Reflexiones de una ondjundju-Para que los niños sean el futuro-Juliana Mbengono

PARA QUE LOS NIÑOS SEAN EL FUTURO HACE FALTA PREPARARLES PARA ELLO

Hace ocho años y meses que mi madre debía salir de Bata para Malabo con mi hermanita que apenas tenía unos meses. Cuando mi tío la preguntó por teléfono que cuándo llegarían; me quedé perdida. ¿Llegarían o llegará? No dudé en preguntarle si mamá viajaba con otra persona y el me respondió que “claro, viene con Giselita”. Me resultaba difícil entender que viajar con un bebé cuenta como compañía. Los bebés no hablan ni trabajan; juegan, lloran, comen y se duermen. Siempre les he visto como seres especiales, frágiles, peligrosos y delicados. Seres con los que se debe tener mucho, muchísimo cuidado. Sé que muchos comparten mi punto de vista.

Giselita, con dos añitos miraba la tele únicamente cuando poníamos Nick Junior, algún otro canal de dibujos animado o cuando Trace Tv ponía “Good Lucky” de Pharrell Williams. Nadie entendía qué le veía la niña a esa canción tan rara, apenas pestañeaba cuando la veía y se pasaba los momentos de alboroto tarareándola. Lo sorprendente fue que esa niña, que nunca seguía la televisión nacional y no sabía leer ni salía de casa, un día encontró un broche con la foto del presidente y vino orgullosa a enseñármelo. 

“Juliana, mira, tengo un pendiente de Guinea”, me dijo mostrándome el broche. ¿Cómo sabía Giselita que ese señor es Guinea? ¿Dónde le había visto antes y en qué contexto para acabar relacionándole con el país? Giselita no sabía que Obiang Nguema es un persona y Guinea Ecuatorial es un país, pero ya sabía que hay una relación entre el presidente y el país. No hizo falta que nadie se sentara a explicárselo. El entorno hablaba a sus oídos, y lo hacía muy alto y claro; mientras mamá y yo nos limitábamos a jugar con ella, darla de comer y cantarle nanas para que se duerma.

Durante la presentación de “Invisibles” -una obra de teatro de la compañía Bocamandja sobre la violencia de género -en una escuela de Malabo, los alumnos aplaudían las escenas de violencia. 

Además de la última escena de “Invisibles” en la que los autores lanzan mensajes potentes contra la violencia, todas las escenas parecen exaltar la agresividad, la fuerza física y la ambición. Pero tampoco es difícil darse cuenta de que se está mostrando lo malo que hacemos. 

Como me dijo una alumna después, “la obra trataba de cosas que ocurren en la vida actual”. Al tomar los golpes, las violaciones y la sumisión como cosas que ocurren en la vida actual, los niños y muchos jóvenes acaban creyendo que eso es lo normal. Y lo normal es lo permitido o aceptable. 

Aquellos niños necesitaban una charla después de la obra, pero el recreo se había acabado y no hubo tiempo. Los profesores les reclamaban en las aulas. ¿De qué le sirve a una niña correr a la sala para copiar la lección del libro en su cuaderno si cree que la violencia se puede justificar?

Mientras las escuelas ponen trabas cuando un artista, un colectivo o una ONG propone una charla o actividades extraescolares, los niños crecen en hogares donde las mujeres se casan por frustración y los hombres sienten que deben ser temidos antes que respetados. Con esto, a pesar de toda la educación de calidad que buscamos en el extranjero, tenemos sociedades llenas de licenciados corruptos, mujeres empoderadas incapaces de ayudar a otras y niños que confunden la arrogancia con el carácter.

Todos los días decimos que los niños son el futuro, pero estos niños también existen en el presente, aprenden de él y corren el riesgo de acabar siendo una copia de él.

María Peláe y su peculiar flamenco-Cecilio Olivero Muñoz

MARÍA PELÁE Y SU PECULIAR FLAMENCO

Hemos hablado alguna vez de Rosalía, sin duda una artista que hace apología de las joyas, de la riqueza y la tachan de apropiacionista. Tal vez no llegue su música a tener del todo reminiscencias flamencas. Aunque el flamenco está cambiando como cambia el mundo. La palabra “Peláe” en Andalucía tiene una vertiente curiosa, y es así como denominan a la gente rara, a la gente de distinto origen, la palabra es pelaje, pero en andaluz decimos “peláe”. 

Quisiera hablar de una artista distinta, fresca, graciosa y que como Rosalía fusiona reggaeton de una manera atractiva. Es para mí moderna, actual, con mucho arte, es guapa y, lo menos importante para el tema que tratamos, es lesbiana. Si usan alguna plataforma de música escuchen a María Peláe, una flamenca en toda regla. Maneja estilos como el reggaeton y también la rumba flamenca con una propuesta divertida, para pasarlo bien a la vez que nos emocionamos con su talento. Talento y gracia andaluza. Que es una manera de ser donde nadie somos más que nadie, y no pretendemos alejarnos del arte. 

Ella es de Málaga, como Picasso, como María Zambrano y el Chaqueta. Lleva varios años junto a su pareja, Alba Reig, que también se dedica a la música. Es integrante del grupo Sweet California, un grupo de denominación de origen Girlsbands. María y Alba son jóvenes y en el caso de María ha coqueteado bebiendo de fuentes flamencas. Estamos ante un talento con una trayectoria, a mi juicio, con varios tropiezos, y ahora los ha llevado a su territorio de una manera magistral. Vean sus vídeos en YouTube. Es extrovertida e interpreta bien sus éxitos con una gran soltura y de manera auténtica. 

