La locura como género literario-Cecilio Olivero Muñoz

LA LOCURA COMO GÉNERO LITERARIO

 

 Las editoriales se frotan las manos cuando de hablar de locura se trata. Ya que la locura vende. Recordemos a locos en el mundo de la literatura como Antonin Artaud, o Jean Cocteau, Nietzsche y en España recordemos a Leopoldo María Panero.

No voy a decir la editorial a la que hago alusiones porque prefiero ser discreto, pero existen montones de editoriales, grandes y pequeñas que tienen en sus catálogos escritores locos, o con problemas de misantropía y otros trastornos significativos.

Se hacen justamente para vender antologías de locos, ya que existe demanda porque la sociedad está estigmatizada y los locos y los perdedores son un reflejo de la sociedad actual. Muchos escritores han sido trasmisores de la locura, en el caso de Leopoldo María Panero y su hermano Juan Luis y también el hermano menor Michi Panero (aunque no escribiera) han sido siempre los raritos. Y si no han sido raritos, han participado y se han confeccionado una máscara de locos que han utilizado para sobrevivir. En el cine grandes personajes que tras la muerte de Franco resucitaban a sus muertos y enarbolaban una sinceridad que no sé hasta qué punto pudiera ser sarcástica y ácida, a la vez que maleducada y carente de tacto.

La película en sí es El Desencanto de Jaime Chavarri, unos años después Ricardo Franco tomaría el relevo desde otro punto de vista, para hablar de los Panero.

En un mundo cada vez más estresante, con una vida difícil, a la vez que precaria y demasiado cara, es normal que la gente acuda a la consulta para exorcizar a sus demonios interiores. Muchos libros han sido superventas debido al gran e interesante mundo de cómo se vuelven locos los demás, y los lectores, que son receptores de un trasmisor que les ofrece ese tipo de material, adquieren libros sobre esta temática tan en boga hoy y que, con el tiempo y con altas dosis de rutina y tedio plomizo, comprobamos que la gente quiere verse reflejada en las experiencias personales, como también en biografías de grandes perdedores, tanto de escritores como de todo tipo de fauna enferma.

Lo llaman la literatura de la experiencia desde los años de posguerra en adelante. Y ya en los comienzos de una transición se creyó que la película El Desencanto traducía los grandes outsiders y los weirds como las verdaderas víctimas de la dictadura y todo el encorsetado país católico apostólico romano que reflejaba una especie de efecto secundario ante la figura de los Panero, creyendo no sé hasta qué punto eran éstos víctimas del régimen franquista.

Con desencanto o sin él, ahora, la más elemental de las tragedias es que mientras a los pobres les pasan los años, 1 de cada 10 personas en España está en tratamiento psiquiátrico o psicológico. La vida cada vez es más difícil. Eso no es nuevo. Pero los que se agazapan en la literatura adquieren un género literario apoyado en las enfermedades psíquicas y las fobias y las obsesiones de cada hijo de vecino.

Muchos escritores, sin estar locos, han tocado el tema de la locura. Recordemos a Kafka, a Dostoyevski o en España a Rosa Montero. La locura en esta vida al borde del abismo siempre vende y venderá. Y es porque tanto los locos como los que no lo son tienen una ventana que les ayuda y les consuela en un cliché estereotipado de loco o gente al margen de la “normalidad”, de puro malditismo también, y de mujeres y hombres que cruzan la frontera de la megalomanía errando por el subsuelo del interés del público lector, que los mira desde una cierta lejanía de la que prefieren no adentrarse demasiado.

 

Nevando en la Guinea presenta Monográfico a Mario Vargas Llosa

Mario Vargas LLosa

 

La noticia nos ha descorazonado a muchos, aun cuando fuese esperada. Su salud, sabíamos, se hallaba resquebrajada desde hacía tiempo. Pero quienes hemos pasado horas dedicadas a la lectura y relectura de sus obras –sus novelas, verdaderas obras maestras, sus artículos literarios, de ironía profunda muchos de ellos– no hemos podido menos que sentirnos de pronto algo huérfanos, desolados, tristes. Mario Vargas Llosa forma parte a todas luces de nuestras referencias literarias, un autor fundamental, imprescindible y al que admiramos y respetamos. El último, además, de aquel grupo genial que ha pasado a la historia de la literatura con el nombre, desacertado tal vez, de boom latinoamericano y que reconstruyeron lazos entre las diferentes literaturas en lengua castellana y también influyó en las letras españolas. Hubo en ese grupo literario una profusión enorme de estilos y formas, y quienes lo conformaban renovaron sin duda la literatura del continente americano y también la de España, reestableciendo el diálogo intercultural en las letras en español.

