dinero en una gran fiesta

y al otro día no le encontramos.

Después de almorzar su siesta,

no se la quitan ni ocho celestes milagros

que con cuatro negros castigos se pelean

y dan el cante todas en el mismo canto,

descanso y momentos gratos,

entre trámite, antigüedad de paro y tarea

aquí en el barrio nos conformamos.

Por la calle Sau un mercado despierta,

se venden delantares, bragas y medias,

zapatos para mudar a diario,

y otras cosas para tener en cuenta,

chándales, pantalones, y otros artefactos,

se venden también chaquetas

ahora que ha terminado el verano,

se venden flores para las alcahuetas

y otros artículos de gusto un tanto variado.

En la calle Sau de nuevo empieza

un paseo por todo este raro itinerario,

en la calle Sau vemos que comienza

un nido de gente sin su salario,

demos un No a la desesperación abierta,

este nido es un nido de parados,

tienen el trasero duro y nadie se queja

de sentarse en poyetes, escalones y bancos,

¡Dime chaval! Si tú ya no peleas

en Barcelona con los asalariados,

-Me dice: yo de la cama jamás me salgo,

que los Mossos cabrones me apalean,

¡Dime chico! ¿Y por qué estos te apalean?

-Chacho, por que yo siñelo gitano.

 

***

 

EL PASAJERO

 

Cuando de noche vuelvo a casa después de nadar

y veo la traslúcida brillantez

de las casas encendidas, tras esos cristales,

imagino horrores, calamidades, necesidades,

peores, mucho peores que lo/as mías.

Imagino podredumbre en un hule perpetuo,

imagino escarcha negra invadir la escena,

intento comprender al polvo compactado,

veo las sombras adentro sin sombras,

veo la monotonía rendirse como perro viejo.

Yo, en mi vida prosaica, mi vida rutinera,

tengo la paz de los cobardes,

de los precavidos, de los que nada arriesgan.

Voy sentado en el autobús de mi vida con suerte

y me dirijo a mi hogar, al calor vacío en los rincones

de mi hogar, de mi hogar vacío, no sé si dulce aún.

Oigo a los vecinos lamentarse en su desgana,

oigo las discusiones que germinan como moho,

a mujeres corroídas por su angustia asediada.

La soledad de las mujeres que soñaron,

mujeres que caminan solas, asidas del brazo

por un hombre, pero caminan solas,

se les va la esperanza como un globo caduco.

En mi vida de pasajero curioso y expectante

he podido ver hombres que fuman solos

en un balcón que da la cara hacia un abismo,

a señoras de roto maquillaje abandonadas al alcohol,

a adolescentes confusos sintiéndose miserables,

todos dando cara a su abismo personal.

La traslúcida ventana que encarna el misterio,

el misterio eterno de los que se pierden,

de los que pierden su autobús hacia la vida,

la vida, esa cosa que nos late adentro,

ese tiempo lento y constante,

ese tiempo de simulacro y sala de espera,

esta vida absurda pero maravillosa,

es asunto serio vivir esta broma pesada.

Las parejas son afortunadas si encajan como zapatos,

es mejor no desesperarse por estar solo.

Si estás solo y te emparejas con cualquiera,

por soledad, por la desesperación de estar solo,

es muy probable que acabes mirando cara al abismo,

a un abismo de discusión, de riesgo y pesadilla,

a un abismo en el que caes con el silencio,

ese silencio que tenías y te acompañará de por vida.

Ese silencio que tenemos dentro

y solamente lo rompemos al corromper la calma

con cosas que no sabíamos que callábamos.

 

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Las sendas de Caín

 

Cómo no sentirse herido, se preguntó, herido y rechazado. Me repudian, tuvo para sí y anduvo convencido de que todos le repudiaban profundamente. Trabajaba de sol a sol, con voluntad y destreza, demarcaba la tierra, la deslindaba, luego la mezclaba y la abonaba, colocaba surcos y cauces por donde avanzaba el agua, analizaba cada zona de terreno para cosechar aquello que mejor convenía y para saberlo experimentaba una y otra vez, observaba la reacción de la tierra, el color de las plantas, el olor de los frutos, y esa labor le llevaba horas, días, semanas enteras. Un sinfín de fracasos le reportó un sinfín de aprendizajes, de saberes de la tierra. Le daba una y mil vueltas a todo lo que emprendía, analizaba los detalles e inventaba instrumentos que le ayudaran a avanzar en ese camino de expandir y mejorar la tierra y la cosecha. Pero todo eso, al parecer, carecía de importancia, su esfuerzo no tenía valor. Brindaba los mejores frutos, aquellos que le habían costado enormes esfuerzos obtener, pero apenas eran observados, sus mejores frutos eran ignorados como si fueran obra baladí, anodina consecuencia del esfuerzo de sus manos, de su cabeza, de su observación permanente, anodina para los demás, pensó, para todos, no para sí mismo, que él sabía bastante bien lo que le había costado llegar hasta allí. Cada fruto había supuesto un enorme trabajo, al parecer nadie lo sabía menos él. Pero no es cierto, se dijo de pronto, no es cierto que sólo lo sepa yo: me han visto trabajar. De sol a sol, repitió una y otra vez, trabajo de sol a sol, lo dijo con rabia, consciente de lo injusto de la situación, y en efecto era así como trabajaba. Ponía todo su esfuerzo, todo su corazón, toda su mente en cada uno de los detalles, y desde luego eran muchos, en todos y en cada uno de los detalles de su faena diaria. Pero no veía ninguna gratitud, ni siquiera la gratitud de una sonrisa o de un gracias acompañado de un gesto de ánimo, nada en absoluto.

A él, a su hermano, por el contrario todo parecía sonreírle. Abel se estiraba bajo un árbol, a su sombra, cualquier árbol le servía. Dormía mientras las ovejas comían a su alrededor. Comed, hermosas, les decía y se estiraba y soñaba y se reía feliz porque todo le sonreía, en efecto. Había buena yerba y las ovejas crecían fuertes y sanas. Daban buena lana, sabrosa carne, corderos que crecían con premura. Abel observaba a su hermano y se reía. Por qué trabajas tanto, le preguntó una vez. Caín, al principio, no le respondió. Calló porque no pudo entender esa actitud suya de ver pasar la vida a la sombra de un árbol. Estírate conmigo, le conminó Abel, las plantas crecerán por sí mismas, le indicó. No, contestó él no sin reproches hacia aquellas palabras que ignoraban y despreciaban el esfuerzo del trabajo, con una pizca de rabia ante esa actitud que le acusaba de perder el tiempo de un modo indolente cuando era él, su hermano Abel, y sólo él quien perdía el tiempo, así se lo dijo, recriminatorio, hay que saber, continuó como si cupiera posibilidad de enmienda y necesitara explicarle la vida entera, si poseen la cantidad suficiente de agua, si la tierra se encuentra bien nutrida, hay que evitar las alimañas y las malas yerbas. Abel se rio. A mis ovejas les gustan las malas yerbas, dijo, y los perros ahuyentan las alimañas, ves cómo todo sale adelante por sí mismo. Caín calló y continuó su diaria y rutinaria faena, poco importaba que lloviera o luciera el sol, que el frío le entumeciera o el calor le sofocara, debía estar allí, en los campos, en los cultivos, en las campas, en las arboledas, debía cultivar cuando tocaba, justo en ese instante, ni un día antes ni un día después, y cosechar cuando correspondía, en el momento en que los frutos estuvieran maduros.

Abel, como acción de gracias, sacrificaba un cordero, aquel que entre el rebaño veía como el más propicio, el de carnes más rollizas y aspecto saludable. Lo llevaba a hombros hasta el altar y contemplaba, tras la rápida incisión en el cuello que producía la muerte por desangre, la lenta cocción del animal para gloria de la primavera entrante. Caín, por su parte, pasaba días y más días a la búsqueda de las frutas más relucientes y aspecto más pulido, de los cereales más nutritivos, de las hortalizas más sabrosas, colocaba varias cestas con los diferentes alimentos, los hervía, los cocía o los tostaba, llenaba el aire con los intensos olores de los aliñes y condimentos, esta era su ofrenda, su manera de dar gracias.

Pero no parecía haber, pese a todo, agradecimiento a su ofrenda. Por mucho que se esforzara y sazonara sus alimentos, por mucho que hubiera trabajado, nunca había sonrisas ni palabras elogiosas hacia él, todos los reconocimientos se dirigían hacia Abel, y sólo hubo reproches a su esfuerzo que él no entendía. ¿Acaso no se esforzaba?¿Acaso no trabajaba sin descanso para cultivar y producir más y mejores frutos?¿Acaso no creaba instrumentos que mejoraban la cosecha?¿Por qué entonces nunca gustaba lo que ofrecía?

Se sumergió en el silencio amargo de una frustración que le corroía por dentro. A veces, perdía el gusto del trabajo, lo llevaba a cabo, sí, más por rutina que por convicción, qué sentido tiene todo, se preguntaba, no podía evitar el desánimo, no podía mirar la vida cara a cara. Le tentó la indolencia, pero cuando dejaba de trabajar y se estiraba en cualquier lado, a la fresca, como su hermano, si a él le va bien, se planteaba entonces,  por qué no a mí, entonces la sensación de vacío aumentaba hasta el dolor y tenía que volver al campo, al trabajo, aunque ya no era lo mismo, nada era ya lo mismo. Algo le quemaba por dentro, algo que no comprendía. Una noche despertó empapado por el sudor y el corazón acelerado. Había soñado con Abel, el amado, el preferido, el elegido. Se levantó y contempló el campo que apenas distinguía por la débil luz mortecina de la luna. La luz de la luna, consideró entonces, es la luz de la muerte. Lo pensó, en ese momento, en apenas un instante, una idea que cruzó como un rayo por su mente, un deseo que se volvió propósito, una noción apenas que pasó o tal vez quedara fija en su cabeza.

No lo sabemos: fue un acto repentino, improvisado, o algo preparado durante horas después de aquel instante anterior, en la noche. Nunca lo sabremos. Lo cierto fue la reacción inminente al contemplar el cuerpo de su hermano en el suelo, ensangrentado, inmóvil. El odio desapareció de repente, sí, pero brotó la angustia de una culpa sin duda tan hiriente como aquel. Escondió su cuerpo. No soy tu guardián, murmuró. No soy su guardián, repitió en alto. Enseguida comprendió lo absurdo de sus palabras. Pero soy su asesino, dijo.

Comenzó a vagar por el mundo, no pudo ser otro el castigo, tampoco peor: ni siquiera la muerte hubiera sido más atroz. Él estaba ligado a la tierra, a su tierra, vinculado a los cultivos, a las plantas y a los árboles que eran sus cultivos, sus plantas y sus árboles. Cuidaba cada rincón de sus campos con sumo cuidado y de pronto se vio forzado a abandonarlos, a recorrer otros prados y otras campas, a no estar fijo en ningún lugar, a no ver crecer nada. Tuvo miedo: se enfrentaba a peligros no conocidos, no sabía como afrontarlos. El mundo se volvió un lugar peligroso. Avanzaba por tierras nuevas y sobre todo pensaba en lo que había hecho y en cuál era la razón de su fracaso. Siempre he actuado bien, se repetía una y mil veces, siempre he intentado mejorarlo todo, y sin embargo sentía que había fracasado rotundamente.

Despertó muchas veces empapado de sudor y con el corazón acelerado, se levantaba y se quedaba sentado en el camino, tembloroso, asustado. Le daba vueltas una y otra vez al porqué de su vida. No encontraba respuestas. Una noche, a la luz mortecina de la luna, se preguntó de nuevo el porqué de todo si había dado lo mejor de sí mismo. Fue entonces cuando lo entendió, como si una chispa se hubiera encendido dentro de sí mismo, como si una voz quisiera sosegarle entonces y darle una explicación: podías dar más de ti, le dijo la voz, una voz interior que brotaba de lo más profundo y que le recriminaba no haberse dado cuenta, entonces, se esperaba más de ti, le decía una y otra vez. No, no era Abel el más amado, el preferido, el elegido, lo entendió de pronto en aquel instante, sino él, Caín. Abel había alcanzado lo poco que podía aportar, ya era bueno lo que ofrendaba porque no podía mejorar más, en cambio él, Caín, había nacido para realizar grandes cosas, había aprendido a esforzarse, a crear, a construir. Puedes dar más aún, puedes hacerlo mejor, puedes prosperar y abrir nuevos caminos, alcanzar otras metas. No lo había entendido. Se dejó envenenar, se lo reprochó con dureza y amargor, cuando la respuesta a tanto lamento, se dio cuenta al fin, resultaba tan evidente.

Lloró amargamente. Pero no se dejaría vencer. Esta vez, se dijo, no defraudaría sus propias expectativas.

Juan A. Herrero Díez

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BRINDIS

 

Yo también he brindado complaciente

en etapas gozosas de mi suerte,

he brindado contigo, cuando verte

era un rayo de amor adolescente;

 

y fue brindar, amiga,  en la rugiente,

la fiesta fraternal que era tenerte

y gozando tus besos, fue saberte,

abrazada a mi cuerpo efervescente;

 

Hoy no brindo por nada deferente,

otro labio feliz, más convincente

te sedujo la tarde de un invierno.

 

Contemplo en esta foto amarillenta

tu sonrisa hedónica de menta.

La dama que voló de mi cuaderno.

 

Construido a las 9,44 del

29 de setiembre de 2012-09-29

para mi Libro “Renglones desprolijos”

Rodolfo Leiro

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

 

MÁS ALLÁ

 

 

No hay nada más,

más allá de tu silencio.

Sólo palabras.

 

Más allá del cielo, del infierno,

la música y el tedio,

del tímpano aturdido,

de sinfonías vacuas,

del olfato y la sangre…

¿qué queda en este mundo tan vacío?

 

¿El proceso, la causa,

el hálito salvaje?

Ánforas y espíritus

osados, casi ciegos,

no quieren más crepúsculos en vela.

 

Banderas de vidrio

encierran la tristeza.

La suciedad mojada,

el espectro del fuego,

los temas recurrentes.

¿La pasión apagada?

 

Refugios en otoño,

príncipes despojados

opacan mi instinto

al verme en tu piel.

 

El tiempo me libera y, suavemente,

me entrego a tu recuerdo una vez más.

 

 

 

 

DESEO SIN TIEMPO

 

 

Deseo desearte siempre,

sos mi deseo sin tiempo.

Quisiera evitar la culpa

de cada abrazo furtivo,

de nuestro espectro vacío

en cada sueño encontrado.

De cada mañana turbia

entregada a tu sonrisa,

de aquellos miedos gigantes

a volver hacia el dolor.

 

Desearía que estuvieras aquí dentro

y, en mi boca, escucharas mis palabras.

Respirando el mismo aire,

alrededor de tu aliento,

y latieras con mi sangre en el alma.

 

BRISA, NOCHE, DÍA

 

 

Como un refugio dormido de mi culpa,

como una herida reabierta con el tiempo,

el viento no ha impedido que te vayas

tras él, como la primera vez.

 

Siento que mi vida se termina

y me desangro, creyendo en tu mirada.

Sólo queda la brisa,

la luna por la noche,

el infierno de día.

 

OTRA HOGUERA

 

 

Sé que perdimos sueños con el miedo

soplando detrás de nuestra espalda.

Mi refugio fue un cuarto sin ventanas;

tuve mi espacio, vacío, sin estrellas

y mi tiempo, sólo de madrugada.

 

No creo que el dolor sea para siempre,

el espejo pide a gritos otra hoguera.

 

SÓLO ES ESO

 

 

La vida ya no es nada, sólo es eso

que nos impide mirar hacia el costado.

Que nos arropa con el frío en la sangre,

que canta a pesar de mi silencio.

 

¿Para qué seguir luchando con el viento?

Nada nos queda, solamente el fracaso

muestra las grietas de nuestra soledad.

La vida ya no es nada… sólo es eso.

 

PLÁCIDO MISTERIO

 

 

Descubro que los años son suspiros,

que quizá otra piel no es suficiente

al pelear con tu fantasma.

Con mis sueños y tus miedos,

con tu amor,

con el fracaso.

 

Los ángeles sabrán que la mentira

es ajena. La muerte no me espera,

nada nunca será lo que parece.

La soledad, mi plácido misterio,

no despierta sospechas al ocaso.

 

EN CADA AGONÍA

 

 

Dosis eternas de sangre corrompida.

Ejércitos ciegos, sedientos de venganza.

Las siete trompetas presagian el final

y en cada agonía, disciplino el vértigo.

 

Allí, encontraré la sombra

que no habla y escucha, que se aferra

al espurio fantasma del pasado.

El orden –en la muerte– está naciendo.

 

 

DESPEDIDAS

 

 

En mi diamante descubriré el dolor

de mantenerme vivo a cualquier precio.

No habrá miradas, tampoco despedidas,

y encontraré el alivio en cada lágrima.

 

Ojalá el fuego apague este dilema.

El crepúsculo desgarrará la tarde

poco a poco, como tu piel sedienta,

y no habrá lágrimas, tampoco despedidas.

 

ADÓNDE VOY

 

 

No quiero que me veas entre llagas,

nunca estaré a la altura de tus sueños.

Pasaré inadvertido el resto de mi vida,

no me preguntarás adónde voy.

 

Caminando, por la senda vacía,

pasando en limpio las hojas de mi alma.

A veces ya no sé qué es lo que viene

detrás del viento, detrás de su emboscada.

 

Costó tan poco dejar de imaginarte

en nuestro espejo vacío de colores…

Si mi cordura se despide del mundo,

no me preguntes más adónde voy.

 

SI TE PIERDO

 

 

Relojes de arena

marcaron mi destino.

Ayer fue poco,

hoy será más,

mañana o nunca

sabré que eternamente habrá consuelo

si te pierdo.

 

Si te pierdo…

la noche se abrirá

y no serás el viento en mi nostalgia.

No habrá más pétalos,

ni viento, ni marea.

Sólo espejismos fugaces,

sólo brisa.

 

PRIMERO

 

 

Primero quiero descubrir todos tus sueños,

tus cicatrices, tu herida, tu alma en paz.

Dejarte el cielo completo y en tus manos

dejar mis ganas y mi verdad en tu sangre.

 

Olvido mis fantasmas y el vacío

cada vez que veo el sol en tu sonrisa.

Iluminaste mi pasado en un segundo

y recobré mis sueños, mi ansiedad.

 

Primero intentaré alejar tus miedos,

sentir que a veces hace falta el dolor

y alguna vez, ser más que luna llena.

Las cadenas y el eco me persiguen

aunque tu vida me aleje del abismo.

Todo es mejor, a tu lado, aún si no pasa.

 

VESTIGIOS

 

 

Dentro del mar, vestigios de la culpa

y un par de pesadillas y recuerdos.

Nada más penetrará en la sangre.

 

Un bálsamo ante toda esta locura

me servirá para brillar en el ocaso.

Tú no lo harás, no será poco ni mucho

perderme y encontrar el universo.

 

 

SOLAMENTE

 

 

Sólo buscaré rozar tu alma.

Tu puño y mi letra,

tus heridas…

La victoria ajena.

 

Nada más tendré

que mi vida al aire

sin la realidad que descubre, a gritos,

solamente muecas.

 

Volviste una vez a mi cementerio

de esperanza y fuiste

lo poco que tengo para sonreír,

sólo tu belleza.

 

Traspaso los vidrios,

reaccionando al fuego,

sacando del fondo de mi corazón

otra gran quimera.

 

No me reconozco,

no vuelvo, te esquivo,

y en la habitación,

mi alma te recuerda.

 

Tu voz en la noche ya no suena exhausta;

me pide que calle, que grite y libera

tantas otras veces en que no hubo nada.

Sólo tu pasión y mi cuerpo en venta.

 

 

FRUTA MALDITA

 

 

Una fruta maldita y la oración

me alejan, me acercan,

tantas otras veces,

del cielo que busco.

 

Sombras y fortuna no van de la mano.

La mirada fluye,

y las botas de un ángel marcan el camino.

 

En mi oscuridad,

espera, dormida,

toda aquella angustia.

Desde allí, despierto.

Sin oír tu voz,

descubro que vivo latiendo sin alma.

 

Conmueve mi tiempo tu vacío,

me interroga a gritos tu silencio.

Me molesta tanto estar ausente…

 

Olvido mis fantasmas,

desaparece el miedo

pero el cielo no llega.

 

Escucho tu susurro,

sostengo la agonía

aunque la escarcha en tu voz sigue quemando.

 

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A MÍ NO

Por Marcelo Juan Valenti

 

No, a mi no me gusta el fútbol.

Raro.

Le gusta a todo el mundo.

Más que gustar, apasiona.

Como una pelota de cuero, vienen rebotando los recuerdos.: una constelación confusa de nombres. Malos y buenos jugadores, ascenso y descenso de equipos. La palabra foul, que los periodistas pronuncian faul, debería ser fault  y yo siempre entendí faun. La inquietud previa a los clásicos, las tablas, los mundiales.

Todo, todo, todo ese mundo cubierto por el color rojo de la pasión. De la pasión de los otros.

 

 

¿Qué es eso que no me hace “clic” cuando de fútbol se trata?

 

 

Mi padre….es presidente de un club de fútbol. A él le gusta. Como a mis dos hermanos mayores, como al menor. Incluso a mi madre le gusta el fútbol. Es hincha de los eternos contrincantes del club de mi padre. Las discusiones entre ellos, a veces, eran acaloradas, discutían por el fútbol, en lo demás se entendían.

 

 

¿Será una falla en la transmisión genética?¿O uno de mis progenitores esconde el alevoso secreto familiar de un tío abuelo al que no le gustaba?

Que no le gustaba el fútbol, claro.

Como a mi.

Como a mi no.

 

 

En mi memoria con forma de fútbol, viene la primera vez que mi padre me llevó a la cancha. No era todavía presidente,  pero ese ya era SU CLUB. Porque…..la gente adopta desde y para siempre un club, ¿no? Estaba….él estaba, feliz. Un nuevo hijo al que le abría la puerta al mundo de los colores propios. Esperaba reeditar el éxito obtenido con los dos mayores.

La cancha me pareció inútilmente verde, la gente gritaba, tuve ganas de orinar cuatro veces. Esos muchachos corrían ahí abajo, atrás de la pelota. Me entusiasmado padre me preguntó no sé que cosa que no entendí y que debo haber contestado con un disparate porque, por una vez, salió de su atmósfera y me miró azorado. Mis hermanos también me miraron de reojo……Creo que todos los que estaban cerca miraron….pero puede que se tratara de una impresión.

Volvimos a casa.

-¿Te gustó?

-No.

 

 

Me llevó varias veces esa temporada. Luego repetía la misma pregunta. Recibió siempre un no. Desistió.

 

Algunos domingos después de la capitulación, cuando padre y hermanos se habían ido, mi madre,  me dijo, en el mayor tono posible de complicidad.

-Hoy te voy a llevar a un lindo lugar. Vas a ver que eso si te va a gustar. Pero….apurémonos.

Y me llevó……a un partido, pero en su club.

Con el transcurso de los años, no logro dilucidar a quien espanté más. Mi pobre madre querida…..ella también tuvo su no.

El problema no pasaba por la elección del cuadro. Era el fútbol. A mi no me gustaba. A mi no.

 

 

Aquel domingo perdieron ambos equipos. Sobre la cena campeaba la indignación. Solidarizados, los dos bandos, comentaban los mutuos malos desempeños.

En un momento en que se creyó resguardada de toda indiscreción, mi madre cuchicheó

:-Anselmo, tengamos otro hijo.

Los espié por el rabillo del ojo izquierdo. Ambos me miraron.

 

 

El horror no podía ocultarse para siempre. Un rumor, solapado, estremecedor, circuló en la familia.

-A lo mejor lo de este chico es el básquet- dijo tío Alfonso.

-¿No ves que no le da la altura?¿Probaron con el tenis?- contestó tío Ricardo.

-Hum, no, este tiene cara de que va a agarrar de esos deportes raros que tienen los yankees- terció tío Hipólito.

Fue mi abuelo Ignacio al que se lo ocurrió preguntar:-Pero nene, vení para acá y contale al nono, ¿qué deporte te gusta?

Me encogí de hombros. ¿Estaría esperando un deporte por nacer?

No, yo nací para ……una suerte de deporte milenario. Al año siguiente, en la escuela, aprendí a leer. Y no me detuve nunca.

 

 

 

Pronto aprendí que lectura y fútbol no casaban bien. O no casaban, directamente.

 

 

Ya sé cual va a ser la objeción a las dificultades del maridaje que acabo de enunciar. Decenas de autores han escrito centenas de cuentos sobre fútbol y otros deportes. Desde libros abiertos avanza una caravana de escritores que llevan en la mano  una  lapicera y una pelota en el pié (o la hacen rebotar con la mano libre). Fontanarrosa viene a la cabeza de esa procesión.

Le he contado esa imagen a mi analista. Me contestó.-Pero por favor. Eso es literatura.

 

 

La escuela trajo a la tierra el paraíso. Y también el infierno.

 

 

Porque si la inercia o la astucia me dictaron una respuesta a la infaltable pregunta de mis compañeros.-¿De qué cuadro sos?, a lo que invariablemente respondía con el nombre del equipo paterno, era claro que algo me pasaba. No comentaba los partidos, no sabía nada de los jugadores, no aceptaba ninguna invitación a jugar a la pelota.

Algo me pasaba, sí, era que a mi no me gustaba, nunca y bajo ningún concepto, el fútbol. No, no me gustaba. A mi no.

 

 

La adolescencia trajo algunos cambios. Mi madre nos dejó. En sus escapadas, siguiendo a su cuadro, conoció a un hincha de sus mismos colores. Creo que, a diferencia de con mi padre, con este nuevo compañero coincidía en tema fútbol y nada más.

Ángel, el hermano menor de mi padre, se casó con una psicóloga.

Una de las primeras cosas que le escuché decir fue:-Ese chico necesita terapia.- lo dijo cuando le contaron que no me gustaba el fútbol.

Mi padre decidió aceptar el consejo de su nueva cuñada. Yo iría para solucionar el problemita ese, de mi desinterés deportivo, pero también como portavoz familiar del fracaso de su matrimonio.

Así llegué al diván de mi analista.

 

 

Es probable que te preguntes que hacía yo en todo ese tiempo que los demás dedicaban al fútbol.

Debo confesarlo.

Yo….yo leía.

Bueno, ya está. Ya está dicho.

Yo leía con desesperación. Con hambre, con furia. Seguía la obra de un autor, me dejaba llevar por título que me tentara, me guiaba por criterios que me apresuraba a romper. Leía libros que me remitían a otros. Leía, leía, leía, hasta transformarme en un monstruo, en un ermitaño, en un cíclope. Leía de día, de noche, en los bares, en la cama, en el baño. Leía hasta que me retaban, me echaban, me despertaban del sueño resplandeciente de los libros.

 

 

Polaroids. Mi padre y mis hermanos se van, como todo domingo, a la cancha. Me quedo solo. Leo.//Salimos en familia. En todas partes , se abre un ojo malicioso. Es ese. Es al que no le gusta el fútbol. Otras gargantas ahogan exclamaciones.// Fui el primero en aceptar la invitación de mi madre para conocer a su novio. ¡Pobre tipo! Buscó la complicidad haciendo bromas sobre fútbol, que coronó con un:-Vos sos de la contra, ¿no? Vi el rostro desfigurado de mi madre, mientras yo contestaba:- No me gusta el fútbol. Ella murmuró:-Pero si te dije. Él:-Ah, ¿era este? Ambos me miraron desolados. Fue difícil remontar esa noche.

 

 

Cuando sobrevino la lógica separación de bienes, todos los varones nos mudamos a una casa cercana a la cancha.

Mis hermanos repetían:-Viejo, buscate una mina y dejate de joder.

Pero mi padre prefirió hacer carrera en el club, como vocal en la comisión directiva. Y no se detuvo hasta hoy, que ha llegado a la presidencia, aureoleado por una seguidilla de triunfos.

 

 

 

No, yo no me casé. Ocasionales candidatas me hablaban de…..fútbol. Así que, no, no me casé.

Tantas veces entré en el living de mi casa y encontré una apasionada discusión sobre fútbol. Yo, con un libro en las manos. No sé cual de las reacciones me ha lastimado más: la consuetudinaria indiferencia o las miradas recelosas, enmarcado todo en un silencio reprobador.

 

 

¿Cómo salgo de este gris laberinto, como los que les gustaban a Borges, aunque el adjetivo sea de Sabina parodiando a Almodóvar?

 

 

Con…la literatura, claro, que participa de la vida tanto como el fútbol.

Revisé mi biblioteca con método, con ansiedad.

Y encontré, en “Misteriosa Buenos Aires”, de Manuel Mujica Láinez, la vía de escape para esta historia. El ardid liberador está cifrado en el cuento “El ilustre amor”. Si se había animado Magdalena, la protagonista, con tan exitoso y elegante resultado, yo no me iba a quedar a la zaga.

