Olivero y Duquende: un flamenco actual pero distinto (Casimiro Oquedo Medrado)

El uno nos viene de Austria nada menos,  el otro, de Sabadell nada menos, y están haciendo un flamenco puro fusionando lo justito, ya que estamos hablando de Flamenco, patrimonio de la humanidad reconocido por la UNESCO. He buscado al guitarrista por Internet y es todo un misterio, el porqué se llama Olivero, y de qué parte de Austria viene. He visto su página en Facebook, y ya tiene más de nueve mil seguidores. Su guitarra suena a flamenco aunque con un aire distinto, renovador, se podría decir. He escuchado por Spotify sus tres singles y es un aire que le hacía falta a este flamenco último, eso después del descalabro de Rosalía y El Niño De Elche, aunque considero que es un giro de tuerca hacia el flamenco necesario, lo de Rosalía es un fiasco, pues se ha convertido en música latina, tipo Shakira o otra pop star de tantas que hay, con respecto al Niño de Elche se puede elogiar su valentía en darle al flamenco otro color, lo que no es factible politizarlo. Pero ahora hay que hablar de Duquende, este cantaor, con voz prodigiosa, fue coronado por Camarón de la Isla, nada menos, como su sucesor, o si no su sucesor, elogió su talento grandioso y con gran duende, es decir, que le viene el nombre que ni pintado. Duquende es de Sabadell, y lleva el flamenco en la sangre y no es la primera ni la última que graba un disco. Tiene Duquende discos apoteósicos con fantásticas guitarras como Tomatito, incluso con Manzanita, ya fallecido. Pero hay que decir que ha recorrido el mundo como cantaor de primera fila de Paco de Lucía, pero el maestro Duquende se merecía encontrar un guitarra al toque como Olivero, con un estilo propio y único. Sin duda, era la pieza que le faltaba al Flamenco de siempre, es decir, al flamenco por antonomasia. Busquen en Google tanto a Duquende y a Olivero y escuchen su mezcla que promete buen flamenco para el aficionado exigente. Para el aficionado ortodoxo también, dejémonos de monsergas y etiquetas, el flamenco es como la poesía, de acero inoxidable. Se adapta a cualquier música, género, instrumento o lo que se ponga. Es música parida como los antiguos gitanos la crearon cantando así cuando remaban en galeras sus cantes al ritmo de cada empalada. Cuando en fiesta se bailaba y se cantaba por bulerías, ya sea en Andalucía o en el Somorrostro barcelonés (ya desaparecido). Son músicas únicas, como el jazz, el country, el blues, el soul, y otras vertientes musicales. No estamos descubriendo América, esto del Flamenco debe de ser como ha sido siempre, dentro de la experimentación y del hecho de crear bajo influencias nuevas, el flamenco está abierto a todo tipo de corriente. Pero escuchen a Olivero y Duquende. Músicos interesantes donde los haya. Ya pasaron para Duquende los tiempos que al toque tenía a los hermanos Cañizares o también Chicuelo. Recuerden: tres singles para abrir boca. Uno se titula Viento de Estepa, el otro Bendito el Amor, y por último Castillo de Cristal. Todo cabe esperar que grabaran un disco, de momento la acogida va siendo buena. En el panorama Flamenco están surgiendo nuevos cantaores como Israel Fernández, o Sandra Carrasco, o Naike Ponce, el músico Lin Cortés con su éxito Novia Moderna, hacen un flamenco fusionado con pop del momento con un toque aterciopelado de rumba y ecos árabes, un cantaor de éxito en el mundo flamenco Antonio Reyes con canciones ya casi olvidadas como Alameda, del grupo de rock andaluz Alameda. 

Reflexiones de una ondjundju-cuando muere una anciana-Juliana Mbengono

LA BIBLIOTECA SE QUEMA CUANDO SE MUERE UNA ANCIANA

A diferencia de lo que ocurre en la película animada “Kirikou y la bruja” y en otros cuentos, la que me contaba historias por la noche, antes de quedarme dormida, al lado de una fogata era mi tía o mi mamá. En el caso de Anita y Melibea, eran sus abuelas, y quien quiera seguir investigando, descubrirá que en realidad las bibliotecas son más mujeres que hombres o que hay más bibliotecarias que bibliotecarios. Por lo tanto, cambiemos la cita “En África, cuando muere una anciana arde una biblioteca”.

