Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

How to be Normal

And the  oddness of the other world

Director: Florian Pochlatko, 2025

 

En el mundo de Pia todo ha cambiado tras su regreso a casa. Tras haber estado ingresada en un hospital psiquiátrico sus seres queridos esperan un cambio por su parte, ya que todo indica que es un hogar roto. A pesar de que Pia pretende llevar una vida normal, todo resulta casi imposible.

Los antiguos amigos y hasta su (antes) novio siempre le preguntan lo mismo: Pía, ¿va todo bien? En su pequeño mundo hay un estigma implacable como un tatuaje imborrable, y sus seres queridos tienen el vínculo afectivo hacia ella tocado y hundido.

Se acuesta con tipos que no son el ideal de amor que ella busca, pero para una noche de sexo le valen. Su vida ha cambiado de manera tan drástica que se replantea dejar la medicación y volver a ser aquella que era antes.

Cuando deja la medicación su vida se convierte en un caos, y hace cosas que perjudican más a su entorno familiar, aunque también tiene todo aquello que buscaba, pero Pia no está bien. Su familia pierde la esperanza antes depositada en ella al salir del psiquiátrico.

Siente nostalgia de un pasado idílico, puro, con un sol enorme que echa de menos y tras entrar en crisis comprende que ya no puede recuperarlo. Es esclava de la medicación psiquiátrica, y por ello la vida le obliga a regenerar todo aquello por lo que valía la pena vivir.

Esta película alemana es recomendable para todo aquel que sea enfermo de esquizofrenia y también para psiquiatras, familiares y amigos.

En un primer planteamiento todo tiene sentido y se pierde en el sinsentido. Es muy importante hacer la vida de estos enfermos más llevadera, eliminar también la marginación originada por el estigma social. El mundo de Pia ya no volverá a ser aquel que era.

 

Como en el caso de Pia, cada cual, en su peculiar manera, 24 millones de pacientes sufren los mismos síntomas que nuestra protagonista en el planeta. La cinta es una joya que afronta de manera interesante y profunda la enfermedad de nuestra protagonista, sobre todo estando en crisis, con un inocente y luminoso corazón siempre, ya que te enamoras del personaje, te enamoras de Pía.

Vale la pena no perder detalle de esta película que tanto ha gustado en Berlín y también ha sido sorprendente para el semanario The Hollywood Reporter.

El caso de Pia es muy común en esta sociedad de vértigo y miedo acuciante, muestra el día a día de los enfermos de esquizofrenia, siendo su psique un pozo de beligerancia in extremis. La recomiendo fehacientemente.  Aunque es como un bálsamo reconfortante de consuelo, pero está rodeada de fuego.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Santiago López Petit

Tiempos de espera.

Marx y Artaud y la fuerza de dolor

Verso. 2025

Han pasado cinco años del confinamiento y poco más de dos desde que la OMS decretara oficialmente el fin de la pandemia de Coronavirus. Apenas un lustro. Sin embargo, para una gran mayoría, para quienes no sufrieron tan de cerca la pérdida de vidas de familiares o amigos, para la sociedad en su conjunto, parece que haya pasado mucho más tiempo o incluso se recuerda como un mal sueño pasajero, diluido, lejano. Tampoco queda memoria de aquella promesa colectiva de futuro surgida de quién sabe dónde: «saldremos mejores». En este caso, el incumplimiento evidente de lo que fue más bien un deseo compartido justifica en gran medida el olvido. Volvimos a la crispación de siempre, aumentó incluso; de nuevo escuchamos discursos de odio y se han levantado muros inmorales contra colectivos humanos; también nos olvidamos bien pronto de los aplausos a los sanitarios y otra vez asistimos a los recortes, a la precariedad de las condiciones laborales y de servicios en este sector. Por no hablar del empeoramiento en otros ámbitos, como el de la vivienda. Tampoco ha mejorado el escenario internacional, con tambores de guerra generalizada y un aumento de los aranceles, contraviniendo los principios de ese neoliberalismo globalizador que dominó la economía mundial desde el último decenio del siglo pasado. 

