
La chica zurda, 2025
Directora y coguionista:
Shin-Ching Tsou
Coguionista y productora: Sean Baker.
La película comienza como un caleidoscopio realista de la ciudad de Taipéi. I-Jing (Nina-Ye) es una niña poco convencional, actúa a la manera anticuada de su abuelo. Pero comprobarán a lo largo de la cinta que no es así. Es una niña inteligente y un personaje que resulta un deleite como actriz benjamina. Goza de un brillo con esa luz infantil de la que disponen solo las niñas que han nacido para ello.
La madre de la niña se dedica a cocinar en un puesto callejero más de la ciudad bulliciosa de Taipéi. A la manera taiwanesa, todos los personajes principales tienen una misión que cumplir. La del abuelo, decirle a la niña que, siendo zurda, come con la mano del diablo. Mientras, la abuela trafica con visados falsos para introducir ciudadanos chinos en el extranjero.
Todo parece estar en su sitio. La madre de la niña Shu-Fen (Janel-Tsai) y su hija adolescente I-Ann (Shih-yuan Ma), en el papel de rebelde sin causa de la casa, es díscola con su padre y le echa en cara a su madre de que lo cuide cuando nunca hizo nada por ella. Esta trabaja en un puesto de nueces de betel, un producto vitalizador que, al parecer, toman en Taiwán y en otras partes de Asia. Al final, el padre de la chica fallece y les deja una herencia un tanto inusual. Es una especie de hurón conocido también por suricato al que la pequeña de la casa ya ha puesto nombre.

La madre de ambas es la oveja negra de la familia debido a su carácter entre despistado y melancólico, sufre una cierta marginación entre los hermanos, y, por si fuera poco, el hermano, el único varón de la familia, es alguien presumido y con cierto aire de grandeza. Esta peculiar familia tiene su principal apoyo cultural en la tradición, ya que la abuela de la familia es la protagonista de un homenaje donde ha invitado a gran parte de la familia.
En el homenaje-aniversario de la abuela ocurren hechos de los que no estar orgulloso. Aún así, a lo largo de la cinta la familia es tradicionalmente normal dentro del panorama taiwanés. En los ojos de la niña, su abuelo huele mal y es algo refunfuñón, y le obliga a no usar la mano zurda. La abuela es alguien extrovertida, pero algo simple y con apego al dinero, y por eso la ‘niña zurda’ es, dice, su favorita, aunque ya verán porqué. Y las otras dos hermanas se sienten despechadas, ya que saben de que el único hijo varón (anteriormente citado) es heredero de la vivienda del matrimonio; este film también cuenta una historia que reivindica la igualdad de sexos. La familia, y en especial la madre y la adolescente, tienen algo que callar, aunque aparentemente lo disimulan muy bien. Pero aún se van a dar por desnudadas algunas cosas más. Esto me hace pensar que todos tenemos un secreto que no podemos desvelar, no porque no queramos, sino porque la vida nos obliga a callarnos aquel dolor que nos marcó en algún momento. Callar para sobrevivir.
Al final comprobarán que no son la familia ejemplar que se aprecia en las celebraciones, y mucho menos en la que van a ser partícipes. Y reproche tras reproche todo entra en un espectáculo del que se siente verdaderamente vergüenza ajena. Recuerda a la película danesa La celebración de Thomas Vinterberg, el cineasta danés que firmó junto con Lars Von Trier el manifiesto de DOGMA 95. Manifiesto firmado por ambos cineastas daneses en París, del 1995.