Esto no tiene nada que ver con la lucha feminista por la igualdad en el lenguaje. Esto no tiene nada que ver con que se deba decir niñez en vez de niños. Mi mente todavía se preocupa por cosas más puntuales como la comida de mañana y la factura de ayer, todavía no alcanzo el escalón en el que se pelea por demostrar la contribución del lenguaje masculinizado a la misoginia.

Con esto no quiero decir que los ancianos-hombres no sean bibliotecas. Ellos instruyen a los muchachos para la caza, la guerra, la carpintería y otras habilidades; pero la biblioteca parlante que tenemos encima en todo momento se llama abuela, mamá o tía.

Los hombres instruyen desde la casa de la palabra, la casa de la palabra es el parlamento-recreativo de los hombres. Ahí no hay espacio para niños y mujeres, a no ser que hayan sido convocados por un caso concreto. La caza masculina y la pesca masculina son actividades medio solitarias.

En cambio, las mujeres andan siempre en grandes grupos acompañadas de niños (como usted habrá observado, no he dicho que las mujeres anden acompañadas de niños y niñas, con niños me basta. Esto no tiene nada que ver con alguna lucha, es sólo una aclaración), las mujeres se van al rio a lavar y charlar entre niños, las mujeres se van de pesca con las niñas, las mujeres trabajan en casa rodeadas de niños, las mujeres comen en la cocina con los niños. Las mujeres siempre están con los niños, por eso son ellas las bibliotecas. Cuando se muere una mujer, arde una biblioteca. María Angué era una biblioteca, ella contaba cuentos y escribió poemas y una novela.

Sinceramente, cuando quiera que usted visite un país africano; y si es africano, cuando quiera que visite su pueblo, si de verdad encuentra a un anciano varón rodeado de niños sentados alrededor de una fogata o bajo un árbol, si no es un ritual de buti o manganga, dese prisa en fotografiar el momento, podría ser lo más exótico que vea; más exótico que un elefante albino o un cerdo de cuatro patas de pie con una sola pata.

Era mi tía la que nos reunía después de comer y nos contaba las aventuras de “Beme y Ovulá” o la historia de la calavera parlante, era ella quien nos ayudaba a encontrar la moraleja en cada historia. Era mi tía la que me explicaba cómo hacer lo uno o lo otro, como resolver esto o aquello… En el caso de otros, la abuela fue quien le enseñó cómo lavar y cómo comportarse en público.

Esto no quiere decir que los abuelos varones no tengan nada que ver en la educación de los niños, falso. Hasta los hermanitos y los hijos tienen mucho que ver en la educación de uno. La más pequeña de mis hermanitos siempre hace preguntas retóricas para corregir o educar, con sólo tres años le preguntó a nuestra madre si a ella le gustaba mucho el sol al ver que mamá estaba trabajando bajo sol habiendo otros sitios con sombra.

Cualquiera que vea a otro haciendo algo mal puede corregirle o guiarle. Cuando alguien viene a nosotros buscando ayuda para hacer algo, si no sabemos hacerlo, por lo menos intentaremos ayudarle a averiguar cómo hacerlo. Pero quienes siempre están ahí contando historias, corrigiendo y comiéndonos la oreja son las mamás, las abuelas, las hermanas mayores, las tías, etc. Son las mujeres las que hablan mucho y son conocidas por ello.

Las mujeres son la sabiduría en la sombra, las que se encargan de educar a los niños varones que serán los ancianos varones que demostrarán sabiduría resolviendo conflictos en el abaha. Las mujeres son la inteligencia en la sombra que aconseja a los hombres por las noches para que ellos puedan tener ideas y argumentos al discutir con otros en el abaha. Las mujeres son las institutrices que preparan a las niñas para que sean futuras mujeres de provecho para la sociedad.

Ya existe una cita que dice que “Quien educa a un hombre educa a una persona, pero quien educa a una mujer educa a una nación”. Esta última cita es la más cierta, porque las mujeres son las mayores bibliotecas humanas que transmiten conocimiento hablando. Cuando se muere una anciana, arde una biblioteca, un museo, un patrimonio de todos.

Reflexiones de una ondjundju-Ser negro-Juliana Mbengono

Ser negro es un problema en África como en Europa

Es difícil mirar hacia otro lado cuando ocurre algo que tarde o temprano llegará a nuestras vidas con mayor impacto. Algo que nos afectará porque somos seres humanos como aquellos que lo sufren mientras nosotros sólo lo escuchamos como una historia lejana.