 

 

Bajo la presidencia de mi padre, el club subió a primera y dos años después ganó el campeonato. Esta tarde celebran los triunfos con una gran marcha callejera, encabezada por jugadores y directivos.

Pasarán frente a mi casa.

Compré el equipo completo: camiseta verde, rojo y azul; pantaloncitos azules, medias verdes. Compré botines, negros. Una gorra, un redoblante.

Aguardo, así vestido y preparado, detrás de la puerta. Siento los cánticos, los gritos, los aplausos, los bocinazos. Ya están aquí. Salgo.

Al principio nadie advierte mi presencia. Comienzo a batir el redoblante y a cantar. Voy dejando de lado la timidez. Los primeros en verme son algunos hinchas, que entusiasmados me abren espacio en la marcha. Veo las espaldas de mi padre,  mis hermanos, los jugadores. Avanzo con el grupo y dentro de él. Logro adaptarme al cántico que entonan. Un pasillo se extiende en zigzag entre la gente. Paso junto a los primeros conocidos: unos ex vecinos que se codean con las bocas abiertas.

Mi gorra con los colores del equipo tiene cascabeles, sacudo la cabeza para hacerlos sonar, un extraño, incierto, incomprensible entusiasmo me va ganando. Cada vez que creo alcanzar el techo del volumen, me doy cuenta de que puedo subirlo otro poco. Nadie hace más ruido que yo. Cuando comprendo esto , he llegado a la primera línea de la marcha.

Mi padre me mira…..sé que no puede creerlo. Mis hermanos no entienden lo que pasa. Algún jugador, o miembros de la comisión, que me han visto fugazmente, pasa la información a los demás.

-Es ese, el otro hijo.

-¿Cuál?¡El que no?¿El que es famoso porque el fútbol no le interesa?

Llegamos a un cruce de avenidas, la marcha sufre una breve detención, un momento de fascinación ante sí misma. Aquí están los medios apostados. Doy un paso.

Cuando el movimiento se reinicia, yo voy encabezando. Las ventanas de los edificios se abren a nuestro paso. Llueven vítores y papel picado.

Cerca, cada vez más cerca, se recorta el estadio, nuestro destino

El ingreso semeja una interminable exclamación. Los jugadores van hacia el campo, los hinchas a las tribunas, mi familia hacia el palco oficial, al que se asoman como un grupo principesco. Yo no lo dudo, ocupo un lugar sobre el verde, junto a los deportistas.

En ningún momento dejo de agitar mi redoblante, de cantar, de agitar los cascabeles de mi gorro.

Pasan las horas, todo se atenúa, vuelve a sus formas, a sus colores habituales. A lo real.

Regresamos a casa en silencio, estoy agotado por el esfuerzo, la garganta rota insinúa que no hablaré más.

Llegamos.

Avanzo, como puedo, hasta un sofá del living.

Mi padre activa el contestador automático del teléfono. Hay incontables mensajes de mi madre, que lo ha visto todo por televisión.

No es la única.

Un semicírculo rodea a mi padre. Mi hermanos contestan sus celulares, son amigos y conocidos que no entienden qué me ha sucedido. Cuando se cansan, deciden apagarlos.

Más allá, la línea de cuñadas y sobrinos. Uno de esos niños amaga preguntar:-¿Pero no era que al tío……?

Una bofetada interrumpe la frase.

Todos esos ojos me observan, expectantes, como no han mirado ningún partido de fútbol.

Sé que no abandonaré más estas cuatro paredes.

Permaneceré aquí, ajeno, intocable,  incomprensible. Un objeto suntuoso, inasequible a la suspicacia, a la maledicencia. Atrapado, ante los demás,  por una pasión que jamás, jamás, jamás, he sentido.

 

 

-Pero dígame- la voz indignada de mi terapeuta me hace saltar del diván- ¿Qué pretende con esa descarada parodia de un cuento de Manuel Mujica Láinez?¿Superar sus traumas, sus conflictos? Pero…pero todo ese disparate, es literatura.

 

Y claro, si, es literatura. ¿Y por qué? Porque a mi no me gusta el fútbol. No. A mi no.

 

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ÁFRICA

 

¡África!

Los extranjeros te conocemos

tan solo de nombre y forma,

pues te hemos visto en los Átlas,

en la tele, o en alguna foto

de periódico o revista,

no sabiendo que en tus entrañas

tu volumen se oculta

siéndonos invisible a simple vista,

cual inmenso iceberg flotante

desprendido de un glaciar.

 

¡África!

Tu espíritu y tu esencia provienen

de los restos de grandes imperios,

Egipto, Cartago, Roma, el Islam,

Ghana, Malí, Songhay,

engullidos en las tinieblas,

perpetuados por unos pocos

que a pesar de los siglos

tu esplendor han sabido valorar.

 

El más conocido Egipto,

“Egipto, Don del Nilo”

dicho por Erodoto,

que nos estremece el oirlo nombrar,

pirámides, esfinges, dioses,

historias faraónicas y monumentos

que nos hacen vibrar,

a tal punto, que los codiciosos

han robado de tus entrañas

tesoros invaluables

que jamás podrás recuperar.

 

¡Oh África!

Sin inmutarnos hoy, observamos

la vasta extensión de tu desierto,

que milímetro a milímetro

te abraza sin cesar

y la tranquilidad del mismo,

que el extranjero expugna

con su gran Rally de Dakar.

 

La sequía de tu suelo es recurrente,

forzando comunidades a emigrar

en la lucha por buscar recursos,

provocando conflictos entre tribus

que de hambruna no quieren acabar.

 

Y… que decir  ¡Oh África!

de tu mayor flagelo, el “SIDA”

del cual sabes que es mejor callar,

aunque el terror esté en el ambiente

sembrando inquietud y soledad,

que ahora arrebata

la cuarta parte de tus vidas

y camino va a convertirse

¡en la mayor catástrofe

que vivido hayas jamás!.

 

¡África!

Siempre has sido blanco

de guerras que te abrazan

acabando con el acervo africano.

Niños soldados,

luchando y muriendo

en tus guerras olvidadas,

ésas que nisiquiera aparecen

en un pequeño breve

de una escondida página

de los occidentales diarios.

 

Inocentes, hechos un manojo de nervios,

con la mirada negra de angustia

bajo las bombas y proyectiles,

que con dura mano

causando espanto y terror,

empuña su propio hermano.

 

La catástrofe se abate sobre tí,

el mundo entero mira

cómo te desangras,

nuestras caras yacen inmóviles

aún viendo tus lamentaciones

que suben a lo alto de los cielos,

sin escuchar tu voz

ni volver nuestros ojos

hacia tí, para llorarte.

 

¡África!

La de los safaris,

la de exótica fauna,

la de grandes imperios

y monumentos históricos

tapizada por selvas,

sabanas y dunas doradas

que llegan hasta el mar.

¡Oh África!

¡Que olvidada del mundo estás!.

 

 

MARIA CLEMENCIA BOTERO YALI

Derechos de autor:  10-226-234

 

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POESIA Y E-VIDENCIA

 

En este rincón de alegría y humos de ensueño, dejados en la estacada por el amoroso Gustavo quien ha sentido la llamada del deseo de fornicar, marchando a Sicilia al encuentro de su amada, y creo que va  a pasar el mar Mediterráneo a nado o a pies juntillas, vamos a apretar el botón de arranque de la Poesía y E-Videncia, si se puede.

Es este un rincón cerca y lejos del circo político de los horrores y errores de nuestra vida. Pretendemos que este sea un remanso de poesía y de amor para realizar y contar nuestras historias mimadas, sensualizar nuestros sueños  de dulce hierba en interacción

con el contacto directo, sacando de nosotros lo pícaro que llevamos dentro.

Todas las cuartillas en sueños y tentaciones escritas y recitadas o leídas serán un día plasmadas en un libro.

 

Estamos cerca del Cementerio real y cementerio de la vida burgalesa donde esta semana han arrancado de su osario el cuerpo del Cid, montándole de nuevo en su “parda mula tan trotona como falsa”, que diría Eugenio Tapia, con una maleta en la mano, en cuyo interior se encuentran los huesos de Jimena robados al Monasterio de San Pedro de Cardeña. Hemos visto a la plebe que vitoreaba al Cid  con cara de sepulcro de los Escipiones encontrado en Tarragona, y con cara de sepulcros antropoides hallados en Cádiz  Por otra parte, oímos los aullidos de lobos gritando contra la Crisis de un gobierno que hiela la sangre, y a los representantes de Aborto Cero coreados por un ejército de fetos mirándose a los ojos de un psicótico. Llegando a la conclusión de que el gobierno ha llegado a un paroxismo demente, sin límites ni cordura alguna.

 

Mientras, en Roma, siempre al límite de la mística más turbadora, se santifica a un  tal Juan de Avila, mientras se escucha el lamento de un violón tocado por el papa en un intento de suicidio angelical como hacen los viejos en los geriátricos. Nuestro jefe de gobierno seduce con un sonámbulo caminar pues tiene la cabeza llena de pájaros El seduce hasta a la misma Merkel, enferma esquizofrénica, como él, amantes del futbol.

¡Qué triste vida para los sonámbulos del Euro¡.

 

Los presupuestos de 2013 están hechos de espasmo y convulsiones de degenerados que abrirán en canal al pueblo, que sufre en su rostro una cirugía facial abominable, producida por los lecheros que destrozan nervios, carnes, y astillan a los indignados los huesos. Estamos en las justas del Cid y del César Enano, en cirugía sádica de la religión y la impostura. El pueblo más decadente está adormilado y obligado al servicio de clérigos babosos, a quienes sólo les mola  los niños y las niñas, que les vuelven locos

 

Cuenta la leyenda que cuando un pueblo marcha hacia la miseria, aparecen blancos corceles y risueños jinetes entre la bruma a galope de falsos héroes de leyenda o de asesinos césares enanos, obligando a los silenciosos a besar el rostro de la muerte, que por eso callan y no se manifiestan estos muertos vivientes. Siendo la gran hazaña del  jefe, llevar al pueblo a engrosar las listas de Caridad. Cada cual arde en su propio infierno. No nos queda más que los pisos de citas y los confesionarios, fiados de monjes de hábitos prietos. No nos queda más que el hexasílabo de Iriarte, parafraseado:

“En una catedral

Una puta había

Que sólo follaba

En solemnes días”.

 

-Daniel de Cullá

 

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*Detrás de la ventana*

 

La vida está allí… detrás de la ventana.

Vuelan mariposas, hay perfume de lavandas.

El cerezo está cubierto, y florecen las retamas.

 

Que bello desafío me ofrece la mañana

Los pájaros que trinan, amaneciéndole al alba.

Y yo de este otro lado, apegada a mis sábanas.

 

Descorro las cortinas y se esfuman las nostalgias

los vidrios se traslucen, y los grillos que cantan,

la alondra se uno al coro, y la sinfonía se desata.

 

¡Cuántas veces quedamos! De este lado de la ventana

viendo pasar la vida, con una indiferencia que espanta

y el tiempo ¡TAN VELOZ! No perdona y nos mata.

 

Seamos protagonista de esta historia prestada

subamos al escenario a participar y ganarla

a esta loca carrera, de horas y de demandas.

 

La vida seguirá allí, pero desnudemos el alma

sobre la gramilla verde, asida de las nubes blancas

sintamos que vale la pena… vivirla con paz y en calma.

 

Aceptemos el desafío, y ganemos esta batalla

de no pensar en nosotros, cuando hay tantas desgracias

la sociedad necesita de seres “con almas blancas”.

 

(¿La vida? La vida es eso que dobla la esquina cuando suspiramos) Liby®

 

Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

Derechos reservados Nº 452298

libypoesias@arnet.com.ar

 

 

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VI

TE QUIERO como la tierra al río

y a la noche innumerable de silencios

como los días de esperanza te quiero

aunque por ello sufra el dolor de este planeta

Te quiero en el canto profundo de todas las cosas

te quiero sin desnudos

y cuando estás desnuda mujer    lejana y sombría

con tu vientre de futuro    te quiero

Sé que he nacido para el instante en que el destino nos vuelve locos

sé que tu amor    no es la cópula y el beso de los cielos solamente

 

Es arder contigo sin que las manos y los cuerpos

y el alma tengan que urdir un secreto

una palabra    un gemido

 

El amor es arder en ti    en mí    en nosotros

es besar la urgencia amorosa de tus labios

y la redondez citadina de tus pechos

es despertar en la calle de tus muslos

que saben que te quiero

y de tanto quererte    te quieren mis manos y mi boca

y la piel entera de mi vida    que esperan habitar en ti

las rosas palpitantes de tu cuerpo

te quiero

 

León Hernán (México)

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Textos escritos por María Isabel Bugnon

(Argentina)

 

QUIERO

 

Quiero tenerte

 A mi lado,

Colibrí que vuelas

De flor en flor,

Dejando la marca

De tus besos

En cada una de ellas.

Quiero atraparte

 Entre mis brazos,

No dejarte escapar,

Hablarte de mi amor,

De  los  sentimientos

 Que habitan

En mi mente.

Este amor me llena de felicidad,

Disipa el dolor.

Mi corazón es un

 Vendaval de pasión.

A pesar de la distancia

 Mis versos

Y tus letras  caminan

De la mano,

Nos roza el alma,

Acarician la piel

Y arrullan  nuestros corazones..

 

PAZ

 

La poesía y la paz

Van de la mano

Elevando amor y sueños.

Si la mente  de los poetas

No seria caudal  de versos

La poesía no lograría

Ser amiga de la paz.

La paz nos abre un mundo

De hombres poetas,

Los cuales  dejan

Que la poesía  se suba

A las nubes, galope por el universo

Para unir nuestras palabras

En un abrazo sincero

Recordemos que somos todos hermanos

Sin distinción de credo

Raza  o color.

Escribamos poesía s para

Que la paz resurja airosa,

Abra nuestras mentes,

Se instale en nuestros corazones.

El cielo se cubra de palomas blancas

Símbolo de la paz en el mundo.

 

                          CARTA DE AMOR

 

Te pido perdón por este silencio, pero no dudes

Que mi amor por ti sigue vivo,

Aunque aparente la frialdad  de la roca  o una falsa despedida.-

Mi amor se mantendrá en el tiempo  siempre con la prudencia, el respeto, la cautela, en un mirar silencioso.

Este corazón travieso quizás pretenda  abrigarte en esos días que te sientas solo y triste.-

Confía en este amor transparente, aunque la rutina amenace con ahogarlo.

Los días son interminables esperándote  pero sigo acá como todos los días, alimentando este amor  que una fría mañana del mes de agosto llega a mi, cual niño que habré los ojos a la vida.

Despliego mi corazón como si fueran las velas  de tu velero, cuando las acaricia el viento.

Es la primera carta que te escribo llena de amor y esperanza.

Dios quiera  puedas leerla amor mío, a pesar de la distancia que no me deja llegar a ti, yo te amo igual, nada ni nadie lograra cambiar  mis sentimientos, tu te mereces mas que una simple carta de amor.-

Por ahora te dejo mi humilde  pero inmenso y sincero amor, las ilusiones, anhelos  de un mañana juntos.

Recuerda que en esta tierra lejana siempre estaré esperando por tu amor.-

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Marcelo Juan Valenti

 

Inmediatez.

El horizonte al alcance

de la mano.

Plumas levísimas

del instante  necesario

para recorrer

la distancia

que casi no existe.

 

***

 

En sueños

se combinan cielos claros

con casas a oscuras,

como los pintó Magritte.

Un

paisaje

paradojal.

La contradicción se suspende,

al peregrinar

por la finura cromática

de la realización

del deseo.

 

***

 

 

Clásico el vacío,

clásico el silencio,

de esta tarde

en la ciudad.

El paisaje

es una voz

sorda,

que hipnotizó a los habitantes.

Cruzo,

con mutua sorpresa,

a los otros no convocados

por la pasión.

 

***

 

Bosque

de rectángulos iluminados,

que avanza

hacia

mi.

Soy aldeano

de una comarca

fugaz.

 

***

 

No te acerques.

El viento

sacude

las murallas,

habrá desmoronamientos.

A lo lejos

la planicie

se alborota,

interrogándome.

Si desconozco la respuesta

me devorará,

con glotonería de esfinge.

 

***

 

 

Ojos color sepia:

un paisaje de naranjos

se ausenta.

en el tiempo.

La exageración

de las pupilas

intenta el rescate.

Cuatro generaciones después

continúa

el extravío.

 

***

 

Está

en las nervaduras

de una hoja dorada,

en el pétalo de una flor

de interregno,

en el ojo nacarado

de un mosca, en los círculos concéntricos

que trizan al lago.

Cada detalle

alberga

intimidad de mapa.

 

***

 

Gritos

de protesta

en el jardín de los faisanes.

Me pierdo

en encrucijadas,

bajo árboles aromáticos.

Tu rayo

será la llave

de la plazoleta.

Todo me cubre

con ropaje de asombrado terciopelo.

 

***

 

Soy un vagabundo

escondido

en el territorio casual

de mis ojos

cerrados.

Oscuridad

es la palabra que me guía.

El panorama

concluye

en el párpado.

 

***

 

Vienen

de un mundo ajeno.

Para afianzar

su ser

han usurpado un vasto

espacio verde a los paseantes.

Observo,

mudo,

la mímica del juego.

 

***

 

Abandonado

en este punto geográfico

y a la espera.

El paisaje

son los otros,

las carcajadas y los gestos,

alguna canina perplejidad.

Cada parpadeo es una tijera

oxidada,

parcial

inútil.

La mirada

deviene

playa desolada y perpetua.

 

***

 

 

No alcanzo el horizonte,

tampoco el cielo.

Las islas están lejos,

nada detiene al río ni a las estaciones.

Es casi irreal

el cincel

de las hojas,

la demarcación cromática de las temporadas,

la incursión

indefinida

del viento.

 

***

 

Panorama

en el lenguaje,

en el trauma.

Cada complejo un risco,

una selva, un mar,

significantes.

Le temo al camino.

Muere

el paisaje

tras el vallado

del discurso en el diván

 

 

***

 

Salta

en su única pierna,

me conduce por los senderos umbrosos.

Mi secreto ha sido descubierto.

Las mariposas azules

crecen

conforme nos acercamos

a lo más profundo

del bosque,

no se arriesgan

a revolotear

sobre los acantilados.

Allí

reinan los lagartos.

El  recuerdo de nuestro paso

se perderá,

pronto,

en la memoria de una cascada.

 

***

 

Presencia

constante

del islote

frente a la felicidad.

¿Quién se atreve a nadar con tiburones?

Al cálido manto del agua

sucede

la frialdad de la tierra.

El paisaje

que otros ven,

me incorpora.

 

***

 

 

Archipiélago supérstite.

La ola

alegórica

se sacia

con la policromía

sinfín

de la materia.

Somos sutiles caramelos

que acicatean

a una gula

prepotente.

 

***

 

 

Asfixia nacida

en una casa sin ventanas a la calle.

Hacia el dibujo psicomágico

me llevó

la intuición.

Fallé.

Ningún alivio trajeron

los vitrales que horadaban

mansiones imaginarias.

El aire se precipitaba al cielo

desde el patio amurallado.

Así,

el país de la infancia no se abandona jamás,

cerrada la frontera

por la certeza de que para algunos

el  paisaje es imposible.

 

 

 

 

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“CARTA A UNA

AMIGA”

Mi querida Etelvina:

 

Luego del mal trance

por el que he pasado,

hoy puedo decirte

que me siento mejor,

el transplante ha sido

de lo más exitoso,

salvo algún detalle

me lo dijo…el doctor.

 

Vos me preguntabas

en que consistían,

los elementos puestos

en la intervención,

glándula de mono

y ovario de yegua,

que salvaron mi vida

me embarga…la emoción.

 

Después de operarme

no se que me hicieron,

ya no soy el de antes

que era propio, un rey,

los veo y me trepo

a algún que otro árbol,

y por culpa del ovario

me siento…un poco gay.

 

también te confieso

que tengo problemas,

al zoo no puedo

a mi nieta llevar,

el mono excitado

me tira besitos,

y la mona enojada

me quiere…pegar.

 

Hoy tengo otros gustos

como diez bananas,

me constipo todo

que le voy a hacer,

entre sueños veo

venir a mi encuentro,

a la mona chita

y a…Tarzán también.

 

Estoy en el trance

de ver lo que hago,

me crece el pelo

que es un horror,

me hice mil brushing

claritos y rulos,

la vieja me huye

y ya no hago…el amor.

 

Yo por este medio

les agradezco a todos,

los buenos deseos

y la preocupación,

Espero el alta

Y que me la firmen,

Para que no crean

Que perdí…la razón.

 

Sin más que contarte

te dejo Etelvina,

verás  que lo mío

no es fácil de llevar,

a veces por culpa

de la yegua que llevo,

me vienen los calores

y no me puedo…aguantar.

 

(un desvarío de) Boris Gold

 

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COLOFÓN

 

 

Por Viktor Gómez Valentinos

 

 

Dos piernas, dos rodillas, dos tobillos,
los dedos diminutos de los pies
que son tan parecidos unos a otros
y suman sus falanges en parejas,
los huesos semejantes, sucedidos
y su contaduría vertebral
para escribir el peso o el fulgor
son nómina y carbón en papel copia,
perfecta simetría con que el cuerpo
busca no estar tan solo y se consuela
del lunes y su abrazo envenenado.
Por eso se acompasa en paridad,
escruta sus meninges, sus alardes,
su tiempo entristecido y concluyente
y cuenta sus costillas mientras gime,
porque es inmensa la llanura sola
y el sol está tan lejos como el mar.
El día en que nos faltan los afectos,
palabras olvidadas como trébede,
justicia, lapicera o resplandor,
cuando estalla la flor de la torpeza
y aroma los manzanos al troncharse,
el cuerpo se conforma como puede,
busca su concordancia, su acomodo
para la ley de las compensaciones
y balancea su peso duplicado
por el estrecho beso de lo dual.
Tan sólo los impares desiguales
-el sexo, el corazón o la cabeza-
revientan en su plomo solitario,
reclaman con ardor para la sed
y exigen de algún modo compañía,
un canto en que se enreden otras voces
haciendo más liviano el universo.

(de La ausente, Cáceres, Diputación/ Institución Cultural “El Brocense”, 2004).

 

 

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24º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

24º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXVIII de la 2ª etapa/01-06-2012

 

EDITORIAL LXVIII

La muerte de Carlos Fuentes, este pasado mes de Mayo, nos ha devuelto a la memoria a ese grupo de escritores que colocaron las letras y la cultura latinoamericanas en su sitio. Para España, evidentemente, fue hasta cierto punto todo un descubrimiento. Faltaba poco para que se acabase la dictadura que había mantenido a España aislada durante mucho tiempo y cuyo inicio, tras la Guerra, había roto la tradición cultural en dos, la del exilio y la del interior. Durante la República se iniciaron unos contactos entre las dos orillas: Rubén Darío, César Vallejo, Vicente Huidobro, Octavio Paz, entre otros, dejaron una gran huella en un país que vivía toda una edad de plata cultural. Pero la guerra terminó con aquel idilio y sólo parte del exilio español, la que vivió en América, pudo disfrutar de su influencia. Lo Hispano fue apenas una proclama del Régimen de tono altisonante pero sin vocación de intercambio real.

En los setenta se retomó el diálogo desde abajo. Un grupo de jóvenes latinoamericanos vivieron una temporada en España o la visitaban con frecuencia al residir en París, en Europa. Pronto algunos de sus nombres pasaron a ser conocidos y apreciados: García Márquez, Vargas Llosa, Bryce Echenique, Juan Carlos Onetti, Juan Ramón Ribeyro, Julio Cortázar, entre los que vivieron en Europa, pero no podemos olvidar a Miguel Ángel Asturias o José Donoso. O el mencionado Carlos Fuentes, sin duda un prosista cuidadoso y un narrador agudo.

No pocos de nosotros nos introdujimos en la literatura gracias a estos autores o comenzamos, gracias a sus obras, a leer de otra manera. La deuda es inmensa. Desde Nevando en la Guinea hemos hablado no pocas veces de literatura latinoamericana, pero siempre nos quedamos cortos, creemos sinceramente que el eje de la literatura en español debe estar en Bogotá, México o Buenos Aires, en cualquier ciudad del continente, más que en Madrid, en Barcelona o Valladolid. España debe acostumbrarse en su relación con los países latinoamericanos a ser un país más, en pie de igualdad, tanto en lo cultural como en cualquier otro aspecto, sin esas veleidades imperiales que a veces, nos tememos, perduran en la mentalidad de mucho.

Actualmente son muchos los autores americanos conocidos en España, la relación es fluida, sin prejuicios. Y se lo debemos, hay que reconocerlo, a Carlos Fuentes y su grupo de amigos escritores.

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CANCIÓN DEL SÍ Y EL NO

(BUSCARÁS)

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Y buscarás en mí la negación de una verdad

que tras mis ojos hace incierta una gigantesca realidad,

que tras mis ojos queda abierta

a una cutre bostezada que delira,

que tras mis ojos toda harapienta

y por no poder llover el lustre ya ni mira,

y buscarás en mí otra vez la afirmación de una mentira

que tras mis ojos queda expuesta

como monigote de contrariedad,

que de mis ojos mira escueta a la disculpa que respira

a la ciudad podrida, a la inoportuna oportunidad,

buscarás y buscarás en mí esas dos cosas,

buscarás y encontrarás en mi mirada

el desprecio irresponsable,

el nudo grave, el beso preso, la magia maravillosa,

que hace de este mundo un crudo hueso

con la codicia que nos hace codiciantes.

Buscarás y encontrarás esa parte que se sabe

de este mundo inmenso en el nunca-retornable,

se vierten en un espejo satisfacciones y complejos

 con esa llave que cierra y también abre,

que desgrana el tropiezo de este baile de don nadies,

sé que si yo quiero todo es fantasía,

que con mi voluntad subes a las crines del aire

sobre esa cucaña resbalosa e inmanejable,

sé que sin mí tu causa es tontería,

parece asco y burdo tedio que solo tú te tragues,

buscarás para encontrar y entenderás

que compartimos avión, asociación, sopa fría,

compañeros de bulevar, amigos en el gran viaje,

de estorbo, de cansancio, de habitación vacía,

compañeros en el caminar,

amistades repletas de inútil maridaje,

pasajeros callándose del mundo su gran verdad,

en este tren de cercanías, en este deambular de finita vía.

En este ciego pisotón que de torpeza nos hable,

en este simulacro de muerte en un segundo,

en este acabar para empezar sorpresivo e iracundo,

en este mundo redondo, farragoso, profundo,

en este humificador por desecar lo deplorable,

en este sí para empezar, y para acabar su no rotundo,

en este menester por entender las claves.

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Sylvie

         Sylvie solía hablarme como si estuviéramos al mismo nivel. No había pretensiones en su forma de dirigirse a mí, lo que hubiera sido hasta cierto punto normal en una universitaria en apariencia altiva pero realmente brillante y que podría mirar por encima del hombro, o con cierta presunción al menos, al alumno del Instituto que era yo, algo inquieto, sí, con aficiones literarias en ciernes, pero que en general no tenía nada en claro lo que él era en ese momento, lo que sería después, con el paso del tiempo, ni lo que era el mundo que le rodeaba. Conversábamos siempre mucho rato tanto en la librería de su padre como en cualquiera de los cafés en los que nos reuníamos al anochecer. Hablábamos sobre todo de libros. De hecho los libros, la literatura en ellos contenidos, era lo que nos había unido.

No en vano la conocía, aunque vagamente, desde que cumplí doce años, cuando comencé a frecuentar la librería que su padre regentaba en Bayona. Solía acudir con el mío para proveernos de libros en francés y hablaban ellos largo y tendido de autores, a veces de política, aunque las menos, mientras yo observaba las estanterías repletas de volúmenes de todos los tamaños. El señor Etchévère nos recomendaba títulos, nos comentaba aspectos de las diferentes etapas de la literatura francesa que conocía bien y resultaba un placer escucharle y conseguía despertar una enorme curiosidad y un gran deseo por acceder a las obras de aquellos autores que nos comentaba. Ella entonces apenas resultaba una presencia silenciosa en algún rincón, entre libros siempre, con alguno abierto en su regazo y concentraba toda su atención en él sin apenas levantar la mirada.

A partir de los dieciséis mis padres comenzaron a dejarme ir solo a Bayona. Me alojaba en el pequeño apartamento familiar cerca de la catedral y vacío la mayor parte del año. Por entonces ya me había aficionado a la lectura. Y era más que una mera afición o un pasatiempo. A veces parecía que me gustaba más el mundo contenido en las páginas de los libros que el mundo llamado real, diferencia esta que, de hecho, desde entonces, nunca he establecido ni aceptado: el mundo sólo es uno, ya sea en la mente ya sea la materia visible y en ocasiones, no pocas, algo aparente, incluso más que en la ficción.

