Reseña literaria por Juan A. Herdi

Javier Cercas

El loco de Dios en el fin del mundo

Random House

El destino, el azar o la providencia, juntas o por separado, han querido que este libro llegase a las librerías días antes de la muerte del papa. Porque Javier Cercas ha escritomucho en él sobre Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, un hombre que, no cabe duda, ha llamado la atención por sus propuestas renovadoras y su dinámica rompedora, por una forma de actuar que a veces ha sorprendido, ha sido incluso polémica, no sólo entre los fieles católicos, también entre personas ajenas al catolicismo, adeptos a otras confesiones, ateos furibundos o agnósticos sin embargo interesados por cuestiones espirituales o religiosas. De hecho, hay una crítica formulada a menudo por sus contrarios y detractores en el seno de la Iglesia que parte de este interés e incluso simpatías de sectores ajenos a la misma, que inclusive, acusan los críticos, han osado opinar sobre cuestiones de la Institución, algo que el propio Obispo de Roma parecieraque ha buscado de un modo explícito.

Este libro puede ser una prueba de esto último. El mismo autor lo ha contado en su inicio y en las numerosas entrevistas concedidas: en mayo de 2023, cuando firmaba ejemplares de sus obras en el Salón del Libro de Turín, un alto representante del Vaticano se le acercó para proponerle viajar en el séquito del Papa a Mongolia y que escribiese sobre ello con absoluta libertad. Fruto de la sorpresa, Javier Cercas no pudo evitar recordarle al proponente que él era ateo, lo era desde la lectura en su juventud de San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno –la referencia al libro no es gratuita–, que era anticlerical, que ha vivido al margen de la Iglesia en una España que se ha desacralizado a marchas forzados los últimos lustros, aunque la Institución pretenda incidir aún hoy en el país y se mantengan algunos ritos, aunque cada vez con menos significado para una parte importante de la población. Que lo sabían desde el Vaticano, parece que fue la respuesta a su reacción, puede incluso que por eso mismo viniera la propuesta. 

Fue fundamental para decantar su aceptación el deseo de preguntarle al Papa Francisco si era cierto que su madre, tal como ella afirmaba convencida, vería a su marido, fallecido unos años antes, en la otra vida, convicción esta originada en su fe católica,una pregunta, parece ser, que pocas veces se le ha planteado a un Papa de un modo tan directo, por no decir ninguna. 

De este modo se inició la aventura que desembocó en este libro. En él, como no puede ser de otra manera, tal era en gran medida la propuesta recibida, se habla mucho de Jorge Bergoglio, de la polémica que le rodeó siempre, de su labor pastoral en Argentina, no exenta de zonas en penumbra, también de sus compromisos sociales, del intento de continuidad de su línea en el Vaticano. Pero a decir verdad el tema no es tanto el Papa Francisco, sino la presencia del catolicismo, de la Iglesia Católica, en las sociedades europeas, sobre todo las del sur, que han modificado con suma rapidez su relación con la fe, y su importancia en la vida actual, tan desacralizada. También nos habla del diálogo con los no católicos, con quienes se han alejado de la fe o nunca siquiera la han tenido, de quienes viven en una cultura con base católica, pero que en gran medida ya ha dejado de ser católica. 

De este modo, Mongolia, un país con una proporción ínfima de católicos y presencia de misioneros de otros continentes, se convierte en el espejo en el que se refleja el catolicismo europeo. A partir de este contraste y también de las conversaciones tan intensas con religiosos, funcionarios vaticanos, personal civil que trabaja para la Iglesia y sus organismos, Javier Cercas retoma la reflexión que le planteó la novela de Unamuno y él mismo parece interpelado por los planteamientos que se le vanformulando. Al fin y al cabo, en cualquier diálogo sincero e intenso las partes que intervienen cambian sin duda en todos los aspectos. Es inevitable.