El disco de María Peláe Hipocondría resulta un disco hermoso. A veces te hace sonreír, otras es entrañable, siempre con la gracia andaluza que la caracteriza. Hay un cante sutil, sin ambages, una manera de cantar a veces susurrante; otras, mágica. Tiene una voz ni demasiado ortodoxa ni nos propone bailar “perreo” con algunos de sus temas. Su música va por otros caminos. Pero su directriz es el flamenco, eso sin lugar a dudas. Hace guiños al gran Bambino, saliendo airosa en todo momento. Nos viene a la memoria una cantaora de Cataluña llamada Mayte Martin, aunque Mayte nos haga ver en su música más lírica. A menudo no nos percatamos de que sin ir de diva también es posible hacer flamenco, desde la sencillez. 

Me gusta esta nueva corriente de flamencos. Son valientes y no les importan las críticas sardónicas ni tampoco las que se mueven en la ambigüedad. Ella es así, artista, guapa, graciosa y maravillosa. Pero insisto en que poco importa su género o su condición sexual. Es una artista que poco tiene que envidiar a Rosalía, pero ahí está, véanla en YouTube, síganla en las redes, en las plataformas.

El talento está en los lugares menos sospechados. Escuchen a María Peláe, no se arrepentirán. Es un bálsamo. 

Jean Genet, el solitario del mundo-Juan A. Herdi

Jean Genet, el solitario del mundo

Juan Goytisolo escribe de Jean Genet que «su patria será la chusma, y él su cronista y cantor». Sin duda es una buena concesión para este autor francés cuya vida errante se nos presenta como la de un personaje singular, con tres facetas bien definidas, en apariencia muy distintas entre sí, la de un escritor riguroso y atento al lenguaje y a su entorno, la de una marginación extrema vivida durante varios años y que le condujo al delito y el hampa, la del activista radical que acogió con simpatías las revueltas más radicales y emancipadoras del 68 así como el apoyo a la causa de los palestinos y de los Black Panters, a los que alentó incluso con su presencia. Tres facetas, una trinidad laica y radical que componen una única personalidad. 

Jean Genet nace en 1910 y muere en 1986, vive por tanto los lustros claves de un siglo que son los de las dos guerras mundiales, el genocidio execrable ejecutado por los nazis, los de la de la revolución soviética que al final desembocó en una distopía inquietante, los del colonialismo violento con sus efectos nauseabundos, pero también los de las luchas sociales intensas y justas que, sin embargo, acaban con un sabor intenso a desencanto y fracaso. El conflicto palestino ahí sigue, sin que parezca que vaya a acabar nunca. Los Black Panters ya no existen, ni Malcolm X, ni Martin Luther King, ambos asesinados, pero además el racismo sigue latente y lo hemos visto incluso en estos últimos meses en forma de abusos policiales sangrientos e infames. Del mismo que seguimos con sociedades que siguen devaluando la vida de los seres humanos, como si los gestos rebeldes y a todas luces necesarios no hayan servido, hasta el momento, de nada. 

Pero ni qué decir tiene que han servido, han puesto el dedo en la llaga sobre la historia del siglo XX y unas consecuencias que nos siguen afectando hoy, lo que nos obliga a mantener un debate ético, moral, a cuestionarnos la sinrazón de un mundo. Porque ante este mundo fatídico y sórdido hay que reaccionar, sin duda, también con una moral necesaria y puede que aún por construir, incluso asumiendo que la moral tiene mucho de provocación ante lo establecido y la asunción de lo que hay. Una moral, además, que puede, y tal vez deba, construirse a partir de lo más infausto de la condición humana. 

Esta provocación moral que hay en su obra es lo que convierte a Jean Genet en un autor cuanto menos interesante, pero además el que provenga de lo más turbio de la sociedad, de ese lumpen marginal, violento, delictuoso, convierte su mensaje en un grito desgarrador, más en un tiempo como el que estamos, con toda esa corrección política tan ñoña como superficial, no me cabe ninguna que dicha corrección es además la guinda amarga a todo un proceso histórico y a una sociedad que se entontece, siendo magnánimo, por momentos. No puedo ni imaginar lo que pensaría Jean Genet de estos tiempos, él que visitó la Barcelona de los setenta, había vivido en la ciudad durante los años treinta, y la encontró tan burguesa, ¿qué diría hoy de la caricatura en que se ha ido convirtiendo la, antaño, Rosa de Foc?

El escritor marroquí Tahar Ben Jelloun rememora a Jean Genet como «La voz de la falsedad. La voz de la verdad. La voz correcta. Pasaba de una a otra sin previo aviso». Esta facilidad de registros lo convierte sin duda en un autor muy riguroso, exhaustivo. Él mismo consideraba la dificultad del estilo y la forma como una cortesía al lector, una invitación a confrontarse con la realidad no mediante fórmulas sencillas o simplonas, sino con toda la envergadura del lenguaje y el pensamiento. No había que someterse a la simplificación de las ideas, a una literatura ociosa devenida en mero pasatiempo, a la infantilización de la sociedad. Por desgracia, parece que nos hemos sometido. 