En mis estancias nunca dejaba de frecuentar la librería del Sr. Etchévère, que seguía hablándome de escritores y de libros con el brío de un erudito y al que yo escuchaba con interés y no poca pasión. Mi padre, además, solía darme unos billetes extra bajo mano, sin que mi madre lo supiera.

− Para libros -me decía con sigilo, como si la afición a los mismos debiera llevarse en secreto.

En una de aquellas visitas a la librería la hallé sola. Mi padre ha salido, me anunció al levantar la mirada del libro, no sé a qué hora volverá, añadió. Vale, respondí algo distante y me puse a ojear los libros contenidos en las estanterías. Evidentemente, aquella aparente distancia por mi parte no era más que cierta timidez y no poco apocamiento para lograr salir de mis propios límites, en absoluto significaba que aquella muchacha me fuera indiferente. No pocas fueron las veces que, al otro lado de la frontera, a cierta distancia de Bayona, me había acordado de ella y me había preguntado cómo sería su vida. No he de decir que me resultaba atractiva. He de reconocer también que me cortaba bastante. Además, ella había mantenido siempre esa actitud lejana, como si no estuviera allí o no fuera preciso que se dejara notar.

Sería, delgada, de mirada lánguida y largos silencios, no parecía muy interesada en las cosas del mundo. En otras épocas hubiera sido una candidata ideal para habitar un convento. En la nuestra adoptó un cierto aspecto peculiar, con sus ropas deslustradas, de negro siempre, y apartada hasta el punto de parecer ausente. En nuestras conversaciones nunca intervenía y nunca se habló de ella, estuviera o no presente.

Por eso me extrañó que de pronto hablara, saliera de su rincón en el que parecía integrarse perfectamente.

−Buscas algo en concreto –me preguntó.

Cité a un autor del que había oído hablar a su padre. Ella se levantó, se acercó a una de las estanterías y lo sacó de la hilera de libros.

−Es muy bueno –me dijo.

Comenzó a hablarme del escritor en cuestión y de otros de su generación. Supe entonces que estudiaba letras en Burdeos y que sería capaz de sustituir a su padre a la perfección. Ni qué decir que aquella tarde no sólo eran los libros lo que me interesaba, sino que me descubrí enamorado de aquella muchacha mayor que yo, cinco o seis años tal vez.

Pronto llegó el verano y logré que mis padres me dejaran pasar unos días en Bayona. Puse la excusa de que varios compañeros del instituto se desperdigaban por la costa vascofrancesa y no quería perder el contacto. Pero era a Sylvie a quien quería ver, sólo a ella.

Coincidimos. Ella había empezaba sus vacaciones universitarias y pasaba algunas semanas en Bayona. Luego iría a Londres, me comentó, a perfeccionar su inglés. Nos hicimos inseparables. Se encargaba de la librería por la tarde y yo la acompañaba. De dos a cuatro apenas entraba nadie. Era Julio, hacía ya calor y la librería se había convertido en el mejor refugio para charlar.

Sin embargo, yo tenía que volverme al otro lado de la frontera, no podía alargar mucho más mi estancia y además en dos semanas ella marchaba a Londres. Me sentía no poco apesadumbrado por aquella nueva separación que nos mantendría alejados, además, el mes de agosto y buena parte de septiembre. Me hundía esa sensación de no poder decidir en mis días, de estar sujeto todavía a los mandatos familiares, mientras que ella, yo lo notaba, gozaba de toda la libertad posible.

Aquella tarde me sentía especialmente desesperado. Ella me hablaba, como siempre, de libros, me aconsejaba lecturas, me pedía opiniones sobre lo ya leído. Debió de notar mi estado de ánimo.

−Te encuentras bien –me preguntó.

La miré de pronto, sorprendido por aquella pregunta inesperada. Levanté los hombros sin saber qué responderle. Se acercó a mí, colocó las manos en mis mejillas y entonces me besó.

Venga, vamos a sacar los libros del almacén, me dijo dos o tres minutos más tarde, con una sonrisa malévola pero sin duda feliz.

Juan A. Herrero Díez

 

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SONETOS ESENCIALES

Por Rodolfo Leiro

 

HASTA LUEGO

 

Un saludo cordial, un beso al paso,

 la ermita despierta su campana,

luce tu argiva silueta en la mañana

y busco en mi pupitre un verbo raso;

y el día, caminando hacia su ocaso

desde el flujo cordial de luz temprana

que me enrola, romántica y galana

con gemas de su  luna y de payaso;

un saludo que se perdió en el fuego

del aroma sutil que abrasa el ruego

hincado sobre un himen de narvaso;

de aquel postrer saludo no despego

y  olvidarte muchacha ya no puedo.

Hoy te miro en el fondo de mi vaso.

Narvaso: caña del maiz

 

Construido a las 8,45 del

1 de abril de 2012-04-01

Para mi libro

“Meditando en versos”

 

***

 

POMPA

 

Si surgiera otra vez mi antiguo enclave

 que enrolara mis estros con su esencia

y en el templo inmortal de la cadencia

me trepara en el mástil de mi nave,

y explorando la mar, la musa clave

trabara la implosión de mi impaciencia,

yo hurtara de mi lírica conciencia

la palabra gentil, la tierna, suave,

la emoción del soneto, casta llave

que me hiciera sentir el burgagrave

de la rima jovial de mi ventura,

os llevara conmigo en el espacio

y en el solio solemne de un topacio

te haría parte, mujer, de mi aventura.

Burgrave: señor de una ciudad

 

Construido a las 2,19 del

3 de mayo de 2012 para mi libro

“Meditando en versos”

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NIEVE

Por Gonzalo Salesky

Era la primera vez en cuarenta y dos años que nevaba en Cienfuegos.

Entró corriendo a la oficina, envuelto en su bufanda, con unos guantes que no usaba desde la adolescencia. En su mente seguía jugando con esa posibilidad, con ese sueño repetido tantas veces. Salvar el mundo, ser el único hombre sobre el planeta capaz de hacer algo magnífico, algo especial en un determinado momento.

No quería que encontraran ningún defecto en su plan. Hasta su hija lo había ayudado a pulir cada detalle. A contrarreloj debía ordenar todo en su trabajo, preparar las valijas, pedir el permiso correspondiente y viajar. Pronto su familia podría encontrarse con él. Y escapar de esa manera del infierno.

A la hora del almuerzo lo autorizaron a salir. Caminó bajo el frío de noviembre por la vereda, rumbo a la Oficina de Control Cerebral. Solamente tendría que llenar un par de formularios y nada más, cada uno de ellos con el membrete del gobierno cubano. Con muchas frases refrendando, una y otra vez, que todo lo que hubiera en su cabeza era propiedad del régimen.

Hasta cada uno de mis pensamientos.

Pero sin ese papeleo burocrático no iba a poder subir al avión. Y su plan se quedaría sin ser conocido por nadie.

Hasta 2012 se había intentado de todo para aliviar la crisis mundial. Después de las pérdidas, los quebrantos, las enfermedades infecto-contagiosas, aparecía nuevamente la peor de las plagas: el hambre.

Los rescates, los montos millonarios y los subsidios para los bancos y grandes empresas no servían de nada. La gente continuaba agobiada por las malas noticias de cada día. Violencia, manifestaciones y saqueos en las ciudades más importantes del mundo. Sequía, menos alimentos disponibles, poca energía, nada de combustible. Falta de insumos básicos, aluviones de personas famélicas robando cosechas, destruyendo alambrados para buscar gallinas, pavos, cerdos, vacas. No sólo en los países de tercer orden. Europa y Estados Unidos estaban llegando a niveles nunca vistos de desocupación e indigencia. Hasta la gran esperanza puesta en anteriores presidentes se había esfumado en muy poco tiempo.

¿Sería la suya la solución definitiva? Era una de las Cinco Ideas Finalistas del Concurso Mundial. La última alternativa de la ONU. Centenares de miles habían participado presentando todo tipo de proyectos. Brillantes, increíbles, absurdos… uno por uno fueron desechados casi todos.

Los impuestos a los animales domésticos, a cada kilo engordado por habitante, a los hijos, a los deportes y su televisación. El asesinato selectivo de otras especies. Los tributos sobre el alcohol, los cigarrillos, ansiolíticos y energizantes. El exterminio de todas las mascotas, la venta de la Luna por hectárea para los pocos millonarios que quedaban en el planeta. La destrucción del hemisferio sur, la migración total hacia el otro hemisferio. El envío de basura hacia el Sol. La eliminación de las fuerzas armadas de todos los países.

Fundir y vender las reservas de oro de cada país. Cancelar los juegos de apuestas y de azar por diez años. Hacer trabajar a cada habitante en los medios de transporte masivos, para elaborar manufacturas simples en los momentos ociosos que ocupaban viajando. Cultivar granos en el fondo del océano y en las playas. Promover la venta libre de drogas. Prohibir los fuegos artificiales y el maquillaje a todas las mujeres; de esa manera, liberar tiempo y dinero malgastado.

Otros apostaban a reciclar el agua de lluvia, construyendo enormes piletas arriba de las casas, edificios, avenidas y parques. Los más alocados pensaban encontrar en el mar el combustible necesario para poner en marcha al mundo nuevamente.

Ya no quedaban ideas que permitieran evitar la catástrofe. Sólo la de él. Y cuatro más.

¿Cuáles serían las otras?

El 25 de agosto envió su propuesta por correo electrónico. Ese mismo día le habían contestado. Paradójicamente, si tenía éxito con su plan, en un futuro cercano no tendría de nuevo esa posibilidad.

Debía redactarla lo mejor posible. Usaba un cuaderno de tapas duras y de color marrón, con el lomo negro, de renglones celestes casi imperceptibles, para anotar lo que fuera surgiendo en su mente, para tachar lo que no sirviera. De sus hojas sacó el pasaje del vuelo 841 rumbo a Washington, con fecha del día siguiente. Chequeó otra vez el horario de salida y decidió guardarlo en su bolsillo derecho para evitar descuidos.

Tenía unas horas más para seguir escribiendo. Un borrador, un pensamiento que podía salvar el mundo.

Había que destruir Internet. Y todo aquello que implicara transferencia de información. A través de su invento, la combustión sintética de datos, podía hacerse en sólo tres semanas. Toneladas de cables y antenas a lo largo y ancho de la Tierra quedarían inutilizados. El sistema de transmisión por vía inalámbrica también. La vida sería distinta sin tanta gente alejada de la realidad y encerrada en las redes virtuales que amenazaban con quedarse con todo. Miles de millones volverían a vivir como hace treinta años, cuando…

¿Se solucionaría la falta de alimentos? Probablemente las personas, con tanto tiempo sobrante, se comunicarían otra vez con la naturaleza. Cultivarían su propia comida. El ser humano, alienado como nunca, había perdido la capacidad de conversar cara a cara. No parecía creíble que las mismas personas, tan poco tiempo atrás, se encontraban en los parques y plazas, hacían ejercicio, leían libros, se alimentaban de manera sana.

Se ahorraría toda la energía gastada en el tráfico y almacenamiento de tanta información, equivalente a la mitad de la generada a nivel mundial. Sólo era una cuestión de costumbre. Si la humanidad había sido capaz de vivir sin teléfonos celulares e Internet en 1980, bien podía hacerlo ahora.

Seguramente crecería la industria del papel. También la posibilidad de cosechar frutas y verduras en la propia casa. La gente volvería a disfrutar del aire libre, a conseguir trabajos de verdad. Disminuiría la cantidad de desempleados. Según su investigación, la red de redes había reemplazado unos trescientos millones de personas como mano de obra en fábricas, bancos, aeropuertos, oficinas, compañías de seguro, empresas de correo, diarios, revistas, editoriales…

Imaginaba una gran resistencia al principio. Quizás los fanáticos de Facebook protestarían y tendrían que conformarse con pegar sus fotos impresas en la puerta de su casa para que cualquier desconocido las pueda mirar. ¿Cómo podrían sino satisfacer esa necesidad de ser vistos por otros en todo momento? ¿Serían capaces de vivir sin la mirada puesta en sus pequeñas pantallas? ¿Se darían cuenta del tiempo que pierden?

Siguió escribiendo, pensando en el rostro de aquellos que lo votaron. Decenas de extraños que habían leído, con entusiasmo y tal vez con esperanza, su primer bosquejo. Algunos medios ya hablaban de “la solución cubana”. Muchos otros la rechazaban de plano, tildándola de poco práctica, de anticapitalista, de demasiado romántica. Pero tenía espalda para soportar las críticas. Pese a los prejuicios, estaba en la final. Tan cerca de la gloria.

Ocho horas después de terminar, entró a la Casa Blanca con su cuaderno viejo bajo el brazo. En las escaleras saludó al presidente con un apretón de manos. Estaba seguro: si lo escuchaban, el mundo cambiaría. Gracias a él. Y a sus locas ideas.

¿Quién lo hubiera dicho? Si mi padre me estuviera viendo…

Si después de tantos años había vuelto a nevar en Cienfuegos, todo era posible.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullà

 

A FEDERICO GARCIA LORCA

 

Desde el cabo de Creux al Finisterre

Tu Poesía que salta hasta la Vida

Resuena

Y desde Cantabria hasta el Estrecho

Sin que  los ecos Rebuznantes

De la represión

Cantada por esa caterva de gente

De la mala plebe

Lo más mínimo te dañen.

 

Que rabien, rabien

Los que el elogio del Asno

En su día cantaron

En su Musa o lira mala.

 

Tú eres la envidia de la Europa

Con los Continentes

Y ahora se acercan los poetas

Que habitan en ciudades, en villas

En cortijos, en aldeas

Para cantar con éxito feliz

La bella prenda

De tu Poesía.

 

Mira, ve y escucha:

Yo, acompañado a la guitarra

Te recuerdo cantando:

“Dende que te vi

En la ventana

Como era de día

No te dije nada.

Dende que te vi

En el balcón

Como era de noche

No te dije adiós”.

 

***

 

/ Canción Al Ave/

“Detente, sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero,”

-Sor Juana Inés de la Cruz

 

De la Estación de Atocha

Ha salido el Ave Prick

Cantando en su velocidad

Su concepción

Ave, Ave, Ave

 

De Madrid a Bailén

Yo quiero decir que sí

Dime tú niña mía

Que me vas a dar el Sí

 

“Dicemelo”, que me encanta

Oirte bien o mal  decir

Entre espumas de saliva

 ”Chi…chi” “Chi…chi”

 

Eres mensajera del Amor

Con tu Clit and Teat

Y ¡menos mal¡

No eres esclava Jumenta

De Lourdes, ni de Fátima

Ni del pinaresco Henar.

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Mary Acosta

 

A BOCA CERRADA

A boca cerrada tensa su armadura

sobre la máquina del miedo.

Sus ovaladas neuronas

acunan naufragios y grávidas ausencias.

Sobre musgosas rocas,

cuelga su alquitranada infancia.

Las esquinas calladas retenidas en sus tímpanos,

pierden su metamorfosis prometida.

Invitado al convite turbio de sus muertos,

coexiste entre los puentes calcados del ahora.

Envoltura de corto viaje disfrazada y a boca cerrada,

memoriza la existencia entre un yo injertado

y la presencia subversiva, de la última palabra.

 ***

ACROBACIA SALMICA

Atardece en mi,

ante el desnudo audaz de los espejos.

Desgrano la penumbra hambrienta

vistiendo un traje de epílogo,

sobre la fina piel gastada,

que expulsada en siete gritos

desarma cóncavos domingos de abril.

Detrás del músculo agotado,

la acróbata libélula

confabula el vuelo,

en mitad del geodésico instante,

inventando el hálito de Dios resucitado.

***

HARAPOS DE ABANDONO

Petrificado en el exilio de la noche,

el gnomo de membranas hambrientas

y heridas coaguladas por el látigo del sol,

suplica silencioso y a la intemperie por su huérfana inocencia.

Golpeado sobre la lozana piel naciente

desgarra sus sueños sobre el fango.

Querubín a la espera del retorno, desnuca a la justicia

tras el peso de una lágrima,

gestada desde las entrañas de su orfandad.

Vestido con harapos de abandono,

busca encontrar la esquina de su infancia,

atravesando angustias con sabor a prepotencia

que anule cicatrices, marchite lo imposible y destiña ausencias.

Metamorfosis de verbos, vigilan el “pienso” carcomido,

fantasma encadenado al sordo murmullo de los días,

que dañan crucifijos pintados de esperanza

entre las tenazas abiertas y dolosas de un germinado desafío.

Con resignados pasos,

cruza la frontera del destino al ritmo de los ciclos de la luna.

Atento a sus treguas sin color, rescata las siglas de los sueños

que suspendidas quedaron en el buzón del tiempo.

En búsqueda de Dios,

un par de sonrosadas mejillas sombrea la vida,

en reclamo justo por el dorso edénico de su inocencia.

MARY ACOSTA

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POEMA

Por Irene Mercedes Aguirre

 

Miré mis manos

 

Y me miré las manos y he notado

la huella de caricias repetidas.

Por los años la piel envejecida

acusa, aquí y allá, tiempo pasado.

 

Y me miré las manos y he pensado

que cuando van a tono con la idea

dan perfección y encanto a la tarea

en la sublimidad de lo logrado.

 

Y me miré las manos y he sentido

sus curvaturas y su movimiento

como   afinado y prístino instrumento

que explicita la acción con su sonido.

 

Y me miré las manos y he palpado

cada arruga y sus líneas perfiladas.

En brumas de milenios, condensadas

encierran los ensueños  apretados.

 

Y me miré las manos y he soñado

con un mundo mejor. Con  diez  perfectos,

magníficos  apoyos, firmes, rectos,

¡a diestra y a siniestra acompasados!

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

UN  BIGOTE  PEGADO  A  UN PRESIDENTE

Un bigote pegado a un presidente

Un flequillo a una sonrisa infame

Un incubador de huevos de serpiente.

Relativismo de muertes ajenas

Productivismo de quirúrgicas guerras

Infamia en anaqueles beneficiados.

Enroque de íntegros mal nacidos

Realce de patrias manufacturadas

Calamidades en teatro de poderes.

Dioses que no descansan

Mamporreros que les ayudan a clavárnosla

Aspereza para nuestras traseras desgracias.

…Podría seguir manifestándome

Pero mejor enumeren sus fríos sudores

Resuélvanlos mientras nos preparan más deberes.

Postdata para los apostatas de los idearios

Cabeza erguida y despejada

Por si les benefician con un disparo a bocajarro.

***

COLGADAS  SOBRE  LAS  VÍAS

Colgadas sobre las vías

del tren que huyó del tiempo

consumiendo vértigo

de endémica cochambre

abigarradas y minúsculas chabolas

apropian mortecino espacio,

sus moradores en número exceso

circulan por mugrientas líneas

hacinados en seguro expreso,

transportador de desheredados

en circular inmundicia

agarrados al mínimo chance

que creen concede

la espiral de sus trayectos,

de esa mentalidad asiática

fluye digna esperanza

que no vislumbra

el horizonte

del Express de los pobres.

***

FRÁGIL  CORPUS  (LIBERTAD)

Frágil corpus

por liturgias y héroes amenazado,

patrias y almas

intangibles excusas instrumentadas.

***

SHANGAI  &  KABUL  &  FRANCISCO

Shangai & Kabul & Francisco

Tránsito espacios

colapsados y convulsos,

vértigo de hordas fragmentarias

enclavadas en ciudades iconos,

escenarios de emociones

proporcionalmente inversos,

forjadores indisolubles

de mi visión periférica,

queriendo entender el mundo

el sonido del chasquido

expandiendo sus ondas

perforadoras de tímpanos,

anunciándome mi depositario gesto.

***

LAS  GUERRAS  SE  ESCRIBEN

Las guerras se escriben

con letras torcidas

de silencios y ausencias,

escritos de sangre

y mala letra.

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21º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA.pdf

21º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXV de la 2ª etapa/02-03-2012

 

EDITORIAL LXV

Más cultura, por favor

 

Es evidente que hay en todo el planeta una oleada de revueltas, rebeliones, protestas, rebeldías y otros movimientos de crítica al (des)orden de este mundo. A la denominada primavera árabe, que se inició en Túnez y se expandió por otros países norteafricanos y de Próximo Oriente, le siguió la revuelta en otros países donde ya existía no poco malestar. En Grecia hablamos ya abiertamente a fecha de hoy de situación prerrevolucionaria. En España, el Movimiento 15 de Mayo, al igual que en Israel, ocupó con campamentos las plazas y los espacios públicos de ciudades y pueblos; en Estados Unidos el movimiento Occupy Walt Street con su equivalente británico, Occupy London, atacó y ataca aún hoy el corazón mismo del capitalismo mundial; también se da en países de África Negra, como Senegal o en Guinea Conakry, cuyo movimiento sindical es fuerte y activo, o en los países del Este europeo, como Rumania, donde la calle está siendo invadida por un fervor de cambio ante una realidad frustrante.

 

En América Latina no se trata de algo novedoso, hace ya lustros que se lucha y se aboga por un nuevo modelo social que rompa las estrecheces de una realidad hiriente y que ha marginado y margina a millones de personas mediante la pobreza, la desigualdad, la represión, la segregación racial o social, la opresión. Autores como Eduardo Galeano, un clásico ya de la sensibilidad social y la rebeldía, o Raúl Zibechi introducen al discurso radical un humanismo de nuevo cuño que rompe el esquematismo de las teorías clásicas que el tiempo había cubierto de rancio.

 

No podemos descartar que en los próximos meses se acentúen las revueltas en China, donde la vulneración de los más elementales derechos sociales y humanos, atacados por una maquinaria política heredera del peor estalinismo y por un capitalismo salvaje rabiosamente inhumano, es un estigma difícil de aceptar.

 

Estamos, pues, ante un escenario nuevo, el mundo está pariendo seguramente una nueva sociedad.

 

Nos preguntamos qué papel puede jugar en este nuevo mundo la cultura. En las épocas de crisis suele aumentar el miedo -miedo a la pobreza, a la exclusión, miedo a la violencia física, a la moral-, pero también se acrecienta la imaginación y el arte abre con ello nuevos ámbitos. Las Vanguardias nacieron en un momento de profunda crisis. Surge hoy un nuevo activismo cultural que une la crítica a la realidad con un activismo radical en su sentido más literal: pretende analizar la vida desde su propia raíz.

 

Ni que decir tiene que estamos entusiasmados ante lo que sucede, ante esas protestas que indican que aún hay esperanza, aun cuando haya mucha desesperación en ella. Tampoco podemos dejar de temer las tendencias reaccionarias, netamente defensivas, que adoptan los Estados. Lo hemos visto estos días en Valencia, España, donde unos jóvenes cuyo delito fue denunciar la falta de estufa en su centro de estudios mediante una pequeña concentración en la calle fueron apaleados y reprimidos. La crisis está recortando medios en la educación. Tenemos que denunciar este hecho como una agresión a la población, como un acto de violencia contra la cultura. Porque recortando en educación tal vez se ahorren algunos millones de euros, pero estarán sacrificando varias generaciones a la miseria intelectual. No es que la educación en España sea hoy una maravilla, pero reducirla aún más es un error que este país, igual que cualquier otro, no se puede permitir.

 

Más cultura, por favor. Porque podemos vivir sin muchas cosas, pero no sin cultura que nos permite relacionarnos unos con otros.

 

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UN POEMA ECONÓMICO Y OTRO MITÓMANO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

COMPRO ORO

 

Ahora se compra el oro a un precio alto,

muy alto, tan alto, que por unos gramos de oro

te dan un manojo de billetes sudados.

Al vender el oro que durante tu relación

fuiste reuniendo como cualquier cosa,

te dieron para pasar tres meses sin preocupaciones.

Regalos de aniversario, momentos especiales,

agasajos y otras prebendas, oro amargo.

Ahora necesitas venderlo.

Cuando lo vendiste en la casa de empeños

el señor tenía allá en su caja de madera

toda una amalgama de oro viejo y usado.

¡Qué pena da todo aquello que se da por perdido!

Al salir de la casa de empeños

se dieron por perdidas tantas cosas…

pero ganaste otras, y esas serán para siempre.

Ahora te compran el oro a buen precio.

Si quieres vender el oro de una relación pasada

ahora es el momento idóneo.

Te dan un manojo de dinero sudado

y a cambio tú les das tu oro, también sudado.

Al salir de la casa de empeños

te quitaste un gran peso de encima, sí,

pero también, tienes que admitirlo,

te quedó un vacío inmenso adentro de tu corazón.

Como si el peso de ese oro vendido

ocupara el lugar de ese vacío que te quedó.

30 gramos, a 27€ el gramo son 810€.

8 años, a estas alturas, pesan como chatarra.

***

 

LA AUTOPSIA DE MARILYN

 

Marilyn te busco entre tus mejillas rosadas

y no puedo encontrarte,

veo que te meten en la ambulancia

y te sigo buscando en la autopsia sagrada

que desconoce tu nombre de estrella devorada,

Marilyn, tus abogados, Marilyn,

Marilyn, tus fotografías fijadas, Marilyn,

tus perfumes, tu flor de chantilly,

Marilyn, mis visitas a tu tumba, Marilyn,

tu embrión muerto es una estrella fugaz,

digo esto, Marilyn, ahora que sé

que nada te duele desde el paseo de tu fama,

Marilyn, tu pintalabios ebrio de ti, Marilyn,

tus tacones sonando en su rutina,

en su ritmo binario,

Marilyn, tus cosquillas apagadas, Marilyn,

tus ojos quietos en tu autopsia, Marilyn,

Marilyn, tus endorfinas esclavizadas,

Marilyn, tu Nueva York gris, Marilyn,

Marilyn, mi cobardía al verte, Marilyn,

los psicoanalistas persiguen tu psique,

los periodistas una confesión,

Marilyn, si yo fuera tu hija

no quisiera dos coletas a mis espaldas,

quisiera dos alas de ángel puro, Marilyn,

tus contratos con la FOX, Marilyn,

esos mitos acabados ya, que en vida,

en tu vida, no te quisieron, Marilyn,

ahora son fantasmas que escarban entorno a ti,

Marilyn, mi postdata cariñosa,

mi consuelo instantáneo, mi consuelo duradero,

Marilyn, en blanco y negro, Marilyn,

Marilyn, a tu pesar, Marilyn, de cera,

Marilyn, estatua de celuloide,

Marilyn, mi arpía angelical y demacrada,

Marilyn, tu voz se esconde al verme.

Yo, me río y te hago feliz, por siempre,

Marilyn.

 

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Redención

         «La revolución no huele a rosas, lo dijo Lenin y tenía toda la razón. La revolución exige sus víctimas, como uno de esos dioses ostentosos, rígidos en sus formas, crueles en sus gestos, pero liberadores a la larga, emancipadores, redentores del género humano. Viví por la Revolución, en mayúscula, nada debía desviar mi atención y mi esfuerzo, todo estaba centrado en ella

Recordé esas palabras escritas en un cuaderno sencillo, un mero apunte entre otros apuntes y párrafos que mi madre fue escribiendo ininterrumpidamente en ese y en otros cuadernos a lo largo de su vida, imagino que como un intento de ordenar sus ideas, también de componer y entender sus circunstancias, y para ello, para escapar de ese absoluto caos en que estaba inmersa, fueron malos los tiempos que le tocó vivir, precisaba escribir en todo momento para buscar algo de avenencia consigo misma, la escritura como terapia, en efecto, y así al menos la recordaba yo en los pocos momentos de convivencia mutua, siempre concentrada en sus escritos aun cuando en apariencia nunca compuso nada coherente, unas memorias, por ejemplo, o una reflexión sobre su época que vivió, eso sí, con plena intensidad.

Descubrí el cuaderno en que constaba aquella anotación el día que recogía sus cosas, mientras ordenaba sus papeles y cuadernos, horas después de haberla enterrado en Burdeos. Volví a sentirme una de esas víctimas de las que ella había escrito en un instante, al vuelo, hilando palabras sin ningún sentido, reflejando un estado de ánimo y unos sentimientos que sin duda no llegaba a entender. Quizá pensase en mí, pensé entonces, aunque nunca estuve del todo seguro de que se detuviera de pronto para pensar en mí, para forjar mi imagen en su recuerdo y tal vez sonreír.

Las palabras del profesor Lagos sobre el horror del estalinismo y su repercusión en Europa en los años treinta me trasladaron a ese párrafo. Había pasado dos años desde que muriera mi madre y descubriera la libreta marrón, la más íntima sin duda entre todos los cuadernos que había dejado abarrotados con su letra pequeña y gótica. «Las víctimas de la revolución», se titulaba el congreso que la Universidad en la que yo trabajaba había organizado para ocuparse del lado negro de las revoluciones. Parafraseando al pintor, la revolución crea sus monstruos. Y crea sus víctimas, no sólo víctimas entre sus enemigos, entre los partidarios de la reacción o del orden burgués, lógicas víctimas por otro lado si aceptamos que la historia es un campo de batalla entre estamentos o clases, sino también, y sobre todo en aquel congreso, las víctimas en el campo propio. En España teníamos a Andrés Nin, a buena parte de la dirección del POUM, revolucionarios masacrados por revolucionarios porque la Revolución no aceptaba disidencias y mataba los frutos que había engendrado. Por muy buenas que fueran las motivaciones, por muy generosos que fuesen sus impulsores, era como una regla inevitable, la revolución que se pudría, que mataba a diestro y siniestro, incluidos a sus partidarios, dejando un rastro de horror y de desesperación por no poder cambiar un mundo que tampoco ofrecía muchas alegrías.