Este libro se convierte de este modo en una reflexión sobre la religión en la sociedad actual, de su papel en lo colectivo, pero también en lo personal, se pertenezca o no a alguna confesión, se comparta o no sus planteamientos, teniendo en cuenta también que sus valores y sus concepciones forman parte de ese mundo de ideas que constituyen la visión de la realidad que cada persona se va construyendo a lo largo de su vida. En cuanto a la pregunta que parece obsesionarle a Cercas, la del reencuentro de su madre con su padre en el más allá, para conocer la respuesta que le da al Papa Francisco habrá que leerse el libro.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Edurne Portela y José Ovejero

Una belleza terrible

Galaxia Gutenberg

Vivieron a pesar de todo en el centro de la historia, aunque fueran minoritarios, despreciados, olvidados. Participaron en ella. Con pasión, siempre. A menudo con aciertos. Pero también con errores. Y con sacrificios enormes. Sus miradas en todo caso no estuvieron exentas de razón y de razones. Trotski y sus partidarios, apenas un puñado en medio de los movimientos de masas de la época, intentaron dar luz a un mundo mejor en un siglo intenso, repleto de peligros. Lo pagaron caro, con sufrimiento personal, con familias diezmadas, como la del propio Trotski. Pero qué duda cabe de que sus vidas resultaron apasionantes pese a todo. Hubo incluso entre ellos vidas rocambolescas, inauditas, incluso extravagantes. Como la de Raymond Molinier, que se extiende casi a lo largo de todo el siglo XX. 

Edurne Portela y José Ovejero quedaron atrapados por el personaje. Sus constantes cambios de guion durante su vida, su osadía para llevar a cabo sus planes, su compromiso firme, incluso a pesar de las circunstancias, no son para menos. Indagaron en una biografía que fascina, pero que también tuvo sus claroscuros, como todas las vidas por otro lado. 

Decidieron escribir su historia, que es también la Historia del siglo. Los dos juntos, a cuatro manos. Pero quisieron reflejar también aquellos aspectos más ocultos, los hechos que quedaron en penumbra, por la clandestinidad o porque no siempre es fácil conocer todos los aspectos de una vida ajena. Había que mostrar los debates, las encrucijadas, las dudas y los atrevimientos. También cómo se construyeron los afectos, los que creaban la militancia impetuosa, los de la confrontación ideológica con tantos encuentros y desencuentros. Los de los amores. Las relaciones amorosas no siempre fueron fáciles para los y las militantes, entre el peso de los valores imperantes y el nuevo mundo que se quería construir. Tampoco fueron fáciles los vínculos con hijos e hijas. No en vano optaban, no sin radicalidad y a veces con rabia, bien por seguir los pasos de sus progenitores bien por un rechazo absoluto hacia una militancia que se les había dejado sin padres, literal y metafóricamente.

El resultado es este libro que hubiera podido ser un ensayo, una biografía al uso, pero que ha resultado una novela. Porque la novela permite muchas veces conocer mejor la intrahistoria, sin duda. Claro que optan los autores por intercalar sus propios procesos de búsqueda y confrontación de las opciones posibles a la hora de avanzar en este artefacto que es la novela, donde no se trataba de inventar, sino de imaginar lo que quedaba en penumbra. Incluso no dudan en incorporar su propia cotidianidad, al fin y al cabo es la cotidianidad de Molinier y de quienes le acompañaron en su lucha, mujeres tan interesantes y apasionadas como el protagonista, lo que se nos está contando, porque la lucha revolucionaria fue también cotidiana, una vehemencia rutinaria, una manera de seguir adelante en medio del naufragio.