Con una vida intensa y una curiosidad inmensa por numerosas materias, autor disciplinado, tenaz y perseverante en su escritura, la obra de Vargas Llosa nos ofrece una visión de la realidad americana amplia y profunda. A través de sus páginas, somos testigos de un escenario social en los que contemplamos un sinfín de detalles, detalles que constituyen la intrahistoria de la vida social que vamos descubriendo a través de personajes curiosos, vehementes e impetuosos, fruto de esa pasión por la escritura del novelista. Pero además Vargas Llosa reflexionó sobre el propio hecho literario –La verdad de las mentiras, Historia secreta de una novela, El viaje a la ficción– y sobre otros escritores como Gustave Flaubert, Victor Hugo, Joanot Martorell o Rubén Darío. Fue a su vez un conversador formidable, y uno de estos diálogos se produjo en la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima, en septiembre de 1967, tras la invitaciónpor parte de los organizadores a Gabriel García Márquez, y con quien habló sobre la novela en América Latina y que se publicó mucho tiempo después en España con el título de Dos soledades. Ambos aportaron títulos que son claves para la literatura mundial.

Porque es por sus novelas por las que sin duda se le recordará, se le debería recordar, unos artefactos literarios correctísimos, cuidados, exactos. Al igual que Flaubert, Vargas Llosa corregía sus textos hasta la extenuación. Buscaba la fluidez. Por ello llevaba a cabo una tarea previa e intensa de documentación, para que todo cuadrara con precisión, contenido y forma. El resultado son novelas, cualquiera de las suyas lo logra, que atrapan. Incluso para el lector que no es latinoamericano, que ni siquiera ha estado en cualquiera de sus países, le permite vivir en el propio texto y reconocer un espacio físico, un territorio. Uno de los ejemplos de esta labor fue Conversación en la catedral(1969), tal vez la más icónica de sus novelas, la que consideraba él mismo su predilecta, aunque es difícil decantarse por una en concreto.

Reflexionó sobre la realidad. La política fue otra de sus preocupaciones. Se comprometió con lo político, desde joven, con una reflexión que le llevó a modificar su mirada. Aquí no entraremos en el tema, no es el lugar, ni tampoco tenemos que estar conformes con todas las opciones que adoptó. Al final nos quedamos con su obra, con sus novelas, sus ensayos y un sinfín de artículos sobre literatura y cultura. 

Seguiremos deleitándonos con la obra de Mario Vargas Llosa, con una maestría sin igual. Quien aún no lo haya leído tendrá la ocasión del descubrimiento y desde luego esuna buena escuela para quienes comienzan su labor literaria o simplemente se interesen por la creación.

A propósito de Alba Molina Montoya-por Cecilio Olivero Muñoz

Si tuviera que elegir un par de discos de Alba Molina, escogería Despasito y Nuevo día. Ambos son discos que le vienen como anillo al dedo, también los más sensatos. Todos sus discos me gustan. Unos más que otros. Pero su flamenco-fusión, cuando lo fusiona con pop-rock y algo de jazz, son muy buenos. No se le puede quitar mérito, el flamenco lo domina bien. Muy bien.

Canciones como Se alquilan años, o como, por ejemplo, Despacito son canciones que muestran su autenticidad. Ella lleva la fusión en las venas. Y todo lo que se diga acerca de su estilo y temple en su voz suave, nada chillona, ni tampoco superficial o lineal, tampoco empalagosa, es poco. Tiene algo que la hace precursora, si se me permite el término, y es en definitiva la fusión. Tiene la fuerza de sus progenitores. Pero con un sentimiento a flor de piel que la hace decantarse por otros caminos. 

Pero en sus discos encontrarán otra voz, otro estilo. 

Como anécdota diré que tiene energía suficiente, lo mismo para cantar, como la valentía suficiente de irse a hacer un bolo enferma. Y eso es de valorar y de agradecer. 