¾¿Tú aquí? -me espetó Echávarri cuando me vio salir del aula magna donde el profesor Lagos había dado su correctísima conferencia-, no me digas que has descubierto que fuera de las sagas artúricas hay vida.

¾Ya ves -atiné a decir a modo de justificación.

Sonreímos ambos. En la universidad me tenían por uno de esos profesores monotemáticos que fuera de su tema, en mi caso la literatura medieval, apenas se interesaban por nada. Por lo demás, mi vida era casi la de un monje, no puedo menos que reconocerlo, me pasaba el día entre libros, leyendo, apuntando detalles, organizando ideas, y gracias a que Susana aceptaba que yo fuera así -me embelesas luego con todas esas historias que me cuentas-, me había creado fama de erudito y en mi haber cabían numerosos libros especializados, algunos de los cuales me habían dejado bastante satisfecho, todo hay que decirlo.

¾¿Has venido porque hay algo que puedas trasladar a tus siglos? -siguió bromeando Echávarri, esta vez ante testigos, Lorenzo y Monteiro se habían añadido a nuestra conversación.

¾¿Qué te crees, que las revolucionarios son cosas de la contemporaneidad? Habrás oído hablar de Müntzer, de los campesinos alemanes, los taboritas bohemios o los comuneros castellanos, por ejemplo.

¾Touché -exclamó Echávarri y soltó una de sus habituales sonoras carcajadas-, pero dime, ¿qué te ha traído por estos lares?

Nadie sabía nada de mi madre ni de mi familia en la universidad. Nunca había contado la politización excesiva en que había vivido durante mi infancia. Se sorprenderían mis insignes colegas si supieran que antes de los seis años yo había pasado sobre las rodillas de lo más selecto del comunismo europeo y mundial. Para ellos, mi interés por la política era inversamente proporcional a mis vastos conocimientos literarios medievales y yo había dejado que se mantuvieran en esa idea, la propagaba incluso, supongo que como medio de olvidar mi infancia. Callaba por ejemplo cuando en el café o tras la comida surgían temas políticos, a veces se daban verdaderas discusiones y polémicas, y en ellas escuchaba los nombres de algunos revolucionarios aclamados en las aulas y que para mí no eran figuras lejanas o míticas, sino personas que había conocido. Por supuesto, nunca acudí a ninguna de esas asambleas estudiantiles a las que algunos profesores gustaban de frecuentar, tampoco las criticaba, como otros profesores, catalogados como reaccionarios, simplemente me mantenía al margen y me escondía ante un fatalismo discursivo que me llevaba a huir del presente y sumergirme en los textos antiguos.

Pero la muerte de mi madre de repente había removido algo, lo pensé mientras Echávarri, Lorenzo y Monteiro elogiaban ante el propio profesor Lagos su conferencia y de paso su conocimiento de los escritores europeos del periodo de entreguerras, algo que los historiadores, tópico manda, acostumbran un tanto a desdeñar, sin duda por su ignorancia de la literatura. Consideré la posibilidad de que uno de esos mecanismos del subconsciente, tan analizado por los médicos freudianos, hubiera removido mi interior y sonreí ante la idea de que a mi edad, ya bien entrado en eso que llaman la madurez, me convirtiera en un exaltado revolucionario.

Sentí de pronto, en medio de aquel descanso congresual, que debía enfrentarme a muchos fantasmas. Sí, me repliqué a mí mismo, me ocurría lo que a tantos hijos de revolucionarios que pasaron una infancia abandonada y acababan odiando la política y a sus padres por ello, yo había pasado muy claramente por aquella fase. Quizá por ello había decidido acudir al congreso, atraído de algún modo por un título con el que me identificaba, las víctimas de la revolución, no las víctimas producto de la enemistad o la disidencia, sino las víctimas olvidadas, las creadas entre los hijos y parientes abandonados bajo las sombras de los protagonistas y su época.

A mi alrededor se hablaba, se discutía, se intercambiaban opiniones y desacuerdos, mientras que en mi interior, ese monasterio metafórico del que se burlaban mis colegas, se abría paso otro querella que no por íntima menos importante, la de la reconciliación con mi pasado y sobre todo con mi madre, muerta ya y con quien apenas había mantenido más contacto que el que me permitía la justificación de la distancia física y también espiritual. Mientras había escuchado al profesor Lagos brotaron recuerdos que de pronto adquirían sentido y que ahora entendía o me daban caminos por los que indagar mi pequeña historia personal. Sí, yo había conocido las disidencias de las que hablaba el profesor Lagos, había vivido directamente otras posteriores desde mi zona de sombras, asistí sin saberlo a rupturas históricas fruto de disidencias profundas y que adquirieron, por ejemplo para mi madre, forma de verdaderos dramas.

Contemplé al profesor Largos que conversaba con mis tres compañeros y de pronto me vi en la necesidad de dar un paso.

¾Doctor Lagos -interrumpí de golpe la conversación ajena-, he de consultarle imperiosamente un asunto -le agarré del brazo y le alejé de mis tres colegas que me observaron no sin cierta ironía-, disculpad.

Tuve el vértigo de entrar en un terreno delicado, un vericueto cuyo final apenas lograba atisbar.

 

Juan A. Herrero Díez

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LA FRONTERA

Cuando la locura se cure,

         los árboles dejarán de llorar.

 Raúl Frías(paciente del hospital psiquiátrico Borda- Buenos Aires)

Cuando la locura se cure,

los árboles dejarán de llorar,

y allí seré de nuevo

la raíz de lo puro en el diluvio de otros ojos.

 

Entre brotes lineales

que poblarán mi ruta

se quemará el infierno

que me tuvo lejano.

 

Y una obra perenne

me llevará a mis días

sin ruinas horrorosas, ni oscuridad, ni espera.

 

Seré el sudario urgente

que enjugará las lágrimas del árbol que está solo.

 

Después,

ya sin distancias

ni toboganes crueles,

abriré las ventanas del dolor marginal

y bordeando los límites de santos y almanaques

me sentaré a la sombra del bosque que me ahogaba.

 

Después,

cuando la locura se cure

y los árboles dejen de llorar.

 

 

© Teresa Palazzo Conti

 

***

        SALVACIÓN

 

 

Basta ya de cumplir

con ritos y almanaques;

basta ya de sonreír desde la niebla intacta del espejo.

 

Se han roto las cadenas de sal y precipicio

donde estuve perpetua

y sube por mis muslos

una confianza débil.

 

Me quito la camisa de piel cascada

y rota

y enarbolo las sílabas

de algún momento nuevo.

 

Hoy he vuelto a la casa

donde sufrí y maldije,

pero entera y liviana

me suspendo en los muros que habían grabado a fuego

los reproches,

los golpes,

las cenizas del beso.

 

Ya no hay furia ni engaños;

no bajan por mis sienes(senos)

las llaves de la muerte

ni ocultan las ventanas

las úlceras maduras(perversas);

sólo hay pan en la mesa,

y en cuadernos inéditos

esa palabra mágica que busqué tanto tiempo.

 

©Teresa Palazzo Conti

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EL ALARIDO DEL HIP HOP

Por Ana María Manceda

 

Quería incrustarme en el pizarrón, traspasarlo como una madura “ Alicia en el país de las maravillas”¡ Cobarde! En un segundo eterno hurgué desesperada en mi enciclopedia mental todas las filosofías pedagógicas para encontrar la más brillante y poder enfrentarlo. Sentía su mirada en mi  nuca  ¿Qué esperaría de mí? Mi mano,  ignorando  mi desesperación, amiga piadosa, dibujaba el perfil de la placa euroasiática. Y me di vuelta, lo miré como a los demás alumnos, mi voz parecía venir de un lugar hueco y lejano. Pensé en la importancia de la educación, cierto, pero que soledad y vacío se enredaban en esa verdad. Era una carrera contra el tiempo, sus pulmones ya estarían achicharrados de tanto aspirar pegamento  ¡Bendito seas! A uno de  ellos se le ocurrió interesarse por el tema, sus preguntas hicieron derivar a  la configuración actual del planeta, otros se interesaron en la vida existente durante  la Deriva de los Continentes. Todo en el universo es movimiento, me pregunto  por qué lo único estancado es  nuestra actitud de indiferencia social respecto a nuestra propia especie. Por fin el timbre, algunos alumnos se acercaron, seguían interesados. Nano se puso a mi lado, por primera vez se veía humilde, desamparado, mimoso. Tenía un aire de  ¡ Estoy aquí, con mi profe! Lo tomé del hombro, sentí su aún cuerpo de niño, casi me puede el llanto, no me lo iba a permitir, él me necesitaba protectora. — Nano ¿ En estos días bailan de nuevo el hip-hop?

—Sí, el viernes ¿Qué, quiere venir? Me preguntó  con su dicción cantarina y esperanzada.

—Sí, claro, me gustó, además es una expresión cultural de grupos que nos dicen muchas cosas—, dije estúpidamente. Le di un beso en la frente y me fui. Caminé las veinte cuadras que quedaban entre mi casa y el colegio,  me hizo bien el aire fresco. Cuando había entrado al salón de clase y lo vi sentado, mirándome fijo, sentí vértigo. En ese trayecto recordé lo ocurrido con Nano.

Acepté ir  a la presentación de los Talleres Municipales. La sala estaba repleta de chicos, se lucieron con las guitarras, bailaron folklore y  tango. Casi al finalizar la muestra le tocó el turno al Hip-Hop. En el grupo estaba Nano, pantalones anchos, buzo  y gorra de lana negra, una cruz pendía de su cuello. Su carita de dieciséis años tenía una expresión incierta, solo sus ojos oscuros transmitían una fiereza desolada. La música, extraña para mí, provocaba que los jóvenes contorsionaran sus cuerpos en el piso del escenario, las piruetas eran increíbles,  solo ellos podían realizarlas. Mientras unos  bailaban  otros hacían coro con letras de protesta. El mensaje me llegó, lo sentí en el estómago, era un alarido, una denuncia por la marginalidad de sus vidas, un alegato a la indiferencia social. Decidí que luego de la cena me acercaría hasta el departamento de Nano, sabía donde vivía, había visitado a su familia, muy humilde y sin padre en ocasión de un censo escolar. Al salir del teatro compré una caja con bombones, se los llevaría de regalo, una pequeña manera de halagar su actuación y de alguna manera  demostrarle que había  estado presente. Rechacé de manera constante sentirme culpable, en lo que hacía me brindaba entera, no los estafaba. Luego del espectáculo, al llegar a casa, abracé como nunca a mis hijos. Cuando terminaron de cenar les repartí unos bombones que compré sueltos, los de la caja eran para mi alumno. Ya todo organizado  y brindando explicaciones vagas me despedí de los niños, no tardaría mucho en regresar. Solicité un taxi y fui hacia las torres donde vivía Nano,  pedí al chofer que me esperara, eran las  diez de la noche. Me acerqué a un grupo de adolescentes que estaba sentado en la vereda, se veían botellas de cerveza vacías tiradas en el piso, sus voces sonaban guturales, altisonantes, provocativas.

—¿ Qué querés vieja? No jodás!

—Dejala che, es mi profe.

Mi mano, temblorosa, se extendió hacia Nano, entregándole la caja de chocolates. Sus ojos, de pupilas dilatadas, me miraron oscuros y  asombrados desde el abismo. Lo tomó dócil, sin agradecer, mientras fumaba de manera profunda su cigarrillo, luego se lo pasó a un compañero. Uno de los chicos, como si tal cosa, aspiraba pegamento de una bolsa de nylon. Los olores del pegamento y la marihuana me provocaron náuseas, atiné a decir

—Chau Nano,  te veo en clase.

En el trayecto de regreso hasta llorar me parecía estúpido, me sentía acorralada, furiosa, impotente.  No sabía como iba a mirarlo a los ojos luego de esa noche, los dos éramos conscientes que una triste complicidad  nos uniría de ahora en más. Ese día de clases había sido al primero que vi luego de mi visita a su barrio.

          Las veinte cuadras me dejaron exhausta, mis movimientos de rutina eran rápidos, intensos, cortos. Quizás de ahora en más cambie mis pasos, pero mis manos están vacías. Al llegar a mi hogar,  voy divisando una luz, con la certeza que en los acontecimientos cotidianos, la causalidad se inserta en la red de la vida  y estoy segura que mi mirada no se cerrará más entre los límites de mi realidad. En esa red de ahora en más estará Nano,  estoy segura,  él estará.

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TRES SONETOS ESENCIALES

Por Rodolfo Leiro

 

LA PIEDRA

Yo no arrojé la piedra que te hiere

ni el insulto procaz que te lastima,

no me presté a las fobias de la inquina

ni tampoco fui el santo que te quiere;

caminé sin cesar, como quien fuere

arribar a una hacienda  con su espina,

no fui el bardo cobarde que se inclina

ni el soberbio que aprieta si pudiere;

no fui fruto  de un débil miserere

ni infeliz emisario del que hubiere

profanado mi culto de profeta;

me alenté por mi mismo, sin congerie::

mi verso tiene fruto de intemperie

y algún beso perdido en tu glorieta..

construido a las 7,30 del

25 de enero de 2012-01-25 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

***

 

MI LIBERTAD

, Cuando el despotismo inflama

sus banderas de improperio,

e impone el vil magisterio

que le sirve de proclama.

Cuando la libertad se devana

roída por el dicterio

y te somete al imperio

de su incinerante flama.

Cuando tu voz le reclama,

y todo tu cuerpo clama

por la opresión, una cripta

que te ofende, que te hiere.

¡Hay un pecho que no muere!

¡Y hay un coraje que grita!

Construido a las   14,35 del

28 de enero de 2012-01-28 para mi libro

“Conversando con la Luna”

 

***

 

SI TORNARA

Si aquella tenue bonanza

que tentó mi lapso incierto

tornara en feble concierto

con un salmo de esperanza,

quizás la antigua templanza

hurgaba un  ignoto puerto,

borrara este feudo incierto

que derrapara mi hilanza;

volviera, en rauda mudanza

a la proverbial labranza

de mis endechas primeras

y aquella antigua confianza

forjara una férrea fianza

de besos con primaveras.

Construido a las 7,45

Del 28 de enero de 2012-01-28

Para mi libro

“Conversando con la Luna”

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

TIEMPOS  DE  INTRANSIGENCIA

I

En estos tiempos de prodigios

en los que sectores de la humanidad

multiplica su sapiencia,

contrarrestan esos avances

la más perversa de las intransigencias

encubierta en dispares ropajes

pero casi siempre amparada

por una infalible certeza

Dios es de su pertenencia

y en las directrices que de El emana

haya amparo su bienestar

e irrefutable autoridad moral.

II

Hoy día de gracia

de un omnipotente Dios

cuyo nombre será

el que más convenga

igual que en el pasado

arden hogueras

con olores displicentes

de pecados contra natura

y herejías de objeciones.

III

Rememorando a Umberto Eco

y a diferencia de su rosa

salvada del cadalso purificador

a última hora,

las agencias de noticias

escupían sobre las personas de bien

el nombre de una rosa

destruida en cruel virtud

para exonerar de pecado

las haciendas de un dominio.

IV

El amor y el derecho a la libertad

de las carnes y los espíritus

tendrán sus justas consecuencias

porque la inmoralidad y las ofensas

al Dios de conveniencia

será castigado por el prodigio

de la crueldad más perversa.

V

Imploro a mi Dios

que esas crueles mezquindades

cesen de triturar rosas

cuyo mayor pecado

es ser persona.

Ruego indulgencia prodigiosa.

 

***

AVENTURARME  EN  LA  EXPLORACIÓN

Aventurarme en la exploración

de este confuso mundo

desde sus más altas y afiladas aristas

hasta el más profundo de sus vacíos

para arañar su superficie

y no perderme en el superfluo

y super plano  escenario

que nos aproximan.

***

 

EN  EL  GRAN  ESCENARIO  DE  ESTE  MUNDO

En el gran escenario de este mundo

cada individuo tiene grabadas

sus propias ideas y de ellas

depende su visión del mundo,

partiendo de este hecho concreto

debe surgir la obra

donde cada uno de los actores

trascienda de su propia visión

interrelacionándola con otras,

escenificando su verdad

y la de los demás,

en ese espacio de contradicciones

debe germinar la verdad

de nuestra convivencia.

***

A  HORAS  DE  TU  VIL  ASESINATO

A horas de tu vil asesinato

defiendo lo que tu representabas

esperanza de libertad

para un pueblo masacrado

por las armas, la religión y la ignorancia,

en tu querida tierra la vida no vale nada

solo la humillación y la villanía

florece amparada por la necedad

el atraso secular y la opresión,

después de la tuya, valerosa mujer

en tierra de derechos de hombres

que sangre correrá hasta pudrir

la esencia de los caminos que hollaste.

***

QUIZÁS  LA  ACTITUD  MÁS  DENIGRANTE

Quizás la actitud más denigrante

de la condición humana

sea defender la limitación

del derecho de su propia libertad

de equivocarse por si misma,

versión moderna y sofisticada

del esclavo que cree que sus cadenas

forman parte de su condición.

 

***

 

QUE MAL NACIDO  DIOS  PUEDE  INCITAR

Que mal nacido dios puede incitar

a inmolarse a seres humanos

destruyendo ciega y despiadadamente

ingentes vidas inocentes.

No existe ni existirá,

solo alimañas sedientas de poder

lo inventan para dominar

o ampliar sus dominios

aunque se derrame

la más inocente de las sangres.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel de Cullá

 

   A MI DIOSA SALIMA

 

Hay en Burgos un Bar Los Dos

(Tu y Yo? ¡Ojala¡)

Donde vienen a montones

Los viejos valentones

Con ardiente corazón

Donde muero Yo de Amor

Dejándote este poema-oración

Y el testamento

De que si muero me entierren

En tu viña

Para chupar los sarmientos

De tu Vida

Y los labios de tu nardo Amor.

No te enamores mi diosa Salima,

No te cases

Porque te acostarás sufriendo

Amaneciendo sufrida.

OH, mi diosa santa Salima

Virgen y mártir de la barra

Hija de un labriego de Villadiego

Y de una bella mujer árabe

De Marrakech

Quiéreme

Y por favor no me digas

“Anda vete, anda vete

Que mis padres no te quieren

Ni un poco

Ni yo tampoco”.

Pues en tu Bar Los Dos

Me muero por Ti, diosa de Amor

Y daré una puñalá

A quien te me quiera quitar.

No hay ojos que no te  miren

Ni corazón que resista

¿Recuerdas?

Dos polis nacionales

Han venido al bar

En busca de unos ladrones

Mi diosa Salima

Tus ojos son

Que me han robado el corazón.

Ofréceme tu agua bendita

La lluvia dorada

De tus labios rojos.

Déjame besar

El cielo de tu paladar.

 

***

 

TETA *

 

Mi barca que no es el Costa Concordia

Pero se le parece un montón

¿A que sí?

Navegaba  con asnífluo acento

Alrededor de las tiendas

Del Carrefour en el primer piso

Cuando de pronto  mirando

A través del cristal de una tienda

Con rocas de caramelo

Vi y sentí una ladrona moldava

Con acento de Ja y Ju de Jumenta

Que me rozaba en todo tiempo

Dándome candela y matraca

Bien útil a la raza humana

Y a mi asinino plectro.

 

Colocando su mano en mi bragueta

Honras del Asno

Y acertando en tan sublime materia

Me dejó manosearle las tetas

O gloria mía¡

Procediendo al hurto de mi peruko

Un Rolex estilo Julio Iglesias

Para después hacerse la ofendida

En heróicos pollinales metros

Dejándome en masturbación sonora

Tan motejada

-Bien sé yo que las mujeres lo motejan-

Que retumba en el fondo de los mares

Deudores de desgracias

Y de este gruñido

Que en gracia pega.

 

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20º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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20º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXIV de la 2ª etapa/01-02-2012

 

EDITORIAL LXIV

La sociedad del espectáculo: el deporte

 

 

A nadie se le escapa que el deporte en general y el fútbol en particular se han convertido en fenómenos de masas. El espectáculo mediático se extiende a todo el planeta y los futbolistas son hoy los héroes globales conocidos en el más recóndito de los lugares. La liga española de fútbol se sigue por todas partes y el clásico Real Madrid – Club de Fútbol Barcelona se puede ver gracias a los medios de comunicación con verdadera pasión. Por su parte, los Juegos Olímpicos son un espectáculo que atrae la atención de millones de personas cada cuatro años y llegó a ser, en plena Guerra Fría, el escenario donde se exponían los dos modelos en liza.

 

No podemos negar que en el deporte es posible apreciar muchas de las características de los héroes clásicos: tenacidad, confianza en uno mismo, fidelidad hacia los correligionarios, nobleza, respeto por el contrario, generosidad, valentía. No sería descabellado convertir el deporte en objeto del arte y de la literatura, de hecho lo ha sido y lo será.

 

Sin embargo, el deporte se ha convertido, como todo en el capitalismo moderno, en un espectáculo, fuente además de inmensos ingresos. Y al final hay una saturación tal debido a que es imprescindible rentabilizar las inversiones que mucho nos tememos que acabe por hartar. Muchos de nosotros crecimos con las competencias futboleras de fin de semana mientras que ahora tenemos partidos día tras día, e incluso mañana y tarde, única manera de que la publicidad, puntal de los beneficios, permita afrontar lo gastado en jugadores por los que se pagan cantidades imposible de conseguir en dos o más vidas juntas. Los Juegos Olímpicas, por su parte, devienen en el reclamo de pingues beneficios especulativos, como bien lo saben ciudades como Barcelona, Los Ángeles o Río de Janeiro.

 

Madrid se ha lanzado a la carrera por conseguir los Juegos de 2020 y ya nadie se sorprende por ver grandes empresas participando del negocio. Como suele ocurrir en otras esferas, el arte se diluye cuando los juegos de artificios se vuelven más y más espectaculares, tal vez porque con éstos se intenta disimular la mediocridad de aquel, por mucho que nos quieran sorprender las marcas conseguidas. Mediocridad decimos porque el exceso de entrenamiento y la hiperespecialidad convierte al deportista más en una máquina que en un ser humano con rasgos heroicos. Y con ello se diluye lo artístico.

 

El deporte es también una expresión social que como el arte y la literatura beneficia a quien lo practica y deleita a quien lo contempla, pero embrutece cuando busca incorporarlo a un sistema basado en la búsqueda del beneficio desmesurado. Y duele que el capitalismo vuelva el deporte en algo pasivo y sin alma. Como la vida misma.

 

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ATENCIÓN AL CLIENTE

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Llamo a la realidad de tu sociedad anónima,

Señorita teleoperadora,

Pudieras ser señora resucitada hoy,

bruja, ángel, zafia, mujer casada en la rutina,

Pudieras ser la línea seria de mi verdad,

Pudieras ser una voz vacía más,

la dosis de opio en el que acurrucarte.

Usted me dice: Dígame su nombre,

solamente para dirigirme a usted,

la duda es siempre una pregunta,

la respuesta tiene siempre su gracia.

Me llamo Cecilio y estoy a dieta,

la dieta que conduce a la infeliz salud,

Dígame su DNI, su nombre y apellidos,

Le repito: soy Cecilio, ¿no me conoce aún?

Usted me dice: manténgase a la espera,

la eterna espera, sin el descanso,

espero al monótono hilo musical,

la musiquilla de juguete

que me diga: estoy ahí, aún no me he ido,

sin embargo, la espera es silencio,

el silencio es sorpresa, mudo silencio,

un largo silencio: ¿hay alguien ahí?

Me siento desangelado, solo, harapiento,

incomprendido y espero su regreso,

tarda y pesa la esperanza en el regreso,

La esperanza tiene su aquél,

Todas las chicas no son iguales,

Todas las teleoperadoras te harán esperar.

Las musas te reincorporan al lugar sagrado,

Si todas las musas fueran como tu esperanza

las teleoperadoras no me harían jamás esperar.

Las musas de ahora no son sofisticadas,

te señalan un camino en el eternamente beso,

en el beso ese, sin un triste final.

 

 

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Postnavidad

 

 

Las luces de Navidad seguían iluminando las calles, a pesar de que ya habían pasado algunos días desde su celebración y habíamos entrado en el nuevo año. Pero allí continuaban, aun cuando para la gran mayoría ya era un recuerdo, la última Navidad, apenas una sucesión de hechos repetidos año tras año, la cena de Nochevieja, los regalos, las reuniones familiares, los recelos disimulados, las conversaciones casi idénticas a las del año pasado, la imagen de la felicidad en los rostros, real en algunos y aparente en muchos. Disculpen mi tono sardónico, un tanto punzante sin quererlo del todo: no tengo buena opinión de la Navidad, a pesar de saber que hay gente que la disfruta, la entiende, le da un sentido. Para mí, ahora mismo, posee un fulgor triste. En realidad siempre lo tuvo, incluso cuando era niño y, sí, me gustaban los regalos, los esperaba, me entretenía escuchando la historia de Jesús, José y María, la adoración de los pastores y de los Magos, pero aun así no recuerdo que esos días me animaran mucho, más bien al contrario, entraba en no poca tristeza y cierta melancolía.

Ahora intento que no me afecte. Evito las aglomeraciones en los barrios principales, en las calles donde se concentran las tiendas, en las plazas, en los restaurantes y bares, en los cafés, evito por tanto a ese montón de gente que compra en los centros comerciales mientras que otro montón de gente, la que no tiene un chavo, la que no vemos salvo que seamos uno de ellos, lo mira todo con envidia y frustración, sin que las llamadas a la solidaridad sirvan de mucho, sin que nadie, esos días, recuerde que también hay que promocionar la justicia social, sea lo que sea eso (disculpen también el tono mitinero, pero a veces tampoco puedo evitar exaltarme con ciertos temas). Si no fuera la hermosa historia de Belén, porque es hermosa, yo así la encuentro, seguro que los centros comerciales inventarían algo en vez de apropiarse del mito cristiano. Pero me voy por las ramas, lo sé. Evito también las calles engalanadas con luces, me crean tristeza. Aunque me tienta, tampoco entro en ninguna iglesia. Una vez lo hice. Escuché los cánticos de una iglesia menonita, entré en ella y no puedo negar que me gustó lo que vi, pero luego, al salir, la realidad me devolvió a mi estado de ánimo.

Así que contemplar las luces aún encendidas en el centro, otra vez la dejadez del municipio que tal vez busca que se alargue el sentimiento navideño más allá de los días estrictos de celebración, me deprime. Había quedado con Susana en el Café Atlántico y pensé que el centro había recuperado la gris normalidad de una ciudad provinciana como la nuestra, pero no, allí seguían las lucecitas multicolor, los paisajes edulcorados de nieve y paz, las imágenes de niños sonrientes y felices, los deseos de felicidad y próspero año nuevo. Las avenidas y calles del centro, por otro lado, estaban repletas de personas que ya no caminaban con paquetes y bolsas, sino que habían recobrado la cotidianidad y avanzaban rápido sin mirarse, ajenas a su alrededor.

Yo me podía permitir fijarme en ciertos detalles. No estaba trabajando. El Ilustrísimo Decano había decidido apartarme de mi puesto de profesor de mitología y pensamiento durante un tiempo, debido, parece ser, a mi extraño comportamiento y a mi actitud, esto me lo dijo, poco constructiva con la Institución Académica. Cuando me soltó el discurso en su despacho no le dije nada, le escuché en realidad como si yo no estuviera allí o como si no hablara de mí y para mí.

– No tienes nada que decir -me preguntó al terminar de referirse a la decisión del claustro y sorprendido por mi silencio y porque ni siquiera parecía molestarme por todo lo que acababa de pronunciar.

– No -susurré indiferente.

En realidad hubiera tenido que decirle a ese fanfarrón muchas cosas, por lo menos soltarle el asco que me producía esa ajada Institución Académica que no tenía mucho sentido mantener y que él dirigía con la grandilocuencia estúpida de quienes creen que están realizando una encomiable labor. Pero me mantuve en silencio, convencido de que nada les molestaba más a esos inútiles que la indiferencia de quienes, como yo, estábamos convencidos de que ninguna resistencia tenía, a fecha de hoy, sentido y que lo mejor era que todo se pudriese.

– No te entiendo -volvió a la carga, tal vez para provocar una reacción en mí-, eres un buen profesor, todos los estudiantes que han pasado por tu clase lo afirman, podías llegar lejos, lo sabes.