Quienes ya hayan pasado por la obra de los dos autores volverán a sentir esa quiebra emocional que provoca siempre su escritura. Una vez más, esta vez juntos, no dan tregua, el lector, al igual que los autores, deambularán por el relato y se conmoverán con lo narrado. Queda siempre un remusguillo de lo contado, a la vez dulce y amargo, una vez se acabe la lectura, no en vano su literatura es pura pasión. Para quienes no los conozcan, será todo un descubrimiento y una invitación a recorrer su obra. 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ebbaba Hameida

Flores de Papel

Ediciones Península

Ni que decir tiene que la literatura es también una fuente de conocimiento de la realidad. Además, a menudo, se vuelve una exposición de una experiencia vital que el lector, cuando es sensible y atento, incorpora a su propio bagaje. Marx afirmaba que había aprendido mucho más de economía en las novelas de Émile Zola que en los tratados económicos de su época. De este modo, surge una literatura testimonial que no está reñida, ni debe por qué estarlo, con la calidad literaria, novelas que muestran una situación, que sacan a la luz lo que está oculto, a menudo tapado por capas de interesesestratégicos. 

Es el caso de esta novela de Ebbeba Hameida que comentamos, que además interpela a los lectores españoles por un conflicto que afecta a España, el del Sahara Occidental, un territorio situado al oeste del Magreb y que fue la provincia 53 de España. En 1976, un momento de inestabilidad interior, en plena transición política, España abandona la zona y Marruecos y Mauritania la ocupan, desoyendo las peticiones de la ONU, que desde 1965 clamaba por la descolonización del Sahara Occidental y por la celebración de un referéndum de autodeterminación, a todas luces olvidado en los cajones más recónditos de las cancillerías internacionales. Hoy el conflicto enfrenta a los habitantes de este país con Marruecos, después de que Mauritania abandonara su zona.

Ebbaba Hameida conoce bien aquello sobre lo que escribe. Ella misma nació en los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Forma parte de los saharauis de la diáspora, que viven en otros países, en su inicio con una pretensión de provisionalidad que, por desgracia, tiende a la permanencia. Ejerce el periodismo por la necesidad de contar y de contarse. 

Esta novela nos muestra tres generaciones de mujeres que viven directamente un conflicto hiriente. La abuela, Laila, su hija, Naima, y la nieta, Aisha, son testigos de tres momentos importantes de los últimos lustros. Laila asiste a los últimos años de presencia española y a lo que vendrá después. Naima se compromete con un proceso de lucha y participa en la retaguardia del conflicto, tan importante para mantener la resistencia. Aisha, por su parte, la más joven, vive el desarraigo de la emigración en Europa y la toma de conciencia desde el exterior de sus propios vínculos. 

Las tres mujeres proyectan sus miradas hacia lo que les rodea, se cuentan lo que ven. No son neutrales, la propia novela no lo es, pero no cae en lo panfletario, en lo fácil,sino en la comprensión de unas vidas que forman parte además de ese mapa emocional que une a todas las personas, cualesquiera que sean sus culturas particulares. El texto avanza en un tono sosegado, aunque a veces desgarra lo que se cuenta, hay momentos crudos. Pero también de esperanza, aun cuando la esperanza se confronta a menudo con una realidad poco amable que produce el efecto contrario, la desesperanza, incluso la desesperación. 

La novela es por tanto una invitación a conocer esa cultura tan ligada al fin a nuestro propio pasado, la de unas personas que hasta hace bien poco formaban parta de un mapa común y que no deberían ser olvidados. Mucho menos abandonados otra vez.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Nuria Labari

No se van a ordenar solas las cosas

Páginas de Espuma, 2024

¿Estamos atrapados en nuestros cuerpos?¿O acaso son las circunstancias las que nos rodean y limitan de un modo azaroso, sin vuelta atrás?¿No serán tal vez las palabras las que nos encierran en la hendidura estrecha de nuestra rutina y nuestros privilegios, y de pronto, al confrontarlas con las de los demás, nos descubren nuestras carencias, nuestra debilidad? 

