Reseña literaria de Juan A. Herdi

Paco Cerdá

Presentes

Alfaguara. 2024

El 20 de noviembre de 1936, primer año de la victoria, se exhuma en Alicante el cadáver de José Antonio, el apellido no es menester añadirlo, y durante once días se traslada en cortejo fúnebre, procesión medio laica, medio religiosa, a El Escorial. Atraviesa un territorio cuyos habitantes no han olvidado el horror de la guerra, una guerra que para muchos, pese a la propaganda y a los deseos pretendidos de nueva era,no terminó el primero de abril del 39, siguió en forma de miedo, represión, miseria, incertidumbre colectiva e individual. 

Paco Cerdá nos relata la historia de esa comitiva, pero también va componiendo la infrahistoria, los relatos de vida, de los habitantes de aquellas tierras atravesadas por ella, historias de hambre y desolación, de frustración y vacío, hechos que aún hoy permanecen anónimos por un silencio atroz que se impuso en todas las esferas de la sociedad y que conduce a que sus protagonistas sean pasto del olvido. El anonimato puede ser el destino de los hombres y mujeres que sufrieron aquella historia, olvido reforzado por intereses políticos y una voluntad errónea de pasar página en un momento dado, años después de aquella tragedia de la inmediata posguerra. Merecen a todas luces un ápice de luz, que se sepa lo que ocurrió, no por ánimo de desquite o de vanas represalias, sino por mera necesidad de saber de dónde venimos y de reconocimiento a quienes también conformaron el país, los nadie de entonces.

El régimen buscó la legitimidad en la gloria de sus mitos, el de José Antonio es fundamental, no en vano el régimen glorifica a ese hombre que le proporciona buena parte de la argamasa de la legitimidad ideológica, aunque puede, se insinúa entre líneas, que al Generalísimo y a buena parte de los vencedores poco les importó las razones de su victoria, no había en ellos un afán principista, sino más bien el de reponer un orden social que creyeron amenazado. De hecho, muchos falangistas de primera hora, camisas viejas, sienten que el nuevo régimen no responde a sus ideales. Por otro lado, entre los vencedores hay también mucha pluralidad, no todos tienen una misma posición.Tampoco los mismos intereses, aunque estos crearon mayores consensos. El régimen supo lidiar con tales diferencias. Paco Cerdá también nos muestra en este puzle que es su libro parte de la infrahistoria de estos vencedores.

El resultado es una composición bastante bien documentada que nos da un retrato de una época y un lugar, una excelente descripción de los inicios de la dictadura que pasará por muchas fases, pero que en aquel momento necesita de la exaltación de los discursos y así argumentar su gestión de un modo heroico, a falta de medidas que mejoren la situación del país. Por tanto acude a los mitos, al mito originario de José Antonio, pararelanzar una gloria que a todas luces confronta y se contradice con la realidad. 

De este modo, el libro nos va dando una idea bastante amplia y precisa de lo que fue España a partir de una semana en la vida de un país repleto de claroscuros. Un libro a todas luces fundamental para conocer aquel periodo.

 

El Siglo del viento de Eduardo Galeano-Director: Fernando Birri

26º de la Revista literaria Nevando en la Guinea.pdf

Vídeo sobre Fernando Pessoa—Escribir Poesía-Cecilio Olivero Muñoz

ESCRIBIR POESÍA

Por Cecilio Olivero Muñoz

¿De dónde he heredado el hecho de ser poeta? Quizá ni lo sea, quizá sea un impostor, quizá no sea ni lo uno ni lo otro. Porque ¿para qué sirve la poesía? No te da dinero, te hace vulnerable como en este post publicado al desnudo, a corazón abierto, desde la piel al tuétano.

 La poesía es un lastre, una pesada carga, las humanidades hoy por hoy son inhumanas. ¿Dónde está agazapado el genoma en mi ADN que me dice y me da la razón en el hecho de ser poeta? Eso si lo fuera. Porque dudo a todas horas. Me desnudo ante una caterva de desconocidos que no saben si es real o ficticio lo que escribo, o quizá sea una exageración. Una manera más de hacerme notar. ¿Vanidad? Puede valer. ¿Romanticismo empalagoso a veces? También. Los poetas nacen del fracaso y de la derrota, uno es masculino, y la otra femenina.

