Reseña literaria-Juan A. Herdi

José Ovejero

Bajo la luna negra

Galaxia Gutenberg, 2026

Una familia tipo —el padre, la madre y un hijo— veranean en un pueblo de la costa. Todo resulta plácido, la playa, los chiringuitos, las tiendas. Incluso el vagabundo local, el alemán Fritz, forma parte del paisaje casi paradisiaco. Nada sabemos de las vidas de los personajes fuera de esos días placenteros de descanso, no sabemos de donde vienen y a donde volverán cuando acabe el periodo vacacional.

La vida es eso, un mero pasar sin más pegas que los gestos cotidianos que apenas molestan, inconvenientes imperceptibles o asumidos como parte de la normalidad, cualquier cosa que sea esto de la normalidad.

El autor nos los muestra con un estilo sencillo y muy descriptivo, con técnica hiperrealista, como si fuera un cuadro de Edward Hopper. Asistimos a sus conversaciones, a sus paseos y a sus baños en la playa. Contemplamos su felicidad de clase media, la familia tipo de una sociedad tipo.

Incluso los roces nos resultan intranscendentes, los habituales.

Pero como ocurre con otras novelas de José Ovejero, los detalles nos indican que tras las apariencias hay siempre una distorsión, que la vida nunca es lo que parece, que la violencia acaba imponiéndose en toda su dimensión, a pesar de la normalidad. Es como la luna negra que intuimos, aunque no la veamos. Tras los gestos cotidianos, pero sobre todo tras las conversaciones y las palabras dichas, percibimos que hay otra cosa presente entre líneas, narrado todo ello con estilo llano.

De este modo, la tragedia se encuadra en la rutina más absoluta. Vamos sintiendo toda la inquietud a través de un relato en apariencia cuasi costumbrista, como si esta novela fuera en realidad un catalejo que nos permite apreciar unos detalles que, por lo demás, pasan desapercibidos para los propios testigos que rodean a los personajes.

La vida de la familia y del vagabundo nos pasa por delante con enorme naturalidad, pero José Ovejero nos incrustará no poca ansiedad a medida que avanzamos en el relato. Ni siquiera el estilo llano nos impide ver que tras los gestos y las palabras hay algo implacable y amenazante. Que incluso la persona más corriente es capaz de actos cuanto menos cuestionables. La vida misma.