Tentado estuve de replicarle. Por ejemplo, que los estudiantes que pasaban por mi clase iban a acabar trabajando, con suerte, de camareros porque en la sociedad actual carecía de prestigio e importancia los conocimientos humanísticos. Quieren esclavos, no intelectos críticos, so cretino, hubiera sido una respuesta digna, pero seguí en mis trece y al final, como no insistió, me levanté.

– Tengo que recoger mis cosas.

De eso ya habían pasado varios meses. Vivía de mis ahorros, que no eran muchos, y de algunas traducciones que conseguía en pequeñas editoriales. No mantuve contacto con ninguno de mis insignes colegas. Sólo Susana, una estudiante, me mantenía informado del estado de la Universidad, que avanzaba a pasos agigantados a su destrucción. Susana, por lo demás, poseía al menos un espíritu crítico que a mí me encandiló desde el primer día en que reparé en ella, cuando me bombardeó a preguntas inteligentes que indicaban que no se iba a conformar con meras explicaciones formales de los puntos del programa y que quería darle la vuelta a las cosas. Quedábamos con frecuencia y pronto me di cuenta de que era la única persona con quien trataba de verdad.

Cuando llegué al Café Atlántico, ella me estaba esperando. Me sonrió al verme entrar y levantó el brazo para indicarme donde estaba. Me senté frente a ella. Sonreía, pero advertí una cierta tristeza en su mirada. Será la Navidad, pensé. Sabía que a ella tampoco le gustaba esta época. Me contó las últimas noticias, todas lamentables, cómo no, de la sacra institución. Era irónica, incluso ácida, mi mejor alumna, consideré, al hablarme de los profesores y de sus vanos intentos de convencer a todos de que había un futuro. Calló y ambos miramos por la ventana las luces navideñas que todavía estaban allí enfrente, recordándonos las fechas recién finalizadas.

– Me han dado una beca -me espetó de pronto-, me voy a Berlín.

Seguí mirando hacia fuera. La gente pasaba, las luces encendidas iluminaban más la avenida. A esas alturas, ya apenas me hizo daño la punzada de realidad que me golpeaba de nuevo. ¿Cuántos días habían pasado desde la Navidad?¿Diez, doce, tal vez catorce? La vida sigue, pensé. La miré, sonreí.

– Eso es genial -le dije.

 

Juan A. Herrero Díez

 

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ENTRE  VACÍO Y PLENO

 

pacientes impacientes

maduran los ovarios del signo

 

nueva perla

en la arena de los días

y sus trabajos

 

el huevo semantema se con-vierte

en larva de poema

Rubén Vedovaldi

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UVA DE BOTELLON

 

Se dice que Cronos

y Rubens se lo imaginó divinamente pintado

engulló el falo de Urano

que  saltó primeramente al éter.

Del falo del rey primogénito

nacieron todos los dioses

y  diosas inmortales y felices

los ríos, los amables manantiales

y todo lo demás que entonces había nacido;

y el Quijote y Sancho,

pero él nació solo

chupando un racimo de uvas

de la Ribera del Duero.

 

Ahora nacemos chupándonos el dedo

y con una memocracia bajo el brazo.

No nos importa

la forma como se creó el mundo

ni cómo consiguieron los dioses

y los reyes su trono

que según la versión de Hesiodo y Homero

siempre fue castrando

y arrojando los testículos del contrario al mar.

De los genitales de Urano nació Afrodita

por ejemplo.

Y en la leyenda hitita

Kumarbu padre de los dioses persigue

y vence a Anu

que a su vez  vence a Alalu

primer rey del cielo

y va y le arranca los genitales de un mordisco

y se los traga.

De este atragantamiento

se queda preñado de Zeus

y le escupe fecundando la tierra

sobre todo tierra con planteles de uva.

 

¡ Zeus, el primer hombre-dios

preñado del Universo mundial¡

traqueteante de su pensamiento

que le devuelve irrisorio

y lo manosea

y lo dilacera salvajemente

sin ocuparse del “yo”

sin percibirlo.

 

 

Daniel de Cullá

 

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POEMA Y TEXTO INFORMATIVO

Por María Isabel Bugnon

 

¡Caballero del Amanecer!

Me da la impresión que llevas
en  tu corazón la soledad del amor.
Tu mirada un poco triste.
La sonrisa es solo una mueca,
en ese rostro en el cual
se dedisbuja la nostalgia.
En las mañanas te siento presente,
te imagino hilvanando sueños,
que dejas plasmados en tinta de luz.
¡Caballero del Amanecer!
No conozco mucho de ti,
ni la magia que envuelve tu soledad,
la mueca dulce de tu sonrisa,
ni los secretos de tu corazón.
¿Caballero del Amanecer!
En mi vuelo de Mariposa,
deseo unir mis versos
y tus historias.
Fundir mis manos entre las tuyas
y así expresarte mi cariño.
¡Caballero del Amanecer!

 

***

 

La poesía y la Paz

 

El 21 de septiembre  se ha declarado el día “Mundial de la Paz”,

una palabra  que ha definimos como un estado  de tranquilidad, sosiego, quietud, etc.

Paz es una palabra que encierra  muchas situaciones, Paz no es solamente  el final de una guerra,

largar  al aire globos y palomas blancas  cada 21 de septiembre.

Tenemos que enseñarles a nuestros hijos  con hechos y ejemplos  transitar los caminos de la paz.

La Paz del alma y el corazón, la  paz de los sentimientos, si  a la familia,

a  la salud, a la poesía, si  a la educación que es la base primordial de la paz,

la Paz la construiremos todos  juntos, todos  los días de nuestras vidas,

sembrando  el amor, cambiando  un arma por una poesía, el mal humor por una sonrisa,

una  bofetada  por una caricia, un exabrupto  por un beso.

Los invito a unirnos  en la poesía por la Paz en el Mundo.

MARIA ISABEL BUGNON.

ghostsantafe@hotmail.com

DESDE ARGENTINA

 

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CUENTO DE NAVIDAD CON ESPECIAL DE NOCHE-VIEJA Y ANUNCIO DE LA COCA-COLA

 

POR JOSÉ ICARIA

 

 

Estabas viendo el programa de fin de año del tipo ese de los cruz y raya (sí, ese que a veces hace genialidades, como lo de “si lo que quieren es que la juventud piense, lo están consiguiendo”, pero también chorradas inofensivas, como la mayoría de sus imitaciones de famosos, en fin, …como la vida misma, que diría tu cuñado), junto a una delegación de la familia de tu mujer, en casa de tus suegros, cuando de repente, has dejado de prestar atención a los gemelos psicópatas de tu cuñada, al imbécil de su marido, que luce unas ojeras increíbles y hace un rato lo oíste cuchichear con su hermano: “puede que tengamos problemas, hay que estar preparados para lo peor”, a las tetas de silicona de la nueva novia del mayor de tus sobrinos (“¿serán de las que no tienen garantía?”, te preguntas mientras imaginas un comienzo de año explosivo, con la detonación de uno de sus pechos en la doceava campanada: Afrodita A, ¡fuego de pecho!, pero desvías la mirada a tiempo de evitar su gesto de disgusto), al capullo ese con el que está saliendo otra de tus cuñadas: casi preferías al anterior, y eso que trabajaba en una inmobiliaria, pero ¿a qué coño se dedicará este? Se hace el simpático, pero se nota a la legua que carece de inteligencia tanto como de sensibilidad: ¿será policía, o simplemente portero de discoteca? Habrá que mantener las distancias. Y estabas pensando en fingir un ataque de apendicitis cuando de repente, algo que ocurría en la pantalla ha atraído poderosamente tu atención.

No era un gag más del cruzyrayo, ciertos detalles te parecieron particularmente familiares: tras lo que parecía ser una cámara subjetiva, entrabas en una especie de colmado, o quiosco, o tienda de chuches, y aprovechando un descuido del anciano dependiente, dejabas unos mecheros (¿mecheros?) en el dintel de la ventana, pero cuando salías de la tienda y dabas la vuelta a la esquina para recoger el objeto del hurto, una anciana que había dejado las agujas y el punto sobre una silla de enea, te miraba un momento mientras guardaba los mecheros en el bolsillo de su bata: “desde luego, qué poca vergüenza, robar a unos ancianos”, y pasabas compungido junto a ella, mirando innecesariamente el reloj para disimular… Luego, apedreabas unos vehículos creyendo que eran los de tus profesores de egb, y al cabo de un rato, te cruzabas con unas personas muy amables que te preguntaban si habías visto a alguien, o si podías imaginar el motivo, eran nuevas por aquí, y respondías que no tenías ni idea, y que también estabas de paso… Y por último, veías alejarse el camión de la basura, y uno de los basureros que iban agarrados a la parte trasera, llevaba una minifalda sin nada debajo y se le veía parte del escroto, y no pensabas en la ironía de la perspectiva pornográfica, sino que a tu mente venía una frase: “ha llegado el momento de echarle cojones”, y entonces escupías un trozo de mazapán sobre la mesa:

– ¡Coño!, pero… ¿qué es lo que pasa? ¡He soñado eso esta semana! -y una rápida ojeada te muestra a toda la familia congelada, como si su miembros asistieran a la última cena, o posaran en el museo de cera.- Pero… ¡¿qué cojones?!

Pero ya aparecen las imágenes -distribuidas por wikileaks- de militares disparando a civiles desde un helicóptero Apache en Irak; de Bin Laden y Gadafi muertos; de restos humanos en una mezquita suní de Bagdad como consecuencia de un atentado suicida; de campos de cultivo de opio en Afganistán; de yuppies de Wall Street esnifando cocaína en la suntuosa habitación de un prostíbulo de lujo con prostituta vestida de policía al fondo; de reuniones de consejos de administración celebrando los beneficios y a continuación, decidiendo la cifra de empleados que despedirían; del vendedor de fruta Mohamed Bouaziziz, rociándose con cinco litros de gasolina y prendiéndose fuego después de que la policía le decomisara su mercancía y lo golpeara; del ejército abriendo fuego sobre la población civil en Siria, Egipto, Libia, Yemen, Israel; de campamentos de refugiados en el Sáhara, en Tinduf, en Senegal…; de niños con los buches hinchados arrastrándose por el suelo mientras aguardan la muerte en un campo de refugiados en Somalia; de líderes europeos y norteamericanos vendiendo sucesivamente armas a las dos partes del conflicto libio; de especuladores masturbándose con vídeos pornográficos al tiempo que consultan sus ganancias en bolsa; de políticos que hablan de recortes mientras se suben el sueldo, o perciben dietas vitalicias al tiempo que desempeñan cargos altamente remunerados en empresas que privatizaron, o que perciben sueldos de una cantidad imposible de empleos; o de banqueros de dientes afilados que se lucraron con la burbuja inmobiliaria y ahora amenazan el llamado Estado de Bienestar con tal de seguir acumulando beneficios;  de policías aporreando a manifestantes del 15 M: “¡más madera!,  en cuanto los pongan un “poco finos” se les termina la tontería, si no, al tiempo”, leemos en un foro de internet…

La mayoría de los comensales ha vuelto lentamente a la langosta y a la jarra de vino turbio, pero permanece expectante ante el inusitado baño de realidad sin pre-aviso televisivo. “¿Qué ha sido eso?”, ha dicho -con apenas un hilo de voz- la cuñadita que menos come (de hecho, la anorexia la tiene contra las cuerdas, y dudas de que el año siguiente se mantenga aún con vida). “Esto es despreciable”, dice su hermana, que tiene, en cambio, una cierta propensión a la obesidad: “en estas fechas hay que poner cosas alegres”. “Sí, ¿por qué no cambias de cadena?”, dice la madre, una anciana que ha sido muy guapa de joven, y ahora suple los estragos de la edad con el brillo de una quincallería pesada y ostentosa. Los gemelos psicópatas se han golpeado recíprocamente con un plato y una bandeja en la cabeza y las costillas: uno de ellos se ha echado a llorar y el otro a reír; el que llora te ha dado una patada en la espinilla al pasar junto a ti: “¡hijode…!”, has reprimido in extremis.

– Pero, ¿por qué no cambia?

– Sí, eso, ¿qué coño pasa?

– No, es que todas las cadenas ponen lo mismo.

– ¡Pues párala!

– ¡Ya lo intento, pero no se deja!

– ¡¿Cómo que no se deja?!

Y de repente, todo el mundo enmudeció –incluso los gemelos psicópatas– nuevamente: en la pantalla aparecía, como si tal cosa, el novio garrulo de tu cuñada, visto  a través de lo que parecía ser una cámara oculta. Se dedicaba a dar palizas a los borrachos de última hora en las carpas de su localidad; tenía una esvástica tatuada en el hombro, y consumía el dinero de su tarjeta en interminables noches de puticlubs y afterhours. “Pero ¿qué…?” había empezado a decir tu cuñada; “bueno, yo me najo, familia, que tengo prisa…” El portazo apenas te había distraído de la pantalla, donde ahora aparecían tus cuñados “emprendedores”: defraudaban dinero a hacienda y, al parecer, un inspector que había descubierto lo de los premios de la lotería los estaba chantajeando: “tienen que comprender, con los recortes, apenas nos alcanza, y el niño, ha empezado ya la universidad…” En cuanto a la anoréxica, no tardó en saberse el complot que había organizado en la oficina para hacerle la vida imposible a una nueva: no sólo era más guapa que ella, sino que, además, sabía inglés. “Vaya con la seca”, había soltado una de las cuñadas. Que, precisamente fue la siguiente en aparecer en pantalla… escondiendo grandes cantidades de dinero negro tras un agujero practicado detrás de la leñera de la chimenea. Por lo que respecta a los suegros, pudimos verlos contratando a unos macarras para que acosaran a la pobre Angustias, una anciana que permanecía en un bloque de su propiedad, con un contrato de alquiler de renta antigua… La Gemma, fingiendo un suicidio para llamar la atención de su marido, que, de paso, se entendía con una vecina… Se supo, incluso, que los gemelos habían sido inseminados con esperma de un estudiante de veterinaria, puesto que el padre era estéril, como también lo era uno de los primos del pueblo que había venido a visitaros: había sabido la noticia después de comprar el monovolumen de rigor. Una cuestión de mala suerte…

– Pues, parece que el año que viene se presenta difícil, ¿eh?

– ¡Vaya! –respondió tu cuñado (uno de los emprendedores), aspirando el humo del pitillo mientras le dabas fuego de un mechero muy parecido al de la primera escena. En la tele estaban dando ese maravilloso anuncio de la Coca-Cola que suelta perlas como: “¿No es maravilloso que, pese a la burbuja inmobiliaria, en Teruel regalen una casa a quienes se decidan a regentar el bar del pueblo?”

 

 

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Charles Buenos Aires

Por Irene Mercedes Aguirre

 

¡De tantos genes se nutrió tu vida

desde que abriste tu perenne canto!

¡Charles de Francia, Carlos  Buenos Aires

voz de Toulouse, voz gestada en llanto!

Bagaje antiguo que te delineaba

ese  pequeño cuerpo palpitante.

Fuerza y ternura de la gente aquella

que te imprimió su sello trashumante.

Con el   zorzal que maduró en tu boca

de  melodioso  trino, apareciste,

la Francia  atrás, el Plata hacia adelante

entre los brazos de tu madre triste.

Llegaste, Charles, a este Buenos Aires

y te adaptaste  al arrabal porteño

con tu mirada de purrete galo

y de él te hiciste su señor y dueño.

 

Le diste al alma popular lo eterno

porque tú eras universo y mundo

que derrochaba sus herencias francas

como equipaje inmaterial fecundo.

Te caminaste todo, calle a calle

por  esos  barrios de farol y esquina

y entre las barras orilleras bravas

se oyó  tu voz profunda, cristalina.

Nos modulaste, luz de trovadores,

Tangos, milongas, valses y tonadas

¡Nos ayudaste a SER, payador gringo,

Carlos de aquí pero Charles de Francia!

Y al recordarte noto tu vigencia

de  noble acento,   con compás de tango

tejido en arrabales y miseria

¡que difundió en el mundo su alto rango!

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 “APRETÁNDOME EL ALMA”

 

Siete de la mañana de un día cualquiera, me desperezo después de un sueño por demás intranquilo y no es para menos, las próximas horas serán sin duda alguna definitorias de muchas preguntas y dudas, el temor más grande es que existen infinitas probabilidades que la mayoría de ellas: QUEDEN EN LA NEBULOSA…SIN RESPUESTAS.

La languidez que siento en el estómago , es típico del preludio de algo importante por suceder , por eso mi intranquilidad sube a medida que pasan las horas.

Los pormenores que desembocaron en esta situación, no dejará de llamar la atención a muchos, pensando con razón que lo mío puede deberse a varias cosas :QUE ME ESTÁ PATINANDO EL EMBRAGUE, QUE NO ENTIENDO LO QUE ME SUCEDE, O QUE SIMPLEMENTE LA VIDA ME ESTÁ PASANDO ALEGREMENTE POR ENCIMA, ¿la verdad?…NINGUNA DE LAS TRES SITUACIONES ME LLENAN DE ORGULLO.

Con mucho miedo me voy al encuentro de una cita emocionante, en un lugar cualquiera, de un barrio imaginario…o no, me está esperando ni más ni menos que MI NOSTALGIA, TENGO TANTAS PREGUNTAS PARA HACERLE.

Mientras me dirigía a ese sitio comencé a replantearme un montón de cosas, en primer lugar: COMO IBA A COMENZAR MI INDAGACIÓN.

¿Tal vez preguntando donde había quedado mi inocencia? y algo más importante aún, SI HABÍA SERVIDO PARA ALGO, a continuación averiguaría que fue de la historia de MI PRIMER AMOR…Y SI ALGUNA VEZ SE ACORDÓ DE MI.

También le rogaría alguna noticia de aquella…MI MAESTRA BUENA, LA DE PRIMER GRADO, QUE CON SU BONDAD Y PACIENCIA HICIERA QUE MUCHAS VECES ME EQUIVOCARA…¡ Y LE DIJERA MAMÁ!.

No dejaría de preguntar si acaso por una casualidad sabe algo de las promesas, que joven aún me hicieron con respecto a “UN MUNDO JUSTO”, CON OPORTUNIDADES PARA TODOS Y SIN DISCRIMINACIONES Y DE ESA VIEJA CANTINELA… QUE CON UN POCO DE ESFUERZO VERÍA CORONADO MIS DESEOS DE ¡ GANARME UN VENTUROSO PORVENIR!.

Mientras pensaba en todo esto mis pasos iban a la deriva, parecía que no obedecían a ningún control, al rato se fue clarificando la nebulosa en que se había convertido mi mente, fruto de mis profundas elucubraciones y en ese preciso instante fue que escuché una voz, que en tono de reproche me decía: OTRA VEZ TE DEJASTE VENCER POR LAS UTOPÍAS.

YO NO BEBO, PERO ME DIRIGÍ AL PRIMER BAR QUE ENCONTRÉ…

PARA MAREARME CON UN PAR DE COPAS….

NECESITABA IMPERIOSAMENTE..

PENSAR EN OTRA COSA.

Boris Gold

 

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Alguna vez haré
el poema más hermoso,
el mismo que no podrá
ser comentado por ninguno;
no habrá en él
esencias ni proclamas,
será simplemente
aquel poema
que no diga nada
y diga todo.
A veces llego a la mitad
y me vuelvo,
pareciera venirse
la noche en cada letra,
es como si la vida
se acabara
a cada instante
y renaciera
una nueva existencia
desde la nada.
Alguna vez haré
el poema más hermoso,
hará furor
entre los más
grandes poetas
de la historia.
Quizás sea la suma
de todos ellos.
Los poetas son
mi alimento de cada día
y en esos nutrientes
capto yo la misma esencia,
cada presencia
se eleva ante mi
apasionada.
Alguna vez
los poetas vendrán a mí,
vendrán los vivos
y aquellos que ya no están;
aparecerán por cada rincón
de mi intelecto
como diciendo
cada uno un verso nuevo.
Será el poema
más hermoso
porque no será solo mío
habrá miles de poetas
en mi memoria,
de allí saldrán
las más cálidas odas
de la existencia.
Serán como faroles
encendidos entre la noche,
marcarán los caminos
más oscuros
entre las sombras
y en medio de las tinieblas
la claridad se hará presente.
Alguna vez serán
todos los poetas
los que hablen juntos
y yo simplemente contaré
sus secretos y sus memorias.
Habrá poetas tan viejos
como el destino
habrá nuevos poetas
que aún no nacen,
será la misma eternidad
presente en cada uno,
de ellos nacerá sin duda alguna
un flamante signo de victoria.
 
CARLOS A. BADARACCO
14/12/11
(DERECHOS RESERVADOS)
REGISTRADO EN safeCREATIVE

 

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SONETOS DE RODOLFO LEIRO

 

EL POETA

 

El Poeta es la arteria independiente,

que está ajeno a la usual anatomía,

no figura en catálogos o en guía

ni en la mitra, la secta o el tridente;

es un foro de música esplendente

que nutren fogariles de energía,

es el cauce glorioso de la estría,

es el verbo, la mística,  pendiente

de un glosario de lírica turgente

erupción de nectario sugerente

que proviene del sol de la utopía,

se dibuja en la rima coincidente,

en la gloria sublime de tu mente

y en mi pálpito vital de cada día..

construido a las 16,22 del

26 de diciembre de 2011-12-26 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro.

***

 

CAMINATA

 

Era una rubia tarde de febrero

caminando al azar, como un poseso,

tentando una mirada, acaso un beso,

que ofrecen ciertas damas al torero;

no estaba aquella Luna de alfarero

que supo ser recreo en mi receso,

una especie de guía, en el proceso

de mi bardo profeta del sendero;

y concluyó mi tarde, sin “te quiero”,

sin abrazo, sin suerte, un arponero

que retorna a su casa sin su presa,

y me senté a escribir, flaco rimero,

en esta mesa pobre, un utilero

hurgando un carmín rojo que te besa..

construido a las 8,23 del

1 de enero de 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

 

***

 

DOS LUNAS

 

Mi Luna,  sumergida en la laguna

donde brincan los peces su contento.

va forjando en la ola un sentimiento

que el viento desparrama tras la duna,

desde el otero inquieto de mi tuna

indago en el profundo firmamento

y la veo a mi Luna, en un intento

para rolar su efigie en mi fortuna:

es que tengo acaso yo una Luna

que gira en el espacio, inoportuna,

mientras otra sonríe desde el lago;

y entre los dos dibujos me someto

a dos damas que llenan mi soneto.

¡Un beso que con otro beso pago!

Construido a las 12,17 del

1 de diciembre del 2012-01-01 para mi libro

“Conversando con la Luna”

Rodolfo Leiro

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                 ANTOLOGÍA     “DE QUENAS Y BANDONEONES”

 

AUTORA: ELSA SOLÍS MOLINA

 

 

1          CREO

 

A LAS TRES DE LA MAÑANA, ¡ESTÁ TAN ALTA LA LUNA…!

ESPLENDOR INMACULADO, CUAL EL DE UN NIÑO EN SU CUNA

TODOS LOS ÁNGELES DANZAN, ALREDEDOR DE SUS LUCES

ELLA REINA EN LAS TINIEBLAS, BESA, ENAMORA Y SEDUCE.

 

SU REINADO ES EN LAS SOMBRAS, SUS CLARIDADES ESPARCE

SÍNTESIS FIEL QUE NO ESTORBA, AL MAR, QUE ENTRE SOMBRAS, YACE

CIELO, MAR Y LUNA LLENA, EN ORDEN QUE DESDE EL FONDO

DE LOS TIEMPOS SE ACOMPAÑAN, EQUILIBRIO FIEL DEL COSMOS.

 

QUE FORMAN ESA MARAÑA, DE INACCESIBLES MISTERIOS

DE ESPLENDOR EN LAS MAÑANAS, DE CLAMORES Y SILENCIOS

ELLA TIENE LAS RESPUESTAS, JUNTO CON SOLES Y FLORES

NO HAY QUE DUDAR MÁS,  ES ÉSTA… LA RAZÓN DE LAS RAZONES.

 

DE LA CREACIÓN INMENSA, DEL AMOR LA LUZ, LOS MARES

DE LA INENARRABLE ESENCIA, DE UN PRINCIPIO DE COLORES,

DE LA CREACIÓN ETERNA, EQUILIBRIO, ROCAS, SALES…..

TODO DENTRO DE UN ESPACIO, TAN PLENO DE LUZ Y AMORES.

 

 

2      EL MOMENTO

 

CUANDO TUS OJOS REHUYEN MI MIRADA

Y LA SOMBRA DEL HASTÍO ESCONDE

EL DOLOR DE MIRARNOS NUEVAMENTE,

CUANDO NUESTRA ALEGRÍA ES TEDIO

Y LA SANGRE SE MUERE EN EL ABRAZO

Y LAS CUERDAS DEL ALMA SE SILENCIAN…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO EN UN VUELO DE TUS PÁRPADOS

ME OCULTAS, EL FONDO DE TUS SUEÑOS

Y EL AMOR, EN LÁGRIMAS SE PIERDE,

CUANDO YA EL SOL NO ES NUESTRO ABRIGO

NI COMPARTIMOS LAS ESTRELLAS

NI ME ILUSIONA TU CAMINO…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

CUANDO LA ESPERA ES INDIFERENCIA

Y NECESITO BUSCAR EN LO PROFUNDO

Y REVIVIR EL AMOR DE LO PASADO…

CUANDO HAY QUE INVENTAR TODOS LOS DÍAS

EN UN ROMPECABEZA  INCOMPRENSIBLE

COMO DESEAR Y AMAR TU COMPAÑÍA…

…ES EL MOMENTO DEL ADIÓS.

 

 

3        ¿QUEDARÁ ALGO?

 

¿ALGO QUEDARÁ FLOTANDO

COMO UNIVERSAL FRAGMENTO,

EN CIELOS SUAVES, LEJANOS

CON IGNORADOS SECRETOS…

O PERDIDOS, DESARMADOS,

VIAJARÁN LEJOS, MUY LEJOS…?

¿DE ALGO SERVIRÁN POEMAS,

INSPIRADOS SIN LAMENTOS

PARA AGREGAR A LA NADA

E INTERPRETAR SENTIMIENTOS

COMO PIEDRA QUE INTERRUMPE

LA QUIETUD DEL LAGO TERSO…?

ES POEMA INTRASCENDENTE

QUERERLE CONTAR AL MUNDO

CON INÚTIL ARGUMENTO,

LA ADMIRACIÓN Y EL SENTIDO

DEL AMOR Y EL SENTIMIENTO

DE LA PASIÓN Y EL OLVIDO.

 

 

4    SIMBIOSIS

 

MI INTIMIDAD CON LA TRISTEZA ES TANTA

QUE SÓLO LOS COLORES LA INTERPRETAN

QUE LA NOCHE Y EL VIENTO NO SE ESPANTAN

QUE LAS RAMAS Y EL SOL, TAMBIÉN LA ACEPTAN

 

ESA AUSENCIA DE RUIDOS QUE PENETRA

LOS UMBRÍOS FOLLAJES DE LAS SOMBRAS

QUE DETRÁS DE LOS PÁRPADOS INVENTAN

SILUETAS IMPRECISAS, MARES, OLAS…

 

ESE DORADO PÚRPURA, AZULADO

QUE JUEGA POR LOS TECHOS,  EN LA NOCHE

CUANDO EL INSOMNIO CREADOR Y ALADO

DESCUBRE ENTRE LAS SOMBRAS, LAS RAZONES

 

DESMEMBRA EL ARCO IRIS Y RECREA

SUEÑOS DISPARATADOS DE LOS GRILLOS

HABITANTES IGNOTOS DE MALEZAS

SUBMUNDO DEL AFÁN, LA PAZ, EL SINO

 

SILENCIO QUE ACARICIA LOS OÍDOS

QUE DEJA AL ALMA, DESVALIDA Y SOLA

Y SE PIERDE EN LAS HOJAS Y EN LOS NIDOS

MIENTRAS SE DUERMEN LAS PALOMAS.

 

 

5         LA HISTORIA ETERNA

 

MUNDO DE NOTICIAS, GUERRAS…TUMULTUOSAS MAREJADAS
DE ALARIDOS QUE LOS SUEÑOS PERDIERON EN MADRUGADA.

¿DONDE SE FUE LA ESPERANZA Y AQUEL SOL DE LA MAÑANA?
YA SOLO ESCUCHAS LAMENTOS Y EL ESTRUENDO Y LA METRALLA.

 

MIRANDO VIVIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR SUFRIMOS
A LOS NIÑOS MUTILADOS Y HORIZONTES PURPURINOS…

¡LA MIRADA HORRORIZADA, EL ALMA DE SAL, SENTIMOS!
MIRANDO MORIR QUEDAMOS, MIRANDO MORIR, MORIMOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS VIVEN, ANHELOS ESPERANZADOS
OCULTA EN PARPADOS TIBIOS, MIEDO, FERVOR ENLAZADOS

FUERZA, COLOR Y MAÑANAS, SUEÑOS DE PAZ ANHELADOS
ENSOÑACIÓN, SOL, AMORES EN PROYECTOS AMARRADOS.