Cuando se habla de igualdad de derechos, es normal que lo primero que se nos venga a la cabeza sea la imagen de una mujer maltratada por su pareja o discriminada en el trabajo. A no ser que estemos en un contexto particular, será difícil pensar en un hombre que pierde un puesto de secretario porque es hombre y quizás debería aspirar a director adjunto. Lo mismo pasa con la raza negra cuando se habla de racismo.

Al hablar de personas negras como víctimas del racismo, desde África también señalamos a Europa y a América como los verdugos, y no es porque queramos convertirlos en chivos expiatorios. Nos indignan las historias de los hermanos que viven en las calles de las metrópolis jugando al policía ladrón; y las de aquellos que, tras perder todos sus ahorros en el intento, acaban perdiendo la vida en los mares que nos separan.

Teniendo en cuenta que la esclavitud nos hizo sentirnos discriminados en nuestra propia tierra, Sudáfrica sigue siendo un reflejo por las secuelas del apartheid, es lógico que algunos crean que cualquier africano puede contar su propia experiencia sobre cómo fue discriminado por un blanco.

Creo que estaremos de acuerdo en que, al hablar de racismo, es más fácil pensar en un negro rodeado de gente blanca. Es el contexto en el que las muestras de racismo se ven con mayor claridad porque el hecho de ser negro queda muy resaltado; intentar ocultarlo sería como intentar que un estampado de tinta azul en una lámina blanca de papel no se resalte.

Aunque no nos lo creamos, los africanos y los negros de otras partes también hemos interiorizado el racismo. Y lo hemos interiorizado tanto que los mestizos se sienten más negros que blancos. Me quedo muda cuando un mulato me explica que esperaba sentirse más integrado en África porque él también es negro, porque él no es blanco. Un mulato se siente más negro que mulato, independientemente de cuál de sus progenitores sea de una raza o de la otra. 

La actitud de muchos mulatos a la hora de definirse, deja claro que ellos han puesto a la raza blanca en un pedestal. Es como si la sangre blanca, que al fin y al cabo es sangre y sólo sangre, está en su estado más puro. Que, si se mezcla con otra, deja de ser sangre blanca. Aunque en África los mulatos no sean considerados como negros por sus hermanos, estos tampoco les llaman blancos: son personas mulatas, mestizos, una hermosa mezcla de sangre negra y blanca, son negros y son blancos, no son blancos ni son negros, lo son todo y no son nada. Si a un mestizo le llaman blanco en África, a menudo, lejos de su color, la razón estará en su actitud, en su comportamiento y sus gustos. 

¿Por qué no aceptar la diversidad y disfrutar de ella? ¿Disfrutaríamos más de la vida si sólo pudiésemos comer maíz o carne de pollo? Incluso los mangos y las papayas tienen diferentes variedades.  Buscamos variedad en la comida, en la bebida, en la ropa, en las flores, en todo… pero cuando encontramos esa diversidad en los seres humanos la rechazamos. ¡Es absurdo! Por más raro que parezca, muchas de las miserias que viven los negros como “inmigrantes” en Europa y América, son las mismas que viven bajo la etiqueta de “extranjeros” en sus países vecinos. En el extranjero, dentro de su propio continente, son los indocumentados a los que se exige los papeles y son perseguidos en la calle por la policía. 

Un negro africano con puesto de director en alguna empresa de otro país africano puede ser visto como un invasor, como un ladrón astuto que ha venido a robarle el puesto a un hermano y al que se debe sacar de ahí; mientras que un blanco en el mismo puesto siempre es visto como el intelectual superdotado que guiará y liderará a la empresa hacia el éxito. Quizás, de manera subconsciente, todo esto esté motivado por el nivel de estudios y experiencia que creemos que tiene uno u otro; pero, al fin y al cabo, nos estamos discriminando a nosotros mismo al rechazar a otro por ser como nosotros.

Quien siempre ha vivido en su país de nacimiento difícilmente contará una experiencia personal sobre racismo. Pero por lo que cuentan los hermanos que han viajado fuera del continente y la realidad que viven otros extranjeros del mismo continente, todos sabemos que ser un negro africano no es fácil fuera de tu país de origen. Y el colmo es que tampoco lo está siendo dentro de nuestros países porque los militares son capaces de abrir fuego contra los ciudadanos y en cualquier momento los niños pueden ser atacados en la escuela.