Ni nos acordamos de la pandemia ni hemos salido mejores, salta a la vista. Sin embargo, esa parada del tiempo por un tiempo ha tenido consecuencias, ha reportado cambios, ha trastocado en cierta forma nuestras vidas, aun cuando no somos del todo conscientes de ello. Al propio sistema se le han saltado los plomos. Porque nuestra cotidianidadresquebrajada en aquellos meses de confinamiento y limitación de movimiento se vio removida por completo. El elemento disciplinario (y represivo) que todo Estado posee tuvo la posibilidad de experimentar con el miedo. La pandemia puso la enfermedad, la vida y la muerte en el centro de nuestras preocupaciones cotidianas. Cuestionó también nuestra Vida, la realidad en la que estamos imbuidos y que vimos tan vulnerable. Nosotros mismos lo éramos, vulnerables. El estado anímico y la salud mental dejaron de ser problemas de unos pocos para darnos cuenta de que el dolor, el sufrimiento, el miedo, el malestar o la impotencia social nos afectaban a todos. Claro que hemos vuelto a una mirada individualizada, como si fueran sólo problemas personales y no problemas colectivos. 

Santiago López Petit hace tiempo que se preocupa por estas cuestiones, y así el malestar, la enfermedad y el deseo de vida han centrado su reflexión con relación a ese vínculo no siempre fácil entre sociedad e individuo. Estuvo presente en sus libros Entre el ser y el poder. Una apuesta por el querer vivir (1994) y El gesto absoluto (2018). Ahora, a raíz de esa pandemia que paralizó nuestras vidas, nos propone una nueva mirada, siempre crítica, radical y a todas luces emancipadora. Tiempos de espera surge así primero como una especie de dietario de aquel tiempo detenido en el tiempo, un no-tiempo, unas reflexiones a partir de la cotidianidad vuelta al revés. Acude a Marx y a Artaud para recuperar algunos conceptos que son aplicables a este momento. Tanto la imposibilidad de vivir y de pensar que sufrimos durante la pandemia como la incomprensión de aquella anomalía global nos remiten al impoder definido por Artaud como aquel proceso de pérdida de sí y de expoliación del mundo al que la vida nos somete. Lo vivimos en el 2020. Sigue latente hoy.

De este modo, el malestar es el tema de este ensayo, el malestar individual que se convierte en miedo, que nos restringe en un dolor que nos incomunica, que nos convierte en seres pasivos y aislados, incapaces de actuar, de politizar nuestras vidas, de plantearnos como seres libres, inermes a la hora de socializar. Pero al fin el sufrimiento individual es compartido, se convierte en malestar social. Resulta fundamental vislumbrar dicha relación ente el individuo, el yo, y la sociedad, el nosotros, en este entramado que define la vida, en esta situación de post-pandemia que está cambiando, y no en un sentido emancipatorio, ya se ha dicho, nuestra existencia, lo que nos obliga a plantearnos qué hacer ante el nuevo panorama, cómo vivir. 

Porque el vivir es el centro principal de nuestra preocupación, el tema que debe centrar nuestra acción política. Mantenemos de este modo esa expresión repetida varias veces por el taxista José, el protagonista de una película, El taxista ful (2004), que trata muchos de los temas de este libro, «quiero vivir», nada menos, y que es una reivindicación en toda regla que hemos de mantener hoy, una proclama revolucionaria. De esto trata, al fin, este libro, de ese querer vivir en un mundo y un momento en que se nos impone la política de la muerte.

Cinefilia por Cecilio Olivero Muñoz

DE AMADEUS A MI AMADA INMORTAL

(COMPARACIONES ODIOSAS)

 

Si hubiera que elegir entre Amadeus o Mi amada inmortal, me quedaría con la segunda. Su interés radica en que la película se basa en una carta escrita por el mismo Beethoven. Pero también el reparto, el vestuario y las localizaciones de Amadeus son una maravilla.

El Guión de Amadeus es de Peter Shaffer y la dirección es de Milos Forman. Nada más y nada menos. Esta cinta resulta más creíble, y tiene una banda sonora sensacional. Pero lo más destacable es todo el reparto y el excelente guión escrito y premiado.

Sin embargo, a pesar de que yo prefiera la cinta sobre Beethoven a la de Mozart, es comprensible éste, gracias en buena medida a presupuesto, es un film con mucha calidad cinematográfica, motivo por el cual tanto se le galardonó en su momento. La película sobre Beethoven es de menor calidad fílmica. Gary Oldman está espectacular, y el reparto es de una categoría excepcional. Pero Amadeus, a la que se otorgó tres oscar, es de una relevancia superior y los productores ejecutivos han puesto los puntos sobre las íes.

Las respectivas bandas sonoras son de una belleza que parecen galaxias, a cada uno mejor frente a los dos compositores. Quizá la de Amadeus sea más refinada, pero la de Mi amada inmortal está pletórica respondiendo así a la obra mejor y más conocida de Beethoven, hecho que la hace más populosa.