Pero los dos son la misma cosa. Yo como poeta me declaro ausente, una incógnita, no quiero ser petulante. A veces no soy yo quien escribe, es una fachada de cara a una plaza pública donde nadie me conoce, no me conoce y me juzga.

 Afuera está la primavera, pero yo no la logro ver ni la consigo entender. Ya no me sirven en los bares y molesto como un grano en el culo. ¿Ganar un concurso te hace poeta? No. Simplemente te colmas de ego y presumes que has ganado esto o aquello, pero los corazones todavía se rompen en pedazos.

No soy un poeta de concursos, tengo miedo escénico, y no me considero un poeta en toda regla. En este mundo de la poesía hay mucha envidia, celos, malentendidos, escarnio, y te aconsejarán aquellos que, de los cuales, tienes que decantarte por el lugar contrario al que te dicen que te dirijas. En el modernismo se ha hablado más de palomas y de proclamas políticas, que es pura obsesión, que alguna poesía es aburridísima. Algo parecido a lo que pintaba el Padre de Pablo Picasso, que pintaba siempre palomas. Yo no envidio a nadie, quizá mienta, ya que si alguien gana un concurso me da envidia, sin embargo, si alguien es un derrotado total que se lanza a la escritura como modo de supervivencia me da pena, o quizá sea yo quien dé pena.

Gastarás un montón de dinero. Y aún así los objetivos marcados son presuntamente quimeras y sólo eso. Bueno, que no, que no, no soy un poeta en toda regla. Mi ambición es otra. Mi ambición es la de amar, una experiencia sexual y dejarme de gaitas.  

Contrabandistas de Antonio Miguel Oliveros Quiroga.pdf

Vídeos de Rolando Revagliatti

Sid Vicious & Sex Pistols-Cecilio Olivero Muñoz

SID VICIOUS & THE SEX PISTOLS

 

 El punk surgió en un contexto de inmenso paro en la Inglaterra de los Setenta. La gente era basura blanca, racista y muy quemada debido al desempleo. Eran años de protesta y los jóvenes eran herederos por medio del punk de la frustración de sus padres.

 

Según Malcolm McLaren, Sid Vicious era una metáfora para los SEX PISTOLS. En poco tiempo se convirtió en el centro de atención del grupo. Nació en el 10 de mayo de 1957 y murió en New York en el 2 de febrero de 1979. También decía Malcolm, al que Sidney llamaba Popeye: —Never a trust hippie. Nunca confíes en un Hippie. Sid Vicious vestía con indumentaria nazi. No se sabe por qué motivo odiaba a los judíos. Y de esos fangos acabó en esos lodos.

 

Sid Vicious apuñaló a Nancy, que era una groupie, siempre preparada para presumir que era novia de Sid Vicious. A Sid no lo descubrió Malcolm McLaren, Sidney consiguió meterse en los SEX PISTOLS. Era carismático, y sus locuras lo hacían atractivo. Dicen que su madre le inyectó la última dosis de heroína. Murió de sobredosis. Como era de esperar.

A Sid le gustaban todo tipo de drogas, era adicto a todo. Según él las tomaba para salir del tedio, del aburrimiento. Mucha gente creía en él y hasta inventó o fue precursor de un baile punk, el pogo.

 

Sid Vicious se convirtió en una leyenda. Una vida desperdiciada debido a sus adicciones. Estaba en contra del mundo hippie, aunque fuera descendiente del aquel mundo. Se llamaba Simón John Ritchie. En sus giras siempre la liaba parda, ya que no se cortaba en escupir al público. Tenía un gran lado sadomasoquista. La leyenda de Sid dio como fruto una película (biopic). La película se llamaba Sid and Nancy y fue un éxito taquillero en la época. Lo interpretaba Gary Oldman, que también interpretó a Ludwig Van Beethoven.

 

La película relataba todo el mundo de drogadicción y mala vida de la que fue víctima y mártir por el mundo punk inglés. De Sid se ha hablado mucho, y se seguirá hablando. Muchos se aprovecharon de su ceguera adictiva hacia las drogas y de su estupidez cuasi profesional.