La canción 25pts. es pura poesía que nos llena de nostalgia. Pero su disco llamado 25 años resulta muy difícil, aunque ambicioso, mezcla géneros como el soul y el hip hop aflamencado, pues versiona a cantantes conocidos junto a sus propias composiciones. Pero es buen disco, aunque se echa de menos la fuente flamenca de la que en discos anteriores hizo alarde. Sinceramente, es un disco ambiguo entre el ámbito pop, el soul, el rap y el jazz. Me gusta su base flamenca, pero el jazz es un camino difícil y distinto aún más que el flamenco, ya que el flamenco es de compás binario y el jazz es puro swing e improvisación, tanto en la melodía, como en el swing, un ritmo que ofrece placer y en esa parcela también anda el flamenco. Aunque su trabajo tiene swing y fuerza jazzística, solo basta con escuchar Vida Nueva es un directo totalmente a piano, y es ahí donde innova. Recuerda a las grandes divas enamoradas del piano.

No seré yo el que le aconseje. Pero con lo enferma que estuvo en un concierto este año en Santa Coloma de Gramanet, hizo protagonista al público que la sigue en la red social como Instagram. Sabe cómo manejarse porque tiene tablas. Recuerdo un video en que recordaba su infancia junto a Camarón de la Isla. Ella ha vivido el flamenco en primera persona. Recuerda a su madre y versiona a su padre (gran poeta), a Federico y a otros. 

 

Es una precursora con una voz suave y sin cambios inoportunos. Y sin ambages, pues lo que más se valora de ella es la originalidad. No esperen en un concierto encontrar a Lole y Manuel, aunque los haya cantado y los seguirá cantando. Es una cantante distinta que sabe llevar el compás en una bulería como pocos, pero no la busquen en los recónditos rincones de la pureza flamenca. Lo suyo no es ni ser flamenco ni una dama del jazz, ella es fusión a raudales, y en eso está.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Edurne Portela y José Ovejero

Una belleza terrible

Galaxia Gutenberg

Vivieron a pesar de todo en el centro de la historia, aunque fueran minoritarios, despreciados, olvidados. Participaron en ella. Con pasión, siempre. A menudo con aciertos. Pero también con errores. Y con sacrificios enormes. Sus miradas en todo caso no estuvieron exentas de razón y de razones. Trotski y sus partidarios, apenas un puñado en medio de los movimientos de masas de la época, intentaron dar luz a un mundo mejor en un siglo intenso, repleto de peligros. Lo pagaron caro, con sufrimiento personal, con familias diezmadas, como la del propio Trotski. Pero qué duda cabe de que sus vidas resultaron apasionantes pese a todo. Hubo incluso entre ellos vidas rocambolescas, inauditas, incluso extravagantes. Como la de Raymond Molinier, que se extiende casi a lo largo de todo el siglo XX. 

Edurne Portela y José Ovejero quedaron atrapados por el personaje. Sus constantes cambios de guion durante su vida, su osadía para llevar a cabo sus planes, su compromiso firme, incluso a pesar de las circunstancias, no son para menos. Indagaron en una biografía que fascina, pero que también tuvo sus claroscuros, como todas las vidas por otro lado. 

Decidieron escribir su historia, que es también la Historia del siglo. Los dos juntos, a cuatro manos. Pero quisieron reflejar también aquellos aspectos más ocultos, los hechos que quedaron en penumbra, por la clandestinidad o porque no siempre es fácil conocer todos los aspectos de una vida ajena. Había que mostrar los debates, las encrucijadas, las dudas y los atrevimientos. También cómo se construyeron los afectos, los que creaban la militancia impetuosa, los de la confrontación ideológica con tantos encuentros y desencuentros. Los de los amores. Las relaciones amorosas no siempre fueron fáciles para los y las militantes, entre el peso de los valores imperantes y el nuevo mundo que se quería construir. Tampoco fueron fáciles los vínculos con hijos e hijas. No en vano optaban, no sin radicalidad y a veces con rabia, bien por seguir los pasos de sus progenitores bien por un rechazo absoluto hacia una militancia que se les había dejado sin padres, literal y metafóricamente.

El resultado es este libro que hubiera podido ser un ensayo, una biografía al uso, pero que ha resultado una novela. Porque la novela permite muchas veces conocer mejor la intrahistoria, sin duda. Claro que optan los autores por intercalar sus propios procesos de búsqueda y confrontación de las opciones posibles a la hora de avanzar en este artefacto que es la novela, donde no se trataba de inventar, sino de imaginar lo que quedaba en penumbra. Incluso no dudan en incorporar su propia cotidianidad, al fin y al cabo es la cotidianidad de Molinier y de quienes le acompañaron en su lucha, mujeres tan interesantes y apasionadas como el protagonista, lo que se nos está contando, porque la lucha revolucionaria fue también cotidiana, una vehemencia rutinaria, una manera de seguir adelante en medio del naufragio.