Elmyr de Hory como Pinocho-Eleine Etxarte

Elmyr de Hory como Pinocho

                        Eleine Etxarte

No dudo de que Elmyr pusiera en jaque al mundo del arte y que, como él decía, siempre fue inocente, una inocencia que me recuerda a la del muñeco de madera, así como Legros al zorro y Lessard al gato del cuento. Ambos, marchantes estafadores, sacaron una buena tajada del falsificador-imitador Elmyr. El afirmaba que no conocía el destino de sus cuadros, nunca los firmó.

Pinocho, como Elmyr, era tan inocente que no sabía distinguir entre el bien y el mal.

Elmyr colocó más de 1000 de sus cuadros en los mejores museos y colecciones del mundo; Pinocho, también aconsejado por el zorro y el gato, sembró sus monedas en el monte mágico.

Pobre Elmyr, él no tuvo un Pepito Grillo que le fuera aconsejando en los momentos más delicados y no me refiero a su trabajo como gran imitador o falsificador, sino a su propensión a no prestar atención a sus finanzas, que otros manejaban a su antojo. 

Hizo ganar mucho dinero al selecto grupo que siempre lo rodeaba, aristócratas, pintores, escultores, actores y directores de cine, críticos, expertos, marchantes, ricos coleccionistas, embaucadores, farsantes, escritores, aduladores, gente ansiosa por hacerse su hueco en ese infinito que es el espacio que ocupa el arte, tan grande, donde todo el mundo se conoce pero no se reconoce, un mundo peligroso, profundamente inestable.

No puedo evitar mencionar el aprecio que siento por Elmyr. Después de visionar “F for Fake” de Orson Welles, donde otros analizan la figura del falsificador, y “Elmyr, the true history”, él en su mismisidad, entiendo a este personaje moldeado por sus circunstancias: su homosexualidad, la etapa de refugiado húngaro, la captura por los Gestapo y su fuga después de la tortura junto con su profundo amor por la dolce vita. 

Una personalidad también falsificada con un auténtico don que le llevó al suicidio en su casa de Ibiza en 1976.

Pienso en la Paradoja del Mentiroso. Sabemos que cuando Pinocho miente su nariz crece. Pero si Pinocho afirma que su nariz crecerá y no lo hace, estaría mintiendo. Entonces, está debería crecer. Y de nuevo, si resulta que crece, está diciendo la verdad y no debería hacerlo. ¿Qué pasaría entonces?

En fin, el gran pintor falsificador tenía una nariz pequeña y respingona y nunca creció como la del muñeco de madera pero no dejo de pensar en la siguiente escena: Inauguración de su nueva casa en Nueva York.

Invitados: Zsa Zsa Gabor, Anita Loos, Lana Turner y d`Harnoncort, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Elmyr, la gran atracción, preside la mesa que es redonda, tiene a su derecha a Zsa Zsa , a la izquierda está Anita, junto a esta se encuentra Lana y cierra este selecto círculo de señor d´Harnoncort.

La mesa está muy bien abastecida y hermosamente decorada, el refinado centro ocupado por las flores más primorosas perfuma el banquete.

El pintor no para de hablar sobre las obras de Matisse y Picasso que poseía su aristocrática familia y que él se vio obligado a vender. Sus comensales muestran su interés afirmando con la cabeza, es en ese mismo instante cuando la nariz de Elmyr comienza a crecer, primero alcanza una copa hermosamente trabajada y después tira la botella de Mouton-Rothschid cosecha de 1929, seguido y sin parar de aumentar quedó enredada en el hermoso centro de flores.

No voy a contar como continúa la escena, es fácil imaginar el asombro de sus distinguidos comensales, pero esta sería otra historia. 

El español en Guinea Ecuatorial-Mbá Oná Bindang

PREGUNTAR, RESPONDER Y ENTENDER UNA RESPUESTA DE MANERA ADECUADA: EL ESPAÑOL EN GUINEA ECUATORIAL

Por Mbá Oná Bindang

La lengua, como herramienta de manifestación de sentimientos, ideas y opiniones está determinada por la cultura, mientras ésta última supone el resultado de la adaptación al entorno y a las circunstancias socio históricas del mismo. Este modesto artículo supone un intento de visibilizar lo fascinante de la diversidad lingüística, así como explicar las condiciones que crean las mismas. El artículo hace uso del mito: el guineano no responde a lo que le preguntan para hacer más inteligible toda esta cuestión.  