 

Pudiera hablar de su comida favorita, de lo que Sidney era capaz y de las veces que le partieron la cara. En un documental dedicado a la muerte de Sid no se dice realmente nada nuevo. Se hizo protagonista del video musical y de la película The great rock ‘n’roll swindle traducida La gran estafa del Rock and Roll. Una comedia musical dedicada al fenómeno de los SEX PISTOLS como explosión que revolucionó el panorama musical. Donde sale el delincuente del tren de Glasgow Ronnie Biggs, quien al final de sus días admitió que el crimen no compensa

El Hoax de Vicente Luis Mora en la revista Quimera

Sí, es cierto, lo confieso: he redactado el último número de la revista Quimera, el 322, correspondiente al mes de septiembre, desde la primera línea hasta la última, a través de 22 seudónimos y varios nombres reales que se han dejado usurpar por mí. Luego contaremos más sobre el qué, pero creo que debemos comenzar pensando el por qué lo he hecho.


Por qué

¿Cuál es el objeto, la tarea, el propósito que debe mover a un escritor de nuestro tiempo? ¿En qué debe o -más bien- en qué puede consistir la tarea literaria en nuestro entorno y en los albores aún de un siglo nuevo? Para mí que un autor se haga estas preguntas o no se las haga es nuclear como muestra de responsabilidad artística y, por lo común, su literatura suele ser parte de la respuesta implícita o explícita a ambas cuestiones. Respuestas que pueden ser diversas e incluso, y sin salir de obras valiosas, contradictorias. Un autor tiene derecho a decir que la tarea de la literatura en nuestro tiempo debe ser ahondar en la preocupación por el lenguaje; otro, que su misión es dar cuenta de los problemas sociales que nos acechan y angustian; otro, que posiblemente su razón de ser se encarne en una obra amena pero que no esquive cuestiones trascendentales y reflexivas; otro puede apuntar a un más allá estético configurado por inmutables valores inmanentes, y aun pueden existir autores que sostengan que el arte en general y la literatura en particular tienden a ser una interrogación por la condición humana o por la búsqueda de un sentido. En mi caso, según el día o según la obra, creo que la literatura es o puede ser todas esas cosas. Y también creo que escribir puede presentarse también como un modo de intervenir en lo real, de cuestionar nuestro mundo y también nuestra forma de pensarnos escritores o artistas. La literatura, como dijo Arnold hablando de la poesía, puede ser una crítica de la vida, y también una crítica de la crítica, y una vivencia artística de la vida. Entre estos dos últimos parámetros, como una forma de analizar nuestro sistema literario y sus formas de recepción y legitimación y también, y al mismo tiempo, como una forma activa de participar en los procesos artísticos con un gesto que va más allá de la propia escritura, ahí, nadando entre dos aguas, es donde se encuentra la intención que me ha llevado a escribir por completo una revista conocida y respetada en nuestro mundo editorial, con muchos años a su espalda de experiencia y trabajo. Hacerlo en una pequeña revista no tenía la dimensión transgresora, deliberante, cuestionadora, que aporta una revista enclavada en el centro de un sistema literario. Además, responde a mi antigua intención de hacer literaturaen todos aquellos lugares que se posible, utilizando al efecto cualesquiera formatos existentes.

Damián Tabarovsky escribía en el número de Quimera anterior a mi atropello: “sé que la pregunta por los mecanismos de legitimidad de la literatura debe estar en la base de toda literatura. Es una pregunta que incumbe ante todo a los escritores y no sólo a los sociólogos”[1]. No pude leer este número veraniego hasta después de haberse publicado el de septiembre, al vivir fuera de España, y me parece ahora significativo y feliz que el propósito del número ficticio estuviera contenido en el anterior, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Tabarovsky se dejó escribir por mí y autorizó que me hiciera pasar por él, demostrando que cuando opina que hay que preguntarse por los mecanismos de legitimidad en literatura (y el autorial, como él bien sabe, es uno de los más poderosos) se hace la pregunta no sólo con la teoría sino también con la práctica, en consecuente y coherente actitud.