Juan Goytisolo conoció a Jean Genet, lo trató desde 1955 y mantuvo con él una larga conversación. Quiso el novelista barcelonés que ni la obra ni la figura del escritor francés quedasen en el olvido. Genet en el Raval es su aportación al recuerdo de un autor que para él mismo significó, según ha reconocido, poder reflexionar sobre la expresión literaria y alejarse de lo más superficial, huir de toda vanidad o de la figuración banal en esos círculos literarios, tan fútiles como anodinos. Porque a todas luces la escritura es otra cosa. De este modo, la recopilación de textos sobre el autor francés es una evocación muy necesaria.

 

Ambos escritores están hoy enterrados en el cementerio de Larache, al norte de Marruecos, su tierra de acogida, de asilo emocional, junto al mar.

Reflexiones de una ondjundju-En Guineo, el verano no es una estación-Juliana Mbengono

EN GUINEO, EL VERANO NO ES UNA ESTACIÓN

Hasta hace muy poco, era difícil conseguir agua en Malabo. Esto siempre ocurre en el segundo trimestre, durante la época seca. Ahora llueve casi todos los días, a veces durante todo el día ¡estamos en la época lluviosa!

En las novelas y en el cine, a menudo, se saca el tema del clima para romper el hielo o cuando ya no se sabe de qué hablar. Cuando se quiere evitar una mirada vergonzosa o atenuar un comentario embarazoso, también se habla del tiempo. En la tele y en la radio, en cambio, se habla del tiempo para informar.

Quiero hablar de las estaciones del año o, mejor dicho, del verano por si me lee algún malabeño o alguien que viva en otra ciudad como la mía. Aquí reconocemos el verano después de recibir los boletines en junio. Esto era así antes del Covid, ya que este año los estudiantes de Malabo no estarán de vacaciones antes de agosto, puede que el verano comience en septiembre o no llegue.

Guinea Ecuatorial, como muchos países africanos, tiene un clima tropical. Cuando no es época seca y los grifos públicos están llenos de polvo es porque estamos en época lluviosa y algunos viven dentro del barro, literalmente. 

A veces llueve de seis a seis, pero ya estamos acostumbrados. Si el barro no nos impedía salir de casa cuando el barrio Caracolas se llamaba Pequeña España y los niños de Santa María y New Building quartier (Ñumbili Cartier, en la pronunciación local) recogían comida y todo lo que les pareciera útil en los vertederos de los blancos que vivían ahí, ahora que las calles están asfaltadas la lluvia tiene menos poder para recluir a los malabeños.

A pesar del clima de Bioko y sus dos estaciones, por aquí se sabe que, más o menos, en primavera salen las flores, en invierno cae la nieve, en otoño algunos árboles pierden las hojas y en verano no hay clases, la gente celebra muchas fiestas y se va a la playa. De todas estas estaciones, la única reconocible en Malabo es el verano. Aquí no conocemos la nieve, los árboles no pierden sus hojas a la vez, a menos que hayan pillado una plaga, y las flores lucen sus colores todo el año.

Decir verano es decir vacaciones, tiempo libre, fiestas, playa y mucha siesta. Pero hace unos días, en plena época lluviosa, una periodista exclamó en la radio “¡Cómo se nota que estamos en verano!”, porque aquel día soleaba. Esta ha sido la primera y la última vez que he escuchado a alguien hablar de verano en Malabo refiriéndose al clima.

A los chicos que estaban a mi lado no les hizo ninguna gracia. “¿Cómo que verano si todavía hay clase? ¿Quién puede irse a la playa ahora si hasta tenemos clases los sábados?”, se quejaban.

No es por juzgar, pero la periodista sí estaba en error. Además de que por aquí sólo temenos la época seca y la lluviosa, hablamos el español-guineo y ciertas palabras o expresiones tienen un significado único muy alejado del que conoce la RAE. Hablar de verano en 2021 es un error.

De paseo por la cinemateca 2-Cecilio Olivero Muñoz

-DE PASEO POR LA CINEMATECA-

COMPARAR DOS PELÍCULAS SOBRE MÚSICOS

Cualquier comparación es odiosa, eso sin duda, salvo que en lugar de comparar se haga una crítica constructiva y rigurosa.  Dijo una vez Alex De la Iglesia que deberíamos optar por el lugar donde queramos estar, si ante la pantalla o detrás de la cámara. Pues bien, aquí tenemos esas dos opciones aunque prefiramos en nuestro caso ser meros espectadores. Dos son las películas a tratar, una es Amadeus de Miloš Forman y la otra Amor inmortal de Bernard Rose. La primera habla con un tono divertido sobre la naturaleza del Réquiem de Mozart; la otra, muy interesante y bella, trata de la vida de Beethoven. También un biopic. También se le pone talento, tanto escrito como filmado.

La cinta sobre Mozart es un deleite en vestuario, decorados o reparto. El protagonista, Mozart, interpretado por Tom Hulce, es un ser divertido que, a pesar de su corta existencia, deja una obra, entre óperas y temas musicales, buenos y de gran calidad. Es ocurrente la puesta en escena. Por otro lado el director artístico se esmeró y convirtió la cinta en una de las películas más premiadas. Nos divierte la risa de Mozart, y el espectador rápidamente se identifica con el músico, además de deleitarse con la música, las localizaciones y los decorados que están muy bien elegidos. El guion es de Peter Shaffer y resulta sin duda excelente. Consigue trasladar al espectador a la Viena de la época, hay detrás un gran esfuerzo y mucho mérito. Tiene todos los atributos, de ahí que reuniera tan tremendo palmarés. 

