8º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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8º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO

EN LA GUINEA

NºVIII  04-10-2.008

 

Editorial VIII

Muerte de un actor

 

 

El pasado 26 de Septiembre moría Paul Newman. Sin duda fue uno de los mejores actores que el cine haya dado a lo largo de su historia y para muchos de nosotros su nombre está íntimamente ligado al cine. Representa sin duda este arte, su rostro y su buen hacer refleja en gran medida lo que el cine ha significado y significa en nuestro tiempo, una pasión y una fuerza en el arte de narrar. Desde que actuara en su primera película, «El cáliz de Plata», en 1954, ha protagonizado muchas películas, la lista es larga, y dirigió también algunas. Durante esta última semana la prensa, la radio y la televisión se han hecho eco de la noticia y han glosado la figura del genial actor. No queremos repetir por tanto lo ya dicho, sino recordar a este actor que es sin duda símbolo del cine, del buen cine, y homenajear su buen hacer.

 

Pero queremos añadir que, más allá de su labor cinematográfica, Paul Newman representa a ese tipo de actor que sólo se sustenta por su trabajo. Alejado de los focos en su vida privada, no se convirtió, como por desgracia ha ocurrido con otros artistas, en un mero exhibicionista, en un exhibidor un tanto histriónico (en el peor sentido de la palabra) de su ego, sino que se comprometió plenamente con su arte y logró que su éxito se basara únicamente en la interpretación. Aprovechó la fama para apoyar algunas causas sociales, pero lo hizo con modestia, más como ciudadano que favorece lo que considera ético. Lo que él quiso ser fue ante todo actor y vivió para ello.

 

Creemos en el artista que sobre todo se centra en su arte, ya sea la literatura, el cine, la pintura, la escultura o el teatro. Creemos en el artista que se compromete plenamente con su trabajo. Picasso solía decir, cuando le preguntaban por las musas, que estas señoras nunca le habían visitado, pero cuando lo hicieran le encontrarían trabajando y sin duda Paul Newman estaría de acuerdo con esa afirmación porque la cumplió a rajatabla, trabajó y mucho por que su trabajo saliera lo mejor posible. Y lo consiguió. En un mundo de apariencias como el nuestro hemos de distinguir muy claramente que una cosa es «ser artista» y otra muy distinta «ir de artista». Muchas veces el exhibicionismo no es otra cosa que mediocridad que intenta pasar por genialidad.

 

Sin duda este formidable actor vivió en el mundo y se interesó como ciudadano que también era por lo que le rodeaba. Pero no hizo de las causas que defendió una forma de promoción, todo lo contrario, las defendió desde una modestia que le ha engrandecido como ser humano. Del mismo modo huyó del glamour y de todo paripé mediático. Paul Newman fue un buen ejemplo de lo que consideramos un actor honesto y profundo. Cualquier aprendiz de artista ha de tomar buena nota de esta experiencia. Nosotros lo entendemos así y, como suele decirse en estos casos, el mejor homenaje que podamos hacerle es ver sus películas y disfrutar de sus actuaciones.

 

 

 

 

 

NO ME ESPERES
 

Me duermo en la quietud de la noche
Los fantasmas acunan mi descanso
Las almas errantes me acompañan
Y las penas quedan enterradas.

Y si no fuera verde el pasto que crece
Y si la primavera no fuera florida

Descanso el descanso fúnebre
Con cientos de gusanos devorando
Mi carne.

Soy el eco de la muerte errante
Soy el humus que alimenta
Esta tierra.

Y me fui a nadar
Entre sombras.
No volveré,

No me esperes despierto.

 


 
Por Gabriela Fiandesio.

 

 

 

EN LA CORNISA
 
 
Ahuecas tus alas peregrinas
y me envuelves
y acortamos en ascenso las distancias,
tres ramitas y un guijarro en un risco
son tu mínimo refugio de halcón
impenitente.
Ven conmigo, susurras
en idioma de ave migratoria,
amémonos, me dices
con ojos que me cazan con dulzura;
no soy presa ni tú, garra,
somos viento que se enreda
en la cornisa.
 
En la cima del abrazo
viaja hasta el valle tu graznido.
En lecho de plumas rubias lluevo libre.

 

Por Sandra Orellana Figueroa

 

 

 

 

 

 

 

 

Sophie

 

 

Era imposible no amar a Sophie. No porque fuera una de esas bellezas inmensurables, más bien al contrario, a primera vista resultaba incluso más bien algo feúcha, o porque deslumbrara por una personalidad apabullante, por contra su extrema timidez parecía inducirle siempre a pasar desapercibida, pero había algo en ella, algo ignoto, algo desconocido pero muy presente, que hacía caerte de pronto a sus pies por poco que la tratases cara a cara. En mi caso fue apenas al cabo de unos pocos días que comencé a sentirme atraído por ella.

Me la presentó una estudiante de español, Ania, con quien Sophie compartía aulas en la facultad de letras y a quien yo solía dar algunos consejos en su aprendizaje idiomático. Apenas hablamos aquella primera vez, se limitó a enrojecer en cuando fuimos presentados y a escuchar con una leve y amable sonrisa la conversación que Ania y yo manteníamos. Me la encontré al día siguiente. Iba sola y de nuevo enrojeció nada más me hube acercado a saludarla. Como llevábamos el mismo camino, charlamos un poco, lo suficiente para saber que era de la zona de Cognac, en Francia, y que se había trasladado a Bruselas para continuar sus estudios de letras y un aprendizaje de idiomas para lo que la capital belga parecía el lugar idóneo. Lo cierto es que sentí ternura por ella, su leve enrojecimiento al acercarme, idéntico al del día anterior, su voz dulce, su manera un tanto retraída de hablar, todo parecía indicarme que estaba ante una figura frágil, casi de porcelana. Cuando se despidió, lamenté no haber podido saber algo más sobre ella y haber carecido de la suficiente seguridad como para intentar quedar con ella otro día, pero yo también era tímido y dejé al azar de nuestros encuentros la posibilidad de conocerla más.

Por suerte, Bruselas era lo bastante pequeña como para permitirme encontrármela con cierta facilidad. Pronto supe los lugares por los que ella se movía, que no distaban muchos de los míos. Así fue como, poquito a poco, logré que quedáramos para tomar un café. Me hubiera gustado ser más osado para proponerle salir más a menudo, pero siempre me sentía frustrado cuando nos despedíamos porque nunca llegábamos más allá y sentía que no iba a ser capaz de ir más lejos que aquellos encuentros alrededor de cafés a media tarde o, como mucho, alguna cerveza al anochecer.

Ella tampoco ayudaba. Se limitaba a charlar conmigo de los temas que yo planteaba. No es que se aburriera, dejaba ver que se sentía a gusto conmigo, a veces incluso lamentaba las veces que yo no podía quedar con ella, sin embargo tuve la sensación de que jamás dejaba abierta la posibilidad a que yo me atreviese a dar ese paso que el miedo al ridículo me impedía dar. Así fue transcurriendo nuestra amistad, hasta que llegó el día de su regreso a Francia.

Como Ania se había marchado a Rótterdam, me pidió que le ayudase a llevar sus dos maletas hasta el tren. Aquella mañana, con tiempo más que suficiente, me acerqué a su apartamento. Al llegar, ella ya tenía todo guardado. Preparó una cafetera y en cuando tuvimos el café en la taza pude apreciar ese mohín de tristeza que me hizo preguntarle si lamentaba dejar Bruselas. Sí, me dijo, mucho. Se hizo el silencio. Muchas cosas iban a quedarse en el tintero, sin duda, es lo que pensé en ese momento. Terminamos nuestro desayuno en ese mismo silencio que me pareció tenso, desolado, un tanto afligido. Me levanté para recoger las tazas y las lavé. Fue entonces cuando ella me sorprendió. Se me acercó por la espalda y me abrazó. Sentí su aliento y sus labios me besaron la nuca. Me di la vuelta y nos besamos.