El papel de la literatura en nuestro tiempo es un papel difícil, un papel ya en trance de desaparecer incluso como papel, para cifrar su permanencia en signos convertidos en píxels. La literatura, esto ya se ha dicho, tiene numerosos y dotados competidores que la dejan cada vez más sola en nuestros espacios de ocio y reflexión y sigue sin plantearse seriamente, esto ya se ha dicho menos, si la culpa de su postergación se debe a la amenaza externa o a la debilidad interna. Félix de Azúa explica en su espléndida Autobiografía sin vidacómo la literatura del XIX se configura en parte como una reflexión sobre sí misma después del revuelo romántico, y cómo la novela del XX puede explicarse en su mejor parte como la búsqueda a través de la prosa del poder de la palabra abandonado por la poesía. Podemos discutir hasta el hartazgo las secantes ideas de Azúa, pero no algo innegable que subyace en ellas: los grandes libros de ambas épocas buscaban algo. Qué debe buscar la literatura del 21, ésa es la cuestión. El número 322 de Quimeraes mi propia respuesta a la pregunta.


Qué

No es esta la primera vez que algo así se hace, ni siquiera la primera vez que yo lo hago. Cuando estudiaba Derecho en Córdoba, entre mi amigo Francisco y yo elaborábamos por completo o casi por completo la revista estudiantil Talión, inventándonos diversos personajes y seudónimos para rellenar cada número. Sin tener conocimiento del precedente, antes que nosotros ya había hecho algo similar el crítico José Luis García Martín en la revista literaria de su universidad, seguramente amparándose en los Folletos literariosque Leopoldo Alas preparó por entero y bajo su seudónimo habitual, Clarín, desde 1886 y durante bastantes años. Karl Kraus también hizo durante años su publicación personal, si bien –creo- firmando en nombre propio. En este caso, el número 322 de Quimera tiene la diferencia de ser una revista general conocida, de circulación nacional e internacional, por lo que las dimensiones de la “intervención” son diferentes que en una publicación universitaria.

La idea me surgió en octubre de 2009 y la trasladé con pocas esperanzas de éxito, por la locura que suponía, a los por entonces tres directores de Quimera, quienes la recogieron, para mi sorpresa, con entusiasmo. Tras la marcha de Jorge Carrión y Joan Trejo de la revista dos meses después, continué el proyecto con Jaime Rodríguez Z., el actual director, que ha sido un paciente cómplice de todo este gigantesco engaño, cuyo secreto hemos logrado mantener hasta el final, incluso para colaboradores estrechos de la publicación. Debo decir que cualquiera que sea el valor transgresivo que este número supone, hubiera sido imposible si la propia revista y sus directores no hubieran avalado la operación, de modo que Quimerase convierte, gracias a su gesto, en la única revista de crítica y también de autocríticade la literatura española actual.

El proceso ha sido muy lento: muchos años de recopilación de casos y temas antes, siete meses después de larga y paciente escritura del número, de todas sus secciones. Numerosos ejercicios de imitación de estilo para las secciones fijas de colaboración, firmadas además por nombres con un estilo propio y consolidado: Germán Sierra, Germán Tabarovsky, Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo: a todos ellos gracias por dejarse voluntariamente usurpar por esta escritura falsificadora y fantasma. Meses de imaginar colaboradores, seudónimos, cada uno con sus características de estilo, cada uno con su minibiografía. Meses de hacer fotografías equívocas o ambiguas. Meses de inventar libros supuestos, de escribir poemas para que los poemarios pareciesen reales, de frases para que las falsas novelas tuvieran verosimilitud, en un proceso abismante donde tenía que inventarme la escritura del crítico inexistente y también la del ficticio escritor reseñado. Meses de ingeniar decenas de argumentos, de tramas, de ideas y declaraciones apócrifas, de traducciones falsarias, de quiméricas editoriales, de increíbles obituarios. Meses de encarnar filósofos, escritores, estetas, profesoras especializadas en otros enredadores como Fresán o Bellatin, biógrafos, críticos venales. Meses de contar caracteres y de pensar sobre los fenómenos del hoax y la impostura literaria, leyendo a numerosos autores, para justificar las diferentes ideas de diferentes personae en el sentido griego del término, máscara mediante. Meses de aprendizaje. Meses de mucha diversión. Meses de regreso a la sensación de la escritura como vértigo, como salto sin red, como camino al vacío sin preocupación por el sendero de regreso. Meses de libertad creativa absoluta. Meses inolvidables.