Quienes ya hayan pasado por la obra de los dos autores volverán a sentir esa quiebra emocional que provoca siempre su escritura. Una vez más, esta vez juntos, no dan tregua, el lector, al igual que los autores, deambularán por el relato y se conmoverán con lo narrado. Queda siempre un remusguillo de lo contado, a la vez dulce y amargo, una vez se acabe la lectura, no en vano su literatura es pura pasión. Para quienes no los conozcan, será todo un descubrimiento y una invitación a recorrer su obra. 

Buscando a Cervantes

Artículo sobre la obra pictórica de José Roberto Teixeira Leite- por Clemente Magalhäes Bastos

En la carrera del carioca Teixeira Leite Junior la pintura no surgió, como por arte de birlibirloque, de la noche a la mañana: fue, por el contrario, el desdoblamiento, una consecuencia natural de su formación profesional de designer. Pintor, pertenece a la familia de quienes, fieles a la lección de Cézanne, entienden la pintura como construcción, como un compromiso formal entre espacios positivos y negativos que dialogan, se complementan y se integran para generar, en la bidimensionalidad del cuadro, una estructura en la que nada se deja a la casualidad –o asume la apariencia de una forma orgánica, de un objeto o lo que sea. Para compensar ese rigor constructivo, que podría redundar, si se llevara al extremo, en una pintura demasiado cerebral, emplea una paleta multicolorida y de tonalidades vivísimas, gracias a la cual consigue realzar aquí un trecho de paisaje, allí una botella, más allá un instrumento musical. Pero no se engañen: los temas, para Teixeire Leite Junior, sólo sirven para disimular un trabajo antojadizo, responsable de la creación de puzles visuales capaces de seducir o fascinar al espectador más exigente, invitándolo a rehacer con los ojos laberintos de líneas que no obedecen a una única perspectiva, sino que, por el contrario, parten en todas las direcciones para generar espacios ambiguos en los que se funden y se confunden los planos, esto porque Teixeira Leite Junior sabe, al igual que Maurice Denis, que un cuadro, antes que ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana recubierta de colores dispuestos en un cierto orden. Incluso así, se puede detectar en el repertorio formal de Teixeira LeiteJunior la permanencia, en sus mesas de músico, en las figuras expuestas al aire libre o en interiores, así como en cualquier otra de sus composiciones, de ciertas constantes que en la práctica equivalen a una firma. Obsérvese, entre estas constantes que asumen casi la condición de símbolos, el florero, los suelos de ajedrez, capaces de crear en el espacio pictórico alternancias de fuerte impacto visual, y el perfil, al fondo, del Pão de Açucar, cuya forma, por evocar un seno de mujer, llevó al pintor y teórico francés AmedéeOzenfant a declarar Río de Janeiro una de las ciudades más femeninas del mundo.

Analicemos sin embargo de más cerca tres pinturas de Teixeira Leite Junior. En la primera, una mesa de músico (de hecho uno de sus temas favoritos), es posible detectar muy nítidas algunas de las principales cualidades de su hacer artístico. Se trata de una composición en que los diferentes planos, resueltos en áreas de color delimitados por líneas rectas, forman un suelo recubierto parcialmente por una alfombra de la que se eleva una mesa, viéndose sobre la misma una botella, algunos sobres y otros objetos; hacia la izquierda, el espacio pictórico se interrumpe súbitamente por una franja de ajedrez, de la que emerge un jarrón con cinco o seis flores escuálidas. Más al fondo –estilizados, descompuestos casi hasta la abstracción– se hallan una guitarra y un teclado de sintetizador, y en el último plano, como coronando toda la escena, el perfil inconfundible del Pão de Açucar. Es una obra que revela en su compleja estructuración hasta qué punto Teixeira Leite Junior privilegia los esquemas formales derivados del Cubismo y, en última instancia, del antes citado Paul Cezanne.

En la segunda pintura el personaje es una mujer que, en medio de una miríada de colores y de formas, a las cuales ni siquiera les falta el fondo, poco perceptible, del dorso del Pão de Açucar, está sentada a la mesa y busca equilibrar, con semblante melancólico o aburrido, las cinco o seis esferas pequeñas que va lanzando de manera alternada al aire, observada de lejos por lo que puede ser un sol. En cuanto a la tercera pintura, nos muestra igualmente un personaje femenino que, contra un fondo geométrico formado por rombos, y teniendo a su lado el inquebrantable florero y ante sí una botella, rasguea concentrada una guitarra.