No menos importante resulta la película Amor Inmortal, donde el protagonista, que es Beethoven, interpretado por Gary Oldman, nos atrapa y nos lleva a lugares de la Viena y la Alemania de su tiempo con unos decorados y localizaciones gracias a los cuales el director artístico consigue un ambiente invernal. Estos dos biopic son diferentes entre sí, aunque sólo sea porque fueron distintas las vidas de los dos compositores. Cuando ves ambas películas compruebas que la vida de Beethoven es más crepuscular. Sin embargo, los comienzos de Amadeus son más deslumbrantes en decorados y localizaciones que relucen por su encanto, y por qué no decirlo, por su gran presupuesto, que difiere uno de otro, lo que tal vez incida, aunque no lo creo, en tanto premio. 

En las dos cintas se hace énfasis en los padres de ambos, el de Mozart sacrificado y cuida con empeño y severidad la carrera musical del hijo. El de Beethoven, un alcohólico del que el Beethoven niño es a todas luces víctima de malos tratos, de ahí su personalidad arisca. Los aspectos referentes a la manera interpretativa de Beethoven son distintos a los de Mozart, ya que la sordera aguda de Beethoven, su temperamento y su comportamiento de haragán esculpen un Beethoven más victimizado que lo que es Mozart, pero los padres de ambos, a su manera, trasmiten cierta apatía en las relaciones, porque en Mozart se afirma su vida sin infancia y por eso pueril, sin embargo lo que destaca el film sobre Beethoven es su invalidez del sentido del oído, algo clave para ser músico. Aun así, compuso maravillas. Sin duda, dos compositores diferentes. 

A pesar de las diferencias, los dos biopic brillan con luz propia. A quien le guste la música de estos dos compositores se verá en la dicotomía de tener que decidir qué película es mejor y en realidad las dos son de igual brillantez.  

También está el largometraje Copying Beethoven que tiene menos fuerza que las dos cintas mencionadas. Poco importan las fechas en que se filmaron y se estrenaron las tres películas. Pero Copying Beethoven en su papel interpretado por Ed Harris, donde ya nos deleitó en otro biopic llamado Pollock, aunque también lo hizo Gary Oldman en el film Sid y Nancy donde hace un buen trabajo interpretando al punk Sid Vicious.

Reflexiones de una ondjundju-sobre la obra de teatro «invisibles»-Juliana Mbengono

¿PORQUÉ “INVISIBLES” PRESENTA A LAS MUJERES EN EL RIO Y A LOS HOMBRES EN EL BAR? 

Una vez más, la compañía teatral Bocamandja está realizando una gira nacional con “Invisibles”. Una obra de sensibilización contra la “violencia machista”. Esta se desarrolla en dos espacios principales: el rio y el bar.

La elección de estos escenarios, según nos explicó Francisco, subdirector de la compañía Bocamandja, se debe a la necesidad de ambientar la obra en los lugares donde las mujeres y los hombres, respectivamente, se expresan con libertad.

Poner a las mujeres en el rio: lejos del pueblo o de la sociedad; y a los hombres en el bar: dentro de la ciudad, el barrio…; no es un invento de Bocamandja. Se trata de una reproducción de la realidad: el discurso de las mujeres no tiene espacio en la sociedad. A menos que “alguien” quiera usarlo para su campaña y a su favor.

El reparto de escenarios no habría sido más acertado para mostrar la profundidad de las raíces del machismo. Bocamandja podría haber colocado a las actrices en la cocina o detrás de ella, estos son dos espacios alejados del público y reservados para las mujeres. Pero, por encontrarse dentro del poblado, de la misma sociedad; también implican cierto grado de control y, desde luego, las mujeres no se expresan con total libertad en ellos como lo hacen en el rio.

Los hombres también podrían haber aparecido en el abaha o en el vigil; pero, además de que estos se consideran menos informales y cualquier persona no toma la palabra en ellos, presentarían a los protagonistas como gente muy mayor. El bar, en cambio, es el punto de encuentro de hombres de todas las edades, se encuentra dentro de la sociedad y es donde cualquiera pronuncia cualquier discurso con la seguridad de que recibirá más aprobaciones que correcciones.

Así, mientras las mujeres lloran sus penas en el rio haciendo congosá; los hombres reivindican sumisión y servicio en el bar.

A pesar de que la obra es más apta para un público adulto, Bocamandja la está llevando a las escuelas. Según Juan Michá, actor de Bocamandja, “si tenemos que hacer un buen fundamento, teneos que empezar desde la base. Nosotros pensamos que los niños, los jóvenes, nosotros somos la base y si queremos cambiar algunas cosas para el futuro tenemos que empezar por los más pequeños. Para que ellos vayan abriendo la mentalidad, para que tengan una forma de ver diferente”.

Dado que muchas veces los niños, que son “la base” de un futuro mejor, no captan el mensaje de Invisibles, la compañía Bocamandja siempre realiza una charla después de la actuación.

Desgraciadamente, en las dos últimas ocasiones, no se ha podido realizar la charla por falta de tiempo.

La última representación de Invisibles a la que acudimos fue el día 24 de julio en el poblado de Batoicopo, donde el público fue una treintena de niños menores de diez años, además de dos adultos y un par de adolescentes.