En la “Entrevista mínima” del número de octubre contaré más cosas. Aquí terminaré diciendo que desde este momento, un libro titulado Quimera 322 se añadirá a mi nota bibliográfica, puesto que para mí lo publicado es algo más que un ejemplar o número de revista, para mí es un ensayo orgánico o más bien inorgánico sobre la falsificación literaria, llevado a cabo desde una falsedad editorial, de modo que se configura como una metafalsificación. Un ejercicio a medias literario y a medias performativo, que quizá sea lo único decente que he escrito en mi vida.



Libro de reciente publicación en Galaxia Gutenberg

Reseña de Juan A. Herdi

Luis Salvago

El telegrafista

Menoscuarto Ediciones. 2024

Un hombre rememora en una sala de hospital una vieja amistad. Se inicia antes de que estalle la guerra civil española, pasará por momentos con demasiados claroscuros. Incluso un hecho les distanciará, no sin recelos, reproches, culpas y resentimientos. La guerra les llevará a reencontrarse y a que surjan no pocos de los sentimientos de antaño entre los dos hombres. La narración de la historia de esa amistad conduce también a afrontar unos hechos de la propia guerra civil, en concreto un momento de la misma y un espacio, Belchite, uno de los lugares donde la confrontación fue más cruda y la cotidianidad devino áspera, desagradable, corrosiva. 

Hablamos de una novela que cose de un modo sutil varios tiempos narrativos, unos se explican por los otros, se vinculan entre sí, al fin y al cabo el pasado sigue presente, afirma en un momento dado el narrador, como si el tiempo fuera acumulativo, con todo el daño y el dolor que reporta el recuerdo, con la tentación del olvido ante un tiempo resbaladizo. Aunque tal vez lo que es resbaladizo sea la vida. 

Por lo demás, no hay en la mirada del narrador ningún atisbo de heroicidad respecto a la guerra, incluso la contempla como un lugar ilusorio donde se dirimen los rencores. No cabe la lealtad absoluta, siempre hay resquicio para la duda. Ante el horror de la guerra, se acude a la humanidad, a un sentimiento de solidaridad básico en el que no caben los grandes ideales, sino la cercanía. Sólo así se explica que la proximidad devenga la forma de resistirse a los infortunios de un conflicto que, en efecto, no tiene nada de heroico, sí en cambio de gestos cotidianos de generosidad y comprensión mutuos.También de horror. De este modo, la referencia constante a varios grabados de Goya, los de la serie que el pintor reunió bajo el título de los desastres de la guerra, cobra pleno sentido.

El resultado es una novela intimista, precisa en sus descripciones y en los tiempos. El lector asistirá a la evolución de los personajes con los que sin duda se identificará, los sentirá próximos. Es justo esa actitud humana lo que será determinante para considerarlos en toda su amplitud, los que les volverá cercanos, sensibles. La compasión se convierte en este sentido en un sentimiento positivo, básico. A partir de él se estrechan los lazos y las solidaridades.

Luis Salvago consigue desplegar un mapa temporal afinado gracias al cual vamos intuyendo unos hechos y unos gestos, los contemplamos por medio de un lenguaje preciso, atinado, sin necesidad de juzgarlos, ni siquiera de justificarlos, sino comprendiéndolos como paso previo a asimilar la realidad de los mismos. Por otro lado, el autor logra transmitir una atmósfera sombría, sin que nos lleguemos a asfixiar, sin embargo.

El resultado es una novela que se convierte a su vez en un retablo minucioso de la guerra y de la vida que, pese a todo, persiste tras los horrores de lo cotidiano, un testimonio de humanismo y sensibilidad, descrito todo ello con una intensa prolijidad literaria.

Off the Record – Pedro Lemebel- Roberto Bolaño