Son algunas preguntas que nos plantean los seis relatos de este volumen de Nuria Labari, seis collejas que sin duda alteran nuestra aparente normalidad. La mujer bien situada, progresista y liberada, de pronto se da cuenta de que el orden de su mundo se resquebraja ante el espejo de su asistenta, inmigrante. Lo mismo le ocurre a la profesora voluntaria de castellano, que se encalla ante su joven amante magrebí en una situación que, a todas luces, cambia el significado de las palabras. Como zozobra la familia que busca exotismo y lo que descubre son sus propias fallas. O los personajes atrapados en sus cuerpos, el del joven adolescente que se irrita ante lo que ve en el espejo, sea o no real, la mujer que se enfrenta a la debilidad y a la muerte de sus seres queridos, o el anciano homosexual y judío que se desmorona ante un contratiempo casero, tal vez bajo la mirada trágica de sus antepasados y de sus coetáneos, o la conciencia de las trampas de la vida o de las contradicciones tan esenciales como su ser.

Los relatos nos confrontan al artificio de nuestra realidad, aquella que consideramos normal -¿normal como lo estándar o lo habitual o normal como lo normativo?–, y aquí, al terminar el libro, muchos nos preguntamos, como uno de los personajes del libro, si no hemos vivido nosotros también a espaldas de lo fundamental. 

Son relatos que rompen las miradas cotidianas de nuestras propias vidas. Es importante que nos fijemos en las palabras con las que Nuria Labari construye las historias y la perspectiva desde la que se proyecta cada uno de sus cuentos, seis posiciones, seis construcciones de uno mismo y del mundo que envuelve a los personajes, y que en una analogía perfecta podemos trasladar a lo que somos, a nuestras vidas. Porque las palabras, al final, es lo único que tenemos, son las piezas con las que nos vemos y construimos el mundo, sobre todo si asumimos que la ficción del pasado, y la memoria puede que sea realmente una fuente de ficción, una invención del pasado, contamina con su niebla el horizonte.

Es un libro que no puede dejar indiferente, que turba, que nos desorienta en cierto modopara obligarnos a afrontar la realidad, siempre es bueno que la literatura cuestione y replantee la existencia, la de los personajes y la de los lectores. Sin duda tal es el sentido de la literatura.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Gonzalo Calcedo

La chica que leía el viejo y el mar

Menoscuarto Ediciones, 2024

 

Ya podemos decir, para satisfacción de quienes nos deleitamos con los relatos breves, que estos han adquirido en la literatura española plena carta de naturaleza. Claro que era algo propio de España, no de la literatura en español, el prejuicio contra las historias cortas, porque en la tradición latinoamericana el cuento es todo un pilar literario desde antiguo. Aunque a decir verdad, volviendo a España, tal vez sea un tanto tópico afirmar de forma categórica que siempre se considerase el cuento literario algo secundario, una mera práctica del escritor para afrontar lo serio, la novela. Al fin y al cabo, se ha cultivado bastante y han sido muchos los prosistas que los han escrito, desde los inicios de su literatura además, contamos por ello con una buenísima tradición de textos breves, e incluso ha habido autores que los han ejercitado de forma exclusiva, como Medardo Fraile, o importante, como Ignacio Aldecoa.

Sea lo que fuere al respecto, hoy contamos con escritores habituales y brillantes en la escritura del relato breve. Uno de ellos es Gonzalo Calcedo, autor que nos ha ofrecido en su carrera literaria unos cuentos excelentes en los que, a partir de una anécdota, alrededor de un detalle, apenas un incidente nimio, se nos cuenta una historia que va a despertar en el lector, tal vez no una sorpresa, pero sí cierto pasmo, y sobre todo le dejará el remusguillo placentero de la satisfacción de haber leído algo muy sugerente.

Los diecinueve relatos que componen el volumen que comentamos cuentan meros incidentes cotidianos, encuentros fugaces, hay mucha inmediatez en lo narrado, pero a la ligereza aparente se une un estilo poético, una poética rutinaria gracias a personajes que no lo son tanto, rutinarios, aun cuando lo parezcan, algunos de ellos resultan incluso bien curiosos, insinúan un carácter más allá de lo usual, y plantean un lance que parece estar al borde de cierto absurdo, en el mejor sentido del término, historias minimalistas de vida que, no obstante, sorprenden en sus gestos, asombran por sus reacciones y desembocan en escenas afectivas que despiertan sin duda una emotividad profunda.

