13º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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13º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

LVIIº de la 2ª etapa/01-07-2011

EDITORIAL LVII

Un mundo en el que quepan todos los mundos

En nuestro anterior editorial comentábamos con ilusión la aparición, no por esperada menos sorprendente, del denominado Movimiento 15 de Mayo que ha irrumpido con fuerza en el panorama político, social y también cultural de España. Ha supuesto -supone y esperamos que siga suponiendo durante mucho tiempo- una bocanada de aire fresco en el panorama español, un país cuya sociedad parecía desmovilizada por completo. El mensaje ha sido claro y radical. No somos mercancía, se les ha dicho a los políticos, a los empresarios, a los banqueros, a los medios de comunicación, y de paso también a los responsables culturales, somos seres humanos con vidas, ideas, intereses, pasiones, defectos, contradicciones, esperanzas, frustraciones. Y queremos participar en todos los ámbitos en los que, hasta ahora, hemos sido meros espectadores. Entre ellos, el de la cultura. Ni que decir tiene que el mundo de la cultura no era y no es ajeno a unas reglas capitalistas en las que el objeto de arte –ya sea la pintura, la escultura, el cine o la literatura- había devenido y sigue deviniendo –ya que no hemos superado este modelo económico- un mero producto de intercambio, un valor. El arte se ha cosificado, cuando no era –y es- integrado en el museo o en la galería donde se compra y se vende, de igual modo se mercadea con la literatura. La aparición de las nuevas tecnologías, no obstante, ha cambiado mucho este panorama. Ha permitido la aparición de un sinfín de proyectos e iniciativas, entre ellas la nuestra, Nevando en la Guinea, que permite intercambiar relatos, poesía, ideas con facilidad y sin mercantilizar nuestro trabajo. Estas nuevas tecnologías conllevan por tanto una democratización de la cultura y del intercambio de ideas que no parece tener límites. Nos resulta evidente que el Movimiento 15 de Mayo, y sin duda otros similares en otros lugares, va a reflexionar sobre este aspecto y dará pautas en la compresión y la sensibilidad del arte, en su creación y en los modos de intercambiarlo, disfrutarlo y compartirlo. De pronto se crea y surgen nuevos artistas y nuevas facetas artísticas. Por ejemplo, el video y el documentalismo, que en los últimos diez años ha tenido un aumento espectacular y se nos aparece como una nueva rama que mezcla la literatura, la imagen y el arte visual. No en vano surgen en muchas ciudades nuevos festivales y foros de intercambio que atrae a un extenso público. Algunos críticos, teóricos del arte y analistas llaman la atención en el carácter dócil del arte actual. Durante los últimos veinte años, los de mayor cosificación del arte, por cierto, cualquiera de las ramas de la cultura se ha integrado a la perfección en el sistema, como si se hubiera aceptado por completo la tesis del fin de la historia, como si el mundo careciera de conflicto sobre el cual reflexionar, como si el único fin legítimo y deseable fuera vender y decorar las casas pudientes con bellos objetos sin significado alguno. Aclaramos que no es que defendamos un arte comprometido, mucho menos panfletario, nada más lejos de nuestra intención, sin embargo creemos que la cultura tiene mucho que aportar a cada persona y al conjunto de la sociedad, creemos que un mundo en el que sólo se plantee el beneficio y el lucro como únicos criterios no merece mucho la pena vivirlo. Por ello celebramos que un movimiento como el del 15 de Mayo no sólo ponga al ser humano en el centro del debate político, sino que además establezca una vida completa en la que la cultura recupere su carácter de herramienta para comprender la vida y disfrutarla. En definitiva, un mundo en el que quepan todos los mundos, como indica un hermoso lema zapatista.

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Queremos también hacer hincapié en el día de la lengua española, celebrado este 18 de junio de 2011. La lengua española –dicen los académicos de la RAE- peligra por su vertiente anglófona, muy destacada desde la aparición de las Nuevas Tecnologías, en especial, desde la aparición de Internet. Nosotros pensamos que el español no corre peligro, ya que la lengua es algo así como elegir el bien o el mal –concepto divulgado por la Iglesia-. Pensamos que también se elige qué lengua hablar, o qué idioma escribir o con qué idioma comunicar las pasiones. Pensamos también que tanto en el inglés como en el español anglicismos, americanismos, reminiscencias árabes, tendencias venidas de los regionalismos españoles, son una riqueza y no una pobreza lingüística. Debemos sentir orgullo del mestizaje en el castellano (español). Por que ¿no es verdad que el español es una miscelánea ocasional del latín, del árabe, del hebreo, del griego, y muchas lenguas más? Pues ese es el futuro de la lengua española que anunciamos para mejor riqueza y natural difusión de los nuevos tiempos que corren. El futuro del español es el mestizaje y nada más que eso. Disfruten de la revista, y de los poemas y textos que en ella se exponen. Hemos querido contradecir a la RAE publicando una serie de poemas en inglés de un autor desconocido en el panorama literario español, aunque prometedor en lo que a poesía se refiere. No tenemos miedo de mezclarnos. No tenemos miedo de perdernos en los albores de la pureza (tediosa) de la Raza, sea la que sea.

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HISPANOHABLANTES

(18 de junio de 2011)

El término Sudaka se ha acuñado

(despectivamente en todos los casos)

y contemplado para denominar

a esos hispanohablantes nacidos en América.

Sudakas nacidos en Perú, en Colombia,

en Argentina, en Bolivia, sudakas de a pie.

La palabra sudaka con k todavía

está subrayada en rojo en el Word.

Spanglish, sin embargo, no está subrayada.

En el extrarradio de las ciudades españolas

donde viven también los inmigrantes

a los Sudakas se les llama también Chirigutis.

Ésta sí aparece subrayada en el Word.

Los gitanos de España, que hablan un español

peculiar y muy poco ortodoxo,

llaman a los Sudakas Payoponys.

El español abre y cierra barreras en el mundo.

En Internet se dialoga ante una dicotomía

y frente un denominador común amparado

en los resortes de la lengua.

Castellano, hispano, español, lengua Mater.

En España estamos muy distraídos

discutiendo separatismos regionales.

Un catalán de Venezuela habla la misma

lengua que los catalanes de Barbastro.

Un vasco de México D. F. habla

el mismo castizo que un vasco de Logroño.

Don Quijote dijo a Sancho, Sancho le dice

a don Alonso Quijano.

Monta tanto, Tanto monta.

Español por la gracia de Dios.

Hispanohablante por el derecho de voz.

Lunfardos, Sefarditas y Mozárabes,

Moriscos, Carreteros y Castrenses,

Espaldasmojadas, Romanceros, Cholos,

Ladinos, Conversos y Cristianos Viejos,

Calorros, Mestizos, Parroquianos y Jesuitas,

Cabecitas, Mulatos y Cortesanos,

Populachos, Colonos, Negreros y Exiliados,

Hispanohablantes que en el léxico

labran la praxis entre latino-helena-circunstancia.

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ESPAÑOLITO Y SENTIMENTAL

(ENTRE LA MIRRA Y LA PATA COJA DE DOS)

Por Cecilio Olivero Muñoz

Una tarde,

que demasiado empapo en el recuerdo,

los poetas del sur de España

tiraban de mí

contra los poetas del norte de España

que de mí también tiraban.

Incluso,

me partieron el hocico por tanto

escapismo de tortas

y mis labios fueron viva herida palpitante

que la página virgen presenció

y que la intuición a tientas repudiaba.

Tiraban de mí para repartirse

podio en el parnaso de Alcalá de Henares

y sentadillas en las sillas de la Real Academia,

se enfrentaban por sístoles de copete

y diástoles de sincopada enjundia.

Los poetas del norte dijeron

que de mí les pertenecía la frase corta y concisa

para dársela a Antonio Gamoneda,

ya que este,

usaba verborrea extensa con su lengua de buey

y él y las frases se dormían en los laureles,

aunque nadie dice de Antonio que es cámara lenta,

que su poesía es la imagen que chapotea galaxias.

Los poetas del sur me exigían

que tildase de gracia redonda los finales de un poema,

cosa que bien hacía Luis García Montero,

aunque si de algo debe repudiar la intuición creadora

es que un poeta desacredite a otro poeta,

pues vídeos hay que atestiguan la manera

de voces que batallan por un lugar en el ámbito,

pues de lo que mal urden estos poetas para unos

mieles ofrecen babeantes para otros,

y que si de envidias hieren a los poetas redondos

en todos los tiestos se cuece algún barro;

ellos, azules como diablos de espuma insistían,

quisieron ser mi presagio y mi resaca,

quisieron ser la estrofa con corchete zurdo

aupándose en el papel sudando

como un ladronzuelo que afana al descuido,

quisieron ser mi fragancia barata

y la postrimería esperando en el rellano,

mi nudo gordiano en el juzgado

y el camino que desando para orientarme.

Quisieron ser

la volteleta crujiente de un anciano

y la pifia mal aprendida del Tato;

los poetas de mí tiraban insistentes,

querían con ello repartirse mérito póstumo

entre la muerte que todos llevamos en los pies,

querían repartirse mi púlpito ante las estrellas,

la canción escrita por mi tocaya,

querían tener consigo

la mojigatería de las beatas de pueblo,

y el carrillo dormido de los masca-gomas.

¡Dejadme!

Presuntuosos y retorcidos poetas,

que dejo la música alta al pasar

por tapias de cementerio y funerarias en silencio,

que indago e indago en vuestro olfato de perros,

no confundo carros con carretas

ni hago comulgar con ruedas de molino.

Comprendo la disputa por un paso adelante.

¡Callaos!

Poetas de la tiña olvidada en un vaso,

que os partan la balada en las costillas,

que os resuciten a collejas

y cumplid con vuestra

honrada justicia de calcetín usado,

dejadme, a mí solo, dejadme,

pues yo soy la sangre que olvida España,

que olvida España.

España olvida.

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Burdeos

El mayor especialista en literatura medieval. Un erudito, investigador encomiable, tenaz, curioso, sabio. Además, un escritor meritorio. Todo eso decían de mí, que no era poco. No pude menos que sentirme orgulloso, aunque disimulé porque, como creía firmemente, el engreimiento era un pecado. Practicaba la humildad medieval, todo un arte. Pesaba sobre mí, además, la fama de no dejarme llevar por los galones universitarios. No era ni siquiera catedrático, ni luchaba tampoco por los honores de la academia. Lo único que quería era encerrarme entre libros y abandonarme, lejos del mundanal ruido, que diría el poeta. Lo mío me había costado, que nadie lo sabía, pero mi destino hubiera podido ser otro, aunque esto es otra historia. Solía rechazar las invitaciones a coloquios, jornadas y seminarios, me resultaban harto desagradables. Mi timidez, por lo demás, me mortificaba sobremanera. Tenía la sensación, las pocas veces que hube de dar una conferencia o leer una ponencia, de enmarañarme sin sentido y que nada se entendía de mis palabras desordenadas. Lo mismo me ocurría con las clases, pero a base de repetirme, pensaba, había logrado organizar mejor las sesiones y decir algo con sentido. Complejo, lo sé, o falta de autoestima, que seguramente hay algo de esto. Pero luego, al acabar, irritado conmigo mismo por haber aceptado una invitación sin haber sabido rechazarla, había aplausos, elogios, admiración no disimulada, para mí incomprensible. No lo habrás hecho tan mal, me decía a veces, no sin ánimo de insuflarme confianza y de este modo animarme o querer sentirme por un rato normal, como los demás profesores y colegas, pero surgía siempre una voz dentro de mí, no te dejes engañar, es mera diplomacia en esta institución venerable y decrépita que precisa del elogio como el coche requiere de gasolina para funcionar. Esta vez tampoco pude decir que no. Sebastián insistió: me lo debes, tienes que ir, sin ti no será lo mismo. Además será en Burdeos, me dijo, conocía mis puntos débiles porque eso sí que me atrajo, me gustaba la ciudad y volver a pasear por sus calles después de tanto tiempo me produjo no poca flaqueza para rechazar la invitación. Y allí estaba de nuevo, Burdeos, cómo he podido tardar tanto en volver, me recriminé. Me tocó hablar en el congreso y elegí la figura de Tristan para perorar de la feminidad en el hombre medieval, un tópico del que no me costaba mucho tratar. Como siempre, sentí seca mi boca, me entró el pánico escénico, pero logré reprimirlo y hablé durante treinta y cinco minutos, ni uno más ni uno menos, suficiente para justificar mal que bien que me pagaran la habitación del hotel y el viaje en avión desde Vigo. Luego vino el ágape en el recibidor de la Universidad Michel de Montaigne, qué buen nombre para una universidad. Imaginé que desde algún rincón Sieur de Montaigne nos observaba para burlarse de nuestra sapiencia y luego ponerlo por escrito, un nuevo capítulo de sus ensayos. Se acercaron varios eméritos profesores, algunos de los cuales conocía en persona y otros me sonaban por sus publicaciones. Todos me felicitaron y contesté con el obligado gesto de humildad que en mi caso era de duda, incertidumbre y vacilación mal disimuladas, se burlan de mí, sospechaba, son meras fórmulas de cortesía, me repetí varias veces, no iba a caer de ningún modo en la inmodestia, en la jactancia. Se me acercó Jean Etchébérry nada menos, el amble catedrático vasco parisino (vasco por su origen, de Ustarritz, si no recuerdo mal, y parisino por residencia y profesorado), que me llegó acompañado de una joven que me presentó como una de sus alumnas, interesada en Tristan e Isolda, nada menos. Jean nos dejó solos y aproveché la compañía de la joven estudiante y que comenzaba a taladrarme sobre el tema de Tristan e Isolda para salir al recibidor, escapar del acto social que tanto me abrumaba y sentarme junto con ella (nunca pude rechazar la compañía femenina, aunque no supiera nunca estar a la altura) en el jardín interior donde otrora tantas veces reflexioné sobre mi futuro. – Me ha gustado su ponencia. -me dijo la joven, Fenice se llamaba, nada menos, como un augurio de lo que luego podría ser. – Ah, por favor -le dije en un arranque de sinceridad-, no caigamos en pedanterías, es un tema trillado. – Pero me ha gustado su enfoque. -insistió, como si fuera obligado que la juventud elogiara la madurez. Me habló entonces de sus estudios, de sus investigaciones y de las conclusiones a las que había llegado, algunas brillantes, tuve que reconocer. Costaba encontrar en estos tiempos jóvenes que salieran de la enorme mediocridad, mucho más en un ámbito como el nuestro, el de las humanidades en general, el de la literatura medieval en particular. Todo lo que no fuera ganar dinero, contribuir a mejorar la economía, las leyes o la administración, parecía carecer de interés. Y en estos planes no entraba ni de lejos las letras, ya ni siquiera como decorado o mero ornamento de jóvenes casaderas o futuribles con un barniz de adiestramiento inútil. – Hábleme de su acercamiento a estos temas. -le pedí. Se sonrojó un poco. No debía de estar acostumbrada al interés ajeno. Una rata de biblioteca, pensé, y en esto me identifiqué bastante, tal vez ella huyese también, como había huido yo, del mundanal ruido, que dijera el poeta, no sé quién. Su historia no se alejaba tanto, al fin, de otras: aficionada a las letras, le gustaba leer, siempre le gustó, preguntarse por uno mismo, todo eso que preocupa a los jóvenes cuando son jóvenes y a los viejos cuando son viejos, y que en su caso hubiera podido desembocar en la carrera de psicología, pero desembocó en la de letras, a todas luces más interesante. Al fin y al cabo aprendemos de nosotros a través de los libros que escriben otros hasta que nos ponemos, a veces, a escribir los nuestros para seguir aprendiendo. Me hizo pensar en mi propia evolución, en mi caso hubiera podido ser peor, de haber hecho caso a mis padres, los de Fenice no se entrometieron demasiado en su elección, hubiera acabado en leyes, de hecho fue lo que inicié, pero por suerte logré torcerme pronto, a tiempo diría mejor, y acabar en literatura. Pero lo dicho, esto es otra historia. Conversamos bastante rato. Jean Etchébérry vino a buscarnos. Me guiñó el ojo, viejo bribón, parecía decirme, siempre te gustaron las jóvenes alumnas, pero nunca hice nada por ganarme esa fama por otro lado inexistente, lo sabía. Y si existía, a todas luces inmerecida. Más bien decían de mí, lo sabía, lo presumía, lo deseaba, que era soso, distante, nunca conocieron desliz alguno, tampoco relaciones formales que siempre oculté, mejor dicho nunca existieron, formales, digo, meros encontronazos fuera de Santiago, donde enseñaba, solitario habitante de una casa de alquiler propiedad de la universidad. Hay una cena, nos dijo Jean. A punto estuve de mostrar mala cara, desilusión o disgusto por tener que seguir haciendo el papelón. Cenamos. La cercanía de Fenice me hizo feliz al menos por un rato. Imposible pensar en otra posibilidad más indecorosa. Tal vez debería plantearme una locura, fugarme con ella, por ejemplo, convertirnos en amantes, salir de mi soledad y de la sobriedad de mi existencia. Me retiré, empero, después de los cafés. Estoy cansado, aduje. Al día siguiente por la tarde, además, salía para Vigo. Volveré a Burdeos, desde luego, respondí a uno de mis anfitriones. Miré a Fenice cuando lo dije. Puede que fuera una cita secreta, unas palabras dichas con mensaje indescifrable para todos, menos para ella, que me miró sonriente. Lo había entendido. Al menos así quise sentirlo.

Juan A. Herrero Díez

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR TERESA PALAZZO CONTI

IMPULSO

Una fuerza extranjera

me provoca a desollar

el poder de la furia

y a plegarle las alas al insulto.

Pero me morderé otra vez mis rabias

y mi llanto.

Que trajine su alma carcelera;

que se ahogue en pecados.

Es un títere más de la ironía;

un vestigio final

en la basura.

Salpicados de barro y precipicio

caminan sus zapatos.

Se espantan las estatuas.

Bajo la guía inestable de sus ojos,

regimientos de espadas

hacen centro en su cuerpo

y hundido en humedades,

salpica de vinagre

su última actitud en el reflejo.

***

MARTES 13

Yo no fui invitada a su banquete.

Sólo llegué,

con los ojos cerrados

y un apurarme a ver lo indescifrable.

Fastidiada en temblores

ensayaba absorber la verdad

o el suicidio de la luz

detrás de mis párpados pegados.

Fui impulsada a sostenerme

entre vientos agónicos

y allí estaban sus redes.

Choqué con su mirada

que acunaba obstinada

una tarde extranjera.

Ya no quise emigrar.

Recostada de espaldas,

me sostuvo.