Para esta última representación, a pesar de que la lluvia, al final, no cayó después de haber obligado a los actores a retirar las sillas que habían colocado en el patio de la escuela donde iba a actuar, los chicos tuvieron que mojarse y salir en busca del público después de un par de horas esperando.

El Santo, el escritor y el vocalista-Emma Crespo

El santo, el escritor y el vocalista

por Emma Crespo

Me brinda esta revista la oportunidad de oro de ocupar alguna de sus siempre exquisitas páginas, de aportar algunos textos en torno a la cultura en Euskal Herria, y no se me ocurre mejor modo de agradecerla que ponerme al lío.

Diría que sobran los prolegómenos, pero ¿qué sería del deleite de la lectura sin unos pocos de ellos? En todo caso, seré sucinta. Podemos definir la cultura como un conjunto de costumbres, conocimientos y desarrollo artístico que se da en una época o en un grupo social. Pues bien, algunas veces asistimos a un suceso que constituye una intersección entre varios de estos fundamentos del conjunto, como es el caso de este que me dispongo a desarrollar, valga como excusa su treinta y seis aniversario.

El verano de 1985 pasa a la historia de Euskal Herria por un hecho que hace confluir los hilos de las letras, el rock y quizá la festividad local más internacional de todas las que se celebran en tierras euskaldunes.

Es 7 de julio e Iruñea se prepara con el entusiasmo acostumbrado para abrazar un año más al aclamado San Fermín.

Esa mañana, la prisión de Martutene, en la capital guipuzcoana, se convierte en sede de una actuación del cantante Imanol Larzabal. Al término del espectáculo, a eso de las doce y veinte, dos furgonetas abandonan las instalaciones penitenciarias tras aprobar la inspección ocular de los funcionarios. Una de ellas va cargada con dos altavoces de gran tamaño que, aunque han sido descargados y llevados al interior, no se han utilizado durante el concierto. A las dos de la tarde, en el recuento general, se destapa la fuga: el escritor Joseba Sarrionaindia e Iñaki Pikabea, ambos presos militantes de ETA, han logrado escapar de las rejas donostiarras. El plan, ideado por el entonces crítico teatral Mikel Antza, quien había organizado el concierto, ha sido un éxito.

El día 8 de julio, el periódico Egin publicará las reacciones de alegría que se han producido en las calles de la capital navarra. Allí, la población que más eco se hace del profundo daño que la dictadura española ha supuesto para el pueblo vasco lanza al aire sus pañuelos rojos en un gesto que quedará inmortalizado para siempre en la letra de una conocidísima canción.

Así, los senderos de las fiestas patronales, la música y la literatura se encuentran en un histórico cruce de caminos.

Un mes después del día en cuestión, Fermín Muguruza, vocalista del grupo Kortatu, escribe —primero en castellano y después en euskera— un tema sobre la fuga de Martutene, sin saber que trascenderá fronteras sociales y temporales y llegará a convertirse, según el propio autor, en un auténtico «himno anticensura». Su alcance, en todo caso, va mucho más allá de lo que los medios por aquel entonces denominan rock radical vasco.

Posteriormente, la trayectoria de Fermín no solo se limitará al ámbito musical, a pesar de ser considerado una de las figuras más influyentes de la música vasca. Además de cantante, instrumentista y productor, este artista polifacético también llegará a director de cine, con obras como Zuloak (20212) o la más reciente Black is Beltza (2018).

En agosto del 85, sin embargo, Muguruza acaba de comenzar su carrera. No obstante, ya entonces Kortatu juega bien sus cartas. Sobre la canción reggae Chatty, Chatty (Frederick Toots Hibbert, 1980), el grupo añade un tono ska en su propia línea que, unido al mensaje que transmite, la convierte en un éxito inmediato, rotundo y duradero. En tres breves estrofas y un pegadizo estribillo, esta canción plasma la alegría que provoca la evasión de los dos presos en el entorno de la izquierda abertzale. Sarri, Sarri, cuyo título alude al apodo del escritor fugado, forma parte de Kortatu, el primer LP que el grupo publica en solitario, a finales de ese mismo año, con la discográfica Soñua.

Joseba Sarrionaindia, el hombre tras la canción, nace en Iurreta en 1958. Es licenciado en filología vasca y sociología por la Universidad de Deusto. Antes de su ingreso en prisión, es profesor de fonética en la UNED de Bergara y en la Universidad Vasca de Verano.

Sus primeras publicaciones aparecen en las revistas Zeruko Argia, Anaitasuna, Jakin o Pott. Esta última, que nace en 1978 y se disuelve dos años después, dará origen a lo que se conoce como «Pott banda», el grupo de escritores que más influye en la literatura vasca de los años 80, al que se adscriben el propio Sarrionaindia, Bernardo Atxaga, Ruper Ordorika, Jon Juaristi, Manu Ertzilla o Joxemari Iturralde.