 

DETRÁS DE LOS OJOS MUERE LA ESPERANZA MUTILADA
TIERRA DESESPERANZADA, TIERRA YERTA Y ARRASADA,

OJOS APRETADOS SUEÑAN, EL DESEO DE UN MAÑANA
LAGRIMAS DE SAL OCULTAN, LA ANSIEDAD DESESPERADA.

 

SÓLO LA VIDA EN ETERNA EXPLOSIÓN VALIENTE, RETA
A GUIJARROS Y DESIERTOS, PIEDRAS, RAÍCES Y ARENA…

RODEANDO TRONCOS Y GRIETAS, SUBIENDO POR LAS LADERAS
PARA SURGIR EN LAS SOMBRAS, VIDA LATENTE Y PERPETUA…

 

VIDA SURGENTE, EXPLOSIVA, EN CONJUNTO CON LA TIERRA
GARANTIZANDO LA VIDA, ECLOSIONA CON LA HIEDRA,

EN ROSADAS HOJAS NUEVAS, EN PÉTALOS DE AZUCENAS
UN NUEVO CICLO Y COLORES, PARA GANARLE A LA GUERRA…

 

 

 

6   MEDITACIONES

 

SÓLO SÉ QUE HOY ESTOY VIVA, QUE NO SE ME HA NEGADO

VER EL SOL, QUE LOS MIEDOS SUBSISTEN, PERO, LA VIDA ES MÁS FUERTE.

NI SIQUIERA ENTIENDO ESTA NECESIDAD DE EXPRESIÓN,

ESTA ADMIRACIÓN POR ASISTIR DIARIAMENTE A LA EXPLOSIÓN

DE VIDAS HUMANAS, ANIMALES, VEGETALES…

 

¿QUE ES LO QUE GARANTIZA LA SUBSISTENCIA E INCLUSO

NUEVAS FORMAS DE INNEGABLES EXISTENCIAS QUE REPTAN

ESCONDIDAS GARANTIZANDO SU ESPECIE?

LA TIERRA NO NECESITA MÁS QUE UNA PIZCA DE HUMEDAD,

UN HÁLITO DEL SOPLO DE OXÍGENO, UNA MIRADA ESPERANZADA,

PARA REGALAR, UN ENTREABIERTO

CAROZO, CUIDANDO, ACUNANDO ESA ÍNFIMA E INDEFENSA ,

ROSADA Y TRANSPARENTE HOJUELA TEMBLOROSA QUE BUSCA EL SOL…

NUESTRO CANSADO PERO INVENCIBLE DESEO DE VIVIR,

IGNORA, QUE CASI SIEMPRE, ES UN LATIDO,

RENUNCIANDO A EXISTIR, LO QUE DETERMINA EL FIN….

¿O UN NUEVO COMENZAR?

 

 

7         AMANECER

MIS SENTIDOS LLENOS DEL COLOR Y EL PERFUME DE LAS FLORES,

EL ÍMPETU DE LOS CIELOS TUMULTUOSOS

Y EL ROSTRO BESADO POR LAS BRISAS MARINAS, INCENTIVAN

EL DESEO DE SEGUIR TRANSITANDO TANTA BELLEZA…

HASTA LAS MADRUGADAS SOLITARIAS, APORTAN LA BELLEZA

INCOMPARABLE DEL SILENCIO, CUANDO ALLÍ ABAJO,

LAS FAROLAS DE GAUDÍ, ILUMINAN ROSTROS DESCONOCIDOS.

EL TUMULTO DE UNA CIUDAD QUE DESPIERTA,

DEVUELVE LOS SONIDOS COTIDIANOS Y EL IGNOTO OBSERVADOR

EN LAS PLAYAS SE DESPIDE DE ESA LUNA INDECISA

QUE DUDA EN VOLVER A LAS SOMBRAS INSONDABLES…….

Y CUANDO EL SOL IRRUMPE ENTRE CIELOS ANARANJADOS Y PALOMAS

AJENAS A LA IMPOTENCIA DE SOBREVIVIR,

BUSCAN CONFIADAMENTE UN SUSTENTO GRATUITO…..

OTRO INCOMPRENSIBLE Y ANSIADO MECANISMO COMIENZA:
¡EL SER TESTIGOS DE UN NUEVO DÍA!

 

 

 

 8    SOLEDAD

 

 

CUANDO LOS PÁJAROS NOCTURNOS ACOMPAÑAN
CUANDO EL SILENCIO SE ACOMODA EN LAS HENDIJAS
CUANDO EL VIENTO SE DESLIZA EN LAS MARAÑAS
Y LA LUNA PONE EN TRONCOS LUZ DE TIZA…

CUANDO EL INNATO TEMOR ESPARCE SALES
SOBRE HERIDAS QUE NO SE CIERRAN NUNCA
CUANDO RENACEN LOS MIEDOS ANCESTRALES
Y EN EL ALMA LAS PENAS NO SE OCULTAN.

CUANDO EL MENSAJE LLEGA SIN PALABRAS
CUANDO TODO SE ENTIENDE DE REPENTE
Y LA VERDAD VIENE SOLA, SIN CAMPANAS
Y ALLÍ DESCUBRES EL EQUILIBRIO, EL EJE

CUANDO EL MIEDO TE INVADE LAS ENTRAÑAS
Y LAS SOMBRAS SEMEJAN OJOS, SOMBRAS
Y EL SILENCIO, TRASCIENDE LAS PALABRAS
Y MÚSICAS LEJANAS NO TE ASOMBRAN…

HA LLEGADO LA MUERTE, ¡TE APRISIONA!
PORQUE EL ALMA SIN EXPECTATIVAS
NO QUIERE YA EXISTIR, AUNQUE SU ENTORNO
SEAN VENAS Y SANGRE, PALPITAR Y VIDA….

YA NO INDAGUES LOS MISTERIOS DE LA MUERTE
YA NO INCREPES, IMAGINES O INVESTIGUES
EL FINAL…ES CUANDO EL ALMA SE CONVIERTE
POR SOLEDAD, EN DESPOJO INERTE…¡Y VIVE!

 

 

 

9  LOS MALVONES MUERTOS

TE ENVÍO CALLEJUELAS SOLITARIAS

DESDE ESTA BARCELONA DONDE NIEVA
TE ENVÍO LOS MALVONES EN BALCONES,

QUE ASOMBRADOS, RECLINAN SU CABEZA,
Y MUSTIOS MIRAN AL MARZO QUE SE OLVIDA,

QUE CON ÉL, VENÍA LA PRIMAVERA
Y QUE MÁS TARDE O MÁS TEMPRANO HABÍA,

PIMPOLLOS Y VERDOR EN LAS MACETAS

ES EN ESTE MOMENTO QUE TE ESCRIBO,

DESDE LA ORILLA DEL MEDITERRÁNEO
ES AHORA MISMO CUANDO YO TE DIGO,

QUE DE VERDE EL CHAROL, SE PUSO BLANCO
ESTE ES UN FRÍO QUE ROE LAS ENTRAÑAS,

Y EL CORAZÓN, SE SIENTE SOLITARIO…
Y LA CAPA DE NIEVE Y LA TRISTEZA,

Y EL DOLOR Y EL RECUERDO… ¡DURAN TANTO!

 

10      LA VENTANA

 

ESTA VENTANA COMPAÑERA AMABLE

DE AROMAS, MURMULLOS Y PREGONES

DE TARDES DE SOSIEGO INIGUALABLE

DE ROSAS Y CLAVELES EN BALCONES

ES UNA MUESTRA COMO UN ABANICO

DE TODA LA ALEGRÍA Y LOS DOLORES

DEL ESPLENDOR DEL SOL MUDO TESTIGO

DE AMORÍOS, SONRISAS Y COLORES.

 

VENTANAS DE CREPÚSCULOS EN SOLES

DEL PÚRPURA QUE YA TIÑE LA NOCHE,

PIADOSO VELO PARA EL MAL DE AMORES

VENTANA   FLORECIDA CON DERROCHE

LA CALLE OFRECE SOL Y CUERDAS

LA VENTANA, SOLO DA SILENCIO.

 

BAJEMOS A CANTAR LAS MUERTAS

COPLAS, HASTA EL AGOTAMIENTO:

“YA SOLO EL RECUERDO QUEDA….

QUE EN COPLAS TE CANTÉ UN DÍA

DEL AMOR QUE COMO VELA…

SÓLO EN MÍ…. FUEGO TENÍA“

 

 

11       ACORDES

 

LA SOMBRA EN EL PAPEL
INTERPELANDO A LA MÚSICA,

 

RAÍZ  DE LARGOS BRAZOS
VINIENDO DESDE EL FONDO DE LOS TIEMPOS,

 

AFLORANDO  Y FILTRÁNDOSE EN LAS ALGAS
INDEFENSAS, DE CEREBROS SENSIBLES.

EL AROMA DEL HUMUS INTERFIERE
EN RAYOS DE SOLES VESPERTINOS,

ENREDANDO  A LOS MÚSCULOS ABIERTOS
EN MILLONES DE CÉLULAS ABSORTAS.

 

 

 

 

 

12            CANTES DEL PATIO

 

LA VOZ DEL NIÑO QUE CANTA

RECIBE AL NIÑO QUE NACE

Y EL PATIO Y LA LUNA JUNTAN

LAS NOTAS Y LAS ESPARCEN.

 

PERO ELLAS BUSCAN DESTINO

Y APUNTAN AL ALMA ABIERTA

CUNA Y SEMILLA DEL SINO

DEL VERSO, EL ARTE Y LA CIENCIA.

 

LA LUNA ALTA QUE SE ESCONDE

TRAS NUBES DE MADRUGADA

AMPARAN NOTAS Y ACORDES,

QUE JUNTOS NACEN DEL ALMA

PALMAS, VOCES Y JALEOS.

 

GUITARRAS, CUERDAS QUE LLORAN

MIENTRAS NOSTALGIA Y RECUERDOS

MIRAN QUE LA LUNA ASOMA

QUIERO UNA NOCHE EN VERANO

Y UN CIELO LLENO DE ESTRELLAS.

 

LA MESA LARGA Y LAS MANOS

DIBUJANDO COPLAS BELLAS

GITANERÍA DE SIGLOS…

SANGRE CALIENTE QUE BROTA

EN BULERÍAS DE NIÑOS

QUE, CRECIERON CON SUS NOTAS.

 

 

 

 

13           MELODÍA IMPOSIBLE

 

LAS PLANTAS REGADAS, LOS PERROS DORMIDOS

LAS PUERTAS CERRADAS, LA NOCHE HA VENIDO

… CORTINAS AL VIENTO,JAZMÍN PERFUMADO

YA TODOS EN CASA, LA CALMA HA LLEGADO.

LA CASA ESTÁ LIMPIA, LA ROPA LAVADA

MI NIÑA HA LLEGADO, NO ME FALTA NADA

… LA TIERRA FRAGANTE, MIS MANOS DESCANSAN

MIS SUEÑOS ERRANTES, VUELAN, SUBEN, PASAN.

EL ESPACIO ES BREVE, PARA TANTOS SUEÑOS

PERO EL MUNDO INMENSO ME REGALA TIEMPO

… DESDE ESTE PEQUEÑO PAÍS DEL MISTERIO

RÍO, LLORO, VUELO, CON EL PENSAMIENTO.

¡CON QUE POCO EL CIELO, SE CUELA EN MI ALMA,

Y CON CUANTO ESMERO, LOS VIENTOS SE CALMAN!

SÓLO FALTA EL BESO DEL AMOR PERDIDO…

CUERDA TENSA, GRAVE, ROTA Y SIN SENTIDO.

14    CANTO DE SIRENA

EN EL CENTRO DEL CANTO CUAL SIRENA
SE ESCONDEN LAS PROMESAS ENGAÑOSAS
SE PERCIBEN LOS PERFUMES DE LAS ROSAS
QUE PREGONAN LA PAZ, SIENDO LA GUERRA.

LAS OLAS TRAEN CANTOS CONVINCENTES
ENSORDECEN, NUBLANDO PENSAMIENTOS
ATURDEN LA RAZÓN Y EL SENTIMIENTO
Y ENTRE SOMBRAS, SE ALEJAN… PERO VUELVEN.

INEVITABLE, CUAL ATROZ DESTINO.
INEXPLICABLE,  LOCO SIN SENTIDO
LOS CANTOS SE REPITEN SIN SOSIEGO

PORQUE LA HISTORIA VIEJA FUE Y VINO
REPITIENDO AMORES, MÚSICA Y CAMINO
Y EL CANTO CUMPLE SIN PIEDAD, SIN MIEDO.

 

 

 

 

15      REVANCHA

YA LA TARDE SE ESCONDE ENTRE LAS NUBES

QUE OCULTAN LAS NARANJAS DE LOS RAYOS

DE UN SOL QUE AÚN NO QUIERE DESPRENDERSE

DE AQUEL BELLO HORIZONTE ANARANJADO…

PARECIERA QUE ALLÁ EN LA LEJANÍA…, TAMBIÉN

EXISTEN GUERRAS ENTRE DUEÑOS

DE LOS ASTROS, LAS VIDAS Y LOS SUEÑOS,

LAS CANCIONES, LAS VIDAS Y LOS PÁRAMOS.

 

¡PODER, QUE DIRIGE A LAS MANADAS,

PODER QUE DISTRIBUYE LAS MISERIAS…!

¡PODER QUE NO PUEDE CON LOS VIENTOS,

NI CON MARES, NI TIERRAS ENLODADAS…!

¿QUÉ NUBE OSCURA QUE ENCEGUECE…

ENVILECE AL AVARICIOSO Y NECIO?

¿QUÉ AGUA RUIN, LE MIENTE QUE LO SACIA,

DEJÁNDOLO SEDIENTO EN EL DESIERTO?

 

¿SERÁ EL ESPEJISMO QUE LA LLUVIA,

EMPARENTADA CON SOLES Y SILENCIO…

OCULTA SUS RUINDADES E IGNOMINIAS,

A AQUELLOS DE CORAZONES MUERTOS?

¿SERÁ QUE YA ESTÁ CERCA LA JUSTICIA Y

PARA LOS SIN PALABRAS , EN SECRETO

YA VIENE CAMINANDO LA REVANCHA,

PUNTO FINAL A TANTO SUFRIMIENTO?

 

 

ELSA SOLÍS MOLINA

 

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15º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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15º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLIX de la 2ª etapa/01-09-2011

 

EDITORIAL LIX

Cultura y Religión en la sociedad del espectáculo

 

A estas alturas de la historia deberían estar claros algunos aspectos fundamentales de la convivencia en una sociedad y en un mundo plurales que siempre lo han sido, pero que ahora han ganado inmediatez. En casi todos los países del mundo existen minorías más o menos importantes, en algunos casos, incluso, los países los conforman varias minorías, constituyéndose en verdaderos crisoles lingüísticos, raciales, religiosos y culturales.

Cualquier país de América, por ejemplo, podría ser un modelo de lo que hablamos, quienes crucen sus ciudades o incluso, fuera de ellas, sus matos podrían ver distintas razas -blancos, negros, amerindios, orientales, hebreos, con sus correspondientes mezclas-, diferentes lenguas -español, francés, portugués, inglés, quechua, aymara y otras muchas de origen americano o que los antiguos emigrantes han llevado y sus descendientes, en muchos casos, han mantenido- y varias religiones -católicos, luteranos, presbiterianos, menonitas, judíos, musulmanes o ateos y agnósticos declarados-. Se da en América y se da también en los otros continentes.

La diferencia es un hecho, aunque vista la historia no podemos afirmar que sea un fenómeno pacífico. Sea porque las diferentes comunidades no han sabido y no saben convivir, sea porque el poder y el centralismo que caracteriza todo Estado busca la homogeneización de su población para controlarla mejor, podíamos analizar el pasado en función de las guerras, de las persecuciones o de las opresiones que algunas comunidades raciales, lingüísticas o religiosas han ejercido -y por desgracia ejercen- sobre otras.

La toma de conciencia de esta diversidad humana, su incorporación como paradigma en el análisis político y social, la asunción en la forma del Estado y en las leyes de los países de la pluralidad como elemento de convivencia y no de enfrentamiento han conducido a los países a procurar sistemas abiertos, donde el verdadero valor de la democracia se mida no sólo por el respeto de la opinión mayoritaria, sino por el tratamiento que se da a las minorías, sociedades que se dotan de normas de convivencia comunes a todas las comunidades religiosas, culturales o lingüísticas, siendo el propósito que ninguna se impusiera. De momento, no podemos alardear mucho de éxito.

Raza, lengua y religión intervienen, de un modo u otro en la cultura, salta a la vista que son en buena medida elementos que conforman nuestras identidades. Las razas se dividen en etnias, tribus, naciones, formas de clasificación de los seres humanos según vínculos de sangre y que se mezclan sin que podamos afirmar que haya existido nunca o exista hoy alguna raza “pura”, idea esta que nos resulta execrable en los casos extremos cuyos intentos de imposición, por desgracia, hemos conocido. ¿Qué decir del valor cultural de las lenguas, nosotros que escribimos en una de las muchas lenguas existentes en el mundo? Resulta obvio.

Las Religiones son más controvertidas, suponen diversos corpus de creencias que se pueden compartir o no, pero más allá de lo más inmediato que es la cuestión de la fe, algo personal, una vivencia que le pertenece a cada individuo, es innegable que han incidido en la cultura de la humanidad y han sido en muchos casos la materia de homogeneización de muchas sociedades. Un análisis sin duda interesantísimo fue el que llevó a cabo el poeta y pensador mexicano Octavio Paz en los primeros capítulos de su libro “Sor Juan Inés de la Cruz o las Trampas de la Fe”.

En este contexto de pluralidad religiosa mundial, este mes de Agosto el  Papa de Roma viajaba a Madrid para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud, un acto universal que la Iglesia Católica organiza cada dos años en diferentes ciudades del mundo y que este año le ha correspondido a la capital de España. De hecho, España es un buen ejemplo de Estado que se ha ido construyendo a base de un largo proceso de homogenización que ha conllevado no pocas y sangrientas campañas de rechazo al otro, al diferente, al minoritario, al disidente, proceso en el que Lengua, Etnia y Religión han sido instrumentos de(l) poder. A veces, por desgracia, demasiados afilados como instrumentos.

El actual Estado Español se empieza a construir en el siglo XV, con la culminación de ese largo periodo histórico que durante mucho tiempo se llamó Reconquista, un término nada inocente y que denota una mentalidad de rechazo a un pretendido ocupante musulmán que perduró en la península durante siete siglos. El proceso de unificación de los distintos reinos existentes en la Península Ibérica dio lugar a un Estado, España, del que sólo uno quedó excluido salvo por un pequeño periodo de tiempo, Portugal. En este largo proceso que podemos iniciar en 1492, la religión católica tuvo su importancia como conformador ideológico del Estado y ya en su mismo año de inicio se impuso con un acto que perseguía al diferente: la expulsión de los hebreos que no renunciaran a su fe para convertirse al cristianismo. Le siguió la expulsión de los moriscos -musulmanes que continuaron viviendo por un tiempo en el Reino de España-, la unificación del rito católico romano -que excluía los restos mozárabes que pudieran perdurar en Castilla o Aragón y al influyente erasmismo muy extendido en España, por ejemplo en Alcalá de Henares- y la persecución de los círculos protestantes -tan importantes en Sevilla o Valladolid-. España se conformaba como país católico y de lengua castellana.

El Catolicismo influyó en la cultura del país, es evidente e innegable, como innegable resulta la honestidad de muchos creyentes en su fe católica, aun cuando la religión católica haya sido una herramienta ideológica de unificación y de opresión. Pero también es cierto que España, como todos los países del mundo, ha conocido y conoce un proceso de aceptación de las minorías, que las tiene, algunas fruto de la migración, y de construcción de un modelo de Estado aconfesional en lo religioso, esto es, un Estado que no se decanta por ninguna religión oficial, como ocurrió en otros momentos de su historia, cuando España se declaraba Católica, Apostólica y Romana, y prohibía la manifestación de las otras religiones o del agnosticismo. Este proceso no ha sido fácil y no han sido pocos los enfrentamientos entre el Estado y la jerarquía Católica.

La visita del Papa esta vez se ha visto salpicada por una enorme protesta de sectores laicos que exigían una radical separación Estado-Iglesias y en la que han participado, además, no pocos católicos de base que criticaban abiertamente el acto de la Jornada Mundial de la Juventud por su carácter de espectáculo, muy al uso, por cierto, de esa cultura posmoderna y superficial que tanto critica la Iglesia. Por primera vez dichas protestas han sido importantes, dejando bien a las claras que algo se mueve en la sociedad.

Como decíamos al principio, a estas alturas de la historia debería quedar claro que existe una pluralidad que no ha de convertirse en motivo de enfrentamiento, sino de convivencia. La cultura precisa de variedad para prosperar, del intercambio de ideas, de valores, de debates. Para ello resulta imprescindible también que la sociedad se dote de normas y principios que no relativice las ideas, pero sí que respete a las personas que las defiendan, aun cuando podamos pensar que están equivocadas.

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UN BREVE HOMENAJE

Y UNA BREVE REFLEXIÓN

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TREMOL, TRÉMOLO,

TREMOLINA

 

A Manuel Molina Cortés, maestro y amigo.

 

No comprendo el porqué me dueles,

me dueles como un sol que derrotado

se rinde en la tierra sin previo aviso,

porque desde un tiempo hasta acá

te has rendido en tu soledad reseca,

en tu soledad de cáscara resuelta ya.

Tremol, trémolo, tremolina,

tu bonito recuerdo se me arremolina,

también tu vergel inconcluso de endrina,

y tu alto anaquel junto a mi esquina.

Eres exiliado, emigrante y andariego,

eres consejo y mano fraterna estrechada,

eres andaluz como la eterna salamandra,

eres mi amigo tardío entre el fragmento.

Tremol, trémolo, tremolina,

río quieto de mis presagios de sombra,

dulce nostalgia del tiempo volcado,

los consejos son dignos de quien los da,

y en tu cuaderno retienes Alejandrías,

fibra, ángulo y músculo precisado,

donde se acurrucan los otros tesoros.

Donde se desandan las teorías sin cabeza,

donde dormitan los porqués sin qué,

donde reposan las espigas recién segadas,

donde reside a un lado el grano necesario

y en otro lado la paja superflua y volátil.

¿Qué montón nos pesará más adentro?

¿Quién desgranará el trigo cuando sea oro?

Tremol, trémolo, tremolina.

***

UNA RAYA EN EL AMBIENTE

 

Existe una raya metafísica en el ambiente

que a todos nos amarra junto a la bondad,

una bondad obligada, pues cruzar la raya

aviva un abismo que retiene toda locura,

la locura excluyente de aquellos apartados,

la locura apartada germinando en lo extraño,

ya sé que te preguntas ¿porqué no cruzarla?

Y yo te digo ahora mismo que si así fuera

veríamos el caos saludando por las calles,

veríamos por ejemplo perros paseando al amo,

veríamos ancianas cortejando a prietos mozos,

veríamos los nudos atando el gesto desatado,

veríamos huellas tropezando al caminante,

veríamos suspiros desde fuera para adentro,

veríamos lágrimas que caen desde la alegría,

y eso no es malo, no, serían lágrimas obscenas

y sulfúreas en la cloaca del yo no siento nada.

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Sobre negros y blancos

 

Tendríais que haberlo visto: nos rebotamos todos. Se quedaron de una pieza cuando empezamos a salir de todas partes y les rodeamos y les preguntamos si no les daba vergüenza perseguir así a esa pobre gente que al fin y al cabo no hacían nada malo, que se buscaban la vida, como cualquiera de nosotros nos la habíamos buscado, incluido ellos mismos, que trabajaban en lo que trabajaban para ganarse los garbanzos y no había que avergonzarse por ello, todo lo contrario, había que tener la frente bien alta por ganarse la vida sin necesidad de abusar de nadie o de explotar a quien tiene necesidad de trabajar. Se lo dijimos así, tal cual, en plan bien, sabéis, sin insultarles ni decirles torturadores ni asesinos ni lo que se solía decir en situaciones parecidas y ellos, los policías, nos miraban atónitos por eso mismo, porque no los insultábamos, sino que hablábamos con ellos, intentábamos exponerles el motivo de nuestro enfado y nos explicábamos como podíamos para hacernos entender y ellos se miraban unos a otros preguntándose qué hacer, porque los mandos no decían nada y los agentes no sabían cómo reaccionar, no estaban preparados para tomar decisiones, ni siquiera para pensar por sí mismos y discernir situaciones, y hasta los negros, creo yo, se quedaron atónitos sin entender muy bien qué pasaba, viendo a los blancos discutir entre sí por razón de ellos, que de eso ya se daban cuenta, y además cada vez había más gente en la plaza, sobre todo alrededor del metro, y a cada persona que llegaba y se incorporaba a la discusión alguien le contaba lo que estaba pasando, que habían parado a los cuatro negros porque vendían gafas, pañuelos, bolsos o no sé qué más, todos de imitación, y los recién llegados entonces repetían argumentos, que vamos a ver, que al fin y al cabo los negros no hacían nada malo y que las marcas imitadas pues ni siquiera perdían nada de dinero, ni un solo duro, porque quienes les compraban a los negros no es que dejaran de comprar en las tiendas caras porque allí no iban a entrar nunca y porque los que compraban a los negros nunca podrían comprar unas gafas, pañuelos, bolsos o no sé qué más a precios desorbitados, que era el precio de las tiendas de lujo, absolutamente desorbitado, ni entrar podían, y que no era cierto por tanto que la prohibición fuera por un tema de competencia, más bien, imaginábamos, de impuestos, pues ya sabíamos que aquí no se podía comprar y vender sin la obligación de pagar los correspondientes impuestos, y vale, que visto así sí que había una parte de razón, pero al tiempo estaba el tema de que qué iban a hacer los negros si no podían pagar impuestos porque no tenían papeles, que ésta es otra, y los policías cada vez estaban más desubicados, que sí, que vale, que comprendían todo eso, no les quedó más remedio que dialogar con nosotros, y añadían que había una norma que cumplir y ellos tenían que hacerla cumplir y que no es que tuvieran nada contra los negros, que nada en absoluto, ni por negros ni por nada, pero que estábamos todos bajo las mismas leyes, que en eso estábamos todos de acuerdo, y que por eso mismo no se podía vender material de imitación y además sin permiso para vender y ya puestos sin permiso de trabajo o de residencia, y, cierto, ellos también tenían algo de razón, los policías, digo, pero lo importante era ser persona, como dijo la señora del moño, y tener consideración, y piedad y no sé qué más, y mientras tanto iba llegando más y más gente, hasta que la plaza se llenó del todo y empezaron a llenarse las calles adyacentes. Entonces los policías, porque se dieran cuenta de que llevaban las de perder o porque entendían lo que se les decía o vete a saber por qué, pues que se dirigieron a los negros y les dijeron que se podían marchar, y todos empezamos a aplaudir y aquello se volvió una fiesta, que teníais que haberlo visto, y los negros se marcharon entre la gente, sin acabar de entender nada, y todos les dábamos la mano y les felicitábamos y les animábamos y deseábamos suerte, y al final se marcharon por una calle, y salieron de aquella nube formaba por tantos blancos que habíamos salido de debajo de las piedras, y se alejaron y todos les vimos alejarse por la calle, y cuando desaparecieron por una esquina nos disolvimos y entonces los policías se quedaron solos en medio de la plaza, mirándose los unos a los otros desconcertados, mientras que los negros, ya lejos de la plaza, les vimos que avanzaban cejijuntos, reflexivos, como ajenos a todo, tal vez con la firme convicción de que realmente estos blancos estaban todos, pero absolutamente todos, locos de atar. Aunque eso sí, nos debían una.

Juan A. Herrero Díez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por José Icaria

(De su poemario Malestar en el paraíso)

LA PICADORA

-¡Oh, qué máquina tan prodigiosa: por un lado, arrojamos el mundo; por otro, sale éste –casi instantáneamente– cortado en porciones y fajado en flamantes billetes de 100 dólares.

***

 

Arranqué de mi pecho el corazón y lo ofrecí al mundo

Con un postrer esfuerzo,

arranqué de mi pecho el corazón

y lo ofrecí al mundo.

Y el mundo era un pez globo
que,

con indecible indolencia,

lo tomó, ajustó convenientemente

su lente
de joyero y, sin gran interés,

lo examinó desde diversos ángulos.

Después, meneando negativamente la cabeza,

volvió a depositarlo sobre mi pecho sangrante;

y se alejó de allí,

pensando tal vez en la familia,

en el trabajo, o quizá, en esos viajes,

esas fiestas, que no están al alcance de cualquiera.