Ça y est, susurró mientras se separaba de mí, on y va. Apenas pude verle el rostro, no pude saber lo que sus ojos podían reflejar. Intenté abrazarla de nuevo con fuerza, seguir unido a ella, pero sus manos se posaron en mis hombros no sin cierta reciedumbre y me empujaron suavemente. Non, me dijo, Sus labios dibujaron entonces una sonrisa dulce y triste. On y va, murmuró.

Apenas dijimos nada en nuestro camino a la estación. Maldije mi timidez, maldije mi falta de arrojo y la imposibilidad de volver atrás en el tiempo para comenzar de nuevo nuestra amistad e intentar que las cosas fueran diferentes. A partir de entonces, todo sería añoranza y ensueño.

Nos despedimos en la estación como si hubiéramos vivido la mayor historia de amor. Yo había leído hacía poco a Borges cuando decía que la distancia era el olvido, y esa frase se me apareció entonces en todo su dramatismo.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Pero siempre he tenido momentos en que la he recordado y me he preguntado una y mil veces cómo hubiese sido si las cosas, entonces, hubieran sido diferentes.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMA DIABÉTICO

 

(Soneto)

 

El azúcar es una droga aceptada

Y este soneto un beso amargo.

Un Bollicao es una gamberrada

y la Nocilla el peor desacato.

 

Dibujas Gremlins en tu mirada

Cuando doy caladas a un cigarro

Te falta esa repentina bofetada

Cuando me zampo un chicharro.

 

Quisieras darme una cruel patada

Cuando en mitad del cotarro

Dejo colgada mi solitaria arcada.

 

Otras me dispararías a bocajarro

Cuando con la verdad de la coartada

Me hallas revolcándome en el barro.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

MUCHO RUIDO

Y POCAS NUECES

 

(Soneto)

 

A muchos les atormenta la duda

A otros les atormenta el trasiego

A unos les duele la sordera aguda

A otros les duele el tramposo juego.

 

A muchos les atormenta el silencio

A otros les atormenta el griterío

Unos son sensibles al frío del cencio

Otros son sensibles al escalofrío.

 

Otros golpean con mazo y rezan luego

Hay quien por miedo no saluda

Hay también quien teme al fuego.

 

Hay quien peca de persona testaruda

Hay quien tiene al dinero apego

Y otros que de nadie obtienen ayuda.

 

Hay quien de rodillas humillan su ruego

Y hay a quien le sirven la vida cruda.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

NUNCA ES TARDE

 

Quise volver a empezar

y quise enmendarme de la rebelde causa sin causa.

Por eso vamos resurgiendo de cualquier caída.

Yo me siento de nuevo adherido a la vida

y tú estás tranquila sin mis demonios.

Nunca es tarde si la dicha es buena.

-Nunca es tarde- Alguién dijo.

Un momento de literatura es un momento de lágrimas.

Un momento de nuestra vida es un momento vivido.

Pero la vacuidad de gratificaciones selectas

es un fijo punto por el que dejarse caer al vacío.

Las canciones se cuelgan del alma

y los versos se cuelgan desde la garganta.

Bellos sentimientos son los que señalan

a la luz sin querer y son libres poemas dulces.

Son elixires de gozo y sombra.

Son ataduras por las que llenarse de derrota.

Los parámetros de linde a galaxia,

de sol a ventana, de cielo a nido,

de letra a canción triste, de barranco a hurraca,

y de aurora a recuerdo, son el significado

de nuestras distancias, todas ellas, de un verde

sentido de la naturaleza libre de esencias banales.

Gigante soy de viento, escoplo y martillo.

Gigante diminuto de ceniza, sangre y latido.

Soy el amor de una perla elegida para la luz.

Soy el elegido para amar a una perla de luz y sendero.

-Me gusta susurrarte canciones-

Por eso canto con la alegre circunstancia de mis ojos húmedos de

brutal equilibrio y con caída de estrella.

Me gusta el soporte de tu corazón balanceando mi pensamiento puesto en ti.

Me gusta todo lo que te rodea. Y me gusta todo lo que te devuelve. Me gusta todo lo que de ti habla. Y me gusta todo lo que de ti sueña. Por eso siempre estoy hablando de lo cerca que estoy de tu sencilla presencia de otoño.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

PLAN DE VUELO
 
 
Estira tus alas fuertes
y peina al viento tus plumas rubias,
sobre tu espalda de halcón furioso
llévame
y con truenos
cubre mi voz pequeña…
Vuela, sólo vuela,
que con susurros de navegante
iré poniendo en tu oído
una a una
mis coordenadas.

 

Por Sandra Orellana Figueroa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAJÓN DESASTRE

 

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CAJÓN DESASTRE

 

«La Parada de los Monstruos» de Ted Browning

 

Según la definición que da la Real Academia Española de la Lengua, perfección es todo lo que posee el grado máximo de su cualidad o el mayor grado posible de bondad o excelencia. Pues bien, si observamos la naturaleza y los seres vivos que tenemos alrededor, nos daremos cuenta de que todo está diseñado a la perfección, en condiciones normales, no hay nada imperfecto, una mosca, un reptil, un ave o el mismo ser humano, anatómicamente hablando, no son seres deformes puesto que todo está dónde tiene que estar, el cerebro no lo tenemos en los pies o una araña no tiene quince ojos ni un pez respira fuera del agua, nos guste o no todo es perfecto. Pero cualquier deformación sea por causas genéticas o por un desgraciado accidente no es perfecto, es una alteración grave de la naturaleza, así que no miremos a otro lado: unos siameses son unos monstruos, un deficiente mental no es una persona normal, alguien que le falte una pierna ya tiene una severa imperfección puesto que ya no se desenvuelve normalmente, para todos aquellos padres que sufran esto saben que tienen una carga pesada y que jamás llevarán una vida normal, según los parámetros de la naturaleza. Otra cosa es que se procure que su vida sea lo más grata y cómoda posible. No vamos a hablar de la perfección desde otros puntos de vista que siempre ha buscado el ser humano como la perfección en el arte o en la poesía, lo abordamos desde la óptica de los seres vivos, su creación y su desarrollo en la Tierra. La naturaleza es sabia, ¿acaso el sol sale se noche? Lo terrible de todo esto es que en el mundo perfecto, sin alteraciones, existen razones suficientes para creer que es un universo de necios, de asesinos, de mentirosos, de crueldad infinita, en el interior de un césped cualquiera hay una vorágine de muerte, multitud de insectos comiéndose unos a otros sin descanso y los humanos se matan unos a otros no sólo literal, sino metafóricamente, como ese maravilloso padre que es capaz de engañar a su hija con tal de no perder tal o cual cosa. Sobre lo que es perfecto o no les invito a que vean el filme «La Parada de los Monstruos» de Ted Browning una maravillosa cinta de terror de los años 30 que evoca una cita de Manuel Vicent: la perfección es muerte, la imperfección es arte.

 

Ismael Resano Conde de Fabra

 

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7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO

EN LA GUINEA

NºVII 27-09-2.008

 

7º EDITORIAL

 

LA DELGADA LÍNEA ENTRE

EL CINE COMERCIAL Y EL CINE SOLIDARIO

 

El cine es una buena forma para combatir las causas injustas en este mundo. Pero, ¿qué sucede cuando lo comercial o lo rentable se pone la máscara falsa de lo reivindicativo o lo solidario?¿Qué sucede cuando el cine relacionado con los contrastes entre norte-sur se vanagloria de combativo y de acusador y de luchar en contra de las dictaduras y el hambre?¿Qué sucede cuando el cine comercial basa su película en un tema tan peliagudo como el de África? Pues bien, lo que sucede es que todo esto deja entrever una realidad usurera y muy poco solidaria con la verdadera raíz del problema africano o latinoamericano. Existen películas estrenadas recientemente como “El último rey de Escocia” o también “Diamante de sangre” que guardan tremenda relación con los problemas que el África tiene, pero deberíamos pensar: ¿todo ese cine es alarmista o contestatario con la realidad africana o es un mero recurso para contar una historia, exprimirle el jugo y sacar la mayor tajada posible? ¿Es este cine solidario y compasivo o es una manera más de hacer caja donde vale todo y toda materia (humana) es buena para ganar dinero?