28º Número de la revista literaria digital Nevando en la Guinea.pdf

Cinefilia por Cecilio Olivero Muñoz

LA SUSTANCIA 

Coralie Fargeat, 2024

 

La película trata sobre los efectos adversos y las consecuencias de adquirir un producto en el mercado. En un mercado totalmente clandestino.  El lema de la “sustancia” es: no lo olvides, las dos sois una.  A la vez que espanto, tiene una perversidad que la hace ácida y corrosiva ante los ojos del gran público. 

 

Una actriz en decadencia trabaja en un programa televisivo. Sufre en sus carnes los entresijos del Show, el uso a capricho de la gente, la manipulación tóxica de la televisión, el culto a la belleza a la que estamos sometidos y acostumbrados por no decir amaestrados. Es todo un compendio de metáforas, que cada uno escoja cuál habla de él. Sus consecuencias, el hecho de querer ridículamente ser más joven es una característica de este tiempo adoctrinado para y por la cirugía y el bisturí, hay que ser guapo a la fuerza, pero la belleza es efímera. Banaliza la vejez y degrada a las personas. 

 

Hacía años que no había visto una película tan potente como esta. No sólo es una metáfora de la vida moderna, sino que es una broma macabra con distintas lecturas.  

 

Muchas películas nos aburren por cómo empiezan y nos fascinan por cómo terminan. Y en otros aspectos nos gusta por cómo empiezan. Todo parte de que sigas leyendo. Que sigas hasta el final. “El final feliz” por antonomasia que toda película debe de tener, aunque en la vida real sea muy diferente el final feliz, ya que la vida termina mal. Muy mal. 

 

El cine además de magia puede ser un revulsivo. Algo que nos conmueva y que nos hable a nosotros mismos, tal vez, porque no somos tan distintos los unos de los otros. La literatura es una buena manera de cambiar las cosas de sitio en nuestro interior. También el cine se encarga de eso. 

 

Tiene mucho de literatura. Recuerda El Proceso y la Metamorfosis de Kafka. También recobra vida el Frankensteinmás innovador. Queda claro que ser un monstruo hoy en día es tan característico, que te acuestas como Joseph K. y te despiertas como Gregor Samsa. Todo resulta una efímera fama de la que no puedes escapar, hasta después de que algo que con los años y lo efímero de lo que somos, podamos llegar a ser.  Recuerda a lo kafkiano porque todo resulta absurdo a la vez que mórbido. Es también una alusión a varias películas convertidas ya en clásicos. 

 

El oropel de la fama televisiva y su hipocresía es tan revelador, que todo se queda en el mismo sitio donde empezó sin ningún atisbo de mejorar, al contrario, se empeora, y el hecho de no vivir la vida lleva al fracaso, cosa muy de moda actualmente.

 

La protagonista, Demi Moore, pretende así dejar o grabar con letras doradas su talento. Con un palmarés la película de cinco nominaciones a los Oscar y tras haber ganado un Globo de Oro es, sin duda, el regreso de una gran actriz. Con esta película se ha reabierto su carrera. La crítica y la prensa la alaban. Pero antes de la sustancia ya tenía una carrera pasada bastante consolidada, pero ahora se confirma su buena interpretación justamente en los primeros planos y en los grandes logros como actriz. También cabe destacar el gran trabajo tanto como de efectos especiales, como en maquillaje. 

 

Es también un guiño hacia el público cinéfilo al que no deja indiferente, debido a que es un planteamiento que abarca la drogadicción, la superficialidad de la vida moderna y televisiva. Nos habla de la degradación espontánea del ser humano. 

 

El público quedará fijo y sin habla al ver la película. Hay un guiño de complicidad enorme. Es sin duda el terror corporal más escalofriante y metafórico que se haya podido ver en años. Hacía tiempo que no escuchaba la frase: ¡matad al monstruo! Y ahora la he vuelto a oír gracias a esta carismática cinta. La directora y guionista Coralie Fargeat tiene mucho qué mostrarnos y hacernos comprender. 