***

 

 Ausente perforado

Ausente perforado

en tantos y tantos lugares mudo

recorrido

por sombras de antiguos pesares

Callada la noche

viene y gobierna

la vastedad de una sombra sin tregua

Cano el día

restalla

y rasga las telas sucesivas

(burdo escenario en la cruel tragicomedia)

donde pululan espectrales formas vivas

Cómo puede la ausencia volverse espacio,

volverse materia?

Yo camino y paso

a través de calles, a través de humanos

cuando mis miembros (insoportable lepra)

se separan y alzan y estallan

unos metros más arriba

hasta volverme puramente nada.

Pero, al día siguiente, despierto en mi cama intacto,

y con el alma vacía.

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POEMA DE BÁRBARA WALL De la O

(Entrevista a esta autora publicada en NELG)

 

Otra vez

 

Vil esqueleto de entrañas zurcidas.
Remiendo de alimañas desvestidas.
Desperdicios, vastos… inocuos.
Cuánto he llorado por ti.
Cómo vilmente he desfallecido por ti.
y CÓMO es que he logrado vivir por ti
Y así sobrevivir a ti.
No logro concebir la fuerza elocuente
que todavía te une a mí.
Dolor angustiante, aléjate de mí.
Penumbras en sombras cómo quisiera exorcizarlas de aquí.
¡Fuera! Mendigas, quédense con lo que merecen.
En la calle podridas y aléjense de la belleza,

del fruto, de la flor.
Y tú misericordia, desvanécete en un aroma,

 en un suspiro pero NO, que ya no contenga

 lágrimas ni más dolor.

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EL PESO DEL HUMO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

FACTURA TELEFÓNICA

 

Me ha venido hoy la factura del teléfono,

factura con un importe a pagar de 118€.

118€ que arañan tu presencia

buscando la compañía más insípida.

Te llamo pateando a mi orgullo

y recibo en tus respuestas impertinencias

e inmundicia afectiva,

limosnas desde otra sola soledad.

Otra sola soledad como esta, esta, la mía,

un solo entre otros solos,

entre millones de solos, que perdidos,

se buscan y se olisquean las verdades.

Verdades que son heridas

avivadas en puñados de sal gorda.

Puñados de sal gorda que dan en los portales,

mejor llamar al interfono de tu portal

y decirte: ¾¿Estás sola o en compañía?

Compañía distinta, quizá algo mejor

que me doblega con esta raquítica verdad.

Verdad como una sola mancha

en nuestros rostros incomprendidos.

Ya no te llamaré más,

así tendré esos 118€

para gastarlos en lo que sea,

ese lo que sea

del cual los otros solos están enamorados

como deseosos ante un sol de invierno

 que se hace frío.

Un lo que sea para que sea,

sea yo o no sea.

***

 

LETRADOS (DES)CIFRADOS

(VAMPIROS CON DECÁLOGO)

 

Malos Abogados: con tanto afecto al dinero

que ven su oportunidad en el ojo

dando cabriolas de la paloma confiada,

que aprovechan cualquier sonrojo

para matarlo con ilustre y mordaz aliento,

que aprovechan la inocente culpa

para asesinarla con su dentellada fría,

ellos tajan la espiga rasante en la tierra

y la pisotean sin reparo,

se beben el magma de los enamorados,

ellos son mortaja del mundo necesario,

son la asquerosa cátedra de argucias,

se empapan de demagogia y fachada,

interpretan con liturgia y mero artificio

hasta que den frutos las estatuas,

 engullen la ciega alegría del perro faldero,

se tragan la prisa vegetal del pedregal,

en el mundo que prenden no hay mañana dócil

y si grito en la tormenta de las sobremesas,

se reparten la bonita ilusión del adolescente

y se la guardan en sus carpetas necias,

se reparten el rastro podrido del dinero

y lo plantan en el hormigón para siempre,

ellos son la corriente podrida del azar

y en su gangrena escarba la matriz del rezo,

ellos son el desengaño inmundo

de los bonsáis suspirantes de aurora,

escogen la flor primera y la marchitan tosca

de hueca mentira y simulacro obsceno,

lapidan el te quiero de la humilde humanidad

y lo hacen aburrido museo de disecación,

son toxinas las que pudren su sangre

y corren por la entraña de esta tierra infame,

olfatean ellos el oropel en las trastiendas

y reparan que hay otra vida

en los empastes de anciana fallecida,

son la litigada promesa siniestra

que resucita infiernos con su sobreactuación,

son estrategia tomada del buitre carroñero

y esperan a que la muerte acuda.

Son susurro en la pared con pared contigua

en las cárceles del mundo putrefacto,

ellos se disfrazan de cretinos ilustrados

con decálogos prostituidos de terca falsedad,

decálogos como fulanas sucias de maquillaje

que roban una perra chica a los adictos al sexo,

a los incautos, a los bobos, a los dormidos.

Se mean en la sopa de los pobres del mundo

y escupen en la fiambrera de los obreros,

se esconden tras la larva viscosa del asco

y entre todos los eriales destinados al futuro,

en el asco dormita su excusa del todo impía,

ya que no saben que el dinero huele a esfuerzo,

a sangre, a sudor, a temida muerte,

y todos ellos lo edulcoran de estratagema

con los brazos abiertos de par en par,

con los brazos extendidos simulando deber.

Arrancan inocencia en el diente de leche,

siembran patraña en la simiente más joven,

son la agonía de los pobres exhaustos

que desconocen una alegría entera,

son la mentira disfrazada de leguleya

y con su reusada infamia ahogan lo divino.

Son la respuesta del cielo que nos llueve

cuando la cínica excusa a todos nos mea,

cuando encontremos todas las respuestas

a todos nos cambiarán otra vez las preguntas.

Nos mean en la cara y creemos que llueve.

 

***

 

TERMINAR UN DÍA

 

Llegas a casa vacío, con un tedio plomizo,

llegas a casa y volteas la cerradura

y entonces entiendes que la rutina de este día a día

no terminará, te dejas caer al sofá,

mientras caes entiendes que nada cambiará,

es el yugo existencial de cada hombre,

es la carta marcada que termina en tongo,

tramposo juego de traiciones,

tongo en el que no repica ninguna campana;

caes derrotado en el hogar a media luz,

la jornada resulta devastadora, agobiante,

todos los días la misma guerra chica,

todas las tardes bajo las mismas nubes negras,

todas las noches el mismo tropiezo absurdo,

ellos también terminan así,

ellos también se cansan de los fantasmas

que resucitan, de las llagas que avivan,

pero lamentable es pisar donde ellos pisan,

No siento en el mundo más.

***

PATEAR UN AVISPERO

 

Porque no me quieres ni blanco ni en botella,

porque no me quieres ni contigo ni sin ti,

porque no me quieres ni entre épica ni epopeya,

porque no me quieres ni aposta ni de postín,

porque no quieres que me vaya ni que quede,

porque no me quieres ni triste ni feliz,

porque no me quieres si mi alma ya no puede,

porque no me quieres ni asá ni así,

porque no me quieres ni libre ni atado,

porque no me quieres ni en contra ni afín,

porque no me quieres ni con pera ni con pero,

porque no me quieres alcoholizado o sin,

porque no me quieres ni con cola de pescado,

porque no me quieres ni aquí ni allí,

porque no me quieres ni con gorra ni sombrero,

porque no me quieres ni listo ni visto ni gil,

porque no debiste patear al avispero

para que no te picaran ni la una ni las mil.

***

ARRASADO JARDÍN

 

La verdad oculta tras el tiempo expectante

ha arrasado con todo,

la marea se ha llevado mi pliegue

de dos mitades planchadas,

mi pantalón doblado y usado,

mi careta de disfraces,

porque al fin he comprendido

que la realidad se ha llevado consigo

mi mirada de niño bueno,

mis zapatillas puestas en par

al borde de la cama,

mis cromos biselados con cariño;

todo ha sido un naufragio en silencio,

toda la ilusión de mis paredes

puestas como una camisa al aire,

suave y ligera como sin ella,

se la ha llevado esta verdad patética,

esta verdad corrupta desde hace siglos.

La gente huye de la lluvia,

se protege como puede,

yo dejo que caiga volcada

como un vaso de deseo licuado.

Todo se lo ha llevado este ciclón,

este temporal de angustias

presentidas por la noche bruja,

que me dejen al menos

el sueño primero, ese nada más,

que me dejen ese sueño para odiarlo,

raíz de mis futuros esperándome,

principio de mis derrotas y fracasos,

que me dejen la derrota ya librada

en mis párpados cerrados,

sangradme con un punto hacia mi boca

y marchaos por donde habéis venido.

***

LOS AÑOS QUE ME RESTAN

 

Como todos los años

empiezo el año engullendo las uvas,

aterrizo en la cuesta de enero,

se restan lo restado, se suman las dudas,

cotizan las deudas,

me pagan en negro

el pinchar en el hueso de esta vida huesuda,

como todos los años, febrero,

desfile de disfraces,

carnaval que estornuda,

me disfrazo de cero y de razón testaruda,

aniversario del padre

y doy las migas de hartazgo,

lo que no me ha matado seguro me cura,

como todos los años, marzo ha llegado,

testimonio y presagio,

tu tardío cumpleaños madruga,

frágil nuestro oportuno simulacro

de esta vida cruda,

como todos los años mi abril,

se riega el campo agro,

se pone en celo la oruga,

semana de Madrugá y en batín,

con mi dinero pago y repago,

le agarro al largo mes la crin,

de entusiasmo me empacho,

también de mundo hostil,

como todos los años llega el agua de mayo,

me acorto y me alargo,

la primavera está pulcra de plagio y festín,

me voy al mar sin tu barco,

ayuna mi mirada anhelando tamiz,

como todos los años florece junio,

mes que mira el soslayo,

solsticio, desfogue y desliz,

me quito resignado el sayo,

pero me quedo mil veces aquí,

como todos los años el calor de julio,

tedio que pisa sudado,

ventilador y frenético columpio,

desatasco lo encomendado,

a tus puertas me aúpo en mayúsculo,

como todos los años viene agosto,

jazz en Donostia televisado,

ahorro que nunca llega apronto,

sofoco a treintaicinco grados,

sin camiseta y con pantalón corto,

mes de sequía y bochorno deshuesado,

me hago y me deshago como tonto,

con sumo cuidado llega septiembre,

a lo lejos viene ciego el otoño,

antes que piojo fui liendre,

debo dormir ya un tanto arropado,

al frío le pongo apodo,

me hago y me deshago entre la gente,

como todos los años octubre ha llegado,

me meto más y más en el lodo,

me empapo y me seco de lo frecuente,

no me hallaré acostumbrado,

por fin llega noviembre,

noviembre llega muy rezagado,

feliz de que se aclare lo corriente,

me sangra la esclavitud poro a poro,

así me pasa la vida año tras año,

soy pobre que muere dos veces,

llega diciembre enfriado,

después enero a que el clima arrecie,

y así este año tras año porfiado,

y este tedio de plomo que se retuerce,

rutinas de paella y tinglado,

 con pies cruzados atardece,

otro año más y aún no ha pasado.

¿El qué? Aquello que tengo pendiente.

 

 

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OPINIÓN

 

REFLEXIONES SOBRE NUESTRO PROTAGONISMO

COMO ESPECIE EN EL PLANETA TIERRA

POR ANA MARÍA MANCEDA.

No soy New Age, solo busco reflexionar sobre nuestra conducta y el destino que como especie tenemos en nuestro planeta. La Tierra es una pequeña roca sin luz propia que gira alrededor de una estrella llamada “ Sol”, que se encuentra en la cola de una galaxia en espiral “LA VÍA LÁCTEA” compuesta por cien mil millones de estrellas. A su vez viaja en un espacio en expansión con mil millones de galaxias hacia no sabemos donde. Todavía nuestro cerebro “tan inteligente” no ha podido descifrar.

Reflexiono basada en estudios básicos de cinco años en la disciplina  “ECOLOGÍA” en la década de los setenta. En esa época de mi juventud me he encontrado sorprendida, admirada, estudiando sobre “Evolución del hombre y las especies”; ”Antropología”; “Geología”; “Etología”; “Fitogeografía”; ”Zoogeografía”; “Química biológica”; “Biodiversidad”; “Oceanografía”, ”Origen y evolución del Universo” etc..etc. Recuerdo la impresión que me causó la práctica que hicimos en la facultad en una cápsula de Petri                       ( cápsula de vidrio conteniendo alimentos específicos) con la evolución de una colonia de bacterias Escherichia Coli. Esta colonia se desarrolló exitosamente en el alimento de la cápsula, pasados los días llegó un momento que las bacterias se  reprodujeron de tal manera que la cápsula comenzó a contaminarse con los propios desechos de la colonia, no tenían manera de buscar salida y la colonia se auto-exterminó. Desde ese momento no pude dejar de hacer un paralelismo ( no nos olvidemos que somos seres pensantes pero al fin y al cabo parte de la cadena de vida en la Tierra)entre la cápsula y nuestra TIERRA, este planeta azul, privilegiado de alimentos con agua, este planeta que nos contiene como especie “Homo sapiens”. Somos una especie prolífica, dominamos a los otras especies, deforestamos, explotamos el medio ambiente, cambiamos el clima y nos estamos ahogando en nuestros propios desechos.

Como tantos otros humanos me siento impotente ya que los políticos (la mayoría) que gobiernan el mundo son incompetentes, no están preparados para guiarnos. Cualquiera quiere ser Concejal, Intendente, Gobernador, Presidente y ni hablar de los depredadores dueños de las comunicaciones nacionales e internacionales, de los dueños de las tierras que para explotarlas siembran plaguicidas y enfermedades.

Vamos a extinguirnos, no sabemos en cuanto tiempo por eso trato de serenarme cuando escucho a tanto idiota ventajista sea político, periodista, productor agropecuario etc. con tanta impunidad y desconocimiento. Humildemente creo que podríamos darnos un plazo más de vida en la Tierra con una educación global de medioambiente, de cultura y conocimientos para todos pues las enfermedades llegan de inmediato a los más pobres y explotados pero de manera inexorable llegará al último hombre o mujer que habita este maravilloso planeta que en algún tiempo geológico fue el privilegiado del Sistema Solar.

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TEXTOS CURIOSOS

Por Daniel Cullá

 

SURREALISMO CON BEMOLES

 

… y lo del Pepino viene de antaño

 

Un colega de fatigas literarias y políticas me dijo  un día, ya hace tiempo:

 

 -Eh, tronco, Plaf ¡, no te puedes imaginar lo maravilloso que es hacerse una paja con una manzana de reineta.

 – No me digas, le respondí, prosiguiendo el colega:

 – Sí; le haces un orificio por la parte carnosa hasta cerca del tronquito y la metes una vez erecta, y la giras y  giras como exprimiendo un limón, y ay, que delicia, tronco, hasta reventarla. Luego te la comes como manzana asada. Es el mejor manjar que puedes llevarte a la boca.

Le contesté:

–       Qué surrealista eres, macho. Qué asníflua mística.

 

 

 Esto me recuerda lo que dijo un mozo estudiante, natural de Ávila, llamado Ortiz que no tenía barbas en la cara y que predicaba que no se ha de mirar tanto por el ornato exterior como por el interior de entendimiento y virtud , que tubo llamamientos para la religión, y disgustándole tener que cortar la buena barba y bigotes que tenía, se mortificó cortándoselos, lo que le costó muchos sustos y trasudores, disponiéndose a cortarlos él mismo con unas tijeras, como dicen que hacen los místicos al cortarse la picha y poder llegar a  presencia del Amado.

 Cortó el pelo del bigote de uno a uno entre gana y arrepentimiento, y le decían los amigos:

-¿Qué ha sido de los bigotes?

El sinceramente dijo:

-En el alma tengamos bigotes y barba, que basta.

 Finalmente entró en la Compañía de Jesús y, siendo enviado al Japón con otros, fue martirizado en la mar por los holandeses, que le dieron por donde amargan los pepinos (para quien no lo sepa: por el culo), preso el navío en que iban, y capitán de los otros en el  gozoso martirio.

 

 Que más o menos, según el cristal por donde se mire, les pasó lo mismo a los surrealistas que amo y con los que me fui amistando cuando iba camino de Zaragoza a Huesca y hacía parada entre Almudévar y Zuera, leyendo el manifiesto  Sons and Daughters of the Blood Red Revelation, al estilo de Hakim Bey; el Quest for Dr. U, de Hans Carl Artmann, fundador del grupo de Viena; Artaud- The Screaming Body, de Stephen Barber, Y a la sombra de un pesebre limpio comprobar la Ausencia de Mito- Escritos sobre Surrealismo, de George Bataille, y, ante todas las cosas ,el Rebuzno surrealista del escritor ,poeta y teórico del dadaísmo, André Breton, y su  Break of Day.

 

 Los surrealistas ataron el diablo al mar de Sicilia y le dijeron  que estuviese allí hasta que ellos volviesen, y como se tardan, cuando pasa por allí algún navío, pregunta el diablo si viene allí François Caradec, extraordinario poeta francés, novelista, músico, homosexual, adicto a las drogas, y que cuenta la leyenda que se suicidó, como los grandes; que si viene Robert Desnos que murió en el campo de concentración de Terezin, detractor de la alianza de Bretón con el Comunismo, y con su hermosa novela, alta y baja, de dientes blancos, puros, limpios ,tersos, Libertad o Amor, un trabajo magistral con sombras de Sade y Lautreamont sobre la disoluta, misteriosa y bizarra vida del corsario Sanglot; que si viene el “indignado” François Dupuis ( Raoul Vaneigem), de la Internacional Situacionista, con su La Revolución de Todos los Días. Y no extrañe la diabólica osadía. Si hay alguien que en Rebuznos gane al diablo, que Rebuzne.

 

 El viento nos trae resonantes en pavorosos ecos a Alfred Jarry, Caesar Antichrist, Ubu Rey,  precursor del surrealismo, del dadaísmo y del teatro del absurdo. Y a Claude Cahun , Masks and Metamorphoses, poeta, actriz, traductora, polemista, y sobre todo  fotógrafa.

A Richard Huelsenbeck, Dada Almanac, fundador del grupo dadaísta de Berlín, quien nos dejó escrito: “Hacer literatura con una pistola en la mano ha sido durante algún tiempo mi sueño”. A Mary Low, Voice in Three Mirror. Poesía, Libertad y Amor era su  vitola. Luchó en la Revolución Española de 1936, y después contra el dictador Batista en Cuba.  A Bernard Noel, uno de los más grandes poetas franceses, con su  Castle of Communion. A Benjamín Peret, uno de los fundadores del Surrealismo, quien luchó en la guerra civil española con la columna de Durruti; y su Death to the Pigs. El error de la República fue el no poner a los puercos fascistas un aro de hierro en las narices para que no hocen los sembrados .A Erik Satie, Cuadernos de un Mamífero, compositor y guionista incalificable, anticipó el serialismo y minimalismo. Y, entre todos, a la esencial y propia de este objeto, a Unica Zurn y su Hombre Jazmín, que fue  el pintor y escultor Hans Bellmer, su segundo marido,  fascinado por el fetichismo sexual, que le hizo posar desnuda y encadenada para la revista Surrealisme, desgarradora descripción  de una vida turbulenta acabada en suicidio.   Admirada por los grandes artistas del surrealismo Henri Michaux, André Breton, Man Ray, Hans Arp, Marcel Duchamp y Max Ernst,

de los oficios de los surrealistas sale un gato miando, para recordar de buen modo que le diesen su ración, diciéndole al gato:

-¡Zape allá¡ Aun no nos han dado la carne y ya me pides los güesos.

***

 

 

VALLEJO, AQUÍ BUEN PAN

 

“Entonces todos los hombres de la tierra

Le rodearon; les vio el cadáver triste emocionado;

Incorporose lentamente,

Abrazo al primer hombre;

Echose a andar…”

 

César Vallejo. XII Masa

 

 

Los panaderos de Santa Coloma

Buen lugar en la Rioja

Y de muy buen pan

Cuando salen a venderlo

A otros lugares, dicen:

-“Hete aquí buen pan.

Igual con César Vallejo

Buen Poeta

Romero con un gran zurrón de Poesía

Que le hacía cantar

Como llevándoles dentro

A Vicente Huidobro y Juan Gris

A De Cruje, Artaud y W. Frank

A Juan Larrea, su amigo

A J. L. Barrault  y George Philippart.

 

Poeta para ser amado

Cual Ciro Alegría le conoció

Humano y eterno

Como su pueblo:

“ los habitantes de los Andes”

sufren un dolor que tiene

una dimensión de siglos

y parece confundirse

con la eternidad”

Como Juan Larrea le amó

Compartiendo su vida

Entre inquietudes políticas

Y personal

Andando a caza de grillos

Y desconfiando de monjes prietos.

 

Y como en Castilla

El caballo lleva su silla

Así Vallejo

Una vez dadas las doce

Tuvo que escapar

Sin ser visto

En busca de un buen morir

( España, me voy a España”

Le susurró a  André Loyré)

Y su amor a España compartido en Trilce

Con José Bergamín

Y Gerardo Diego

De la mano de Henriette Maisse

Y ese quedar y partir

Le hizo caer en el valle de Mortera

En la provincia de Burgos

Donde cenas, olés y magdalenas

Tienen las sepulturas llenas.

 

Henriette le pregunta:

–      ¿Cuál es tu tierra, Vallejo?

–      Y responde el Poeta:

–      La de mi mujer.

 

Daniel de Cullá

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler (Digno)

 

DESDE  MI  HUMILDE  ANONIMATO

 

Desde mi humilde anonimato lanzo mis cantos,

dulce esencia con la cual se satisfacen calmos

individuos inteligentes, receptivos y hospitalarios,

en mis poemas aderezados de sabores y texturas

propios de la cosecha de mi imaginación y entendimiento

deseo germinar la simbiosis en sus comprensiones

para que se alce en ellos tremendas y magnificas evidencias

aberturas de canales de conocimientos hasta sus conciencias

y estas enternecidas y asombradas se dejen llevar

por hermosos senderos plenos de humano sentido común.

***

 

CERTEZA

 

A mi hijo se le murieron los abuelos,

a uno no lo conoció, al otro casi por fotos,

ha asimilado que los abuelos se mueren

y da por bueno y lógico que moriré cuando sea abuelo,

en su conforme seguridad yo le pregunto, mirándole a los ojos,

¿tendrás hijos?, por supuesto me dijo íntimamente convencido.

… y seguimos en lo nuestro, en lo incierto.

***

 

ENSUEÑOS  EN  PRIMAVERA

 

En estos días me puede la somnolencia y el cansancio

se me agolpa la pesadez de los ojos en el centro del pecho,

mientras me pasan las auroras enlazadas en sutiles hilos

de livianas esencias, exquisitas y fugaces, pura ambrosía

que deleita el paladar de mi memoria y mi olvido.

En estos días ya lucen plenas y hermosas las tardes

de mi amable primavera, corpóreas de serena quietud,

su luz transparente y suave sosiega mis inquietudes,

adereza y nutre los espacios insondables de mi consciencia

esa especie de vigilia interior que sostiene mi vida.

En estos días se arremolinan en los umbrales de mis sueños

huidizas historias que fluyen de insospechados destellos

de mis hombres pretéritos, de afluentes de etérea y cálida ternura,

la misma que está cimentando el que ahora sostengo

en los entramados del hombre que se perderá en lo oscuro.

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7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLI* de la 2ª Etapa/01-01-2011

 

EDITORIAL LI

Propiedad intelectual

 

Este último mes de diciembre se discutió en el Parlamento Español una Propuesta de Ley presentada por el Grupo Socialista que intentaba perseguir la denominada piratería informática y que afecta sobre todo al cine y a la música. La propuesta no salió adelante al no contar el PSOE con mayoría suficiente para aprobarla y votar todo el resto de grupos parlamentarios en contra.

Una parte, la partidaria de la propuesta, afirma defender al sector de la creación, nos dice que los creadores no podrían vivir de su obra si no hay un mecanismo que les permita el cobro de sus derechos de autor, y de paso sirve para proteger una industria compuesta por productoras, editoras de música, editoriales, distribuidoras o tiendas, con miles de puestos de trabajo, y que se verían todos afectadas por la impunidad que se da, dícese, en internet. En la otra parte, la opuesta a la Proposición, confluye un sinfín de posturas, algunas de las cuales claman por la libertad de creación y distribución, se oponen a la mercantilización de la cultura y optan por nuevos formatos.

Como en la vida misma, en medio hay toda una gama de colores que indican que las cosas no son ni blancas ni negras. Partimos de un hecho: en España, al igual que en Europa y el resto del mundo, rige un modelo económico capitalista en el que todo se vende y se compra. Nos puede gustar poco este modelo, que nos gusta poco, pero hay que ser conscientes de ello a la hora de tomar una postura a corto y medio plazo sobre derechos a unos ingresos adecuados por el trabajo, en este caso trabajo intelectual, mientras no se ponga sobre la mesa la posibilidad de desarrollar otro modelo económico, que nada nos gustaría más. Además, el capitalismo salvaje de los últimos veinte años lo ha mercantilizado todo de un modo brutal y la cultura no ha escapado a este fenómeno. Dicho esto, hay que matizar mucho las posiciones.

Es justo que los creadores -escritores, músicos, cineastas- puedan vivir de su obra. Detrás de cada libro, de cada disco de músico o de cada película hay mucho trabajo, no sólo de los autores, que han puesto horas de su vida para sacar su obra, sino de editores, técnicos, traductores, distribuidores, etc. Pero muchos nos tememos que los mecanismos creados para defender pretendidamente a los autores no les defienden tanto, los cuales muchas veces apenas se llevan estos una parte mínima del pastel mientras que vemos como algunas sociedades persiguen aquí y acullá cualquier ámbito donde se da a conocer una obra del tipo que sea. Hemos oído en los medios de comunicación como la SGAE ha llegado a pedir una tasa por emitir canciones en bodas o en peluquerías, mientras que se ha planteado cobrar un euro por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas. Además, quienes conocemos, como es nuestro caso, el mundo editorial, menos afectado por la “piratería”, sabemos hasta que punto se impone una absoluta precariedad laboral a sus trabajadores, todos tenemos en mente algunas grandes empresas del sector cuyo comportamiento hacia los trabajadores o, según ellos denominan, los colaboradores rozan la precariedad más absoluta, lo que nos lleva a sorprendernos que clamen ahora por los puestos de trabajo. Sospechamos que otras grandes empresas de los sectores culturales no les van mucho a la zaga. Que esto es otro asunto, puede ser, pero se está utilizando el trabajo como argumento en el debate.

Y qué duda cabe que el debate viene planteado por la aparición de Internet, que es una herramienta tecnológica que ha modificado por completo el mundo la difusión de ideas y de obras culturales y para la cual las reglamentaciones habidas hasta el momento sirven poco. Es verdad que la red permite que nos bajemos mucha música y no pocas películas, además de acceder a obras literarias, escapando al pago por dichas obras y por tanto dejando a los autores sin un medio de vida, pero también lo es, hay quien lo plantea entre los mismos creadores, que quien te conoce a través de youtube, por ejemplo, te acaba comprando el disco del mismo modo que muchos nos hemos interesado por un músico al escucharlo en la peluquería y le hemos acabado comprando el cd.

Mucho nos tememos que lo que se va a dar en los próximos años es una mercantilización absoluta de Internet y las leyes de este tipo pueden buscar más la faceta mercantil que la cultural. Más allá del debate sobre la denominada propuesta de Ley en España y lo que cada cual pueda defender, nosotros no tenemos ahora mismo una postura respecto a la ley en cuestión, es evidente que la expansión de internet pone en jaque algunos aspectos sustanciales del capitalismo y sus reglas mercantilistas, es un ámbito donde impera grandes ámbitos de libertad de difusión, lo ha sido para el ámbito de la cultura, y además hemos de tener muy claro `por último, para no llevarnos a engaño, que la libertad que defiende el capitalismo es la del mercado, no lo olvidemos, esto es, la libertad de ganar dinero con cualquier producto.

Sabemos que el asunto es más complicado, que aquí sólo hemos dado una pincelada del tema, pero creemos que el debate está empañado por demasiados factores y no todo es tan evidente como nos pretenden hacer creer. 

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PERSONALIDAD MÚLTIPLE

(mal de uno solo, consuelo de nadies)

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Ayer te vi en la máscara de otro hombre,

Eras tú Cecilio, lo sé por la sonrisa,

Eras como alegría que al suspiro olvida,

Eras luz errante que centellea fugaz,

Los peces han recordado al anzuelo,

Ser poliedro también es monotonía,

Escozor del párpado abierto siempre;

Una mañana blanca nos encuentra

Tras la noche de cansancios y de poses,

Eres la oportunidad de ser quien eras,

Olvídate de lo vivido y ponte a soñar:

Sueña por ejemplo que no piensas,

Piensa por ejemplo que no sueñas,

Vive de todo lo que puedas tú gozar,

Ampárate en las reglas que no conoces,

Ansía la vida sin darle importancia,

Dale importancia al nuevo origen,

Calma tu consuelo entre tanto olvido,

No profundices la idea en tu interior,

Dale cuerda al reloj del autoengaño,

Posibilita la confirmación entre sosiego,

Explota tu yo interior, vente al amor,

La palabra tiene sinónimos entorno a ti,

El antónimo te busca el pensamiento,

Libérate de los altos vuelos desde el suelo,

Persigue lo logrado, aduéñate de nada,

Nadie quiere la verdad profunda.