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POEMAS DE RUBÉN VEDOVALDI

“SIENTO QUE SÓLO LA SOMBRA ME ALUMBRA.” Miguel Hernández en este día me pregunto el mundo toda la sangre la carne del miedo, todo es dolor conmigo bajo el cielo; el hombre se me rompe de preguntas y agoniza mi alma sin sosiego en esta hora me duele el silencio tanta nocturna nota tan profundo caer sin fondo el hombre en desconsuelo; hoy el amor se me quema en las manos y en mis entrañas crece sólo hielo en esta noche me pregunto el día con la mirada transida de espanto barre mi boca de barro este viento toda la pena se tumba en mi lecho y estoy hasta los huesos de quebranto en este mundo me pregunto un mundo soy llaga amarga que no cierra el duelo está tan alto el pan tan agrio el vino que ardo desnudo en mi pena llorando por este día roto que no entiendo Rubén Vedovaldi LOS PÁJAROS MAÑANA todavía está muy oscuro aquí abajo hace mucho frío y la soledad es enorme casi pareciera un sepulcro todo esto a simple vista no se ve pero hay un sueño arde un sueño creciente inarrancable ojo salvaje sí neurona libre a simple vista todo es cada vez peor o siempreigualdemalynuncacambiará pero el jaulón es viejo tiene herrumbre los pájaros que rompen el cascarón son cada vez más cada vez más cada vez más pese al silencio casi no tienen cielo los pájaros no encuentran con qué alimentarse ni donde trinar pero hará falta un infierno más grande que el sistema planetario para tenerlos muertos de miedo ahí de alas caídas un nudo en la garganta pegados a la herida de su sombra faltará espacio donde tenerlos atrapados y tiempo para controlar a cada uno un sueño anónimo crece y se expande y faltará cemento armado para enterrarlo Rubén Vedovaldi * *(Copyright: Hecho el depósito de Ley 11.123.). Estos poemas son parte de mi libro CULTURICIDIO EN ARGENTINIEBLA publicado por Ediciones “NO MUERDEN” Rosario -1991

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POEMAS FIBROCARDIACOS

Por Cecilio Olivero Muñoz

SOLILOQUIO DEL MIEDO

Cuando era un niño me asustaban

las películas de terror

(y todavía aún lo siguen haciendo),

sobretodo las de muertos vivientes.

En las noches para no dormir

(programa emitido por esa época)

dieron varios programas sobre ello.

Ahora el miedo nos acompaña

no como distracción y si en lo cotidiano.

El miedo reside en todas partes,

miedo al salir a la calle,

miedo en el día a día, miedo

cada mes a mes, miedo cada año.

El miedo es esa falta de fe,

fe que se pierde, la esperanza perdida.

Si el miedo no te encuentra a ti

tú lo encontrarás a él.

El miedo se nutre de fantasmas,

pero esos fantasmas

distan del fenómeno Poltergeist,

aunque sí tienen algo

de residuo humanoide.

De cliché que con los años

se difumina. Se evapora.

Frankenstein ahora es una pelusa

envistiendo entre el trasiego,

Nosferatu es un monigote

de cartón mojado que languidece,

de fresa ácida es el churrete

tras haber mordido de Drácula,

le cae como el rímel a las lloronas,

cae como pintura en la lluvia.

Hoy quisiera eludir al miedo,

quisiera evitarlo desde mi soledad,

pero me es imposible.

El miedo me encuentra.

Se me repite como si hubiera

comido toneladas de ajo para cenar.

Ahora el miedo es Madame Hipoteca,

es el Doctor Estupidez Humana,

es Mr. Ignorancia.

Solamente me queda afrontarlo

desde la fe a esos muertos vivientes

que merodean los rincones de mi soledad

y la plagan de fantasmas.

***

GITANOS EN LA LARGA

NOCHE DE NUREMBERG

La noche guarda su miedo sonámbulo

en el confort de la paz alambrada,

en los barracones se oye

el infierno a dos pasos,

se oyen a los gitanos gritar

y el infierno se desnuda en el mundo,

los gitanos gritan su horrible

tragedia de cascabeles yugulares,

se resisten como leones

mientras que la noche aúlla,

sus lunares se hacen sangre viva

arrojada al fuego,

pena sola y negra del gitano,

gitano de coraje y rabia,

gitano de apretado mentón,

gitano de traviesa libertad,

gitano de picardía antigua,

el pícaro tartanero ante el abismo

traza su audacia en la supervivencia,

se agarra, muerde, patea, patalea, grita,

y la Tierra parece una catástrofe universal.

La Tierra cobija la paz de los gitanos

y en el asesinato se separa de dios,

porque la Tierra comprende que el hombre

es un animal que se sobrestima,

sobreviven con astucia los gitanos

en la larga oscuridad de la madrugada,

ya no se verán las brillantes pavesas

lucir en lo oscuro de la fiesta alegre,

la risa se ha podrido,

la algarabía es tedio,

pájaro enjaulado en la fiebre,

¿dónde está dios? ¿En el humo, quizá?

Los niños cruzan el apetito eterno

en la antinatural cueva de la teta vacía,

los viejos se resignan al no poder ser viejos,

por que los atacará la gangrena por la espalda.

Los gitanos queman pertenencias

tras la muerte de alguno de ellos,

queman recuerdos vivos pertenecientes al muerto.

En Auschwitz se queman personas

y los gitanos queman su olvido,

que tampoco nadie les queme su perdón.

***

LOS BUSCAVIDAS

Los buscavidas salen en busca

de incautos para que se les haga amena

esta vida de sobresaltos,

los buscavidas salen en busca

de pringados para que tal vez la cena

los deje tal vez saciados,

hace tiempo no comen caliente,

hace tiempo que disimulan algo,

hace tiempo que han aprendido

a ser consigo consecuentes;

su picardía siembra un No a cada paso,

padecen la ignorante fiebre

del dinero fácil y demasiado rápido,

sufren de olvido, tienen olfato,

viven de la sopa boba frecuente,

patean las calles de cabo a rabo,

viven del día a día que les precede,

viven anticipando el crack y el colapso.

De la crisis viven los inteligentes

y los buscavidas viven del milagro,

la cocaína les pudre sus dientes

y son huida que busca su atajo,

los buscavidas salen en busca

de perros flacos con agasajo,

de banquete con entremeses

de titirimundis y de espantajos,

del ego patrio de los feligreses

de la parroquia ilusa del parroquiano,

de los impíos y los penitentes,

de los lame-pilas y los porfiados,

del cuento de los panes y los peces;

pasan bayeta lustrando oro en paño,

los buscavidas confían muy poco

de primos que ya han engañado,

los buscavidas componen su rostro

de ángeles píos y de eunucos santos,

usan la artimaña, la pose, el colmo,

usan verbigracia y artefacto,

los buscavidas no conocen la culpa

por que su desayuno todavía es fiado,

la culpa, es una incómoda prostituta,

es mejor no preocuparse ni un gramo;

tratan de dormir sobre el colchón

de miles de incautos estupefactos,

hasta que el día del fango descubran

que hacen de este mundo un asco,

la muerte sonriente los saluda,

los saluda Miguel, los saluda Paco,

los saluda el cura y el iletrado,

los saluda Fidel, Pepe Luis, Baldo,

los saluda la banca y el contrabando,

los saluda también quien nunca

antes lo hubiera jamás saludado,

los saluda la gangrena, la purga,

los saluda el trago y el café migado;

tragan también, tragan disputa,

tragan del rédito en un momento dado,

momento de cien, de unos cuantos,

se empapan de máscara y simulacro.

Los buscavidas viven de la duda,

se amparan en el cuento chino

que creemos desde antaño.

Viven del trapicheo, de la cunda,

se comen la espiga del pan diario.

Hacen arte de la treta y la disculpa.

Ignoran hiel. No pueden caer más bajo.

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POEMS SELECTION

By Fahredin Shehu

(from Prishtina, Kosovo)

The petroglyphs of “I”

The morning dew

Sparkles as broken crystal

You approached to kiss it

Purified soul you are

My beloved Human

You endure the burn

While I blast

My petroglyphs

In the deepest layers

Of your quintessence and

In the abyss

Of its surface

The face of the “I” stands and

Immanent moonshine

Hardly a color as Neon

For your wide open eyes

Yet mildly absorbing

As soul does to another

Today I light the candle of the “I”

Fearless for loosing its shine

To burn your wick

To increase the light

So the darkness

Naively may ask

Who are you for God Sake?

Who are the fertile fireflies of Love?

While I swore on the potency of

The dark prince and

The harshness of the hell-fire

Our joint reply as smile

Shall bring the freshness of ambergris and

Cool all and bring joy

As to a mother after the birth

Of a newborn and

Invite all

We mean all visible

Semi visible and omni visible creatures

At the banquet with the Cornucopia,

At the solid diamond table

***

The zircon goblet

Flame was the name of my obsession

Flame, the blue,

Flame of love

Flame became purple of my compassion

Flame the green

Flame of spirit

Flame was sparkling, my impression

Flame of eternity

Flame transparent glow

The goblet became full

The blood turned life

The Calla was my move

The Lilly of heaven

The mist unfurled heavy

The dust turned cloud

The jewel remained beneath is precious

The soul you keep turned LOVE

We. Drink. In. Tribute. I. Die. Surely. But. Slowly.

We. Feel. In. Unison. She. Embraces. Me. Motherly.

Alas. Tonight. I’m. Drunk. Of. Love.

The. Zircon. Goblet. Outpoured. Blood.

The. One. That. Transforms. In. Life. For. Ages.

The. One. Lives. For. A. Day. And. Eternity. More.

***

The Gown

A neon- color cornucopia gurgles as spring Standing in the middle I remain overwhelmed Nano- metric particles embraces sinful population Of cells absorbed by light It’s Zephyr that transports souls Nowhere else you may see Lifted up, up, up they bear Nuptials to the gaps of heaven but The entrance pearly macadam Krypton threshold and cedar wood gate Golden latch opens to host guests The bride…is I glimmered? Heavy walk I started as death angel Walks on earth Aerial walk now steps far In advance as seraph I wear The gown lightly embroidered With knots curls sparks and pearls Of the ionic thread Light is as feather its weight Light I as bubble about to burst Light as happiness my momentum We levitate above golden leaf wheat field Seeing our shadows beneath Our heavily impregnated cubic souls We see the footprints of malicious Who encroached our shadow when The sun was as God adored and Stand in the front of us Anyway we undress the gown Naked souls in unison Sing dance and rejoice Wash at the bank of milky river The mantle of the Green Man waits Our essentials wait too To fill and go in procession To celebrate eternals

***

A honeycomb

I’m not here

To say the pride of forgotten past

Nor I’m here to sing miraculously

Suras and Sutras of the Holy Scriptures

I’m not here to watch fallen mulberry fruits

In river swimming as a dried leafs

Nor I’m here to pray endlessly

As a sages to repent for

Sinful mundane ignorant

I’m here to kiss the sky in its forehead

And between two eyes where

The star has to spark its beauty

I’m here to perfume your soul

And dry in the sunny-golden pollen

I’m here too, to feed your lungs

With the air of the lost world

Eternally washed in the rivers of soul

I’m the soil of your secret sowed

As a wheat seeds in the fall

Waiting spring to green the fields

And to golden summer with poppies decorated

And fireflies during short nights

Dancing erotic games

Waiting fall to feed the holy stomach

Of enfant terrible

Perpetually called ME

The sarcophagus of your secret

I’m lost …you, concentrated

In a formula dissolved to

Respond on their enigmas.

***

Charged circle

Black

Empty cans

No liquid evaporated

In the air full of pride

Polluted grains of soul

Lost their consistency

Pure fluids of light

Erupts as marshmallow bombs

Death squad penetrates deeply

Aiming to meet Anubis

A Tsunami whirled its wish

Passion and glutton declared independence

The dream of becoming a parallel nation

To co-habit with leukemia of creativity

A sex drive 4×4 retired

A crippled veteran of passion

Bags for the mercy of soulless utilitarian army of human entity

Better said plankton a homo-plankton of miserable creatures

Even worms and larva are disgusted by our hatred

Fecal, a skunk of fear

An eclipse of love that spans for ages

From birth to death

A spectrum displays its ripeness

Ejaculates liberty as blast

A dazzling dance of shaped and amoeboid forms of manifestation

Truth

Bitter the honey with suffer

Powder a chamomile with royal jelly and ginseng

All of sudden a wind blows

Spores of the old pines

White

The soul of parallel nation of Angeloid

Is striving pleasure of life?

Lives now

Perpetually woofs a rainbow muslin with the divine light

Inter-woofed dress

Newborn immaculate fellows

Perfuming

Oh those smell of paradise

Mint, Neroli, Oakmoss, Amber

A bouquet of divine pleasure

And Acacia kissed by a queen bee

Yes the queen of Enneagram

Of course

The work produces sweet essences

Oh Sarmouni of our Millennia

Melt the cataract-ic lance so they may see the beauty

Heal the flu so they may smell fresh ozone

A charged circle of light and love

Overwhelm

Remove the pulp from the reed

So may divine tune perform light?

Tao

May be your torchbearer

In the dark valley and by then you may see a spectrum

That encircles an infant fear

For an eternal life

Yet I kiss that that time sequence

Where Jin and Jang harmoniously co-habit

I a Feng Shui of Love

Defragmenter of hate’s files

Zipper of dark matrixes

Arranger

So you may know they do exists

So you try them in order to enjoy the sweetness of life’s honey

In this porcelain valley

Where goodness and mischief

Hand in hand are gliding furiously

Alas pure the morning with dew of love

Oxidize hate with apple vinegar

Sing to celebrate both solstices and have a cup of vine

That swoon you

That filters all starry

Cells of brain and ganglia

Perfume her navel with rosewater and kiss, kiss, kiss

Do a divine Tantra

With all visible and invisible and semi-visible spirits

Kiss topaz of her eyes

Kiss ruby of her heart

Kiss diamond of her nail

Kiss cooper of her feet ankle

Kiss jade of her bones

Kiss sapphire of her cells

And a flame-y waterfall of hair

And a silky pubic…

Oh…kiss and kiss and kiss whatever belongs to her

Make her a necklace

With your purest and noblest spermatozoids

Then call her as you wish

Wisdom, Hikkmah, Sophia

Or simply Goddess that makes you Angeloid.

***

Hidden in the White Roses

open my chest if you want to see the rod of heaven’s river, while it strains in its bed, where the white roses swim…

The hunger for beauty created canyons of longing for a quantum of moment. Again leaving is telling me thunder as melodeon, quiver of veins and bones, while I come to Thy meeting embarrassedly hide life’s broken toy, buried in human darkness; Alas you know my pains, tears in blood percolated as black pressed grapes While I swirled in the whirlpool of “I”-s, seeking for the spark of the of Your sight Remained deaf for the multitude of “THEM”, and the multitude of “US” The moon is full, the moonlight feeds me while I listen lullabies of Gabriel To sleep the thirsty souls; the star mist flirts to my appearance as it wishes to drop its mercy, at the pain caused by human poison. These words are arguments of the Threshold of the other side where the describable forms and the audible voices disappear, and the tongue knotted in nine knots. The eye is stopping the sight to store its image in my consciousness. Behold oh…”I” of the “US” while we rejoice within the White Roses and while we lick the pearly dews at dawn, and we smell the distant Neroli at dusk While we celebrate life as cosmic minute that lasts for eternity and a day more.

***

Primordial “I”

19 layers of textile’s mist have folded the “I”

Watching from the distance

It looks bizarrely captured

We are in exile

With love intoxicated

Humanity shall see the rainbow

We emit from all “I- s”

The primordial “I” emerged amidst the crowd of human

To articulate love

Infra mezzo and ultra visible

With the velocity of the most knowledgeable Angel

The sages named NUN and rejoice the eternity and

A day after

To transfer wisdom for the Thirsty Souls

We are the thirsty souls and

We approach humbly

The icy jet of the eternal spring

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DOS POEMAS GLOBALES

Por Cecilio Olivero Muñoz

ENCONTRAR UN TESORO

Todos los problemas del mundo vinieron

cuando pasé a formar parte de lo otro,

lo distinto, lo que está y no está,

pasé mi infancia aferrado al mundo,

pasé también mi rara adolescencia,

pero de un tiempo hasta acá

cada despertar es empezar de nuevo,

pueden tacharme de ganso, de misántropo

y ermitaño, pueden apartarse

los que vieron al amigo en un mismo equipo,

pueden señalarme como el malo,

el loco, el desquiciado del quicio,

ahora comprendo qué es salir de tus casillas,

ahora soy yo nada más,

no puedo luchar contra una masa,

tampoco tengo fuerza para tal cosa,

son mayoría, juegan con ventaja, y fui

parte de ella, solamente me queda

una lucha conmigo mismo, lo demás

ya no puede buscarme, por que para ello

todo es la misma ceguera.

Quizá encuentre mi tesoro en la Isla.

No puedo ni quiero ver al mundo en dos mitades,

dos mitades en guerra permanente,

dos verdades entre tantas miles,

quizá tenga que romper con mi pasado

y también con el futuro,

quizá para no perderme entre el presente.

Quizá para permanecer adentro de mis casillas.

***

ÁRABE-HIS-PÁNICO

Mi vecina (Fátima) (marroquí de Casablanca)

me pidió la dirección de mi exmujer

en Lima (Perú), tenía una espina en su corazón.

Ellas se llevaban bien.

Cuando se fue mi ex ni siquiera se despidió.

Me subrayó con mucho empeño y sumo interés

que la escribiera al revés, ella me dijo:

¾Escríbelo así, señalando la dirección con su dedo.

Me pareció cosa de locos, pero la comprendía.

Así lo hice. Escribí:

námauH sallirT liahuZ araM

5# atniuQ, 87 zárauH azalP

(30) siuL naS

(úreP) amiL

Parecía una dirección extraña en Oriente Medio,

o una fórmula misteriosa escrita

en cualquier dialecto en el ámbito árabe.

Me hizo bastante gracia, fue casi revelador.

Mi vecina lo entendía mejor así, quise

facilitarle las cosas, me cae bien la chica.

Comprendí que al leerlo a la manera occidental

el texto rezumaba cierto aire arabesco,

árabe hispánico, me dije yo.

Sombras en el lenguaje, juegos de palabras,

retruécanos soterrados, misterios idiomáticos.

Al fin y al cabo no somos tan distintos.

Solamente hay que darle la vuelta a las cosas,

o verlas desde otra perspectiva

para sentirte como en tu propia casa.

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NOTHING IS TOMORROW TRUE

By Cecilio Olivero Muñoz

SALIVA SALVAJE

Tras habernos besado

olía tu saliva, tu saliva peregrina,

peregrina en mí.

Rastros de tu saliva

corrían inocentes por mi piel.

Saliva ingenua, inusitada,

saliva salvaje y selvática,

olía tu saliva y me erizaba,

como aquél beso primero

estampado en mis labios,

levantaba mis labios

hacia mi nariz, para olerlos,

resquicio e indicio de ti.

Síntoma probable de nuestra

fusión, fusión absoluta,

tu aroma incauto y evocador,

efluvio de tu esencia pura,

testigo secreto de tu cuerpo.

Saliva salvaje y exuberante,

efigie hecha sustancia de ti,

recuerdo sin alma,

química e incógnita en tu boca.

***

I LOVE YOU DADDY COOL

La solución a mi enigma, a mi misterio

la tienes a la vuelta de la esquina,

sin embargo, tú la ves lejana en tu interés,

y demasiado tarde para emprender

[tan arduo viaje.

Por que estás cansado del duro laberinto,

estás cansado del frío teorema,

de la rara cábala, y prefieres ya la inercia.

Prefieres dejarte llevar por la vida

antes que descifrar la física del tiempo.

Prefieres comer sopa todos los días

antes que masticar en lunes acertijo,

prefieres rutina blanda y calma

a la comprensión a medias de la vida,

te asusta la libertad obscena, si,

de los que lo han perdido todo en primavera,

la incógnita no te interesa, te confunde,

por que para ti no es incógnita

[mi incógnita,

te interesa la simplicidad del monte,

la sencillez del hombre humilde, tranquilo;

prefieres una vida acolchada, si,

a la complejidad del cómputo imposible,

Padre, yo no soy distinto a ti, no,

me esfuerzo para no ser lo que eres,

y no es por que no lo quiera, no,

sino por que para ser como tú debiera

abandonarme al miedo de rodillas,

debiera abandonarme ante el abismo.

Padre, he querido ser tantas veces como tú

que anhelo y derrota son ya lo mismo,

por que sé que tú no quieres ser como yo.

Somos iguales, si,

nos diferencia una distinta soledad.