Se trata de hombres y mujeres en gran medida solitarios, siempre en movimiento, en tránsito, salen de un lugar que no sabemos y se dirigen a otro que no conocemos, en medio les pasa algo que es propio de una extrañeza a pie de calle, un hecho que no llega a suceso, pero que nos encandila como suelen deslumbrar de pronto las pequeñas cosas cotidianas si hay capacidad de observación. Los relatos de Gonzalo Calcedo nos trasladan en cierto modo a la tradición cuentística norteamericana, ya el propio título del volumen, el de uno de sus relatos, es un todo un guiño, en la que la historia es ínfima, el cuento es como una foto, tal como nos indicaba Julio Cortázar, donde el brillo está en la sugerencia. Y estos cuentos lo logran, brillar por sí mismos.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

 

Gonzalo Fernández Parrilla

Al sur de Tánger

Un viaje a las culturas de Marruecos

La línea del horizonte ediciones

 

Viajar es sin duda una actividad saludable. Contemplar otros lugares nos permite ampliar miradas, la mirada hacia los otros, otras culturas, otras sociedades, otras formas de vivir, y también la que proyectamos sobre nosotros mismos y el lugar donde vivimos. Nos vuelve más críticos, más introspectivos. Viajar, suele decirse, nos ayuda a conocernos mejor. Hay mucho de todo ello, no cabe ninguna duda, siempre que el viaje se planteé de un modo abierto y sincero, sin prejuicios y con la curiosidad suficiente como para mirar más allá de las fachadas y de los tópicos al uso, asumiendo el aprendizaje que conlleva el recorrido. 

Gonzalo Fernández Parrilla nos propone en este libro suyo, breve pero intenso, una mirada a nuestro vecino del sur, a Marruecos, un país desconocido o que ha sufrido y sufre aún hoy no pocos clichés. Al exotismo estereotipado que perdura todavía, hay que añadir la mirada de los colonialistas de antaño, que reducía la realidad del colonizado a un imagen que convenía a los intereses del colonizador, la de los bohemios que vivían en Tánger y cuya mirada estaba también estereotipada, la de los turistas de hoy, que viajan de un modo cuasi industrial. La única forma de darle la vuelta a este reduccionismo es contemplar también a través de la mirada de sus habitantes.

El autor nos invita de este modo a conocer, entre otros, a los escritores y artistas marroquíes que reflejan en sus obras una realidad variopinta, tan variada como lo es toda sociedad. De allí lo idóneo del plural del subtítulo: un viaje a las culturas de Marruecos, la que se expresa en amazigh o en árabe, la que escribe en francés o incluso en castellano. El autor menciona varias veces a uno de los escritores más representativos y con una fuerza deslumbrante: Mohammed Chukri. También nos invita a conocer a otros autores y artistas, de este modo el libro se vuelve una buenísima introducción a la literatura y a las culturas marroquíes. A través de ellos y de sus obras se nos presenta y describe una sociedad dinámica, al final no muy diferente a otras sociedades, a la nuestra sin ir más lejos, que tantas cosas compartimos con ella.

También recoge las miradas de escritores españoles que conocieron el país: Ángel Vázquez o el periodista Eduardo Haro Tecglén, nacidos ambos en Tánger, o Juan Goytisolo, que marchó a vivir a Marrakech, donde murió. 

Además, el libro recorre un sinfín de lugares, Tánger, Tetuán, Marrakech o Rabat, el Atlas, el Rif. Nos introduce en sus culturas y sus paisajes lo suficiente como para despertarnos la curiosidad. Pero no es un libro de viajes. Tampoco un estudio más o menos planeado. Se trata más bien de un libro de notas que sugiere un paseo emocional y paisajístico por Marruecos, y que se convierte al fin en una incitación al viaje de verdad, de esos viajes que nos cambian por dentro, además de imbuirnos en una sociedad que tenemos tan cerca y de la que podemos aprender bastante.