 

Hagan esa reflexión. Mediten sobre ello. Quizás haya más causas justas en el mundo a las que Hollywood no hace ni caso o hace la vista gorda o disimula el problema, y sólo cuando hay dinero, es cuando se preocupa por contar una historia verídica o real. También existe un cine solidario y un tanto penoso, como por ejemplo “Ciudad del silencio”, que es un insulto y un atropello para las víctimas de esos asesinatos y los propios sentimientos de los supervivientes.

 

El cine solidario es en gran medida una farsa, una hipocresía, una manera más de ganar dinero, otra forma que afirma que el pez grande siempre se come al pequeño. Otra manera más de hacernos ver que estos problemas son y serán eternos, de construir resignación ante los males y el (des)orden del mundo. Muestran las consecuencias de las políticas actuales, sus efectos, aunque nunca apuntan a las causas porque esto significaría entrar en contradicción con el propio sistema político y económico, y su solidaridad no llega a tanto. Es muy fácil hacer crítica desde un país cosmopolita y capitalista, es muy fácil rodar una película viendo los toros desde la barrera, es muy fácil hacer demagogia cuando se forma parte del imperio y de las potencias causantes del problema, es muy fácil ser justo cuando se está fuera de lo injusto, es muy fácil hacer cine cuando se está en plena opulencia, por que lo verdaderamente difícil es vivir esa realidad. La realidad de la necesidad o el hambre que es otra forma de ganar dinero para Hollywood.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MALA PARTIDA

 

En boca del mundo no quieras rodar

Al mundialito juega el si y el no

No querrás mañana partida al billar

Tus defectos juzgados como ping pong.

 

En boca de zafios no oses mirar

Como se juega al sapo tu pena en alcohol

Donde se moja la porra y el paladar

Y vuelva tu pelota como al frontón.

 

No juegues con fuego o te quemarás

Corazón ligero juega al voleibol

Y al subastao tropieza tu cruel zigzag.

 

Rodarás serpenteando tu miel al golf

Y el boliche del millón hará crick crack

Donde rueda tu bola al meterte gol.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

COTIDIANIDAD DE LAS ESQUINAS

 

 

Le dio un vuelco el corazón cuando se miró al espejo y no se reconoció. Fueron unos segundos, nomás, pero no pudo precisar por un instante si aquel tipo que vio reflejado en el espejo era él mismo, Juan José Lozano Carranza, por lo que tuvo que murmurar su nombre y repetirlo dos o tres veces en la soledad de su cuarto, ante el espejo, quizá por la necesidad de reafirmarse que de veras era quien poco antes había dudado ser y diluir de este modo todo el horror que sintió. Horas más tarde, cuando se reunió conmigo en el Café del Centro, me dijo que había estado pensando en esos segundos de duda y que tal vez no era olvido lo que le sucedió, sino que se había pegado un susto ante lo que su vida había devenido. No es tan terrible tu vida, le reproché. Reconozco que siempre había sentido un poco de envidia por lo que él había conseguido. Trabajaba de profesor de literatura en un instituto, había logrado una estabilidad que yo no poseía, vivía en un piso grande en el centro que había heredado de su familia, publicaba artículos y críticas en dos o tres periódicos y todo lo que yo veía en él era por completo lo contrario a lo que era mi vida, con trabajos esporádicos, un estudio en alquiler, poco dinero, un montón de escritos en el cajón de la cómoda y realmente nada a lo que sujetarme.

Me miró como si mi reproche no tuviera sentido. No se enfadó ni se molestó, simplemente parecía que no creyera que su vida fuera tan buena como yo se la pintaba. Así me lo dijo, tal cual: no creo que mi vida haya sido ni sea tan buena. Mi cara entonces debió de reflejar una profunda sorpresa, porque enseguida se vio obligado a aclarar lo que estaba pasando por su cabeza. Sólo soy un profesor que da clases más por costumbre que por devoción, me dijo, nunca tuve vocación para ello y mucho menos la convicción de que hacía lo correcto, sino lo que se esperaba de mí y más bien ha sido el miedo lo que me ha empujado en la vida. No supe qué decir, tal vez porque no quería creer lo que escuchaba, así que mi silencio le indujo a continuar hablando de lo que le ocurría y la razón de su repentino desasosiego. A los quince años tuve algunos planes, los mismos seguramente que tienen los muchachos a esa edad, afirmó no sin cierto titubeo, pero no los llevé a cabo, ninguno, mi vida fue estudiar porque era lo que había que hacer y comenzar a trabajar en lo que entonces resultó más fácil.

Estaba claramente en crisis, me lo confesaba de repente a mí, uno de sus amigos, pocos, de toda la vida, con lo que rompía la tradicional imagen de persona sosegada y sin sobresaltos que yo siempre había tenido de él. Toda mi vida no es más que un producto del temor, me volvió a confesar con aparente distancia, como si en realidad hablase de otra persona, no de él, aunque saltaba a la vista que había una herida profunda dentro de sí, temor que ahora se transforma en cansancio, siguió tras un breve silencio con voz a todas luces más triste, rendida y con un más que evidente abatimiento que no era en absoluto fingido, un cansancio que siempre ha estado allí, dijo antes de guardar un silencio que tenía algo de virulento. Miró por la ventana a la calle y por un momento temí que se pusiera a llorar. Yo no sabía qué decir ni qué hacer. No era yo la persona adecuada, seguro, para darle un consejo o para encauzar lo que podía ser, pensé, una de esas crisis pasajeras que te llegan con la edad o cada otoño. Pero me había escogido a mí, que ansiaba de pronto un mínimo de estabilidad en mi vida porque sin quererlo ni beberlo toda ella había sido un cúmulo de sobresaltos sin sentido, un caos continuo del que quería escapar sin saber nunca por donde tirar para lograrlo.

Temí por un momento que fuera a confesarme algo terrible, que por ejemplo hubiera sido un asesino en serie, que había realizado una estafa inmensurable o que en su vida había algo oscuro y terrorífico que ocultó siempre y que ahora debía contar para no estallar ni desangrarse por dentro. Lo deseé, de hecho, porque me sentía más preparado para algo así, algo que superase con creces una existencia como la mía, tan enmarañada y desatinada, pero por completo mediocre, algo que me hiciera también sentirme de pronto útil, pero no estaba ni de lejos preparado para algo como lo que me estaba transmitiendo, una profunda insatisfacción por la vida, un spleen baudelariano que llevaba sin remedio al más profundo vacío y para lo que yo no podía dar respuesta alguna. Porque a todas luces consideraba que mi situación era peor que la suya, que mi vida era un desastre mientras que la suya rozaba la perfección.

Sin embargo no costaba entenderlo: Juan José Lozano Carranza odiaba su vida ordenada de profesor de literatura en un instituto de provincias, no soportaba la quietud de su casa de toda la vida ni los hábitos creados a lo largo de todos aquellos años de amistad mutua. Odiaba su rutina y la mediocridad generalizada en la que había caído. Me sorprendió sentir piedad por él. Pero le odié porque de pronto se volvió un espejo deformante en el que no quería mirarme.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

COSAS EN EL TINTERO

 

Qué las cosas que tenga que hacer

No se queden en el negro tintero

Qué quisiera ver al mundo y ver

Todo lo que me parezca sincero.