En general, pensamos de acuerdo a las predisposiciones conformadas en nuestra mente a causa de la adaptación a los estímulos derivados de las circunstancias sociohistóricas y culturales que definen nuestro entorno. Así, todo aquél que maneje inicialmente una lengua materna se ve, de cierta manera, condicionado y determinado por ella a la hora de expresarse en alguna lengua extranjera. 

En este artículo tratamos, en general, de la dificultad de compaginar una lengua materna con una extranjera, comenzando por demostrar la distinción en la génesis del Marco Lingüística africano con respecto a cualquier lengua extranjera, la presentación de ejemplos prácticos que reflejen mejor dicha realidad para, al final ofrecer ciertas conclusiones así como algunas recomendaciones.

Hemos de saber a priori que, la gente se expresa como vive y lo que vive. Pues no resultaría extraño que la manera en que piensa y vive un individuo se manifieste en su expresión y que todo lo ajeno a su realidad es, por tanto, igualmente ajeno a su expresión. 

Al hombre africano puro (aquél que creó nuestras lenguas maternas) le definían valores específicos como la solidaridad, honestidad, hospitalidad, hermandad entre otros de la misma índole y éstos se reflejaban igualmente en su expresión. Y la pregunta sería la siguiente: ¿Cómo se manifiesta la hospitalidad en la expresión? Esta pregunta es muy difícil para los guineanos actuales, si se tiene en cuenta que ya no conservamos -al menos no con la misma intensidad- los valores antes mencionados y se sabe que lo mismo pasaría con nuestra expresión. Sin embargo, para nuestros ancestros, ésta supone una de las preguntas más fáciles del mundo, en la medida en que, como a un huésped se le trata con toda la delicadeza del mundo; ahorrándole molestias y ofreciéndole todas las comodidades posibles, de la misma manera, un receptor ha de tratarle al emisor, entendiendo que éste último acude a él porque necesita de su amabilidad, solidaridad y hospitalidad. Pues con tan solo una pregunta -en los tiempos de nuestros ancestros- el receptor despejaba y respondía a todas las inquietudes potenciales sobre la cuestión y evitarle así el trabajo de seguir preguntando a quien inicialmente lo había hecho. Para un individuo ajeno a este marco de expresión se limitaría por decir: – éstos no responden a lo que les preguntan, mientras yo les diría: – pues vosotros no sois ni solidarios ni mucho menos hospitalarios con el lenguaje y eso dice bastante sobre cuál es la escala de valores de cada sistema cultural.

Como ejemplo práctica y por muy inverosímil que parezca, al guineano puedes preguntarle en español, pero no esperes que te responda como lo haría un español y aquello no tiene nada que ver con su nivel de instrucción o algún otro factor superficial, sino se trata de algo más profundo y trascendente, esto es, el conjunto de sus circunstancias.

Veamos algunos ejemplos:

Un señor español de sesenta años mantiene una breve conversación con el nieto de su amigo sería algo así:

¡Oye Toño! Exclama el señor Velázquez.

Dígame señor Velázquez. Responde el muchachito

¿está tu abuelo en casa?

No.

¿Podrías decirme dónde está?

Pues claro señor Velázquez.

¿Me indicas por favor?

El abuelo está justo en el bar que se encuentra detrás de usted.

Seguro que, para un español así es como ha de ser una conversación; responder a lo que te preguntan, dado que el señor ha hecho las preguntas adecuadas y el muchacho tan cortésmente se las ha respondido. Sin embargo, para un ecuatoguineano fang, esta comunicación parece muy seca y poco hospitalaria, si se tiene en cuenta que el pobre viejo (señor Velázquez) ha tenido que matarse en hacer tantas preguntas para que al final le diesen la información que desde el principio he necesitado; la ubicación de su amigo.

Para los fang, una conversación debe ser amena y satisfactoria para ambos interlocutores, si se tiene en cuenta que supone esta interacción la que nos hace humanos. Una conversación propiamente guineana fang sería así:

Aah muan Ndong, ¿ye muañang Ndong ane anda vaha? ¡Oye pequeño Ndong! ¿está el amigo Ndong en casa? Pregunta el señor Mbá.