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“VIDA: SUMIDERO DE AMBICIONES TRUNCAS”

El despertador con su infernal sonido le marca la realidad de ese día, las agujas indican las seis y treinta de la mañana y como hace tanto tiempo las dos sombras” se comportan de la misma manera. Él levantándose mientras ella se da vuelta para seguir durmiendo, son los intérpretes de un gran desencuentro…AÚN VIVIENDO JUNTOS. Como un autómata se dirige a la cocina, abre la heladera y la vuelve a cerrar, piensa un poco y se despabila otro tanto mientras sus pasos lo llevan hacia el baño, se deja caer en el inodoro dejando vagar sus sueños hacia cualquier lado, con indolencia aprieta el botón, ¡SI UNO PUDIESE ARROJAR A LA CLOACA TODAS LAS ANGUSTIAS!. Se mira en el espejo y lo que este le devuelve no le gusta nada, ve un hombre de cuarenta y cinco años que aparenta muchos más, la barba crecida y las ojeras hablan a las claras que no está pasando por un buen momento…y eso se nota a la legua. Se acerca más a esa figura y con los ojos desencajados le dice: ¿ESTE ES EL JOVEN BRILLANTE QUE A LOS VEINTE Y TRES AÑOS SE RECIBIÓ DE MÉDICO CON LAS MEJORES CALIFICACIONES Y MEDALLA DE ORO?. ¿Dónde quedaron las esperanzas de tus viejos en la brillante carrera de su hijo?, ellos siempre pensaron que en poco tiempo sería un famoso profesional, bien casado y que incluso vivirían sus últimos años a la sombra de la fama y el bienestar que le daría el nombre de “su muchacho”. Las lágrimas caían a raudales sobre el lavabo deslizándose hacia la rejilla, para perderse en lo que se había convertido su vida: LA OSCURIDAD DE UN TÚNEL INFINITO. Se apuró en afeitar y cepillarse los dientes y luego se vistió, ya estaba a punto de partir hacia la gran aventura…LA SALA DE GUARDIA DEL HOSPITAL MUNICIPAL”JUAN MARTOLO”, lo estaba esperando un importante personaje: ¡EL DOLOR!. Indudablemente tenía mala suerte, pensar que podía paliar en algo su soledad en la cena a realizarse hoy, convocados por los ex bachilleres de su promoción,(su agenda estaba vacía de reuniones agradables) pero hoy a la noche estaba de guardia en el hospital y de ninguna manera podía faltar, ese hubiese sido un buen motivo para remontarse a esos diez y ocho años en que sin duda era feliz…PERO HASTA ESO LE SALÍA MAL. Mientras viajaba en el atestado autobús rumbo a su trabajo, se le pintó una sonrisa en sus labios pues se desocupaba un asiento y prontamente se sentó en él, entonces aprovechó para desplegar el periódico que había comprado de pasada en el puesto de la esquina. Por ese motivo se enteró que era una jornada muy especial para la salud y por ende para los médicos, que esperaban ese día en que supuestamente se solucionarían infinidad de problemas que atañen a su profesión. En los “mentideros políticos” era un secreto a voces que ciertas cosas raras iban a suceder en la cámara de diputados, se “cocinarían” cosas no muy santas que digamos, deberán decidir sobre tablas, si se subvencionaba una importante cantidad de dinero para poner a punto el deficiente estado edilicio de muchos hospitales municipales y la construcción de otros en los suburbios, puesto que algunos barrios periféricos no cuentan con ninguno. El recinto mostraba un lleno total, era muy raro verlo así, porque es sabido que una gran cantidad de legisladores no aparecen nunca por allí, salvo cuando se fogocita algo gordo como ahora. Otra curiosidad eran las nutridas y ruidosas barras, que poblaban con sus cánticos y pancartas, las tribunas del recinto. El ambiente era tenso, lo hacía aún más la sospecha de un “arreglo” que había en el aire, se sabía que desde la cúpula se pedía anular esa partida de dinero para el fin ya expuesto, lo que sucedía era que como en un pase de magia todo el dinero que estaba destinado para ese menester…HABÍA DESAPARECIDO. La cara por demás tensas de los diputados que esperaban ansiosos el debate, hacían marco al bochinche infernal que había en el ambiente, en ese momento se escuchó la campana que llamaba a sesionar. La oposición aferrada a su requisitoria , exigiendo que sin más dilaciones se girara el dinero para lo que estaba destinado, mientras el oficialismo usaba cualquier chicana con tal de anular “por el momento” la moción opositora, en un tira y afloja que no parecía tener fin, hasta que la minoría logró por último que se pudiera votar. La primera compulsa dio como resultado un empate, noventa diputados de ambas partes habían apoyado por los envíos unos y los del partido gobernante, QUE NO ERA EL MOMENTO OPORTUNO PARA ELLO. Entonces y después de un cuarto intermedio hasta el fin de la tarde, se llamó de nuevo a votar para definir la situación, porque debía haber indefectiblemente un desempate, en ese ínterin a un par de ediles del oficialismo se les ocurrió llamar por teléfono a su casa a JUAN DIOSDADO CARLILES. Este personaje, compañero de bloque que a raíz de los continuos faltazos a las reuniones lo habían apodado “día femenino” (pues venía solamente a fin de mes a cobrar su sueldo). Este sujeto se encontraba en su lujoso y coqueto piso de la calle más cara de la ciudad de Buenos Aires, dicho inmueble eran frutos de algunos vueltos no entregados y al atender el teléfono puso un gesto de fastidio, tratando de zafar a la convocatoria…pero no pudo. Había acomodado esa noche a una reunión de ex compañeros que se presentaba muy divertida, por ello había convocado a una impactante damisela , cosa de ser tomado como un tipo “muy ganador”, lo que no sabrían era que había pagado a una prostituta(él era incapaz de seducir a nadie por sus propios medios). Estaba muy furioso porque sabía que estos encontronazos tan reñidos, podían durar toda la noche hasta lograr un veredicto. Entró al gran salón como un gladiador (estaba convencido de ello) su traje era impecable como siempre, el brillo de sus zapatos Italianos opacaba a toda esa MANGA DE SERES INFERIORES, como solía llamar a sus correligionarios, lo que venía a votar le interesaba tres pitos. El diputado Carliles no pensaba ni en broma caer en ningún hospital si algo le pasaba, eso era para la gente de baja estofa, para “los negritos” del pueblo, lo único que faltaba, era funcionario, tenía poder y mucho dinero, a él le resbalaban LOS LAMENTOS DE LOS POBRES. Por fin se hizo nuevamente la compulsa y como siempre, perdieron los más débiles: PARECE UNA CONSTANTE GRABADA A FUEGO. Conciente que su llegada para votar, había volcado el fiel de la balanza a favor de su partido, ya estaba pensando en la forma de “pasar la factura” porque una persona como él…NO TRABAJA GRATIS PARA NADIE. Dentro de todo no había sido tan pesada la sesión, estaba con el tiempo justo para concurrir al evento con sus ex compañeros, por consiguiente llamó a la dama que lo iba a acompañar, diciéndole que en media hora pasaba a buscarla. Con la socarronería que lo caracterizaba se despidió de sus correligionarios, no sin antes decirles: cuando quieran que los saque de apuros, no se olviden de llamarme, LES GUIÑÓ SOBRADORAMENTE UN OJO Y SE MARCHÓ. Cruzaba la calle hacia su lujoso automóvil, iba contento y despreocupado, pero evidentemente hoy se habían conjurado LOS JUSTOS, LOS OLVIDADOS Y LOS HUMILDES, poniendo en manos de otro “MÁS POBRE” el trabajo de vengar de alguna manera…¡A TODOS LOS PERDEDORES!. Cuando apretó los frenos de esa desvencijada chatarra que era ese por así llamarlo auto fiat seiscientos(fitito), en ese preciso momento el conductor se dio cuenta que se había quedado sin frenos pues estos no le respondían, de esa manera SE LLEVÓ POR DELANTE AL ELEGANTE CABALLERO QUE CRUZÓ LA CALLE SIN MIRAR. La sangre tiñó de rojo el asfalto, un alma buena llamó a la ambulancia, el camillero mientras tanto cargaba al herido en el vehículo, uno de los curiosos que se pararon a mirar preguntó: ¿dónde lo llevan?,.AL HOSPITAL JUAN MARTOLO RESPONDIÓ… ¡ES EL MÁS CERCA! Boris Gold

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

CAMINAR PARA SENTIRME VIVO

Caminar para sentirme vivo

no andar por andar sin más sentido

que moverme por estar como objeto inanimado.

Dar luz y lugar a mis inquietudes

llenándolas de ético sentido y desarrollo

de amor a mis sentimientos para que

se gratifiquen y perduren.

Que el foso de mi intimidad

vea crecer la satisfacción

forjada de valores imperecederos

sustancia de futuras vidas.

***

NACE NOVIEMBRE

Nace Noviembre en un otoño preñado de primavera donde sólo los ocres matices de los otrora verdes revelan la estación verdadera de nuestras esencias, todavía insufladas por enormes deseos

de fortalecer y gozar

de nuestras presencias enraizadas

a la tierra, en este Noviembre

que nace apacible las señales

repentinas del viento que aligeran

las copas de los árboles

nos recuerda la brevedad del gozo

y nuestras razones primeras,

las que han ido trazando el sentido

y la dirección de la búsqueda

de esa felicidad singular

que va gratificando nuestras raíces

y a la vez fecundando nuestros vástagos,

y las frescas madrugadas

que nos obligan a arropar

nuestras intimidades con sentimientos

y hechos para cuando Noviembre

se encamine en el tiempo y las plateadas

nevadas cubran las exiguas ramas

que nos adornan y conforman

tengamos ese punto de satisfacción

que confiere un buen sustento

sin sentirnos colmados

pero con el paladar y todos los sentidos plenos,

en buena compañía irnos

entregándonos en libertad

en vencida vigilia.

***

ME SIENTO TAN AJENO A MI PRESENCIA

Me siento tan ajeno a mi presencia

atrapado en un cuerpo cambiante

impuesto por las circunstancias

envoltorio y armazón de mi existencia

testimonio perenne de mi fragilidad,

todo, todo, depende de mi estúpido cuerpo

quebradizo, fugaz y cobarde

en permanente huida hacia delante

huyendo de la vida, acopiándose de decrepitud

que me llevará inevitablemente a la muerte.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Maximiliano Spreaf

No Un salar de espinas es tu cuerpo, bendecido por las nubes de alcohol que derramamos juntos en la mañana que decidimos borrar la tristeza. Se pierde el azar entre tus piernas, no dejas un lugar a la sospecha, ya no temes ni siquiera conocerme, ya quebraste tu lugar y tu ironía. Y yo suelto pájaros dentro tuyo, que volaran bajo tu pollera cuando me haya ido bien lejos llevándome tu ardor y tu belleza. No te guardes todo eso para vos, todo lo que mostras en el día, que palpita por las noches en tu mente y no dejas que calme tu frío. *** Noche # 99 En las noches más comunes y felices que he pasado siempre encontré a mis pies unos cuantos corazones y los halagos mas fatuos. No me deje encandilar por las monedas brillantes, ni la suerte me alcanzo, ni la buena ni la mala, siempre me paseo altanero en esas horas tan bellas no hay diva, ni diván, que me hagan hablar de mi mismo. Es un secreto, la noche que solo algunos guardamos saber a nadie se lo contamos y en contadas ocasiones alardeamos de como bajar la luna. Y en el estruendo mas sordo de mil niñas estrelladas. con las manos mas calientes y las sábanas mas frías, me he dejado llevar lejos entre copas y jazmines. *** Malgaste Es difícil escribir con la cabeza cuadrada las aristas afiladas, y correoso el jazmín. Débil soy, y me pliego al ruego de tu hambre lectora, caminante de líneas por las auroras. Cuánto silencio nos traba el amor. Nos garantiza el retiro, por el pensar pensador. Puta soy, de nívea pluma, Puta soy, más puta sola. Y aunque la rabia entró y explotó sobre el tapiz, aún aprieta la nostalgia donde un día hundimos la nariz. Llevas el pelo retorcido de pensamientos monocordes, de silencios obligados, de malquerencia y hastío. No mires más mi interior Que allí no encontraras nada Mira esta vez tu demencia Que todo dirá de mí.

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14º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

por_bule_su_primo@hotmail.com

E-MAIL: por_bule_su_primo@hotmail.com

14º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXIV     15-11-2.008

NÚMERO ESPECIAL DEDICADO A LA MEMORIA

DE PEDRO JOSÉ GONZÁLEZ MUÑOZ.

 

EDITORIAL XIV

El negocio de la multiculturalidad y el sentido común

 

Asistimos no sin una cierta sensación de vergüenza ajena al último espectáculo multicultural de las Naciones Unidas. En Ginebra hay un palacio que pertenece a tan notable, que no noble, visto lo visto, institución una de cuyas salas, la denominada Sala XX o Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones, ha sido remodelada por el artista español Miquel Barceló. Dicha obra ha consistido en erigir una cúpula y el presupuesto lo aprobó el patronato de la Fundación ONUART. Hemos conocido que el referido presupuesto se eleva a la cantidad de 20,35 millones de euros, de los cuales 500.000 euros han sido aportados por el Fondo de Ayuda al Desarrollo español, que gestiona el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

 

Sabemos que el tema puede ser abordado con mucha demagogia. La evitaremos en la medida de lo posible. Seguramente bastaría sacar una conclusión con la mera lectura del párrafo anterior tal cual y quizá por ello no sea muy necesario añadir mucho más: los datos expuestos cantan por sí mismos. Por otros lado, somos conscientes también de que el problema de la pobreza en el mundo depende en gran medida no tanto de las ayudas puntuales que se puedan otorgar, y con 20,35 millones de euros habría muchísimas ayudas puntuales que arreglarían problemas concretos y angustiosos para quienes los padecen, sino de transformar estructuras y relaciones internacionales, crear un nuevo orden internacional basado en la cooperación, la justicia, la solidaridad.

 

Tampoco somos quienes para exigir compromisos a los artistas. La solidaridad surge de la propia persona y cada cual ha de saber hasta donde tiene que llegar su compromiso. Por lo demás no creemos que un artista tenga que estar más comprometido que cualquier otro ciudadano, sea quien sea y cualquiera que sea su oficio, aunque reconocemos que un artista puede lograr que un mensaje llegue a más gente. No seremos nosotros en todo caso quienes juzguemos a los demás ni daremos consignas de cómo han de vivirse los problemas de este mundo, nos basta con intentar ser coherentes en nuestra vida cotidiana, algo de lo que no somos ni de lejos maestros.

 

Sin embargo, no hemos podido evitar un escalofrío al conocer dichos datos. Sobre todo si las cotejamos con otros que nos proporcionan algunas organizaciones de solidaridad y que nos dejan claro que la miseria, el hambre, la pobreza son, por desgracia, la norma en el mundo, no la excepción. Evidentemente, hay muchos otros gastos que podrían soliviantar dicha situación y no por ellos vamos a exigir su eliminación. No obstante, nos escandaliza que el dinero de la cúpula se haga nada menos que en las Naciones Unidas, que tiene un sinfín de entidades vinculadas y programas específicos de desarrollo y de lucha contra la pobreza, y que las ayudas pretendidamente públicos de los Estados, como el FAD de España, se desvíen de un modo tan cuantioso a fines que poco o nada tienen que ver con el desarrollo.

 

No tenemos de momento muy claro en qué consiste esa Alianza de Civilizaciones que surgió como idea de la Presidencia Española. Tenemos la vaga sensación de que civilización sólo hay una, la humana, y que son las culturas las que dialogan permanentemente, algo que no requiere, por otro lado, de grandes palabras, de discursos grandilocuentes ni de órdenes directas de los Estados, es algo que siempre ha ocurrido y que ocurre hoy de un modo cotidiano. Cuando leemos a autores de otros países, culturas y lenguas o vemos sus películas, cuando apreciamos la música sea cual sea la nacionalidad del autor, cuando nos acercamos a cualquier obra artística ya estamos dialogando. Siempre ha sido así. Esperamos que siga siéndolo. Lo que sí sabemos es que asuntos como el mencionado, por su grado de frivolidad y por la susceptibilidad de ser utilizado para la demagogia fácil, hacen un flaco favor a quienes desde la honestidad y el compromiso luchan por instaurar un mínimo de armonía en este mundo.

 

 

 

LA PESADILLA DE BRETTON WOODS

 

La miseria arrastra los pies

en la antesala de las pesadillas

y no hay mayor pesadilla para la pobreza

que el bostezo global de Bretton Woods.

Las semillas son huecas esperanzas,

el estómago es una cueva con un canto hecho eco

pues su exigencia hace temblar al hombre,

el aliento es un vacío peculiar,

y lo triste son las inmensas listas de los muertos

que adelgazaron mientras otros engordaban.

La cruz roja es un suspiro,

los seudo-poblados son hervideros,

los momentos son desdicha,

la chatarra es un sustento de cuentagotas marchito,

las azadas oxidadas son trastos arrumbados,

calaveras y esqueletos

son la cosecha de los capitalistas barrigones

que harán nacer otro capitalismo

que nos despreciará si no consumimos su desgracia,

muchos tienen miedo a no ser espiga

y otros se columpian en las derrotas del cansancio,

la luna debió ser pan casero,

las montañas debieron ser arroces y te quieros,

las nubes deberían ser mantequila,

las llanuras debieron ser desayunos de amor,

los soles deberían ser potajes en ebullición

y los árboles del mundo embutidos saciantes,

los ojos deberían ser mares salvajes

y los pucheros deberían ser ríos de frescura

que la acequia de las lágrimas les niega siempre.

Las moscas deberían ser alegrías enormes,

y los pozos deberían ser millonarios altruistas,

los desiertos sueños de hermandad,

el dinero debería ser gratuito principio

que se sume a la solidaridad sin fronteras,

que nada en el mundo deba costar

el sufrimiento tan largo y tendido

y el sudor de frentes sin futuro

con eterna chicha

y agria limoná.

Las palmeras deberían ser relucientes estrellas

de grandezas bajas,

las sabanas deberían ser

campos sembrados de huerta a sol y a sombra,

las lluvias deberían ser

opulencias llenas de vida,

las nevadas deberían ser

horchatas de refrescantes risas

y las tormentas deberían ser

decididas causas para un mundo feliz.

Los azules deberían ser puentes hacia el corazón;

el hambre a nuestra puerta llama

como un desprecio de rabia que muerde

en lo más débil de nuestra razón.

La religión debería ser mero amor a la vida,

la filosofía debería ser el gas de opio del pobre,

la poesía debería ser lenguaje sencillo y mágico

que brota de los silencios,

los novelistas deberían ser herederos

de los hechiceros que limpiaban las malas artes

y la política debería dárselo todo al pueblo.

La mentira debería ser un chiste sin gracia,

la verdad debería ser obligatoria,

la paz debería ser respetada monotonía,

la educación debería ser pan para el mundo,

la libre expresión debería ser

el único consuelo que el ser quisiera,

la televisión debería enseñarnos algo,

y el diario de la mañana

una libertad próxima y sensible,

el dolor debería estar prohibido

y el amor verdadero

debería ser ejemplo en las escuelas,

el te amo para siempre el único peregrinaje

que toda la humanidad debiera hacer.