 

Qué no quisiera lamentar para ser

Lo que no me dejó ser el dinero

Qué perdoné si aun tuve que creer

A donde siempre encontré un pero.

 

Qué no me tenga que hacer padecer

Todo lo que antaño me hizo prisionero

Qué vuelvan esas manos a mecer

 

Un corazón tan mío y tan pendenciero

¿Qué más prueba quieres de mí si querer

Quise dar a personas mi “te quiero”?

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

POR UNA BANDERA

 

Cuántas muertes por una bandera

Cuántos han pagado el pato

Cuántas gentes de cualquier manera

Murieron en un momento grato.

 

Cuántas gentes de razón sincera

Dejaron su casa, su vida, su rato

Por una causa un tanto refranera

Que mata a chicos de bachillerato.

 

Cuántas razones de raíz embustera

Cuánta mentira y desacato

Cuánta verdad tan chicharrera.

 

Cuánto moribundo que sale barato

Cuánta violencia tan rutinera

Cuánto crimen con su sindicato.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

A LAS ALMAS SOLITARIAS

 

El gustazo que da estar tan solo

Bien lo sabe el casado casero.

Lo chachi que es ir de Marco Polo

Y reírte hasta del barrendero.

 

Y no tener quien te sople la oreja

Y acostarte a las tantas vestido,

Y sacar de la puerta la puta reja

Y hartarte de huevos o embutido.

 

Ir por el mundo de: ¿Cual moraleja?,

Encontrarle a la vida lo divertido

Sin que te grite ninguna pendeja.

 

Y te digan por las calles “bien parido”

Y te echas la vida tan pelleja,

Antes que calzonazos y sometido.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

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6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

NºVI                  19-09-2.008

 

 

Editorial VI

Una buena apuesta por la literatura

 

 

Ya desde nuestro primer editorial hemos querido mostrar nuestra preocupación por la situación de la cultura en Europa en general, en España en particular. Hay síntomas que pueden llevarnos a un profundo pesimismo: la degradación de la educación con sus resultados más que cuestionables, la mercantilización de la cultura, la (des)consideración de lo cultural como mero barniz con que las administraciones locales, autonómicas y estatales intentan lucirse, la superficialidad de los debates públicos o la chabacanería en la que han caído las televisiones.

 

No obstante, aun cuando lo anterior es evidente, también apreciamos que se dan algunos cambios en los últimos años, lo que nos permite cierto optimismo. Si nos damos una vuelta por muchas librerías podremos observar que han aparecido nuevas editoriales que apuestan por la literatura de calidad y que comienzan a recoger los frutos de una labor no siempre sencilla. Porque no es fácil llevar a cabo dicha labor. Las editoriales no dejan de ser empresas y las empresas requieren en este capitalismo que padecemos al menos no tener pérdidas económicas y, si es posible, alcanzar beneficios para continuar su actividad. Es cierto que se han reducido los costes de edición en buena medida gracias a las nuevas tecnologías que permiten también, al menos en teoría, un mayor acceso entre los escritores y las editoriales. Pero también lo es que la distribución es costosa, que los índices de lectura no resultan muy satisfactorios, que hubo una crisis del sector de las librerías que por fortuna parece terminada, que hay un exceso de edición (lo que parece en principio contradecirse con el bajo índice de lectura), entre otros problemas.

 

Las editoriales no se han dejado amilanar por los problemas y han mantenido su actividad. Han conseguido que aparezcan nuevos autores, tanto españoles como latinoamericanos, y que se les pueda conocer y sobre todo leer. Consideramos que han frenado una peligrosa tendencia a la mercantilización de la literatura que se estaba produciendo hace unos años. Es motivo de alegría y celebración. La lista de editoriales es enorme y se distribuye por toda la geografía del país. Algunas se han especializado y la mayoría buscan la calidad en los contenidos y en la edición. Nos resulta imposible presentar aquí un listado exhaustivo de todas ellas, serían muchos los olvidos y no queremos caer en injustas omisiones. Pero nos gustaría que nuestro espacio Bombolom sea una pequeña presentación de todas esas editoriales y de este modo, desde nuestra modestísimas posición, dar a conocer algunos libros que nos han interesado y que queremos compartir.

 

Por otro lado, la aparición de webs y de blogs de contenido cultural está supliendo la falta de programación cultural en los medios de comunicación de masas, sobre todo audiovisuales. Es una alternativa, aunque clama al cielo que no haya un solo programa de libros en horarios centrales en la televisión por ser éste un medio de un potencial enorme en la difusión cultural. La radio se muestra afortunadamente más ágil en este aspecto.

 

Sólo cabe por tanto congratularse con esta luz de esperanza y esperar que las nuevas editoriales puedan sortear los problemas y las crisis en la que estamos inmersos para poder gozar de la buena literatura.

 

 

A LUCIO URTUBIA

(Soneto)

 

Un viejo anarquista es un baluarte

Y Lucio quisiera un mundo mejor,

Mundo imposible querer cambiarte

No cambiarás ni de chaqueta ni color.

 

¿El pueblo no va a ninguna parte?

Con su democracia y su religión,

Otra tregua quizás haya de darte

Ese aquel que creó tu mala prisión.

 

Fiel anarquista hay que declararte

Y al militarismo una insumisión,

La verdad de la palabra quiere amarte

 

Y tú no bajas de tu mundo saboteador.

Mundo que es un mundo sin quitarte

La idea de un mundo mucho mejor.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmento de un diario, 1949

 

 

David ha vuelto a discutir conmigo. Me ha echado en falta mi pesimismo. Dice que soy un fatalista histórico, un nihilista. Le irrita que haya perdido el entusiasmo. Pero ¿qué quiere? No puedo dejar de pensar en lo que pasó. No puedo dejar de sangrarme por dentro. Han pasado doce años y siento que toda mi energía se quedó allá, en España. Ya quisiera yo sentirme de otro modo, compartir la fuerza que él posee, la voluntad para no doblegarme ante la historia. Pero no puedo. Me cuesta incluso hablar de todo ello. En los últimos cinco años sólo con él he comentado algunas cosas, con nadie más. Y cada vez hablo menos porque David se enfada y me reprocha que haya cambiado, que ya no sea el mismo de entonces. A veces me enfado yo también, aunque él no lo nota. Me enfado con él, porque creo que quiere que yo sea de otra manera, pero sobre todo me enfado conmigo mismo porque realmente soy de otra manera. Es cierto: en ocasiones me gustaría haber podido conservar el vigor de entonces. A punto estoy incluso de recuperarlo, así lo creo algunas veces. Pero de nuevo recuerdo lo que ocurrió, me vuelvo a ver en las calles de Barcelona y caigo otra vez en el desánimo.

En todo esto estaba pensando cuando David ha pasado por casa. Ha venido a dejarme algunos periódicos de los que edita su grupo. Le gustaría, me dice, que me incorporara a él. Yo respondo que no, sin más explicaciones. Entonces me reta a un debate. Pero yo no quiero debatir. Es cuando se enfada. Pero esta vez se ha enfadado bastante, como si estuviera ya cansado de insistir y de enfrentarse a mi desánimo. Me recuerda que yo era un buen militante, que era el que más ánimo poseía, sin duda, como si yo no lo supiera, como si no lo tuviera todavía presente, como si no lo recordara, cuando lo recuerdo todos los días. Pero entonces era una persona y ahora soy otra. Es esto, justamente, lo que intento explicarle, aunque no sé cómo. ¿Cuesta tanto de entender? Vi morir a mucha gente, demasiada. Con veinte años no deberías experimentar algunas cosas, tal vez en el futuro sea de otro modo, puede que todo vaya mejor, pero en todo caso con veinte años deberías pensar en otras cosas y no en salvar el pellejo o en tus amigos que mueren. Y esto duele. Incluso en quien posee toda la fuerza de una voluntad revolucionaria. Pero sobre todo lo que más te hiere es que quien te persigue y te mata no sea sólo tu enemigo real, aquel contra quien combates a muerte, sino gente de tu mismo lado que dice compartir, incluso, unos mismos ideales. Esto te hace desconfiar de todo. David me ha respondido que él también ha visto morir a mucha gente, amigos de él, conocidos, personas a quienes estaba vinculado. Y sigue luchando a pesar de todo. Yo he callado. En el fondo le envidio. Pero tampoco puedo dejar de sentirme como me siento. No me veo por ello con ánimo de retomar nada. Creo que vamos de nuevo a la catástrofe. Que todo está perdido. Es terrible aceptar la derrota, lo sé. Te inmoviliza por completo. Te hunde. Pero no lo puedo controlar, es más fuerte que yo y nada tiene que ver con la razón.