En 1980, año de su encarcelamiento, Sarrionaindia gana tres premios literarios: dos por sendos cuentos y un tercero por el poemario Izuen gordelekuetan barrena (Donde se refugian los miedos). Pero los galardones no terminan ahí. Tras la fuga y posterior desaparición del escritor, en 1986, le otorgan el Premio de la Crítica de narrativa en euskera, por sus relatos Atabala eta euria (El atabal y la lluvia). En 1991 pasa a ser miembro de Euskaltzaindia y ya en 2001 publica su primera novela, Lagun izoztua (El amigo congelado), sobre un enfermero exiliado en Nicaragua. En 2011 su trabajo vuelve a ser reconocido con el Premio Euskadi de Literatura, modalidad ensayo en euskera, por la obra Moroak gara behelaino artean (¿Somos moros entre la niebla?). Como anécdota, el Gobierno Vasco le retiene el premio económico hasta que la Audiencia Nacional constata que no tiene causas pendientes con la justicia.

Desde el exilio sigue publicando libros, y músicos y artistas como Mikel Laboa, Ruper Ordorika o el ya mencionado Fermín Muguruza se inspiran en su poesía y su historia para sus trabajos.

Sin embargo, más allá de premios y menciones en las últimas décadas, lo que Sarrionaindía aporta a las letras vascas es un trabajo tan excelso y variado que difícilmente puede plasmarse en tan breve artículo. Baste decir que produce poesía, narrativa, ensayo, literatura juvenil y cómic, amén de traducir un buen número de obras y formar parte de antologías en inglés, francés y casi todas las lenguas oficiales del Estado.

En 2016 se hace público que reside en la Habana, en cuya universidad es profesor. Pero aún habrán de pasar varios años más hasta que Sarrionaindia pise de nuevo su tierra natal. El 22 de abril de este año, 2021, EITB publica la noticia de su regreso, prescritos ya todos sus cargos, para visitar a su familia. «El tiempo se come a muchas personas», afirma el escritor, que reconoce haber encontrado un pueblo diferente.

Reflexiones de una ondjundju-Esta mierda no fue así-Juliana Mbengono

ESTA MIERDA NO FUE ASÍ

(Begase Na Fê Xîf)

Es difícil que una obra teatral comience con un vergonzoso fragmento de realidad malabeña y que no sea interesante o, como mínimo, divertida. Así arranca Begase Na fê Xîf, con la voz del presentador del programa “Vivencias” de la Televisión Nacional de Guinea Ecuatorial (TVGE) anunciando a una mujer a la que “… esto de la calle no le va bien…. Las andanzas nocturnas no la traen buena suerte.” El elocuente presentador reconoce que la mujer tiene la libertad de “andar y salir cuando quiera” y a los actores (audiencia) les sorprenden que el novio la haya golpeado “sin estar casados”. La voz del presentador no es un montaje para la obra, es un fragmento de las tantas veces que la mujer había sido grabada denunciado el maltratado.  

Cuando Santa María era un pedazo de selva con chabolas, los llantos de las mujeres llegaban con claridad a todas horas. Por un tiempo, creí que los hombres del barrio ya no eran violentos, hasta que llegó la selectividad y tenía que levantarme a las tres para estudiar: a estas horas se oye el llanto de las que viven en casas amuralladas y el de aquellas que duermen en el piso de un barracón. Los hombres no sólo golpean de noche, cuando SEGESA nos corta la luz por unos segundos, llevándose el ruido de los televisores y la música, deja al descubierto los insultos y el llanto de las vecinas.

Una de las características que conozco del teatro ecuatoguineano es que está muy comprometido con la sociedad. Bocamandja, Amea, y Biyeyema, por citar algunos de los tres grupos más antiguos y conocidos en las dos ciudades principales de Guinea Ecuatorial (Malabo y Bata), son grupos que, entre cantos, bailes y diálogo nos hacen ver y pensar en lo que vivimos en silencio.

Rizoma, que es definido por su director (Jorge Avante) como “un proyecto de teatro comunitario”, además de nuevo, es diferente y semejante a los anteriores. Diferente porque, sus funciones reúnen a ecuatoguineanos y europeos por igual, (aunque luego se queden separados en grupos de blancos y negros o, según Luna, en grupos de gente que se conoce entre sí); también es el único grupo en Guinea Ecuatorial que está dirigido por un joven casi punk de piel blanca y padres españoles (en realidad, Jorge no es español ni ha sido blanco o negro durante su estancia en Guinea Ecuatorial. Él no es un color. Sólo le ha faltado beber el agua del grifo como todos nosotros, lástima que le de diarrea); Rizoma tampoco ha incorporado el canto en sus representaciones que por ahora no superan la hora; esta brevedad siempre me ha dejado con la sensación de que falta una segunda parte.  

Rizoma es semejante a los otros grupos porque habla de los problemas de la sociedad ecuatoguineana (lo cual cabrea a muchos ecuatoguineanos que no ven con bueno ojos que un “blanco español sea quien nos venga a hablar de nuestros problemas cuando en su país los hay de sobra). Igual que la compañía Amea, Rizoma está compuesto en su mayoría por jóvenes annoboneses y en sus obras se añora tanto la isla de Annobón que, en las dos que conozco, se incluyen expresiones en fa d´ambo que nadie traduce o yo no me doy cuenta de cuando han sido traducidas.

Volviendo a Esta Mierda No Fue Así, me pregunto cómo es que la protagonista pude no estar segura de que vive un infierno, ¿acaso es la rana esa de la cazuela que se calienta lentamente? 