Las campanas deberían ser caramelo,

las chozas una perfecta sombra sin goteras;

el Banco Mundial quiere patearnos el lamento

y destrozar una paz de azúcar y bendición.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

Tensión

 

 

Intenté demorar lo máximo posible mi vuelta a casa. Siempre lo hacía. Pero más pronto o más tarde tenía que volver, inevitablemente. Además, sabían que a las siete salía del instituto y apenas se tardaba media hora en regresar a casa. Como máximo cuarenta y cinco minutos. Aquel día llegué a y veinte. Abrí la puerta y, una vez abierta, la tensión la sentí como una bocanada de aire caliente que me golpeó como un sopapo. El silencio era absoluto, pero se sentía que habían discutido. Es extraño, pero a veces la angustia la notas casi como si fuera un olor o una presencia real, material. No me crucé con ellos en el largo pasillo que llevaba a la cocina. Cuando entré en ella vi las bolsas de la compra en el suelo. Recogí algunos productos que se habían caído, los dejé sobre la mesa, algunos los guardé en la nevera, y luego volví a atravesar el pasillo. No me los crucé tampoco mientras fui a mi cuarto, pero estaban en casa, no me cabía la menor duda. Tampoco los busqué. La casa era lo bastante grande como para evitar encontrarnos cuando queríamos mantener cierta discreción y la distancia, lo cual pasaba a menudo porque en aquella casa hacía tiempo que no hablábamos más allá de los convencionalismos cotidianos.

No me gustaba aquella situación, no la soportaba, era como si quisieran recrearse en el odio, como si sólo cohabitaran con su rencor mutuo y ya no desearan más que continuar una relación que a todas luces no tenía visos de cambiar. Muchas veces me preguntaba por qué se empeñaban en seguir juntos.

Dejé los libros en mi habitación y volví a recorrer el pasillo hasta la sala de estar. Ahí me encontré a mi padre. Estaba en el sillón, en silencio. Le saludé y él apenas soltó un saludo inaudible. El mensaje era claro: no quiero hablar, déjame en paz. Aunque es posible que fuera incapaz de decir mucho más, de ser más comunicativo, de superar él mismo un estado de cosas que tampoco él soportaba. No lo sé. Salí y dudé si buscar a mi madre. Estaría en su cuarto y supuse que tampoco ella querría hablar. Claro que yo no sabía muy bien lo que podría decirle y por eso quizá no tenía mucho sentido que fuera a su encuentro, que hiciera algo. Tal vez sólo me quedase entrar en mi cuarto y encerrarme allí. Pero la atmósfera en toda la casa era irrespirable. No me iba a concentrar en nada, así que lo mejor, sin duda, era salir.

Reencontrarme en la calle me hizo bien. Era como si de pronto pudiese respirar tranquilo después de una crisis. Sin embargo, no me logré despojar de un mal sabor de boca que se mantenía dentro de mí. Comencé a andar sin dirección fija. No quería encontrarme con nadie. Qué les iba a contar, que salía de casa porque de nuevo mis padres se habían peleado y la tensión se podía cortar. Detestaba además dar pena a los demás, odiaba mostrarme débil o deprimido o sencillamente frágil, sobre todo porque pensaba que sólo a mí me afectaba una situación tan penosa. Di varias vueltas y me senté en un banco, sin saber muy bien a donde dirigirme. Luché contra la ansiedad que comenzaba de nuevo a dominarme por dentro. Mi vida, no podía dejar de pensar en mi vida. No era grata, me esforzaba por dejar de darle vueltas a mi existencia, pero estaba allí, bien presente. Por mucho que intentase creer que yo podría ser otra persona, que podría llegar a tener otra vida, que viviría en otro lugar, en otra atmósfera, y a veces fantaseaba durante horas con ello, la realidad se me presentaba en cualquier momento, como al llegar a casa aquella tarde, con una crudeza que me dejaba noqueado. No podía inventarme que todo era normal, que mi vida era apacible, que tenía una familia estable, que tenía amigos que venían a casa y cenaban, se relacionaban con mis padres con total afabilidad. Ni podía seguir creando una novia que también venía a casa, que se quedaba a dormir. La vida, por mucho que insistiera y me concentrara en una realidad paralela, era un infierno.

Anochecía y comenzó a refrescar. No podía además pasarme todo el rato sentado en aquel banco. Más tarde o más pronto tendría que volver. Así que me levanté. Dudé por un momento hacia donde dirigirme. No quería regresar a casa. Aunque había pasado una hora desde que salí, las cosas allí seguirían igual. Sin embargo, no iba a huir en aquel mismo momento.

Entré en casa y de nuevo me di de lleno con el tenso silencio. Pasé por delante de la sala de estar, pero la penumbra no me dejó ver si mi padre seguía en el sillón. Tampoco quise fijarme. Entré en mi cuarto y me senté en la cama. Sentí deseos de llorar. Me fui a la cocina. No había rastro de las bolsas y todo aparentaba un orden que parecía negar el caos de un rato antes.

En ese momento entró mi madre. No me di cuenta y su voz, a mi espalda, me hizo dar un bote.

– Llegas tarde. -me dijo, casi en un susurro que le quitó cualquier tono de reproche.

– Salí -contesté-, tuve que comprar una cosa.

Se quedó callada, mirando las paredes blancas de la cocina, los armarios color pastel. Su silencio casi me hizo más daño, hubiera preferido que gritara. Salió y de nuevo todo se llenó de una tensión punzante.

Me quedé solo. Pensé que al año siguiente me tocaba ir a la universidad. Y que en la solicitud rellenada aquella tarde en el instituto había puesto como primera opción una carrera que se hacía en otra ciudad.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

Adolescentes:

 

 

Eres un adolescente impetuoso y rebelde, te lanzas a volar y no te percatas que no eres un ave, quieres cruzar el mar pero no has construido ni un velero, solo te precipitas a soñar de las cuerdas de una cometa.

 

Eres inteligente pero te embobas ante una joven, sueñas con tu Julieta y aún no eres un Romeo, tu vida es un crucero lleno de fantasías donde la alegría y el jolgorio te presidan, eres la juventud en todo su furor como la primavera floreces a cada año dejando varios corazones rotos.

 

Eres de los adolescentes que no le temen a nada, ni a nadie, cruzas todas las murallas de la vida y siempre logras lo que quieres, eres un joven apasionado en todo lo que haces, aunque ello tarde o temprano te golpee dejándote atolondrado, pero tomas fuerzas y te levantas y sigues adelante en la batalla.

 

Eres un joven como muchos otros, pero tú eres especial porque eres el único en este mundo.

 

Por Mabel Meneghini

 

 

EL MAR

Las olas chocan contra mí, algunas suaves, otras con tal fuerza que me hacen tambalear, pero son olas, al fin y al cabo. Olas que golpean, y de repente te das cuenta que has de reaccionar, y en ese preciso instante, en ese golpe despiertas con un nuevo aire, con un nuevo pensamiento, como pretendiendo cambiar de rumbo.
Rumbo que me guía la corriente del mar, me lleva a izquierda a derecha, me mete hacia dentro, me saca hacia fuera, ¿pero cómo mantener la estabilidad, estando de pie en medio del mar?.
Anclo los pies en el fondo de la arena del mar, intento aferrarme para no desestabilizarme, y aún así, esas arenas son movedizas, mientras se piensa: si uno no quiere caer, no cae.
Golpes de olas, unas suaves, otras fuertes.
Suaves, que con su movimiento te hacen sentir agradables sensaciones, y por unos momentos eres feliz.
Olas fuertes, con sus choques, golpean contra el cuerpo, pero no son más que meros golpes que provocan las reacciones, y en la mayoría de veces funciona.
¿Quién no ha pensado en un choque de una ola grande o fuerte, que en ese momento, aún por unos segundos, su vida puede cambiar en algo?. Algo que hacer, algo que pensar,…
Golpes de olas, que vienen y van, pero el mar siempre acaba serenándose, calmándose, y todo vuelve a ser normal.
Experiencias vividas y experiencias por vivir.
Olas del mar, preciosas experiencias de sensaciones.

Silvia Marcos Fuentes
29-07-08

Reservados derechos de autor V-1693-08

 

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Poema 5

 

Dejaré de culparte, en este día dejaré de maldecirte, ya no eres prisionero de mis viajes, no quiero ser quien te prive de las noches estrelladas, ya la lluvia ha acabado, no necesito seguir teniendo que culparte de todo.

Ya bastó este sentimiento absurdo que no me imagino sin él, pero que tampoco me imagino en el,

porque la solución fue matarte, despedirte de mi vida, fue dejar atrás la melancolía, dejar atrás el capricho de tan sólo tenerte a mi lado sin saber que era lo que tenía o qué me privaba de tener. Dejaré entonces de culparte por todo lo que fue y lo que no, por lo que pudo ser y no fue.

Dejaré que en tu ventana brille el sol nuevamente y que la mañana sea mañana otra vez, dejaré de ser quien te guíe, dejarás de ser mi guía.

Buscaré los recuerdos de sal que se quedaron en la orilla de aquel mar…

dejaré de maldecir tu cuerpo perfecto, por no estar conmigo cuando quería que estuvieras, dejaré de culpar a la vida por la mala vida que me has dado.

No sé que tienen tus manos que son las únicas que me llevaría en este viaje, que hoy emprendo, y que sin más ni menos, me destierra a otro horizonte donde no habré de culparte.

No sé que es más eterno si el amor que sentía o la culpa que me inunda, pero dejaré de culparte y de culparme, si culpables no hay en este asesinato; si mentiras sólo quedan sobre la mesa de poker…si sólo podré decir que dejaré de culparte cuando llegue al final de este viaje que hoy emprendo. Que no dejaré tampoco que tu recuerdo me inunde el alma, que no querré ver más tu foto, que dejaré atrás los aromas de tu frescura, que dejaré de culpar a tus ojos por darme la dicha y luego matarla en esa navidad.

Y remaré con todas mis fuerzas para huir de tu lado y dejar de culparte, no serás el culpable de este amor que muere sin haber nacido, no serás culpable de mi muerte en tierras olvidadas por el olvido.

Dejaré de maldecir al tiempo que estuvimos juntos, dejaré de culpar a tus labios por hablar demasiado o por envenenar mi boca al besarla.

Dejaré que te culpes y me culpes por lo que pudo ser y no fue, dejaré que me maldigas por matarte esta tarde, dejaré que mis labios se posen por última vez sobre los tuyos, dejaré que mis manos recorran tu cuerpo pecando contra la vida, pecando contra el cielo y las estrellas.

Entonces me culparás a mí por dejarte, me maldecirás por abandonar lo que no fue y pudo haber sido, me culparás por ser como soy, una niña en la piel de una mujer.

 

 

Por Gabriela Fiandesio

 

 

 

LA ANTI-MUSA

 

Me da a mí por pensar

que reírse de las musas

y del abracadabra

no está nada mal.

Por que las veo tan difusas

y a la postre tan pesadas

que en vez de escribir

tengo por lo que llorar.

Me río a carcajadas

de las flipadas musas

y las eternas bofetadas

que ofuscaron raíz obtusa

por que las pequeñas migajas

están por merendar.

Te dejo patidifusa

al decirte que eres mi musa

y me pongo a recitar

sin sentido y bla, bla, bla.

Musa, palabra difusa

que te dibujo ilusa

y en tu habitación reclusa

encerrada sólo por amar.

Musa de mis pelusas

entras en mi vida intrusa

me como tu ensaladilla rusa

y que paliza me da la realidad.

Musa eres anti-musa

eres inspiración del laralá

musa tan bella gatusa

musa de mis pelusas

mucha musa está por llegar.

Musa de las reclusas

musa de otoños y rabal,

musa tan buena morusa

musa, moneda ilegal.

Musa que como una intrusa

te apropias a buen recaudo

y de recaudado caudal,

musa de mis pelusas

eres tu reina por reinar.

Eres musa de mirada obtusa

eres pitusa por inventar.

Eres musa, tú, mucha musa

eres patusa del mío cantar,

eres mi única pupusa

eres pelusa por pelar.

Eres muchachita anti-musa

eres obtusa y pelillos a la mar,

eres musa de mi realidad.

Musa tú estás confusa

por la ambigüedad

de las picantes medusas

y por la mar y su propia verdad.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

FASCÍNAME

(Salou)

luz memorable, vidrio rozado…

Juan L. Panero

Ofréceme pasión para no olvidar mi tiempo.

Conmíname en la caverna del fuego y los latidos.

Sájame con tu enarbolado furor de enredadera.

Fascíname con la piel de tus frutos perseguidos,

en el afortunado reino que me ofreces y brindas

con un dedo entre los labios.

Embriágame con el presagio de la noche.

Háblame despacio,

ámame solícita, seductora,

rozándome las mejillas con yemas de agua,

con un inacabable desmayo de penumbra,

con un deje de almíbar

en el pozuelo grana de tu boca.

Ríete de mí si es preciso, libérame

en el abrevadero blanco de tu escote,

cólmame de tersa luz, despréndeme el orgullo,

deseo ser esclavo fiel

y que la trampa del amor todo lo explique.

.

(José Luis García Herrera, El recinto del fuego, Huerga y Fierro editores, 2008)

 

ANOCHE SOÑE CONTIGO

 

 

Entré en el restaurante, en búsqueda de mi acompañante para cenar. Estaba allí, como siempre, sentado en la misma mesa de fondo del restaurante, en la penumbra, iluminada por una tenue lamparita colocada sobre la mesa. Tú, con la copa de vino, esperándome,…Te vi, y sonreí como siempre.

Empezaste a pedir la cena, a la carta, como nos gusta, mientras me besabas y acariciabas, preguntando cómo me había ido el día.

En nuestra amena conversación, durante toda la cena, solo tenía ojos para ti, oídos para ti y para la música de fondo.

 

Mi amor, que bien estoy contigo, amante, compañero, amigo.

Mi amor, te he de confesar algo.

En esa cena, mientras te miraba, observé en la mesa de enfrente a un hombre que como predestinado entremezclamos miradas. No pude dejar de mirarle, al principio de forma tímida, a él le ocurría lo mismo, miradas cruzadas, miradas tímidas, dejadas acompañar por una leve sonrisa, escueta y discreta.

Él estaba acompañado, ni siquiera me di cuenta quién era su acompañante, pero en ese momento sinceramente me daba igual. Mientras te escuchaba él fijó su mirada en mí y yo quedé hipnotizada, hechizada, dejé de escucharte ya, mis miradas, mis sonrisas eran para él.

Miradas y sonrisas que hablan, cómplices de una conversación secreta.

Pero la cena terminó, no quería marcharme, quería seguir viendo sus ojos.

No te diste cuenta de nada, y marchamos, dejando tras de mí un extraño dolor indescriptible.

Salimos del restaurante, llovía, y al día siguiente ambos teníamos que trabajar, se nos hizo tarde, y nos despedimos con un beso, para mí vacío. Cogiste un taxi y te marchaste. Quedé allí bajo un balcón resguardándome de la lluvia.

No pasaban taxis, me parecía una eternidad, quería marcharme rápido, antes de seguir mis impulsos y volver a entrar.

No hizo falta, cuando al fin vi un taxi, le di el alto, pero en ese preciso momento alguien me abrazó por detrás y me susurró al oído: “no te marches, ni ahora ni nunca”.

Me di la vuelta y era él, salió a mi encuentro, me buscó y me encontró, no hubo palabras, nos fundimos en un apasionado beso bajo la lluvia, todo nuestro alrededor nos daba igual, abrazados sin hablar.

 

Esa noche hicimos el amor y supimos que iba a ser para siempre. Y así ha sido, todas las noches, todas las mañanas, todas las tardes nos amamos. Y cuando me levanto recuerdo haber soñado contigo.

Y como siempre “anoche soñé contigo”.

 

 

Silvia Marcos Fuentes

15-08-08

 

Reservado derechos de autor V-1693-08

 

 

                                      UTOPÍA

 

Si pudiera de golpe

arrinconar olvidos y semanas

junto a los nidos de agua

de mi secreta cáscara.

 

 

Si lograra arrojar

en las islas neutrales

las cenizas que muerden el árbol y las lágrimas,

y pudiera dejar que una ecuación rotunda

insertase su atmósfera de pétalo

en cada pabellón desamparado;

empapada de estrenos sobre un licor tardío

bebería las notas

de un festival de espigas y de vuelos.

 

 

Pero apenas soy sangre

que retumba en los muros

de la piel cotidiana,

y en mis hombros fatales

amamanto a una araña de sal

que desvaría.

 

Por Teresa Palazzo Conti

Mención de Honor Georges Zanun Editores, 2008

 

LA CASA HABITADA

Para aquellos que negaron sustentarse en tu vida.

 

 

La casa habitada era silente, secreta por saltos ajenos a la realidad.

Hacía falta en el ambiente la figura exacta de los padres, sin embargo, la presencia de los hermanos, espaciaban la genealogía perpendicular cuadro a cuadro, esquina a esquina, aún así, resultaba extranjera e infecunda la gratitud de sus vidas.

En el patio, más al fondo del pasadizo empedrado, residía un pequeño huerto con diminutas flores, cada una de ellas habían sido labradas con calor humano, a verdad mía, lo humano resultó ser escaso. Alrededor de la casa las cañas hacían su labor, ambientar el hogar con su solemne tristeza, mientras pasaba esto, los otoñales vientos hacían presagiar el retorno de la voraz negrura. Estaba anocheciendo y nada se podría hacer.

Las flores apiladas y marchitas mantenían aún el incansable aroma de todos los días vespertinos. Sencillo eran esos días furtivos, cuando ocupábamos con una sola mirada el vasto tiempo de la felicidad, los ojos de mi madre, la voz de mi padre y mi hermana con sus pequeñas tonterías. Todo hacía iluminar el verdadero sentido de la existencia. La muerte no era una vida ya vivida ni tampoco la vida se había convertido en una muerte por venir, la vida y la muerte solo eran dos pequeños niños jugando a las escondidas, cada quien tenia su turno y cada quien descubría al otro. Así transcurrían las palabras de mis padres, entre un carajo y un beso. Son las cinco de la tarde y aún musitan sobre los muros las lecciones impropias de la vida. También se ofrecía a mi levedad, la presencia de una mujer humilde. Mesuraba con su buena sonrisa, aquel sentimiento que comprendía mi cuerpo, y las cosas de su cuerpo también lo advertía. Los vapores de su presencia me enseñaron a revertir toda tristeza ajena y propia, precipitaba mis emociones con facilidad, no había excusa para estar solo, aunque con ella hasta la soledad se podía lograr. Recuerdo también el momento de su partida, con sencillos aires diría que mi futuro se extraviaba junto a sus pasos que se van, los que se iban entre corceles y heraldos mal venidos. Aún me siento bien, aún vivo y me siento bien.

El recuerdo había asaltado de pronto a mi frágil memoria, mi hermana, o como se llame aquella mujer, había crecido entre la escasa esencia del bienestar, también entre rencores, entre árboles diminutos y de la misma forma ocurría con el secreto de su devenir y mi reencuentro a su fácil sonrisa. La reconciliación tampoco se hace esperar cuando las personas con paciencia generan en sus manos el momento ofrecido.

Las florecen aún están vivas, lo siento, están creciendo lentamente, vuelven sus colores matutinos, vuelven sus fragancias a la tierra amada, incluso, creo percibir en el horizonte, que la casa esta habitada.

Por Ricardo Javier Calderón Inca

 

ÉXODO

 

Hacia las aguas del estuario

desfilan las estatuas

aisladas de sus sombras.

 

Han crecido quemaduras musgosas

sobre la carne helada.

 

Campanarios iracundos

descendieron

a grabar laberintos

en la dureza de la culpa,

y el mandato de piedra

rompió su juramento.

 

Un impulso de pétalos

desnudó la cascada poderosa

y las formas inmóviles

volvieron a los trajes antiguos

de sus dueños.

 

No había habido derrota;

apenas la zozobra del virginal destierro,

y el corte del cincel

sobre el talle ceñido de las formas.

 

Entre cimientos rotos,

espectros sin latidos

rastrean viejos párpados

para vaciar sus lágrimas;

y algún ave inocente

buscará todavía

esas piras secretas donde posar su vuelo.