No es que esté contento con la vida de ahora. En eso David tiene razón, no podemos conformarnos con la realidad que nos envuelve. Yo no quiero conformarme. Pero no le veo salida. Entonces sí la veía. Estábamos construyendo algo distinto. Recogíamos lo mejor de un movimiento obrero que no sólo se enfrentaba a la estructura del poder, sino que intentaba crear nuevos lazos, nuevas relaciones. Un nuevo mundo, eso decíamos. Crecimos mucho. De pronto, un pequeño núcleo se hizo inmenso. En Burgos no era tan palpable, pero cuando fui a Barcelona para integrarme en la estructura del partido, me di cuenta de lo que estábamos construyendo. Me di cuenta de la altura humana de muchos militantes. La época también acompañaba.

Llegó el dieciocho de julio y de pronto lo que estaba latente saltó a la calle. Fue la revolución. Ahora sé que no fue una fiesta, pero nosotros lo vivíamos como una fiesta. Recuerdo las calles del Borne, los pequeños talleres, las tiendas de mayoristas, las cercanas fábricas, de pronto los obreros salieron a la calle y el barrio se llenó de banderas rojas y rojinegras, de gritos por la libertad y por la revolución. Fui a la sede. Los compañeros acudían con noticias de toda la ciudad. En Gracia, en Sants, en el Clot, en todas partes los obreros salían a la calle. Hubo un momento en que parecía de verdad la revolución. Lo fue. Las noticias iban llegando. Me preocupé de pronto por mi familia, por mis amigos de Burgos. A pesar de mi entusiasmo, me di cuenta que aquello no iba a ser una fiesta, nada más lejos. Y no me equivoqué, por desgracia.

Se lo digo a David muchas veces. Él calla. A pesar de su optimismo, también le irritan las visiones festivas que se han dado de la guerra, de nuestra guerra. Fue terrible, me dice, un infierno. Pero rozamos el cielo. Eso es verdad. Yo también lo vi. Pero luego vino todo aquello, mayo del año siguiente, junio, julio. Las detenciones, todas nos dolieron mucho, pero la de Nin, ¿cómo aceptar la detención de Nin?¿Y las acusaciones, cómo aceptar la sarta de mentiras que lanzaron contra nosotros? Divulgaron calumnias inaceptables, que si éramos la quinta columna, que si estábamos a sueldo del gobierno fascista. Nos tuvimos que esconder. La República nos perseguía. ¿Cómo iba a ser aquello una fiesta?¿Cómo mantener una visión heroica?¿Cómo mantener el tipo hoy y aceptar lo ocurrido, asumirlo como algo coyuntural, como consecuencia de la guerra que dicen algunos?¿Hasta cuando aceptaremos las muertes, todas las muertes, como imperativos históricos, por mucho que en unos esté la razón?

David intenta controlar su ira, me habla, argumenta, y le doy la razón en todo. Pero no es eso, no es que no tenga razón, la tiene, pero le pregunto cómo vamos a mantener el ánimo cuando has visto desplomarse las esperanzas a golpe de mentiras. Llegamos a Francia y nos hicieron el vacío. Los parias de la historia, eso éramos nosotros, los odiados por todos. Mina incluso tus propias convicciones. David me pone mala cara cuando lo digo, pero estoy seguro de que sabe de lo que hablo. Nadie es tan fuerte, sólo un iluminado no tiembla ante una realidad tan sangrante. En el fondo, sé que David me comprende, aunque sea un poquito, aunque se haga el duro, el militante heroico de la Revolución, ha intentado ponerse en mi lugar, lo sé, ver las cosas como las veo yo, sin duda lo ha logrado, entiende algo mi pesimismo, aun cuando no lo comparta.

Se marcha más sosegado. Ha aparcado el mal humor y me dice que vaya el sábado con él y con Lidia al campo a pasar el día. Dice que paso mucho tiempo solo y que no es bueno. Le doy la razón. Me sonríe cuando sale de mi apartamento. Me llama tozudo. Se ríe a carcajadas. Lo veo desaparecer por las escaleras. Me quedo solo. Me doy cuenta de mi vida solitaria. Es verdad. Mi trabajo, mi casa, mis recuerdos, mis lecturas, los límites infranqueables de mi vida. Pienso en España, tan lejos. Seguramente el sábado me iré con ellos al campo. Lo decido: sí, iré. Miro el calendario. 8 de Mayo de 1949. Han pasado ya, me digo, doce años.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

LIBERTAD

(Soneto)

 

¿Qué tendrá esa facultad natural?

Todo corazón y hombre la desea

Como efluvio y liberado caudal

Como nueva pócima o panacea.

 

El sendero debe ser un mural

Donde se exprese sea cual sea

La libre emoción magistral

La cumbre sosegada y añacea.

 

Cual es la verdad tan primordial

Esa verdad vegetal, sincera odisea

Esa verdad de perla fértil de sal.

 

Ese derecho que se nos ningunea

Esa sentencia de noche neutral

Esa flor furtiva que parte de la idea.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

REVOLUCIÓN

(Soneto)

 

La revolución está en las calles

Hierve como un guiso en fulgor

Está parida por miles de madres

Que creyeron en un mundo mejor.

 

La revolución no es un desmadre

Es una vuelta a la evolución

Es un mundo que no es culpable

De una empresa en desorganización.

 

La revolución es la única clave

Para nuestra definitiva definición.

Revolución de interés militante

 

Entre la palabra y el fino tornasol,

La cual, subyace en el aire

Hasta que le cambiemos su color.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

BORRACHERAS

Y RESACONES

 

Por las noches borracheras

y por el día resacones,

de pequeño fueron paperas

y en otros presentes sarampiones,

bailaban mis caderas

la melodía de los escorpiones,

a ritmo de rumbas rastreras

enajenaban los avispones.

De todas las ilusiones madreras

la tuya es la que por los rincones

encontraban cremalleras

donde hubieron botones.

Borracho mis pajareras

eran venganzas que descompones,

recordando a los pejigueras

y brindando con esos copones

pasaba las horas enteras

vanagloriando de pares a nones.

En el amor las primeras

y hostiles preocupaciones

fueron ideas bodegueras

de cantar las mismas canciones,

en puticlubs donde rameras

brillaban en habitaciones,

donde esas musas embusteras

vaciaban bolsillos de pantalones.

Pido olvidar a las primaveras,

pido perder mis razones,

pido agrado de las malas maneras,

pido respuestas a los preguntones.

Las vergüenzas eran cegueras

y los reproches sermones,

hubo mala leche de veras,

hubo varias insatisfacciones,

hubo muchas migrañas postreras,

hubo vacíos y decepciones,

hubo, por cierto, iras que desde afuera

yo metía en mi casa a empujones.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ME QUIERES

 

En el mundo existen

muchos placeres sencillos,

placeres que son pequeños:

las risas de los chiquillos,

mecerte entre bellos ensueños,

la simpleza de los bocadillos,

los días un tanto risueños,

la algarabía de los mercadillos,

comer turrones norteños,

esos besos ardientes de tornillo,

fumarte tus caliqueños,

comerte unos pastelillos,

eyacular opacos te amos pequeños,

romper cosas con un martillo,

darte un pequeño festín,

cogerle a la vida gustillo,

los vives y eres feliz

(le buscas ritmo al estribillo).