En la obra aparecen las jóvenes conocidas en Guinea como cucuyons y coyots: mujeres que se acuestan con cualquier hombre dispuesto a cubrir sus gastos. Estas son criticadas por la sociedad y, al mismo tiempo, son envidiadas por ser dueñas de sus vidas y sus cuerpos: no son prostitutas controladas por proxenetas y tienen la facilidad de echar a un hombre de su vida. También vemos a las cristianas que creen en el matrimonio, apagadas y ridículas, son esas que han encontrado el amor y el hambre en la misma persona, un hombre que no puede «ayudar a la familia».

A pesar de que la protagonista de la obra reconoce que su familia era un infierno con un padre ausente, exigente y maltratador; quiere creer que su caso es diferente. Ella no fue entregada en matrimonio como quizá habrá ocurrido con su madre, se casó con un chico del que se enamoró. Pero siente que está esclavizada y, aun así, quiere creer que ella decidió llevar esta vida por amor. 

 Nuestros problemas son como la red de redes: no tienen un punto central que se pueda atacar y ya. Están interconectados entre sí y forman una enorme red que se va regenerando mientras nos alejamos para desactivar otros nodos.

 “Una mujer debe permanecer en su casa porque ella es el pilar. El hombre puede irse, los hijos también, pero si se va ella la familia se acaba” canta un romántico en bubi. En una de las canciones del mejor artista ecuatoguineano del momento, el romántico Romy So Love, el chico le dice a su pareja que “cuando la pega, es el corazón de él el que sufre”. Romy So Love y el romántico bubi no son de la misma etnia ni de la misma generación, pero viven en el mismo país, los dos son artistas románticos, los dos normalizan la desigualdad de género y los dos tienen más seguidores que cualquier grupo teatral de Malabo.

Las mujeres seguirán acudiendo a la televisión para denuncian su maltrato, porque la policía no les hace caso y sin embargo quiere cobrar por cada denuncia. Y, como dicen los protagonistas de Esta mierda no fue así, “es fácil apagar la televisión”. Al apagar la tele, se queda el silencio y en ese silencio se perpetua la violencia.

Reseña Literaria (Juan A. Herdi)

Cecilio Olivero

Cibernética esperanza

Ediciones Vitruvio, 2021

En 1985 el editor Enrique Murillo apuntaba el inicio de un cambio en el panorama literario español. Preveía la aparición de nuevos autores con historias que contar, narradores puros los denominaba, frente a los escritores que ilustran verdades preconcebidas mediante ejemplos y que constituyen, estos últimos, en gran medida, la tradición literaria española, tan dada al realismo. Estos nuevos autores, según Murillo, evitan en cierto modo la trascendencia en el relato y lo conciben como experiencia. Sin estar del todo de acuerdo con su apreciación, me parece que las categorías nunca son cerradas y ha habido de todo en todo momento en la literatura española, sí que es cierto que a partir de los ochenta se aposentan y surgen escritores que ya escriben de otra forma, los tiempos y la sociedad española son distintos, y hay nuevas influencias y vínculos con otras maneras de contar.

Pero además, en estos últimos lustros, desde poco antes del salto de siglo hasta ahora, creo que se están dando otra vez síntomas de renovación en la literatura. Hay que tener en cuenta el reto que supone la aparición de nuevos medios y hemos de asumir el predominio actual de lo audiovisual, reforzado por esas nuevas herramientas que parecen ya absolutamente dominantes en nuestra sociedad, y no sólo entre las generaciones más jóvenes. Desde luego, no creo que la literatura corra peligro de desaparecer, no lo estuvo con la eclosión del cine, no lo está hoy, pese a todo, y si lo está, será más por la excesiva comercialización editorial y por la no poca ramplonería desatada en nuestros días, con demasiados escritores más de pose que de esfuerzo.

La literatura actual ha de asumir en todo caso el reto que le permita seguir incidiendo, de ser algo importante, y esto pasa en mi modesta opinión otra vez por la experimentación y por el rigor, también por la necesidad imprescindible de ser penetrante y aguda. Como muy bien indica Enrique Murillo, y con ello estoy por completo de acuerdo, «todo relato que no produzca alguna forma de catarsis es un relato fallido».

Experimentación está habiendo bastante, es verdad. Aunque frente a ello haya una reacción de las editoriales a fórmulas en exceso convencionales, novelas y formatos que se repiten una y otra vez bajo una maquinaria de marketing que muchas veces es ajena a la literatura pausada y reflexiva. Imagino que toda época de cambio produce miedos a los saltos al vacío y tampoco las editoriales quieren perder oportunidades de negocio, pero esto es otro debate que no viene al caso, o tal vez sí, pero no tengo espacio suficiente para desparramarme al respecto. En todo caso, hay experimentación, algo que resulta imprescindible ahora mismo.

Claro que no siempre la experimentación sale bien. Pero creo que ahora mismo es de agradecer que se nos ofrezcan nuevos formatos, que se tantee con las palabras y los estilos, que se pruebe, aun cuando los resultados no siempre sean los esperados. En la literatura y sus procesos sí nos podemos permitir los experimentos; es más, son de agradecer.

Viene todo lo anterior a colación por este libro sobre el que pretendía escribir, que iba a ser una reseña, pero que al final me ha llevado por otros derroteros. Cibernética esperanza es ante todo uno de esos experimentos y tendrá sus claroscuros, quizá algunas rarezas, tal vez ciertas imprudencias, pero que apunta a una necesidad intensa de escribir con valentía, osadía y clamor. No es baladí recordar aquí que la escritura tiene mucho que ver con la vida. Es más, cada vez tengo más claro que no puede haber distingos entre literatura y vida, ni siquiera entre ficción y realidad. La verosimilitud forma parte de lo real, al fin y al cabo.