Por Teresa Palazzo Conti

 

 

 

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Cuando Nieva Sobre los Cedros


Miro a través de mi ventana,
amparada en el calor de esta cálida
habitación en que me encuentro,
embelesada espectadora del paisaje
que se vislumbra a lo lejos.

El parque se extiende bajo la bruma,
copos blancos se deslizan suaves
sobre los cedros,
se escucha como música de fondo
el sonido sibilante del viento,
viento de hielo que acaricia,
duele y embellece
volviendo el paisaje extraño,
como extraído de un cuento.

Imagino serpenteando el vientre
virginal del bosque,
un largo sendero cubierto de nieve,
colchón que amortigua y hace sigiloso
el paso de duendes y de lobos.

Envidio la madera inmóvil,
aunque intensamente viva,
enraizada, oteando el cielo,
el viento helado le duele
mientras los lobos la rodean,
refregando contra ella sus
erizados lomos,
transformados en suaves corderos
danzando con los elfos.

Desde mi ventana, aislada de ese frío,
veo la nieve caer sobre los cedros,
suave y melancólica,
embelleciendo,
entonces mi espíritu se desprende de mí,
atraviesa el espacio,
ingresa en el árbol,
siente su fuerza, bebe de su savia,
y enamora al viento.

María Magdalena Gabetta

Río Tercero – Córdoba – Argentina

 

DESHIELO

 

De nieve en nieve,

busqué el legado final del aguacero.

 

Clavé, de roca en roca,

la pregunta inicial sobre la tierra.

 

El dictamen del nuevo rompimiento

estaba por grabarse;

tan cerca y tan sin guerras

que costaba aceptar el exterminio.

 

Corre la sangre blanca

por raíces compactas.

 

A calor y a cuchillo

le han herido la piel.

 

La ironía del invierno

rueda escudriñando entre fuegos traidores

y avalanchas.

 

Desde ventisqueros infieles

la montaña limpia sus culpas milenarias.

 

Apenas van naciendo las súplicas,

y en las madrigueras de barro,

crece el olor a savia y a silencio

hasta el brote primero

de algún árbol.

 

Teresa Palazzo  Conti

http://www.lapoesiadeteresa.com

 

Desazón frente al designio de la naturaleza, en pleno invierno,

y aún sin el manto de nieve acostumbrado en las montañas.

San Martín de los Andes, Argentina, julio de 2008

 

 

 

 

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

12º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

12º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXII    01-11-2.008  

 

EDITORIAL XII

Estados Unidos, imperio, cultura y elecciones

 

Si nos preguntáramos qué son para nosotros los Estados Unidos y tuviéramos que responder sin pensar mucho, sin duda la respuesta dependería del momento en el que nos formularan la pregunta. No cabe duda de que la historia de los siglos XX y XXI está repleta de agresiones que aquel país cometió contra otros pueblos que se atrevieron, tremenda osadía, a discrepar de las imposiciones del Imperio. Los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos se han erigido en el juez del mundo, ellos dictan qué regímenes son los adecuados y cuáles se convierten en enemigos de la humanidad, hasta el punto de que su desfachatez no tiene límites: el país de las armas nucleares acusa y amenaza a otros que pretende tenerlas, cuando lo lógico sería que ningún país las poseyera y muchos menos las fabricara. Ellos imponen a base de dólares un modelo de vida consumista y un tanto superficial. Han apoyado regímenes siniestros sin escrúpulos para vulnerar la condición humana de sus oponentes.

 

Sin embargo, sería simplista que nos basáramos sólo en lo anterior para crearnos una imagen parcial de la realidad y así formarnos una opinión negativa de aquel país y de su sociedad. Sin duda los Estados Unidos son eso, pero también muchas otras cosas. El cine, el jazz o el rock tienen una denominación de origen claramente norteamericana. La literatura de los Estados Unidos está repleta de nombres que conforman nuestra cultura universal, también nuestro propio bagaje cultural más personal. Edgar Allan Poe, Mark Twain, Walt Whitman, J.D. Salinger, William Faulkner, Raymond Carver, Jack London, Truman Capote, Tennessee Williams, Ernest Hemingway, Flannery O´connor, Allen Ginsberg o Jack Kerouac son algunos de los nombres que se nos vienen a la cabeza por sus obras literarias, sin duda fundamentales. Hay otros muchos autores, igual que cineastas que han dado el mundo un formidable arte. De los Estados Unidos proceden, sin duda alguna, las sintonías de nuestros vidas, que serían muchos más pobres si no fuera por la aportación de Ella Fitzgerald, Louis Amstrong, R.E.M., Bob Dylan y tantos y tantos músicos.

 

¿Podemos simplificar por tanto lo que son los Estados Unidos y declararnos absolutos enemigos de un país que tanto ha aportado a la cultura de nuestro tiempo? Sabemos que simplificar es muy fácil. Las víctimas de la maquinaria de guerra norteamericana nos recuerdan que el (des)orden del mundo es injusto, como injusto es que un Estado, cualquiera que éste sea, imponga su ley por la fuerza. Pero no podemos tirar por la borda toda una cultura por una determinada política.

 

El próximo 4 de Noviembre habrá elecciones en los Estados Unidos y la atención del mundo estará puesta, otra vez, en aquel país. No es para menos, el equipo en el poder en la Casa Blanca va a determinar la política internacional. Esta vez, nos cuentan, se añade una cuestión simbólica que sin duda es importante: por primera vez se presenta un candidato negro para la presidencia, Barack Obama por los demócratas, y hay una mujer candidata para la vicepresidencia, Sarah Palin por los republicanos. No tenemos muy claro si el mundo cambiará mucho si ganan los demócratas o si se mantienen los republicanos, nos gustaría que algo cambiase, aunque muchos nos tememos, visto lo visto, que el (des)orden de este mundo se mantendrá desgraciadamente algunos lustros. Sea lo que fuere, esperamos que la cultura norteamericana siga ofreciéndonos sus obras, de momento una de las pocas cosas que nos hace confraternizar con aquel país.

A MI ABUELO

In memoriam.

 

Recuerdo de ti ese agridulce sonrojo

Tus manos de dedos gordos y pulidos

Recuerdo un atardecer demasiado rojo

Viendo ir al gorrión de las migas al nido.

 

Ese palpitar de estrellas en tus ciegos ojos

Esa música tuya de tiempos queridos

Esa cartera escondida que por antojo

Descubrí por casuales juegos escondidos.

 

Recuerdo a mi madre sacando mis piojos

Y tú riendo como halcón viejo ya herido,

Recuerdo de flores en ramos un manojo.

 

Tu silencio fumando tabaco se ha detenido

Por una espesa aureola de humo flojo.

Yo al fumar recuerdo “un nunca te olvido”.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

La inocencia de mi soledad

 

Soledad baja las escaleras.

Una serpiente se enrolla

Entre sus piernas.

 

Gime, clama, ruega, llora.

Nadie la oye.

 

 

Soledad ahora sube las escaleras.

Una pierna.

Una pierna.

 

 

Y la luna alumbra

Su inocencia.

 

Por Gabriela Fiandesio

 

 

 

Destino

 

 

Discutíamos de un modo adolescente si el destino determinaba por completo nuestra vida o si, por el contrario, éramos nosotros, como individuos libres, quienes forjábamos día tras día nuestro propio destino. Entonces Raquel, que parecía decantarse por la primera opción, nos contó aquella historia que, más allá de cualquier valoración que pudiéramos deducir, nos dejó un cierto mal sabor de boca.

A la chica la conoció Raquel en un avión. Fue a sentarse junto a nuestra amiga, que viajaba por cuestiones de trabajo a un destino lejano. Era, al decir de Raquel, una muchacha atractiva, aunque no despampanante. Llevaba los ojos enrojecidos y llegó acompañada hasta el avión por una mujer que habló con el comandante mientras los viajeros se acomodaban en sus asientos y que se marchó tras entregar al piloto un sobre marrón. Raquel supuso que se trataría de una deportación.

Como las lágrimas aumentaron nada más comenzó el avión a ponerse en movimiento para el despegue, Raquel le ofreció un pañuelo de papel, lo que dio lugar a una larga charla y a que ella le contara su historia.

La muchacha, le contó, había llegado a Madrid dos años antes. Viajó sabiendo a lo que se dedicaría, que era lo mismo que a lo que se había dedicado en su país de origen y que no era otra cosa que a prostituirse. Sin duda las condiciones de su ejercicio debían mejorar bastante de un país a otro, aun cuando aquí, le comentó la muchacha, era también bastante penoso, sin embargo le daba de sobras para vivir e incluso llegó a ahorrar algo de dinero. Trabajaba en un club, uno de esos establecimientos que se escudan en la forma de hotel pero que son verdaderos almacenes de mujeres y que brotan por toda la geografía, a las salidas de las ciudades.

Pronto se habituó al país, los hombres son iguales en todas partes, lo dijo más como un lamento algo forzado, un intento de compadrear con nuestra amiga, la diferencia está en otros detalles, ganaba más, todo era quizá más limpio, aunque también más distante y algo hermético. Pero éstos son detalles que a ella tampoco le importaban mucho. Quería hacer dinero y regresar algún día a su país con las espaldas cubiertas, el sueño de tantos emigrantes de toda condición que en el mundo ha habido.

Pero le ocurrió lo que sueñan tantas putas jóvenes que se emocionan viendo la película Pretty Woman y que consideran siempre que es algo imposible, conocer a un hombre que se encariñó con ella, tal vez por capricho o tal vez por amor, quién podría discernirlo, pero acaso era diferente en otras relaciones más convencionales, se preguntó Raquel mientras la muchacha se encarrilaba en su historia, y comenzó a frecuentarla y ella a sentirse cómoda con él, incluso a reírse con sus ocurrencias, pese a no ser Richard Gere, y también comenzaron a verse fuera del local, y a hablar y hablar hasta la saciedad, hablaron tanto que surgieron los planes y un día se fue del local, se despidió cuando podía hacerlo, había cubierto sus deudas de viaje y se marchó a vivir a la pequeña ciudad en la que él residía.

La suerte parecía comenzar a sonreírle. No tenía papeles pero encontró un trabajo en un restaurante de la sierra, cerca de donde vivía. Se trataba de un local de temporada cuyo dueño parecía contento con la muchacha. De hecho le llamó poco antes del mes de abril para proponerle tramitar sus papeles a partir de la oferta de trabajo que él le haría. Sólo tenía que hablar con un abogado y presentar toda la documentación necesaria.

Como mujer precavida que era, y un tanto dada al fatalismo, prefirió no comentarle nada a Francisco, su novio -le pareció raro emplear esta palabra, novio, referido a alguien que tenía relación con ella-, y comenzar las gestiones con cierta discreción. Tenía mucho vivido y sabía que las cosas podían truncarse cuando menos lo esperabas. ¿Para qué, entonces, desilusionar a personas a quienes quería?

Además, debía solucionar un problema acuciante, el del dinero. Lo poco que tenía ahorrado no era suficiente, le quedaba un poquito para poder afrontar los gastos. Había que pagar al abogado y gestionar además algunos trámites que requerían pagos un tanto costosos y se dio cuenta de que no estaba muy boyante, sino bastante limitada. Se planteó buscar un trabajo, pero sin papeles era difícil más allá de su propio ámbito local, había bastante control y pocos empresarios se arriesgaban a dar trabajo a quien carecía de permiso de residencia. Podía pedírselo al dueño del restaurante, como adelanto, sin embargo sabía que tampoco estaba bien de fondos y bastante hacía con permitirle gestionar sus papeles.

La idea le rondó desde el principio del problema, pero al principio lo rechazó. Sin embargo, poco a poco se lo fue planteado como una posibilidad que le pareció cada vez más llevadera y la única posible. Se trataría de volver al club una noche o tal vez dos y hacerse con el dinero suficiente para afrontar todos los gastos. Además, no tenía que acostarse con los clientes, simplemente bastaba con estar en la barra, charlar con los hombres y hacer que bebieran, con eso tendría ya una comisión que tal vez se tradujese en una cantidad más que suficiente. Sabía que Juliana, la encargada, se lo permitiría, había quedado bastante bien con ella y no le pondría problemas. Y a Francisco qué le digo, se preguntó. No tardó en ocurrírsele que lo más viable era decirle que iba a la capital unos días a ver a unas amigas de su país y que se quedaría con ellas el fin de semana, seguro que él no pondría objeción alguna y tampoco dudaría de nada.

Se decidió por la última semana de marzo. El viernes iría al club, así que el miércoles se lo comentó a Francisco mientras recogían la cena, sin darle el más mínimo énfasis. Tal como esperaba, no puso ninguna objeción.

El viernes al mediodía salió hacia la ciudad. Todo lo que necesitaba lo llevaba en una pequeña bolsa de viaje. Paró en la capital unas horas. No tenía nada que hacer hasta las ocho, hora en que otro tren le llevaría al club, así que paseó sola durante un buen rato. No sabría decir si se sentía nerviosa ante la noche que le esperaba, si presagiaba algo malo, como si una voz interior le advirtiera de que algo podría pasar, pero lo más seguro es que fuera que no, que nada vaticinara un fin trágico y que lo único que explicaba cierta zozobra era un leve remordimiento por esa noche en el club. Pero consideró que se trataba de algo necesario. Reprimió por tanto cualquier atisbo de intuición o mala conciencia o culpa que pudiera aparecer. A las diez en punto entró en el club. Se puso en una esquina, cenó algo y esperó a que llegara las once, hora en la que solían aparecer los potenciales clientes que le iban a permitir, esta vez sí, escapar definitivamente de sitios como aquel y encontrar de paso algo de felicidad.

Todo fue rápido, como en un sueño. Medio escuchaba a un tipo que le hablaba de no sabía muy bien qué cuando todo se crispó de pronto. No podía decir si alguien gritó o si se hizo uno de esos silencios tremendos que se anticipan a las tragedias. Vio las placas en las manos de aquellas personas y tardó un rato en comprender lo que estaba sucediendo. No puede ser, escuchó su propia voz, ajena a su voluntad, apenas un murmullo que devenía un lamento, esto no me puede suceder a mí. Un policía tuvo que repetirle que debía seguir a las otras chicas, todas como ella, extranjeras y sin papeles, hasta las furgonetas que esperaban fuera. Se sintió tremendamente sola una vez estuvo en la celda, después del trámite de entregar su pasaporte, de ser vagamente interrogada, de firmar unos papeles, los derechos le dijeron, que de nerviosa ni los leyó, y de hacer la entrega de sus objetos personales. Notó sobre sí la más profunda desesperación. Ni siquiera lloró, para qué, tal vez lo absurdo fuese lo vivido hasta aquel día y creer que había esperanza.

Le asignaron una abogada de oficio que le explicó que pasaría a un juzgado de guardia. La policía pedía su internamiento en un centro de extranjeros sin papeles para asegurar que fuera expulsada y era la juez quien decidía esta medida. ¿Tienes domicilio? La pregunta de la abogada, sin quererlo ni buscarlo, era para ella como una bofetada. Fue lo único que le llevó a mirarle a los ojos y durante unos segundos no supo qué decir. Es importante, le comentó la abogada, la juez te dejará libre si lo puedes acreditar. La suerte estaba echada, lo sabía, lo había sabido siempre. No había lugar a la esperanza. Nunca lo había. No, no tengo, musitó la muchacha. Apenas le quedaban fuerzas y sabía de antemano que la batalla estaba perdida.

– Por qué no le dijiste la dirección de tu novio -preguntó Raquel, conmovida por su mala suerte y vacilante ante la posibilidad de hurgar en la herida.

– No le podía hacer esto.

– Pero él, seguro, se enteraría de lo ocurrido, lo habrá sabido ya.

La muchacha tardó en responder. Raquel sintió por ella una lástima profunda, una pena inmensa.

– Quizá lo hice por mí -le confesó-, por mi propia cobardía, porque no hubiera soportado mirarle a los ojos.

Podía haber hecho muchas cosas, pensamos todos, sin duda fue una estupidez volver a aquel lugar, pero más allá de cualquier consideración sentimos que a aquella muchacha el destino no le trataba nada bien.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

 

I

Mi voz esta hecha de silencio

Corro las cortinas de la siesta

Pero todo sigue igual.

Un demonio negro tentando a las vírgenes.

Y yo sin abismos para trepar o caer.

Ahora se que soy

Una especie de mosca

Nadando en tu sopa.

 

II

Te sientes atormentado y yo igual

Quiero que bebas estas lineas que contienen

Fuego.

Descansare cuando todo haya acabado:

La ansiedad de poseer y el terror de morir

En brazos de esta noche ciega.

Este dolor esta matándome.

 

Y es solo un vómito contenido,

Una desgracia mas dentro de mi cuerpo.

Ya no es tiempo de perlas en los ojos

(agito banderas negras)

 

Solo sangre y

Nieve en los jardines.

 

Por Gabriela Fiandesio

 

 

TRIBUTO A LA TRIBU

 

Mundo viejo en lodazal de secano

Serpiente de jungla austral rasando

Museos tribales del polvo lejano

Mundo humeante de humo rodando.

 

Señor de queroseno, señor de metano

Lugar donde nacer y ver brotando

A un mundo de avaricia por lo indiano

Avaricia de materia recién supurando.

 

Donde se mira a ese dios de mecano

Un dios monstruoso derrumbando

Lo cercano, lo temprano, lo humano.

 

Donde se diseñan dioses deplorando

Justicia y ley, trucaje un tanto villano

Días de un cruel mundo loco explotando.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

1600, PENNSYLVANIA AVENUE

 

No quiero salir a esa calle,

donde se respira una alarma social.

Prefiero quedarme en mi casa

pues tengo lata que patear.

No quiero verme tan miserable

ni quiero sentirme White House,

siempre me he sentido culpable

por darme miedo Mickey Mouse.

La Avenida Pennsylvania huele mal,

mal huele la pesadilla nuclear,

repugnante paz de la guerra ideal,

sindicato del crimen de par en par.

Linconl es un paria de la libertad,

Nixon busca un magnetofón detrás

donde los Bush en estado de ebriedad

le frotan la puta a Clinton con aguarrás;

los Kennedy’s Brothers son otredad

y comparten con Washington mini-bar,

Carter da cal y arena a Panamá,

seguro Obama nos vendrá a salvar.

Los mundos se han hecho lejanos,

New York es una anciana prostituta,

gaviotas se comen sus propios guanos

y los villanos cobran su minuta.

Las barras y las estrellas se pavonean

y se creen las diosas del planeta,

mientras chicanos y negros se apean

y cruzan descalzos todas las glorietas.

Brindo mi brindis por la United States,

pues el capitalismo se cae,

así funciona el colmo que veis,

todo imperialismo también se las trae.

El mundo les pertenece a ellos,

ellos son los amos de la vieja Tierra,

ellos son los asesinos leguleyos,

a ellos les pertenece la miseria

[de esta vida perra.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

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11º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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11º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXI   25-10-2.008

 

EDITORIAL XI

Carabanchel o la voluntad real de olvido

 

El pasado jueves se iniciaban las obras de derribo de la cárcel de Carabanchel, lo que a nuestro juicio contradice de forma más que evidente la política de memoria histórica y demuestra hasta qué punto, tal como señalábamos en nuestro editorial del número cuatro de la revista, hay claroscuros en dicha política a la vez que se pretende hacer las cosas a medias.