Solamente la quiere quien no la conoce.

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Día de Invierno

Lo primero que siempre hago al levantarme es mirar por la ventana. Me despierto temprano y todavía es de noche, aunque por el este se asoma ya una pizca de claridad apenas perceptible que vaticina el incipiente amanecer. A veces, a esta hora, puedes entrever cómo será el día, si nublado o claro, si frío o algo caldeado, con ese calor de invierno que se impone poco a poco en nuestra región a medida que pasan las horas y el sol alcanza su cenit al mediodía. Hoy hay niebla. La habrá durante mucho tiempo, una niebla espesa a través de la cual apenas ves los árboles de enfrente, que se esbozan con perfil impreciso bajo la luz anaranjada de las farolas cercanas. Me relaja la niebla. El paraíso, si existe, lo imagino como un lugar con una tensa e inalterable niebla y me veo andando por senderos envueltos por una apaciguante  semipenumbra.

         Me levanto siempre muy temprano y eso me permite no sólo asistir a una especie de inicio del mundo, como una breve representación ritual del Génesis bíblico, reducido los siete días a unos pocos minutos, sino también, cuestión más práctica, puedo prepararme con mucha calma, sin necesidad de darme prisa. Después de ese instante litúrgico ante el mundo, ahí fuera, me ducho, me arreglo y preparo un desayuno abundante. Mis jornadas son largas y nunca vuelvo antes de media tarde. Hace tiempo, cuando fumaba, encendía un cigarrillo al servirme el café y me pasaba quince minutos quieto, en absoluto silencio, contemplando las paredes blancas de mi cocina, sin pensar en nada, la mente en blanco. Ahora que no fumo alargo el café hasta que se va quedando frío poco a poco y con frecuencia me entra un ligero sentimiento de tristeza, no sé muy bien por qué. He visto esas paredes blancas durante mucho tiempo, a veces me cuesta recordar un antes, un pasado, como si toda la vida hubiera estado allí, día tras día. Me espabilo de pronto, me levanto, ordeno los platos en la pila, los fregaré a mi vuelta, por la tarde, antes de prepararme la cena. Me pongo la pelliza y salgo de casa. Mi coche parece esperarme siempre delante, en la acera. Vivo en un barrio tranquilo y a esa hora nunca hay nadie en la calle, ni siquiera hay luz en las casas vecinas. Arranco el motor y me pongo en marcha por calles tan vacías como la mía y sólo al salir de la ciudad me cruzo con otros vehículos o con camiones que, imagino, deben distribuir el reparto para las tiendas y los mercados.

         La niebla invade todo, apenas distingo nada más allá de la carretera. Entreveo luces por los bordes del camino y sólo la repetición durante años de este breve viaje de casa al trabajo y del trabajo a casa me permite saber que cruzo un enorme área con fábricas, con talleres, gasolineras o bloques de casas del extrarradio, lejanas ya de la ciudad. Escucho las noticias de la radio sin apenas oírlas. Es un runruneo que me acompaña durante la media hora que dura mi recorrido. Pocas veces hay alguna noticia, algún comentario que me llame la atención, en ocasiones creo que las noticias se repiten de tanto en tanto, que la noticia de hoy es exacta a la que contaron hace meses, como si siempre estuviera ocurriendo lo mismo, tres o cuatro sucesos que se repiten hasta el infinito, en un tiempo circular que no se acaba nunca. No pienso en nada mientras conduzco. La falta de tráfico a esa hora me evita tener que fijarme más en mi ruta. Sé perfectamente en que momento debo salir de la autovía, giro a la derecha y avanzo por la carretera comarcal hasta un cruce, paro un instante y giro a la izquierda. Al final de la carretera está la cárcel.

         No la veo cuando hay niebla, pero como ya me he habituado a ella desde final del verano sé que el edificio está allí, distingo las luces de algunos de los focos distribuidos a lo largo del primer muro. Ya comienzo a distinguir también los contornos de la prisión. Empiezo a frenar en el mismo punto de siempre y a los pocos metros se halla la primera cabina de control, la barrera. Saco la cartera con mi documentación, aunque sé que no será necesario, que no hay motivo para identificarme más allá del formalismo reglamentario que exige un mero gesto.

– Qué tal Bruno. -le digo al guardia de entrada.

– Bien. Frío esta mañana.

         Levanta la barrera y atravieso hacia el patio. Aparco el coche en mi zona. Recojo mi bolsa. Bajo del coche y ando los pocos metros hasta la puerta de entrada. Pulso el timbre. Me abren. Los pasillos están vacíos. El blanco eléctrico de los reflectores contrasta por su luz con la penumbra de la mañana. Saludo a Mario y al otro guardia de la entrada cuyo nombre nunca recuerdo. Ellos pronuncian mi nombre a modo de saludo. ¿Cuánto tiempo llevo trabajando en esa prisión? Muchos. No sé decir si demasiados. No puedo valorar el tiempo de una vida. Tampoco calculo el tiempo que me falta para retirarme. Quizá porque no me veo aún jubilado. Quizá porque el tiempo no es sólo un cálculo objetivo de meses y de años, resulta mucho más íntimo, más trascendente. Tampoco es que presienta que me voy a agobiar cuando deje este trabajo, cuando me jubile, por ejemplo, ni mucho menos, más bien todo lo contrario, adoptaré otra rutina distinta a la de ahora, pero casi ni pienso en ello, sólo a veces, de pronto, sin saber por qué, aunque al final dejo de pensar en ello porque asumo que de momento sólo soy eso que llaman un hombre de edad mediana, mi tiempo es un mero tránsito entre etapas de la vida. Intento, al final, no pensar mucho en todo eso. Intuyo en cierto modo que a partir del día que me retire no echaré de menos el trabajo y si me dijeran que ya no hacía falta que volviera mañana adoptaría de inmediato otra vida, no me traumatizaría como dicen que se traumatiza mucha gente, dejaría de cumplir con ciertos hábitos para envolverme en otros durante mucho tiempo, meses y años, unos tras otros. Cuestión de carácter, imagino. 

         Entro en la sala de los despachos. Soy el primero en llegar. Dentro de poco entrarán los compañeros y los del turno de noche se despedirán de nosotros con breves comentarios de las incidencias habidas, las de siempre, enfermos, algunas peleas durante la cena, pocas siempre, en esta prisión se lo toman con no poco sosiego. A veces nos sorprende algún suicidio, alguna muerte repentina, inesperada. Miro las hojas de los partes que hay sobre mi mesa. Es el plan del día. Las repaso lentamente. Me detengo en la quinta hoja. Hoy es el día, susurro un tanto sorprendido por mi olvido. Me había olvidado por completo. Sigo revisando el resto de hojas, pero la quinta se me queda grabada y aún pienso en su contenido mientras voy al guardarropía a cambiarme y cuando salgo al reencuentro de mis compañeros cuya cháchara ya escucho al otro lado del pasillo.

         Lo primero que se me ha venido a la cabeza al leer la quinta hoja es el rostro del preso. Es un hombre delgado, silencioso. Habla bajo. No es violento. No sé porqué está en prisión. De hecho, no conozco los motivos de ninguno de los presos con que trato todos los días, evito saberlo, nunca acudo a las fichas, creo que no sería imparcial y mi trabajo es ser ecuánime, distante, son presos, nada más, están dentro y todo lo demás queda fuera, un día los juzgaron, y no fui yo quien les juzgó, y los metieron en la prisión, y tampoco fui yo quien les condenó. Por tanto, para mí hay un mundo de fuera y un mundo de dentro, y ambos se rigen con normas distintas, incluso con normas morales diferentes. No los mezclo. No es mi papel ni lo deseo. Tienen una condena, algunos esperan todavía que se decidan los recursos para las penas capitales. Otros en cambio ya los tienen decidido. Este es el caso. Hoy se ha de cumplir. Hay sesión. Lo decimos así: hay sesión. No añadimos nada más. Ya sabemos a lo que nos referimos cuando se dice. Nos convertimos entonces en ejecutores, en manos que matan en nombre de la ley. Hoy me ha tocado a mí. Pocos entre los funcionarios se salvan de ello, los nuevos y algunos pocos que objetan por cuestiones éticas o religiosas. No les reprochamos nada, ellos sabrán. El resto aceptamos nuestra labor sin acusarles de timoratos o flojos.

         Vuelvo a la oficina. Empieza a haber movimiento. Los del turno de noche ordenan sus papeles y los dejan en la pecera, donde después se ordenarán. Van llegado los últimos compañeros de día. Nos saludamos, intercambiamos comentarios, preguntas. Hoy me miran a mí. Saben que hay sesión, lo recuerdan, y que me ha tocado a mí. Veo entonces al responsable. A qué hora es la sesión, le pregunto. A las diez, me responde. Me encamino a la galería y reviso las celdas. Todo en orden. Dejo para el final al hombre que hoy toca ejecutar. Abro la celda. Está en pie. Me espera. Noto que no ha dormido en toda la noche. No está ansioso, al menos no lo parece, me mira tal vez como si esperara alguna noticia, una decisión de última hora, la salvación, pero creo que ha asumido que es una probabilidad tan escasa que no vale la pena esperar, aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde, suele repetirse hasta la saciedad y es verdad, lo he comprobado no pocas veces, siempre queda alguna esperanza, por vaga, abstracta y distante que sea, por mucho que uno procure no creer en ella.

– Necesita algo. -No le pregunto cómo se encuentra, me parece impropio, incluso puede que fuera cruel preguntárselo.

– No, todo está bien.

– Si necesita cualquier cosa, me lo dice.

– Gracias.

         A la gente de fuera que no conoce este mundo le sorprendería la corrección que se impone en el trato entre personas, entre presos y carceleros. Supongo que a mí me sorprendería cuando comencé. Sin embargo, no me acuerdo las primeras sensaciones entre las paredes de la prisión donde me parece que siempre he trabajado. Una vez pensé que yo era un hombre carente de pasado, de biografía, y que siempre había estado entre aquellas paredes blanquecinas, como un prisionero más.

         Sigo con mis funciones como siempre, aunque siento no poca inquietud que va en aumento poco a poco, a medida que transcurre la mañana. A las nueve y media vuelvo a la oficina. El responsable de área está en su mesa. Levanta la mirada cuando apenas entro en su despacho y golpeo con los nudillos la puerta.

– Es la hora. -digo.

– Proceda.

         Vuelvo a mi galería. Todos los internos menos él están en el patio, pero no hay la  algarabía habitual, se ha impuesto un silencio tremendo. Llego a su celda y la abro. Sé que no acude nadie de su familia o amigos, tampoco su abogado ni nadie de la parte contraria, si la hubiera, sin duda porque se ha disipado como azúcar en el agua el recuerdo de un hecho pasado que motiva la ejecución de hoy. Tampoco ha pedido asistencia religiosa. Ni ha solicitado nada en especial para sus últimas horas. El hombre me mira en cuanto asomo en la celda, está sentado en la cama, se levanta. Vamos, me dice sin esperar a que yo marque el ritmo del proceso. Casi es un susurro su voz, aunque no hay miedo, ni pasión, ni terror, nada. Reconozco que me sorprende. Andamos en silencio por pasillos vacíos y no sé qué decirle. A veces recuerdo que toca incluso arrastrar a otros presos en su situación, necesitas ayuda, otros funcionarios que te acompañen para llevarlo casi a rastras, o sienten que tienen que hablar, sacar algo de bien dentro, algo que no se quieren llevar consigo, algo que te han de entregar antes de morir, lo que te convierte en una especie de confesor, pero con él no ocurre, avanza junto a mí como si fuera un mero traslado de una galería a otra, de un punto a otro de la inmensa prisión.

         La sala está preparada. Hay un par más de funcionarios, el director y el médico que nos esperan. Cuando entramos todas las miradas se posan en nosotros, en él sobre todo, miradas silenciosas, miradas que denotan compasión, pero también necesidad de castigo, la venganza exenta de exaltación o de arrebato, fría y ajena, diente por diente y ojo por ojo, la vida presente sin duda por una vida pasada en una rueda del destino que es infinita, la imposición de la ley, en definitiva, como bien absoluto, supremo.

– Necesita algo. -Le pregunta el director.

– No. -Responde.

– Súbase a la camilla. -le ordeno apenas en un susurro, casi como un ruego, intentando no poca distancia.

         El hombre obedece. Nada indica que esté nervioso, parece resignado, acepta su destino, sabe tal vez que no hay salida ni la espera ya, sólo quiere que todo pase rápido, lo más rápido posible, todo lo queremos de hecho. El médico comienza a indicarme donde inyectar las agujas, aunque apenas hace falta, conozco perfectamente los puntos. Él no lo hace, me dijeron, porque sería contrario a su código deontológico, al juramento hipocrático, todo médico ha de preservar la vida ajena, la de cualquiera, nunca cortarla y por eso delega en nosotros la ejecución de los pasos, él deviene un mero director de escena., nosotros somos sus actores. Todo es mecánico, frío, comedido, limpio. Esperamos unos minutos, apenas cinco o seis, no llega siquiera, y todo acaba en silencio.

– Ha muerto. -indica el médico. Recoge unos papeles de una mesa cercana y los firma uno a uno.

         Hugo sale de la sala y trae la funda. Colocamos el cadáver dentro. Firmo las actas como jefe de grupo. Ellos empujan la camilla y todos salimos de la sala. Soy el último. Cruzamos un largo pasillo y cuando pasamos ante una amplia ventana miro hacia fuera. Veo el patio y más allá de la verja un campo enorme. La niebla ha disminuido mucho, apenas es una leve calima. Hay escarcha sobre la hierba. Pronto saldrá el sol, me digo. Pronto saldrá el sol de invierno, apacible, luminoso y por completo ajeno a nuestra existencia, tan ínfima y rutinaria.

Juan A. Herrero Díez

 

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 Lo Soltaron

La sangre hervía, pareciera que salían borbotones del viejo y sucio caldero.

El corazón latía fuertemente y el oxígeno no se percibía ante las miradas, como los insultos de los reclamos que no entendían ni lo propio que decían.

Estúpidos banales, clichés arrogantes – Pensaba alguien- mientras oídos segregaban sangre al perforarse los tímpanos por un instinto que se había soltado; palabras de quienes no conocía, ecos que la lastimaban, como aquel y muchos más, un pasado y algo que había salido por la fuerza del sol, de un traicionero.

Una muerte querían, si lo querían, eso obtendrían.

Porque hay ovejas disfrazadas de lobos, como hay seres nocturnos que vigilan por el sueño de los demás y por su bienestar como su amor. Pero no es adecuado buscarlos.

No pertenecen a este mundo. El de ustedes. No lo hagan que es prudente, esta advertencia.

Ya que si los buscan, los encontrarán, sin ser invitados.

Y así obtendrán lo que quieren, su mismo deseo. Una muerte. La muerte de ella. Más no la tendrán.

Nunca a ella, más, si ha de saber pelear.

El instinto en las noches se suelta y por los bosques desolados busca presas a quien atrapar. Entonces por favor… no la busquen, que la encontrarán. A ella misma quizá. A ese ser nocturno, iluminada con la luz de la luna entre las copas de los árboles, con una sombra envolvente y una máscara de felicidad. Más no la subestimen. Que es la muerte que persiguen y los matará.

Mientras vivos los desollará y su sangre, calmará los nervios y el pesar, del sufrimiento de ser perseguida como acosada, por quienes, nunca ha querido ni quiere vislumbrar.

No se acerquen, cuando ese… anda suelto.

Ese, el instinto mortal.

Barbara Wall

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LOS OJOS DEL CORAZÓN

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

Conoces secas las voluntades, por eso

tu voluntad se sacude las nimiedades,

confluyen, dos normas confluyen

entre el santo coro de las piedades,

rosas que de cifra y sangre gimen,

voces que son ojos de dos verdades.

Temen ellas albas del agua ciega

y sumisión de campanas desiguales,

descifran las gaitas sostenida culebra

que alarga sombra, puntas y zarzales,

agravan la marimba algunas fieras

de palabra, morbo y negros parajes.

Un Pub repleto de gentes la esperan

partiendo pétalos de helados azahares,

piedra sobre flor los hombres anhelan

otro sol que no pique por soleares,

nubes de matinales con fe tropiezan

la cloaca hambrienta sin oportunidades,

piano de bar, curiosidad trasiega,

temen la sincera viola de las mitades.

Al final los cubre la ruina griega,

se siente desnuda por estas calles,

anuncia su oscura canción eterna,

germinan la breva que no ama nadie,

por el puente desierto su sal empieza,

se entregan remos, riendas y arrastres

con el aire invisible de la sutileza,

blanca ninfa de invierno y saudade,

mañana triste de solitaria grandeza,

lustre desgastado de soledades,

se acaba el rocío de la noche inquieta,

vieja antes que joven la sed debate

con voz pisada y bienvenida abierta.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR MAXIMILIANO SPREAF*

*PRÓXIMO ESPECIAL DE ESTE AUTOR

EN NEVANDO EN LA GUINEA

 

Everglades

 

Los flamencos se llevaron aquel día parte de mi cuerpo

Lo arrastraron por los fangales de los Everglades

Y luego se lo dieron de merendar a los lagartos.

No recuerdo la hora que era cuando sentí tus dientes

Atenazados a uno de mis bíceps, crujientes y arrebatados.

No me muerdas ese brazo, te dije, que tengo la esperanza

De tatuarlo con el nombre de alguna princesa rusa algún día.

Te reíste, me mirabas, mordiste otra vez en el mismo lugar,

Esta vez con mas ímpetu, como en desquite a mis palabras.

La tarde pasaba lánguida y arremolinaba mis pensamientos

En torno al sol centelleante que nos abrasaba, como en piedra.

Tu piel ya no era piel, sino cascadas de sangre burbujeante,

hirviente

Y no se si era el sol que la quemaba, o eras vos deslumbrada.

Las uñas de mi mano libre arrullaban tu espalda

Era tu odio tan bruto que no pensabas en nada?

O patrullabas mi dolor pensando que nunca acabara?

Tardaste mucho en desmembrarme, las mandíbulas prensadas.

Llorabas, vi que llorabas.

***

Tinta

 

Teñidas las mechas rubias

Entre las piernas, un candado

Floja, grasienta, lechosa

La piel entre los harapos.

Agua hirviendo en una olla,

El niño tiembla llorando

Gimen sus hermanas, putas,

Desiertos de finos labios.

Con las manos no se come.

Ni se tocan entre ellas

Desconocen sus olores

Pronto! Al niño degüellan!

Son partes, pedazos, niebla

Calzados negros y mugre

Perfiles sin muchos brios

Y es costra lo que los cubre.

***

El Loco

 

Dados en el bolsillo

De la belleza interior

De los lirios que la cubren

Solo me llevo dos.

Uno para mi reputación

De masticador de clítoris

Y progenitor audaz

El otro, para olvidar.

Que las letras que regala

Se quedan en mi memoria

Como unas púas de amianto

Me aguijonea la historia.

Fíjate bien lo que haces,

En estos días melosos

No quiera el tiempo acabar

Con tu rol de belicoso.

Que es lo que permanece

Entre todo y entre todos

Tu fulgor de selenita

Perdido de todos modos.

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LAGARTO JUANCHO, PRESBITERO

 

Mi fe es dañina

Mi cuerpo, significante

Y el néctar que yo doy

Gustan beatas al instante

 

Mi biblia es de memoria

Con olfato y dura piel

Es de cebolla la olla

Que en la iglesia puede haber

 

De frente miro a Polifemo

Su ojo ciego como ninguno

Símbolo soy del Vatic-Ano

A mi lagarto dibujan dos huevos

 

Tiene hocico pequeño

Siempre se esconde en sacristía

Tiene un lunar en el glande

Y es de amor eucaristía

 

En maitines cantando va

En laudes sin hacer nada

Y ahora dicen perseguida

Se encuentra sin hacer pajas

 

Un caballo creen que soy

Mejor que el señor del saco

Soy del pedo misionero

De Ojeteé hasta Chirimía

 

A Jesús imito bien

Mas no creo en nada

Que las cosas de la fe

Todas son chorradas

 

Si tienes la tentación

Bien la buscas y la amas

Si no la tienes, Ve

Va y viene el tabanón.

 

-Daniel de Cullá-

 

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POEMAS

Una fuente sin fin que mana liquido

inmortal desde el cielo rebosante.

JOHN KEATS

Esencias que fluyen de ricos encantos

con suave tintineo o tropeles sones

amamantando nutricio magna de deleites,

deliciosos sonidos que recrean el pensamiento

de bardos que nutren desde los inicios

con verdaderos goces plenos de bellezas,

con musicales ecos que transcienden

en las profundas concavidades refulgentes

de generaciones de esenciales espíritus

esparciendo continua luz sobre almas

apresadas por fugacidad y penumbra

esencias inmortales de cielo rebosante.

Francisco Jesús Muñoz Soler

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR CRISTIAN CASADEY JARAI

 

Todo para dar

No tienes nada pero tienes mucho

Eres rico en pobreza

No tienes dinero ni bienes

No tienes sabiduría alguna

Pero te sobran ambiciones

Mezquindades y envidias

Te sobran ganas de matar

A cualquiera que esté mejor que vos

A cualquiera que esté bien

Pues tu patética alma

Ha sucumbido en las profundas arenas

Del abismo de la miseria.

***

…Y así me siento… mal… como siempre…

Una copa sobre la cama

Restos de aquel vino amargo

Que nunca pude saborear

Y resuenan las palabras vacías

Vacías de todo contenido

Vacías de toda lógica

Y vacías de todo interés

Al menos para mi persona

¡Cómo cansa ese locutor!

Mejor cambiar de canal

Pero no sé la verdad

Hablan de Panamá

De la paranoia y del antiimperialismo

Pero solo recuerdo

Mi malestar en Bocas del Toro

El estómago revuelvo en Sixaola

Y el vómito al llegar a Limón…

***

Nada me conforma

Siempre vivo en la ansiedad

Todo el tiempo en la ansiedad

En la incertidumbre

Esperando y esperando

Espero algo…

Pero no sé qué espero…

Aunque en el fondo lo sé

Pero no lo puedo expresar

Pues la censura es más fuerte

Que cualquier verdad.

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LOS RESURRECTOS

(A PARTIR DE UN POEMA DE MANUEL FOREGA)

Por Octavio Gómez Milián

Nosotros, vástagos de la autarquía
hijos del cuando tengas trabajo comprarás un piso
crías de la mediocridad y los exilios
freakies, amanerados dandies de todo a cien
tímidos conquistadores de muchachitas indies,
devoradores de kebabs de madrugada,
asustados por la culpa judeocristiana,
devotos del Candy y el Bacharach,
ladrones de minutos en televisión,
de la cáncana discentes eximios,
masturbadores salvajes,
adoradores de los discos perdidos,
lectores clandestinos del jueves (cuando era el jueves)
estudiantes del BUP y del COU:
(todos los raros fuimos al concierto
del gran telépata de Dublín,
tanto nos daba ocho como ochenta
a los fanáticos del niño Juan y los rompedores de coco)
Nosotros: divinos Voladores o Domadores
onanistas de fotos de Jane Birkin
rayones de vinilos de Cohen
aprendices de idiomas,
aspirantes a Guinda, Forega o Vilas
farsantes ilustrados con Alan Moore en bandolera
remedos de Dylan, plantillas de Truffaut
irredentos suicidas
balubas de la guerra
apóstatas, agnósticos, ateos y creyentes
dileantes de una revolución
que nunca llegó a empezar
los que buscaban un enemigo
porque así es más fácil pelear.
moradores de los ergástulos por el morro
apéndices de Federico
estetas de Algora y el Polaco
inocuos seguidores de Jean Paul,
espadas de Garci, de Chiquito, de Luis Sánchez Pollack
mansos fandangos de Ibiza, de Hydra y Euroville
Nosotros: incendiarios mutados en bomberos,
padres de los próximos junkies y malditos
opositores, mentirosos, volubles censores,
domadores de adolescentes bestias,
altísimos farloperos sin medida,
porreros, cocainómanos, alcohólicos,
reciclados por Franz Ferdinard y la Velvet
tardíos revelados en Fresán y Handke
diputados sin partido, alcaldes de habitación,
herméticos maricas…
eternos deudores del deseo insatisfecho
nosotros: los del medio, los eclécticos,
los postmodernos irredentos,
los que seguimos buscando
el lugar donde solíamos gritar.
los que nos dejamos caer
sabiendo que nadie nos ayudará a levantar,
los que esperamos en la parada
un autobús que hace mucho que pasó,
los que cuando quisieron besos
sólo recibieron abrazos,
los del medio, los de los tebeos,
los que nunca servirán para trabajar,
los de Perico Fernández,
los que vieron jugar a Santi Aldama,
los que nunca te sacaron a bailar.

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POEMAS DE NAVIDAD

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

¿PARA QUÉ TENDRÁS OJOS?

 

PREFACIO

 

He salido a la calle con el frío y en la noche,

con mi sombra y con mi perro,

para recoger este poema negro,

poema que me esperaba donde mi perro

ha cagado, en un erial de tinieblas,

allí donde comienza la vanidad y la altivez,

la soberbia del mundo mortal y efímero,

los gorriones duermen en las alturas,

los edificios cortan el viento frío,

doy la espalda a la tonta explicación,

he venido a recoger este poema,

poema débil que esperaba tiritando en soledad

como un espíritu que quiere ser materia,

de la misma materia que estás hecho tú.

LA FRASE ESCUCHADA

 

¿Para qué tendrás ojos?

Si no ves cuando miras

Si no miras cuando ves

Si no ves lo que callas

Si no callas cuando ves

¿Para qué tendrás ojos?

Si no miras cuanto ves

Si no ves cuanto miras

Si no ves aquello que sabes

Si sabes aquello que no viste

Sabes que yo si miras no voy

Vienes si no sé lo que miras

No sabes aquello que veo

No miras aquello que sabías.

¿Para qué tendrás ojos?

No ves lo que quisieras

Quisieras otra cosa ver

Yo quiero no ver lo que ves

Tú quieres ver lo que yo veo

Yo veo Tú ves

Los dos miramos la misma cosa

Tú ves lo de los dos

Yo te veo solamente a ti.

¿Para qué tendrás ojos?

¿Para qué?

NAVIDAD

 

Es Navidad, felices fiestas,

el niño dios ha nacido este día,

es tiempo de paz,

es tiempo de estar en familia,

las mismas fechas, las mismas cosas,

recordar los que ya no están,

comer con excesiva gula,

abundancia e hipócrita postura,

recordar que existe un tercer mundo,

villancicos y perdones,

compasión con los descamisados,

con los solitarios de este mundo rico,

es tiempo de paz, felices pascuas,

borracheras y algún empacho,

marisco gallego y cava catalán,

¿Para qué tendrás ojos?

¿No ves que me hago partícipe

de esta puta farsa?

¿Para qué tendrás ojos?

Es Navidad hoy, felices fiestas,

estás quemado, lo veo en tus ojos,

¿Para qué tendré ojos?

Si sigo haciéndome el idiota

cuando veo lo mismo que tú sueles ver.

¿Para qué tenemos ojos?

Si no remediamos aquello que vemos.

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MILAGRO CANINO

 

Miro la siesta permanente de Urko,

su siesta tranquila me evoca su nada de nadie,

en ella veo todas las banalidades

y también las vanidades

arrinconadas en el sinsentido eterno,

en Urko veo el nervio impulsor de la vida

donde se aposentan todas las naturalezas,

No tiene sentido guardar para mañana,

Ni ser laureada y docta eternidad,

el mediocre debe ser mediocre

porque ser lo máximo

es competición y mesura ridícula,

porque ser eternidad

entre la inmensidad de las galaxias

es la mayor de las estupideces

(es nano-voluntad en pos de lo macro-imposible),

Urko no se preocupa

de las vueltas que el mundo dé

bajo sus patas de alegre fauna viva,

bajo sus patas de puro encanto,

bajo su fauna de solitaria compañía

 junto al hombre pretencioso,

no le preocupan las glorias

ni las postrimerías,

ni los hechos pasados

ni los venideros,

no le preocupan los presentes

 ni los rankings contemporáneos,

él es el encanto que enamora

y nada más que eso,

lo demás es extrahumanizar lo humano.

Él no me pidió aparecer en este poema,

sin embargo,

es lo único que emana poesía.

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*En el 6º número existe una errata en la versión pdf, la errata es la siguiente: no es el número XL de la 2ª Etapa, es el número L, osea, el 50º de la 2ª Etapa.