Una cuestión a solventar es cómo podemos catalogar este libro. Cecilio Olivero ha dicho alguna vez que se trata de una novela. Sin intención de impugnarle o de contradecirme a mí mismo, ya que vengo hablando tanto de experimentación, yo no lo creo. Combina prosa, introduce también poesía. Hay una narración temporal de hechos y unos personajes, más o menos reales o imaginados, si es que podemos apurar tanto en estos tiempos, y visto lo visto, los límites de la realidad y de lo ficticio. Pero me decanto más por el lado de la poesía. Aunque sólo sea porque me resulta muy evidente que Cecilio Olivero es un poeta, un animal poético, aunque a veces le dé por la prosa con resultados en mi opinión muy por detrás de su poesía. Pero ha experimentado con la prosa y el resultado le ayudará a sacar algunas conclusiones de su labor literaria, espero.

Aconsejo por tanto leer este libro como un ejercicio más poético que prosístico. Incluso la prosa es poética, aunque aquí he de reconocer que con resultados no siempre homogéneos.

Respecto al contenido, a todas luces no resulta fácil ni grato mantener el tipo ante lo que se cuenta. No es un libro amable que intente apaciguarnos ante la descripción de lo crudo que tiene vivir, del dolor y el desasosiego que entraña la existencia o incluso, cabe entenderlo así, la falta de heroicidad para el reto de luchar consigo mismo. No tranquiliza, sino que inquieta y algún que otro lector no quedará ajeno ante la figura del personaje o personajes.

Sin duda estamos ante un nuevo tipo de formato que nos invita a otros escenarios en esta sociedad del espectáculo global que estamos conociendo. Al menos es una oferta interesante.

Reflexiones de una ondjundju-¿Un golpista investido como presidente? Se entiende-Juliana Mbengono

¿UN GOLPISTA INVESTIDO COMO PRESIDENTE? SE ENTIENDE

Pocos medios importantes se han mostrado indiferentes a la investidura del coronel Assimi Goïta como presidente de Mali (07/06/2021) después de dirigir dos golpes de estado en menos de diez meses. De lejos resulta horrible, triste y casi vergonzoso que en pleno siglo XXI se siga accediendo al gobierno de un país mediante la violencia; pero, casi igual que Begase Na Fê Xíf, yo también digo que esta mierda no fue así. Igual que el comunismo en China y Rusia, la democracia en Estados Unidos y Europa; probablemente la dictadura ya se deba aceptar como el sistema de gobierno que impera en África.

Mientras que todo el mundo condenó el escandaloso adiós de Donald Trump, en África hemos investido a un golpista con alegría y júbilo.  No me extraña, ni me sorprendería que esto se repitiera en otros países a lo largo y ancho de todo el continente.

Estados Unidos, por su «larga tradición democrática», pudo estar de acuerdo en condenar el intento de golpe de estado de Trump. Los americanos saben que cuando un presidente no da la talla, simplemente, deben esperar a las elecciones para echarle por más que intente aferrarse al bastón. En cambio, en África, donde nuestros presidentes son vitalicios y, una y otra vez, ganan las elecciones con mayorías aplastantes a pesar de que los ciudadanos no están contentos con sus gobiernos; un golpe de estado es el horror que muchos desean, pero nadie se atreve a implementarlo. 

Antes de llegar al golpe de Estado, se habrá intentado hacer las cosas por la vía democrática que predica occidente, pero este es un camino que garantiza un 99 % de fracaso cuando se trata de países africanos. Aunque no seamos un país, compartimos muchas desgracias, y la peor de todas es la dictadura. Seguimos necesitando apoyo y ayuda de países europeos y americanos cuando nuestros presidentes y sus familiares pueden contarse entre las personas más ricas del mundo, si las empresas que se encargan de hacer esas encuestas hicieran la vista gorda sobre el origen de los bienes.

 Yo, por ejemplo, vivo en un barrio donde falta agua constantemente, sí, nos apiñamos por las mañanas en el grifo público a esperar a que abran el agua que a veces cae en un chorro tan fino que tarda cinco minutos en llenar una botella de un litro; en ese mismo barrio, los lavados de coche nunca están cerrados por falta de agua. ¿Qué los lavados que no pueda hacer el gobierno para que en los barrios de Malabo haya agua todos los días?

Alguien dirá que los ciudadanos debemos hacer y no esperar todo del gobierno. Es cierto, pero pero teniendo en el gobierno a gente que cree que ha alcanzado la oportunidad de vivir en la gloria y hacer lo que pegue la gana, está claro que la carrera de los ciudadanos no llegará muy lejos o será bien complicada.

En un país donde la política sigue siendo un tema del que se debe hablar con candados en la lengua y miedo a quienes te escuchan, por que nunca se sabe hasta qué grade es la fidelidad de nuestro amigo a los grandes movimientos de masas de nuestros gobiernos; en este contexto, un golpe de estado, igual que una guerra, es repudiable y se debe condenar, pero si ya se ha dado y producido un cambio, tampoco se va a deshacer. Lo triste es que los golpista acaban mutandose con el tiempo en los mismos sapos egoístas a los que criticaron. Es como si todos los africanos fuesemos el protagonista de la novela «Me alegraría de otra muerte», de Chinua Achebe.