 

Hemos de recordar que la cárcel de Carabanchel se inauguró en 1944 y su función fue la de mantener encarcelados a miembros de la oposición al franquismo. Por ella pasaron un sinfín de militantes políticos y sindicales, algunos de los cuales llegaron a tener un papel importante en la transición a la democracia, como Marcelino Camacho, dirigente durante años de Comisiones Obreras. El plan acordado entre el Ministerio del Interior, del que dependen los centros penitenciarios, y el Ayuntamiento de Madrid es levantar vivienda, oficinas y un parque. No obstante, el proyecto ha contado con la oposición de algunas plataformas de vecinos y de las agrupaciones de memoria histórica, también habría que incluir aquí una propuesta del CSIC, que piden infraestructuras culturales, que se mantenga en pie parte del edificio como recuerdo de la represión y que se fomente un Centro para la Paz.

 

Tal como dijimos en el número IV de la revista, no queremos plantear un debate político, no es éste el lugar, pero sí queremos intervenir en el debate social y cultural. Es nuestra voluntad favorecer cualquier iniciativa que parta de una voluntad de análisis del pasado y creemos además que este análisis debe ser amplio, sin cortapisas ni ocultamientos. Nos parece que si se pone sobre la mesa, como lo ha hecho el gobierno, la necesidad de dar luz sobre las injusticias de un determinado periodo histórico, se ha de llevar a cabo con todas sus consecuencias y se deben favorecer los gestos de reconocimiento hacia las víctimas del régimen franquista. Aceptamos que no haya revanchismos, aceptamos que se nos diga que hemos de superar diferencias, pero estamos de acuerdo en que tenemos que mantener ciertos símbolos como recuerdo de una represión que fue política, social y cultural, símbolos que han de ser también una invitación a que no vuelva a haber un régimen que quebrante los más elementales derechos de las personas.

 

Por ese motivo somos partidarios de mantener parte de la estructura de la cárcel. En Barcelona no se dejó huella alguna del Campo de la Bota cuando se construyó el Forum de las Culturas, las administraciones municipal y autonómica no se mostraron muy interesadas en el más mínimo recuerdo de un lugar que fue testigo del horror y sobre el que se levantó un edificio para exhibicionismo y solaz de una modernidad desmemoriada, y ahora Madrid repite el mismo error, lo que nos hace dudar de la veracidad de ciertos debates. Preferimos símbolos modestos que inviten a la reflexión que grandilocuentes discursos y gestos que luego mantienen ocultas injusticias y tragedias que no piden más que un mero reconocimiento social. De ahí que simpaticemos con las demandas de mantener el recuerdo de lo que fue la cárcel de Carabanchel, aun cuando sea a través de una parte mínima de la misma que quede en pie para recuerdo de lo que una vez existió allí, un lugar en que se encarcelaba a la gente por discrepar con el (des)orden imperante.

 

 

 

 

Patrocinio Carrera de Borrego

 

Doctor, yo se lo cuento,

De tal manera,

Y que si yo me sincero

Con esta vehemencia,

Es por que siento

Que el olmo no da peras.

En mi tiempo de mancebo

Tenía la cantilena,

Que mucho sospecho,

Era mi condena.

Pulcra sentencia del verbo,

Alegría de verla contenta,

Grillo ruidoso y pequeño,

Noche concreta y serena.

Amigos alejados del sueño,

Era como una verbena,

Pálido mecía el vocero

Que gritaba con voz plena.

Pisé fuerte al silencio,

Ella cantaba coqueta,

Ciudad altiva con restos

De ser y por ciento no era.

Frío tirita de invierno,

Virtud de miel y colmena,

Iban todas como un ejército

Esperando madrugada abierta.

Roto el candil del lucero,

Sabia fatiga se acerca,

Es como repetir el cuento

De aquella apagada luciérnaga.

Oscuro estaba el firmamento,

No había rastro de una estrella,

Un satélite rastreaba el panfleto

Aquel de dura tiniebla.

Parecía todo perfecto,

Roto el caño de la “canaletas”,

Estudiantes con el intelecto

Cojían endrinas a manos llenas.

Un viejo borracho y travieso

Peleaba por la ley de la fuerza,

Los jóvenes machos y fieros

por todo tenían pereza.

Un coche en estado siniestro

Guardaba yonquis de pico y vena,

Rostro lascivo del maestro

Aquel que enseñaba la guerra.

Tristes tigresas por dinero

Piropeaban de cualquier manera,

Papelinas repletas de yeso

Se vendían por la plazoleta.

Mudo y sobornado madero

Quería dormir en la selva,

Tintes tintados en un tintero

Dibujaban a las cigüeñas.

Con dalias pagaba un testaferro

De la divina riqueza,

Golpes daba un casero

Por que quería cobrar su miseria.

Parece el mundo pequeño

Pero es grande y algunos se marean,

Tinglados y vociferios

Cosían y cosían sus telas.

Yunque de fragua en hemisferios

Que a este no se asemejan,

Por que las putas con desvelo

En sus esquinas de sed revientan.

Yuntas y falsos techos

Para la voz de la alerta,

Venden unos negros crecepelo

De ese de las largas melenas.

Los hipies van con sus flecos

Encogidos en aquel teorema,

Y los punkies con remedios

Para circuncidar a sus penas.

Mochileros extranjeros

Vienen a ver las callejas,

Luego cuentan a sus abuelos

Que vieron a la infanta y a la princesa.

Lo que no se cuenta en verso

Se cuenta a la luz de las velas

Y ellos no cuentan el sendero

De las putas por Asia presas.

Doctores que se hacen ruleros

Y los voletaires les venden setas

Con el estremecido bombeo

De las jeringuillas de los proxenetas.

Palacio del bombardero

Ten cuidado y por ahí no te metas,

Negocio del trilero

Su rapidez es pura ciencia.

Mañana te doy un beso

Y tu dormida abres tu entrepierna,

Yo te acaricio el púbico bello

Y en un descuido me las cierras

Son cosas de este mundo perverso

Que domina hasta las fieras,

No lo cuente a nadie, es secreto,

Pero usted seguro lo cuenta.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

LA FLOR DE HOJALATA

 

De un latón de aceite de oliva

y una gardenia enlatada,

nació una flor que resiste

las aguas espesas que empapan.

Preciosa que cuando quiere

de posición cambia.

En boca está mi palabra;

imitadora del viento

sus caprichos son de plata,

y sus sueños de titanio…

Pétalo, gajo de naranja.

Se nota bien tu alma de cántaro.

¡Ay! Flor que languidece

flor que fue flor con su tallo,

¿Acaso este mal has de pagar

que debiendo pagas tan caro?

Pues oscilas entre dos mundos

y serás la burla del vil niñato.

Pues su verdad no la quieren,

Ni por compasión implorando.

Unos sucios quincalleros

que trabajan con sus manos,

el destino roban por rateros

esculpiendo carne de chapajo.

Ahora resulta ser quincalla,

Quisiste vivir decorando,

Quisiste ser bonita filigrana

Y eres sueño sólo un rato.

Soñaste tu realidad de lata

Y eres simple y vulgar cacharro

Que se mezcla entre la amalgama

Y eres chiste, risa y pasto

De la hambrienta carcajada,

Eres juego, tontura y pago

Que se paga con la entraña.

Eres la venganza del guijarro

Eres grillo, brizna y nada,

Eres el moscón del bello caballo

Que el dueño no quiere en casa.

Eres la belleza de lo flaco

La flaqueza bella que escapa

Eres la bella puesta en lo alto

Para que nadie pueda encontrarla.

Eres el bello rastro que pardo

Rastrea la bella muy parda,

Rastreando viene bella encontrando

Y no es rastro que es bofetada

Y belleza no le queda ni rastro

Ni pardo, ni encuentro, ni facha.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

Marcharse

 

Joel y yo vivíamos en un barrio lejos del centro, frente a las vías de los trenes. Todos los días veíamos cruzar cientos de trenes. No sé si esto, ver todos los días trenes que se acercaban o se alejaban de forma que entonces nos parecía con frecuencia tan caprichosa, tenía algo que ver con nuestra idea de marchar de la ciudad. Quiero pensar que sí, que porque nos poníamos siempre en las vallas frente a las vías o en el puente de la estación y contemplábamos la larga fila de vagones avanzar seguros sobre los raíles nació en nosotros el inmensurable deseo de irnos para siempre. Al menos es el recuerdo que guardo de la niñez, pero sobre todo de la juventud, Joel y yo juntos, cualquiera que fuera la estación, lloviera o hiciera sol, de día, en el crepúsculo o por la noche, los dos sentados y viendo en silencio los trenes que avanzaban ante nosotros con su canturreo metálico y de repente, cuando la fila de vagones desaparecía de nuestra vista, brotaba aquella frase, la decía él o yo, o la decíamos los dos juntos, casi a la par, que algún día, y no precisábamos fecha, el porvenir era inmenso e imposible de limitar, nos iríamos de la ciudad en alguno de aquellos trenes.

Recuerdo uno de los últimos días que estuvimos juntos ante las vías. Era domingo, comenzaba a oscurecer y había algo de tristeza en el ambiente. Se acababa el verano. Había un olor seco a hierba desaguada, a tierra tórrida y una vaga promesa de tormenta de temporada que las nubes, tras los montes lejanos, anunciaban para la noche. Joel me lo dijo tras un silencio ensimismado. Me voy el próximo mes. Mentiría si dijera que me sorprendió. Joel había acabado el instituto en junio. Se había puesto a trabajar poco después en un taller y no estaba contento. Me lo había comentado varias veces. Nos solíamos reunir al final de la tarde cerca de la estación, comprábamos unas cervezas en un colmado próximo y nos sentábamos en el descampado a ver pasar los trenes, a charlar de nuestro descontento y a soñar con nuestra marcha. Es curioso, pero aquel año no hablamos tanto de marcharnos. Lo soñábamos igual, pero no lo decíamos. Intuíamos tal vez que aquel verano era distinto. No porque lo fuera en los detalles, el día se alargaba igual, todo parecía más sereno y las horas se nos iban entre charlas y lecturas, como cualquier otro verano. Pero discerníamos que las cosas podían cambiar ese año, que era el año de la verdad, que se acababa una etapa y otra debía comenzar.

Joel me dijo que se iba a estudiar a otra ciudad. Había elegido unos estudios que no había en la nuestra y su padre había aceptado al fin que se marchara, sobre todo porque le concedieron una beca y se había pasado el verano ganando algún dinero. Deberías escoger unos estudios que no haya aquí, me dijo. Sentí no poca zozobra. Yo acababa el instituto el siguiente curso y no tenía claro lo qué quería estudiar o hacer, pero estaba seguro de que mi padre era más difícil de convencer y barruntaba que ya tenía él planes para mí que aún no me había referido. No, para mí las cosas no eran tan fáciles, no se lo expliqué a Joel esa tarde, pero yo sabía que en mi casa todo era diferente y que mi destino no estaba tanto en mis manos como quisiera, aunque quedaba todavía un año, las cosas podían cambiar, no podía cerrar puertas.

Joel se marchó veinte días más tarde. Fue triste verlo irse, pero también me sentí feliz por él. Seguí yendo al puente de la estación, a las vallas o al descampado donde tantas veces habíamos estado juntos. Leía, miraba los trenes o paseaba mientras pensaba en todo en general. Era imposible no recordarle. Esperaba que todo le fuera bien. Pensaba también en mi vida. No sabía qué iba a ser de mí. También es cierto que con frecuencia procuraba no pensar mucho en el futuro. Miraba los trenes y deseaba con fuerza poder irme algún día en alguno de ellos. Lo deseaba con mucha, muchísima fuerza, con tanta que parecía imposible que algún día realmente no fuera a marcharme.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

EDIFICIOS GRISES

 

Creo que me pertenecen sesenta metros cuadrados

de oxigeno claustrofóbico financiados por el gobierno.

Y una plaza de asiento en una sala de espera, con cafeteras

a setenta y cinco pelas el mal trago. Y una apretada cagalera,

despega de tu trémula zancada del hospital nauseabundo

a tu apartamento gris, que recuerda un retrato antiguo.

Quiero y no puedo salir de ese edificio, también

Grisáceo, que sobresale de mi herida amortajada con sueños rotos.

Pareciendo unos espantapájaros en la urbe submarina e inquisidora.

Un horizonte es para atrás, como la visión de las grúas desde

Abajo. Tal cual un Don Quijote y sus molinos. Yo miro, y comparo

los desafíos que las épocas han perpetrado a los más encogidos.

De rodillas y brazos en cruz de cansancio, de derrota…

Será de tanta miseria que se respira en la atmósfera.

Desde dentro para fuera y lo que recoges lo sueltas dentro.

Y lo que sobra mira desde fuera. Y no deja de mirarte.

El pijama es una agobiante prenda que te vela la pesadilla

de ver lo que te rodea… las alcantarillas tocan a muerto,

los fumaderos de hachís son bancos destrozados y alejados de todo,

los yonkis generacionales son traicioneros de por vida,

las madres de luto son vírgenes que se quemaron antaño.

Y los mártires de la locura son ángeles marcados con puntas

de estrellas, (por que está comprobado que en ellas está su destino).

Los bares de rumba populachera donde gritan los macacos,

(la cultura allí en el purgatorio baila la soleá de la ignorancia),

los niños lloran un llanto mecánico que aprendieron del biberón seco.

Los camellos, los proxenetas, los taberneros y los prestamistas

Se hacen mecenas de la muerte, hecha canción, ¡Por infinita vez ya!

en este, el mío rincón.

¡De sesenta metros cuadrados de oxigeno claustrofóbico

financiados por el gobierno!

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

Sobre los pisos de protección oficial

 

Mi perucha divina,

El sueño del paraíso,

La cuerda del “status quo”

Y todo en un minuto.

Eres mi niña,

Escucho el murmullo.

Eres mi niña,

Y digo: soy tuyo.

Y tú me suplicas

Comernos el mundo,

Y yo te hago caso

Y nos exiliamos juntos.

A otro oculto barranco,

A otro triste mundo,

A que nos tiren la mierda

Que vierten los cenutrios.

Y otros personajes,

Como los que van camino

De habitar estos parajes,

Como escuchen mi eructo…

Pisos, altos como el acueducto

y el populacho todo junto

Pero esto que digo

No os importa ni un pito.

Y también me limito

A cantar por la noche,

Me tiro pedos, vomito,

Y cuando como hago ruido

Y pongo música y pataleo

Y despierto a los vecinos.

Y tiro colillas por el balcón

Y a veces me la saco y meo.

Les escupo a los niños

Y cuando llamáis os meo

Y os creéis que llueve,

¡Qué cosas tiene la gente…!

Saca el paraguas, que llueve.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

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7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

 

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7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO

EN LA GUINEA

NºVII 27-09-2.008

 

7º EDITORIAL

 

LA DELGADA LÍNEA ENTRE

EL CINE COMERCIAL Y EL CINE SOLIDARIO

 

El cine es una buena forma para combatir las causas injustas en este mundo. Pero, ¿qué sucede cuando lo comercial o lo rentable se pone la máscara falsa de lo reivindicativo o lo solidario?¿Qué sucede cuando el cine relacionado con los contrastes entre norte-sur se vanagloria de combativo y de acusador y de luchar en contra de las dictaduras y el hambre?¿Qué sucede cuando el cine comercial basa su película en un tema tan peliagudo como el de África? Pues bien, lo que sucede es que todo esto deja entrever una realidad usurera y muy poco solidaria con la verdadera raíz del problema africano o latinoamericano. Existen películas estrenadas recientemente como “El último rey de Escocia” o también “Diamante de sangre” que guardan tremenda relación con los problemas que el África tiene, pero deberíamos pensar: ¿todo ese cine es alarmista o contestatario con la realidad africana o es un mero recurso para contar una historia, exprimirle el jugo y sacar la mayor tajada posible? ¿Es este cine solidario y compasivo o es una manera más de hacer caja donde vale todo y toda materia (humana) es buena para ganar dinero?

 

Hagan esa reflexión. Mediten sobre ello. Quizás haya más causas justas en el mundo a las que Hollywood no hace ni caso o hace la vista gorda o disimula el problema, y sólo cuando hay dinero, es cuando se preocupa por contar una historia verídica o real. También existe un cine solidario y un tanto penoso, como por ejemplo “Ciudad del silencio”, que es un insulto y un atropello para las víctimas de esos asesinatos y los propios sentimientos de los supervivientes.

 

El cine solidario es en gran medida una farsa, una hipocresía, una manera más de ganar dinero, otra forma que afirma que el pez grande siempre se come al pequeño. Otra manera más de hacernos ver que estos problemas son y serán eternos, de construir resignación ante los males y el (des)orden del mundo. Muestran las consecuencias de las políticas actuales, sus efectos, aunque nunca apuntan a las causas porque esto significaría entrar en contradicción con el propio sistema político y económico, y su solidaridad no llega a tanto. Es muy fácil hacer crítica desde un país cosmopolita y capitalista, es muy fácil rodar una película viendo los toros desde la barrera, es muy fácil hacer demagogia cuando se forma parte del imperio y de las potencias causantes del problema, es muy fácil ser justo cuando se está fuera de lo injusto, es muy fácil hacer cine cuando se está en plena opulencia, por que lo verdaderamente difícil es vivir esa realidad. La realidad de la necesidad o el hambre que es otra forma de ganar dinero para Hollywood.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MALA PARTIDA

 

En boca del mundo no quieras rodar

Al mundialito juega el si y el no

No querrás mañana partida al billar

Tus defectos juzgados como ping pong.

 

En boca de zafios no oses mirar

Como se juega al sapo tu pena en alcohol

Donde se moja la porra y el paladar

Y vuelva tu pelota como al frontón.

 

No juegues con fuego o te quemarás

Corazón ligero juega al voleibol

Y al subastao tropieza tu cruel zigzag.

 

Rodarás serpenteando tu miel al golf

Y el boliche del millón hará crick crack

Donde rueda tu bola al meterte gol.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

COTIDIANIDAD DE LAS ESQUINAS

 

 

Le dio un vuelco el corazón cuando se miró al espejo y no se reconoció. Fueron unos segundos, nomás, pero no pudo precisar por un instante si aquel tipo que vio reflejado en el espejo era él mismo, Juan José Lozano Carranza, por lo que tuvo que murmurar su nombre y repetirlo dos o tres veces en la soledad de su cuarto, ante el espejo, quizá por la necesidad de reafirmarse que de veras era quien poco antes había dudado ser y diluir de este modo todo el horror que sintió. Horas más tarde, cuando se reunió conmigo en el Café del Centro, me dijo que había estado pensando en esos segundos de duda y que tal vez no era olvido lo que le sucedió, sino que se había pegado un susto ante lo que su vida había devenido. No es tan terrible tu vida, le reproché. Reconozco que siempre había sentido un poco de envidia por lo que él había conseguido. Trabajaba de profesor de literatura en un instituto, había logrado una estabilidad que yo no poseía, vivía en un piso grande en el centro que había heredado de su familia, publicaba artículos y críticas en dos o tres periódicos y todo lo que yo veía en él era por completo lo contrario a lo que era mi vida, con trabajos esporádicos, un estudio en alquiler, poco dinero, un montón de escritos en el cajón de la cómoda y realmente nada a lo que sujetarme.

Me miró como si mi reproche no tuviera sentido. No se enfadó ni se molestó, simplemente parecía que no creyera que su vida fuera tan buena como yo se la pintaba. Así me lo dijo, tal cual: no creo que mi vida haya sido ni sea tan buena. Mi cara entonces debió de reflejar una profunda sorpresa, porque enseguida se vio obligado a aclarar lo que estaba pasando por su cabeza. Sólo soy un profesor que da clases más por costumbre que por devoción, me dijo, nunca tuve vocación para ello y mucho menos la convicción de que hacía lo correcto, sino lo que se esperaba de mí y más bien ha sido el miedo lo que me ha empujado en la vida. No supe qué decir, tal vez porque no quería creer lo que escuchaba, así que mi silencio le indujo a continuar hablando de lo que le ocurría y la razón de su repentino desasosiego. A los quince años tuve algunos planes, los mismos seguramente que tienen los muchachos a esa edad, afirmó no sin cierto titubeo, pero no los llevé a cabo, ninguno, mi vida fue estudiar porque era lo que había que hacer y comenzar a trabajar en lo que entonces resultó más fácil.