 

La sustancia es una alegoría de 141 minutos, pero no quieres que se acabe. Es todo un halago, dado las películas malas que con nominaciones incluso han quedado relegadas al olvido.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ebbaba Hameida

Flores de Papel

Ediciones Península

Ni que decir tiene que la literatura es también una fuente de conocimiento de la realidad. Además, a menudo, se vuelve una exposición de una experiencia vital que el lector, cuando es sensible y atento, incorpora a su propio bagaje. Marx afirmaba que había aprendido mucho más de economía en las novelas de Émile Zola que en los tratados económicos de su época. De este modo, surge una literatura testimonial que no está reñida, ni debe por qué estarlo, con la calidad literaria, novelas que muestran una situación, que sacan a la luz lo que está oculto, a menudo tapado por capas de interesesestratégicos. 

Es el caso de esta novela de Ebbeba Hameida que comentamos, que además interpela a los lectores españoles por un conflicto que afecta a España, el del Sahara Occidental, un territorio situado al oeste del Magreb y que fue la provincia 53 de España. En 1976, un momento de inestabilidad interior, en plena transición política, España abandona la zona y Marruecos y Mauritania la ocupan, desoyendo las peticiones de la ONU, que desde 1965 clamaba por la descolonización del Sahara Occidental y por la celebración de un referéndum de autodeterminación, a todas luces olvidado en los cajones más recónditos de las cancillerías internacionales. Hoy el conflicto enfrenta a los habitantes de este país con Marruecos, después de que Mauritania abandonara su zona.

Ebbaba Hameida conoce bien aquello sobre lo que escribe. Ella misma nació en los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Forma parte de los saharauis de la diáspora, que viven en otros países, en su inicio con una pretensión de provisionalidad que, por desgracia, tiende a la permanencia. Ejerce el periodismo por la necesidad de contar y de contarse. 

Esta novela nos muestra tres generaciones de mujeres que viven directamente un conflicto hiriente. La abuela, Laila, su hija, Naima, y la nieta, Aisha, son testigos de tres momentos importantes de los últimos lustros. Laila asiste a los últimos años de presencia española y a lo que vendrá después. Naima se compromete con un proceso de lucha y participa en la retaguardia del conflicto, tan importante para mantener la resistencia. Aisha, por su parte, la más joven, vive el desarraigo de la emigración en Europa y la toma de conciencia desde el exterior de sus propios vínculos. 

Las tres mujeres proyectan sus miradas hacia lo que les rodea, se cuentan lo que ven. No son neutrales, la propia novela no lo es, pero no cae en lo panfletario, en lo fácil,sino en la comprensión de unas vidas que forman parte además de ese mapa emocional que une a todas las personas, cualesquiera que sean sus culturas particulares. El texto avanza en un tono sosegado, aunque a veces desgarra lo que se cuenta, hay momentos crudos. Pero también de esperanza, aun cuando la esperanza se confronta a menudo con una realidad poco amable que produce el efecto contrario, la desesperanza, incluso la desesperación. 

La novela es por tanto una invitación a conocer esa cultura tan ligada al fin a nuestro propio pasado, la de unas personas que hasta hace bien poco formaban parta de un mapa común y que no deberían ser olvidados. Mucho menos abandonados otra vez.

Damilola Shobowale por Cecilio Olivero Muñoz

LA INNOVACIÓN DE DAMILOLA SHOBOWALE

 

Omo iya mi

La Inteligencia Artificial puede incidir en el arte al volver accesible el arte gráfico a un público más amplio. Pero esto no es nuevo. Lo nuevo es que el apropiacionismo es la base del arte moderno, por no decir actual.  

En literatura es absurdo crear a través de la Inteligencia Artificial, pero en el arte plástico y digital es un recurso bastante utilizado.

Estamos creando funcionalidades a partir del arte digital, y este ha llegado a un punto de decadencia creativa, ya que no se crea desde lo verdaderamente artístico, se crea desde la inteligencia artificial porque el arte, y en esto incluyo el criptoarte, es ya un logro que económicamente ya es demasiado caro. 

Las redes sociales como Pinterest han llevado el arte en píxeles al alcance del público. En Pinterest puedes encontrar desde afrofuturismo hasta criptoarte, desde dadaísmo hasta cubismo. Pero existen los derechos de autor, algo importante que nos aleja del pirateo, aunque puedas descargarte las imágenes que quieras. 