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Paco Cerdá

Presentes

Alfaguara. 2024

El 20 de noviembre de 1936, primer año de la victoria, se exhuma en Alicante el cadáver de José Antonio, el apellido no es menester añadirlo, y durante once días se traslada en cortejo fúnebre, procesión medio laica, medio religiosa, a El Escorial. Atraviesa un territorio cuyos habitantes no han olvidado el horror de la guerra, una guerra que para muchos, pese a la propaganda y a los deseos pretendidos de nueva era,no terminó el primero de abril del 39, siguió en forma de miedo, represión, miseria, incertidumbre colectiva e individual. 

Paco Cerdá nos relata la historia de esa comitiva, pero también va componiendo la infrahistoria, los relatos de vida, de los habitantes de aquellas tierras atravesadas por ella, historias de hambre y desolación, de frustración y vacío, hechos que aún hoy permanecen anónimos por un silencio atroz que se impuso en todas las esferas de la sociedad y que conduce a que sus protagonistas sean pasto del olvido. El anonimato puede ser el destino de los hombres y mujeres que sufrieron aquella historia, olvido reforzado por intereses políticos y una voluntad errónea de pasar página en un momento dado, años después de aquella tragedia de la inmediata posguerra. Merecen a todas luces un ápice de luz, que se sepa lo que ocurrió, no por ánimo de desquite o de vanas represalias, sino por mera necesidad de saber de dónde venimos y de reconocimiento a quienes también conformaron el país, los nadie de entonces.

El régimen buscó la legitimidad en la gloria de sus mitos, el de José Antonio es fundamental, no en vano el régimen glorifica a ese hombre que le proporciona buena parte de la argamasa de la legitimidad ideológica, aunque puede, se insinúa entre líneas, que al Generalísimo y a buena parte de los vencedores poco les importó las razones de su victoria, no había en ellos un afán principista, sino más bien el de reponer un orden social que creyeron amenazado. De hecho, muchos falangistas de primera hora, camisas viejas, sienten que el nuevo régimen no responde a sus ideales. Por otro lado, entre los vencedores hay también mucha pluralidad, no todos tienen una misma posición.Tampoco los mismos intereses, aunque estos crearon mayores consensos. El régimen supo lidiar con tales diferencias. Paco Cerdá también nos muestra en este puzle que es su libro parte de la infrahistoria de estos vencedores.

El resultado es una composición bastante bien documentada que nos da un retrato de una época y un lugar, una excelente descripción de los inicios de la dictadura que pasará por muchas fases, pero que en aquel momento necesita de la exaltación de los discursos y así argumentar su gestión de un modo heroico, a falta de medidas que mejoren la situación del país. Por tanto acude a los mitos, al mito originario de José Antonio, pararelanzar una gloria que a todas luces confronta y se contradice con la realidad. 

De este modo, el libro nos va dando una idea bastante amplia y precisa de lo que fue España a partir de una semana en la vida de un país repleto de claroscuros. Un libro a todas luces fundamental para conocer aquel periodo.

 

Reseña literaria de Juan A. Herdi

Irene Reyes-Noguerol

Alcaravea

Páginas de Espuma

No es tan fácil llegar a impactar mediante la palabra escrita. Que se logre emocionar al lector con esa sucesión de frases que es un texto. Pero un buen escritor logra siempre abrir brechas, acudir a lo más interno de uno mismo, comunicar y provocar en este diálogo que es la literatura un estado profundo de turbación, perplejidad o desconcierto. Incluso a veces se consigue, hay autores que lo logran: despertar algo que va más allá de lo evidente. Su texto entonces conecta con las emociones, se permite conmovermediante una prosa poética tan intensa como versátil.

Hay que ser muy buen escritor cuando, además, se inquieta tanto, cuando uno avanza en esa sucesión de frases cosidas casi con técnica impresionista y que acaban turbándonos.Es lo que consigue la escritora sevillana Irene Reyes-Noguerol con los doce relatos que componen este volumen, Alcaravea, Nos envuelve en una prosa con contornos poéticos, precisos, preciosistas en algunos casos, retazos que a golpe de palabras y frases turbadoras nos sitúan incluso a borde del abismo, sin saber si este abismo al que asomamos está en el relato o en nosotros mismos, lo vamos descubriendo a medida que avanzamos en la lectura. Sólo la maestría permite alcanzar lo segundo.