Estaba claramente en crisis, me lo confesaba de repente a mí, uno de sus amigos, pocos, de toda la vida, con lo que rompía la tradicional imagen de persona sosegada y sin sobresaltos que yo siempre había tenido de él. Toda mi vida no es más que un producto del temor, me volvió a confesar con aparente distancia, como si en realidad hablase de otra persona, no de él, aunque saltaba a la vista que había una herida profunda dentro de sí, temor que ahora se transforma en cansancio, siguió tras un breve silencio con voz a todas luces más triste, rendida y con un más que evidente abatimiento que no era en absoluto fingido, un cansancio que siempre ha estado allí, dijo antes de guardar un silencio que tenía algo de virulento. Miró por la ventana a la calle y por un momento temí que se pusiera a llorar. Yo no sabía qué decir ni qué hacer. No era yo la persona adecuada, seguro, para darle un consejo o para encauzar lo que podía ser, pensé, una de esas crisis pasajeras que te llegan con la edad o cada otoño. Pero me había escogido a mí, que ansiaba de pronto un mínimo de estabilidad en mi vida porque sin quererlo ni beberlo toda ella había sido un cúmulo de sobresaltos sin sentido, un caos continuo del que quería escapar sin saber nunca por donde tirar para lograrlo.

Temí por un momento que fuera a confesarme algo terrible, que por ejemplo hubiera sido un asesino en serie, que había realizado una estafa inmensurable o que en su vida había algo oscuro y terrorífico que ocultó siempre y que ahora debía contar para no estallar ni desangrarse por dentro. Lo deseé, de hecho, porque me sentía más preparado para algo así, algo que superase con creces una existencia como la mía, tan enmarañada y desatinada, pero por completo mediocre, algo que me hiciera también sentirme de pronto útil, pero no estaba ni de lejos preparado para algo como lo que me estaba transmitiendo, una profunda insatisfacción por la vida, un spleen baudelariano que llevaba sin remedio al más profundo vacío y para lo que yo no podía dar respuesta alguna. Porque a todas luces consideraba que mi situación era peor que la suya, que mi vida era un desastre mientras que la suya rozaba la perfección.

Sin embargo no costaba entenderlo: Juan José Lozano Carranza odiaba su vida ordenada de profesor de literatura en un instituto de provincias, no soportaba la quietud de su casa de toda la vida ni los hábitos creados a lo largo de todos aquellos años de amistad mutua. Odiaba su rutina y la mediocridad generalizada en la que había caído. Me sorprendió sentir piedad por él. Pero le odié porque de pronto se volvió un espejo deformante en el que no quería mirarme.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

COSAS EN EL TINTERO

 

Qué las cosas que tenga que hacer

No se queden en el negro tintero

Qué quisiera ver al mundo y ver

Todo lo que me parezca sincero.

 

Qué no quisiera lamentar para ser

Lo que no me dejó ser el dinero

Qué perdoné si aun tuve que creer

A donde siempre encontré un pero.

 

Qué no me tenga que hacer padecer

Todo lo que antaño me hizo prisionero

Qué vuelvan esas manos a mecer

 

Un corazón tan mío y tan pendenciero

¿Qué más prueba quieres de mí si querer

Quise dar a personas mi “te quiero”?

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

POR UNA BANDERA

 

Cuántas muertes por una bandera

Cuántos han pagado el pato

Cuántas gentes de cualquier manera

Murieron en un momento grato.

 

Cuántas gentes de razón sincera

Dejaron su casa, su vida, su rato

Por una causa un tanto refranera

Que mata a chicos de bachillerato.

 

Cuántas razones de raíz embustera

Cuánta mentira y desacato

Cuánta verdad tan chicharrera.

 

Cuánto moribundo que sale barato

Cuánta violencia tan rutinera

Cuánto crimen con su sindicato.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

A LAS ALMAS SOLITARIAS

 

El gustazo que da estar tan solo

Bien lo sabe el casado casero.

Lo chachi que es ir de Marco Polo

Y reírte hasta del barrendero.

 

Y no tener quien te sople la oreja

Y acostarte a las tantas vestido,

Y sacar de la puerta la puta reja

Y hartarte de huevos o embutido.

 

Ir por el mundo de: ¿Cual moraleja?,

Encontrarle a la vida lo divertido

Sin que te grite ninguna pendeja.

 

Y te digan por las calles “bien parido”

Y te echas la vida tan pelleja,

Antes que calzonazos y sometido.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

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6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

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6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

NºVI                  19-09-2.008

 

 

Editorial VI

Una buena apuesta por la literatura

 

 

Ya desde nuestro primer editorial hemos querido mostrar nuestra preocupación por la situación de la cultura en Europa en general, en España en particular. Hay síntomas que pueden llevarnos a un profundo pesimismo: la degradación de la educación con sus resultados más que cuestionables, la mercantilización de la cultura, la (des)consideración de lo cultural como mero barniz con que las administraciones locales, autonómicas y estatales intentan lucirse, la superficialidad de los debates públicos o la chabacanería en la que han caído las televisiones.

 

No obstante, aun cuando lo anterior es evidente, también apreciamos que se dan algunos cambios en los últimos años, lo que nos permite cierto optimismo. Si nos damos una vuelta por muchas librerías podremos observar que han aparecido nuevas editoriales que apuestan por la literatura de calidad y que comienzan a recoger los frutos de una labor no siempre sencilla. Porque no es fácil llevar a cabo dicha labor. Las editoriales no dejan de ser empresas y las empresas requieren en este capitalismo que padecemos al menos no tener pérdidas económicas y, si es posible, alcanzar beneficios para continuar su actividad. Es cierto que se han reducido los costes de edición en buena medida gracias a las nuevas tecnologías que permiten también, al menos en teoría, un mayor acceso entre los escritores y las editoriales. Pero también lo es que la distribución es costosa, que los índices de lectura no resultan muy satisfactorios, que hubo una crisis del sector de las librerías que por fortuna parece terminada, que hay un exceso de edición (lo que parece en principio contradecirse con el bajo índice de lectura), entre otros problemas.

 

Las editoriales no se han dejado amilanar por los problemas y han mantenido su actividad. Han conseguido que aparezcan nuevos autores, tanto españoles como latinoamericanos, y que se les pueda conocer y sobre todo leer. Consideramos que han frenado una peligrosa tendencia a la mercantilización de la literatura que se estaba produciendo hace unos años. Es motivo de alegría y celebración. La lista de editoriales es enorme y se distribuye por toda la geografía del país. Algunas se han especializado y la mayoría buscan la calidad en los contenidos y en la edición. Nos resulta imposible presentar aquí un listado exhaustivo de todas ellas, serían muchos los olvidos y no queremos caer en injustas omisiones. Pero nos gustaría que nuestro espacio Bombolom sea una pequeña presentación de todas esas editoriales y de este modo, desde nuestra modestísimas posición, dar a conocer algunos libros que nos han interesado y que queremos compartir.

 

Por otro lado, la aparición de webs y de blogs de contenido cultural está supliendo la falta de programación cultural en los medios de comunicación de masas, sobre todo audiovisuales. Es una alternativa, aunque clama al cielo que no haya un solo programa de libros en horarios centrales en la televisión por ser éste un medio de un potencial enorme en la difusión cultural. La radio se muestra afortunadamente más ágil en este aspecto.

 

Sólo cabe por tanto congratularse con esta luz de esperanza y esperar que las nuevas editoriales puedan sortear los problemas y las crisis en la que estamos inmersos para poder gozar de la buena literatura.

 

 

A LUCIO URTUBIA

(Soneto)

 

Un viejo anarquista es un baluarte

Y Lucio quisiera un mundo mejor,

Mundo imposible querer cambiarte

No cambiarás ni de chaqueta ni color.

 

¿El pueblo no va a ninguna parte?

Con su democracia y su religión,

Otra tregua quizás haya de darte

Ese aquel que creó tu mala prisión.

 

Fiel anarquista hay que declararte

Y al militarismo una insumisión,

La verdad de la palabra quiere amarte

 

Y tú no bajas de tu mundo saboteador.

Mundo que es un mundo sin quitarte

La idea de un mundo mucho mejor.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmento de un diario, 1949

 

 

David ha vuelto a discutir conmigo. Me ha echado en falta mi pesimismo. Dice que soy un fatalista histórico, un nihilista. Le irrita que haya perdido el entusiasmo. Pero ¿qué quiere? No puedo dejar de pensar en lo que pasó. No puedo dejar de sangrarme por dentro. Han pasado doce años y siento que toda mi energía se quedó allá, en España. Ya quisiera yo sentirme de otro modo, compartir la fuerza que él posee, la voluntad para no doblegarme ante la historia. Pero no puedo. Me cuesta incluso hablar de todo ello. En los últimos cinco años sólo con él he comentado algunas cosas, con nadie más. Y cada vez hablo menos porque David se enfada y me reprocha que haya cambiado, que ya no sea el mismo de entonces. A veces me enfado yo también, aunque él no lo nota. Me enfado con él, porque creo que quiere que yo sea de otra manera, pero sobre todo me enfado conmigo mismo porque realmente soy de otra manera. Es cierto: en ocasiones me gustaría haber podido conservar el vigor de entonces. A punto estoy incluso de recuperarlo, así lo creo algunas veces. Pero de nuevo recuerdo lo que ocurrió, me vuelvo a ver en las calles de Barcelona y caigo otra vez en el desánimo.

En todo esto estaba pensando cuando David ha pasado por casa. Ha venido a dejarme algunos periódicos de los que edita su grupo. Le gustaría, me dice, que me incorporara a él. Yo respondo que no, sin más explicaciones. Entonces me reta a un debate. Pero yo no quiero debatir. Es cuando se enfada. Pero esta vez se ha enfadado bastante, como si estuviera ya cansado de insistir y de enfrentarse a mi desánimo. Me recuerda que yo era un buen militante, que era el que más ánimo poseía, sin duda, como si yo no lo supiera, como si no lo tuviera todavía presente, como si no lo recordara, cuando lo recuerdo todos los días. Pero entonces era una persona y ahora soy otra. Es esto, justamente, lo que intento explicarle, aunque no sé cómo. ¿Cuesta tanto de entender? Vi morir a mucha gente, demasiada. Con veinte años no deberías experimentar algunas cosas, tal vez en el futuro sea de otro modo, puede que todo vaya mejor, pero en todo caso con veinte años deberías pensar en otras cosas y no en salvar el pellejo o en tus amigos que mueren. Y esto duele. Incluso en quien posee toda la fuerza de una voluntad revolucionaria. Pero sobre todo lo que más te hiere es que quien te persigue y te mata no sea sólo tu enemigo real, aquel contra quien combates a muerte, sino gente de tu mismo lado que dice compartir, incluso, unos mismos ideales. Esto te hace desconfiar de todo. David me ha respondido que él también ha visto morir a mucha gente, amigos de él, conocidos, personas a quienes estaba vinculado. Y sigue luchando a pesar de todo. Yo he callado. En el fondo le envidio. Pero tampoco puedo dejar de sentirme como me siento. No me veo por ello con ánimo de retomar nada. Creo que vamos de nuevo a la catástrofe. Que todo está perdido. Es terrible aceptar la derrota, lo sé. Te inmoviliza por completo. Te hunde. Pero no lo puedo controlar, es más fuerte que yo y nada tiene que ver con la razón.

No es que esté contento con la vida de ahora. En eso David tiene razón, no podemos conformarnos con la realidad que nos envuelve. Yo no quiero conformarme. Pero no le veo salida. Entonces sí la veía. Estábamos construyendo algo distinto. Recogíamos lo mejor de un movimiento obrero que no sólo se enfrentaba a la estructura del poder, sino que intentaba crear nuevos lazos, nuevas relaciones. Un nuevo mundo, eso decíamos. Crecimos mucho. De pronto, un pequeño núcleo se hizo inmenso. En Burgos no era tan palpable, pero cuando fui a Barcelona para integrarme en la estructura del partido, me di cuenta de lo que estábamos construyendo. Me di cuenta de la altura humana de muchos militantes. La época también acompañaba.

Llegó el dieciocho de julio y de pronto lo que estaba latente saltó a la calle. Fue la revolución. Ahora sé que no fue una fiesta, pero nosotros lo vivíamos como una fiesta. Recuerdo las calles del Borne, los pequeños talleres, las tiendas de mayoristas, las cercanas fábricas, de pronto los obreros salieron a la calle y el barrio se llenó de banderas rojas y rojinegras, de gritos por la libertad y por la revolución. Fui a la sede. Los compañeros acudían con noticias de toda la ciudad. En Gracia, en Sants, en el Clot, en todas partes los obreros salían a la calle. Hubo un momento en que parecía de verdad la revolución. Lo fue. Las noticias iban llegando. Me preocupé de pronto por mi familia, por mis amigos de Burgos. A pesar de mi entusiasmo, me di cuenta que aquello no iba a ser una fiesta, nada más lejos. Y no me equivoqué, por desgracia.

Se lo digo a David muchas veces. Él calla. A pesar de su optimismo, también le irritan las visiones festivas que se han dado de la guerra, de nuestra guerra. Fue terrible, me dice, un infierno. Pero rozamos el cielo. Eso es verdad. Yo también lo vi. Pero luego vino todo aquello, mayo del año siguiente, junio, julio. Las detenciones, todas nos dolieron mucho, pero la de Nin, ¿cómo aceptar la detención de Nin?¿Y las acusaciones, cómo aceptar la sarta de mentiras que lanzaron contra nosotros? Divulgaron calumnias inaceptables, que si éramos la quinta columna, que si estábamos a sueldo del gobierno fascista. Nos tuvimos que esconder. La República nos perseguía. ¿Cómo iba a ser aquello una fiesta?¿Cómo mantener una visión heroica?¿Cómo mantener el tipo hoy y aceptar lo ocurrido, asumirlo como algo coyuntural, como consecuencia de la guerra que dicen algunos?¿Hasta cuando aceptaremos las muertes, todas las muertes, como imperativos históricos, por mucho que en unos esté la razón?

David intenta controlar su ira, me habla, argumenta, y le doy la razón en todo. Pero no es eso, no es que no tenga razón, la tiene, pero le pregunto cómo vamos a mantener el ánimo cuando has visto desplomarse las esperanzas a golpe de mentiras. Llegamos a Francia y nos hicieron el vacío. Los parias de la historia, eso éramos nosotros, los odiados por todos. Mina incluso tus propias convicciones. David me pone mala cara cuando lo digo, pero estoy seguro de que sabe de lo que hablo. Nadie es tan fuerte, sólo un iluminado no tiembla ante una realidad tan sangrante. En el fondo, sé que David me comprende, aunque sea un poquito, aunque se haga el duro, el militante heroico de la Revolución, ha intentado ponerse en mi lugar, lo sé, ver las cosas como las veo yo, sin duda lo ha logrado, entiende algo mi pesimismo, aun cuando no lo comparta.

Se marcha más sosegado. Ha aparcado el mal humor y me dice que vaya el sábado con él y con Lidia al campo a pasar el día. Dice que paso mucho tiempo solo y que no es bueno. Le doy la razón. Me sonríe cuando sale de mi apartamento. Me llama tozudo. Se ríe a carcajadas. Lo veo desaparecer por las escaleras. Me quedo solo. Me doy cuenta de mi vida solitaria. Es verdad. Mi trabajo, mi casa, mis recuerdos, mis lecturas, los límites infranqueables de mi vida. Pienso en España, tan lejos. Seguramente el sábado me iré con ellos al campo. Lo decido: sí, iré. Miro el calendario. 8 de Mayo de 1949. Han pasado ya, me digo, doce años.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

LIBERTAD

(Soneto)

 

¿Qué tendrá esa facultad natural?

Todo corazón y hombre la desea

Como efluvio y liberado caudal

Como nueva pócima o panacea.

 

El sendero debe ser un mural

Donde se exprese sea cual sea

La libre emoción magistral

La cumbre sosegada y añacea.

 

Cual es la verdad tan primordial

Esa verdad vegetal, sincera odisea

Esa verdad de perla fértil de sal.

 

Ese derecho que se nos ningunea

Esa sentencia de noche neutral

Esa flor furtiva que parte de la idea.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

REVOLUCIÓN

(Soneto)

 

La revolución está en las calles

Hierve como un guiso en fulgor

Está parida por miles de madres

Que creyeron en un mundo mejor.

 

La revolución no es un desmadre

Es una vuelta a la evolución

Es un mundo que no es culpable

De una empresa en desorganización.

 

La revolución es la única clave

Para nuestra definitiva definición.

Revolución de interés militante

 

Entre la palabra y el fino tornasol,

La cual, subyace en el aire

Hasta que le cambiemos su color.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

BORRACHERAS

Y RESACONES

 

Por las noches borracheras

y por el día resacones,

de pequeño fueron paperas

y en otros presentes sarampiones,

bailaban mis caderas

la melodía de los escorpiones,

a ritmo de rumbas rastreras

enajenaban los avispones.

De todas las ilusiones madreras

la tuya es la que por los rincones

encontraban cremalleras

donde hubieron botones.

Borracho mis pajareras

eran venganzas que descompones,

recordando a los pejigueras

y brindando con esos copones

pasaba las horas enteras

vanagloriando de pares a nones.

En el amor las primeras

y hostiles preocupaciones

fueron ideas bodegueras

de cantar las mismas canciones,

en puticlubs donde rameras

brillaban en habitaciones,

donde esas musas embusteras

vaciaban bolsillos de pantalones.

Pido olvidar a las primaveras,

pido perder mis razones,

pido agrado de las malas maneras,

pido respuestas a los preguntones.

Las vergüenzas eran cegueras

y los reproches sermones,

hubo mala leche de veras,

hubo varias insatisfacciones,

hubo muchas migrañas postreras,

hubo vacíos y decepciones,

hubo, por cierto, iras que desde afuera

yo metía en mi casa a empujones.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ME QUIERES

 

En el mundo existen

muchos placeres sencillos,

placeres que son pequeños:

las risas de los chiquillos,

mecerte entre bellos ensueños,

la simpleza de los bocadillos,

los días un tanto risueños,

la algarabía de los mercadillos,

comer turrones norteños,

esos besos ardientes de tornillo,

fumarte tus caliqueños,

comerte unos pastelillos,

eyacular opacos te amos pequeños,

romper cosas con un martillo,

darte un pequeño festín,

cogerle a la vida gustillo,

los vives y eres feliz

(le buscas ritmo al estribillo).

Las canciones que yo aprendí

llevando vacíos los bolsillos,

me llaman para hacerte tilín,

para pasearme por tu pasillo,

con la dicha de ser para ti

abro por ti cielos y pestillos

y florezco en este abril,

tan feliz que me hago picadillo.

Dices que me quieres a mí,

acaricio sonriente tu bisillo,

breves promesas tus pies,

gracia bonita es tu flequillo,

la seda blanca de tu piel,

me busca en aquel secretillo,

te quiero, todo va bien,

me quieres y me das cuartelillo.

Uno, doce, más de cien,

oigo a lo lejos un grillo,

me retumba allá en mi sien

este suspense amarillo,

ruego que mis niños estén

melosos como pestiños,

dejadme, me dejan ser,

vuelvo siempre a ser un niño.