No es la primera vez que se crea cierta comparación (a menudo odiosas) entre las dos películas. Tom Hulce está superior como Mozart, y es apreciable el papel de Salieri por parte de F. Murray Abraham.

Como no podía ser menos, están rebosantes de música. Han hecho una selección en el repertorio de los dos compositores que no dejará indiferente. Para compartir y como colofón, como si de una trilogía se tratara tendrían que realizar una versión de esta envergadura, pero con la figura de Bach.

El Réquiem de Mozart jamás tuvo tanto atractivo como cuando se lo dicta a Salieri antes de su muerte. Mozart era brillante, pero Beethoven era el ímpetu y la gracia verdadera.

Sobre Beethoven la película es hermosa. Por ejemplo, cuando Gary Oldman ejerce de compositor, tiene muy en cuenta que era un antisocial, y tenía mal genio, al menos eso trata el film de hacernos ver. Pero aun así acude toda Viena a despedirle. El hecho de que este dijera cuando se estrenó la quinta sinfonía que las primeras notas eran los golpes a la puerta del destino, nos conmueve aún más.

También interpreta el tema Luz de luna, con incidente incluido. Pocas cosas hay como la música, y si está mezclada con el cine sabe a gloria.

Huelga decir, que las dos películas son interesantes. Hay la oportunidad de verla en las plataformas digitales, o comprar los CD’s que aunque en desuso es otra manera más de escuchar música clásica sin necesidad de acceder a Internet, ya que puedes escuchar de todo.   Todas las músicas tienen algo de fascinante. Salvo el reguetón que es todo lo contrario.

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Guillermo Aguirre

Estival

Sexto Piso, 2025

Puede que toda existencia, como se afirma en esta novela, sea un acto de fe. Será por eso tal vez que acudimos a la memoria, a los recuerdos, a la reconstrucción de lo que alguna vez fue para reafirmarnos en esa fe. Sin embargo, no sabemos muy bien si recordamos tal como de veras ocurrió. Porque sentimos que avanza ese «estropicio de la madurez» y se acumulan los aciertos, pocos, y las decepciones, muchas, y así comprobamos que la vida avanza a pesar de nosotros mismos y que probablemente no tengamos ninguna capacidad de incidir en lo que somos, en lo que nos ocurre y en lo que nos rodea. Tampoco escapatoria a lo que es, a lo que se es. 

Parece ser éste el planteamiento de Guillermo Aguirre, que nos propone un recorrido por la vida de Jonás, de sus veranos en el pueblo familiar, en un lugar del norte, de su proceso de maduración, desde niño hasta que pasan los años y son muchos los veranos a recordar. La madurez es quizá, en efecto, una acumulación de juventud que nos va modificando, de este modo el narrador plantea abiertamente que crecer sea traicionar al niño que aún eres. Cada capítulo es un año, un verano, una experiencia estival, una descripción de la vida, la del protagonista, la de las personas que le acompañan o se cruzan en su camino vital, la de los ecos de la realidad circundante. 

Cada verano se vuelve un momento único, con sus experiencias y sus reflexiones. Que el estilo en apariencia sencillo, lírico en ocasiones, no nos despiste, hay también en esta novela ecos de una reflexión profunda sobre la actitud a adoptar ante la vida, ante el tiempo, ante cada momento dado. Entre líneas aparecen las cavilaciones que desde el principio de la humanidad nos han acompañado, el hedonismo frente al estoicismo, vivir el presente como momento único o prever el futuro que es, sin embargo, imprevisible. 

Asistimos de este modo a los veranos de Jonás, año a año, y lo que sentimos es un remusguillo a melancolía de atardeceres lentos, despreocupados a veces, pero que remiten siempre a cierta ansiedad por el paso del tiempo, a esa sensación de perder momentos, a un ansia por vivir con intensidad el instante. El estilo, a todas luces, contribuye a esa cercanía de lo que se cuenta.

Porque la lectura de lo que se narra nos va a resultar inevitablemente muy cercana, todos poseemos recuerdos de los veranos vividos, habrá mayor o menor nostalgia, las experiencias serán o no distintas, pero a todas luces es un clásico, la de los estíos con su sabor agridulce, un tópico frecuente en la literatura y en el cine, así que despertará en todos nosotros una reflexión sobre nosotros mismos, sobre nuestra experiencia. Sobre la vida.