A pupa Mbá, nvuyte ases anda, ane abaha ahayanefowa… oiga abuelo Mbá, amigo (mi abuelo) no está en casa; está en el abaha y precisamente le está esperando a usted.

En esta conversación, uno que no pertenece a este marco lingüístico diría que el muchacho sobre informa al pobre abuelo, sin embargo, para un guineano fang, este es EL TIPO IDEAL de las conversaciones, en la medida en que, el emisor (señor Mbá) queda satisfecho por el atendimiento, solidaridad y hospitalidad que ha mostrado el muchacho a través de la lengua, mientras el muchacho se siente igual de satisfecho por haberle servido de ayuda y ahorrado muchas molestias.

A modo de conclusión, hemos d considerar que cada individuo pregunta, responde e interpreta las respuestas de acuerdo a la realidad y circunstancias socio históricas y culturales que definen la cultura que condiciona, en última instancia su marco de expresión.

La gente pregunta, responde e interpreta las respuestas como piensa y de acuerdo a su sistema de valores.

El guineano sí que responde a lo que le preguntan, la cuestión es que lo hace a partir del marco lingüístico inherente a su naturaleza (un marco atento, solidario y hospitalario) que le ahorra esfuerzo y energía a aquel que ha preguntado.

Por ello, si queremos preguntar, responder e interpretar de manera adecuada, hemos de:

Utilizar el marco lingüístico de quien estés preguntando.

Responder a partir del marco lingüístico de quien te esté preguntado.

 interpretar la información recibida en el contexto del marco lingüístico de quien te pregunta.

Bibliografía:

Editorial McGraw-Hill/Interamericana de España

LAKOFF, Georg: No pienses en un elefante.

RITZER, George: Teoría Sociológica Clásica.

BOURDIEU, Pierre: Habitus.

Reflexiones de una ondjundju-La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una vendedora ambulante

Comenzamos una nueva sección que será fija en la web: Reflexiones de una Ondjundju. Pretendemos que sea una ventana abierta a Guinea Ecuatorial, uno de los pocos lugares de África en el que el castellano tiene una presencia real y hay ahora mismo un enorme dinamismo cultural.

Juliana Mbengono será quien nos ofrezca esta mirada sobre la cultura, la literatura y la sociedad ecuatoguineana. Sin duda con ella conoceremos todo un mundo que está por reconocer, se trata de romper prejuicios, intercambiar ideas, proyectos, sensaciones y aprender también de lo que nos ofrecen desde ese país, para muchos muy desconocido.

Nos encantaría que fuera una oportunidad poder relacionarnos de igual a igual con una cultura muy dinámica y una población sin duda deseosa de mostrar su realidad, en un diálogo que esperamos sea perenne y fructífero.

Pasen y lean.

La juventud africana no es un chico con un AK-47 ni una comerciante ambulante

Probablemente, al escuchar la palabra juventud recordaremos los años que pasamos en la universidad, pensaremos en moda y amigos o en un botellón.

Lo cierto es que, la palabra juventud puede llevarnos a un universo de ideas; de tal manera que, si me pidieran citar cinco rasgos de la juventud empezaría por citar la rebeldía, la curiosidad y el amor.

Al pensar en juventud africana, del modo especial en el que uno pensaría sobre cualquier tema relacionado a África, me doy cuenta de que difícilmente se situarían los estudios, el amor o la curiosidad por encima de la explotación y el hambre.

Un día encendí la tele y me sorprendió un anunció en el que una niña buena procuraba que los niños de África pudieran comer huevos… si ella supiera que los huevos son de lo más barato que hay por aquí. Pero bueno, algún adulto, seguro de conocer África como la palma de su mano, escribió el guión y otro la ayudó a cantarlo.

Seguramente, lo primero que se nos viene a la mente ahora que pensamos en juventud africana no es un grupo de estudiantes, ni un botellón. Ahora, la imagen es la de una chica escuálida de Somalia, en un intento de ser específicos, removiendo algo parecido a lodo en una olla carbonizada sobre una hoguera, mientras un bebé escuálido, que probablemente no come huevos a menudo, llora sobre el polvo. También es recurrente la imagen de un chico cargando un AK-47 o la de una niña cargando una bandeja de buñuelos llenos de moscas.