El lector se va a encontrar unos relatos que requerirán sin duda una segunda lectura, tal es la intensidad del texto. Como la poesía, se necesita volver a recorrer las palabras, el sentido del texto, el dolor de lo narrado o la reflexión de varios de los párrafos. Algunos de los relatos tienen a niños como protagonistas, pero la autora evita la emoción fácil ante un personaje tan vulnerable como un niño, y así conmueven los hechos, la atmósfera impetuosa y recia, la intensidad de lo que se cuenta, incluso la insinuación de la violencia que se aprecia entre líneas. Es lo que logra cualquier relato que se precie.

Irene Reyes-Noguerol, además, se permite experimentar con el lenguaje, asumir retos, arriesgarse, sin que por ello pierdan sus textos ese carácter narrativo que ha de poseer un buen relato. El riesgo de la experimentación es siempre digno de agradecer. No se queda en el sentimiento, en la descripción de emociones, ninguno de los relatos de este volumen se reduce al lenguaje poético sin más, sino que se cuenta una historia, con sus giros, su desarrollo y su sorpresa final. La autora se permite afrontar las emociones sin exhibicionismos ni salidas fáciles, opta por el riesgo, por la dificultad de no ser explícita, pero yendo siempre a lo profundo.

Por lo demás, quien guste del cuento literario se encontrará con una forma novedosa, muy personal, de contar, de desarrollar este reto de trasladarnos una atmósfera sin que sobre ni falte nada. Ya por esto mismo merece adentrarse en las páginas de este libro.

Reseña de Juan A. Herdi

Luis Salvago

El telegrafista

Menoscuarto Ediciones. 2024

Un hombre rememora en una sala de hospital una vieja amistad. Se inicia antes de que estalle la guerra civil española, pasará por momentos con demasiados claroscuros. Incluso un hecho les distanciará, no sin recelos, reproches, culpas y resentimientos. La guerra les llevará a reencontrarse y a que surjan no pocos de los sentimientos de antaño entre los dos hombres. La narración de la historia de esa amistad conduce también a afrontar unos hechos de la propia guerra civil, en concreto un momento de la misma y un espacio, Belchite, uno de los lugares donde la confrontación fue más cruda y la cotidianidad devino áspera, desagradable, corrosiva. 

Hablamos de una novela que cose de un modo sutil varios tiempos narrativos, unos se explican por los otros, se vinculan entre sí, al fin y al cabo el pasado sigue presente, afirma en un momento dado el narrador, como si el tiempo fuera acumulativo, con todo el daño y el dolor que reporta el recuerdo, con la tentación del olvido ante un tiempo resbaladizo. Aunque tal vez lo que es resbaladizo sea la vida. 

Por lo demás, no hay en la mirada del narrador ningún atisbo de heroicidad respecto a la guerra, incluso la contempla como un lugar ilusorio donde se dirimen los rencores. No cabe la lealtad absoluta, siempre hay resquicio para la duda. Ante el horror de la guerra, se acude a la humanidad, a un sentimiento de solidaridad básico en el que no caben los grandes ideales, sino la cercanía. Sólo así se explica que la proximidad devenga la forma de resistirse a los infortunios de un conflicto que, en efecto, no tiene nada de heroico, sí en cambio de gestos cotidianos de generosidad y comprensión mutuos.También de horror. De este modo, la referencia constante a varios grabados de Goya, los de la serie que el pintor reunió bajo el título de los desastres de la guerra, cobra pleno sentido.

El resultado es una novela intimista, precisa en sus descripciones y en los tiempos. El lector asistirá a la evolución de los personajes con los que sin duda se identificará, los sentirá próximos. Es justo esa actitud humana lo que será determinante para considerarlos en toda su amplitud, los que les volverá cercanos, sensibles. La compasión se convierte en este sentido en un sentimiento positivo, básico. A partir de él se estrechan los lazos y las solidaridades.