Juan Carlos Onetti -retrato de un escritor

Cinefilia-Cecilio Olivero Muñoz

LARS VON TRIER

CINEASTA VALIENTE Y ORIGINAL

 

Sin duda, Lars Von Trier es un cineasta irreverente y con una opinión a menudo polémica. Establecidas las reglas en el manifiesto Dogma 95, estamos ante todo hablando de un innovador que resulta sardónico, explícito y con un cine sin ningún parecido al hollywoodiense. 

En su película titulada Los Idiotas, una muestra de expresión totalmente ácrata y totalmente incómoda en la que un grupo de jóvenes daneses se fingen enfermos psicológicos como si fuese un juego o una broma, un tanto macabra, hay que decirlo, vemos a un cineasta peculiar a la manera más verídica y valiente. 

Siguiendo una trayectoria siempre ácida y mordaz, a la vez que única y original, nos conduce donde quiere. En películas como Melancholia o Nymphomaniac vol. 1 y Vol. 2, lleva a cabo un alarde de cinematografía que no deja a nadie indiferente. Todo ello sin efectos especiales y de la manera más natural. 

Lo vemos como un director y guionista de culto, también un excelente director de fotografía. En el festival de Cannes hizo unas desafortunadas declaraciones sobre Hitler y el holocausto. Hecho por el cual la dirección del festival lo descartó para futuros festivales declarado como persona non grata. Pero aún así, lo considero el director más valiente e interesante de toda la filmoteca europea. 

Ya apuntaba maneras con su película final de carrera en la escuela nacional de cine de Dinamarca,titulada El Elemento del Crimen, que dejó anonadados a profesores y alumnos, por su contenido sugerente y original.

Hoy por hoy es un director que se sale de lo normal rompiendo el mar helado a golpes de hacha, como diría Frank Kafka. Es inevitable que no sea polémico, con una ambición desmesurada, pero juega con luz natural e historias interesantes (que a veces sientes o te hacen sentir vergüenza ajena) que rozan el disparate, y el absurdo como denuncia social. 

Él es parte del movimiento Dogma 95. Huelga decir que en su trabajo la iluminación natural, los planos secuencia y ningún atisbo de efectos especiales vuelven su cine talentoso, con personalidad propia y con un sello cinematográfico con la conscientemente impronta tan suya que yo creo que si no polemiza revienta, no lo puede evitar, ya que le gusta meter el dedo en la llaga.

En las dos entregas de su proyecto Nymphomaniac paga un alto coste, ya que es tan puro y convincente como la verdad misma. Rozando la pornografía, recuerda a las películas nórdicas, aquellas que veía en los cines X el protagonista TravisBickle, de Taxi Diver, en el gran maremágnum neoyorquino.

Vean a Lars Von Trier. Les dejará estupefactos a veces, otras, nos hará reír, pero es divertido que un cineasta tenga su propia y legítima personalidad cinematográfica. 

 

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ana Rodríguez Fisher

Notre Dame de la Alegría

Ediciones Siruela, 2025

 

Fue una época intensa, un momento brillante, rupturista, variopinto y de enorme creatividad. Se la ha denominado la Edad de Plata de la cultura española, expresión acuñada por Giménez Caballero, fundador de La Gaceta Literaria, y que José Carlos Mainer acabó de perfilar en su ensayo tan fundamental para conocer y entender esos años. Podemos situarla entre el último cuarto del siglo XIX y la fatídica fecha de inicio de la guerra (in)civil, y en ella se juntaron escritores, poetas, pintores, escultores, pensadores, dramaturgos, todos ellos bien diferentes entre sí, adscritos a corrientes distintas, pero que compartieron un tiempo y un espacio, y que revitalizaron un país, una sociedad, en plena vorágine de renovación.

Una de las artistas destacada del momento fue Maruja Mallo. Perteneció al grupo de las Sin Sombrero, formada por mujeres que participaron de un modo activo en la cultura, cuando apareció el grupo catalogado como la Generación del 27, pero que durante muchos lustros estuvieron relegadas a un papel secundario, apenas una nota a pie de página. Sin duda, es una labor de justicia reconocerlas como parte fundamental de nuestra historia cultural, apreciarlas tanto individual como colectivamente, acudir a ellas como creadoras y escribir sobre su aportación y sus vidas. 