África nunca ha sido un lugar normal: si no es una selva paradisiaca que despierta el interés de reyes por cazar elefantes y leones, será una ciudad llena de niños comerciantes que no van a la escuela o el origen de los inmigrantes que tienen la esperanza de no morirse ahogados.

Toda esta palabrería se resumiría en que, pensar en los jóvenes de África resulta especial porque hablamos de los jóvenes de la referencia del tercer mundo por antonomasia. Quizás alguno estalle o entorne los ojos por estar cansado ya del temita de África porque, también, al pensar en jóvenes y niños camboyanos lo primero que se nos puede venir a la mente es la imagen de gente apiñada en chozas y niños cazando anacondas. Pero ahí está el caso, que Camboya no es todo un continente, y en África, cualquier poblado representa a todo el continente porque los medios quieren vender hechos sobre lugares exóticos.

Gracias a esa presentación de África como el paraíso infernal, que es más infernal para muchos de sus jóvenes; luchamos por alejarnos y emprender lejos de nuestros gobiernos; por cruzar el mar y ver si en el mismo horizonte al que llevaron a nuestros antepasados en contra de su voluntad seremos más felices añorando el calor de los nuestros mientras jugamos a sobrevivir para poder enviar un poco de dinero a casa.

Miro a mi alrededor, podría deprimirme y quedarme a lamentar mi vida igual que un personaje de “La que se avecina”; pero también puedo enfrentarme a los retos que supone PARA TODO EL MUNDO salir adelante sin el apoyo de familiares, amigos y otros conocidos que nos pongan las cosas en bandejas de plata.

Aquí la situación es un tanto especial y no lo niego, la brecha tecnológica y educativa sigue existiendo; se diga lo que se diga. Por ejemplo, en mi país no existen fibras ópticas de 20€ al mes, pero sí existen puntos remotos desde los que se puede acceder gratuitamente a internet con el riesgo de que algún ratero te quite el celular a punta de cuchillo, ya que difícilmente te lo quintaran a punta de pistola; pues, aunque no lo parezca, cualquiera no consigue tener una pistola por aquí.

Aun con todo lo que nos llevarían a pensar en la juventud africana como un grupo especialmente desgraciado y vulnerable, los jóvenes africanos encajaríamos perfectamente a nivel internacional. Pues, por el simple hecho de ser jóvenes ya compartimos muchísimas cosas.

No sólo colaboramos para traer el pan a casa, también nos encanta la moda, la diversión y estudiamos para tener títulos universitarios. Otra cosa es que sólo se visibilicen los extremos, sobre todo los miserables.

Si tenemos en cuenta que cada persona, por sus cualidades y condiciones, puede resultar un universo; nos resultará más fácil entender que los jóvenes africanos no somos todos iguales ni vivimos todos en las mismas condiciones.

Miro a mi alrededor y veo a compañeros de la universidad mirando las notas en los tablones de anuncios; en mi WhatsApp encuentro una felicitación de un amigo director de teatro y cine que hace poco resultó ganador en el proyecto

Tony Elumelu para jóvenes africanos emprendedores; ser joven africano no es sinónimo de embarazos precoces ni falta de educación. Como personas conscientes que poco a poco van ganando terreno en su batalla contra los estigmas, estereotipos y prejuicios, somos chicos y chicas que se trazan metas, que tienen un plan de vida.

Probablemente, uno de nuestros mayores problemas es nuestra mirada hacia el exterior. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, nos centramos tanto en lo que tiene occidente que los personajes de nuestras obras literarias, a menudo, toman té durante los atardeceres dorados al igual que los ingleses, cuando lo habitual y más parecido a tomar té verde por aquí es desayunar con una infusión de contrití.

la importancia de las humanidades (Cecilio Olivero Muñoz)