Las canciones que yo aprendí

llevando vacíos los bolsillos,

me llaman para hacerte tilín,

para pasearme por tu pasillo,

con la dicha de ser para ti

abro por ti cielos y pestillos

y florezco en este abril,

tan feliz que me hago picadillo.

Dices que me quieres a mí,

acaricio sonriente tu bisillo,

breves promesas tus pies,

gracia bonita es tu flequillo,

la seda blanca de tu piel,

me busca en aquel secretillo,

te quiero, todo va bien,

me quieres y me das cuartelillo.

Uno, doce, más de cien,

oigo a lo lejos un grillo,

me retumba allá en mi sien

este suspense amarillo,

ruego que mis niños estén

melosos como pestiños,

dejadme, me dejan ser,

vuelvo siempre a ser un niño.

Me dejan serlo también

en remilgos que yo mismo trillo

corre, corre, viene, ¿quién?

corre, corre que te pillo,

me haces hasta a ti correr,

me peinas con tu cepillo,

me lagrimea la vida fiel

sendero de mi apellido,

prueba este exquisito pastel

pues lo he hecho con cariño,

te quiero, ¿me quieres también?,

me das sazón y me das aliño,

palabra en este papel,

poeta de luna fiel es tu niño.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

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CAJÓN DESASTRE

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«Los Embarazados»


La Cinematografía mundial ha filmado grandes películas, cosas curiosas y verdaderos engendros. La creación artística es fruto de un estado permanente de locura con o sin alucinógenos. La mente humana está obsesionada por plasmar la realidad con la visión particular del sujeto creador o construyendo mundos de fantasía a través de la inagotable fuente de los manantiales de la imaginación. Joaquín Coll Espona es un guionista y director hoy olvidado que a finales de los años 70 dirigió una serie de comedias cutres españolas coincidiendo con la Era del Destape que supuestamente erotizaba a los españoles impacientes de ver desnudos en pantalla. «Los Embarazados», rodada en 1980 en Barcelona y varias localidades de alrededor, cuenta como de repente aparecen una serie de hombres embarazados por toda la geografía nacional convirtiéndose pronto en una plaga. Como consecuencia, los estereotipos masculíno y femeníno se cambian, las mujeres adoptan comportamientos propios de los hombres en el sexo, “las mujeres follan como condenadas”, dice uno, o en la conquista, “No consigo ligarme a Roberto está de un estrecho” dice una enfermera. Y los hombres otro tanto como la pareja burguesa-catalana en la cual el marido interpretado por Ovidi Montllor tiene un antojo y le pide a su mujer que le baile la danza de los siete velos arrancándose siete pelos del vello púbico, eso sí, todo con desnudo integral incluido. Un jovencísimo Pep Munné llega al acto sexual, pierde la virginidad quedándose para colmo embarazado en su primera vez. El aborto en plena polémica en la sociedad española de la época sobre su legalización se refleja en el filme con hombres que abortan ilegalmente en casas siniestras o los más pudientes viajan a Londres. Gracioso es ver a dos personajes que nos recuerdan a Adolfo Suárez y Felipe González manifestándose sobre el tema. Impagable la escena de un hombre que rompe aguas en un vagón de tren o los desfiles de ropa Pre-Papá con Luís del Olmo en un cameo haciendo de maestro de ceremonias. Liberación sexual, embarazos no deseados, cambio de roles, trabajadores en manifestaciones reclamando derechos, “Queremos ahora preñar a las Señoras” o machos españoles comprando anticonceptivos para evitar la concepción son una muestra de la sociedad española de la Transición con sus paranoias, todo ello con un guión tan pésimo como previsible y con unos personajes que no llegan ni a la caricatura de si mismos. José Luís López Vázquez, Emilio Gutierrez Caba, Mary Sant Pere, Antonio Garisa y un largo etcétera dan vida a una de las joyas del freakismo patrio, interesante ver la Barcelona de entonces, la moda, los peinados, los coches…para darnos cuenta que en 30 años si que ha pasado el Tiempo. Véanla una apacible tarde de domingo en compañía de toda la familia y quizá al día siguiente estarán en estado de gestación pero como dicen unos travestís en la película en un local hoy desaparecido en esa manía de las autoridades de transformar el Barrio Chino en otra cosa: “Esto lo ha traído la Democracia”.


Ismael Resano Conde de Fabra

 

NEVANDO EN LA GUINEA

 

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NEVANDO EN LA GUINEA

 

Libre y liberada será tu idea;

la oportunidad es el momento,

por que la vida es una pelea,

canta tus canciones al viento.

La revolución mucho se frasea,

si te digo que vivo te miento,

ponle letra a un maldita sea,

únete a este mal movimiento.

La vida es una continua pelea,

la vida es un mal divertimento,

la vida es un tirano maldita sea,

la vida es coger y dar aliento,

la mala vida sola se canturrea,

la vida no es nunca “un lo siento”,

la vida Nevando en la Guinea

se aleja de todo este tormento.

Vive la sombra y la luz maniquea,

vive constante el contratiempo,

huye de las linternas y de las teas,

vive siempre cerca del sentimiento.

Si no sabes cantar, tararea,

si no sabes llorar, grítale al viento,

si no sabes herir, pues patalea,

si no sabes morir, estate atento,

si no sabes ser tú, pues bucea,

si no sabes luchar, haz el intento,

si no sabes mentir, pues parafrasea,

si no sabes vivir, vive el momento,

si el mundo a veces te ningunea,

si te mueves en el padecimiento,

si tu dolor siempre se rumorea,

no creas en milongas, tienes talento,

haz bella luz, estrena nueva odisea,

sé tú mismo, estate contento,

que no te lleve lejos tu marea,

apréndete otro verso, otro cuento,

busca tu nuevo ideal, sea cual sea,

no te escondas en el rudo lamento,

cíñete sin normas a la nueva idea,

grita tus temores al hostil viento,

que todo cadáver liberado te vea,

de nada ni de nadie estarás exento,

que toda belleza a veces es fea,

que a veces lo puro es algo cruento,

que sepas vivir tu mundo en pelea,

que sepas que existe tu firmamento,

¡Tú mira! ¡está Nevando en la Guinea!

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5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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Nº V                                                                                                                                        13.09.2.008

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

5º EDITORIAL

DE LA POESÍA DE CABALLERO BONALD

A LA POESÍA ACTUAL

 

Se considera la poesía de la generación del 50 como “la poesía referente” en la lucha anti-franquista, siempre resguardada tras el sobrenombre o etiqueta de realismo social y demasiado reprendida por los críticos que lograron encasillarla como la poesía obvia del momento. Hay que decir que debió ser a la fuerza, por la España gris en que se vivía, una poesía muy poco recurrente o muy poco dada a la imagen y más a la descripción narrativa; en ellos cabe destacar a José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, José Manuel Caballero Bonald y otros que me dejo en el tintero, y que no son inferiores ni mucho ni menos que los anteriormente mencionados. Pero de todos ellos nos gustaría destacar la poesía del andaluz José Manuel Caballero Bonald por ser una poesía bastante carismática y él (hombre de unos 80 años) un personaje contestatario y muy disconforme con la época que les tocó y nos ha tocado vivir. La obra de Caballero Bonald es tan prolífica y tan significativa que puede llegar a hablar en un ensayo sobre flamenco, y abordarnos con un conocimiento amplio sobre el tema como escribir unas memorias sobre sus antepasados “los acostados”, plagadas de un interés literario extremo, como escribir un poemario de referencia en la poesía actual bastante premiado y halagado como lo es “Manual para infractores”, que además de ser una poesía que roza la metafísica más sustanciosa, es efluvio donde la expresividad más innovadora se transmite de una forma sencilla y totalmente especial.