Ana Rodríguez Fisher, que ha estudiado en profundidad la época y a sus protagonistas como investigadora de la cultura española, da voz a Maruja Mallo, la convierte a través de las páginas de esta novela en la voz narrativa que habla de sí misma y de su tiempo. Por ellas aparecen artistas del momento, en un retrato que es también una reflexión sobre aquellos años previos a la guerra y a la dictadura, pero también de los posteriores, cuando el país quedó escindido, la España del interior y la del exterior, falla que en cierto modo persiste aún, sin que hayamos todavía ensamblado las dos partes en que quedó dividida la cultura española.

La novela es una reescritura de la que escribió en los noventa, novela primeriza, la califica, que apareció con el título de Objetos extraviados, con que la autora obtuvo el II Premio Femenino Lumen en 1995. 

Con estilo entre intimista y testimonial, la narradora nos va guiando por una época apasionante. La novela se vuelve coral, con un sinfín de voces que acompañan a la de la artista, que nos cuenta con no pocas reflexiones, que nos sumerge en los distintos momentos de su vida, los de expansión artística y los de la ansiedad por la tragedia colectiva, la de la deriva de un país que ha de reconciliarse mal que bien con su propia historia. De este modo, asistimos a un retrato vivencial que nos pertenece, del que formamos parte, aunque sea como herederos culturales o deudores de una aportación artística sin igual. El arte, no se olvide, es parte sustancial de cualquier sociedad. Al fin, como se dice en la novela, «si la función del arte es apoderarse de la nueva realidad, hay que idear formas que expresen esa realidad naciente», lo que refleja esa comunión entre arte y vida que se dio en aquellos años y que por desgracia, me temo, no hemos logrado recuperar.

Reseña literaria por Juan A. Herdi

Ota Yoko

Ciudad de cadáveres

Traducción de Kuniko Ikeda y

María Añorbe Mateos

Satori Ediciones, 2025

 

No ha podido ser más oportuna, cuando la amenaza de la guerra se extiende todavía más, la publicación en España, a principios de año, de este libro, un testimonio escrito en 1945. En él, la escritora Ota Yoko, que estaba en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, nos narra las consecuencias en esa ciudad de la primera bomba atómica lanzada contra la población civil, las repercusiones terribles entre los habitantes, la cantidad de muertos que provocó y el sufrimiento entre quienes sobrevivieron a la explosión, a la radiación y a las consecuencias físicas que siguieron en algunos casos matando y, en otros,provocando enfermedades y traumas terribles. Es imposible, mientras se afronta el horror de aquel hecho, no pensar en las víctimas de todas las guerras que ha habido a lo largo de la historia, de las que siguieron a la bomba lanzada contra esa ciudad, hace ochenta años, y de las que se dan ahora mismo, mientras se lee este texto testimonial, en Gaza o en Ucrania, en cualquier conflicto presente.

De un modo claro y directo, sin ornamentos, con una prosa concisa, a retazos, vamos cruzando por una ciudad destruida, asistimos a imágenes terribles de hombres, mujeres y niños destrozados por los efecto de la bomba, sentimos el desconcierto de aquellas primeras horas en las que la autora ni siquiera sabe qué ha pasado ni comprende la envergadura de tanta desolación. No hay un análisis sesudo de aquel lanzamiento que se intentó justificar como un avance de la rendición definitiva de Japón, simple y llanamente se habla de lo importante, de las víctimas de la guerra, de unas víctimas que nunca suelen coincidir con quienes deciden, gestionan y resuelven las guerras y cada una de sus etapas. No en vano escribe la autora que «no solamente debemos lamentarnos por la miseria de la guerra, sino también por aquellos que nos han llevado a ella». Entendemos aquí que nos habla de los dirigentes de todos los bandos, la de los países enfrentados y que deciden que sus ciudadanos maten y mueran, siempre en beneficio de intereses espurios que no coinciden con las grandes proclamas. Pero también deberíamos pensar en quien saca provecho de las guerras, aunque no las declare. 

En el prefacio de su segunda edición, Ota Yoko reconoce su deber de escribir el libro. Escritora antes de la guerra, esta necesidad de dar testimonio de la tragedia vivida la convierte en una de las autoras más importantes relacionadas con la bomba atómica, hubo incluso una literatura adscrita a esta tragedia. Lo cual la encasilló años después e incluso le afectó en su carrera literaria. Lo explica Patricia Hiramatsu en el prólogo del libro. El tema causó no poca incomodidad en Japón, hubo incluso durante unos pocos años cierta censura de los libros y de los artículos que hablaron de las dos bombas atómicas, de allí que se tardara en publicar éste, se publicó por vez primera en 1948,censura que existió también en los países vencedores, en especial en los Estados Unidos, que ha sido el primer país, y de momento único, en emplear este tipo de armasnucleares, aunque utilizó otras de consecuencias tal vez menos graves, pero no por ellos menos trágicas para sus víctimas, a menudo civiles.