Me dejan serlo también

en remilgos que yo mismo trillo

corre, corre, viene, ¿quién?

corre, corre que te pillo,

me haces hasta a ti correr,

me peinas con tu cepillo,

me lagrimea la vida fiel

sendero de mi apellido,

prueba este exquisito pastel

pues lo he hecho con cariño,

te quiero, ¿me quieres también?,

me das sazón y me das aliño,

palabra en este papel,

poeta de luna fiel es tu niño.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

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4º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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Nº IV                                                                  06.09.2.008

4º NÚMERO DE LA REVISTA NEVANDO EN LA GUINEA

 

  EDITORIAL

Sobre reconciliaciones,

memorias y desmemorias históricas

 

El juez Garzón, que ejerce sus funciones en la Audiencia Nacional española, ha subido un peldaño en el debate sobre la Guerra Civil, la represión en los primeros años de la dictadura y la memoria histórica al exigir a la Iglesia Católica el acceso a los archivos sobre desaparecidos. Esta petición ha sido y es polémica, no sólo por lo que respecta a las competencias de la Audiencia Nacional y sus posibles consecuencias judiciales, sino porque ahonda un debate creado a partir de la Ley de Memoria Histórica que aprobó el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero y en un país, España, cuya transición fue fruto en gran medida de cierta “voluntad de olvido” de todo lo ocurrido entre 1939 y 1975, olvido auspiciado por un llamado “espíritu de reconciliación” promovido, por un lado, por un sector mayoritario del aparato franquista que, una vez muerto el dictador, apostó por la democratización y las dos fuerzas entonces mayoritarias de la oposición, PSOE y PCE, por el otro.

 

No creemos que sea éste el lugar idóneo para un pronunciamiento o para abrir un debate sobre esta decisión del juez y sobre la polémica sobre la memoria histórica, hay otros espacios más adecuados para opinar sobre la oportunidad política de las mismas. No obstante, no podemos mirar a otro lado cuando de la Guerra Civil se trata, no sólo porque aquel conflicto despertó pasiones políticas de las que el mundo cultural español no fue ajeno, sino por lo que significó también en la conciencia de todo el mundo. De allí que gran número de escritores de todos los países asistieran sobrecogidos a un conflicto respecto al cual muchos de ellos se pronunciaron y se comprometieron. Nombres como César Vallejo, André Malraux, Georges Orwell, entre muchos otros -la lista sería enorme- están asociados de un modo u otro a esa guerra. No digamos ya los escritores españoles que vivieron de primera mano la guerra, la sufrieron, muchos se comprometieron políticamente y algunos murieron como consecuencia del odio.

 

La Guerra Civil significó en el terreno cultural una brecha enorme entre dos etapas, una primera que el profesor José Carlos Mainer calificó como edad de plata de la cultura española, que ocupa los primeros treinta y nueve años del siglo XX, y una segunda etapa, la posterior a la guerra, en la que muchos autores de aquella primera etapa continuaron su obra fuera de España, en el exilio, y dentro del país comenzaron a aparecer nuevos autores, sobre todo a partir de finales de los cuarenta, que tuvieron que enfrentarse a la censura y a la cerrazón cultural pero además iniciaron sus carreras literarias sin apenas contacto con los escritores de las generaciones inmediatamente anteriores. La guerra fue un corte duro que empobreció bastante al país. No podemos olvidar que durante los primeros años del siglo coincidieron escritores realistas, naturalistas, modernistas, la Generación del 98, los surrealistas y la Generación del 27, que hubo también un renacer de las literaturas catalana, gallega y vasca. En este sentido, un buena muestra del ambiente cultural del Madrid de entonces la encontramos en la obra de Rafael Cansinos-Assens «Novela de un literato español»

 

La guerra vino a disolver con una violencia feroz las esperanzas de cambio social, político y cultural, su propio desarrollo. Supuso un periodo de tinieblas y de opresión cruenta que ahora intentan endulzar a veces como si la historia fuese otra. Creemos por todo ello que es importante recuperar el recuerdo de aquellos que murieron, sean quienes fueran y cualquiera que fuese su condición. Es importante para las familias de los que murieron, pero también para toda la colectividad. Nosotros no partimos del olvido, consideramos que hemos de conocer los fundamentos de nuestra historia no sólo, como dice el tópico, para no repetirla, sino sobre todo porque modela en gran medida lo que somos ahora. Es cierto que la España actual es distinta a la de entonces. Así lo apuntaba Max Aub en «La Gallina Ciega. Diario Español» al escribir sobre su vuelta a finales de los sesenta y no reconocer en el país que visitaba la España que dejó treinta años antes. La diferencia con la España de hoy es mucho más marcada. Pero nos resulta evidente que muchas de las claves políticas, sociales y culturales actuales están determinadas por la guerra y la dictadura que la siguió. Tampoco compartimos la opinión de algunos cuando se oponen a proyectar luz a lo ocurrido porque, dicen, sería “abrir heridas“. Las heridas están allí y no por no hablar se elimina el dolor.

 

Sin embargo, hay claroscuros en esta voluntad de sacar a la luz a las víctimas de la guerra y de la represión posterior. Nos gustaría que, cualquiera que fuera la posición política que defendieran en su momento, no se discriminara a las víctimas, personas concretas al fin y al cabo, con sus decisiones e ideales compartidos o no. No significa esto que seamos equidistantes y afirmemos que los bandos en conflicto fueran iguales. Sabemos por ejemplo que había una legitimidad política y jurídica, y que el llamado bando nacional se levantó en contra de la República en gran medida para defender los privilegios de unos pocos. Pero también sabemos que ninguno de los dos bloques era homogéneo y consideramos también que hay víctimas ante las cuales algunos sectores, entre ellos algunos progresistas, pasan de puntillas. Andreu Nin desapareció, fue calumniado y finalmente asesinado sin que haya mucho empeño por saber cómo fueron sus últimos momentos y dónde se hallan sus restos, salvo por un pequeño sector afín a las posiciones políticas del dirigente y, no lo olvidemos, buen traductor de literatura rusa al catalán y al castellano. Es loable en este sentido el libro de Ignacio Martínez de Pisón «Enterrar a los muertos» porque nos presenta aspectos incómodos del bando republicano que, sin embargo, ocurrieron y deben ser aclarados.

 

En definitiva, apoyamos todo proceso que busque dar luz a tanto horror. Pero no queremos que se haga, como tantas cosas, a medias. Hay que honrar a los muertos, pero también hacer justicia. No se puede, creemos, afirmar que la dictadura se sustentaba en la ilegalidad y no anular las sentencias que sufrieron muchos republicanos “por sedición”. No se puede mirar hacia otro lado en aquellos aspectos molestos. A veces tenemos la sensación de que hay demasiado ruido para muy poco. Por nuestra parte, nos gustaría potenciar en la medida de lo posible un ambiente cultural que se pareciese al de esos primeros años del siglo XX en cuanto a intensidad y pluralidad. Aunque somos conscientes de lo difícil del empeño en un país que a veces, nos parece, no quiere enfrentarse de verdad a sus propios fantasmas y ha optado por simplificaciones que poco ayudan a la profundización de la realidad y por un modelo de democracia que cuenta cada vez menos con los ciudadanos.

 

 

 

 

 

MEMORIA HISTÓRICA

DE ESPAÑA

 

Cuántos muertos llevan olvido

escondido entre las duras y frías piquetas,

un olvido callado y con sabor a vacío dolido

que se aposenta oculto en las cunetas.

Olvido es el olvido de un pueblo sufrido

que recorre su paso en la voz de las biznietas,

olvido que olvidó a su muerto podrido,

a olvido saben esas lágrimas de los poetas

que se hacen de polvo entre lo ocurrido,

olvidan su sudor, ya seco, en las camionetas

que llevaban al patíbulo el ladrido

de las rabias negras de las analfabetas,

olvido de tiempo descalabrado y detenido

entre las ingles echadas de las puñetas,

olvido entre hermanos que trepan del olvido,

olvido de las miradas y de las metralletas,

olvido, todo es olvido que se ha perdido

entre los colchones y las viejas maletas,

olvido a lo del todo desconocido,

olvido entre el sol de los planetas,

olvido del recuerdo en un olvido tan herido,

al olvido se seca la sangre de las afiladas bayonetas,

olvido siempre es un descuido tan temido…,

al olvido lo quieren las melladas ruletas,

olvido entre llagas de dolor curtido,

entre el dolor del olvido se topan las escopetas,

se topan con el olvido transmitido

de abuelas, madres, hijas y hasta nietas,

el olvido hace demasiado ruido,

el olvido lo enseñan las alcahuetas,

el olvido es miedo concluido

de los malditos que en tiempos de paz llevan caretas,

miedo es olvido y olvido es lo parido

por mujeres que olvidan cuales fueron sus metas,

olvido es una memoria del olvido

y al olvido besan las sombras entre esas cunetas.

 

 

                                             Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

ESA MUCHACHA LLAMADA:

LATINO-AMÉRICA

 

Latino América es una beata

a los ojos de un santo,

que corre loca con alpargatas

y besa mis labios de tanto

[en tanto.

América se me sube por las patas,

es una muchacha a la que le canto

boleros entre las matas

del “te quiero” y del espanto.

Es una muchacha que anda a gatas,

es lamento que quiere ser canto,

es sonora de cumbias, valses y bachatas,

es tapia que se alza en quebranto,

es inocencia entre falacias candidatas,

es olvidar en invierno el manto,

es el fin y la postdata,

es perla negra del llanto,

es muchacha sencilla y mojigata,

es obra desnuda y calicanto,

es una tribu india a la luz de la fogata,

es encanto y desencanto,

es opiata y rumpiata,

es chamanto y adelanto,

es uniata y arriata,

es rosa de amianto y eterno planto,

es mestiza y es mulata,

es el entretanto y es el cuanto,

toda ella es sueño de bronce y carcajada de plata,

es cebiche y es curanto,

es carcocha y es hojalata,

es orquídea y es amaranto,

es una muchacha bella y calata,

es zopilote y es abanto,

es serenata, es sonata, es cantata,

es quetzal y es alicanto,

es chiquilla neonata, es pequeña niñata,

es brebaje de mastranto,

es una muchachilla insensata,

es mata de patata y es hermoso corisanto,

es especial torbellino y catarata,

es gracia grata y es malagracia ingrata,

es mujer que tiene siempre tanto…

es descanso austral y es poeta maganto.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

PENUMBRA

 

Les vi llegar por la carretera y luego desviarse por el camino que llevaba directo al caserío. Supuse quienes eran. Desde que volví sabía que más tarde o más pronto se pasarían por aquí. Claro que no tenía nada que temer. Iba a ser un mero trámite, algo normal si me ponía en su lugar.

Los tres coches se pararon delante de la entrada. Yo les esperaba en la misma puerta. Se bajaron y me enseñaron las placas y la orden judicial de registro de mi casa. Uno de ellos llevaba la voz cantante, era el que mandaba. Me dijo que tenían autorización para registrar el caserío y me preguntó si tenía algo que manifestar antes de entrar. Le dije que sólo la mitad de la casa estaba ocupada por mí, el resto se hallaba vacío, y que no iban a encontrar nada. No hizo comentario alguno. No estaba nervioso, sólo incómodo ante la situación. Igual que yo. Les pedí antes de entrar que no desorganizaran mis pertenencias. Al fin y al cabo, pensé, iban a encontrar bastante orden, un par de armarios con ropa, poca, un par de habitaciones con libros bien distribuidos en la estanterías y luego la cocina. No se apure, me dijo el que mandaba. Les abrí la puerta y comenzaron a andar por el pasillo de la planta baja, no sin un cierto titubeo, como si tuvieran antes que reconocer el espacio por el que avanzar. Abajo está la biblioteca y la cocina, les dije, arriba un solo cuarto está ocupado, mi habitación, y un baño.

No sacaron ningún objeto de los armarios, palparon la ropa y observaron si había tabiques. Los libros los hojearon sin moverlos de su lugar. En la cocina sólo hubo una mera observación ocular. Entraron en los cuartos vacíos y salieron de ellos casi de inmediato. El ordenador ni lo tocaron. Entendí que en realidad no buscaban nada. Deduje que ellos mismos asumían aquel registro como una mera formalidad y que sabían de antemano que nada iban a encontrar.

Tiene algún inconveniente en venir a declarar a comisaría, me preguntó el que mandaba. Le pregunté si iba a necesitar abogado. Contestó que no. Ni siquiera añadió el clásico de momento, dicho siempre con el retintín aquel que dejaba entender que iban a por ti, que algo sabían y que acabarías acusado. Le pregunté si podía ir en mi coche. No hay problema, me dijo. Las llaves estaban en uno de los cuartos con libros, el que me servía ocasionalmente de despacho. Entré, luego agarré mi chaqueta en el recibidor. Cuando quieran, les dije. Salimos. Ellos se subieron a sus coches y yo anduve hasta el mío, unos metros más allá.

Por el camino pensé en el que mandaba. No parecía mal tipo. Serio, eso sí, y algo distante, pero se mostraba educado. Tampoco exhibía aspereza o rencor hacia mí, hubiera sido normal, al fin y al cabo el pasado era un peso bastante cargado de odios y recelos, y sin duda alguien cercano a él habría muerto o estuviera herido en algún momento. Él mismo, quizá, hubiera podido ser alguna vez víctima de alguna acción. Debe de saber bastante lo que hay, me dije. Pensé que me gustaría saber algo más de él, de su vida. Desde hacía tiempo me interesaba la vida de la gente, de los míos, de los que fueron los míos, más bien, y de los que habían estado al otro lado, los enemigos.

No tardamos en llegar. Subí a la primera planta. Espere un momento, me dijeron. Me senté en un banco. Contemplé la comisaría, que tenía el mismo aspecto desastrado que todas las comisarías que yo conocía. El que mandaba apareció de pronto tras una puerta. Puede pasar, por favor, me dijo. Me levanté. Entré en su despacho. Me apuntó una silla y me senté. Él se sentó delante de mí, hojeó unos papeles y luego me miró. Cuánto tiempo lleva aquí, preguntó. Tres meses, respondí. No parecía con muchas ganas de interrogarme. Había adoptado un tono más bien acorde a una simple charla, un mero intercambio de información, nada más.

Mire, me dijo de pronto con un tono más firme, aunque sin abandonar un dejo de intimidad que buscaba a todas luces conciliarse conmigo, tenemos la convicción de que usted nada tiene que ver con la organización. Calló, supongo que para saber si yo iba a decir algo. Me mantuve en silencio y entonces él continuó. Es un trámite sin importancia éste de hoy. Por otro lado, somos conscientes de que usted cumplió su castigo, cinco años, ¿no?, y un par de años fuera del país. No obstante nos vemos obligados a preguntárselo de un modo oficial, aunque sé que nunca me respondería afirmativamente, pero ¿tiene usted algo que ver con la organización? No pude disimular una sonrisa un tanto sarcástica. Si tan informados están, le dije, sabrán que discrepé en prisión con su línea política y fui expulsado por ello, además usted vive aquí, habrá visto las pintadas contra mí, ¿de verdad cree que puedo seguir perteneciendo a la organización? No respondió. Volvió a hojear los papeles. Empecé a preguntarme para qué me habían hecho ir a la comisaría. Además, la ciudad era pequeña, había muchos ojos que veían lo que pasaba y sin duda muchos sabrían a esta hora que la policía había ido a mi casa y que yo estaba en la comisaría.

Tiene usted razón, continuó, sabemos todo eso, pero me gustaría saber a qué ha venido aquí, sobre todo si ya sabía que no iba a ser bien recibido. Pensé que para hacerme esa pregunta no había hecho falta llevarme hasta allí. Esta es mi tierra, contesté, llevaba mucho tiempo fuera, ellos saben que yo no soy peligroso ahora para nadie. ¿Ellos?, me interrumpió, entonces ¿está usted en contacto con ellos? Comprendí la razón para hablar conmigo. Querían saber hasta qué punto conocía yo el grado de organización interna, si había hablado con alguien y, sobre todo, si podía dar información. Mire usted, repliqué no sin mantenerme distante y con intención de no parecer irritado, llevo siete años fuera de la banda, no sé más de lo que sabría cualquier persona informada de lo que pasa aquí, además ya se encargan ellos de que no tenga mucho contacto, ya se habrán imaginado que ustedes podrían venir a sacarme datos y no soy ahora mismo una persona de confianza. Comprendo, me dijo y volvió a hojear los papeles.

Quiero que sepa que es el juzgado quien nos ha pedido que hablemos con usted, confesó, por nuestra parte no tenemos nada contra usted. Pero les gustaría recibir cualquier dato que yo pudiera aportar, ¿no es así? Mi pregunta no pareció sorprenderle. Me miró. Me dijo que sí, casi en un susurro. Pues no sé nada, le dije, puede creerme o no, pero no tengo nada que ver con ellos. Ni ganas, añadí. Se había abierto una herida interior. Una herida conmigo mismo. Me sentí extraño, entre sucio y liberado, no lo sabría decir con certeza ni por qué. Me miró como si todavía tuviera una pregunta más que formularme, pero no llegó a hacerla.

Diez minutos más tarde estaba de nuevo en mi coche. Conduje por algunas calles para volverlas a ver, para volver a la pequeña ciudad que tanto había cambiado. Eran pocas las veces que iba a la ciudad. Acababa de llegar y era como si evitara ciertos lugares, a ciertas personas. ¿Para qué había vuelto, entonces? La pregunta me la había formulado yo mismo muchas veces. Siempre sin respuesta. No en vano, seguía en mi cabeza la idea de irme de nuevo del país, lejos, bien lejos del valle, de la ciudad, de todo lo que había sido mi vida. Había regresado hacía tres meses para comprobar si era capaz de enfrentarme a los fantasmas. Lo era, completamente capaz. Estando comprobado, entonces, ¿por qué seguir aquí? Salí de la ciudad y me encaminé por una carretera estrecha hacia mi caserío. Estaba comenzando a anochecer. Me sentí de pronto tremendamente solo.

 

Juan A. Herrero Díez

 

MI ORBE EN LA URBE

 

Mi orbe está en mi urbe

y son los chicos de mi barrio

los que buscan canción que nos disculpe

sintonizan la rumba por la radio

y hacen el desbarajuste

de meterse en los armarios.

Mi orbe está en mi urbe

esperamos inocentes el agüita de mayo

y le echamos alpiste al embuste

nos ponemos con desdicha a diario

unos regatean otros dan su chute

otros hacen breve pedagogía del plagio

y otros juegan al tute

lo mal ganado por lo bien prestado.

Mi orbe está en mi urbe

porque nace fría la crisis del vocabulario

y la ambigua jerga del lumpen

nos enseña a acomodarnos el lomo proletario

recortando estrellas con un cúter

aunque a ratos os parezca estrafalario

pasando de narices de los chutes

y de la basura orgánica del vecindario

van con la prisa vegetal de la costumbre

entre la ruda sombra del sicario.

Mi orbe está en mi urbe

brote generoso del camello y del dromedario

y los chiquillos escupen

los malos aires a vecinos solitarios

lo hacen sin que ni se inmuten

dándoles cansadas patadas al diccionario

para que los futuros se les disimulen

y se rían de un borracho legionario.

Niño, toca las palmas y sube el volumen:

¡Mi orbe está en mi urbe!

Mi barrio es extraordinario

y los problemas se intuyen

somos los palomos ordinarios del extrarradio

donde las Marujas se discuten

los perros se quedan enganchados

dejamos a los curiosos que se pregunten

mientras llenamos de humo los lavabos

dejando atrás nuestro lumpen

y el ambiente gris-asfalto carcelario.

Así es la vida del lumpen…

pues mi orbe está en mi urbe

y ni nada ni nadie se inmiscuye

y nos encuentran bajo la sombra del calendario.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

nevandoenlaguinea@hotmail.com

e-mail: nevandoenlaguinea@hotmail.com