 

Pero lo más significativo de Caballero Bonald es que sea un andaluz estandarte y abanderado de la poesía andaluza, y un auténtico cultivador o jardinero de la poesía como un mero ejercicio amparado en el lenguaje, con una impronta personal y propia que emerge de la palabra autóctona que proviene de las calles de su Jerez de la Frontera hasta reencontrarse con la marginalidad del suburbio y el extrarradio andaluz. José Manuel es un poeta amante del flamenco, de las tabernas y tablaos marginales de entonces, y del ambiente singular de los gitanos. Un amante del flamenco puro y de la esencia natural de “la Andalucía sumergida”, que ha pretendido o pretende escribir, según hemos leído, una mitología andaluza, no sabemos si en novela o en verso.

 

Consideramos a J. M. Caballero Bonald un aliciente más en el interés poético andaluz y un precursor de la literatura actual que nos lleva a poetas como Elena Medel, una poetisa con un extraordinario perfeccionismo en su selección extrema del adjetivo y una poetisa amante de las imágenes que llegan a una mente universal y a la gente poco dada a la lectura, que es a donde debe llegar la poesía del hoy, del ahora, de este tiempo de poesía en conflicto con el ser humano, que no sabemos si es poesía o un acertijo, el cual nos lleva hacia el misterio o la incógnita más insultante. Como también lo es un poeta catalán llamado José Luis García Herrera, que también es un poeta de bellísimas imágenes, y del cual, subrayamos su libro sobre el servicio militar, “Memoria del olvido”, y otro libro publicado llamado “El guardián de los espejos”, de los cuales destaca su perfecta armonía en la palabra meditada y su polifonía de tesoros sonoros que llevan a la liberación imaginativa y la inspiración más elocuente. Luego cabe destacar los medios literarios en las nuevas tecnologías como unos recursos al alcance de todos y que están sembrando la semilla de la nueva literatura del hoy y seguramente del mañana y del pasado-mañana como lo son los blogs y las webs. Y entre ellas debemos destacar blogs interesantes como son los dedicados a la literatura comprometida con el mundo que nos rodea, y pretendiendo construir un mundo mejor, transmiten una poesía cargada de espíritu de lucha reivindicativo que es como debe ser la literatura del hoy, una literatura contra las ofensas de la vida acorde con Cesare Pavese o el propio Caballero Bonald. Continuando con José Manuel Caballero Bonald, y volviendo también a lo antes mencionado sobre el perfeccionismo a la hora de escoger el adjetivo, hay una frase del poeta jerezano que dice lo siguiente: “He perdido la salud buscando un adjetivo”. Yo creo que eso es la batalla primordial que debe entablar un poeta consigo mismo; un poeta es una lucha constante en su interior creativo, un poeta debe estar en sintonía extrema con la palabra, con su palabra, con su lucha y con su origen creativo. Es así como hay que considerar a la poesía actual, lejos de buscar palabras intoxicadas por el surrealismo o el modernismo. La poesía debe ser el lugar donde la búsqueda de la palabra sea la antesala donde la reflexión de cada verso, y la elaboración de cada poema, desemboque hacia una expresividad lingüística donde aflore la inspiración que todo poema necesita, y todo lo que el poeta pueda introducir en ella como modo de expresión propio y personal para que el mismo poeta pueda sentirse expresado debe ser libre de atadura técnica, atadura métrica, y atadura en la forma y en la rima.

 

***

 

Nos ha llegado la noticia de la muerte de Isaac Montero, novelista de la generación del medio siglo y que, como los escritores citados al principio, se le ha etiquetado como escritor social. Lamentamos su pérdida e invitamos desde aquí al homenaje de la lectura de su obra.

 

 

 

 

 

 

LITVINENKO DREAM

 

Bajo las esferas de las humanidades corrompidas

camina un hombre por la acera,

un hombre como todos los hombres,

con la fe por fuera,

con lo único sagrado que le queda,

con la voluntad del muñeco de trapo,

con la monótona canción de las auroras

y las auroras son un breve momento

y bailan solas, y bailan solas, solas, solas;

bajo la luz de complicidad apacible del polonio.

Bajo las cloacas acomplejadas del sendero,

bajo la atenta mirada

del lobo con mirada de cuervo.

El demonio es uno sólo,

es espera, oportunismo y mala leche,

es caminar descalzo y desnudo,

es ahogarse en el cubo de fregar,

es vomitar colonia apachulada

tras la preferida torre que se destinta como un calamar,

que se desmiente por dentro;

que sus putrefactas miserias

los acunarán de por vida me ha dicho la inteligencia.

Hoy te miro a la cara

y no puedo mirarte,

quiero evitar mirarte a la cara

y ver esa profunda y amarga insatisfacción,

esa pesadumbrosa decepción atada a la vergüenza.

Tanta muerte se esconde entre las infusiones del té…,

que sería mejor, exótico sorbo de sed degollada.

Ante la sombra de un plutonio vestido en fragancia,

ante la medio desnuda verdad de la vida,

ante la polémica verborrea de los locutores,

ante el derramamiento de desfachatez del pequeño-burgués;

¡ha muerto un suspiro a punta de indiferencia!

¡ha muerto un inocente a golpe de hipocresía!

Esas dos plañideras hambrientas

que echarse a la cara,

cuando el corazón es arroyuelo que baja ciego,

cuando la fuente es un suspiro muerto a plazos,

cuando la voz es lugar y fecha pintados en la frente,

cuando el amor es un pozo escondido entre la tierra,

y el silencio sepulcral de no verte nunca más.

Es un vacío entre latidos de hojarasca seca,

un vacío de luciérnagas repletas de oscuridad,

de muerte tan súbita como una aurora anunciando

su desmayo,

un vacío de vaso volcado entre las sabanas de la locura,

vacío es sólo vacío.

Y menos vacío es rogarle un beso de amor a la muerte,

más vacío que las luces que te brillan por dentro,

más vacío que la derrota exhausta sentada en un váter.

Puerta tras puerta tocaste campanas y nadie venía;

tocaste entre las alegrías fugaces y entre las incógnitas negras

puestas en par como dos zapatillas,

entre los despertares de acero que viven siempre en domingo,

entre bostezos de paz levantados de una patada,

entre fuegos traicioneros escondidos entre las almohadas,

entre llagas cortadas en juliana con la rapidez de un autómata.

Planto un suspiro por ti

y el primer rayo del sol se alargará hacia tus ojos,

y si no es así…, que mueran los sueños

atados al pesado hormigón

que se hunde en una mar de mentiras.

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

CANELA FINA

 

(Soneto)

 

Te quiero mujer de nada heredera

Me gustas por ser de luces madrina

Te recuerdo vigilándome ligera

En la viciosa esquina de mi toxina.

 

Te busco en la luz de mi primavera

Encuentro tu paz libre y divina

Y aunque sufras llaga de costalera

Finge tu voluntad no ser cansina.

 

Tu compasión por mí es entera

Es diversión de álbum de pegatina.

Es mi esperanza ilusión madrera

 

Cuando en soledad busco tu rutina.

Cuántas veces arañé en borrachera

La paz que no hallo en la papelina.

 

Busco en la paz de tu noche nochera

Al libre paraíso que perdió mi retina.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

Claveles rojos

 

 

Le regalaron flores, un ramo de claveles rojos. Tal vez porque todos debían de saber que a ella le atraían, y mucho, los claveles, aunque no sabía muy bien si fue ella quien lo había comentado alguna vez o era quizá una costumbre, y resultó pura casualidad que coincidiera su gusto con la costumbre de regalar esas flores el último día de trabajo. Porque era el último día de trabajo, su ansiado último día en aquella oficina. Sus compañeros le quisieron dar esa sorpresa, aparente sorpresa, en todo caso, porque ella intuía que algo le iban a regalar, no solían ser muy discretos ni disimulados, pensó, sus hasta ese momento compañeros de trabajo, ya contaba con aquel detalle y con ello tal vez deseaban manifestarle, aunque a ella le sorprendiera, que había sido una buena compañera y que todos la apreciaban allí.