De este modo, esta obra de la autora japonesa, fallecida en 1963, se convierte en una declaración clara contra la guerra. No necesita de grandes frases para serlo, basta la descripción veraz de una situación que a todas luces avergüenza a todo el género humano.

Cinefilia-por Cecilio Olivero Muñoz

 BIGAS LUNA Y SU FILMOGRAFÍA

 

La filmografía de Bigas Luna es de una intensa sugerencia sexual, con una violencia de género que no te deja indiferente. Posee imágenes de erotismo con fantasías provocadoras que, viendo la gran filmoteca que abarca, le convierte tal vez en todo un advenedizo filántropo sexual.

 

En ellas encuentras fantasías erótico-sexuales y también surrealismo. Algunas de sus películas están catalogadas como películas de culto. En una película de culto debe haber un factor original y que hagan meditar al espectador o destapar, también, las tendencias más hilarantes y corrosivas por medio de las imágenes donde repasa toda una clase de atributos dentro de la sexualidad para quien que las vea.

 

El cineasta catalán lleva al erotismo todo un sinfín de imágenes que convierten al espectador en voyeur único de la experiencia cinematográfica. En todas sus películas hay un sugerente guiño al espectador. Encumbra lugares como Bilbao, la Catalunya de la costa, Barcelona, al tiempo que homenajea el mar y todo lo que eso conlleva.

En algunos casos resulta inquietante, transgresor y es un innovador en la filmoteca catalana y española. Creo que sería importante enumerar grandes películas.

Como por ejemplo Caniche y Lola, también Bilbao y Jamón, Jamón, o Bambola, en todas ellas hay una vertiente sexual, pero también violenta en los que concierne al aspecto masculino contra la feminidad.

Es cine erótico, la mayoría, ya que en sus películas resalta temas como la zoofilia, la vertiente masculina y femenina en un plan muy acentuado sexualmente destaca toda la curiosidad del sexo como un gran tótem de alta tensión. Le gustan las imágenes sugerentes que en el argot erótico tienen mucha versatilidad.

Cabe destacar películas que se han aposentado en nuestro ideario colectivo como lo son Huevos de oro, o La teta y la luna. Donde hace todo un homenaje a la charnegada del momento.

Pero en otras películas se pone serio, y además de atraer hacia el voyeur fílmico cierto bagaje de culto, también es capaz de hacer crítica social, crítica histórica, y crítica algo chovinista a ratos, siendo detractor y admirador de una gran dignidad en los aspectos más plurales de la España de esta catalanización, tan actual como frenética.

Huelga decir que empezó escribiendo relatos, y estos fueron llevados a la pantalla en lengua catalana. También es un gran admirador de Dalí y las barretinas, y del estereotipo surrealista por antonomasia. Siempre fecundo en el mundo de los sueños. Es un gran entusiasta de los planos oscuros en su filmoteca de los primeros años como cineasta. Pero en última estancia resulta más luminoso y todo un gran admirador del mar y su guiño al espectador que haya visitado la costa catalana en alguna ocasión.

Podemos catalogar a Bigas Luna como un gran entusiasta de contar historias haciendo énfasis en la feminidad y en detalles primitivos, a la vez que modernos. Es todo un lenguaje visual que nos hipnotiza y nos evade abstrayéndonos hacia la perversión sexual y la moraleja que todo narrador de historias debe llevar a cabo.

Son personajes todos muy de la tierra de España, con elementos icónicos y representativos de la cultura occidental, y con detalles humorísticos y también trágicos. Su actor fetiche es Javier Bardem. Este director toca todas las vertientes musicales, desde el folclore francés hasta el flamenco, desde la música clásica al ambiente psicodélico, desde la música máquina a las sevillanas.

Es preciso recordar títulos como Yo soy la Juani donde fotografía de manera excelsa la juventud de extrarradio alrededor de las grandes urbes catalanas.

Es todo un crítico de la sociedad actual. Vean al gran Bigas Luna. Vean su filmoteca. Murió en 2013, justamente el 6 de abril. El mejor homenaje que se le puede hacer es ver su cine.

 

Leopoldo María Panero después de Leopoldo María Panero