En este país, sin duda, hay muchas mentes brillantes, tenemos el ejemplo de Luis Antonio de Villena con su poesía, artículos y ensayos; tenemos a Antonio Escohotado con su opinión inteligente sobre drogas, aunque yo sea un renegado del hábito; también a Paul B. Preciado, con sus ensayos sobre sexualidad y transexualidad gonzo; a Vicente Luis Mora, con sus poemas y ensayos sobre literatura, y un largo etcétera. Digamos que la variedad de pensamiento es abundante. Y eso es un buen síntoma sobre la libertad para expresar su conocimiento en un país de políticos en total controversia constante, aunque en las apariencias. Uno de mis autores favoritos es Eloy Fernández Porta, no sólo por su humor irónico, satírico, ácido, sino porque es un excelente lector y un gran ensayista que nos aclara términos de nuestra época. Es sarcástico a veces, otras, agudo y perspicaz, otras, visionario y crítico, en fin, es un pensador en toda regla. En sus libros nos habla de alta y baja cultura, de amor en época capitalista, con referencias de cara a las emociones, la música, el cine, la vida exhibicionista, en realidad es todo un referente cultural y humanista en esta postmodernidad en la que tantas cosas quedaron atrás, en el blanco y negro de la filosofía.  Es la mente más lúcida en el panorama ensayístico. Su visión es paradigmática, difiere mucho de los escritores mencionados anteriormente,  aunque es un gran conocedor de diferentes ámbitos del mundo cultural visto desde la perspectiva de las humanidades, es un hiperbólico cuando hay que serlo dentro del razonamiento y del pensamiento crítico. Sus ensayos son un GIF que define nuestro mundo contemporáneo. Sus comparaciones, sus herramientas arguméntales, su gran conocimiento en todas las vertientes, nos habla de aspectos culturales y ejemplifica de manera magistral. 

Juan Marsé (In Memoriam)

La noticia de su muerte nos ha abrumado por tratarse sin lugar a dudas de uno de los mejores escritores en lengua castellana, aunque como manda el tópico, pero tópico cierto, nos queda su obra, una obra inmensa en la que la memoria, la ternura con los derrotados y una ciudad como trasfondo fueron sus piedras angulares. Pero además Juan Marsé representaba para muchos de nosotros un ideal de escritor, por completo ajeno en esta sociedad del espectáculo a las bambalinas que de tanto en tanto asoman con más fuerza que la propia literatura. Con él no pasaba, le importaba la literatura, tanto que experimentó y no quedó encasillado en una misma fórmula hasta la saciedad. Y esto no hay nada que lo pueda suplir. Experimentó incluso a sabiendas de que eso le podía suponer no poder publicar en tiempo de censuras, lo que le ocurrió con Si te dije que caí, consciente mientras la escribía de que no la podría publicar en España. Pero tuvo recursos: en su caso por amistad y por generación consiguió publicar en México, fuera de las zarpas de la censura oficial, institución nefasta donde las haya.

No en vano, Juan Marsé vivió en un tiempo y una ciudad en las que las dos orillas de lengua castellana se reencontraron de la mejor manera, sin invasiones ni guerras, sólo a través de la escritura, de la ficción, de una narrativa con garra. Tal vez tendríamos que incorporar al boom –qué malo la etiqueta, seguimos pensando muchos– a escritores, críticos y editores de este lado: Vázquez Montalbán, Gil de Biedma, Carlos Barral, Castellet, Gabriel Ferrater, el propio Juan Marsé, también por cercanía a este grupo de Barcelona, Juan García Hortelano, desde luego, no podemos desligar de Marsé al grupo de escritores que compartieron con él época, letras y en muchos casos amistad. Escritores latinoamericanos y españoles fueron en ese momento magníficos contadores de historias, escritores rigurosos con el lenguaje, recolectores de la memoria, creadores de personajes con una fuerza inmensa. Ni qué decir tiene que cuando hablamos de personajes literarios surge el Pijoaparte, pero no sólo existe este arquetipo ya de los barrios periféricos: en todas las novelas de este autor los personajes atrapan, tienen garra, entusiasman, emocionan.

Juan Marsé en su juventud

Pero además Juan Marsé consiguió convertir amplias zonas de Barcelona en un personaje más. El norte del barrio de Gracia, la Salut, el Guinardó o El Carmelo, la calle Legalidad, el Cottolengo, la plaza Rovira con cine incorporado, el bar Alaska o el Delicias, la calle Camelias, entre otros, aparecen en sus relatos, en sus aventis, de un modo tan visual que el lector, aun cuando no conozca estos rincones, los puede imaginar entre líneas. Tiene que ver sin duda con el realismo de su obra, que no quita del disfrute de su prosa, con ese juego de palabras o de tiempos verbales que le permitió construir siempre unos magníficos juguetes literarios.

Hemos perdido a uno de los grandes escritores. Pérez-Reverte lo ha calificado de clásico de las letras. Sin duda, con toda la razón. A todas luces, es uno de los escritores esenciales en muchos sentidos.