Claro que ella no se sentía así, una buena compañera. Nada más lejos. A pesar de haber estado dos años entre aquellas mesas, colaborando con todos aquellos hombres y mujeres que se despedían ahora de ella con una sonrisa amplia y le decían que le echarían de menos, que le pedían que pasara de vez en cuando a visitarles, incluso hablaron de ir de tanto en tanto a cenar todos juntos para seguir viéndose, lo desearon una y mil veces, y sobre todo que no pierdas el contacto, le rogaron, casi como una súplica, lo único que había sentido en todo ese tiempo fue, primero, una enorme indiferencia y después, cuando pasaron los meses, un inmenso deseo de perderlos de vista para siempre. Por un momento intentó sentirse culpable con toda su voluntad. Al fin y al cabo, consideró, le estaban mostrando simpatía y aprecio, y aun cuando ella no podía corresponderles, se sentía incapaz de la más mínima reciprocidad, se daba cuenta de que por parte de todos ellos cabía la posibilidad de que fueran sinceros y que algunas cosas que ella había visto tal vez sólo fueran figuraciones suyas sin base alguna. En todo caso, si bien mantuvo la compostura en forma de sonrisa y apariencia de simpatía, la verdad es que en ese momento de la despedida no se sentía a gusto, como no lo había estado durante los dos años, se dice pronto, pensó, de trabajo entre aquel grupo de personas que se mostraban tan atentos y afectuosos con ella.

Alguien sacó una botella fría de vino blanco, la descorcharon y el líquido invadió las copas de plástico que dos personas trajeron de inmediato. Hicieron un brindis. Se lo dedicaron. Para ella, sin embargo, escuchar su nombre antes de levantar las falsas copas y beberse el vino de un tirón fue como un sopapo. Peor aún, como un puñetazo en el estomago. Deseó que toda aquella escena se acabara lo antes posible y así poder salir de la oficina para no volver nunca más. Quizá estaba siendo hipócrita, consideró, al mostrarse agradecida o cuando contestaba que sí, que claro, que había que hacer una cena, lo más pronto posible, aunque sabía que jamás la habría, al menos con ella presente, y predecir como si fuera una verdad absoluta que estarían en contacto, cuando era evidente que ella no haría el más mínimo gesto por estarlo, más bien al contrario, evitaría mantener cualquier lazo por nimio que fuera con ellos a pesar del paripé que estaban todos haciendo, porque no dejaba de ser un mero paripé, pensó, que todas aquellas que la criticaban por la espalda ahora mostraban todo su pesar y todos los que la habían tratado como una cualquiera ahora se presentaban como sus amigos más apreciados. Pero se preguntó qué otra cosa podía hacer que seguir el juego a esa convención social de la despedida. Tampoco iba a montar una escena, claro que no, aunque estuvo tentada de montarla, y cantarles a todos las cuarenta después de manifestarles a cada uno de ellos que aquellos habían sido los dos años más siniestros de su vida.

Se preguntó, mientras abrazaba a quienes fueron hasta ese momento sus compañeros, antes de marcharse, si el problema no sería ella y su incapacidad para vivir a gusto. Porque quizá todo partiera de su inadaptabilidad. Siempre era una pregunta que se hacía. Nunca la contestaba, quizá porque no habría respuesta o nunca encontraba el momento de buscar las razones de su falta de cohesión con el mundo o porque siempre consideró que tenía verdaderos problemas para sentirse vinculada con lo que le rodeaba. Le corroían las dudas, aunque cuando los dejó atrás, mientras bajaba en el ascensor y salía de la oficina, ¡por fin!, lo único que pensó es que se acababa la tortura y nada más pisar la calle no pudo menos que sentir un enorme alivio por saber que no los iba a ver más. Cierto es que envidió la sencillez de la gente para aceptar su suerte. No es que su vida hubiera sido, hasta ese momento, dura, ni difícil, simplemente no era feliz y no aceptaba las cosas tal como le venían dadas, sin que por ello hiciera nada por cambiar sus circunstancias. Claro que no todo era culpa suya, de su inadaptabilidad presumible o verdadera. Había que reconocer que cada uno de sus compañeros había sido un pesado, un plasta, un mediocre engreído y que la habían tratado como si fuera estúpida.

Pero ahora todo daba igual. Dejó de lado aquellos pensamientos en cuanto se alejó de la oficina. Sintió alivio por dejar atrás dos años de trabajo y de pronto, como si traspasar la puerta del portal del edificio y verse lejos de él ya fuera cruzar un puente milagroso hacia otro espacio y otro tiempo, olvidó la rabia que le inundara poco antes. Incluso se difuminaron como humo los rostros de sus compañeros, ex compañeros, al cruzar la siguiente esquina. Esta vez se dibujó una sonrisa a todas luces sincera en su rostro. Unos metros más allá abrió el receptáculo de las basuras con que se topó y lanzó en su interior el ramo de claveles de un intenso color rojo y que por primera vez en su vida ya no eran sus flores preferidas.

 

Juan A. Herrero Díez

 

LA SEMILLA DEL HAGADÁ

 

Hay cosas que unen a los hombres

en un mismo trance.

Hay semillas que se plantan sin quererlo.

A veces es necesario

que un tal Dervis Effendi Korkut (musulmán)

salve la vida

a una tal Mira Papo (judía)

para que la humanidad contemple con ojos de satisfacción

que no somos tan diferentes,

que corre la sangre por nuestras venas,

que sufrimos desdichados en la guerra,

que una vida salva a otra

y el tiempo es un justiciero entre el desorden.

No estamos tan lejos unos de otros

y todo suspiro es el mismo aliento en todos los hombres.

¿Por qué la vida es tan curiosa,

y al mismo tiempo, tan misteriosa?

Viejo mundo que brota

desde la probabilidad casual hacia la armonía redentora

de los humanos y su humanidad.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

CANCIÓN DE PAZ

 

Sube y baja montañas,

encuentra a tu paso el sendero,

huye de las causas tacañas,

consuélate agarrado a un pero,

absorbe la vergüenza con cañas,

tararea el Himno de Riego,

revuélcate en las telarañas,

inventa nuevas reglas del juego.

No es tan puta la vida

como a veces la cuentan,

en el movimiento existe movida

y todo verano tiene su tormenta.

La llaga de la enfermedad

es un camino minado,

con fiebres de brevedad

andamos lo caminado.

La mentira es una salvación

que cojea en dirección opuesta,

la lluvia es una enajenación

y la arcada se da la vuelta,

el amor prohibido es solo canción

que en el horizonte revienta,

ninguna deuda halla cancelación,

ninguna duda encuentra respuesta,

¡qué sólido aliento es la desesperación!

¡qué vientos golpean a todas las puertas!

Se convive con la guerra,

invisible, ella te baila en la entraña,

¡Mira si esta vida es perra!

¡Mira si tu luna se empaña!

Acostúmbrate a vivir con tu guerra,

acomódate bien la guadaña,

haz de tu patria toda la Tierra,

apaliza a la tristeza con saña,

la paz al hombre se aferra

y el hombre es antigua alimaña

que vive siempre en pie de guerra

leal a la maraña y a la patraña.

La paz es ciega y sorda pared

¡mira como los hombres la arañan!

pon tus cojones en un papel,

batalla perdida los hombres atañan,

la paz está escrita en tu piel,

esa paz que los hombres empañan,

esa paz que no quiere dejar de ser,

esa paz que los hombres enmarañan.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

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