Ahora el arte se está decantando por la IA como base creativa, pero esto no es nuevo hoy por hoy. El arte pictórico ha evolucionado y revolucionado el concepto artístico. La fotografía se ha convertido en conversacional y ha adaptado el término de Posfotografía. 

Cuando encontré por casualidad la obra Omo iya mi, de la pintora nigeriana Damilola Shobowale, que expongo en esta publicación, me dije, el nuevo paradigma posmoderno también ha repercutido en la África más talentosa. Sin duda África tiene mucho que decir en el arte moderno actual o posmodernismo tardío. 

Hablando con Damilola, ella me dijo que esta obra significaba la consolidación en las relaciones entre las hermanas de la misma madre pero de distinto padre. Simboliza, me dijo, el parentesco y consolidación de las familias. Es la llamada de la sangre. Pero yo he visto en ella arte, por ejemplo, al usar imágenes parcialmente pixeladas y conjugar el juego mundialmente conocido como Tetris con todo lo que representa la consolidación parental, aunque también reivindica su identidad, en este caso africano. Es parte, sin lugar a dudas, del afrofuturismo. Sería pretencioso por mi parte hacer analogías con otras pintoras famosas. Aunque ella es totalmente innovadora, no cabe duda que llegará lejos. Pues ya expone en Nueva York y en distintos países. Tiene su innovadora manera de crear, utilizando recursos como estampados textiles e imágenes siempre africanas, una reivindicación totalmente combativa, sin parecerse a nadie.

Por eso creo en su innovación artística. Tiene un talento que te deja helado. Su arte tiene una connotación increíblemente inteligente y es un concepto paradigmático que apela por el futuro del arte africano. Descubran a Damilola, su obra llamada en yoruba Omo Iya Mi, que significa el hijo de mi madre en castellano, posee una concepción singular y una religiosidad, que debido al colonialismo y  la esclavitud, es conocidísimo, entre otros, en lugares como Brasil, como Cuba, en Haití.

Me alegra haberla encontrado. Su arte pictórico tiene mucho que decir. Hay una creatividad generosa, una nueva mirada que sin duda hará conocido el arte nigeriano.

Translated into english:

THE INNOVATION OF DAMILOLA SHOBOWALE

Artificial Intelligence can impact art by making graphic art accessible to a broader audience. But this is not new. What is new is that appropriationism is the basis of modern, if not current, art. In literature it is absurd to create through Artificial Intelligence, but in plastic and digital art it is a widely used resource. We are creating functionalities from digital art, and this has reached a point of creative decline, since it is not created from what is truly artistic, it is created from artificial intelligence because art, and in this I include crypto art, is already an achievement that is already too expensive economically. Social networks like Pinterest have brought pixel art to the public’s reach. On Pinterest you can find everything from Afrofuturism to cryptoart, from Dadaism to Cubism. But there is copyright, something important that keeps us away from piracy, even though you can download the images you want. Now art is opting for AI as a creative basis, but this is not new today. Pictorial art has evolved and revolutionized the artistic concept. Photography has become conversational and has adapted the term Postphotography. When I accidentally found the work Omo iya mi, by the Nigerian painter Damilola Shobowale, which I exhibit in this publication, I told myself, the new postmodern paradigm has also had an impact on the most talented Africa. Without a doubt, Africa has a lot to say in current modern art or late postmodernism.

Speaking with Damilola, she told me that this work meant the consolidation of the relationships between the sisters of the same mother but a different father. It symbolizes, he told me, the kinship and consolidation of families. It is the call of the blood. But I have seen art in it, for example, by using partially pixelated images and combining the game known worldwide as Tetris with everything that represents parental consolidation, although it also claims its identity, in this case African. It is, without a doubt, part of Afrofuturism. It would be pretentious of me to make analogies with other famous painters. Although she is totally innovative, there is no doubt that she will go far. Well, he already exhibits in New York and in different countries. He has his innovative way of creating, using resources such as textile prints and always African images, a totally combative claim, without looking like anyone else.

That’s why I believe in its artistic innovation. He has a talent that leaves you cold. His art has an incredibly intelligent connotation and is a paradigmatic concept that calls for the future of African art. Discover Damilola, his work called in Yoruba Omo Iya Mi, which means my mother’s son in Spanish, has a unique conception and religiosity, which, due to colonialism and slavery, is very well known, among others, in places like Brazil, like Cuba, in Haiti.

I’m glad I found it. His pictorial art has a lot to say. There is a generous creativity, a new look that will undoubtedly make Nigerian art known.