Luis Salvago consigue desplegar un mapa temporal afinado gracias al cual vamos intuyendo unos hechos y unos gestos, los contemplamos por medio de un lenguaje preciso, atinado, sin necesidad de juzgarlos, ni siquiera de justificarlos, sino comprendiéndolos como paso previo a asimilar la realidad de los mismos. Por otro lado, el autor logra transmitir una atmósfera sombría, sin que nos lleguemos a asfixiar, sin embargo.

El resultado es una novela que se convierte a su vez en un retablo minucioso de la guerra y de la vida que, pese a todo, persiste tras los horrores de lo cotidiano, un testimonio de humanismo y sensibilidad, descrito todo ello con una intensa prolijidad literaria.

Reseña literaria (Juan A. Herdi)

Aroa Moreno Durán

Ana Jarén (Ilustradora)

Almudena. Una biografía

Lumen. 2024

Nos dice Aroa Moreno Durán que «el argumento de buena parte de la literatura no es más que un regreso a casa, al origen, sea este geográfico o sentimental». Tiene toda la razón porque la literatura forma parte de la experiencia, es un espejo para el lector, pero también supone una manera de situarse en el mundo, en el tiempo, en la historia. Incluso los relatos más fantasiosos nos marcan nuestra posición en la vida. Y la vida contiene siempre los ecos del pasado. Lo escribió la propia Almudena Grandes en su último artículo citado en este libro, casi al final, un artículo publicado al día siguiente de su fallecimiento: «Cada vida es una consecuencia del lugar en el que se han barajado las historias generacionales y las fugas de los destinos».

Lo que nos propone Aroa Moreno Durán puede parecer en un primer momento unabiografía de Almudena Grandes, una autora a la que conoció, admiró y amó, que le ayudó en ese camino –oficio y disciplina– hacia la escritora que es hoy, por tanto, es un libro también sobre sí misma, una pequeña parcela en la vida de la autora, la lectora y la amiga, expuesta sin exhibicionismo, con mucha humildad y sencillez, con amistad y amor ilimitado, pero también es un libro sobre nosotros mismos, los que compartimoscon ambas escritoras un espacio, un país y un historia, que nos hemos dejado llevar porlos libros de Almudena Grandes que nos ayudan a comprender este nuestro tiempo en el que está tan insertado el pasado reciente. Trata al fin también de nosotros mismos, sus lectores, sus contemporáneos que nos contemplamos a través de la mirada de esta escritora, que entendemos muchas claves del presente gracias a sus libros.

No se trata por consiguiente de una biografía al uso, no es una recopilación de momentos individuales ni un compendio de datos, sino que se trata de una biografíapersonal y generacional, conocemos a una Almudena Grandes escritora y lectora, acompañada de la gente que compuso ese mapa emocional de un tiempo y una épocaque es el nuestro, en el que continúa el impacto de un ayer compuesto no sólo por hechos trascendentes o por heroicidades, sino sobre todo por actos cotidianos. 

Entre líneas, este libro es también una reflexión sobre la literatura, Aroa Moreno Durán nos lanza punzadas de teoría literaria, pero no de una manera sesuda, sino muy práctica. No hemos de olvidar, al fin y al cabo, que lo importante es que una novela impacte en el lector; una novela, como un poema, siempre será un buen texto si logra provocar emoción, recogimiento, si permite mantener ese diálogo que este artefacto que es un libro consigue despertar y que se enlaza con la vida. Luego vendrá la academia para explicar los entresijos del artefacto, pero esto ya es otra cosa.

Formidables son, por último, las ilustraciones de Ana Jarén, que no acompañan, sino que complementan el texto. Nos cuentan por otro medio lo que Aroa Moreno Durán nos relata. Un conjunto, en definitiva, que nos acerca todavía más a Almudena Grandes, y es una invitación a seguir ese diálogo a través de sus novelas.